Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Thibault Argeneau

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Thibault Argeneau

Mensaje por Thibault Argeneau el Dom Feb 22, 2015 2:11 am


DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA

El dolor que puede provocar en otros seres es para él lo que otros llaman hacer el amor, una forma violenta de tomar un cuerpo para alimentar a su artista interior; lo cual resulta contraproducente dado que, desde pequeño, quiso estudiar para ser un médico. Pasó de querer salvar vidas a jugar a ser Dios en un santiamén. La ambición y el hambre de poder, lo marcaron como la víctima y victimario perfecto para los inquisidores que buscaban hacerse con su propio ejército. Thibault es, una persona fácilmente influenciable y manipulable. Solo necesita escuchar lo que quiere oír para ceder a esa parte de sí, morbosa y sádica, que haría cualquier cosa para posicionarse en lo más alto de la jerarquía. Ha demostrado, en un sinfín de ocasiones, que no posee escrúpulos y que no titubea al momento de actuar. Es un depredador y, como tal, nadie lo puede domesticar. Ataca y mata cuando se ve amenazado. Primero está él, luego él y por último él. Disfruta del buen prestigio, de la buena vida y del reconocimiento ajeno. Peligro es todo lo que exuda, todo lo que es. Si le tocase describir la manera en que su mente trabaja, te diría que te imaginaras encerrado entre cuatro paredes, donde el silencio y la oscuridad reinan, y tu vida depende del humor en que se encuentre. Agrádale, porque no hay nada peor que saberse en sus manos. Han pasado muchos conejillos de indias sobre su mesa, que uno más no hará la diferencia pero sin duda alguna, lo entretendrá por un rato. Es corrosivo. Así como él se contagia, se asegura de propagar el veneno, atrayendo a más seguidores para sus ideales. Sabe dónde encontrarlos. Los médicos no son los únicos que sueñan con derrotar a Dios en su campo. Desde que tiene una enorme biblioteca en su cerebro con información de vampiros, licántropos y cambiantes, solo espera por el momento adecuado para retomar el liderazgo. Si algo se le puede reconocer, es su terquedad y entereza. Sigue obsesionado por encontrar la fórmula que cree a una raza perfecta, sin las debilidades que afecten las unas a las otras, pero con una mente controlable. No es estúpido. Si las creaciones de Dios se pusieron en su contra, ¿porqué las suyas no lo harían? Es también extremadamente cauteloso. Así es como sobrevive, cubriendo todas las vías de escape. Lástima que la ambición, es y siempre será, su talón de Aquiles.

HISTORIA

Había quemado hasta los cimientos la vieja casona donde residían en un desesperado acto. Necesitaba hacer desaparecer toda evidencia de su trabajo y, la única manera de lograrlo, era destruyendo la fortaleza que había ayudado a crear bajo tierra. Había sido reclutado por los inquisidores cuando era solo un joven estudiante de medicina, hambriento de poder y conocimiento. Si alguna vez había tenido escrúpulos, los había olvidado en cuanto descubrió la existencia de otros seres. Vampiros, licántropos y cambiantes. Los conoció a todos. La iglesia había exigido que los estudiara y que les ayudara a conseguir crear su propio ejército. Su trabajo consistía, no solo en estudiar la sangre y la manera en que el cuerpo de éstos trabajaba para reparar los daños que se les provocaba, sino en conseguir que estas razas interaccionaran. Él y sus colegas, habían amenazado, torturado y por último, prometido la libertad a aquéllos que cooperaran. La Santa Inquisición quería a sus propios híbridos que, cada vez que la concepción no se producía entre las especies, el trabajo de toda su vida se veía amenazado. Los vampiros, al parecer, eran estériles; y las mujeres infectadas con la licantropía, no podían retener al feto cuando la luna llena hacía su llamado. Para añadir algo más a su frustración, los únicos cambiantes que se encontraban entre los prisioneros habían sido solo dos niños. Lo único que había descubierto era que éstos crecían con menos rapidez que los humanos,  no se veían afectados por la luna y podían pasar varios días sin cambiar si no lo querían. Había hecho grandes avances con sus investigaciones, pero eso no satisfacía a quien solventaba su proyecto. La última conversación que había tenido con éste, había terminado en una fuerte discusión, pero le había convencido de que consiguiera nuevos presos. Thibault creía, fervientemente, que la respuesta estaba ante él solo que aún no había dado con ella. Y ahí fue cuando empezaron los problemas.

La primera vez que la vio, fue en la sala de torturas. La joven cambiante estaba atada en una mesa, en compañía de otra hembra. Su mirada se clavó en la de ella por lo que le pareció un eterno segundo. Durante todos esos años, en ninguna ocasión había visto a los presos como personas. Tener que abrirlos para estudiarlos habría sido difícil si se les veía más que como conejillos de indias. Él no apoyaba ni criticaba a la iglesia, hacía el trabajo porque le fascinaba, ¿qué médico no habría querido encontrarse en su posición? Muchos conocían la existencia de esos seres, pero pocos habían tenido la oportunidad de poner sus manos en dicho espécimen. Apartó sus orbes de los ajenos cuando su ayudante ingresó a la habitación. Esa noche, Thibault solo jugaría a ser el director. Era el examen de Wulfe. Si lo aprobaba, no tendría que estar más bajo su supervisión. Éste se dirigió inmediatamente hasta la mesa. La sonrisa que esbozó, le habría contagiado en cualquier otra ocasión, pero evidentemente, no en esa. Sentía la mirada de la joven sobre su rostro y le incomodaba saberlo, porque eso significaba que él también estaba atento. Cuando Wulfe puso la mano sobre el vientre de la joven, algo en Thibault se revolvió. – No la toques. – Le advirtió. La amenaza iba impresa en cada palabra. – De ella me encargo yo. – El ayudante captó que no iba a ceder porque rápidamente se movió para iniciar a abrir el cuerpo de la otra mujer. Los cambiantes curaban con rapidez, pero no si el daño que se infligía era severo. La plata también era dañina, no del mismo modo en que era con los licántropos, pero servía. Wulfe había visto a Thibault hacer todo ese procedimiento. Nunca antes habían estudiado a una hembra cambiante, pero ahora que habían conseguido que la inquisición atrapara a un par de ellas, no iban a perder el tiempo. Ellos regresarían en un par de días para ver sus avances. Los gritos de la fémina no se hicieron esperar, hicieron eco entre las cuatro paredes y, Brün, al parecer, había decidido dar muestra de su empatía. Se retorció en la mesa, su cabeza estaba ladeada en dirección a su acompañante. Por primera vez, Thibault vio las similitudes entre ellas. Las lágrimas que bajaban por su hermoso rostro, hablaban de desesperación y dolor.

Su lucha, no hizo más que incentivar a Wulfe, quien empezó a tararear una cancioncilla. – Solo conseguirás hacerte daño. – Le amonestó él, enojado con ella y consigo mismo por estar dirigiéndole la palabra. Si su ayudante lo notó, no dijo nada. Los minutos transcurrieron, hasta que la inconsciencia las reclamó. Brün se había cansado de gritar y retorcerse mientras que su acompañante, había cedido para escapar del dolor. Despidió a su ayudante tras evaluar, fríamente, su trabajo. Se quedó a solas con la joven. Le parecía tan pequeña e indefensa. Al día siguiente, a ambas, les obligarían a mantener relaciones sexuales con extraños. Deslizó sus dedos por la mejilla ajena, pero en cuanto se dio cuenta de lo que hacía, la apartó con brusquedad y se marchó. La próxima vez, no estaría en la misma habitación. Wulfe había demostrado que era capaz, que él podría encargarse. Si alguien le hubiese dicho a Thibault que su obsesión le llevaría a errar una y otra vez, quizás esta historia habría tenido otro final. Cuando fue evidente que no haría nada contra ella, incendió todo el lugar. Sabía que los inquisidores no eran conocidos por su benevolencia, así que se aseguró de quemar toda evidencia, junto con los presos y camaradas que sabían de su existencia. Regresó a Francia, con el pretexto de la muerte de su padre, para hacerse cargo de todos sus bienes. Brün se le escapó en el trayecto y, desde entonces, no ha parado de buscarla. Ella es la única testigo de lo que realmente pasó aquélla noche, el único cabo suelto que puede poner en peligro su cargo como mano derecha del líder de los Tecnólogos.

DATOS EXTRA

■ Está terriblemente obsesionado de Brün.
■ Trabaja en el hospital, especialmente para estudiar a los médicos y encontrar a quienes reclutar para continuar con su proyecto.
■ Le fascina pasar las noches en compañía de su Jack Russell Terrier.
■ Luigi, es el nombre de su perro.

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Re: Thibault Argeneau

Mensaje por Amanda Smith el Dom Feb 22, 2015 3:21 pm

FICHA APROBADA
bienvenido/a a victorian vampires
¡ENHORABUENA! YA ERES PARTE DE VICTORIAN VAMPIRES Y TE DAMOS LA MÁS CORDIAL BIENVENIDA.

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