Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Madness is not a state of mind; madness is a place

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Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Lun Mar 05, 2012 4:26 am



Última edición por Éline Rimbaud el Miér Dic 30, 2015 8:47 am, editado 3 veces



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Dom Mar 11, 2012 1:44 pm

"De almas temidas va nuestra historia. Yo sólo soy una forma, concebida por la imaginación de tal espectro, dotada de alas y pico seré vuestro narrador"


De cómo Éline caminó sin zapatos rojos y lo que con ello acaeció. Por el Señor Maspero


"Érase una vez..."

La gente decía que estaba loca. Y, en verdad, Éline no era más que un duende insano que imaginaba cosas con escudos y corazas, imaginaba soledades, imaginaba espadas de hielo, imaginaba centauros, víboras y ratas. Me imaginó a mí, a su adorado ruiseñor. Pero lo que más le gustaba imaginar era a sus zapatitos rojos. Los zapatitos la llevaban muy lejos. Al principio, hasta las guaridas de las olas, después; más allá. Con sus zapatitos rojos no había comadrejas ni esfinges que pudieran obligarla a volar. Porque a ella no le gustaba volar, por eso caminaba, día y noche, con sus zapatitos nuevos, que en realidad eran viejos porque no tenían más belleza que la caridad del cura que se los entregó.

En París, no había loca con unos zapatos iguales.

"¿Y por qué rojos, Señor Maspero?" me preguntó en cierta ocasión.
"Ingenua ingeniosa pregunta. ¿Por qué crees, Éline?"
La joven se quedó pensativa unos momentos.
"Porque hacen juego con mi pelo"
"Sabes que no es por eso"
"Porque son igual que la tarde"
"Tampoco es por eso"
"Porque... porque el rojo es como él"

"Él, sí". Él, ello, eso, monstruo, demonio, infierno, sangre, dragones, fuego. Todo era rojo como él.

Parece ser que después de aquello, Éline dejó de amar tanto a sus zapatos rojos. "Me hacen daño" decía, y yo le contestaba "El dolor es lo único que te queda. No lo desperdicies"
Si hubiera sabido en aquel momento, nunca habría levantado la liebre, pero como guía, no podía dejar que la demente caminase sobre las ciénagas.

En el momento en el que la Plata decoró el cielo de París, los gigantes fundieron el oro y las águilas tocaron cornetas y echaron el manto, Éline cerró los ojos y soñó. Y yo soñé con ella porque ella era yo. Sumergirte en su mente-mi mente-era lo que más temía del mundo. Y os preguntaréis Si tú eres ella, ¿por qué lo temes? Qué tontería temerse a sí mismo y yo respondo Qué tontería no temer a uno mismo

Por la noche, la mente de Éline era como un cuento: oscuro, inocente, tenebroso y desgarrador. Dentro de ella existían muchas puertas, una por cada puñalada, y todas ellas estaban abiertas y dejaban al descubierto habitaciones con escenas tan terribles como entrañables. Entramos con una con forma de salón imperial. En medio había una gran mesa de roble con doce sitios libres. "¿Por qué doce?" le pregunté a la pelirroja. "Una por cada puñalada", me contestó. Por supuesto, siempre una por cada puñalada.

La mesa estaba a rebosar de ricos manjares dignos de los mismos reyes. En el centro, una figura con cabeza de lobo y cuerpo de hombre comía una serpiente hervida en su plato. El ser vestía con una casaca francesa de encaje verde y florituras rasgadas. Sobre la cabeza peluda descansaba una corona. Cuando el antropomorfo se dio cuenta de nuestra presencia, clavó su mirada feroz en la de la joven y aulló.

"¿Qué es todo esto?", pregunté a la pelirroja.
"Los zapatos rojos", repuso la demente con voz entrecortada "Con los zapatos rojos el lobo nunca devorará a la serpiente"
"La serpiente ya está muerta"
"Aún no. Es sólo un sueño. Los zapatos rojos tienen que desaparecer para que la serpiente muera. Lo dice el lobo"

De pronto, una luz hizo arder todo lo que había en el salón. "Cenizas. Fuego. LLamas. Incendio. Colmillos. Crujidos. Huesos. Ratas. Muchas ratas. Un aullido"

Cuando despertó, Éline se quitó los zapatitos rojos. Su pies estaban sangrando pero ella sólo imaginaba telarañas.
"Están contaminados los zapatitos. Dios ya no piensa en mí y me manda maldiciones rojas"
"Arrójalos", le dije, arrepentido de no habérselo aconsejado antes.

Y los zapatitos rojos se perdieron en el río Sena, aunque las pesadillas de la joven persistían.



Última edición por Éline Rimbaud el Mar Ago 07, 2012 3:31 pm, editado 4 veces



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Dom Abr 22, 2012 9:53 am

De cómo Éline perdió su nombre y lo que sin él acaeció.
Por el Señor Maspero


"Érase una vez..."

Eximida de las leyes de la Naturaleza y la Razón, Éline no era más que una fábula de un linaje difuminado en las épocas, cuyo nombre había desaparecido con el tiempo, pero, ¿cómo llegó Éline a perderlo?

Se lo dio su madre hacía mucho tiempo, cuando ni si quiera yo estaba con ella. Éline no sabía qué significaba, pero era claro y centelleante como una campanilla de verano. Le gustaba el melódico sonido que su rastro dejaba después de que lo pronunciaran, me dice. Pero como todo en ella, el nombre también había de desaparecer.

Se lo llevó un cisne, en el bosque. Recuerdo bien el momento porque yo también estuve allí. Fue después del día de la víbora. Supliqué al cisne que se lo devolviera, pero el ave, además de hermosa, también era caprichosa y lo quería para ella.
"Me gusta el melódico sonido que su rastro deja después de pronunciarlo", dijo.

Después de eso, Éline quedó desconsolada. Como había perdido su nombre, el resto de la gente empezó a llamarla loca
"¿Quién eres, jovencita?"
"Soy Éline"
"No, Éline no. Eres una loca cualquiera, sin nombre ni historia, y por eso hay que encerrarte para que no salgas"
"Pero yo no estoy loca. Dígaselo, Señor Maspero. Soy Éline"
Pero los parisinos no tenían el oído tan fino como el de la pelirroja, y nunca me escucharon.

Con el tiempo, hasta ella misma llegó a olvidar su nombre, y por más que se lo recordaba, para ella no era más que un sueño velado.
"¿Es que no te acuerdas? Te gustaba el melódico sonido que su rastro dejaba después de que lo pronunciasen, me decías. ¿No te acuerdas?", pero ella negaba.

LLegó entonces una invernal tormenta en París, después el aroma suave de las flores, y más tarde, el cargante calor de los meses estivales. Las estaciones pasaban sin pena ni gloria, sin que ello afectase a la rutinaria vida de la demente, que ya no guardaba más su nombre.

Como había veces en las que a la pelirroja le gustaba el roce de las espinas en su piel, nos fuimos al bosque, que lucía su traje anaranjado más señorial. En el camino, nos topamos con una serpiente.
"Así que, tú eres la loca de París", irrumpió, con un tono siseante.
Yo, que desconfiaba del reptil porque conocía sus malas intenciones, insté a la muchacha para que nos alejásemos de allí, pero la serpiente nos retuvo, mostrándonos tres hojas secas que llevaba en la boca.
"Sé que has perdido tu nombre, pero en una de estas hojas está. Se lo robé a un cisne muy caprichoso"
"No te fíes de ella", le susurré, "Las serpientes son malas y oscuras por naturaleza"
Pero Éline no hizo caso de mi advertencia.
"¿En cuál de ellas está mi nombre?"
"En todas y en ninguna, en cualquiera que quieras. Toma una y verás"
Con la mano un poco temblorosa, Éline cogió una de las hojas secas, le dio la vuelta, y recordó; la estirpe de la abominación de quien era y es en este mundo. Éline lloró amargamente y me suplicó que hiciese desaparecer la hoja.
Yo cogí la hoja con mi pico y la eché al aire, para que el viento se la llevara.
"¿Ves, Éline? Tu nombre y tu historia son tu condena. No le reproches a Dios el abandono, porque la locura es tu única salvación. Vuelve a olvidar, vuelve a olvidar..."
Y Éline se limpió las lágrimas, que eran rojas, mientras la serpiente desaparecia entre los arbustos emitiendo una risa sibilante.



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Lun Jul 02, 2012 9:02 am

De cómo Éline conoció al Lobo y lo que con él acaeció.
Por el Señor Maspero


"Érase una vez..."

Ella me pidió que se lo volviese a contar, y yo no me pude negar. Temblaba y se zarandeaba salvajemente. Yo la tenía apoyada en mi pecho de plumas. Murmuraba y lloraba. Las lágrimas se convertían en sangre, a veces, y olían bien, y yo estaba seguro de que me condenaría por ello. Los lirios también lloraban, aunque ya no había nadie por quien hacerlo. Porque Éline se estaba muriendo, de forma lenta. ¡Qué tragedia! Y ella murmuraba que se lo volviese a contar:
"Otra vez. Cuéntamelo. Tus gorjeos me tranquilizan. Mi lindo ruiseñor, siempre he sabido que no existes. Pero hazlo. Por mí. Cuéntamelo otra vez...¡Arde! ¡Quema! ¡Cuéntamelo!" Sudaba pero estaba helada. Arqueaba el cuerpo y se retorcía entre convulsiones espamosas. ¡Oh, cuánto sufrimiento! Mi pobre Éline. Vomitó una o dos veces. Era sangre, y ¡olía tan bien!
"Cuéntamelo, señor Maspero. Hazlo, quiero escuchar. Pero que no lo oiga Dios o se entristecerá. Es nuestro secreto. ¿Te acuerdas de ese piano que volaba por las nubes?" Se reía. Ella se reía.

Y yo, lloraba.
"Por favor, cuéntamelo" Me rogó, aferrándose a una idea marchita.
Y yo no tuve más remedio que contarlo.



+ + + + +



.....Si no recuerdo el momento ni el día exactos es porque no tiene importancia. No. Lo importante de esta historia es que tú te tropezaste por fin, cara a cara, con algo que no eras capaz de entender. ¿Te acuerdas, Éline? Tenía forma de lobo. Y el Lobo tenía sus colmillos. Eran colmillos duros, grandes. No finos ni insidiosos como los de la Víbora. El Lobo también tenía un pelaje gris, denso y tupido, que le servía para ocultarse de esa misma extraña sensación. Pero a él no fue suficiente para huir de esto. No fue suficiente.

Al principio te dolía (y después continuó doliéndote, pero menos). Era una sensación molesta, insidiosa, agonizante. "Es veneno puro", me decías, "como si quisiera infectarme el alma pero no llegase hasta ella" Yo no tardé en darme cuenta de lo que en realidad pasaba. ¡Ay, Éline, pero tu no podías estar hecha para tal cosa!

Después del primer encuentro, hubo muchos más. De tanto encontrarte con el Lobo, el corazón se te vio envuelto en llamas. No rojas; azules. El Lobo te ataba el espíritu, te reforzaba el alma, para que no cayeses a lo hondo. O quizá para que cayeses con él, no lo sé. Y yo te repetía "¿Cómo es posible que no lo sepas? ¿Cómo es posible que no te hayas dado cuenta todavía?"

No lo entendías, pequeña. Pero tampoco te culpo de que no supieras identificar lo que te ocurría. Porque tú nunca habías experimentado tal sentimiento; salvo a un Dios que de nada te otorgaba, y aún así, ni si quiera el sentimiento a ese dios cristiano hacía que tus entrañas bailasen con gozo, esperando algo dentro que fuera capaz de completarte.

Y el Lobo también tenía ojos con los que te miraba con esos iris feroces, ¿te acuerdas, Éline? Quería escarbar en tu psique. "Pero está loco. ¿No ve que no puede? Que yo no tengo sentido, y se volverá loco conmigo", me decías.

¡Ah! Pero había una cosa que tú no sabías aún. Y es que el Lobo hablaba tu idioma. Compartía angustias, temores y dolores. Ambos compartíais todo lo miserable, y eso os unió y creásteis algo todavía más desgraciado que vosotros mismos: Una tragedia.

Te rajaron, mi Éline. Te desgarraron, te deshicieron, te deshilacharon entre todos y no pudieron volverte a coser. A la otra vida tampoco. No, la otra vida tampoco la recuperaron.
Y fue entonces cuando, en medio de sangre y desasosiego comprendiste, velada del abismo, que era un hecho inequívoco que el Lobo había sido tu perdición. Pero no la de llamas y aceros inciertos, si no la de tortura y corazón sangrante, que nadaba entre luces y sombras.....



+ + + + +



Cuando terminé la historia, el pecho de Éline volvió a retomar el ritmo normal. Los espasmos cesaron y se liberó de un peso que le había estado aplastando el alma desde que su cordura le fue arrebatada.
"Gracias, mi ruiseñor. Mi señor Maspero, gracias", fue lo último que dijo antes de despertar a un sueño etéreo, y esta vez sí, eterno.





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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Vie Jul 26, 2013 8:40 am

De cómo Éline soñó con una Bestia y de lo que de ella aprendió.
Por el Señor Maspero



"Érase una vez..."

Recuerdo que era una tarde del mes de las Penurias. Por el mar corrían las liebres, y por el monte las sardinas. Le pregunté a Éline si quería escuchar la historia de la Bestia.
"¡Sí, sí! ¡Claro, señor Maspero! Adoro tus historias"
Me aclaré la voz, y el gorjeo suave salió de mi pico de animal:

Tan frágil como la rosa de tus sueños que permanecía encerrada en un frasco de cristal de bronce, así era el espíritu de la Bestia. Las gárgolas la custodiaban para que ella no pudiese amar nunca. La Bestia debía morir, porque era un ser antinatural, pérfido. No era de este mundo.
"¿Y por qué, señor Maspero? No lo entiendo, ¿por qué nadie puede amar a la Bestia, ni si quiera un ser tan antinatural y pérfido como ella misma?", me preguntó. La inocencia de la pelirroja me rompía el corazón.
"Porque está maldito. Nadie puede amar a un maldito"
"Yo no lo creo así", me dijo. Intrigado, fui a preguntarle yo esta vez el por qué.
"¿Quieres saber cómo imagino yo a la Bestia?"
"Claro. Cuéntame, Éline"
"Es dorada, y sus ojos son azules. Tiene miedo, está asustada. Asustada de morir. No, no sólo de morir. Está asustada de morir sin conocer el amor"
Me detuve un momento. El aleteo suave cesó, y le pregunté a la pelirroja:
"Pero, ¿tú sabes qué es el amor?"
"No. No lo sé. Pero lo imagino"
Si aquella afirmación le servía a la pelirroja, ¿por qué no iba a ser suficiente para un falaz pájaro imaginario?
"Está bien. Sigamos con tu Bestia, pues"
"Vive en un castillo abandonado. Y ha quebrado todos los espejos que había. ¿Sabes lo que duele eso, señor Maspero? Casi puedo oler su dolor. La Bestia está herida. Me gustaría ayudarla"
"¿Te gustaría? Pues cierra los ojos, Éline"

La pelirroja cerró los ojos. Y cayó en el absurdo de un sueño. El ladrido de un perro. El aullido de un lobo. El ulular de un búho y el croar de un sapo. El riachuelo en la colina. El viento que mece las hojas, serenandolas de su cansado viaje. Sonidos del bosque que Éline no entendía; personalidad en constante cambio.

Un rugido. Rasgaba el aire. El sufrimiento de un "algo" perdido también la rasgó a ella. Provenía de un castillo en la montaña. Una criatura abatida, abandonada. La pelirroja se dobló con el sonido de esas primeras notas discordantes y sentidas. "Le duele". Cabalgando, volando, corriendo, sorteando a las gárgolas guardianas, montada sobre el viento, la demente llegó a las puertas del viejo castillo abandonado; gris, sucio. Vislumbró la silueta de la Bestia allá arriba, en una torre. Arrancó una rosa del rosal y las puertas se abrieron. Sus pasos la guiaron solos, azorados. "Está muriéndose", pensó con el corazón desbocado.

Grandiosa. En verdad que era grandiosa. Aún todavía en su agonía, la Bestia leonada brillaba con el leonado de su cabello. Ah, sí. Eso era; un león. Un león magnífico.
"Bestia, estás muriendo", la pelirroja se inclinó y tomó con sus manos las garras de él. Eran suaves, tiernas, amenazantes, protectoras, peligrosas. Los ojos, en efecto, azules, sólo miraban a una rosa podrida.
"Bestia, ¿qué pasa? ¿No has podido encontrar a alguien que te amase?"
"Ah, dulce Éline. Qué inocente, qué bella eres. Y lo que ha hecho contigo esa Víbora", se apenó la Bestia.
"Bestia, puedo ayudarte. Para eso estoy aquí. Mírame. Yo también estoy condenada. ¡Puedo amarte!", gritó con amargura.
La Bestia se apagaba. Toda su majestuosidad se la estaba llevando la Muerte.
"No. ¡No, no, no! Bestia, Bestia. ¡Mírame!", la Bestia cerró los ojos, dejándose morir. "Puedo amarte, ¿no lo ves?", sus ojos llenos de lágrimas.
"Shh... No, Éline. Tu condena es otra. No eres para mí, eres del Lobo. Aunque quisieras, no podrías amar a una Bestia"

Y con una tristeza infinita en los ojos, Éline vio morir a la Bestia.


Cuando despertó, las mejillas de la pelirroja estaban quemadas por las lágrimas.
"No he podido salvarlo, señor Maspero", me dijo.
"Lo sé. ¿Has aprendido por qué?"
"Porque yo no sé amar. Porque soy del Lobo, y porque nadie es capaz de amar a una Bestia"
"Eso es, pequeña"
Recuerdo que Éline se quedó unos minutos en silencio, con la turbación anegando sus ojos azules.
"Era tan hermosa, señor Maspero... Tendrías que haberla visto. Aún muriendo, era el ser más magnífico que he visto". Cerró los ojos de nuevo, y rememoró cada trazo de la Bestia. Se lo tatuó en el corazón para no olvidarla nunca.



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Mar Nov 19, 2013 6:22 pm

De cómo Éline cerró los ojos y nunca más los abrió
Por el Señor Maspero


"Érase una vez..."


Una demente que decidió cerrar los ojos para siempre. "¿Eres ciega?", le preguntaban a menudo. Ella respondía que no. "Entonces, ¿por qué vas con los ojos cerrados?". Y ella decía: "Porque me niego a ver las tristezas de este mundo". Y así pasó sus días, sus noches, sus meses y sus años, vendada eternamente. Hasta que, en su negación quimérica, la flacucha se chocó con el más salvaje y hermoso de los animales. El villano de todas las fábulas disparatadas menos de esta. Y, entonces, él también quiso quedarse ciego ante tanta triste verdad, ante el aciago destino. El que siempre ponía todo en duda, el que se derramaba, el que no daba nunca nada por sentado; ése...ése cayó perdido en el País de las Maravillas.



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Miér Dic 18, 2013 1:01 pm

De cómo Éline conoció al gigante de ébano, y lo que con él acaeció.
Por el señor Maspero



"Érase una vez..."

Ya podía ver las nubes, que, con formas de espuma brumosa, la llevaban lejos. Muy lejos. Al Cielo. La cara de Dios todavía no podía verla, y le daba vergüenza pensarlo. ¡Ella, tan maldita! ¡¿Cómo subir arriba?!

Abajo. Abajo. Abajo donde debía estar. Con las hogueras. Con las llamas. Eran verdes, amarillas, rojas. Danzaban. Bailaban delante de ella con una sensualidad morbosa.

Se moría y ella lo sabía. Yo también lo sabía, así que le dije que fuera fuerte. ”Sólo un momento más”. Y después. Ya. Nada.

Pero algo maravilloso ocurrió, cuando aquel gigante de piel de ébano vino a por ella.

”¡No!”, gritaba yo, ”No te la lleves. Ya casi está lista”. Pero claro era que aquello debía ser un ardid del Destino. Puto Destino. Que no era así, ni ése, el final que le tenía reservado a Éline.

El gigante de ébano se la llevó a su casa. Un humilde cuchitril de la calle Bientôt, uno de los lugares más herrumbroso de París. Él también había quedado prendado de la belleza rota de Éline. Y ella, ¡oh, Dios! ¡Cómo lo había mirado la primera vez ella! Impresionada por aquella maravilla oscura, de portentosas mandíbulas y voluminosos labios. Y era alto, alto como un gigante. Y oscuro como la noche más preciosa.

”¿Y su corazón, señor Maspero? ¿Su corazón también es oscuro?”
”No, Éline”, le dije, ”Su corazón es gris"
"¿Y por qué no blanco?"
"Porque no existen los corazones blancos”

Existió uno. Una vez. El de la pelirroja. Pero lo habían pintado violeta. Del violeta de los perturbados.


El gigante de ébano le curó todas las heridas. Las de fuera, porque las de dentro eran imposibles de remendar. Sólo un corazón solitario podría hacerlo. Y, sin saberlo, la pelirroja también curaba las suyas. El gigante de ébano tenía la espalda marcada, magullada con las úlceras dedicadas a toda una vida de sumisión. Cuando Éline se dio cuenta, me preguntó:
”¿Qué eso que tiene en la espalda, señor Maspero? Son como las mías de dentro"
”Son las marcas de la esclavitud”
"Parecen estrellas fugaces"

Y Éline se pasaba horas -¡días!- contemplándolas, con expresión indescifrable. El gigante de ébano se dio cuenta, pero no parecía importarle. Ella las acariciaba, a aquellas estrellas fugaces, como si quisiera atraparlas.
"¿Duelen?", le preguntó una vez al gigante.
"Ya no", decía él, suspirando. "Aunque nunca desaparecerán"
Ella se encogió de hombros.
"Da igual. Son bellas. Son estrellas fugaces".
El gigante de ébano la miró con aquellos ojos oscuros y profundos, tratando de descifrarla. ¡Ah, pero todavía no sabía que eso era imposible con la pelirroja! Nadie había podido nunca. Nadie, salvo, claro, el Lobo.
"¿Quién eres?"
Ella se encogió de hombros y rió. Pero no contestó.

El gigante de ébano se cansó entonces de preguntar el nombre a la pelirroja para obtener siempre la misma respuesta. "Una víbora me lo robó". Sabiendo que sería imposible arrancárselo, empezó a llamarla petit oiseau, que era una de las pocas palabras que conocía en francés.

Éline acabó amando al gigante de ébano, el único en años que quiso mostrarle algo de afecto. Un día, el gigante le dijo que se iba. Que se marchaba en el primer vapor que partiese a América.
Ella preguntó por qué. Y él respondió que tenía que salvar a su familia de un destino horrible.
”Ven conmigo, petit oiseau”

Pero Éline no fue. Porque Éline y el gigante de ébano no podían estar juntos. Su tiempo se había acabado.

La casa de la calle Bientôt quedó abandonada para siempre.



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Mar Feb 18, 2014 5:10 am

Interludio sin sentido


"Un órgano masacrado; el corazón"

Interludio sin sentido, de esos escritos a medianoche, de esos que no dicen nada y lo dicen todo.
Interludio sin sentido, como el grito en el valle, que estalla y truena, y tan sólo las nubes escuchan.
¿Placer o dolor? Un poco de ambos. De todo.

El hombre de la cara quemada, qué triste, qué triste está pensando en su pajarillo.
El artista de las catacumbas, qué triste, qué triste está pensando en su cisne bello.
El monstruo de las dos caras, qué triste, qué triste están pensando en el mañana.
El payaso desquiciado, qué triste, qué triste está pensando en su arlequín.

El Señor Maspero, qué triste, qué triste está pensando en la locura.

"¿Con quién duermes esta noche?"
Esta noche, esta noche... Con mis monstruos imaginarios.



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Jue Abr 09, 2015 5:33 am

De cómo Éline se perdió en el mar y lo que entonces acaeció.
Por el Señor Maspero

"Érase una vez..."

Abajo, abajo, abajo. En las profundidades de una enorme masa oscura, la que da vida. Abajo, en la antesala del centro del mundo -el averno-, allí empieza esta nueva historia. ¿Te acuerdas, Éline? Decías que querías saber por qué el mar te daba tanto miedo. "¿Qué es lo que puede existir en esa profundidad?". "Pues peces, y plantas y rocas". Nadas, nadas y nadas hacia abajo y parece que nunca va a tener final. Hasta que tocas la tierra del fondo. Y eres consciente de que muchos metros más arriba está el mundo. Ese mundo feo.

Nunca viste el mar y por eso hacías caso de las historias que habías oído antes. Hacía mucho, mucho tiempo. Mas, no te conformabas con ellas. Luego se volvieron aburridos los peces, y las plantas y las rocas. Y me dijiste: "¿Puede haber algo más en el fondo del mar que no sean peces, plantas y rocas?". "Puede haber lo que tú quieras". E inventaste y te creíste tu invención. "Pues yo digo que existen sirenas, y leviatanes, y hombres con piel azul y ojos muy, muy grandes. Parecen temibles, pero son buenos."

Corriste hasta el Sena, porque era lo más parecido a un océano que habías visto y verás nunca. Querías comprobar tu propia mentira. Y seguro que vosotros, lectores, sentís pena por ella. Pues no. Todos queremos creernos las mentiras.

Y la encontraste. A la mentira. Podías tocarla, incluso. Mejor dicho, podías tocarlo. A él. Al hombre pez. Con piel azul y ojos muy, muy grandes. No parecía temible, en verdad. Y era bueno. Pero estaba asustado.
"Shh... Acércate, hombre pez", le susurraste con agrado. Siempre tuviste buena mano con los monstruos y las bestias. "No te voy a hacer daño."
"¿Y cómo lo sé? Todos los humanos destrozáis a los nuestros. No queréis tener nada distinto a vosotros en vuestro propio universo."
"Pues ellos son unos necios. Y además, a mi nunca me creerán. Porque me violaron y me escupieron de su sociedad. ¿Cuál es tu historia, hombre pez?"
"Mi historia es la que es. Yo antes era humano. ¡Un príncipe! Y una gitana me maldijo y me convirtió en esto.
"¿Y por qué te maldijo?
"Porque desprecié el mundo y todo lo que había en él"
"Pero sigues siendo un príncipe. ¡El príncipe del Sena! Y ahora eres único. No deberías decir que es una maldición. Es una bendición. No hay nadie como tú. Ni nunca lo habrá"
"Pues entonces estoy solo". La pena se dibujó en la voz del príncipe del Sena, y tú reconociste esa pena y la querías matar.
"No lo estás. Estoy yo. A mi no me importa tu piel azul, ni tus ojos grandes. El mundo destierra a los que no son iguales. Podemos crear un reino de desterrados. ¡Já! ¿Te imaginas? Tú serías ya rey."
Oh. Pero qué espécimen tan curioso y tan dulce. Ojalá todo fuera tan fácil para construir un reino. Mas, primero se necesitaba una corona, y solo se podría hacer con barro y algas.
"Agradezco tus palabras, noble pajarillo"
"Me tengo que ir ya, príncipe del Sena. Pero volveré mañana y hablaremos de cómo crear nuestro reino, ¿vale?"
El hombre pez asintió. A unos pocos kilómetros de allí, un par de hombres caminaban con la cabeza vuelta en la dirección de tan extraña figura. La muchacha hablaba y reía sola.

Siempre te sentías mejor con tus monstruos imaginarios.


Última edición por Éline Rimbaud el Miér Dic 30, 2015 8:43 am, editado 1 vez



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Miér Dic 30, 2015 8:40 am

De cuando el laberinto la consumió por dentro.
Por el Señor Maspero


"Érase una vez..."

Recuerdo que abriste los ojos y te encontraste rodeada de serpientes. Percibiste a las alimañas mucho antes que yo, porque tenías sus cascabeles incrustados en el pozo del infinito; señales de una escalera de luz que tú no podías (¿o no querías?) alcanzar. Un poema mal rimado dentro de la corona de espinas de una vida a la que le habían hecho llorar. Estragos del menoscabado querer. Entonces recuerdo también que los reptiles te envolvieron y tú sentiste el frío de las escamas de aquel a quien llamaban Luzbel. ¿Y si todo no fuese más que un cuento extraño, donde tú eras la más extraña de todas las criaturas?

Rodearon con su alargado cuerpo piernas, brazos y cuello. La cintura la presionaban como si quisieran convertirse ellas en tu lazo acusador. ¡Cuán suaves sus colmillos en la piel, ¿verdad?! El veneno sigue siendo tu opio sanador. Dos perlas rojas nacieron de tus muñecas. Muñecas rotas, toda entera; cierta calidez podrida en los deseos malcarados por enfrentarse a la bíblica sentencia de los ajusticiados.

Las plumas cayeron entonces, solitarias ellas. Cubrieron el agujero taciturno que tu misma habías abierto. Pero aquellas angelicales blancas eran también ladronas, queriendo robar tu dolor. ¿Cómo se atrevían? ¿Cómo eran capaces? Si  la angustia era lo único tuyo, de tu propiedad. Se prendieron las plumas en mil llamas nada más acariciar tu tacto, pues era la lamia que engulle los pecados; el animal destrozado con el que fabricas una piel.

Luego volviste a cerrar los ojos, acunándote en la media luna que mece tus sentidos. De los emisarios del señor de arriba sólo quedaban las huellas del castigo: rojo sobre un mármol blanco. "¿Estoy ya muerta, Señor Maspero?", creo que me preguntaste. Y yo te canté con el retorcido velo del otro lado. "Ya falta poco para exiliarte a tu sonata de luna".



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Miér Abr 13, 2016 1:56 pm

Interludio sin sentido. El último compás.


El drama mágico de la esfinge era un sonido repetitivo en su cabeza; un cristal apergaminado de vírgenes sin profanar. La subasta de oro que dio el premio, antaño tan codiciado, del alma rota al sonido de un violín. Un ciervo ciego huyendo de sus cazadores, sin conseguir más que odio, una riada torcida de palabras que ahoga al pueblo salvador: El fuego de la estrella fugaz de una Belén ya en llamas, haciendo arder sus pasos de hielo.

Hay algo en el dolor que la hace revivir. El sadomasoquista intento de parecer valiente. La distinta sensación de algo único pero taciturno. ¿Quién toca las trompetas del infierno? Un solo espíritu enterrado en su propia miseria sería capaz de llorarla aquella vez. Silencio. Calla. Quiere convertirte en su emperatriz cobriza; la cierva dorada, el pajarillo de color carmesí, de tanto sangrar.

Camina recto hacia el castillo, no te detengas, cervatillo. Ves lo portones cerrarse a tus espaldas, al frente hay un hombre que ríe sentado en su torno de oro, incienso y mirra. La sonrisa contiene al Universo entero. Es un hombre viejo. Viejo, viejo como el mundo. Te muerdes la lengua, sangras. El metálico sabor. "¿Hueles su poder?". Camina recto, hacia el castillo. El viaje a casa está siendo duro, pero lo tienes, casi lo tienes. Guarda el haz de luz en tus manos, vomita la espada con la que sepultarás al enemigo. "Tu nunca fallas, ¿verdad, amigo mío?".

El hombre del trono vuelve a sonreír. Otra vez, esa sonrisa que congela el Universo entero. No. Él nunca fallaba. ¿Cómo podía hacerlo, si era un ser Omnipotente y Todopoderoso? Había dado en la diana. "No deberías ser tan maleducada, cervatillo. Pronto tendrás el tesoro que andabas buscando". Su voz ruge como la de un león. ¿Y si lo fue en otro tiempo? La Víbora. El Lobo. El Pajarillo. Y el León. El León al principio y al final de todo. Ríe ahora, pajarillo. Ríe ahora, ruiseñor. El final, el comienzo. Está llegando. Ya está aquí. El último compás de esta macabra danza. Y el León... El León era el primer y único director de la orquesta. Entrégale tu corona de espinas; la condena, el precio, un suspiro.


"Camina recto hacia el castillo. Serás mi emperatriz".



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Miér Dic 28, 2016 5:36 am

De cuando Éline se encontró con las Völvas y lo que a ella le predijeron.
Por el Señor Maspero


"Érase una vez..."

Te dijeron una vez, esas völvas en las que no creía, que se casaría con un príncipe. ¿El de la laguna?, recuerdo que preguntaste, tú, con tu perfecta inocencia herida. Oh, sí, contestaron ellas sonriendo, esas brujas malévolas por ser paganas, de corazón sangrante en cataratas de odio y conmoción, y te arastrará hasta el fondo de los acantilados, hasta el centro de la Tierra misma, llameante de lava, y se regocijaron las muy bellacas, en el dolor futuro de tu condición.

Te casaste con un príncipe, sí, el de los Cielos, y tú pensaste en las tejedoras del destino y en sus acertadas palabras, pensando que la profecía se había cumplido.

Maldigo el error.

El príncipe, pero el de las Tinieblas, te hizo su furcia a la fuerza. Y oí a las viejas y repugnantes völvas reírse de tu mala suerte en el trueno, en la lluvia y en el relámpago certero.

Te dijeron una vez, esas völvas en las que no creías, que vivirías para siempre sin ser vista por el resto de criaturas. ¿Y el lobo también?, recuerdo que preguntaste, tú, con tu perfecta inocencia herida. Oh, no. El lobo un montón de huesos en su tumba del bosque será, contestaron ellas sonriendo, esas brujas malévolas por ser paganas, de corazón sangrante en cataratas de odio y conmoción. Pues su tumba abriré, y sus huesos abrazaré y dormiré a su lado. Y oí a las viejas y repugnantes völvas reírse de tu destino en el trueno, en la lluvia y en el relámpago certero.

Y para siempre tú, vagando en espíritu, durmiendo tus sueños aferrada a los blancos huesos de la bestia, pidiendo unos francos a los peregrinos que por ahí pasaban para comprar los despojos del gran amor perdido.



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Mar Feb 28, 2017 12:42 pm

De cuando todo quedó perdonado y lo que después acaeció
Por el Señor Maspero

Érase una vez...

"Never give your heart to a wild thing"

El trueno la reclamaba para sí; espada en la forja que arde con el pensamiento eterno de lo fútil. ¿Sabes cuánto se tarda en construir un imperio? Para que luego todo lo que quede sean ruinas arrasadas.

Un mechón de fuego cubre tu rostro, y yo lo apartó para poder vislumbrar la cara de la que tanto Dios como el Diablo se enamoraron, pero ninguno de ellos fue capaz de tenerte ni de retenerte nunca. Pertenecías a lo salvaje; a los acantilados, bosques, montañas, ríos y océanos. A la bestia aulladora de la noche. Y quizá ni siquiera a ella tampoco, únicamente permitías compartirte con ella, nada más.

Duermes en tu ataúd de cristal. ¿Vendrán los vientos a llorarte ahora? La cicatriz del tiempo tardará en cerrarse para todos los que nos quedamos atrás, con quienes decidiste ser locura única. Y me siento tan afortunado de haber podido acompañarte todos estos años de bello sufrimiento.

"¿Es esto una despedida, Señor Maspero?", me preguntas. Voz quebrada como el cristal de los eternos.
"Oh, no", digo, mintiendo un poco, solo un poco, "es una metamorfosis hacia la segunda cadena de horror". Te digo: "Ven conmigo" y tú me sigues a través de las esponjosas telarañas hasta llegar a un rincón que sólo nosotros conocemos, nuestro rincón, donde una fuente destila brillantes hileras de agua.
"Sabes lo que va a pasar, ¿no?"
Tú asientes. Otra fina hebra cobriza y sucia cae por encima de tus hombros.
"Eso es fácil. Todo el mundo sabe cómo acabará su historia"
"¿Estás preparada para decir adiós?"
Vuelves la mirada atrás un momento. Luego te acaricias las manos de manera nerviosa y por último las llevas al vientre, meciéndote.
"Nunca"
"Bien. Esa es la respuesta más sabia"
Te quedas en silencio un rato, juegas con el agua de la fuente, dibujas ondas con ella. Luego, preguntas:
"Señor Maspero, ¿crees que, de no haberme descosido el alma esa serpiente,me hubiese sido buena madre al final?"
¿Qué responde a esa pregunta hundida en esperanza muerta, en endiablados dobles sentidos? La abracé. La abracé como había abrazado su locura. Por ella. Solo por ella.

Qué criatura tan única se iba a marchar del mundo.


Última edición por Éline Rimbaud el Lun Jul 17, 2017 8:15 am, editado 3 veces



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Sáb Jul 15, 2017 11:13 am

De cuando el mar la encontró y la perdió
Por el Señor Maspero

Érase una vez...

Un mar que rugía. Rugía el mar, rugía, como guadaña que cae sin pecado, como esfera universal de los tiempos, no cesaba, nunca lo haría; "¿Por qué debería?", se preguntaba la orgullosa Señora del Mar. ¡Ella! ¡Tan suprema, tan hermosa, que solo respondía a sus propias leyes veleidosas como lo más caprichosos hombres! Entonces, la mar te vio. Sí, Éline, a ti. Se enamoró tanto de la loca sin destino que quiso reclamarla para sí misma. "Será la más bella de todas las criaturas que pueblan mis profundidades", se ufanaba la Señora del Mar.

Entonces, caíste. El Lobo y Mefistófeles pensaron que era cosa suya; un plan urdido por el tiempo de venganza, dictando su serena sentencia. ¡Qué ilusos, mi pajarillo! Pero, ¿qué te voy a contar yo de esa historia que tú ya no sepas, si sufriste su agonía en tus propias carnes, mi Éline?

Entonces, caíste. Caíste a las profundidades del Océano Olvido, consumida ya por la vida que se te había desquebrajado, a medias tu yo, a medias y aún entera. Como una Alicia en la madriguera. ¡Si tú fuiste la primera en perderse en tu propio país de las maravillas antes que el cronista de las letras relatara su cuento!

Y qué contenta estaba la mar, acunandote en sus húmedos brazos. "Al fin tengo mi tesoro". Tu sangre bañó las aguas del océano, tentándolas de desesperación hipnotizadora. Ver para creer en lo que fuiste y en lo que te convertiste. Me acuerdo que dijiste; "Aquí, en el fondo del mar, se está extrañamente cálido, Señor Maspero", mientras tu cuerpo se iba hundiendo más y más en el abrazo. Luego, cerraste los ojos.

"Aquí, en el fondo del mar, se está extrañamente cálido".



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Miér Oct 18, 2017 4:37 pm

Interludio sin sentido II

Sonata de la Desaparecida Descalza


Tan borrosa como un pensamiento, borrado hace siglos, siendo perseguido, repudiado. Tan deshecha como un barco varado, como el cristal con el que se cosen las nubes. La araña que trepa por su descosido vientre le recordará por siempre que regaló su puesto en los cielos por él o ella. Una ínfima idea que nunca saldará el corazón de la muñeca partida. Esa misma araña clava su veneno en la herida que trocea la rosácea piel. A veces duele. Se cree inmortal cuando lo más difícil es decir adiós.

Quiere respirar y no puede. No lo necesita. Se mira al trasluz; no hay nada. ¿Qué estado era aquel? Se despierta -¡se despierta! ¡si ya no duerme!- entre lágrimas, temblando, sola al recordar al hijo querido aún cuando nunca llegó a conocerle. Se acuna en el llanto. Entiende que está muerta y por qué su alma no puede descansar. Allá en lo alto, el fruto de un amor inmortal pero trágico descansaba a la derecha de Dios Padre.

El camino al Infinito huele a jazmín. La figura espectral, con el camisón manchado perenne por un círculo escarlata, deambula entre las tumbas de sus hermanos muertos. Y los besa. A cada uno de ellos. Por el destino que los aguardó tiempo ha, y que cumplieron. Por la escalera estrellada hacia abajo. Por haber sido villanos y héroes. A todos los galardonaba el ánima en pena.

Sentada sobre una de las tumbas sin nombre, el hada fantasma cepillaba su fuego en llamas. Largo, largo hasta la cintura. Y cantaba la canción que le había susurrado al lobo. Qué triste nana. Qué triste la princesa sin reino. Ya se murmuraba en París; el fantasma del fuego, el nostálgico arlequín que antaño hubo soñado con pertenecer al Reino de los Cielos. Y entona las bienaventuranzas para únicamente aquellos que quieran, o puedan, oírla entre los cipreses de Montmartre.



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Re: Madness is not a state of mind; madness is a place

Mensaje por Éline Rimbaud el Jue Nov 16, 2017 2:07 pm

Éline y las tres hojas de la serpiente


Por el Señor Maspero


Érase una vez...


¿Qué era Éline? Éline era un ser errante que camina y anda, llora, imagina y muere. Para después volver a caminar. Y ahora, ¿qué era el señor Maspero? El señor Maspero era el guía, el lazarillo. Era su cordura y su prudencia. El señor Maspero no estaba dentro de su cabeza, si no fuera, revoloteando. Era el alma extrapolada de la demente, que también moría, imaginaba y lloraba con ella su triste suerte.

Pero, como ya hemos dicho, después de morir Éline siempre conseguía andar de nuevo. Y, ¿qué es lo que estaba haciendo ahora la enferma? Pues eso mismo, lo habéis adivinado; caminar, caminar, caminar....



+ + +


Era noche cerrada en las calles de París. La pelirroja siempre salía de noche, ¿por qué? Pues porque el Sol le daba miedo. Le quemaba los ojos, decía. Si Éline salía de día, se quedaría ciega.  Qué alma más insensata nuestra Éline, estaréis pensando. Quizá fuese así, pero es que la pelirroja pertenecía a las tinieblas, al igual que espíritu maligno que la poseyó y vendió más tarde al Diablo.

La enferma dobló la esquina de “La Rue Bonjuoux”, uno de los callejones más solitarios de la capital francesa. Con su vestido rasgado y sus piececillos desnudos parecía lo que era; una marginada, una paria social, un espíritu andante. Éline sentía cómo se le encogían las tripas de pura hambre. La pelirroja pensó que si se las arrancaba, ya nunca más sentiría aquel molesto rugido. Pero el señor Maspero le aconsejó que aquello no iba a funcionar porque las tripas temblaban no por hambre, sino por miedo. Y el miedo no se podía arrancar. Éline no pudo por más que darle la razón a su sabio ruiseñor.

La callejuela olía a putrefacción, muerte y desamparo. Olía a sin Dios. Éline comenzó a rebuscar en la basura detrás una pequeña tienda de alimentos. No encontró gran cosa.
Absorta en su búsqueda de comida, Éline no se dio cuenta de dos figuras se acercaban por el callejón. Eran dos hombres de clase obrera, como bien delataba sus ropas de fábrica, su cara manchada de hollín y los cigarros en sus bocas.
-Eh, qué es eso.-dijo uno de ellos, conforme se acercaban más al callejón.
-No sé, Tréville. Será otro pobre diablo que busca comida en la basura.-repuso el otro, encogiéndose de hombros.
-Que no Gérard, que no...mira.-los hombres ya casi habían llegado a donde la demente se encontraba, alumbrada tan sólo por la tibia luz de la farola.-¡Es la loca del convento! ¡Ja!

El tal Gérard miró sorprendido a su compañero y achicó los ojos para poder ver mejor. Su compañero tenía razón. Era la loca del convento. Todos por aquella zona conocían la historia de la jovencita pelirroja que se quedó loca después de ser violada.
-Está como un cencerro.-murmuró Gérard, casi con desprecio. No sabía por qué pero aquella mujer le ponía los pelos de punta. Quizá fuera su historia, o quizá fuera porque no sabía cómo iba a reaccionar la loca cuando los viera pasar por allí.
-¡Eh!, ¿por qué no nos divertimos un poco con ella?-DuFontain dio unos golpecitos a su compañero a la par que le lanzaba una mirada cómplice.
-¿Qué dices? ¿Te has vuelto loco? Vámonos a nuestras casas que ya bastante hemos tenido por hoy en la fábrica.

DuFontain puso los ojos en blanco. Su compañero Gérard nunca sabía divertirse. Con un aspaviento de la mano, DuFontain rechazó el consejo de su amigo y se dirigió a la demente.
-¡Eh! ¡Tú! ¡loca!, ¿quieres comida? Ven, que yo tengo aquí algo para que me comas...-gritó mientras se reía.
Éline alzó la cabeza. El hombre se encontraba frente a ella moviendo la cadera como si estuviera borracho.
-¡Venga! ¡Ven, perra! ¿Qué pasa? ¿Satán te ha comido la lengua?-La pelirroja se incorporó y se acercó con pasos lentos y sigilosos al hombre que gritaba.
-¿Qué está diciendo, señor Maspero? Veo como salen serpientes de su boca, pero no sé qué sisean. ¿Hablan de mí? ¿Hablan de los pianos en las nubes?

DuFontain no podía dejar de reírse estrepitosamente como sólo los borrachos se ríen-quizá él no estuviera del todo ebrio. Se acercó unos cuantos pasos más a la pelirroja. Con el cigarro en la mano. Sus ojos brillaban con el ardor del Fuego Fauto. Éline se asustó al ver esos ojos, que eran los
mismos de las arpías y las lombrices de tierra. Eran los mismos ojos que tenía el Sol cuando quería mirarla y no podía. La pelirroja huyó a esconderse entre los escombros.
-¡Ja! Mira cómo corre la rata esta. Ya verás, te vas a enterar, puta loca...

El obrero se abalanzó sobre ella. Éline intentó zafarse, pero el hombre la agarró bien fuerte por las muñecas.
-Tienes unos brazos muy bonitos.-dijo el hombre, mientras los recorría con la mirada. DuFontain se humedeció los labios con la lengua, excitado ante lo que estaba a punto de hacer.
Con la punta del cigarro ardiendo, rozó todo el brazo blanquecido de Éline. Ella apretó los dientes, víctima del dolor de la quemazón. Al llegar a la muñeca, DuFontain apagó el cigarro en ella. Éline gritó de dolor. DuFontain reía.
-Tranquila, loca. Tengo más para encender.

Los quejidos casi susurrados de la demente violaron el silencio de las calles. Gotas, punzadas de negro, rojo y gris. La enferma se imaginó el sabor de la carne del monstruo en su boca. La sangre caliente deslizándose por dentro de su garganta.
“Mátalo. Se lo merece” gorjeó el Señor Maspero.
“Mátalo. Ensúciate. Haz que llueva del cielo. Mátalo”

Con furia contenida, el mismísimo Diablo le otorgó a Éline las fuerzas para abalanzarse sobre el obrero. La pelirroja ya no tenía control sobre ella misma; era una bestia, poseída por un espíritu infernal. Los cabellos rojos de la enferma flotaban con vehemencia y perversidad sobre su rostro, movidos por el viento. Los dedos de Éline se clavaron con saña en los ojos del hombre, hasta que los hundió hacia el fondo del cráneo. A partir de ahí, todo fue oscuro.

Sangre. Huesos. Carne. Negro. Desgarros. Alaridos lacerantes. Músculos. Entrañas. Vísceras. Lamentos. Golpes. Tripas. Órganos. Viscosidad. Crujir.


Lo que antes había sido el hombre, quedó convertido en un amasijo pegajoso de carne y huesos.
Éline alzó la vista justo para ver la cara pálida y aterrada de Gérard, el compañero de DuFontain.
La demente lloraba y las lágrimas se hacían más gruesas hasta convertirse en lágrimas de sangre.
-Joder...Está...está llorando sangre. ¡Está poseída! ¡Tiene un demonio dentro!-fue lo único que acertó a pronunciar entre balbuceos, mientras salía despavorido hacia la otra dirección.

Éline se arrastró a un rincón, temblorosa, para evitar el olor a putrefacción que ya empezaba a desprenderse del cadáver. Su rostro, sus brazos, sus ropas ajadas, su pelo, sus dientes, sus labios; todo en ella estaba cubierto de sangre, hasta sus lágrimas, que no paraban de manar.
-Lo merecía, Señor Maspero...lo merecía.-repetía entre sollozos incontrolables, se hizo un ovillo y se llevó un brazo, temblando, para cubrirse el rostro, avergonzada; temía lo que había hecho. Temía de sí misma.
“Eres una puta loca, asesina, peligrosa, negra alma” Era la voz de la Víbora.[/justify]



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