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¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
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¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Recuerdo del primer mensaje :
Caminaba desoladamente por los campos cerca de su hogar en los bosques. Una magnifica mansión donde estaba rodeada de bellos paisajes forestales a los que admirar cada mañana tras despertarse de la noche. Sabia por donde ir dado que de vez en cuando paseaba alguna que otra tarde, pero aquella en especial era la más especial de todas, pues se encontraba desolado, pero a la vez eso le producía una sensación agradable. Estaba solo, aunque la verdad eso no era problema para él. Siguió andando, sin alejarse de las vistas de su mansión hasta que escucho algo por los bosques. Un crujido o algún animal que estaría correteando por los senderos del bosque, entonces no había problema alguno. Siguió caminando hasta que poco a poco tenia la visión de la mansión a tamaño de hormiga. Suspiro lentamente hasta que decidió llegar hasta un claro que vio a las afueras. Había un pedestal en ruinas, con algunos grabados en la piedra con lo que pudo descifrar algo en latín, pero eran simples garabatos de algo antiguo que carecía de sentido. Paso los dedos sobre la piedra y no pudo ver ni sentir nada espiritual. Deslizo sus dedos arriba y abajo y el grabado se emborronaba.
Dios mío, lo habían escrito de la piedra y así darle un toque místico pero falso. Negó divertido con la cabeza, hasta que escucho pisadas a su espalda. ¿Quién narices seria? La verdad se encogió de hombros y miro hacia atrás para ver a un dulce cervatillo. Se quedo quieto viendo como se movía el animal en el sitio, temblando. Miró al animal con una sonrisa de lado hasta que se puso serio y puso una mano en el suelo para hacer salir un cuerpo inerte el cual recobro vida, poniéndose a las órdenes de Kristof. Con bastante indiferencia sobre el animal, Kristof mando al muerto hacia el animal, el cual pronto fue degollado y listo para desquebrajarle la piel a tiras con esas manos mohosas que los muertos adquirían con el tiempo. Se apoyaba en el pedestal tranquilamente mientras observaba la escena sin ningún pudor alguno. Se estaba aburriendo y con un chasquido de dos, mando al muerto de vuelta por donde había venido, convirtiéndolo en cenizas que se amontonaban en el suelo del bosque creando un ambiente puro y místico.
El cervatillo se lo había buscado por haberle interrumpido mientras observaba el pedestal. No sabían, incluso los animales del peligro que corrían estando al lado de él, cerca, acechando poco a poco entre las sombras como simples acosadoras. Volvió su mirada al animal y se acerco para coger un poco de sangre reciente del animal en un frasco de cristal, se lo guardo y cuando se fijo en la piel del animal, con un pañuelo que saco de su chaqueta, cogió lentamente lo que eran varias costillas, para meterlas en un saco de arena virgen y después anudarlo con fuerza. Ya nada más se podía extraer del animal, aunque la piel parecía bastante suave. Sonrió. Simplemente sonrió lentamente mientras sentía un cosquilleo por su espalda, unas pisadas entrecortadas para después escuchar el bufido de, obviamente, de un animal a punto de embestirlo. Se dio la vuelta en el suelo y de rodillas, se encontró con la figura de un ciervo mayor. Este le miraba con atención y Kristof alzo una mano-¡Slepirtum!-Dijo lentamente en dirección al animal, para después, verle desplomado sobre el suelo del bosque, envuelto en un sueño del cual no despertaría en unos días, los suficientes para que el pobre animal, fuera devorado por otros o a saber la suerte que anduviera cerca de hacerle algún bien.
Se dio la vuelta y miro al cervatillo, pero había alguien más. Esta vez se trataba de los pies de una joven, con medias blancas y vestido floreado. Alzo lentamente la mirada y sus rodillas lejos del suelo, para encontrarse con la mirada de una joven, de cabellos castaños y parecía haber visto un fantasma.
-¿Qué?-Dijo sin importancia-....Hola, ¿qué tal?-Dijo mostrando una sonrisa, que pudiera ocultar lo que había hecho.
Caminaba desoladamente por los campos cerca de su hogar en los bosques. Una magnifica mansión donde estaba rodeada de bellos paisajes forestales a los que admirar cada mañana tras despertarse de la noche. Sabia por donde ir dado que de vez en cuando paseaba alguna que otra tarde, pero aquella en especial era la más especial de todas, pues se encontraba desolado, pero a la vez eso le producía una sensación agradable. Estaba solo, aunque la verdad eso no era problema para él. Siguió andando, sin alejarse de las vistas de su mansión hasta que escucho algo por los bosques. Un crujido o algún animal que estaría correteando por los senderos del bosque, entonces no había problema alguno. Siguió caminando hasta que poco a poco tenia la visión de la mansión a tamaño de hormiga. Suspiro lentamente hasta que decidió llegar hasta un claro que vio a las afueras. Había un pedestal en ruinas, con algunos grabados en la piedra con lo que pudo descifrar algo en latín, pero eran simples garabatos de algo antiguo que carecía de sentido. Paso los dedos sobre la piedra y no pudo ver ni sentir nada espiritual. Deslizo sus dedos arriba y abajo y el grabado se emborronaba.
Dios mío, lo habían escrito de la piedra y así darle un toque místico pero falso. Negó divertido con la cabeza, hasta que escucho pisadas a su espalda. ¿Quién narices seria? La verdad se encogió de hombros y miro hacia atrás para ver a un dulce cervatillo. Se quedo quieto viendo como se movía el animal en el sitio, temblando. Miró al animal con una sonrisa de lado hasta que se puso serio y puso una mano en el suelo para hacer salir un cuerpo inerte el cual recobro vida, poniéndose a las órdenes de Kristof. Con bastante indiferencia sobre el animal, Kristof mando al muerto hacia el animal, el cual pronto fue degollado y listo para desquebrajarle la piel a tiras con esas manos mohosas que los muertos adquirían con el tiempo. Se apoyaba en el pedestal tranquilamente mientras observaba la escena sin ningún pudor alguno. Se estaba aburriendo y con un chasquido de dos, mando al muerto de vuelta por donde había venido, convirtiéndolo en cenizas que se amontonaban en el suelo del bosque creando un ambiente puro y místico.
El cervatillo se lo había buscado por haberle interrumpido mientras observaba el pedestal. No sabían, incluso los animales del peligro que corrían estando al lado de él, cerca, acechando poco a poco entre las sombras como simples acosadoras. Volvió su mirada al animal y se acerco para coger un poco de sangre reciente del animal en un frasco de cristal, se lo guardo y cuando se fijo en la piel del animal, con un pañuelo que saco de su chaqueta, cogió lentamente lo que eran varias costillas, para meterlas en un saco de arena virgen y después anudarlo con fuerza. Ya nada más se podía extraer del animal, aunque la piel parecía bastante suave. Sonrió. Simplemente sonrió lentamente mientras sentía un cosquilleo por su espalda, unas pisadas entrecortadas para después escuchar el bufido de, obviamente, de un animal a punto de embestirlo. Se dio la vuelta en el suelo y de rodillas, se encontró con la figura de un ciervo mayor. Este le miraba con atención y Kristof alzo una mano-¡Slepirtum!-Dijo lentamente en dirección al animal, para después, verle desplomado sobre el suelo del bosque, envuelto en un sueño del cual no despertaría en unos días, los suficientes para que el pobre animal, fuera devorado por otros o a saber la suerte que anduviera cerca de hacerle algún bien.
Se dio la vuelta y miro al cervatillo, pero había alguien más. Esta vez se trataba de los pies de una joven, con medias blancas y vestido floreado. Alzo lentamente la mirada y sus rodillas lejos del suelo, para encontrarse con la mirada de una joven, de cabellos castaños y parecía haber visto un fantasma.
-¿Qué?-Dijo sin importancia-....Hola, ¿qué tal?-Dijo mostrando una sonrisa, que pudiera ocultar lo que había hecho.

Kristof Von Garvel- Brujo(a) Clase Alta

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Ocupación: Arabelle Eisenhauer........Arabelle Eisenhauer...lo repito? Arabelle Eisenhauer
Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Acariciaba el lomo del lobo que se había acostado aun lado de donde ella estaba sentada, el joven le explicaba y ella oía atentamente, la verdad es que sabía cuáles eran sus poderes pero no estaba interesada en utilizarlos, adoraba poder jugar con sus “hilos” le buscaba muy buen provecho al igual que a su apatía que siempre era un truco bajo la manga en situaciones de alto riesgo. Cuando este fue a tocar la cabeza del animal este sintió algo de nervios pero tranquilamente se dejo hasta que este retiro la mano.
-Su maestro debió ser muy bueno- dijo al ver como andaba en los vagos recuerdos de su pasado-el mío…- hizo un gesto de negación.
Aquel viejo mayordomo… tenía más secretos que otra persona que había conocido ¿Cómo había llegado a su hogar? Nunca había sabido, pero cada día que pasaba descubría cosas que la dejaban atónita. Una de ellas era que aquel poder había sido heredado por su padre al cual le habían recitado una maldición el cual contra arresto con dificultad, no podía utilizar más su magia o poderes, es decir, había dejado de ser brujo para siempre y nadie heredaría sus beneficios, la línea de sangre de los Lemoine había sido “limpiada” pero por suerte él lo había contrarrestado, no había podido recuperar sus poderes, pero sus dos últimas hijas tendrían aquella virtud.
Aquello lo había encontrado en uno de los antiguos diarios del mayordomo que había sido su maestro, nunca hablo con su padre de eso, sentía que no era necesario que de alguna u otra forma supiera que este ya lo había deducido.
Se había dejado también llevar por los pensamientos, cuando su mente toco otra vez cuerpo miro con curiosidad al joven, comenzaba a abrirse poco a poco, dejo salir una sonrisilla mientras acariciaba la cabeza del lobo que aun seguía ahí.
-Sabe?- dijo mirando como las orejas del lobo se ponían erectas al oir su dulce voz-todos tenemos fantasmas que nos persiguen- acaricio la cabeza del animal con cierta melancolía-debemos defendernos de ellos…-
Se levanto indicando al lobo que se retirara, que caminara y caminara, después de que estuviera lejos lo soltaría, solo quedaría un lobo desorientado que buscaría a su manada y la encontraría, nadie salía dañado. Quedo al frente de la espalda del joven.
-El dato que me dio es muy bueno, así que puedo controlar las cosas sin alma… también puedo controlar a aquellas personas que no tienen voluntad propia- giro su cuerpo suspirando mientras le hacia una seña con la mano –Eso también es una plaga en Francia-
-Su maestro debió ser muy bueno- dijo al ver como andaba en los vagos recuerdos de su pasado-el mío…- hizo un gesto de negación.
Aquel viejo mayordomo… tenía más secretos que otra persona que había conocido ¿Cómo había llegado a su hogar? Nunca había sabido, pero cada día que pasaba descubría cosas que la dejaban atónita. Una de ellas era que aquel poder había sido heredado por su padre al cual le habían recitado una maldición el cual contra arresto con dificultad, no podía utilizar más su magia o poderes, es decir, había dejado de ser brujo para siempre y nadie heredaría sus beneficios, la línea de sangre de los Lemoine había sido “limpiada” pero por suerte él lo había contrarrestado, no había podido recuperar sus poderes, pero sus dos últimas hijas tendrían aquella virtud.
Aquello lo había encontrado en uno de los antiguos diarios del mayordomo que había sido su maestro, nunca hablo con su padre de eso, sentía que no era necesario que de alguna u otra forma supiera que este ya lo había deducido.
Se había dejado también llevar por los pensamientos, cuando su mente toco otra vez cuerpo miro con curiosidad al joven, comenzaba a abrirse poco a poco, dejo salir una sonrisilla mientras acariciaba la cabeza del lobo que aun seguía ahí.
-Sabe?- dijo mirando como las orejas del lobo se ponían erectas al oir su dulce voz-todos tenemos fantasmas que nos persiguen- acaricio la cabeza del animal con cierta melancolía-debemos defendernos de ellos…-
Se levanto indicando al lobo que se retirara, que caminara y caminara, después de que estuviera lejos lo soltaría, solo quedaría un lobo desorientado que buscaría a su manada y la encontraría, nadie salía dañado. Quedo al frente de la espalda del joven.
-El dato que me dio es muy bueno, así que puedo controlar las cosas sin alma… también puedo controlar a aquellas personas que no tienen voluntad propia- giro su cuerpo suspirando mientras le hacia una seña con la mano –Eso también es una plaga en Francia-

Aitziber D’ Lemoine- Brujo(a) Clase Alta

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Maestro dijo. Si ella supiera que estaba hablando de su padre, pero en cuanto nombro lo de los fantasmas, recordó a su madre, no lo veía por ninguna parte, eso quería decir que aun seguía con vida a pesar de que su padre, no la dejaba en paz. Miró a la chica, ignoro lo de la plaga poniendo una cara de idiota que quito después de que le agarro de la mano para llevarla a un lugar seguro-Iremos por aquí...mi mansión no está lejos y de ahí podrá tener libertad para pedir una calesa o lo que le plazca...-Dijo mientras comenzaba a caminar por el bosque poco a poco, en dirección a su mansión, para que luego estuviera lejos de la lluvia que amenazaba por caer.
Era de noche, si, pero el aroma de la humedad podía palparse, avecinando la llegada de una llovizna cercana y no quería mojarse, pues no iba preparado y la lluvia era algo que aborrecía completamente. No sabía por dónde ir, en efecto ya recordó por donde tenía que ir, todo recto, siguiendo la estrella que brillaba en el horizonte. Suspiro y soltó la mano de aquella chica, se giro-No sé si te dije mi nombre...me llamo Kristof, encantado...-Dijo para terminar el comienzo de una bonita amistad.
De solo amistad. No quería escuchar muchos más berrinches, no hacía nada para que ella estuviera así. Tan solo él le era sincero y ¿Con que lo pagaba? Con lágrimas y berrinches de ella. Aunque, era lógico que después de tanto tiempo, se reencontrasen y dieran comienzo de nuevo a la amistad, a la relación que tenían y la que el echaba de menos.
No supo porque estaba tan desanimado para entonces. Miró a la chica que dejo de tirar de la mano y se acerco a ella, quedando a un milímetro para después conseguir una actitud apática-¡Ah! Leches!...-miro a la chica detenidamente-¿Cuáles son tus poderes?
Era de noche, si, pero el aroma de la humedad podía palparse, avecinando la llegada de una llovizna cercana y no quería mojarse, pues no iba preparado y la lluvia era algo que aborrecía completamente. No sabía por dónde ir, en efecto ya recordó por donde tenía que ir, todo recto, siguiendo la estrella que brillaba en el horizonte. Suspiro y soltó la mano de aquella chica, se giro-No sé si te dije mi nombre...me llamo Kristof, encantado...-Dijo para terminar el comienzo de una bonita amistad.
De solo amistad. No quería escuchar muchos más berrinches, no hacía nada para que ella estuviera así. Tan solo él le era sincero y ¿Con que lo pagaba? Con lágrimas y berrinches de ella. Aunque, era lógico que después de tanto tiempo, se reencontrasen y dieran comienzo de nuevo a la amistad, a la relación que tenían y la que el echaba de menos.
No supo porque estaba tan desanimado para entonces. Miró a la chica que dejo de tirar de la mano y se acerco a ella, quedando a un milímetro para después conseguir una actitud apática-¡Ah! Leches!...-miro a la chica detenidamente-¿Cuáles son tus poderes?

Kristof Von Garvel- Brujo(a) Clase Alta

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Era extraño, sin querer Ait dejo salir una risilla muy infantil, si él le dijera que ya tenía unos 28 años ni le creía, pues su rostro y sus gesto decían todo lo contrario, eso era lo bueno de ser la menor de todos, pues era consentida y amada por todos, era extraño, pero nunca había sufrido, había tenido una niñez muy buena y hasta con padres comprensibles, aunque nunca se le había quitado aquella extraña sensación de que su padre le ocultaba más de lo que decía, pero nada, no había nada diferente en su vida. Había habido un tiempo que se había convertido en su sombra, la propia sombra de su padre, quería seguir sus pasos y no le importaba las miles de peleas que tuviera con su madre por estar comportándose como un hombre y no como una dama. Había oído varias conversaciones de su madre con Sebastián, su madre pedía que le enseñara como ser una dama, pues a ella no la escuchaba.
Volvió al presente, dejo salir un suspiro de sorpresa cuando sintió el agarre de su mano, le miro algo tímida cuando le explicaba que irían a su mansión, no, mucho amabilidad, pero bueno eso confirmaba sus sospechas, era extraño, al acordarse de sus pensamientos, y sonrió feliz asintiendo y dejando que este le guiara. Algo fino comenzaba a caer, la lluvia, frio… cuerpo se estremeció, a ella no le gustaba el frio, ¡lo odiaba! Se había quedado en silencio hasta que este se había detenido y girado hacia ella y se había abierto un poco mas… ella sonrió otra vez, ¿Qué le pasaba en esta ocasión? Parecía más tranquilo.
-Mucho gusto Kristof, como ya dije soy Aitziber- realizo una reverencia mientras este se quedaba paralizado, parecía que se hundía en sus pensamientos, ella le miro extrañada, mientras sentía como la lluvia comenzaba a hacer su entrada. Comenzó a preocuparse, trato de hacerlo entrar en razón moviendo su manga, pero este se acerco repentino haciendo que diera unos pasos hacia atrás.
Aquella exclamación y la pregunta que vino después, la dejo tartamudeando y mirando al piso, ¡Rayos! No se había acordado, aquellos indicios, su actitud también había cambiado, ella se alimentaba de aquello y cuando lo hacia se volvía más feliz mientras lo de su alrededor de volvían apáticos y tristes-Mis disculpas- se apresuro a decir inclinándose de al frente de el, bajando completamente como una reverencia oriental-aun no puedo controlarlo y puede ser algo molesto para los que me acompañan- se incorporo con la vergüenza en la cara –No quise que se deprimiera, no fue mi intención ¡lo juro!-
Volvió al presente, dejo salir un suspiro de sorpresa cuando sintió el agarre de su mano, le miro algo tímida cuando le explicaba que irían a su mansión, no, mucho amabilidad, pero bueno eso confirmaba sus sospechas, era extraño, al acordarse de sus pensamientos, y sonrió feliz asintiendo y dejando que este le guiara. Algo fino comenzaba a caer, la lluvia, frio… cuerpo se estremeció, a ella no le gustaba el frio, ¡lo odiaba! Se había quedado en silencio hasta que este se había detenido y girado hacia ella y se había abierto un poco mas… ella sonrió otra vez, ¿Qué le pasaba en esta ocasión? Parecía más tranquilo.
-Mucho gusto Kristof, como ya dije soy Aitziber- realizo una reverencia mientras este se quedaba paralizado, parecía que se hundía en sus pensamientos, ella le miro extrañada, mientras sentía como la lluvia comenzaba a hacer su entrada. Comenzó a preocuparse, trato de hacerlo entrar en razón moviendo su manga, pero este se acerco repentino haciendo que diera unos pasos hacia atrás.
Aquella exclamación y la pregunta que vino después, la dejo tartamudeando y mirando al piso, ¡Rayos! No se había acordado, aquellos indicios, su actitud también había cambiado, ella se alimentaba de aquello y cuando lo hacia se volvía más feliz mientras lo de su alrededor de volvían apáticos y tristes-Mis disculpas- se apresuro a decir inclinándose de al frente de el, bajando completamente como una reverencia oriental-aun no puedo controlarlo y puede ser algo molesto para los que me acompañan- se incorporo con la vergüenza en la cara –No quise que se deprimiera, no fue mi intención ¡lo juro!-

Aitziber D’ Lemoine- Brujo(a) Clase Alta

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Suspiro profundamente y miro a la chica con ojo avizor. Bien, pero tendría que tener en cuenta que tenía que aprender a controlar sus poderes, pues iba a ser peor para ella y lo pasaría muy mal. Se acerco con lentitud, se quito la chaqueta y se la puso a modo de capa sobre la cabeza para que se protegiera del frio y de la lluvia que comenzaba a entrar cada vez con más furor en la noche. Esperaba que no le importase, pero se puso detrás de ella y le rodeo los hombros para acercarla a él y comenzar rápido a andar para llegar finalmente después de un buen tramo al porche que había en la parte trasera del jardín. Había luces en la casa, el humo de la chimenea de la cocina salía como si no existiera la lluvia, miro y se separo de la chica, jadeaba pues se habían puesto las pilas para no coger un resfriado bajo la lluvia o algo mucho peor.
-Si quieres esperar dentro, llamaré a una calesa para que te lleven a casa...-Entro dentro de la casa, dejo la puerta abierta por si la chica se decidía a entrar, estaba empapado y no se distraería en ir en busca de ropa seca, pero por su nuevo invitado, tendría que ofrecerla algo. La miro a lo lejos y le hizo unos aspavientos para que entrara dentro de la casa y que a su vez, un mayordomo de la casa, ya traía consigo una toalla para acercársela a la chica.
Supuestamente, no tendría que hacer nada hasta que se le ordenase, pero a veces, la gente se le adelantaba y bueno, menos mal que lo hacían bien, si no tendría que despedir a media plantilla, pero el hecho de tener que buscar a nueva gente, le suponía un incordio bastante más grande que el que tenia ahora en el porche.
Una doncella se acercó a Kristof y este le dijo que se moviera en busca de una calesa, al instante esta se movió corriendo y fue corriendo a llamar al cochero para que pusiera la calesa lista para el señor. Kristof se acerco a Aitziber y la agarro del brazo para que se metiera dentro de la casa-Cogerás frio- Le soltó el brazo de repente, pero paró en seco al notar que algo le tiraba de la camisa, se dio la vuelta y vio a la chica que se había agarrado un poco.
Volvió la mirada hacia delante y suspiro-...Si lo que quieres es darme las gracias, ahórratelas...-Se separo con suavidad para que no le sujetara, dio varios pasos hacia delante pero se paró en seco al escuchar un sonido sordo detrás de él. Frunció el ceño y se dio la vuelta para encontrarse con el cuerpo de la chica en el suelo. Para nada se sorprendió, pues le pareció lógico que le hubiera subido la fiebre al estar bajo la lluvia.
Suspiro y se acerco para cogerla en brazos y ponerla sobre un sofá cerca de la chimenea. Un poco de calor, le vendría muy bien.
-Si quieres esperar dentro, llamaré a una calesa para que te lleven a casa...-Entro dentro de la casa, dejo la puerta abierta por si la chica se decidía a entrar, estaba empapado y no se distraería en ir en busca de ropa seca, pero por su nuevo invitado, tendría que ofrecerla algo. La miro a lo lejos y le hizo unos aspavientos para que entrara dentro de la casa y que a su vez, un mayordomo de la casa, ya traía consigo una toalla para acercársela a la chica.
Supuestamente, no tendría que hacer nada hasta que se le ordenase, pero a veces, la gente se le adelantaba y bueno, menos mal que lo hacían bien, si no tendría que despedir a media plantilla, pero el hecho de tener que buscar a nueva gente, le suponía un incordio bastante más grande que el que tenia ahora en el porche.
Una doncella se acercó a Kristof y este le dijo que se moviera en busca de una calesa, al instante esta se movió corriendo y fue corriendo a llamar al cochero para que pusiera la calesa lista para el señor. Kristof se acerco a Aitziber y la agarro del brazo para que se metiera dentro de la casa-Cogerás frio- Le soltó el brazo de repente, pero paró en seco al notar que algo le tiraba de la camisa, se dio la vuelta y vio a la chica que se había agarrado un poco.
Volvió la mirada hacia delante y suspiro-...Si lo que quieres es darme las gracias, ahórratelas...-Se separo con suavidad para que no le sujetara, dio varios pasos hacia delante pero se paró en seco al escuchar un sonido sordo detrás de él. Frunció el ceño y se dio la vuelta para encontrarse con el cuerpo de la chica en el suelo. Para nada se sorprendió, pues le pareció lógico que le hubiera subido la fiebre al estar bajo la lluvia.
Suspiro y se acerco para cogerla en brazos y ponerla sobre un sofá cerca de la chimenea. Un poco de calor, le vendría muy bien.

Kristof Von Garvel- Brujo(a) Clase Alta

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Sintió como la lluvia comenzaba a golpear su cabeza, humedeciendo su cabello hasta el punto de comenzar a empaparlo completamente, encontró muy cálida la chaqueta que había dejado caer el joven en sus hombros, sonrió mientras se sentía empujada para aligerar el paso, comenzó a andar más rápido, como le pedía el joven, para luego seguir hasta un hermoso jardín que se alzaba entre sus ojos, se quedo mirando aquellos frondosos árboles bien arreglados, no se había dado cuenta que habían abierto la puerta y el joven había entrado, escucho algo sobre una Calesa pero no le paro hasta que el joven le indico que debía entrar, sacudió su cabeza y entro rápidamente, encontrándose toda mojada.
El frio había atacado su cuerpo, no le gustaba aquella sensación, comenzó a temblar, hasta sus dientes chocaban entre si de manera inconsciente, el mayordomo le habia quitado la chaqueta y puesto una toalla en la cabeza -Gracias – murmuro mientras se comenzaba a secar el cabello. La paso por su carita en donde sus pestañas parecían estar goteando por el agua, paso la toalla por su cara, sintiéndose ya más caliente al estar adentro de la casa, el joven la habia jalado hasta quedar mas adentro, dio media vuelta e instintivamente la joven le tomo la manga de la camisa para que detuviera.
No comenzaba a sentirse, bien, este volvió a mirarla pero no parecía interesado en lo que tenía que decir, se separo de ella y volvió a dar media vuelta hasta quedar distanciado de ella-Oye…- murmuro antes de sentir como su cabeza daba vueltas. Dio un paso hacia atrás, sintiéndose pesada y cuando se había dado cuenta ya no estaña consiente
Sus ojos se abrieron de repente encontrándose con un lugar oscuro, se levanto del suelo, encontrándose en una sala deteriorada, parecía una casa abandonada, no había luz de luna, no estaba lloviendo, sabía que esta no era la casa de Kristof, suspiro largamente mirando a su alrededor hasta que se animo a recorrer con cortos y recelosos pasos el lugar, era una habitación pequeña, que muy pronto abarcaría con unos cuantos pasos.
-¿Isabel? – murmuro preguntando por la niña que siempre veía en aquellas ocasiones, pero no aparecía, no la veía por ningún lado. Aquello la asusto, volvió a llamarla-Isabel– pero nadie atendía, ni su risilla podía ser escuchada.
Sintió algo húmedo caer en su mejilla, la toco encontrándose con una lagrima que salía de sus ojos, con el dorso de su mano se seco las lagrimas que salían a brotes de sus ojos, no sabía porque, pero tenía una pesada sensación. Con pasos lentos encontró un espejo lleno de polvo y moho, cuando lo alzo y vio su reflejo se dio cuenta que ya no era la joven de cabellos negros, era la pequeña, sus mejillas pálidas, con aquellos ojos pardos y rasgos definidos por todo su rostro, con su rizos, perfectamente situados en su rostro con un color ocre. Ahí estaba Isabel en su interior, no había querido salir a saludarla en aquellos momentos, porque no estaba en peligro.
Media hora después despertó en una cama con sabanas muy suaves y almohadas a su alrededor, su cabeza daba vueltas, no sabía ni en donde estaba y menos lo que había sucedido, poco a poco pudo recordar algunas cosas. Unas de las criadas había traído algo de leche caliente para que se reconfortara, pero salió antes de que pudiera preguntarle algo, bebió un poco de la leche, sintiéndose mucho mejor, pero no tenia ánimos de levantarse
El frio había atacado su cuerpo, no le gustaba aquella sensación, comenzó a temblar, hasta sus dientes chocaban entre si de manera inconsciente, el mayordomo le habia quitado la chaqueta y puesto una toalla en la cabeza -Gracias – murmuro mientras se comenzaba a secar el cabello. La paso por su carita en donde sus pestañas parecían estar goteando por el agua, paso la toalla por su cara, sintiéndose ya más caliente al estar adentro de la casa, el joven la habia jalado hasta quedar mas adentro, dio media vuelta e instintivamente la joven le tomo la manga de la camisa para que detuviera.
No comenzaba a sentirse, bien, este volvió a mirarla pero no parecía interesado en lo que tenía que decir, se separo de ella y volvió a dar media vuelta hasta quedar distanciado de ella-Oye…- murmuro antes de sentir como su cabeza daba vueltas. Dio un paso hacia atrás, sintiéndose pesada y cuando se había dado cuenta ya no estaña consiente
Sus ojos se abrieron de repente encontrándose con un lugar oscuro, se levanto del suelo, encontrándose en una sala deteriorada, parecía una casa abandonada, no había luz de luna, no estaba lloviendo, sabía que esta no era la casa de Kristof, suspiro largamente mirando a su alrededor hasta que se animo a recorrer con cortos y recelosos pasos el lugar, era una habitación pequeña, que muy pronto abarcaría con unos cuantos pasos.
-¿Isabel? – murmuro preguntando por la niña que siempre veía en aquellas ocasiones, pero no aparecía, no la veía por ningún lado. Aquello la asusto, volvió a llamarla-Isabel– pero nadie atendía, ni su risilla podía ser escuchada.
Sintió algo húmedo caer en su mejilla, la toco encontrándose con una lagrima que salía de sus ojos, con el dorso de su mano se seco las lagrimas que salían a brotes de sus ojos, no sabía porque, pero tenía una pesada sensación. Con pasos lentos encontró un espejo lleno de polvo y moho, cuando lo alzo y vio su reflejo se dio cuenta que ya no era la joven de cabellos negros, era la pequeña, sus mejillas pálidas, con aquellos ojos pardos y rasgos definidos por todo su rostro, con su rizos, perfectamente situados en su rostro con un color ocre. Ahí estaba Isabel en su interior, no había querido salir a saludarla en aquellos momentos, porque no estaba en peligro.
Media hora después despertó en una cama con sabanas muy suaves y almohadas a su alrededor, su cabeza daba vueltas, no sabía ni en donde estaba y menos lo que había sucedido, poco a poco pudo recordar algunas cosas. Unas de las criadas había traído algo de leche caliente para que se reconfortara, pero salió antes de que pudiera preguntarle algo, bebió un poco de la leche, sintiéndose mucho mejor, pero no tenia ánimos de levantarse

Aitziber D’ Lemoine- Brujo(a) Clase Alta

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
-Si quieres saber donde esta Isabel, aquí no está....-Dijo desde una esquina de la cama, observando cómo se despertaba la chica en la habitación de invitados-No te alteres y descansa, no supe que pudieras ser tan débil a la lluvia, aunque después de usar una habilidad indirecta, siempre es más evidente que salieras mal de ello....-termino por acercársele hasta la cama y se sentó en el borde, cerca de Aitziber para mirarla con una sonrisa-...sufriste un bajón de energía, nada fuera de lo normal y por favor, no te sientas incomoda...-rio al ver a la pobre chica un poco incomoda con sus palabras.
Tan solo supo que aquello no iba a durar durante mucho tiempo, pero aquello le hizo saber o preguntarse qué es lo que hacia ella en el bosque-¿Qué hacías en el bosque? Porque creo que observar y recoger plantas no sea lo que creo que habrías venido al bosque...-La miro de arriba abajo y suspiro para después levantarse de la cama y acercarse a la chimenea para menear un poco la leña. Estuvo un rato callado hasta que la chica decidiera moverse en el tablero de ajedrez, a que rompiera el hielo. El no la iba a molestar, pero no tenia costumbre de tener invitados en su casa.
De algún modo se quedo mirando la chimenea. Observando como el fuego danzaba a cuerpo de rey, como cualquier rey por su casa en ropa interior, pero lo que más le dio curiosidad del fuego es que este no era tan constante, al igual que el agua, el viento, en cambio la tierra siempre iba a seguir siendo la misma durante milenios y más milenios en la eternidad. Aquel pensamiento hizo que se estremeciera de arriba abajo, queriendo parar el reloj de arena que dejaba caer su arena con lentitud mientras que dejaba pasar acontecimientos incoherentes, viajes y horas, minutos y segundos. Quería que el dios, Crono, parase el tiempo en ese mismo instante, o en aquel instante en que Había conocido a aquella mujer de cabellos como el fuego, a aquella mujer por la que ya poco suspiraba su corazón.
Ahora era solo un recuerdo y el futuro, su hermana vendría de viaje dentro de poco y tendría que estar preparado.
Tan solo supo que aquello no iba a durar durante mucho tiempo, pero aquello le hizo saber o preguntarse qué es lo que hacia ella en el bosque-¿Qué hacías en el bosque? Porque creo que observar y recoger plantas no sea lo que creo que habrías venido al bosque...-La miro de arriba abajo y suspiro para después levantarse de la cama y acercarse a la chimenea para menear un poco la leña. Estuvo un rato callado hasta que la chica decidiera moverse en el tablero de ajedrez, a que rompiera el hielo. El no la iba a molestar, pero no tenia costumbre de tener invitados en su casa.
De algún modo se quedo mirando la chimenea. Observando como el fuego danzaba a cuerpo de rey, como cualquier rey por su casa en ropa interior, pero lo que más le dio curiosidad del fuego es que este no era tan constante, al igual que el agua, el viento, en cambio la tierra siempre iba a seguir siendo la misma durante milenios y más milenios en la eternidad. Aquel pensamiento hizo que se estremeciera de arriba abajo, queriendo parar el reloj de arena que dejaba caer su arena con lentitud mientras que dejaba pasar acontecimientos incoherentes, viajes y horas, minutos y segundos. Quería que el dios, Crono, parase el tiempo en ese mismo instante, o en aquel instante en que Había conocido a aquella mujer de cabellos como el fuego, a aquella mujer por la que ya poco suspiraba su corazón.
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Kristof Von Garvel- Brujo(a) Clase Alta

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Abrió sus ojos lentamente mientras veía a un lado, en aquel lugar estaba el joven que le había ayudado, se levanto un poco para quedar sentada en la cama, ¿había murmurado su nombre? No se había dado cuenta bajo su mirada sin decir nada, no quería revelar que Isabel era su “Ángel guardián” un nombre que le quedaría bien, puesto que siempre estaba allí para ella, ayudándola y resguardándola cuando debía ser, en este caso no la necesitaba, por eso no había aparecido entre sus sueños.
Sus ojos siguieron al cuerpo del joven, si bueno, estaba débil después de todo, su cuerpo no estaba acostumbrado a caminar tantos kilómetros en un solo día, por suerte había resistido bastante, se quedo mirando como se levantaba e iba a ver el fuego que nacía en la chimenea, su pregunta retumbo en su cabeza, eso era ¿Dónde estaba su bolsa? Todo lo que paso era por aquellos libros que estaban en su bolsa, libros que habían costado una gran suma de dinero, libros antiguos de hechicería que se habían perdido en el inicio de los tiempos y que muy pocos verían.
-Estaba en un pueblo cercano a Paris- contesto –se me hizo tarde y camine, pero algo extraño llamo mi atención y pues… la historia comienza – murmuro mientras sus manos se entrelazaba con las sabanas. Su mirada rebuscaba su bolso, se levanto de la cama, quitando las sabanas de su cuerpo dándose cuenta que tenía una bata blanca en vez de su ropa, era de esperarse, debían estar mojadas, así que la secarían. Entre unos muebles encontró su bolso, reviso sus pertenencias, estaban ahí los dos libros viejos de pasta dura, se veían que eran del prerrenacimiento.
-Puede que le interese…- dijo haciendo que el joven se volteara. Sostuvo con sus dos manos el libro más grande y viejo, llevándolo hasta una mesa para que este lo apreciara –cuentan varias cosas, viejos secretos, mitos, leyendas y cuentos de Hadas que se han perdido al paso de los tiempos- se alejo del libro deslizando sus dedos por la manera hasta quedar en una esquina-“Los cuentos Infantiles es una forma de ocultar la verdad”- dijo citando una de las frases que había escuchado ya en muchas ocasiones.
Sus ojos siguieron al cuerpo del joven, si bueno, estaba débil después de todo, su cuerpo no estaba acostumbrado a caminar tantos kilómetros en un solo día, por suerte había resistido bastante, se quedo mirando como se levantaba e iba a ver el fuego que nacía en la chimenea, su pregunta retumbo en su cabeza, eso era ¿Dónde estaba su bolsa? Todo lo que paso era por aquellos libros que estaban en su bolsa, libros que habían costado una gran suma de dinero, libros antiguos de hechicería que se habían perdido en el inicio de los tiempos y que muy pocos verían.
-Estaba en un pueblo cercano a Paris- contesto –se me hizo tarde y camine, pero algo extraño llamo mi atención y pues… la historia comienza – murmuro mientras sus manos se entrelazaba con las sabanas. Su mirada rebuscaba su bolso, se levanto de la cama, quitando las sabanas de su cuerpo dándose cuenta que tenía una bata blanca en vez de su ropa, era de esperarse, debían estar mojadas, así que la secarían. Entre unos muebles encontró su bolso, reviso sus pertenencias, estaban ahí los dos libros viejos de pasta dura, se veían que eran del prerrenacimiento.
-Puede que le interese…- dijo haciendo que el joven se volteara. Sostuvo con sus dos manos el libro más grande y viejo, llevándolo hasta una mesa para que este lo apreciara –cuentan varias cosas, viejos secretos, mitos, leyendas y cuentos de Hadas que se han perdido al paso de los tiempos- se alejo del libro deslizando sus dedos por la manera hasta quedar en una esquina-“Los cuentos Infantiles es una forma de ocultar la verdad”- dijo citando una de las frases que había escuchado ya en muchas ocasiones.

Aitziber D’ Lemoine- Brujo(a) Clase Alta

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Observo el libro con determinación y después miro a la chica. Después miro al libro y lo cogió para verlo abiertamente, de par en par para ver todos sus escritos y secretos que dijo que había relatados en el. Cuando termino de leerlos cansado sobre el suelo, este se sentó en uno de los sillones de la amplia habitación que estaba decorada con hermosos tonos dorados y verdes, ocres y algún que otra plata por cualquier lado. Sugirió quedarse mirando a un cuadro, pero después devolvió en sus manos el libro que le hizo despertar curiosidad y que había venido en manos de la chica, dentro de una bolsa que también estaba húmeda relativamente.
Cruzo las piernas desinteresadamente, sentándose en el sofá que estaba delante de la chimenea donde emanaban algunas llamas vivas de color naranja y rojo fuerte. En la mercancía que traía la chica, el tenia libros mejores que esos, pero siempre era bueno leer de todo tipo de libros, pues quizás los que eran mediocres podrían ser de gran utilidad. Pensó en comprarlo pero no llegaría a nada, pensó en que quizás, sería buena idea el tomarlo prestado, pero llevaba una semana sin leer por pura pereza y por puro desánimo. Suspiro entonces y se quedo mirando como bailaban las llamas. Juntas y el solo. Las miraba sin moverse de aquel lugar en el que estaba.
-Quizás las ropas que llevabas, ya estén listas-Dijo con cero tono expresivo. En cero coma, se había quedado derrotado, como si de repente una bandada de pájaros le hubiera picoteado por todo el cuerpo, como si de repente algo se le hubiera parado. El crispar de las llamas se había disipado a que lo ocultara el silencio. No se enteraba de nada, se había metido en su propio mundo y en cuanto volvió, estornudo estrepitosamente haciendo que un poco de sangre saliera de su nariz aterrizando en el suelo y unas cuantas gotas en el ardiente fuego transformándolo por pocos segundos en un fuego esmeralda. Una combinación interesante.
Cruzo las piernas desinteresadamente, sentándose en el sofá que estaba delante de la chimenea donde emanaban algunas llamas vivas de color naranja y rojo fuerte. En la mercancía que traía la chica, el tenia libros mejores que esos, pero siempre era bueno leer de todo tipo de libros, pues quizás los que eran mediocres podrían ser de gran utilidad. Pensó en comprarlo pero no llegaría a nada, pensó en que quizás, sería buena idea el tomarlo prestado, pero llevaba una semana sin leer por pura pereza y por puro desánimo. Suspiro entonces y se quedo mirando como bailaban las llamas. Juntas y el solo. Las miraba sin moverse de aquel lugar en el que estaba.
-Quizás las ropas que llevabas, ya estén listas-Dijo con cero tono expresivo. En cero coma, se había quedado derrotado, como si de repente una bandada de pájaros le hubiera picoteado por todo el cuerpo, como si de repente algo se le hubiera parado. El crispar de las llamas se había disipado a que lo ocultara el silencio. No se enteraba de nada, se había metido en su propio mundo y en cuanto volvió, estornudo estrepitosamente haciendo que un poco de sangre saliera de su nariz aterrizando en el suelo y unas cuantas gotas en el ardiente fuego transformándolo por pocos segundos en un fuego esmeralda. Una combinación interesante.

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Se había sentado en un sofá mientras dejaba que el joven analizara sus pertenencias recién adquiridas, dejo que su mirada se fuera hacia un lado de la sala, le miraba curiosa, se veía que era alguien con mucho dinero, pero parecía a la vez tan joven que era sorprendente que todo aquello fuera de el a primera vista pensarían que era el hijo del dueño de esta mansión, pero no, tenía en cuanta los tratos de los sirvientes hacia el y también lo desolado que se encontraba el lugar, el era el dueño y señor de ese lugar, no había duda en eso.
Se sentía aliviada por que sus libros estuvieran bien, sanos y salvos, habia otro libro, más bien era como un cuadernos de notas en donde se encontraban todas las recetas que había investigado y encontrado, cada una para un diferente problema, este lo dejo en su bolso, no estaba húmedo, las gotas del agua no habían alcanzado su tapa ni sus hojas, se habia quedado por unos momentos pensativas hasta que la voz del joven la llamaron.
-Oh… Genial- sonrió levantándose de su asiento-Gracias por su hospitalidad- se inclino levemente. Escucho el sonido estrepitoso del estornudo, estaba apundo de decir calmadamente “Salud” cuando noto el rastro de sangre en su nariz-¿Qué le sucede? ¿Se siente bien?- pregunto preocupada mientras buscaba un pañuelo que habia visto cerca de la mesa de noche, sujeto el libro poniéndolo en la mesa para acercarse y amablemente ofrecerle el pañuelo a su compañero para que se retirara el color carmín que salía de su fosas nasales
quedo un poco preocupada mientras veía como se limpiaba la sangre, se mordió uno de sus labios cruzándose de brazos ¿sería muy grave o solo algo sin importancia? Cruzo sus brazos entre su pecho se dio media vuelta volviendo su atención a la habitación -¿se encuentra mejor?- pregunto volviendo a verlo
Se sentía aliviada por que sus libros estuvieran bien, sanos y salvos, habia otro libro, más bien era como un cuadernos de notas en donde se encontraban todas las recetas que había investigado y encontrado, cada una para un diferente problema, este lo dejo en su bolso, no estaba húmedo, las gotas del agua no habían alcanzado su tapa ni sus hojas, se habia quedado por unos momentos pensativas hasta que la voz del joven la llamaron.
-Oh… Genial- sonrió levantándose de su asiento-Gracias por su hospitalidad- se inclino levemente. Escucho el sonido estrepitoso del estornudo, estaba apundo de decir calmadamente “Salud” cuando noto el rastro de sangre en su nariz-¿Qué le sucede? ¿Se siente bien?- pregunto preocupada mientras buscaba un pañuelo que habia visto cerca de la mesa de noche, sujeto el libro poniéndolo en la mesa para acercarse y amablemente ofrecerle el pañuelo a su compañero para que se retirara el color carmín que salía de su fosas nasales
quedo un poco preocupada mientras veía como se limpiaba la sangre, se mordió uno de sus labios cruzándose de brazos ¿sería muy grave o solo algo sin importancia? Cruzo sus brazos entre su pecho se dio media vuelta volviendo su atención a la habitación -¿se encuentra mejor?- pregunto volviendo a verlo

Aitziber D’ Lemoine- Brujo(a) Clase Alta

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Asintio con brevedad y se levanto del sofa en el que estaba retenido. Solamente el fuego se movia entre la madera que se quemaba, pero en cuanto miro a la chica, sonrió de una manera un poco escueta, sin ganas-S-Si....lo estoy...-Dijo sin más para no dar mas explicaciones. Sujetandose el pañuelo contra la nariz, fue al umbral de la puerta para encontrarse con el servicio de doncellas, les ordenó que trajeran agua y algo más a lo que no llego a tiempo a decir. Principalmente, eran los cambios de temperatura. Estornudaba sangre cuando paraba de llover en tan solo cinco segundos, pero aun desconocia aquella sincronia con la lluvia. Resopló cansado y en parte quiso recordar el porque, pero mejor lo pensaría luego. Tenia una huesped. Miró a la chica, ladeó el rostro hacia un lado y se fue acercandose a ella poco a poco, lamiéndose los labios conforme la observaba al acercarse, consiguiendo acorralarla contra el respaldo del sofa.
Las manos a ambos lados de Aitziber las puso. Se quedo mirándola a los ojos un buen rato hasta que se acercó a su cuello para olerla lentamente, de arriba a abajo y como regalo saboreó su cuello con la punta de la lengua. Comenzó a tener un tic en el ojo, el cual lo calmó poniendo su mano derecha sobre este para comenzar por consiguiente a reir de una manera un tanto extraña. ¿Qué haría ahora? Solamente se alejó de la chica para sentarse en una de las sillas que habia tras el escritorio-Llamaré a la calesa para que te vayan a recoger...o si quieres, puedes quedarte en la sala de huespedes...-Fue diciendo conforme este iba leyendo algún que otro papel que habia sobre la mesa. La miró diferente a antes, pero con una sonrisa afable que no se parecía nada en la de antes después de alejarse de ella.
Las manos a ambos lados de Aitziber las puso. Se quedo mirándola a los ojos un buen rato hasta que se acercó a su cuello para olerla lentamente, de arriba a abajo y como regalo saboreó su cuello con la punta de la lengua. Comenzó a tener un tic en el ojo, el cual lo calmó poniendo su mano derecha sobre este para comenzar por consiguiente a reir de una manera un tanto extraña. ¿Qué haría ahora? Solamente se alejó de la chica para sentarse en una de las sillas que habia tras el escritorio-Llamaré a la calesa para que te vayan a recoger...o si quieres, puedes quedarte en la sala de huespedes...-Fue diciendo conforme este iba leyendo algún que otro papel que habia sobre la mesa. La miró diferente a antes, pero con una sonrisa afable que no se parecía nada en la de antes después de alejarse de ella.

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Re: ¿Tu quien eres? [Aitziber D’ Lemoine]
Parecía estar bien, la joven asintió mientras este se veía mucho mejor, apenas se quedo parada mientras sus criados lo atendían por unos segundos, aquel hombre parecía una persona fría. ¿Seria así siempre? Se pregunto curiosa, no parecía aquellas personas que siempre sonreirán, es más, parecía que él no sabía hacerlo, era más que gracioso haber conocido una persona así, puesto a que estaba acostumbrada a las personas un poco más risueñas, hasta su maestro era más carismático que el.
Sintió el extraño acercamiento del Joven a su persona, esta instintivamente retrocedió poniendo una de sus manos en su pecho como para presionar una extraña sensación, pronto sintió como sus bruces caían al sofá siendo acorralada, la pérdida de sangre debía haberle afectado, miro las manos de ambos lados y luego a sus ojos, tenía unos ojos lindos, pero algo apagados, aun así se veían llenos de una extraña vida y poder, al ver que se acercaba a su cuello retuvo la respiración -La pérdida de sangre verdaderamente le afecto- dijo riendo débilmente. La respiración del chico estaba en su cuello, entrecerró sus ojos sintiendo que su piel se erizaba con aquel acto en su cuello.
Ladeo inocentemente su cabeza al notar que se alejaba de ella, había vuelto todo a la normalidad, eso debía decir que su sangre volvió a la cabeza, revolvió un poco su cabello, sintiéndolo un poco húmedo aun-Creo que mejor me voy, es decir, Ya es tiempo de que el cuerpo descanse- dijo estirando un poco su cuerpo en el lugar para luego levantarse del sofá. Noto una agradable sonrisa proviniendo del joven, ladeo su cabeza extrañada, no pudo evitar reír ante aquel gesto. -pensé que no sabía sonreír- bromeo haciendo una larga sonrisa con sus dedos en sus mismos labios
Sintió el extraño acercamiento del Joven a su persona, esta instintivamente retrocedió poniendo una de sus manos en su pecho como para presionar una extraña sensación, pronto sintió como sus bruces caían al sofá siendo acorralada, la pérdida de sangre debía haberle afectado, miro las manos de ambos lados y luego a sus ojos, tenía unos ojos lindos, pero algo apagados, aun así se veían llenos de una extraña vida y poder, al ver que se acercaba a su cuello retuvo la respiración -La pérdida de sangre verdaderamente le afecto- dijo riendo débilmente. La respiración del chico estaba en su cuello, entrecerró sus ojos sintiendo que su piel se erizaba con aquel acto en su cuello.
Ladeo inocentemente su cabeza al notar que se alejaba de ella, había vuelto todo a la normalidad, eso debía decir que su sangre volvió a la cabeza, revolvió un poco su cabello, sintiéndolo un poco húmedo aun-Creo que mejor me voy, es decir, Ya es tiempo de que el cuerpo descanse- dijo estirando un poco su cuerpo en el lugar para luego levantarse del sofá. Noto una agradable sonrisa proviniendo del joven, ladeo su cabeza extrañada, no pudo evitar reír ante aquel gesto. -pensé que no sabía sonreír- bromeo haciendo una larga sonrisa con sus dedos en sus mismos labios

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