Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Doreen Jussieu el Mar Oct 15, 2013 3:25 pm



Frágmentos del alma.
Situaciones de una vida cualquiera. .


Jamás creí tomar un cuadernillo, mucho menos para escribir lo que hay dentro de mi. Me gusta pintar, poder retratar en un lienzo lo que hay dentro de mi cuerpo, en especial de mi corazón, porque la mente suele ser muy metódica. Me conozco, me gusta usar colores, poder retratar memorias tristes de una manera en que sólo yo puedo comprenderlo, pero no tengo el valor, ni siquiera la fuerza para tomar un pincel. ¿Qué me ocurre? Ni siquiera puedo definirlo completamente. Mi sonrisa permanece en el rostro porqué, aunque no sea una mujer de sociedad, conozco los protocolos, mis padres me enseñaron, aunque viva lejos de ellos no puedo evitar seguir siendo lo que siempre he sido; pero la sonrisa solo es una careta, en mi interior hay mil demonios que desgarran lo que en algún momento fueron muros que creí jamás se derrumbarían, lo peor de todo es que la seguridad que tenía se esfumó sin dejar ni siquiera un rastro. ¿Qué decir de mi seguridad, o de mi amor personal? Si sigo en pie es porque creo que Dios me permite despertarme día a día con un propósito, aunque aun no lo encuentre.

¿Quién soy? Muy buena pregunta. Hasta hace poco me creía la mujer más feliz del mundo, protegida, amada, valorada, y llena de amistades que, aunque muchos se habían marchado de este mundo, seguían a mi lado. Creía ser luz para los ojos de alguien que se había perdido, creía ser el sol cálido en medio de los días de primavera, y el frío que llega acompañado de fiestas en el invierno; también creía ser una mujer correspondida en sentimiento. Creía que no había más que felicidad para mi, porque, yo era felicidad. Era la cálida brisa necesaria para poder sobrellevar los bochornos del verano, y también el agua que calma la incomodidad de la sed. Aunque se lea extraño, creía ser también la sangre que el vampiro necesitaba para subsistir una eternidad, pero no, no soy nada de eso. Por ahora puedo decir mi nombre, Doreen, pero sigo sin saber quien soy.

No, no voy a decir que mi vida está llena de calamidades, porque eso no es cierto. También he sido feliz. He tenido una infancia buena, pues a pesar de que la mujer es solamente "entrenada" para ser la que lleva los cuidados dentro del hogar, tuve la fortuna de tener un hermano que todo el tiempo me brindaba juegos, aventuras y travesuras; Mi hermano, quizás es lo único, el único al que extraño de mis tierras de origen. Su amor es lo que quizás me mantiene en este punto con vida, pues a pesar de mis ideas de cuentos y novelas románticas (las cuales leía de muy chica), siempre me apoyaba. Jamás había conocido a un hombre que creyera de manera tan firme que las mujeres valían tanto como los hombres, por eso se ha metido tanto en problemas, por eso me dejó libre de aquella casa. Él marcaba siempre la diferencia, peleaba tanto con mi padre para que yo pudiera ser libre. En ocasiones me comparaba con un pájaro enjaulado, con las alas amarradas pero dispuesta a volar en cuanto la puerta de la jaula me fuera abierta. Si yo me dejara vencer en este momento, nada de lo que hizo en su momento habría valido la pena, y su memoria debe ser homenajeada. Lejos estamos si, pero estoy segura que puede leer las líneas que escribo a través de mis ojos. Él siempre será uno conmigo.  

¿Qué deseo? Llegando a este punto me doy cuenta que en mi cabeza hay un sin fin de preguntas. Ninguna de ellas tienen respuesta porque no me atrevo a ver con claridad. Me siento rota, pues desde mi llegada a París, la muerte, las desgracias, pero sobre todo la realidad de lo que es verdaderamente la vida me ha dado golpes muy fuertes. Aun recuerdo la primera vez que vi a Darcy, ¿y qué decir de Milo? Ambos me guiaron, y puedo asegurar que han sido los primeros que no rompen sus problemas, pues ellos dijeron que jamás me dejarían a la deriva, mucho menos sufriendo por necesidades económicas. Gracias a ambos tengo una galería de arte en la ciudad. Se encuentra cerrada porque mis cuadros aun no merecen ser vistos, ni siquiera sé si en algún punto la abriré; no sólo se me dejó eso, también me han dejado dinero que jamás creí tener, pues puedo morir sin tener que mover un dedo, y tendré una buena vida; se me han dejado propiedades, joyas, caballos, si, más aquel semental negro que el conde siempre montaba y que con él me enseñó a hacerlo. Recuerdo que me daban miedo los equinos, y sin embargo el animal se dejó acariciar ni bien me vio. Tan nobles las criaturas.

¿Que qué haré con tanta fortuna? No lo sé, ahora misma me dedico a pagarle a los empleados que mantienen bien cuidada la propiedad en donde vivo, algunos ni siquiera tienen trabajos pesados o de darles un salario alto, pero a diferencia de mi, ellos tienen familia que alimentar, por esa razón no los echo, no tengo el corazón para hacerlo. ¿Qué como hay un flujo de dinero? Bueno, las joyas que Darcy manejaba también formaron a ser parte de mis ahora negocios, debo confesar que soy algo torpe con ellos, pero tengo la fortuna de conocer a quienes me guían por el buen camino y no lucran con mi ignorancia, por el contrario. Soy bendecida por tener a personas que están a mi alrededor protegiéndome, aunque sigo sin entender porqué me tienen con el trato de patrona-subordinado. Sigo siendo una más.

Teniendo en cuenta todo eso, ¿por qué me sigo sintiendo tan sola? Hay quienes vigilan mi sueño, hay quienes me preparan la comida, incluso aunque me niego, hay quienes lavan mi ropa aunque yo les reprenda por no dejarme mover un dedo, pero todos viven en automático como yo. A ellos se les ha enseñado a ser serviciales, a cumplir tareas para merecer el pan de cada día, no los culpo, es algo muy noble, muy leal. Me hacen creer cada día lo afortunada que soy, pero estoy sola, pues ellos no son mi familia, ellos no muestran afecto como todos aquellos que he dejado atrás, o me han dejado atrás. Reconozco que extraño a mi madre, a mi padre, a mi hermano, a Darcy, a Milo, a Sybelle, y también a Emerick.

¿En dónde están? ¿a dónde fueron? ¿Por qué me dejaron? ¿Qué hay de malo en mi? Preguntas, todo lo que viene a mi cabeza son preguntas, aunque si voy por orden es más fácil responder.

Empecemos con mis padres. Ambos se encuentran en Toulouse. Si, de ahí provengo. Mis padre viven en un prado lejano al pueblo. De hecho en la zona norte. Es más fácil que las transacciones comerciales que mi padre pueda hacer todos sus negocios en esa zona, está alejada, y claro, nadie puede ver que es lo que hace y con quienes hace tratos, más de una vez he creído que alguno que otro negocio es sucio, por la forma tan sigilosa en que se maneja, sin embargo, todo se descarta cuando explica y platica de sus hazañas; mi madre por su lado, se la vive para el hogar. Ellos no me dejaron atrás, por el contrario, fui yo quienes los dejó, los abandonó, quizás algún día tenga el valor para poder hacerles frente, voy a incluir aquí a mi hermano. La última vez que supe de él seguía con mis padres, su prometida había muerto de una extraña enfermedad, tengo la idea de que quizás un vampiro la haya mordido por las descripciones que me da, pero obviamente no voy a decirle, él no sabe de estás criaturas, y no le contaría por una carta, de hecho, creo que es la idea más absurda que podría alguien leer, me tacharía de loca, y sería capaz de venir a mi solo para llevarme de vuelta a casa, o peor aún, encerrarme en un manicomio.

Ahora tocar el punto de aquellos tres revolucionarios no me sienta bien. Desde su partida de este mundo jamás lo he hablado con nadie. De cierta manera tampoco escribir es hablar, pero quizás sea algo profundo para mi, una especie de liberación. Si bien, hay quienes han confiado en mi, y sobretodo, confiado, ellos son los que se llevan el premio. Si es que tuviera un premio que darles. Para empezar, me dieron techo, incluso sabiendo que alguien me daba apenas una cama, y aunque no soy exigente, ellos siempre me dieron lo mejor. Aprendí a tomar mi primer copa de vino, pero también de whisky con ellos. Aprendí que a algunos les gusta más la carne cruda (por su condición), a que bailar no todo el tiempo es vulgar, y que claro, hay quienes me ven sin juzgarme; aprendí que existen las amistades sin conveniencia, a que el amor existe de muchas formas, no sólo hacía tus padres, hermanos o a una pareja; aprendí a disfrutar de la naturaleza, pero también, aprendí a que mis errores tengo que saber enmendarlos en vez de huir de ellos; gracias a ellos me volví diestra en los negocios, pues tenía que sacar el carácter que jamás creí tener. Aparté por momentos mi timidez para sacar las garras, porque si, debo sacarlas por los míos, pero sobretodo, lo que más aprendí es que no sólo los que llevan tu misma sangre pueden ser tu familia. Hay quienes en el mundo pueden llegar a serlo por los actos, por el sentimiento, por la cercanía. Los extraño. Lo que daría por volver a verlos.

¿Emerick? Aún no me siento lista para escribir de él, pero puedo hablar de lo que se siente la perdida. No de él, sino de todos en general.

Mi vida suele ser una línea recta, cuando sube hay felicidad de por medio, cuando baja hay dolor, tristeza, y desolación. Ahora mismo me encuentro en la zona baja, pero no, no se trata simplemente del suelo, se trata de un abismo. De una caída sin regreso, porque ya no hay manos que te ayuden a subir, no esas que siempre te sostenían para que no cayeras.

Hay recuerdos que sacan sonrisas de forma inevitable. Tengo muchos de esos. A veces cuando me encuentro tejiendo, cocinando, o dando un paseo bajo la luna los traigo a mi memoria. Es inevitable ¿quién no los tiene?  A puesto a que en cualquier momento, si se extraña a alguien o algo, el sentimiento de lleva a ese momento; cuando era pequeña por ejemplo, mi hermano me llevaba al lago cercano a la casa, y me enseñaba a hacer chapoteos con las piedras. Ese recuerdo me hace sonreír, y cuando estoy cerca de un lago lo repito, tiró piedras, aun tengo el talento, si llego a tener hijos probablemente les enseñe, aunque esa idea ya la veo poco probable, pero hay recuerdos que son no tan gratos, esos que no vienen relacionados con lagrimas, son los que vienen con vacíos. ¿Por qué se van? ¿Por qué mueren? ¿Por qué no vuelven?

No sé como definirlo por completo, pero puedo decir que se siente. El vacío es grande, en el pecho se siente presión. No sabes hacía donde ver, hacía quien ir, mucho menos que decir. Por las noches traigo más de un rostro a mi mente, las lagrimas fluyen al igual que la impotencia de no poder verles de nuevo. En ocasiones grito, pero por más que me desgaste haciéndolo tampoco regresaran. Es inevitable llorar por quienes se van, pero es imposible no sentir que mueres cuando la muerte se lleva a quien menos crees.

¿Por qué digo esto? Dentro de mi hay zonas muertas, zonas que jamás volverán a revivir. Me desgasto, me desgarro, y en ocasiones confieso que no quisiera vivir, pero la muerte nunca es la salida ¿No es así? Quizás hay algo ahí esperándome, quizás es tan grande que tengo que sufrir hasta creer que no volveré a respirar para merecerlo.


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Re: Pergaminos con tinta → Diario

Mensaje por Doreen Jussieu el Dom Nov 24, 2013 3:32 pm



Frágmentos del alma.
El anillo de la muerta en vida.


Pocas veces un objeto, una cosa, una joya, entre otras cosas me resulta ser especial o importante ¿Por qué? El problema no es el costo de ellas, más bien, que el tener cosas donde se cargan demasiados sentimientos, puede ser peligroso, suelto apegarme demasiado a las personas, un objeto sería extraño tener apego y portarlo todo el tiempo, aunque soy completamente consiente que en ocasiones existen excepciones, unas grandes que no pueden pasarse por alto, como por ejemplo: un anillo.

Durante toda mi vida soñé con varias cosas: Encontrar el amor de mi vida, enamorarnos, que me pidiera matrimonio, casarnos, tener hijos, verlos crecer, y así hasta verlos realizados llegando a envejecer juntos, por amor. Resulta que en esta sociedad esas cosas son demasiado soñadoras, fuera de contexto, sólo pocos afortunados pueden llegar a tenerlo, las normas sociales exigen muchas pautas, todo se mueve en base a la conveniencia, al dinero que se puede obtener, a lo lucrativo de una unión. Nada tiene que ver con los sentimientos, ni con el valor que un esposo puede darle a su esposa o a la inversa. ¿Por qué es tan dificil? ¿Por qué el ser humano se empecina en hacer sufrir a los suyos? Todo sería más fácil si se pensara, pero se guiara con aquello que te hace sentir, amar. Si, soy demasiado soñadora, pero hasta la fecha, con todo y mis sufrimientos, he podido tener recompensas; buscaba libertad, en el momeado en que menos lo imaginé la tuve, no buscaba riquezas, sin embargo ahora lo tengo todo eso y más, buscaba un amor verdadero, lo único que encontré son tristes recuerdos, ilusiones rotas y sueños que ya no los deseo. ¿Es justo?

Todo esto se resume a un recuerdo que hasta hace una semana me hacía sangrar el corazón. Un propuesta que me llenó de ilusione, pero de la misma manera me rompió el alma. Mi nombre, como lo dije en los pergaminos anteriores, es Doreen Caracciolo, nací en el ceno de una familia humilde, que no necesitaba más que la vestimenta, el alimento y poder hacer negocios que nos dejaran alguna que otra comodidad. Tuve una buena vida, gracias a ella aprendí a escribir y leer de forma clandestina, mi hermano, o bendito hermano que no dejaré de recordar, él me enseñó todo eso, y también, como escribí, me enseñó la libertad, porque gracias a él escapé; cuando empecé a leer, me di cuenta que las novelas románticas eran mi tema favorito, siempre creí en el amor y los “cuentos rosas” como algunos filósofos o pensantes le llaman, ya que es demasiado irracional para su comprensión o comprobación. Fue ahí donde comprendí que quizás el amor si existía, que yo era de esas mujeres retratadas que querían amar y ser amada, pero sobretodo enamorarse, pero ser correspondida claro.

Gracias al amor se puede aspirar a tener una boda, pero antes de la boda se puede obtener la petición de la mano, del compromiso sagrado que Dios busca antes de dar el siguiente paso en su iglesia, en su santuario. Normalmente, las personas que se casan tienen un proceso extraño, cuando es por orden de los padres el hombre pide la mano, se hace un acuerdo y se ven hasta el día de su boda, o algo así tengo entendido, la verdad cuando mis padres me dieron esas lecciones jamás puse demasiada atención, siempre en mi cabeza tenía la idea de enamorarme, no de todo lo que se estipula para poder tener esa unión; yo tuve la fortuna de conocer a un hombre, uno que me hizo creer que su amor era lo único importante. Lo conocí en medio de una noche de luna llena, cuando los hombres lobos toman su forma animal, cuando los cazadores e inquisidores van por algunas cabezas, si, sé sobre las criaturas sobrenaturales, eso me hace ser incluso más imprudente y despistada, sabiendo los riesgos de la noche no me importa, siempre escapo a refugiarme bajo la luz de la luna.

Así fue cuando él llegó, cuando lo conocí y creí que mi vida sería distinta a partir de ese encuentro gracias a las promesas habladas, las miradas cómplices y los besos clandestinos, pero como cualquier otra mujer enamorada, me dejé llevar por la situación, por los días transcurridos, por lo que el corazón ignoraba y que la mente veía pero se cegaba gracias a los sentimientos. Él llegó a mi vida haciendo que creyera no estaba destinada a la soledad, el llegó para hacerme creer que quizás tenía esperanza, y que las muertes de aquellos que tanto amaba no habían sido en vano ¡Porqué Dios! Tu sabes, tu eres el testigo de mi dolor, de la soledad que me estaba hundiendo. Así fue como llegó a iluminar mi sendero, mi túnel oscuro, ignorando las señales, perdiéndome en su mirada, aceptando lo que yo creía era mi sueño hecho realidad, porque él, ese hombre, me prometió una vida a su lado, me prometió una familia juntos, pero toda esa esperanza la mató junto conmigo. ¿No es gracioso? Me siento muerta, quizás lo este.

El objeto en el cual deposité todo de mi era un anillo. La representación circular de una unión. Lo que conlleva una propuesta y las esperanzas de un futuro. Este anillo llevaba grabado el emblema de una familia, pero también, lo que había sido para una madre, para la que le dio la educación a ese hombre que me rompió las alas. Pobre mujer, debe estar decepcionada de los valores rotos que ella enseñó y no se han sabido llevar adelante, pero seguramente ella está tranquila, porque ahora yo lo estoy. Ese anillo fue el inicio de mi nueva vida, o quizás mi camino hacía la muerte en vida. Quizás eso sea, es lo más acertado. A veces ni siquiera sé por donde comenzar, pero ese anillo fue la propuesta, lo que yo creí sería un matrimonio feliz, con la familia segura, sana, y grande que siempre desee ¡Tonterías! Se burló de mi, es la única cosa que puedo ver.

Emerick me pidió matrimonio cuando menos lo imaginé, nuestro supuesto amor, que ahora creo sólo era encandilamiento del momento, siempre fue acelerado, era como querer tener algo que quizás podría esfumarse de un momento a otro sino nos apresurábamos a amarrar, quizás mi enojo de este momento me haga verlo de esa manera, pero me siento dolida, lastimada ¿Que otra cosa puedo pensar? Oh si, creo que pocas veces escribo su nombre, no vale la pena mencionarlo. ¡Rompió todos mis sueños! Me duele el alma, el corazón, incluso dormir me da miedo, porque temo volver a soñar con ese mismo que ya no puedo tener ¿Por qué creo que no puedo tenerlo? Porque no estoy dispuesta a sufrirlo de nuevo, creo que ser una criatura solitaria es lo mío.

¿Acaso tiene algo de malo desear ahora morir sola, cuando todo el tiempo creí morir alado de esa persona que amaba? Quizás lo tenga, quizás ya no sea yo, pero es una manera de tranquilizar mi alma, mi cuerpo, mi mente, es una manera de mantenerme segura, es lo único que puedo decir al respecto.

Cuando él partió, no había día o noche que sintiera un gran vacío. Siempre lloraba, incluso buscaba la manera de echarme la culpa por su abandono ¡Que tonta de mi! ¿Por qué yo tendría que ser la culpable cuando ofrecí más de mi que en cualquier otro momento? No, la culpable no fui yo, porque cuando das todo de tu ser, hay cosas que no quedan en ti, sino en aquellos que no dan lo mismo que tu, aunque sea a su manera. Ya no me culpo, hace una semana comprendí que el dolor era para llegar a nuevas experiencias, sin importar que el amor - lo que más deseaba  - no llegue, porque conocer nuevos rostros siempre es esperanzador, pero mi esperanza es a ya no morir sola, sino a tener amistades que no se irán sino es conmigo. De hecho hace una semana que deje de sufrir con intensidad es gracias a una llegada, pero esa historia aun no debo escribirla.

Después de tanto llanto, ya no sabía como sacar tantos recuerdos, se me había olvidado el anillo, pero aun lo portaba, me di cuenta que mi mano pesaba por portarlo, que mis dedos temblaban porque me resultaba insoportable mantener ese acuerdo y unión con él. Un día tomando un baño de agua caliente lo vi mientras tarareaba una canción y limpiaba mis piernas con una esponja. Lo contemplé y por un momento creí que me desvanecería, que caería en el agua para privarme de la respiración y jamás volver a la superficie, pero no, pude salir, pude hacerlo gracias a eso que hace una semana no tenía.

Terminando de darme baño en tina, me envolví en una toalla, caminé a la habitación, busqué un cofre y con cuidado retiré el anillo de mi mano, no tenía porque soportar tanta presión. El anillo se escondió en ese pequeño cofre, incluso el brillo de su cara y fina estructura se esfumó, como si supiera que debía oscurecerse para no dañarme; cerré el cofre con llave, jamás lo volví a abrir, hasta hace una semana.

¿Por qué una semana? Porque un encuentro nocturno me hizo darme cuenta que algo tan superficial no podía, no debía destruirme, porque existen momentos que importan más que eso, más que un sucio anillo lleno de mentiras; la noche que por fin me lo quite de la mano, esa noche pude dormir bien, con tranquilidad, sin sentir que algo se me había dado y al mismo tiempo arrebatado. Todo cambio gracias a eso.

No sólo eso, toda liberación comenzó hace una semana atrás, cuando esa escapatoria, ese regreso a la mansión que se me fue otorgada, sucedió.

El cofre se abrió hace una semana. Dentro de ella había un hermoso anillo que pertenecía a una familia de la realeza escocesa.

“¿Sabes, Doreen? Verlo no te dolió, por el contrario, te hizo sonreír. En su momento fuiste feliz gracias a él, pero el verlo de nuevo también te hizo darte cuenta que no merecías una vida así, porque por primera vez debes reconocer que vales más que promesas tiradas al viento, porque Doreen Caracciolo merece más que una mirada de deseo, porque el amor, aunque lo añores quizás no sea para ti, pero tu eres amor. Date las gracias por permitirte creer que quizás la vida te tenía momentos mejores, porque comenzabas a ser segura de ti misma, a verte como una mujer hermosa y que valía la pena, quizás ahora te sientes muerta, pero gracias a esa promesa en este momento notas que quizás tu dolor nubla lo que tienes enfrente, estás consiente que mereces más, que vales más, y que el amor propio aun lo tienes, aunque se encuentre escondido. Mereces amar y ser amada, mereces soñar y que sueñen contigo, mereces iluminar el camino y que lo alumbren contigo, pero sobretodo mereces un abrazo amoroso, perfecto, bondadoso, como ese que recibiste hace una semana de un desconocido mayordomo”.

Después de una pequeña reflexión personal, después de recordar todo lo que viví con ese anillo e incluso sin él. Lo tomé, lo volví a guardar y caminé en medio de la noche de luna llena. Con la ayuda de una pequeña pala de jardín escarbé bajó las raíces de un árbol, enterré el cobre y lo cubrí con la tierra que perturbé. Se enterró un pasado doloroso, pero gracias a él un futuro prometedor, siempre deseado pero ahora ya no esperado llegará, porque la vida misma, pero sobretodo Dios, intercede por las personas, jamás las deja solas, y les da amor, pero sobretodo, recompensas grandes cargadas de anhelos que jamás se irán del corazón.


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Re: Pergaminos con tinta → Diario

Mensaje por Doreen Jussieu el Miér Sep 03, 2014 5:51 pm



Frágmentos del alma.
El camino hacía el Averno


Siempre he creído que los caminos de la vida son senderos sin luz. Es mentira que todo lo que está frente a nosotros se mantiene iluminado por farolas. La vida es tan incierta cómo caminar a oscuras en un sendero que no sabes si va para abajo, o va para arriba. Cada quien le da su propia iluminación para seguir adelante, o simplemente avanza entre la oscuridad, sintiendo miedo por cada pisada dada, terror por cada situación que se presenta. Yo tenía luz, esa que puede iluminar no sólo mi sendero (que rara vez la notaba), sino también el de los demás. ¿Extraño? No, existimos seres de luz que podemos hacer eso, quienes tenemos la capacidad necesaria para lograrlo, pero que poco a poco, esa llamita que te permite proseguir, se va acabando. ¿Cuales son las razones? Existen muchas, mi camino me lo ha dicho innumerables veces, y sin embargo, yo no quería dejar de brillar, me gustaba hacerlo, y aspiraba a cada momento a más. ¿Por qué no? Los seres humanos somos así, constantemente buscamos más cachos de felicidad, manos que puedan acompañarnos en la oscuridad de nuestro camino, yo no me quedaba atrás.

Las primeras veces que me privaron de mi luz propia fue en mi hogar. Mi padre tan cegado, tan terco, tan machotas, y empecinado en su modo tan rutinario, predecible, y aburrido de vida se empeñaba en arrebatarme las ganas de aprender, de conocer. Sus pensamientos se limitaban a tener una hija hermosa, delgada y perfecta que pudiera otorgarle buenas ganancias con un enlace matrimonial jugoso. ¿Cuántos prometidos tuve? Un buen par, y lo cierto es que ni siquiera recuerdo sus rostro, había uno que otro que ni siquiera conocí, es más, fue tan breve mi compromiso, como la cantidad de monedas que se habían ofrecido por mi cabeza. ¡Me sentía como un animal! Quizás lo era, uno que tenía caderas buenas para tomar, salud para procrear. Que aburrida vida nos han puesto a nosotras las mujeres. Aburrida, predecible y lineal. Nunca la quise, nunca la querré, aunque con honestidad en este momento de mi vida ya no existe el querer, sino el obedecer. Las cosas cambian sin darnos cuenta, cambian tanto que nos arrastran por el sendero de la oscuridad, se vuelven frías, e incluso dolorosas. A veces con tan sólo su mirar.

Si, estoy escribiendo parte de mi vida, pero también cómo me siento respecto a él. Para mi buena suerte escribo durante el día, y en las zonas alejadas de cualquier punto en el que pueda observarme. Puede dominar mi cuerpo, pero no puede dominar mi mente, o al menos eso creo, estoy en un punto en que la confusión llega a mi cerebro, y ya no sé si pienso por mi, o lo hago por lo que me manda él. ¿Es lo que quiero?

Un segundo punto fuerte de oscuridad y perdida llegó cuando me escapé. Creí que todo sería fácil, la verdad es que no lo fue, cuando cayó la noche el frío se apoderó de mi, y tenía hambre. Nunca fui alguien que ha padecido de alimentos, aunque no tuve a la familiar mejor acomodada en cuanto a nivel económico, lo cierto es que nunca nos faltó techo, ropajes o alimento. Fue la primera vez que sufrí de verdad, y que necesite tanto hago, como algo para calmar mis ansias del estomago. ¿Qué si eso era la miseria? ¿Qué sí eso estaba mal? No lo sé, no lo creo, he visto peores casos que el mío. Lo cierto es que lo peor vino cuando aquella criatura me atacó, ¡y vaya ataque!. Me enterró sus garras, y también mordió cierta parte, aunque no lo hizo para que yo lograra convertirme ¡Gracias a Dios! ¿O gracias al infierno? No lo sé, ya ni siquiera sé en lo que creo. Quizás me he ahora enfocado en creer en lo que veo, y no en lo que dicen, en lo que no veo. ¿Eso se entiende? ¿Estoy mal? Ya no lo sé.

Después de esa noche desperté en una casa en medio de un bosque. Un hombre me atendió con delicadeza, con esmero y con cierto arrepentimiento. Lo cual en un momento no comprendí. El hombre cambiaba mis vendas y también colocaba un ungüento verdoso que se sentía fresco, eso aliviaba sin duda mi dolor. Me alimentó, y gracias al cielo no se atrevió a bañarme, suficiente con que me hubiera visto la cintura desnuda. Le agradecí y a pesar de su insistente pedido a quedarme, me marché, porque algo en mi me decía que él había sido el culpable, tiempo después lo supe, era él, el lobo de la noche había sido en realidad un hombre lobo, y por eso se sentía tan mal.

No quiero hablar de los revolucionarios. Hoy no, tampoco quiero hablar de prometidos condes que desaparecieron, mucho menos de mayordomos que parecían enamorados y me abandonaron. No, no. No tiene caso. No quiero ponerme llorosa, tampoco quiero pretender que lo tuve todo y que por un momento se me fue por no merecerlo. No, yo no tengo la culpa de todas esas desgracias, simplemente suceden. ¡Suceden! Suceden porque la vida es un sendero oscuro, y eso era el principio de lo que iba a llegar. A mi, a nadie más que a mi.

Primero que nada debo rescatar que mi vida ha sido tranquila los últimos meses. Mi deseo constante de muerte prevalecía, y lo único que tenía era las riquezas que me habían otorgado. ¿las merecía? Quizás, por eso se me fueron dadas. Sin embargo la perdida de Lluvia fue algo tan fuerte para mi, que no supe como manejarlo. Quizás fue por eso que regresé al orfanato, y de esa forma la veía en todos los niños. Su rostro inocente, hermoso y amoroso aparecía en cada una de esas caritias que me veían agradecidos. ¿Hijos? Siempre los quise, en algún punto creí que los tendría, tal parece que nunca los tendré, por eso mi deseo de ser madre lo canalizo en los niños.

He aprendido que todos mis deseos se van por la  borda, y él me ha enseñado que ya ni siquiera debo aspirar a alguno. Quizás sea lo mejor, así me desilusiono menos de las cosas. ¿Eso no es bueno? Quizás.

Los días tranquilos llegan, pero de la misma manera se terminan. Se terminando cuando la oscuridad se intensifica, cuando te das cuenta que el sendero probablemente no es recto, y que no sabes hacía donde ir porque ni siquiera puedes ver tus manos en medio de la carencia de luz. Es desesperante, asfixiante, es adictivo y al mismo tiempo me genera un miedo catastrófico. Su llegada es lo que menos he deseado, lo que más me ha marcado, y lo que llega a doler incluso en medio de mis sueños. Tengo miedo a no volver a despertar.

El demonio llegó cuando menos lo imaginé. Su figura es imponente cabe decir. Le llegó quizás al pecho, es alto sí, y corpulento, aunque no es gordo, ni nada de eso, es fornido, cualquier podría decir que muy atractivo, pero sus ojos me asustan, son demasiado oscuros, incluso  más que los del camino de la vida. No puedo catalogarlo como demonio, aquellos seres en realidad son demasiado instintos, primitivos y violentos sólo por la simple razón de tener maldad. No los entiendo, ni tampoco los entenderé.

Averno, sí, le llamaré así aunque su nombre actual no me guste. Supongo que es su nuevo nombre y no el real, algo me lo dice, es tan misterioso y yo tengo una curiosidad infinita, quiero saber todo de él, pero sé que no lo sabré. No sé si me lo permitirá. Es probable que no, y a veces mi imprudencia me llega a poner en aprietos. Basta con ver cuando se enoja, su ceño se frunce de una manera especial. Y me aterra, incluso zonas de mi cuerpo se estremecen, zonas que no tenía idea que existieran. Reconozco que no sólo es una criatura que impone, te hace querer esforzar tus pensamientos humanos para poder llegarle al ritmo, uno que me cuesta, y que creo que aunque no lo llego, lo puedo nivelar. No es tan malo, me hace auto exigirme, eso me hace bien. Y a pesar de todo es atractivo, es como cuando sabes que algo está mal, que no está bien, pero te cuesta alejarte porque te causa fascinación. Así me pasa con Averno. Mi infierno personal.

Toda mi vida he aspirado por un amor verdadero, eso no lo voy a negar. Lo más triste de la cosas es que no lo tendré. Sólo tengo carne, pensamientos, y unas caderas que parecen llamar su atención. Averno se ha dedicado está primera noche a hacerme sentir algo distinto a todo lo que había sentido y aspirado. Me hizo sentir deseada, aunque pueda sonar enfermizo. Me hizo sentir hermosa, y al mismo tiempo invadida. ¿No es contradictorio? Claro que lo es. Me miró de esa manera que para cualquiera puede ser morbosa, para mi humillante, para él normal. Bebió de mi. ¡Oh, claro que lo hizo! Y esa sensación fue una mezcla de dolor, y al mismo tiempo de placer. No sé que hagan los vampiros al momento de alimentarse, lo cierto es que no duele tanto como imaginé, y el señor es bastante calculador. No me hizo el daño que imaginé, aunque se entrometió en otros detalles.

¡Me tocó! Ese vampiro es un descarado que no tiene limites. Me ha tocado, y nadie me había tocado. Sólo había decidido dar un beso tiempo atrás, pero nada de tocar ¿cómo se había atrevido a hacerlo? Es decir, este tipo de contacto debería permitirse hasta el matrimonio ¿No? Pero el llega, con su imagen de todo poderoso, de yo soy tú Dios, con ese pensamiento de ser mi amo y me toca. ¡Me sentí invadida! Y excitada.

La excitación es un tema del  que jamás me hablaron en casa. De hecho sólo escuché al respecto en alguna que otra fiesta de los revolucionarios. Sé que la excitación en ocasiones que hace perder la cabeza, porque he visto sus consecuencias. Algunas no tan desastrosas como otras, pero a final de cuentas no te deja pensar a la perfección, con claridad.

Por primera vez en la vida lo he experimentado. El frío de sus dedos hicieron que mi piel se erizara y que mi cuerpo temblara, me faltó el aire, mi pecho subía y bajaba con fuerza, y lo que buscaba era seguir, además, la secuelas de que tomara de mi sangre fue maravilloso. Ni siquiera sé como explicarlo. Sé que soy una pecadora, sé que mi fe se ha ido por los aires al igual que mis alas rotas. Hay mucho que no comprendo de mis decisiones, y también de las cosas que suceden conmigo, no entiendo por qué la criatura lo hace, y aunque he intentando comprender, no lo termino por hacer, es enfermizo, lo sé.

Lo que más me molesta es saber que me gusta correr riesgos, quizás siempre lo he hecho y no me atrevía a decirlo, o ha aceptarlo del todo, no lo sé. Sólo sé que Averno ha llegado, no sé sí mañana viviré, o quizás seguiré solo para servirle, sólo sé que tengo miedo de seguir su camino de oscuridad, y sin embargo no puedo detenerme, por elección propia incluso más que por imposición.

Lo único que sé en este precioso momento es que le pertenezco.


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Re: Pergaminos con tinta → Diario

Mensaje por Doreen Jussieu el Vie Oct 10, 2014 7:13 pm



Frágmentos del alma.
El despertar.


He cerrado un par de veces los ojos está mañana. La esperanza se acrecentaba en mi pecho. Volví a ver la luz del sol y sentí que estaba todo en orden. Soy muy mujer de fe fragmentada. La he ido dejando conforme mi vida va avanzando. Las situaciones que he vivido no son nada gratas, aunque debo reconocer que no todas fueron de esa manera. Reí tanto como lloré, y amé tanto com odie. Eso es mentira en realidad, jamás he odiado, y no creo llegar a hacerlo. Un sentimiento tan oscuro no me lo permito jamás, por más complicada que sean las circunstancias. La luz del sol se ha colado por mi ventana y aunque me coloco las almohadas encima del rostro y cierro los ojos lo sigo viendo, a él.

La noche anterior tiene dos formas de recordarse. La primera es rápida, acelerada pero ligera. Acompañada de una cama cómoda y un cansancio devastador. Lo atribuyo a que fue un mal sueño, y que se formó gracias a todos los miedos que he ido acumulando a lo largo de mi vida. Sin embargo la segunda forma es lenta, en ella puedo disfrutar de la brisa fría que golpea mi cuerpo, de los olores frescos de la noche, y puedo sentirlo observándome, apreciando mi figura, tocando mi cuerpo escondido en telas finas. Aún siento su carne dentro de mi carne y piel se estremece, sé que está mal, y que debía borrar aquel mal recuerdo, pero ahí estoy, dándome cuenta que eso no fue un sueño, porque los sueños no traen recuerdos vividos, y los recuerdos vienen siempre acompañados de algo que fue real, como él.

Hacía ya mucho tiempo que no me sentía mujer ¿extraño? ¿Les parece? Estoy segura a estas alturas que no soy la única que llega a sentir eso. Veía mi cuerpo desnudo frente al espejo y las marcas de batalla resultan ser repugnantes ante mi visión, no me sentía hermosa, y mucho menos suficiente. Creía que mi pecado no había sido ser mujer, sino ser una mujer fea. ¡Pero ya ni siquiera me sentía mujer! Tampoco entendía lo que era formar parte de un mundo. Estaba sola y al mismo tiempo rodeada de aquellos que decían amarme ¿lo hacían? Las monedas pueden comprarte compañía, y la sangre afinidad, pero no de la completa. Me sentía tan inferior que incluso me comparaba con aquellos animales que se criaban en grandes granjas ¡Ja! Ellos tenían una función a diferencia de mi, ellos podían alimentar a personas y seguirles permitiendo la vida ¿Y yo? Seguía están incompleta, me seguía sintiendo inferior, y poco vista. Gran tontería si. Y lo peor de todo es notar el desperdicio de mis días auto compadeciéndome, darme cuenta que eso si había sido atroz, porque lo dirigía hacía mi misma. ¿Y por qué lo saco ahora que mi vida está en peligro? Quizás ahí se encuentra la respuesta. Necesito estar al borde de la muerte para comprenderlo. Porque caí en medio del Averno.

Cuando me di cuenta que todo era real dio un gran brinco de la cama hacía el suelo alfombrado de mi habitación. No me había dado cuenta que estaba casi desnuda hasta que me miré al espejo. Lo que me hizo confirmar mis sospechas estaba frente a mi reflejo. Mi blanco cuello no estaba liso como otras veces, no es que tuviera las marcas más grandes, para nada, sin embargo se podían ver círculos pequeña y rojizos que delataban la incrustación de sus colmillos. No hice una mueca, no lloré, no me culpé, por primera vez en mucho tiempo volví a sonreír. Estaba viva, mi cuerpo lo sentía y volvía a comprender que era mujer. ¡Nunca lo había dejado de ser! O quizás si, en mis pensamientos. Vaya tonterías.

Reconozco que la vida me ha dado demasiadas oportunidades, y que me había estado sonriendo de maneras distintas a las que yo deseaba. Por esa razón quizás no las notaba. El dolor ciega, engaña, consume y te puede llevar con él si así lo permites. He pensado en la muerte como una salida un par de veces. Es una vergüenza, lo sé, pero eran mis alternativas cobardes hacía la vida. ¿Estaré volviéndome loca? Tal vez, porque no tengo motivos para sonreír, menos tomando en cuenta que una criatura como él me ha tocado de maneras prohibidas, y seguramente comunes para él. Me confunde sí, y sin embargo quiero ser capturando lo que es.

Aún conservo ligeramente el mareo que provoca la perdida de sangre. Nunca llegué a pensar que las sensaciones llegarían a ser de esa manera. Seguramente nadie lo hace, pero me siento débil y también hambrienta. No me he saltado el desayuno, lo tomé a tiempo y también en cantidades un poco más exageradas de lo normal. Hace mucho no me tomaba en serio mis horarios de alimentación, pero en mi cabeza una voz retumbaba de forma severa dejándome en claro que de no obedecer una orden podría pagarlo muy caro. Las amenazas me las tomo en serio, y es que no deseo sufrir más de lo que ya lo he hecho. ¿Eso puede ser posible? ¿Evitar sufrimientos y dolor?

Es complicado, bastante doloroso el darte cuenta que hay quien cuida más de ti que tu misma, y lo gracioso es que no lo cuida simplemente por apreciación a ti persona ¡Para nada! Se trata de un interés propio. Vaya ironía.

Sólo nos hemos presentado una vez y ya tengo sueños con él, por que sí, los he tenido. Su rostro serio y severo, su imagen impecable y oscura, y sus manos escurridizas tocando mi cintura. ¿Es miedo o deseo? No tengo idea que de los dos sea, pero resulta inquietante. Sé que no quiero que las cosas se hagan a su manera, nadie quiere ser privado de sus propias convicciones y acciones para servir a alguien más, pero aquí me tienen, meditando si debería o no poner peros de por medio, negaciones clara, y afirmaciones escondidas. Lo hago por dignidad y amor propio, porque sí, he descubierto que me amo, y que sí soy una mujer.

Debo hacer una confesión, no va para los de más, no necesito que los otros sepan la verdad: deseo que vuelva, que aparezca.

¿No es descabellado? Lo es, sé que lo es, pero reconozco que el nervio y la emoción que me ha producido es algo extraño y fuera de lo común. ¿Debo mencionarlo? Averno es extraño, una criatura oscura, de pocas palabras pero llena de hechos. No se que esperar de él. Por un lado está esa parte caballerosa que posee, una que estoy segura más de muchas mujeres ha buscado tener con aquel que se va a desposar, sin embargo, eso es una careta ¿de cuántas? Deben de ser mil. O más de ella. Porque su caballerosidad se resta a su crueldad. Estoy segura que la inmensidad de sus ojos esconde tanto, tanto que quisiera conocer y al mismo tiempo no. ¿Se me permitirá?

Si, en definitiva debo estar perdiendo la cabeza. Una cosa que sé de él es que no es una criatura que ame, nunca lo hará, y apuesto mi vida a que ni siquiera tiene intenciones de pensar en ello. Reconozco también que tengo miedo en hacerlo enfadar, me da la impresión de que su ira es tan brava, amplia e imponente que es mejor servirle a hacer lo contrario. Me siento atrapada y al mismo tiempo guiada. ¡No dejo de pensar en él! No me gusta, eso me perturbar, me eriza la piel, me da miedo y me corta el apetito tanto como el sueño y los sentidos. Quizás puedo ser exagerada, lo sé.

Y ahora todo cambió, todo, absolutamente todo. Ni siquiera puedo pensar en mí misma antes que en los otros. Debo aprender a pensar para él, para servirle. ¿Debe ser así? Ha pasado un día ya, el necesario para estar tranquila, pero no lo he estado. Tengo la mente más clara que antes, los sentidos aumentaron pero el miedo los acompaña a cada instante. Pensé que lo más prudente en todo esto sería escapar. Coger a algunos de mis hombres de confianza, a guerreros fuertes e invencibles, un carruaje, comida y prendas y emprender un camino sin rumbo fijo. Lo he pensado más de mil veces, pero es tan riesgoso como el quedarme. Primero que nada, dejaría vulnerables a todos aquellos que viven en la mansión. Con su ira él podría acabar con todos ellos, y luego vendría por mi, aunque pensar eso último me hace pecar de egocéntrica, ¿por qué él me buscaría hasta el fin del mundo? Soy una humana, una más de una gran cantidad que existen en el mundo. No hay diferencia ¿Tendría algo de especial?

Tontamente he mirado varias veces por la ventana. No sé si sea miedo a que me observe o ganas de tenerlo presente. Estás pocas horas han servido para que se meta no sólo en mi mente, también en mis huesos, y dirán ¡eso suena irreal! Pero nadie podrá comprender como el miedo se hace uno con aquellas parte del cuerpo cuando lo tienen presente. Es tan peculiar que no puede pasar desapercibido, y su atractivo es otra de sus armas letales. Nadie se imagina que de ese hombre alto y bien parecido se escondan demonios tan mortales. ¿Hablo de demonios? Lo siento, ni siquiera ellos podrían hacer justicia al horror que se avecina al tenerlo cerca, pero ¿por qué se ha aproximado esta vez a mi propiedad? ¿Qué le hizo tomar otro camino, otra ruta? ¿Eso es parte del destino? No lo creo, no debería ser tan cruel.

Hay personas que en definitiva llegan a nuestra vida para dejar huellas profundas, permanentes, de esas que ni siquiera pasando los días, y recogiendo la fe que has dejado caer en el transcurso de tu vida, te hace olvidar. Hay miradas que pueden amenazarte sin ni siquiera tenerte bajo su radio visual. Con el me ocurre, lo siento en cada momento, incluso en la tela que acaricia mi cuerpo al vestirme.

Comprendí que se le debe tener más miedo a un hombre silencioso y oscuro que a uno hablarlo y llamativo. Que quien pocas palabras tiene pensamientos más letales puede tener. Que incluso la vida puede ser gobernada sobre la inmortalidad de alguien que ni siquiera recuerda lo que se siente respirar. He comprendido tanto con él y por él que me contradice de mi sentir, y por eso quiero volver a verle, a tenerlo un poco más.

Averno. ¡Temible Averno! ¿Cómo hacer que vuelvas sin tener que pedirlo? ¿Cómo hacer que no lastimes mi lienzo de tinta roja cuando eso es para lo que nos llegaremos a ver? ¿Cómo implorarte piedad sino conoces de ella? ¿Cómo pedirte un perdón de un crimen que ni siquiera he cometido? Quisiera ser ¿qué hice mal esta vez para tener que estar frente a ti y entregarme a tus designios? ¡Tonterías! Yo también deseo el dolor que hay dentro de tú oscuridad. ¿No es así?


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Re: Pergaminos con tinta → Diario

Mensaje por Doreen Jussieu el Mar Mar 10, 2015 8:13 pm



Frágmentos del alma.
Primera noche



Siempre me fue sencillo imaginar una vida en familia. No precisamente la que tuve de ejemplo, para nada, de hecho esa era la que menos quería tener, con todo y que mis padres se querían, existían aspectos que no me gustaban, como aquella idea de mi padre de mandar, que mi madre se quedara en casa a hacer los labores de la misma, sin decir lo que se deseaba. No niego el amor que se tienen, eso se nota a una distancia larga, sin embargo me resulta complicado pensar en amor, a estas alturas es un termino más de un diccionario, no lo conozco, y ciertamente no lo conoceré. O al menos eso creo, de eso estoy segura.

Tampoco me fue difícil imaginar a un buen hombre a mi lado. No, no, jamás imaginé un físico en especial, de hecho eso no me importaba mucho. A mi me gustaba pensar en un hombre que me diera un beso al despertar, y me abrazara mientras caía dormida. ¿Qué mujer no desea eso? Estoy segura que todas lo queremos, sin importar nuestro grado de bondad o maldad, y también sin importar nuestros intereses. Es complicado saber si llegará, o si será un caballero sincero, o sólo una mentira bien elaborada, pero soñar con tener a alguien así suele convertirse en una buena ilusión, un motivador extraño y poderoso para seguir con vida. ¿Es correcto tender a eso? No, no lo es. Cuando las ilusiones se rompen todo se vuelve oscuro.

No soy fanática de las lagrimas sin razón. Es cierto que soy una joven muy sentimental, pero no eso no implica que sea una llorona, y mucho menos una dramática, aunque la vida se llena de lo último. Siempre tengo motivos para derramar las lagrimas que se me provocan, soy fuerte, siempre he intentado serlo, y por eso no me permito caer por algo tan insignificante. Muchos creen que todo es distinto, que me la paso llorando en los rincones, y lejos estoy de hacer eso, por el contrario. De cada situación vivida saco fuerza para seguir adelante, nunca preguntó porqué, siempre cuestionó el para qué ocurrió. Sin embargo la última situación me dejó destrozada. No quería existir, el mundo me parecía injusto, cruel, vacío y aburrido. No me sentía parte de él, y creí que mi nacimiento fue una equivocación… pero equivocación ¿de quién? ¿Mis padres o Dios? Al final comprendí que el dolor era parte de la vida, y quizá se disfrutaba de otra manera, pero no era malo, no.

Últimamente analizo todo aquello que ha pasado en mi pasado, sé que no está bien vivir de lo que ya ocurrió, y no lo hago, pero de esas situaciones vividas, tengo un par de respuestas que me han dejado en claro el porqué de mi presente. Algunas escenas de antes me hacen sonreír, y otras me hacen derramar lagrimas, ¿Ven cuando les digo que no lloró por cualquier cosa? Sólo por aquello que valía la pena y ya no está. Analizar el pasado me trae pesadillas por las noches, y vivir el presente me hace vivirlas, unas que ni siquiera he descubierto. ¿Pero todo es malo? La respuesta es negativa, no todo lo es.

Probablemente me he rendido, y por eso he buscado lo bueno a lo que hoy me acontece. No es que mi corazón lo haya hecho - eso de rendirse, por supuesto - pero al menos ya no lo expongo, no tengo derecho de. Mi cuerpo es él que ha sido llamado a un estilo de vida distinto, y mis pensamientos se encuentran agradecidos, existe alguien que me exige el razonamiento, alguien que me quita vendas y me hace ver el sol de una manera completamente diferente - aunque sin tener que presenciar el astro -. Dividir el odio y el amor de una situación es complicado, te hace sentir que te vuelves loca. Muchas veces me lo he cuestionado.

¿Qué si sueño aún con amor, y familia? Lo hago, no hay día que no lo haga, incluso aunque haya sido sumergida en las olas negras de su maldad, sigo soñando, sigo deseando, sigo amando. ¿A quién amo? No lo sé, a nadie en especial, y tampoco a nada en general, simplemente amo por amar, soy un ser de amor, aquello no lo niego, aunque aquello sea mi gran perdición. Ya no lo anhelo como antes, y estoy consciente que familia jamás tendré. No al menos de la manera en que lo llegué a imaginar y añorar con todas mis fuerzas. Sí, es triste, pero también es una realidad absoluta, algo que tuve que aprender a aceptar, por imposición al principio, por deseo propio después.

No dejaría que los niños sufrieran esto, pero lo que más me asegura ese estado de “no ocurrirá”, es que él jamás me lo permitirá. Es simple, con él no hay “lo pensaré”.

He pasado la primer noche en la mansión de Averno. Para mi buena suerte todo ha salido de maravilla. Al menos nunca me miró con ganas de arrancarme la cabeza, o al menos no me di cuenta de ello, lo cual es un gran avance. La mansión es un lugar hermoso. Es grande, espaciosa, algo oscura, pero llena de misterios. Me pone curiosa, por lo que ir revelando cada lado me pone de buen humor, aunque claro, debo abstenerme a dos lugares.

¡Lo más sorprendente son los estables! ¡Y más aún los jardines! Aunque lo último me pone más que nerviosa.

Las rosas siempre me parecieron hermosas, aunque nunca fueron mi flor favorita. Desde pequeña me gustaron las orquídeas, son tan especiales, únicas, y tienen tanto olor y color llamativos. Observé en medio del jardín un lugar solitario, quizás si me comportó como debe de ser, me dejará hacerme de ellas, aunque no estoy segura si pueden pegar las flores en esta zona o no. Ya veré, me tengo que arriesgar.

Reconozco que todo lo que tengo ahora me genera mucha inquietud, pero también me hace sentir emociones extremas que nunca creí experimentar. El miedo en ocasiones se vuelve embriagante, tanto que no deseo dejar de tenerlo, lo mismo me pasa con la excitación, o con las ganas de poder descubrir más de él. Me tiene a la deriva, y debo agradecer eso, me siento viva, aunque él sea la muerte misma. ¡Lo sé! Me estoy volviendo loca, no importa, al menos moriré sabiendo que viví al extremo, aunque claro, mis deseos y anhelos no fueron respetados; a él no le importaba nada de lo que exista en mi interior.

La primera noche fue enriquecedora, tanto que dormí casi al amanecer, y por lo consiguiente desperté hasta muy tarde. ¡Jamás había despertado tan tarde! Menos levantado de la cama casi llegando a ser las cinco. Aquella sensación de rebeldía me hizo sentir extraña, me hizo sentir fuera de la sociedad, algo que siempre busqué. ¡Jamás me gustaron las leyes con las que se rigen aquellos humanos como yo! Aunque seguramente yo no soy cómo ellos, por algo él me escogió. ¿Verdad? Ahora lo creo, estar cerca de él me marca una diferencia al respeto. Probablemente mi ego se ha intensificado, algo que no está bien, me hace sentir mal, porque el pecado va de la mano, pero ¿que puedo hacer? Él dice que no hay Dios, que todo aquella supremacía sólo vive de él. ¿será cierto? Dudar ya me vuelve una pecadora, aunque claro, siempre lo fui, empezando por mis deseos de escapar, de buscar algo distinto de aquello que mis padres me buscaban.

La primera noche que lo conocí, le cuestioné que había de especial o diferente de él que del resto. Hasta ayer en la noche me lo cuestionaba, aunque las respuestas eran más que claras. Ya no lo veo como un igual, ya no lo veo de forma similar a todo aquello que he conocido. Quizás se leerá extraño, pero desde que llegó a mi vida comprendí muchas cosas, empezando por el hecho de sentirme viva. Es cómo nacer y abrir los ojos por primera vez. ¿Extraño? Si, todo lo de él es extraño, único, especial. Al igual que yo. Sí, lo soy, soy diferente, especial, única, simplemente porqué el me escogió. ¿Lo seré? No puedo evitar seguirme cuestionando aquello, pero creerlo un poco más que antes se siente bien.

Hay algo que me genera respeto en Averno, no es precisamente su fuerza, su salvajismo, y la forma en que me intimida. No, para nada. Lo que me hace respetarlo de una forma especial es que no se mete en mi cabeza. Respeta mi espacio, incluso aunque yo le pertenezca, me hace sentir que hay parte de mi que pertenece a mí misma, y eso siempre le voy a agradecer. Hay tanto que descubrir en él. Deseo hacerlo, pero no sé si pueda, y tampoco si él me lo permita. Hice preguntas sobre su pasado y las respuestas fueron agresivas. Nunca imaginé que llegara a molestarle tanto. Yo simplemente deseaba comprender un poco más de él.

Jamás fui una joven vanidosa, y tampoco creí que lo llamativo de alguien fuera su físico pero algo debo de confesar aquí, incluso con la crueldad de esa mirada, con la frialdad de sus expresiones, me gusta verlo, contemplarlo, mis ojos y su cuerpo tienen una especie de imán. Es atractivo, y sus manos se colocan de forma perfecta en mi figura. Sus brazos me hacen sentir protegida, tanto como acorralada. ¿Por qué tanta contradicción? El dolor y la satisfacción siempre van juntas con él. Me gusta, verlo me gusta.

Estoy sentada en el jardín trasero. Observó a lo lejos las reparaciones exteriores de la cocina. Me agrada sentirme tan útil en estás situaciones. Me agrada saber que confía en mi, porque eso hace que sienta esto puede volverme mi hogar, no sólo mi casa. ¿Habrá querido complacerme en eso? Si es así debo agradecerle su consideración. Me siento dichosa por eso.

Los últimos rayos de sol están por apagarse. Puedo sentir su mirada casi penetrante en mi figura, sé que disfruta de la incomodidad que me genera al estar de esa manera conmigo. Debo volver adentro. Abrir la puerta de la habitación para dejarlo salir. Tomarle de la mano para conducirle hasta la cocina, donde los trabajadores lo verán, y sabrán quien es el que manda, segura me encuentro que les dejará en claro un par de cosas, empezando porque soy suya y nadie puede hacerme nada. La idea me hace sentir extraña. Hablar de propiedad me hace sentir una cosa. ¿Lo soy?

Mi destino es así. Tengo que aprender a disfrutarlo, a gozarlo, y a pensar que quizás mi respiración se mantendrá por mucho tiempo más, al igual que mi sangre. Me gusta alimentarlo, me gusta que tome de mil ¿Qué tan loco se lee eso?


Quizás para eso nací, para pertenecerle a Averno.  



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