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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Fantasma Lacerante - Privado con Verona

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Fantasma Lacerante - Privado con Verona

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Jue Mar 12, 2015 1:53 pm

¡Oh, no! No debo pensar en ello. Durante años he estado huyendo de las memorias de esas semanas, rechazando lo que a la larga era la verdad más intrínseca que pretendía encontrar en mi prepotente viaje. No, no debo de recordarlo. Nuestros cuerpos juntos y apretados uno contra el otro, escondidos en el más pequeño cubil, en el lugar más extraño, rodeado de insectos, de polvo. Sus cabellos descomponiéndose mientras su rostro era una conjunción de asco y repentina resignación, mientras el mío era la conjugación de mi propia revelación, del hastió y el agotamiento, de la sed. Las ratas fueron mis amigas nuevamente en ese entonces; yo no tenía el  valor que ella demostraba cuando encajaba sus colmillos fieramente en aquellas cosas. Verla beber me ponía enfermo. Era inaceptable.

Las noches que viajamos a solas a veces frías a veces algo templadas. Esas mismas noches en la que aborrecía su presencia y en las que la culpa se volvió tan íntima que dejó un hueco en mi alma imposible de restaurar. No quiero perdón, no lo requiero. Ni siquiera al ver su imagen de nuevo de pie,  vivaz, con esa sonrisa que otrora consideraba petulante y desdeñosa es suficiente. Lestat. La imagen de la crueldad vistiendo finas ropas. Su presencia me atormenta tanto como me alivia. ¿Estoy siendo castigado?. Si bien no por algún externo si por mí mismo. ¿Qué hago acá si no recordarme el crimen que cometí, mi falta total de autoridad ante ella, mi falta total de resolución ante su voz suplicante? Las ciénagas no pueden traerme ningún recuerdo grato, ni de ella, ni de él. Estoy solo, y así está bien.

Hoy estoy harto de los salones, del bullicio, de las ruedas sobre la piedra, estoy harto de las voces de los franceses, de la luz que escapa de los salones, de las puestas en escenas glamorosas aunque falsas. Esta madrugada incluso estoy harto de mí mismo, cosa de lo más común. Recorro el lugar con paso gandul, mirando aquí y allá y manteniendo una prudente pero tonta distancia. ¿Si caigo, podré salir? ¿Querré hacerlo? Sin duda es una mala noche para pasear por estos lares, pero nada viene a mal en noches como está. Incluso la sed saciada es molesta; sería oportuna si por lo menos me ayudara a desviarme de aquel camino peligroso por el que transito actualmente. A veces escucho ruidos, pero no son más que animales quiero creer. No sé si aquí habrá caimanes como en Nueva Orleans, espero que los haya, aunque su pobre imagen no sea más que decepcionante.

Estar aquí ahora es inútil, es demasiado tarde. Cuando avanzó nada parece detenerme, dentro de mis zapatos gastados mis pies son incapaces de  sentir si piso algún insecto o si hay alguna liana que se interponga en mi camino. El fango da exactamente el mismo resultado. Soy yo, caminando en una acera en la ciudad. Sin obstáculos ni nada que haga pesado mi andar. El ruido sigue, acercándose de pronto para retirarse enseguida. Sí, si eres un animal mejor quédate lejos, lamento mucho que mi humor sea tan amargo está noche. Si eres otra cosa acércate si lo deseas, me hartare de ti tarde o temprano de cualquier manera. Por fin me detengo, lo suficientemente lejos como para que mis pasos se pierdan. El árbol fangoso y húmedo recibe el peso de mi espalda sin quedarse y sobre las copas trabadas de los arboles apenas un rastro de la luz de la luna puede escurrirse. Silencio de hombre. Ruido de naturaleza y yo, que nunca encajare en ningún sitio. Aquí existe la perfección y nunca podré verla siquiera.





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Re: Fantasma Lacerante - Privado con Verona

Mensaje por Verona el Lun Mar 16, 2015 5:30 pm

Más vale guardarse de la justicia.
La vida dura, el simple embrutecimiento, levantar, con el puño seco, la tapa del ataúd, sentarse, sofocarse.
Así, nada de vejez, ni de peligros… el terror no es francés.



La noche envejece con el pasar de los segundos, apagados, llenos de hastío, no hay remordimiento en la caza, no vale un alma el repudio de la religión, son muertos que flotan en el universo del humano, que él ha hecho y nada le importa… “Mi ciénaga, mi santuario, mi dulce rencor… entre pantanos entrada la moral que me cubría, nada importa… me cubro entre los animales, mis amigos, en la soledad de la eternidad…”

El sonido sordo de la noche se hace presente, al regresar a mi morada entre los pantanos, en las ciénagas más aterradoras, aquellas que te esperan al perder la cordura… pequeños animales que caminan entre mis pies, con la seguridad de que los cuido, como me cuidaba mi madre en antaño… oh bella melancolía que roba al humano más puro… Gracias soledad.

Un caminar pausado pero armonioso rompe el silencio de la naturaleza, las aves baten sus alas ante su paso, siento a los roedores acercase a mí con cada pisada… Cruel ha sido la vida para el pobre diablo que ha osado irrumpir mi morada, cierro los ojos y siento, no escucho latido humano, no hay vida tras aquellas pisadas, tampoco muerte, no hay nada…

Me cubro con la capa harapienta de oscuros colores mientras trepo un sauce que baña sus más jóvenes hojas en las aguas anegadas, el olor avinagrado mezclado con loción es más claro en aquel lugar… sus ojos brillan y tintinean con tristeza… Nunca una emoción me impidió cazar, siempre en lo alto del pilar que rige la cadena alimenticia… Sentí mis alas incomodas bajo la capa, deseosas de salir, más no era todavía el tiempo…

Me balancee entre las ramas de los viejos árboles, testigos de vidas enteras, tan jóvenes aún para mí… hasta quedar justo sobre el árbol en el que aquel “ser” se encontraba recargado…

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Re: Fantasma Lacerante - Privado con Verona

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Mar Abr 07, 2015 8:08 pm

Los ruidos extraños regresan, ¿Cómo no? Y de pronto no me parecen los de un animal común y corriente… ¿Alguna criatura sobrenatural acaso? ¿Deberé de ofrecer mi invitación en voz alta y clara? La expectativa me parece alentadora, pero unos segundos después fallece ente el manto de pesadez que me rodea. Me siento cansado pero no es un cansancio común, no  es aquel que me invita a tumbarme largo rato en un sofá sin siquiera haber tomado un libro antes. No, este cansancio es más mental, e incluso mi corazón parece latir más lentamente. No presto atención, lo que menos deseo es ser consciente de mí mismo. Entonces, aparece el ruido de nuevo, escuchándose claramente entre los demás sonidos, a una distancia apropiada. Suspiro. Sí, gracias.

Gracias por que el paseo de aquel ser me distrae, porque evita que siga pensando en su vestido con volantes y en la gracia con la que los usaba. De sus diminutos zapatos de cabritilla que se perfilaban bajo la falda cuando giraba, que podía ver cuando se me lanzaba a los brazos y yo la cargaba. Fue en esos pensamientos que me di cuenta, que  la daba por perdida. Que creía que ella ya no formaba parte de este mundo. Cerré los ojos, respire profundamente y traté de calmarme nuevamente. No, su pérdida era algo que no iba a soportar en este momento. Ignóralo, no lo pienses siquiera. El sonido me distrajo de nuevo, está vez escuchándose más cerca de donde me encontraba. Hasta ese instante no me había parecido nada interesante pese a que no era capaz de identificarlo entre los mil animales diferentes que podrían estar observándome.

Descansé la cabeza contra el tronco húmedo a mis espaldas y me llegó la humedad directa de la corteza, de las hojas podridas que se iban pegando en la madera al caer. Silencio de nuevo. Y de pronto escuché el ruido más cerca aún. Acechando. En un instante dejó de ser un ruido normal, incluso llegue a sentirme observado. Abrí lo ojos y me encontré con la ciénaga, profunda, ramas enredadas y hundiéndose en el agua, el agua oscura, lodosa y llena de pudrición que no permitía traspasar más que unos centímetros la superficie. Silencio de nuevo, un silencio sofocante. ¿Acaso era sugestión mía? Observé a mí alrededor con lentitud. Nada. Entonces tuve la terrible pero imperiosa curiosidad de observar hacía arriba. No hubo nada que me indicara que hiciera esto más que un impulso.

Lo vi. El monstruo me miraba como si yo fuera una especie de curiosidad circense. Era uno de esos monstruos que Claudia y yo habíamos encontrados, casi podía jurarlo. Grité, estoy seguro que grité, así como que giré y retrocedí, tropezando con mis propios pies. Me puse histérico, me lleve tal sorpresa que mi corazón latía en mi garganta, ensordeciéndome. Su visión era la respuesta a los horrores que no dejaba de recordar esa noche y como tal, me sentí completamente indefenso ante su presencia. Deseaba correr pero me sentía paralizado. Me cubrí la boca con fuerza y logré opacar el grito. Ni siquiera reparé en que había cierto entendimiento en esa criatura que no había visto nunca en otras de su tipo.





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Re: Fantasma Lacerante - Privado con Verona

Mensaje por Verona el Lun Abr 20, 2015 2:37 pm

Al principio fue un estudio.
Yo escribía silencios, noches,
anotaba lo inexpresable.
Fijaba vértigos.




Me sentía excitada, tanto como un tigre antes de atacar, en mis ojos se reflejaba su sedoso cabello, como un concierto de estrellas fulgurantes; su aroma era ahora más intenso, pero no vivo… El llevaba en la espalda el mismo sacrilegio que yo, había sido besado por la muerte, y en su rostro reflejaba la amargura de no poder soportar su destino, “Bien haría yo, en acabar justo ahora con su afligir, no será un mártir de la causa religiosa, ni tampoco redimirá su pasado con la muerte, pero…”

El silencio se aposentó en la ciénaga, robándome de mis pensamientos, maldito y celoso silencio, que aún en la hora de la muerte, no me deja sola… “Pero el grita en silencio por encontrarse conmigo… como si me hubiese visto en vidas pasadas, encuentros o desencuentros…” las ideas que me revoloteaban no hacían más que aumentar en mi interior el deseo de sangre, de su sangre inmortal.

Sentí su mirada, efímera como el vuelo del ave, no tardó en reaccionar como cientos de mortales lo habían hecho antaño, “Si el corazón pudiese latir en mi interior, os juro que hubiera dado un vuelco al encontrarme con su mirar”, el miedo se reflejó en sus ojos, un terror descomunal, que quizás hubiese visto en contadas ocasiones… “No era la primera vez que él se cruzaba con uno de mi especie”, fue el primer pensamiento que me abordó, aunque bien sabía de vestigios de vampiros que, en épocas antiguas habían sufrido tormentos tales, que los había transformado en cadáveres lacerantes faltos de toda lógica en su proceder…

Sonreí con parsimonia mientras el callaba un grito ahogado entre sus manos, trastabillo un par de ocasiones con las raíces de mis árboles, bellos sauces que imponentes emergían de entre el agua anegada de lustros. No hay nada que disfrute más que una cacería en forma, y nadie podría dármela más, que un vampiro… Doblé mi cuello, dejando que cada una de las oxidadas vértebras recuperase su lugar, dejando paso a chasquidos forzados, al tiempo que en mi rostro una sonrisa burlona se dibujaba, a juego con la mirada encendida que no perdía de vista a aquel infortunado…

Bajé del árbol de un salto, no era nada que él no hubiera visto antes en un vampiro, la túnica harapienta cayó como un velo tras de mí, descubriendo mi rostro, y dos cuencas que habitaban la flama del propio infierno… caminé en dirección al vampiro, ladeando de cuando en cuando el rostro, tratando de desdeñar el misterio que habitaba en lo más profundo de su mente…

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Re: Fantasma Lacerante - Privado con Verona

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Mar Mayo 12, 2015 2:19 pm

En ese instante no me di cuenta de nada. Es decir, todo concepto conocido había desaparecido de mi mente. ¿Qué era yo? ¿Qué estaba haciendo allí? De pronto no importaba; yo solo existía en la visión de aquel ser. Era apenas un reflejo de su voluntad. Unas meras sobras de otra cosa… Se habla mucho sobre el poderío de un vampiro, sobre su capacidad y la fuerza que posee, pero ¿Qué es todo eso cuando ves el infierno de verdad y no es solo la imagen en tu mente atormentándote o buscándote en rastreras pesadillas que terminan al anochecer? Yo estaba en  el infierno, lo estoy cada noche, pero era la primera vez que me sentía genuinamente atrapado por este. ¡Yo conocía lo que eran estas criaturas! Las había visto, muchas veces en el viaje por Europa central, y aquel recuerdo miserable me bastó para comprobar que esto no era lo mismo.

Aquel pequeño resquicio de entendimiento que pude vislumbrar antes se volvió tan real que logró hacer reaccionar a mi cuerpo. Retrocedí, en empellones bruscos, empuje mi propio cuerpo hacía atrás, mudo, sin cubrirme la boca. Noté las ramas  contra mi rostro al girarlo, las noté en los brazos, en las manos, rasguñando, dejando surcos rojos. Los pocos pasos retrocedidos no fueron suficientes para sentirme lejos de la criatura. Para sentirme fuera de su alcance. Lo sentí entonces, el tirón en la pierna y la perdida de equilibrio. Caí de lado, y el costado derecho de mi cuerpo se hundió en el fango,  rompiendo la barrera hecha por las ramas y el suelo podrido. Me congele en el desquiciante pensamiento de que me había atrapado, pero una sutil mirada a mis pies bastó para descubrir que sólo me había tropezado con una rama gruesa. Liberé mi pie de un tirón, en el mismo instante en que la criatura bajó al pie del árbol en un salto tan sonoro como silencioso.  

Me había mentido a mí mismo cuando sentí que me había dominado. Fue un leve desbalance, un despertar efímero  de mi situación gracias a la caída. Aquel vislumbramiento de entendimiento que había podido percibir en la criatura, la volvía más peligrosa a mis ojos. Ninguno de los monstruos que conociera antes me había  aterrado de esta manera, acaso me habían repudiado, pero jamás aterrado como ahora; sin inteligencia, ajenos a su todo, como esta criatura que me miraba y sabía, con certeza, que yo estaba allí. Mis ojos subieron desde el suelo hacia el monstruo y lo primero que vi fueron sus pies, las garras en lo que sus uñas se habían convertido. ¿Está cosa había sido humano antes, como yo? Sus garras, su piel que se vislumbraba entre las sombras. Y esos ojos, esos ojos que me miraban con inteligencia pero que al mismo tiempo eran los de una bestia. Ojos insoportables.

¡No te acerques, monstruo! — Bramé, seguro de que me entendía. Podía jurar que lo hacía, y sin pensarlo, grité lo que mi ser entero me rogaba. Grité con fuerza, simulando mi terror con la rabia. Lo mire, fue la primera imagen real que tuve de esta, con su cuerpo bañado por la luz de la luna, casi erguido, mirándome. Tenía unas extrañas protuberancias en la espalda que no pude definir. Y me miraba, no dejaba de hacerlo. Intente levantarme pero me descubrí atascado de pronto. Un nuevo acceso de  pánico me inundó pero me repuse de alguna manera; me giré con un fuerte impulso, usando mi brazo libre para empujarme y liberarme. Fue sencillo hacerlo y pronto me puse de pie. La ciénaga extendiéndose a mis espaldas, el fango devorando mis zapatos y mi salida taponada por aquel ser maldito.  





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Re: Fantasma Lacerante - Privado con Verona

Mensaje por Verona el Lun Jun 01, 2015 8:47 pm

Conseguí desvanecer en mi espíritu toda esperanza humana.
Sobre todo dicha, para estrangularla,
salté con el ataque de un animal feroz…




Y sus palabras resonaron en mis oídos como el eco cruel que reverbera una calamidad de antaño, me acababa de decir monstruo, y quizás tenía razón, porque cuando fui transformada era el ser más monstruoso que pudiera vitar sobre la faz de la tierra, no conocía los escrúpulos y la ética era un concepto ajeno para mí, pero de ese momento hasta el día de hoy, muchas cosas han cambiado, incluyendo a esa criatura que era, que murió el día que comenzó mi metamorfosis, hasta convertirme en una pútrida polilla de cementerio, de aquellas de las que todo mundo huye, pero son necesarias para mantener el equilibrio… “No puedo deciros que ahora no soy un monstruo, porque sería una falacia, en mi ha crecido el odio y la malicia, he fructificado del sufrimiento ajeno, y ante todo, mi carácter ha sido fortalecido por la inclemencia de la propia humanidad… más no me auto compadezco” .

Os juro que la luna misma se reflejó en mi mirada, dejando las escrituras de Alighieri plasmadas en cada facción de mi rostro… sonreí, con maldad… puesto que me podrían haber dicho mil cosas, pero no monstruo… “Puedo ser un monstruo, lo juro… el peor de las pesadillas del más valiente…” en mí se gestaban sentimientos contradictorios, intentaba sentir compasión por él, porque en mi largo andar por la senda de la vida había aprendido que la maldad engendra maldad; pero ¿qué más da si mi naturaleza es aquella, inevitable e intransigible? “Te mostraré la clase de monstruo que puedo llegar a ser…” pensaba mientras la sonrisa que vitaba mis labios fue abriendo paso a mis colmillos, cada uno de los incisivos humanos era lacerantes colmillos, perfectamente afilados para desgarrar y penetrar cualquier tejido muscular…

Di un par de pasos en dirección al vampiro, sintiendo el fango en mis pies y las raíces de los arboles rodear mis garras -¿Monstruo me has dicho?- mi voz socarrona denotaba un sarcasmo capaz de producir repulsión, quizás la misma que sus propias palabras habían causado en mi antes. –No tienes idea de cuan monstruosa puedo llegar a ser…- Cada vez la distancia entre ambos se aminoraba, sentía que mis manos podían tocar la porcelanizada piel del inmortal, más dentro de mí una furia se despertaba, alimentada por el despectivo comentario de él…

Antes de poder reaccionar, me abalancé sobre él con las garras de las manos por delante…

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Re: Fantasma Lacerante - Privado con Verona

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Vie Jun 19, 2015 9:55 pm

Poco a poco fui consciente de que el pantano había dejado de omitir su larga serie de ruidos, de que las aguas verdosas y con aquel intenso olor, habían dejado de agitarse. El silencio envolvía todo, como si la ciénaga misma, toda ella, se hubiera puesto en suspenso de repente. Lo deduje con una porción mínima del cerebro pues mi atención estaba puesta en aquella criatura, en ese monstruo del que parecía imposible alejarme, pero al mismo tiempo era capaz de percibir todo mí alrededor, como si la criatura no existiera. Dude de si estar de pie sería lo más inteligente. A mi alrededor, toda vida parecía desvanecía, oculta o perdida y la única vitalidad que yo percibía provenía de la criatura que con un ágil salto, había puesto sus pies en el suelo, a pocos metros de mí.

Su figura se estiró lentamente, desprendiéndose del fango a su alrededor como si fuera parte del escenario. Sus garras dejaron marcas en el piso embarrado mientras avanzaba lentamente hacía mí. Su alta figura estaba cubierta con una especie de túnica raída y en su espalda continuaba viendo las protuberancias que alimentaban mi curiosidad por momentos. Subí a su rostro, y el mapa de lo que era se reflejó con la luz natural de la luna. Los ojos pequeños, fríos y unos colmillos más grandes de lo que nunca había visto. Retrocedí, ligeramente satisfecho de que a pesar del terror que me embargó, del temblor en cada célula de mi cuerpo y del instinto primario de salir corriendo, pudiera aún moverme siendo consciente de lo que me sucedía. Su cercanía era insoportable. Desvíe mi camino y deje el árbol a mi izquierda, caminando hacia atrás, aunque ninguna distancia fuera la necesaria para mí.

De pronto, y como si esa inteligencia que yo había visto en sus ojos no fuese suficiente, como si soportar su imagen no me enloqueciera lo necesario, en ese momento fue que la escuché hablar. Aquella cosa, aquel monstruo, aquel demonio, que era mi demonio personal, se estaba comunicando conmigo y no estaba nada complacida con mis palabras espetadas anteriormente. Yo no pude responder. Su vocabulario no parecía limitado y su voz era clara, nítida a pesar de su extraño acento. Se expresaban con coherencia y todo ello, el conjunto de lo que me había mostrado, de lo que me había dicho, de lo que era esa criatura, me desquicio. El grito amenazaba con emerger de nuevo, trastornado, desesperado. Pero se quedó en mi garganta y me asfixió.

Casi de inmediato, viéndolo yo como si fuera  en cámara lenta, la vi lanzarse contra mí, desapareciendo aquella distancia con una facilidad tal, que fue como si la hubiera visto dar un paso sencillo pero largo hacía adelante. Caí al suelo y al impacto, sentí el olor a sangre inundar mi nariz y nació desde mi espalda baja un dolor punzante que quemo desde mis entrañas y abrasó mi cuerpo por completo. Gemí de dolor,  incapaz de separar un dolor de otro cuando sus garras perforaron la carne preternatural y dura como si fuera simple seda y sus uñas rozaron el hueso de mis clavículas. Era muy fuerte, era poderosa. Intente reponerme y la empujé con las manos y la golpee con las piernas, deseando apartar su abominable ser de mí. Yo jadeaba y la falta de sangre comenzaba a molestarme, a debilitarme mientras yo peleaba desesperadamente  para intentar alejarme de ella cuanto antes.





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Re: Fantasma Lacerante - Privado con Verona

Mensaje por Verona el Vie Jul 03, 2015 2:26 pm

No soy un monstruo…
Solo tengo un punto de vista diferente de la vida…







Y observé el espectáculo, como si de algo ajeno a mí se tratase, como el inmortal se comportaba con un pavor descomunal a la muerte, más allá de muchos otros mortales, en su mirar existía algo distinto al terror que antaño había observado, era la reminiscencia de una vida pasada quizás, de nuevo la sensación de que no era la primera vez que se encontraba con uno de mi especie clamó en mi interior “Pero que importaba ya si él había visto a un antiguo antes, sí su miedo era despertado por un evento previo, si yo no era más que un simple catalizador de lo que ya había vivido… solo estaba el ahora, él y yo en un universo atemporal en el que, él era una presa y yo su predador…”

De aquel arranque, del que me desprendí en un acto visceral de agresión, se concluyó en una aparatosa caída, “Aún un inmortal puede sangrar, y su sangre es más vital” pensé al sentir el olor de este elixir rojo combinándose con el agua de la ciénaga, “un verdadero desperdicio” , pero no era la sangre lo que me impulsaba a seguir, era un odio mayor, proveniente del desprecio, de la forma banal en la que se expresaban de mi estirpe, de mi misma ahora…

Mis uñas, o mejor aún, mis garras entraron en la epidermis del vampiro, como si rompieran un papel, llenando mi mortecina piel de un rojo vívido, dejándome tocar el hueso, rasparlo y sentir el dolor ajeno, que ahora me producía placer… Alejé mis manos de él, y llevé mis dedos a mi boca, degustando su sangre, lamiendo las uñas que habían estado en su interior… De pronto embistió contra mí, con sus cuatro extremidades y perdí el equilibrio, cayendo sobre mis rodillas, había olvidado que, a pesar de su miedo, no dejaba de ser un inmortal y que su fuerza, apenas naciente era mucho mayor a la de los humanos…

Me incorporé tan rápido como pude, al tiempo que con una mano rompía el botón que ceñía la capa a mi cuerpo, dejándola caer, mostrando una túnica tan vieja como la propia capa, de años inmemoriales, de un esplendor griego que hacía muchos siglos que había muerto… Abrí mis alas de par en par, su envergadura era mayor a los 3 metros, no sabía si las usaría para volar, pero justo en ese instante una mezcla de excitación por la sangre e ira por la intermitente derrota me hizo perder la poca cordura que me quedaba ya…

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Re: Fantasma Lacerante - Privado con Verona

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Miér Ago 05, 2015 6:50 pm

Lo único que podía escuchar era mi propia voz; no era ya el grito que laceró mis oídos momentos antes, sino una voz que se proyectaba en mi mente, dando una nueva orientación a lo que estaba sucediendo conmigo y con aquella criatura capaz de razonar. Una voz que me abría los ojos y daba sentido y solución. Esto dictaba lejos del castigo que yo había imaginado en un principio. ¡¿Dónde estaban los carruajes de fuego?! ¡¿Dónde estaba el demonio con cuernos y el látigo de lava liquida?! Eso habría sido el escenario histriónico perfecto para mí. No esto, no una ciénaga cubierta del pecado. Una ciénaga. El mismo escenario en el que arrojé su cuerpo creyéndolo muerto, por qué en ese momento yo no podía sentir nada, ni siquiera el débil latido de su moribundo corazón apretado contra mi pecho.

Por un instante, un acceso de risa amenazó con invadirme, reproduciéndose en mi memoria la noche en que marqué mi acción   con indiferencia. Recordando vívidamente como solté el cuerpo y este se hundió. Pero pronto, aquella histeria divertida, quedó callado rápidamente ante la visión del verdugo sobre mí, ante el dolor que, como vampiro, era capaz de sentir. No es algo que pueda explicar de una manera lógica, no puedo decir cómo se siente que tus huesos sean rascados por unas garras como aquellas, que a pesar de ser imposible para nosotros sufrir de alguna septicemia, me provocaba tan repulsión que evocaban el humano deseo de vomitar. Sí, así me sentía en ese momento, aterrorizado, asqueado y al mismo tiempo centrado y lúcido. La idea de reírme me parecía totalmente absurda pero por un segundo, se sobrepuso al dolor.  

En esos segundos en los que todas aquellas ideas, pensamientos e irracionales razonamientos pasaron por mi cabeza, mi cuerpo seguía luchando, seguía peleando por quitármela de encima. La pérdida de sangre comenzaba a ser un problema de verdad preocupante, pero no permitía que se notara; sin embargo no se trataba de un absurdo orgullo. Evitaba pensar en ello para solo ocúpame de liberarme de su agarre, de su peso que presionaba en el suelo la rama que se me había enterrado en la espalda baja, luchaba por quitarme de encima aquellas garras que herían hasta mis huesos. Funcionó, no por mí. Fue ella quien me soltó primero, pero como dije, yo no tenía un orgullo que proteger y mientras ella parecía saborear mi sangre, tomé fuerzas y me moví. Recogí mi cuerpo lo más posible y la empujé, la empujé furioso, harto de tenerla encima de mí. Al menos momentáneamente, y fui capaz de establecer una distancia. Empero, quedé tumbado, mirando al cielo enramado y sintiéndome agotado. Esto era una pausa, no era un final, estaba lejos de serlo.

La observé de reojo, adolorido y  fastidiado y en el instante en que se puso de pie yo hice lo mismo. Giré, soportando las punzadas y me levanté; ella lo hizo de un salto, yo me moví lento, dolorido y débil. Apoyé las manos en el suelo y flexioné una pierna hasta que mi pie se apoyó firmemente en el suelo. Me puse de pie sin trastabillar, observando anonadado la muestra de lo que era ella, como si se presentara formalmente antes de destruirme. Las protuberancias en su espalda eran las alas que ahora contemplaba gigantescas. El dolor se acrecentó de una sola vez en cuanto me puse de pie, obligándome a apoyarme en un árbol que estaba por allí a poco más de medio metro. Llevé mi mano a mi espalda y sin detenerme a pensar saqué la rama de un tirón. La larga estaca salió sin fricción y la sostuve en mi mano al tiempo que contenía la voz. Sentí la sangre descender desde las heridas, con su particular olor inundándome la nariz. Solté el árbol y retrocedí unos pasos. Paso por mi mente la duda sobre lo que ocurriría conmigo, si esta criatura tenía planeado acabar conmigo y cuánto tiempo le tomaría hacerlo. Por lo pronto, contaba con un arma. Levanté la vara y la tomé con firmeza a través de la sangre que aún la humedecía.





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