Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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- Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Dom Mayo 18, 2014 11:54 am

Recuerdo del primer mensaje :

He caminado en la vida
fabricando mi destino,
de a poco junté las cosas
que estaban en mi camino,

pero no me cuestioné
tras tan largo recorrido,
si todo aquello fue real
o era un dictado frío...



________



La función del día anterior me dejó rendido, física y mentalmente. Ya no disfruto de la actuación en ese recinto como antes. Ha dejado de ilusionarme, todo me parece igual. Comienzo a pensar que la decisión de haber ido a aquella audición en la taberna fue una buena idea. Jefes nuevos, rostros frescos, nuevos compañeros… Los aires de cambio me sentarán bien. Si bien, no es algo seguro en cuanto al prestigio del teatro, es lo que menos me importa. Las cosas con sujeto que se hace llamar mi jefe, están muy tensas. No puedo seguir ni un minuto más ahí. Mucho de lo que pase hoy, va a influir en mi vida futura, para bien, para mal, pero será un parte aguas. Formar parte de un nuevo proyecto me ilusiona, porque me da la oportunidad de volver a comenzar. De aprender de los errores del pasado y no volverlos a repetir.

Con éste pensamiento feliz, termino de arreglarme, luego de haber desayunado un poco, más no mucho (De cualquier modo, no es que hiciera abundancia en casa) me gusta sentirme ligero, porque de ésta manera estoy alerta, y no con pesadez, bostezando. No quiero causar una mala impresión al señor Callahan y a la señorita Natalia. Un pensamiento vuela fugaz hasta la figura del que será mi nuevo jefe. Tan joven, pero ya con ideas claras en su cabeza. No es mucho mayor que yo, y sin embargo ya con un importante proyecto entre manos. Es ambicioso y sabe lo que hace, lo que quiere y lo que busca. Aquella noche en la taberna dijo mucho y a la vez nada. Ha depositado su confianza en mi y no quiero fallarle. No le voy a fallar…

Cerrando con trompicones la puerta de mi hogar - la perilla esta demasiado oxidada - me dirijo hacia una de las avenidas principales a buscar un carromato. La dirección que se me ha proporcionado parece ser un poco alejados De mi actual ubicación y si bien puedo ir a pie - o valido - No quiero llegar tarde y mucho menos perder mi ropa. Gastaré un poco más de lo planeado porque será un viaje un poco costoso, pero no me importa. Estoy decididoido y cuando algo se mete en mi cabeza, no hay poder humano que me haga cambiar de opinión.

Una vez abordo, me dedico a observar el paisaje circundante. Como, con el transcurso del camino, las construcciones van cambiando de aspecto. De las muy humildes, a las muy elegantes y… A las derruidas. << ¿Estaremos en la dirección correcta? >>   Es inevitable el que yo saque mi cabeza y le pregunte al hombre que va guiando al caballo si es correcto el camino por el que vamos pasando. Él tranquilamente contesta, que no desespere, que la dirección que le he proporcionado está retirado del centro de la ciudad, pero que en cuestión de minutos estaremos a la puerta de mi destino. Me encojo de hombros, si lo ha dicho tan seguro, es por que así debe ser. No soy quién para cuestionarlo. Yo creo que estoy ansioso, desesperado por llegar y todo se me vuelve más alejado de lo que realmente debe estar.

-Hemos llegado señor.-La voz del ansiando me hace respingar, arrancándome de mis pensamientos. Al parecer cerré los ojos sin darme cuenta y comenzaba a quedarme dormido.

-Muchas gracias, aquí tiene. Muy amable-. Pago la cantidad pactada antes de haber abordado, observando cómo es que se aleja lentamente . Giro sobre mis talones y me sorprende ver lo que observo. La construcción parece abandonada, aunque el cancel está abierto de par en par. ¿Sería conveniente entrar sin antes anunciarme? Camino sigiloso, intentando no hacer demasiado ruido, todo parece tan silencioso…

-¿Buenos días?

Mi voz hace eco.

-Vengo al ensayo… Busco a Kurt Callahan-. Cuando ingreso por completo al recinto, me doy cuenta de que algún grupo de gente está tratando de limpiar y poner todo en orden barriendo la estancia, lo que ocasiona que el polvo acumulado se levante, haciéndome toser.-- Me ha citado a ésta hora.




Última edición por Joshua Maloney el Mar Jul 14, 2015 5:14 pm, editado 1 vez






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Vie Jul 29, 2016 9:36 am

Con Kurt en brazos, llegué hasta la puerta de la anciana. Toqué -mas bien casi la eché abajo- con uno de mis pies, hasta que finalmente una chica se apersonó. Pareció reconocerme, me permitió el paso y cerró la puerta, cerciorándose de que nadie hubiera visto nada. Como ya me sabía el camino, fui hasta la última habitación y lo deposité sobre la mesa. La chica balbuceó algo, se retiró e inmediatamente después, llegó aquella mujer que me había salvado la vida anteriormente. Lo inspeccionó con mucho cuidado. Me hizo algunas preguntas, que traté de contestar lo mejor que pude y enseguida me pidió salir. Iba a rehusarme pero su mirada tensa me lo hizo pensar dos veces. Esperé y esperé, hasta que el sol salió. Fueron horas angustiantes, pero finalmente todo había salido todo lo mejor que se pudiera esperar. El diagnóstico: Dos costillas rotas, múltiples contusiones en el cuerpo, golpes en la cara... Finalmente le acondicionó ése mismo cuarto con una cama más acogedora. Le di las gracias, haciendo incapié desde luego, en que se le pagaría hasta el último centavo. No dijo nada, sólo gruñó mientras rociaba a Kurt con un algo que olía a incienso. Un humo espeso. Ahí me despedí, dejando en claro que regresaría más tarde.

----

Afortunadamente, la madre de Kurt - junto con todo el elenco, incluída Natalia- esperaban en la casona esperando por noticias, quise suponer. Los puse al tanto dejando claro que estaba fuera de peligro. Tuve que inventarme una historia de lo más absurda (puesto que mentir no se me daba muy bien) esperando despejar dudas. La madre de Kurt agradecida, me devolvió mi mochila, deseosa le dijera en dónde podría alcanzar a su hijo. Quise acompañarla de regreso, pero negó, inclusive me pidió me fuera a descansar y a asear. Hasta el momento no me habìa percatado de que estaba espantosamente desaliñado y sucio, con algunas salpicaduras de sangre sobre la ropa. Ella me abrazó, me dió las gracias y partió acompañada por Natalia.

Regresé a casa, donde una nota me esperaba. La habían deslizado por debajo de la puerta. No me molesté en leerla porque ya sabía de quien se trataba. Tuve el impulso de romperla, pero lo pensé dos veces. La "amenaza" del conde había calado muy hondo. Estaba asustado porque, oh cierto, aún no había leído la nota anterior ni lo que había dentro de la caja. Arrojé la mochila hacia el sofá, fui directo a la recámara, me desnudé y me metí en la cama tratando de dormir, cosa que no logré hasta tiempo después, el cansancio mental era demasiado fuerte.

-----

Me desperté sobresaltado en la cama. ¡Había tenido una pesadilla de lo más real! Habìa soñado con el mismísimo diablo. Me había llevado al infierno y me hacía pagar muy caro todos mis pecados. Pero no llevaba cuernos, ni era rojo ni tenía patas de cabra. Simplemente tenía la pinta de un humano cualquiera, pero cambiaba de rostro paulatinamente. Fue cuando tomó el rostro de Enrique y unos enormes dientes puntiagudos cubiertos de sangre tratando de morderme, cuando me sobresalté.

Fui por agua a la cocina y la apuré de un trago. Suspiré hondo, estaba temblando de miedo. Ya era de noche, más bien de madrugada. El reloj de de la pared marcaba la 3:30 am. Me sobresalté aún más y corri a guarecerme nuevamente bajo mis cobijas y me puse a rezar, hasta que el sueño me venció.

Para cuando volví a abrir los ojos, ya estaban tocando desesperadamente la puerta. Desganado, con pesadez y gruñendo, tomé el pomo de la puerta y la giré. Se trataba nada más ni nada menos que Enrique. Comenzaba a hartarme de ese rubio. ¡No me dejaba en paz! Sin esperar que le diera el permiso de entrar, fue a acomodar su gabardina en el respaldo de la silla. Después volvió hacia mi persona y me abrazó preguntándome si me encontraba bien.  << Me encontraba mucho mejor sin tí >> tuve el impulso de responderle, pero no tenía caso. Después de decirle que a mí no me había ocurrido absolutamente nada, no me quedó más remedio que contarle dos veces lo acontecido, porque había mucho chismorreo en la casona cuando llegó a buscarme. La gente tendía a maximizar todo y agregar sucesos que nunca ocurrieron.

Desgraciadamente para mí, el tema cambió de nuevo hacia "el regalo y la nota" me disculpé con Enrique por no haber leído nada, ni mucho menos visto el interior de la dichosa caja. Fue El conde mismo quien le sacó de mi mochila y lentamente comenzó a leerla sin que yo se lo hubiera pedido. Me puse rojo de verguenza. Era una carta que hablaba de su "amor" hacia el chico de ojos verdes y de las muchas veces que pensaba en mí y en estar conmigo bajo decenas de pétalos de rosa, desnudos. No supe que decir, todo me resultaba incómodo y morboso. Después abrio la caja, revelando una cruz de plata. Era pequeña pero hermosa. Me la colocó inmediatamente y me sentí como un perro al cuál le ponían correa. Me pidió por favor, que nunca me la retirara. Acepté no muy seguro ¿pero qué otra cosa podía hacer? La palabra de Enrique debía ser ley. Dolía reconocer que le tenía mucho miedo.

Más tarde me encontraba desayunando con él, en esos restaurantes lujosos a los cuáles le gustaba ir, pero eso sí, siempre en un privado, por obvias razones. No le convenía ser visto en situaciones extrañas. Y a mi tampoco para ser honestos. Hablamos a cerca de la obra, y que debido al estado de salud inconveniente de Kurt, se pospondría la gira, lo había decidido. Yo solo picoteaba la comida, no tenía hambre, lo único en que podía pensar era en el estado de salud de Kurt y en ése "te quiero" que había escuchado, o al menos eso era lo que parecía haber dicho.  

Como yo no mostraba muchos ánimos. Salimos del lugar y fuimos a encontrarnos con los demás actores para hacerles partícipes de la decisión del conde. Algunos estuvieron de acuerdo, otros no pues ya habían hecho planes para esos días; pero lo mejor de todo, es que mientras tanto, emprenderían la búsqueda para el reemplazo de Ofelia. Actuar con Natalia era un suplicio doble. Agradecí internamente a el conde; por lo menos haría algo medianamente aceptable entre tanta desgracia.

Ensayamos un poco más, y en cuanto pude, me escabullí para ver a Kurt. Quien se encontraba dormido cuando llegué. Aún tenía el rostro muy inflamado. Sentí mucha pena por el. El verle así tan demacrado y desvalido me revolvia los sentimientos. Aún estaba herido por todo lo que me había hecho, pero por otro... Dolía reconocer que por mucho esfuerzo que había hecho, no podía olvidarlo. El amor seguía fresco y latente dentro de mi cuerpo. Y más aún sentí ese aguijonazo de electricidad cuando comenzó a despertar y tomó mi mano pensando que era su madre, pero la apartó segundos después al notar su equivocación, dejando salir aquellas palabras mal agradecidas:

-Siempre tan oportuno, Kurt. - fruncí el ceño, enfadado -Vine aquí porque estaba preocupado por tí. Quería... Saber como te encontrabas. Estás mejor desde la otra noche que te traje aquí. Eso es bueno... Estarás bien muy pronto. - tomé una silla y me senté al lado de la cama. -Todos han preguntado por tí y te mandan sus buenos deseos. Desean tu pronta recuperación.

Aquellas palabras salían a trompicones. Habían pasado algo de tiempo desde la última vez que charlamos. No sabía exactamente qué actitud tomar en aquel instante. Simplemente queria llevar la fiesta en paz, aunque fueran unos minutos. Como bien he dicho, la herida seguía abierta y latente.






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Kurt Callahan el Vie Jul 29, 2016 11:42 am

-Lo siento…-dije en voz baja, me sentí como un niño recriminado por haber sido grosero. Le mire mientras él hablaba pero lo cierto es que no le escuchaba, solo podía pensar en lo guapo que estaba y lo bien que olía. Sonreí un poco, estaba enfadado se le notaba, pero era la primera vez desde nuestra discusión que me hablaba.

Devolví la mirada a mis manos y nos quedamos en silencio un momento. Cogí con esfuerzo el vaso de agua que tenía en mi mesita de noche y le di un trago, lo deje en su sito y volví a mirarle.

-Joshua…yo…quiero enterrar el hacha de guerra-volví a mirar hacia mis manos, quería contarle todo lo que sentía por él pero aun no estaba preparado para mirarle- Estoy cansado de esta situación, quiero paz- y también la necesitaba, no podía seguir con esa dinámica de beber, no dormir y dejar que me diesen palizas en un callejón, era hora de salir de ese pozo y la forma de empezar era haciendo las paces con él- sé que lo que hubo entre los dos...fuese lo que fuese, no acabo nada bien, pero trabajamos juntos y sería más fácil si no hubiese tanta tensión entre los dos-movía mis dedos un tanto nervioso-sé que te hice daño y que los has pasado mal…y yo también aunque no lo creas- cerré los ojos-antes de todo éramos amigos y me gustaba estar contigo, hablar contigo…tu silencio ha sido muy duro para mi, aunque supongo que es lo único que me merezco de ti.

Nuevamente bebí agua, empezaba a sentir un nudo en la garganta. Joshua quiso hablar pero no le deje.

-por favor, deja que termine –deje el vaso- solo quiero que entiendas que te aparte de mi porque no quería hacerte daño como se lo hice a Natalia-intente moverme para sentarme pero fue un error, el dolor me impidió moverme escasos centímetros- Natalia…ella…-el dolor apenas me dejaba hablar-es mi mejor amiga, desde que escape –él sabía a lo que me refería ya le había contado todo sobre mi infancia- y aunque yo nunca tuve nada en serio con ella, ella si lo creía y cuando nos vio…bueno-el dolor iba remitiendo, respiro –de todas formas yo nunca llegué a sentir por ella lo que me hacías sentir porque yo-y ahí estaba, realmente iba a decírselo-yo…me enamore de ti-me quede unos segundos en silencio-¿cómo no hacerlo? Tú no te das cuenta de lo especial que eres. Tienes un gran corazón, eres muy inteligente y tienes unos ojos preciosos y una sonrisa…-suspire-pero me asuste, no quería romperte el corazón como se lo rompí a Natalia y al final lo único que conseguí fue que acabases odiándome-trague saliva, el nudo luchaba en mi garganta-aunque supongo que eso no fue del todo malo porque así pudiste empezar algo con el señor Chambod –cerré los ojos nuevamente y respire profundamente, tenía que asumir el hecho de que Joshua y yo no podríamos estar juntos-Espero que él te de todo lo que te mereces, que es mucho…, algo que yo nunca hubiese podido darte –volví a frotarme el ojo derecho pero esta vez para quitarme las lagrimas- No quiero que me mal interpretes, solo te digo esto porque necesitaba decirte la verdad, hace poco entendí que es mejor ser un idiota sincero-sonreí de lado –no pretendo nada, solo que quizá, con el tiempo, puedas perdonarme

Sentí como si un enorme peso se me quitaba de las espaldas. No sabía cómo iba a reaccionar Joshua, quizá solo consiguiese cabrearle más o quizá por fin pudiésemos volver a llevarnos bien. En cualquier caso me alegraba de habérmelo quitado de dentro





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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Vie Jul 29, 2016 1:10 pm

Kurt se disculpó nuevamente. Siempre se estaba disculpando conmigo. No era algo nuevo para mí... Cada una de sus disculpas se fueron convirtiendo en desconfianza, porque siempre , detrás de cada una de ellas, había ocurrido una herida más grande que la anterior. De todas formas estaba ahí en plan de paz, como lo estaba mencionando el mismo tan atinadamente. Si, era difícil estar en el mismo espacio sin sentir cosas en la barriga, pero indudablemente necesitaban descanso. En eso le daba la razón. Tanta tensión acumulada conforme transcurrían los días, le había puesto los nervios a flor de piel. Ahora que lo meditaba un poco, todo ese problema de la soledad, desconfianza y anexas, eran los motivos por los cuáles me había refugiado en los brazos del conde, que con tanta amabilidad, y experiencia, las había aprovechado muy bien, y yo tontamente había caído. Estaba tan arrepentido...

A mí también me gustaba platicar con Kurt, antes de que todo pasara. Fuimos amigos, unos muy buenos. Pero una cosa llevó a otra y ahí estábamos los dos sufriendo como condenados por diversos motivos, pero con un factor común. En ése instante quise decirle algo cálido, darle la razón, no ser simplemente un espectador en aquel cuarto improvisado, pero el rubio no me dejó continuar. Me quedé cruzado de brazos, mirando cómo se movían mis pies de un lado a otro, escuchando atentamente todo lo que iba confesando. Cuando mencionó lo de Natalia, alcé mi vista por breves segundos. Así que el no estaba enamorado ¿sería verdad? desvié la mirada hacia el vaso de agua, que iba y venía mientras ese silvido en la respiración de Kurt por el dolor. Yo también tuve alguna vez las costillas fracturadas y sabía perfectamente que el dolor era insoportable, aún más debía serlo para él, que no poseía esa maldición que caía sobre mis espaldas.

Pero no estaba preparado para lo que vendría a continuación. Fueron sus últimas palabras las que me dejaron completamente helado. ¿Cómo es que sabía que entre el conde y yo...? ¡Argg! esas estúpidas flores y esos malditos regalos que llegaban todos los días. ¡Ah! y esas personas chismosas que se dedicaban a correr la notica por todos los recovecos ¿Por qué no se metían en sus propios asuntos y le dejaban en paz? No hubiera querido que Kurt se lo mencionara, no quería que pensara que era un chico fácil que se deslumbraba por los regalos caros y las atenciones. Pude sentir cómo mis mejillas se encendieron. Estaba sumamente avergonzado. Si bien no le debía explicaciones, no estaba cómodo para nada. Es más, tuve el impulso de contarle que se sentía acosado y amenazado. Pero no podía confiar en él como antes. Debía guardar para mi mismo toda esa frustración y el enojo que me producía el hecho de mencionar su nombre. Me sentía completamente solo...

-Por Dios Kurt.. - En cuanto mencionó lo del enamoramiento,el corazón comenzó a latir con suma rapidez y me levanté de la silla- ¿Cómo puedes decirme esto ahora? - mis ojos estaban rojos. Quería llorar, pero Kurt no se merecía -una vez más - mis lágrimas. -¿Sabes lo mal que lo pase? me sentí una completa basura. Me sentí usado, utilizado... Te entregué lo único y más importante que podía ofrecerle a alguien y lo hiciste pedacitos. No una, sino varias veces. - Ahora le veía directamente a los ojos. También debía sacar toda esa negatividad y tristeza de una vez por todas. Ya se estaban sincerando, pues ahora a sacar todo de una buena vez-. Dices que lo hiciste por mi bien, que por no hacerme sufrir, pues bien lo conseguiste... Me hiciste sufrir como un condenado aún y que tu maravillosa idea de alejarme, era precisamente para no hacerlo. ¿Qué contradictorio no? Decidiste por mi, y simplemente pensaste en ti. -ya se habían escapado unas lágrimas de mis ojos y las limpié lo más rápido que pude. Me acerqué hasta su cama, hacia la parte donde descansaban los pies de Kurt-. No puedo creerte Kurt, discúlpame pero... Tus palabras han dejado de tener valor. Ya no te creo... No...

Tomé mi abrigo que había dejado sobre el perchero de la entrada y caminé hacia la puerta. Me detuve unos segundos. Quería seguir diciendo tantas cosas ¿pero para qué? no era el momento ni lugar adecuado.

-Espero que te recuperes... Vendré a verte en cuanto pueda. Se lo he prometido a tu madre.
-Esto último lo dije sin hacer contacto visual. Abrí la puerta y cerré con cuidado. Una vez afuera pude dejar escapar un suspiro largo. Sentía claramente como las piernas me temblaban. Tenía tantas ganas de tomarme un trago - como nuca había sentido - que fue lo primero que hice una vez puse un pie fuera. ¿Qué mas daba? mi vida se estaba yendo al vacío.






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Kurt Callahan el Sáb Jul 30, 2016 10:15 am

Tenía la cabeza gacha y la vista borrosa porque tenía los ojos empañados, mientras Joshua hablaba. Al parecer había dejado de ser digno de su confianza…-No hace falta que vuelvas-le dije pero no me oyó porque ya se había ido. Quería salir de allí, largarme y uno volver más estaba harto de todo, de él de mi de todo y el hecho de estar ahí postrado e inmovilizado me jodía más.

A los pocos minutos entro una mujer extraña…era menuda y bajita, tenia los cabellos muy blancos pero recogidos perfectamente, se acercó a mí y empezó a tocarme, me quede mudo. Supuse que era la mujer que estaba cuidando de mí. Comprobó si tenía fiebre, me pregunto sobre el dolor y me pidió que comiese algo pero me negué. No tenía hambre.

-Te podré algo para el dolor y para que puedas descansar –no podía negarme pero cuando vi la aguja con la que pretendía pincharme me revolví –No va a dolerte…
-Sí, eso dicen todos pero mienten, no por favor-intente escapar de sus manos pero el intento me dejo sin aliento de nuevo. Intentaba respirar pero me costaba –No...Déjeme, por favor comeré- Me ayudo a colocarme en mi posición y a pesar de mis plegarias me clavo la aguja y segundos después dormía plácidamente.

Al despertar mi madre estaba en la habitación dejando que un poco de la luz del día entrase, no sé cuánto tiempo llevaba sin ver la luz del sol pero me cegó por unos instantes.
-¿Cuanto he dormido?
-Un día entero cariño…-me sacudió la sabana que tenía encima-¿estás listo para comer?-volqué la cara
-No tengo hambre – no tenía ganas de comer ni de salir de esa habitación nunca
-Si no comes no podrás recuperarte
-Me da igual
-Creo que no eres consciente de tu estado, podrías morir, necesitas comer
-Ojalá- al escucharme mi madre se acerco a mí y me dio una bofetada
-No te atrevas a despreciar la vida que se ha concedido y menos por un rechazo- ¿Cómo sabía ella todo eso? No me pare mucho a pensarlo, la bofetada me hizo reaccionar y me sentía más despierto que en todos esos días- Y ahora ven…-me ayudó a sentarme en la cama poniéndome almohadas en la espalda –te terminaras el plato entero, abre la boca
-Puedo solo – cogí el plato y la cuchara - Mamá… ¿podrías decirle a Joshua que no vuelva por favor? –le dije mientras comía o más bien, devoraba el guiso que me trajo. Ella asintió pero comprobé por los días siguientes que nunca lo hizo.

Joshua vino a visitarme ese día y el siguiente, en el primero estaba dormido y el segundo fingí estarlo. Lo cierto es que me sentía humillado, no podía culparle pero tampoco podía evitar sentirme así y por ese motivo no quería hablar con él.
Mis otros compañeros también vinieron.
Natalia y Josep eran los que más tiempo pasan conmigo contándome las novedades y lo bien que iba la obra. Ya habían encontrado a una chica nueva que sustituiría a Sashenka.

-Te encantará ya lo veras- me dijo Natalia
-No lo creo- no dudaba de los dotes de actuación de la nueva adquisición era solo que el tema de Sashenka me molestaba mucho aun.

Empezaba a plantearme dejar la compañía de teatro. Seguro que Enrique estaría encantado de hacer cargo de todo. Quería olvidarme de Joshua y sería mejor para los dos no volvernos a ver y además…ya no confiaba en Natalia. Me buscaría un nuevo camino como había hecho siempre, quizá en Londres o en Roma, el italiano no se me daba mal.

Reflexionaba sobre todo eso mientras me comía el arroz con pescado que preparaba mi madre. Estaba solo porque mi madre se fue a hacer unos recados. Natalia y Josep se habían despedido hacia un rato y agradecí encarecidamente los libros que me trajeron para entretenerme.

- Bella Italia, sì, può essere un buon punto di partenza da zero – decía en voz alta, recordando un poco el italiano que había aprendido y con el tercer bocado que le di a la comida Joshua entró en la habitación. Casi me atragante, no le esperaba tan pronto, el solía venir después de la comida. Masticaba despacio mientras le veía entrar. La inflamación de mi ojo izquierdo había remitido, ya no sentía tanto dolor pero al verle siempre me ponía nervioso. Seguí comiendo sin decir nada, no quería molestarle, si venia por compromiso con mi madre al menos intentaría no darle la lata.





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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Lun Ago 01, 2016 10:46 am

Pude escuchar perfectamente, aquella frase. Yo no sabía hablar en italiano, pero era muy parecido al español, asi que pude entender lo que había querido decir.  Tuve el impulso de tocar a su puerta, pero no lo hice, y entré sin pedir permiso. Me sentía enfadado,  por qué estaba seguro de que Kurt, estaba dándose por vencido. Y el italiano significaba, que a la mejor aquel hombre con el que se fue siendo apenas un adolescente, comenzaba a rondar en su mente nuevamente. Bien, no podía hacer nada al respecto y si era su decisión, no iba haber poder humano que lo hiciera cambiar de opinión. El problema era que si esto ocurría, el conde se haría cargo de la compañía, y él no estaba dispuesto a quedarse en ella, si esto sucedía. Los dos últimos días fueron un completo infierno. Estaba cansado, demasiado, y no podía mover los brazos siquiera, y no era una situación física, sino mental. Inclusive podía verse una cosa oscura alrededor de mis ojos por no poder conciliar el sueño.

-Tengo buenas noticias para - volví a colocarme a sus pies, con las manos metidas en la bolsa del pantalón - Es muy probable que salgas hoy. Herminia me ha dicho que has comenzado a comer y que tu recuperación va muy bien. - dirigí la vista al plato de comida- Es bueno que comas... Huele sabroso. - fue todo lo que dije, y me fui a sentar a la silla. Me dolía un poco la espalda y los hombros. Yo sí que no había comido muy bien, el apetito se había escapado por una puerta y no daba señales de querer volver. Pero daba igual. Todo me daba igual en realidad.

-Todos esperan tu regreso. Inluída la nueva chica que hará de Ofelia. Dice que ya te conoce. Que conoce a todos... - Lo miré para ver si de una vez por todas dejaba de ver su plato de comida y se interesaba en lo que estaba platicándole. -Yo no recuerdo haberle visto... Quizás yo no me encontraba aquella tarde en la casona- me encogí de hombros- Da igual...

Me acomodé en la silla, a manera de recargar mi cabeza por encima de mi antebrazo, que sujetaba el respaldo de la misma. Sentía los párpados muy pesados. ¡Tenía mucho sueño! Y muy contrario a lo que pudiera pensar, estar ahí me tranquilizaba. No me habría importado quedarme dormido, pero no podía hacerlo por obvias razones. Cabeceé un poco, que fue lo justo para espabilar.

-Creo que es mejor que me vaya...- dije somnoliento. -Es muy probable que... Tengas que asistir mañana. Vamos a necesitar algunos ajustes... Tú sabes. Necesitamos al director de escena-. Sonreí un poco. ¡Dios! mi carácter estaba tan volátil últimamente. Reía, me enfadaba, lloraba, suspiraba. Todo en cuestión de segundos. Debía estar volviéndome loco. -Hasta mañana - palmeé sus pies por encima de la cobija, y salí por la puerta, sin decir una sola palabra más.

Fui arrastrando las piernas por todo el pasillo hasta la puerta. Abrí, y un poderoso rayo de sol me pegó justo en la cara. Hacía mucho sol aquella mañana. Auguraba un buen día. Pero yo sólo quería irme a casa. O alguna otra parte donde no estuvieran vigilándome. Últimamente me daba esa sensación. Si bien, yo no encontraba nada sospechoso, algo percibía, como si mi sexto sentido me alertara de que debía cuidar cada paso que daba. ¿Estaría volviéndome paranóico también?






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Kurt Callahan el Dom Ago 07, 2016 8:37 am

Sorprendentemente comenzó a hablarme, sinceramente no me esperaba eso después de nuestra última conversación en la que yo le confesé mis sentimientos y él me trato de mentiroso. La verdad es que estaba dolido y no quería hablar con él, quería que se marchase y a la vez que no terminase de hablar nunca porque no quería dejar de escuchar su voz. Era todo tan confuso…

Termine de comer mientras él me decía que pronto me iría a casa, quería hacerme trabajar al día siguiente incluso, si es verdad que estaba mejor pero todavía no había sido capaz de ponerme en pie y las costillas estaban soldándose aun pero no le dije nada, solo le mire de reojo, parecía estar muy agotado, seguro que el Conde y él se lo habían pasado muy bien la noche anterior. Esa idea que me abordo enseguida y me lleno la cabeza de imágenes me provoco pinchazos y me revolvió el estomago de celos. Estuve a punto de decirle que se largase, de repente estaba tan cabreado con él…le mire para decírselo y se había quedado dormido. El enfado se me paso casi de golpe, quise ponerme en pie para cogerle y ponerle en la cama pero no fui capaz de llegar hasta él, di un par de pasos y volví a la cama con un dolor punzante en el costado.

De todas formas no durmió mucho rato, cuando se despertó me hablo como si no se hubiese dado cuenta que llevaba media hora de siesta. Se despidió y se marchó. No pude hablar con él de nada, casi mejor.

Como ya me había adelantado la mujer que cuidaba de mi vino a verme y me dijo que estaba pensando en mandarme a casa. Aunque no me sentía con muchas fuerzas yo también lo preferí, seguro que todo aquello ya había costado un dineral que seguramente no podríamos pagar y estar un día más allí era un despilfarro. Aunque mi madre me insistió en hacerse cargo de todos los gastos yo tenía muy claro que en cuanto llegase a Italia buscaría trabajo de cualquier cosa y le devolvería hasta el último centavo.

Y sí, había decido irme con la idea clara de que no podría trabajar como actor, al menos no hasta cubrir mis deudas y después ya veríamos…
Por la tarde me ayudaron a ponerme de pie, camine algunos pasos por la habitación aunque siempre con dolor. Esa fue la última noche que pase allí.

Por la mañana tenía todo preparado para volver a casa. Mi madre me llevo hasta la casona, era bastante temprano así que aun no había nadie, salvo Josep y Natalia que me esperaban contentos de verme mejor. Necesite ayuda para subir las escaleras. Mi habitación estaba como la había dejado…bueno, no, estaba mejor. Ordenada y limpia, con aire fresco, como a mí me gustaba.

-Creo que...necesito descansar un poco…-les dije y les agradecí la bienvenida. Cuando me quede solo y me acomode en la cama encontré la camiseta de Joshua debajo de la almohada. Me sorprendió encontrarla allí, la mire y olí, su olor iba desapareciendo pero aun quedaba. Cerré los ojos y me quede dormido sujetando esa prenda.
No me desperté hasta después de comer. Cuando lo hice vi que Natalia estaba allí cosiendo algún traje. Me sonrió.

-Vaya, si que estabas cansado…has dormido muchísimo
Sonreí de lado-Sí…creo que son las medicinas- aun estaba medicado- Me alegra de que estés aquí, necesito hablar contigo –Me senté y vi un plato de comida, me puse de pie sentándome en el escritorio y cogiendo el plato.
-Tu dirás…-Natalia estaba sentada en otra silla que seguramente se había subido ella, estaba junto a la cama y parecía tranquila.
-Pues es sobre mi trabajo en el teatro-ella dejo de coser y me miro- he decidido que haré un viaje por tiempo indefinido y obviamente eso implicará que deje mi trabajo en el teatro
-¡¿qué?! No puedes estar hablando en serio…
-Bastante en serio de hecho, ya está decidido, dentro de un par de días me iré a Roma
-Pero ¿Por qué? –se puso de pie-no puedes irte Kurt y dejarme con todo esto a mi sola
-No estás sola, tienes a Enrique que es al único al que necesitas
-¿Esto es por lo del otro día? Te estás comportando como un crio kurt - empezó a alzar la voz – ¿Recuerdas porque estamos haciendo esto? ¿Lo recuerdas? Fuiste tú el que me insistió en formar una trope propia, ¡deje a Antoine por ti! Por esto ¿y ahora decides que te vas?
-Comprendo que estés enfadada pero es lo mejor…
-¿lo mejor para quién? Solo para ti Kurt, eres un egoísta de mierda- cogió todas su cosas-pero haz lo que quieras, como haces siempre, ya me las apañaré sola –salió de la habitación enfadada y dolida. La entendía perfectamente pero no podía seguir más tiempo allí, no quería ver a Joshua, no quería ver a Enrique, quería olvidarme de todo aquello, irme lejos y empezar una nueva vida en paz.

Ese día no baje aunque les escuche ensayar e irse al teatro para la actuación, por supuesto también escuche a Enrique…bueno, el había ganado. Que se lo quedase todo.

Esa noche no pude dormir a pesar de las medicinas, estaba preparando mi equipaje, no me llevaría muchas cosas, un par de libros, esos de los que no te desprendes nunca, un poco de ropa, algo de dinero y un par de cuadernos. Pero antes de guardas las últimas plumas me senté a escribir la única carta de despedida que dejaría.

“Querido Joshua
Te escribo esta carta porque no quiero irme de Paris sin antes decirte algunas cosas. Sé que piensas que soy un mentiroso y que no soy para nada de fiar, ya me lo dejaste claro la última vez que hablamos pero créeme que esta carta no tiene ninguna intención retorcida o cualquier otra cosa de mala fe que creas que desee hacerte.
Reconozco que me dolió que pensases así de mi…creía que nos conocíamos pero me equivoque y no quiero empezar con reproches así que no diré más sobre esto.
Solo quería darte las gracias por salvarme la vida, se que llega tarde pero te lo agradezco de verdad. No sé cómo me encontraste pero sí sé que tú fuiste la sombra que vi en el callejón, defendiéndome y te lo agradezco. Poco más me queda por decir salvo que me iré y dejaré el teatro, estaréis en buenas manos. El tiempo y la distancia lo curan todo, ya no tendrás que verme más y eso lo hará más fácil.
Espero de corazón que te vaya bien en la vida, que encuentres a alguien que te ame y que seas capaz de creerle cuando te lo diga. Estoy seguro de que encontraras a tu príncipe.
Un abrazo, Kurt”


Guardé la carta en un sobre y la dejé sobre la mesa. Me tiré en la cama viendo las estrellas a través de la ventana del techo. No sé en qué momento me quedé dormido pero no fue durante mucho tiempo, el sol estaba saliendo.

Me vestí y fui a ver a mi madre muy temprano, hablamos sobre que me iría, por supuesto no estaba de acuerdo, me dijo que era un tontería y que tan y como estaba podía volver a rajarme las costillas con un viaje así. Me prohibió ir pero evidentemente poco había que hacer al respecto. Me fui después de desayunar y pase por la casa de Joshua de vuelta al teatro, pasé el sobre por debajo de la puerta y me fui a mi casa para coger mis cosas.

Cuando llegue algún que otro ya había llegado como cada día para prepararse antes de ir al teatro. A los pocos que vi les dije que me iría por un tiempo, que hasta entonces todo se quedaría en manos de Natalia y de Enrique. La noticia les sorprendió pero poco me dijeron al respecto. Subí a mi habitación y cogí mi maleta, no pesaba mucho pero aun me costaba caminar y coger la maleta estaba resultando terriblemente doloroso, puede que mi madre tuviese razón sobre lo de que no aguantaría el viaje pero tenía que irme.

La camiseta de Josh estaba sobre la cama, aun no había decidido qué hacer con ella, por un lado quería llevármela pero…la idea era olvidarle y eso era lo único que tenía de él así que lo mejor era dejarla…me senté en la cama mirando la prensa durante un rato y finalmente la deje sobre el escritorio, si me iba tenía que dejar todo atrás. Todo.

Cogí mi maleta y aguantando el dolor cargue con ella hasta el camino de tierra que llevaba a la ciudad, allí espere hasta que llego el carro de un campesino que solía ir al mercado a esas horas, me llevó sin problema y caminé desde el mercado hasta la plaza en la que se reunían todas las caravanas que viajaban a distintos países.

-Serán 20 francos hasta Italia, 8 días, no incluye comida pero si el alojamiento.
-¿20? La ultima vez viaje por 10 –El hombre se rio
-Suerte amigo si pretende encontrar algo mejor de lo que le ofrezco





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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Mar Sep 20, 2016 8:30 pm

Otro día más sin nada que me trajera de nuevo la alegría; como todos los anteriores, sin colores, sin matices, como un día gris que vaticina una gran tormenta, que dura días y días. Así se sentía mi corazón. Marchito, enfermo. Por más que trataba de sonreír ante el espejo del baño, diciéndome que todo iba estar bien, que tratara de sonreír, nada parecía surtir efecto. ¿A quién quería engañar? Estaba demasiado triste, mucho. Esa mañana en particular sentía el cuerpo pesado y no tenía mucho apetito. Me sobé la tripita que protestaba, pero debería esperar a que cerebro y estómago hicieran sinergia.  De haber sido otras las circunstancias, me hubiera encamado todo el día aferrado a la almohada, y llorar hasta cansarme. Pero no podía. Mucha gente dependía de mí, y bueno, era un actor, o al menos trataba de hacerlo, era mi deber pararme en el escenario y fingir, adentrarme al papel, pero ¡por Dios que era cada día más difícil! Sumado estaba el rostro de Enrique y todas esas pestilentes palabras que a veces soltaba al oído. ¡Empezaba a detestarlo con todas mis fuerzas! Y apenas comenzaba la temporada, quedaban muchas giras y ciudades por visitar ¿cómo iba a hacer para mantenerme en pie sin sentir asco y repulsión?

”Él" vino de repente a mi cabeza. Kurt era mi motivo principal para seguir adelante, aunque lo negara. A pesar de todo, seguía amándolo como desde el primer día. Sonreí por breves instantes, pero en seguida me acongojé. De nuevo ese dolor punzante que recorría todo mi costado izquierdo, desapareciendo en la punta de mis dedos, cada que recordaba sus ojos azules, sus besos... Todo. Mis ojos volvieron a ponerse acuosos. ¿Por qué el tiempo no podía dar marcha atrás? Instintivamente acaricié aquella parte de la espalda donde había leído las palabras "Te quiero". Me levanté de la cama y me saqué la prenda para tratar de verlas reflejadas en el espejo de mi habitación, pero de aquellas no quedaba nada, salvo el recuerdo. ¿Por qué de pronto estaba perdiendo todo lo que era importante para mí?

Sobrevino el sollozo. Pero lo acallé lo más que pude. << Todo va a estar bien. Todo va a estar bien >> dirigí mis pasos hacia la pequeña salita para recoger unas sandalias y cubrir mis pies, el suelo estaba demasiado frío. Fue entonces que ví un sobre blanco en el suelo. ¿Se trataría de Enrique? Fruncí el ceño. ¿Es que no iba a dejarme nunca en paz? Y sin embargo... Di esos últimos pasos y lo levanté. Enseguida pude notar su olor inconfundible. El corazón se me aceleró y lo abrí a toda prisa. Conforme pasaban las palabras, yo no podía creer lo que estaba leyendo. La pequeña hoja de papel escrita con una exquisita caligrafía, se movía impetuosa debido al temblor de mis manos. No fue sino hasta que una lágrima cayó en el papel, desvaneciendo una letra E, que reaccioné. Kurt se estaba despidiendo de mí. Se iba de mi vida. ¡Nunca más le volvería a ver!

-¡No! - grité - ¡No puedes irte y dejarme así...!

Es que yo no podía imaginarme una vida sin él. Simplemente no podía. Fue como si todo lo malo, se borrara en un instante. Todo el pasado voló de un soplido, y fue la desesperación la que me obligó a correr hacia la puerta y girar el pomo para salir desesperadamente a la calle, observando a ambos lados de la misma sin importar que sólo llevaba encima un pantalón de lana café.

-¿Dónde...? ¿Por dónde te has ido? - llevé mis manos hacia la cabeza para tratar de hilar las ideas. Concentrarme. Aspiré el aroma tratando de reconocer la estela de su olor de entre centenares. Caminé en círculos buscando cualquier indicio. Parecía que la gente me observaba con ojos incrédulos, pero no tenía tiempo de dar explicaciones y no pensaba darlas además.

Al final de la calle fue que logré percibir algo, y me aferré a esa pequeña esperanza. Por instinto traté de alzar el vuelo, importándome poco que los pueblerinos se dieran cuenta de mi condición, pero mi cuerpo no reaccionó. No pude transformarme, me sentía sin fuerzas para ello. ¡Pero no podía darme por vencido! Iría a pie si fuera necesario. Así que comencé a andar lo más rápido que mis piernas podían. Sin importar el frío. Sin importar nada. ¡Necesitaba encontrarlo!

Tenía mi naríz fría y el aire helado entraba a mis pulmones causándome un ligero malestar. Más no me daba por vencido. Seguí caminando, corriendo, tropezándome, cayéndome y volviéndome a levantar, hasta que al final y después de mucho tiempo, el aroma se extravió entre un tumulto de gente. Estaba perdido, lo había perdido. ¡Lo estaba perdiendo!

-¡KURT! -grité ya en medio de mi desesperación -¡KURT CALLAHAN!

Estuve gritando tres veces mas, hasta que el mismo aire frío ya colado en mi garganta, me hizo callar. Tenía la boca seca. Tosí. Estaba tan cansado...

-¡KURT! -lancé en ese grito mi último aliento. Sabiendo que tal vez ya era demasiado tarde. Tal vez el ya se había ido, muy muy lejos...






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Kurt Callahan el Jue Oct 13, 2016 3:09 pm

Seis meses después de llegar a Roma aún seguía pensando en todo lo que dejé atrás.

El viaje fue muy duro y por un momento pensé que no llegaría con vida a mi destino. Después de pagar los 20 francos me correspondía un asiento en el coche en el que viajábamos 10 personas, aunque solo habían asientos para 6…Abrazado a mi petate en lo único en lo que podía pensar era en Joshua y en la veces en las que conseguía sacarle una sonrisa, incluso creí haber escuchado su voz a lo lejos llamándome, algo que era ciertamente imposible y que atribuí a mi cabeza desvariada y a un deseo profundo de que fuese verdad.

Así que asumí que simplemente se trataba de un espejismo, como el de los comerciantes que se perdían en el desierto y soñaban con un oasis de agua fresca y sombra y que creían vislumbrarlo entre las montañas de arena seca y ardiente, pero que en realidad no eran más que alucinaciones de una mente desesperada que sabe que va a morir pronto…y en el fondo así me sentía yo.

Los primeros días en los que atravesábamos el país con dirección al sur se pasaron lentos y tediosos. Dormíamos en hostales, comíamos por el camino y pasábamos el resto del día enlatados en los coches, que eran 7 en total. Los problemas llegaron al pasar la frontera…
El camino se hizo más hostil y aunque me encontraba mejor, tenía la sensación de estar reabriendo las cicatrices que tenía por la postura en la que viajaba. El paso entre las montañas, el frío nevado y la poca estabilidad del coche al pasar por caminos empedrados acabaron por devolverme el dolor seco y asfixiante de mi costado izquierdo. Solo recuerdo el grito de dolor y la cara de susto de mis compañeros de viaje antes de quedarme inconsciente.

Cuando desperté habíamos hecho la parada de descanso en una posada de habitaciones pequeñas pero de camas limpias. Compartían conmigo la habitación una familia a la que no había visto. Podía escuchar al padre pedirle a su hija que sacase las gasas y la faja de su maletín y otros pasos menudos y autónomos que se acercaron a mi cama. Era una señora de la edad de mi madre quizá, morena con los ojos castaños y con un vestido modesto.

-Que bien que hayas despertado, vamos a cambiarte el vendaje y la faja
-¿Dónde…? ¿Quienes…? –tenía muchas preguntas
-Estas en un hostal de Bologna, nosotros somos los Tallec, el es mi marido Jean, tu médico-me sonrió- yo soy Lucie y ella es nuestra hija Juliette – Su marido era un hombre alto y escuálido, con un bigote perfectamente peinado y unas gafas redondas que escondían una mirada alegre. Por otro lado su hija apenas me miró, tenía las mejillas como tomates y un flequillo que casi le cubría del todo los ojos, con un vestido de color alegre y los cabellos recogidos de una chica que hacía poco que había dejado de ser una niña.
-¿qué me ha pasado?
-Te desmayaste, tienes unas cuantas costillas fracturadas y estuviste un par de días con fiebre- ¿un par de días?

Efectivamente me pasé delirando un par de días en el coche al que me cambiaron, en el mismo en el que viajaba aquella familia. Mis antiguos compañeros no querían saber nada de mí por temor a que tuviese viruela. El médico que viajaba en uno de los 7 coches se dispuso a hacerse cargo de mí, me cuidaron durante el resto del viaje.

Cuando llegamos a Roma me había repuesto casi al completo y les pedí por favor que me dejasen pagarles por todo, pero no aceptaron mi dinero así que me dieron trabajo en la consulta que pensaban abrir en la ciudad. Tendría casa y comida, además de un pequeño suelo que no cobraría hasta el 3º mes después de haber solventado el pago de los cuidados.
Nos instalamos en una pequeña casa cerca de la plaza principal. Tenía dos plantas y yo dormía abajo, junto a la cocina. En la habitación solo había una cama y un baúl, todo lo que necesitaba. Esa primera noche le escribí una carta a mi madre diciéndole que estaba bien y que tenía un trabajo, que no se preocupara por mí. Las cartas se convirtieron en una rutina semanal.

Ella me escribía contándome las novedades, hablándome de la gira que había empezado, de los éxitos y los logros, me daba la sensación de que me omitía información relevante por no preocuparme. También pude notar que de alguna forma ella ocupaba ahora mi puesto, lo cual me dejaba más tranquilo. Me hablo de la chica nueva y de que estaba preocupada por Joshua, pero no especificaba el por qué así que pensaba que solo me lo decía para despertar mis deseos de volver pero nada más lejos. Estaba convencido de que los dos estaríamos mejor lejos el uno del otro aunque yo no dejase de pensar en él en ningún momento, de extrañarle y de desear que fuese feliz. “Ya pasara” me repetía cada noche.

En mis cartas hacia un gran esfuerzo por no preguntar por él y de solo contar lo bueno por supuesto. Las largas horas de trabajo quedaban omitidas, al igual que las visiones traumáticas de piernas rotas, sangre, enfermos terminales y el temor constante de acabar cogiendo algunas de las enfermedades que hacían que las victimas tosiesen sangre, se retorcieran de dolor en sus camas o acabasen muriendo entre vómitos. Algo que veía a diario pues me había convertido en una especie de ayudante para el doctor Tallec.

A pesar de todo eso no podía quejarme de mi nueva vida. Tenía una cama limpia y 3 comidas calientes al día, incluso ropa nueva. Juliette me hizo un par de camisas y llego a tejerme un jersey en solo 15 días. Era una chica un tanto peculiar, hacia todo lo que sus padres le pedían pero en su cabeza soñaba con llegar a ser médico como su padre y no casarse con el pretendiente que su madre había escogido para ella.

Nos hicimos amigos. Por las noches llamaba a mi puerta y nos quedábamos en la cocina sin hacer mucho ruido. Ella me enseñaba italiano e inglés, también me enseño todos los huesos del cuerpo, los órganos y los músculos, por mi parte le hablaba del teatro, de literatura y de música, llegó a dominar el laúd y el violín aunque siempre sospeché que en realidad ella ya sabía tocarlos.

Agradecía su compañía porque me ayudaba a sobrellevar mejor el insomnio hasta que una de esas noches, después de seis meses, ella me pidió que nos fugásemos. Claro que me negué y le dije que no podía hacerles eso a sus padres y dejar a su prometido.

-¿Es que acaso no me quieres? –me dijo entre lagrimas sujetándome de la camisa que ella misma me había hecho. ¿Cómo no me había dado cuenta antes?
-Cla…claro que te quiero…pero…no como tú piensas…tu eres como mi hermana pequeña yo…yo amo a otra persona- y era verdad entonces, seis meses después de estar lejos de él, tan verdad como cuando se lo dije a él en esa habitación mientras me recuperaba de mis costillas rotas y como cuando yo mismo fui consciente de ese amor al dibujar las letras de un “te quiero” con la única guía de sus lunares con los que soñaba cada noche.
-¿y…y por qué nunca me hablaste de ella?
-Porque ella… no me quiere, piensa que soy un mentiroso y tiene razón, no me merezco su amor pero…-me frote los ojos para despejarme las lágrimas- yo la sigo amando y no…no puedo fugarme contigo y tú no deberías hacerlo- la sujete de los brazos-serás una gran medico, no puedes irte ahora.
-¡No! ¡Claro que no! Me obligarán a casarme, mi vida está perdida…-Se deshizo en lagrimas entre mis brazos pero yo no podía hacer nada por ella y no era sensato fomentar sus ideas de fuga.

Esa fue la última vez que hablamos. Se acabaron las noches con su compañía, la música y su cariño. Empecé a sentirme realmente solo por lo que empecé a beber…y a escribir.
Decidí que ya hora de dejar todo atrás definitivamente, de olvidarme de Joshua de una vez por todas así que cogí un paquete de papel, saque mis plumas y la tinta del baúl y empecé a desahogarme de Joshua Maloney. Me llevaron varias semanas llenar las hojas en blanco con toda nuestra historia, o más bien, con todo lo que había vivido con él sin omitir ningún detalle, ninguna caricia, ningún pensamiento…mi plan era quemarlo todo, reducirlo a cenizas y ser libre. Pero el caso era que no me atrevía a hacerlo.

El tiempo pasó sin muchos cambios, salvo que la señora Tallec se había puesto en marcha con la preparación de la boda de su hija. Más de una vez me encontré a Julliette llorando a mares en algún rincón, pero la última vez la pille y no a deje escapar como solía hacer.

-Tengo la solución para esas lágrimas –le dije y nos fuimos a la cocina para abrir una botella de whisky, serví un par de vasos y le di uno. Ella lo miro con miedo al principio, después suspiro y se lo bebió de golpe- eh eh…tranquila, que nos tiene que durar toda la noche-me reía entre dientes y ella también lo hizo, era la primera vez en meses.

Le pregunté por qué lloraba, aunque en realidad ya lo sabía, no era por mí, era por tener que casarse. Evidentemente ella no estaba enamorada de mi, solo quería buscar alguien con el que irse muy lejos para ser libre, no quería ser la esposa de nadie, no quería pertenecerle a nadie…Me contó sus miedos, su rabia y sus sueños. Era una joven fuerte e inteligente, completamente a destiempo con la época que le tocó vivir.

Después de la quinta copa me toco hablar a mí. Me preguntó por la persona por la que bebía cada noche. Le conté un resumen del “desastre” hablando de Josh como si fuese una mujer.
-Pues huir no es la solución- me miro muy seria- es hora de que dejes de ser un inmaduro y vuelvas a casa Kurt-le dio un trago más a su vaso
-Tú no lo entiendes, no puedo…
-Cometiste un error y lo único que has hecho ha sido empeorarlo huyendo, deja de tener miedo y vuelve, ¿tú la sigues queriendo?
-Como el primer día- conteste mientras removía el líquido de color madera entro de mi copa
-Entonces debes volver y hacer las cosas bien
-Ya le pedí perdón y no quiso saber nada de mí…
-¿Y qué esperabas? Le hiciste daño y un simple lo siento no puede resolverlo todo
-Ya no me quiere
-Estoy segura de que eso no es cierto y si lo es…el caso es que tu aun la amas y desde mi punto de vista eso es lo que importa…mírame -cogió mi mano- debes volver y hacerla feliz
-Pero me rechazo
-No es eso lo que parece…yo creo que está esperando a que luches por su amor
-¿y si es demasiado tarde? Ha pasado casi un año…puede que ya tenga otro amor
-Si es así y te aleja quédate cerca de ella y procura hacerla feliz aunque sea desde las sombras, en silencio
-¿cómo hago eso?
-Encontraras la manera, créeme…- ambos nos terminamos la copa y la botella.

Esa noche vi amanecer después de que Juliette se hubiese ido a su habitación a descansar. No dejaba de darle vueltas a la posibilidad de volver. Me había ido para nada, había sido un autentico cobarde que se dejo vencer por las circunstancias pero se acabó. Juliette tenía razón, debía enfrentarme al Conde, recuperar mi teatro, enfrentarme al dolor que le provoque a Joshua y hacerle feliz desde lejos y sin pedir nada, ni siquiera su perdón.

Al día siguiente reuní todos mis ahorros, que eran bastantes a pesar de mi afición a la bebida de los últimos meses, tenía suficiente para volver a casa y empezar de cero. Necesitaba estabilidad. Me despedí de los Tallec antes de la boda de Juliette, meses más tarde recibiría una carta suya diciéndome que su marido estaba dispuesto a abrir una consulta para ella, me alegre mucho por ella.

Inicié el viaje de vuelta a casa, quizá el más difícil…





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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Miér Oct 19, 2016 10:32 am

Luego de aquella tarde en el puerto, fui muriendo día a día. Kurt se había ido y no había sido lo suficientemente rápido y astuto para buscarle hasta por debajo de las piedras. Ni la maldición que había recaído en mí apenas abrí los ojos a la vida, me había valido para encontrarle. Quizás las cosas tenían que ser así y nuestros caminos jamás habían sido creados para coincidir. ¿Estábamos condenados al fracaso desde un principio? ¿Habíamos jugado con fuego, y nos quemamos?

Al paso de los días el Joshua "alegre y optimista" o al menos lo que quedaba de él, dejó de existir. Si bien no abandondé la compañía, porque tenía un deber para con mis compañeros, no me sentía pleno. Por el contrario una infinita tristeza me invadió, la vida dejó de tener sentido. Cada que ponía un pie arriba del escenario me olvidaba por algunos minutos de mi desgracia, pero apenas el telón cerraba, la triste figura volvía a hacer acto de aparición. Ya no hablaba con nadie, salvo conmigo mismo y mis pensamientos derrotistas repletos de sinsabores y frustraciones.

Cada que desmaquillaba mi cara frente al espejo durante las largas y extenuantes giras, aquellas ojeras se iban pronunciando cada vez más, mostrando al verdadero yo. Ya ni las constantes amenazas del conde (que básicamente constaban de delatarme ante la inquisición por ser homosexual) me importaban. Mucho menos cuando arrancó de mi cuello, aquella cadena con la cruz de plata, que prácticamente me quitó un peso de encima y me sentí un poco mejor, dando por terminada "nuestra relación". Una que solo existió en su pervertida cabeza y que nunca pudo consumar. Aunque sus palabras fueron terminantes: "Una vez acabada la gira, deberás irte". No discutí, pensaba hacerlo una vez terminara todo por voluntad propia. Toda la casa y la obra me recordaban a él, no era sano para mi, seguir martirizándome.

La madre de Kurt en cambio, se sintió mas unida a mi. Era una buena mujer y me apoyaba en todo lo que podía, pero eso sí, jamás le permití hablarme de su hijo, ya que sabía le escribía seguido. Era una herida que necesitaba sanar y el no tener noticias suyas era parte de todo. Así poco a poco me lo arrancaría del alma de una vez por todas.

Cuando la gira por París terminó luego de muchos meses que parecieron eternos, dieron por terminado mi contrato. Enrique me llamó a su despacho y prescindió de mi delante de todos mis compañeros, quienes habían sido llamados para presenciar el espectáculo. Era su última humillación y la gozó. Mas lo que hice fue despedirme de todos y cada uno de ellos, con un abrazo y una sonrisa, dandoles algunos pequeños consejos, ganandome un atronador aplauso de todos al terminar, haciéndome derramar algunas lágrimas de felicidad. Así fue como recogí todas y cada una de mis cosas y abandoné la casona.

De la madre de Kurt me despedí a medias. Porque había pactado con ella vernos de vez en cuando, pues ya le había tomado cariño. Le di mi nueva dirección por lo que se ofreciera y me retiré a mi nueva casa a las afueras de la ciudad. No era muy grande, pero con lo que había ganado durante la gira, había sido más que suficiente para tener algo propio que ya iría acondicionando conforme fuera ganando dinero. Así me mantendría ocupado para no pensar en él, quien seguramente ya habría conocido a alguien más. El tiempo era implacable y no perdonaba. Hacía ya casi siete meses desde su partida.

Al mes siguiente, había encontrado una nueva- aunque no desconocida- manera de ganar dinero en las plazoletas parisinas, abarrotadas de gente durante la noche. Había vuelto a tocar el violín y había logrado arrancarle el alma musical, volviéndome uno con él. En una de tantas noches tratando de ganarme el pan, fué que le conocí. Se había burlado descaradamente de mi escasa barba, y mi cabello alborotado: "Aunque te dejes la barba, sigues pareciendo un niño. Tus ojos verdes te delatan"

Se llamaba María, una chica rubia de nariz respingada de diesiocho años que trabajaba vendiendo flores, destapando ollín de las chimeneas, haciendo recados, cocinando pasteles... En fin, toda clase de labores. Era la hija mayor de un matrimonio de edad, quienes vivían o sobrevivían, vendiendo leche de cabra para tratar de alimentar a sus cuatro hijas. De inmediato hicimos una buena y bonita amistad. Nos estábamos convirtiendo en los mejores amigos, aunque yo sabía que no le era completamente desagradable, sus actitudes para conmigo la delataban pues toda ella era muy transparente.

Una de esas noches de violín (Le gustaba una pieza de mi propia autoria que llevaba por nombre: Ojos azules") me pidió que le hablara sobre "ella", situación que me pilló por sorpresa, pues nunca antes le comenté nada de mi pasado: "Eres muy obvio. No le pones un título así a una melodía, si no hay una mujer de por medio", como bien dije, era una señorita muy joven pero lista e intuitiva. Sabiendo que no iba a dejarme en paz hasta no sacarme la verdad, le conté todo, omitiendo claro, que era de un hombre de quien hablaba. Pareció molesta. Pero como bien dijo, ya era parte de mi pasado y debía seguir adelante. Lo que María no sabía, era que yo aún le amaba a pesar de todo. No podía arrancarme a Kurt Callahan por más intentos que hacía. Siempre y cuando menos me lo esperaba, me encontraba pensando en él.

Para cuando ella cumplió los diecinueve, que fue un mes posterior a mi confesión, me llevó de dia de campo a comer unos panecillos que ella misma había hecho. Lo pasamos muy bien, hablando de todo. Incluso dimos un paseo una vez recogimos el tendido. Entonces sentí que tomaba mi mano. Tuve el impulso de negarme y alejarla, pero ella apretó más. Me quedé callado, pero finalmente no la alejé. Se sentía extrañamente bien. No había nadie que nos estuviera juzgando. No me sentía observado, ni señalado por pecador. Me sentí normal... Si bien la mano que esperaba estrechar no era la de él, al menos había alguien que se preocupaba por mí. Que siempre estaba ahí para mí y no me defraudaría. Yo no le amaba, sino sentía un cariño fraterno por ella, algo especial, mas no amor.

Ella dejó de caminar y dijo mi nombre. Al girar mi rostro al de ella, se apresuró a besarme. Se prendó de mi cuello, e inmediatamente solté la canastilla, sorprendido. Era un acto dulce que no producía mucho sentimiento en mí, pero no quise negarle la felicidad de su primer beso (porque lo era) entonces me arrastró por la camisa a algunos arbustos y nos perdimos de la gente y de todo lo demás.

Luego de ese encuentro, María dio por hecho algo que nunca se dijo con palabras. Y yo no la saqué de su error. Estaba bien así para ella, aunque no tanto para mí. Simplemente me aferraba a la tranquilidad de su compañía. Aparentar ser como el común de la población era algo que posiblemente debía haber hecho desde un principio. Me hubiera ahorrado mucho dolor y sufrimiento. Aún lo sentía, desde luego, porque cada que ella me miraba, sus ojos me recordaban los de él. No estaba siendo honesto, ni justo ¿pero qué mas daba ya? Mientras ella fuera felíz.

Los meses volvieron a pasar, y todo parecía seguir  en la normalidad, aunque ella seguía burlándose de mi barba, mientras yo tocaba el violín e iba recolectando las monedas mientras un grupo de chicos cantaban algunos villancicos. La navidad se acercaba ya...

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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Kurt Callahan el Sáb Oct 22, 2016 7:11 am

La señora Tallec lleno mi petate de ropa de abrigo y provisiones para todo el viaje, no sabía cómo agradecer tanta hospitalidad. Cuando les dije que me iría se sorprendieron y el señor Tallec no se lo tomo muy bien pero luego les explique que debía irme para ayudar a mi madre. En cierta forma era verdad, iría a ver qué había sido del teatro en mi ausencia y liberarla de esa carga.

En mi última carta le decía a mi madre que me quedaría unos meses más, quería llegar por sorpresa. El billete de vuelta fue más barato, aunque la caravana con la que iría no estaba en tan buenas condiciones como en la que había llegado a Roma. Los alojamientos eran peores, la comida escasa y la incomodidad más molesta, sin embargo el viaje se me hizo muy corto. Pronto estuvimos en los caminos que llevaban a Paris después de cruzar la frontera de los Alpes.

La nieve empezaba a caer cubriéndolo todo de un blanco puro que a la vista resultaba esponjoso pero que en las manos era tosco y helado. Agradecí la ropa de abrigo y la comida de la señora Tallec. Más de ocho días después podíamos ver las luces de la ciudad a lo lejos y los vapores que subían desde las fábricas hasta los cielos sin detenerse. Llegamos al día siguiente por la tarde y fui al único lugar al que aun podía llegar sin avisar.

Llame a la puerta de casa de mi madre, ella se quedo muda, me abrazo y me hizo pasar. Descanse toda la noche y al día siguiente me puso al día de todo lo que había pasado durante ese año en el desayuno.

Me contó que la gira fue agotadora y maravillosa, un gran éxito pero me dio dos malas noticias. Enrique había despedido a Joshua de una forma humillante cuando acabo la gira y también la había “echado amablemente” a ella aludiendo a que no pintaba nada allí porque yo me había marchado sin dar explicaciones. Natalia se quedo trabajando con él y con el resto de actores. Mentiría si dijese que no me esperaba algo así y tampoco podía culparles.

Había perdido mi compañía de teatro. Mi sueño de había escapado de mis manos después de haberlo acariciado. Eso en cierta forma me hundió y abandone la idea de ser escritor de teatro o de dedicarme a ese mundo por el resto de mis días como era mi plan. Mi madre al intuir lo que me pasaba se acerco a mí poniendo su mano sobre mi hombro.

-No te preocupes, solo es temporal…-me dio un beso en la cabeza- he visto a Joshua tocando en las plazas por la noche…en la plaza central suele ponerse junto a una tiendecita de chocolates
-Mamá yo…no…creo que sea buena idea ahora mismo
-No no...si solo lo comentaba..-sonrió- por cierto, si necesitas trabajo puedo conseguirte uno en el cabaret en el que trabajo
-Gracias, estaré pocos días aquí, me buscare un sitio donde vivir
-Puedes quedarte todo el tiempo que quieras

Estaba nervioso. Por un lado no me sentía preparado para ver a Joshua pero por otro necesitaba hacerlo, al fin y al cabo había vuelto por él. Mi madre pareció notarlo y me sugirió que diese una vuelta…bueno, en realidad me echo de casa con la excusa de que fuese a comprar cebollas al mercado. Fui fumándome un cigarro, dos, tres…puede que fuesen 6…
Para llegar al mercado tenía que pasar por la plaza principal. Tenía la sensación de que le vería pero no fue así. No estaba. Pase por otras plazas pero tampoco “puede que sea muy temprano” me dije y volví a casa con las cebollas.

Más tarde, con la excusa de encontrar un lugar donde vivir, volví a salir en busca de Josh. Me recorrí todas las plazas de París sin éxito y así durante tres días más hasta que el cuarto me quede hasta más tarde tomando un vino caliente cerca de la última plaza por la que estuve buscándole y escuche el sonido de un violín a lo lejos. Mi corazón empezó a palpitarme y empecé a sentir que me ahogaba. Me acerque poco a poco hasta la melodía que provenía desde el centro de la plaza, donde se arremolinaba un tumulto de gente que bailaba y cantaba.

Con mucho cuidado y cubriéndome la cara lo máximo posible con la bufanda y el abrigo me acerque lo suficiente como para poder verle. Estaba cambiado. Se había dejado barba y tenía el cabello un poco más largo que la última vez que le vi. Qué guapo estaba…
Me quedé escondido entre dos hombres más grandes que yo, mirándole, escuchando su música hasta que termino…una chica de cabellos salvajes y ojos azules paso con su cesta casi vacía de flores a recoger las monedas del público mientras Joshua guardaba su violín. Me quede un poco sorprendido, me extrañaba que Joshua tuviese una ayudante, él siempre era tímido y un tanto solitario. Pero cuando la gente empezó a marcharse y ella termino de recaudar lo entendí.

La chica de los cabellos salvajes se acerco a él, le dijo algo al oído y después se colgó de su cuello para darle un beso al que él respondió claro. No pude reaccionar, por unos segundos me había quedado sin los hombres que me escondían, rápidamente me di la vuelta y me fui a paso ligero del lugar sintiendo una presión en el pecho y algo extraño en el estomago, no sabía si eran celos, rabia, dolor, tristeza…puede que todo a la vez.

Cuando llegue a casa mi madre ya se había ido a trabajar, me senté en el sofá, que era mi cama ahora, y me quede allí fumando y fundiéndome las botellas de whisky que había encontrado por casa, recordándome que la posibilidad de que Joshua tuviese pareja era algo que ya me había planteado antes de volver y que había decidido que eso no me impediría seguir el consejo de Juliette pero…lo cierto es que era difícil no sentirme furioso y que la sangre me hirviese de celos.

Durante una semana solo pude pensar en aquella chica besando a Joshua, preguntándome porqué estaba con una mujer, dónde la había conocido ¿se habrían casado? Estaba perdiendo la cabeza. Por supuesto mi señora madre lo notó y me obligo a ir con ella al cabaret a trabajar. Era el chico de los recados, el que lavaba los platos, el que se ocupaba de limpiar los retretes y de hacer todo el trabajo sucio que nadie más quería hacer. No me importaba, me ayudaba a distraerme y el sueldo no era tan horrible…

Dos semanas y media después las tiendas empezaron a llenarse de muérdago y adornos en tonos rojos y dorados, pronto seria Noche Buena y algunas cosas habían cambiado durante esas semanas. Pude encontrar un lugar donde vivir cerca de la plaza donde Joshua tocaba a menudo, sí, por fin me había sosegado un poco y estaba dispuesto a cumplir lo que me había propuesto. Desde la ventana de mi habitación podía escuchar a lo lejos el violín limpio y animado que recordaba los villancicos a los mayores y enseñaba a los niños. Antes de entrar a trabajar me quedaba a escondidas a escuchar un par de canciones y enviaba a algún chico a dejar unas monedas en la cesta de la chica de ojos azules.

Después me metía en el cabaret a distraerme con el trabajo de la sonrisa que tenía Joshua mientras tocaba y de las caricias que aquella chica podía hacerle. Empezaba a acostumbrarme a esa rutina y no estaba tan mal, al menos sabía que Joshua estaba bien y que probablemente era feliz con aquella chica.

Mi madre iba a preparar una cena especial para Noche Buena, sería la primera que pasaríamos juntos en muchos años así que insistió en que fuese a cenar con ella. No pude negarme aunque mis planes eran quedarme en casa con una botella de ron o quizá en algún burdel, empezaba a necesitar la compañía de otra persona y ya no me sentía tan culpable al saber que Joshua también había rehecho su vida.

-Bienvenido hijo, pasa que la mesa ya está puesta, voy a ver cómo va el pavo
Mientras mi madre trasteaba en la cocina yo iba hacia el pequeño comedor que compartía espacio con el salón. La mesa era humilde pero cubierta por un mantel rojo con bordados dorados, había puesto la mesa para cuatro y eso me extraño.
-¿Has invitado a alguien más?-le pregunte desde el comedor y antes de que me contestase llamaron a la puerta
-abre por favor, estoy ocupada aquí- me dijo desde la cocina, supuse que serían las visitas y fui a abrir la puerta.
De todas las personas que podía esperarme ver al abrir la puerta, ellos fueron los últimos que me esperaba.
Me quedé mudo y pálido al ver a Joshua y a su novia cogidos del brazo frente a mí. No pude reaccionar y creo que Joshua tampoco. En ese momento llego mi madre apartándome con delicadeza de la puerta.

-Bienvenidos queridos, pasad por favor – le dio dos besos a la chica de ojos azules –María, me alegra que hayáis podido venir pasad pasad- así que se llamaba María…- Joshua hijo, ya te echaba de menos- le abrazo mientras María entraba y yo buscaba una forma de salir de allí.
Empecé a sentir que me faltaba el aire, mi madre cerró la puerta y llevo a la pareja hacia el comedor, era mi oportunidad de salir.

-Kurt, cariño, ven que necesito tu ayuda- me dijo desde el comedor pero yo había cogido mi abrigo y estaba a punto de salir por la puerta. Se apresuro a cogerme del brazo- deja el abrigo donde estaba, me prometiste que esta noche cenarías conmigo- me dijo en tono bajo para que no se escuchase
-Eso fue antes de saber que les habías invitado, ¿Por qué lo has hecho?
-Ven conmigo ahora- me obligo a entrar de nuevo y me arrastro hasta el comedor – Kurt, ella es María, la pareja de Joshua y bueno a Joshua ya le conoces, por favor siéntate mientras traigo el pavo que ya está listo – se fue a la cocina y yo me quede ahí como una estatua.
María se acerco a mí con una sonrisa y me dio dos besos – así que tú eres el hijo de la señora Callahan, te imaginaba diferente.
-Espero que no haya sido una decepción
-Oh no para nada, no quería decir eso
-Sentaros ya jóvenes, mirad este pavo…-sin duda el pavo que había sacado mi madre de la cocina tenía una pinta impresionante pero yo solo podía pensar en controlar el temblor de mis manos y las ganas que tenía de salir del allí. Pero finalmente me senté en mi lugar, presidiendo la mesa, con mi madre en el lado izquierdo y a Joshua en el derecho. Le mire de reojo y estaba convencido de que él se sentía tan incomodo como yo, pero ninguno de los dos podíamos escapar.





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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Miér Oct 26, 2016 2:52 pm

-Espera. No. ¡No! No me atraparás.

Debido a la cena que tendríamos en la casa de la señora Callahan, María se había empecinado en que me afeitara la barba, alegando que desde que me había conocido no me había afeitado el rostro ni una sola vez, por lo que de regalo de navidad, le gustaría mucho que me deshiciera de las barbas que picaban cuando le daba un beso. << Ella me robaba los besos la mayoría de las veces >>  pero como buen hombre orgulloso de su preciada barba cubriendo su rostro, había presentado una lucha intensa por conservar mi dignidad, por lo que nos enfrascamos en una batalla campal en medio de la sala y el comedor.

Finalmente me dejé atrapar encima del sofá. Era obvio que jamás iba a alcanzarme, pero lo pasábamos muy bien en compañía el uno del otro. Sonreíamos y nos hacíamos bromas constantemente.

-Está bien, tú ganas. Me afeitaré. Pero yo lo haré...Dame acá eso, señorita barbera, o eres capaz de sacarme un ojo. - Bromeé. María se había apoderado de la navaja y amenazaba con hacerme algunos cortes si no cedía. -Tendrás que esperar aquí hasta que salga. Sé buena y no hagas travesuras mientras vuelvo.

Me robó tres besos más y comenzaba a abrirme los primeros botones de la camisa. A últimas fechas la notaba muy insistente conmigo para tener intimidad, pero yo no cedía tan fácilmente, puesto que no sentiamos lo mismo. Ella era una señorita apasionada y enamorada. Yo por el contrario, había dejado de pensar en el amor hacía ya tiempo. No era justo para ella, pero no podía ofrecerle nada más. Ella parecía intuirlo por lo que constantamente cambiaba de peinado, de vestido, con tal de agradarme lo más posible. Aquella sombra que representaba "ojos azules" era muy grande y oscura, como siempre me recordaba cuando discutíamos, que eran pocas veces, pero aún así, siempre sintiéndose a su sombra. No había tal punto de comparaciön, desde luego, pero ella no podía saberlo y yo no iba a decírselo.

-Ya vuelvo, no tardo. - retiré sutilmente sus manos de mi ropa y me levanté. Pareció molestarse, pero no le di tiempo a nada. Me encerré en el baño, y suspiré recargado sobre la puerta. Resignado, fui hacia el lavabo para echarme agua y enjabonarme. Cuando hube terminado, observé largo rato mi reflejo en el espejo. Ahí estaba de nuevo Joshua. Siempre con su mirada triste, sin un ápice de cambio. Esa era mi maldición. Negué y me sequé el rostro finalmente. Salí del baño.

-¿ Y bien? ¿Qué opinas? -giré sobre mis talones para que me observara.

-Oh...- Me miró con insistencia y se acercó para acariciar mi rostro con ambas manos.- Así que aquí estás. Te has quitado al menos unos cinco años de encima. Pareces un chiquillo. Uno muy guapo.

-Bueno, no exageres- me puse rojo -. Ya tienes tu regalo de cumpleaños. Espero te guste.

-Muchas gracias, eres el mejor. - besó mi mentón.

Estuvo abrazándome un rato. Yo igualmente le abracé y le dí un beso en la cabeza. Yo le quería mucho, si, pero no como ella necesitaba. Todos los días me culpaba por ello, pero trataba de hacerle felíz en todo lo que podía. Ella lo merecía, puesto que era una mujer extraordinaria, muy trabajadora y buena hija y hermana. Además sus padres me adoraban, ¿qué más podía pedir?

-Ahora, apuremos que se nos hará tarde y los panecillos de zarzamora que horneaste se enfriarán. Vamos, vamos.

Salimos de casa bien arropados pues el clima estaba muy frío, y abordamos el primer carromato que pasó libre. Tardamos en llegar un poco más de lo imprevisto, pero era debido a la nieve que se agolpaba por el camino. Esta caía a ratos y otras tantas se presentaba una ligera escarcha que nos ponía roja la nariz. Pagué los servicios, no sin antes desearle una feliz Nochebuena al cochero y María tocó finalmente la puerta de la casa.

Me quedé literalmente helado. ¡Congelado sobre el piso! Fue una sorpresa inesperada el reencontrarme con ese par de ojos de azul intenso que me  miraron con absoluta incredulidad. Yo, que llevaba la canastilla con los panes, me aferré a ella, aunque fue tanta la fuerza que apliqué, que terminé por romperla. Ahí mismo tuve el deseo de dar media vuelta y alejarme, pero la voz de la madre de Kurt, terminó por hacerme desistir de mi repentina cobardía. Nos hizo pasar, incluso presentó a María con su hijo, que no tardó en ser cordial, dándole dos besos en cada mejilla. Pero así era ella, muy social y amable.

Por mi parte, procuré guardar silencio. ¡No estaba preparado para decir nada, y mi corazón latía tan aprisa, que me oprimía el pecho. Estaba sumamente nervioso! No pude sino evocar aquel triste momento en el cuál le perdí en medio de aquel mar de gente. Nuevamente volvió a doler como el primer día. Él se había marchado, dejándome solo y ahora se presentaba así, de la nada... No había pasado mucho tiempo desde la separación, pero había un aire alrededor que significaba cambio. Kurt había cambiado, aunque yo también. Aún así, se le veía tan bien...

Afortunadamente la cena llegó en el momento adecuado. María y la señora Callahan, llevaban el hilo de la conversación, para mi beneplácito. Se llevaban muy bien.

-Si, pavo y ensalada para mi también. Huele muy delicioso, es usted una estupenda cocinera...- La madre de Kurt, pidió mi plato para poner sobre él una segunda ronda de comida. Necesitaba tener la boca y la vista ocupada, para no decir nada. No deseaba decir nada. Quería irme de ahí, tanto así, que me ofrecía llevar los platos a la cocina, para esperar la media noche y brindar. Estaba deseoso de un respiro, aunque fuera un momento.

Ya en la cocina, acomodé todo desparpajadamente, e incluso tiré un par de trastos. Mi torpeza se había incrementado, aunque afortunadamente no había roto ni un solo trasto. << Tranquilo...Respira, respira. Disimula y todo está bien..>> hice algunos ejercicios de respiración, muy parecidos a los que solía hacer antes de salir a escena. Solía funcionar y esperaba que ésta vez no fuera la excepción.






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Kurt Callahan el Jue Oct 27, 2016 6:21 am

Me sentía en tensión constante, sin apenas poder respirar. Tener a Joshua tan cerca después de tantos años era…extraño y complicado. De alguna forma debía comportarme como si el fuese un extraño para mi, alguien a quien había conocido hacía mucho tiempo y que un día dejo de estar sin más pero era no era la realidad. Joshua no había sido una persona más, nunca dejo de estar y sin embargo era la primera vez en más de un año que podía ver sus manos desde cerca, sentir suavemente su olor e intuir el verde de sus ojos porque en realidad no me atrevía a mirarlos de frente pero me los imaginaba con el brillo de siempre, escondidos entre sus pestañas negras…

No estuve atento a la conversación, me limitaba a responder con monosílabos o frases cortas cada vez que alguna de las dos damas de la mesa solicitaban mi atención. Terminamos la comida y Joshua se ofreció a llevar los platos a la cocina, nosotros nos movimos hacia el pequeño salón en el que había dos sillones y un sofá para dos. Me senté en uno de los sillones y mi madre en el otro, María esperaba compartir el sofá cuando Joshua volviese.

Ellas siguieron con su charla pero unos ruidos en la cocina nos pusieron en alerta a todos, mi madre y María hicieron un ademán de ponerse en pie. –No, por favor, sentaros, voy a ver qué pasa…-No sé porqué lo hice, no quería acercarme a él ni tener que hablar pero lo cierto es que me levante y fui hacia la cocina intentando no hacer mucho ruido. Cuando entré vi a Joshua con una olla entre sus manos, seguramente la que había hecho caer. Estaba concentrado o al menos eso parecía.

Terminé de acortar la distancia entre los dos y me coloqué tras su espalda tomando con delicadeza sus dos manos y a la vez sujetando las azas de la olla -cuidado o se te volverá a caer-dije cerca de su oído y dejamos aquel traste sobre el mesón de la cocina. Solo fueron unos segundos, pues pude escuchar unos pasos acercarse a la cocina y sabía que pronto sería rechazado por él pero en esos breves segundos pude acaricias sus manos y acercarme muy despacio a su cabello dejando que su aroma me llenase los pulmones. Contuve la respiración unos cuantos segundos después de haberme separado de él pues no quería que ese olor me abandonase tan pronto.

María atravesó el marco de la puerta y le dijo a Josh que le ayudaría con los platos, para ese momento yo ya estaba al otro lado de la cocina buscando las copas donde serviríamos el Champagne que mi madre guardaba para ocasiones especiales. Cuando salí de la cocina volví a respirar con normalidad intentando no pensar en el beso que María acababa de darle a Joshua.

Deje las copas sobre la pequeña mesilla que había en el centro del salón, rodeada por los sillones y el sofá. Las manos me temblaban un poco y casi rompo una, mi madre me miró – ¿Ha pasado algo?- me preguntó y yo negué con la cabeza. Me senté.

Al poco rato la pareja volvió de la cocina con los panecillos que había traído para el postre. Mi madre sirvió las copas y las repartió. La velada transcurrió sin más, dieron las doce, brindamos, comimos los panecillos de María que estaban muy buenos y después de un par de copas más de champagne y un regalo que nos hizo mi madre a todos, una bufanda y guantes que ella misma había tejido para cada uno, la pareja se despidió.

Me quedé un poco más ayudando a mi madre para terminar de lavar y recoger todo. No quería hablar con ella, estaba molesto por haberme hecho aquella encerrona.
-Lo siento…creí que sería una buena idea que le vieses y que conocieras a María, en una ocasión me dijiste que solo querías que Joshua fuese feliz y bueno, lo has visto…-No respondí- Ahora veo que fue un error pero kurt, hijo-se acerco a mi cogiéndome de los brazos- él ha rehecho su vida y tu también deberías, no puedes pasar el resto de tu vida escuchándole tocar desde una esquina, tu también tienes derecho a ser feliz, a formar una familia…

-No te ofendas pero eso es asunto mío, probablemente no llegue a tener una familia ni hijos y creo que deberías empezar a aceptar ese hecho mamá…gracias por la cena-me despedí de ella, me enfundé en mis guantes y mi bufanda nuevos y en mi abrigo un tanto raido. Caminé entre la nieve dando un rodeo antes de llegar a casa, no quería volver a esa habitación fría a pensar en Joshua y su pareja que seguramente en esos momentos se estuviese enredando entre sus brazos y sus labios.

Caminando me tope con un burdel que irradiaba calor y perfumes, una joven rubia con unos enormes ojos se acerco a mí y me sonrió- tienes aspecto de estar muy triste y solo-acaricio mi mejilla-parecer un cachorrito perdido…-la mire a los ojos y en ella me vi a mi, esa misma tristeza y esa misma soledad de quien vive sin rumbo fijo.
Tome sus mejillas entre mis manos y la bese de forma suave, necesitaba darle a alguien ese beso que intentaba retener desde que vi a Joshua en la puerta –esta noche no, pero vendré a buscarte- esa noche quería estar solo a pesar de todo, pero la mirada de aquella joven me había tocado y seguramente volvería a buscarla para compartir esa soledad.

Finalmente volví a casa a esperar el próximo día y el siguiente y el siguiente a ese…





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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Jue Oct 27, 2016 10:24 am

No preví nada de lo que ocurrió. Simplemente unas manos atraparon las mías y de inmediato supe de quién se trataba. Su inconfundible e inolvidable aroma envolviéndome entre sus brazos y su boca muy cerca al oído. Fue un chispazo, una llamarada que me quemó entero al instante. Un simple roce que me había hecho vibrar. Sólo él podía hacerme sentirlo, solo él. Me hizo perder la cabeza y sólo recuperé la cordura al escuchar la voz de María, arrancándome de aquel pequeño pero intenso sueño al plantarme un beso robado, como tenía acostumbrado. Kurt ya se había apartado y abandonado la cocina.

-¿Ocurre algo Joshua? Has estado muy callado todo el tiempo. Más de lo normal. - terminó de acomodar todo el desastre que había hecho.

-Debe... Ser la fecha. Recordé a mi madre eso es todo. -En parte era verdad. Le extrañaba demasiado y Dios sabía cuánto la necesité todos aquellos meses.-Estaré bien, no te preocupes. Volvamos con los demás. Es Nochebuena. Época de estar felices y celebrar-traté de sonreír. El siguiente par de horas me limité a asentir y a platicar un poco, como si nada pasara. No podía hacer otra cosa. Estaba librando una cruenta batalla en mi interior por tratar de alejar pensamientos no adecuados para la velada. ¿Qué me ocurría?

Afortunadamente para todos, terminamos el postre y nos despedimos, después de dar las gracias y repartir bendiciones. Evité hacer contacto con la mirada de Kurt. No estaba preparado aún, aunque la dudas me carcomían: ¿Qué habría hecho todo ése tiempo lejos de París? ¿Habría conodido a alguien más? ¿Sólo estaba de paso por las fiestas? ¿Volvería a irse?

Fue un alivio cuando la puerta cerró detrás de nosotros. Llevé a María de regreso a su casa, aún en contra de su voluntad, pero le hice reflexionar en el hecho de que su familia nos esperaba para cenar de nuevo. En eso habíamos quedado en un principio. Aún hacía hacía remilgos. A veces me molestaba su manera infantil de comportarse. Sólo éramos novios sólo por el simple hecho de no romperle el corazón - porque sabía lo horrible que podías sentirte en un momento así y no quería verla sufrir - pero ella era tan insistente en querer estar todo el tiempo conmigo, como si fuéramos un matrimonio, que me asfixiaba.

Pasada las dos de la madrugada, pude por fin escaparme a la casa. A fuera hacía mucho frío, aún así preferí ir caminando, que ya no quedaba muy lejos. Necesitaba despejarme, acomodar las ideas y estar solo. Apenas traspasé el umbral, y resguardado en mi nido, me tumbé sobre la cama, perdiendo mi vista en el techo. Cerré los ojos posteriormente, evocando el momento en que Kurt había acariciado mis manos. Lo que un simple roce podía provocar... Me hice ovillo sobre la cama, imaginándole a mi lado. En ése lado izquierdo que le gustaba ocupar, desde donde yo le observaba respirar mientras el dormía. Sí, habíamos tenido bellos momentos juntos a pesar de todo. Acaricié la suave colcha, con una mano, mientras que con la otra simulaba... Ya saben qué.

Luego de muchos días, con sus respectivas noches, y haber localizado su aroma (que busqué como loco desesperado por todo París) planeé hacerle una visita luego de localizar su casa que no quedaba demasiado lejos de mi área de trabajo, por fortuna. Sería una visita especial y muy anhelada. De verdad necesitaba verlo, ya no podía soportar el tenerle lejos, sin saber qué era de su vida. Necesitaba respuestas.

Terminé la última función de la noche en la plaza y le pedí a María que llevara el dinero recaudado a casa, y que le buscaría al dia siguiente como siempre. Una vez me libré de ella y decidido, puse marcha hacia el edificio donde vivia el rubio. Traté de ser lo más cuidadoso posible, mimetizándome con el entorno para que nadie me viera entrar. Cosa que logré muy fácil. Tener ciertas habilidades ayudaba mucho en situaciones desesperadas como ésta. Me sentía como un ladrón al invadir su espacio, pero felizmente me di cuenta de que vivía solo. Dentro de su armario, únicamente había ropa suya. Una cama amplia resaltaba al centro de la habitación, un escritorio con algunos libros encima - sus preferidos -  y un cuaderno con sus memorias, que no me atreví a abrir por obvias razones. Aunque las ansias me carcomían. Estuve a punto de hacerlo, pero la puerta se abrió. El había llegado. Aunque no podía verme, me sentía nervioso de que todo saliera mal y me pillara; mi torpeza se incrementaba cuando de él se trataba.

Dios, estábamos tan cerca, y tan lejos a la vez...

Kurt se sacó el abrigo, y lo puso en el respaldo de la silla. Deslizó la misma y se sentó, colocando algunas monedas sobre la mesa. Aproveché el momento para acercarme y susurrar su nombre al oído. El pareció desconcertarse y me separé inmediatamente. Fueron apenas unos cuantos pasos. El en su incertidumbre, revisó la habitación con la mirada. Por fin, pude verle a los ojos. Eran tan azules y profundos... Ahí pude darme  cuenta de que le seguía amando como desde el primer día. ¡Necesitaba tanto un abrazo suyo!  

Una tristeza infinita me invadió y abandoné la habitación así como llegué. ¿Por qué había ido a buscarle? Estaba enojado conmigo mismo. ¡Era un completo estúpido! Aún no sabía nada sobre su vida y... ¡Argg! Fui pateando piedras por el camino de tan enojado que estaba. Una de ellas pegó en los escalones de una taberna. No supe por qué, pero mis pasos me llevaron directamente dentro. Lo primero que hice fue pedirle algo fuerte al camarero. ¡Lo que fuera! Y no fue una copa, no, sino tomé toda la bostella y la bebí como si de agua se tratara. De la primera llegó la segunda, la tercera ¿Cuántas se necesitaban para emborrachar a un cambiante? Al final perdí la cuenta y el dinero también, pero eso si, salí de ahí ya de madrugada con una de ellas en mi mano, riéndome como tonto.

Armado de valor y aún en mi inconsciencia alcohólica , decidí hacerle frente a la situación. Regresé con Kurt, entré a ese oscuro edifició y toqué su puerta insistentemente. No me iría hasta que me abriera.

-¡Kurt! ¡Kurt, ábreme la puerta! - segui riéndome de tan estupido que me sentía-.

Finalmente, la puerta se abrió lentamente y fue como si saliera el sol. Rubio, somnoliento y despeinado estaba. Me vio sin podérselo creer. Pero no le di tiempo a decir nada, aventé la puerta y sin decir nada más, le atraje por la nuca y le besé.






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Kurt Callahan el Jue Oct 27, 2016 11:40 am

A pesar de lo que dijese mi madre yo había vuelto a mi rutina diaria…escuchar a tocar a Joshua desde una esquina e irme a trabajar hasta quedarme exhausto. Aunque la verdad no dejaba de pensar en lo que me dijo, si era verdad que Joshua había rehecho su vida ya no me necesitaba, pero el problema era que le seguía queriendo y no sabía a dónde ir o qué hacer... No sabía cuánto tiempo más podía seguir así.
Pero para bien o para mal la monotonía acaba rompiéndose y muchas veces de forma complicada. Unos días después de la cena en casa de mi madre volví del trabajo por la mañana, cansado como siempre. Al entrar en la habitación noté algo raro pero no sabía definir el qué. Deje mi abrigo y me senté en mi escritorio para escribir antes de dormir. La sensación no me abandonaba, como si alguien estuviese allí observándome. Incluso llegue a escuchar mi nombre, parecía la voz de Joshua susurrándolo. Me levante y mire la habitación.
-Definitivamente estoy empezando a perder la cabeza-dije en voz baja y decidí acostarme. No sé cuánto tiempo dormí o si realmente llegué a despertarme cuando escuche unos golpes fuertes contra mi puerta porque sin duda lo que ocurrió a continuación parecía más bien un sueño.
Me puse en pie como pude, escuchaba a alguien decir mi nombre y pidiendo que le dejase entrar, no entendía nada y mucho menos aun cuando al abrir la puerta vi que era Joshua, se notaba que había bebido, olía a alcohol y se tambaleaba ligeramente. No tuve tiempo de decir nada. Se abalanzó sobre mí y me beso con fuerza, sujetándome de la nuca.
Había deseado tanto con ese momento…lo había soñado cientos de veces pero me sentía extraño.
-Joshua espera...-dije apartándole un poco y haciéndole entrar, temía que algún vecino nos viera y eso podría ser un mayor problema-¿qué…?-pero no me dejo terminar la pregunta, volvió a besarme y yo…yo…simplemente no pude rechazar a la persona a la que amaba. Aquello era una estupidez, el tenía novia o mujer o lo que fuese aquella chica y sabía que él se acabaría yendo después de esa noche pero…al menos le tendría para mí una noche más.
Pasé mis brazos por su cintura besándole con pasión y deseo, todo ese deseo reprimido durante meses. Casi había olvidado la electricidad de sus labios y el calor que me invadía al hacer contacto con su cuerpo.

No nos dijimos nada, ¿para qué? El estaba borracho y yo, bueno, estaba seguro de que ese era el sueño erótico más real que había tenido nunca. Nos desvestimos como ya habíamos aprendido a hacer. Él buscando mi oreja, yo sus pezones, nuestras manos invadiendo el cuerpo del otro reclamando lo que era suyo por derecho.

Le eche en la cama y busque mi lugar preferido en el mundo, que no era otro que estar entre sus piernas, buscando el camino hacia su interior. Con la erección que se había estado gestando durante los primeros besos fui penetrándole sin pensar demasiado en lo estrecho que estaba hasta que un gemido, mezcla de dolor y placer, me recordaron que debía hacerlo con más suavidad y así lo hice a partir de ese momento.





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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Jue Oct 27, 2016 12:11 pm

Siempre me burlé de aquellos que decían que el alcohol te daba valor y te orillaba a hacer cosas que jamás harías en tus cinco sentidos. Ahora comprendía que tenían toda la boca llena de razón. No sólo me había atrevido a buscar a Kurt (cosa que no creía hacer jamás) sino que me entregaba a sus besos aún en contra de mis principios. Yo tenía un compromiso con otra persona (Una persona que no amaba por cierto y que no me hacía sentir el inmenso amor que sentía por aquel príncipe de cabellos rubios) Estaba tan sediento de amor que necesitaba el elixir, la miel de sus labios para seguir sobreviviendo.

Me dejé desvestir, lo desvestí ¿O nos desvestimos? ¡Qué importaba! la ropa acabó en el suelo, en el trayecto hacia la cama, olvidada y echa nudos en el suelo de madera de la habitación. En ningún instante abandoné el refugio de su boca, hasta que me arrojó hacia el lecho, cálido y tibio del cuál se había levantado. Lo recibí entre mis piernas sin ningún ápice de arrepentimiento. Estaba beodo, pero totalmente consciente de mis actos. Yo le pertenecía por completo y aquel lugar rústico a media luz, era el único lugar sobre la tierra en el que deseaba estar.

De inmediato el pinchazo al abrirse paso en mi interior que me arrancó un gemido. Me sujeté con fuerza de su cuello, atrapando su cintura con mis piernas. Creo haber atrapado su cabello en un puño y jalado hacia atrás su cabeza, para comerme su nuez y su cuello a besos y mordidas para dejarlo marcado. Trataba de controlar mi fuerza, ya que era superior al humano promedio. No quería lastimarlo, pero tampoco dejarlo escapar, dejándole en claro de que estaba dispuesto a todo aquella madrugada, a hacer cualquier cosa que me pidiera. inclusive a comportarme rudo y salvaje en la cama, cosa que nunca había ocurrido en nuestros anteriores encuentros, donde Kurt siempre llevaba la batuta, la intensidad y el modo en el sexo. Únicamente me dejaba guiar, para sentir y complacerlo. Él era un amante de ensueño ¡un Dios en la cama! puesto que cada caricia encontraba el punto exacto, arrancándome gemidos y gritos ahogados.

-Fóllame... Fóllame fuerte y profundo... -le dije sin pensar, a escasos centímetros de su rostro, haciendo el amago de besarle, pero sin hacer contacto. Lo miré a los ojos, esperando que encontrara en los míos, el fuego y la pasión que habitaba en ellos.






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Kurt Callahan el Jue Oct 27, 2016 2:25 pm

Estaba en el cielo.

Disfrutando de sus caricias, de su piel, su olor, por dios de sus besos…me había resignado a no poder volver a tocarle y sin embargo ahí estaba otra vez, besando sus lunares, haciéndole el amor.

Sin duda algo había cambiado, le notaba más apasionado, me dejaba marcas en el cuello, removía mi cabello con pasión…por unos instantes pensaba que se debía a la práctica que habría estado teniendo con otros, ese pensamiento me dolió en las entrañas pero se disipó cuando sus ojos verdes y ardientes se encontraron con los míos. Los reconocí enseguida, eran los mismos que me miraban cuando nos escondíamos entre los matorrales en el bosque para estar juntos o las innumerables veces que acabe en su cama y él en la mía.  

Me pidió que le follase duro, eso consiguió estremecerme de placer, me prometió un beso que no me dio así que tuve que robárselo.  Sus labios eran míos en aquel momento así que los bese, los mordí, lo lamí...lo mismo hice con su cuello sin preocuparme en las marcas que iba dejando a mi paso, también las deje sobre su pecho, su clavícula. Lo cierto es que no podía dejar de besarle.

Mi cuerpo reacciono ante su solicitud. Pude penetrarle por completo al cabo de unos momentos y entonces comencé a moverme con mas ritmo, poco a poco, a medida que iba besando su piel mis penetraciones también empezaron a ser más fuertes, intensas y profundas. La cama empezó a golpear contra la pared vieja y descolorida, el suelo de madera chirriaba por los roces con las patas de la cama y las sábanas se revolvían y estrujaban a nuestro alrededor.

-Dios cuanto te he echado de menos…-
dije entre jadeos de placer





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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Dom Nov 06, 2016 2:07 pm

-Yo también... te eché de menos. -Calló sus palabras con un nuevo beso apasionado.

Dios sabía las noches en vela que pasó pensando en él. En lo que habría sido de su vida. Le imaginó feliz, lejos de  todo lo que había dejado atrás - incluyéndole - y en la cantidad de camas en las que habría terminado, hasta el amanecer. Sin embargo las aguas turbulentas del río en las que siempre habían navegado, los reunían nuevamente. En aquel instante no importaba el lastre de los meses pasados, únicamente las caricias y los besos contenidos durante muchos meses. Kurt estaba con él, apasionado como siempre y volviéndole loco, hasta con la más ínfimo de sus besos.

Abrió los ojos. No quería perder ningún detalle de su rostro. Necesita verlo. Tocarlo, escucharlo, rasguñarlo, ¡morderlo! para saber que era real y no producto de sus alucinaciones debido al alcohol.

-No sabes cuánto deseé éste momento.

Ni siquiera María lo hacía sentir de aquel modo. No le gustaban las comparaciones. Tampoco la infidelidad. ¡Pero por Dios que amaba a aquel hombre con todas sus fuerzas! No iba a dejarlo escapar. Al menos se tendrían el uno al otro hasta, que la madrugada diera paso al nuevo día.

Pasándole la pierna por la cintura, le obligó a cambiar de posición para quedar por encima, más no se separó en ningún segundo de su cuerpo, aunque ahora el llevaba el ritmo de los movimientos. A veces lentos, a veces rápidos y profundos. Sujetarse con las manos de la cabecera, le daba el apoyo suficiente para dar y recibir placer.






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Kurt Callahan el Mar Nov 08, 2016 5:24 am

¿Lo decía en serio? ¿Eso de que había deseado ese momento? ¿Significaba eso que aun sentía algo por mí? No pude evitar sonreír como un idiota aunque intenté recordarme a mí mismo que no debía hacerme ilusiones. Probablemente su presencia ahí, en mi cama, no era más que un capricho o un desahogo…como lo hice yo cuando empezamos a conocernos.
Rodamos en la cama y él se puso al mando, me miró desde su posición superior, con los cabellos salvajes casi llegando a sus hombros. Se sujeto del cabecero de la cama y empezó a moverse haciéndome retorcerme de placer, echar la cabeza hacia atrás, cerrar los ojos aunque lo único que quería seguir viendo fuesen sus ojos.

Mis manos se acomodaron en sus caderas y de vez en cuando, cuando él se movía más despacio, apretaba su trasero. A veces cuando se acercaba más a mi podía alcanzar su pecho y besarlo, morder sus pezones y lamerlos. Estaba disfrutando muchísimo, tanto que no tarde mucho más en llegar…al poco rato él también se vino.

Apoyó su cuerpo tembloroso y sudoroso contra el mío y entonces supe que no había tenido suficiente. Llevaba mucho tiempo sin estar con nadie y no estaba satisfecho. Quería más. Volví a atrapar sus labios con fogosidad, acariciándole con necesidad y le moví para ponerle boca abajo. Acaricie sus brazos estrilándolos hasta dejar sus manos por encima de su cabeza mientras besaba su cuello.
Despacio fui deslizándome por su columna con la lengua húmeda, recorriendo diversos caminos…desde su nuca hasta la mitad de su espalda, desde el costado derecho hasta el izquierdo, empezando en el final de su espalda y llegando hasta su nuca donde acaba con un beso. Mis manos no dejaron a mi lengua sola en su labor. Mis dedos jugaban a unir los lunares de Josh formando constelaciones como solían hacer.

Y llegue hasta su culo perfecto y lo mordí suavemente porque deseaba hacerlo, recuerdo haberme reído un poco, era como un juego delicioso. Seguí mordiéndoselo por todas partes sin hacer mucha presión –eres mío…-dije en voz muy baja sin intención de que Joshua me oyese aunque no sé si lo hizo. Después de esos besos me sentía listo para continuar.
Me coloque sobre Josh apoyándome en mi codo derecho y pase mi brazo izquierdo por debajo del pecho de josh para abrazarle después de haberme colocado en su entrada una vez más. Empecé a moverme con cierto ritmo, las penetraciones ya no eran tan complicadas como al empezar.
-Ahmm…-deje escapar un pequeño suspiro-gemido cerca de su oído y le mordí la oreja. Tenía tantas ganas de decirle que le amaba y que no se marchase que no sabía cuánto tiempo más iba a poder contener esas palabras.





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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

Mensaje por Joshua Maloney el Vie Dic 02, 2016 11:47 am

Acabé rendido - y muy rápido -  recostándome sobre su pecho desnudo. Escuchaba claramente el sonido agitado de su corazón, su respiración entrecortada, sus brazos acariciando mi espalda. Le había echado tanto de menos, que no sabía cómo es había podido soportar estar lejos de su cuerpo todo ese tiempo. Estaba claro en donde es que se encontraba mi corazón y mi amor: Estaban con él, él era el poseedor de todo lo bello que yo pudiera poseer. Bien decían que el primer amor nunca se olvidaba, y estaba comprobándolo en aquel mismo instante.

Hubo momento de silencio entre ambos, y estuve apunto de decir algunas palabras, pero Kurt no me lo permitió. Con sumo cuidado y habilidad, se las ingenió para colocarme boca abajo, donde continuó recetándome decenas de besos y caricias por todo mi cuerpo, erizando cada parte de él, regresándome al limbo en el cuál me perdía, cada que hacíamos el amor, como antaño. Ahí mismo, volvió a poseerme con pasión, con urgencia, ¡con todo aquello que solíamos entregarnos! Apresé su mano, que descansaba sobre mi pecho y entrelacé mis dedos, apretando con fuerza, haciendo danzar mi trasero al mismo son. Nuestros cuerpos unidos, bailando aquella pieza que dejamos inconclusa, de la cuál únicamente él y yo sabíamos los pasos: Uno, dos, uno dos...

Efectivamente, tal y como había dicho minutos antes, era irremediable y completamente suyo. Siempre lo había sido, desde el momento en que nuestros caminos se habían cruzado, formando uno. Lleno de escombros y peligros, pero finalmente, uno solo. Mismo que siempre había estado gustoso de caminar a su lado, a pesar de todo.

-¡Ah! - el último movimiento, había llegado muy profundo. Mordí la almohada que acariciaba mi mejilla, más le permití continuar. ¡Necesitaba tanto tenerle cerca! Compartir sus ansias infinitas. Que el tiempo fuera eterno. -No... pares... Sigue, sigue, no me dejes... -Le invité a proseguir, besando los nudillos de su mano.

La cama había dejado de dar tumbos. Ahora se escuchaba ese rechinido acompasado  característico de los colchones viejos y su respiración agitada sobre mi oído. ¡Dios! Estaba completamente perdido por él.

-Tú... Tú eres mi príncipe. - Aún estaban frescas sus letras y deseos en mi mente. Aquella carta -ahora arrugada y borrosa por tantas lágrimas derramadas sobre ella, ahora poseía una respuesta definitiva -. Siempre te tuve a mi lado y no me di cuenta... Al fin te encontré.

El hablar se me dificultaba, más no quise dejarlo pasar. Era el momento adecuado de poner las cosas en su lugar aunque... Aunque yo no fuera un pajarillo libre. Ahora era un ave encerrada en una jaula que yo mismo había construído.






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Re: - Destinos inciertos - / Kurt / +18

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