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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Death and the maiden | Privado

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Death and the maiden | Privado

Mensaje por Ichabod Quinlan el Vie Jun 06, 2014 12:03 am

A veces, hacer lo correcto no es lo correcto

Siempre era el mismo sueño. Se repetía una y otra vez, casi todas las noches, hasta que se despertaba sobresaltado en la cama, con el rostro y el cuello empapados en un sudor frío y pegajoso. No obstante, hubo algo distinto en este sueño. No fue a su madre y a su hermana a quienes vio atadas de pies y manos a un grueso tronco, siendo quemadas vivas, retorciéndose entre las gigantescas lenguas de fuego que las devoraban cruelmente. Esta vez se trataba de una sola persona.

Aún con los ojos cerrados, Ichabod apretó los párpados y se movió sobre la cama en la que yacía recostado denotando la ansiedad que le provocaba no ser capaz de ver claramente de quién se trataba esta vez. Intentó ver su rostro, pero éste se le presentaba velado, distorsionado, confuso, como si una gran capa de niebla se hubiera posado sobre la inocente criatura que no dejaba de gritar dolorosamente, llamándolo por su nombre, suplicando por su ayuda. Cada grito, cada súplica, era como una aguja que se clavaba en su cuerpo. Resultaba algo intolerable, muy doloroso.

El hechicero se movió una vez más sobre la cama, apretando sus manos en dos puños que aprisionaron la punta de la sábana que cubría su cuerpo, estrujándola con fuerza, mientras que en el sueño luchaba contra la muchedumbre, abriéndose paso para acercarse hasta la plaza donde la ejecución tenía a lugar. Cuando al fin llegó, encontró el cuerpo sin vida de Anouk. Tenía su rostro precioso mancillado, completamente desfigurado a causa de las graves quemaduras y cubierto de hollín; su cabello rojo también estaba estropeado, hecho una maraña cubierta de cenizas. El terrible sentimiento que invadió a Ichabod, al verla de esa manera, fue tan fuerte que lo obligó a despertarse abruptamente.

Una pequeña y solitaria lágrima rodó por su mejilla mientras recapitulaba en silencio la horrible pesadilla. Ichabod encendió la pequeña lámpara de aceite que había colocado en el piso, justo al pie de la cama, sólo en caso de que se le presentase una urgencia, y, definitivamente, esa era una urgencia. El sueño había sido tan aterrador, tan real, que quiso verificar que Anouk se encontrara bien. Alzó la lámpara. La luz del artefacto no era muy potente, por lo que apenas y logró iluminar tenuemente el rostro de la pelirroja que seguía durmiendo plácidamente a su lado.

Anouk estaba acurrucada sobre la almohada, muy cerca de él, con su cabellera roja anudada en una gruesa trenza y sus pequeñas y blancas manos descansando muy cerca de su boca. Desde hacía varias semanas dormían juntos, más eso no significaba que compartían el lecho como hacía un hombre con su mujer. No habían tenido intimidad porque él había decidido esperar, hacer las cosas bien, no porque le importara lo que los demás opinarían al respecto, sino por ella, porque aún la consideraba demasiado joven para experimentar en el ámbito sexual. La amaba y la deseaba, de eso no tenía dudas, y en ocasiones ella inocentemente se abrazaba a él en busca de un poco de su calor, lo que le hacía las cosas todavía más difíciles, pues no resultaba sencillo tenerla tan cerca y no animarse a tocarla.

Con su mano libre tocó su mejilla y la acarició suavemente para no despertarla. Ella ni se inmutó.

Pero ni verla de ese modo, con tanta paz, logró calmar la ansiedad que Ichabod sentía en su corazón. Era un mal presentimiento, y siendo él un hechicero, eso no podía significar nada bueno. Él no podía garantizar que se había tratado de una simple pesadilla. Existía la posibilidad de que fuera un presagio, una señal, un aviso de algo que estaba por ocurrir. Por eso no podía pasarlo por alto, mucho menos teniendo de por medio la amenaza de la despreciable Angelique Delacroix. Estaba seguro de que esa mujer era tan ruin que era capaz de cualquier cosa, y él no era lo suficientemente arrogante para pensar que podía vencerla y al mismo tiempo proteger a Anouk. Así que, si para evitar una desgracia debía ser el causante de otra, estaba dispuesto a hacerlo.

Dispuesto a no perder ni un solo segundo se levantó de la cama y se vistió. Era de madrugada pero eso no significó un impedimento para salir y conseguir el carruaje que los transportaría hacia su nuevo destino, cortesía de la misma Angelique Delacroix.

Cuando regresó a la cabaña ya había empezado a amanecer, pero Anouk seguía durmiendo. Ichabod se detuvo un momento para observarla. Sintió pena de tener que despertarla, pero más le dolía tener que arrastrarla al destino incierto que les esperaba.

Se acercó y se sentó en la orilla de la cama, junto a ella, con la intención de que sintiera su peso sobre el colchón. Ella se removió lentamente sobre el lecho, como hacían los cachorros recién nacidos.

Despierta, Anouk, tenemos que irnos. No podemos quedarnos aquí más tiempo, tenemos que empacar —le habló suavemente mientras acercaba su rostro a su oído. Luego, seguro de que ella lo había escuchado perfectamente, se puso de pie y comenzó a empacar en una maleta las pocas pertenencias que ambos poseían.

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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Anouk Oldekamp el Vie Jun 20, 2014 10:38 am

Se abrazó a las sabanas que la cubrían, tenía frío y encima cansancio, no deseaba despertarse, además ¿qué hora sería? Negó escondiendo su rostro, no tenía ganas de levantarse, estaba cómoda, aunque estaría más cómoda si él se acomodaba a su lado y la abrazaba hasta que se perdiera de nuevo en sus sueños.

Anouk abrió los ojos al escuchar las palabras del hombre. Bostezó un par de veces y se frotó los ojos intentando quitarse lo borroso de su mirada por mantener tanto tiempo los ojos cerrados; primero lo observó unos minutos, después se sentó vistiéndose con lentitud, le pesaba el cuerpo. Siguió poniéndose de pie y tomó una bolsa tejida a mano (ella misma la había hecho) y también se encargó de guardar un par de cosas más. No tenían mucho, cualquier diría que su casa permanecía prácticamente vacía, pero existían cosas que significaban demasiado para ella, cómo una muñeca que conservaba milagrosamente desde que era niña, o el primer vestido que le había regalado Ichabod después de haberla rescatado.

Anouk nunca cuestionaba lo que le decía Ichabod, de hecho no lo hacía porque estaba consiente que el hombre buscaba siempre su bien, y de esa forma lo que decía para ella siempre era ley, sin embargo en esa ocasión una espinita en el pecho no la dejaba en paz. Necesitaba respuestas, le encantaba vivir en ese lugar, le costaría desprenderse, fue su primera fortaleza que la hizo sentir más que segura.

¿De verdad tenemos que irnos? ¿Por qué? No quiero irme — Susurro sin voltear a verlo, no lo hacía porque le llenaba de vergüenza tener que darle la contraría eso le hacía sentir malagradecida con todo lo que él había hecho por ella, pero no podía guardarse lo que sentía. ¿No le decía él siempre que se mostrara más segura, sin miedo? Ella esperaba que no le cuestionaría aquello — Me gusta nuestra casa, ¿la venderás? — Con esa pregunta arqueó una ceja, y disimuladamente lo miró de reojo. No deseaba perder ese lugar, no por el valor inmueble, sino por que había sido su primer casa después de tanto martirio, su fortaleza se alejaba de ella, se sentía insegura ¿Y si la llevaba de nuevo a ese lugar? No, para nada, eso no era posible sin embargo el miedo volvía a aparecer. Lo mejor para ella sería tranquilizarse, además que el brujo también estaba guardando ropa suya, no solo de ella.

¿A dónde iremos? — La pregunta dejaba en claro que se había rendido sin cuestionarle demasiado, lo único que ella esperaba era que notara seguía sin llevarle la contra, lo que menos deseaba era tener que hacerlo enojar, mucho menos tan temprano.

Cuando Anouk terminó de empacar, dejó la bolsa en medio de la cama, insegura pero decidida se acercó al brujo y lo abrazó por la espalda, la diferencia de estaturas era evidente, pero no importaba, quizás era uno de los detalles que más le gustaba de él, que la hacía sentir demasiado segura en sus brazos, que sabía nadie le haría daño porque aquel gran hombre no permitiría que le dañaran.

Si nos vamos a ir, por lo menos permite que te prepare un desayuno digno, uno con el que podamos despedirnos de aquí, será una nueva etapa, hagamos las cosas bien — La jovencita había deseado que tuvieran más tiempo para disfrutar de los momentos antes de marcharse, pero sin importar los pocos minutos que se podían permitir, desde su rescate de aquel horroroso lugar, decidió que era mejor darse su gozo, disfrutar cada momento, intentar ir lento para que la vida no se los comiera sin haber sido felices aunque fuera un segundo. — No quiero que diga no — Le aseguró; la jovencita tomó su bolsa de viaje y salió de la pequeña habitación camino a la cocina. El mejor desayuno, con lo primero que encontrara, eso haría.

Ichabod estaba muy equivocado si creía que era el único que protegía en esa casa. A pesar de no tener fuerza, de ser mentalmente débil, ella buscaba la manera de cuidarlo, de hacerlo sentir querido, y aunque la mayor parte de las veces se mantenía silenciosa, era muy observadora. Llevaba varios días notando un comportamiento inquietante en el brujo, aunque seguía sin atreverse a preguntarle. La jovencita de acuerdo a sus vivencias evitaba abrir la boca, contar sus demonios para no preocupar a los demás, tontamente quizás creía que todos actuaban de la misma manera, siempre prefería que el hombre de la casa se abriera cuando lo creía pertinente ¿para que presionar? Hacerlo tornaba las cosas  incomodas, y el punto para ella era disfrutar la compañía, no arruinarla; dejó de pensar, lo mejor era aventurarse con sus manos al arte de la cocina.

Con delicadeza cortó algunas papas, la braza ya se encontraba encendida y el comal hirviendo, por lo que una olla con agua ya las esperaba, en otra olla tenía huevos para dejar a termino medio. La carne que había comprado la tarde anterior también fue llevaba a la mesa para prepararse, cortó algunas verduras más después de lavarlas, también fruta, porque según recordaba en su antiguo país, se debía empezar con eso. Así que prepararía el mejor desayuno, no sabía si el viaje podría ser largo o corto, así que lo mejor sería llevarse el estomago lleno, pero no lleno por que si, sino disfrutando del sabor de los alimentos, y ella en eso se pintaba sola. Así fue que tardó más o menos media hora preparando lo que desayunarían. Ni luces de Ichabod, eso le preocupaba, por lo regular siempre le hacía compañía, aunque no llegaran a intercambiar palabras.

Dejó la mesa lista y acomodó los trastes sucios en una bandeja, si le daba tiempo los lavaría, sino, ni modo. Así, con las manos calientes por el cocinar fue por el brujo, que todavía se encontraba en la habitación. La joven le tomó la mano con cuidado, tiró de él y lo llevó a la cocina, quiso darle un pequeño regaño por no acercarse y estar a su lado, por no seguir el olor de los alimentos, pero él sólo imaginar hacer eso le puso las mejillas sonrojadas, sin duda Anouk estaba tomando mucha confianza, y no sólo eso, también amor a él, porque poco a poco hacía caso a sus instintos, a sus corazonadas.

Tome asiento — Le estiró la silla con una sonrisa traviesa por el acto, comúnmente se suponía que los caballeros eran quienes hacían esos actos — Espero disfrute el desayuno, lo he hecho con mucho cariño, como normalmente hago las cosas para usted, pero… Aunque no quiero amargar el momento — Tomó asiento a su lado, una rodaja de pan tomó para mordisquearla, lo cierto es que ella se encontraba hambrienta, hasta su estomago sonaba sin disimulo, así que mordió y después de tragar preguntó — ¿Por qué tenemos que irnos? Su voz mostraba orgánica, preocupación, no puede decirme que no, así que me gustaría saber, de ser posible, claro — Sonrojada volvió a morder su pan sin dejar de mirarlo a los ojos.

Anouk conocía a la perfección a Ichabod, así que si mentía uno de sus gestos se lo diría.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Ichabod Quinlan el Sáb Jul 05, 2014 12:07 am

Todo lo que deseaba era protegerla, verla feliz, que acudiera a él cada día para cuidarla, para calmar sus miedos. Él estaba dispuesto a honrarla hasta el día de su muerte, a no permitir que nada le hiciera daño. Pero, claramente, había cosas que el brujo no podía controlar, que se le escapaban de las manos. La llegada de Angelique Delacroix a sus vidas era una de esas cosas. La presencia de la rubia significaba amenaza latente. Definitivamente, Ichabod no podía arriesgar de ese modo a Anouk, y menos por algo tan insignificante como una cabaña, aunque para ella no fuera tan desestimable.

Claramente, la idea de la idea de abandonar la vivienda que los había cobijado durante un corto pero entrañable tiempo, significaba para ella un gran pesar. Si se observaba bien, el sitio no poseía nada especial. Allí no había nada que extrañar y abandonarlo habría significado un alivio para cualquiera. Pero no para ellos. No para Anouk. Antes de la llegada de la pelirroja, Ichabod no habría sopesado ante la idea de abandonarla, venderla o incluso incendiarla, porque para él no había sido más un montón de madera que poco a poco se apolillaba y se pudría. Con la llegada de Anouk todo había cobrado un nuevo sentido. Ella había llegado a su vida a reinventarlo todo, hasta una insignificante y mísera cabaña se había transformado ante sus ojos.

A Ichabod le bastó observar el rostro de la muchacha unos segundos para imaginar la manera tan violenta en la que, seguramente, su corazón se comprimía dentro de su pecho ante la idea de mudarse. Así era Anouk, un ser extraordinariamente sensible al que le costaba mucho desprenderse de las cosas o personas.

Cuando sintió el abrazo de Anouk, se quedó inmóvil y mudo. Sólo alzó las manos y las colocó encima de las de ella, al mismo tiempo que apretaba los labios y bajaba la mirada, incapaz de revertir la decisión que ya estaba tomada. Pero decidió darle gusto en algo que pensó no les afectaría tanto como quedarse: no la contradijo ante su deseo de tomar el último desayuno en el lugar.

Dejó que ella se encargara de la cocina, como solía hacer desde su llegada, más por gusto que por obligación. Mientras, él se encargó de terminar de empacar. Cogió su ropa, empacó el calzado y se llevó consigo un retrato pintado a mano que le había hecho un amigo a su padre muchos años atrás, cuando él y su hermana todavía eran unos niños. Anouk no sabía de la existencia de ese retrato, no había tenido la oportunidad de mostrárselo porque hacerlo habría significado contar la terrible historia que no deseaba recordar, porque seguía resultándole muy dolorosa.

Al terminar, entró en la improvisada cocina y obedeció a la autora de tan suculento desayuno. Se sentó y olfateó. Cogió el tenedor y clavó en él el primer trozo de carne dispuesto a degustarla, pero no llegó a su boca porque los cuestionamientos de Anouk le hicieron olvidar momentáneamente el hambre matutina.

Suspiró y soltó el tenedor. La observó un momento sin saber si debía mentirle o confesarle la verdad.

No voy a venderla, no me desharé de ella. Esta casa es nuestra y estará esperándonos hasta el día en que regresemos, porque eso haremos, volveremos, lo prometo —intentó sonreír para infundirle confianza y paz, para calmar sus ansias y sus miedos, pero era tan malo mintiendo que estuvo seguro de que ella lo había notado—. Nos iremos porque tengo un nuevo empleo, uno temporal, y como no puedo dejarte aquí y arriesgarme a que alguien te robe porque eres demasiado bonita —intentó bromear halagándola un poco—, te llevaré conmigo. Ya verás que será divertido —alzó su mano y la colocó sobre el hombro de Anouk, dando un ligero apretón que en realidad significaba que esperaba que no hiciera más preguntas, que hiciera un gran esfuerzo por creer en su mentira, o que por el contrario, fingiera que estaba de acuerdo y que le creía.

Por supuesto que no sería divertido. Nada de lo que les esperaba lo sería.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Anouk Oldekamp el Mar Ago 19, 2014 3:30 pm

Al igual que ella, Ichabod era un hombre poco expresivo, aunque claro, los dos por razones distintas. Él era más bien un hombre discreto, mientras ella desbordaba timidez. De alguna manera se pudieron complementar e incluso se habían confesado su amor. Anouk sólo había conocido dos tipos de amor. El primero se lo ofreció su familia, y el segundo venía acompañado de la ambición. El primero creyó sentirlo en su momento, el segundo lo aborreció, así que el sentir cosas por alguien ajeno a ese tipo de situaciones la abrumaba, pero le llenaba de alegría. La hacía sentir bendecida.

No quiso preguntar más, no porqué no tuviera preguntas que hacerle, más bien, porque el hombre se sentía incomodo y Anouk lo que menos buscaba era hacer eso, molestarlo. Decidió que lo mejor sería desayunar. Aprovechar esa cantidad inmensa de alimentos que tenían y disfrutarlos. Ella no tenía idea de cuanto tiempo tardarían al trasladarse, así que sí llegaba a sobrar algo, lo mejor que podría hacer era guardarlo y llevarlo con ellos. No tendrían una hora precisa para alimentarse, pero la jovencita siempre tenía a tiempo algo para que el brujo se llevara a la boca. Fueran a donde fueran seguiría haciendo eso. Se lo debía.

El desayuno le había quedado bien, ella misma reconocía que a cada día que pasaba su sazón iba mejorando, se sintió orgullosa de eso, y también del rostro aprobatorio que su acompañante le daba. De vez en cuando le sonreía con sinceridad. Sí la llevaba a su nuevo destino era porqué de verdad sentía cosas por ella, porque de verdad la quería y la cuidaba. Esperaba que no la dejara nunca más. Aunque dentro de su ser existiera desconfianza por la gente, en él confiaba plenamente ¿Y cómo no? Ichabod la había rescatado.

Deje mis cosas en la entrada de la casa, para llevarlas con más rapidez, no son muchas, pero son las necesarias. Dos vestidos ligeros y ese bonito que me compró por sí se presentaba una situación importante — Comentó poniéndose de pie sonrojada. Anouk se sentía nerviosa cada que pensaba en esa prenda. Era tan fina y hermosa, como las telas que utilizaba cuando era pequeña. Lo que más le ponía nerviosa era colocársela sobre él cuerpo y que al hombre le gustaba, poderse ver menos andrajosa y más hermosa, más mujer. Esos eran uno de los pocos sentimientos que el brujo llevaba a despertar en ella. Las ganas de verse simplemente perfecta para él. Nunca lo decía en voz alta, siempre lo guardaba dentro de su corazón cómo un secreto. Lo malo es que no sabía sí llegaría o no a usarlo.

Terminaré de recoger y podremos irnos — Comentó recogiendo los platos de ambos. Los llevó a una charola y comenzó a enjuagarlos lo más rápido que pudo. Si iban a regresar algún día a la cabaña, lo mejor sería es que al volver todo estuviera en orden, perfectamente limpio y arreglado. Aunque el tiempo y la soledad harían de las suyas con alguna capa de polvo. Todo lo dejó remojando en un trapo grueso y largo extendido en el piso, y cuando terminó se quitó el mandil y fue directo a la entrada de la casa a encontrarse con Ichabod que ya estaba afuera y con las cosas dentro del carruaje.

¿Es parte del trabajo? — Preguntó señalando aquel ostentoso aparato de transporte. La muchacha lo analizó de inicio a fin arqueando una ceja, buscando algún tipo de pista que le dijeran que algo había mal detrás de eso, y que debían quedarse antes de que fuera demasiado tarde. Como no lo encontró, se dedicó a guardar silencio y se subió al mismo notando la elegancia del mismo. El asiento era muchísimo más cómodo que la cama donde dormían, y se sintió muy mal con ella misma al tener ese último pensamiento. Se sentía malagradecida. Cuando Ichabod subió se acercó demasiado al hombre para abrazarlo del brazo. Minutos después del carruaje se puso a andar y ella sintió cómo en el pecho algo de presión aparecía. Lentamente se sentó en el regazo del hombre y se acurrucó entre sus brazos para calmar sus ansias. La última vez que había subido a un carruaje la habían secuestrado, así que muchos recuerdos la invadieron.

¿Qué cosas podré hacer en donde vivamos ahora? — Alzó su rostro para verlo con más claridad — ¿Podré seguir atendiéndolo o tengo que encargarme de otro tipo de actividades? — La simple idea de no dedicar mucho de su tiempo a él le asustaba. Anouk tenía miedo de tratar con más gente, a todas, o a su gran mayoría los consideraba con su secuestrador.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Ichabod Quinlan el Miér Sep 17, 2014 10:12 pm

No es necesario que lleves más prendas —indicó desviando la mirada y clavándola en el suculento desayuno que tenía sobre la mesa, el cual comenzó a comer—, te he comprado cosas nuevas, me tomé la libertad de hacerlo y las he empacado desde anoche —hizo una pausa para terminar de masticar la comida que tenía en la boca y luego continuó. Tenía que hacerlo, darle una explicación coherente de por qué de pronto parecía importarle tanto la ropa que vestía; no era algo normal en un hombre como él que parecía darle una mínima importancia a las cosas materiales, sencillamente porque no las consideraba primordiales como muchos otros—. No me mal interpretes, tu ropa no tiene nada de malo, pero al lugar donde vamos debemos vestir un poco más… —¿cuál era la palabra? Ah, sí…— decentes, como ellos lo llaman. Yo también he comprado cosas nuevas.

Apenas terminaron el desayuno, Ichabod decidió apresurar la partida. No deseaba llegar tarde. Según las instrucciones que Angelique Delacroix le había dado, la cita había sido concretada para el medio día del día siguiente. Tenían en tiempo justo pero debía tomar en cuenta cualquier contratiempo que pudiera surgir en el camino.

Dejó a Anouk junto al carruaje negro mientras él acomodaba las maletas dentro y daba indicaciones al cochero. Por la manera en que la hablaba, ella debió suponer que se trataba de un completo extraño cuyo única tarea era el transportarlos al misterioso destino.

Ichabod tomó la mano de Anouk y la ayudó a subir. Cuando la gente viajaba en ese transporte solían ocupar los asientos de ambos lados para así poder verse los rostros al entablar una posible conversación, pero ellos prefirieron ir juntos, del mismo lado, y diez minutos después de haber partido ella se sentó en su regazo y se abrazó a su cuerpo haciéndose un ovillo. Él no la reprimió, tampoco hizo preguntas. Conociendo su cruel pasado no hacía falta ser demasiado inteligente para deducir que aquello le traía malos recuerdos. Él la consoló durante el camino acariciando su cabello rojizo, besando su frente, y más tarde contándole algunas historias de viajeros que tenían como fin alejar de su mente las malas memorias.

Más tarde, ella volvió a hacer preguntas acerca del lugar que los esperaba.

Bueno… conocerás un sitio nuevo, principalmente, lo cual es bueno; salir es bueno, además te hace falta, has pasado mucho tiempo encerrada en esa cabaña —respondió él haciendo un gran esfuerzo por mantenerse positivo, enfocándose en las cosas buenas—. Verás que será un sitio muy diferente, muy elegante, muy amplio; dormirás en una cama de verdad y tendrás una habitación para ti sola; comerás comida deliciosa y tal vez harás nuevos amigos, sin mencionar los animales que podrás ver, como caballos. ¿Te gustan los caballos, ¿no es así? Pues ahí tendrán muchos —aseguró alzando las cejas y modulando su voz para que ésta sonara lo más entusiasta posible—. ¿Ves que será divertido? No hay nada de lo que debas preocuparte, yo estaré contigo —y volvió a besar su frente, alentándola a que durmiera un poco.


***


Anouk, despierta, mira por la ventana —la alentó moviéndola con suavidad para interrumpir el sueño que se había prolongado durante ya bastantes horas. Con sus manos callosas apartó la cortinilla de terciopelo color púrpura para dejar libre el cristal por el que los cuatro ojos azules observaron con atención la gran residencia que ya se encontraba a menos de medio kilómetro—. ¿Alcanzas a ver cuántas habitaciones tiene? Y mira ese jardín y todas esas flores. Estoy seguro de que no es muy distinta a tu antigua casa; te sentirás a gusto en ella, después de todo naciste y creciste en una así.

Frente a ellos se erguía una enorme y elegante casona. Era majestuosa, como si se tratase de la residencia de algún rey o alguna otra personalidad importante. Contaba con tres pisos y múltiples habitaciones, y lo único que cruzó la mente del hechicero fue que jamás podría terminar de conocer por completo aquella enorme mansión que se erguía arrogante ante ellos. También le preocupó darse cuenta de que el dueño de esa increíble mansión no podía otro más que un hombre con poder, probablemente custodiado la mayoría del tiempo, sin mencionar la cantidad de sirvientes que tenía a su cargo y que ya se encontraban flanqueando la entrada. Algunos de los criados eran negros, otros mestizos, pero sin importar sus razas u orígenes todos vestían impecablemente y las mujeres llevaban el pelo atado y las cabezas cubiertas con pañuelos blancos.

Anouk, será mejor que me esperes en el carruaje. Yo te indicaré cuando puedas bajar —indicó él con voz suave para que sus palabras no sonaran a una orden sino a una petición.

Cuando bajó un hombre vestido de negro ya lo esperaba. Ichabod supo que era él al hombre que tenía que asesinar, tenía que serlo. Una sensación de angustia le oprimió el pecho.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Anouk Oldekamp el Mar Sep 23, 2014 2:34 pm

El silencio casi perpetuo de Anouk, no era sinónimo de indiferencia, por el contrario, la jovencita analizaba todo, se encontraba atenta a cada movimiento que ocurría, siempre alerta, siempre en posición a la defensiva. La pequeña de cabellos rojizos no sólo había aprendido a leer su entorno, también con quien compartía su techo. Notaba con tan sólo verlo si se encontraba tranquilo, alegre, entusiasmado, angustiado, o si le estaba mintiendo. ¿Acaso Ichabod no notaba lo mucho que le conocía? Quizás lo conocía más que él mismo y por eso se encontraba tan convencido que ella le creería, y aunque en más de una ocasión hizo una mueca evidente, prefirió como siempre darle la razón y no contradecirle.

Nosotros tenemos una casa de verdad, al igual que una cama, y no me importa tener una habitación sola, no quiero tenerla — Comentó con tranquilidad, aunque estaba claro que por primera vez desde que la rescató, estaba haciéndole un autentico berrinche, ocasionado claro por su miedo y su angustia. Anouk estaba feliz en su propia cueva, sin hacerle caso al mundo, a aquellos que estuvieran a su alrededor Era feliz atendiendo al brujo, se sentía plena a su lado y aborrecía el hecho de que su orden natural (el que ellos habían formado), fuera destruido de un momento a otro. — Si me gustan los caballos — Mencionó de mala gana y se acurrucó sin querer decir más. Al final se durmió.

Anouk no supo el tiempo que se quedó dormida, lo cierto es que no fue muy placentero. Tuvo pesadillas, cómo hace tiempo no tenía. La chiquilla se removió un par de veces, pero no pudo despertarse. De igual forma buscaba descansar, no sabía si en su introducción a su nuevo hogar tendría pronto tiempo de hacerlo. Debía de estar al cien, no dejar en vergüenza a ese que le estaba dando una buena oportunidad. Sin importar su renuencia a su nueva vida, debía hacer lo mejor. La esperanza de volver a la cabaña la tenía presente y mientras más rápido hicieran su trabajo, mejor ¿No?

Despertó cuando debió hacerlo, y se asomó para degustar de la vista que tenía frente. Un par de veces se frotó los ojos para poder aclarar su vista. El lugar era precioso, y dado sus últimos acontecimiento de vida, ya sólo los recordaba dentro de una hermosa historia. Asintió a lo que mandó Ichabod, nunca le contradecía. Sin embargo, cuando él se bajó, la chica se asomó por la ventana, y sonrió ante el panorama de todas las personas. Sorpresivamente un par le dirigieron miradas y sonrisas, y la jovencita se las devolvió con el rostro sonrojado. Y después se ocultó. Instintivamente hizo algo que nunca había hecho desde hace mucho tiempo. En el carruaje se puso de rodillas y empezó a rezar, de esa forma pedía a Dios por darles un camino bueno, lleno de bondad, que los iluminara para hacer las cosas correctas.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Ichabod Quinlan el Lun Dic 22, 2014 2:39 am

Usted debe ser mi nuevo y esperado administrador —dijo al fin el hombre de negro cuando se acercó a él y le ofreció una inesperada y cálida sonrisa—. Me han dado excelentes referencias sobre usted. Bienvenido.

Ichabod se quedó perplejo con el recibimiento, y con lo de las referencias, pero lo disimuló bastante bien. Angelique Delacroix, quien era la que estaba verdaderamente interesada en que aquel hombre fuera asesinado dentro de muy poco, no le había dado demasiadas explicaciones. Se había limitado a ordenarle que acudiera al lugar, asegurándole que una vez que estuviera allí, todo lo demás lo entendería. Ahora empezaba a comprenderlo todo. Entendía que debía hacerse pasar por un empleado que poseía amplios y vastos conocimientos sobre tierras y ganado, que debía ganarse lentamente la confianza de su patrón y, una vez logrado, su deber era asesinarlo logrando que todo pareciera un accidente. Una punzada de ansiedad lo asaltó cuando percibió que el señor Van Der Becken, su nuevo patrón y futura víctima, no era un mal hombre y que probablemente no merecía lo que estaba por ocurrirle. El hechicero se preguntó en silencio qué podía tener contra un hombre como aquel, tan sonriente y hospitalario, una mujer como Angelique Delacroix. ¿Por qué de pronto había decidido que el individuo le estorbaba a tal grado que deseaba desaparecerlo? ¿Por qué ordenarle a otra persona hacer el trabajo sucio cuando lo podía hacer ella misma y sin la menor dificultad? Demasiadas preguntas sin una respuesta. No obstante, debía continuar, de eso dependía que tanto él como Anouk estuvieran a salvo.

Ichabod Stein, señor, a sus órdenes. —Respondió con una voz amable. Luego, inclinó la cabeza para ejecutar una breve reverencia en señal de respeto.

¿Y quién es la muchacha que le acompaña? —Preguntó de pronto el hombre al percatarse de que Ichabod no viajaba solo. Entornó sus ojos,  castaños y curiosos, en la imagen femenina que podía observarse a través del cristal.

Ichabod giró la cabeza y contuvo el aire cuando supo que había llegado la hora en la que irremediablemente involucraría a Anouk. Eso no lo satisfacía, sin embargo, logró asimilarlo. Entendía que era por un bien... y que, ciertamente, no le habían dejado demasiadas opciones. Pasó saliva y se dispuso a iniciar con ganas lo que sería el inicio de una gran actuación. Sabía que mientras más rápido se hiciera aquello, más pronto ellos serían libres.

Ella es mi esposa, Anouk —dijo él, pronunciando las palabras con gran convicción. Dio dos pasos al frente y se acercó al hombre lentamente, como si fuera a hacerle una confesión—. Estamos recién casados y no he tenido corazón para dejarla por tanto tiempo. Por eso me he atrevido a traerla conmigo, pero si usted piensa que es mala idea yo...

¡Tonterías! —Exclamó el señor Van Der Becken interrumpiéndolo y agitando una mano en el aire en señal de negación—. Ambos son bienvenidos. ¿Va a presentármela?

Por supuesto, señor —asintió, y su expresión de volvió de nuevo nerviosa.

Ichabod regresó al carruaje y abrió la puerta para encontrarse con la imagen de una Anouk que rezaba hincada en el interior. Eso lo desconcertó. La miró un momento, dejó que se incorporara y, acto seguido, la tomó del brazo para ayudarla a bajar del vehículo. No le preguntó nada, tampoco la alertó sobre lo que estaba por escuchar. No era el momento. Más tarde hablaría con ella y se explicarían todo.

Anouk, este es el señor Van Der Becken —le anunció cuando estuvieron nuevamente frente al hombre. Éste los estudió, primero a ella, dándose cuenta de la gran diferencia de edades que existía entre la pareja, luego a él, identificando en su expresión la inconfundible necesidad de proteger al ser amado.

Encantado, Anouk —pronunció entusiasmado, ladeando el rostro y esbozando una sonrisa muy parecida a la que había brindado a Ichabod hacía unos momentos—. Espero que tanto usted y su esposo encuentren satisfactoria su estancia en esta que a partir de hoy es también su casa. Me encargaré de que les asignen una de las mejores habitaciones de huéspedes, es lo menos que puedo hacer por los recién casados.

Ichabod contuvo el aliento y notó, gracias a su brazo que aún permanecía unido al de Anouk luego de haberla escoltado, cómo ella se tensaba. Giró su rostro para mirarla y se encontró con unos tiernos ojos azules llenos de confusión. Apretó su brazo un poco contra el de ella, como queriendo pedirle que disimulara frente al hombre, pero no estuvo seguro de si ella lo entendió.


***


Las cosas salieron bastante bien. Más tarde, la habitación de huéspedes prometida, les fue entregada. Ichabod cargó las valijas y cerró la puerta una vez que ambos estuvieron dentro del dormitorio. En silencio se miraron el uno a la otra.

Sé lo que debes estar pensando. Adelante, pregunta lo que quieras. Voy a respondértelo todo. Es lo menos que puedo hacer luego de lo ocurrido allá afuera.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Anouk Oldekamp el Sáb Ene 03, 2015 1:16 am

La luz de sus ojos en seguida se apagó. Desde que salieron de aquella humilde casa en medio del bosque lo supo, algo no estaba bien. Anouk recordó su tiempo con aquel hombre que la secuestró, las veces que tuvo que mentir para que el hombre quedara bien frente a los desconocidos, todo por miedo a que la llevaran a prostituirse cómo las demás, o que la vendieran a algún enfermo mental. ¿Por qué quién le había dado esperanza después de esos momentos se las estaba arrebatando? Tragó saliva con fuerza, y contuvo la respiración unos momentos. Dio la mejor sonrisa que pudo al desconocido, él no se merecía una mala cara, mucho menos un rostro lleno de terror, él no sabía su pasado, y al igual que ella se encontraba ignorante del ese presente y de lo que llegaría en el futuro. Sentía que desconocía al hombre que amaba, y quiso decir la verdad, pero la mirada del pescador le dio esperanza, y por eso soportó.

Anouk jamás había conocido a un hombre más amable que Ichabod, nunca creyó que conocerla a uno igual o incluso que lo sobrepasara, pero sin duda se equivocó, frente a ellos se encontraba esos seres humanos que hacían excepciones a las reglas sociales. Aquel ricachón tenía un buen corazón, y encima agradecía la compañía que no debía agradecer por que la pagaba. La chica sin duda sintió gran simpatía por él, y sin poder evitarlo pudo compartir charla con ambos de forma animada. En esa casa ya no era la niña comprada, ya no era la joven miedosa o angustiada, era cómo encontrarse en una casa protegida, con dos hombres que podrían brindarle estabilidad, seguridad, un techo, comida y ropas, aunque agradecía que el señor Ichabod le diera algo más valioso que todo eso: amor. Reservado, pero a fin de cuentas amor.

Sus ojos se llenaron de lagrimas a causa del cansancio. Ya era entrada la noche cuando se despidieron del que era el patrón de la casa, pero que parecía más un viejo amigo que les había invitado de vacaciones. No se quería despedir, pero Ichabod la había sacado del salón casi a rastras para llevarla a su nueva habitación. Cuando el brujo fue por las maletas, la joven asomó el rostro por la puerta observando el lugar. Había dos grandes y espaciosos armarios, una puerta al fondo que imaginó que llevaría a un baño personal, además de eso había un par de sillones, un baúl, varias mesitas con jarras de agua, y una gran y espacio cama, cuando la miró sintió ganas de arrojarse por completo, y así lo hizo. Cerrando los ojos y aspirando el aroma a recién lavado. Estaba a punto de dormir cuando escuchó aquella voz familiar, se volteó a examinarlo, y en su mirada se notaba la cantidad de acusaciones que quiso hacerle pero que no pudo sacar de sus labios.

No sé si en realidad quiero preguntar algo — Comentó con sinceridad, temerosa un poco pero valiente y segura de que él no juzgaría sus palabras. — No sé si quiero seguirme decepcionando, las mentiras son malas, nos llevan a situaciones más horribles si las mantenemos — Se levantó de la cama para acercarse al hombre y quitarle una de las valijas. Con cuidado y torpeza la colocó sobre la cama y la abrió. Las manos hábiles de la jovencita comenzaron a retirar las prendas del hombre, y se acercó a un armario abriendo un par de cajones para colocar los pantalones, y luego colgó un par de camisas de él.

Ese hombre nos trató cómo nadie más lo ha hecho, creo que merece saber la verdad — Le dirigió la mirada por un instante — ¿Por qué ha dicho que somos pareja? ¿Por qué pareciera que usted es un hombre que sabe cuidar grandes hectáreas y cantidades inmensas de dinero? — Negó antes de hablar más de la cuenta — No digo que no lo sepa, pero su naturaleza es tranquila, y sentía que era feliz en nuestro hogar — Ella parecía otra, una jovencita llena de vida, llena de seguridad. Ichabod le había hecho bien en más de un aspecto, en ese momento se estaba comprobando.

No voy a preguntar nada, pero si quiero escuchar lo que usted tenga que decirme, y si miente lo sabré — Comentó tomando la otra valija para sacar sus cosas. La pelirroja comenzó a quitarse las trenzas que llevaba en el cabello mientras lo observa con tranquilidad.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Ichabod Quinlan el Dom Mar 08, 2015 1:37 am

Lo sé, Anouk… —susurró apenado por la difícil situación, aunque también un tanto sorprendido por la manera en que ella se expresaba. Su elección de palabras, su entereza al pronunciarlas… Definitivamente Anouk estaba creciendo, y él apenas empezaba a notarlo. Día a día maduraba dejando atrás a la niña temerosa; se le notaba más segura, más… mujer. No obstante, en esencia seguía siendo la misma, responsable, intachable. ¿Cómo podía justificar sus incomprensibles acciones ante ella cuando claramente había hecho mal? ¿Cómo hacer para no perder su respeto y admiración? No quería desilusionarla, pero sabía que ante los ojos de la pelirroja no habría excusa alguna que fuera válida, y tampoco podía confesarle el porqué de todo. Aún así, tenía que intentarlo.  

Suspiró y se acercó a ella. La tomó de la mano y, sin soltarla, la atrajo suavemente hacía sí, hasta que ambos estuvieron sentados en la orilla de la cama. Conmovido por la honestidad de Anouk, Ichabod le acarició la mano y la levantó hasta su rostro para depositar en el dorso un breve y casto beso.

Tienes razón, las mentiras nunca llevan a nada bueno… pero a veces son necesarias. En este caso, lo son. Les llamamos mentiras blancas, o piadosas, y son mentiras que no dañan a nadie, porque son inofensivas. Tuve que mentir y decir que eras mi esposa porque no quería separarme de ti, porque no conocía al señor Van Der Becken y temía que si le decía la verdad, él no pudiera comprender que necesito tenerte junto a mí porque quiero protegerte. Creyendo que somos esposos, y además recién casados, es más comprensible para él que no desee separarme de ti, por eso él ha accedido sin poner objeción alguna —inspiró hondo antes de proseguir, sintiéndose más culpable conforme seguía hablando, pero convencido de que debía tranquilizarla, asegurar que las cosas saldrían tal y como las había planeado y de ese modo asegurar la integridad de ambos—. Ahora mismo podría bajar y decirle la verdad al señor Van Der Becken, confesar que mentí, que no somos marido y mujer, explicarle mis razones, y posiblemente él lo entendería, pero nada sería igual. Él sabría que en mi primer día de haberlo conocido, le he mentido, y aunque la mentira no sea tan grave y tenga justificación, se perdería cierta confianza y él no volvería a confiar en mí, lo que a la larga me perjudicaría como su empleado.  Por eso no puedo decírselo, y tú tampoco debes… no puedes hacerlo. ¿Lo entiendes, Anouk? —apretó y la miró fijamente, pero ella, quizá apenada por la situación, desvió la mirada al instante.

En ese instante, Ichabod entendió que quizá ella no deseaba su cercanía, e inmediatamente la soltó. Se puso de pie, dio algunos pasos alrededor de la amplia y reconfortante habitación, y continuó hablando mientras le daba la espalda.

Tal vez no lo entiendas, pero, Anouk, necesito estar aquí, y para eso necesito tu ayuda. Necesito este empleo. Te necesito a ti, a mi lado, y si tengo que seguir mintiendo para lograrlo, lo haré, las veces que sean necesarias —confesó, sabiendo de antemano que sus palabras podían lograr que ella le perdiera toda la confianza, que se sintiera atemorizada, o que incluso llegara a odiarlo al saberlo tan deshonesto. Tomó asiento en un sofá de cuero marrón que se encontraba considerablemente lejos de la jovencita. Ella no dijo nada, y él deseó como nunca tener la capacidad de leer su mente. Habría dado lo que fuera por conocer sus pensamientos en ese instante.

Todas las posibilidades, él ya las había contemplado. Subir al primer barco y salir de Francia lo antes posible rumbo a cualquier sitio, mientras más alejado, mejor, también había sido una de sus opciones. Pero de nada serviría. Angelique Delacroix era tan perversa que él estaba seguro que los encontraría fácilmente, sus habilidades de hechicera le ayudarían a lograrlo. No, no tenía otra opción.

No puedo culparte si estás decepcionada de mí… o si la idea de tener que fingir ser mi esposa te resulta desagradable… o repulsiva. De todos modos esto será temporal, después nos iremos. Solo tienes que soportarlo un tiempo —concluyó con una voz ronca y apesadumbrada.

Se puso de pie, exhaló, y sin darle la oportunidad de hablar, se dirigió hasta la puerta, la cual abrió, pero antes de salir se detuvo porque sintió la obligación de darle una explicación.

Saldré al jardín, necesito un poco de aire fresco. Quizá demore un poco porque quiero dar una vuelta a los alrededores, ya que necesito empezar a conocer el terreno para iniciar el trabajo mañana. Mientras puedes aprovechar para cambiarte… Ah, y dormiré en el piso, tú puedes quedarte en la cama —frunció el ceño, como si aquello lo pusiera incómodo, y abandonó la habitación.

Tal y como había dicho, recorrió el enorme jardín.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Anouk Oldekamp el Sáb Mar 28, 2015 12:10 am

Le era inevitable darse cuenta del dolor que sus palabras le habían producido a Ichabod, sin embargo no se arrepentía. Aquello que le había dicho, salió de lo más profundo de su corazón, desde que ella había sido comprada por el brujo, se dio cuenta que no existían hombres tan buenos cómo él, que las mentiras no iban en su personalidad, al igual que la crueldad. Ella se hizo una imagen del hombre, y darse cuenta que todo era mentira le dolió, incluso más que las no verdades que el pescador había dicho. ¿Por qué entonces le dolía a él mentir? Eso no podía comprenderlo. ¿También le estaría mintiendo a ella? La joven esperaba que no, de ser así su esperanza en el prójimo moriría, y no volvería tener fe en nadie. De eso estaba completamente segura. Cuando la tranquilidad reina, algo debe ocurrir que afecte todo. Ese momento lo dejaba en claro, sin más.

El sonido de la puerta al cerrarse hizo que la joven respingara. No de susto por el ruido, pero sí al sentir soledad. Al igual que Ichabod, ella deseaba estar siempre a su lado, sentirse tan protegida cómo otras veces. Saberse en malos términos con él lastimaba su marchito corazón. La pequeña pelirroja buscaba respuestas en su interior. Necesitaba comprender, o buscar la solución para poder sostener sin miedo a equivocarse, aquellas mentiras. ¿Cómo podría? En su secuestro mintió más de una vez, pero aquella etapa había terminado. ¿De verdad existirían las mentiras piadosas? Él no le mentiría, aquello intentaba repetirlo todo el tiempo en su interior. ¡Él la quería! Sí, y por ese mismo querer no le haría daño. Al menos esa esperanza es la que ella tenía.

Demasiadas preguntas, tantas que su cuerpo se erizó sintiendo escalofríos. Observó las valijas y decidió que debía acomodar aquel lugar. Se dedicó a guardar cada trapo que llevaban, incluso tomó un par de retratos que tenía en casa, todos de Ichabod cuando más joven, mismos que colocó en su lado del armario. La joven movió un poco algunos muebles (ni idea de dónde había sacado la fuerza para hacerlo). La cama la colocó incluso pegada a la pared, de esa forma no rodaría. Al terminar sus pequeñas remodelaciones, la jovencita tomó un pieza suave, y oscura. Una prenda para dormir que su brujo le había comprado. Algo recatado, nada que pudiera causar mal interpretaciones. Abrió la puerta que tenía a su lado izquierdo, giró la perilla, y después se adentró al lugar. Lo que vio la dejó sin aliento. Le trajo recuerdos que le estrujaron el corazón. Antes de ser secuestrada había tenido una vida llena de lujos, tuvo el privilegio de la riquezas, y ver aquello le recordó su pasado, uno que creyó había enterrado. ¿Que habría pasado con su familia?

Emocionada abrió la tubería de agua, y se sintió contenta al notar la calidez de la misma. Sin duda el dueño de la casa tendría dinero para poder gozar de ese privilegio. Tentada a gozar de sus nuevos privilegios, la pequeña pelirroja se desnudó, y terminó por meterse en la gran tina de agua. La calidez del liquido cristalino abrazó su cuerpo. Ella sonrió y se relajó, tanto que el tiempo pasó deprisa, y sus ojos le invitaron a pasar a la oscuridad. Sin querer había quedado dormida.

Anouk abrió los ojos al escuchar el azote de la puerta. Parpadeó intentando observar qué ocurría, aunque fue claro que el regreso del brujo había pasado. La jovencita tosió intentando llamar su atención. Había notado que el brujo la estaba buscando de un lado a otro, quizás había pensado que se había ido, que lo había abandonado. Gracias a los aceites, la espuma cubría su cuerpo desnudo, él no podría notar su desnudes. ¡Además que ni siquiera debía tener interés en ello! La joven le sonrió a lo lejos con timidez estirando su brazo. Sentía una gran calidez al tenerlo cerca, a la vista, sin importar las mentiras, sin importar nada de aquello que estuvieran viviendo,

No quiero que duerma en el piso, no me gusta dormir sin usted — Le sonrió con timidez — Es que al dormir a su lado me siento más segura, y no tengo miedo, es una buena forma de descansar — Se encogió de hombros logrando que el agua se moviera un poco. — Reconozco que no me gustan las mentiras, y tampoco entiendo porqué tiene que hacer todo esto, pero si me promete que no pasará nada malo, que hará lo posible por hacer el bien, yo confiaré en sus silencios — Los dedos de Anouk se entrelazaron con los ajenos — Por favor, haga lo correcto, por favor… — Insistió mirándolo a los ojos, suplicando porque su realidad no se manchara de oscuridad.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Ichabod Quinlan el Mar Ago 18, 2015 2:11 am

El esplendor del enorme jardín, así como el candor de la oscuridad de esa noche particularmente quieta y silenciosa, le permitieron al hechicero meditar sobre sus recientes decisiones y acciones. Desde luego, no se enorgullecía de nada, pero tampoco parecía poder arrepentirse. ¿Cómo hacerlo, cuando todo lo que estaba llevando a cabo, desde lo más inocente hasta lo más desgraciado, lo hacía solamente por ella? Anouk. Ella era su razón de ser. Esa muchachita ingenua y evidentemente inocente, puesto que no hacía más que confiar ciegamente en él, dispuesta a seguirlo hasta el mismísimo infierno, si él se lo pidiera, se había convertido en el motor que lo impulsaba diariamente. Cuando la rescató de las manos de aquel infeliz que la esclavizó, jamás llegó a pensar que llegaría a convertirse en alguien tan importante, y es probable que ella tampoco llegara a imaginarlo, pero los hechos hablaban por sí solos. Estaban allí, los dos, en la casa de un extraño hombre que no parecía poseer malicia alguna y que, sin embargo, el hechicero debía asesinar por órdenes de una maldita mujer que lo tenía amenazado. De no haber estado Anouk a su lado, es probable que él se hubiera negado rotundamente a los mandatos de Angelique, lo que a su vez significaba que probablemente a esas alturas ya estaría más que muerto, algo que, claramente, sin la existencia de la pelirroja, poco le hubiera importado. Pero ella existía, era parte de su vida, así como él era ahora parte de la suya, y no podía abandonarla a su suerte, ni quería hacerlo. No había razón para darle tantas vueltas al asunto: quizá era cierto que no estaba haciendo lo correcto, pero sí lo que debía. Y eso bastaba, sin con ello aseguraba la integridad de su protegida.

Tras soltar un largo y audible suspiro, probablemente de pura resignación, Ichabod decidió volver al interior de la casa. En el pasillo se encontró nuevamente con el señor Van Der Becken, quien no tardó en saludarlo con la misma habilidad con la que le había recibido en su hogar, y tras mostrarse sorprendido de que su nuevo administrador no se encontrara ya listo y preparado para tomar la cena, lo incitó a hacerlo, y a ir por su esposa para que los acompañase en el comedor, donde los alimentos serían servidos dentro de media hora. Ichabod asintió, y tras aceptar la invitación, regresó a la habitación, con Anouk, mas no la encontró. Anduvo de aquí a allá, un tanto alterado por el paradero de la jovencita, puesto que la situación que los había llegado hasta allí era lo suficientemente peligrosa como para sospechar lo peor, pero finalmente la encontró en el cuarto de baño. Estaba allí, con medio cuerpo hundido en la bañera, cubierta por la espuma, y con las mejillas rosadas a causa del agua tibia. Cuando la descubrió así, se olvidó de los buenos modales y, en lugar de cubrirse la vista, se quedó mirándola un momento, contemplando su belleza angelical, la ternura de su rostro, completamente embelesado. Sin embargo, cuando al fin logró reaccionar, se giró un poco para desviar la vista y darle la privacidad que ella necesitaba. La expresión en su rostro, visiblemente nerviosa, delataba que estaba un poco avergonzado por haberse atrevido a mirarla de aquel modo.  

No obstante, ella lo alentó a acercarse, cuando alargó su mano y le habló de aquel modo, demostrando que, pese a sus reprobables acciones, no le guardaba ningún rencor. Eso hizo que Ichabod se sintiera más confiado, así que se aproximó, tomó su mano, y tras acuclillarse junto a la bañera, depositó un suave y casto beso sobre su dorso. Esa era la forma en la que le agradecía no odiarlo, darle una nueva oportunidad para confiar en él. Desde luego, él estaba consciente de que podía defraudarla en cualquier momento, que la posibilidad de que ocurriese pendía de un hilo, si ella llegaba a descubrir los verdaderos motivos que lo tenían en esa casa, junto a ese hombre, pero en silencio se prometió que no escatimaría en cuidados, lo que fuera necesario para que ella jamás lo descubriera y al final pudieran irse de aquel sitio como si jamás hubieran estado en él.

El señor Van Der Becken desea que lo acompañemos a la mesa para tomar la cena. Sé que estás cansada por el largo viaje, yo también lo estoy, pero no podemos rechazar su invitación. Ha dicho que servirán dentro de media hora, así que debemos apresurarnos. Ven, déjame ayudarte —se colocó justamente detrás de la muchacha, y tras tomar su larga y sedosa cabellera pelirroja entre sus manos, colocó sobre ella un poco de jabón líquido y comenzó a masajearla suavemente con la intención de ayudarle a asearla. No solo ella disfrutaba con la delicada friega de sus manos sobre su cabeza, él también lo hacía.

Quiero que uses uno de esos vestidos que compré para ti, el que más sea de tu agrado, y que te pongas bonita para que puedan ver lo hermosa que eres, y para que puedas sentirte bella tú también. Sé que no es mucho lo que te ofrecido durante todo este tiempo, Anouk, pero quiero que por primera vez eso cambie, que dejes atrás esos harapos, y que seas feliz —le dijo mientras empezaba a enjuagar su cabellera.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Anouk Oldekamp el Jue Oct 01, 2015 10:24 pm

El agua de la tina no se movió ni un poco, sin embargo su piel se erizó al sentir la proximidad del brujo. Nunca antes habían tenido tanta intimidad. Cuando dormían juntos ambos parecían vestirse para la noche más helada, y aquellos besos otorgados no pasaron la línea necesaria. Se encontraba desnuda, expuesta, y dispuesta. Aquello último la alejó de la realidad. No se sentía incomoda. La última vez que su cuerpo desnudó estuvo cerca de un hombre, fue por la inspección que le hacían al estar secuestrada. Nada se comparaba con ese instante. Sus hombros en un principio mostraron una línea perfecta, aunque se encontraban ciertamente con un poco de rigidez. Enseguida se recordó segura, y sólo disfrutó de los premios otorgados por cada incertidumbre de aquella noche.

Cerró los ojos, se imaginó que todo sería mejor y maravilloso, que la vida podría darles bendiciones, y que quizás no estaba mal volver a tener lujos, comodidades, y buena apariencia para proyectar. Se encontraba tan relajada que entre sus perdidas de conciencia escuchaba lo que el brujo le decía. Anouk terminó por hacer una mueca, negó un par de veces enfadada. Odiaba infinitamente que su protector dijera que no le daba lo suficiente. ¡Él le había dado más de lo esperado. ¿Acaso no se daba cuenta? Le había devuelto la libertad, los deseos, las ilusiones. En resumen, le regresó la vida. Si eso no era demasiado, entonces no se imaginaba que sería. Ella se encontraba encantada, agradecida, y enamorada. Lo último quizás nunca lo aceptaría por temor, pero era la realidad, y no quería verse nunca jamás lejos de él. Lo necesitaba.

Anouk giró el cuerpo con cuidado. La espuma parecía su mejor amiga, porque se movía cubriendo la silueta hundida de su cuerpo. Lo miró a los ojos unos momentos, sonrió, y le mojó la mejilla a causa de sus manos humedecidas. Con un movimiento de cabeza le señaló la toalla, y después la puerta, pidiéndole que la dejara un momento a solas. Ichabod entendió a la perfección. Le acercó la tela gruesa y absorbente, y enseguida salió del lugar. Eso dio el tiempo necesario para que la joven se secara el cuerpo, el cabello, y pudiera envolverse en una bata gruesa. Así pudo salir al cuarto y escoger el vestido como se lo había pedido el brujo.

Azul fue el color que escogió para ponerse esa noche. Un vestido de tela muy fina. La chica se sentía culpable al portarlo, seguramente el brujo había gastado una fortuna al comprarlo. Recordaba a la perfección los precios que tenían sus ropajes en su antigua casa. Ellos no podían darse el lujo, o terminarían sin comer por una semana. ¿Por qué lo había hecho el hombre entonces? Más preguntas aparecieron, y con ellas la determinación de descubrir conforma pasara el tiempo, aquello que estaba pasando.

Cuando ambos terminaron de arreglarse, Anouk tomó el brazo del brujo, ambos en silencio se dirigieron a la cocina. El estomago de la pelirroja se hizo presente, lo cual la hizo sonrojarse, para su buena suerte aun no entraban al lugar de la invitación. La pelirroja miró al hombre, y le dejó ver lo nerviosa y asustada que se encontraba. Ichabod sabia que Anouk era de pocas palabras, pero gracias a Dios aprendió a conocer cada uno de sus gestos, y muchas veces de esa manera se comunicaban. En ese instante la jovencita le dejaba en claro que se sentía asustada, pero al mismo tiempo que confiaba en él. Siempre lo hacía.

Por favor, no se separe de mi, se lo suplico — Pidió con ese tono de voz que había empleado con él la primera vez que le dirigió la palabra. Aunque a Anouk le había agradado en demasía el anfitrión, siempre tenía miedo de ser de nuevo secuestrada. Tomó dos bocanas de aire, lo suficientemente para relajarse. Ensayó un pa de veces su postura, y se atrevió a dar el primer paso para entrar a aquella sala. El hombre aún no había llegado, sin embargo ellos se acomodaron, uno seguido del otro. Por debajo de la mesa entrelazó sus dedos con el brujo — Me gustaba nuestra casa, era muy segura, era nuestra, y me sentía completamente yo — Suspiró — Me gustan también mis harapos — Y con eso indicaba que la esencia de ambos, siempre estaría ahí, sin importar nada.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Ichabod Quinlan el Dom Ene 31, 2016 9:18 pm

Ichabod salió de la habitación y le otorgó la privacidad necesaria para que ésta pudiera vestirse. Mientras esperaba afuera, justo detrás de la gruesa puerta, no pudo dejar de pensar en ella, en la bañera, sonriéndole de aquella manera. Él también había sonreído. Incluso allí, donde se encontraba, corriendo el riesgo de que alguien de la casa lo sorprendiera y lo creyera un tonto, lo seguía haciendo. Desde luego, no era algo normal en él. Era el efecto que Anouk causaba. Toda su vida se había caracterizado por ser un hombre centrado, algo huraño y desconfiado, a causa de las horribles cosas que le habían ocurrido en el pasado, pero no por eso alguien desagradable, solo reservado. No vivía cegado, pensando que la vida era color de rosa, por el contrario, sabía exactamente cómo funcionaba el mundo, lo cruel que éste podía ser. Quizá por eso es que hacía tiempo había perdido la capacidad de sorprenderse, de ilusionarse o incluso la esperanza de volver a ser feliz otra vez. Pero, de pronto aparecía Anouk y tras darle un vuelco a su vida, le cambiaba la perspectiva del mundo. Era absurdo pero, en ocasiones, ella lo hacía sentir como un adolescente, capaz de vencer cualquier obstáculo, mientras ella permaneciera a su lado. Su poder era increíble, maravilloso.

Volvió a la habitación cuando ella le indicó que estaba lista. Al entrar, el hombre no pudo dejar de sorprenderse. En pocas palabras, se congeló. Anouk estaba preciosa; deslumbrante con ese vestido azul que hacía resaltar sus preciosos ojos también azules, su hermoso cabello rojizo que le caía en cascada sobre la espalda y las delicadas facciones de su bonito rostro, demasiado angelical, demasiado bello para pertenecer a una simple mortal. Él la miró, apoyándose contra la puerta. ¿Por cuánto tiempo? No lo supo. Simplemente disfrutó con la visión que le regalaba. Cuando fue consciente del asombro del brujo, el rostro de la joven se tiñó con un profundo rubor que solo la hizo aún más encantadora, y sonrió. Su sonrisa era demasiado perfecta para expresarlo con palabras. Ichabod llegó a la conclusión de que era la cosa más hermosa que él hubiera visto alguna vez. En ese instante fue que se dio cuenta de algo que antes no había podido ver: Anouk ya no era una niña, era una mujer.

Cuando al fin salió de su repentina estupefacción, se acercó para ayudarle a cerrar el cierre que el vestido tenía en la espalda. Pudo percibir el olor a flores de vainilla que despedía su piel. Entonces llegó el turno de que Anouk saliera del cuarto para que él pudiera prepararse. Se aseó rápidamente y cuando estuvo seco, buscó entre sus pertenencias un traje negro que, al ponérselo, lo hizo lucir como todo un caballero. Así, impecablemente vestido, se acentuaba su afilada figura, incluso parecía más alto.

Anouk entrelazó fuertemente su brazo alrededor del de Ichabod y juntos se dirigieron al comedor. Él le sacó una silla para que pudiera sentarse y ocupó el asiento de al lado. Cuando su anfitrión, el señor Van Der Becken, apareció, ambos se levantaron para mostrar sus respetos. El hombre quedó boquiabierto, maravillado con la encantadora imagen que la pareja proyectaba.

Señora Stein, con el permiso de su esposo aquí presente, permítame decirle que luce usted realmente encantadora —sonrió mientras la contemplaba. El hombre había quedado tan prendado de ella que, por un segundo, sintió que no era capaz de dejar de mirarla—. Y usted, Ichabod, mírese, tan diferente —añadió, cuando al fin fue capaz de desviar la mirada al que sería su nuevo administrador—. Por favor, tomen asiento. La cena se servirá enseguida.  Les he pedido que me acompañen porque, como podrán ver, soy un hombre solo y esta mesa es demasiado grande tan solo para mí. Ojalá puedan acompañarme todos los días.

Tras escuchar aquellas palabras, Ichabod se lamentó aún más. No le gustaba demasiado empezar a conocer a ese hombre porque, conforme más lo hacía, más se convencía de que era un buen sujeto que no se merecía lo que estaba por sucederle. O mejor dicho, lo que él estaba por hacerle.

¿Qué le ha parecido la recámara que les he destinado a usted y a su esposo, Anouk? ¿Ha sido de su agrado? —preguntó el hombre, mostrando una sonrisa, mientras la cena les era servida—. Cualquier cosa que no sea de su agrado, siéntase con la confianza de expresarlo, podemos cambiarlo.

Evidentemente, ese hombre no tenía de dónde venían; el humilde hogar que habían compartido, el modesto catre en el que habían dormido y que mil veces preferían antes que esa cama con almohadas de pluma de ganso y sábanas de seda.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Anouk Oldekamp el Miér Feb 17, 2016 11:30 pm

Anouk estaba incomoda. Se sentía extraña, fuera de lugar, nada de eso le parecía correcto, y conforme transcurría el tiempo confirmaba que nada de lo que se llegara a hacer en ese lugar estaría bien. De algo estaba segura. Ichabod no era un mal hombre, nunca lo había visto dañar sin que fuera por un bien necesario, pero la vida era extraña, y ella más que nadie sabía que no se podía confiar en la naturaleza humana. ¿Qué ocurría? Su interior daba mil vueltas, quería tener las respuestas, pero sabía con seguridad que él no se las daría. Quizá ella debía averiguar por cuenta propia.

La mirada del hombre la intimidó, incluso la del brujo, nunca se había sentido tan cohibida aunque reconocía que la hacía sentir linda. Anouk estaba conociendo una nueva etapa, sin dejar de ser inocente. Su cuerpo, sus pensamientos, y todo a su alrededor le resultaba distinto. Incluso esas ganas que en ocasiones la quemaban por dentro al querer besar a Ichabod. Cuando lo mencionaban como su esposo, la chica respiraba de forma agitada. Esa palabra implicaba más de una cosa, y también, más de una actividad, algo que ya había soñado un par de veces, y que la hizo no querer verlo a los ojos un tiempo por mera vergüenza. No deseaba que el hombre que la rescató pensara mal de ella, por el contrario, por eso se obligaba a no pensar más de la cuenta.

La habitación es muy agradable, cómoda y cálida. La cama es muy grande, y el baño es reconfortante, es más de lo que merecemos, pero le agradezco — Resultaba una joven simple, aunque sabía que lujos y riquezas por su infancia, prefería la vida que había conocido con el brujo. Era distinta, pero muy especial, austera, pero llena de cosas maravillosas que sabía nunca llegarían a ocurrir con nadie más. Suspiró con melancolía. Lo bueno de no ser conocida por el hombre, es que no sabría de sus manías, lo cual no la delataría cuando mentía, o se ponía nerviosa por hacer algo más.

Anouk dejó que ellos siguieran con la platica, moría de hambre, y se dedicó a disfrutar de los platillos deliciosos que le estaban sirviendo. Se sorprendió al recordar el uso de los cubiertos, las servilletas, las copas y los vasos. Quizá esa era su realidad, esa vida que había dejado atrás. Recordó el tragó amargo que pasó con Ichabod la vez en que se besaron, cuando le pidió buscar a sus padres, y se preguntó si en verdad el hombre lo había hecho o al final solo fueron palabras. Le daba curiosidad saber que pudo ocurrir con ellos, pero al mismo tiempo le daba miedo que la alejaran de él. La joven sentía cosas my fuertes por aquel hombre.

Mientras ellos hablaban, ella se comportaba como debía de ser, sólo se interrumpió de seguir comiendo cuando mencionaron su nombre, pero no la llamaban, sólo la estaban mencionando, como sino estuviera presente, algo que le resultó incomodo.

La cena por fin había terminado. A ambos hombres les sirvieron una copa de un fuerte alcohol, y se sabía la intensidad el mismo por el olor que destilaba. Por su parte, a la joven le habían puesto una taza de té frente a ella, la cual saboreó con lentitud y mucho gusto. El tiempo había pasado deprisa. Debido al viaje, y también a la comida, la joven empezó a sentir pesadez en el cuerpo; deseaba dormir.

Cómo la etiqueta lo marcaba, la chica hizo un gesto disimulado, pero lo suficientemente perceptible para poder ser vista a la hora de pararse. Hizo una reverencia a ambos caballeros y terminó por pedir permiso para retirarse. Notó que Ichabod no estaba muy convencido con eso, pero no le quedó de otra más que darle lo que quería: dejarla ir.

Anouk notaba que su "esposo" se comportaba el doble de receloso de lo que ya era con ella. Parecía que la vigilaba como si algo malo pudiera ocurrirle en cualquier momento,  y eso la alteraba, porque le dejaba en claro que algo ahí no estaba bien. Movió su cabeza de un lado a otro, tenía la certeza que él nunca la pondría en riesgo, o al menos eso esperaba, eso deseaba.

Caminó por los pasillos, y al poco tiempo Ichabod ya la estaba siguiendo. Se adelantó antes de que él pudiera decirle algo.

Sólo estoy cansada, quiero dormir, por eso me he levantado de la mesa, además parecían muy animados, puedes volver con él si lo deseas, no seré una esposa exigente — Molestó con un tono de broma que mostraba también incomodidad.No voy a estar tranquila hasta averiguar la verdad — Sentenció no sin antes mirarlo de reojo y seguir su camino. Conforme avanzaban el pasillo oscurecida.

Lo que Ichabod no sabía era que Angelique le pondría más trampas, aquello no sería tarea fácil.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Ichabod Quinlan el Lun Mar 28, 2016 5:24 pm

Durante la cena, Ichabod no dejó de observar a Anouk. No lo hizo porque fuera un controlador obsesivo, porque sintiera celos de la insistente mirada que el señor Van Der Becken dirigía hacia ella o de la lluvia de elogios que éste dejó caer sobre la joven, sino porque temía que ella estuviera incómoda en su presencia. Tal parecía que el hombre estaba maravillado con la pareja, con la idea de que fueran recién casados y deseaba a toda costa hacer de su estancia en esa casa algo placentero. Ichabod estaba agradecido con sus atenciones, claro que sí, pero lamentaba profundamente que tuviera que recordarle, cada cinco minutos, que mentían descaradamente sobre su condición de marido y mujer. Cada vez que su anfitrión hacía una referencia a esto, Anouk no podía evitar dar una señal de su disgusto, ya fuera removiéndose nerviosamente en su asiento o bajando la mirada, todo con el fin de no mirar a los ojos al hombre. Ichabod se sentía terrible al respecto, pero supo aguantar hasta el final y se mantuvo sosiego. Incluso forzó una sonrisa que resultó bastante convincente cuando el señor Van Der Becken propuso brindar por su nuevo empleo y éste accedió a hacerlo. No le apetecía en absoluto ingerir el alcohol, pero desairar aquel gesto tan amable habría significado una grosería de su parte. Vació la copa bebiéndose hasta la última gota, mientras internamente rogaba que Anouk aguantara también, que su impaciencia no la hiciera cometer la locura de delatarlo.

Cuando la joven se puso de pie, de una manera bastante repentina, Ichabod sintió que el corazón se le detenía y creyó lo peor. Sin embargo, Anouk no lo traicionó y se limitó a disculparse para poder retirarse a la habitación. A partir de entonces, la seriedad absoluta del brujo fue evidente. Tuvo el deseo de salir corriendo detrás de ella, ver si se encontraba bien, pero se quedó. El señor Van Der Becken, que para su fortuna (aunque quizá lo lamentaría más delante) resultó ser un hombre bastante perspicaz, lo notó preocupado, por lo que no tardó en sugerirle que quizá debía acompañar a su esposa. Ichabod le tomó la palabra de inmediato y tras agradecerle por la cena y todas sus cortesías, se le unió a Anouk. La interceptó en uno de los pasillos de la gran casa, justo ante la entrada de la habitación que compartirían a partir de esa noche.

Lo siento —se disculpó rápidamente, con el corazón en un puño—. No quería exponerte a esto. De verdad, no quería.

Sin decir nada, Anouk lo miró un momento y él deseó como nunca ser capaz de leer sus pensamientos. En el tiempo que llevaban juntos ella nunca se había manifestado molesta con él por algo, pero de algún modo supo que en ese instante ella sentía algo parecido a ese sentimiento. Su sospecha se acentuó mucho más cuando ella giró y entró a la habitación, dejándolo solo en el pasillo. Ichabod suspiró y luego la siguió. La puerta se cerró tras él.

Si tanto te desagrada tener que fingir que eres mi esposa… quizá deberíamos casarnos de verdad. Así no tendríamos que seguir mintiendo.

¿Matrimonio? Sí, definitivamente eso era lo que acababa de decir. Ichabod no podía creer que lo hubiera dicho así, tan fácilmente. Sin embargo, no quería que Anouk pensara que era algo que estaba tomando a la ligera, o como un pretexto que tenía como único fin liberarla de la desagradable mentira. Tras tomar un poco de aire, se acercó y la encaró. Sus ojos azules la miraron fijamente, haciendo evidente que la idea de casarse con ella no le desagradaba en absoluto. Ella continuó muda, probablemente a causa de la impresión.

Hablo en serio, Anouk —le dijo al tiempo que inclinaba ligeramente su rostro hacia ella—. Te amo y nada me haría más feliz que hacerte mi mujer… si tú consideras que soy alguien digno.  

Tras aquella confesión, Ichabod sintió que ya no tenía caso seguir conteniendo su deseo de besarla. Se movió, cerró los ojos y tocó sus labios con los suyos. La respiración, su corazón, el pulso, todo se le aceleró al instante. El roce de Anouk aumentó su ardor y el besó se intensificó. Ichabod quería más. La deseaba, no había manera de ocultarlo.

Anteriormente había meditado la situación y había llegado a la conclusión de que si Angelique deseaba tanto a Anouk y la utilizaba para chantajearlo, era porque se trataba de una muchacha virgen. Que ella fuera casta significaba un gran peligro, pues todo el que tenía noción de la hechicería sabía que para hacer efectivos ciertos ritos, éstos requerían de algunos sacrificios, ya fueran animales o personas, siempre y cuando éstos fueran puros. Lo más sencillo hubiera sido cambiar la condición de Anouk en ese momento, que él, que de verdad la quería, se dejara llevar por el deseo que provocaba en él y la tomara, no solo para satisfacer su deseo de amarla en todos los aspectos, sino también para protegerla. Si había amor de por medio, no podía ser considerado un acto egoísta.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Anouk Oldekamp el Vie Jun 17, 2016 7:16 pm

Anouk había visto demasiada maldad para la corta edad que tenía, era verdaderamente apabullante tener que lidiar todas las noches con los recuerdos al cerrar los ojos, y resultaba peor cuando los soñaba. Las mañanas seguidas a su pesadillas, su estado de animo bajaba por completo, no rendía de forma correcta, y parecía un mínimo maltratado haciéndose pequeña, mostrando su claro miedo a que volvieran a ir por su cabeza. Una muy triste realidad que conforme pasaban los días, iba poco a poco asimilando, entrando a un estado más seguro y “normal”.

El señor Ichabod se había encargado de otorgarle seguridad. Él. logró que creyera un poco en la humanidad, le había mostrando día a día que no todas las personas comentan actos atroces contra la humanidad, que existía gente muy buena haciendo que el mundo valiera la pena. El brujo se había encargado de hacerle creer en el mundo, en que quizás no todos compartían la creencia de que la paz, armonía e igualdad existían, pero que la mayoría era gente buena. Le tuvo mucha paciencia, tanta que cualquiera hubiera tirado la toalla en cualquier momento, pero él no lo hizo, y por eso parte de su esencia había vuelto. Él le había enseñado a sonreír, pero sobretodo, a amar, lo que le agradecería el resto de su vida.

Sin embargo todo se había caído de un momento a otro. Desde que habían abandonado su pequeña, austera, y vieja cabaña, su corazón no dejaba de acelerarse cada determinado tiempo. El mal presentimiento la invadía, y su confianza absoluta hacía el hombre con el que compartía ahora su vida, se había roto. ¡Algo no andaba bien! Ella lo sabía, se lo repetía su conciencia, pero buscaba poder acallar esos pensamientos intentando distraerse, o recordando cosas buenas que la llevaron a ser ella. ¡Vaya contradicción! La persona que le había dado la felicidad, le estaba dando el peor de sus miedos.

Recordar al dueño de la casa le provocaba un hueco en el estomago, como si en su interior quisiera hacerle ciertos llamados de alerta, para poder prevenir un mal. Después volvía a llevar a su mente al brujo. La confusión incrementaba, y las ganas de salir corriendo también, pero el miedo, que había vuelto a aparecer la hizo quedarse en la casa, con la única persona que conocía, aunque su confianza se hubiese roto un poco. ¿Se volvería a tener por completo? El tiempo seguramente lo diría, no quedaba de otra que esperar.

Las emociones que manejaba Ichabod al enfrentarla eran claras: nerviosismo, inquietud, incertidumbre, dolor, desesperación, etc. Quizás ni él mismo tenía consciencia de como se veía, de lo que proyectaba, y peor aún, de lo que provocaba. Ella estaba para hacérselo ver.

Los besos de ese calibre siempre causaban una gran sorpresa, más aún si apenas era el segundo que habían llegado a darse. La jovencita sintió que le oprimían el pecho, y después poco a poco las emociones se disparaban con fuerza para llegar a cada pequeña parte de su ser. Una sensación distinta, porque jamás se habían besado con enojo de por medio.

Al principio la jovencita quería empujarlo, después se dejó llevar por el deseo y las emociones. ¿Qué tenía de malo? además su edad no ayudaba, las hormonas primerizas, curiosas e inquietas siempre terminaban por traicionar la voluntad de un humano. No quedaba de otra, debía unirse a su enemigo, no tan enemigo.

¿Casarnos? — Interrumpió el beso. Las mujeres nunca olvidan detalles así, además él estaba mostrando debilidad, por lo que era momento de aprovechar. — No quiero que se case conmigo por presión o moral — Hizo una pausa negando — Yo le creo, creo que me ame, pero se siente presionado y cree lo mucho que me ha decepcionado, por eso quiere enmendarlo, así no debe realizarse un matrimonio — Negó, pero antes de que él pudiera decir algo, lo calló con un dulce beso.

La joven se apartó, movió su cuerpo hasta terminar por hacerlo descansar en la cama, se sentó y lo invitó a que la acompañara. Apenas estaba convirtiéndose en una mujer, pero tampoco era una niña tonta, él debía darle un poco de crédito.

Señor Ichabod, yo lo quiero con todo el corazón — No iba a decirle que lo amaba, se sentía aún indignada. — Pero si quiere que las cosas salgan bien, debemos hacerlas bien. — Giró un poco el cuerpo para poder acariciarle la mejilla — Es decir, podemos vivir como marido y mujer para engañar a ese pobre hombre, pero incluso cuando no nos vea, le suplico me trate como un hombre a su mujer, con ese amor que me ha dicho en este momento — Sus palabras también podrían ser tomadas a doble sentido. Ella se percató de eso, y se sonrojó enseguida. — Cuando las barreras de la ilusión ajena, y la nuestra sea la misma, entonces quisiera poder ser su esposa — ¿Cómo se atrevía a retarle o exigirle? ¡Era una niña! ¡Una mujer!

Una mujer que sentía la confianza de decirle sus deseos al hombre que amaba, y que le aseguraba nunca la llegaría a maltratar por mostrar su interior.

Ahora, ¿Qué le parece si empezamos de nuevo la velada? Sin actuaciones y sin terceros — Propuso con una sonrisa. Estaba enfadada, pero también veía el arrepiento en los ojos ajenos. Él se merecía el beneficio de la duda, mismo que se lo daría, pero ella seguiría investigando lo que ocurría dentro de las paredes de esa mansión, y más aún en la cabeza del brujo.



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Re: Death and the maiden | Privado

Mensaje por Ichabod Quinlan el Mar Jul 26, 2016 7:57 pm

Ichabod abrió la boca con la intención de rebatir antes de que ella terminara, pero volvió a cerrarla, sintiéndose incapaz de hablar. Y es que, ¿qué podía decir a todo aquello? Si bien su propuesta de matrimonio fue hecha con sinceridad, no podía negar que había algo de verdad en los argumentos de Anouk. La decisión era apresurada, un tanto forzada por la situación que estaba viviendo. Cuán decepcionada debía sentirse de él. Lo había arruinado.

Tienes razón, no es la manera —murmuró, sintiéndose avergonzado de sí mismo. Él no era así; no era un hombre impulsivo. Se desconocía completamente—. No sé qué me pasó. Yo… —negó con la cabeza y gesticuló con las manos, intentando explicarse, pero nuevamente parecía no encontrar las palabras adecuadas—. Tú sabes que no soy así. Me conoces. Soy un hombre cauto por naturaleza. Pero no soy yo mismo últimamente… —declaró, aunque en ningún momento tuvo la intención de explicar los verdaderos motivos que estaban provocando en él tan inusuales actitudes—. Me equivoqué. Por favor, discúlpame.

Anouk no albergaba maldad en su corazón y jamás hubiera entendido que si bien él tampoco era malvado, sí estaba dispuesto a asesinar, si de eso dependía salvarle la vida a un ser querido. Lamentablemente no quedaban muchas personas en el mundo que entraran en esa categoría. Sus padres habían sido asesinados, su hermana también estaba muerta. Sólo ella y Emilia Borromeo, su antigua alumna, por quien sentía un profundo cariño y con quien se había reencontrado hacía relativamente poco, eran dignas de hacer tal sacrificio. Desde luego, no era nada sencillo. A sus treinta y nueve años, Ichabod jamás había arrebatado una vida. Desde luego, poseía las habilidades y conocimientos para lograrlo, en varias ocasiones recibió jugosas ofertas a cambio de ese tipo de trabajos, pero su respuesta siempre fue la misma: un rotundo no. Todo se debía a una promesa que había hecho a sus padres, misma que ahora rompería a cambio de mantener a Anouk sana y salva.

¿Lo habría mirado del mismo modo de saber todo aquello? Probablemente no, las cosas serían diferentes, pero aun así Ichabod prefería mantenerlo en secreto. La miró desde el borde de la cama donde estaba sentado y sintió un nudo en el estómago al recordar su torpeza. Se maldijo por ser tan idiota. Por Dios, ¿cómo había podido hacerle eso? Ella no se lo merecía. Y aun así le pedía que se olvidaran de todo y comenzaran de nuevo. Sí, él también deseaba poder dejarlo atrás, era lo mejor. Con ese pensamiento se animó a sonreírle un poco y, en señal de agradecimiento, tomó su mano para depositar un beso sobre el dorso.  

De ahora en adelante será como tú digas, Anouk —concedió, mirando su bonito y dulce rostro sonrojado—. Muy pronto nos iremos de aquí. Lo prometo.

Ya había tomado una decisión. No quería ni debía desperdiciar su tiempo. Mientras más rápido terminara aquello, sería mejor. Dejaría pasar tres días y entonces daría el gran golpe. El pobre señor Van Der Becken tenía las horas contadas.



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Re: Death and the maiden | Privado

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