Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Revenge I ~ {La petite mort}

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Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Lun Dic 08, 2014 11:48 pm

Hay veces en que el dolor antaño provocado por nuestros actos es tan grande, tan inmenso, que cuando se produce un nuevo conflicto no es suficiente con prevenir. A veces, inevitablemente, toca lamentarlo. Y esa, por supuesto, era una de esas veces. La brisa veraniega hacía que la tela de su vestido se moviese con gracia, dándole un aspecto grácil a su casi etérea figura. Parecía salida de un cuento de hadas... o de la peor de las pesadillas, todo dependía del prisma desde el que se la mirase. Por un lado, aquel rostro pálido, gobernado por dos orbes bien abiertos e impasibles, junto con aquella sonrisa hermosa a la vez que misteriosa, hacía que perdieses de vista por un instante el resto del conjunto. Y es que las apariencias casi siempre engañan. Y tras esa dulzura inicial en la que cualquier mortal tendría bastante fácil perderse, te topabas con la cruda y cruel realidad. Con la pesadilla. Con el monstruo. Con Ophelia. Si superabas el primer vistazo general, y aquella especie de embrujo al que la belleza sobrenatural de los vampiros sometía a la mayoría de criaturas, podías fijarte en su cuerpo. Más allá de sus curvas, sugerentes y perfectamente remarcadas por su atuendo, más allá de sus andares seductores y decididos, más allá de la intensidad de su presencia, más allá de todo eso, no era difícil entrever la maldad de las acciones cometidas. Y el vestido, en gran parte, daba la mayor de las pistas. Rosas y pétalos de sangre humana lo convertían en una siniestra obra de arte, y resultaban delatadores respecto a los crímenes acaecidos aquella noche y de los que, por supuesto, había sido responsable.

Tampoco es que lo hubiera negado si alguien le hubiese preguntado. Ir borrando sus huellas nunca había estado entre sus planes, en parte porque consideraba a la gente normal demasiado estúpida como para llegar nunca a descubrirla, y en parte porque no necesitaba ni deseaba fingir más ser quien no era. No, aquel estúpido juego, aquella realidad en la que los vampiros se ocultaban de los humanos como si tuvieran algo de lo que temer, estaba llegando a su fin. Ya había pasado demasiado tiempo a la sombra. Ahora era el momento de salir a la luz. Y como todo en su vida, y en su muerte, lo haría a lo grande. Sería una ocasión que marcaría un antes y un después en el transcurso de la historia. Un motivo de celebración. Un logro personal y colectivo de todos aquellos que, desde las sombras, habían tejido aquella red de circunstancias que ahora culminarían con el resurgir de la oscuridad de la más perfecta y poderosa de las razas. Los vampiros.

Pero antes de que eso ocurriera, antes de que el guión de aquella función se diese por finalizado, y el telón terminara por abrirse, tenía otros asuntos de los que debía hacerse cargo. Asuntos urgentes, que marcarían también una nueva era en su propia vida, en su propia eternidad, a partir del momento en que se alzase vencedora. Como todo desde que renaciese como una no-muerta, tenía que ver con su creador, y con esa pretensión absurda que él tenía de intentar echar por tierra todos y cada uno de sus planes. Desde que se enterase que ella, su progenie, quería provocar que los cimientos de la civilización actual se tambaleasen descubriendo ante ojos mortales la existencia de los vampiros, había puesto todo su empeño en poner en su contra a aquellos que en otro momento dijeron estar de acuerdo con su postura. Con algunos, los más cobardes, había tenido bastante éxito, debía reconocerlo, pero respecto a la gran mayoría de aliados podría decirse que únicamente había conseguido forjar grandes enemigos. Enemigos que ella, ahora podría aprovechar para utilizarlos en su contra. Tal y como él le había enseñado. ¿Los motivos? Pese a que ella quisiera engañarse diciendo que luchaba por una justicia para los suyos por haber pasado tantos años sin poder salir a la luz, empezaba a ser bastante evidente que se trataba de algo más... personal. Se trataba de la más pura y profunda de las venganzas. Quería destruirle, por el simple placer de verle sufrir. De mil y una formas diferentes.




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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Friðþjófr Yngvarr el Lun Abr 27, 2015 8:35 am

Hay veces en las que, contra todo pronóstico, las acciones de algunas personas realmente llegan a sorprenderme. De más está decir que normalmente esas personas, ese grupo de afortunados que logra sacarme de mi habitual indiferencia hacia todo, suelen tener poco de común y de corriente. Ni siquiera recuerdo cómo han llegado a mis oídos los rumores acerca de los planes de mi progenie de sacarnos a todos a la luz, de mostrarnos al mundo tal y como somos, poniendo en peligro la monótona tranquilidad a la que nuestro anonimato nos arroja. Es lógico que me sorprenda, ¿no? Y más teniendo en cuenta que probablemente Ophelia sea una de las criaturas vivas que actualmente viven en el planeta que más motivos tiene para tener miedo de esta "salida del armario". Sus atrocidades, nuestras atrocidades, han sido perseguidas y criticadas durante milenios. ¿Qué espera que le depare el futuro si todo el mundo conoce esa cara, tan oscura, de todos nosotros, de los inmortales? Probablemente ninguno de mis congéneres tenga las manos limpias de sangre. Fuera en su niñez, en sus primeros años tras despertar con nuestra naturaleza, todos hemos hecho méritos tanto para ser temidos como para ser odiados. Muchos, como yo mismo, nunca hemos dejado de sembrar el caos y el horror a nuestro paso. ¿Qué es lo que pretende, entonces, provocando a todos los vampiros de esta manera? Sobre todo a los que somos más antiguos, y hemos asumido que una eternidad a la sombra de la mirada insidiosa de esos estúpidos humanos es mejor que arder en sus hogueras. Lo más absurdo de todo, es que tiene aliados. Y no pocos, precisamente, que parecen comprender e incluso apoyar la infantil idea de gobernar el mundo y enseñar su verdadero rostro, intentando evidenciar lo que es obvio: que somos mejores que ellos.

Supongo que eso es algo que nunca llegué a enseñarle. Que el anonimato nos proporciona una ventaja, más que ser un inconveniente. ¿Qué utilidad tiene que todo el mundo esté alerta acerca de nosotros? Si nos temen, la caza se volverá más difícil. Si nos temen, todos sospecharán de nuestra presencia tras cada esquina, nos perseguirán. ¿Por qué le molesta tanto tener que integrarse, fingir ser uno de ellos? Tanto ella, como yo, como el resto de inmortales, siempre estaremos por encima, siempre seremos superiores. En lugar de tomárselo como un juego, como un mal menor de cara a la posibilidad de vivir como dioses en la sombra, se lo toman como un insulto. Inmaduros. Idiotas... Y más cuando es evidente que mi querida "hija" no está tratando de armar todo este revuelo para cumplir estos deseos. No. Ella es como yo. Retorcida. Malintencionada. Y sé que está tramando algo que nada tiene que ver con lo que todo el mundo sospecha que hará. No le compensa. No es lógico. De algún modo, está manipulando a todos los que están a su favor, seguramente por haber encontrado un modo de tener las espaldas cubiertas cuando de el paso a nuestra salida a la luz. Eso sí se lo enseñé, afortunadamente. A que siempre debemos guardar un as bajo la manga que nos libere de toda responsabilidad en caso de peligro. Estoy seguro de que lo ha hecho, aunque eso no explica por qué sus pensamientos van en esta dirección. ¿Qué es lo que le molesta? ¿Fingir ser una humana, o empezar a sentirse como una otra vez? Porque de esto último, yo soy el único culpable. Y ambos lo sabemos.

Con una sonrisa irónica me abro paso entre las sombras de la noche, entre la penumbra, caminando a paso ligero. Tras doce lunas a su lado, es evidente que he vuelto a despertar en ella todas emociones que tanto se había afanado en esconder. Y ahora la tengo justo donde quiero. Podré intentar hacerla cambiar de opinión, hoy, esta noche, en nuestra "cita". Ni siquiera recuerdo con qué pretexto le dije de venir al teatro. En lo personal, hace mucho que dejé de disfrutar de las obras. Todos los actores que tenían verdadero talento o están muertos o ya no necesitan actuar para sobrevivir. Y no hay ninguna obra que no conozca ya que merezca la pena de verdad. Pero sé que ella siempre ha tenido una relación especial con el arte. Probablemente por la época en que nació, y en la que la convertí en lo que hoy es. Por eso estoy aquí, sentado en este palco, aguardando por ella. Le daré lo que quiere de mi, mi sangre, mi afecto fingido, y luego la convenceré para que deje de lado sus pretensiones. No puedo permitir que toda la comunidad vampírica se ponga en su contra. Hay cosas de las que ni yo mismo soy capaz de protegerle.


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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Lun Mayo 25, 2015 4:24 am

A medida que se aproximaba la hora a la que habían acordado encontrarse, los nervios de la vampiresa comenzaban a hacer acto de presencia. La excitación por el momento que tendría lugar en algunos minutos no hacía más que crecer y crecer en su interior. Se avecinaba el fin de su martirio, el final de aquella historia de idas y venidas, de pasión y venganza. Y un amanecer nuevo se abriría paso, un nuevo hito para la comunidad vampírica, un nuevo orden de las cosas, que lo cambiaría todo. Para siempre. Y ella sería la propulsora de ese cambio, la motivadora que traería el caos a la tierra. Sería partícipe de ese caos, se adueñaría de él y lo utilizaría para sus propios propósitos. Lo había postergado demasiado. Había pasado demasiado tiempo a la sombra, planeando, sin tener muy claro el momento en el que finalmente llevase a cabo sus pretensiones de cambio, de sacar a la luz la verdad, a ojos de una humanidad que siempre había estado al margen de lo sobrenatural. Pero ya no esperaría más. Estaba convencida de que era el momento. Y lo mejor de todo aquello, lo que más la motivaba a luchar por el fin de esa era, por el comienzo de la siguiente, era que Friðþjófr, como muchos otros vampiros antiguos, no estaba invitado.

Claro que ella misma había sido la instigadora de que el resto de sobrenaturales que estaban de su parte para el cambio, acabasen opinando que lo mejor era acabar con aquellos que tratarían de alzarse en contra de su renacimiento. Aunque en realidad, el resto de vampiros antiguos le resultaban totalmente indiferentes, ¿pero cómo hubiera podido enmascarar el odio que sentía por su creador, sus deseos de acabar con su existencia, si no provocaba que el resto de seres a su favor se posicionara también contra él, contra ellos? Eran un daño colateral. Y siempre podían salvarse si aceptaban los nuevos términos que se instaurarían cuando finalmente vencieran. Cuando todos supieran la verdad, y ya no tuvieran que esconderse tras fachadas de humanidad. Cuando recuperaran el lugar que les correspondía, como lo más alto de la cadena alimenticia, como los más aptos para gobernar por haber vivido mucho más que gran parte de los humanos que había sobre la faz de la tierra. Muchos la habían tachado de estúpida al principio, al proponer salir a la luz. Muchos habían dicho que se había vuelto loca, que los humanos se alzarían contra ellos... Hasta que todos comprendieron que los seres superiores no tenían por qué sentir miedo por esas alimañas. Hasta que supieron que detrás de esa idea no estaban las pretensiones de alguien ambicioso, que ansiara por todos los medios tener más y más poder. Detrás de esa idea solo estaba el cansancio por haber pasado casi dos mil años escondiéndose. ¿Y para qué? Tal vez se alzaran, o tal vez simplemente se asustaran al descubrir que había criaturas superiores a ellos mismos. Sea cual fuere su reacción, ellos eran más fuertes. Y arrasarían con aquellos que se atreviesen a cruzarse en su camino.

Pero ese logro no significaría nada para ella, si antes no era capaz de deshacerse de las cadenas que seguían reteniéndola, atándola a Friðþjófr. Antes de liberarse de su máscara, debía deshacerse de ese vínculo, o jamás sería realmente libre. Y necesitaba serlo. Era todo cuanto ansiaba, todo por lo que había luchado. Y él era el mayor obstáculo entre ella y su ansiada libertad. O al menos, lo había sido. Hasta esa noche. Cuando llegara al teatro, cuando se sentara a su lado, cuando le dirigiera una de esas sonrisas que pretendían ser de superioridad... La función habría comenzado. Y no sólo la que se desarrollaría en el escenario, ante sus ojos, sino también aquella que culminaría con la cabeza de su creador clavada en una pica, adornando la torre más alta de su castillo. Una sonrisa irónica se dibujó en su semblante. Él le había dicho que estarían toda la eternidad juntos, y ahora sabía que era cierto. Aunque nadie habló de que él estuviese completo, ni vivo, en esa eternidad. Tamborileó los dedos sobre uno de los reposabrazos, inquieta. Ahora tenía que concentrarse en cerrar a cal y canto el acceso a sus pensamientos, o todo se iría al traste. Sabía que la influencia de Friðþjófr sobre ella era intensa... Pero él no conocía la dimensión de su odio. Nadie la conocía, en realidad, salvo la recién desaparecida Helenna. ¿Dónde estaría?




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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Friðþjófr Yngvarr el Jue Ago 27, 2015 9:12 am

Y aquí estamos, de nuevo, juntos. Como si no hubieran pasado más de quinientos años desde el momento en que decidí abandonarla. La veo entrar en el palco, tan radiante como siempre. Me pierdo en los pliegues de su vestido, que contrasta enormemente con la dulzura de su rostro. ¿Cómo alguien tan frío puede ser poseedor de una belleza que la hace parecer inocente? Ese es parte de su invariable encanto, que ha permanecido durante todo este tiempo. Se sienta a mi derecha sin decir nada, aunque no es necesario: sus ojos me lo han dicho todo. Detrás de ese brillo de rencor que indudablemente aún se refleja en su mirada se esconde el sentimiento del que no puede deshacerse. Nuestro vínculo es inmortal, exactamente igual que nosotros. Mientras ambos permanezcamos sobre el mundo, estamos destinados a sentirnos, a buscarnos y a reencontrarnos. Eso también forma parte de nuestra naturaleza. Progenie y creador se aman de una manera casi mística, que en nada se parece al mundano amor en el que confían y por el que se pierden los seres humanos. El nuestro es más intenso, más primigenio. Más real. Y por eso las palabras se hacen innecesarias. Intento meterme en su cabeza, sin éxito, y sonrío, para luego agarrarle la mano con firmeza. Por fin parece comprender que es mía, que siempre ha sido mía, o eso juzgo en base al hecho de que ha venido a mi encuentro sin necesidad de que le insistiera o se lo ordenara. Que ceda es algo bueno para mi, aunque no me esperaba que lo hiciera tan pronto, todo sea dicho.

- ¿Acaso no te he enseñado modales, Ophelia? Normalmente cuando uno llega a un lugar, tiene la costumbre de saludar a quienes les acompañan, y más si esa persona es nada más y nada menos que tu Señor... -La escucho bufar por lo bajo y mi sonrisa se ensancha por la satisfacción. Saber siempre qué decir para irritarla es algo que me agrada sobremanera. No puedo decir exactamente por qué, pero quizá esa delicada arruga que se dibuja en su ceño, dándole aspecto de felino frustrado tiene bastante que ver. Recuerdo haber pasado horas observándola dormir, empapándome con su presencia, y deleitándome con aquellos pequeños gestos que hace sin darse cuenta. Probablemente esta especie de obsesión pueda parecer estúpida, o incluso excesivamente "cursi" tratándose de dos seres que hacían mucho que habían dejado de ser humanos, pero era algo que nunca había podido ni querido evitar. Después de todo, el aspecto de Ophelia, además de su personalidad, fue una de las cosas que me atrajo de ella hasta el punto de querer conseguirla. Y ahora que ya la tengo, ¿por qué no disfrutarlo? Cuando las luces finalmente están apagadas, me recuesto en la cómoda butaca del palco sin soltarla y sin alejar tampoco la mirada de ella. La obra no me interesa lo más mínimo. ¿Cuántas veces he visto Hamlet representado?

- Me alegra mucho que hayas venido. Pensé que después de estas semanas no sería mala idea hacer algo más juntos... Ya sabes, que no sea pelear, golpearnos, yacer y volver a pelear. Por cambiar de rutina, más que nada. -El tono jocoso de mi voz acentúa su mueca de fastidio, ante la cual yo me carcajeo, provocando que los espectadores de los palcos adyacentes dirijan una mirada de enfado hacia nuestra dirección. La verdad es que me importa muy poco el resto del mundo en este momento. De hecho, si no he alquilado el teatro es porque no he tenido antelación suficiente para hacerlo. Preferiría estar a solas con ella, pero tampoco es que me importe. Acerco mi rostro al suyo, para luego depositar un casto beso en su mejila, a la que luego clavo los colmillos sin más, para empezar a succionar. Me resulta extraño no poder percibir nada de lo que piensa o siente al hacerlo, por lo que me separo de ella un instante, para observarla. - ¿Por qué has bloqueado el acceso a tus pensamientos? ¿Qué me estás ocultando? -La cojo por el mentón con brusquedad, y le giro el rostro para que me mire. La conozco perfectamente. Sé que trama algo. Pero, ¿qué?


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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Lun Ago 31, 2015 10:35 pm

En realidad ignorarlo de aquella manera no formaba parte del plan inicial, que consistía más bien en lo contrario. Engatusarle, atraerle, hacerle ver que el pasado había quedado momentáneamente atrás y que había acudido a aquella cita convencida de que lo mejor era superarlo. Hacer como si todo aquel tiempo no hubiese pasado. Como si el perjuicio que él le había provocado tras toda esa larga ausencia ya no dolía... ¿Pero sabéis qué? Incluso una mentirosa tan experimentada como Ophelia no era capaz de fingir con algo así. Su semblante inexpresivo apenas cambió un ápice cuando el narrador comenzó a hablar acerca de la obra que iban a representar minutos después. Ni siquiera sabía cuál era. Tampoco es que le importase demasiado. Todos los actores de esa maldita ciudad eran demasiado mediocres. No había ni punto de comparación con cualquiera de los que antaño se dedicaba a ello, cuando su humanidad aún no se había extinguido del todo.

- Pasaré por alto el hecho de que tu ego llegue hasta tal punto de creer realmente que tienes algún tipo de potestad o control sobre mi. Y sí, en efecto, sé que está estipulado que uno debe saludar al llegar a un lugar... Pero eso es sólo cuando la persona con la que espera encontrarse es de su agrado, y desde luego no es el caso. -Por un momento dudó, y realmente consideró que su fachada iba a venirse abajo en cualquier momento. ¿Cómo había sido tan tonta como para no darse cuenta de que él encontraría extraño que utilizase sus poderes cuando, supuestamente, aquello era una reunión que buscaba recuperar el tiempo perdido? Pero estaba demasiado enfadada, demasiado cansada de fingir. Su repentino regreso y la ausencia de Helenna la habían sacado de quicio hasta el punto de resultarle prácticamente imposible contener sus deseos de destruirles a ambos. A él, por existir. A ella, por marcharse sin avisar.

- ¿Y de verdad crees que este es el mejor lugar para establecer una nueva rutina? ¿Un teatro de una ciudad repugnante, con actores mediocres sin ningún talento interpretativo? Sinceramente, prefiero regresar a casa y follar y golpearnos hasta quedar exhaustos. Por lo menos podré dañarte sin cientos de ojos a mi alrededor, juzgando mi actitud. -Estaba claro que aquellas palabras le resultarían más normales viniendo de su parte al vampiro, que tratar de balbucear una disculpa que jamás sentiría. Aunque a lo que no supo bien cómo responder era a sus siguientes preguntas. Dijera lo que dijese, notaría casi instantáneamente que estaba mintiendo. La conocía demasiado bien. Casi tanto como ella a él. Bueno, o quizá no. Pero no iba a dejar que eso estropease su plan.

- No sabía que necesitara pedir permiso para utilizar mis habilidades. Tampoco recuerdo haberte dado permiso yo a ti para entrar en mi cabeza, y no es la primera vez que has intentado hacerlo. -La vampiresa apartó de un manotazo la mano de su creador. Su simple tacto le producía rechazo. Y tras dirigirle una mirada de la que no pudo borrar el auténtico asco que le producía, se volteó para recostarse en la butaca y tratar de concentrarse aunque fuera mínimamente en la obra. Sería en el tercer acto cuando la verdadera función comenzaría. Muchos que aquellos vampiros que sabía que habían ido entrando en los últimos minutos les asaltarían. Ella se haría la sorprendida, diría que no sabía qué era lo que había pasado. Y cuando él se alterase por pensar que estaban fastidiando a quien era su mayor obsesión en el mundo, entonces ella daría el siguiente paso. Le ataría la soga al cuello. Y prendería la mecha de la revolución de los suyos.




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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Friðþjófr Yngvarr el Jue Dic 31, 2015 1:29 am

Una estridente carcajada se me escapa de entre los labios al escuchar sus palabras. Envenenadas. Lanzadas de forma directa, sin tapujos. Como auténticos dardos. La miro de reojo cuando aparta mi mano, y vuelvo a insistir, esta vez empleando bastante más fuerza que antes. De no ser su piel tan dura, muy probablemente le hubiera dejado marca. Pero ella está tan muerta como yo. Aunque desde luego, aparente estar bastante viva. - Di lo que quieras, amor, pero mientras más te resistes más me demuestras que esa chispa que quieres esconder sigue estando más que presente. La veo en tus ojos, en tus labios, que se entreabren cada vez que acerco los míos... No puedes negarlo para siempre, Ophelia. -La agarro por el cuello y termino de atraerla hasta mi. Atrapo sus labios, esos que provocaban mi locura antaño y que la siguen provocando ahora, y los muerdo, los saboreo, me pierdo en ellos y en los recuerdos que arrastran a mi memoria. Es extraño. Quizá incluso yo mismo sienta bastante más de lo que estoy dispuesto a reconocer. Claro que eso ella no debe saberlo. Nunca. Parecer débil ante tu progenie es un terrible error, y más si se trata de alguien como ella. Un ser que he creado a mi imagen y semejanza. No puedo confiar en que no vaya a utilizar esos pseudosentimientos en mi contra en algún momento de nuestra existencia juntos.

- Juzgas demasiado deprisa una obra que aún apenas ha comenzado. Quizá incluso nos sorprendamos y haya surgido algún nuevo talento en la ciudad en los últimos tiempos... -A medida que hablo me doy cuenta de que ni siquiera yo creo esas palabras. ¿Talento? ¿En París? ¿En el 1800? Desde luego no en lo que a teatro se refiere. De lo único que hay de calidad son prostitutas y bolsas de sangre. No, traerla al teatro definitivamente no ha sido mi idea más brillante, pero es el único lugar que me parece íntimo, y diferente al castillo que ahora compartimos. Nunca sale nada bueno de estar entre esas cuatro paredes, y mucho menos cuando la rabia que siente hacia mi es tan potente. Tan intensa. Tan evidente. Suelto el agarre y miro hacia el frente con cierta indiferencia. No tengo grandes expectativas respecto a la representación, pero sí sobre lo que puede depararnos. - Te recomiendo que te relajes, no necesito leer tus pensamientos para notar tu tensión. Ni siquiera necesito tocarte. Tu sangre late en mis venas, igual que la mía lo hace en las tuyas. -Recordarle que me pertenece forma parte del trabajo de ser su creador. Analizo su reacción volviendo el rostro para mirarla de soslayo. Y lo que me encuentro no me tranquiliza, precisamente.

- La diferencia, cielo, es que yo no necesito permiso para bucear en tu cabeza, y tú, por el contrario, no puedes hacerlo en la mía. Sutil, aunque importante diferencia. ¿No crees? Además, estás muy equivocada si crees que nuestra relación se ha vuelto bidireccional precisamente ahora. -El "yo mando más" que siempre me recrimina, aquí está de nuevo. Me fastidia casi tanto como me gusta que me lleve la contraria, pero el hecho de que mezcle su furia con una impasibilidad que nunca antes he visto en ella, consigue que el humor se me vaya agriando poco a poco. - No, en serio, ¿qué demonios te ocurre? Te conozco demasiado bien como para reconocer cuando estás tramando algo que no quieres que yo sepa. La cuestión es, ¿por qué? ¿Qué podría ser tan grave? -Me giro para poder mirarla de frente. Sé que no puede mentirme a la cara. Es imposible. Yo siempre sé cuando Ophelia intenta ocultarme algo.


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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Vie Mar 04, 2016 9:34 pm

La sensación de perderse en un beso no es desconocida para nadie. O al menos, no debería. Sin embargo, ¿cuántas personas son capaz de explicarlo, sin titubear? ¿Y es acaso lo que ellos dicen cierto, más cierto que lo que otras personas experimentan? Cuando los fríos labios de Friðþjófr se toparon con los suyos, ardientes de expectación ante lo que estaba a punto de ocurrir, un escalofrío la recorrió de arriba abajo. Empezando por su rostro, que se encogió lentamente al mismo tiempo que sus lenguas se buscaban, se entrelazaban, disputando una lucha sin cuartel. Sus manos, antes únicamente deseosas de estrangularle, ahora se deslizaban por su cuello, arañando cada palmo de piel con que se topaban a su paso, para finalmente acabar enredándose en sus cabellos. Estaba a punto de orquestar la captura y probable asesinato de su creador y en aquel momento únicamente le interesaba atraerlo hacia ella. Otra contrariedad. No sabía si reírse de ella misma o clavarle un puñal a él en el pecho por hacerla sentir así.

- ¿Sabes lo que dicen? Que todos los grandes fuegos empiezan por una pequeña chispa, así que te aconsejo ir con cuidado, Friðþjófr, o las cosas pueden escaparse de tu control mucho más rápido de lo que imaginas. -Cuando finalmente recuperó el sentido, se alejó de él bruscamente. Si algo quedaba más que demostrado era que el magnetismo entre ambos le resultaba imposible de resistir. Lo cual la había llevado a aceptar que si quería ver al vampiro con una estaca en el pecho, debía encontrar a alguien que se la clavara. Porque no sabía si ella sería capaz. Probablemente pudiera mantenerlo durante años, siglos incluso, como una especie de esclavo al que torturar, pero pensar en asesinarlo con sus propias manos a pesar de resultarle una idea de lo más atractiva, sabía que no era lo que ocurriría. Si con sólo un beso era capaz de perder los estribos... La línea entre el odio y la pasión, entre el fuego y la más absoluta frialdad, se había ido difuminando con el tiempo. ¿Podía odiar y desear a partes iguales? Era evidente que sí. Pero el odio llevaba ganando la batalla desde hacía mucho más tiempo. Quería verle muerto. Y aunque el vínculo que compartían le impidiera matarlo ella misma, dicho vínculo desaparecería cuando dejara de "respirar". Y podría disfrutar finalmente de una eternidad sin recordarlo. Sin que irrumpiera en su vida sin avisar, destruyendo todo lo que ella había logrado construir.

- Piensas demasiado. ¿Acaso no es más sencillo considerar el hecho de que te odio como único motivo para estar descontenta? Irrumpes en mi vida, en mi casa, pretendiendo adueñarte de todo y, ¿para qué? Como si fueras a conseguir algo. Eres tú quien se engaña al pensar que todavía te tengo miedo, o respeto. No mereces ninguna de esas dos cosas. Eres una criatura como yo, movida por las ansias de poder y por el odio. Puedes decir tantas veces como quieras que soy tuya, que tú tienes algún tipo de poder sobre mi, pero la verdad es que ya no es así. -Me giro y clavo mi mirada en el escenario. Los actores parlotean y se movían intentando cautivar a un público que parecía sumido en un profundo sueño. Ni siquiera sabía cómo un teatro exclusivo para vampiros podía tener éxito. Muchos de ellos tenían cientos de años, y otros, incluso milenios. ¿Qué iban a ver que no hubieran visto antes? ¿Cómo iban a estar interesados una y otra vez por las mismas historias, por los mismos personajes? Desde luego, ella no lo estaba. El único acto que ansiaba ver era el del resto de sus aliados arrastrando a su creador por los pasillos.




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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Friðþjófr Yngvarr el Dom Mar 06, 2016 9:50 am

Por un momento no puedo evitar pensar que estamos hablando de cosas diferentes. Me la quedo mirando durante unos instantes, minutos tal vez, tratando de reconocer, prácticamente sin éxito, a aquella muchacha vivaz, sincera y desinhibida que fue alguna vez. La he moldeado de todas las formas posibles, hasta convertirla en este ser oscuro, lleno de maldad, que está sentado al lado de mi. Y eso me encanta. Mi sonrisa se ensancha al escucharla hablar, porque a pesar de que reconozco en sus palabras una amenaza implícita, no me importa lo más mínimo. Nuestro pasado siempre ha estado plagado de ellas, ¿por qué iba a esperar algo distinto en nuestro futuro? Es parte de su nuevo carácter. El sarcasmo que plagaba su forma de ser cuando todavía le quedaba humanidad se ha tornado en cinismo, en desprecio. ¡Encantador! Me recuesto en la butaca cuando, al fin, el diálogo que se desarrolla en el escenario comienza a resultarme familiar.

Hamlet, W. Shakespeare. Acto I, Escena V:
Hamlet: "¡Oh! ¡Si esta demasiado sólida masa de carne pudiera ablandarse y liquidarse, disuelta en lluvia de lágrimas! ¡O el Todopoderoso no asestara el cañón contra el homicida de sí mismo! ¡Oh! ¡Dios! ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Cuán fatigado ya de todo, juzgo molestos, insípidos y vanos los placeres del mundo! Nada, nada quiero de él, es un campo inculto y rudo, que sólo abunda en frutos groseros y amargos. ¡Que esto haya llegado a suceder a los dos meses que él ha muerto! No, ni tanto, aún no ha dos meses. Aquel excelente Rey, que fue comparado con este, como con un Sátiro, Hiperión; tan amante de mi madre, que ni a los aires celestes permitía llegar atrevidos a su rostro. ¡Oh! ¡Cielo y tierra! ¿Para qué conservo la memoria? Ella, que se le mostraba tan amorosa como si en la posesión hubieran crecido sus deseos. Y no obstante, en un mes... ¡Ah! no quisiera pensar en esto. ¡Fragilidad! ¡Tú tienes nombre de mujer! En el corto espacio de un mes y aún antes de romper los zapatos con que, semejante a Niobe, bañada en lágrimas, acompañó el cuerpo de mi triste padre... Sí, ella, ella misma. ¡Cielos! Una fiera, incapaz de razón y discurso, hubiera mostrado aflicción más durable. Se ha casado, en fin, con mi tío, hermano de mi padre; pero no más parecido a él que yo lo soy a Hércules. En un mes... enrojecidos aún los ojos con el pérfido llanto, se casó. ¡Ah! ¡Delincuente precipitación! ¡Ir a ocupar con tal diligencia un lecho incestuoso! Ni esto es bueno, ni puede producir bien. Pero, hazte pedazos corazón mío, que mi lengua debe reprimirse."

- Creo que de todos los Hamlet que he visto, a lo largo de mi historia, este es probablemente el menos llamativo. Quizá sea porque he oído tantas veces ese mismo monólogo que con el tiempo pierde interés. -No tiene tanto que ver con el talento interpretativo de los actores, que sin duda, es escaso, sino más bien con el hecho de que la primera Ophelia que pude apreciar en escena, y realmente disfrutar, es la que está sentada a mi lado. Al final la que tengo intención de que sea una noche normal de teatro, de disfrute mutuo de nuestra "relación", se convierte en una perfecta ironía. Me carcajeo mentalmente al imaginarme lo que diría si le mencionara en voz alta lo que estoy pensando. Ahora que está más tranquila, vuelvo a extender la mano y la entrelazo con la suya, ignorando su rechazo, su mal humor, y la sensación de que algo horrible está a punto de ocurrir. Después de todo, cuando estamos juntos, es evidente que nada bueno puede salir de eso. Y precisamente es este hecho lo que lo hace entretenido.

- Hablando de tomarse las cosas en serio, creo que ya es hora de que comiences a comprender que la mayoría de cosas que te digo tienen como único propósito tocarte las narices. Lo que ocurre es que con la edad te has vuelto mucho más susceptible. Lo comprendo. Hemos pasado mucho tiempo separados, por eso quiero recuperar lo que habíamos perdido. Además, si hay chispa, como tú dices, el fuego, la llama, no debe estar muy lejos. Cuando se trata de ti no me da miedo quemarme. -Quizá debería, sin embargo, puesto que otra característica que compartimos es la falta de remordimientos. Sé con total certeza que, de poder hacerlo, me clavaría una estaca allí mismo y ni siquiera parpadearía. Pero no puede. Una creación no puede volverse contra su creador. Al menos normalmente. No es que piense que lo nuestro sea del todo normal, pero el vínculo entre vampiros es difícil de traicionar. Aprieto su mano en una muestra de "cariño". Se me hace extraño intentar mostrarme cercano porque en el fondo, muy en el fondo, sé que algo falla. Aunque no sea capaz de identificar qué.


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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Mar Mayo 03, 2016 7:13 pm

Una sonrisa acudió a los labios de la inmortal al escuchar aquel ridículo monólogo acerca de recuperar el tiempo perdido y lo que un día tuvieron. No sólo sonaba ridículo, sino que además le parecía totalmente fuera de lugar, de contexto. Lo que ellos tuvieron, tenían, y probablemente siguieran teniendo hasta que uno de los dos tuviera la cabeza despegada del cuerpo, nunca había sido normal. Ni siquiera al principio. Especialmente, al principio. Él era un demonio de la noche y ella una joven tan llena de rabia como un animal salvaje. Él la rescató y le regaló una existencia que prometió como un regalo, pero que luego resultó ser una monótona tortura que se prolongaría por casi dos milenios de existencia. A punto estuvo de decir en voz alta que de qué coño estaba hablando, pero se mantuvo recta, fría, en la misma posición del principio, aunque aceptando, no sin fruncir el ceño, la mano que él le ofrecía. Que encima de aquel ridículo intento de ganársela utilizando la retórica -algo que era evidente que no funcionaría, ella misma utilizaba la retórica para encandilar a otros-, hubiera escogido Hamlet precisamente, hizo que lo que antes era una sonrisa sarcástica, se tornase en una carcajada más parecida a un gruñido que otra cosa.

- ¿A cuántas Ophelias más necesitas ver en escena para darte cuenta de que soy la definitiva? -Arrastró las palabras con cuidado, intentando que su tono pareciera más suave de lo que realmente quería. Evidentemente, no se refería al amor, o al vínculo, o lo que demonios fuera que tenían entre ellos. Con definitiva se refería a algo mucho más literal. Como que no conocería ninguna otra Ophelia después de aquella noche, y si sus planes salían tal y como deseaba. - Por favor, te rogaría que dejaras de decir sandeces si no quieres que vomite a ese granjero que tomé como tentempié sobre el resto de espectadores. -La frialdad se volvió a apoderar de su tono, aunque aquella sensación de excitación, de triunfo prematuro, permaneció durante mucho más rato en su mente, motivo por el cual hizo un esfuerzo extra para mantener sus pensamientos fuera del alcance de su creador. No se perdonaría que un simple descuido echase a perder todas aquellas noches de planear, todas aquellas décadas de decisiones. Ahora, al fin, el final de aquel ser que había destruido su existencia misma estaba cerca. Ahora, sabía que podría soportar la ruptura de ese vínculo "místico". Ahora, se sabía lo bastante fuerte para reponerse a su pérdida. Y en parte se lo debía a él. Si el odio ya había crecido bastante en su interior durante casi dos milenios, el hecho de que destruyera a su Helenna no había hecho más indicarle que era el momento.

- Después de todo este tiempo, aún no has entendido que no es buena idea subestimarme. No creo que arder te resultara tan divertido si realmente ocurriera. Tampoco a mi. Así que dejemos las chispas para otro momento... -Apartó la mano con brusquedad, centrando la vista en el escenario. Ver el ir y venir de los actores, caminando con paso lento y artificioso, por un momento despertó en ella la sensación de nostalgia. Ella una vez se encargó de representar obras para rufianes que ningún interés tenían en la historia, sino en observar a las actrices y decidir cuál de ellas preferían llevarse a sus aposentos. No es que echara de menos esa parte, después de todo, a causa de eso mismo nunca logró tener fama. Las muchachas que se vendían conseguían escalar en fama, en riquezas. Las que, como ella, se rebelaban contra esa norma, permanecían en la miseria. Y en la misera es donde él la encontró. Y en aquella época, cuando estaba a punto de despertar a esa nueva forma de vida que él le prometía, lo recibió como un regalo, como una nueva oportunidad. Probablemente los dos estaban equivocados. La humanidad es algo frágil, algo que si no se alimenta, termina por perderse. Aunque Ophelia no quisiera reconocerlo, algunas emociones y sentimientos permanecían. La cuestión es que sólo lo hacían aquellas peligrosas, destructivas, y por supuesto estaban moldeadas, retorcidas, degradadas a su más terrible exponente. El dolor, el cansancio, y sobre todo, la ira, no son los mejores consejeros, al parecer. - Va a ser una noche larga... -Y sobre todo, intensa. Pronto, muy pronto, ambos lo verían.




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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Friðþjófr Yngvarr el Dom Ago 28, 2016 9:21 pm

Por todos es bien sabido que mi paciencia es bastante escasa y más cuando comienzo a ser consciente de que me están tomando el pelo. Probablemente, no, claramente, si la persona ante mi no fuera Ophelia la situación sería completamente distinta. Mucho más sangrienta y con bastantes más insultos de por medio. Pero ella es mi debilidad. Siempre lo ha sido, y ambos lo sabemos. Y hoy, por primera vez, este hecho me hace sentir francamente intranquilo. Porque una vocecita en el fondo de mi mente hace saltar todas las alarmas. Mi propia voz. La del demonio que ahora mismo está bajo llave, que gritando a pleno pulmón, me está avisando de que algo está apunto de ocurrir. La situación apesta. Nada está bien. Y qué narices hacemos ella y yo en el teatro si para odiarnos y poseernos mutuamente sólo necesitamos una habitación, y no tantos testigos con caras difuminadas por la oscuridad. Una sonrisa macabra surge en mis labios sin previo aviso, seguida por una carcajada seca y sarcástica, y me giro de forma brusca y repentina, para mover el asiento de mi amante de un fuerte tirón inmediatamente después.

- ¿Sabes por qué el mundo no está hecho para los débiles? -Suelto de pronto, sin darle realmente tiempo a reponerse antes de volver a hablar. - Porque solamente los fuertes son capaces de ver las mentiras antes de que éstas sean dichas en voz alta o aparezcan ante sus narices. Te miro y pienso, ¿por qué dice querer estar aquí cuando ambos sabemos que no es cierto? Tu boca escupe que lo intentas, pero tus ojos gritan con el odio y el fuego que ambos compartimos. Los fuertes tenemos una ventaja, amada mía, nunca lo olvides, y es que como siempre somos capaces de adelantarnos a los sucesos es difícil saber qué as tenemos escondido bajo la manga. -Me acerco a su rostro lentamente, como queriendo que mis palabras calen hondo tal para dejar una huella permanente en en su alma. Y luego, robo un beso a esos labios del color de la sangre, y me sabe a traición. Otra sonrisa escapa sin permiso, y mis ojos se quedan congelados en sus hermosas orbes.

- Ignoro lo que tramas, pero no te confíes. A veces los planes se tuercen y el que intentaba dar un golpe termina realmente golpeado, siendo la víctima inicial el último ganador. Te dejaré hacer lo que sea que estés haciendo, simplemente porque me ha picado la curiosidad. Pero mírame bien, Ophelia, porque sin importar lo que hagas, lo que intentes, lo que planees, al convertirte la única promesa que te hice que planeaba cumplir, fue esta: “cuando nuestro fin llegue, pasaremos a la historia, y nos convertiremos en polvo. Juntos. . Tu existencia, sin la mía, no es posible. Yo te creé. Yo te he moldeado. Eres lo que eres, y quien eres, por y para mi. Cualquier otra cosa que pienses es una mentira que tú misma te has contado. Eres y serás mía. Ese siempre ha sido tu destino. -Tras decir estas últimas palabras, tomo su rostro con más fuerza de la que necesito, para envolverla en un beso lento, invasivo, pero extrañamente dulce. Mi Judas particular se merece lo mejor, después de todo.



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Re: Revenge I ~ {La petite mort}

Mensaje por Ophelia M. Haborym el Mar Oct 11, 2016 3:03 pm

Las cenizas a las cenizas. El polvo al polvo. Los traidores y los mentirosos, al final, siempre acaban ardiendo juntos. Eso era lo que su creador, su amante, su enemigo, estaba queriendo decirle, algo que le había dicho antes cientos de veces, y que por alguna razón, aquella noche tuvo sentido por primera vez. Ella, que planeaba darle el golpe definitivo, arrancarle aquel corazón muerto para deshacerse para siempre de su recuerdo: la traidora. Él, demonio inmortal de mil caras, indómito, imparable: el maestro de las mentiras. Ambos estaban bailando una danza peligrosa, una danza que se estaba desarrollando en el filo de una minúscula espada. Y el abismo bajo sus pies parecía llamarlos a ambos. Quien cayese primero no importaba, porque el otro lo seguiría inmediatamente después. El equilibrio que era la existencia de ambos, el odio y el deseo que los movía, era lo único que los mantenía en pie. Pero ese supuesto equilibrio se rompería en cuanto uno de los dos dejara de estar ahí. Al final, era lo mismo que decir que la progenie no podía sobrevivir mucho tiempo sin la presencia de su maestro. Algo que ella había temido durante siglos, pero que al final había decidido no creer. Algo que probarían en cuanto aquella noche acabara. Una farsa que ella se había prometido desenmascarar. Pero... los ojos de aquel ser, acechantes, miraron en su interior, y la revolvieron, haciéndola dudar. No fue menos de un segundo, pero causó que sus nervios se desbocaran, y la fachada terminara por quebrarse del todo. Y es que el odio que sentía por él hacía repulsiva la simple idea de necesitarlo, por más que ella misma reconociera que parte de eso era verdad.

Quizá no le importaba caer, después de todo. Seguirlo en su muerte. Quizá lo que necesitaba era destruirlo sin importar cómo, y sin molestarse en pensar en qué sería de ella después. Era venganza. Era justicia. Recibiría la muerte gustosamente si antes de eso fuese capaz de verlo convertido en polvo a él, por sus propias manos. - Puedes acusarme de ser una mentirosa, pero creo que te equivocas en pensar en mi como a una criatura débil... Tienes razón. Tú me has hecho como soy; si no tú directamente, las acciones que has llevado a cabo, todo aquello que has hecho para mi, y en mi contra, han servido para moldear mi carácter. Pero partiendo de que mi base no era la de una mujer débil, ¿acaso crees que ahora, que finalmente soy como tú, he retrocedido? No... Tu peor error ha sido y será siempre que me infravaloras. O peor, que te crees mucho mejor de lo que realmente eres. Algún día te darás cuenta del grave error que estás cometiendo, elskling*, aunque puede que ese día ya sea demasiado tarde... -La amenaza velada de sus palabras, se hizo prácticamente física cuando aceptó el beso que su creador forzó sobre ella. Lo recibió con rabia, mordiendo, saboreando, recreándose en el sabor de aquella sangre maldita, que le había dado la vida a cambio de destruir todo lo demás.

- No te olvides de que, siendo cierto que yo te pertenezco, eso implica que tú también me perteneces a mi... Y supongo que nunca planeaste eso. Estoy segura de que jamás te planteaste lo que ocurriría cuando el sujeto de tus torturas, de tus idas y venidas, de tu fuego, el fruto de tu propia sangre, decidiera que está cansado de ti. Que ya no eres suficiente, o que eres demasiado, o que simplemente, ya no quiere ser de tu propiedad. ¿Un amo es un amo, cuando ya no tiene ningún esclavo que le sirva? ¿Un maestro es un maestro, cuando su aprendiz ya lo ha superado con creces? No serás nada. Ni siquiera polvo... -Una sonrisa vacía se instaló en su semblante, y esta vez fue ella misma quien inició un acercamiento para sellar sus labios nuevamente. - Cuando ya no seas nada, ¿quién llorará por tu ausencia? ¿Quién te echará de menos? Tu existencia no habrá valido para nada, y te arrepentirás de no haber aprovechado lo que tuviste cuando aún seguías siendo alguien. -Tras decir aquello, sacó un puñal del interior de su vestido, un puñal que él le regalara años atrás... Un puñal bañado en agua bendita, que clavó sobre su vientre con toda la fuerza que fue capaz de encontrar. Esa era la señal para el resto de sus aliados. El momento había llegado.


*"Darling"




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