Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



NIGEL QUARTERMANE

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God Save the Queen

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God Save the Queen

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Vie Mayo 30, 2014 1:33 pm




Let me hold you, for the last time...



¿C
uántas veces me recordaron que una familia, y más si tenía nuestras características, debía permanecer unida? Cientos, miles de veces. ¿Cuántas veces les escuché? Ninguna. Para mi, la posibilidad de que algo nos ocurriera simplemente por estar separados me parecía demasiado remota, demasiado poco probable, como para que llegara a tomármelo en serio. ¿Y cómo iban a reprochármelo? Tenía dieciséis años. Me sentía libre, y capaz de comerme el mundo. Y estoy segura de que ambos pensaban que podría haberlo conseguido. ¡Lo habría hecho! Pero el destino se interpuso. O el karma, quién sabe.

- ¡¡Madre!! ¡¡Padre!! ¡¿Dónde estáis?! -Corrí escaleras abajo, desde la torre en la que llevaba escondida toda la tarde a fin de que no me encontraran. Acababa de regresar y me había encontrado de lleno con su insistencia. No quería verles. ¡Dios sabe que no quería! Pero ahora que veía el humo ascender por la escalera, el miedo se abrió paso por mi alma. Un miedo terrible, helado, que eliminó todo rastro de rencor hacia mis progenitores por haberme vuelto a recordar que tenía que casarme para ser una buena reina. ¿Qué clase de explicación era esa? Recorrí todo el ala del servicio hasta alcanzar el desastre: mi habitación. Estaba ardiendo. Los tapices de las paredes se deshacían por el calor. Los vestidos que nunca me había puesto se confundían entre las llamas, con un color más vivo del que nunca tuvieron.


P
ero no me importó. Estaba asustada. ¿Y si por culpa de mi ausencia forzada habían encontrado vulnerables a mis padres? ¿Y si les había pasado algo? Me eché a llorar sin pararme ni un segundo a mirar a mi alrededor. Estaban allí, pero el miedo me impedía darme cuenta. Cuando las llamas fueron controladas, al fin levanté la vista y les observé. Tiritando. ¡El simple hecho de pensar en la posibilidad de perderlos, casi me hace morir de un infarto! Ahora podía entender a qué se referían. Por qué éramos más vulnerables estando separados. Sus miradas se clavaron en la mía, preocupados. Todos nos dimos cuenta entonces que el atentado no había ido contra ellos. Alguien, quien fuese, sabía que yo estaba en el palacio. Habían intentado matarme.


N
o sería la última vez en que lo intentaran, hasta su muerte. Me convertí en el objetivo más claro, hasta el punto de que fueron mis propios padres los que a partir de ese momento me insistían en seguir con mis sueños, lejos de mi hogar. Pero yo ya tenía demasiado miedo a perderles. Aunque después accediera a regañadientes. Y regresara para verles entrar en el cementerio, seguidos por millones de seguidores. Nunca me lo perdoné. Nunca me lo perdonaré. Porque las familias tienen que estar unidas. ¿Y si el incendio que me los arrebató iba dirigido contra mi? ¿Y si ellos murieron solos, lejos de su única hija, sin saber lo mucho que los necesitaba? ¿Cómo podré dejar de sentirme tan culpable si sacrifiqué sus vidas por cumplir mis sueños? Estas lágrimas no son suficientes. Este dolor, este pánico, no es suficiente. Lloraré por ellos hasta conseguir que su legado sea cumplido. Aunque sea lo último que haga.


| 13 Octubre 1796 | Escocia | Palacio Real | El inicio del Fin |


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Última edición por Irïna K.V. of Hanover el Sáb Dic 05, 2015 11:06 pm, editado 1 vez




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Re: God Save the Queen

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Sáb Dic 05, 2015 11:05 pm





El dolor de los recuerdos



A
veces me sorprendo a mi misma, fantaseando con la posibilidad de que las cosas pudieran volver a ser como antes. Sí, yo que siempre he odiado las fiestas, el "lujo", que aunque modesto, siempre rodeó a nuestra familia simplemente por pertenecer a la realeza, algunas noches, cuando la nostalgia se aferra fuertemente a mi corazón triste y maltrecho, echo de menos esas ocasiones. En las que forzaba la sonrisa simplemente por contentar a mis padres. En las que apenas tocaba la comida porque estaba demasiado enfadada, y no quería darles el gusto de mostrarles que estaba disfrutando. Esas noches, tras las fiestas, en que mi padre venía a mi cuarto a decirme lo mucho que lo sentía, a recordarme, también, que era nuestra obligación como monarcas. Y a decirme, entre risas, que no le había concedido finalmente el último baile de la noche. Era entonces cuando bailábamos. Cuando yo apoyaba la cabeza contra su pecho. El único momento en que me sentía segura de verdad.



A
pesar de que rechazara todos aquellos festejos, todo aquel derroche, aquellas fiestas que sin duda pretendían lograr que encontrase al candidato perfecto para contraer matrimonio, siempre quise a mi familia. Aunque supiera que no me entendían, o al menos, no tanto como yo querría que lo hubieran hecho, siempre estuvieron allí para mi, apoyándome cuando me hundía, cuando me rompía a pedazos. Al final sí que es cierto que sólo apreciamos aquello que tenemos, cuando ya es demasiado tarde y lo hemos perdido. En mi caso, de forma repentina, prematura, y absurdamente precipitada. Ahora me arrepiento enormemente de no haberles tratado mejor, de no haberles demostrado cariño cada segundo, de cada día, porque eso era lo que ellos merecían. Deberíamos haber estado más unidos, y la culpa era mía. La culpa fue mía. Perdí el tiempo luchando contra ellos, contra el destino que querían depositar sobre mis hombros y que yo rechazaba. ¡Ah! Si hubiera gastado tan sólo un momento en escuchar los consejos y las sabias palabras de mi difunto padre, quizá la carga no hubiera sido tan terrible, tan compleja de llevar, de soportar. Quizá, ahora que su ausencia me persigue como una losa, no me sentiría tan sola.



L
os perdí, y no sólo físicamente, sino también en el mundo espiritual. Apenas son un leve recuerdo que flota, difuso, sin fuerzas, en mi memora. Sus voces, antes firmes y claras, ahora se han convertido en un murmullo ininteligible, como si algo me impidiera recordarlos con mayor claridad. Una densa niebla lo cubre todo. Todo lo sucedido aquella noche, casi todo aquello que tenía que ver con ellos. No sé si es porque no he insistido en su recuerdo con la suficiente fuerza, y por eso se ha ido borrando, o si realmente hay algo que me impide verlos con mayor nitidez. Quizá el dolor sea demasiado grande, y mi mente, mi alma, me lo impidan para protegerme. Sea como fuere, ojalá pudiera cambiarlo. Ojalá pudiera verlos, aunque fuera por un instante, tal y como eran. Y poder despedirme de ellos, como no tuve ocasión de hacer entonces. Probablemente así, el sufrimiento sería más llevadero.


| 1 Diciembre 1800 | Francia | Hostal | En compañía de la nostalgia |


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Re: God Save the Queen

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Jue Mayo 05, 2016 8:40 pm





Crying on the inside



H
ace no mucho tiempo, tenía por costumbre preguntarme a mi misma qué podría haber peor que lo que ya me había ocurrido. La muerte de mis padres, tener que huir de mi propio hogar por miedo a correr su misma suerte... Son cosas que probablemente cualquiera estaría aterrado de vivir. Yo, evidentemente, no soy la excepción. La rabia, el dolor, durante muchas lunas fueron insoportables, incontrolables. Pero con el tiempo, creí haberlo superado. Enterré todos esos sentimientos muy dentro, muy hondo, esperando a que cicatrizaran. En cierto modo, así fue. Pero nunca me esperé que todas esas heridas se abrieran. De golpe. Desatando consigo todos esos sentimientos, esas emociones que permanecían reprimidas, también súbitamente. Como era de esperar, no pude soportarlo.



S
i la tortura a la que esa... criatura física me sometió no era suficiente, también tuve que soportar que desenterrara todo aquello que permanecía oculto. Incluso cosas que ni yo misma era consciente de que permanecían allí guardadas. Y no sólo son esos recuerdos los que ahora me torturan, sino también la certeza de que durante todo este tiempo, desde que me marché de Escocia, la única persona en la que creía poder confiar me ha estado mintiendo a la cara. Desde el principio, él supo la verdad, y me la ocultó. Me engañó para que otro de estos seres que recién descubro que existen jugaran con mi memoria difuminaran la realidad de lo que sucedió. El motivo real de por qué mis padres están muertos, y mi reino está a punto de ser destruido.



Y
el motivo soy yo. Era en mi habitación donde empezó el fuego, y era a mi a quien el instigador del mismo pretendía asesinar. Pero yo estaba demasiado ocupada corriendo detrás de mi guardaespaldas, guardando su sueño. Si simplemente hubiera estado en mi lecho, en lugar del suyo... Si solamente hubiera estado en mi habitación... Nada de esto hubiera pasado. Escocia tendría reyes a la altura de las circunstancias. Y sí, yo no existiría... ¿Pero no es acaso mejor la no existencia, que existir simplemente para sufrir? No puedo confiar en nadie, y estoy lejos de todo cuanto conozco, de todo cuanto alguna vez he amado. ¿Qué es lo que queda en el mundo para mi?


| 13 Octubre 1800 | Francia | Hostal | En compañía de la nostalgia |


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Re: God Save the Queen

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Miér Jul 06, 2016 4:18 am





El dolor de los recuerdos



A
medida que los recuerdos del pasado comienzan a tomar un orden y sentido en mi memoria, el nudo que poco a poco comenzó a formarse en mi pecho no deja de hacerse más pesado, más intenso y afilado, provocando un dolor punzante que amenaza con partirme en dos. Y parte de mi, irracional a causa de la agonía, realmente desearía que así fuera. Como si un final definitivo a todo este sufrimiento fuese la única cosa capaz de liberarme. Pero eso no puedo decirlo en voz alta. Nadie lo comprendería. Demonios, ni si quiera yo lo comprendo. ¿Cómo he pasado de ser una mujer independiente, fría y capaz de sobreponerse a cualquier cosa, a convertirme en un animalillo asustado deseando que el cazador desaparezca? No sé qué diría mi padre, pero dudo que estuviera orgulloso.



N
o, él siempre me imaginó fuerte y valiente, el tipo de princesa, de futura monarca capaz de defenderse a sí misma, de confiar en su propio criterio. Pensar en rendirse no sería una opción si él estuviera. Pero, él no está. Y esa certeza me hace sentir un frío tan intenso que no me deja moverme siquiera. Lorick. Ni siquiera él es capaz de borrar esa sensación, y mucho menos ahora que sé que también me ha mentido. Ahora que sé que dejó a un desconocido jugar con mi mente, sentando las bases del desastre en que ahora se ha convertido mi vida. Sin nadie en quien apoyarme. Sin nadie capaz de apaciguar las ansias por cercanía de mi corazón dolorido. La soledad muerde, fuerte. E imparable.



L
os días pasan lentos, demasiado despacio, y es como si cada segundo cayese sobre cuál losa de mármol. Hundiendome, haciéndome tropezar contra mi misma. Los recuerdos fluyendo libres, incrementando ese dolor que ya es de por sí insoportable. ¿Qué puedo hacer, cómo puedo escapar de mi propia mente, de mi propia historia? ¿Cómo voy a ser capaz de sobrevivir toda una vida así, cuando respirar se ha convertido en una carga?


| 1 Diciembre 1800 | Francia | Hostal | En compañía de la nostalgia |


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Re: God Save the Queen

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Lun Oct 10, 2016 9:08 pm





Tempus fugit
Amor est vitae essentia



M
e gustaría decir que es sorpresiva la rapidez con la que pasa el tiempo, pero, al final, sería mentir. Aún recuerdo aquella noche, casi como si fuera ayer. Ese momento, cercano a la caía del Sol en el horizonte, en el que me dije que Lorick era la persona de la que estaba enamorada. El cielo se había convertido en una mezcla nubosa de morados, azules y naranjas. Era hermoso, porque las estrellas empezaban a poder entreverse a pesar de que aún había claridad. Mientras miraba distraídamente aquel cielo que poco a poco iba convirtiéndose en nocturno, su rostro, como era costumbre, apareció en mi campo de visión súbitamente, algo que siempre sucedía cuando era hora de volver a palacio para la cena. Sin embargo, aquel día, había algo diferente. Quizá fueran las luces, la mezcla de sombras y reflejos que pululaban en el ambiente, o la inusual cercanía, pero algo era definitivamente distinto. Con el tiempo supuse que fueron las hormonas, el aroma fresco y la mirada cargada de ternura de mi guardaespaldas, lo que provocaron esa reacción en mi.


- Princesa... es hora de que volváis a palacio. Los monarcas ya están aguardando para cenar... -Tan serio como siempre, y a la vez, tan cálido. Creo que también fue la primera vez en que me di cuenta del calor que emanaba, a borbotones, el cuerpo de Lorick. Todo en él parecía irradiar ese aura de confianza, de respeto, de profundo, sincero y desinteresado aprecio. Sonreí de oreja a oreja, con ese nuevo sentimiento pululando en mi corazón adolescente, y sin pensarlo, atrapé su rostro con ambas manos, acercándolo a mi. Entonces noté cómo, el perpetuamente impasible guardia real, se ruborizaba hasta las orejas, y apoyaba sus propios brazos a ambos lados de mi cabeza, impidiendo que termináramos por encontrarnos. Al darme cuenta de lo que acababa de hacer, yo misma me ruboricé hasta el punto de que el mundo se convirtió en un paisaje borroso, incomprensible. Él permaneció observándome directamente a los ojos sin decir nada, aunque pude entrever en esos labios que aún deseaba besar, una leve pero hermosa sonrisa.

- E-eh... u-uh... Yo... Sí... Vamos... Madre siempre comienza a inquietarse si me demoro demasiado, ¿verdad? -Los dos nos encogimos de hombros al mismo tiempo, para luego soltar una carcajada nerviosa, incapaces de decir nada más. Probablemente Lorick no recuerde este momento, probablemente, para él no fuese más que una travesura de su "ama", pero esa noche, fue la primera noche que deseé sus labios, y tras esa, muchas otras vendrían. Aunque recorriera el mundo viajando, intentando deshacerme de un sentimiento que sabía que no llegaría a nada, tratando de volcarlo en terceras personas, nunca lo conseguí. Nunca quise conseguirlo.



T
ambién fue en ese anochecer de Marzo, cuando me pregunté por qué Lorick no había cambiado nada desde que lo conociera, cuando aún era una niña y lo veía más como un compañero de juegos que como mi primer amor. Pero el aroma de la cena me hizo perder ese hilo de pensamiento... Y pasaría bastante tiempo hasta que volviera a preguntarme por qué no había envejecido desde entonces.


| 22 Marzo 1794 | Escocia | Jardines de palacio | En compañía de la nostalgia |


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Re: God Save the Queen

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Vie Nov 11, 2016 1:37 am





La sangre llama a la sangre



E
l precio del olvido a veces es demasiado elevado. A veces, no sólo no merece la pena olvidar las lágrimas derramadas en el pasado, sino que además, hacerlo implica un riesgo difícil de estimar.



E
ste hecho me lleva a preguntarme si realmente Lorick sabía lo que estaba haciendo, cuando decidió responder a la petición formulada por la chiquilla rota y asustada que era entonces. Cuando decidió que era buena idea hacerme olvidar lo sucedido, bajo la premisa de que así lograría sobrevivir.



E
n efecto, sigo viva, pero, ¿a qué precio? Si desde el inicio hubiera recordado lo que sucedió, por qué mis padres dieron su vida, quizá mis acciones habrían sido diferentes. Quizá ahora no tendría remordimientos. Quizá mi decisión hubiera sido quedarme y luchar desde mi propio país, y no huir, escapar, y tratar de encontrar refugio en un país vecino. Intentando gobernar entre las sombras. ¿A quién quería engañar? El odio que las clases altas sienten hacia mi, no mejorará con una monarca ausente. Y ambos lo sabemos. Pero para él, su seguridad es lo más importante. Y para mi, lo es ser fiel a la misión que mis progenitores me encomendaron.


L
os gritos ahogados de mi madre resuenan nuevamente en mis oídos desde hacía varias noches, impidiéndome dormir, finalmente mis recuerdos recuperados. En cuanto cierro los ojos, en lugar de toparme con la tranquila soledad que siempre acompaña a los durmientes, todo se vuelve del inconfundible color del fuego. Un fuego que devoró los cimientos de aquel cuarto en el que tantas y tantas noches había buscado refugio, para alejarme de las pesadillas que aún me asaltan de vez en cuando. Aquel cuarto del que ya únicamente me queda un recuerdo incierto, repleto de nostalgia. Antes de marcharme de Escocia, ni siquiera había sido capaz de entrar en él, algo me decía que no debía hacerlo. Ahora lo sé. El caudal de mis memorias regresaría si lo hacía. Una sensación de opresión en el pecho, dolorosa... Lo evité a toda costa, y ahora me arrepiento. Me arrepiento porque no podía escuchar a las habladurías, ya que era incapaz de reconocer el suceso. Para mi, ni siquiera había estado presente. Confusión. Desasosiego. La sensación de que algo no encajaba. ¡Soy tan estúpida! Tanto, que he tardado años en recordar que ese fuego que destruyó mi vida y dividió mi reino, no iba dirigido a mis padres. El causante de aquella desgracia, sólo buscaba una cosa. Venganza. Quería vengarse de mi. ¿Cómo pude ser tan egoísta para suplicar olvidar la culpa que debería reconcomerme? ¿Por qué él lo permitió?



E
stoy segura de que ambos seremos castigados por ello. Mi vida será corta, porque ahora tengo un objetivo y ninguna amenaza logrará apartarme de él. Y en cuanto a Lorick, pasará mucho tiempo pensando qué habría sucedido si desde el inicio hubiera sido consciente de quiénes eran mis verdaderos enemigos, y cuándo profundo es el odio que sienten hacia mi.



" Lo siento, Lorick. No estoy segura de si llegarás a leer esto. Ni siquiera sé dónde estás, o por qué te has marchado... Sé que crees que no puedo perdonarte, y es cierto, de momento, no puedo, pero... pero... ¿Por qué? Me has abandonado, tú, la única persona que creí que jamás lo haría. Así que aunque sé que este no es el mejor momento, y que si estuvieras aquí me detendrías, creo que es hora de volver. Es peligroso, lo sé, y será probablemente lo más difícil que haya hecho en toda mi vida. Pero ya he representado el papel de cobarde por demasiado tiempo. Y no es eso lo que quiero. Recuperaré lo que un día perteneció a mis padres, restauraré el honor de nuestra tierra.

Porque eso es lo que significa ser Reina.

Y ahora, al fin, lo tengo claro.


Siempre tuya...

Vuelve a casa...
Irïna Katya Vasílièva of Hanover.
"


| 03 Enero 1800 | Puerto de Francia | De regreso a mi hogar | En compañía de la nostalgia |


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Última edición por Irïna K.V. of Hanover el Vie Mar 10, 2017 10:41 pm, editado 1 vez




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Re: God Save the Queen

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Vie Mar 10, 2017 10:35 pm





La calma antes de la tormenta



A
veces comprendo el motivo por el que algunas personas buscan desesperadamente respuestas, consuelo, en la creencia, en la fe de que existe algo más importante que ellos mismos, una figura misericorde y todopoderosa dotada de la capacidad de ayudarles, apoyarles en sus momentos duros... Realmente lo comprendo.



I
ncluso a mi me gustaría ser capaz de perseguir esa fe, de luchar contra la pesadez y el dolor que la realidad ha provocado en mi corazón y creer, confiar en que todo puede ir mejor si simplemente decido depositar mi destino en las manos etéreas de ese ser que nunca se manifiesta ante los mortales. Créeme, lo deseo, más que nada lo deseo, porque de esa forma la soledad que ahora mismo me asfixia y aprisiona, no sería tan angustiosa.



E
s ciertamente extraño; teniendo en cuenta que prácticamente un tercio de mi vida lo he pasado completamente sola, bien sea viajando, o escondiéndome de mis múltiples enemigos, en el pasado la necesidad de buscar consuelo en un poder superior no se me había pasado por la mente en ningún momento. El suelo bajo mis pies siempre fue lo bastante firme como para despejar mis dudas en un momento. Sabía lo que quería, lo que no quería, y lo que esperaba conseguir. Crecer, madurar, convertirme en alguien de provecho gracias a mi propio esfuerzo, y no por el hecho de ser quien soy, de tener el apellido que tengo, y de ser la heredera de un reino que nunca creí que me necesitara.



P
ero el mundo no es, ni de lejos, tan simple, y ahora me doy cuenta de que todos esos deseos, e incluso la percepción de que la tierra no se movía bajo mis pies, no eran más que ilusiones propias de una chica inmadura y que no sabía casi nada acerca del mundo. Una mentira que yo misma me contaba. Una mentira que se resquebrajó en un instante cuando me convertí en reina y perdí no sólo mi libertad, sino también la familia y todas aquellas cosas que hasta entonces no había apreciado. Si había podido avanzar era por mi posición, cualquier otra chica de mi edad no hubiera podido viajar ni estudiar lo que quisiera. Pero lo más importante es que nunca fui como los demás, aunque lo negara, aunque odiara ese hecho. Tenía una obligación, una probablemente más pesada que ninguna otra. Una que recayó sobre mis hombros y me dejó destrozada en tan poco tiempo que "sentirme patética" es quedarse corto.



A
hora que es momento de regresar, de recuperar todo aquello de lo que antes me alejaba a propósito, y al final me fue arrebatado, me doy cuenta de la soledad que tuvieron que soportar mis padres, y que, en mi caso, es cien veces más pesada. Quizá por ello se tenían el uno al otro, quizá por eso no sea tan terrible, para ellos, haber partido al mismo tiempo. El calor que aporta una persona amada es algo irreemplazable. Ahora lo comprendo. ¿Pero qué puedo hacer, cuando la traición es tan fresca en mi memoria? ¿Qué puedo hacer, cuando aunque quiera, la otra persona no sabe cómo corresponderme? La reina y el sirviente. La heredera y su vigilante y cuidador. Suena tan cliché que casi me parece estúpido que en nuestro caso no pueda funcionar. ¿Por qué, Lorick? ¿Por qué lo hiciste? Sé que fui yo quien te pidió tiempo para perdonar lo sucedido, pero desaparecer tan más me parece mil veces más injusto. Si no piensas venir tras de mi, ¿por qué dijiste que comprendías mis sentimientos?

Ahora, sólo queda silencio. La calma que precede a la tormenta. ¿Seré capaz de mantenerme a flote, o acabaré pereciendo? Sin ti... Sin ti no estoy segura.



| 4 Enero 1800 | Océano | De regreso a mi hogar | En compañía de la nostalgia |


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