Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



NIGEL QUARTERMANE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
AMANDA SMITH

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
BÁRBARA DESTUTT DE TRACY

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP


RYLEY ENDE

MODERADOR

ENVIAR MP
GIULIA VAGGÖ

MODERADORA

ENVIAR MP
LOREENA MCKENNITT

MODERADORA

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

MODERADOR

ENVIAR MP

CLIMA CE QUI NOUS UNIT - PARTICIPAN DAMIAN ALARCÓN Y LORA BELLAMY. RELEASE THE BEAST - PARTICIPAN ASTOR GRAY Y GWANGJONG GOREYO. VANN STEIN - PARTICIPAN HÖOR CANNIF, ULF TOLLAK, GIULIANA MORDRAKE, DANIELLE MORGAN, LUND, STAN MCQUINN, KHAYLA. NOSTALGIA - PARTICIPAN SUNI KANG y GWANGJONG GOREYO.




Espacios libres: 05/48
Afiliaciones élite abiertas
Última limpieza: 28/11/17


COPYRIGHT/CRÉDITOS

En Victorian Vampires valoramos la creatividad, es por eso que pedimos respeto por el trabajo ajeno. Todas las imágenes, códigos y textos que pueden apreciarse en el foro han sido exclusivamente editados y creados para utilizarse únicamente en el mismo. Si se llegase a sorprender a una persona, foro, o sitio web, haciendo uso del contenido total o parcial, y sobre todo, sin el permiso de la administración de este foro, nos veremos obligados a reportarlo a las autoridades correspondientes, entre ellas Foro Activo, para que tome cartas en el asunto e impedir el robo de ideas originales, ya que creemos que es una falta de respeto el hacer uso de material ajeno sin haber tenido una previa autorización para ello. Por favor, no plagies, no robes diseños o códigos originales, respeta a los demás.

Así mismo, también exigimos respeto por las creaciones de todos nuestros usuarios, ya sean gráficos, códigos o textos. No robes ideas que les pertenecen a otros, se original. En este foro castigamos el plagio con el baneo definitivo.

Todas las imágenes utilizadas pertenecen a sus respectivos autores y han sido utilizadas y editadas sin fines de lucro. Agradecimientos especiales a: rainris, sambriggs, laesmeralda, viona, evenderthlies, eveferther, sweedies, silent order, lady morgana, iberian Black arts, dezzan, black dante, valentinakallias, admiralj, joelht74, dg2001, saraqrel, gin7ginb, anettfrozen, zemotion, lithiumpicnic, iscarlet, hellwoman, wagner, mjranum-stock, liam-stock, stardust Paramount Pictures, y muy especialmente a Source Code por sus códigos facilitados.

Licencia de Creative Commons
Victorian Vampires by Nigel Quartermane is licensed under a
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en http://www.victorianvampires.com


Últimos temas


Memorias de una puta triste

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Memorias de una puta triste

Mensaje por Lyudmilla Blavatsky el Sáb Sep 21, 2013 12:15 am






El círculo oscuro
Cárcel ◥◣ Ucrania ◥◣ Adiós, madre



◥◣ Lyudmilla


Prisión de Ekaterinoslav, Ucrania. Verano de 1784

El frío le calaba hasta los huesos. Cada articulación le dolía, los músculos se habían entumecido de mantenerse en la misma posición. Se había acostumbrado a la garganta seca, a la boca pastosa y a la oscuridad. Sólo le quedaban fuerzas para mantener abrazado a su hermano menor, y sostener la mano de su madre, cada vez menos temblorosa. La fiebre le había dado paso a una tensa calma, ya no gemía, ni siquiera se movía. Lyudmilla solía apoyar la yema de sus dedos en el pecho femenino, y así captar que subía y bajaba, lentamente, en una agonía eterna, que le consumía la vida cada vez que el aire salía expulsado de sus labios agrietados.

Tanto ella como Rhostislav conocían el desenlace de aquella situación, sin embargo, el momento en que Yulia abandonó el mundo terreno, ocurrió tan rápidamente, que no se dieron cuenta.

Fue el olor a materia fecal y a orín reciente lo que llevó a Lyudmilla a acercarse al cuerpo de su madre. Hasta ese momento, no sabía que los humanos, al morir, expulsaban sus hedores y fluidos, como última muestra de una lucha que saben vencida desde que nacen. No había nada que hacer, y la adolescente, sólo atinó a llamar al guardia, que entró, comprobó el deceso, volvió a los pocos minutos, y junto a otros hombres, se llevaron el cuerpo.

Los jóvenes no pudieron despedirse, demasiado conmocionados, hambrientos, sedientos y azuzados por el frío, pero, en su corazón, se abrió una grieta difícil de subsanar.

Yulia había sido alegre, y con Lyumilla la relación había sido simbiótica. En las ausencias de Viktor, desarrollaron un vínculo profundo, de amor incondicional, respeto y compañía mutua, irrompible y trascendente, incluso, para lo cruel y definitivo de la muerte. Fue eso lo que la hizo fuerte, y lo que le otorgó las herramientas para no arrojarse a la resignación.

La celda apestaba, pero, internamente, agradecía el mayor espacio. El habitáculo era pequeño, como todo lo que se espera de un sitio como ese. No había ni un camastro, y el suelo resultó ser, con el paso de los días, lo más reconfortante. Ni siquiera la presencia o el contacto con el otro, ya les daba consuelo. Lyudmilla se había obligado a no llorar, ni por la muerte, ni por el abandono, ni por el estado de desidia e indignidad en los que habían sido sumergidos ella y su hermano.

Estaba segura sólo de una cosa, que su padre era inocente. Lo había visto en su mirada, ella parada en el altar, él en la puerta. Sintió la cálida oleada de los ojos nobles de Viktor Blavatsky, un hombre honesto y servicial, incapaz de traicionar la patria que amaba. Pensarlo le insuflaba valor, un valor desconocido y de carácter descomunal, uno débil y que podría flaquear.

Cuando se acostaba en posición fetal, se instaba a recordar buenos momentos, y notó que cada segundo los olvidaba más. Hasta que sólo deseó un recuerdo, sólo una sensación, y era el Sol. Nada ansiaba más que volver a ver el Sol, quizá por última vez, antes de morir ejecutada. No quería partir sin volver a sentir los cálidos rayos del astro rey, acariciarle el rostro por última vez.







"Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma
"


Woman:
Daughter:
avatar
Lyudmilla Blavatsky
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 83
Puntos : 73
Reputación : 27
Fecha de inscripción : 24/10/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de una puta triste

Mensaje por Lyudmilla Blavatsky el Vie Jul 18, 2014 9:26 am






Una luz de esperanza
Cárcel ◥◣ Ucrania ◥◣ El corazón en un puño



◥◣ Lyudmilla


Prisión de Ekaterinoslav, Ucrania. Otonio de 1784

El frío estremecía cada poro de su piel. ¿Cómo era posible sentir que se helaban todas las partes de su cuerpo y no perecer? Abrazada a Rhostislav, lo único que su mente pedía a gritos era morir, rápidamente, que se diera por finalizado aquel padecimiento horroroso, que los estaba consumiendo. Rhos era sólo un niño, no aguantaría mucho más, y ella esperaba irse junto a él. No podría soportar que su hermano muriera allí, entre sus brazos, temblando y susurrando su nombre. Constantemente se llamaban, tenían la necesidad de nombrarse, de saberse aún reales. A veces, cada uno ocupaba un sitio distinto en el pequeño habitáculo que los encerraba, pero no podían pasar demasiado tiempo separados. En cuestión de pocos minutos, sus dedos se entrelazaban hasta por fin, volver a enlazarse. La muchacha había notado que hacía unos días o unos años –allí los relojes parecían haberse parado y sus vidas suspendido en el aire- pasaban más y más horas pegados, sintiéndose.
Cuando Rhostislav dormía, Lyudmilla apoyaba una mano en su pecho para sentir cómo subía y bajaba; a veces, solía acercar su oreja a su boca para oír su respiración. Si él debía morir primero, tenía que ser así, soñando, en paz, con ella cubriendo su cuerpo, dándole el poco calor que emanaba. Ella le hubiera dado el mundo, pero éste no le pertenecía, sólo tenía su amor y sus pocas fuerzas. Cuando les llevaban comida, ésta era asquerosa, fría y olía mal, pero se acostumbraron, y la joven sólo ingería unos bocados para que su hermanito comiera el resto. Él no se negaba, pero cuando lo hacía, ella le mentía diciéndole que le habían dado un poco más de lo acostumbrado, y por ello, podía comerse el resto. Su estómago, hacía demasiado había dejado de crujir por el hambre. Lo mismo era con el agua, si es que así podía llamársele a ese líquido rancio que les acercaban con una periodicidad demasiado prolongada.
Lyudmilla los primeros días deseaba el Sol, ahora sólo deseaba la muerte. Los habían reducido a despojos humanos, que de no haber sido educados en las buenas costumbres, se habrían comido entre ellos. La rubia, que no creía posible caer más bajo, hasta pensó en que fue una mala idea que se llevaran el cuerpo de su madre; podrían haberse alimentado de él hasta que no soportaran la podredumbre. Cuando ese concepto la asaltó, estuvo a punto de darse la cabeza contra la pared.  ¡Era un espanto! Pero el hambre no sabe de pruritos, y cuando la debilidad era demasiada, no se arrepentía un ápice de tamaña reflexión.
Rogar por una pronta muerte, no significaba, en absoluto, que el día que la puerta se abrió –algo que sólo había ocurrido una vez, cuando se llevaron el cuerpo inerte de Yulia- no hubiera apretado a su hermano contra su cuerpo y hubiera lanzado un alarido de horror. Ellos se encontraban en una esquina de la habitación, la luz del exterior le quemó los ojos, y la figura enorme que ocupaba la puerta le parecía espantosa. Alguien entró, empujando al extraño, y le dio una bofetada atronadora. El gusto metálico de la sangre le dio náuseas, pero se contuvo. El que primero había ingresado, emitió una orden en voz alta, y el agresor salió mascullando.
El desconocido se acercó a una Lyudmilla delgada, sin fuerza, sin belleza, sin dignidad, destrozada, devastada, hundida en la peor miseria, y apoyó su cálida y enorme mano en la mejilla huesuda y ella supo, inmediatamente, de quién se trataba. Su corazón se había revolucionado ante la presencia de su antiguo prometido, y las lágrimas no tardaron en caer. Ella lamió sus labios secos, y el sabor salobre de su llanto le pareció la gloria.
—Lyudmilla… —susurró con suavidad.
La muchacha pensó que se dirigía a otra persona, que esa Lyudmilla a la que nombraba no era ella, era alguien que fue feliz, que fue amado, que fue cuidado y protegido. Su vida se había borrado por completo, aquellas paredes heladas, aquellas condiciones infrahumanas, le habían hecho creer que toda su existencia se reducía al calabozo mugriento, que nada existió antes que eso. Pero allí estaba él, con su perfume y su pulcritud, llevándole esperanza. ¿Sería el encargado de la ejecución? La rubia y su pequeño hermano le estarían eternamente agradecidos.
Sin embargo, Lyudmilla estaba aterrada, y no podía prestarle atención. La emoción inicial le dio paso a un pánico atroz. Estaba segura que le diría que su padre había muerto y que ahora era su turno. Cuando él intentaba hablar, ella tapaba los oídos de Rhostislav y tarareaba una canción. Fueron varios días de intentos vanos, hasta que una quinta visita, la rubia se cansó de la incertidumbre y lo escuchó.  La forma en que él pronunciaba su nombre, le indicó que no todo estaba tan mal. Primero la desconfianza la invadía, hasta que decidió darle una oportunidad. Su suerte estaba echada.
— ¿Puedes oírme? Respóndeme, por favor —con la mano libre, la zamarreó levemente tomada del hombro.
—Si… —el dolor que le provocó hablar la estremeció por completo.
—Sh…sh… —la tranquilizó, y sus dedos se deslizaron suavemente por su cuello, recorrieron la nuca con movimientos ascendentes y descendentes. —Ven, ven aquí… —con suavidad, la acercó a su cuerpo y estrechó a los dos hermanos. —Perdón, perdón por eso… —murmuró sobre su coronilla. A él parecía no importarle que estuviera completamente sucia.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó tras varios segundos de mantenerse apretada contra su calor. Se había dado cuenta que Rhos dormía.
—Vengo a sacarte —la retuvo cuando ella se quiso alejar de súbito— Quédate contra mí, siénteme, siente mi calor, éste lugar está helado, por Dios… —se animó a refregar suavemente su brazo. Si ella hubiera podido ver en la oscuridad, habría notado sus ojos húmedos de un llanto que pugnaba por salir. —A tu padre le tendieron una trampa, fue una traición hacia él.
—Siempre creí en mi padre —sus labios se curvaron suavemente. Hacía tanto que no sonreía, que ya no recordaba qué significaba, sólo fue un acto reflejo.
—Lo sé, y yo, en parte, también, por eso hice averiguaciones —tragó para tranquilizar el nudo en su garganta— No puedo hacer nada para frenar el juicio, ni siquiera para aliviar la pena, pero sí puedo sacarlos de aquí. Será difícil, pero no imposible.
—No quiero que corras peligro —se aventuró a decir.
—El peligro lo correrán tú, tu hermano y tu padre. Estás tan débil… —se alejó escasos centímetros y tomó entre sus manos el rostro de su otrora prometida. —Ese día, en la Iglesia, estabas tan hermosa… —sus pulgares acariciaron los pómulos. —No puedo esperar a que estés recuperada, debes ser fuerte, Lyudmilla —volvió a estrecharla contra su pecho, conmocionado.
—Seré fuerte. Lo prometo. —se lo debía a Víktor, a Rhos, pero, sobre todo, a quien iba a ser su esposo, que estaba jugándose el pellejo por ella. Lo amaba, sí. Y él también.
—Entonces, escucha con atención —le incorporó y la miró a los ojos, como la luz estaba a sus espaldas, podía ver escasamente las facciones de la muchacha. Era hermosa, aún sumergida en la desgracia.
El joven relató con punto y coma todo lo que había planeado. Le parecía increíble que una persona que estuviera al borde de la muerte, aún tuviera la lucidez para seguirlo. No podía detenerse en explicaciones, todo fue escueto y rápido, pero todo indicaba que Lyudmilla había comprendido perfectamente.
— ¿Ha quedado claro? —preguntó por fin, exhalando sonoramente.
—Sí, perfectamente —asintió, con un entusiasmo juvenil, como si nada de lo transcurrido en ese mes y unos cuantos días, hubiera existido. Apretó contra su pecho el libro con lecciones de inglés que le había entregado. No se había equivocado al elegirla de esposa, y lamentaba profundamente cómo se habían desarrollado los acontecimientos.
—Tu padre está muy débil, debo advertirte que…
— ¡Él resistirá! —exclamó.
—Ahora debo marchar —se puso de pie, pero sintió cómo ella se aferraba a su manga, y volvió a acuclillarse. — ¿Qué sucede? —interrogó con curiosidad.
—Bésame —le suplicó con el rostro empapado de lágrimas. Sería la última vez que se verían. —Por favor. Nunca más nos cruzaremos, es lo último que te pido.
Él se acercó lentamente, bajó los párpados, acarició los carnosos y agrietados labios de la joven con los suyos, sintió el sabor de sus lágrimas y de su sangre. Entreabrió su boca, y durante varios segundos, se mantuvieron así, unidos, sin moverse. Fue él quien cortó el momento.
—Ya debo irme, Lyudmilla, pueden sospechar.
—Gracias, muchas gracias —murmuró.
El joven no volteó, si lo hacía, se la llevaría en ese preciso momento, abriéndose paso a los tiros, y no llegarían muy lejos. Se le hizo un nudo en el estómago cuando la puerta se cerró. Puso la bolsa con monedas de oro en manos del carcelero, y cruzó el pasillo, armándose de valor y repasando mentalmente el ardid que sacaría a su querida Lyudmilla de aquella situación. Era lo último que podía hacer por ella, era lo único que podía darle.







"Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma
"


Woman:
Daughter:
avatar
Lyudmilla Blavatsky
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 83
Puntos : 73
Reputación : 27
Fecha de inscripción : 24/10/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de una puta triste

Mensaje por Lyudmilla Blavatsky el Sáb Ago 13, 2016 10:41 am






Hacia la libertad
Cárcel ◥◣ Ucrania ◥◣ Romper cadenas



◥◣ Lyudmilla


Prisión de Ekaterinoslav, Ucrania. Otonio de 1784

Fue el día más terrible. Tan terrible como el día que los apresaron, tan terrible como el día que murió su madre. Por su cuerpo, recorrían escalofríos y temblores; los nervios la carcomían y era incapaz de centrarse en su objetivo. Necesitaba frialdad, necesitaba estar enfocada en lo único que realmente importaba: huir. Fue el peor, porque cuando se encontraron los tres en la carreta que los llevaría a Kiev, no pudieron abrazarse. Víktor dormía, demasiado enfermo, demasiado cansado, demasiado humillado. Lyudmilla tenía a su hermano de la mano e intentaba mantenerse fuerte para él. La distracción de la que Vasyl le había hablado no tardó en llegar, y por un instante, la muchacha creyó que el corazón se le saldría por la boca.

A pocos metros, se enzarzaban en una lucha, encapuchados y policías. Seguramente, creídos de que dos niños y un hombre enfermo serían incapaces de escapar, dejaron el carromato sin custodia. La rubia asomó su carita circunspecta y pálida, y no se veía a nadie. Sólo se escuchaban los ruidos de la batalla. Con rapidez, zamarreó a su padre, que despertó a duras penas. Entre el pequeño Rhostislav y ella, lograron que bajara, y por poco tuvieron que arrastrarlo para poder llevarlo hacia la libertad. Los setecientos metros que recorrieron con frío, con miedo y sin aliento, fueron eternos. Cada tanto, Lyudmilla miraba hacia atrás, y esperaba con resignación, tiros en su espalda y en la de sus familiares. Ella veía más cercana la posibilidad de que sentir el frío de la calle en su rostro, que el alivio de haber llegado.

Pero llegaron. No supieron cuánto duró el trayecto, pero lo hicieron, se escondieron, envueltos en unas telas viejas, acurrucados. La carreta estaba a medio llenar, pero los hombres que continuaron cargándola, jamás se percataron de su presencia. Víktor estaba en el medio de sus hijos, abrazados, llorando en silencio. A los tres las lágrimas les empapaban los rostros, pero no había nada que decir. La oscuridad se erigió por completo sobre ellos, y el leve movimiento del móvil, cuando comenzó a andar, los obligó a abrazarse más, a apretarse, a sostenerse.

Podían escucharse los gritos lejanos de los oficiales que se percataron de la ausencia de los convictos. Eso les heló la sangre. ¿Y si registraban el carruaje? Los encontrarían y los matarían, no tendrían la decencia de trasladarlos a otra prisión. Los dejarían tirados en el medio de la calle, como escarmiento para todos aquellos que osasen traicionar a su país, para todos aquellos que tuviesen el coraje para ridiculizar a la fuerza pública.

Pero ninguno de los pensamientos que auguraban desgracias ocurrió. Se acostumbraron al traqueteo sereno de la carrera, se atrevieron a tomar una fruta para cada uno, y cuando se detuvo para pernoctar, ellos aprovecharon para salir. Comenzaba la verdadera odisea.







"Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma
"


Woman:
Daughter:
avatar
Lyudmilla Blavatsky
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 83
Puntos : 73
Reputación : 27
Fecha de inscripción : 24/10/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de una puta triste

Mensaje por Lyudmilla Blavatsky el Mar Nov 08, 2016 11:29 pm






Hacia la libertad
Caminos ◥◣ Ucrania ◥◣ Romper cadenas



◥◣ Lyudmilla


Ekaterinoslav, Ucrania. Otonio de 1784

Debían cruzar el continente. Las instrucciones habían resultado demasiado exactas para que haya un margen de duda, la posibilidad de cavilar alguna otra alternativa. Los buscarían a donde fueran, levantarían las piedras de ser necesario. Víktor sabía demasiado, había visto la traición y la corrupción, y debían acabar con su vida, antes que él acabase con la de otros.

El militar optó por el silencio absoluto. Lyudmilla se asombraba de la capacidad de su padre para no emitir sonido, ni siquiera para quejarse de los dolores –sólo visibles en sus muecas- o del clima hostil, ni siquiera de lo poco que comían, o de los incómodo del transporte.

Rhostislav, en cambio, comenzaba a recuperar vitalidad, e intercambiaba alguna que otra palabra con su hermana mayor. Ella, por su parte, tenía la profunda necesidad de conversar, y en más de una oportunidad se encontraba haciéndolo consigo misma. Se preguntaba y respondía inmediatamente. Era como si no pudiera parar su cabeza, los interrogantes constantes y la incertidumbre de no saber qué había más allá.

El dinero que su prometido le había dado, no dudaría para siempre. Debían comer, y urgía un médico para Víktor, que sólo hablaba para negarse a visitar uno. Sabía del peligro que significaría, para él pero, principalmente para sus hijos. La salud del militar fue extinguiéndose a poco, ante los ojos de Lyudmilla, que comenzaba a desesperarse.







"Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma
"


Woman:
Daughter:
avatar
Lyudmilla Blavatsky
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 83
Puntos : 73
Reputación : 27
Fecha de inscripción : 24/10/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de una puta triste

Mensaje por Lyudmilla Blavatsky el Jue Dic 08, 2016 11:56 pm






Sólo queda algo por hacer
Robo ◥◣ Ucrania ◥◣ El corazón en un puño



◥◣ Lyudmilla


Ucrania. Otonio de 1784

Lyudmilla se había visto en la penosa necesidad de robar. Nunca, en toda su vida, se había sentido tan avergonzada como cuando entró, junto a Rhostislav, a la tienda de abrigos de un anciano. El otoño era cada vez más gélido, la salud de Víktor se veía cada vez más deteriorada, y no tuvieron más opciones. El niño distrajo al dueño, mientras Lyudmilla tomaba tres tapados gruesos y una manta. Nadie la vio, pero ella sintió que cientos de ojos se le clavaban en el cuerpo como aguijones de avispas.

Corrió varias calles abajo, donde la esperaba su padre, sentado sobre un barril, temblando de frío. A los pocos minutos, regresó el niño. Lyudmilla ya había arropado al hombre, y se encargaba de coser, en el interior del abrigo de Rhostislav, un bolsillo con una reserva de dinero. Había logrado comprender los peligros que se avecinaban, y ya en dos oportunidades habían intentando asaltarlos.

Agradecieron la prevención de la muchacha varios días después, cuando un grupo de bandoleros, los asaltó, despojándolos de la bolsita que Vasyl les había dado. A Víktor, que había intentado vanamente defenderse, lo golpearon y a Lyudmilla amenazaron con violarla. Tuvieron piedad, sólo por la presencia de Rhostislav, al que vieron demasiado pequeño y asustado.

Padre e hijos vagaron en la intemperie por parajes inhóspitos, durmiendo abrazados bajo un árbol, sin encontrar un sitio donde pudieran refugiarse, y no probaron bocado por tres días. Lyudmilla había decidido utilizar la reserva de dinero sólo cuando fuera verdaderamente necesaria. Llegaron a un poblado, donde una pareja de ancianos les permitió descansar en el granero y les dieron comida caliente. A partir de esa noche, Víktor comenzó a toser con sangre.







"Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma
"


Woman:
Daughter:
avatar
Lyudmilla Blavatsky
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 83
Puntos : 73
Reputación : 27
Fecha de inscripción : 24/10/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de una puta triste

Mensaje por Lyudmilla Blavatsky el Sáb Mayo 27, 2017 11:25 pm






Siempre juntos
Granero ◥◣ Ucrania ◥◣ Niños



◥◣ Lyudmilla


Zona rural, Ucrania. Otoño de 1784

La tos empeoró más y más. La sangre teñía los improvisados pañuelos y la ropa, no sólo de Víktor, sino también de Lyudmilla y Rhostislav. El niño se había hecho un bollito en un rincón, observando a la distancia cómo su hermana limpiaba el mentón del moribundo.

—Papá morirá —dijo, desde la distancia. Intentaba no llorar, pero las lágrimas caían sin pedirle permiso.

—No. Papá va a estar siempre con nosotros —el hombre yacía inconsciente entre los brazos amorosos de su hija. Ella lo miraba con amor y devoción, como siempre. Estaba segura que podía mantenerlo con vida, de que él no los dejaría. — ¿Cierto, padre? Eres inmortal. Me lo dijiste una vez, cuando era niña y te pregunté si te ibas a morir por un resfriado —ella contenía el llanto con éxito. —Así que debes demostrarme que nunca me mentiste, ¿queda claro? —con gran esfuerzo, lo acomodó y lo cubrió con su abrigo. A ella no le importaba el frío.

—Debes abrigarte, Lyudmilla. Si tú te enfermas, ¿qué haré? —Rhostislav era tan sólo un niño lleno de terror. Bastante valor había demostrado el último tiempo.

—No me enfermaré —giró el rostro y le sonrió. —Y tú tampoco. Ven a comer un poco. Nuestro padre ya está más calmado —le estiró la mano.

Rhostislav se puso de pie y caminó hacia ella. Se sentó a su lado junto al fuego, pero no amagó en servirse el caldo que la chica había preparado. Se pegó al cuerpo de su hermana. Lyudmilla lo rodeó con un brazo y le permitió llorar sobre su pecho.

—Siempre los cuidaré, Rhos —afirmó. —Te lo prometo —le besó la coronilla. Lo mantuvo en esa posición hasta que se durmió.







"Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
y fui resbalándome poco a poco al alma
"


Woman:
Daughter:
avatar
Lyudmilla Blavatsky
Prostituta Clase Media
Prostituta Clase Media

Mensajes : 83
Puntos : 73
Reputación : 27
Fecha de inscripción : 24/10/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Memorias de una puta triste

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.