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Caprichosa inmortalidad... [Privado]
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Caprichosa inmortalidad... [Privado]
Sus labios habían dejado una huella carmín en el cuello de aquel hombre, aquel liquido rojo ahora había llegado hasta el pecho de la joven, manchando ese hermoso y ceñido vestido rojo. ¿La sangre? No sabía para nada mal, sin embargo no era de sus preferidas, a Marishka no le gustaban los hombres negros, odiaba tener que ensuciar su pureza con aquellas criaturas además de humanas, todavía más inferiores que la raza blanca, la raza del futuro. Sin embargo debía impresión a aquel hombre, a aquella familia. La pequeña jovencita ahora se encontraba en aquel escenario del teatro, deleitando al público con su belleza, dejando boquiabiertos a los críticos por su perfecta actuación, haciendo que toda esa bola de estúpidos humanos la idolatraran por sus movimientos sobre aquel recinto. "¡Tontos! ¡Lo he matado! ¿No lo ven? Me he llevado su sangre ¡Es mío! ¡Y ustedes también lo serán!" Dejó caer el cuerpo del hombre al suelo, este había azotado la cabeza, el rostro en seco contra el cemento bien cuidado del escenario. Los demás actores (todos ellos vampiros) se acercaron para tomar la mano de la actriz de la noche, pisaron el cuerpo muerto del que había sido el alimento de la vampiro. Nadie en el público se movió un poco sorprendidos por el acto, todos seguían emocionados, todos seguían de pie, esperando la reverencia, pero si la actuación había sido un sacrificio, ella no se doblegaría ante aquel grupo inservible de humanos. Se quedó parada, sonriendo, sonriéndole a él. Al hijo mayor de esa familia, su nueva conquista, su nueva fortuna. Pero algo había de raro ahí, podía notarlo. Sin embargo aun no lo encontraba, una mirada, eso es lo que sentía, una mirada que sobresalía. Una de sus cejas se arqueó, su sonrisa se torció, aquello que sentía no importaba ahora, solo su nueva presa.
La cortina del telón se bajó poco a poco hasta cubrir su cuerpo. La joven bufó mirando a sus cómplices - Deberían escoger bien el alimento de los actores, ¿Negros? ¿Es en serio? - Recriminó con expresiones que dejaban ver claramente su molestia. Llevó sus manos al borde de la tela blanca del vestido corto que había escogido para la obra. Como si solo estuviera moviendo una pluma, llevó a cada lado una parte de la tela rompiendo el peña vestido. No le importó quedarse en ropa interior frente a esos vampiros, en realidad era lo de menos. La joven estaba tan segura de su belleza, del efecto que ejercía en los demás, el que pudieran verle con poca tela encima era lo que menos le quitaba el sueño. Con la tela echa trizas, comenzó a limpiar su pecho lleno de sangre. Se sentía increíblemente apestosa por la sangre de ese maldito humano. No volvería a rebajarse de esa manera, sin embargo esa fortuna, ese apellido y esa familia le podía dar más ventajas de las que hubiera imaginado, después de esa noche, de celebrar aquella magnifica actuación, quizás entraría a la casa de algún burgués dispuesta a sacar la sangre impura de su cuerpo para llevar algo más adecuado para su fino paladar.
Sus pasos resonaron, los tacones aun acompañaban su vestuario, dejó caer la tela en el escenario y avanzó con rapidez hasta su camerino, debía darse un baño rápido antes de salir e interceptar a su nueva "familia". La ventaja de ser vampiro es que bastaba solo un poco de agua y jabón para sacar del cuerpo todas esas impurezas. Enredó su cabello en una toalla, salió de la tina desnuda y buscó su vestido de gala. Rojo, debía ser rojo, su color favorito. Con la ayuda de algunas señoras del lugar (¿Señoras? Si, para todo el mundo, vampiras para los que sabían la verdad) se acomodó los listones del corsé hasta que su figura quedaba bien marcaba entre las telas. Su cabello ahora estaba entre húmedo y seco, pronto se secaría pues la noche y su estado le permitían volverse una hermosa muñeca de porcelana bien alineada sin batallar mucho. Marishka se observó por ultima vez al espejo cuando la puerta del camerino sonó. Solo fueron tres golpecitos suaves, así como la alta sociedad demandaba cuando solicitabas la compañía de alguien en especial. Abrió la puerta girando la perilla con cuidado. Su expresión de asco al saber que pasaría tiempo con aquellas personas desapareció en cuanto los vio por detrás de aquella puerta. Una sonrisa llena de dulzura ahora acompañaba a Marishka, la mejor de las actrices, esa era ella.
La joven se acercó a aquella familia, abrazó con tanto pesar a cada uno de ellos, y al final, hundió su rostro en el cuello de Dante, el hijo mayor, el que pronto sería su alimento, su nuevo matrimonio fallido, aquel que la haría más poderosa de lo que era. Se encamino con sensualidad tomaba de su brazo. Salieron de aquel lugar, sin embargo no salieron del teatro, cosa que a la joven le pareció algo extraño. Unas escaleras esperaban ser encontradas, y de pronto ahí, bajo la luz de la luna, una hermosa presentación de una cena romántica se visualizaba. La familia sonreía con complicidad, Marishka lo sabía, estaba ganando demasiado rápido esa parte, y de algo estaba segura, nadie podría detener sus planes. Caminó por el lugar y ahí, se quedo observando la vista hermosa e iluminada de Paris, una vista que se sabía de memoria, de las pocas cosas que la atrapaban. La puerta del lugar se abrió, la atención de todos se digirió a ese lugar, la ceja de la joven se arqueo curiosa. ¿Quién se atrevía a romper aquel momento?
La cortina del telón se bajó poco a poco hasta cubrir su cuerpo. La joven bufó mirando a sus cómplices - Deberían escoger bien el alimento de los actores, ¿Negros? ¿Es en serio? - Recriminó con expresiones que dejaban ver claramente su molestia. Llevó sus manos al borde de la tela blanca del vestido corto que había escogido para la obra. Como si solo estuviera moviendo una pluma, llevó a cada lado una parte de la tela rompiendo el peña vestido. No le importó quedarse en ropa interior frente a esos vampiros, en realidad era lo de menos. La joven estaba tan segura de su belleza, del efecto que ejercía en los demás, el que pudieran verle con poca tela encima era lo que menos le quitaba el sueño. Con la tela echa trizas, comenzó a limpiar su pecho lleno de sangre. Se sentía increíblemente apestosa por la sangre de ese maldito humano. No volvería a rebajarse de esa manera, sin embargo esa fortuna, ese apellido y esa familia le podía dar más ventajas de las que hubiera imaginado, después de esa noche, de celebrar aquella magnifica actuación, quizás entraría a la casa de algún burgués dispuesta a sacar la sangre impura de su cuerpo para llevar algo más adecuado para su fino paladar.
Sus pasos resonaron, los tacones aun acompañaban su vestuario, dejó caer la tela en el escenario y avanzó con rapidez hasta su camerino, debía darse un baño rápido antes de salir e interceptar a su nueva "familia". La ventaja de ser vampiro es que bastaba solo un poco de agua y jabón para sacar del cuerpo todas esas impurezas. Enredó su cabello en una toalla, salió de la tina desnuda y buscó su vestido de gala. Rojo, debía ser rojo, su color favorito. Con la ayuda de algunas señoras del lugar (¿Señoras? Si, para todo el mundo, vampiras para los que sabían la verdad) se acomodó los listones del corsé hasta que su figura quedaba bien marcaba entre las telas. Su cabello ahora estaba entre húmedo y seco, pronto se secaría pues la noche y su estado le permitían volverse una hermosa muñeca de porcelana bien alineada sin batallar mucho. Marishka se observó por ultima vez al espejo cuando la puerta del camerino sonó. Solo fueron tres golpecitos suaves, así como la alta sociedad demandaba cuando solicitabas la compañía de alguien en especial. Abrió la puerta girando la perilla con cuidado. Su expresión de asco al saber que pasaría tiempo con aquellas personas desapareció en cuanto los vio por detrás de aquella puerta. Una sonrisa llena de dulzura ahora acompañaba a Marishka, la mejor de las actrices, esa era ella.
La joven se acercó a aquella familia, abrazó con tanto pesar a cada uno de ellos, y al final, hundió su rostro en el cuello de Dante, el hijo mayor, el que pronto sería su alimento, su nuevo matrimonio fallido, aquel que la haría más poderosa de lo que era. Se encamino con sensualidad tomaba de su brazo. Salieron de aquel lugar, sin embargo no salieron del teatro, cosa que a la joven le pareció algo extraño. Unas escaleras esperaban ser encontradas, y de pronto ahí, bajo la luz de la luna, una hermosa presentación de una cena romántica se visualizaba. La familia sonreía con complicidad, Marishka lo sabía, estaba ganando demasiado rápido esa parte, y de algo estaba segura, nadie podría detener sus planes. Caminó por el lugar y ahí, se quedo observando la vista hermosa e iluminada de Paris, una vista que se sabía de memoria, de las pocas cosas que la atrapaban. La puerta del lugar se abrió, la atención de todos se digirió a ese lugar, la ceja de la joven se arqueo curiosa. ¿Quién se atrevía a romper aquel momento?

Marishka Marquand- Vampiro Clase Alta

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Puntos: 43
Reputación: 20
Fecha de inscripción: 19/12/2011
DATOS DEL PERSONAJE
Orientación Sexual: Bisexual
Pareja Actual: ---
Ocupación: Caza fortunas. Molestar a su hermano y cuñada.
Re: Caprichosa inmortalidad... [Privado]
Habían estado enzarzados – como de costumbre - en una conversación, misma que, para disgusto de << El Demonio >>, Razvan había empezado a ignorar desde que habían cruzado el callejón que les llevaría a la cuadra donde se encontraba el majestuoso Théåtre Des Vampires. De acuerdo, si tenía que ser honesto, << El Cazador >> solo le había ladrado un par de veces que cesara de hacer sus comentarios, Dracul – por supuesto – había pasado por alto su estúpido mandato. Sabía de sobra que Razvan detestaba saber que su sed de sangre era poderosa. “Tu voluntad es débil, Cazador.” La voz de Nicusor, fríamente calmada, no les engañó. Ambos sabían que << El Asesino >> se encontraba siempre en alerta, esperando con un ansia enfebrecida a que uno de ellos le acercara un cuerpo para dejar su firma. Si ninguno actuaba pronto, arañaría el cráneo para ser liberado. Ni siquiera Dracul podía detenerlo una vez decidía tomarse en serio el juego. “Vuelve a la fila. Tu presa está cerca, pero no lo demasiado para que aparezcas.” La sonrisa que asomó a los labios de Razvan fue tan apática que resultaba imposible no reconocer la arrogancia de Iorghu, siempre sintiéndose tan superior a las riñas entre los otros. Aún con esa mueca en su rostro, cruzó las puertas del teatro. Habían estado solo dos veces en aquél sitio. La primera por órdenes de la inquisición y la segunda simplemente por placer, - o esa había sido la razón principal - , porque una vez que la función había iniciado, Nicusor se había agitado, ansioso por abandonar el recinto con la humana que se encontraba disfrutando de la función a su lado. Dracul le había apoyado en aquélla ocasión porque Razvan y sus malditas misiones le habían mantenido apartado del placer carnal que una mujer bien dispuesta – y la que no – podía ofrecer. Cuando ella había aceptado la invitación, casi había saboreado la victoria, sus gemidos… Y sí que había gemido, excepto que de dolor, << El Asesino >> había cortado sus dedos en el mismo instante en que su lengua profundizaba en su boca. “Maldito seas.” Gruñó << El Demonio >>, como si al tener un atisbo del escenario se hubiese acordado.
Nicusor, en respuesta, solo había ronroneado. La humana, ignorante de que era una oveja pastando entre lobos, había gritado con fuerza con cada corte y cuchillada que su daga había trazado sobre la antes piel inmaculada. Si había algo a lo que no podía resistírsele, era a los gritos, a las súplicas y a los gemidos de dolor. Un gruñido vibró en el pecho de Razvan. Las imágenes que se proyectaban en su mente estaban provocando a << El Asesino >> y, esa vez, Dracul calló. Después de todo, la razón por la que visitaban el teatro esa noche, era por el trabajo que al cazarrecompensas se le había encomendado. Se detuvo cuando llegó a uno de los palcos desocupados, sin duda perteneciente a alguna familia pudiente que no había reclamado su lugar para observar la obra. Seguramente no se trataba de alguna nueva. ¿Importaba? No. Razvan no se había tomado la molestia de investigar. Se sentó, cruzó los brazos tras su cuello en una postura desgarbada y desinteresada mientras observaba cómo el telón se abría y una vampiresa, de despampanante belleza, aparecía en escena. Su belleza, si bien era digna de observar, no era una sorpresa. Él mismo había sido testigo de cómo las mujeres que descubrían a los inmortales, rogaban por mantenerse siempre jóvenes. Para Iorghu, aquello era comprensible pero a Razvan eso le molestaba. La traición de Tatjana lo había cambiado. Le resultaba imposible sentir comprensión, - algo - , hacia el sexo opuesto. Las odiaba. Se carcajeaba cuando escuchaba sin intención, cómo le juraban amor a sus amantes. El aparecía entonces, las embelesaba para demostrarse y demostrarles que el amor era ficción. Su boca se torció en una sonrisa de desprecio. “¿Cansado de permanecer en bajo perfil?” << El Fantasma >>, culpable – una vez más – del gesto en sus labios, no respondió. Así que la actriz coqueteaba con alguien del público… “¿Destrozando corazones?” La pregunta iba dirigida hacia el cazarrecompensas en tono burlón. Dracul no dejaba pasar la diversión.
El telón bajó tiempo después. La impaciencia de Razvan era notoria en su cara. Las líneas en su ceño fruncido, la tensión en sus labios y la forma en que cerraba sus manos dejaban en claro que intentaba no ceder el mando. “Pronto.” Advirtió en un gruñido. Saltaría en cualquier momento sobre su presa. Excepto que su presa ya se encontraba en movimiento. ¡Maldición! Se levantó con rapidez. La distancia que los separaba no era una desventaja. << El Cazador >> ya había invadido los pensamientos del humano. El idiota enamorado no paraba de fantasear con la actriz. Dracul se despabiló ante ese descubrimiento, ya se encontraba chasqueando la lengua contra sus colmillos, riéndose del hombre poco imaginativo. Un vampiro lo detuvo, negándole el acceso a esa parte del teatro. “Idiota.” Murmuraron los cuatro un segundo antes de que le rompiera el cuello. Eso no lo mataría pero le daría tiempo para terminar con su trabajo. No fue difícil seguir el rastro de los humanos, al final, se mezclaba con la erótica esencia de la vampiresa. Siguió sin detenerse, cualquiera que se interpusiera tendría el mismo destino que el guardia. “¿Una cena romántica? ¿Es una broma?” << El Demonio >> y su larga lista de conquistas no pudo evitar hacer la pregunta. Nicusor, en cambio, ya se encontraba copiando el gesto de la actriz. Enarcó una ceja del mismo modo en que hacía ella. – Creo que mi invitación se perdió en el camino. Agregó con cinismo y con una fiera mirada, desafiando a la vampiresa y a los humanos a decir una palabra. – Espero no haber llegado tarde, aunque por sus expresiones, deduzco que he llegado justo a tiempo. La cena aún no se ha enfriado. El doble sentido en sus últimas palabras era una broma de Dracul para la dama.
Nicusor, en respuesta, solo había ronroneado. La humana, ignorante de que era una oveja pastando entre lobos, había gritado con fuerza con cada corte y cuchillada que su daga había trazado sobre la antes piel inmaculada. Si había algo a lo que no podía resistírsele, era a los gritos, a las súplicas y a los gemidos de dolor. Un gruñido vibró en el pecho de Razvan. Las imágenes que se proyectaban en su mente estaban provocando a << El Asesino >> y, esa vez, Dracul calló. Después de todo, la razón por la que visitaban el teatro esa noche, era por el trabajo que al cazarrecompensas se le había encomendado. Se detuvo cuando llegó a uno de los palcos desocupados, sin duda perteneciente a alguna familia pudiente que no había reclamado su lugar para observar la obra. Seguramente no se trataba de alguna nueva. ¿Importaba? No. Razvan no se había tomado la molestia de investigar. Se sentó, cruzó los brazos tras su cuello en una postura desgarbada y desinteresada mientras observaba cómo el telón se abría y una vampiresa, de despampanante belleza, aparecía en escena. Su belleza, si bien era digna de observar, no era una sorpresa. Él mismo había sido testigo de cómo las mujeres que descubrían a los inmortales, rogaban por mantenerse siempre jóvenes. Para Iorghu, aquello era comprensible pero a Razvan eso le molestaba. La traición de Tatjana lo había cambiado. Le resultaba imposible sentir comprensión, - algo - , hacia el sexo opuesto. Las odiaba. Se carcajeaba cuando escuchaba sin intención, cómo le juraban amor a sus amantes. El aparecía entonces, las embelesaba para demostrarse y demostrarles que el amor era ficción. Su boca se torció en una sonrisa de desprecio. “¿Cansado de permanecer en bajo perfil?” << El Fantasma >>, culpable – una vez más – del gesto en sus labios, no respondió. Así que la actriz coqueteaba con alguien del público… “¿Destrozando corazones?” La pregunta iba dirigida hacia el cazarrecompensas en tono burlón. Dracul no dejaba pasar la diversión.
El telón bajó tiempo después. La impaciencia de Razvan era notoria en su cara. Las líneas en su ceño fruncido, la tensión en sus labios y la forma en que cerraba sus manos dejaban en claro que intentaba no ceder el mando. “Pronto.” Advirtió en un gruñido. Saltaría en cualquier momento sobre su presa. Excepto que su presa ya se encontraba en movimiento. ¡Maldición! Se levantó con rapidez. La distancia que los separaba no era una desventaja. << El Cazador >> ya había invadido los pensamientos del humano. El idiota enamorado no paraba de fantasear con la actriz. Dracul se despabiló ante ese descubrimiento, ya se encontraba chasqueando la lengua contra sus colmillos, riéndose del hombre poco imaginativo. Un vampiro lo detuvo, negándole el acceso a esa parte del teatro. “Idiota.” Murmuraron los cuatro un segundo antes de que le rompiera el cuello. Eso no lo mataría pero le daría tiempo para terminar con su trabajo. No fue difícil seguir el rastro de los humanos, al final, se mezclaba con la erótica esencia de la vampiresa. Siguió sin detenerse, cualquiera que se interpusiera tendría el mismo destino que el guardia. “¿Una cena romántica? ¿Es una broma?” << El Demonio >> y su larga lista de conquistas no pudo evitar hacer la pregunta. Nicusor, en cambio, ya se encontraba copiando el gesto de la actriz. Enarcó una ceja del mismo modo en que hacía ella. – Creo que mi invitación se perdió en el camino. Agregó con cinismo y con una fiera mirada, desafiando a la vampiresa y a los humanos a decir una palabra. – Espero no haber llegado tarde, aunque por sus expresiones, deduzco que he llegado justo a tiempo. La cena aún no se ha enfriado. El doble sentido en sus últimas palabras era una broma de Dracul para la dama.

Razvan Kournikov- Condenado/Vampiro/Clase Alta

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Fecha de inscripción: 03/01/2012
Re: Caprichosa inmortalidad... [Privado]
La expresión de su rostro había cambiado por completo. La castaña ya no sonreía de manera fingida como toda una profesional, ahora sus expresiones estaba completamente endurecidas. "¿Quién demonio es ese?" Se preguntó casi queriendo que sus propios demonios internos averiguaran, quería dar ordenes encontrando así, la respuesta a su pregunta. Toda la familia parecía consternada, nadie conocía al invitado. ¿Qué debía hacer Marishka? No podía perder el control, no cuando estaba a punto de conseguir otro compromiso, otra gran fortuna. Sintió como Dante la encerró entre sus brazos, evidente era que el humano sintiera celos ante semejante vampiro. La joven delineó cada una de las facciones de su compañero de la noche. "No está mal" Pensó para si misma, una sonrisa tenue, que estaba completamente segura sólo podría ver el "intruso" se dibujo en su rostro, pues sus ojos se movían con descaro detallando aquella obra maestra. Evidentemente era más alto que ella, de complexión delgada pero se notaba lo bien conservado que estaba, su rostro pálido resaltaba el doble bajo el manto grisáceo de la luna. Un manjar para la vampiresa si le sumabas su olor apetecible. La joven amaba la sangre recorría la sangre de vampiro, muchos podrían creer que su cuerpo por dentro estaba putrefacto, la realidad es que el beber sangre de humanos los mantiene fuertes, de cierta manera vitales, y para ella embriagantes. Pasó la punta de su lengua por su blanca dentadura superar abriendo sus labios un poco. Deseaba probar, y debido a que había sido interrumpida en tan "importante" noche, no pediría, mancillaría esa piel cincelada, y tomaría lo que desde ese momento, en que sus miradas se cruzaron, era suyo.
Para su buena fortuna la hermana de Dante parecía embelesada con la nueva presencia. "Actúa Marishka, mueve las piezas a tú favor" Se dijo dos veces dando dos pasos hacía adelante, zafando su cuerpo perfecto de los brazos del mortal. Le dedico entonces una mirada cómplice a Dakota, la hermana de Dante, le guiñó un ojo y entonces, su actuación volvió a relucir acercándose al inmortal, fingiendo un rostro sorpresivo y feliz. Abrió entonces sus brazos y enredó los mismos en el cuello del hombre - Querido primo, has llegado sin perderte, que alegría tenerte con nosotros - La chica beso la mejilla del intruso, y no sólo eso, se atrevió a rozar su nariz con la piel ajena, se llenó de su aroma, y su lengua trazó una linea recta, un acto tan rápido que nadie podría haberlo captado "Delicioso". Lo soltó con rapidez volteándose a ver a cada uno de los integrantes - Mi único familiar en Paris, por favor he de pedir que lo traten como de la familia - Sus dedos finos, largos y estilizados se clavaron en el brazo del vampiro - Preséntate - Sugirió, pues no tenía idea del nombre del caballero. ¿Quién dudaría de las palabras de la joven? Nadie, aquel rostro angelical y perfecto la hacía ganar tanto, y el amor que Dante le predicaba hacía que nadie dudara al respecto. Marishka no soltó al inquisidor, lo guió con rapidez y fuerza hasta Dakota, deseaba que la jovenzuela se entretuviera con él, que distrajera al caballero en lo que "el acto principal se realizaba", y otras preguntas vinieron a su mente ¿Que quería? ¿Por qué estaba ahí?
Lo soltó. - Si me disculpas querido mío - La chica reverenció al vampiro, debía ser lista, no actuar en falso, no dejar que ningún pequeño detalle la delatara, no sólo a ella, también a él, de ser descubierto el vampiro podría caer ella, y ya había soportado demasiado a esos humanos asquerosos, como para que todo el teatro se cayera de un momento a otro. Dante la miraba con reproche, era el único que no dejaba de lado su confusión, y de cierta manera sus celos. "Malditos humanos, siempre tan sentimentales" Se dijo antes de llegar a sus brazos. Besó la mejilla del humano, Marishka aceptaba que tenía un olor tan excitante como la del nuevo invitado. La joven no le quitaba la mirada de encima, deseaba tenerlo en la mirada, responder sus preguntas, terminar la noche, y salir de ahí, aunque debía aceptar que tanto misterio en los ojos ajenos la excitaban. Cuando todo parecía tranquilo, el choque de una copa con una cuchara llamó la atención de todos los invitados, incluyendo a los vampiros. La castaña sabía que era el momento, su nuevo momento. Dante la había dejado y subía a una de las sillas haciendo una especie de llamaba de atención hacia su persona, ahí comenzó a dar unas palabras ridículas de amor, la sonrisa de Marishka se amplió, no precisamente por la felicidad, más bien por la burla interna que aquellos humanos le provocaban. La chica pasó al frente cuando fue llamada, aquella criatura insignificante se había arrodillado, sacaba una pequeña cajita, y le entregaba un anillo como prueba de su amor. Para ella solo se trataba de su sentencia de muerte, no sólo de él, también de cada miembro de que familia. Cuando el hombre dejó de hablar, la chica alzó ligeramente su mirada, encontrándose así, con la mirada penetrante de uno de los suyos. Se relamió los labios sin dejar de verlo, le guiño un ojo y entonces su voz salió tan sugerente como siempre - Acepto - Contestó de manera frívola, sin dejar de ver al que, después de apoderarse de la fortuna de Dante, sería su nueva presa.
Para su buena fortuna la hermana de Dante parecía embelesada con la nueva presencia. "Actúa Marishka, mueve las piezas a tú favor" Se dijo dos veces dando dos pasos hacía adelante, zafando su cuerpo perfecto de los brazos del mortal. Le dedico entonces una mirada cómplice a Dakota, la hermana de Dante, le guiñó un ojo y entonces, su actuación volvió a relucir acercándose al inmortal, fingiendo un rostro sorpresivo y feliz. Abrió entonces sus brazos y enredó los mismos en el cuello del hombre - Querido primo, has llegado sin perderte, que alegría tenerte con nosotros - La chica beso la mejilla del intruso, y no sólo eso, se atrevió a rozar su nariz con la piel ajena, se llenó de su aroma, y su lengua trazó una linea recta, un acto tan rápido que nadie podría haberlo captado "Delicioso". Lo soltó con rapidez volteándose a ver a cada uno de los integrantes - Mi único familiar en Paris, por favor he de pedir que lo traten como de la familia - Sus dedos finos, largos y estilizados se clavaron en el brazo del vampiro - Preséntate - Sugirió, pues no tenía idea del nombre del caballero. ¿Quién dudaría de las palabras de la joven? Nadie, aquel rostro angelical y perfecto la hacía ganar tanto, y el amor que Dante le predicaba hacía que nadie dudara al respecto. Marishka no soltó al inquisidor, lo guió con rapidez y fuerza hasta Dakota, deseaba que la jovenzuela se entretuviera con él, que distrajera al caballero en lo que "el acto principal se realizaba", y otras preguntas vinieron a su mente ¿Que quería? ¿Por qué estaba ahí?
Lo soltó. - Si me disculpas querido mío - La chica reverenció al vampiro, debía ser lista, no actuar en falso, no dejar que ningún pequeño detalle la delatara, no sólo a ella, también a él, de ser descubierto el vampiro podría caer ella, y ya había soportado demasiado a esos humanos asquerosos, como para que todo el teatro se cayera de un momento a otro. Dante la miraba con reproche, era el único que no dejaba de lado su confusión, y de cierta manera sus celos. "Malditos humanos, siempre tan sentimentales" Se dijo antes de llegar a sus brazos. Besó la mejilla del humano, Marishka aceptaba que tenía un olor tan excitante como la del nuevo invitado. La joven no le quitaba la mirada de encima, deseaba tenerlo en la mirada, responder sus preguntas, terminar la noche, y salir de ahí, aunque debía aceptar que tanto misterio en los ojos ajenos la excitaban. Cuando todo parecía tranquilo, el choque de una copa con una cuchara llamó la atención de todos los invitados, incluyendo a los vampiros. La castaña sabía que era el momento, su nuevo momento. Dante la había dejado y subía a una de las sillas haciendo una especie de llamaba de atención hacia su persona, ahí comenzó a dar unas palabras ridículas de amor, la sonrisa de Marishka se amplió, no precisamente por la felicidad, más bien por la burla interna que aquellos humanos le provocaban. La chica pasó al frente cuando fue llamada, aquella criatura insignificante se había arrodillado, sacaba una pequeña cajita, y le entregaba un anillo como prueba de su amor. Para ella solo se trataba de su sentencia de muerte, no sólo de él, también de cada miembro de que familia. Cuando el hombre dejó de hablar, la chica alzó ligeramente su mirada, encontrándose así, con la mirada penetrante de uno de los suyos. Se relamió los labios sin dejar de verlo, le guiño un ojo y entonces su voz salió tan sugerente como siempre - Acepto - Contestó de manera frívola, sin dejar de ver al que, después de apoderarse de la fortuna de Dante, sería su nueva presa.

Marishka Marquand- Vampiro Clase Alta

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