Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Una Corona de Muerte

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Una Corona de Muerte

Mensaje por José Alfonso De Castilla el Sáb Abr 18, 2015 11:13 pm


Francia – París
Recuerdos y notas del pasado



Aquella noche en la mágica ciudad de Paris, todos siempre hablan de lo enigmática que es esta ciudad en cuanto al amor ¿será verdad?, pensaba y pensaba en ello a través de la ventana del carruaje que nos llevaba a la mansión, Isabella no dejaba de hablar de lo extasiada que está por visitar esta ciudad ¿entenderá ella como me siento?, entre suspiros comprendo que no, ella no imagina lo que pasa por mi cabeza con lo que me han comunicado al salir de España

“Una esposa debo buscar, porque mi futuro depende de ello, mi generación y la misma España”

Al final todo se reduce a ello; los suspiros debo mantenerlos a raya al menos hasta estar en la privacidad de mi habitación, en aquella oscura intimidad para poder expresar a voz silenciosa mis sentimientos; la risa de Isabella es lo único que logró distraerme en todo el viaje eso y sus conversaciones en cuanto a nuestra visita.

—Iremos al palacio ¿cuándo?—

—Cuando se les avise de nuestra llegada, hasta ello tendremos que estar en nuestra mansión, es un poco ostentosa pero no es como el palacio, quizás la encontrarás acogedora. Isa—

Como hubiera querido que mantuviera esa familiaridad pero incluso con ella se dibuja esa línea de “linaje”.

—Mi Rey— me regañó por haberla llamado de esa forma tan cariñosa. Su mirada era de desapruebo por mi comportamiento, ni ella, ni mi hermana puede aceptar que la llame con tanta familiaridad, el fruncido ceño debió confundirla pero más mis palabras.

—Caminaré por la ciudad hasta la mansión, y no, no quiero guardias ni nadie cerca mío, puedo defenderme muy bien—

Bajé del coche sin pedir perdón ni permiso, era el maldito Rey podía hacer lo que se me diera la gana ¿o no?, aún me sigo preguntando eso. Quien diría que esa rebelión contra mi propio séquito me traería algo bueno. Las calles estaban tan transitadas, hombres y mujeres, quien creyera que hay vida en las noches; los parques llenos de padres con hijos y de jovencitos en notas de amor ¿Es esa la magia de esta ciudad?, quizás. A cada paso que iba dando más y más personas salían a tomar prueba de su amor, pequeñas muestras que delataban sus sentimientos ¿está permitido eso para un monarca? NO, un Rey debe ser frio y distante de toda mujer, solo debe tener una para procrear nada más.

Al doblar una de las calles principales por la librería, una mujer muy hermosa y que reía moviendo aquella mano con desprecio a un hombre ¿lo estaba enfrentando?, me acerqué averiguar que era aquello, los cabellos oscuros de la dama me cautivaron y quería ver de cerca su rostro. Efectivamente ella estaba poniéndole “puntos sobre las i” estaba dando órdenes y diciendo que no debían desobedecerla, era una mujer con carácter y al parecer igual de solitaria porque no había varón que se le acercara, se mantenían a ralla ¿miedo?.

No pude irme sin al menos saber su nombre, sin saber de donde era o hija de quien, tenía que tener sus datos o me moriría en sueño por ella, sus ojos, sus labios como se curvaban y esas manos en la cintura que la hacían más esbelta y fina. ¿Quién era? La respuesta llegó cuando el hombre se despidió de ella como “Tamina Borgia”. ¿Borgia? Ese era el apellido del papa, el hombre que había aceptado mi ascensión a la corona, el hombre que bendijo mi reinado como el más próspero de todos en España y el que más duraría, ¿pero quién es ella? ¿su hija? ¿su hermana? ¿su amante?. El hombre se fue dejándola sola con el viento agitando esa melena y esa falda fina y delgada que se pegaba a sus largas piernas.

Con cuidado me acerqué a ella, sabía que ella no dudaría en darme cortón, pero solo sonrió haciendo una saludo de la corte, ella sabía quién era, al menos no tuve que mentirle.

—Señorita, me siento en desventaja usted sabe quién soy, pero yo no sé de usted, y como sabe que soy Monarca podría pedir que le corten la cabeza— reí, reí por vez primera durante toda la noche.

La mujer también se rio con esos labios rosáceos —Mi Rey, soy Tamina Borgia, soy la hija de Cesar Borgia hermano de Alejandro II— ahí estaba la confesión que quería, era ella la mujer de la que corrían los rumores de que andaba tras la corona española, pero no tenía apariencia de que fuera una busca coronas, tendría que irme con cuidado con ella.

—Tamina Borgia, eh, sabe señorita muchos rumores la preceden ¿debo andarme con cuidado con usted?— ver su rostro al termino de mis palabras y vislumbrar un sonrojo junto a la negación fue todo lo que quería y necesitaba en ese momento y siempre.

—No mi Rey, es mentira de los que echaron a mi familia, no me interesa la corona pero si usted ¿acaso no recuerda nuestra infancia?— susurró la joven acercándose moviendo todo alrededor de mi

El pequeño José y una joven que jugaban a las escondidas, Una joven que tomaba un pequeño jazmín siendo arrancado por José, la joven que corría por las calles de España tomada de la mano de un joven José
.

Era ella, la mujer que siempre había soñado y pensé que era eso, era un sueño, pero no ella estaba ahí, frente a mi después de tanto tiempo y seguía aún más bella, no podía creerlo y aun no lo creo, ella estaba ahí frente a mi, la jovencita que había amado desde la infancia









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Re: Una Corona de Muerte

Mensaje por José Alfonso De Castilla el Jue Jun 18, 2015 10:31 pm


Francia – París
Pasado y Presente



Aquel encuentro me había marcado completamente, ella no era la misma jovencita con la que sabía jugar de crio, una bella mujer, no había rastro de la infancia porque ahora solo se daba lugar a los cambios que fueron para bien en ella, un cuerpo muy bello y esbelto cuyas telas del vestido la ceñían hasta mostrar lo debido dejando así paso a la imaginación, una que hizo estragos durante toda la noche luego de nuestro encuentro y paseo nocturno, hasta que ella tuvo que partir de ahí dejándome solo pero con una promesa de volvernos a ver muy pronto, no aquí, no en Italia si no en España, nuestra tierra natal.

Las palabras de mi hermana para desposar a una joven española ya no son tan desaprobatorias de mi parte. Pero hay algo que no he contado a nadie y que ahora me atrevo a revelar aquí en mis páginas que espero que el tiempo, las polillas o un fuego inesperado se lleven. Yo no me enamoré de Tamina Borgia en esta noche, la había amado desde niños solo que nunca pude expresarlo, hasta ahora. Esa era la razón por la cual no tomaba una esposa porque no quería a nadie más que no fuera ella, no deseaba otra mujer en mi vida a no ser que fuera la bella hija Alejandro. Su rostro dulce de niña, su sonrisa junto a sus manos amigas; seguía todo como antes, antes que la tragedia llegue a la corona española.

Mi hermana había arreglado mi habitación lo mejor que podía, todo a mis gustos oscuros, como solía ella llamar pero aun en esa oscuridad podría ver los ojos claros de mi amada Tamina. Contaré aquí como fue antes nuestro amor y como se encendió con más fuerza ahora que el tiempo no ha borrado en ambos aquellos sentimientos.

Hace unos años atrás, varios años para ser exactos, cuando apenas tenía seis y podía valerme por mi mismo, llegó una familia Española del interior a la capital, con una niña en el carruaje, pude verla porque su padre era asesor de mi padre y por ello se habían mudado a las cercanías del castillo, era de noche pero pude ver a un ángel, con ropas blancas y la mano agitándose para saludarme. Ella no sabía quién era pero en sus ojos de niña me perdí, pregunté a mi institutriz quienes eran ellos y me respondió lo que todos sabían “eran los Borgia”

Al día siguiente, ya en el castillo oigo a mi padre por los jardines conversando con un hombre, Cesar Borgia hermano del Alejandro II, junto a su hija y esposa que estaban sentadas esperando, mi padre, como un buen rey benevolente me llamó para estar con las damas hasta que los “asuntos” de estado finalizaran. Ahí, es en ese entonces que ella me conoce como el príncipe español, su reverencia y nerviosismo me encantan y la invito a jugar por le jardín. A partir de ese momento no había día que no pasáramos juntos jugando, en los jardines o por los bosques aunque siempre era en compañía de la guardia real. Hasta ese día

—Como se atreven a dejar a mi amiga así, que no ven que antes de mi persona esta ella, es una mujer por amor a Dios— regañé a la guardia pero ellos no me contestaban y solo la voz de Tamina puede oir en aquel silencio

—Está bien José no te preocupes, estoy bien solo fueron unos rasguños al caerme, nada grave, ellos están cumpliendo su deber soy una plebeya y tu el futuro rey de este nación— aun con mi furia ella pudo contenerla, éramos una pareja perfecta ya en ese entonces, me acerqué a ella y le ofrecía mi espalda para que montará, con su risa supe que había aceptado, la lleve hasta el castillo cuando llego su madre asustada al verla toda despeinada y sucia, su padre y el mío salieron después, al verla bien y en buen estado mi padre me felicito porque había sido un caballero con la dama. Solo su sonrisa podía ver y oír —Gracias— fue todo junto a un beso de sus labios a los míos…

Un beso que nuevamente se repitió esta noche, solo que no como en antaño donde ella ella me dio le beso dejándome petrificado, ahora se lo daba con la diferencia de que esta vez sí fue respondido por sus labios que se abrían al contacto de los míos.

Ansiaba volver ya a España y mi impaciencia lo estaba notando mi querida hermana.







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Re: Una Corona de Muerte

Mensaje por José Alfonso De Castilla el Mar Ago 18, 2015 11:30 pm


París — España
De regreso a casa



Habían pasado meses desde aquel encuentro y no dejaba de pensar en aquella mujer, en Tamina. Sus ojos aun me seguían en las constantes noches de desvelos y sueño, no conseguía pensar en otra cosa que no fuera en ella, me hago aun las preguntas constantes de como estaría.

¿Estará pensando en mí?

¿Sabrá ya que estoy de camino a España?

¿Aún recuerda el pasado?

¿Seguirá siendo la misma niña, o ya cambió?

¿Qué pensamientos tendrá ahora sobre nosotros?

¿Habrá un nosotros?

Tengo tantas preguntas pero las respuestas se me escapan de la mente y solo se desdibuja su figura. Incluso me he atrevido a hacer un dibujo de ella con carboncillo, sé que no le hace justicia y que a diferencia de los artistas de la corte el mío quedaría como un simple recuerdo, pero lo tengo guardado cerca de mi corazón recordando su bello rostro. En mi ser se estaba albergando una desilusión

¿Y si estaba casada y con hijos?

¿Y si el santo padre no nos da la bendición?

Tengo nervios aun de pensar en ello, solo espero poder volver a España lo más rápido para volver a verla, sabía que estaba ahí ¿cómo lo sabía? Bueno, luego de nuestro encuentro fortuito en parís, envié a uno de mis guardias a averiguar todo sobre lo que hacía y hará la joven Tamina, sabía en qué lugares estaría en la ciudad y cuando volvería a España para radicarse ahí por unos meses antes de volver a Italia, por ella apresuré mi estadía en la ciudad para volver a mi hogar.

El viaje se estaba volviendo pesado junto a mi hermana no paraba de criticar mi decisión de no permanecer más de lo que habíamos estado, me reprochaba nuestra corta estadía y así como mi desplante a ciertos “aliados” de la corona, como si me importar hacer lazos viejos con fósiles de nuestro padre, ella sabe que tengo otras ideas para la corona española, solo que ella no los acepta. No se mantuvo en silencio hasta que cruzamos a la última estación férrea, cerca de las montañas, de ahí nos tocaría tomar la diligencia y eso era lo que ella más detestaba, ahora entendía sus rabietas y reproches, pero todo eso quedaba de lado al saber que en días estaría más cerca de la mujer que me había robado el corazón, que era dueña de todos mis pensamientos e incluyendo los más oscuros, nocivos y tórridos.

Solo un poco más, uno poco más de tener que aguantar a Isabella y podría ser libre al fin, libre en mis dominios; Si, por que para un rey, para EL REY, lo mejor que hay es poder moverse con toda la tranquilidad es su territorio donde puede hacer y deshacer a su antojo. Y de ello la primera en conocerlo sería mi querida hermana de la cual ya tenía pensado su castigo al llegar a España, una ligera venganza de buen gusto, claro que solo para mi.







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Re: Una Corona de Muerte

Mensaje por José Alfonso De Castilla el Vie Sep 18, 2015 11:13 pm


España
Al fin en casa…



La diligencia tarda más de lo que me esperaba, a este paso llegaremos en miles de años. Bueno no tanto pero si iniciando la estación invernal, solo me quedaría pocos meses para pasarlo con mi amada Tamina antes de que se embarque para Italia. No debo desesperarme o sea obvió para Isabella y luego no me la quitaré de encima con sus preguntas.

Todo el viaje me la paso mirando por la ventana, apenas y descanso y el resto de las horas escucho las cantaletas de mi preciada hermana, a veces me pregunto…

¿Será que ella llegó a amar a alguien más que a si misma?

Lo dudo…así se refleja mi mirada sobre ella analizando su comportamiento tan desinteresado por los demás solo le llama la atención la moda, el lujo y lo que puede sacar provecho. Solo puedo reírme de ello, porque no sabe que su futuro está sellado con el matrimonio con algún noble que designe nuestro monarca o quizás yo, y sí, ese será el castigo de mi presumida hermana un compromiso con un hombre mayor y viudo, que no haya tenido hijos y que sea de los más desagradable posible.

Mientras habla la imagino con aquel futuro esposo y solo puedo reírme a lo que me gané una bofetada sonora que me ha dejado el rostro rojo.

Eso es todo por el momento…El resto del viaje lo pasamos en silencio, sin mirarnos.

Llevamos un mes de viaje y la impaciencia crece más y más, distingo por entre la ventana el paisaje de mi hogar y efectivamente ya está el invierno. Los árboles has perdido completamente las hojas, los lagos están congelados y los pequeños riachuelos corren con aguas heladas si seguía así el clima en dos o tres semanas más se podría ver la nieve caer, eso sería una mala señal para mí. Traté de que se apresuraran en el viaje, a Isabella le prohibí más paradas pero nada aun siendo el futuro rey ella no me obedece, seguimos con el mismo andar y sé que esto es su venganza por haberla traído tan rápido y por reírme.

Llegamos a una de las ciudades españolas, al fin estaba más cerca. Solo estaría a dos semanas de llegar a casa pero no soportaría mucho a ese paso y con los descansos largos que pide mi hermana. Así que solo quedaba una cosa por hacer. Me arriesgue y en aquella ciudad tomé un caballo para salir por mi propia cuenta a la aventura.

El viaje fue pesado descanse lo menos que podía mientras montaba, el caballo llegó en condiciones muy cansadas por lo que tuvieron que llamar al doctor, en cambio a mí, mi padre exigía la razón de mi regreso a solas sin la compañía de mi hermana en la diligencia respectiva. No tenía tiempo para ello, solo debía arreglarme y salir en busca de Tamina, sabía que estaría en una de los bosques Españoles en su paseo matutino.

En dos horas máximo estuve listo y ya en mi caballo real, con el pretexto de realizar mis “deberes reales” abandoné el castillo en busca del amor. Los bosques tan enigmáticos y mágicos despiertan los sentimientos más profundo y olvidados, el amor. Y ahí estaba el mío, sentada sobre un tronco caído, observando la nieve caer con aquella capucha verde esmeralda y sus ojos tan cálidos como siempre lo mismo que su sonrisa que se ensanchó al verme, no me detuve, bajé rápidamente y la cargue en brazos robándole un beso, pero no uno románticos, si no uno pasional, un beso como el que se dan los amantes luego de años sin verse, porque en nuestro caso era así.

Ahora no la dejaría irse de mi lado, aunque me lleve a la Iglesia de enemigo, lo haría, haría todo eso por ella.







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Re: Una Corona de Muerte

Mensaje por José Alfonso De Castilla el Miér Nov 18, 2015 10:53 pm


España
A la cacería del amor



La búsqueda de aquella por la que mi corazón aun late no fue sencilla, los primeros indicios arrojaban que estaría en Italia de nuevo junto a aquel que la tenía prisionera eternamente, más como el futuro monarca de España no estaba en mi el rendirme tan fácilmente, algo debía hacer y pronto o de lo contrario sería muy tarde.

Aun cuando tenía todo en contra y no había nada favorable en mi posición sabía que solo había un camino a tomar, tendría que raptarla antes de que la obligaran a un matrimonio, pero ¿por dónde comenzar? Solo había una solución, sus parientes en España.

En silencio para no levantar sospechas de nadie de la corte y fuera de ella encontré a la gemela de mi amada, era tal cual. Juliett no había duda que era igual a Tamina pero muy diferente en su forma de ser ella era lo opuesto a mi amada, al ver a aquella mujer no hizo más que llenarme de más dudas


¿Será que ella conoce a su gemela?


Tenía que averiguarlo y así comenzó mi plan para acercarme a la familia de Tamina, en secreto y a escondidas.

Al tratar con Juliett me di cuenta que ella no sabía nada de su familia más de lo que le habían contado, así que con ella sería imposible dar con Tamina, pero.


¿Si se riega el rumor que el Rey de España pretende a la gemela, como lo tomaría su santidad?


Y como esperaba, los rumores no se hicieron esperar, toda España hablaba de ello, de que estaba pretendiendo a una joven noble, y claro ello llamó la atención de la santa madre Iglesia, ahora tendría que esperar por aquellos espías. Todo estaba saliendo acorde mi plan, pronto vería a Tamina y podría hablar con ella abiertamente, mientras la amistad con Juliett tendría que servir, aunque me sienta mal por utilizarla de esta manera.

Aunque ella sabe casi la verdad, no le he dicho que por su hermana, sabe que es una mujer importante y de lo que siento por ella, así que Juliett me ayuda porque cree en el amor, por lo tanto le he prometido recompensarla por su sacrificio, porque es tan grande el aceptar dichos rumores

Y todo para que un monarca enamorado encuentre algo de amor en su fría y solitaria vida.







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Re: Una Corona de Muerte

Mensaje por José Alfonso De Castilla el Sáb Ene 21, 2017 10:53 pm


España
Castillo de José Alfonso de Castilla




No, definitivamente era incapaz de posponer por más tiempo la excursión que prometí hace ya una semana a mis queridos alumnos del orfanato. Recuerdo vivamente el alborotó que se formó cuando les propuse la idea. Fue sobrecogedor: una veintena de ellos –dominados por la euforia- se subió a sus pupitres, lanzando a los aires los dictados que acababan de realizar con tanto esfuerzo. También, algún que otro almuerzo se estrelló fatalmente contra el suelo polvoriento, y es que gozaban de una energía a la que ya me tenían más que acostumbrado. Aunque para algunos suene patético, para mí dibujarles una sonrisa cada mañana no tenía precio. Es más, el orfanato jamás dio señas de remunerar mi labor, supongo que para los responsables del recinto, mal alimentar a los chiquillos era más importante que su educación. Ahora no voy a entrar a discutir esta cuestión, pues no hay cosa que me enfurezca más.

Aquel día, la multitud parisina se apartaba escandalizada cuando nuestro usual tren-humano cruzaba las calles a la voz del mítico: ‘Chú-chú’. “Se nos oía venir, te lo aseguro”. Tomados de las manos, formábamos una ruidosa fila india, por supuesto yo era la locomotora que les guiaba. Ya lo tengo dicho: el conocimiento nos espera ahí fuera. Es verdad, no sabría decir quién estaba más emocionado, por lo que a mí respecta ¡me encontraba eufórico! Me había pasado el día anterior trazando el recorrido y organizando las visitas, decantándome por lo más económico al bolsillo, claro está.
Nos detuvimos por largo rato en el mercado de Halles, allí les conté su historia, les mostré los proyectos con grandes grabados que traía enrollados a mí espalda. Alabé la labor de mi anciano amigo Victor Baltard. Su manera de concebir la arquitectura me tenía fascinado: era toda luz y espacio. Una mezcla estructural entre la firmeza del hierro y lo liviano del cristal. -¡Chicos recordad esto! ¡Porque aquí comienza la nueva Revolución!- el público allí presente no pudo más que girarse alarmada. -¡No, no! ¡Hablo de arquitectura!- Ciertamente pocos entendían esta pasión. Yo sólo pretendía inculcarles todo aquello que el nuevo siglo traía.
A la tarde, decidimos “descansar” en el conocido bosque de Vincennes, y lo pongo entrecomillado porque: -¡El saber no tiene descanso!- mascullé animado, levantando en volandas a Martín. No todo fueron risas, tuvimos algún que otro percance: Ronald tiró al lago a Edward; Charles quedó atrapado en un cerezo; Luisa se comió literalmente un banco. Esta clase cosas ocurren cuando menos me lo espero ¿qué voy a hacerle? Tuve que reunirlos en corro para tomarme un merecido respiro. Hasta que…
-¿Stelle dónde está tu hermano?- la niña se encogió de hombros resoplando. Amarré mis cosas intranquilo. Conocía demasiado bien los intentos de Tullus por llamar la atención. -¡A la aventura!- gritamos al unísono salvando la empinada ladera ¿Dónde se había metido este chico? “¡Tullus, Tullus!” resonó en el florido jardín.







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Re: Una Corona de Muerte

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