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The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
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The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
«Curse with me,
profane and discreet.
Make her move,
cross veins and chamomile.»
-Baroness, "The Sweetest Curse"
profane and discreet.
Make her move,
cross veins and chamomile.»
-Baroness, "The Sweetest Curse"
Era capaz de vestir la noche escarlata si ese era su propósito, de incendiar la ciudad entera como si quisiera purificarla, aunque nada de pureza había en él. Más bien un sacerdote herético que difunde la palabra del señor del Infierno; él lo conocía, llevaba por nombre Mikhail, y él, el tercero de los Argeneau, un alfil posicionado para arrancar cabezas, tan sólo le dieran la orden.
Era capaz de maldecir la noche, de por sí ya maldita. Sus movimientos eran los de un caballero de alta sociedad, sus instintos los de una bestia hambrienta en insaciable. Antes de llegar al lugar de la reunión, se alimentó de una mujer que deambulaba sola, le gustaba extraer cada gota hasta la última de sus víctimas. Fue fácil acercarse con esa fachada que tan bien le salía, un lobo con piel de cordero perfectamente estudiado.
Luego de dejarla tirada sobre la húmeda y fría calle, siguió su camino hasta ese sitio, Se llevaba a cabo una reunión, una a la que ninguno de los dos estaba invitado, desde luego, pero con ese encanto de los suyos les sería más que fácil acceder. Así sucedió, se plantó frente al hombre que recibía las invitaciones, fingió haber perdido la suya, pero con su sólo porte y la seguridad que tenía para hablar, logró que lo dejara pasar. Pobre tonto, pensó, los humanos eran tan fáciles de manipular que ya no era divertido.
Se desenvolvió un rato por entre los invitados hasta que tomó un lugar estratégico para poder ver la puerta de entrada. La conocía, era lista, tampoco debía de tener problemas para engañar al hombre de la entrada, y si los tenía, se iba a sentir profundamente decepcionado de su creación.
Una copa de vino en la mano y sonrisa altanera pero encantadora, esa era su semblante para recibirla, de vez en cuando algunas doncellas del lugar se le acercaban, y aunque le parecía que el aroma era atrayente, se había alimentado bien antes y no hacía falta dar un espectáculo, no hasta que llegara ella, al menos.
Marishka, tan joven y con tanto brío, le divertía sin duda, y le encantaba, no más que el resto de las mujeres. Sin embargo, ella era diferente, ella era parte de él, por su sangre maldita corría la suya también. Y como hijo pródigo, regresaba esa noche.
Aguardó paciente, aunque la paciencia no era algo que lo caracterizara, esta vez valía la pena, y entonces estuvo ahí, entrando sin problemas como supuso, hermosa y radiante, marmórea y maldita. Un guiño de ella hacía sucumbir a cualquiera de los hombres, por eso la había escogido, por eso se había apiadado de ella. Así, incluso a la distancia, su aroma era como ningún otro.
-Marishka –dijo para sí-, dulce Marishka –sonrió con semblante sombrío y se irguió en toda su estatura para recibirla.
Era capaz de maldecir la noche, de por sí ya maldita. Sus movimientos eran los de un caballero de alta sociedad, sus instintos los de una bestia hambrienta en insaciable. Antes de llegar al lugar de la reunión, se alimentó de una mujer que deambulaba sola, le gustaba extraer cada gota hasta la última de sus víctimas. Fue fácil acercarse con esa fachada que tan bien le salía, un lobo con piel de cordero perfectamente estudiado.
Luego de dejarla tirada sobre la húmeda y fría calle, siguió su camino hasta ese sitio, Se llevaba a cabo una reunión, una a la que ninguno de los dos estaba invitado, desde luego, pero con ese encanto de los suyos les sería más que fácil acceder. Así sucedió, se plantó frente al hombre que recibía las invitaciones, fingió haber perdido la suya, pero con su sólo porte y la seguridad que tenía para hablar, logró que lo dejara pasar. Pobre tonto, pensó, los humanos eran tan fáciles de manipular que ya no era divertido.
Se desenvolvió un rato por entre los invitados hasta que tomó un lugar estratégico para poder ver la puerta de entrada. La conocía, era lista, tampoco debía de tener problemas para engañar al hombre de la entrada, y si los tenía, se iba a sentir profundamente decepcionado de su creación.
Una copa de vino en la mano y sonrisa altanera pero encantadora, esa era su semblante para recibirla, de vez en cuando algunas doncellas del lugar se le acercaban, y aunque le parecía que el aroma era atrayente, se había alimentado bien antes y no hacía falta dar un espectáculo, no hasta que llegara ella, al menos.
Marishka, tan joven y con tanto brío, le divertía sin duda, y le encantaba, no más que el resto de las mujeres. Sin embargo, ella era diferente, ella era parte de él, por su sangre maldita corría la suya también. Y como hijo pródigo, regresaba esa noche.
Aguardó paciente, aunque la paciencia no era algo que lo caracterizara, esta vez valía la pena, y entonces estuvo ahí, entrando sin problemas como supuso, hermosa y radiante, marmórea y maldita. Un guiño de ella hacía sucumbir a cualquiera de los hombres, por eso la había escogido, por eso se había apiadado de ella. Así, incluso a la distancia, su aroma era como ningún otro.
-Marishka –dijo para sí-, dulce Marishka –sonrió con semblante sombrío y se irguió en toda su estatura para recibirla.
Última edición por Lucian Argeneau el Sáb Mayo 05, 2012 7:53 am, editado 1 vez

Lucian Argeneau- Vampiro Clase Alta

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Fecha de inscripción: 07/11/2011
DATOS DEL PERSONAJE
Orientación Sexual: Heterosexual
Pareja Actual: Toda la que se deje, ninguna a fin de cuentas
Ocupación: ¿Obedecer a mi hermano?
Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
El hermoso color azul de sus ojos resaltaban bajo el reflejo de la luz de la luna. Iniciando la noche, había saciado la necesidad de sangre que su cuerpo le había pedido. Ella nunca se quedaba mucho tiempo sin beber la cálida sangre de un humano, un placer muy grande es sentir aquel liquido vital recorrer sus labios, su cuerpo. Sangre francesa, de las mejores que había conocido en el mundo, sin embargo ninguna como la de él, su creador. Habían pasado ya dos años desde que se había ido de ese lugar. No podía decir que extrañaba su vida ahí, pues el conocer otros lugares y hacerse de una gran fortuna fue algo provechoso, sin embargo todos regresamos a nuestras raíces, al menos donde había adquirido su vida como inmortal.
Lo cierto es que una parte importante de ella se había quedado ahí, necesitaba ver a su hermano, torturar un poco a su cuñada, que de buena fuente se había enterado era ahora una cazadora. ¿Iría por ella? Seguramente la luz del sol pondría fin a su inmoralidad, antes de que una humana utilizada y dolida pudiera tocarle un pelo. Pero pensar en ello era bastante divertido. Marishka no era una joven que se la pasará escribiendo misivas para dejar en claro su paradero, de hecho no hacía de ningún tipo de ellas, pero daba a que volvía y necesitaba verlo fuera de todas las vistas conocidas, se había tomado la molestia de hacer una para "el" vampiro. Lugar, hora, día, todo estaba claramente en aquel pedazo de papel.
Simplemente estaba esperando la hora para poder adentrarse al lugar, inquieta estaba por aspirar ese aroma, volver a probar esa sangre, jugar a ser personas de sociedad aunque solo estuviera rodeada de comida, lo podría soportar solo por esa noche, solo por ese reencuentro. Entrar a la fiesta no fue problema, una vestido bastante elegante, una sonrisa burlesca y jugar con la mente del caballero era algo que no le costaba mucho trabajo. Incluso se tomó el tiempo para poder leer la lista de invitados que se reunirían en aquel lugar, todos los nombres eran bastante interesante, quizás una cacería de fortuna no le caería nada mal. Pero no, esa noche solo tenía permitido seguir un aroma.
No puedes negar lo evidente. Aparte de ser hermosa, Marishka podía especial empeño para encantar y hacer sentir orgulloso a Lucian. Incluso el color de sus labios era más llamativo y tentador, ese rojo carmín que podía ser bien comparado con el color de la sangre. Pudo comprobar su afecto al entrar al salón principal, robar las miradas de los caballeros, y percibir la envidia escurrir por los ojos de aquellas humanas. Su paso firme se interrumpió hasta llegar frente aquel hombre, a la única compañía que deseaba en toda Paris. Su sonrisa se amplió hasta quedar frente a él - Es placentero volver a escuchar mi nombre proviniendo de tus labios, Lucian - La música se había detenido, solo el sonido sensual de la voz de la vampira se había captado en aquel salón. Una de sus manos se estiro sosteniendo la nuca de su ahora acompañante, jaló de él al mismo tiempo que el peso de su cuerpo se recargo en la punta de sus pies. Los labios de la joven tomaron de manera demandante los ajenos, dejando rastro del color carmín de sus labios en ellos, mordisqueo y jaló el labio inferior de Lucian cuando empezó a separarse, lo soltó haciendo ahora una burlona reverencia.
La música volvió a resonar en aquel salón, las personas comenzaron a levantarse de sus aburridos asientos para seguir el ritmo de esta. La joven descansó su mano en el brazo del caballero que tenía enfrente, sin embargo no le pidió una pieza de baile - ¿Deseas seguir aquí o prefieres acompañarme a los jardines? - Si, Marishka deseaba saber como había estado este tiempo, que había de nuevo o diferente en su vida, que acontecimientos importantes marchaban en Paris, o quizás solo quería disfrutar de un encuentro, no lo sabía, su aroma la embriagaba, era único, tan único como el de ella, quizás podían ser casi el mismo si tomamos e cuenta la sangre que la había hecho lo que era. Jaló con suavidad el brazo de Lucian, salir de aquel lugar era lo indicado, no estaba dispuesta a ver la diversión de los humanos, eso le fastidiaba, para ella lo único divertido relacionado con ellos era la tortura que podía proporcionarles.
Lo cierto es que una parte importante de ella se había quedado ahí, necesitaba ver a su hermano, torturar un poco a su cuñada, que de buena fuente se había enterado era ahora una cazadora. ¿Iría por ella? Seguramente la luz del sol pondría fin a su inmoralidad, antes de que una humana utilizada y dolida pudiera tocarle un pelo. Pero pensar en ello era bastante divertido. Marishka no era una joven que se la pasará escribiendo misivas para dejar en claro su paradero, de hecho no hacía de ningún tipo de ellas, pero daba a que volvía y necesitaba verlo fuera de todas las vistas conocidas, se había tomado la molestia de hacer una para "el" vampiro. Lugar, hora, día, todo estaba claramente en aquel pedazo de papel.
Simplemente estaba esperando la hora para poder adentrarse al lugar, inquieta estaba por aspirar ese aroma, volver a probar esa sangre, jugar a ser personas de sociedad aunque solo estuviera rodeada de comida, lo podría soportar solo por esa noche, solo por ese reencuentro. Entrar a la fiesta no fue problema, una vestido bastante elegante, una sonrisa burlesca y jugar con la mente del caballero era algo que no le costaba mucho trabajo. Incluso se tomó el tiempo para poder leer la lista de invitados que se reunirían en aquel lugar, todos los nombres eran bastante interesante, quizás una cacería de fortuna no le caería nada mal. Pero no, esa noche solo tenía permitido seguir un aroma.
No puedes negar lo evidente. Aparte de ser hermosa, Marishka podía especial empeño para encantar y hacer sentir orgulloso a Lucian. Incluso el color de sus labios era más llamativo y tentador, ese rojo carmín que podía ser bien comparado con el color de la sangre. Pudo comprobar su afecto al entrar al salón principal, robar las miradas de los caballeros, y percibir la envidia escurrir por los ojos de aquellas humanas. Su paso firme se interrumpió hasta llegar frente aquel hombre, a la única compañía que deseaba en toda Paris. Su sonrisa se amplió hasta quedar frente a él - Es placentero volver a escuchar mi nombre proviniendo de tus labios, Lucian - La música se había detenido, solo el sonido sensual de la voz de la vampira se había captado en aquel salón. Una de sus manos se estiro sosteniendo la nuca de su ahora acompañante, jaló de él al mismo tiempo que el peso de su cuerpo se recargo en la punta de sus pies. Los labios de la joven tomaron de manera demandante los ajenos, dejando rastro del color carmín de sus labios en ellos, mordisqueo y jaló el labio inferior de Lucian cuando empezó a separarse, lo soltó haciendo ahora una burlona reverencia.
La música volvió a resonar en aquel salón, las personas comenzaron a levantarse de sus aburridos asientos para seguir el ritmo de esta. La joven descansó su mano en el brazo del caballero que tenía enfrente, sin embargo no le pidió una pieza de baile - ¿Deseas seguir aquí o prefieres acompañarme a los jardines? - Si, Marishka deseaba saber como había estado este tiempo, que había de nuevo o diferente en su vida, que acontecimientos importantes marchaban en Paris, o quizás solo quería disfrutar de un encuentro, no lo sabía, su aroma la embriagaba, era único, tan único como el de ella, quizás podían ser casi el mismo si tomamos e cuenta la sangre que la había hecho lo que era. Jaló con suavidad el brazo de Lucian, salir de aquel lugar era lo indicado, no estaba dispuesta a ver la diversión de los humanos, eso le fastidiaba, para ella lo único divertido relacionado con ellos era la tortura que podía proporcionarles.

Marishka Marquand- Vampiro Clase Alta

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Ocupación: Caza fortunas. Molestar a su hermano y cuñada.
Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
Su figura se deslizó por el salón, sutil y terrible, como un ángel de la muerte que anuncia el final de los tiempo, meciendo incienso y con tres pares de alas. Lucian estaba cautivado y fascinado, siguiéndola con la mirada hasta que la tuvo en frente, y una vez ahí, ese segundo pareció tardar un millón de años en terminar. Eternidad en medio de la misma eternidad. Sonrió satisfecho, comprendió que no, no había errado, había elegido bien, su única neófita era una creación señera, no necesitaba más.
Quiso tomarla de la mano y posar un beso en ella, seguir el protocolo y la actuación dado el escenario, pero ella se adelantó y cuando adivinó cuáles eran sus intenciones sus labios ya estaban juntos, sonrió en medio del beso encantado. Correspondió de inmediato, posando sus manos sobre la dulce cintura de Marishka, supo, porque no se necesitaba ser un genio para adivinarlo, que eran el motivo de atención de toda la concurrencia. Mejor aún.
-Marishka –dijo riendo cuando se separaron-, siempre te gustaron las entradas llamativas –bromeó y miró sobre su hombro al resto de los invitados. Tontos, una panda de tontos-. Lo mismo digo, escuchar mi nombre proferido de tus labios… -dejó la frase inconclusa, en cambio, acentuó aquella sonrisa, el perfecto remate para la línea que no terminó.
-Vayamos pues –dijo haciendo un ademán con la mano que la invitaba a salir-, creo que tenemos mucho de qué hablar –había sido relativamente poco el tiempo que habían pasado separados, sobre todo si se tomaba en cuenta su naturaleza y su inmortalidad, pero por ello mismo, sabía que la existencia de un vampiro era mucho más interesante que la de un simple mortal.
Antes de poder continuar, ella, demandante (y eso era lo que tanto le gustaba, no podía negarlo), lo llevaba ya hacía los jardines del lugar. Tan sólo cruzó la puerta que daba al vergel, sintió la fría noche sobre aún más fría piel. Hizo que la mano de Marishka se deslizara de su brazo hasta su mano, la tomó y la jaló hasta donde había un fuente de mármol, un blanco que podía hacerle competencia al propio tono de sus pieles.
-¿Dónde estuviste metida? –le preguntó estirando su brazo y dando pasos hacía atrás hasta que agarrarse de las manos fue imposible. Esa pregunta, ella podía regresársela también. Le gustaba dejar el manto protector de Mikhail por largas temporadas, aunque siempre regresando, ahí, al lado de su hermano, como parte de su corte, como el tenorio de su mujer, y como el verdugo ejecutor, ahí era su lugar.
La miró por largos segundos para luego dirigir la vista al interior del lugar, donde la fiesta se seguía llevando a cabo, donde todos eran ignorantes que en medio de ellos, dos amos de la noche tendían su sayo de destrucción, si se lo proponían, claro. Estaba orgulloso de su creación, en poco tiempo había demostrado tener más madera de vampiro que muchos que llevaban a cuestas aquel estigma.
Quiso tomarla de la mano y posar un beso en ella, seguir el protocolo y la actuación dado el escenario, pero ella se adelantó y cuando adivinó cuáles eran sus intenciones sus labios ya estaban juntos, sonrió en medio del beso encantado. Correspondió de inmediato, posando sus manos sobre la dulce cintura de Marishka, supo, porque no se necesitaba ser un genio para adivinarlo, que eran el motivo de atención de toda la concurrencia. Mejor aún.
-Marishka –dijo riendo cuando se separaron-, siempre te gustaron las entradas llamativas –bromeó y miró sobre su hombro al resto de los invitados. Tontos, una panda de tontos-. Lo mismo digo, escuchar mi nombre proferido de tus labios… -dejó la frase inconclusa, en cambio, acentuó aquella sonrisa, el perfecto remate para la línea que no terminó.
-Vayamos pues –dijo haciendo un ademán con la mano que la invitaba a salir-, creo que tenemos mucho de qué hablar –había sido relativamente poco el tiempo que habían pasado separados, sobre todo si se tomaba en cuenta su naturaleza y su inmortalidad, pero por ello mismo, sabía que la existencia de un vampiro era mucho más interesante que la de un simple mortal.
Antes de poder continuar, ella, demandante (y eso era lo que tanto le gustaba, no podía negarlo), lo llevaba ya hacía los jardines del lugar. Tan sólo cruzó la puerta que daba al vergel, sintió la fría noche sobre aún más fría piel. Hizo que la mano de Marishka se deslizara de su brazo hasta su mano, la tomó y la jaló hasta donde había un fuente de mármol, un blanco que podía hacerle competencia al propio tono de sus pieles.
-¿Dónde estuviste metida? –le preguntó estirando su brazo y dando pasos hacía atrás hasta que agarrarse de las manos fue imposible. Esa pregunta, ella podía regresársela también. Le gustaba dejar el manto protector de Mikhail por largas temporadas, aunque siempre regresando, ahí, al lado de su hermano, como parte de su corte, como el tenorio de su mujer, y como el verdugo ejecutor, ahí era su lugar.
La miró por largos segundos para luego dirigir la vista al interior del lugar, donde la fiesta se seguía llevando a cabo, donde todos eran ignorantes que en medio de ellos, dos amos de la noche tendían su sayo de destrucción, si se lo proponían, claro. Estaba orgulloso de su creación, en poco tiempo había demostrado tener más madera de vampiro que muchos que llevaban a cuestas aquel estigma.

Lucian Argeneau- Vampiro Clase Alta

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Ocupación: ¿Obedecer a mi hermano?
Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
No pudo evitar relamer sus labios después de aquel beso inocente. Para ella eso había sido, solo un beso inocente, pues en su mente se guardaba de manera recelosa todas aquellas fantasías y deseos que tenía para con Lucian. ¿Entradas llamativas? Para nada. - No te equivoques, no se trata de una entrada, se trata de mi, deben verme… - Le guiñó el ojo con sensualidad. No tenía muchas horas que había consumido sangre. No quería distraerse para nada, necesitaba su total atención en Lucian, y lo necesitaba por que también lo había extrañado, aunque eso nunca lo aceptaría. El ambiente no era malo, los olores bastante evidentes, una mezcla de sangre "fina" con sangre "sucia", podías notarlo por la manera en que los ricos estaban aferrados en mezclar su deliciosa esencia con perfumes, y como aquellos, los desafortunados, solo podían oler de manera natural. Por eso quizás las peores desgracias les ocurrían, porque al no tener con que mezclar su sangre, aquellos vampiros sedientos e inoportunos como ella, eran llamados, incluso seducidos para tomar de esa esencia.
Con elegancia y rapidez, dejó caer su cuerpo en aquel borde de la fuente, se inclinó un poco para estirar la mano y alcanzar el agua cristalina que brotaba de la punta de la misma. Su pregunta la hizo sonreír, se había ido para poder escapar de Mikhail. No lo odiaba, había aprendido a querer, de alguna manera, a ese vampiro, pero a pesar de ser ahora una princesa de hielo, aun recuerda eso… El pasado. Con Lucian era diferente, a Lucian lo amaba por ser su creador, por ver potencial en ella, por darle una segunda oportunidad de vivir. No podría reprocharle nada, no solo fue su creador, también era su maestro. ¿A donde había ido? - El mundo es muy pequeño cuando te das cuenta que tienes la eternidad de por medio, por eso he buscado como distraerme en cada destino por días… - Sonrío al recordar lo que había hecho en dos años.
El agua que jugaba en sus manos le daba un toque brillante bastante atrayente, todo ella era un arma de doble filo. Podría en un segundo hacer el rostro de inocencia, incluso más puro que un niño pequeño para así, poder conseguir que un alma la tomará en brazos, y llevará dentro de su hogar, esas son las grandes ventajas de ser una joven hermosa. Pero en un tronar de dedos, en una milésima de segundo, podrías ver a la verdadera Marishka, a aquella vampiro hermosa, intocable, envidiada, indomable.
- ¿Crees que estaba dispuesta a vivir de lastima? ¿De limosna? - Soltó una risa burlona. Ella no estaba dispuesta a una vida de mediocridad, ella necesitaba vestirse como la mejor de las reinas, necesitaba las mejores propiedades, ser poderosa en varios lados, confundir a las personas, sembrar miedo en otros lugares. Ella era un estuche de monerías, sabía encantar en un lado y aterrorizar en otro. - Al salir de la mansión donde vives, primero no sabía que hacer pero comencé a caminar hasta encontrar un grupo de hombres que clamaban saber mi nombre, se los di antes de beber de ellos y tomar uno de sus carruajes… Nunca había conducido uno, fue gracioso pero no debo hacer ese tipo de cosas, son una dama de sociedad - Torció su sonrisa. - Así que llegué a un pueblo donde un hombre bastante rico, dejo su mirada puesta en mi, solo en mi, supe que era momento de aprovechar, me metí con él, nos casamos al poco tiempo, eso de encantar humano es demasiado fácil, ya casados, lo maté, nadie sospecharía de la inocente Marishka, todas sus propiedades y fortunas ahora son mías - Fingió tristeza por aquella perdida, tenía buena sangre, pero ya empezaba a saber amarga, la edad incluso se inmiscuye en eso de las esencias, y a Marishka solo le gusta la fresca, la joven.
Sacó la mano del agua, rápidamente se colocó, al lado del vampiro - Tengo tanta fortuna ahora, propiedades, tres matrimonios fallidos, pues todos terminan muertos, así que necesitaba un viaje a mis tierras para recuperarme de tales males - Fingió inocencia recargando su espalda en una mesita de mármol, su cabello se movió por el aire, giró ru rostro para verlo, había adoptado una pose cómoda, así que no era probable moverla pronto - ¿Que hiciste tu en mi ausencia? ¿Cuantas muertes más? ¿Algo interesante? - Observó el gran ventanal donde podías ver a varias personas estudiarlos, quizás ya sabría con que se alimentarían después.
Relamió sus labios, su mirada fue viajando con lentitud hasta encontrarse con la figura varonil que tenía enfrente. Lucian era un pecado. El deseo que cualquier mujer quisiera alcanzar. Había pasado noches espantosas con él, algunas gloriosas, placenteras. ¿De ahora en adelante como sería? Siguió proclamando aquella figura cerca de su cuerpo en silencio, sin embargo esperaría, le gustaba esa fuerza, esa agresividad de él, tan característica. Le gustaba su fuerza, su brutalidad, sus manos, sus labios. De su pecho salió una especie de rugido intentando calmar aquellos deseos de volver a besar al vampiro. Era su reencuentro, los primeros minutos, debía comportarse, ¿O no? Daba igual, a la noche no se le niega nada, solo se deja llevar con ella, se deja seducir por la sombras, y entonces lo demás, se dejaría al deseo de ambos.
Con elegancia y rapidez, dejó caer su cuerpo en aquel borde de la fuente, se inclinó un poco para estirar la mano y alcanzar el agua cristalina que brotaba de la punta de la misma. Su pregunta la hizo sonreír, se había ido para poder escapar de Mikhail. No lo odiaba, había aprendido a querer, de alguna manera, a ese vampiro, pero a pesar de ser ahora una princesa de hielo, aun recuerda eso… El pasado. Con Lucian era diferente, a Lucian lo amaba por ser su creador, por ver potencial en ella, por darle una segunda oportunidad de vivir. No podría reprocharle nada, no solo fue su creador, también era su maestro. ¿A donde había ido? - El mundo es muy pequeño cuando te das cuenta que tienes la eternidad de por medio, por eso he buscado como distraerme en cada destino por días… - Sonrío al recordar lo que había hecho en dos años.
El agua que jugaba en sus manos le daba un toque brillante bastante atrayente, todo ella era un arma de doble filo. Podría en un segundo hacer el rostro de inocencia, incluso más puro que un niño pequeño para así, poder conseguir que un alma la tomará en brazos, y llevará dentro de su hogar, esas son las grandes ventajas de ser una joven hermosa. Pero en un tronar de dedos, en una milésima de segundo, podrías ver a la verdadera Marishka, a aquella vampiro hermosa, intocable, envidiada, indomable.
- ¿Crees que estaba dispuesta a vivir de lastima? ¿De limosna? - Soltó una risa burlona. Ella no estaba dispuesta a una vida de mediocridad, ella necesitaba vestirse como la mejor de las reinas, necesitaba las mejores propiedades, ser poderosa en varios lados, confundir a las personas, sembrar miedo en otros lugares. Ella era un estuche de monerías, sabía encantar en un lado y aterrorizar en otro. - Al salir de la mansión donde vives, primero no sabía que hacer pero comencé a caminar hasta encontrar un grupo de hombres que clamaban saber mi nombre, se los di antes de beber de ellos y tomar uno de sus carruajes… Nunca había conducido uno, fue gracioso pero no debo hacer ese tipo de cosas, son una dama de sociedad - Torció su sonrisa. - Así que llegué a un pueblo donde un hombre bastante rico, dejo su mirada puesta en mi, solo en mi, supe que era momento de aprovechar, me metí con él, nos casamos al poco tiempo, eso de encantar humano es demasiado fácil, ya casados, lo maté, nadie sospecharía de la inocente Marishka, todas sus propiedades y fortunas ahora son mías - Fingió tristeza por aquella perdida, tenía buena sangre, pero ya empezaba a saber amarga, la edad incluso se inmiscuye en eso de las esencias, y a Marishka solo le gusta la fresca, la joven.
Sacó la mano del agua, rápidamente se colocó, al lado del vampiro - Tengo tanta fortuna ahora, propiedades, tres matrimonios fallidos, pues todos terminan muertos, así que necesitaba un viaje a mis tierras para recuperarme de tales males - Fingió inocencia recargando su espalda en una mesita de mármol, su cabello se movió por el aire, giró ru rostro para verlo, había adoptado una pose cómoda, así que no era probable moverla pronto - ¿Que hiciste tu en mi ausencia? ¿Cuantas muertes más? ¿Algo interesante? - Observó el gran ventanal donde podías ver a varias personas estudiarlos, quizás ya sabría con que se alimentarían después.
Relamió sus labios, su mirada fue viajando con lentitud hasta encontrarse con la figura varonil que tenía enfrente. Lucian era un pecado. El deseo que cualquier mujer quisiera alcanzar. Había pasado noches espantosas con él, algunas gloriosas, placenteras. ¿De ahora en adelante como sería? Siguió proclamando aquella figura cerca de su cuerpo en silencio, sin embargo esperaría, le gustaba esa fuerza, esa agresividad de él, tan característica. Le gustaba su fuerza, su brutalidad, sus manos, sus labios. De su pecho salió una especie de rugido intentando calmar aquellos deseos de volver a besar al vampiro. Era su reencuentro, los primeros minutos, debía comportarse, ¿O no? Daba igual, a la noche no se le niega nada, solo se deja llevar con ella, se deja seducir por la sombras, y entonces lo demás, se dejaría al deseo de ambos.

Marishka Marquand- Vampiro Clase Alta

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Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
Desde siempre esa mujer había tenido esa forma de desenvolverse, pero fue como si en el momento de su transformación todo aquello se potenciara. Lucian la eligió, por sobre todas las cosas, porque su belleza iba a significar un arma a futuro, y porque era inteligente, además, en un acto de debilidad que no iba a confesar en voz alta, por compasión. No entendía la necedad y necesidad de Mikhail de hacerse de una consorte, ¿para qué, en todo caso?, Xrisí y él se encargaban de burlarse del rey de su clan en su cara, aunque luego la culpa menguara. Transformó a Marishka no para hacerla su mujer (que lo había sido, durante algunas noches), sino para que propagara el miedo como el fuego se propaga en pastizales secos, sabía que ella era capaz de hacerlo, y hacerlo bien sobre todo.
-Esa mansión no es mía, es de Mikhail –interrumpió el relato de su interlocutora, quería que aquello quedara claro, pero luego la dejó seguir hablando.
A cada palabra su sonrisa se acentuaba más, luchando por controlar la risa que parecía ascender por su garganta, confirmando las razones por las que la había elegido a ella por sobre todas las mujeres que alguna vez osaron amarlo, que alguna vez, al enterarse de lo que era, le rogaban ser transformadas. Eran ambiciosas, sí, pero su ambición no tenía dirección ni razón de ser, era diferente con Marishka, quedaba claro al escuchar lo mucho que había hecho en tan sólo un par de años.
La observó ahí sentada y se mantuvo de pie un rato más, le gustaba la sensación de superioridad que eso le brindaba, pero aunque esa mujer, el demonio mismo, parecía doblegar a cualquiera, también sabía que ella sólo se doblegaba ante él y el poder que eso le hacía sentir era indescriptible. Poder, ese era el único motivo que realmente importaba, o que importó al menos en ese momento.
-Veo que no perdiste el tiempo –soltó riendo y sentándose a su lado-, toda una viuda negra –dijo satisfecho, había aprendido bien, después de todo, había aprendido de los mejores, de él, desde luego, y de Mikhail, a quien él también admiraba de manera silenciosa. Claro.
Soltó un largo suspiro y estiró las piernas de forma desfachatada, era correcto y educado cuando tenía que serlo, cuando le convenía serlo, con Marishka no tenía por qué ser así, se conocían bajo otro contexto y a otro nivel, y deslizó su brazo por la espalda ajena, aunque no la tocó, sólo lo descansó ahí.
-¿Qué hice yo? –preguntó mirando al interior del salón donde la reunión continuaba llevándose a cabo, muchas fuentes de sangre, aunque estaba recién alimentado y Marishka era digna de toda su atención como para estar pensando en eso-, lo usual –inclinó la cabeza a un lado, como si hubiera querido recargarla en el hombro de su acompañante pero no haciéndolo-, sigues siendo la única –le dijo, nadie más había sido mordido por él y luego alimentado de su sangre, sólo ella-, dejé a mi hermano, acabo de regresar, y al saber que estabas aquí, fue inevitable querer verte –su mano que antes estuvo inocentemente atrás de su espalda ahora bajaba y se instalaba en su cintura, la rodeaba y la atrajo hacia él. Era suya, aunque ella no quisiera, aunque el mundo no quisiera.
Él le había dado la inmortalidad, tenía ese derecho por antonomasia.
-Esa mansión no es mía, es de Mikhail –interrumpió el relato de su interlocutora, quería que aquello quedara claro, pero luego la dejó seguir hablando.
A cada palabra su sonrisa se acentuaba más, luchando por controlar la risa que parecía ascender por su garganta, confirmando las razones por las que la había elegido a ella por sobre todas las mujeres que alguna vez osaron amarlo, que alguna vez, al enterarse de lo que era, le rogaban ser transformadas. Eran ambiciosas, sí, pero su ambición no tenía dirección ni razón de ser, era diferente con Marishka, quedaba claro al escuchar lo mucho que había hecho en tan sólo un par de años.
La observó ahí sentada y se mantuvo de pie un rato más, le gustaba la sensación de superioridad que eso le brindaba, pero aunque esa mujer, el demonio mismo, parecía doblegar a cualquiera, también sabía que ella sólo se doblegaba ante él y el poder que eso le hacía sentir era indescriptible. Poder, ese era el único motivo que realmente importaba, o que importó al menos en ese momento.
-Veo que no perdiste el tiempo –soltó riendo y sentándose a su lado-, toda una viuda negra –dijo satisfecho, había aprendido bien, después de todo, había aprendido de los mejores, de él, desde luego, y de Mikhail, a quien él también admiraba de manera silenciosa. Claro.
Soltó un largo suspiro y estiró las piernas de forma desfachatada, era correcto y educado cuando tenía que serlo, cuando le convenía serlo, con Marishka no tenía por qué ser así, se conocían bajo otro contexto y a otro nivel, y deslizó su brazo por la espalda ajena, aunque no la tocó, sólo lo descansó ahí.
-¿Qué hice yo? –preguntó mirando al interior del salón donde la reunión continuaba llevándose a cabo, muchas fuentes de sangre, aunque estaba recién alimentado y Marishka era digna de toda su atención como para estar pensando en eso-, lo usual –inclinó la cabeza a un lado, como si hubiera querido recargarla en el hombro de su acompañante pero no haciéndolo-, sigues siendo la única –le dijo, nadie más había sido mordido por él y luego alimentado de su sangre, sólo ella-, dejé a mi hermano, acabo de regresar, y al saber que estabas aquí, fue inevitable querer verte –su mano que antes estuvo inocentemente atrás de su espalda ahora bajaba y se instalaba en su cintura, la rodeaba y la atrajo hacia él. Era suya, aunque ella no quisiera, aunque el mundo no quisiera.
Él le había dado la inmortalidad, tenía ese derecho por antonomasia.

Lucian Argeneau- Vampiro Clase Alta

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Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
Ambas manos se deslizaron por la "fría" fuente. Las colocó en el borde para así poder recargarse. Sus piernas cruzadas, su figura recargada en aquellas manos, su cabello colgando a un lado, sus labios y ojos resaltaban gracias a la luz de la luna. Parecía la figura de una estatua perfecta, hermosa. Incluso en aquellas actuaciones frente a la realeza, queriendo fingir inocencia, sus movimientos eran tan sensuales, tan letales que más de uno había caído a sus redes.
Se encogió de hombros unos segundos, sonrió de manera burlesca volteando su rostro hacía Lucian. - ¿Viuda negra? Me gusta - En todo este tiempo, lo único que le habían dicho era: Pobre pequeña, tan joven y viuda, la hermosa viuda… La inocente se ha quedado sola de por vida ¿Estaban acaso locos? Marishka nunca estaría sola, siempre le sobraría compañía. ¿Amor? "Malditos humanos que todo quieren relacionar con el amor." Se dijo para si misma, reprochando aquella debilidad que esas criaturas siempre tenían.
Poder, era lo único que importa, poder, placer, dinero. Lo vano es más interesante, el amor es para los débiles, el dinero y el poder para aquellos que vienen a triunfar, como ella. Mordió su propio labio inferior al sentir la mano de Lucian en su cintura, se dejó deslizar, como si se tratara de una pequeña pluma volando a causa del viento, le encantaban aquellas manos grandes, fuertes y masculinas. Le hacían recordar las veces que habían desnudado su cuerpo, habían recorrido cada rincón de su ser, y sobre todo, que habían logrado arrancar gemidos y gritos llenos de placer. Amantes como él, no, no habían en cualquier esquina, solo novatos intentando creerse el rey de la cama.
Se acercó de manera peligrosa al rostro de su ahora acompañante, pero no lo besó, simplemente lamió la comisura de esos labios. Se deslizó hasta aquel mentón dejando una linea y volvió a su postura inicial - Hace tiempo no cazamos juntos, deberíamos hacer que Paris tiemble, que recuerde nuestros nombres, es nuestra bienvenida Lucian, y esa fiesta se ve demasiado aburrida… ¿O quieres hacer algo antes? - Arqueó una de sus cejas volviendo a observar hacía la "fiesta", la ventaja de ser un vampiro son aquellas habilidades que podía tener. Un ejemplo, el alcanzar a ver a distancias grandes. Para Marishka los humanos eran tan patéticos, y ver aquellos rostros de aburrimiento bajaban el deseo de tomar su sangre, para ella debían sonreír, llenarse de energía, así la sangre tendría un mejor sabor.
La mano de la chica se deslizó hasta colocarse encima de la pierna de su acompañante. Poco a poco acaricio esa con delicadeza, apenas de manera perceptible para cualquier humano. Con uno de sus dedos empezó a trazar diferentes figuras sobre la tela. - ¿Aún sigue Mikhail con la perra de Xsirí? - Sonrió recordando aquella vampiro mosca muerta, desde siempre la había odiado, por aquel rostro de mojigata que tenía, y porque sabía que no le quedaba para nada.
Se encogió de hombros unos segundos, sonrió de manera burlesca volteando su rostro hacía Lucian. - ¿Viuda negra? Me gusta - En todo este tiempo, lo único que le habían dicho era: Pobre pequeña, tan joven y viuda, la hermosa viuda… La inocente se ha quedado sola de por vida ¿Estaban acaso locos? Marishka nunca estaría sola, siempre le sobraría compañía. ¿Amor? "Malditos humanos que todo quieren relacionar con el amor." Se dijo para si misma, reprochando aquella debilidad que esas criaturas siempre tenían.
Poder, era lo único que importa, poder, placer, dinero. Lo vano es más interesante, el amor es para los débiles, el dinero y el poder para aquellos que vienen a triunfar, como ella. Mordió su propio labio inferior al sentir la mano de Lucian en su cintura, se dejó deslizar, como si se tratara de una pequeña pluma volando a causa del viento, le encantaban aquellas manos grandes, fuertes y masculinas. Le hacían recordar las veces que habían desnudado su cuerpo, habían recorrido cada rincón de su ser, y sobre todo, que habían logrado arrancar gemidos y gritos llenos de placer. Amantes como él, no, no habían en cualquier esquina, solo novatos intentando creerse el rey de la cama.
Se acercó de manera peligrosa al rostro de su ahora acompañante, pero no lo besó, simplemente lamió la comisura de esos labios. Se deslizó hasta aquel mentón dejando una linea y volvió a su postura inicial - Hace tiempo no cazamos juntos, deberíamos hacer que Paris tiemble, que recuerde nuestros nombres, es nuestra bienvenida Lucian, y esa fiesta se ve demasiado aburrida… ¿O quieres hacer algo antes? - Arqueó una de sus cejas volviendo a observar hacía la "fiesta", la ventaja de ser un vampiro son aquellas habilidades que podía tener. Un ejemplo, el alcanzar a ver a distancias grandes. Para Marishka los humanos eran tan patéticos, y ver aquellos rostros de aburrimiento bajaban el deseo de tomar su sangre, para ella debían sonreír, llenarse de energía, así la sangre tendría un mejor sabor.
La mano de la chica se deslizó hasta colocarse encima de la pierna de su acompañante. Poco a poco acaricio esa con delicadeza, apenas de manera perceptible para cualquier humano. Con uno de sus dedos empezó a trazar diferentes figuras sobre la tela. - ¿Aún sigue Mikhail con la perra de Xsirí? - Sonrió recordando aquella vampiro mosca muerta, desde siempre la había odiado, por aquel rostro de mojigata que tenía, y porque sabía que no le quedaba para nada.

Marishka Marquand- Vampiro Clase Alta

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Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
Desde siempre, aunque los periodos de tiempo que habían compartido juntos eran cortos en comparación a la inmortalidad que ahora ambos ostentaban, su relación se había basado en esa especie de juego de seducción. Cada uno hacía y deshacía con su cuerpo y sus compañeros de cama lo que se les venía en gana, pero al final, se sabían pertenecientes el uno al otro de un modo retorcido. Lucian jamás la reclamaría suya como Mikhail reclamaba a Xrisí, sólo lo sabía, más que por haberle dado el don del vampirismo, porque así se habían dado las cosas. Si ella hubiese querido, tras su transformación lo hubiese sacado de su vida, o él también. Hace años había conocido cerca de Sofía a una mujer, un demonio también, vampiro de milenios de edad, que le había contado cómo se había burlado de su creador.
Sintió como ella cedía ante su tacto, conocía ese cuerpo, aunque comenzaba a extrañarlo, tanto como extrañaba el del resto de sus amantes. La sintió acercarse y sólo tuvo a bien cerrar los ojos, dejarla hacer con él lo que quisiera. Estaba jugando con fuego, provocándolo nada más, por eso le gustaba Marishka, por eso Marishka era su única creación.
-Deberíamos, sí –dijo aun teniéndola cerca-, pero esta gente –se refería a la concurrencia de la fiesta-, ninguna me parece suficientemente digna –se acababa de alimentar, tal vez por eso ninguna llamaba poderosamente su atención, aunque no era un vampiro que se alimentara sólo cuando tenía hambre, lo hacía por diversión también. Era un vampiro al que le gustaba ser lo que era, esa era la verdad.
Luego ella tocaba una fibra sensible en él, una de las poquísimas que tenía, Xrisí. No supo si lo había hecho con alevosía y ventaja pero no lo dudaba, Marishka era una manipuladora nata, alguien que sabía meter los dedos en la herida indicada. Rio, simplemente rio y luego suspiró largamente.
-Aún siguen juntos –asintió. Se preguntó qué era en verdad lo que los mantenía unidos cuando él se encargaba de humillarla cuanto podía y ella no era una blanca paloma precisamente, vaya que si lo sabía él. Su papel en esa relación no era el de mediador, era el de oportunista, pues se aprovechaba de cuando aquella farsa se tambaleaba para sacar algo de provecho, aunque eso sólo fuese acostarse con Xrisí.
Se puso de pie rompiendo el contacto y la miró divertido ofreciéndole una mano como si la invitara a abailar.
-Dime, ¿haz encontrado a uno mejor que yo? –en la cama, se refería, debía mantener el estándar de orgullo que si acompañante había mellado un poco con la pregunta sobre su hermano y su cuñada-, no dudo que más de un ingenuo haya caído gracias a tus encantos –rio socarronamente, dejando atrás el tema que evidentemente no quería tocar.
Sintió como ella cedía ante su tacto, conocía ese cuerpo, aunque comenzaba a extrañarlo, tanto como extrañaba el del resto de sus amantes. La sintió acercarse y sólo tuvo a bien cerrar los ojos, dejarla hacer con él lo que quisiera. Estaba jugando con fuego, provocándolo nada más, por eso le gustaba Marishka, por eso Marishka era su única creación.
-Deberíamos, sí –dijo aun teniéndola cerca-, pero esta gente –se refería a la concurrencia de la fiesta-, ninguna me parece suficientemente digna –se acababa de alimentar, tal vez por eso ninguna llamaba poderosamente su atención, aunque no era un vampiro que se alimentara sólo cuando tenía hambre, lo hacía por diversión también. Era un vampiro al que le gustaba ser lo que era, esa era la verdad.
Luego ella tocaba una fibra sensible en él, una de las poquísimas que tenía, Xrisí. No supo si lo había hecho con alevosía y ventaja pero no lo dudaba, Marishka era una manipuladora nata, alguien que sabía meter los dedos en la herida indicada. Rio, simplemente rio y luego suspiró largamente.
-Aún siguen juntos –asintió. Se preguntó qué era en verdad lo que los mantenía unidos cuando él se encargaba de humillarla cuanto podía y ella no era una blanca paloma precisamente, vaya que si lo sabía él. Su papel en esa relación no era el de mediador, era el de oportunista, pues se aprovechaba de cuando aquella farsa se tambaleaba para sacar algo de provecho, aunque eso sólo fuese acostarse con Xrisí.
Se puso de pie rompiendo el contacto y la miró divertido ofreciéndole una mano como si la invitara a abailar.
-Dime, ¿haz encontrado a uno mejor que yo? –en la cama, se refería, debía mantener el estándar de orgullo que si acompañante había mellado un poco con la pregunta sobre su hermano y su cuñada-, no dudo que más de un ingenuo haya caído gracias a tus encantos –rio socarronamente, dejando atrás el tema que evidentemente no quería tocar.

Lucian Argeneau- Vampiro Clase Alta

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Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
Y entonces se dio cuenta, Marishka no era tonta, nunca lo había sido, quizás como humana pudo haber sido frágil, bastante vulnerable, pero nunca había sido tonta. Aquel largo suspiro le dejó en claro que el tema de la "perra" como llama a Xsirí, ponía en una situación bastante incomoda a Lucian, cosa que la decepcionaba, aunque nunca se lo diría. Rodó los ojos, incluso volteó su vista, no pensaba prestar atención a esa pequeña "debilidad". En vez de poner una mueca en su rostro, simplemente sonrió como si le hubieran dado la más grata de las noticias.
Estiró su mano con delicadeza hasta tocar la del vampiro, un contacto sin duda bastante frío para cualquier humano, agradable para ella. Se deslizó hasta poder estar cerca de él, pero no de esa cercanía que se forma por un abrazo fraternal, Marsihka no era para nada de esa manera con él, necesitaba sentirlo cerca porque le excitaba si presencia, sabía bien tocarla, sabía bien besarla, sabía bien volverla suya.
La chica se quedo pensativa, su pecho se pegó por completo al del apuesto caballero, sonrió moviendo su cuerpo contra él, restregando su perfección en ña figura masculina, sonriendo con coquetería, mordisqueando su propio labio inferior, su mano libre se colocó en el pecho ajeno, con su dedo indice trazó varias figuras observando como la tela se arrugaba. - ¿De verdad quieres inflar tu ego al saber? ¿O deseas que te lo destroce? - Deseaba jugar, y es que no le interesaba ponerlo celoso, los celos son debilidades que nos hacen perder cualquier batalla, simplemente necesitaba sentir el cuerpo del vampiro sobre el suyo, que la reclamara como suya, y que la luna fuera cómplice de sus deseos más grandes.
Su cuerpo descansó todo su peso en las puntas de los pies. Su sonrisa burlesca no desaparecía de su rostro, se estiró tanto que pudo apenas alcanzar el oído de su creador. Su lengua, salió hasta acariciar el lóbulo de esa oreja, mordisqueó con sus colmillos la piel fuel y firme del vampiro - ¿Si te digo que alguien te destronó harás lo que sea para volver a tomar el mando? - Succionó con cuidado aquella zona, sus labios se deslizaron con suavidad por la mejilla y luego hasta el cuello ajeno, ahí simplemente dio un beso casto, se separó buscando la mirada de Lucian, una mirada endemoniada pero encantadora.
Los jardines de las grandes mansiones, de los castillos siempre suelen contar historias entretenidas, historias sobre lo que ocurre en una fiesta, historias sobre personas desaparecidas, historias sobre amores, historias sobre desgracias, pero este jardín, esta noche, encerrara un reencuentro, uno fuera de lo común, donde quizás el sonido de un gemido se vuelva la única canción de la noche, o los gritos suplicantes de aquellos que ahora se divertían, todo dependía de las ganas y el ánimo de aquellos amantes que ahora compartían una noche tranquila.
Estiró su mano con delicadeza hasta tocar la del vampiro, un contacto sin duda bastante frío para cualquier humano, agradable para ella. Se deslizó hasta poder estar cerca de él, pero no de esa cercanía que se forma por un abrazo fraternal, Marsihka no era para nada de esa manera con él, necesitaba sentirlo cerca porque le excitaba si presencia, sabía bien tocarla, sabía bien besarla, sabía bien volverla suya.
La chica se quedo pensativa, su pecho se pegó por completo al del apuesto caballero, sonrió moviendo su cuerpo contra él, restregando su perfección en ña figura masculina, sonriendo con coquetería, mordisqueando su propio labio inferior, su mano libre se colocó en el pecho ajeno, con su dedo indice trazó varias figuras observando como la tela se arrugaba. - ¿De verdad quieres inflar tu ego al saber? ¿O deseas que te lo destroce? - Deseaba jugar, y es que no le interesaba ponerlo celoso, los celos son debilidades que nos hacen perder cualquier batalla, simplemente necesitaba sentir el cuerpo del vampiro sobre el suyo, que la reclamara como suya, y que la luna fuera cómplice de sus deseos más grandes.
Su cuerpo descansó todo su peso en las puntas de los pies. Su sonrisa burlesca no desaparecía de su rostro, se estiró tanto que pudo apenas alcanzar el oído de su creador. Su lengua, salió hasta acariciar el lóbulo de esa oreja, mordisqueó con sus colmillos la piel fuel y firme del vampiro - ¿Si te digo que alguien te destronó harás lo que sea para volver a tomar el mando? - Succionó con cuidado aquella zona, sus labios se deslizaron con suavidad por la mejilla y luego hasta el cuello ajeno, ahí simplemente dio un beso casto, se separó buscando la mirada de Lucian, una mirada endemoniada pero encantadora.
Los jardines de las grandes mansiones, de los castillos siempre suelen contar historias entretenidas, historias sobre lo que ocurre en una fiesta, historias sobre personas desaparecidas, historias sobre amores, historias sobre desgracias, pero este jardín, esta noche, encerrara un reencuentro, uno fuera de lo común, donde quizás el sonido de un gemido se vuelva la única canción de la noche, o los gritos suplicantes de aquellos que ahora se divertían, todo dependía de las ganas y el ánimo de aquellos amantes que ahora compartían una noche tranquila.

Marishka Marquand- Vampiro Clase Alta

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Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
Una lucha constante, un combate que por la fiereza con la que se ejecutaba, parecía a matar. Sólo uno que erigiría victorioso danzando sobre la tumba ajena, sólo uno se alzaría con la victoria asida entre las manos como un lábaro maltrecho y destrozado. Una guerra eterna, sin soldados, sin campo de batalla, sólo a base de miradas y palabras y besos y caricias y golpes de indiferencia cuando los ameritaban, que no todo podía ser una pasión tan desmedida y desbordada, también debía haber mella a lo que les restaba de corazón, que aunque fuese poco, debía doler más. Esa era la dinámica de aquella relación que se planteaba en cortedades, en encuentros cada determinado tiempo (tiempo no marcado en ningún calendario), que no era amor, era lo contrario a eso, y no era odio tampoco, era una batalla constante, una pelea consciente en ambos. Incluso Lucian a veces fingía perder, sólo para verla a ella ganar aunque en realidad nadie ganaba ni nadie perdí, no era el fin de todo aquel ejercicio.
Y siguiendo la pauta de su convivencia, la sintió acercarse a él, posó una mano en su cintura aunque no movió un músculo más, dejándola a ella recorrerlo brevemente, cuerpo contra cuerpo y voluntad contra voluntad. Rio roncamente ante sus palabras, sin abrir la boca y cerrando a su vez los ojos.
-Vamos Marishka, no me hagas reír –le dijo abriendo los ojos nuevamente, mirándola ligeramente hacia abajo por la diferencia de estaturas, muy cerca de él, tanto como podían estarlo-, sabes que eso de que alguien pudiera destronarme es una mala broma, una que ni tú te crees –habló con seguridad, su voz exudaba confianza, quizá demasiada pero no podía hacer nada al respecto; esa era su voz ante el mundo, tal vez sólo se suavizaba al acatar una orden de Mikhail, y tal vez sólo se encendía más de la cuenta al cuestionarle sus planes, aunque al final terminaba ejecutándolos.
Echó la cabeza hacia atrás al sentir su lengua rijosa sobre el cartílago de su oreja, sonrió de lado y quiso recargarse en algo pero se dio cuenta que no tenía nada a sus espaldas y tuvo que mantener el equilibrio, disfrutando el roce lascivo. En un movimiento rápido la tomó por las muñecas, giró con ella y se alejó para mirarla con algo parecido a un gesto desafiante.
-Si me enterara que alguien ha resultado mejor –dijo soltándola finalmente de golpe, se acercó y hundió el rostro en la curvatura de su cuello, se deleitó con el vivido recuerdo del sabor de aquella sangre, que ahora se combinaba con la propia, olió y dejó los labios cerca de la yugular –primero me encargaría de mandar a ese pobre diablo al infierno –se alejó un palmo para poder mirarla a los ojos –y luego me encargaría de hacerte entender que como yo no tendrás a otro –de nuevo aquel tono impertinentemente seguro, de quien se sabe poseedor de las cualidades de las que alardea.
Finalmente acortó la distancia una vez más y la besó en el cuello ascendiendo por lo largo de éste hasta llegar a la mandíbula, luego mejilla y finalmente labios. Antes de besarla rio cerca de su piel.
-Al final regresas a mi, siempre lo harás –habló muy bajo y muy quedo. La besó con anhelo y vehemencia. Era suya, al menos por esa noche. Ambos ganaban y ambos perdían como siempre, podía parecer que tiraban a matar, pero sólo lanzaban ataques para herirse, nunca para arrebatarse la vida. Herir era parte del juego, y no herir sobre la piel, eso se lo dejaban a los mortales.
Y siguiendo la pauta de su convivencia, la sintió acercarse a él, posó una mano en su cintura aunque no movió un músculo más, dejándola a ella recorrerlo brevemente, cuerpo contra cuerpo y voluntad contra voluntad. Rio roncamente ante sus palabras, sin abrir la boca y cerrando a su vez los ojos.
-Vamos Marishka, no me hagas reír –le dijo abriendo los ojos nuevamente, mirándola ligeramente hacia abajo por la diferencia de estaturas, muy cerca de él, tanto como podían estarlo-, sabes que eso de que alguien pudiera destronarme es una mala broma, una que ni tú te crees –habló con seguridad, su voz exudaba confianza, quizá demasiada pero no podía hacer nada al respecto; esa era su voz ante el mundo, tal vez sólo se suavizaba al acatar una orden de Mikhail, y tal vez sólo se encendía más de la cuenta al cuestionarle sus planes, aunque al final terminaba ejecutándolos.
Echó la cabeza hacia atrás al sentir su lengua rijosa sobre el cartílago de su oreja, sonrió de lado y quiso recargarse en algo pero se dio cuenta que no tenía nada a sus espaldas y tuvo que mantener el equilibrio, disfrutando el roce lascivo. En un movimiento rápido la tomó por las muñecas, giró con ella y se alejó para mirarla con algo parecido a un gesto desafiante.
-Si me enterara que alguien ha resultado mejor –dijo soltándola finalmente de golpe, se acercó y hundió el rostro en la curvatura de su cuello, se deleitó con el vivido recuerdo del sabor de aquella sangre, que ahora se combinaba con la propia, olió y dejó los labios cerca de la yugular –primero me encargaría de mandar a ese pobre diablo al infierno –se alejó un palmo para poder mirarla a los ojos –y luego me encargaría de hacerte entender que como yo no tendrás a otro –de nuevo aquel tono impertinentemente seguro, de quien se sabe poseedor de las cualidades de las que alardea.
Finalmente acortó la distancia una vez más y la besó en el cuello ascendiendo por lo largo de éste hasta llegar a la mandíbula, luego mejilla y finalmente labios. Antes de besarla rio cerca de su piel.
-Al final regresas a mi, siempre lo harás –habló muy bajo y muy quedo. La besó con anhelo y vehemencia. Era suya, al menos por esa noche. Ambos ganaban y ambos perdían como siempre, podía parecer que tiraban a matar, pero sólo lanzaban ataques para herirse, nunca para arrebatarse la vida. Herir era parte del juego, y no herir sobre la piel, eso se lo dejaban a los mortales.

Lucian Argeneau- Vampiro Clase Alta

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Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
Aquel que descarte las sensaciones en los vampiros está demasiado equivocado. Por extraña razón, el cuerpo muerto de estos seres muy sentir de maneras más intensas y profundas que cualquier ser humano común y corriente, quizás por esos sus acciones suelen ser con mayor empeño, o sus relaciones lazos intensos que no se desprenden, o en el ámbito sexual, un orgasmo puede ser demasiado largo, y el placer incomparable. Hay muchas preguntas que no tienen aun respuestas, pero de lo que si estamos seguros, es estás criaturas, al disfrutar su condición y eternidad, aprovechan cada segundo de su ahora "existencia" al máximo. Pocos son aquellos que resaltan entre los demás, y entre esos pocos está pareja es temida, y sobre todo recordada entre los suyos.
No solo trataban de sembrar temor en los demás, también respeto. La joven quizás tenía poco tiempo en aquella forma de "vida" pero era el suficiente para poder hacer de las suyas, pues había aprendido del mejor: Su creador. Quizás podía ser bastante orgullosa, pero no podía negar tal hecho. Nunca negaría su procedencia pues estaba orgullosa de ella.
Sus labios se movían de la misma manera contra los ajenos. El sabor que desprendía aquel vampiro la hacía perder la poca cordura que tenía en esos momentos. Marishka, siempre regresaba porque sabía lo que era bueno. Lucian era su mejor objeto, el mayor de los trofeos, y no es que se le comparara con alguna cosa tan superficial, pero era una manera de decir que era la gloria que pocos alcanzan, que pocos saborean, y la única en poder volver sin remordimientos con él. Se sentía tan libre a su lado y al mismo tiempo tan suya, pero sabía que no tenía que rendirle cuentas, y también que tanto él como ella ponían las condiciones.
Las heridas que se dejaban en cada encuentro, no era más que solo un pequeño recordatorio. Uno que dejaba en claro que sin importar nada, pertenecían al otro. Una extraña relación, de hecho bastante retorcida que nadie podría saber, solo ellos dos.
Separó sus labios para permitir a aquella lengua volver a pisar sus territorios, pero pronto la propia hizo lo mismo, recorriendo con detalle la boca de Lucian. Sus colmillos no tardaron en alargarse más, el placer que su cuerpo sentía por aquel beso no se comparaba con nada, quizás con un poco de sangre fresca, quizás. De entre sus labios salió un jadeo ligero, muy suave, pero sin importar lo suave que estuviera sabia el podía escucharle. Dejaba en claro que deseaba más de él, y como siempre no se conformaría con un simple beso cualquiera.
La mano de la vampiresa se deslizó por el pecho y abdomen del vampiro. Era tan pequeña y delgada que se adentró por el borde del pantalón. Esa mujer nunca se andaba con rodeos, y llegaba rápidamente hasta donde quería, sin importar lugar, o quien estuviera presente. Sintió la virilidad de Lucian, no estaba aun a todo su esplendor, y agradecía eso, pues de sentir el endurecimiento del caballero por simples besos sentiría que estaría perdiendo aquel poder en su hombría, le agradaba notar como estaba al control de su cuerpo, y como duraba más que cualquier otro. Sin pensarlo dos veces, dio un masaje con cierto salvajismo a la zona que deseaba estimular más - Tú cuerpo debe extrañar tenerme - Indicó al sentir como la fuerza del vampiro se hacía presente en aquella zona. le mordió con fuerza el labio inferior, una gota de sangre había salido del labio de Lucian, solo una bastaba para excitar en desmedida a la chica, solo una gota para comenzar con una guerra insana que acabaría con un deseo inmenso de volver a tener otro encuentro.
No solo trataban de sembrar temor en los demás, también respeto. La joven quizás tenía poco tiempo en aquella forma de "vida" pero era el suficiente para poder hacer de las suyas, pues había aprendido del mejor: Su creador. Quizás podía ser bastante orgullosa, pero no podía negar tal hecho. Nunca negaría su procedencia pues estaba orgullosa de ella.
Sus labios se movían de la misma manera contra los ajenos. El sabor que desprendía aquel vampiro la hacía perder la poca cordura que tenía en esos momentos. Marishka, siempre regresaba porque sabía lo que era bueno. Lucian era su mejor objeto, el mayor de los trofeos, y no es que se le comparara con alguna cosa tan superficial, pero era una manera de decir que era la gloria que pocos alcanzan, que pocos saborean, y la única en poder volver sin remordimientos con él. Se sentía tan libre a su lado y al mismo tiempo tan suya, pero sabía que no tenía que rendirle cuentas, y también que tanto él como ella ponían las condiciones.
Las heridas que se dejaban en cada encuentro, no era más que solo un pequeño recordatorio. Uno que dejaba en claro que sin importar nada, pertenecían al otro. Una extraña relación, de hecho bastante retorcida que nadie podría saber, solo ellos dos.
Separó sus labios para permitir a aquella lengua volver a pisar sus territorios, pero pronto la propia hizo lo mismo, recorriendo con detalle la boca de Lucian. Sus colmillos no tardaron en alargarse más, el placer que su cuerpo sentía por aquel beso no se comparaba con nada, quizás con un poco de sangre fresca, quizás. De entre sus labios salió un jadeo ligero, muy suave, pero sin importar lo suave que estuviera sabia el podía escucharle. Dejaba en claro que deseaba más de él, y como siempre no se conformaría con un simple beso cualquiera.
La mano de la vampiresa se deslizó por el pecho y abdomen del vampiro. Era tan pequeña y delgada que se adentró por el borde del pantalón. Esa mujer nunca se andaba con rodeos, y llegaba rápidamente hasta donde quería, sin importar lugar, o quien estuviera presente. Sintió la virilidad de Lucian, no estaba aun a todo su esplendor, y agradecía eso, pues de sentir el endurecimiento del caballero por simples besos sentiría que estaría perdiendo aquel poder en su hombría, le agradaba notar como estaba al control de su cuerpo, y como duraba más que cualquier otro. Sin pensarlo dos veces, dio un masaje con cierto salvajismo a la zona que deseaba estimular más - Tú cuerpo debe extrañar tenerme - Indicó al sentir como la fuerza del vampiro se hacía presente en aquella zona. le mordió con fuerza el labio inferior, una gota de sangre había salido del labio de Lucian, solo una bastaba para excitar en desmedida a la chica, solo una gota para comenzar con una guerra insana que acabaría con un deseo inmenso de volver a tener otro encuentro.

Marishka Marquand- Vampiro Clase Alta

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Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
El vampiro disfrutó de la cercanía, la había extrañado, de nada le valía mentirse, eso no significaba que lo iba andar pregonando como si fuese el más enamorado de los hombres. Desde que se impuso a sí mismo, como deseo tirano, no volver a ser débil, descartó toda posibilidad de amar, un sentimiento tan guiñapo y humano sólo lo distraería de su meta, cualquiera que ésta fuese. Recién Mikhail le otorgó la inmortalidad, se sintió invencible y salió a azorar al mundo, no a conquistarlo, sólo a derribarlo, y en una de esas vesanias conoció a una mujer, quizá era porque su humanidad no tenía mucho tiempo de haberlo abandonado, pero sintió atracción por una mujer, quizá hasta estuviera enamorado de ella, prefirió arrancar el problema de raíz y matarla, no quería estorbos… de aquella vez sólo ha sentido una atracción similar por Marishka, y por su cuñada, se entendía, pero Xrisí era un caso especial.
A Marishka no la mató, le concedió un destino peor, el de la no muerte, pero se alegraba ver que había elegido bien, que aunque tuviera poco en esa condición, había sabido aprovecharlo hasta entonces. Estaba orgulloso de su creación, no iba a mentirse, tanto era así, que era la única hasta la fecha y no pensaba cambiar ese hecho.
Se besaron con arrojo, cómo más se iban a besar ellos dos. Cada vez que sus cuerpos se juntaban y se enredaban, parecía una lucha cuerpo a cuerpo. Su relación era destructiva, pero ahí radicaba su mayor atractivo, de otro modo Lucian hubiese perdido el interés desde hace mucho. Él no necesitaba una mujer que lo atormentara, para eso ya tenía a su cuñada; lo que él necesitaba era alguien que lo retara, que significara una cúspide perínclita, cerca, pero nunca conquistada. Marishka era terreno inhóspito, imposible de domar, en donde puedes morir si no vas con guía. Ni siquiera Severus era experto en aquel territorio, pero le gustaba descubrirlo de a poco, en cada uno de sus encuentros, incluso en cada una de sus ausencias.
Echó los brazos hacía atrás para dejarla hacer su trabajo, no se esperaba otra cosa viniendo de esas mujer. Tácita y sin rodeos, franca, siempre obteniendo lo que quería. Soltó un quejido cuando sintió sus caricias y otro más cuando la mano se introdujo en el pantalón y la tomó por los hombros. La sangre, su propia sangre, aunque corría por las venas de ella también, se combinó con el sabor del beso, de ella.
-Marishka, ¿qué pretendes? –ni él mismo se creyó la falsa inocencia en su voz, cuando la mano de su neófita alcanzó su miembro, se inclinó hacia adelante y atrapó su cuello, devorándolo con devoción, se quejó contra su piel y su cadera hizo un movimiento involuntario, pero dos podían jugar ese juego. Sus manos bajaron por su espalda y se instalaron en su trasero, la atrajo hacía sí mismo juntando sus cuerpos más, que ella pudiera sentir el efecto que tenía sobre él-. ¿Aquí? ¿Así nada más? –se separó un poco y le dijo con mirada perspicaz.
No esperó respuesta y tomó el control, se separó, obligándola a sacar la mano del pantalón, miró a un lado, donde la reunión se seguía llevando a cabo, esos mortales ignorantes de lo que en el jardín sucedía. Sin pedir permiso la empujó con brusquedad para que quedara tendida en la hierba y la miró desde la altura y le sonrió triunfal, se comenzó a desabotonar el pantalón.
-Sí, sí Marishka –le dijo mirándola con cierta burla, pero deseo también-, te extrañé, pero ahora veamos cuánto me extrañaste tú a mí –y sin más, con el pantalón desabrochado pero aún en sus piernas, se tendió junto a ella y deslizó la mano por debajo de la falda de su vestido y tocó por encima de la ropa interior-. Umh –hizo gesto de estar pensando –parece que me extrañaste mucho y que deseas esto tanto como yo –afirmó sintiendo la humedad de Marishka.
A Marishka no la mató, le concedió un destino peor, el de la no muerte, pero se alegraba ver que había elegido bien, que aunque tuviera poco en esa condición, había sabido aprovecharlo hasta entonces. Estaba orgulloso de su creación, no iba a mentirse, tanto era así, que era la única hasta la fecha y no pensaba cambiar ese hecho.
Se besaron con arrojo, cómo más se iban a besar ellos dos. Cada vez que sus cuerpos se juntaban y se enredaban, parecía una lucha cuerpo a cuerpo. Su relación era destructiva, pero ahí radicaba su mayor atractivo, de otro modo Lucian hubiese perdido el interés desde hace mucho. Él no necesitaba una mujer que lo atormentara, para eso ya tenía a su cuñada; lo que él necesitaba era alguien que lo retara, que significara una cúspide perínclita, cerca, pero nunca conquistada. Marishka era terreno inhóspito, imposible de domar, en donde puedes morir si no vas con guía. Ni siquiera Severus era experto en aquel territorio, pero le gustaba descubrirlo de a poco, en cada uno de sus encuentros, incluso en cada una de sus ausencias.
Echó los brazos hacía atrás para dejarla hacer su trabajo, no se esperaba otra cosa viniendo de esas mujer. Tácita y sin rodeos, franca, siempre obteniendo lo que quería. Soltó un quejido cuando sintió sus caricias y otro más cuando la mano se introdujo en el pantalón y la tomó por los hombros. La sangre, su propia sangre, aunque corría por las venas de ella también, se combinó con el sabor del beso, de ella.
-Marishka, ¿qué pretendes? –ni él mismo se creyó la falsa inocencia en su voz, cuando la mano de su neófita alcanzó su miembro, se inclinó hacia adelante y atrapó su cuello, devorándolo con devoción, se quejó contra su piel y su cadera hizo un movimiento involuntario, pero dos podían jugar ese juego. Sus manos bajaron por su espalda y se instalaron en su trasero, la atrajo hacía sí mismo juntando sus cuerpos más, que ella pudiera sentir el efecto que tenía sobre él-. ¿Aquí? ¿Así nada más? –se separó un poco y le dijo con mirada perspicaz.
No esperó respuesta y tomó el control, se separó, obligándola a sacar la mano del pantalón, miró a un lado, donde la reunión se seguía llevando a cabo, esos mortales ignorantes de lo que en el jardín sucedía. Sin pedir permiso la empujó con brusquedad para que quedara tendida en la hierba y la miró desde la altura y le sonrió triunfal, se comenzó a desabotonar el pantalón.
-Sí, sí Marishka –le dijo mirándola con cierta burla, pero deseo también-, te extrañé, pero ahora veamos cuánto me extrañaste tú a mí –y sin más, con el pantalón desabrochado pero aún en sus piernas, se tendió junto a ella y deslizó la mano por debajo de la falda de su vestido y tocó por encima de la ropa interior-. Umh –hizo gesto de estar pensando –parece que me extrañaste mucho y que deseas esto tanto como yo –afirmó sintiendo la humedad de Marishka.
- Spoiler:
- Bien, creo que esto pinta para +18 a menos que tú me digas lo contrario. Si es así, para cambiarle el título y advertir XD

Lucian Argeneau- Vampiro Clase Alta

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Puntos: 53
Reputación: 27
Fecha de inscripción: 07/11/2011
DATOS DEL PERSONAJE
Orientación Sexual: Heterosexual
Pareja Actual: Toda la que se deje, ninguna a fin de cuentas
Ocupación: ¿Obedecer a mi hermano?
Re: The Sweetest Curse [Marishka Marquand]
Arqueó una de sus cejas al escucharlo. Quiso soltar una risita burlona pero prefirió morder su labio y guardar su ponzoña. ¿De verdad importaba el lugar? ¿De cuando aquí a Lucian le importaban esos detalles? Se sintió confundida, quizás el haberlo abandonado tanto tiempo había hecho mal. La joven le gruño cuando apartó su mano del pantalón, y le miró con furia, odiaba que interrumpieran las cosas que hacía, y más si se trataba de un acto sexual… con él. - ¿Que deseas? ¿Que te ponga flores en la cama? ¿Qué te lleve a Versalles? ¿Que me revuelque en tú cama? Tú cama esta llena de olores asquerosos que no pretendo tolerar, deja esos detalles para los humanos, ¿O me dirás que estás buscando lo que aun queda de tu humanidad? - No pudo guardar mucho silencio, ella no era de las mujeres que se guardara su veneno, por más que quisiera hacerlo, no podía, esa no era ella, ni empezaría a hacerlo. - Tómame aquí si lo deseas, sino dejémonos de tonterías - Lo miro desafiante. No puso residencia y se dejó caer en la hierba.
Le miró relamiéndose los labios, mordisqueándose con fuerza el inferior, haciendo que una gota de la sangre cálida que aun corría por su cuerpo saliera a la vista. Le gustaba tanto ese sabor metálico, le parecía tan dulce y agrio al mismo tiempo. - Ven aquí - Le invitó al observar como se retiraba el pantalón. Llevó ambas manos por encima de cabeza, pegándolas a la hierba. Le gustaba aquel espectáculo. No se trataba de un Lucian que estaba cediendo a los deseos que ambos tenían, se trataba simplemente de él. Observar su rostro endurecido, sus expresiones filosas, su mirada desafiante, su esplendor era como ninguno otro, no sólo era un guerrero, era un vampiro, de los pocos que llevaban en alto aquella condición, su creador, y alguien con quien compartía ambiciones, alguien a quien le debía fidelidad.
Marishka le cumplía ciertos caprichos aunque él no lo supiera, aunque no se diera cuenta, era una manera de agradecerle el don que le había dado. No estaba dispuesta a darle las gracias, la joven había tomado ese carácter de él, y nada se podía hacer al respecto. Le sonrió encantada al sentirlo a su lado, estaba a punto de ladear su cuerpo para verlo a la perfección, le frenó el sentir sus dedos cálido - para ella obviamente- avanzar por sus piernas. Separó con cuidado las mismas dejándole el camino libre. Ni siquiera había tocado abajo de la tela, y la joven respingo al sentir la presión de sus dedos.
Miró al cielo, la luna les hacía el favor de iluminar de manera tenue el lugar. Dejó que tocara su intimidad, sonreía con malicia, y dejaba que creyera tenía el control. De manera suave giró su rostro para atrapar la mirada de vampiro - Extrañaba revolcarme contigo, no a ti - Sus palabras sólo eran una burla, le gustaba picotearlo, hacer que el enojo, y que su enojo lo desquitara en ella cuando se revolcaban. - ¿Quieres que te endulce el oído con palabras que subirán tu ego? - Bajó la mano, dando un manotazo para que retirara la misma de ese lugar. La vampiresa se impulso, volvió a aprisionarlo, está vez contra la hierba.
Sus manos viajaron por los botones de aquella camisa. -¿Qué deseas? ¿Delicadeza? - Negó repetidas veces rompiendo los primeros dos botones de su camisa a la fuerza - ¿O me deseas como siempre? - Se inclinó hacía adelante. Llegando hasta el rostro de Lucian, se dedico a detallarlo, aspiró su aroma, y sonrió, aquel caballero nunca cambiaría, y quizás eso será lo mejor de todo, que sabía por donde atacarlo. Mostró aquella sonrisa perfecta, sus perfectos caninos se mostraron aun más largos - Deseo más de ti… - Susurró contra sus labios. Mordisqueó su mentón, fue recorriendo su rostro hasta su cuello, lamiéndolo, saboreando su escénica. Sus colmillos se clavaron, no de manera profunda, sólo hizo un pequeño corte, dejando que brotara sangre de él - Delicioso - Y sus labios se pegaron a esa zona de su piel, succionando con fuerza. ¿Pedir permiso? Ni a él se lo pedía.
Se enfocó a beber de él. Su cuerpo se erizó, movió su cadera para poder estar ambos sexos a la altura. Estás mismas las movió repetidas veces, dejando que la calidez de su intimidad, que su humedad la sintiera por completo. Sintió la erección del vampiro, una bastante dura, bastante exquisita. - Lucian, demuestra lo que me extrañaste - Separó sus labios unos segundos, mostrando como el rojizo de la sangre que había probado adornaba sus dientes, sus labios, y ahora unas gotas caían por su mentón. Sus ojos se habían vuelto tan negros como la noche, Marishka no ocultaba su naturaleza, la presumía como el mejor de los regalos, y ahí en ese momento, lo estaba dejando en claro.
Le miró relamiéndose los labios, mordisqueándose con fuerza el inferior, haciendo que una gota de la sangre cálida que aun corría por su cuerpo saliera a la vista. Le gustaba tanto ese sabor metálico, le parecía tan dulce y agrio al mismo tiempo. - Ven aquí - Le invitó al observar como se retiraba el pantalón. Llevó ambas manos por encima de cabeza, pegándolas a la hierba. Le gustaba aquel espectáculo. No se trataba de un Lucian que estaba cediendo a los deseos que ambos tenían, se trataba simplemente de él. Observar su rostro endurecido, sus expresiones filosas, su mirada desafiante, su esplendor era como ninguno otro, no sólo era un guerrero, era un vampiro, de los pocos que llevaban en alto aquella condición, su creador, y alguien con quien compartía ambiciones, alguien a quien le debía fidelidad.
Marishka le cumplía ciertos caprichos aunque él no lo supiera, aunque no se diera cuenta, era una manera de agradecerle el don que le había dado. No estaba dispuesta a darle las gracias, la joven había tomado ese carácter de él, y nada se podía hacer al respecto. Le sonrió encantada al sentirlo a su lado, estaba a punto de ladear su cuerpo para verlo a la perfección, le frenó el sentir sus dedos cálido - para ella obviamente- avanzar por sus piernas. Separó con cuidado las mismas dejándole el camino libre. Ni siquiera había tocado abajo de la tela, y la joven respingo al sentir la presión de sus dedos.
Miró al cielo, la luna les hacía el favor de iluminar de manera tenue el lugar. Dejó que tocara su intimidad, sonreía con malicia, y dejaba que creyera tenía el control. De manera suave giró su rostro para atrapar la mirada de vampiro - Extrañaba revolcarme contigo, no a ti - Sus palabras sólo eran una burla, le gustaba picotearlo, hacer que el enojo, y que su enojo lo desquitara en ella cuando se revolcaban. - ¿Quieres que te endulce el oído con palabras que subirán tu ego? - Bajó la mano, dando un manotazo para que retirara la misma de ese lugar. La vampiresa se impulso, volvió a aprisionarlo, está vez contra la hierba.
Sus manos viajaron por los botones de aquella camisa. -¿Qué deseas? ¿Delicadeza? - Negó repetidas veces rompiendo los primeros dos botones de su camisa a la fuerza - ¿O me deseas como siempre? - Se inclinó hacía adelante. Llegando hasta el rostro de Lucian, se dedico a detallarlo, aspiró su aroma, y sonrió, aquel caballero nunca cambiaría, y quizás eso será lo mejor de todo, que sabía por donde atacarlo. Mostró aquella sonrisa perfecta, sus perfectos caninos se mostraron aun más largos - Deseo más de ti… - Susurró contra sus labios. Mordisqueó su mentón, fue recorriendo su rostro hasta su cuello, lamiéndolo, saboreando su escénica. Sus colmillos se clavaron, no de manera profunda, sólo hizo un pequeño corte, dejando que brotara sangre de él - Delicioso - Y sus labios se pegaron a esa zona de su piel, succionando con fuerza. ¿Pedir permiso? Ni a él se lo pedía.
Se enfocó a beber de él. Su cuerpo se erizó, movió su cadera para poder estar ambos sexos a la altura. Estás mismas las movió repetidas veces, dejando que la calidez de su intimidad, que su humedad la sintiera por completo. Sintió la erección del vampiro, una bastante dura, bastante exquisita. - Lucian, demuestra lo que me extrañaste - Separó sus labios unos segundos, mostrando como el rojizo de la sangre que había probado adornaba sus dientes, sus labios, y ahora unas gotas caían por su mentón. Sus ojos se habían vuelto tan negros como la noche, Marishka no ocultaba su naturaleza, la presumía como el mejor de los regalos, y ahí en ese momento, lo estaba dejando en claro.

Marishka Marquand- Vampiro Clase Alta

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Ocupación: Caza fortunas. Molestar a su hermano y cuñada.
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