Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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People want monsters to be real, and I'm the monster created by their fears || Baphomet ID [50%]

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People want monsters to be real, and I'm the monster created by their fears || Baphomet ID [50%]

Mensaje por Baphomet el Dom Mar 08, 2015 12:53 pm



Baphomet

Personalidad & Físico

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Desconocida
Vampiro Nosferatu
Clase Alta
De todas partes
Heterosexual
By:Niza

Historia & Extras
Antigüedad:
Si hay algo que caracteriza a la humanidad, desde sus inicios, eso es la capacidad que tienen para inventar, para crear, para imaginar, y sobre todo, para tergiversar eventos reales de su historia, adornándola con elementos salidos de sus mentes, siempre deseosas de conferir de sentido todo cuanto se encuentran, independientemente de si lo tiene o no.

Ya en la antigüedad, en los albores del mundo, cuando ni siquiera había una lengua como tal para comunicarse y las preocupaciones e intereses de las personas distaban mucho de parecerse a las actuales, las personas, recién "nacidas" de sus antepasados, comenzaron poco a poco a hacerse preguntas, a fantasear con cosas que, como veréis, no se diferencian tanto de lo que se conoce hoy día. Más allá de en el nombre. En la época que me vio nacer y crecer, el mundo estaba considerablemente más despoblado de gente de lo que lo está ahora mismo, pero aún así, cosas que hoy veo, creencias que percibo en los humanos a pesar de tantos milenios de distancia, siguen manteniéndose prácticamente inalteradas. Como si hubiera una cosa que el tiempo no pudiera hacer: cambiar la forma en que se rigen las personas, guiadas por miedos, por certezas, por creencias, que desde fuera y desde la ventaja que me proporciona ser un ente superior, me parecen, cuanto menos, curiosas. Por no decir ridículas.

Mi madre me trajo al mundo varios milenios antes del inicio de la escritura, y como tal, de la historia escrita de la humanidad. Y como antes dije, los problemas de aquella época, prácticamente olvidada y desconocida por las civilizaciones más modernas, eran sustancialmente distintos a los actuales. Los humanos se reunían en pequeños grupos nómadas, que cambiaban estratégicamente de posición a lo largo de los meses, siempre en busca del lugar mejor ubicado en cuanto a comida y agua se refería. Para un cabeza de "familia", lo más importante era encontrar una presa lo bastante grande para alimentar al resto, además de asegurarles protección en el breve tiempo que permanecieran en su asentamiento. Para las madres, esta protección tenía un especial interés, así que solían encargarse de ubicar a los más pequeños y las cosas de valor en los lugares menos accesibles de cara a un enemigo. Sin embargo, mi madre tenía una preocupación más a su espalda, porque, a pesar de que yo había nacido tan fuerte y sano como cualquier otro niño, mi piel y mis ojos lucían de un color distinto. De un color que el "sabio" de la familia identificó como un mal presagio, después de asegurar que no sobreviviría durante mucho tiempo.

Se equivocaba. Y tal vez debió haber acertado en sus predicciones.

Contra todo pronóstico, el que fuese probablemente el primer niño albino llegado a aquella parte del mundo, no sólo sobreviví, sino que sería recordado eras después con un nombre bastante distinto al que mi madre me puso en el inicio de mi historia. Con un nombre tan tergiversado en el buen y en el mal sentido, que nadie es capaz de asegurar cuál es su verdadera naturaleza. Yo soy Baphomet. Aquel que puede concederte el don de la sabiduría, de la inmortalidad... O la más terrible de las muertes. Aquel salido de las plegarias de algunos, y del miedo de otros tantos. Falaz y protector, terrible y bondadoso, dependiendo del lugar en el que te ubiques dentro de la balanza, dentro de la creencia. Un misterio, un mito, que a lo largo del tiempo acabó por hacerse real.

Pero antes de eso, debemos regresar a los inicios. Como decía, la creencia, la fe, la necesidad de imaginar, de fantasear, de inventar momentos o de adornar eventos siempre ha estado en el seno de la cultura humana, de la civilización. Recuerdo haber crecido con los cuentos de aquellos sabios, que luego llamarían chamanes, brujos, o simplemente curanderos, cuentos que las personas llegaban a considerar como reales, hasta el punto de tomar esas palabras como guía de sus vidas, de sus acciones. Fue entonces cuando me di cuenta de una cosa, aunque no sería hasta milenios después hasta que comenzase a aceptar ese descubrimiento, y es que los humanos se rigen por dos necesidades tan opuestas como complementarias. Por la necesidad de sentirse vigilados, observados, evaluados o protegidos por entes superiores -que han tenido tantos nombres como rostros-. Esa necesidad les guiaba a actuar de una forma u otra, de ejecutar ciertos actos que nunca llegué a comprender del todo, e incluso a sacrificarse a sí mismo en pos de la gracia de esos seres que eran tan crueles como imaginarios. Pero además de esa necesidad, la de creer, la fe moderna de la que nos hablan, estaba otra necesidad, una más oscura y probablemente mucho más intensa de lo que nunca nadie se atreva a aceptar.

Y esa es, indudablemente, la necesidad de temer. El temor, el miedo, el pánico, son los sentimientos más fuertes que guían a la humanidad, que la llevan a tomar decisiones para contrarrestar ese peligro que consideran inminente, decisiones que suelen estar relacionadas con ganarse el favor de los seres que consideraban sus "protectores". Esta es la realidad más importante del mundo, la que nadie parece ver, pese a ser tan obvia e implícita en todos y cada uno de los sucesos que han regido la historia de la especie. El miedo siempre está presente, cada vez que un esclavo acepta los latigazos aun siendo injustos, cada vez que alguien se deja pisotear, cada vez que alguien humilla a otro. El miedo al caos, a la pérdida de un orden que los humanos mismos se han inventado como necesario. El miedo a la muerte. El miedo a la pérdida. El miedo al propio miedo... ¿Acaso alguien puede negar que todo esto dirige las acciones de toda criatura pensante que habita sobre la tierra? No, por supuesto que no. Es la única verdad constatable, y la que menos dispuesta está la humanidad a reconocer. Por eso inventa peligros, inventa criaturas, inventa monstruos. Porque necesitan temer. Eso les guía. Necesitan la oscuridad y la luz, y aunque no lo asuman, lo primero es mucho más importante para ellos que lo segundo. Aunque no sepan por qué.

Aún así, pese a haber descubierto que todas aquellas historias no eran más que una invención que actuaba como guía, como ayuda para que las personas avanzaran siempre en una dirección concreta, fuera la que fuese, seguí escuchándolas con devoción casi exagerada, tales eran mis deseos de actuar lo más parecido posible a mis congéneres, y tal vez salvar así las diferencias que siempre me habían distanciado de ellos. Casi podría decirse que lo conseguí. Y digo casi, porque siempre hubo una persona a la que nunca pude engañar. Y esa era mi madre. Ella sabía que dentro de mi no había más que un abismo oscuro y lleno de sombras, que amenazaba con extenderse y engullirlos a todos. No es que pueda decir que sus sospechas fueran infundadas, pero prefería tomarme aquella actitud más como una prueba que evidenciaba mi teoría de que los humanos tenían claramente demasiada imaginación, más que como una desconfianza en sí misma. Aunque el tiempo acabara dando la razón a lo segundo.

Bienvenido a la Oscuridad:
Mucho antes de que los primeros asentamientos de personas se establecieran en torno al Nilo, pueblos nómadas como el mío y muchos otros habíamos utilizado las zonas más próximas al río como un establecimiento habitual durante las épocas del año más calurosas. No hay que decir que en esos momentos las peleas a muerte entre las tribus a fin de tomar el mejor sitio eran bastante frecuentes. Todas querían estar cerca de las aguas, pero a la vez, próximas a los bosques que en aquella época aún eran muy frecuentes, para facilitarles la huida en caso de que fuera necesario. Fue en una de esas disputas entre tribus en la que perdí a mi padre, que murió con honor tratando de protegernos a los demás. Y yo, a pesar de las negativas del resto de los miembros, fui declarado nuevo jefe por el chamán. Y a partir de ese momento, puede decirse que la suerte estuvo durante mucho tiempo de nuestro lado.

Ninguno encontramos explicación a qué tipo de animal podía conseguir masacrar a las tribus enemigas siempre que nosotros decidíamos establecernos en una región concreta, ni tampoco por qué la caza nos resultaba tan sencilla al irse muriendo uno a uno todos los depredadores que podían hacernos competencia en la labor. Y a pesar de que mi madre, considerada por todos desde hacía meses poco menos que una vieja loca a punto de perecer, advirtiese que aquello había sido provocado por una bestia terrible que me venía acompañando desde la muerte de mi padre, todos estaban tan contentos con la prosperidad que gracias a mi habíamos conseguido, que nadie se paró a pensar ni un momento que tenía algo de razón. Que para variar, su desconfianza hacia mi, su propio hijo, estaba en lo cierto. Aunque en mi defensa he de decir que en ese momento no lo sabía. Sólo cuando días después apareció degollada y desangrada flotando en en río, comprendí que era verdad. Comprendí que aquella suerte no había venido de la nada. Comprendí que esa oscuridad realmente me perseguía. Y me sentí, por primera vez en mi vida, orgulloso de ser diferente a todos aquellos a los que debía guiar. Porque yo era superior. Yo había conseguido la atención de un ente parecido a aquellos a los que rezaban, pero uno de verdad, uno sanguinario y tan terrible como la vida misma. Mi Neftis particular.

Sí, aquel ente maligno, mortal y protector tenía forma de mujer. De la mujer más perfecta y más hermosa que había visto nunca, durante el día. Y de un monstruo similar al de las historias que contaba aquel viejo chamán, cuando la noche caía sobre aquellas tierras que algún tiempo después pasarían a conocerse como Antiguo Egipto.

Nunca tuve demasiado claro si en aquel momento era ella quien me había engatusado, o si yo mismo rogaba mentalmente por que ella lo hiciera, pero no podía evitar perder la noción del tiempo cuando ella estaba presente, cuando invadía mi día a día. Ni siquiera sabía de dónde había salido ella, ni el resto de mujeres que trajo consigo. Tampoco quería saberlo. Lo único que necesitaba era que permaneciera a mi lado. Como mi Diosa, mi complemento, mi amante, como el motor que me guiaba en todas las acciones y decisiones que tomaba. Fue entonces cuando me di cuenta de que yo mismo había caído en aquellas necesidades propias de los humanos, y casi comprendí por qué preferían vivir de esa forma a tomar ellos mismos las suyas. Pero en mi caso siempre fue diferente. Porque la criatura a la que yo veneraba y temía al mismo tiempo, era tan real como yo mismo. Y siempre supe que su oscuridad y la mía estaban hechas para unirse y asolar el mundo.

Fue en una noche cálida cuando, tras mostrarme una vez más lo terrible y misterioso de su naturaleza, me abrazó y atrajo a su mundo de luces y tinieblas. Y yo me marché con ella, sin pensármelo dos veces, allí donde el aroma a sangre fresca nos llevara.

Una nueva era:
¿Cuántos milenios hubo pasado hasta que regresamos a aquellas tierras? Parecía que cientos, a juzgar por los muchos cambios que pude apreciar en nuestro regreso a Egipto. Muy lejos quedaban ya aquellas tribus nómadas que recorrían todo el territorio de forma casi continua, habiendo sido sustituidas por auténticos pueblos o asentamientos que se establecían de prácticamente indefinidamente en un mismo lugar, motivados por los avances que la humanidad había ido experimentando en aquel tiempo. Con el inicio de la agricultura y la ganadería, ya no se hacía necesario seguir a los animales allí donde fueran según la época del año. La prioridad pasó de una cruel y complicada lucha por la supervivencia cara a cara con la madre naturaleza, a una necesidad de potenciar y hacer más descubrimientos, más avances, de establecer las bases sobre las que luego se sustentarían las civilizaciones venideras. Y aunque al principio a Neftis y a mi nos resultó realmente complicado adaptarnos a las nuevas demandas de aquel periodo histórico, pronto comprendimos que aquella comodidad buscada por los humanos resultaba bastante más rica intelectualmente hablando, que la que nosotros habíamos conocido en el periodo de tribus.

Tanto fue así que fuimos unos de los primeros en formar parte del asentamiento Merimde, antes de la llegada de las primeras dinastías a Egipto, situándonos al sureste del delta del Nilo. Una nueva cultura se gestó de nuestra mano. Con la ayuda de nuestro conocimiento de otros idiomas, nuestro pueblo logró establecer contacto con otras culturas venidas de Oriente Próximo, lo que sin duda fomentó que posteriormente fuéramos conocidos como miembros fundadores de una de las culturas más influyentes y prósperas de la época. ¿Qué hubieran pensado si hubieran sabido que tras la fachada de personas sabias, que habían dedicado su vida al estudio y a viajar, se escondían dos de los seres más peligrosos de lo que imaginaban? Los encargados de velar por la seguridad del pueblo, masacrando cruelmente a todo aquel que considerábamos una amenaza. La respuesta vendría algunos años después, cuando seríamos adorados por algunos como auténticos dioses portadores de oscuridad, y odiados por muchos otros que no eran capaces de ver más allá de nuestro aspecto grotesco bajo aquel aspecto humano.

Vimos crecer y morir muchas generaciones antes de que los primeros faraones llegaran al poder. Narmer fue el primero de estos autodenominados reyes, y el encargado de unificar todos los pequeños pueblos de Egipto en uno sólo, con capital en Menfis (Inebu-hedy). Aclamado como un Dios, conquistó gran parte de los territorios que en otra época yo había considerado como propios durante los breves momentos que nos instaurábamos en ellos. Durante años, me retorcía al pensar que tanto poder pudiera estar en manos de un mismo hombre, a pesar de que hubiera logrado unificar tribus que antes fueron enemigas bajo un mismo propósito. ¿Cómo los humanos podían ceder tan rápido a entregar su libertad a cambio de la seguridad de la civilización? No me resultó tan complicado de entender, después de todo. Mi ira para con él y para con el resto de faraones que llegaron al poder fue aplacada al percatarme de que gracias a su llegada la humanidad poco a poco fue comenzando a florecer, intelectual y arquitectónicamente. Y lo vi tan claro que casi me resultó absurdo no haberlo notado antes. Cuando tienes que preocuparte de sobrevivir día a día, contra la crudeza de la naturaleza en su estado más puro, no tienes tiempo para centrarte en otras cosas.

Y aunque este florecimiento de la cultura egipcia y de uno de los periodos históricos más importantes de la humanidad trajo consigo más de esas creencias que guiaban el rumbo de la gente, ciegamente, no puedo negar que verlos tratar de dar sentido al mundo me resultó una de las cosas más interesantes de estudiar de toda mi existencia.

Mesopotamia o cómo desatar el infierno en dos pasos:
Y fue quizá en ese creciente interés por impregnarme de la historia humana

Vuelta a Egipto:
Blabla

Persia:
Blabla

El nacimiento de un mito:
Blabla



Datos extra:

Blabla


Última edición por Baphomet el Dom Mar 08, 2015 5:04 pm, editado 5 veces



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Re: People want monsters to be real, and I'm the monster created by their fears || Baphomet ID [50%]

Mensaje por Amanda Smith el Dom Mar 08, 2015 1:24 pm

FICHA EN PROCESO
incompleta

TU FICHA ESTÁ INCOMPLETA. CUANDO HAYAS TERMINADO, POR FAVOR POSTEA A CONTINUACIÓN EN ESTE MISMO TEMA PARA QUE UN MIEMBRO DEL STAFF PASE A REVISARLA Y TE DE COLOR Y RANGO SI TODO ESTÁ EN ORDEN.

NO OLVIDES QUE PARA PODER ACEPTARLA ES NECESARIO QUE PRIMERO HAYAS REALIZADO LOS REGISTROS OBLIGATORIOS EN ESTE APARTADO Y QUE CUMPLAS CON LO QUE PEDIMOS EN EL ESQUELETO DE LA FICHA, INFORMACIÓN QUE PUEDES VER AQUÍ.

GRACIAS.






Three nights:

of hell:

Immortality to spell:

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Make it through:
the darkness:
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