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Bonsoir, Paris! [Yuu Asakura]
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Bonsoir, Paris! [Yuu Asakura]
Recuerdo del primer mensaje :
Aquel era mi primer día en la ciudad de "l'amour". Paris, Francia. Yo nunca había estado ahí, y menos bajo aquellas condiciones, bajo aquella hórrida naturaleza que comenzaba a ceder su tortura conforme pasaban los días. Había estado en Pontoise, en Évreux, en Troyes, siempre sin mirar atrás y sin regresar a Schwyz, la ciudad donde nací. No quería volver por ahora, por ahora que estaba fingiendo mi propia muerte ante mi padre, que lidiaba el dolor de habernos perdido a mi madre y a mi casi al mismo tiempo. Yo sabía que aún le tenía odio a mi creador por habernos hecho tanto daño, el mismo que yo le tenía, con la única diferencia de que yo sí era capaz de darle caza al contrario de mi padre, quien terminaría siendo el cazado si le buscaba. Sabía que mi padre era un hombre lo suficientemente inteligente como para dejarme a mi actuar, a su pequeño y adorado ángel.
Que de ángel había perdido toda la condición.
Ahora, la ciudad del amor se abría ante mis ojos, como si se tratase de una rosa blanca, que florecía de una forma particularmente bella en invierno. La noche en que llegué a aquella ciudad nevaba lentamente. El cielo, oscurecido por la noche, con pequeños brillos como fulgores de diamantes, alumbrado por una enorme luna llena, de aquellas que son ciertamente aplastantes, parecía llorar gélidamente, derramando lágrimas lentas y congeladas en forma de copos de nieve, ciertamente hermosos. O por lo menos a mi me encantaba mirarlos de aquella dulce manera: gélidos, suaves, cálidos.
No sé por dónde llegué. No sé si era el norte, el sur, o el centro, yo sólo caminaba, intentando buscar el lugar que se me había destinado para convertirse en mis aposentos. Cargaba un portafolio en la mano derecha, en el que yo sabía que habían objetos que podrían terminar incluso con mi propia vida. Me habían dicho que yo usara mis propias técnicas, mas aquello me hacía lucir más humano, más mortal. Más normal. En ese momento eso era lo que menos me importaba realmente. Caminaba lentamente, vestido con un abrigo grueso, negro, que ocultaba mi ropa bajo él. Sólo podían verse mis pantalones negros, mis zapatos de hebillas y mi rostro que regalaba sonrisas por debajo de una especie de boina negra. Mis manos, desnudas, se movían conforme a mi caminar, dándome cuenta que yo era incluso más gélido que la nieve, sintiendo una especie de terror que me llenó de éxtasis al mismo tiempo.
Vida eterna, un dolor que no existía.
Quería darle caza a mi creador, ese era mi único objetivo en la vida.
Mi rostro llamaba bastante la atención, y me di cuenta por la forma en la que me miraban los borrachitos que tomaban afuera de las tabernas. Incluso por la forma en la que me miraban los mendigos, las cortesanas. Además mi rostro era nuevo, y al ser decorado de la forma angelical en la que yo podía mirarme al espejo era evidente que atraería la atención. Mas ello me era increíblemente incómodo, así que terminé por sacar una bufanda, cubriendo mi rostro con ella, cual humano común y corriente que desea calentar el aire que respira.
Me detuve en una calle que me pareció hermosa. Supe que estaba cerca del centro de la ciudad o aquello me parecía por la cantidad de gente que pasaba, por la cantidad de mendigos y criaturas que habían por allí. Sonreí, para hacer una reverencia al aire y seguir con mi camino, con un único pensamiento en mi mente:
"Bonsoir, Paris..."
Cierto era que mi francés no era bueno, pero sabía hablar otros idiomas. Además, supuestamente estudiaría algo en esta ciudad, así que era como un nuevo regalo al inmortal recién nacido, de quien sus palabras no tenían nada de poético ni hermoso, como el resto de los inmortales. Aunque yo sólo conocía a uno, y era a quien yo quería ver muerto. Y muerto por mis propias manos, no iba a permitir que nadie más lo hiciera por mi.
Miré los faroles, dando un lánguido y triste suspiro, para sentarme en la acera, al lado de un farol. Había llegado a la sede de mi nuevo trabajo, un trabajo que en la vida se me hubiese ocurrido que yo tendría. Pero ahí estaba, y de una forma muy extraña, me sentía muy feliz. Pero aquella felicidad en mi estado de estupor se vio interrumpida por una figura que se acercaba a mi. Podía escuchar los pasos de aquel o aquella, mas no levanté la mirada para mirarle. Bien, aquella era mi bienvenida a Paris. La bienvenida de uno de los inmortales más jovenes...
Que de ángel había perdido toda la condición.
Ahora, la ciudad del amor se abría ante mis ojos, como si se tratase de una rosa blanca, que florecía de una forma particularmente bella en invierno. La noche en que llegué a aquella ciudad nevaba lentamente. El cielo, oscurecido por la noche, con pequeños brillos como fulgores de diamantes, alumbrado por una enorme luna llena, de aquellas que son ciertamente aplastantes, parecía llorar gélidamente, derramando lágrimas lentas y congeladas en forma de copos de nieve, ciertamente hermosos. O por lo menos a mi me encantaba mirarlos de aquella dulce manera: gélidos, suaves, cálidos.
No sé por dónde llegué. No sé si era el norte, el sur, o el centro, yo sólo caminaba, intentando buscar el lugar que se me había destinado para convertirse en mis aposentos. Cargaba un portafolio en la mano derecha, en el que yo sabía que habían objetos que podrían terminar incluso con mi propia vida. Me habían dicho que yo usara mis propias técnicas, mas aquello me hacía lucir más humano, más mortal. Más normal. En ese momento eso era lo que menos me importaba realmente. Caminaba lentamente, vestido con un abrigo grueso, negro, que ocultaba mi ropa bajo él. Sólo podían verse mis pantalones negros, mis zapatos de hebillas y mi rostro que regalaba sonrisas por debajo de una especie de boina negra. Mis manos, desnudas, se movían conforme a mi caminar, dándome cuenta que yo era incluso más gélido que la nieve, sintiendo una especie de terror que me llenó de éxtasis al mismo tiempo.
Vida eterna, un dolor que no existía.
Quería darle caza a mi creador, ese era mi único objetivo en la vida.
Mi rostro llamaba bastante la atención, y me di cuenta por la forma en la que me miraban los borrachitos que tomaban afuera de las tabernas. Incluso por la forma en la que me miraban los mendigos, las cortesanas. Además mi rostro era nuevo, y al ser decorado de la forma angelical en la que yo podía mirarme al espejo era evidente que atraería la atención. Mas ello me era increíblemente incómodo, así que terminé por sacar una bufanda, cubriendo mi rostro con ella, cual humano común y corriente que desea calentar el aire que respira.
Me detuve en una calle que me pareció hermosa. Supe que estaba cerca del centro de la ciudad o aquello me parecía por la cantidad de gente que pasaba, por la cantidad de mendigos y criaturas que habían por allí. Sonreí, para hacer una reverencia al aire y seguir con mi camino, con un único pensamiento en mi mente:
"Bonsoir, Paris..."
Cierto era que mi francés no era bueno, pero sabía hablar otros idiomas. Además, supuestamente estudiaría algo en esta ciudad, así que era como un nuevo regalo al inmortal recién nacido, de quien sus palabras no tenían nada de poético ni hermoso, como el resto de los inmortales. Aunque yo sólo conocía a uno, y era a quien yo quería ver muerto. Y muerto por mis propias manos, no iba a permitir que nadie más lo hiciera por mi.
Miré los faroles, dando un lánguido y triste suspiro, para sentarme en la acera, al lado de un farol. Había llegado a la sede de mi nuevo trabajo, un trabajo que en la vida se me hubiese ocurrido que yo tendría. Pero ahí estaba, y de una forma muy extraña, me sentía muy feliz. Pero aquella felicidad en mi estado de estupor se vio interrumpida por una figura que se acercaba a mi. Podía escuchar los pasos de aquel o aquella, mas no levanté la mirada para mirarle. Bien, aquella era mi bienvenida a Paris. La bienvenida de uno de los inmortales más jovenes...

Keiji D'Albère- Condenado/Vampiro/Clase Media

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Fecha de inscripción: 18/01/2012
DATOS DEL PERSONAJE
Orientación Sexual: Homosexual
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Ocupación: Inquisidor, estudiante y paseante.
Re: Bonsoir, Paris! [Yuu Asakura]
Mis ojos no creían ver lo que pasaba en frente mía. Era curioso, así que yo también me puse a su altura para mantener mi mirada fija en él. Sonreí y puse una mano en la cabeza de Keiji para después ir acariciándosela con cierta lentitud-...Keiji...solamente noté cierta tensión en el aire y entonces vi a ese hombre mirarnos fijamente...-Le mire, mis manos fueron a cogerle del mentón para esta vez acercarle y posar mis labios sobre su frente, entonces mis manos fueron a acariciar parte de su mejilla pálida-Keiji...levanta, vas a congelarte-Dije porque seguramente estaría congelándose, no sabía porque aquella manera de sentarse, pero de cualquier modo, le cogí de las manos y tire con fuerza hacia arriba a la vez que nos incorporábamos y yo le acogía entre mis brazos.
-Keiji...Hoy el destino ha hecho que nos conozcamos....pero yo decido si te protejo o no y lo que decido es protegerte contra todo mal que haya porque, eres mi amigo...-mire sus ojos marrones fijamente, sin perderme detalle de ellos. Pude ver alguna que otra lágrima el cual yo mismo se las limpie con cada beso que le daba para limpiárselas-...o quizás algo más, pero por mi intuición no puedo dejarte solo....y más aun con la oportunidad de conocerte mejor....-Sonreía ampliamente para que viera la ira que tenia por dentro. Alguien acosaba a Keiji, era incluso menor que yo o eso parecía, lo que si es que iba a matar hasta la muerte a quien osase tocar a Keiji. Conforme fui pensando para mí mismo, fui sujetando por la cintura a Keiji con fuerza, le rodee con los brazos por encima de los hombros y por alrededor de su cintura para apegarlo a mí con cierta insistencia.
No se por cuánto tiempo estuve así, abrazado a Keiji bajo la espesa nieve que se amontonaba sobre nuestras cabezas. Eche mi cabeza a un lado para estornudar varias veces y enseguida fui separándome de Keiji para volver a estornudar tres o cuatro veces. Me limpie con un pañuelo que saque de mi bolsillo y después volví a guardarlo para estar mejor y nuevamente cerca de Keiji-Vamos a algún sitio ¿Si? Me estoy helando aquí bajo la nieve....-Sonreí para enseñarle que no estaba enfadado ni mucho menos molesto con su presencia, pero en realidad necesitaba un café caliente o algo para calentar mi cuerpo por dentro. Enseguida le cogí de la mano, parecía yo un ser mandatorio que llevaba de la mano a su pequeño por la calle. Seria tarde en la noche, no sé qué hora era y de algún modo comencé de nuevo a estornudar tres veces. Vaya, pues si que hacia frio.
-Keiji...-le apreté la mano, parecía distraído pues no me había mirado en todo lo que llevábamos de camino-¿Ocurre algo?...-Me pare de nuevo frente a Keiji justo enfrente de una perfumería que al parecer estaría a punto de abrir pues las cintas de obra aun estaban puestas y la tienda por dentro se veía recién puesta. Me quede esperando hasta que ya no aguante mas y me lancé a besarle los labios con cierta ternura, acorralándolo contra la pared y rodeando su cintura con ciertas ganas de tenerlo contra mi nuevamente-Keiji D’Albere....-le susurre en el oído su nombre al mismo tono que el siseo de una serpiente-...confía....en mi...-Dije con una voz que sonaba como el terciopelo, mire a Keiji y la sonrisa suave volvía a aparecer en mi rostro-...¿sí?-Termine en pregunta porque tenía ganas de ver su respuesta, me aleje un poco de él para que tuviese su espacio para no terminar por agobiarle. Esperaba y esperaba. Quería una respuesta.
-Keiji...Hoy el destino ha hecho que nos conozcamos....pero yo decido si te protejo o no y lo que decido es protegerte contra todo mal que haya porque, eres mi amigo...-mire sus ojos marrones fijamente, sin perderme detalle de ellos. Pude ver alguna que otra lágrima el cual yo mismo se las limpie con cada beso que le daba para limpiárselas-...o quizás algo más, pero por mi intuición no puedo dejarte solo....y más aun con la oportunidad de conocerte mejor....-Sonreía ampliamente para que viera la ira que tenia por dentro. Alguien acosaba a Keiji, era incluso menor que yo o eso parecía, lo que si es que iba a matar hasta la muerte a quien osase tocar a Keiji. Conforme fui pensando para mí mismo, fui sujetando por la cintura a Keiji con fuerza, le rodee con los brazos por encima de los hombros y por alrededor de su cintura para apegarlo a mí con cierta insistencia.
No se por cuánto tiempo estuve así, abrazado a Keiji bajo la espesa nieve que se amontonaba sobre nuestras cabezas. Eche mi cabeza a un lado para estornudar varias veces y enseguida fui separándome de Keiji para volver a estornudar tres o cuatro veces. Me limpie con un pañuelo que saque de mi bolsillo y después volví a guardarlo para estar mejor y nuevamente cerca de Keiji-Vamos a algún sitio ¿Si? Me estoy helando aquí bajo la nieve....-Sonreí para enseñarle que no estaba enfadado ni mucho menos molesto con su presencia, pero en realidad necesitaba un café caliente o algo para calentar mi cuerpo por dentro. Enseguida le cogí de la mano, parecía yo un ser mandatorio que llevaba de la mano a su pequeño por la calle. Seria tarde en la noche, no sé qué hora era y de algún modo comencé de nuevo a estornudar tres veces. Vaya, pues si que hacia frio.
-Keiji...-le apreté la mano, parecía distraído pues no me había mirado en todo lo que llevábamos de camino-¿Ocurre algo?...-Me pare de nuevo frente a Keiji justo enfrente de una perfumería que al parecer estaría a punto de abrir pues las cintas de obra aun estaban puestas y la tienda por dentro se veía recién puesta. Me quede esperando hasta que ya no aguante mas y me lancé a besarle los labios con cierta ternura, acorralándolo contra la pared y rodeando su cintura con ciertas ganas de tenerlo contra mi nuevamente-Keiji D’Albere....-le susurre en el oído su nombre al mismo tono que el siseo de una serpiente-...confía....en mi...-Dije con una voz que sonaba como el terciopelo, mire a Keiji y la sonrisa suave volvía a aparecer en mi rostro-...¿sí?-Termine en pregunta porque tenía ganas de ver su respuesta, me aleje un poco de él para que tuviese su espacio para no terminar por agobiarle. Esperaba y esperaba. Quería una respuesta.

Yuu Asakura- Brujo(a) Clase Alta

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Fecha de inscripción: 23/12/2011
DATOS DEL PERSONAJE
Orientación Sexual: Bisexual
Pareja Actual: Keiji D'Albere
Ocupación: Escapar de casa (?)
Re: Bonsoir, Paris! [Yuu Asakura]
Cerré mis ojos al sentir el beso sobre mi frente, para rodearlo con mi cuerpo y escuchar aquello. El escucharlo que me protegería, el que yo era su amigo, alzando mi mirada ruborizándome un poco al encontrarme con sus ojos. Le observé detalladamente, sintiendo que las lágrimas tan normales en mi caían como pequeñas bolitas de cristal sobre mi rostro liso, mirándole a él besarlas con sus labios rosados y suaves, tan cálidos como él y como su pecho . Yo tampoco le iba a dejar solo, y es que él había dado justo en lo adecuado: no le iba a abandonar teniendo la oportunidad de conocerlo a fondo, de tener a alguien conmigo que no me hiciera daño. Le rodeé con mis brazos fuertemente, mirándolo, aguantandome las lágrimas que aún querían fluir por mi rostro, y viendome cada vez más cerca de él. Así estuvimos un rato hasta que le vi estornudar, para quitarme el abrigo y colocárselo en sus hombros, cubriéndolo a él y limpiando sus cabellos oscuros, dejando el hermoso rostro descubierto.
-Lo necesitáis más que yo- susurré, abrochándole mi abrigo y quedándome yo en una simple camisa blanca de olanes que delataba por completo lo pequeño que era mi cuerpo y mi delgada complexión. Tomé su mano, dejándolo que estornudase y dándole mi pañuelo, uno que traía siempre entre mis ropas. Era un pañuelito de seda, bordado con mis iniciales, para mirarlo y seguir caminando, poniendo atención a todo lo que se me cruzaba. Parecía un pequeño niño perdido en la gran ciudad, en la ciudad de l'amour a la que yo le acababa de decir hola, y por supuesto no conocía.
Fue cuando nos detuvimos, él mirándome, yo mirándolo a él. Le sonreí, negando con la cabeza. Miré al fondo de la calle, como indicando que el lugar era genial y me gustaba, y de pronto sólo lo sentí sobre mis labios, acorralándome, llevándome a la pared, haciéndome estremecer bastante y haciéndome ruborizar como loco. Yo no me detuve tampoco, y terminé rodeándole con los brazos, atrayéndole más hacia mi y besando esos labios rosados, que parecían teñidos con un pincel. El estremecimiento aumentó cuando escuché mi nombre en sus labios, como un ángel que intentaba seducirme y que lo estaba logrando bastante bien, haciéndome aguanieve entre sus brazos.
-Yuu Asakura...-susurré, para besar su cálido y tierno oído, suave como la seda, como mi pañuelo bordado. Le miré, le miré separarse, y no pude tener otra respuesta. Simplemente, era lo que me estaba pasando.
Confiaba en él.
-¡Sí! -sonreí, saltando, cual pequeño a sus brazos, haciendo coincidir mis labios en los suyos. -Confío en ti- fue lo único que dije, para volver a tomar su mano, entrelazando mis dedos con los suyos y mirándolo. Era mi forma de preguntarle si quería ir a casa, y es que mi francés ya no estaba sirviendo de mucho. Ahora era cuando se me había olvidado cómo decir aquello, así que mi rostro ayudaría más. Miré sus dedos lisos, cálidos, entre mis manos heladas, y por un momento me sentí muy triste. Me sentí muerto entre sus brazos, en sus manos, me sentí incapaz de todo, pero al alzar mi mirada y ver sus ojos, me di cuenta que no era así.
Me di cuenta que mi ilusión estaba creciendo aunque le acababa de conocer, y por alguna razón no me asustó. Le sonreí gentilmente, para volver a llevar mis carnosos labios a los de él, jalándolo para que caminásemos hacia donde le había encontrado. -¿Vos confiarás en mi?-pregunté, caminando lentamente, dándole a él también mi bufanda. Yo no sentía casi frío, después de todo.
-Lo necesitáis más que yo- susurré, abrochándole mi abrigo y quedándome yo en una simple camisa blanca de olanes que delataba por completo lo pequeño que era mi cuerpo y mi delgada complexión. Tomé su mano, dejándolo que estornudase y dándole mi pañuelo, uno que traía siempre entre mis ropas. Era un pañuelito de seda, bordado con mis iniciales, para mirarlo y seguir caminando, poniendo atención a todo lo que se me cruzaba. Parecía un pequeño niño perdido en la gran ciudad, en la ciudad de l'amour a la que yo le acababa de decir hola, y por supuesto no conocía.
Fue cuando nos detuvimos, él mirándome, yo mirándolo a él. Le sonreí, negando con la cabeza. Miré al fondo de la calle, como indicando que el lugar era genial y me gustaba, y de pronto sólo lo sentí sobre mis labios, acorralándome, llevándome a la pared, haciéndome estremecer bastante y haciéndome ruborizar como loco. Yo no me detuve tampoco, y terminé rodeándole con los brazos, atrayéndole más hacia mi y besando esos labios rosados, que parecían teñidos con un pincel. El estremecimiento aumentó cuando escuché mi nombre en sus labios, como un ángel que intentaba seducirme y que lo estaba logrando bastante bien, haciéndome aguanieve entre sus brazos.
-Yuu Asakura...-susurré, para besar su cálido y tierno oído, suave como la seda, como mi pañuelo bordado. Le miré, le miré separarse, y no pude tener otra respuesta. Simplemente, era lo que me estaba pasando.
Confiaba en él.
-¡Sí! -sonreí, saltando, cual pequeño a sus brazos, haciendo coincidir mis labios en los suyos. -Confío en ti- fue lo único que dije, para volver a tomar su mano, entrelazando mis dedos con los suyos y mirándolo. Era mi forma de preguntarle si quería ir a casa, y es que mi francés ya no estaba sirviendo de mucho. Ahora era cuando se me había olvidado cómo decir aquello, así que mi rostro ayudaría más. Miré sus dedos lisos, cálidos, entre mis manos heladas, y por un momento me sentí muy triste. Me sentí muerto entre sus brazos, en sus manos, me sentí incapaz de todo, pero al alzar mi mirada y ver sus ojos, me di cuenta que no era así.
Me di cuenta que mi ilusión estaba creciendo aunque le acababa de conocer, y por alguna razón no me asustó. Le sonreí gentilmente, para volver a llevar mis carnosos labios a los de él, jalándolo para que caminásemos hacia donde le había encontrado. -¿Vos confiarás en mi?-pregunté, caminando lentamente, dándole a él también mi bufanda. Yo no sentía casi frío, después de todo.

Keiji D'Albère- Condenado/Vampiro/Clase Media

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Re: Bonsoir, Paris! [Yuu Asakura]
Parecía un sueño. Tenía un amigo y que amigo. Asentí con ganas, mirándole a la cara con una sonrisa más amplia que las muchas que he tenido. Entrelazada mi mano la tenía con la de Keiji para ahora jalarle hacia mí y rodearle con ese mismo brazo la cintura de Keiji, sujetándole contra mí. Estaba siendo muy amable conmigo, me había ofrecido su abrigo porque había estornudado, también su pañuelo y ahora me llevaba y nos parábamos en donde nos habíamos conocido.
De cualquier manera estábamos solos en la calle, la nieve había parado de caer en el ambiente parisino, aquella que se decía que era la más romántica por predilección. Y el silencio en la noche era notorio. Silencio que a veces era una buena sintonía para mis oídos cuando dormía plácidamente en una cama. ¿Dormiría con Keiji alguna vez? Me acercaba a él, hasta que mis labios estaban casi cerca de los suyos cuando de repente un olor a quemado vino a mi nariz a modo de alarma.
Levanté mi mirada hacia donde olía aquel aroma a leña quemada, fruncí el ceño para saber que estaba pasando pero enseguida vi a gente con una antorcha en la mano, gente con ropas negras y bastantes elegantes, como si fueran los caballeros negros de una muerte. Pude ver que llevaban atrás una hilera de tres mujeres, de clase baja y con la mirada perdida y llenas de moratones por todo el cuerpo. Abracé mas a Keiji contra mi pecho y lo lleve con paso acelerado, pero procurando mantener una sonrisa hasta que nos metimos en una cafetería. Vaya, era la misma que la de antes.
Mi corazón había latido apresuradamente. Era lógico que aquellas personas con las antorchas, fueran esa clase de gente a las que llamaban “cazadores” o “inquisidores” Aquellas ropas solo eran vestidas por esa clase de gente y a estas horas con antorchas...solo significaba exactamente lo que había pasado de mi mente. Cazadores. Brujas llevadas a la hoguera. El mal en cuanto a mí respecta.
Ahora entendía cuando Eiji me decía que no debía salir a la calle. Porque podría convertirme en ceniza instantáneamente. Había leído muchísimo sobre esa especie de gente obsesionada con matar. Sacudí mi cabeza un poco mal pues ahora volvía al sitio en donde nos habíamos sentado. Seguía libre, menos mal y estaba apartado-Keiji....sentémonos...-Dije intranquilo, cogiendo de la mano a Keiji y llevándolo a la mesa. Vamos a pasar desapercibidos para el ojo humano. Vamos a ser sombras en esa cafetería para poder escapar de esa gente.
De cualquier manera estábamos solos en la calle, la nieve había parado de caer en el ambiente parisino, aquella que se decía que era la más romántica por predilección. Y el silencio en la noche era notorio. Silencio que a veces era una buena sintonía para mis oídos cuando dormía plácidamente en una cama. ¿Dormiría con Keiji alguna vez? Me acercaba a él, hasta que mis labios estaban casi cerca de los suyos cuando de repente un olor a quemado vino a mi nariz a modo de alarma.
Levanté mi mirada hacia donde olía aquel aroma a leña quemada, fruncí el ceño para saber que estaba pasando pero enseguida vi a gente con una antorcha en la mano, gente con ropas negras y bastantes elegantes, como si fueran los caballeros negros de una muerte. Pude ver que llevaban atrás una hilera de tres mujeres, de clase baja y con la mirada perdida y llenas de moratones por todo el cuerpo. Abracé mas a Keiji contra mi pecho y lo lleve con paso acelerado, pero procurando mantener una sonrisa hasta que nos metimos en una cafetería. Vaya, era la misma que la de antes.
Mi corazón había latido apresuradamente. Era lógico que aquellas personas con las antorchas, fueran esa clase de gente a las que llamaban “cazadores” o “inquisidores” Aquellas ropas solo eran vestidas por esa clase de gente y a estas horas con antorchas...solo significaba exactamente lo que había pasado de mi mente. Cazadores. Brujas llevadas a la hoguera. El mal en cuanto a mí respecta.
Ahora entendía cuando Eiji me decía que no debía salir a la calle. Porque podría convertirme en ceniza instantáneamente. Había leído muchísimo sobre esa especie de gente obsesionada con matar. Sacudí mi cabeza un poco mal pues ahora volvía al sitio en donde nos habíamos sentado. Seguía libre, menos mal y estaba apartado-Keiji....sentémonos...-Dije intranquilo, cogiendo de la mano a Keiji y llevándolo a la mesa. Vamos a pasar desapercibidos para el ojo humano. Vamos a ser sombras en esa cafetería para poder escapar de esa gente.

Yuu Asakura- Brujo(a) Clase Alta

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Re: Bonsoir, Paris! [Yuu Asakura]
Sus ojos se habían fijado en los míos, sonriéndome ampliamente y haciéndome morir de atracción por él. Le había yo respondido aquella hermosa sonrisa, sintiendocómo me atraía hacia él con sus brazos, sintiendo su respiración cálida de nuevo en mi rostro. Él era mi primer amigo en París, y vaya que me gustaba su amistad. Me ruboricé al sentir la cercanía de su cuerpo al mío, parándome de puntillas para alcanzarle mejor. Era bastante más alto que yo, y eso me gustaba en demasía. Y me di cuenta que estaba comenzando a pensar demasiado, pensando en que quizá algún día él y yo dormiríamos juntos, yo sobre su pecho, o quizá él sobre el mío, abrazándonos y...
Sentí sus labios cerca de los míos, casi rozándose, a la mitad del silencio parisiense. El silencio de la noche, con lo frío de esa noche de invierno que resultaba ser romántica en exceso, aunque aquel fuese un sentimiento nuevo para mi. Después de todo, Gerôme había sido la única persona en mi vida, y el sentirme de esa forma con alguien más me era muy diferente, extraño, pero a la vez increíblemente especial. Sumamente lindo, increíble, maravilloso. Estiré mis labios a él, soltando un suspiro, para sentirlo inmediatamente separarse de mi. Estaba tan metido en mis pensamientos, que ni siquiera me había dado cuenta de los inquisidores. Miré a las personas aquellas, sintiendo frío todo mi cuerpo. Sabía que me identificarían como uno, y que me tendría que reunir con ellos para presenciar la ejecución de las mujeres, e incluso, terminar con su vida. Y aquello me aterraba, y más el que me tuviese que mostrar ante mi nuevo amigo de aquella forma. Accedí a entrelazar mis dedos entre los suyos, dejándome llevar por él, siguiéndolo asustado. Me sentía bastante asustado de percibir el olor a madera quemada, pareciendo que era por la situación. Si de por sí era pálido, creo que mi rostro palideció aún más, apretando las manos de Yuu. Me oculté en el ser extranjero, sentándome a su lado en la cafetería en la que habíamos estado antes, sin soltar sus manos.
-¿Qué es eso...?-pregunté, asustado, mirando fijamente a Yuu. Acariciaba sus dedos, sintiéndome con ganas de llorar, con un nudo gigante en mi garganta. Yo no quería quitar la vida de nadie. Sólo la de Gerôme. Yo no quería ejecutar a nadie, y menos por creencias estúpidas. Permanecía aferrado a los dedos de Yuu, sin dejar de mirarlo, con un semblante tan intranquilo como el de él. Nuevamente me había perdido en mis pensamientos, para percatarme apenas que él mismo tenía una carita triste.
Bajé la mirada, apretando sus dedos.
-Me dan miedo...-susurré, queriéndome ocultar de todos, de todo. La gente comenzaba a arremolinarse en las calles, haciéndome sentir aún más intranquilo.
Sentí sus labios cerca de los míos, casi rozándose, a la mitad del silencio parisiense. El silencio de la noche, con lo frío de esa noche de invierno que resultaba ser romántica en exceso, aunque aquel fuese un sentimiento nuevo para mi. Después de todo, Gerôme había sido la única persona en mi vida, y el sentirme de esa forma con alguien más me era muy diferente, extraño, pero a la vez increíblemente especial. Sumamente lindo, increíble, maravilloso. Estiré mis labios a él, soltando un suspiro, para sentirlo inmediatamente separarse de mi. Estaba tan metido en mis pensamientos, que ni siquiera me había dado cuenta de los inquisidores. Miré a las personas aquellas, sintiendo frío todo mi cuerpo. Sabía que me identificarían como uno, y que me tendría que reunir con ellos para presenciar la ejecución de las mujeres, e incluso, terminar con su vida. Y aquello me aterraba, y más el que me tuviese que mostrar ante mi nuevo amigo de aquella forma. Accedí a entrelazar mis dedos entre los suyos, dejándome llevar por él, siguiéndolo asustado. Me sentía bastante asustado de percibir el olor a madera quemada, pareciendo que era por la situación. Si de por sí era pálido, creo que mi rostro palideció aún más, apretando las manos de Yuu. Me oculté en el ser extranjero, sentándome a su lado en la cafetería en la que habíamos estado antes, sin soltar sus manos.
-¿Qué es eso...?-pregunté, asustado, mirando fijamente a Yuu. Acariciaba sus dedos, sintiéndome con ganas de llorar, con un nudo gigante en mi garganta. Yo no quería quitar la vida de nadie. Sólo la de Gerôme. Yo no quería ejecutar a nadie, y menos por creencias estúpidas. Permanecía aferrado a los dedos de Yuu, sin dejar de mirarlo, con un semblante tan intranquilo como el de él. Nuevamente me había perdido en mis pensamientos, para percatarme apenas que él mismo tenía una carita triste.
Bajé la mirada, apretando sus dedos.
-Me dan miedo...-susurré, queriéndome ocultar de todos, de todo. La gente comenzaba a arremolinarse en las calles, haciéndome sentir aún más intranquilo.

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Re: Bonsoir, Paris! [Yuu Asakura]
Miré sentado en la silla de la cafetería hacia atrás.
-Inquisidores....-Dije a quien quisiera responder o a contradecir lo que dije. El agua, aprendí que tenía muchos caminos, que llevaba a varios destinos. La nieve, había traído la próxima ceniza que podría venir de aquellas mujeres que iban con aquellos inquisidores. Yo desde luego tendría que vigilar mis acciones si no podrían atraparme, pero con los que éramos en el clan Asakura, podría ser imposible atraparnos. Bueno. No lo sabía al cien por cien. Mire a las manos de Keiji que todavía me mantenían sujeto a él y lentamente las lleve a mis labios para poder besárselas con lentitud, le mire a los ojos para regalarle una sonrisa, intentando que pareciera tranquila.
-...No te preocupes, ya parece que se fueron para después no pasar por aquí...-dije acariciando pues la mano de Keiji con suavidad, dándole ánimos de que ya lo malo había pasado, le bese rápidamente en sus labios, pero después sonreí, tranquilizándome y me acerque más con la silla para mirarle a los ojos, estando más cerca que pudiera estar de el-¿Qué te gustaría tomar Keiji?-Dije con cierto aire, ya despreocupado de lo ocurrido, pero con el oído en la puerta o lo que pasara atrás en la calle.
El lugar parecía estar abierto, había cada vez más clientes que iban acompañados de varias mujeres que iban zigzagueando de un lado a otro, una se choco con mi espalda, para después hacerme recordar de cuál era mi cometido con mi Clan o con mi familia. Descendencia. No me gustaba esa palabra y de nuevo tuvo que soltar las manos de Keiji para poder apoyar los codos sobre la mesa y revolver mi pelo a modo de que no sabía qué hacer al respecto. Bien, podría decírselo, pero quizás más aun, más adelante, cuando hubiera más cosas de la que hablar primero-Keiji...-le mire y entonces sonreí ligeramente para acariciarle ambas mejillas con mis dos manos.
- Mira, no pasa nada...es que tengo muchas cosas en la cabeza, la familia, mi...Estado natural...-mire a Keiji y enseguida una mujer que andaba borracha, alejo la silla para sacarla de la mesa y sentarse sobre mis piernas, a horcajadas y yo mas asustado que viendo a Eiji enfadado-..¡¡¿Señorita?!!-Pregunte asustado, mira a Keiji-¡Keiji...por favor...ayuda!-intentaba quitar a la mujer de encima, para después que se apegase su olor a alcohol y a libido subido.
¡No! ¡Socorro!
-Inquisidores....-Dije a quien quisiera responder o a contradecir lo que dije. El agua, aprendí que tenía muchos caminos, que llevaba a varios destinos. La nieve, había traído la próxima ceniza que podría venir de aquellas mujeres que iban con aquellos inquisidores. Yo desde luego tendría que vigilar mis acciones si no podrían atraparme, pero con los que éramos en el clan Asakura, podría ser imposible atraparnos. Bueno. No lo sabía al cien por cien. Mire a las manos de Keiji que todavía me mantenían sujeto a él y lentamente las lleve a mis labios para poder besárselas con lentitud, le mire a los ojos para regalarle una sonrisa, intentando que pareciera tranquila.
-...No te preocupes, ya parece que se fueron para después no pasar por aquí...-dije acariciando pues la mano de Keiji con suavidad, dándole ánimos de que ya lo malo había pasado, le bese rápidamente en sus labios, pero después sonreí, tranquilizándome y me acerque más con la silla para mirarle a los ojos, estando más cerca que pudiera estar de el-¿Qué te gustaría tomar Keiji?-Dije con cierto aire, ya despreocupado de lo ocurrido, pero con el oído en la puerta o lo que pasara atrás en la calle.
El lugar parecía estar abierto, había cada vez más clientes que iban acompañados de varias mujeres que iban zigzagueando de un lado a otro, una se choco con mi espalda, para después hacerme recordar de cuál era mi cometido con mi Clan o con mi familia. Descendencia. No me gustaba esa palabra y de nuevo tuvo que soltar las manos de Keiji para poder apoyar los codos sobre la mesa y revolver mi pelo a modo de que no sabía qué hacer al respecto. Bien, podría decírselo, pero quizás más aun, más adelante, cuando hubiera más cosas de la que hablar primero-Keiji...-le mire y entonces sonreí ligeramente para acariciarle ambas mejillas con mis dos manos.
- Mira, no pasa nada...es que tengo muchas cosas en la cabeza, la familia, mi...Estado natural...-mire a Keiji y enseguida una mujer que andaba borracha, alejo la silla para sacarla de la mesa y sentarse sobre mis piernas, a horcajadas y yo mas asustado que viendo a Eiji enfadado-..¡¡¿Señorita?!!-Pregunte asustado, mira a Keiji-¡Keiji...por favor...ayuda!-intentaba quitar a la mujer de encima, para después que se apegase su olor a alcohol y a libido subido.
¡No! ¡Socorro!

Yuu Asakura- Brujo(a) Clase Alta

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Puntos: 49
Reputación: 2
Fecha de inscripción: 23/12/2011
DATOS DEL PERSONAJE
Orientación Sexual: Bisexual
Pareja Actual: Keiji D'Albere
Ocupación: Escapar de casa (?)
Re: Bonsoir, Paris! [Yuu Asakura]
Sinceramente, a mi lo de los inquisidores me tenía sin cuidado. A mi no me harían daño, porque yo mismo era uno, pero lo que me perturbaba un poco era que me reconocieran y me hiciesen ir a por las damas, ayudando a torturarles, y dándome de beber con su sangre. Claro que no bebía yo la sangre de aquellos que iban contra la Iglesia, me aturdía. A mi me gustaba mucho la sangre de los enamorados, de los que esperaban al amor de su vida... Eso era dulzura. Pero el ver al hermoso frente a mi tan nervioso me causaba algo en el estómago, con ganas de protegerlo, de llevármelo a...
...a donde nadie pudiese hacerle daño, y creí que era una buena idea. Después de los nervios, correspondí a sus manos y a sus besos suaves, regalándole caricias en las mejillas y suaves besos en sus labios de una forma dulce, que con una sonrisa, decían que todo iba a estar bien, aunque ni yo mismo sabía nada de ello.
-Espero que ya no pasen, Yuu... -sonreí, para señalar una taza- Un café normal- susurré, para llamar a la camarera, y pedir mi orden junto con lo que Yuu pensase tomar. Yo pensaba pagarlo.
Le miré distraerse con las chicas, y no es que yo no me distrajera con ellas, es que simplemente yo no sabía lo que era una chica, y claro está, sentía un poco de... repulsión a ellas. Pero se movían tan graciosamente que yo mismo terminé por girar la cabeza, mirándolas como un estúpido a las piernas largas y a los pechos que yo no tenía, que sólo había visto en mi madre. Me resultaba extrañamente atractivo y aquello comenzaba a asustarme. pero no presté demasiada atención. Cuando vi a Yuu, me salió una sonrisa involuntaria, y es que quizá era una de las personas más hermosas que había visto en mi vida, y aunque me sentía como un verdadero pedófilo, quería besarlo, apapacharlo y llenarlo de dulzura, diciéndole que todo estaría bien.
Todo comenzaba a tranquilizarse hasta lo de su estado natural. Iba yo a preguntar de eso cuando vi a una mujer totalmente ebria sobre él. Me sentí tan... enojado, que sólo pude levantarme y alzar a la susodicha con una mano. Ni siquiera la miré, sólo sé que aunque quizo abrazarme, no lo logró. Le mantenía arriba, aún cegado por mi coraje y con aquel instinto vampírico, le llevé a su mesa.
-Déjalo en paz- fue lo único que salió de mis labios. Y aún así, enojado, tomé a Yuu de la mano con suavidad, sin herirlo, para salir de nuevo de la cafetería.
-Vámonos, ¿si?- fue lo único que después pude decir, medio atontado y medio enojado, sin saber por qué. Vale, me gustaba Yuu, pero estaba actuando como un loco, como si fuese mi pareja, como si yo ...
...Como si yo lo fuese a proteger de todo y de todos, y es que eso planeaba... ¿Qué más daba que tuviera novia, que tuviera familia?
...a donde nadie pudiese hacerle daño, y creí que era una buena idea. Después de los nervios, correspondí a sus manos y a sus besos suaves, regalándole caricias en las mejillas y suaves besos en sus labios de una forma dulce, que con una sonrisa, decían que todo iba a estar bien, aunque ni yo mismo sabía nada de ello.
-Espero que ya no pasen, Yuu... -sonreí, para señalar una taza- Un café normal- susurré, para llamar a la camarera, y pedir mi orden junto con lo que Yuu pensase tomar. Yo pensaba pagarlo.
Le miré distraerse con las chicas, y no es que yo no me distrajera con ellas, es que simplemente yo no sabía lo que era una chica, y claro está, sentía un poco de... repulsión a ellas. Pero se movían tan graciosamente que yo mismo terminé por girar la cabeza, mirándolas como un estúpido a las piernas largas y a los pechos que yo no tenía, que sólo había visto en mi madre. Me resultaba extrañamente atractivo y aquello comenzaba a asustarme. pero no presté demasiada atención. Cuando vi a Yuu, me salió una sonrisa involuntaria, y es que quizá era una de las personas más hermosas que había visto en mi vida, y aunque me sentía como un verdadero pedófilo, quería besarlo, apapacharlo y llenarlo de dulzura, diciéndole que todo estaría bien.
Todo comenzaba a tranquilizarse hasta lo de su estado natural. Iba yo a preguntar de eso cuando vi a una mujer totalmente ebria sobre él. Me sentí tan... enojado, que sólo pude levantarme y alzar a la susodicha con una mano. Ni siquiera la miré, sólo sé que aunque quizo abrazarme, no lo logró. Le mantenía arriba, aún cegado por mi coraje y con aquel instinto vampírico, le llevé a su mesa.
-Déjalo en paz- fue lo único que salió de mis labios. Y aún así, enojado, tomé a Yuu de la mano con suavidad, sin herirlo, para salir de nuevo de la cafetería.
-Vámonos, ¿si?- fue lo único que después pude decir, medio atontado y medio enojado, sin saber por qué. Vale, me gustaba Yuu, pero estaba actuando como un loco, como si fuese mi pareja, como si yo ...
...Como si yo lo fuese a proteger de todo y de todos, y es que eso planeaba... ¿Qué más daba que tuviera novia, que tuviera familia?

Keiji D'Albère- Condenado/Vampiro/Clase Media

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Reputación: 1
Fecha de inscripción: 18/01/2012
DATOS DEL PERSONAJE
Orientación Sexual: Homosexual
Pareja Actual: Yuu Asakura
Ocupación: Inquisidor, estudiante y paseante.
Re: Bonsoir, Paris! [Yuu Asakura]
No sabía si llorar o reírme de la situación. No podíamos estar en esa cafetería por más de cinco segundos y ni siquiera de poder tomarnos un café agusto. Suspire para después abrazar a Keiji por detrás, apegándolo a mi pecho para después adelantar mi rostro y mirarle a los ojos-Keiji....no te enojes ¿sí? Solamente déjalo pasar...-Le susurre en el oído para tranquilizarle, podría estar enojado por la escena de la mujer ebria y de la misma cafetería, que estaba particularmente maldita para nosotros dos. Bien, ahora que ya estábamos fuera, en la calle, podríamos aprovechar para comenzar a andar hacia otro lado.
Cogí de la mano ahora yo a Keiji, para ver adonde podríamos ir, a donde podríamos ir a buscar o a encontrar algún sitio calentito. Me acerque a Keiji para besarle en la frente-...Severa ese rostro Keiji...no te vayan a salir manchas o alguna arruga-Replique divertido para que mirar yo ahora las manecillas del reloj que colgaba de mi chaleco-Oh...-Eran más de medianoche. El reloj nunca mentía a no ser que el mentiroso hubiera movido el tiempo hacia atrás para que tuviera más tiempo con él, con Keiji, pero solamente, era una frase hecha. El reloj iba en hora. No le faltaba ni un segundo más ni menos.
-Keiji....-Algo de curiosidad hizo que le preguntara, que tuviera ganas de preguntarle cosas acerca de él mismo-Cuéntame aquella historia la cual....-lamí mis labios en busca de alguna saliva-...Querría saber tu historia y yo también querría contarte la mía....-Dije lentamente en su oído, suave y con suavidad. Me puse frente a frente a él. Le miraba y le cogí del mentón para mirarle fijamente a los ojos y posar mis labios sobre los suyos.
Cogí de la mano ahora yo a Keiji, para ver adonde podríamos ir, a donde podríamos ir a buscar o a encontrar algún sitio calentito. Me acerque a Keiji para besarle en la frente-...Severa ese rostro Keiji...no te vayan a salir manchas o alguna arruga-Replique divertido para que mirar yo ahora las manecillas del reloj que colgaba de mi chaleco-Oh...-Eran más de medianoche. El reloj nunca mentía a no ser que el mentiroso hubiera movido el tiempo hacia atrás para que tuviera más tiempo con él, con Keiji, pero solamente, era una frase hecha. El reloj iba en hora. No le faltaba ni un segundo más ni menos.
-Keiji....-Algo de curiosidad hizo que le preguntara, que tuviera ganas de preguntarle cosas acerca de él mismo-Cuéntame aquella historia la cual....-lamí mis labios en busca de alguna saliva-...Querría saber tu historia y yo también querría contarte la mía....-Dije lentamente en su oído, suave y con suavidad. Me puse frente a frente a él. Le miraba y le cogí del mentón para mirarle fijamente a los ojos y posar mis labios sobre los suyos.

Yuu Asakura- Brujo(a) Clase Alta

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