Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Lugalzagesi, emperador de Sumeria.

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Lugalzagesi, emperador de Sumeria.

Mensaje por Lagash el Mar Feb 17, 2015 12:05 pm



Lugalzagesi




NOMBRE


Demasiados a lo largo del tiempo.
Con saber el primero y el último
es suficiente: Lugalzagesi, en los
tiempos de Sumeria, la antigua
Mesopotamia; y Lagash, como se
hace conocer actualmente, en
honor a la antiquísima ciudad,
la cual conquistó y de la cual partió
para construir su imperio.


EDAD

34 años aparentes, 5000
años reales -aproximadamente,
tras tantos siglos transcurridos es
complicado llevar la cuenta-.



CLASE SOCIAL/CARGO

Clase baja. Ensil de Enlil,
gobernador de Utu, sacerdote de Anu...
Infinidad de títulos autoimpuestos
cuando aún era humano, y muchos
más a lo largo de la Historia -con
mayúsculas-. Aún hoy en día se
presenta con ellos, aunque no
signifiquen nada para nadie -a
excepción de él mismo-.





ESPECIE


Lo que en la actualidad se conoce
como vampiro, en sus tiempos, un Dios.



LUGAR DE ORIGEN

Umma, ciudad de la desaparecida
Sumeria; Imperio Otomano
en el siglo XVIII -Irak en la actualidad-.




ORIENTACIÓN SEXUAL

5000 años es muchísimo tiempo. El sexo
no tiene misterio alguno para Lagash, ya ha
follado -hablando en claro- lo suficiente en
todo este tiempo. Con lo que fuera. Por
determinados actos en el pasado, solo
llega a sentir placer si hay sangre de por
medio. Por otro lado, en muy pocas
ocasiones acepta irse a la alcoba con alguien.
Y si acepta, suele ser con alguien del pasado
-alguien en concreto, qué diablos-.
En resumen: sádico asexual con matices.
Si es que eso existe...




Psicología

Si es imposible resumir en pocas palabras la mente de un humano normal y corriente, aún más complicado es la de un vampiro que ha vivido siglos y siglos. Pero venga, vamos a intentarlo.

El señor Lagash ha tenido demasiadas vidas. Y en cada una de estas vidas su personalidad ha cambiado por completo. ¿El motivo? Complicado de explicar. Cada periodo en la Historia tiene sus costumbres, sus creencias, sus propias vivencias. Y para sobrevivir no queda otra que adaptarse, transformarse en otra persona para vivir oculto entre las sombras, sin ser del todo descubierto, pero sí reconocido ante la inocente mirada de los mortales -o los vampiros jóvenes, tan ignorantes como cualquier humano-.

Así que vamos a centrarnos en tres periodos de su propia historia -la de Lagash, no la perteneciente a la humanidad-.



En tiempos de Sumeria él era un hombre de fuerte carácter, después de todo había sido educado en una noble familia con gran poder dentro del ejército. Fue entrenado en el glorioso arte de la guerra -¿glorioso? ¿Desde cuándo la guerra ha sido gloriosa?-. Y esto marcó su personalidad, su forma de enfrentarse a lo que le rodeaba. Fue cruel con sus enemigos, y un santo con su familia y sus aliados. El prototipo de guerrero, del rey todopoderoso; soñando noche y día con su magnificencia. Creyente hasta la médula en los antiguos dioses, pensando siempre en qué conquistar, en cómo conquistar y contra quién combatir para, literalmente, ser el rey del mundo.



Tras su conversión su forma de ser mutó. Ya nada quedaba de aquel emperador, y la locura poco a poco se expandió por todo su cuerpo, germinando en lo más profundo de su ser. Se creyó un dios, para acabar dándose cuenta de que su vampirismo -cuando aún ni siquiera existía este término- no le hacía tan diferente a los humanos de los cuáles tenía que alimentarse. Seguía habiendo humanidad en él -y todavía la hay-. Se transformó en alguien temeroso, desconfiado, en un niño con mil años de edad.

Y el tiempo, imparable, se sucedía. Aunque no para Lagash. El mundo cambiaba, y él seguía inalterable. Su cabello, tal vez, peinado de una forma diferente. Los ropajes necesarios según qué siglo, el habla propia del periodo histórico. Mas, sus recuerdos ahí siguen, sus vivencias, cada rostro importante a lo largo de su eterna vida. La caída del Imperio romano, la oscura Edad Media, el descubrimiento de América, los soñadores años del Renacimiento, el periodo Edo en Japón -no todo se reduce a Europa-... siempre mudando de piel, siempre cambiando. Hasta hoy, hasta el siglo del exceso, de los colores, de lo hortera y el rococó, el siglo de la Revolución -algo que Lagash conoce de primera mano-.

Su locura inicial ha llegado hasta límites insospechados. No es extraño escucharle hablar de reyes ya muertos,  verle tan confundido que cree estar viviendo en la España del feudalismo. Como ya se ha mencionado, 5000 años es muchísimo tiempo, y no podemos olvidarnos de algo importante: son vampiros, pero antes fueron humanos. Su mente envejece en espíritu, como si se tratara de un anciano con demencia senil, atrapando los pequeños momentos de lucidez.

Su comportamiento es histriónico, extraño. Impredecible es la palabra perfecta para describirlo. Es imposible saber qué hará, o en qué piensa -¿cómo se puede saber? Tal vez está pensando en que le apetece un buen plátano, sin juego de palabras, o en aquella linda muchachita que conoció en su viaje hacia China, haciéndose pasar por un comerciante de seda salvaje-.

Renovarse o morir, que se suele decir. Lagash ya no es Lugalzagesi. Pero su esencia persiste en su interior. No es capaz de olvidarse de quién fue, y de lo que tuvo.

Ahora, en el siglo XVIII, ha resucitado tras un largo letargo. París ya no es como lo recordaba -ni París, ni Europa, ni el mundo en general-. No entiende ni la mitad de las cosas que le rodean, y por desgracia su mente está repleta de conocimientos ahora inútiles -¿de qué le sirve hablar griego antiguo? ¿Saber confeccionar un kimono de vivos colores? ¿O tocar aquel instrumento, cómo se llamaba... cornamusa, puede ser?-. Necesita ayuda, vuelve a verse como un ingenuo niño con siglos de edad. Como aquel emperador arrojado hacia su propio pueblo, quiénes le escupían para mostrar su desprecio hacia él. Vuelve a ser vulnerable, y su eternidad de poco le sirve. Le atormenta el hecho de no ser conocido, de no ser absolutamente nadie.

Cinco mil años, y está solo. No obstante, Lagash siempre se supera a sí mismo. La palabra rendirse no entra en su vocabulario particular -aunque sí en la infinidad de idiomas que conoce y es capaz de hablar a la perfección-. Le encanta vivir estando muerto. Adora ser inmortal, y fantasea con vivir hasta que el mundo decida morir. La incertidumbre le seduce, y el desconocimiento es su amante favorita.



Habilidades:


-Sanación acelerada.
-Percepción del aura.
-Bloqueo mental.
-Telepatía.
-Clarividencia.



Descripción física

Debido a su condición de vampiro, sus rasgos se mantienen exactamente iguales a lo largo del tiempo. Lo único que ha cambiado ha sido su mirada, desde sus iniciales ojos cándidos a los actuales, donde su locura es más que notable.

Cuando todavía se mantenía el imperio de Sumeria, su mirada estaba llena de orgullo, de ambición y ansia de poder. Sus ropajes solían ser oscuros, largos y cubriendo todo su cuerpo -siempre salvaguardándose del insoportable calor, y del astro rey-.


Los atuendos siempre propios de la época que le correspondía. Largas capas, sombreros de copa y de ala ancha... Mil disfraces, mil personalidades, pero siempre manteniendo su yo -si eso es posible-.

Ahora, en el siglo XVIII, ata su cabello en una pequeña coleta. Su mirada ha perdido la furia de sus inicios, y no es extraño percatarse de lo perdido que está con tan solo observarle, vagabundeando en a saber qué. Se ha enamorado de los coloridos ropajes, a pesar de no saber ni siquiera conjuntarlos. Ha robado bastantes trajes y sombreros procedentes de países lejanos, tejidos exóticos traídos desde sus tierras de origen, Oriente Medio. De vez en cuando se maquilla, siguiendo la moda de la época -lo vio a determinadas personas en la calle, y le gustó. Sin embargo, no sabe cómo hacerlo correctamente.  No es raro verle aunque sea con los ojos únicamente con una sombra negra, como cuando no era más que un hombre-.


En definitiva, nunca ha destacado por su apariencia. No es un hombre en sí atractivo, pero tampoco un adefesio. Es fácil olvidarse de su rostro al cruzarse con él en la ciudad de la luz, o ni siquiera fijarse en su persona. Una vaga ilusión, lo que ha sido desde siempre.





Historia

Aquel que vio todo hasta los confines de la Tierra, que todas las cosas experimentó, consideró todo...

La Epopeya de Gilgamesh.

Prefacio:


En 1800 nadie sabía acerca de los sumerios. Nadie, a excepción de aquellos que han vivido siglos suficientes para haber conocido la civilización perdida. Aún faltaban más de setenta años para que fueran descubiertos, en 1877. Fantasmas de un pasado demasiado lejano, brochazos invisibles. Ruinas pisoteadas. Lagash es uno de los olvidados; el que fuera dueño del mundo conocido, convertido en insignificante polvo. Pisoteado como las ruinas de lo que consideró su hogar, su reino. Pisoteado por la historia y el avance.

Sumeria fue una región de la arcaica Mesopotamia. Considerada la primera y más antigua de todas. Sus costumbres, su población; su historia en definitiva es casi desconocida. Ni siquiera se sabe de dónde procedieron. Poco se sabe de ellos, sobre todo debido a la lejanía de sus días. Allí, en Oriente Próximo, comenzó todo. Se crearon las primeras ciudades, aparecieron los primeros reyes, emperadores... dictaduras y supuestas democracias. Entre ellos Lugalzagesi.

Su infancia es desconocida. Solo él sabe como creció, como sobrevivió en aquellos convulsos tiempos, cuando el mundo era un continuo campo de batalla -de hecho, tras tantos años, sus memorias  son un auténtico laberinto, es incapaz de reconocer lo que fue real y lo que fue soñado-. Jamás ha hablado con nadie acerca de sus primeras vivencias, y de alguna forma él mismo ha procurado salvaguardar aquellos días en lo más recóndito de su mente. No le es agradable revivir su humanidad, lo considera su otra vida, y el haber sido convertido, su renacimiento. Dicho esto, pasaremos a relatar su ascenso al poder, el por qué su nombre ha pasado a la Historia -al menos en la actualidad; como ya se ha indicado, en el XVIII sus hazañas eran desconocidas, algo que provoca un terrible cabreo en el que fuera un gran emperador-.


Capítulo I - Tiempos de caos:


Hasta su llegada al trono, Sumeria vivía sumida en eternas guerras civiles. Todos los pueblos, luchaban entre sí para conquistar nuevos territorios, avanzando en un mundo completamente desconocido. Las fronteras eran casi inexistentes, pero el universo de la población se concentraba en aquella región histórica de Oriente Medio. Centenares de ciudades-estado combatiendo por la hegemonía de la Tierra. Y ahí entra en juego el interminable enfrentamiento entre dos de las ciudades más importantes, Lagash y Umma. Por aquel entonces, cuando Lugalzagesi no era más que un chaval, Umma vivía sometida por Lagash, ya que cuando el rey Eannatum conquistó ésta, convirtió a la ciudad de Lugalzagesi en tributo de la cuál ahora lleva su nombre. Todos los ciudadanos debían pagar cierta cantidad de grano, tesoros para los dioses. El joven creció viendo como su ciudad no poseía la hegemonía que él creía correspondiente, y como muchos de los ciudadanos de Umma, se unió a las revueltas que poco a poco se iban propagando por la Sumeria de los estados. Su entrada en el ejército no fue sorprendente, teniendo en cuenta sus aspiraciones. Escaló rápidamente, gracias a su inteligencia y a su buen hacer como estratega. Ya había dejado de ser un crío, para convertirse en un hombre.

Urukagina fue un buen rey, descendiente de Eannatum. Acabó con el poder de sus antecesores, otorgando más derechos a los ciudadanos. Abolió los altos impuestos, y dejó libres las tierras que pertenecían a los dioses, las cuáles el gobierno había tomado anteriormente como propias. No obstante, la ciudad de Lagash seguía siendo todopoderosa, y Umma vivía a su sombra, al igual que todos sus habitantes. Las revueltas y las guerras civiles parecían no tener fin, y es entonces cuando Lugalzagesi ascendió de una forma increíble, acabando con la monarquía de entonces, junto a su imparable ejército. La mencionada hegemonía de Lagash había acabado, y Lugalzagesi la incluyó en su patrimonio particular. Sin descanso o pausa alguna, sus pasos le guiaron hacia más y más urbes, poseyendo todas aquellas ciudades que aparecían en el mapa de sus conquistas. ¿Su propósito? Crear un Imperio,  el primero en Sumeria, terminando con la tradición de las ciudades-estado. Había reunido Mesopotamia en sus manos, y él creía que conocía dicho territorio como la palma de éstas.



Seamos sinceros, a veces los propósitos que nos proponemos -valga la redundancia- son inalcanzables, y ni siquiera nos planteamos la posibilidad de que son irrealizables. Eso le sucedió a Lugalzagesi. En cuanto ocupó el trono de Sumeria, y libró a su ciudad, Umma, de la presión de Lagash, contrajo matrimonio con una hermosa mujer, princesa de otra ciudad cercana -la cual había conquistado. A la ciudad, claro. El matrimonio entre ambos fue concertado, aunque el amor entre ellos no tardó en surgir-. Vivieron felices en su poder y riqueza, a pesar de las continúas guerras. Tuvieron cinco hijos, tres niñas y dos niños. Nuestro vampiro jamás fue un buen padre con ellos, aunque sí los colmó de atenciones, dándoles todo lo que le pidieran. Su familia se anteponía incluso al imperio que pretendía construir... si no fuera por otro hombre tan ansioso  de cambios- como cuando Lugalzagesi era un joven guerrero en el ejército-. Aquel hombre no era otro que Sargón el Grande.

De la misma forma que Lugalzagesi usurpó el trono a un monarca legítimo, Sargón le despojó de su poder, de todos sus privilegios. Tras 34 batallas y 3 asedios, derrotó al incipiente imperio sumerio, acabando así con la hegemonía de Lugalzagesi.

Los sumerios, acostumbrados a la lucha cuerpo a cuerpo -con espadas, lanzas y escudos- no pudieron hacer frente a los poderosos arcos de los semitas -etnia a la que pertenecía Sargón-, que además estaban mejor entrenados y tenían mejores carros de batalla. Fue su fin, siendo derrotado por más de 5000 hombres.

Sus consejeros, los sacerdotes a su servicio y todos aquellos que le apoyaron, fueron ejecutados públicamente. Ni siquiera su familia se libró. Su mujer y sus hijos fueron asesinados en la ciudad que vio nacer al antes rey, en Umma. Miles de personas vieron como se les decapitaba, incluido Lugalzagesi -quien ha intentando borrar por todos los medios esa imagen de su cabeza. Más de cincuenta siglos y aún es capaz de escuchar los desgarradores gritos de auxilio, las miradas de socorro que le lanzaban su familia. Sus hijos y su mujer cayendo, inertes, sobre la arena de aquel desierto-. La suerte del sumerio no fue mucho mejor. Su destino era morir como un vulgar preso en el templo del dios Enlil -el dios del cielo, del viento, las tempestades y la respiración-; atado a un poste para que así todos los transeúntes pudieran escupirle, mostrando su desprecio hacia su persona. ¿Quiénes eran estos transeúntes? Su pueblo, los sumerios. Habían cedido ante un impostor, ante un extranjero de pueblos nómadas... y él lo había perdido absolutamente todo.


Capítulo II - Un nuevo renacer, un nuevo Dios:


Lo peor de su encierro, de estar atado, condenado a morir sin apenas moverse -¿os suena esto? No sería la primera vez que un autoproclamado emperador ve su muerte cercana, ante los ojos del resto, atrapado en un poste de madera. El rey de los sumerios, como el posterior rey de los judíos-, era el hecho de poder pensar, recreándose cual masoquista en lo que acababa de contemplar -su familia asesinada, sus criados, soldados y sacerdotes hechos presos, los ciudadanos que le apoyaban ejecutados, los templos construidos bajo sus órdenes hechos cenizas-; no lo era la soledad, ni el dolor, ni el insufrible calor que le atormentaba, ni las frías noches entre las dunas de un desierto como aquel.

Los seguidores del nuevo monarca, siguiendo sus mandatos, le obligaban a beber. Así, sobrevivía durante más días, prolongando aquella terrible tortura. Por lo demás, no comía, no podía moverse, no dormía. Los únicos momentos de descanso era cuando su cuerpo gritaba casi sin voz, suplicando para que el señor de los muertos, Nergal, acudiera en su búsqueda, llevándoselo por fin al Inframundo; abrazando al fin, la muerte.

No obstante, el dios que decidió visitar a Lugalzagesi no fue Nergal, tampoco el dueño del sol, Shamash -ese sol que amenazaba con acabar con su persona, rayos atravesando su cuerpo como si de espadas se trataran-, también dios de la justicia, esa justicia que parecía no existir para el emperador derrocado. En la noche, cuando sus últimos suspiros apenas eran apreciables, cuando sus párpados le pesaban casi más que todo su cuerpo, cuando ya había decidido dejar de luchar, el padre de la muerte, el progenitor de Nergal, se alzó ante él: Enlil, el dios de los dioses. Después de todo, era preso en su templo. Había rezado por él, había gritado su nombre, suplicando por la última ayuda, por la última oportunidad -la muerte es un nuevo renacer, sin embargo, ¿qué ser humano no la teme, independientemente de a qué época pertenezca?-. El dios, el primero de todos, el dueño de la humanidad, de todo lo que habitaba en el mundo... decidió dejarse ver antes de que el pobre Lugalzagesi abandonara su propio cuerpo. Las súplicas habían sido escuchadas, y cuando creía que ya no había salvación alguna, un milagro se sucedió.

¿Qué recuerda de aquella noche? Poco.  El sabor de una sangre ajena -la suya propia ya la había probado en más de una ocasión, en aquellas batallas donde los golpes y las roturas de mandíbula eran más que habituales-; el beso -finalmente- que le devolvería a la vida -a la oscuridad-. El rostro angelical de un hombre que parecía abrirse paso entre la maldad de la humanidad, únicamente, para encontrarse con el moribundo Lugalzagesi. Y así fue. Despertó, despertó en lo que le era una nueva piel, nuevas sensaciones antes inimaginables aparecían ante sus ojos. Unos ojos que notaba, incluso, diferentes. Nada volvería a ser igual, nunca jamás.

Lugalzagesi no era más que un simple hombre antes de la conversión, criado y crecido en Sumeria. Creía y adoraba a los dioses, y nunca se planteó la posibilidad de que no fueran reales -en aquel mundo había que explicar de alguna forma el porqué de las cosas, ¿cómo? Fácil, por medio de deidades-. El dios Enlil le había escogido, y el pasado rey se creía único en el universo, digno del mayor don de todos: la vida eterna. ¿Y quién es inmortal, quiénes? Los dioses. Lugalzageshi, el compañero del Dios. Y fue entonces cuando adoptó un nuevo nombre -nombre que no ha vuelto a pronunciar en los años venideros-.

En Sumeria abundaban diferentes tribus nómadas, y cada una de éstas poseía sus propias costumbres, religiones y sociedades. Una de ellas, los amorreos -conocidos entre los sumerios como los martu-.  Vagaban por las tierras, en búsqueda de prosperidad.

El supuesto Enlil, y el nuevo convertido se unieron a ellos. Pero no de la forma convencional. Ambos, se convirtieron en los dioses de esa extensa tribu. Ellos les adoraban, ellos les agasajaban a ofrendas. Ambos, Enlil y Lugalzagesi, se convirtieron literalmente en dos dioses, observando desde lo alto como los mortales rezaban por ellos y les temían.

Fue entonces cuando el sumerio se hundió en una espiral de la que difícilmente podía salir -orgías, sangre, dolor, cánticos...-. Su mente manipulada por su salvador, su mente vagando sin una trayectoria fija. La época más borrosa de su historia, donde la realidad se entremezcla con la fantasía. El comienzo de su parafilia, en lo referente  a la sangre.

Empero, los humanos no son tan estúpidos como el falso dios creía. Los sacrificios no eran suficientes para él, de modo que en esta tribu comenzaron a aparecer jóvenes muertos, con una mordedura en su cuello. No tardaron en culpar -con razón- a los dos demonios.

La primera vez que Lugalzagesi vio a un vampiro quemarse bajo la luz del sol. Desintegrándose, su piel convertida en cenizas, en un líquido espeso. Su belleza y su fuerza había desaparecido, y los restos fueron pisoteados por todos los amarreos.

El pasado rey consiguió huir, no sin antes ser prevenido por las palabras de un viejo sacerdote, quien rogó por la vida de éstos dos -inmortales, ¿qué secretos salvaguardaban en sus eternas mentes?-. Aquel farsante era incluso anterior a los dioses, a las religiones. Había visto lo que ningún otro ser vivo; y su misión era trasmitir una enfermedad. ¿Qué significaba esto? Que Lugalzagesi volvía a estar solo, que en toda su vida había dado los pasos incorrectos. No era ningún dios, simplemente era un hombre encadenado -como en aquel templo, como en aquel poste- a la perpetua vida.

Y, los siguientes siglos, las posteriores conquistas... las pasó siendo un fantasma. Un alma en pena, regodeándose en su autocompasión, dándose cuenta de todo lo que había perdido, y lo que no recuperaría jamás.



Capítulo III - Señor del Tiempo:


Los años se sucedieron, y las épocas también. Sumeria dejó de existir y Mesopotamia era la nueva cumbre del saber; más siglos y los griegos formaron lo que se conocía como la sociedad perfecta, artífices de la democracia. Y Lugalzagesi, solo, vagando por los caminos de lo desconocido; comprendiendo el hecho de que nada dura para siempre, todo se esfuma, todo desaparece. En aquella sociedad, en la antigua Grecia, fue cuando conoció a dos vampiros que se hacían llamar Helios y Selene; dos hermanos separados por el sol y la noche, uno mortal y otro inmortal. Ellos le enseñaron todo lo que necesitaba saber -al menos por aquel entonces-. No era un dios, y nunca lo sería. Lo suyo era la evolución, pero también una condena -aunque Lagash nunca lo ha visto como tal-. No salir a la luz del día, disimular, ser uno más, pasar inadvertido. Miles de consejos, miles de enseñanzas, hasta que aquellos caminos de lo desconocido les llevaron a mundos diferentes -la guerra de Troya y aquella noche furtiva con Patroclo, el amante de Aquiles. Consejero de Alejandro Magno en la oscuridad, amigo del alma de Hefestión... centenares de mortales, centenares de reyes; y Lagash siempre cerca-.

Roma, imparable por todo el Mediterráneo. Roma, otro imperio más; más conquistas, más guerras. Lagash no tardó en acercarse a las altas esferas de esta sociedad, ya cuando Grecia entraba en su decadencia. La envidia, la frustración de ver como los emperadores que nacían en esta sociedad sí eran adorados como dioses, cómo a pesar de sus atroces actos eran recordados; le llevaron a ser en estos años un ser despreciable, tejiendo invisibles telarañas, incapaces de ser vistas por meros humanos -23 puñaladas a César, una de él mismo; un sacerdote impostor aconsejando a Nerón quemar la gloriosa ciudad, el epicentro de todo..; susurrando al oído a Herodes, a Pilatos, el fin del otro que se hacía llamar... rey. Él, Lugalzagesi, había sido el rey del mundo civilizado, ¿y su nombre había sido perdido? Lugalzagesi ya no existía cuando la ignorancia se adueñó de Europa-.

La oscura Edad Media; aprovechándose de los inocentes para amansar una fortuna incapaz de ser contada -incluso para alguien como él, un inmortal. Demasiados años contando todas las monedas de oro-. Viajes a ciudades lejanas, más cercanía a las realezas,  a las nuevas religiones que brotaban para dar un significado a lo desconocido. Lo desconocido, eso era para Lagash cada ciudad nacida a través de otra -Al Andalus, todo tan parecido, de alguna forma, a lo que él había sido en vida... Hombres y mujeres surgidos en lo que hacía tanto tiempo había sido Sumeria. Las cruzadas y su lucha a favor de los árabes, de aquella cultura de la cual quedó prendado-. Incluso, como anécdota, se puede decir que fue un fiel amigo del Inquisidor General de España, Tomás de Torquemeda, cuando la Inquisición real se impuso en la península ibérica.

El Renacimiento llamaba a las puertas de la Historia, y la humanidad le recibió con los brazos abiertos. Lagash, por aquel entonces, había perdido toda la fortuna ganada en la Edad Media -entre las cruzadas, los castillos, los viajes... parece imposible, pero gastó más de lo que ingresó-, y alguien apareció en su ayuda. Otro vampiro, tan milenario como el propio sumerio, aunque de tierras diferentes -Egipto-. Enamorado del arte, le mostró al antiguo emperador las maravillas que residían en las pinturas, la arquitectura o las palabras. El arte, conquistando al que fue un guerrero atroz, viajando hasta Italia, convertido allí en mecenas, junto al que era su nuevo compañero. Rivalidad y amistad surgió con una de las familias más influyentes en el arte renacentista, los Médici. La inteligencia y el buen hacer de su patriarca, Juan de Médici, caló hondo en el vampiro, aprendiendo junto a él el arte del dinero, sabiendo cómo, cuándo y dónde invertir. Así fue como, otra vez, volvió a ganar una fortuna. Mas, tan rápido como lo ganaba, lo perdía. El dinero se escapaba de entre sus dedos, las monedas se precipitaban a un saco vacío.

Más siglos, más épocas, letargos entre medias. Pero él siempre eterno, siempre vivo, siempre aprendiendo.





Capítulo IV - El otro olvidado:


En el siglo XVI conoció a cierto escritor y dramaturgo. Un artista que cambió sus convicciones, dándole la vuelta a éstas y convirtiendo a Lagash en una persona diferente -una nueva resurrección, una nueva regeneración-. Dada su afición a las monarquías, a la destrucción de éstas, o al simple hecho de juntarse con la élite y disfrutar viendo como el mundo evoluciona, como aún puede seguir moviendo ciertos hilos... terminó trabajando para la reina, como espía. Le encantaba la sensación de volver a ser alguien -a pesar de que su nombre seguía siendo desconocido-. Así fue como conoció al que, hasta la fecha, ha sido su único convertido.

El muchacho nunca supo sobre él, no al menos durante esos años. Lagash le vigilaba, Lagash le observaba, pero nada más.

Y la suerte quiso que se volvieran a encontrar. Dos dramaturgos competían en la Inglaterra del XVI -aunque pocos sabían la verdadera relación de éstos. No eran rivales, si no amantes-. Lagash, enamorado del arte desde que ésta le conquistó en el Renacimiento, decidió conocer al mayor escritor de todos los tiempos: Shakespeare. No obstante, no tardó en darse cuenta de quién era el verdadero artífice de aquellas obras que tanto le fascinaban: Marlowe. Él, Lagash, fue quien le convirtió para así procurarle una eternidad dedicada a la literatura, para así ser el mayor artista de la palabra, para así asegurarse de que el mortal pudiera deleitarle siempre a base de su encanto trasmitido en la dramaturgia. Empero las cosas nunca salen como uno planifica. Todos conocemos el final de la historia: Shakespeare se llevó toda la fama, y poco se sabe sobre su compañero. Lagash se sintió identificado con él -perdidos en medio de la Historia-, y se convirtió en su editor, en su mecenas -sin que Marlowe supiera quién era en verdad, su creador-. Teatros, espectadores comprados, miles de regalos, las mejores plumas y las noches más magníficas sobre camas cubiertas de sábanas realizadas con telas traídas desde la más remota África... Tertulias, ideas, imaginación, borracheras, inspiración, seducción. Todo esto convivió en aquel periodo tan pequeño en la vida de Lagash. La felicidad parecía existir, aunque sustentada a base de una gran mentira -cada vez más grande, más imparable-. Así fue como confesó, como el que se convirtió en su amante lo repudió, y como decidió enterrarse en el cementerio donde dormía Shakespeare, a su lado. John Smith, un nombre de lo más común, escrito en su lápida. Ninguna fecha. Así podría descansar hasta que él mismo lo decidiera, bajo tierra. Estaba cansado, aburrido. Y sin saber a dónde ir.

Hasta ahora, cuando por fin ha despertado. Saliendo de su peculiar tumba, con la ropa raída y comida por las ratas. Polvo sacudido de sus botines de cuero y el cabello rizado, estropeado, y largo hasta la cintura. Revivir, como el dios que creyó ser.



No puedes encontrar la vida que buscas: cuando los dioses crearon a la humanidad, para ella establecieron  la muerte; la vida la guardaron para ellos.

La Epopeya de Gilgamesh.

Epílogo:


¿Cuántas vidas puede tener alguien, aunque sea un inmortal? Tantas personalidades, tantas personas en una, han provocado una locura en la mente del sumerio. Ya nada -absolutamente nada-, queda de lo que fue un feroz guerrero, combatiendo de guerra en guerra. Su reflejo en el espejo le sorprende siempre al devolverle la mirada, como si un desconocido fuera el que le observaba. Esta nueva sociedad, este siglo XVIII, ¿qué le deparará? Perdido y desorientado ya poco le queda. Otra vez, el aprendizaje, el descubrimiento. Otra vez, el ansia de seguir existiendo.

Las monarquías y los imperios han cambiado a sus ojos. El poder siempre corrompe, y no existen los buenos gobernantes -él lo sabe, lógicamente-. Tras tantos siglos siendo una sobra de los países que se formaban o que desaparecían, bien sabe que los más sufridores son el nuevo pueblo. Apenas un mes en este París decadentista pero lleno de color, y se ha dado cuenta del asco y de la repulsa de los ciudadanos hacia la monarquía absolutista. Grupos de revolucionarios surgen entre los barrios más marginales, grupos de ilustrados, de burgueses con conocimiento, se plantean luchar a base de las palabras. Jacobinos salvajes atentando contra la realeza. Y entre ellos, Lagash. Sirviendo a la revolución, un terrorista anarquista antes de que se formara esta política como tal. Sin reyes, sin gobernantes;sin ejércitos en esta ocasión ¿Aburrimiento que debe ser asesinado? Tal vez, o tal vez su ansia de recuerdo, el hecho de revivir lo que siendo humano fue... ah, pero aquello fue un sueño. Un lejano sueño.







Otros datos

-Nunca, en sus 5000 años de vida, se ha enamorado -aunque eso no quita que se haya encaprichado de determinados individuos, o que es incapaz de amar bajo otras formas-.

-A su creación le llama pichón, básicamente para molestarlo.

-En sus tiempos de humano fue alguien obsesionado con la guerra, un hombre entregado a ella. Nunca había sido un hombre interesado en el arte, hasta que conoció a cierto vampiro que le hizo cambiar de parecer, terminando enamorado de cualquier tipo de belleza, especialmente la que se puede plasmar sobre papel, a través de palabras.

-A veces, cuando se aburre, se cuela en cualquier escuela o universidad para dar clases de historia, fingiendo ser un profesor suplente. Le toman como un loco, y siempre tiene que huir.

-Está obsesionado con sus orígenes. No soporta la idea de que nadie conozca lo que para él fue todo su mundo. Con el hecho de que fue el dueño de la mayor civilización, y ahora vive a base de mendigar.

-Cuando acaba con sus víctimas es solo por necesidad, y les otorga una rápida muerte. Aunque no siempre ha sido así.

-No suele relacionarse con humanos, a no ser que encuentre a éstos especialmente interesantes. Lo mismo le sucede con seres sobrenaturales jóvenes. Sabe de la existencia de licántropos, cambiaformas, fantamas y nosferatus.

-Nadie sabe su verdadero origen. Ni su verdadero nombre, se da a conocer como Lagash, sin más. Los únicos que conocían la verdad sobre su eterna existencia, están muertos.

-Siendo humano tuvo familia. Mujer, y cinco hijos. Nunca fue buen padre, aunque sí los quiso y los colmó en atenciones una vez vivo. Ellos fueron asesinados cuando le arrebataron el trono.

-Básicamente ha vivido toda la historia de la humanidad, desde que éstos han sido civilizados. Y aún así vive fascinado, ya que aún es capaz de sorprenderse, aún se da cuenta de que la mencionada humanidad, de que el mundo en general, guarda miles de secretos, los cuáles él quiere descubrir.

-Por este último dato, y muchos otros, jamás se ha sentido un condenado. Le encanta ser inmortal, y no es algo que abandonaría jamás.

-Lo que más echa de menos de su vida humana es la buena comida, incluso más que a su propia familia, algo que ha quedado muy lejano en su recuerdo.




Última edición por Lagash el Dom Feb 22, 2015 4:32 am, editado 22 veces




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Re: Lugalzagesi, emperador de Sumeria.

Mensaje por Lucern Ralph el Mar Feb 17, 2015 9:34 pm

FICHA EN PROCESO
incompleta

TU FICHA ESTÁ INCOMPLETA. CUANDO HAYAS TERMINADO, POR FAVOR POSTEA A CONTINUACIÓN EN ESTE MISMO TEMA  PARA QUE UN MIEMBRO DEL STAFF PASE A REVISARLA Y TE DE COLOR Y RANGO SI TODO ESTÁ EN ORDEN.

NO OLVIDES QUE PARA PODER ACEPTARLA ES NECESARIO QUE PRIMERO HAYAS REALIZADO LOS REGISTROS OBLIGATORIOS EN ESTE APARTADO Y QUE CUMPLAS CON LO QUE PEDIMOS EN EL ESQUELETO DE LA FICHA, INFORMACIÓN QUE PUEDES VER AQUÍ.

IMPORTANTE: RECUERDA QUE ES NECESARIO QUE TERMINES TU FICHA LO ANTES POSIBLE YA QUE SI PASA TODO UN MES SIN QUE LA COMPLETES PODRÍAS SER CONSIDERADA COMO PERSONAJE INACTIVO Y PERDER TUS REGISTROS REALIZADOS.

GRACIAS.








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Re: Lugalzagesi, emperador de Sumeria.

Mensaje por Lagash el Vie Feb 20, 2015 8:15 pm



FICHA TERMINADA




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Re: Lugalzagesi, emperador de Sumeria.

Mensaje por Nigel Quartermane el Dom Feb 22, 2015 12:16 am

OBSERVACIONES
favor de corregir
TU FICHA ESTÁ MUY BIEN, TODO CORRECTO, A EXCEPCIÓN DE LA DESCRIPCIÓN FÍSICA, EN LA QUE ME VEO OBLIGADO A RECORDARTE QUE UN VAMPIRO NO PUEDE CAMBIAR SU APARIENCIA UNA VEZ QUE HA SIDO CONVERTIDO. ESTO PORQUE SE SUPONE QUE UNA VEZ QUE RECIBE "EL ABRAZO" SU APARIENCIA QUEDA "CONGELADA" EN ESE INSTANTE Y, ASÍ COMO JAMÁS ENCEJECE, TAMPOCO PUEDE CAMBIAR SU APARIENCIA, LA BARBA NO LE CRECE NI TAMPOCO EL CABELLO Y TAMPOCO PUEDE CORTARLOS. HE NOTADO QUE NO HEMOS ESPECIFICADO MUY DETALLADAMENTE ESTO EN LA AMBIENTACIÓN DEL FORO Y SIMPLEMENTE HEMOS DADO POR HECHO QUE LO SUPONDRÍAN LOS USUARIOS, PERO PARA QUE NO OCURRA NUEVAMENTE ESTA CONFUSIÓN AHORA MISMO PONDRÉ LA ESPECIFICACIÓN.

SOLAMENTE TE PIDO QUE EDITES LA PEQUEÑA LÍNEA DONDE MENCIONAS QUE CAMBIÓ SU APARIENCIA LUEGO DE LA CONVERSIÓN; LO DEMÁS ESTÁ BIEN.

CUANDO ESTÉ HECHO LO QUE TE HE PEDIDO, VUELVE A POSTEAR PARA DARTE LA APROBACIÓN.

GRACIAS.






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Re: Lugalzagesi, emperador de Sumeria.

Mensaje por Lagash el Dom Feb 22, 2015 4:34 am



CAMBIOS REALIZADOS, ESPERO QUE AHORA ESTÉ TODO CORRECTO.
MUY AMABLE HA SIDO USTÉH.
MUCHAS GRACIAS Very Happy




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Re: Lugalzagesi, emperador de Sumeria.

Mensaje por Amanda Smith el Dom Feb 22, 2015 3:22 pm

FICHA APROBADA
bienvenido/a a victorian vampires
¡ENHORABUENA! YA ERES PARTE DE VICTORIAN VAMPIRES Y TE DAMOS LA MÁS CORDIAL BIENVENIDA.

ANTES DE HACER CUALQUIER OTRA COSA, TE INVITO A LEER LAS NORMAS QUE TENEMOS EN EL FORO PARA QUE ESTÉS BIEN ENTERADO/A DE CÓMO MANEJAMOS TODO EN ESTE SITIO Y ASÍ EVITARTE FUTUROS MALOS ENTENDIDOS. A CONTINUACIÓN TE DEJO LOS LINKS MÁS IMPORTANTES PARA QUE PUEDAS CONOCER LA INFORMACIÓN, Y SI DESPUÉS DE LEER SIGUES TENIENDO ALGUNA DUDA, PUEDES CONTACTARME A MÍ O A OTRO DE LOS ADMINISTRADORES; ESTAMOS PARA SERVIRTE.

¡QUE TE DIVIERTAS!








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Re: Lugalzagesi, emperador de Sumeria.

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