Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Ophelia M. Haborym el Mar Jul 16, 2013 5:11 pm

Muerte temblorosa

"Una noche agraciada por la tranquilidad, no parecía poder apaciguar la desesperación que comenzaba a surgir en ella... Y ni siquiera aquel infantil intento de cubrirse por completo con las mantas para la calma retornara a su ser, logró surtir efecto. Aquella macabra voz, tan familiar, rebotaba entre sus pensamientos para hacerse notar entre ellos e impedir que Morfeo se adueñase de aquel cuerpecito que temblaba, encogido sobre sí mismo. Estaba agotada, cansada, incapaz de moverse más que para tratar de huir de aquellos pensamientos que la atenazaban, de esos recuerdos que la hacían vulnerable. Todos aquellos temores que creía superados se arremolinaban en torno a la pesadilla que se abría paso, aun sin estar dormida, por su trastocada mente. Su cuerpo sólo reaccionaba ante aquellos estímulos, aquellos recuerdos de los que no tenía constancia de si habían ocurrido, que le atormentaban cada noche más y más, dejando que su cuerpo se retorciera, pujara por huir de algo que estaba en su propia mente, que se encogiera por completo, mientras sus manos trataban de silenciar aquella voz tan desesperante, presionando con fuerza sus orejas. Unas últimas palabras susurradas a su oído provocaron que el último rincón de su alma, un recóndito rincón lleno de ira, rabia contenida y temor camuflado, se atestase del más absoluto terror... Sin ser consciente del por qué. De qué le pasaba. De por qué le ocurría aquello cada noche al intentar dormir. ¿Acaso aquel ser desconocido, que a veces se aparecía como una sombra en sus sueños, provocaba que el pánico se adueñara de ella con tanta facilidad? Su mente se hallaba en confusión, tratando de luchar con aquel ente invisible, pero sus instintos únicamente la llevaban a huir..."

Corría el año 1620, y por aquel entonces Ophelia ya era una figura conocida y aclamada de la sociedad londinense. Tanto las altas como las bajas esferas, habían oído hablar de ella, fuese para bien, o fuese para mal. Por supuesto, todo cuanto podían decir de ella, no eran más que simples rumores, fruto de la envidia despertada por su vida de lujos, o de los deseos de parecerse a ella, una estrella en auge. Tanto su belleza, como su juventud agraciada por la sabiduría propias de alguien que ya hubiese vivido muchos años, era la envidia de las señoritas de buena familia, que no lograban conseguir marido ya que cualquier hombre se sentía atraído por su simple presencia. Si ellos hubieran sabido la verdad... Podrían haber sucedido dos cosas: que la tachasen de monstruo y esas señoritas con el orgullo herido encontrasen finalmente a un marido que las manteniera, o que quisieran sumarse a su perpetuo vivir (o no-vivir, según se mire), y esas pobres chicas de vida insulsa se vieran privadas por siempre de la buena vida, siendo repudiadas por sus familias al no encontrar un esposo digno. ¿Pero eso debía importarte? No, y no le importaba en absoluto. Ella era un ente libre, un ser de la noche que no estaba atada a nada diferente que su propia sed... esa sed que hacía muchos años que había llegado a controlar. Ahora bebía más por gusto que por necesidad, en su obsesión con limpiar la sociedad de nobles malhechores que nada bueno traían... No por justicia, más bien por venganza. Aunque ya se hubiese vengado de los asesinos de su familia, no era suficiente. Para ella, nunca sería suficiente. Después de todo, tenía toda una eternidad por delante para hacer cuanto quisiera. Sabía que ningún cielo la esperaba, y que no existía nada parecido al infierno. ¿Acaso hay algo peor que estar muerto en vida?

"Aquella figura femenina que se encontraba atormentándola, parecía haber regresado una noche más. Fue la primera noche que se levantaría del lecho, consciente de que estaba frente a ella, en su habitación, cargada de fuerzas para intentar encararla... Pero el ente no parecía estar muy de acuerdo, ya que con fuerza sobrehumana, la empujó contra el colchón con tal fuerza que creyó perderse en su interior. Mas eso no la detendría, tenía que seguir intentándolo...

De pronto, todo se nubló y sintió una brisa fresca golpeando su rostro. Notaba el sabor de la sangre de aquella fémina nocturna, y al instante supo que todo habría acabado pronto. Sus extremidades superiores sintieron el alivio de poder extenderse con toda la libertad. El vacío se extendía bajo ella, sobrio, apagado, atrayente. Quería abrazarlo y que todo terminara cuanto antes, pero el ente se tomaba su tiempo mordiendo su débil cuello, succionando su sangre como había hecho durante todos aquellos meses. El silencio era abrumador y casi devastador para ella, ya que eso sólo significaba que su voz retumbaría fácilmente en sus oídos, trayendo consigo, de nuevo, el terror... Su voz... su voz era fría y áspera, como el hielo, y demasiado atractiva y maligna para ser de un mortal. Sus pies avanzaron por el alféizar contra su voluntad. Ella ya no tenía voluntad... Y tan pronto como el ente hubo depositado un beso en aquella herida, su cuerpo tembloroso cayó hacia la nada, precipitándose a la muerte oscura.

De pronto, todo pareció apagarse, y por primera vez, se sintió plena al observar aquel hermoso rostro que llevaba tanto tiempo atormentándola. ¿Cómo un ser tan feroz podía ser tan bello? De repente se sentía feliz, tranquila, a medida que su cuerpo se iba haciendo más y más pesado, siendo recogido por la muerte. Ahora que le había visto la cara, no tenía miedo. La muerte tenía rostro de mujer, colmillos de bestia y belleza sobrehumana. Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, y una sonrisa serena se instaló en su rostro, cada vez más pálido. El ente pareció sonreír y depositó un frío beso sobre sus yertos labios, sellando una unión que duraría toda una eternidad. La calma se instaló sobre su alma, y sólo pudo alzar la voz una única vez, para mostrar su sorpresa. -¿Nieva?... - Murmuró para luego extinguirse. A lo que el ente sólo pudo susurrar en su oído muerto que sí."


Helenna... Aprendió de su nueva vida a pasos agigantados, de mano de su asesina y salvadora. Ophelia. La había elegido tras mucha observación. Era una chica inteligente, pero demasiado enfermiza para disfrutar de la vida. Pasó largas temporadas en cama... Hasta que ella la fue a visitar. La primera vez su sangre pareció rejuvenecerla, pero la noche siguiente pasó algo inoportuno, y es que la chica, consciente de que ella estaba allí, en un descuido suyo, la llamó por su nombre. Aquellos ojos, entonces verdes, la cautivaron al instante y quiso probar su sabor. A partir de ahí, el ciclo se repetía cada noche, provocándole terribles pesadillas a la joven. Así lo prefería. No debía acordarse de su rostro, ni de su cara. No hasta que llegase el momento oportuno y sería, y fue, cuando la convirtió en un ser de la noche, fuerte, hermoso... Y terriblemente inestable, de no ser por la mano firme de la antigua, quien le enseñó a controlar su sed tras mucho esfuerzo y bastantes fracasos. Pero lo hizo. Finalmente, se separaron cuando Helenna fue lo bastante fuerte para controlar sus ansias, aunque aun hoy suelen encontrarse a las afueras de Londres, donde sus labios se unen y sus mentes intercambian información. Son felices en su no-vida, juntas, separadas. Están unidas por un vínculo muy fuerte: la amistad, y el lazo alumna-mentor que aun hoy sigue vigente.




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Re: †| Last words... New feelings |†

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Miér Jul 01, 2015 2:17 pm

Cuando era más joven solía fantasear con la posibilidad de que los inmortales, los vampiros, en determinado momento, cuando finalmente fueran aceptados en la sociedad como algo normal, consiguieran revertir el proceso que les convirtió en lo que eran. En lo que yo era. En esa criatura sedienta de sangre, incapaz de pensar en nada más que en beber, en asesinar, en alimentarse. Todas las demás necesidades, deseos y sueños desaparecen en el momento en que la sed despierta, con toda esa violencia de la que suele hacer gala. Cuando era más joven, realmente echaba de menos la sensación de los rayos de Sol sobre mi piel, que poco a poco provocaban el cambio de color de la misma, del eterno pálido que había adquirido tras la muerte, hacia un tono más moreno, castaño. Aunque entre las jovencitas de alta cuna no estuviera bien visto broncearse en la época actual, en otro momento de la historia eso era indicativo de ser saludable. Cuánto han cambiado las cosas desde entonces... Cuánto he cambiado yo, desde entonces.

Milenios ha desde que dejé atrás mi época de neófita, de sed incontrolable. Fue una época confusa para mi, llena de cambios, sobre todo teniendo en cuenta que apenas medio siglo después de convertirme, mi creador decidió abandonarme a mi suerte sin mediar palabra. Creo que fue en ese preciso momento, al verme sola, convertida en aquel monstruo, cuando comprendí que ya no había marcha atrás. Que yo jamás volvería a ser humana, y que, realmente, no desearía nunca volver a serlo. Porque a pesar de la sed, de los instintos que parecen incontrolables, ser humano tiene algo que yo rechazaba a toda costa, algo que podía destruirme, hacerme daño, acabar con la poca cordura que me quedaba. Y eran los remordimientos. Los sentimientos. Las emociones.

"Apagar" las emociones fue la primera decisión que tomé cuando comprendí que Friðþjófr no volvería. Y la verdad es que fue mucho más sencillo de lo que esperaba. No las apagas ni desconectas, en realidad, simplemente aprendes a ignorarlas. Y yo aprendí muy pronto a hacerlo. Extremadamente pronto. Casi podría decirse que yo estaba hecha para esa vida, para esa existencia carente de remordimientos. Y me facilitó mucho las cosas. Aprendí a controlar mi sed muy pronto, aunque seguía asesinando y masacrando, pero ahora sin sentir absolutamente nada. La compasión se convirtió para mi en una simple palabra cuyo significado me era indiferente. Nada me importaba. Lo único que me causaba interés era la búsqueda de nuevas víctimas. Podría decirse que fue en aquel momento, en ese preciso instante, cuando comenzó realmente mi nueva vida. Mi vida como vampiro. Mi vida como Moira.




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Re: †| Last words... New feelings |†

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Miér Sep 30, 2015 3:06 am

Recuerdo con nostalgia las noches londinenses. Aquel clima húmedo, a pesar de ser terrible para mi cabello, era lo suficientemente desagradable como para que a mi, criatura solitaria y con clara preferencia a quedarme dentro de casa, me resultara atractivo. Cuando las gruesas y grisáceas nubes comenzaban a dejar caer la lluvia, todo el mundo desaparecía de las calles, dejándolas completamente vacías. Era en esos instantes cuando aprovechaba para salir del escondite que ocupaba con Helenna, y juntas recorríamos callejuelas y parques con una sonrisa en el rostro, y con los ojos fijos en el horizonte. Aquellos momentos siempre quedarán grabados en mi memoria, en mis retinas. Su aspecto grácil y fantasmagórico se hacía incluso más evidente bajo aquella capa continua de lluvia. Estaba hecha para esa ciudad, siempre lo he sabido. Nacida en Londres y destinada a vivir allí. Quizá por eso decidí aparcar mi egoísmo y permitir que se quedara allí tras mi marcha. Fue un error, claramente. Si hubiéramos estado juntas desde el principio, probablemente todo hubiera sido diferente.

O puede que no. A estas alturas, no creo que eso importe demasiado. Lo que realmente importa son aquellas noches, los recuerdos que conservo de ellas, y de ella, ¡bendita criatura! Creada a mi imagen y semejanza, como yo lo estoy a la de mi creador. Por suerte o por desgracia. Además de esas noches nubladas, de Londres también recuerdo otros aspectos que me hacen echarlo de menos. El aroma de los callejones, lejos de parecerse al de París, donde se confunden los orines con la putrefacción, allí todo huele a humedad, pan recién hecho y sangre fresca. Algo extraño, desde luego, teniendo en cuenta que París está más transitada. O quizá precisamente por eso. Entre su belleza y la mía, y el característico buen carácter de los londineses, las cazas no sólo eran más divertidas, sino mucho más fructíferas.

Aún recuerdo el sabor de la sangre de esa chica, obsesionada desde la infancia con convertirse en uno de nosotros. Nunca permití a Helenna que le otorgara ese favor, por supuesto. Nunca he querido que ella cree a nadie. En cierto modo, me da miedo que encuentre ese compañero de eternidad que yo pretendía que fuera para mi, porque sé que entonces la perdería. Este pensamiento, tan egoísta, me ha permitido sobrevivir durante muchos años. La dualidad de mi relación con mi creador no me permite amar a nadie más que no sea él, a pesar del odio que le profeso. Pero la necesidad de olvidarme de ese vínculo fue uno de los motivos que me llevó a crearla a ella. No para hacerla sufrir, siempre intenté inculcarle de la forma más sana posible lo que era la inmortalidad, pero sí como una forma de olvidarme del dolor que no puedo sacar de mi alma. Y ahora que no sé nada de ella, que me descubro persiguiendo todo rastro de su persona, intentando reencontrarla, me he dado cuenta de que quizá siento más por ella de lo que en su momento quise sentir. Y no sé si eso es bueno o malo. ¿Cómo puedo compaginar el amor por ella, con la obsesión por Fridpjófr? Es imposible.

O eso es lo que él quiere hacerme creer.




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Re: †| Last words... New feelings |†

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Miér Ene 06, 2016 4:44 am

Algunas veces me sorprendo al darme cuenta de los muchos cambios que ha sufrido mi carácter con el lento pero inexorable paso del tiempo. Cambios a peor, por supuesto. Lo que antaño era furia desmedida, ahora se ha convertido en una suerte de retorcido sadismo que dota de mayor crudeza si cabe cada uno de mis actos. Dicen que los vampiros, a medida que envejecemos, nos convertimos en más sabios, en más contenidos, menos volátiles que en los primeros años de nuestra no-vida. Y en parte tienen razón. Cuando tienes tantos años como los que yo tengo, te das cuenta que provocar masacres, por muy divertido que resulte contemplar las variadas reacciones en los rostros de la gente, no compensa. A mi no es que me importe que los humanos descubran que existen los vampiros. De hecho, toda mi pretensión es lograr sacar esa realidad a la luz. Pero que mi nombre o mi presencia comience a destacar por encima de la de los demás ya no me gusta tanto. Claro que yo no lo llamaría sabiduría, y mucho menos contención. En lugar de asesinar en mitad de la calle, creando pequeños desastres que provoquen el pánico, me deleito torturando a las víctimas que voy escogiendo. Delante de sus familias. En sus propias casas. Para luego agenciarme todo aquello que alguna vez les pertenecía.

Hace algunos años, antes incluso de crear a Helenna, aunque ya contaba con más de cinco siglos a mis espaldas, era conocida por los habitantes de Suecia como la "furia nocturna", nombre que me habían puesto después de que durante meses asolara la región más al norte, asesinando a cada habitante, hombres, mujeres y niños, por el simple placer de admirar la destrucción, el dolor que aquellos actos depositaba sobre cada ciudadano, como una cicatriz que no se cierra.

Ahora, sin embargo, aquí estoy. Cuando quiero recrearme y asesinar de la forma más horrible que se me ocurra, suelo acudir a los lugares en que puedo encontrar víctimas sin armar revuelo, sin que nadie las eche de menos. Hospitales. Manicomios. Bares. Callejones. ¿Prostíbulos? Aquellos sitios en los que el hedor a autocompasión, indiferencia hacia la vida y hastío brillan con más fuerza, con más intensidad. Es maravilloso ver apagarse poco a poco la vida en los ojos de aquel que proclamaba no temer a la muerte. Cuando estaban tan cerca, tan al borde, asomaba la triste realidad. Y es que ansiaban vivir, pero estaban perdidos. Y en lugar de encontrar un guía, una luz que los sacara de la oscuridad, se topaban conmigo.

La Parca.




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Re: †| Last words... New feelings |†

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Lun Jul 04, 2016 6:18 am

Aún me gusta, de vez en cuando, recrearme en los recuerdos procedentes de los viejos tiempos. Cuando todo era más sencillo, cuando el mundo no era más que un gran coto de caza, donde los seres de la noche, como yo, podíamos escoger entre una gran variedad las presas que queríamos consumir en cada momento. Ahora esos días me parecen tan lejanos, tan difuminados por el peso de los siglos, pero el sentimiento sigue presente. Esa sed implacable, parcialmente aplacada por el sabor de la sangre de aquellos que tenían la mala suerte de cruzarse en mi camino. Es sencillo anhelar aquello que perdemos. Ese sentimiento, tan bien conocido por los humanos que me sirven de sustento, es algo, sin embargo, que no me gusta experimentar. Siempre he preferido pensar que somos criaturas diferentes. Que yo soy diferente, más fuerte, y por tanto, que no tiene sentido para mi comportarme de semejante forma. Y no, no es que me olvide de que alguna vez fui, en efecto, humana, pero todo rastro de humanidad fue sesgado de mi alma mucho antes de que mi corazón se parase. Aún así, ese desecho, esas emociones, siguen apareciendo de vez en cuando, como un molesto zumbido en el fondo de mi mente, nunca llegando a manifestarse como tal, pero haciendo que me cuestione ligeramente mis acciones.

Es, en definitiva, terriblemente molesto. Evidentemente me gustaría que las cosas fueran como antes, me encantaría poder simplemente salir y escoger de entre una gran variedad el sujeto que más me apeteciera para la noche, según mi humor o la intensidad de esa sed que siempre está ahí, esperando a ser saciada. Recuerdo, no sin pocas ansias, en especial una de aquellas noches. Probablemente fuera uno de los primeros años pertenecientes al siglo XV, y entre mis brazos temblaba ligeramente una chiquilla de cabellos cobrizos, y labios sonrosados. Para ella, yo era la promesa de un nuevo mundo, uno en el que no tendría que preocuparse de la tortura a la que su padre la sometía. Un futuro en el que sería fuerte, y valiente, y en el que, según yo le había hecho creer, ella estaría conmigo, a mi lado, como una compañera, como una más. Ridículo. Como si mi gusto residiera simplemente en la apariencia, o en lo necesitada que estuviera mi presa. Yo, que para entonces ya tenía más de un milenio a mis espaldas, ni deseaba ni esperaba ni pretendía tener a nadie pegado a mi sombra en un futuro cercano... Bueno, ni en uno lejano, realmente.

La desangré lentamente, con un delicado beso en su blanquecino cuello, susurrándole que todo iría bien a medida que su visión se nublaba, y sus esperanzas se desvanecían. Ahí estaba, pude ver en sus ojos, al principio cargados de esperanzas, de promesas, el momento exacto en que su fe se quebraba, en el que asumía que todo lo que esa mujer misteriosa le había dicho, no eran más que mentiras. Promesas vacías que ni quería ni iba a intentar cumplir. A medida que su luz se apagada, lágrimas silenciosas habían comenzado a desplazarse por el filo de sus ojos. Y me miró directamente a los míos, dándose cuenta solamente entonces de la clase de monstruo con la que se había ido a topar.

Sí... Eran buenos tiempos...




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Re: †| Last words... New feelings |†

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Jue Ago 04, 2016 12:55 am

"- ¿Alguna vez salís de paseo cuando la luz del día aún está presente? La verdad es que, desde que os conozco, únicamente os he visto cuando el Sol ya ha desaparecido... Sois un ave nocturna, desde luego. Pero me gustaría saber qué color tendrán vuestros ojos, de verlos con más claridad..."

Necia de mi, en ese momento, pensaba que la oscuridad formaba parte de nuestra "relación", que era un aspecto más de nuestro secreto, algo que lo hacía especial, único, aunque me frustraba de sobremanera porque realmente deseaba saber cómo sería tu rostro bajo la luz natural, y no la de las velas. Ahora sé que hubiera sido un caos de cenizas y polvo, más que nada, pero en ese momento, en el que el amor y su cosquilleo era lo único que me daba las fuerzas necesarias para seguir levantándome, me dificultaba encontrar sospechoso el hecho de que sólo aparecieras en mi puerta -o mejor dicho, mi ventana- cuando la noche comenzaba a cubrir lo que antes fue día.

"- Por supuesto, pero ¿no creéis que lo nuestro es mucho más mágico precisamente porque surge cuando todo lo demás se oculta? Las sombras que a los demás acechan, y espantan, para nosotros son bienvenidas. ¿Acaso no os gusta eso?"

Dijiste, y yo me lo creí. Como me creí tantas otras cosas a lo largo de las semanas, de los meses. ¡Cómo no hacerlo! Con ese tono de voz, con esa cadencia al hablar que me embelesaba y hacía suspirar. Con esa mirada intensa que se desplazaba hasta los confines de mi alma, como si estuvieras intentando observarme desde dentro, desde mis entrañas hacia afuera. Y tal vez lo hacías, quién sabe. Por más que odie reconocerlo eres la persona, el monstruo, que mejor me conoce. Tú me diste forma. Tú me ayudaste a sacar a relucir quien realmente era, dentro, muy dentro. Aunque luego lo destrozaras todo sin dudarlo.

"- ¡Claro que sí! No es eso a lo que me refería. Solamente es que deseo poder ver, comprender, absorber todas y cada una de vuestras facetas, de vuestras luces y sombras, para guardarlo todo en mis recuerdos, y así poder teneros por siempre, para siempre, cuando cierro los ojos...

- Para eso no necesitáis la luz del alba, solamente seguirme queriendo. Acompañarme allá donde vaya... Así no habréis que recordarme, simplemente me tendréis.
"

La cruda realidad es que te hubiera seguido hasta los confines del infierno. Y así lo hice.

Y hasta aquí nos ha llevado.

Yo siguiendo tus pasos, y tratando de enterrarte bajo el peso del daño que me hiciste. La próxima vez que quieras jugar con fuego, quizá recuerdes que sí que quema. Por muy inmortal que seas.




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Re: †| Last words... New feelings |†

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Lun Dic 12, 2016 7:10 am

Dicen que errar es humano, y quizá por eso odio tanto cometer errores, o que los cometan las personas que están a mi alrededor. Desde antes de ser inmortal, me resultaba honestamente irritante la mediocridad de las actrices, prostitutas y bailarinas a mi alrededor. Probablemente ninguna de nosotras hacíamos ese trabajo precisamente porque nos gustara: la pobreza era algo comúnmente ligado con la necesidad de vender el cuerpo por parte de las mujeres, y yo no era la excepción... Sin embargo, ello no debería ser un motivo suficiente para hacer que quienes se comprometían a hacer un trabajo, no lo hicieran como es debido. Si de mi se requería bailar y desnudarme, lo hacía de la forma más sensual y honesta que pudiera, aún cuando mis ojos estuvieran muertos y no hubiera ninguna sonrisa en mi rostro. Cuando a la hora de actuar se me pedía que aparentara ser la persona más feliz sobre la tierra, nadie entre el público podía imaginar que mi vida era más parecida a la de una esclava que a la de una gran actriz. Cuando mi trabajo consistía en hacer sentir bien a un soldado, o a un superior, o a un noble, hacía lo posible porque fuera inolvidable...

Aunque por dentro todo cuanto deseara fuera cortarles el cuello mientras los veía llorar con desesperación.

Creo que nadie nunca fue capaz de ver esa otra cara dentro de mi misma, esto es, nadie excepto él. La primera, y también la única vez, que le pregunté a Fridpjófr por qué me había escogido como su compañera, él me dijo que fue porque había sido capaz de ver a través de mi, mis verdaderas intenciones, y se sintió conmovido por mi enorme capacidad para hacer creer al resto del mundo que era un ser puro y sincero, cuando encerraba a un auténtico demonio en mi interior. En ese momento sonreí, porque no sólo estaba de acuerdo, sino porque aquella también fue la primera vez que un halago realmente me sentó como tal.

Aquella noche, mi última noche en mi tierra natal, decidimos hacer un juego. Él me dijo que si era capaz de convencer al emperador de que debía casarse y huir conmigo, me llevaría a la otra punta del mundo como regalo por la "nueva vida". Mi sangre, aunque ya no circulaba por mi cuerpo, pareció comenzar a hervir.

No sólo logré que me propusiera matrimonio ignorando todo lo demás, sino que cuando finalmente me marché, al tiempo supimos que tras mi pérdida, se suicidó, dejando tras de sí un país roto y medio conquistado por el enemigo.

Puede decirse, que el "demonio" fue liberado con todo su potencial.





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