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En los desconocidos siempre recordamos. {Levana Maréchal}

Mensaje por Callum Norringthon el Jue Ene 05, 2012 10:38 am

“—¿Qué estás haciendo?
—Estoy quemándome a mí mismo.
—¿Quemándote a ti mismo?, ¿por qué?, ¿por qué lo haces?
—Practico para el infierno.
—¿Por qué estás tan seguro de que irás al infierno?
—A causa de lo que hice. Debido a lo que voy a hacer...”




Era una noche jodidamente fría, igual que la anterior y la anterior y la anterior a esa, y la anterior a la anterior, pero Callum apenas tiritaba, apenas se notaba que el frío le calaba hasta los huesos y la razón era simplemente que aquellas bajas temperaturas siempre habían sido de su agrado. Era cierto que no recordaba haber sido testigo de temperaturas como aquellas, parecían tan drásticas, o quizás se debía al hecho de haber permanecido encerrado durante cuatro años, privado de vivir a la intemperie. Pero estaba a gusto de ese modo, sabía que lo peor que podría pasarle era morir de hipotermia y ciertamente, morir no encabezaba su lista de grandes temores, algo casi imposible para alguien que ha intentado suicidarse en varias ocasiones. Y el frío de aquella magnitud le hacía sentir como si estuviese en un gran congelador, como si los demás estuvieran ahí dentro con él, como si se tratara de simples cadáveres intentando ser conservados hasta el momento en que decidieran hacer algo con sus restos. Tal vez así era, tal vez todos aquellos seres humanos que caminaban de aquí a allá por las calles de esa ciudad ya estaban muertos y tal vez simplemente era que no se habían dado cuenta. La idea le encantó a Callum, ese tipo de ideas relacionadas con la muerte lograban fascinarlo, probablemente a cualquiera le parecería horrible que pensara cosas como esas, pero para él eran tan normales, tan cotidianas, tan...de él.

Caminaba con ambas manos dentro de los bolsillos de su pantalón y la vista clavada al frente, parecía como si estuviese muy atento a todas las cosas a su alrededor, como si intentase memorizarlas, pero la verdad es que poca era la atención que les ponía, su mente estaba dispersa, hundida en la nada misma, copulando con esas constantes ideas tontas y algunas terribles que siempre, siempre le pasaban por la cabeza. Sus pies estaban desnudos y la razón era que le encantaba estar descalzo, le hacia sentir libre y él amaba esa sensación, pero sus pies sufrían las consecuencias y podía verse a simple vista al notar como se herían con cada paso que daba, cada vez que las pequeñas rocas que había en su trayecto se le incrustaban, rasgándole la piel, enrojeciéndola. Callum parecía no inmutarse de aquel dolor que sus pies proveían, parecía tan absorto, tan ajeno a ello, tanto que resultaba tétrico continuar su camino; cualquiera que le mirase comprobaría esa teoría de que definitivamente tenía toda la intención de coger una hipotermia, tal vez era su nuevo intento de suicidio, uno más agradable que todos los anteriores, por cierto…

Pero entonces escuchó.

Un llanto, uno fuerte, uno que de hecho resultaría conmovedor para cualquiera que escuchase. Se detuvo por algún momento, ladeando su cabeza en la búsqueda de agudizar su oído y supo que iba en dirección correcta. Siguió caminando con la intención de llegar hasta su destino, hasta que estuvo en medio de un montón de escombros, esos que él mismo había provocado al iniciar el incedio que había consumido el hospital psiquiátrico en donde había permanecido esos largos años. El asesino regresaba al lugar de los hechos y no sentía culpa alguna de presenciar el sitio que había sido el último para muchos de los que habían muerto en el siniestro. Se irguió con cautela y al girar su rostro pudo darse cuenta de la chica que yacía a tan sólo unos cuantos metros de distancia. Probablemente la joven no le había visto ni le había escuchado acercarse, tal vez en parte porque la noche era buena alidada para pasar desapercibido, tal como lo hacían los gatos.

Callum la observó doblegarse de aquel modo mientras lloraba, parecía tan triste, tan desesperada, tan…encantadora. Los cabellos castaños le cubrían el rostro, hecho que no le permitía conocer la cara de la mujer, pero una cosa sí sabía: era una desconocida y ya de base eso significaba que era su enemiga, tendría que hacerle daño antes de que ella se lo hiciera a él, tendría que ser cruel antes de que ella lo fuese con él, tendría que ser el el victimario y no la víctima, así era como funcionaba su mecanismo de defensa. Decidió dejar a la vista su crueldad, esa que ya formaba parte de él, se acercó lo suficiente para que ella lograra escucharle y verle. – Yo ya me habría suicidado. – Dijo de manera automática y sin pensárselo mucho, como si aquello que le decía (o proponía) a la chica fuese lo más normal del mundo. Desvío la mirada de ella y la dirigió una vez más al frente, casi ignorando la presencia de la joven. Nuevamente dejó destilar un poco de veneno. – Sería preferible matarme antes de terminar lloriqueando y convertirme en alguien tan débil como tú. – Su voz era tan firme y gélida como el frío de la noche y la brisa húmeda azotaba los cabellos de ambos jóvenes, como si de látigos se tratase. Volvió a girar su cabeza para observarle y ver su reacción cuando le preguntara aquello. – Pero eres tan débil que ni siquiera eso te atreves a hacer, ¿cierto? ¿Quieres que te haga el favor?, puedo matarte en este instante si lo deseas, tengo una navaja de afeitar en mi bolsillo. - Le mantuvo la mirada y el semblante en su rostro era totalmente inexpresivo, no había culpa o tristeza o miedo o alegría, no había nada. - La verdad es que no suelo hacerle favores a nadie, no suelo ser compasivo, pero tú me das lástima. Puedo matarte sin problemas, sólo tendría que colocar la hoja de la navaja en tu cuello y ejercer presión hasta rebanarla. Morirías casi al instante, luego de desangrarte por completo, claro. Además, resultaría tan poético ver estos escombros cubiertos de rojo y a su vez ver tu cuerpo cubierto de cenizas, seguramente tu cadáver se vería hermoso a la luz de la luna. – Finalizó con una media sonrisa, una que le hacía ver todavía más tétrico. En definitiva, Callum Norringthon daba miedo. Ni siquiera daba importancia al ver como la chica seguía sollozando, de hecho, estaba disfrutándolo…


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Re: En los desconocidos siempre recordamos. {Levana Maréchal}

Mensaje por Levana Maréchal el Vie Ene 06, 2012 9:31 am

Yo, como el archidemonio,
llevaba un infierno en mis entrañas;
y, no encontrando a nadie que me comprendiera,
quería arrancar los árboles, sembrar el caos
y la destrucción a mi alrededor,
y sentarme después a disfrutar de los destrozos.
- Mary Shelley



La infancia que había tenido la joven los primeros 10 años de su vida había sido totalmente tranquila. Con una madre platicaba con ella por horas, donde el padre llegaba con dinero, comida, dando un abrazo cálido a sus hijos, y una beso lleno de amor a su esposa. Una de las tantas noches en donde se reunían para leerles un cuento antes de dormir, toco la historia en donde un rey, ¿O no era un rey? Recuerdos de ese tiempo se han perdido con el tiempo, por eso no puedo contarte con exactitud. Era un rey que todo lo que tocaba se convertía en oro. Aquella historia se había quedado en la memoria de la castaña, tanto que incluso ella se sentía ese rey, pero no, no convertía todo en oro, al contrario, todo lo que estaba a su alrededor se desmoronaba, personas, situaciones, incluso ella misma sabía como destruirse, pero en ocasiones existen fuerzas más grandes que te mantienen con vida, que te dan esperanza para poder seguir en pie, y no arrancarte la vida. ¿Muerte? Es algo que ella no puede temer, es con algo que ha vivido por siempre, el ángel de la muerte diariamente la abraza, incluso se ha vuelto su amigo, la seduce pero suele ser más fuerte, incluso suele contarle que se sienta la vida sabiendo que en un paso en falso puede llevarla con él. Es todo raro, pero Levana ha aprendido a vivir con ello. Pocas personas eran las que entendían su condición. Un ultraje, golpes, voces, temores, escondites, incluso muertes. Era su manera de poder seguir adelante. Recordando cosas que había pasado, temiendo por lo que pudiera venir, imaginando que podría ser peor en su vida, pero lo peor ya había pasado ¿O no?

Una niña pequeña, quizás tendría unos 9 años, fue la que hizo que la castaña no se sintiera sola por primera vez en su vida, la niña padecía problemas de depresión grabe, algo totalmente raro para su edad, según los doctores decían que demonios la seguían, el mismo papa la había ido a visitar, sin embargo la bruja sabia la verdad, la muerte misma se lo había dicho, la pequeña no tenía nada, simplemente tenía miedo de volver a casa, de volver a ser golpeada, a los niños le salen bien las actuaciones por eso le creía lo mal que estaba. La pequeña siempre traía una muñeca, bastante bien cuidada, con los cabellos iguales a los de la bruja, la muñeca que se encontraba a su lado, en los escombros, sin cabello, sin ojos, solo con la ropita rota, y bastante empolvada. ¿Se abría muerto en el incendio? "Todo lo que tocas se pudre Levana". La primera voz de la noche se asomaba para hacer más difícil la situación. Llevó una de sus manos a su cabeza frotando su sien con cuidado - Cállate - Indicó de manera firme mientras su voz se perdía en el eco de los escombros. "Busca Levana, busca entre los escombros, quizás encuentres las cenizas de su cuerpo quemado" Otra voz, con un tono burlo apareció "Cómete sus cenizas Levana, hazla parte de ti". La ultima de las voces que había conocido hasta le fecha se hizo presente, dejando una sensación de terror en el pecho de la chica, sintiendo como poco a poco le costaba trabajo comenzar a respirar con tranquilidad.

De un momento a otro, las manos de la chica comenzaron a lanzar pedazos de block de manera desesperada contra las paredes, no descansaría hasta encontrar a la pequeña, pero sabía que cuerpos habían quedado debajo de todo, lo sabia porque las autoridades no habían hecho nada, y también por que el olor a putrefacción reinaba en aquel lugar. Poco fue lo que duró moviendo pedazos de pared cuando la carita de la pequeña se asomaba sin vida. El golpe del olor hizo que se dejara caer de sentón en el piso. Las tres voces al mismo tiempo soltaron una carcajada demoniaca en su cabeza, la joven esta vez dio pequeños golpes contra su cabeza, suplicando que el silencio reinara su interior. Pero eso no era posible, Levana había olvidado como era llorar hasta ese día, las lagrimas comenzaron a limpiar su rostro empolvado. Sus sollozos eran fuertes, nadie podría escucharla, o bueno al menos eso creía hasta que lo vio, a él, al demonio mismo haber destruido la vida de tantos inocentes dentro de aquel lugar. Levana escuchó sus palabras con suma atención. Se limpió el rostro con las mangas de su vestido antes de ponerse de pie - Fuiste tu… ¿Y regresas aquí como si nada? - La rabia inundó el cuerpo de la bruja, por primera vez quiso utilizar sus habilidades para lastimar a alguien, así como este la había lastimado. - No necesito la lastima de alguien que siente lastima por si mismo - Espetó con rabia, sin embargo el miedo de tener frente a ella al causante de tan horrible desastre se notaba, primero que nada por la manera en que su voz había salido, temblorosa, débil, casi agonizante, y también por los pasos que había dado hacía atrás, por ultimo su postura, como preparada para querer salir corriendo si algo malo pasaba.

¿Ayudarla a morir? Cosa más absurda, él mismo la había ayudado a salir, bueno si se puede decir ayudar antes de quemar todo. - ¿No dejaste salir a nadie más? - Preguntó con un aire esperanzador, quizás su desesperación o alucinaciones habían hecho que viera a la pequeña en alguien más, pero la esperanza aunque moría a lo ultimo, para ella nunca había existido. - No necesito a nadie para morir, puedo hacerlo sola… ¿Quieres ver? Préstame esa navaja y podrás deleitarte al verme morir - Levana no bromeaba en esas cosas, incluso le parecían graciosas, ¿a donde iría si moría? No podría terminar muchos ciclos, necesitaba poner fin a sus miedos antes de llevarlos a su muerte. Con una fuerza que ni ella misma sabia de donde había sacado, dio pasos hacía enfrente - Dámela, puedo hacerlo sola, tu lastima sale sobrando, ¿por qué no intentas matarte? Le harías el favor a muchos - Muchos, se refería con vivos y muertos. Muertos se refería a aquellas almas que habían muerto en el incendio y quien sabe, quizás habían más que había ocasionado antes. Vivos, aquellas próximas personas que podían toparse en su camino. Levana no quería morir aun, necesita aprender a confiar en las personas, había tanto que quería hacer por ejemplo, aprender a esquiar en la nieve, algo tonto pero que sin duda la llenaba de curiosidad, salir de la burbuja de refugios, poder sentirse alguien normal, pero si era su momento de morir no dejaría que "él" lo hiciera, prefería darse dolor propio, arrancarse la respiración sola, y así poder haber hecho algo bueno por ella misma. Poco había el tiempo en que ambas miradas de habían cruzado, ella no podía permitir que el mirara sus ojos, que descifrara su alma por medio de ellos, un alma rota, marchita, podrida.

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Re: En los desconocidos siempre recordamos. {Levana Maréchal}

Mensaje por Callum Norringthon el Vie Ene 13, 2012 1:04 am

[...] pero le pasó lo que a mí, se separó, fue demasiado lejos en la soledad
y supo -tuvo que saber- que de allí no se vuelve.

-Alejandra Pizarnik.




La reconoció y cuando lo hizo sonrío. Ladeó la cabeza y la estudió, tal y como había hecho en el hospital durante su encierro. Durante su estancia en ese deplorable lugar la comunicación o convivencia con los demás internos había sido casi nula, la mayoría de ellos había permanecido encerrados en sus habitaciones, entre ellos Callum; pero había episodios en los que se apiadaban un poco de los enfermos y los dejaban tomar un poco de aire en las jardineras, en los patios que la mayoría de las veces estaban desiertos y que se llenaban de personas cuando los “locos” salían a despejarse. Justo allí es donde Callum había visto a Levana, siempre sentada en una banca, apartada del resto, con la cabeza gacha y los cabellos revueltos sobre el rostro o bien viendo al cielo, pero siempre ausente y perdida en sus pensamientos, mismos que en ocasiones eran naturales y en otras inducidos por los medicamentos que los doctores usaban para mantenerlos drogados y tranquilos. Levana había llamado su atención y eso era extraño, Callum jamás se interesaba en nadie, para él toda la gente a su alrededor eran montones de masas grises y amorfas, carentes de voz o de pensamientos propios; así era como se empeñaba en verlos, cada uno sin personalidad alguna y por ende, poco interesantes, al menos para él. Pero ella era distinta, de alguna u otra manera se había visto en sus ojos, usándolos como espejo, reconociendo una pequeña parte de sí mismo en ellos. Y eso sí que era extraño…todo en él lo era.

Supo que ella también lo había reconocido, pero no sintió vergüenza o culpa por ello, de que estuviese acusándolo abiertamente de la muerte de las personas que habían perecido en el supuesto accidente. ¿Era un asesino?, nunca se lo había planteado de ese modo, Callum siempre había sido poco reflexivo, al menos en sus acciones, él siempre había actuado bajo impulsos, espontáneamente y después de sus actos era que les daba un significado o justificación, pero eso no garantizaba que lo que él dijera respecto a estos fuese algo coherente o aceptable. Y justo ahora se veía como el salvador de todas esas personas, las había castigado y liberado, ambas cosas a la vez. - Sientes lástima por todos los que murieron, ¿no es así? Lo veo en tu cara de mosca muerta. – Desvió sus ojos castaños y los enfocó esta vez en el montón de escombros que se abrían paso ante él, los contempló con aparente orgullo, estando conciente de que todo ese destraste era su creación. - Me alegro de que estén muertos. – Musitó, con la mirada completamente fija en un punto en el cual desde su posición suponía que era donde había estado la habitación que había sido la suya durante cuatro largos años. Recordó los rostros de esos enfermeros y médicos a los que tanto había detestado durante ese tiempo, que le habían hecho la vida imposible y que se habían dedicado solamente a dañarlo y a intentar encontrar la manera de deshacerse de él en cuanto tuvieran la oportunidad. Así era la realidad de Callum, su versión de las cosas, una claramente errónea y paranoica; así era su enfermedad. Se los imaginó a todos muertos y achicharrados, hechos cenizas. Cuando reaccionó volvió a mirar a Levana. - No seas idiota, ellos sienten lástima de nosotros, seguimos vivos, en este mundo de porquería. – Su rostro se deformó en un gesto de completo asco, tan obvio que incluso arrugó la nariz como si repentinamente el lugar hubiese desprendido un olor putrefacto y desagradable, más de lo que ya naturalmente olía. Jaló saliva con fuerza y la acumuló en su garganta, luego la arrojó, escupiéndola allí, justo ante sus pies. Luego de eso su semblante tranquilo regresó.

Volvió a mirar a la joven y se dirigió hasta donde ella estaba con pasos lentos, la escuchó con atención decir todo lo que había dicho, mismas cosas que a sus oídos eran sólo tonterías y más de la misma mierda que ya estaba incluso acostumbrado a escuchar, mismas cosas que lo aburrían. Se interesó sólo cuando esta terminó la última frase y sus ojos inexpresivos analizaron a la joven una vez más, una de sus cejas se elevó un poco cuando Levana le pidió la navaja. No la creía capaz, pero sin duda sería interesante ver si hablaba en serio. - ¿Crees que le tengo miedo a la muerte? – En su voz podía distinguirse un poco de ironía y hasta recriminación. Levantó uno de sus brazos, el cual giró dejando a la vista de Levana los varios cortes que había en su muñeca. Cualquiera que los viera se daría cuenta de lo que significaban, no era necesario dar una idiota explicación a lo que era completamente obvio. – Sorpresa. Ya lo he intentado. – Anunció mientras contemplaba los cortes que él mismo se había hecho, acariciando uno de ellos con la yema de los dedos de su otra mano, como si cada cicatriz tuviese vida propia y una historia que contar. Sonrío. – Alguien no me quiere muerto todavía, por eso no morí. Lo intenté tres veces, ¿qué crees que significa eso? – Preguntó a la joven volviendo a mirarla, pero no esperó por una respuesta. – Creo que tengo una misión, ¿quieres saber de que se trata? – En sus ojos apareció un brillo peculiar que bien podía ser catalogado como… ¿entusiasmo? Era ese mismo brillo que aparecía cada vez que estaba por decir una mentira, más mentiras. Mentir era su pan de cada día.

Se dejó caer de rodillas sobre los escombros, con el rostro tétricamente entusiasmado y en espera de ver lo mismo en el de ella, tal vez un poco de asombro, un poco de duda y de ganas de que él le contara su secreto. Pero no ocurrió. La chica continuó mirándole sin inmutarse ni un poco de lo que él acababa de decirle, como si fuera sorda, aunque la verdad es que había escuchado todo muy bien, se le notaba en la cara de angustia que había puesto ante aquellas palabras. Callum echó la cabeza hacia atrás, con un gesto que denotaba que estaba un poco desilusionado y resignado a que no obtendría lo que deseaba ver en ella y si no lo obtenía, entonces optaría por otra cosa. Su rostro volvió a adoptar un gesto de desprecio, se puso de pie y empezó a andar entre los escombros, pateando pedazos de concreto, provocando un ruido que hacia eco en el lugar convertido en ruinas. - ¿Qué demonios te importa quién más logró salir? – Preguntó con voz ligeramente rabiosa, retomando el tema anterior. - A ellos nunca les importó tenerte encerrada como a un maldito perro rabioso, dándote de comer esa mierda asquerosa y completamente repugnante, llamándote enferma, puta loca. ¿Eso eres?, ¿una puta loca?, ¿te gustaba que te llamaran así?, ¿eh?, ¡responde! – Le exigió, pero en realidad no buscaba oír una respuesta, a Callum no le importaba lo que la gente tenía para decir. - Así era como te llamaban, lo recuerdo. Siempre me pregunté a cuantos te cogiste para que te llamaran de ese modo. “La puta loca”. – Citó dejando escapar una risa burlona. – ¿De verdad eres una puta?, ¿a cuántos te tiraste? – Se acercó a ella, demasiado, regalándole una mirada retadora. – ¿te gustó?, ¿lo harías también conmigo? – La llenaba de preguntas y propuestas indecorosas, pero la verdad es que poco significado tenían para él, su único fin era hacerla sentir incómoda, molestarla, JODERLA. Dejó escapar una risa al ver la cara de espanto que aparecía en el rostro de la muchacha. Cambió de tema. - Estoy seguro que piensas que te dejé salir esa noche para salvar tu vida. – Su mano derecha se movió, hundiéndose en uno de los bolsillos de su pantalón y cuando volvió a estar a la vista, traía consigo lo que había asegurado que tenía: la navaja de afeitar. El metal estaba frío al tacto a causa de las bajas temperaturas. - No te equivoques, tu vida ya está maldita, como la mía, como la del resto. No te salvé la vida, simplemente te he dado la posibilidad de tener una más digna, de decidir como morir. Y veo que ya has tomado la decisión. – Alzó la navaja ante ella y se la ofreció. - Adelante, estoy ansioso. – Nuevamente la retaba.


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Re: En los desconocidos siempre recordamos. {Levana Maréchal}

Mensaje por Levana Maréchal el Vie Ene 13, 2012 10:29 am

Aquel rostro se movió con suavidad para contemplar aquellos pedazos de pared, podía ver el negro que permanecía en los escombros a causa del fuego que había destrozado el lugar. Ni siquiera la lluvia de días atrás, había sido capaz de borrar aquel mal recuerdo. Sus manos presionaron con fuerza su cabeza. las voces no dejaban de reír juntas dentro de su cabeza, era como una canción tenebrosa, de esas que se tocan en los funerales. De pronto, no escuchó la voz del joven, solo era ella, sus voces y una sombra negra con algo parecido a unas ¿alas? lo entendía a la perfección, lo único que podía reinar en ese lugar era dolor, pena, angustia, caos, muerte, pero nada de tranquilidad. Las lagrimas habían parado por un largo momento. Su cuerpo estaba tan cómodo, incluso sin importar como los escombros se clavaban en sus piernas que no quería hacer el mínimo esfuerzo de moverse. Ladeo el rostro, la sombra negra se movió por el cuarto, su mirada siguió aquella silueta que se posó detrás del rubio, después de unos segundos lo abrazó, dejando ver como todo se volvía humo negro que entraba en el cuerpo del chico. ¿Que era eso? Una llamada de atención, ya no habría ángel de la muerte en las sombras que siguiera su camino para molestarla, ahora el pequeño que estaba frente a ella, representaba su nueva maldición, una que podía causar dolor a su cuerpo, uno que podía tocar y saber que sus pesadillas se habían vuelto realidad. Los ojos del rubio se habían vuelto negros de un momento a otros. El cuerpo de Levana se hecho hacía atrás llevando sus manos hacía enfrente como intentando impedir poder ver más la figura que tenía enfrente. Se podía notar lo desesperada que estaba, pues sus manos temblaban. Odiaba mucho el hecho de hacer su debilidad siempre tan evidente, de no poder disimular lo frágil que era, pero a pesar de la tristeza que tenía, seguía sumida en esa tranquilidad insana, ya que no se encontraba con el hombre más bueno o cuerdo del planeta. Eso hasta el más distraído podía percibirlo.

Levana soltó un sollozo bastante perturbador. ¿Puta loca? Nadie podría llamarla de esa manera, nadie después de lo que había pasado. Volteó a ver su cuerpo con atención, solo por un pequeño momento pues sus ojos se cerraron de golpe, sus recuerdos aparecieron como si de nueva cuenta estuviera viviendo aquella noche. Tan pequeña, tan débil. Un par de manos tocaron sus hombros con fuerza, presionando con el pulgar para dejarle dolor. El siguiente par de manos, tomaban sus brazos, otros sus piernas, una cachetada sonora la hizo perder por un momento la razón, y su cuerpo ya se encontraba desnudo contra el frío suelo, aquellos hombres tocaban con fuerza su cuerpo, le dolía, a ella le dolían los roces de las pieles, y entonces sin decir más aquel hombre entro con fuerza en su ser, arrancando un grito agudo de sus labios. Suplicas, lagrimas, gritos, todo lo que podía salir de su cuerpo para ser rescatada era articulado con fuerza, sin embargo todo era inútil, cuando por fin saciaron aquellos hombres de uno a uno su sed de ella, golpes fueron propinados a su cuerpo, ni siquiera era capaz de respirar tranquila. ¿Cómo llegó a casa? Nunca lo supo en realidad, solo el ardor de las hiervas al ser curada la hacía reaccionar de sus largas jordanas de sueño.

Sus ojos se abrieron de golpe. - No me digas así - Susurró volteando a ver a todos lados, sintiendo como la imagen de enfrente se distorsionaba a cada instante. Su cabeza se movía y con fuerza se frenaba volteando a ver a su acompañante. Dio un manotazo fuerte para arrebatarle la navaja que tenía en la mano, la apretó con fuerza en su palma haciendo que pronto la sangre escurriera, y cayera al suelo. Las gotas resonaban con fuerza debido al lugar, se hacían más presentes gracias al eco - !Cállate, tu no sabes nada de mi! - Alzó la voz con desesperación. De la nada se giro de costado, su mano ensangrentada mancho su cara al volver a hacer presión - Dile que se calle, dile que se calle - Le imploró a aquella voz intentando hacer que cerrará la boca de Callum por un momento, pero eso no pasaba. De pronto su respiración volvió a la normalidad, se giró a verlo con una sonrisa mordaz en los labios, pero algo había de diferente, los ojos de Levana no mostraban ese brillo aterrador que siempre tenía, ahora su mirada era opaca, triste, incluso endemoniada, era su cuerpo pero ¿en realidad era su alma la que estaba dirigiendo?

En un abrir y cerrar de ojos la joven choco sus manos contra el pecho del intruso, hizo que su cuerpo golpeara contra la pared, se podía ver la rabia en su rostro. Clavo sus uñas e incluso la navaja al sostenerla en el brazo derecho del muchacho, lo azoto varias veces. ¿De donde había sacado tanta fuerza? No lo sabía, quizás la adrenalina mezclada con el enojo, el dolor del recuerdo, la tristeza por aquella muerte, todo era una mezcla perfecta para hacer que ella reaccionara de una manera distinta a la que era. Uno de los pasos que había dado hizo que su pierna se doblara, se dio cuenta que estaba por caer y jaló con ella al joven de tal manera que ambos chocaron de costado en el suelo, pero muchos golpes ya había sufrido en su vida, uno más no podría detenerla, por eso rápidamente se levantó, una de sus piernas atravesó el cuerpo del joven por encima, ambas rodillas raspaban el piso, ¿el vestido? No importaba mucho el realidad, ¿quería ver lo puta que podía ser? Entonces bienvenido sea. Una de sus manos golpeó con fuerza el rostro del joven, la otra aun con la navaja en mano le hizo un corte en su mejilla no tan profundo como hubiese querido. Nada le importaba en ese momento, los golpes se hicieron continuos, unos tras otro - No sabes nada de mi, no sabes nada, no te atrevas a dirigirte a mi - Grito con fuerza, sin dejar de golpearlo, las manos de Callum comenzaron a interponerse, pero a ella no le importaba, seguía dolida por sus palabras, pero la rabia no podía seguir todo el tiempo, y las lagrimas comenzaron a salir de nuevo por su rostro, nublando su vista. Levana ya no podía respirar, el arranque de adrenalina se le había ido del cuerpo. - No me vuelvas a decir así - Suplico sin poder dejar de llorar. - Ellos fueron, yo no hice nada - Dejó el último golpe en el brazo de chico.

Se sostuvo de sus manos, claro de manera forzada pues el enojo de Callum se veía claramente debió al arranque que ella había tenido. Se bajo de él, gateando por el lugar, esperando a que no le hiciera nada, se quedo en medio de unos escombros que se sostenían apenas, jalando sus piernas y abrazándose, dejando caer por fin la navaja. Contempló sus manos, estaban ensangrentadas, llenas de rasguños, de cortabas, de moretones. Ella odiaba a las personas, por ese tipo de cosas, era muy fácil juzgar o repetir lo que dicen las malas lenguas antes de averiguar, arrepentida estaba de haberse despegado aquella tarde de su caballo, no era una persona, pero al menos ese animal no la juzgaba y siempre la protegía. Volteó a ver al chico, sus ojos aun estaban bañados en lagrimas, las voces se habían callado, estaban complacidas por tener un "aliado" que pudiera molestarla fuera de su propio cuerpo. Intentó limpiar sus manos en el vestido empolvado, se levantó del suelo despegando ahora la mirada de él. La creencia de no dejar ver a los demás sus ojos aquella noche se había roto por completo, eso no le hacía gracia alguna…


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Re: En los desconocidos siempre recordamos. {Levana Maréchal}

Mensaje por Callum Norringthon el Miér Mar 14, 2012 8:57 am

“Soy así, contradictorio, todo el tiempo. Cuando te diga que no te tolero, estaré diciéndote que te necesito; cuando te diga que te odio, estaré dándote mi confesión de amor más sincera y desesperada, rogando para que no te vayas.”




Callum observó a la muchacha y con ojos expectantes esperó impaciente el momento para convertirse en el principal y único observador de un suicidio; le entusiasmaba porque nunca antes había visto uno, nunca había visto la sangre ajena correr a tan escasos centímetros, manchar la piel del individuo cobarde; nunca había gozado la muerte de alguien más como le hubiese gustado que alguien gozara la suya propia. Para Callum una muerte era algo tan íntimo, tan excitante y quizás tan placentero como habría sido para un vouyerista el ver a una pareja en pleno acto sexual; una muerte era algo irrepetible, nadie moría dos veces. En su boca se mantuvo dibujaba una sonrisa tenue, incluso cuando Levana sufrió aquel repentino ataque de ansiedad o al menos eso era lo que a los ojos del muchacho parecía; era como ver a una loca, viendo a todos lados, con la mirada a veces enfocada en él, luego al cielo, a la derecha, a la izquierda y sus manos, temblaban sin control a la vez que sus lágrimas insistentes corrían por sus mejillas. Callum amplió su sonrisa al ver como lograba hacer que Levana compartiera con el sentimiento de la rabia y se deleito con sus gritos, con la manera tan desgarradora en la que no le pedía, le exigía que se callara la boca y dejara de llamarla de ese modo tan despectivo como le habían llamado en el sanatorio mental. Pero en lugar de hacer caso a sus suplicas y exigencias, Callum empezó a reír una vez más, aunque no por mucho tiempo; calló cuando Levana se acercó a él y lo abrazó, en esos momentos la sonrisa de Callum se desvaneció y su boca se transformó en una línea recta a causa de la confusión que aquel gesto le provocaba.

El cuerpo del muchacho se puso rígido y sus ojos castaños se clavaron en el rostro de Levana que seguía siendo el de una completa loca. Él no estaba acostumbrado a que la gente lo abrazara, de hecho, no recordaba haber recibido un abrazo en toda su vida y el que lo hubiese hecho una extraña y en esa situación le parecía algo completamente fuera de si…pero extrañamente no le había molestado del todo, porque permaneció quieto hasta que ella lo soltó por decisión propia quitándole la navaja de las manos. Callum no pudo evitar mirar completamente absorto como Levana le pedía a alguien más que el se callara, no lo entendía, no sabía a quien le hablaba pero la notaba tan convencida de que alguien más estaba allí presente que no podía evitar girar su rostro para ver si lograba ver lo que ella parecía estar viendo. Con los ojos aún entrecerrados por la extrañeza y su incapacidad para ver lo que ella sí podiía, el cuerpo de Callum se estrelló contra la pared cuando ella se abalanzó sobre él, amenazándolo con la navaja en mano; pero ni siquiera el golpe que se dio en la cabeza o que ella estuviera amenazándolo con clavarle la navaja en cualquier momento lograron hacer que su sonrisa se desvaneciera. A Callum le gustaba esa Levana: rabiosa, capaz de todo, la prefería por encima de esa otra Levana triste, débil, inofensiva y completamente vulnerable. Segundos más tarde ambos jóvenes estaban en el piso, ella encima de él, ambos revolcándose entre los escombros como si de dos locos se tratase y ciertamente así era, ambos carecían de lucidez.

El sonido seco de una bofetada hizo eco en el sitio, una tan fuerte que provocó que el rostro de Callum que no dejó de sonreír en ningún momento, se volteara hacia un lado. Dos bofetadas, tres bofetadas, Levana estaba tan enojada que no dejaba de golpearlo y él no dejaba de recibir cada golpe como si se tratara de una caricia, de un beso. La navaja voló junto con la mano de la muchacha y le rajó la mejilla al rubio que lanzó un leve quejido ante el dolor que la herida le provocó; la sangre empezó a manar a través de la carne abierta, manchándole la pálida piel, recordándole que a pesar de que la mayoría del tiempo pareciera lo contrario, seguía estando vivo. Ya sin sonreír, Callum se mantuvo quieto y permaneció recostado mientras Levana empezaba a llorar una vez más, quiso pedirle que lo golpeara otra vez si eso la hacía sentir mejor, pero fue incapaz de hablar. No estaba molesto con ella, ni contento, no sentía nada porque ya no había rabia en los ojos de la muchacha, ni insultos, sólo su sangre que seguía recorriendo su cara, cayendo, mezclándose con las cenizas. A Callum no le molestaba que ella estuviera aún encima de él, de hecho, el sentir su calor, su peso encima le hacía sentir algo raro, como si una serie de ondas eléctricas le recorrieran debilmente el cuerpo, unas que le provocaban el extraño y repentino impulso de querer tocarla, de sentirla todavía más cerca de lo que ya estaba. Por suerte Levana se puso de pie y se alejó de él pero Callum permaneció ahí, recostado, mirando al cielo mientras decidía qué hacer. Nunca antes había sentido tanta simpatía por una persona, ni se había sentido tan identificado con nadie, no sabía que debía hacer, no tenía idea de lo que ella ver en de él. La rabia volvió a su cuerpo que hasta entonces había estado inerte y la rabia se debía ni más ni menos a ese nuevo sentimiento que ella estaba desatando en su interior; no sabía cómo llamarle, pero era incorporó hasta quedar sentado, gateó un par de centímetros sobre los escombros y finalmente se puso de pie; avanzó con rapidez hasta donde Levana se encontraba y esta vez fue él quien la empujó con fuerza hasta la pared, provocando que se pegara en la cabeza. Colocó su mano sobre su cuello y presionó lo suficiente como para hacerle daño y lograr hacerle creer que la estrangularía en cualquier momento si no hacía nada por defenderse.

— Te equivocas, yo sé todo acerca de ti. — La mano siguió presionando el delgado cuello de Levana, haciendo que la piel se tornara roja. — Sé todo lo que necesito saber. Que eres una estúpida muy débil, que cada noche lloras y deseas desaparecer del mundo porque que en el fondo, muy en el fondo te maldices ser como eres, no ser “normal” y no ser como todos. Desearías ser como todos, ¿no es así?, como el resto de la gente. A mí me da asco el resto de la gente. Tú también me das asco por desear ser como ellos. — Con la mano libre tomó un poco de su propia sangre que seguía en su mejilla y luego la untó en la mejilla de ella. — Debiste haberme matado cuando podías. Debiste haberte matado cuando podías. Ahora no dejaré que hagas ninguna de las dos cosas, especialmente la segunda. No ahora que sé cuanto te hace sufrir estar viva y ser parte de este mundo, ser como eres. Esas...cosas que te hablaban. ¿Quiénes eran? — Esperó por una respuesta pero no la obtuvo, en lugar de ello fueron lágrimas las que salían de la muchacha, lágrimas que parecían tener una fuente inagotable que probablemente era el dolor que la carcomía por dentro. — Te hice una pregunta. — Volvió a insistir y presionó más su cuello, provocando que Levana empezara a toser y quisiera zafarse de él; seguía llorando aunque ahora con dificultad. — ¡Deja de llorar! — Y al darse cuenta de que realmente estaba haciéndole daño, la liberó. — Y no vuelvas a abrazarme como lo has hecho. — Le sentenció señalándola con su dedo índice manchado de sangre, se lo exigio sin poder ser capaz de admitir que ese abrazo le había encantado, que lo había hecho sentir bien, como nunca nadie había podido. — No vuelvas a tocarme. No me gusta que la gente me toque, ¿escuchaste? Me-da-asco. Tú me das asco. — Repitió separando cada silaba, contradiciendo sus propias palabras ya que era él mismo quien estaba tocándole la frente con el dedo mientras le sentenciaba.

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Re: En los desconocidos siempre recordamos. {Levana Maréchal}

Mensaje por Levana Maréchal el Mar Mar 20, 2012 5:44 am

Todo había sido demasiado rápido, los insultos, el abrazo, los golpes, la sangre, las lagrimas, la rabia, el miedo, la fragilidad. Todo había sido tan rápido que la bruja sentía ahogarse. A las únicas personas que podía tolerar por más de 10 minutos, eran sus tíos y su primo, y solo los soportaba porque a pesar de saber su historia no la habían visto con ojos burlones, mucho menos la habían juzgado, simplemente le habían dado cariño, ese que hace mucho tiempo no había sentido, y que extrañaba de su hermano. Estar frente al rubio le causaba molestia, enfado, y ahora miedo. La joven había perdido la vista por unos momentos a causa del golpe, sintió como su cabeza punzaba, y como algo puntiagudo se estaba queriendo encajar en la cabeza. Un sollozo claro de dolor se escapo de sus labios. Apenas pudo tomar aire cuando las manos del muchacho presionaban su delgado cuello, Levana sintió ese momento, el momento en el que la muerte acechaba como cazadora al rededor de su cuerpo. De cierta manera ya se habían vuelto socias, amigas, o como quisieras llamarle. Ni siquiera sabía como le perdonaba la vida, quizás la muerte no era tan silenciosa como la mayoría de las personas lo pensaban, quizás era más perturbadora de lo que dejaba ver. Quizás estaba disfrutando demasiado del dolor, y las perturbaciones que Levana tenía dentro. La muerte la veía ahí, incrustada contra la pared, suplicando por paz, por tranquilidad, por soledad, y simplemente le sonreía, encantada del rostro de pánico de la bruja, encantada por el cuerpo tembloroso, encantada porque solo un movimiento bastaba para llevarse a la chica consigo. ¿Lo haría? Tal parecía que no, que Callum era el dueño del destino de la joven, parecía que este decidía si la muerte ganaba o perdía. La tos de la castaña empezó a retumbar por aquel salón, su cuerpo comenzó a retorcerse, su rostro estaba demasiado rojo, sus uñas se clavaban en la piel juvenil intentando causar dolor para que se le soltara, ni siquiera lo escuchaba con claridad, ya ni siquiera recordaba porque había ido a ese lugar.

Y el eco de otro golpe fuerte se hizo presente, el cuerpo de la chica había caído al suelo sin miramientos, los huesos de sus rodillas comenzaron a temblar, pequeños escombros se incrustaron en las palmas de su mano también, todo le dolía menos el alma marchita que tenía adentro. Soltó una risa bastante burlona, era bastante raro verla de esa manera, Levana lloraba y reía al mismo tiempo, tenía rabia, vergüenza, dolor, y deseos de salir de ahí. Su mirada estaba puesta en sus manos, con suavidad comenzó a quitar cada pequeña piedra que tenía en las palmas. - No sabes nada - Susurró con cierto tartamudeo en cada palabra, con un tono de voz grave, diferente al que había empleado con anterioridad. Si Callum quería saber a quien le hablaba la chica entonces tenía que verlo con sus propios ojos, escucharlo, incluso sentir como la temperatura de ella había cambiado de manera brusca, tanto que parecía estar en medio de una nevada. - No sabes quienes somos - Sus labios se volvieron a mover. La bruja había abandonado todo control de su cuerpo, si quería darle miedo a ella, era mejor pensarlo dos veces. Se puso de pie, su mano se movió con fuerza asestando un golpe a la muñeca de Callum, la que tocaba su frente - ¿Quién es el que tiene miedo? ¿Quién es el que desea ser cómo los demás? No confundas, ¿Quién es más débil? Nosotros la protegemos - ¿Cuál era el verdadero nombre de aquellas voces? Nadie lo sabía, incluso Levana los desconocida, lo que sí sabía era la fuerza que tenían, y los modos en que podían adentrarse a la mente del muchacho, y así lo hicieron. Aquellas voces viajaron del cuerpo frágil de la chica hasta la mente retorcida del rubio, haciendo que Levana volviera a caer bastante débil, soltó un quejido fuerte, no entendía que pasaba, nunca antes había sentido un desprendimiento de aquellas voces de su cuerpo, se había acostumbrado a ellas, y de cierta manera les haba tomado afecto. - Vuelvan aquí, ¡Déjenlo en paz! - Su voz se alzó tanto como podía por la falta de fuerza, pero ellas no volverían hasta hacerle entender al humano que de cierta manera, ella era la protegida.

Como era de esperarse, aquel número considerable de voces empezaron a gritar dentro de la cabeza del rubio. La joven no sabía que hacer, lo único que sabía era lo perturbadoras que podían ser. Lo miró con cierto terror, seguramente después de eso la acusaría de bruja, de demoniaca, de maldita, y aunque de cierta manera tendría razón, no quería ser vista ante la sociedad Parisina, mucho menos señalada. A pesar del miedo que le tenía a todas las personas en general, Levana no tenía pensado morir, sabía que había algo que debía hacer antes de que eso pasara. ¿Qué? Aun estaba por descubrirlo, no pretendía morir en los escombros de un sanatorio calcino, mucho menos frente a una persona como la que tenía enfrente, pero sobre todo, no estaría en su conciencia la muerte de alguien más. Quizás se podría mover entre brujería oscura, pero ella no era una mala persona, nunca lo había sido, y no empezaría de esta manera. Sus cabellos se movieron contra su rostro, se había levantado de manera abrupta, ¿de dónde había tomado fuerza? No lo sabía, pero no dejaría que alguien más temiera o sufriera su condena. Se acercó a Callum, ni siquiera podía verle el rostro, o los ojos, sin pensarlo, dio una cachetada a la mejilla rasgada del muchacho - Déjenlo en paz - Volvió a susurrar irritada, bastante molesta por la situación en la que se encontraba. Necesitaba paz, ¿por qué era tan difícil que encontrará la paz?

Quizás las voces se habían ido. No lo sabía, pero deseaba que así fuera. Sus dedos soltaron con suavidad al rubio, dio varios pasos hasta que su cuerpo se topó con la pared llena de cenizas. Le miro a lo lejos - Lo siento - Susurró mirando sus pies. ¿En realidad lo sentía? No, en realidad no. Pues le habían dado una lección al rubio, una lección que pocas veces imparte, que pocas veces las voces imponen, pero que era necesaria. Sus ojos buscaron la mirada de su acompañante - La que decide cuando muero, soy yo, ni tú, ni nadie más puede hacer algo al respecto, así son las cosas - Se encogió de hombros - No volveré a tocarte… pero más vale que nunca vuelvas a acercarte a mi o no respondo - La fragilidad se había hecho a un lado desde que le había dicho "puta loca". - Nunca había sentido tanto placer al escuchar la palabra asco… Porque eso quiero provocarte, porque así no podrás tocarme, así no podrás hacer nada de lo que ellos me hicieron ¡NO TE ME ACERQUES SI ME VES POR LA CALLE! ¡¿ENTENDISTE?! - Levana no podía ser tan fuerte mucho tiempo, ella se sentía rota a cada paso que daba. ¿De verdad el rubio sentía asco por ella? Varias punzadas habían recorrido su cuerpo al recordar la forma en que lo decía, ¿le había dolido eso? Lamentablemente así era, le había dolido ¿Por qué? No lo sabía en realidad.

En el rostro de la bruja se plasmó una mueca bastante notoria, no era un semblante de enojo, le dolía tener que llegar a este tipo de situaciones, le dolía no poder llegar a sentir algún tipo de simpatía por alguna persona, o que la persona quisiera permanecer a su lado sin necesidad de juzgar, gritar o llegar a golpes. Observó con detenimiento el lugar, recordando que había dejado caer la navaja, rápidamente la encontró con la visa, se agacho para poder tomarla y rápidamente la puso en la dirección del chico, bastante claro era que se encontraba a la defensiva. Volvió a agacharse tomando un trozo de escombro, ya tenía otra cosa más para defenderse, por extraña razón, le daba más miedo el Callum silencioso que el que acababa de ahorcarle. Siguió observando el lugar, sin dejar de verle de reojo, buscando una puerta o algún pasillo para poder salir. - No te acerques - Volvió a repetir, pero esta vez una de las voces la hizo callar, la intento tranquilizar. ¿El rubio volvería a atacarle? Su cuerpo se quedó inmóvil, enganchada se encontraba de la mirada ajena, quiso sonreír, pero se limito… Simplemente esperó por su reacción.

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Re: En los desconocidos siempre recordamos. {Levana Maréchal}

Mensaje por Callum Norringthon el Vie Abr 13, 2012 10:56 am

"Todo sería mejor si estuvieses aquí, en la oscuridad conmigo,
mientras se pudren nuestros cuerpos reposados en miseria.
Pero te vas, intentas escapar de mí y mis demonios internos me lo recuerdan a cada instante.
Quisiera acabar contigo de un solo golpe; una bala; lo que sea..."




Callum permaneció de pie, mirando a Levana fijamente, casi sin parpadear, como si pensara que si lo hacía perdería algún detalle y ella saldría huyendo. En el fondo no tenía ningún inconveniente en salir detrás de ella para alcanzarle si se le ocurría tal cosa, pero de todos modos no dejaría que lo hiciera. Cuando ella cayó de rodillas sobre los escombros, la miró desde lo alto, movió un poco la cabeza hacia un lado cuando la vio hacerse ovillo sobre aquel muladar en el que se había convertido la clínica mental que hacia no mucho les había abierto las puertas a ambos. Callum no le tenía miedo, en absoluto, no hasta que la muchacha empezó a actuar extraño y logró ponerlo nervioso. La miró con extrañeza cuando alzó la vista y lo miró nuevamente, pero los ojos de Levana ya no parecían los mismos de hacia algunos instantes, estaban completamente oscuros, casi tan negros como esa noche pero tan faltos de esa paz que la negrura poseía. En los ojos de Levana podía apreciarse algo maligno, algo que hacía que el cuerpo de Callum se estremeciera obligándolo a retroceder dos pasos sin apartarle la vista. El muchacho parpadeó en varias ocasiones de manera casi compulsiva y se debía a la sencilla necesidad de querer corroborar que aquello que veía y escuchaba era real y no una de sus visiones, esas que a menudo parecían tan reales, de las que él estaba tan convencido siempre. Pasó saliva cuando escuchó a Levana hablar de aquella manera, había dejado atrás la voz dulce de niña que poseía y en su lugar podía escucharse una voz grave y perversa. La joven abandonó también sus movimientos inseguros y se movió con soltura y precisión, similar a una pantera que acecha a su presa. Pronto esa voz empezó a mutar, ya no sólo era una sino varias: voces de hombre, de mujer y una que era irreconocible, no era de ese mundo. Callum retrocedió nuevamente y se sobresaltó cuando sintió que había llegado hasta la pared contraria de aquel lugar.

Callum soltó un grito ahogado cuando sintió que algo raro pasaba en su cabeza y esta vez fue él quien cayó al piso de rodillas sin poder impedirlo. El dolor en el cráneo lo obligó a llevarse las manos hasta la cabeza y presionarla con fuerza como si de verdad con ello pudiese lograr sacar lo que había dentro. Pero, ¿qué era lo que había dentro?, se movía, era como tener varios torbellinos dentro de la mente; aquello, fuera lo que fuera estaba matándolo, estaba logrando volverlo loco…más loco. Cayó al piso de espaldas y se arrastró por entre los escombros mientras gritaba tan fuerte que habría dejado sordo a cualquiera, pero no a Levana. Callum escuchó voces dentro de su cabeza que le dijeron mil cosas, algunas le decían que la matara, otras decían que quien debía morir era él, otras simplemente reían, se carcajeaban, se burlaban de él recordándole lo débil que realmente era. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos cuando la desesperación y el terror se apoderaron de su cuerpo, en ese momento no había rastro de ese Callum agresivo y mordaz, no, era alguien completamente distinto, inofensivo, indefenso, era un niño. Cuando estuvo a punto de suplicar que detuviera aquello las voces desaparecieron. Callum se mantuvo en el suelo de escombros, temeroso de abrir los ojos y encontrarse con algo peor que lo que ya había visto y escuchado en su cabeza. Cuando se incorporó hasta quedar sentado, su respiración seguía siendo irregular, completamente amorfa, y los cabellos rubios estaban pegados a su frente sudorosa, todo él estaba empapado en sudor, un sudor frío.

Escuchó a Levana hablar pero seguía tan aturdido por lo que acababa de pasarle que le costaba descifrar con exactitud lo que ella decía; sus ojos estaban clavados en los labios de la muchacha, intentaba leerlos y sólo así pudo saber que lo amenazaba, que lo sentenciaba a morir si se le acercaba mientras volvía a coger del piso la navaja. La muchacha echó a correr cuando encontró la salida del sitio y Callum se quedó mirando confundido, hasta que finalmente, cuando se recuperó del sobresalto, entendió que ella estaba escapando y que si no la seguía no volvería a verla, o al menos le sería difícil encontrarla. Se puso de pie de un brinco y corrió tras de ella, sus piernas largas y el gran talento que siempre había tenido en las carreras le permitieron alcanzarla rápidamente a pesar de que le llevaba un buen tramo de ventaja. La atrapó del cabello y la obligó a detenerse cuando el dolor la doblegó. Callum se dejó caer encima de ella cuando la hizo caer al piso, esta vez en medio de un campo de tierra completamente desierto y oscuro. — ¿Cómo hiciste eso? — Le exigió saber mientras la sostenía de ambas muñecas con fuerza; la navaja había caído a un metro de distancia de donde se encontraban. — Dime como lo has hecho. — Volvió a insistir acercando más su rostro al de ella, posicionando mejor su cuerpo sobre el de la muchacha que no dejaba de luchar para zafarse. Levana no daba la menor intención de confesar su secreto, pero Callum lo sabía, estaba seguro. — ¡Eres una bruja, una maldita bruja! — En los ojos del rubio había un brillo de excitación, en el fondo no le disgustaba en absoluto haber conocido el secreto que ella tenía, todo lo contrario, lo llenaba de fascinación. — Si no me dices como lo has hecho voy a acusarte, hay muchos tipos por ahí afuera que me darían mucho dinero por tu cabeza, tú lo sabes, te matarían en segundos, ellos no se toman la molestia en averiguar si es verdad o no lo que dice la gente y si lo hicieran tienen mi testimonio, de que eres una bruja, les diré lo que me has hecho. — Luego de lanzar su amenaza esperó, esperó a que ella fuera quien tuviera miedo, pero fue inútil, la muchacha parecía no escuchar o ignorar sus palabras; o tal vez sencillamente era que poco le importaba morir, igual que a él. — ¡Eres una egoísta! — Le escupió en la cara con aparente rabia, incapaz de contener la frustración que le provocaba no poder obtener lo que quería de ella. — ¡Eres una puta loca muy egoísta! — Volvió a repetir haciendo caso omiso a la amenaza que Levana le había hecho respecto a ese apodo, ignorando lo que ella había dicho de matarlo si volvía a acercársele y ciertamente estaba cerca, demasiado cerca de ella.

Y allí, mientras le gritaba y con aquella cercanía, nuevamente empezó a experimentar esa extraño sensación que había sentido antes, esa necesidad de querer sentirla más cerca. Sin dejar de sujetarla se acercó a ella sin pensarlo demasiado y se dejó llevar por ese extraño sentimiento que lo había poseído, más tarde Callum creería que era un demonio el que se había apoderado de él y lo había hecho actuar como estaba haciéndolo, pero en ese momento no pensó en nada, ni en demonios ni en infiernos, o en muerte. La estaba besando. No era un beso tierno o romántico; era un beso nacido en lo más hondo y recóndito de la esencia animal que posee un ser humano; un beso nacido de un impulso; un beso mezquino. Soltó sus manos tan sólo para posicionarlas esta vez sobre su cuerpo, el cual comenzó a acariciar sin darse cuenta de que estaba forzándola. Palpó su cuello, sus senos, su cintura y aumentando la intensidad de los besos finalmente bajó hasta sus piernas, levantó su vestido y tocó su entrepierna. ¿Qué diablos estaba haciendo? Callum fue preso de un sentimiento que nunca antes había experimentado; se olvidó de todo, se olvidó incluso del supuesto asco que le provocaba tocar o ser tocado por otras personas. Cuando la muchacha intentó resistirse él la ignoró; hacer aquello se sentía demasiado bien como para querer abandonarlo, demasiado bien como para poder resistirse.

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Re: En los desconocidos siempre recordamos. {Levana Maréchal}

Mensaje por Levana Maréchal el Sáb Mayo 05, 2012 11:03 am

Lamentablemente la vida de Levana siempre había sido así. De niña siempre había creído que estaba protegida, no sólo sus padres le brindaban protección, también su hermano, y por un tiempo creyó que ese gitano también la cuidaba como si se tratará de su familia. Cuando crees que en tú vida sólo reina la felicidad y las bendiciones de un Dios que en realidad siempre te abandona, las caídas suelen ser más dolorosas, incluso mortales. Las burbujas que te protegen de todo mal explotan, y el liquido que se derrama en ellas suelen ser cristales que se incrustan provocándote el peor de los dolores. Nunca había sido entrenada para soportar dolores, tampoco para defenderse de manera física, el verbo aunque dolía, nunca lo tomaba en cuenta, es cierto que las palabras forman heridas más grandes, e incluso heridas que son para siempre, pero al estar siempre en ese estado tan deplorable, la bruja no les ponía atención, simplemente las palabras pasaban frente a ella como si solo fuera una brisa acariciando su rostro. Horas antes a ese encuentro, la joven había encontrado una especie de paz. Desde aquella noche donde su cuerpo fue ultrajado y profanado, hasta haber llegado a París, había encontrado la fuerza para confiar en las personas, no sólo en sus tíos también en dos hombres (irónico que fueran hombres). El primero de ellos había sido un amante de los caballero como ella, compartían esos gusto y al poco tiempo pudo tener confianza en él. El segundo era un brujo como ella, aunque la locura de ese hombre era diferente, era sana. Gracias a ellos volvía a formar su burbuja, y gracias ahora a Callum la volvía a romper.

El golpe la había aturdido demasiado. Tuvo que abrir y cerrar la boca varias veces para frenar las punzadas que el golpe le ocasionaron. Incluso había sentido como una piedra había querido perforar su cráneo, no es que fuera muy grande, pero cuando todo lo demás es polvo, y una pequeña bolita puntiaguda resalta, sientes que es el peor de los males. Aquella zona de su cuerpo si había presentado daños, Levana sentía como un liquido caliente se regaba por la zona baja de su cabeza, como su cuero cabelludo se abrazaba a esa sensación. "¿Acaso no te das cuenta?", quiso gritarle aquella pregunta, pero simplemente se quedó en su pensamiento, no podía hablar, algo pasaba que no podía. - No… - La pequeña e insignificante negativa apenas había salido, incluso ella que la había pronunciado no la pudo distinguir. Movió sus manos con fuerza intentando desviar las manos de Callum, sus piernas reaccionaron y comenzó a patalear, su cuerpo comenzó a moverse con fuerza. Se retorcía como si un ataque epiléptico estuviera teniendo. Las cosas no se quedaron ahí, a Callum no le basto lastimarla, gritarle, o hacer que por dentro sintiera el peor de los dolores. El rubio tomó sus labios de manera frívola, de manera dolorosa. Levana quiso frenar aquello, quiso que sus labios no se abrieran pero aquello era imposible, la fuerza que él ejercía en ella era demasiado. Estaba a punto de darle las gracias al sentir que la soltaba, no imaginó lo que él estaba por hacer. Sintió su cuerpo ser estrujado, y sus ojos se abrieron casi dilatándose al sentir esa mano en su interior. Como pudo movió su lengua dentro de la boca de Callum, la atrajo hasta la propia boca y mordió con fuerza la misma, sintió el sabor amargo de aquella sangre pero no le importo. - No me hagas esto… - Repitió entre sollozos cuando pudo safari su boca de la ajena - Te lo suplico. - Apenas podía decir un par de palabras en una misma oración, el terror la invadía. - Llévame con ellos, deja que me maten - La bruja prefería morir de una vez por todas a volver a pasar una situación como antes, no lo soportaría, lo sabía - No me hagas lo que ellos me hicieron… - Fue inevitable, su desesperación la hizo hablar demás. - ¡NO LO HAGAS! - En ves de seguir pataleando, en vez de seguir suplicando Levana se quedó completamente quieta, sus ojos claros tomaron un tinte oscuro.

Las lagrimas comenzaron a brotar de los ojos de Levana, su rostro ladeado formó un pequeño charco gracias a las lagrimas, sorpresivamente este se unió a la linea de sangre que había avanzado por el suelo. Ella no decía nada, parecía tranquila, de una tranquilidad enfermiza. Mientras Callum seguía ultrajando su cuerpo la bruja se perdió en la oscuridad de su interior, no podía ver nada simplemente sentía como el dolor invadía su cuerpo, le costaba incluso respirar, le costaba pensar. Ahí en esa oscuridad sus sombras se hicieron presentes, tomaron forma humana pero no podía ver sus caras. Sólo una la del gitano. La manera en que sus burlas retumbaban en su cabeza fue torturador. La sorpresa de Levana es que no querían que cayera, el contrarió querían que se levantara, aun no tenía permitido morir, aun no era el momento. Cualquier persona pensaría que aquel gitano tenía una conexión fuerte con ella, por algo en especifico aun se metía en su mente, aun se hacía pasar por uno de sus demonios, y aunque deseaba encontrarla no podía, algo pasaba con Levana que borraba imágenes claves que la harían ser encontrada. No dijo nada, solo sintió como su cuerpo se llenaba de fuerza. Según algunos expertos en la brujería, en magia oscura, y en espiritismo, los demonios al apoderarse de los cuerpos tienden a duplicar la fuerza del ser humano, Levana no sólo tenía un demonio adentro, sobre sus hombros siempre había cargado con 7, por eso su sufrimiento era tan grande.

Aquel par de ojos negros parpadeo repetidas veces. Su rostro se movió hasta poder captar la mirada del rubio. Levana cerró su puño, enfocó toda su fuerza en su mano, y sin pensarlo dos veces le dio un buen golpe en la mandíbula. De no haber sido impulsada por sus demonios personales, seguramente habría dejado que la tomara como suya y luego ella misma se hubiera arrancado la vida. El rostro de Callum se volteó por la fuerza y velocidad que había tomado la bruja al darle el golpe, de nuevo no era ella. Levana no haría algo así, ni siquiera en el peor de los enojos sería capaz de lastimar a alguien, ni siquiera en la peor de las tristezas. Aprovechó la falta de concentración del rubio para llevar sus manos a su pecho y empujarlo hacía atrás. Todo estaba tan oscuro, aquel cuarto ni siquiera dejaba pasar el manto grisáceo de la luna. La ventaja que tenía el cuerpo de la chica es quien la estaba controlando. Se deslizó con cuidado por aquel cuarto, buscó la navaja y la tomó con fuerza entre la palma de su mano. Los demonios dominan la oscuridad, los humanos no. La castaña sabía en donde se ubicaba, sabía la posición defensiva en la que estaba, pero era un simple humano, un simple y miedoso humano que no podría vencerla, ella, ellos, le habían advertido, no quiso entender así que más valía se atuviera a las consecuencias.

Tomó impulso, se fue contra él, ahora su cuerpo pesaba el doble, una de sus rodillas estaba recargada en el piso para no perder el impulso, la otra le aplastaba una de las costillas, llevó una de sus manos al cuello del chico, no se tentó para hacer el corte que iba de un lado al otro en aquella zona. Sintió como la sangre comenzaba a brotar pues sus dedos se llenaron de la validez de su sangre. La mezcla de voces se hizo presente - ¿Quién estará maldito entonces? ¿A quién colgarán? - La pregunta se repitió en forma de eco, de manera fuerte, incluso perturban. Cuando el rubio se quiso mover, la castaña enterró su rodilla con más fuerza. Alzo sus manos, y cortó su propia muñeca haciendo que brotara una gran cantidad de sangre de esa zona. Tiró la navaja bastante lejos, y con la otra de sus manos hizo que Callum abriera con fuerza su boca dejando que un hilo de sangre cayera directamente en ella. Dejó que la cerrara, le tapo la boca, y con la mano herida, sin importar que manchara más el rostro del chico, tapo su nariz con fuerza para hacer que la falta de aire hiciera que tragara todo lo que había - ¿Ahora quien está maldito Callum? - Era cierto, nunca había dicho su nombre, los demonios de Levana habían averiguado por su cuenta al entrar a su cabeza. El cuerpo de la chica empezó a temblar, la fuerza se desvaneció, sus ojos volvieron a la normalidad, cayó a un lado inconsciente, de nuevo con esa tranquilidad perturbadora de hace unos momentos, la única diferencia es que ahora era ella la que controlaba su cuerpo, se empezaría a desangrar en poco tiempo, y si llegaba a abrir los ojos seguramente le dolería, no solo el cuerpo, no solo el corte, también la situación en la que estaba. Estaba vez las voces la habían dejado ser espectadora en su interior. Espectadora de la tortura de Callum, y aunque ella no había escuchado su nombre, toda la vida cargaría con el terror de los ojos del rubio.

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