Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Demetrio Fallenius el Miér Mayo 27, 2015 2:31 am

You must be afraid of the people in the dark

Demetrio estaba realmente cansado de esconderse como una rata de alcantarilla y tenía un plan que había estado desmenuzando escrupulosamente durante las últimas tres semanas. La víctima estaba en la mira. Según sus propias investigaciones, Ciara Conti era la candidata ideal para llevarlo a cabo. Era una joven hermosa a la que había estado espiando durante los últimos días. Vivía en una de las zonas más exclusivas de París, en una enorme y ostentosa mansión con un gran jardín, similar a la que pertenecía a Tino, su padre, allá en suecia. Por supuesto, ella debía tener mucho dinero, lo que a su vez la convertía en el blanco perfecto para su maquiavélico plan. Para la familia de la muchacha, pagar el rescate que Demetrio tenía en mente, iba a ser como quitarle un pelo a un gato. Quizá por eso él estaba convencido de que el proceso sería rápido, que bastaría con enviarles un anónimo para amenazarles en una o máximo dos ocasiones, y en que en cuestión de horas estaría cobrando la recompensa por el acto tan vil que no dudaba llevar a cabo, dinero con el que se largaría a otro lugar, mucho más lejos, donde les fuera todavía más difícil encontrarle a sus enemigos. No lo hacía por gusto, eso era obvio, lo hacía por necesidad. La dura y preocupante situación en la que se encontraban, no solo él sino toda su familia, lo orillaban a actuar desesperadamente, a no tentarse el corazón. ¿Por qué hacerlo si de eso dependía su propia integridad? Era su vida o la de alguien más, y no hacía falta poseer un elevado cociente intelectual para darse cuenta de lo que él prefería.

Llegó puntual, y aunque se detuvo muy cerca de la mansión Conti, se aseguró de quedar lo suficientemente oculto de los ojos de cualquier curioso que pudiera desconocerlo y convertirlo en un extraño sospechoso. También tomó la precaución de vestirse de negro, con unos cómodos pantalones que le quedaban justos al cuerpo y con una chaqueta imitación cuero del mismo tono. Para esconder y mantener sujeta la cabellera, eligió un gorro de lana, también en color oscuro, y para cerciorarse de no dejar ninguna huella que pudiera incriminarlo, se protegió la mano izquierda, la única que le quedaba, con un guante hecho de un material sintético, mientras que el muñón de la derecha, que seguía doliéndole como el demonio, lo protegió recubriéndolo con un trapo grueso. Optó por las botas más cómodas que tenía en su reducido guardarropa, las silenciosas de suela antideslizante. Llevaba todo lo que necesitaba bajo las ropas, bien escondidas y debidamente sujetas, como todo un profesional.

Se quedó de pie por algunos minutos, oculto en la oscuridad, fundiéndose entre las sombras, mientras contemplaba con atención la mansión Conti desde ese ángulo, tan solo para corroborar lo que ya sabía: las luces estaban apagadas, anunciando que no había nadie en casa. Entonces, decidió acelerar el procedimiento. Se dirigió a la residencia con el rostro gacho para evitar que alguien pudiera ver su rostro y lo identificara después si algo salía mal. Recorrió el vecindario con la misma seguridad de alguien que ha vivido allí durante los últimos ocho años, y finalmente se encontró frente a la puerta de la casa de Ciara Conti. La calle estaba vacía cuando se volvió para mirar a ambos lados, tan solo para corroborar si alguien lo estaba observando, lo que le dio la oportunidad y tiempo suficiente para sacar y utilizar el alambre con el que después de un breve instante –aunque más largo del que habría utilizando teniendo su mano derecha- logró abrir la chapa, dejando apenas un rasguño, una pequeñísima y microscópica marca que indicaba que había sido forzada pero que muy pocas personas visualizarían. Ya adentro, sacó su viejo reloj de bolsillo y corroboró sus tiempos. Se dio cuenta de que tenía aproximadamente media hora antes de que la joven llegara, por lo que se dejó caer sobre uno de los cómodos sillones de la gran sala para descansar un momento.

Por dentro, la casa era amplia y acogedora. Demetrio se puso de pie y aprovechó el tiempo que tenía a su favor para husmear sus alrededores. Encontró el comedor, de donde tomó una de las manzanas rojas que se encontraban sobre la mesa para darle una gran mordida, luego subió hasta el segundo piso, hasta que llegó a lo que parecía ser la habitación de Ciara, al que no dudó en entrar. La cama estaba hecha pero sobre ella se encontraban varias prendas de vestir algo revueltas, entre ellas un corsé. Demetrio lo cogió con su mano buena, lo alzó dejándolo a la altura de su rostro, pero justo en ese instante un inesperado ruido proveniente del primer piso lo hizo ponerse alerta. Lanzó la prenda sobre la cama, acomodándola exactamente como la había encontrado, y corrió a esconderse. Luego de haberla espiado durante varios días, conocía de memoria prácticamente toda la rutina de Ciara, estaba enterado de que tenía la costumbre de reunirse con algunas amistades los viernes o sábados por la noche, que solía llegar a su casa algo tarde, pero justamente esa noche ella había decidido llegar antes de tiempo, tomándolo desprevenido, sin darle el tiempo suficiente para buscar un mejor sitio para esconderse.

Se ocultó detrás de la puerta de la habitación, donde permaneció muy quieto y con la respiración contenida. Por esos instantes lo único que pudo escuchar fueron los latidos de su excitado corazón y los pasos de la joven acercándose, luego hubo un repentino silencio, mismo que fue roto por el inoportuno sonido de su reloj escapándose de su bolsillo y estrellándose contra el piso. Demetrio sintió que la sangre se le helaba cuando se dio cuenta de lo ocurrido. Tuvo la intención de coger el reloj, pero ya era demasiado tarde. Ella lo vería, estaba seguro. Lo mejor que podía hacer era prepararse para cuando ella lo descubriera.
¿Cómo era posible que a un criminal de su talla se le viniera abajo todo un meticuloso plan por un descuido tan estúpido? Tuvo el deseo de maldecir en ese preciso instante en voz alta al mundo entero.

Idiota.


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Última edición por Demetrio Fallenius el Lun Jun 15, 2015 12:20 am, editado 1 vez

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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Vie Jun 12, 2015 5:58 pm

- No aceptaremos un no por respuesta – dijo su compañera de trabajo, otra joven de clase alta que, como ella, habían decidido ayudar en el hospital, - seremos Roger, mi hermano  y tú, no puedes decirnos que no, sabes cuánto le agradas a Damián – aseveró Marian. ¿Cuánto hacía que había comenzado a socializar tanto? ¿Cuándo había bajado la guardia sobre su prurito de ser descubierta? ¿Y si alguien sospechaba que Ciara Conti, no era quien decía ser? ¿Si los que mataron a su esposo, descubrían su paradero y deseaban recuperar el dinero que les debía cobrándose con su vida? La sonrisa se le heló en mitad del rostro – lo siento, en verdad estoy muy cansada – se disculpó, no era del todo una mentira, ya que en esos meses en que el otoño se extendía, más cruel, pareciéndose cada vez más a su hermano, el invierno, los pobres de toda la ciudad se volvían  asiduos visitantes del Hospital, y la joven llegaba al final de su jornada, casi extenuada.

Tras un saludo afectuoso,  y la promesa de no declinar la próxima salida al teatro, Ciara decidió que era hora de volver a su residencia, - allí, estaré más segura, aunque no me espere nadie – dijo, pensando en la casa vacía. Seguramente la cocinera le habría dejado un plato con una cena fría en el aparador del salón, el mayordomo se ocuparía de dejarle todo lo necesario para poder tener luz en cuanto cruzara el umbral de su residencia y si deseaba tomar un baño, la bañera de porcelana estaría repleta de agua caliente, que cubierta con un manto grueso, mantendría el calor del agua hasta la hora que llegara del hospital y se sumergiera en ella. Suspiró pensando en lo deliciosa que sería sentir aquella caricia del agua en su cuerpo, la sonrisa sensual que se delineo en sus labios, sus orbes entrecerrados, hicieron que algunos caballeros que cruzaron su camino se giraran a observarla, admirando su porte. Ciara había sido una hermosa muñequita, Erwan la había elegido muy bien, perfecta mujer, excelente anfitriona y callada mujer que no molestaba jamás. Solo que nunca meditó en la posibilidades de que sus planes no saldrían como esperaba, los hijos jamás llegaron, y él terminó asesinado en un callejón a la salida de un tugurio de mala muerte, donde había ido a divertirse entre prostitutas y ladrones.

Ciara detuvo a un carruaje, con un movimiento suave de mano, el chofer se apresuró abriendo la puerta para que la joven subiera, escuchó la dirección que le indicaron y asintió todo con un gesto digno del lacayo del palacio real, - por favor apresúrese, pareciera que el clima descompondrá – le advirtió al hombre, no lo hacía por pensar en la salud del conductor, ni porque le molestara mojarse si la lluvia caía antes de que ella llegara a su hogar. No, lo que sucedía era que una de las cosas que más aterraba a la británica, eran los truenos y rayos, siempre pensaba como algo que había sido creado por Dios, el  Señor misericordioso, podía ser tan peligroso, quemar árboles, matar personas, animales, partir las velas de los navíos, todo aquello asustaba a Ciara, - a veces, los hombres son como las tormentas, encolerizados braman como el trueno, su enojo también puede herir y hasta matar – caviló, ella conocía bien lo que era vivir con un hombre así, por eso rogaba jamás volver a cruzarse con uno con ese temperamento.

Inmersa en sus pensamientos, en sus recuerdos del pasado, de cuando no se hacía llamar Ciara, se olvidó que las distancias se acortaban, fue recién cuando el carruaje se detuvo y la puerta se abrió, cuando la falsa italiana, volvió al presente. Fue cuando por fin, llegó a la puerta de su hogar, subiendo los pocos escalones que la separaban del jardín de entrada, e hizo girar la llave en la cerradura, se dio cuenta que estaba sin cerrojo, aquello  le hizo temer, ¿Qué podía haber pasado para que su mayordomo cometiera tal torpeza?  Negó con un movimiento de su cabeza, de seguro el anciano todavía no se retiraba, tal vez necesitaba una de esas medicinas que ella solía conseguir, para la enfermedad de su esposa. Suspiró aliviada, pensando que debía ser el motivo de tal descuido.

Caminó por el vestíbulo, tomó los cerillos y encendió el candil, -¿Rupert? – Dijo con voz clara, pero con un dejo de duda - ¿Dónde estás? – no recibió contestación, lo que provocó  que todo su cuerpo temblara. Tomó un candelabro de plata que se encontraba en la mesa del comedor, en la que siempre los ponían  uno a cada lado de la decoración de frutas y flores que adornaba la mesa. Se dirigió silenciosa por la escalera a la parte superior, hasta llegar a su cuarto que se encontraba semi iluminado por las luces de la calle que comenzaban a ser encendida, - ¿Ru.. pert… estas aquí? – dijo en un tono casi imperceptible, había cruzado el umbral de la habitación, caminaba por el piso de madera, cuando el sonido seco de un objeto al caer al suelo la hizo paralizarse. La llama flameó, antes de apagarse.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Lun Jun 15, 2015 12:13 am

Ya no había tiempo para empezar de nuevo, para enmendar los errores. Era hora de actuar rápido, de improvisar si tenía que hacerlo.

Aún en la oscuridad, buscó su arma bajo la chaqueta y en silencio la empuñó con la seguridad que sólo podía tener un hombre con el repertorio criminal que llevaba a cuestas. Le quitó el seguro y salió lentamente de su escondite, colocándose justamente detrás de la joven en la que había identificado el miedo. Le gustaba notar ese sentimiento en los demás porque le daba el poder de la situación, lo hacía sentir confiado, olvidarse de las consecuencias de sus actos, concentrándose, entregándose de lleno.

No te muevas. No hables. Si das un paso más tus malditos sesos rodarán por el piso —le amenazó violentamente con un vozarrón que provino desde sus entrañas. La encañonó por detrás, sin dejarle conocer su rostro, colocando el frío metal del arma sobre el hueso occipital del cráneo de su víctima. Todavía podía sentir su corazón latiendo como un loco; la adrenalina inundando sus venas; el sudor sobre su frente, cuello y espalda—. Tira el candelabro al piso —le ordenó. Ella no pareció captar sus palabras a la primera, lo que lo orilló a zarandearla violentamente hasta lograr que el objeto de metal se soltara de sus manos y cayera al piso. Sin dejar de apuntarle, se agachó junto con ella hasta que logró alcanzarlo, luego lo arrojó debajo de la cama, donde no pudiera alcanzarlo.

Lentamente, Demetrio cruzó su brazo libre, el de la mano cercenada (aunque la llevaba lo suficientemente cubierta para evitar que ella notara que le faltaba la extremidad), por encima del abultado pecho de Ciara para inmovilizarla y asegurarse de que no intentaría algo estúpido. Ella se tensó al instante dando un respingo. Pudo sentir su cuerpo rígido, temblando. Fallenius le restregó la pistola en la cabeza y cargó el tiro para infundirle más miedo del que ya debía tener, porque eso era lo que debían hacer los criminales para someter a los perjudicados, hacerles creer que estaban dispuestos a todo sin piedad alguna. Todavía no había nacido la persona que se atreviera a hacerse el valiente con una pistola apuntándole a la cabeza, y Demetrio dudaba mucho que una joven como Ciara Conti tuviera los suficientes pantalones para ser la primera en sorprenderlo.

Eso es, aprendes rápido —comentó cuando presionó su cuerpo contra el de la joven, hasta que la sintió completamente quieta y resignada ante la situación, probablemente dispuesta a cooperar

Sin soltarla y sin dejar de apuntarle, la obligó a avanzar algunos pasos y luego se detuvieron a media habitación.

Ahora, escúchame bien porque no voy a repetir las cosas —le habló al oído, dejando que su aliento bañara toda su oreja. Es probable que tal acto haya resultado repugnante para la muchacha, pero Demetrio no escuchó ni una queja, ni un murmullo, ni un solo respiro. Era como si de pronto ella se hubiera convertido en piedra bajo sus brazos. Habría jurado que acababa de desmayarse, pero seguía firme sobre sus pies—. Lentamente voy a darte la vuelta y vas a sentarte sobre la cama. Vas a quedarte quieta, inmóvil como una maldita estatua, con la cabeza gacha y las manos entre las piernas. Un solo ruido, un solo movimiento, y será lo último que hagas. ¿Entendiste? —Preguntó, pero le chistó antes de que ella pudiera abrir la boca para responder—. No hables, solo asiente una vez si has entendido —le ordenó alzando nuevamente la voz.

Realizó una serie de movimientos rápidos y en cuestión de segundos llevó a cabo lo que acababa de relatarle. Tal y como había dicho, la obligó a sentarse. Colocó sus manos unidas y las hundió en su entrepierna, luego, con una mano tomó su rostro y lo maniobró bruscamente hasta dejarlo gacho. No quería que lo observara mientras terminaba de hacer su trabajo. Hubiera deseado que nunca conociera su rostro, pero debía encender la luz para guiarse mejor por la habitación. Así que lo hizo. Cogió los cerillos de la mesita al lado de la cama y con ellos encendió una pequeña lámpara que se encontraba allí mismo. Su identidad quedó al descubierto.

¿Esperas a alguien? Di la verdad. —Sentenció ya frente a ella, sin dejar de apuntarle.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Lun Jul 06, 2015 10:14 am

Un  sonido corto y seco, siguió al del objeto que caía. La oscuridad no le permitía reconocer ni las distancias, ni si en ese cuarto había más de una persona. Pero sus oídos distinguieron  unos pasos acercándose, a ella, por detrás. El frío del metal de un arma se apoyó  en su cabeza, ésto la hizo dar un respingo, inspiró profundo y el aire quedó apresado en sus pulmones. La voz  de un extraño le exigía que tirara el candelabro, además de no  moverse o intentar hacer alguna tontería. De seguro  no pensaba hacer nada que pidiera ponerla en peligro, pero  el terror que la embargaba, hacían que sus manos estuvieran agarrotadas, apretando aquel objeto. Fue después de  que el hombre la zamarreara, cuando pudo soltarlo. Llevó sus manos al pecho, ocultando su corazón, - por favor… no me haga daño…  -  suplicó, pero el ladrón no le escuchaba, por el contrario, pasó un brazo por alrededor de su cuello y apretó levemente. Aquello provocó que dejara de temblar, pero no porque se calmara, por el contrario, imágenes, sonidos,  vinieron a su mente. Se acordó  de una de tantas veces, cuando su sádico esposo  la tomaba por el cuello y le explicaba lo fácil que era partirle el cuello, - un solo movimiento y morirías como las aves de corral… solo que ellas valen más que tu –  dulces palabras para estimular un encuentro amoroso. Ciara sintió el aliento de aquel hombre, en su oído, y toda la sangre se retiró de su rostro, estaba a punto de desvanecerse. ¿Podía ser que aquel extraño, no fuera otro que su esposo, que venía a cumplir su promesa de matarla?, cerró los ojos y rogó al cielo que pasara lo que pasara, si debía morir, que no tardara en hacerlo.

Pero no fue así, el extraño volvió a exigirle, esta vez, que se sentara en el borde del lecho y que mantuviera sus manos unidas en el regazo y la cabeza gacha. A cada explicación de lo que debía hacer, Ciara asentía con un suave movimiento de su cabeza. La mano del hombre levantó su mentón, no podía ver el rostro en la oscuridad, pero aquellas pupilas brillaban, como el filo de puñales, Ciara no pudo contener las lágrimas, aunque no sollozó, solo se deslizaban, como gotas de lluvia en una escultura de mármol, sin expresión, abstraída de lo que allí estaba sucediendo.  

Con sus manos entre las piernas, su rostro inclinado, casi tocando  con su barbilla el vestido, incomoda, por falta de oxígeno, al tener el corsé tan ajustado, impidiéndole  respirar correctamente, unido al pánico que la embargaba por la situación. Aun así, agradecida que aquel extraño no fuera el maldito hijo de puta con quien había estado casada por demasiado tiempo.  Sus oídos podían percibir los movimientos que, el individuo, hacía recorriendo la habitación, lo que le permitía  darse una idea por donde se encontraba  su carcelero. En esos momentos, la chispa inicial de luz en un cerillo, la hizo girar su rostro, observando como encendía la pequeña  veladora ubicada en su mesa de noche.  Por temor de que le disparara, giró nuevamente su rostro y cerró con fuerza sus ojos, mordiendo sus labios y comenzando a rezar mentalmente – piedad, Señor... piedad – repetía una y otra vez, aunque de sus labios no surgía ni una sola palabra o susurro.

Una pregunta, la hizo abandonar su ostracismo, - ¿esperar a alguien? – caviló. Negó con la cabeza, - no, Rupert, mi mayordomo vive con su familia, al igual que la cocinera y la doncella… no hay más sirvientes…  - la garganta se le secó. Ciara  no podía darse los lujos de tener mas personas a su cargo, ya no contaba con el dinero que su esposo le daba y ni muerta le pediría a sus padres para mantenerse, prefería que pensaran que ella también había muerto junto con su esposo. Por eso,  jamás había pensado que aquella decisión  podía llegar a ponerla en peligroso. ¿Porque no podría vivir sola?, si al final de cuentas era  pasar las noches en soledad y aquello no le había molestado jamás. Claro jamás pensó que necesitaría un sirviente para que la protegiera, en una ocasión así. La angustia se podía notar en su rostro, aunque en verdad agradecía que, en esos momentos, nadie más estuviera en peligro. Inspiró antes de continuar, - no volverán hasta pasado mañana… se suponía que estaría en un tren… en unas horas – susurró, era demasiada información, pero no podía ponerse en más riesgos, bastante precaria era su situación.

Tomó coraje, levantó su cabeza y buscó la mirada de su posible asesino, -¿qué es lo que quiere de mí? – dijo con un tono de aplomo que hasta ese momento  no había podido dominar, pero que viéndose, jugada, sin un futuro claro, poco le importaba que en ese instante le disparara, más le valía terminar con el calvario, antes de que se convirtiera en un infierno.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Miér Jul 15, 2015 11:54 pm

¡Shhh, shhh! —le gritó para aplacarla, agitando peligrosamente la pistola en el aire—. Callada. ¿Acaso no te dije que no podías hablar? Limítate a responder cuando yo haga una pregunta —exigió con autoridad. Ella apenas había pronunciado un par de palabras, pero él consideró que estaba hablando demasiado. Quería silencio, lo necesitaba, todo el que le fuera posible. Así podría concentrarse mejor y también evitaría que alguien pudiera escucharlos. Desde luego, tal y como la misma Ciara había indicado, no había nadie cerca, nadie llegaría a esa casa, pero su deber era prevenir, por si acaso. Desde que aquel hombre que había amenazado con asesinar a todos los Fallenius había iniciado su caza, obligándolos a todos a esconderse en diferentes partes del mundo, él se había vuelto un paranoico; temía que hasta las paredes escucharan, por eso creía preciso tomar toda clase de precauciones—. Además, no debes comer ansias. Pronto sabrás qué es lo que quiero de ti, te lo aseguro —le dijo como si se tratara de cualquier cosa, pasando la pistola por delante de ella, sin dejar de apuntarle.

Demetrio se alejó un momento de su víctima, dejándola justo como él había indicado que esperaría, y se acercó a la ventana más cercana que había en la habitación. Retiró la cortina y a través del cristal estudió un momento la oscura calle, tan solo para asegurarse de que ella no mentía. En efecto, nadie se aproximaba, ni siquiera podía observarse alguna persona cerca de la residencia Conti; la calle seguía tan calmada y solitaria como cuando él había llegado. Volvió a recorrer la cortina, y cuando se giró para observar a la muchacha, se dio cuenta de que ésta había levantado la cabeza y lo observaba directamente.

¡Oye, oye! ¿Qué crees que haces? ¿Por qué estás mirándome? —le exigió regresando a su lado y se le plantó enfrente—. Te dije que mantuvieras la cabeza gacha. ¿Ya se te olvidó qué es esto y lo que puedo hacer con ella? —le preguntó refiriéndose a la pistola que sostenía, la cual le restregó en la cara, tan solo para que pudiera volver a sentir la escalofriante sensación del metal frío sobre su piel—. Creí haberte explicado las reglas y que lo habías entendido. Así que concéntrate en lo que te digo.

Las palabras que salían de la boca de Demetrio eran agresivas, desde luego, pero su voz se mantenía en un volumen bastante normal; no estaba gritándole, tan solo exigía que se le diera su lugar en todo aquello, que sus normas se cumplieran al pie de la letra. Ella debía estar muy asustada, probablemente aterrorizada, porque de pronto el hombre notó que su rostro estaba húmedo a causa de las silenciosas lágrimas que fluían a través de sus lindos ojos.

¿Por qué demonios estás llorando? —Preguntó haciéndose el tonto, como si realmente no supiera que todo se debía al miedo—. Agh, lo que me faltaba. ¿Sabes qué? Da igual. Mírame todo lo que quieras, eso no hará la diferencia, pero por el amor de Dios, deja de llorar. Detesto ver a la gente llorar, me pone los malditos nervios de punta.

Cuando ella pareció tranquilizarse un poco, Demetrio recorrió la habitación con la mirada, dándose cuenta de que, efectivamente, aquella joven pertenecía a una buena familia. Así debía ser, de lo contrario no poseería una propiedad tan exquisita como aquella.

Tienes una buena casa, con todo lo necesario... —comentó mientras fijaba la vista en la entrada del cuarto de baño, pensando en lo mucho que le apetecía una buena ducha. Hacía tiempo que no había tenido la oportunidad de darse un baño realmente decente, como a los que había estado acostumbrado en su antigua vida, con agua tibia y sales aromáticas perfumando y relajando su cuerpo—. Encantado de la vida me quedaría aquí, sería mucho más cómodo… pero no. —Puntualizó y se sentó en la orilla de la cama, junto a Ciara, realmente cerca de ella, apuntándole nuevamente en la nuca—. Y como no deseo perder más el tiempo, voy a decirte lo que ocurrirá a continuación, así que escúchame con atención porque no lo diré otra vez y realmente espero que entiendas mis instrucciones y las cumplas al pie de la letra —sentenció, se puso de pie y con un movimiento realizado con la pistola, le indicó que deseaba que se pusiera de pie. Obligada, ella obedeció y entonces Demetrio la condujo hasta la ventana por la que apenas minutos antes había estado observando. Apartó la cortina para que ella pudiera ver a través de ella y continuó hablando—. En aproximadamente quince minutos, saldremos de aquí, nos dirigiremos a la calle y nos detendremos en aquella esquina. ¿La ves? Es probable que allá afuera nos toparemos frente a frente con alguien, o que personas nos observen desde sus casas, así que fingirás que soy tu acompañante, que todo está en orden. Pobre de ti si das la menor seña de que te estoy forzando, porque aunque no te estaré apuntando directamente por obvias razones, llevaré el arma bajo la chaqueta, y en el instante en que desobedezcas, te soltaré un tiro, eso te lo prometo —acotó, luego continuó—. Harás la parada al primer carruaje de alquiler que se acerque, le pagarás, y de lo demás me encargo yo. ¿Has comprendido? No seas tonta, Ciara. Si obedeces en todo lo que yo diga y no intentas nada idiota, todo saldrá muy bien, así tiene que ser.

Ella no dijo nada, tampoco asintió, pero supo que lo había comprendido, sus ojos no mentían. Tal y como había indicado, el plan rápidamente se puso en marcha. Solamente le dio el tiempo necesario para coger su bolso y quince minutos después se encontraban fuera de la residencia, junto a la puerta principal, misma que Ciara se encargó de cerrar con llave por órdenes de Demetrio.

No me mires como si no comprendieras lo que pasa —le reprochó cuando ella le echó un breve vistazo, como esperando la siguiente orden—. Concéntrate. Estás aquí, conmigo, y yo tengo el control. Recuerda eso y no te meterás en problemas. Ahora avanza y mantente a mi lado; ya sabes lo que tienes que hacer.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Dom Ago 02, 2015 9:00 pm

Asintió con un leve movimiento de su cabeza, cerró los ojos y mordió sus labios. Temblaba, ese hombre parecía estar con los nervios sobresaltados. Solo una cosa la tranquilizó, aquel delincuente, no era un asesino mandado por los que ajusticiaran a su esposo. Pero, eso no la salvaría, si al final decidía matarla. Bajó su cabeza y la puso entre sus piernas. Sus manos continuaban atadas, aunque no era un nudo. - ¿Por qué no las había atado mejor?  - contempló las ataduras y efectivamente, no estaban bien hechas, - ¿acaso tiene alguna dificultad en sus manos? – pensó, pero en ese segundo el hombre se sentó a su lado y le recordó que quien tenía el poder y el arma, era él, a lo que  Ciara asintió nuevamente y tragó saliva.

Cuando el hombre creyó conveniente, comenzaron a prepararse para abandonar la mansión. - ¿Dónde me llevará? – caviló, angustiada. Pues nadie la extrañaría, hasta que fuera muy tarde. Si con solo un día, la podía llevar lo bastante lejos como para que se demorarán semanas en encontrarla, y eso, si la dejaba viva. La desató, pero con la promesa de matarla si hacía algo descabellado, a lo que se avino solo a buscar lo necesario para ir a  ese  lugar del cual no tenía la más mínima idea, ni él le había dicho, ni le diría. Tampoco sabía si sería un lugar apartado, o si la estadía en aquel lugar sería por mucho o poco tiempo, - ¿a dónde me lleva? – fue la pregunta que salió de sus labios. Y aunque fue algo involuntario, hecho sin pensarlo, se  aterró al pensar en que podía lastimarla por su torpeza. Cerró los ojos,  esperando que el maleante la volviera a reprender, pero éste no la escuchó,  estaba demasiado concentrado en observar, una y otra vez, los movimientos  en el exterior de la residencia,  como si temiera que alguien lo hubiera seguido. Aquello hizo que Ciara sintiera curiosidad, ¿de quién estaba huyendo, y como había dado con ella? Pero eran preguntas que no podría contestarlas, no por ahora, o tal vez nunca.

Cuando terminó de poner unas cuantas cosas en un pequeño bolso de mano, se colocó una capa negra de terciopelo, con capucha que le cubría el rostro, así podrían ir mas desapercibidos, aunque  esperaba que alguna de sus vecinas se diera cuenta, o el policía que hacía la ronda por la calle, pudiera ver alguna señal, algo que la librara de la compañía de aquel hombre.

Bajaron las escaleras, llegaron a la puerta principal y salieron, como si fueran una pareja que se dirigía a la estación de trenes, pronta a emprender un viaje o algo por el estilo. Cerró con llave y esperando que el hombre no se diera cuenta, marcó la puerta con la llave, como una última y descabellada forma de tratar de  dar a conocer que algo fuera de lo habitual le ocurría. Caminaron el trecho que los separaba de la puerta a la calzada, la que se encontraba desierta, porque al ser las  noches más frías, ya no se encontraban personas paseando por la calle. Preferían la  tibieza de los hogares, lamentablemente aquello no era bueno para sus planes de poder huir de su captor.

Minutos después, un carruaje, un coche de alquiler, dobló por la calle lateral y se dirigió hacia ellos. Ciara levantó la mano, en el gesto típico de pedir el servicio. El cochero se detuvo, miró a la joven y sonrió con un dejo de picardía, dirigiendo, luego, la mirada al hombre que la acompañaba y que la aferraba firmemente, como si tuviera miedo que ella se fuera de su lado. – Señorita, ¿quiere que le ayude? – lo dijo más en modo de chanza, sabiendo que eso podría molestar al hombre que la acompañaba, pero,  él, no era un caballero, solo un simple cochero que le daba igual llevar a un duque, o a un pobre tipo de clase baja, con tal de que tuviera el dinero suficiente para pagar el servició.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Mar Ago 18, 2015 1:01 am

No. —Antes de que la mujer pudiera siquiera entreabrir los labios, con la intención de responder al amable gesto del chófer, Demetrio se adelantó y la interrumpió tosca y abruptamente, tomando el control de la situación, desechando por completo la invitación del hombre para ayudar a la dama a subir al coche. Fallenius lo miró con aire receloso, como habría hecho un hombre inseguro que temía perder a su amada, aunque éste, definitivamente, no fuera el caso—. Yo la ayudaré, que para eso me tiene a mí —añadió en un tono desagradable, mientras le lanzaba una mirada igualmente enfadosa.

El chófer curvó las cejas, un tanto indignado por el tono que Demetrio había utilizado al hablarle, y quizá, de no ser tan común por aquellos días, también se habría sentido intrigado por la manera tan dominante en la que el hombre trataba a la dama, sin permitirle opinar o tomar sus propias decisiones en algo tan sencillo e insignificante. Pero lo cierto es que ya a nadie le sorprendía que al lado de los hombres, las mujeres terminaran siendo unas sombras, simples acompañantes que debían atacar las órdenes de los caballeros. Por eso el chófer, tras dirigirle una última mirada a la pareja, luego de que ésta estuvo dentro y sentada en el asiento trasero del carruaje, decidió darse la vuelta sobre su asiento, fijar la mirada al frente, y concentrarse en su trabajo, que era lo que verdaderamente le incumbía.

¿A dónde se dirigen? —preguntó el chófer, ya con notable indiferencia.

Simplemente pónganse en marcha, yo le indicaré el camino —indicó seca y llanamente Demetrio con su ya habitual tono, dando esa impresión, como si algo lo tuviera molesto o fastidiado, cuando la realidad era que estaba ansioso y paranoico—. ¿Qué espera? Dese prisa, maldición, no tenemos toda la noche.

Cuando el chófer lo escuchó maldecir, éste lo miró de reojo y meneó la cabeza, desaprobando la actitud tan desagradable de su pasajero. Sin embargo, obedeció, y tras dar las indicaciones necesarias a los caballos que jalaban el carruaje, éste finalmente se puso en marcha. Durante el trayecto, no se volvió a hablar. De vez en cuando Demetrio rompía el silencio dando las indicaciones al chófer, no utilizando más palabras que las estrictamente necesarias. Tampoco se separó de Ciara. Se mantuvo cerca de ella todo el tiempo, cadera contra cadera y con el rostro muy cercano a su oído, como si quisiera susurrarle algo, más sin llegar a hacerlo, puesto que su única intención era que pudiera sentir su cercanía y, desde luego, el tacto duro del metal del arma que llevaba en el bolsillo de su chaqueta, para que no se le olvidara que no debía cometer ninguna estupidez, o que de lo contrario sufriría las consecuencias previamente sentenciadas. Eso la obligó a comportarse exactamente como él deseaba que hiciese, así que el trayecto transcurrió sin ningún percance. Las indicaciones de Demetrio condujeron el coche hasta una de las zonas más alejadas de la ciudad, no obstante, no fue tan tonto como para pedir que el vehículo se detuviera justo frente al sitio a donde conducía a Ciara. Pidió la bajada varias cuadras antes, y tras pagarle al chófer, sin darle siquiera las gracias por sus servicios, dio media vuelta e indicó a Ciara que irían a pie el resto del camino, y que por lo tanto, además de acelerar el paso, debía seguir actuando de manera normal para no levantar sospechas.

Así, tras andar a pie alrededor de unos quince minutos, finalmente se adentraron en uno de los peores vecindarios de la zona. Es probable que aquel sitio tan deplorable y carente de la elegancia que solía caracterizar las principales zonas y avenidas de París, haya impactado y alertado a la muchacha de que aquel lugar no podía albergar nada bueno, porque de pronto a Demetrio le pareció que reducía el paso con la intención de detenerse. Él la obligó a mantener el ritmo, y pronto llegaron a la que de momento podía ser considerada su casa, aunque no fuera más que el agujero en el que se escondía como una maldita rata. Se trataba de una casucha hecha de madera, con puertas y ventanas tapadas y aseguradas, cuyo material estaba en tan mal estado que casi parecía amenazar con derrumbarse en cualquier momento. Por fuera era un desastre, pero por dentro era todavía peor. Demetrio abrió la puerta y dio un pequeño empujón a Ciara para que entrara de una vez. Así, frente a los ojos de la muchacha, apareció la primera habitación, un cuartucho lleno de muebles destartalados y apolillados que se suponía era la cocina, pero que más bien parecía ser la bodega de los cachivaches.

¿Qué esperabas? ¿Un hotel cinco estrellas, ubicado en el centro de la ciudad y con una increíble vista a la Catedral de Notre Dame? —Pronunció con ironía al notar la cara de espanto de la rubia.

Se aproximó a la puerta principal y la aseguró con un barrote, tan solo por si acaso a Ciara se le ocurría querer escapar, mientras él buscaba la cuerda que había conseguido previamente para atarla.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Mar Sep 01, 2015 8:22 pm

Había palidecido, ante la forma en que la tratara delante del cochero, ni siquiera su esposo, que se caracterizó toda su vida por ser un demonio, la hubiera tratado así. Para los demás, él era un ángel, un ser incapaz de agredirla, ni física, ni verbalmente y menos  de ese modo, claro, en la intimidad, la diferencia podía llegar a ser casi nula, o tal vez peor. Su cuerpo tembló y de tener una posibilidad, aunque más no fuera mínima, hubiera corrido lejos de él. Pero la verdad era que no solo un hombre que no conocía, se pegaba a ella de forma posesiva, sino que constantemente el arma se clavaba en su costado, recordando que cualquier estupidez que hiciera podía costarle la vida.

Intentó no pensar, poner su mente en blanco, como cuando su marido la insultaba o la agredía. Tuvo que tragar saliva e intentar no llorar,  pero le era imposible disimular sus temblores, o  su nariz rosada. Cerró los ojos y se mintió a si misma diciendo que aquello era solo un sueño, una maldita pesadilla  la cual terminaría en cuanto amaneciera y Flora -su doncella- llegara a correr las cortinas, canturreando en esa lengua que le parecía tan extraña. Un sacudón del coche hizo que abriera los ojos, descubriendo que aquello jamás sería un sueño. Estaba allí, encerrada en un coche, con un extraño, pero no solo eso, sino que era  un delincuente, sin saber a dónde se dirigían y con la sensación de que ésa podía ser su última noche.

Mentalmente intentó rezar, pero de pronto comprendió que no se acordaba ninguna de las plegarias, tal vez porque hacía demasiado tiempo que desistiera  de seguir pidiendo ayuda a un Dios demasiado ocupado para protegerla. Un ser supremo  al que solo le pedía ser feliz,  o al menos, en paz. Volvió a tragar sus lágrimas, para que la angustia y la desesperanza no fueran notorias. Su mirada se perdió en el paisaje fuera de la ventanilla, pudo distinguir como el coche se alejaba cada vez más del centro, pues las construcciones se hacían más bajas, humildes y esporádicas.

La voz del secuestrador, la hizo temblar, aunque ya se estaba acostumbrando, pues siempre parecía que en cualquier momento se desquiciaría. Aquel hombre le habló al chofer quien  se detuvo, al hacerlo, Ciara miró por la ventanilla, intentando descifrar a donde la conducía, pero el lugar le resultaba totalmente desconocido, como las intenciones de ese sujeto, aquel que la trataba como si fuera de su pertenencia. Cuando le ordenó que se bajara, ella quiso negarse, pero los tirones que le propinó la hicieron gemir, para luego aceptar bajar aunque con un poco de dificultad.

Cuando quedaron solos, buscó con la mirada alguna persona que la pudiera ayudar, pero no se veía ni un alma en pena. Se arrebujó en su capa y bajó la vista al piso, caminando al ritmo de su acompañante, por un rato, siguieron cruzando callejuela por callejuela,  Ciara pensó que intentaba marearla, pero eso era ilógico porque daba igual que la metiera en la primera casucha que pasaran, jamás podría reconocer  el lugar, ni siquiera sabía si todavía estaban en Paris. parecía que para él, era de suma importancia que Ciara no pudiera darse cuenta de cómo salir de allí. Unos cuantos minutos más de caminata y el hombre la condujo hasta una casucha que parecía abandonada, - aquí, no ha vivido nadie desde hace mucho tiempo – caviló, cuando por fin entraron, observando el polvo en los muebles, el piso, las telas de araña. Entonces  él le habló de forma irónica, como si por el hecho de ser de una clase acomodada, no conociera el sufrimiento, las penurias o los lugares como ese. Si no hubiera estado tan asustada, de seguro le habría esperado una retahíla de argumentos, pero sus miedos trepaban por sus piernas, su estómago hasta apretarle la garganta, enmudeciéndola. Negó con la cabeza, con lo ojos enormemente abiertos y poniendo distancia entre ella y ese  energúmeno. Fue chocando con los diferentes muebles en su afán de mantenerlo alejado, - por favor, no me haga daño, no tengo nada que ofrecerle, más que lo que pudo comprobar en mi hogar – dijo con la voz entre cortada, dejándose resbalar por la pared, cuando su espalda golpeó con ésta. Ocultó su rostro entre sur piernas y brazos, intentando hacerse lo más pequeña que podía, allí apretada entre la pared y un mueble que crujía con cada movimiento que hacía.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Jue Sep 17, 2015 10:35 pm

Cuando localizó la cuerda con la que pretendía atarla, se volvió hacia ella y la encontró ovillada, con el rostro escondido entre las piernas, casi a punto de caer recostada en el sucio suelo de la desvencijada vivienda. Se le veía  aterrada, vencida, o al menos esa era la impresión que daba. Demetrio se detuvo un momento y la contempló en su miseria, sin sentir un mínimo de remordimiento por el sufrimiento ajeno. Desde luego, su reacción no lo sorprendía. Era exactamente como había imaginado que sería, quizá incluso mejor ya que, al ser ese su primer secuestro y siendo la perjudicada una mujer, se había preparado psicológicamente para lo peor, imaginando que la víctima, en medio de su desesperación, podía llegar a agredirlo, taladrarle los oídos con ensordecedores gritos o hacerle la vida imposible con desesperantes berreos.

Para su fortuna, Ciara todavía no había llegado a tanto, y de hacerlo, no podía culparla. En esos momentos, en los que la muchacha no sabía lo que le esperaba al lado de aquel extraño, era lógico que por su mente cruzara lo peor. Quizá pensara que Demetrio tenía planeado violarla hasta el cansancio, y luego, habiéndose cansado de ella, le volaría los sesos. ¿Cómo tranquilizarse con aquellas ideas en la cabeza? ¿Qué garantía tenía de que no sería así? ¿Por qué no iba a hacerlo? Las personas malvadas hacían cosas todavía peores y, después de todo, él ya había amenazado con ello al inicio.

Lo que Ciara no sabía era que, Demetrio, pese a estar actuando equivocadamente, como había hecho la mayor parte de su vida, no era en realidad un monstruo. Ni siquiera estaba contento teniéndola allí. El rapto de personas no era lo suyo. Las circunstancias lo habían obligado a hacerlo. Aunque ella no lo imaginara, era su salvación, la última esperanza de poder seguir con vida. Cuando todo terminara, cada quien obtendría lo que deseaba: él su dinero para poder largarse cuanto antes de aquel agujero, y ella, su tan preciada libertad. Mientras tanto, había que sobrellevarlo.

No te cansas nunca, ¿verdad? —dijo de pronto, pero su pregunta no esperaba contestación. Ciara lloriqueó sin poder contenerse, y el hombre dejó escapar un largo y audible suspiro, resignado ante la idea de que aquello apenas comenzaba y ya empezaba a volverse tedioso—. ¿No te parece que estás exagerando? Ni siquiera te he tocado. Dramatizas demasiado —un nuevo sollozo lo hizo fruncir el ceño y miró a ambos lados, como esperando que alguien lo rescatase de aquel detestable momento.

Bien, ya he tenido suficiente. Si no te callas, me obligarás a cubrirte la boca, y no quieres eso, ¿verdad? Levántate —ordenó avanzando un paso.

Como era de esperarse, Ciara no cumplió con lo que pedía, quizá no por desobediencia o con la intención de desafiar sus órdenes, sino por miedo, o porque es muy probable que su mente estuviera tan ofuscada como para ser capaz de razonar y poder pensar con claridad. Demetrio, que desde su nacimiento no había sido dotado con el don de la paciencia, se desesperó y decidió ir a por ella. Se acercó y con la mano buena la cogió del brazo, jalándola hasta que la obligó a ponerse de pie.

La condujo a través de la habitación y, cuando estuvieron frente a la puerta de la habitación continua, éste utilizó una de sus piernas para abrirla con una violenta patada. La apolillada madera de la destartalada puerta crujió y se abrió de par en par, revelando lo que se suponía era una de las recámaras pero que, en realidad, no era más que otro cuartucho exactamente igual al anterior, aunque con un par de camas… si es que a esas cosas se les podía considerar como tal. No eran más que un sucio y mullido colchón, como los que se podían encontrar en cualquier hostal de mala muerte, colocado sobre una base de madera corriente; un vil echadero de perros.

Ponte cómoda, princesa, porque esta será nuestra suite durante toda la estancia —pronunció con sorna, al tiempo que entraba y se dirigía directamente hasta una de las camas—. Aunque, no te acostumbres demasiado, con un poco de suerte, esto terminará pronto.

La obligó a sentarse sobre el borde del colchón, luego se colocó detrás y le cogió ambas manos para atárselas. El proceso no iba ser nada sencillo, puesto que ahora carecía de una mano pero, con un poco de esfuerzo y ayudándose con la boca, logró ingeniárselas para hacerle un nudo lo bastante fuerte para que no pudiera escapar.

A que quieres saber la razón de todo esto —le dijo una vez que terminó y se sentó a su lado—. Bien, no tendría porqué hacerlo, pero voy a decírtelo. Por si no lo has notado, esto es un secuestro. Pienso tenerte aquí el tiempo que sea necesario, hasta que tus adorados papitos paguen por tu rescate. ¿Ahora ves que sí hay algo que puedo obtener gracias a ti? Y, si tu familia te ama lo suficiente, van a dármelo.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Mar Sep 29, 2015 8:27 pm

Aquel hombre había sido tan rudo con ella, que el brazo le dolía y ni siquiera podía masajearlo.  Era verdad que Ciara había estado acostumbrada a los malos tratos, y hasta algunas golpizas que su difunto marido le hubiera dado, como escarmiento. Bien se acordaba aquellos tratamientos correctivos, a veces  llegaban luego de querer dar su opinión en público, o porque aquella noche él deseaba pasar por su alcoba a exigir su cumplimiento como esposa. Pero ese hombre ya no podría hacerle daño, nunca más, y cuando pensó que por fin aquel infierno había concluido, cuando hasta cambió de  nombre, apellido y hasta dejó de hablarse con sus padres. Entonces llegaba un ser, tan malvado como aquel canalla, o por lo menos así lo veía, Ciara, en esos momentos.

Había pensado golpearle con algo, arañarle el rostro o incluso intentar hundir sus dedos en los ojos de su agresor. Pero Ciara no era ese tipo de mujer, sabía muy bien que si el día de mañana lo encontraba en el hospital, lo atendería con la misma dedicación que daba a cada uno de sus pacientes. Por eso se mantuvo callada, aunque sollozara por momentos; quieta a pesar de poder haberse escapado en varias ocasiones, no entendía bien porqué usaba la boca para ayudarse  al  atarla, cuando bien podía hacerlo con sus manos, y no era que sujetara  el arma, porque la había visto con el rabillo del ojo, apoyada al lado de su pierna izquierda, - algo debe pasarle a una de sus manos, pero por más que tenga una dificultad en una de ellas, eso no quiere decir que  deje de ser peligroso -, había reflexionado.

Miró a su alrededor, los dos camastros, uno menos destartalado  que el otro,  mas  cómodo y ancho. Por su mente pasó una posibilidad de tener que compartir el lecho y de solo pensarlo tembló. Ciara no pudo esconder un gesto de disgusto, en su tiempo de casada, el dormir al lado de un hombre, no había sido la mejor experiencia, y tenerlo que hacer  con su agresor, llegaría a ser totalmente una tortura. Se encontraba pensando en aquello cuando él, a quien no conocía el nombre, se sentó a su lado, para hablarle de lo que realmente quería de ella.

Con el rostro girado hacia los ojos de aquel hombre, lo contempló con un gesto de asombro, para luego marcar una sonrisa en sus labios, no quería que se enojara, que la golpeara, pero la descabellada situación le provocaba unas ansias locas de reír a carcajadas. Estuvo a punto de echarse a reír en la cara del pobre infeliz – ¿en verdad que pretendes que mis padres paguen por mi rescate? – mordió su labio inferior y trató de volver a mostrar compostura, inspiró profundamente para luego suspirar, bajando la mirada a sus rodillas. –¿Puedo preguntarte de donde sacaste  la descabellada idea de éste secuestro? ¿y para  sacarle dinero  a mis padres? Mas te valía intentar vender helado a los esquimales – cerró los ojos e inclinó su cabeza casi tocando con el mentón  su pecho, - creíste que tengo una gran fortuna, por la casa en que vivo, o mi ropa…  - sonrió con tristeza,  levantando luego su mirada,  buscándolo, - pues para hacer lo que tu pretendes debería viajar a Inglaterra, presentarme ante mis padres, decirles que  Christy está viva, para así exigirles el dinero… y te aseguro que aún así no te lo darán se reiran de ti, ellos me vendieron, ¿crees que les interesa mi vida? -  cerró sus ojos que derramaron lágrimas, - no eres el único que parece huir de algo… -  intentó moverse, alejarse de él, sabía que al decirle aquello no lo estaba haciendo feliz, - pe… pero… sé una forma de que consigas lo que buscas… lo.. .lo único, que podría hacer, para obtener más rápido el dinero que quieres, es ir a mi abogado…  él es el único que sabe la verdad… y quien puede obtener parte de la herencia de mi… esposo – tragó saliva y esperó que aquel nuevo plan, pudiera interesarle, de no ser así, podía terminar muerta en pocos segundos.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Jue Dic 24, 2015 2:36 am

El desengaño se hizo evidente en los ojos de Demetrio cuando escuchó aquello. ¡De qué diablos estaba hablando! Tenía que ser una maldita broma de muy mal gusto. ¡Pero si él mismo se había dedicado a espiar a la maldita mujer! Durante semanas enteras había estudiado cada uno de sus movimientos, se había vuelto su sombra. Era inaudito que hubiera fallado de semejante modo. No, todo aquello debía ser una treta. Ciara Conti estaba tan angustiada, tan aterrorizada por lo que le deparaba a manos de su secuestrador, que estaba ideando la manera de escabullirse, y qué mejor que anunciarle a Demetrio que no habría dinero por su rescate para que éste la creyera inservible y considerarla liberarla de una vez por todas. Sí, eso tenía que ser.

¡Cállate, te dije que no hablaras! —Fue tanta su frustración, su creciente molestia, que sin ser plenamente consciente de ello, alzó su mano buena y con ella le atestó tremendo bofetón a la muchacha. Ésta cayó de lado sobre la cama por la fuerza del golpe. El cabello rubio le cubrió la cara y Demetrio agradeció que así fuera porque lo que menos le apetecía en esos momentos era ver de nuevo esa estúpida y absurda sonrisa en sus labios.

Era extraño tratándose de alguien como él, cuya reputación dejaba mucho que desear, pero era la primera vez que golpeaba a una mujer. No obstante, dadas las circunstancias, aunado al problemón que tenía encima él y toda su familia desde hacía ya un tiempo, no tenía tiempo para pensar en ello. Todo lo que ocupaba su mente era una sola cosa: la amenaza de muerte. No era sencillo admitirlo, pero sentía miedo de sus enemigos. Ahora, más que nunca, temía morir. Necesitaba el dinero porque sin él no podía abandonar Francia, y si no se embarcaba lo antes posible rumbo a otro destino, cuanto más lejos mejor, no podía seguir escondiéndose y corría el riesgo de convertirse en una presa fácil. No quería ser el próximo Fallenius en caer. No deseaba que todo terminase así. No había presenciado una sola de las muertes de sus hermanos ya asesinados, pero imaginaba cuán terribles habrían sido. Así tenía que ser porque la cacería era motivada por un encarnizado deseo de venganza. Anton Solberg, enemigo mortal de los Fallenius, debía sentir una gran satisfacción con cada miembro de la familia que lograba matar, aunque eso no le devolvería a su único hijo, muerto a manos de los que ahora perseguía.

Mírame bien, niña —le dijo con tono amenazador, mientras tiraba de su brazo derecho para obligarla a permanecer sentada de nuevo—. Espero que esto no se trate de un jueguito tuyo o te aseguro que lo lamentarás. Dime, ¿dónde se encuentra ese abogado tuyo? ¿Cómo puede uno contactar con él? ¿Cuánto dinero dejó para ti tu difunto esposo y bajo qué condiciones puedes disponer de él? Y de poder hacerlo, ¿sería rápido? ¿Cuánto tiempo crees que llevaría obtenerlo? Contesta. Sin engaños. Te guste o no, ahora estás conmigo en esto y lo que me pase a mí, te pasará a ti, así que sé inteligente si quieres salir con vida —y con esas últimas palabras, con su actitud, le dio a entender que él no era su mayor problema, sino que había algo más, alguien más.

Estaba desesperado, enloquecido, realmente paranoico, y se le notaba. Ella era su única opción, así que no tenía más remedio que creer en ella, confiar en lo que dijera.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Jue Ene 21, 2016 8:02 am

Aquella bofetada, arrastró a la joven a un antiguo recuerdo que se había quedado guardado en los abismos de la memoria. Ese lugar oscuro, abandonado, en donde el alma intenta olvidar, esos hechos de la vida que han quebrado el espíritu. La mente, intenta crear ilusiones, de tal forma que aquellos momentos, se presenten en la vida como si solo hubiera sido un mal sueño, en el caso de Ciara, una horrible pesadilla.  En segundos, se encontró nuevamente en la villa de Venecia, en donde se había refugiado del demente de su marido. Había podido huir, o por lo menos eso creía. Mas un día, ella se encontraba tranquilamente disfrutando de un libro, sentada en una cheslong, en la sala de recibo. Cuando le vio entrar. El rostro encendido, empujando a las doncellas que intentaron detenerlo, - señora... -  intentó una de ella advertirla, pero Erwan, la había sacado a empellones, cerrando las puertas del salón. Su esposo enfurecido,  corrió hasta ella, la tomó del cuello y luego del brazo, así la  fue arrastrando escaleras arriba, al la habitación principal. Cuando llegaron, la empujó hacia el centro del lugar, cerró la puerta con llave. para en dos zancadas tomarla del cuello y apretar de él, hasta casi asfixiarla, - escucharme, zorra, te he descubierto... así que no quieres mis hijos... - le gritó a milímetros de su boca, soltándola solo para terminar dándole una bofetada que la tumbó sobre la cama, - pues te vas a preñar o te muelo a palos... terminaras en el mas bajo burdel - la bofetada había provocado su  atontamiento, impidiendo que se defendiera de lo que él deseaba. Horas mas tarde, cuando trataba de borrar las marcas de la violación, se juró que jamás dejaría que un hombre volviera a  maltratara.

Al caer sobre el camastro, sus manos se soltaron, mostrando que las ataduras no habían sido bien sujetas. Una ira incontenible se fue apoderando de Ciara, olvidándose que era una secuestrada, o que el tipo que tenía enfrente, estaba armado. En su interior se encendió la chispa que detonó su locura, sus miedos se apagaron. Cuando Demetrio la tomó para incorporarle y advertirle sobre lo que haría con ella si no cooperaba o le mentía, la joven ya no lo escuchaba. Sus oídos solo sentían el mar convulsionado de su propia sangre. Sus ojos se clavaron en los del secuestrador, con la cabeza algo inclinada, hacía que su mirada mostrara todo el desprecio y el odio que la ahogaba, pero no era por él, odiaba al hombre que ahora Demetrio simbolizaba. Con todas sus fuerzas dio un pisotón en el pie masculino,  aquello le dio la distracción necesaria para golpear con su rodilla los genitales, empujando hasta tirarlo al suelo.

El movimiento hizo que el delincuente arrojara el arma lejos de su alcance. Ciara en vez de correr y buscar la salida se arrojó sobre él, anclando sus caderas en las del hombre, mientras  intentaba hundir sus uñas en los ojos de su contrincante, - jamás vuelvas a levantarme la mano, maldito bastardo - se veía como una demente, con sus cabellos sueltos, enmarañados, - me oyes, Erwan, jamás vuelvas a tocarme, o  juro que te mato -.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Lun Mar 28, 2016 5:49 pm

Lo que ocurrió a continuación fue definitivamente algo inesperado. Demetrio nunca imaginó que la mujer reaccionaría de aquel modo. Desde que había empezado a vigilarla la percibió tan pasiva, tan asustadiza, tan fácil de dominar, pero de pronto se transformó; era otra, alguien completamente diferente. No supo cómo, pero logró desatarse y lo derribó, como si se tratara de un insignificante aprendiz y no de uno de los hijos del criminal Tino Fallenius, mismo que se había encargado de entrenarlos desde la infancia con el fin de hacerlos partícipes de sus negocios sucios.

Como una maldita gata en celo se lanzó sobre él y, completamente enloquecida, poseída por una ira que debía provenir de algún sitio muy oscuro en su mente, intentó herirlo en la cara con sus afiladas garras. Demetrio intentó protegerse el rostro, alzó ambos brazos y los utilizó como escudo, pero la mujer estaba tan fuera de sí, que incluso parecía mucho más fuerte que antes. En su afán de defenderse, la mujer logró traspasar la barrera que Demetrio había creado con sus propios brazos y lo rasguñó con insistencia; primero en el cuello, luego en la frente y finalmente en las mejillas, muy cerca de los ojos, como si su intención fuera hundir sus dedos en las cuencas de éstos y arrancárselos de un tajo. Demetrio chilló de dolor cuando la endemoniada mujer logró lastimarle el brazo cercenado y solo entonces, porque la sensación fue demasiado lacerante para soportarla, decidió que tenía que ponerle un fin a aquello. Forcejeó con ella, ya sin ningún tipo de consideración, y tras rodar por el piso, logró cambiar de posición, colocándosele encima.

Demetrio alzó la vista y logró localizar el arma que minutos antes había salido disparada. Como solo contaba con un brazo bueno para poder empuñar la pistola, tuvo que cambiar de brazo y utilizar el del muñón para continuar sometiendo a Ciara, mientras lograba alcanzar el arma. Fue un dolor indescriptible el que sintió, tan profundo que, de no haber cogido rápidamente la pistola y colocársela sobre la frente, como hizo, ella bien pudo haberse zafado. Por suerte logró obtener el control de la situación nuevamente.

Basta. ¡Ya basta! —le gritó enfurecido al percatarse de que ella aún no lograba serenarse del todo, pero ¿quién diablos era capaz de hacerlo con una pistola apuntando directamente a la sien y un hombre dispuesto a jalar el gatillo en cualquier momento?—. ¿Qué mierda te pasa? No sé quién carajo es Erwan, ¡pero te has vuelto completamente loca! Te lo dije, te advertí cómo serían las cosas si no me obedecías. ¡Te lo dije, maldita sea!

Exasperado y sin dejar de apuntarle, logró ponerse de pie y la obligó a hacer lo mismo a punta de tirones. Ciara volvió a caer sobre la cama, ésta vez de una manera mucho más violenta que antes y Demetrio se apresuró a atarle las manos una vez más, ésta vez asegurándose de que el nudo estaba lo suficientemente bien hecho para que ella no pudiera escaparse. La cuerda quedó tan apretada que hería las manos de Ciara con cada mínimo movimiento que hiciera, pero eso no le importó, ella se lo había buscado.

Pobre de ti si vuelves a hacer algo como eso —le advirtió, y más valía que Ciara se diera cuenta de que ésta vez iba en serio, si sabía lo que le convenía—. Te mataré, juro que lo haré aunque tenga que conseguir el maldito dinero en otro lado. ¿Entendiste? —la mujer no habló ni se movió—. ¡Dije que si entendiste! Di “sí, Demetrio, lo entendí” —colocó su mano sobre la cabeza y de una manera bastante brusca la obligó a asentir efusivamente—. Excelente, ya empezamos a entendernos. Ahora duérmete, haz lo que se te antoje, pero quiero que te quedes tan quieta en esa maldita cama que apenas logre recordar que estás aquí.

Le dio la espalda y mientras se dirigía a la otra cama, misma que estaba colocada justo al lado y a apenas dos metros de la de Ciara, sintió que algo líquido le escurría por la cara. Alzó la mano y se dio cuenta de que era sangre. La desgraciada le había encajado tan profundo las uñas en algunas zonas de la cara que probablemente hasta le quedaría cicatriz.

Maldita mujer… —murmuró entre dientes, disgustado, al tiempo que la miraba de reojo, tan solo para comprobar que seguía donde él la había dejado.

Sin embargo, el dolor de los recientes rasguños era nada comparado con el escozor que sentía en el muñón, muy similar al que produce una quemadura. Ese maldito brazo lo estaba matando. Era de esperarse, pues hacía días que no cambiaba el vendaje o le echaba un vistazo para ya de paso hacerse curación. Consideraba que no tenía tiempo para esas tonterías, pero cuando se sentó en la orilla de la destartalada cama, en una posición en la que Ciara apenas y podía ver lo que estaba haciendo –aunque de todos modos se daría cuenta-, se percató de que lucía mucho peor que antes. Al centro del muñón la carne seguía viva, pero la piel que yacía alrededor había cambiado de color, tornándose entre verdosa y amarillenta. Tenía el brazo hinchado y sentía la herida excesivamente caliente, le punzaba y experimentaba una secreción purulenta; incluso se percibía un mal olor. Él pensaba que mejoraría, pero lo cierto es que con el paso de las horas y sin ningún tipo de tratamiento, la infección estaba empeorando.

¿Qué? ¿Nunca habías visto a un tipo con una sola mano? —dijo de mala gana, cuando se dio cuenta de que ella lo observaba desde su cama y al mismo tiempo que alzaba la otra mano para secarse la leve capa de sudor que tenía en la frente. No quería aceptarlo pero, además de sentirse un poco mareado, también se sentía ligeramente acalorado, posiblemente por la fiebre que apenas iniciaba.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Vie Abr 15, 2016 8:49 am

Aun no podía entender como había pasado todo aquello, pero ahí se encontraba atada nuevamente, Demetrio le había vencido, primero girando sus cuerpos, para quedar él sobre ella, aquel instante fue dramático para la joven viuda, recordar la violación, había sido demasiado para su cabeza y por un momento  perdió la cordura, mas ahora, centrando su atención en el delincuente, comprendió que Erwan, aquel mal nacido, ya no podía herirla. Tal vez ese hombre que ofuscado terminaba de amarrarla a la desvencijada cama,  fuera el responsable de su muerte, pero si de algo estaba segura, era que no le haría pasar un trago tan amargo, como el vivido con su esposo, y eso logró que lentamente se serenara.

Volvió a comportarse mansamente, como en realidad era el carácter de Ciara, por eso se había dejado arrastrar al lecho y ser atada, sin oponer resistencia alguna. Aunque estuvo atenta a la forma en que la maniataba, manteniendo los  músculos  tensionados  para que al realizar el nudo, la soga quedara un poco floja, por sus conocimientos en medicina y anatomía, podía saber que algo no andaba bien con su captor, si era lo suficientemente lista y paciente, podría esperar a que, él, bajara nuevamente la guardia. Su mirada recorrió el rostro del hombre, habían aparecido rasguños y heridas que sangraban,  - ¿eso lo he provocado?- se asustó, pues jamás reaccionaba de manera semejante, era una enfermera, no pasaba el tiempo haciendo daño, por el contrario, era su trabajo restañar heridas y no provocarlas.

Aunque la voz de aquel hombre se notaba aireada y los ojos destellaban rabia y frustración, había algo en el brillo de éstos, que le decían que nada estaba bien. Unas cuantas heridas de rasguños no podían hacer semejante daño, quitándole la fuerza, que tan solo una hora antes tenía. Las perlas de sudor, el color macilento de la tez, mostraban a la enfermera que  un enemigo más agresivo y mortal, recorría las entrañas de su captor. Se quedó en silencio, observando cada movimiento que realizaba, sus ojos quedaron fijos en el muñón del brazo, cuando Demetrio se quitó la venda, ¿Cómo era posible que no se diera cuenta? ¿Había estado dejando que la atemorizara, una persona que apenas podía con su propia  humanidad? Llevó su mirada a los ojos  afiebrados del delincuente.  

Las palabras salieron mordidas de la boca de Demetrio, ella simplemente volvió sus ojos al muñón, para inspirar y mover su cabeza de tal forma que le fuera  menos dolorosa la postura. Tras un breve silencio en el que se detuvo a contemplar el estado de la herida, caviló que sería lo más acertado para hacer, aquello no se veía bien, además de la suciedad, el estado de necrosamiento de algunas partes de aquel brazo, le indicaban que si no recibía un buen tratamiento, el enfermo terminaría muerto y ella liberada de su captor, ¿pero acaso podría dejarle a su suerte? ¿Podría vivir con la muerte de un ser humano a su espalda? Si no había tenido el coraje de matar al bastardo de Erwan, ¿podría hacerlo con un hombre, que aunque embravecido, algo desquiciado y delincuente, no era un inhumano como su difunto marido? Suspiró antes de llevar su mirada a la ajena, que parecía esperar una respuesta. – te equivocas, veo a diario heridas como esa, y he asistido a médicos que han amputado brazos  y piernas, tu muñón, no me provoca aversión, si es lo que piensas  - se incorporó trabajosamente, hasta quedar sentada en el lecho, - pero de lo que estoy segura, es que si no te ayudo con esa herida, pronto podrías entrar en un shock septicémico y no tendrás que preocuparte más por  dinero, ni ninguna de las cuestiones terrenales – su voz era serena, no estaba asustada, ni temía reacción alguna del delincuente, su entrecejo levemente arrugado denotaba que en ese momento, no hablaba la joven de clase alta, sino la enfermera que intentaba salvar la vida de un hombre.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Miér Abr 27, 2016 1:38 am

Demetrio dio un nuevo, rápido y discreto vistazo a su herida. Luego la miró a ella, mostrando un evidente recelo como respuesta a sus palabras. Para empezar, nadie le había pedido su opinión. Y, para finalizar, aunque diera la impresión de saber perfectamente de qué estaba hablando, no se fiaba de ella. Por más bonita e inofensiva que fuera su apariencia, no podía permitirse confiar. Ciara era una víctima después de todo, y como tal su naturaleza siempre sería la de buscar su liberación a toda costa. Intuyó que pretendía sembrar en él temor, miedo a la muerte, probablemente para distraerlo y sorprenderlo con la guardia baja. Casi de rió de ella en su cara. Cómo se notaba que no tenía idea de quién era él, las cosas tan terribles a las que había estado expuesto toda su vida, y sí, también las que había provocado.

Demetrio había crecido en un ambiente tóxico en el que la inmoralidad era el pan de todos los días. Tino, su padre, lo había privado de cualquier mínima demostración de afecto y en su lugar había puesto una pistola en sus manos y lo había entrenado para seguir sus pasos. Sin embargo, ser hijo de uno de los criminales más nombrados de Suecia y saber cómo disparar un arma, no lo significaban todo. Nada de eso lo exentaba del peligro que hoy en día corría. Nada parecía servir cuando se enfrentaba a un criminal mucho más importante que su padre que ardía en deseos de venganza. Si a algo tenía que temer, no era a morir por una maldita infección en el brazo como ella sugería, sino a ése que había jurado tomar su cabeza apenas lo encontrara.

Así que hace cinco minutos planeabas sacarme los ojos con tus propias manos y ahora te importa si muero —se burló con sardónica ironía. Alzó una ceja y, por un segundo, en el cual casi se olvidó del dolor y se permitió torcer la boca en una especie de sonrisa, en su rostro apareció el inconfundible gesto del escepticismo—. Eso es lo que tú quisieras, que me muriera para verte libre de mí. Pero no tienes tanta suerte, rubita. Así como me ves, he sobrevivido a peores cosas. Comparado con todo eso que tu cabecita ni siquiera imagina, esto es… —alzó y giró el dolorido muñón ante sus ojos, vio una vez más el preocupante aspecto que tenía— nada —y aún así se atrevió a minimizarlo—. Es algo insignificante. Mi padre solía decir que de todos mis hermanos, soy yo quien tiene más vidas que un maldito gato —en sus ojos azules brilló algo demasiado parecido al orgullo, pero le duró poco.

De pronto se le vio demasiado pensativo y en silencio analizó sus propias palabras. Era verdad, Tino siempre había dicho eso de él, que parecía tener más vidas que un gato, porque había librado muchas veces a la muerte. No obstante, eso no significaba que tal cosa tuviera complacido al viejo. Demetrio estaba seguro de que era el menos querido de sus hijos y que, de ser posible, Tino habría preferido su deceso antes que el de Jakub, Joern y Klaus, sus favoritos, mismos que ahora estaban muertos. Meditar la situación, sus circunstancias, lo orilló a suponer la peor teoría de todas: que quizá no había sido casualidad, sido premeditado el hecho de que su padre no le hubiera enviado más dinero para continuar escondiéndose y así evitar ser también asesinado. Quizá sencillamente había dejado de ayudarlo porque en realidad no le importaba en absoluto si moría o vivía.

Ese bastardo… —masculló para sí mismo, refiriéndose a su padre. Una punzada de rabia lo invadió. ¡Qué estúpido había sido!

Tardó un buen rato en volver a hablar y cuando lo hizo toda la ironía había desaparecido.

Deja de mirarme y duérmete de una maldita vez —le exigió malhumorado—. Es la última vez que te lo digo.

Entonces, de mala gana enredó el muñón en la venda sucia una vez más y se echó sobre la cama, dándole la espalda a la muchacha. Mas sus ojos no llegaron a cerrarse. Se sentía tan desengañado, tan enojado con su padre y consigo mismo, que todo lo que quería era que amaneciera para acelerar cuanto antes la adquisición del dinero del que Ciara le había hablado y largarse cuanto antes de aquel maldito lugar.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Dom Mayo 22, 2016 6:52 pm

Simplemente le contempló, no respondió a sus agresiones, ni a sus burlas, ella era consciente de lo que había dicho, estaba segura que sus conocimientos en medicina eran los adecuados. Aunque aquel cabeza dura no quisiera dar el brazo a torcer, podía intuir que ella le decía la verdad. Esa herida estaba mal tratada, seguramente por un medico sin titulo, o peor aún, por algún barbero, esos mata sanos que eran usados por los delincuentes, que temían ir a las instituciones sanitarias, sean éstas hospitales, o los antiguos leprosarios que re estructurados, eran utilizados para la cura y tratamiento de enfermedades contagiosas como la pulmonía o enfermedades venéreas.

Cuando el delincuente hablo de su padre, ella pudo ver el orgullo que le provocaba referirse a éste, para luego caer en un estado de contemplación, como si de pronto descubriera algo importante, un detalle del que no se había dado cuenta hasta ahora. Cuando volvió a hablar, se notaba enojado, rabioso y por sobre todo decepcionado. Ciara podía entender ese sentimiento, su padre también la había decepcionado, como cuando sin importarle su suerte la obligó a casarse con su marido, o cuando la mandó de vuelta a los brazos de aquel cretino, luego que huyera en busca de su protección, tras una paliza que la había mandado al hospital, - vamos que solo fue un accidente, es que eres demasiado torpe, ya me ha explicado bien, Erwan, lo sucedido. Has terminado internada por tu poca cabeza, mira que distraerte de ese modo para terminar rodando por las escaleras... eres una mujer demasiado estúpida - las palabras de su padre resonaron en su cabeza, sus manos se cerraron en puño, haciendo que el amarre le doliera. Claro que entendía esa sensación que invadía a su captor, la desilusión había sido tan enorme que no puso oposición alguna al volver con su verdugo, prefería alejarse de aquel quien jamás la había amado. En ese momento aceptó que tal vez, la vida le permitiría librarse de su torturador, por medio de su propia muerte, o por la muerte del desgraciado Erwan. Quiso la suerte, y una buena cantidad de dinero, que aquel mal nacido estuviera pudriéndose en el cementerio de Montmatre.

Sonrió al pensar que él tampoco la conocía, pues jamás creería que la joven y delicada mujer, fuera la responsable de la muerte de su marido, - si, yo les dí los datos para que lo encontraran, les allané el camino para que le hicieran pagar todo lo que les debía, me aseguré de que terminaran con él, y que en ese momento, me encontrara en Italia, creándome una nueva identidad, poniendo a salvo mis bienes y mi dinero - su mirada había bajado a su regazo, no podía mostrar su rostro, iluminado por la alegría de haber logrado la venganza. Si ahora debía pagar su libertad con ésta cautividad momentánea, bien lo valía.

Esperó a que su rostro no mostrara sus sentimientos y levantó la mirada nuevamente al hombre que la contemplaba sentado en el camastro opuesto al suyo. Asintió con un leve movimiento de cabeza cuando él le exigió que se durmiera, no quería hacer que su condición se agravara, no podría dormir aquella noche, los recuerdos le asaltaban y permanecería despierta, fingiendo dormir, y cuidando el sueño de su captor, ya vería que hacer a la mañana siguiente, mientras tanto se fue acomodando como pudo en su lecho, fijando su mirada en la espalda ajena, esperando solo que el sueño venciera por fin a ese hombre que sufría sin dejarse ayudar.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Vie Jun 10, 2016 9:27 pm

La intención de Demetrio era permanecer despierto durante toda la noche, para mantenerse alerta; quizá dormitar por momentos, brevemente, únicamente con la intención de sosegar el sueño. Pero no contó con que su cansancio sería superior a su plan y acabaría por vencerlo. De nada sirvió el esfuerzo por mantenerse consciente, pues apenas una hora después de haberse recostado, sin importar lo incómodo que era el camastro, se vio atrapado por una sensación de somnolencia y pesadez, tan feroces, que terminaron por hundirlo en el más profundo de los sueños. Sin embargo, éste no fue para nada reparador.

La infección del hombre se agravó durante la madrugada. Pronto, lo que comenzó como un ligero incremento en su temperatura, se convirtió en una fiebre bastante elevada que le provocó excesiva sudoración y mucha debilidad. Al cabo de cuatro horas, tenía la camisa completamente empapada de un sudor frío y todo el aspecto de estar enfermo. Demetrio, inconsciente de su entorno, con la boca demasiado seca y una permanente sensación de escalofrío, comenzó a removerse sobre el colchón. Víctima de una horrible pesadilla, movía la cabeza de un lado hacia el otro, pero sus malestares lo tenían tan enajenado, tan fuera de sí, que abrir los ojos nunca fue una opción.

No fue hasta las cinco menos veinte de la mañana, cuando aún no había comenzado a aclarar en el exterior, que una serie de gemidos alojados en el pecho del hombre lucharon por salir. Lo único entendible entre sus balbuceos fue un suplicante “no”, que repetía una y otra vez, lastimeramente, hasta el cansancio. Todo se debía a que en una de sus pesadillas se encontraba recreando una escena que parecía atormentarlo. Tino Fallenius, de aspecto perverso y mente impenetrable, lo miraba fijamente y le apuntaba con un arma. La idea de asesinar a su propio hijo no parecía torturarlo en lo más mínimo, por el contrario, parecía disfrutarlo, como si quisiera deshacerse de él de una vez por todas, tal y como el propio Demetrio había deducido la noche anterior. La comisura de los labios del viejo se curvaba en una terrible sonrisa que anunciaba a Demetrio que su hora había llegado.

¡No! —jadeó, retorciéndose sobre el camastro, más fuerte, exaltado, presa de un miedo irracional que lo atenazó hasta descomponer aún más su rostro—. No… ¡N-no lo hagas! —los dedos de su padre se movieron, acariciando el gatillo de la pistola, ampliando aún más su sonrisa.

¡Bang! De súbito, se dejó escuchar el primer disparo. Le siguieron otros tres. Como si de pronto la habitación se hubiera quedado sin aire, Demetrio comenzó a sofocarse. El sueño era tan real que casi podía sentir los agujeros de las balas sobre su pecho, y esa humedad excesiva en su camisa no podía ser otra cosa más que sangre, saliendo a borbotones. Era el fin. Su frecuencia cardíaca se disparó.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Jue Jun 30, 2016 10:11 pm

No pudo calcular exactamente, cuanto tiempo había pasado, desde que el hombre se había tumbado a dormir. Pero en el transcurso de la noche, la gravedad de aquella herida se volvía mas angustiosa. Su mirada se clavó en el rostro perlado de sudor, del hombre que soñaba y se quejaba de lago que lo perturbaba. Claro podría ser la fiebre, pero parecía algo mas. agudizó su oído, intentando escuchar si decía algún nombre, algo que le ayudara a saber con quien estaba tratando.

Sus conocimientos en medicina, le indicaban que la situación se volvía critica, debía intervenir, por el bien del paciente. La infección se extendía, lenta, pero letal, por la fiebre, podía saber que el cuerpo de aquel hombre, luchaba por vivir, pero eso no sería suficiente. tanto la infección como la fiebre, podían dejarlo al borde de la muerte, en pocas horas. En el alma de Ciara se libraba una batalla feroz, por un lado la enfermera, deseaba ayudar a ese hombre que sufría, mas la victima del secuestro, veía en la defunción de su agresor, la posible solución a su problema.

La vida de aquel ser estaba en sus manos, si ella no hacía algo, y pronto, podía solo esperar la muerte. Tumbada en el camastro no quitaba su vista del enfermo, apretó sus manos , que mantenía cerradas en puño. Esa indecisión podía ser letal, ¿que convenía hacer? si lo ayudaba, y él sobrevivía, seguiría cautiva, atada a un camastro, esperando ser liberada, o asesinada. Pero si no intervenía, y el malhechor moría, por un paro cardíaco o por las convulsiones de la fiebre, ella podría huir de allí, mas todos sus conocimientos médicos, su amor por la vida, su honestidad, su moral, todo se iría al cuerno. dejó que su frustración se liberara en un suspiro largo y lastimero.

Aunque se mantuvo observándole durante horas, el sueño no llegó, la preocupación era cada vez mayor, él se movía impaciente, sudaba producto de la fiebre alta, y gemía. Cerró los ojos resignada, podía ser que se arrepintiera luego, pero no dejaría que siguiera sufriendo. Suspiró, mientras se movía cambiando de posición y soltando así sus ataduras. Se incorporó, sin dejar de contemplar al hombre que permanecía en el camastro contiguo, se dio unos suaves masajes en las muñecas, mientras pensaba que debía hacer primero. Caminó hasta donde Demetrio gemía, se arrodilló, para estar a su altura, comprobó que el ritmo cardíaco fuera estable. Su mirada podía mostrar la preocupación, estaba mal, muy mal, debía hacer algo, y lo debía hacer ya, con lo poco que tuviera a mano.

Le dejó en la habitación, para inspeccionar la pequeña vivienda, buscando aquellos elementos que fueran útiles. Descubrió que a pesar de estar casi en ruina, había sectores que se conservaban bastante bien, tal vez porque él lo usara como refugio. La cocina, con lo que parecía otrora unas cortinas, permitían observar el exterior. las ventanas estaban cubiertas con maderas, pero aún así, se podía observar el cielo despejado, y en el jardín algunas plantas silvestres, ademas de ramas pequeñas y leña. Su mirada volvió al interior de habitación, una estufa, unos jarros y cuencos de cerámica, algos cascados pero sanos. Giró buscando algún otro mueble y encontró un armario desvencijado, en su interior, mas trapos sucios, algunas botellas de contenidos dudosos, otras que por el aroma que despedía el liquido almacenado, supo que se trataba de bebidas espirituosas. Tomó una del interior del armario y la dejó sobre la mesa, para luego seguir con la búsqueda.

Abandonó la cocina y se internó en lo que parecía haber servido de salón o lugar multiuso, allí, encontró un escritorio desvencijado, adentro, para sorpresa de Ciara, un cuchillo impecable aún en su funda, con las iniciales D. F. Enarcó una ceja, - así que el arma de fuego no era el único peligro del que debía cuidarme - susurró. Suspiró mientras negaba con la cabeza, nada de eso importaba ahora, debía buscar la forma de ayudarlo, y salvar su vida, tiempo tendría de ver que hacer con aquel cuchillo. Tomó el arma entre sus manos y se aseguró de que estuviera afilada, meditó un momento en como debería usarla para realizar la curación, la llevó a donde había dejado el alcohol.

Unos minutos después, volvió a la habitación, miró al enfermo y pensó, en que necesitaba genero limpio, ¿pero de donde podría sacarlo? una idea cruzó por su cabeza, mas si la llevaba a cabo, perdería una oportunidad de huir, - No, no debes ser egoísta, no cuando la vida de ese hombre está en tus manos - se recriminó. Desprendió su traje quedando con varias enaguas y su ropa interior, dejó el vestido a un lado y se quitó la primer enagua, esperaba no terminar sola cubierta con sus calzones y la traslucida camisa que cubría sus senos. Rasgó la tela en trozos rectangulares, lo suficientemente largos, como para ser usados para vendas. Tras acomodarse junto al enfermo, se dedicó a curarlo.

Quitó el vendaje antiguo, desinfectó con abundante vodka, y realizó un curetaje de emergencia, usando el mismo cuchillo que podría matarla mas tarde. Le oyó gemir, sudar, ahogarse casi en saliva espumosa. En todo momento se dedicó a cuidarlo, al terminar con las vendas, calentó agua, y rasgando las demás enagua, se dedicó a refrescar el cuerpo sudoroso del enfermo,la frente afiebrada, fue aliviada con paños mojados.

Se quedó a su lado, hasta que el sol recorrió su místico paso por el firmamento y volvió a ocultarse tras el horizonte. Pudo constatar con verdadera alegría que su corazón por fin latía de forma acompasada, en gran parte a la infusión que le había hecho tomar semi inconsciente.

Exhausta, se quedó dormida, levemente tumbada al lado de su secuestrador, casi desnuda luego de hacer sus ropas jirones para limpiar y curar su herida.





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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Mar Jul 26, 2016 7:35 pm

Tras mucho luchar con los demonios de su pasado que lo atormentaban en forma de pesadillas, Demetrio finalmente se desmayó. Permaneció así durante dos días completos, completamente inconsciente, ignorando lo que ocurría a su alrededor. Ni en un millón de años se hubiera imaginado que esa pobre mujer, a la que egoístamente había privado de su libertad y abofeteado en un momento de histeria, velaría por él y le salvaría la vida. ¿Qué tan irónico resultaba eso, cuando él mismo había considerado maltratarla, tal vez hasta asesinarla si no cooperaba como esperaba? Y si embargo allí estaba, tendido sobre el camastro, siendo asistido con perseverancia y humildad por ella, con tanta paciencia y dedicación como si se tratara de uno de sus seres amados. Todo parecía una maldita broma del destino.

Despertó al tercer día, cerca de las dos de la tarde, cuando el sol abrasador alcanzaba su mayor punto en el exterior. Gotas de sudor resbalaron por su frente y llegaron hasta sus ojos, avivándolo. Con rostro contraído, se removió muy lentamente sobre el camastro y de inmediato su malestar lo golpeó. La fiebre se había controlado, pero las dolencias continuaban, además de que se sentía absolutamente cansado y no recordaba haberse sentido tan sediento en toda su vida. Quiso cambiar de posición y se llevó tremenda sorpresa cuando se topó de frente con Ciara, recostada a su lado y a medio vestir.

Que demonios… ¿Qué significa esto? ¿Qué diablos pasó? —su intención fue alzar la voz hasta reflejar su desconcierto, pero ésta le salió débil y pausada, casi titubeante como la de un niño pequeño—. Agh, maldición… No aguanto la cabeza y este estúpido brazo me está matando —se quejó arrugando el ceño.

Cuando quiso moverse de nuevo, un trapo húmedo resbaló de su frente y él, puramente por instinto, alzó el brazo malo en un intento de apartárselo de los ojos. Una mueca de dolor le descompuso el gesto de inmediato, pero aun así fue capaz de notar que había algo diferente: el vendaje que envolvía su muñón era nuevo.

¿Qué me hiciste? ¿Cómo fue que llegaste hasta aquí? —cuestionó malhumorado, disgustado y hasta malagradecido, dando la impresión de que le molestaba que se hubiera tomado la molestia de salvarle la vida. Aunque claro, él no tenía idea de lo mal que había estado durante los últimos días. Lo último que recordaba era haberla dejado sobre el camastro de al lado, atada, con un nudo demasiado bien hecho, prácticamente imposible de deshacer, lo que lo intrigaba aún más.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Miér Ago 17, 2016 5:59 pm

Dos días, ese era el tiempo que había pasado cuidándole, casi sin dormir y tomándose un pequeño respiro, en los que se refrescaba mojándose un poco el rostro y parte del cuerpo, ¿cuanto hacía que no se daba un baño en su bañera desbordante de agua cristalina, y usando alguno de esas pastillas de jabón perfumado tan suave y delicado que le dejaba la piel suave y tersa? Suspiró al pensar en lo poco que le haría feliz, - solo cinco minutos, en los que relajarme y no pensar en nada, ni en el pasado, ni en el futuro – caviló, mientras observaba a su paciente como dormía, con la respiración un tanto agitada, pero por lo menos la fiebre había menguado , haciendo que Demetrio no se revolviera en el camastro.

Luego de refrescarse, se contempló en uno de los únicos vidrios que permanecían aún colocados, en una de las ventanas de la casucha. Se había desecho el peinado, o mejor dicho lo que había quedado de éste, para terminar peinándose con una trenza que con delicadeza y esmero quedaba como si se tratase de un complicado diseño, ya que la había recogido y acomodado formando un peinado en alto, - vaya, al fin de cuentas, tampoco necesito de doncellas que me peinen todos los días – dijo en voz baja, mientras sonreía. Aun se encontraba vestida con lo que era su ropa interior y una de las enaguas, prefería dejar los demás trozos de tela, lo más limpios posible, para cambiar las vendas que su paciente necesitaría. Hizo un giro hacia un lado, hacia el otro, intentando ver si su peinado y sus ropas eran lo suficientemente decentes. Tomó el chal que usara la noche en que Demetrio la secuestró, y se lo colocó lo suficientemente bien, como para ocultar que lo que llevaba puesto era solo parte de su ropa interior. Volvió a sonreír al ver su destreza e imaginación para intentar encontrar soluciones. Más de pronto, sus ojos se quedaron fijos en el reflejo que el cristal le devolvía, ¿Por qué le importaba estar agradable a los ojos de su secuestrador? ¿Qué era en lo que estaba pensando al hacerlo? Negó con un movimiento de cabeza, - no, solo intento verme bien para mí, solo por mí – se replicó, mientras fruncía el ceño y se dirigía a cambiar el agua del cuenco en el que mantenía mojado los trozos de tela con los que refrescaba al hombre mal herido.

Volvió al lado de su paciente y comenzó a bañarle, - nadie muere por mugre, pero si te refresco, la temperatura de tu cuerpo seguirá normal y por lo tanto, no tendrás fiebre - le explicó al hombre que no tenía conciencia alguna, como si se tratase de uno de esos enfermos que caían en un coma severo o parecían muy próximos a expirar. La próxima hora se dedicó a refrescarlo, humedeciendo su rostro, cuello y brazo sano, con un trozo de una de sus enaguas. Luego prosiguió con su tarea, usando un nuevo trapo, mas antes de continuar, desprendió la camisa dejando expuesto el torso masculino. Su mirada se dedicó a recorrer cada centímetro de aquella piel, - vaya… no has tenido una vida muy tranquila ¿verdad? – dijo mientras humedecía el torso y las axilas. Su mirada se detuvo en el rostro, solo un momento, - así, cayado y sin protestar… te ves bien bonito – sonrió al decirlo, llevando una mano a los cabellos desordenados y peinándolos con sus dedos, - ¿sabes porque te hablo?, porque creo que las personas en coma pueden entender, creo que son como seres perdidos en la oscuridad de su inconsciencia, y si escuchas mis voz… tal vez… logres despertar - suspiro y volvió a cambiar el trozo de tela que humedecida, permanecía en la frente de Demetrio.

Sus manos se dedicaron a cerrar los botones de la camisa y bajar a sus pantalones, mas se ruborizo, - no, lo lamento pero allí no te refresco – dijo, levantándose lentamente, para buscar agua, por si despertaba y necesitaba beber.

No se demoró mucho, lo suficiente como para lavar con abundante agua los trozos de tela, y colgarlos en el exterior de la casucha, ¿Qué se enojaría aquel hombre si se enteraba que había salido en busca de agua, verduras, hiervas y frutas que crecían no muy lejos de aquella construcción? Le tenía sin cuidado, mientras estuviera tan dormido como las princesas en los cuentos de hada, poco le podía causar miedo. Al volver, se acomodó a su lado y allí se quedó, aguantando el calor de un día que parecía pleno verano. ¿Cómo se había podido quedar dormida? No lo supo, pero fue sentir que su paciente se movía, y una voz quejumbrosa que intentaba decir algo, lo que logró despertarla.

-shhhh, no hable, intente tranquilizarse – dijo llevando sus manos al brazo herido, - si lo mueve, solo logrará que duela más - le dijo mirándole a los ojos – ya le responderé todas sus preguntas, pero por ahora, mejor será que tome agua, ha sudado mucho y no pude más que mojar sus labios con agua, temía ahogarlo – acercó el un cuenco que servía como vaso, - vamos, intente beber – dijo, mientras ella le ayudaba a levantar parte de la espalda y cabeza para no ahogarlo al tomar.





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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Demetrio Fallenius el Dom Oct 09, 2016 12:52 pm

La manera en la que ella lo trató fue tan inesperada y confusa, que Demetrio no pudo evitar preguntarse si acaso se había golpeado la cabeza. Era la única explicación coherente a su repentino cambio. ¿De dónde había salido toda esa amabilidad? ¿En qué momento había empezado a preocuparse por su bienestar? Fallenius arrugó el ceño e hizo evidente su recelo. Se sentía terriblemente dolorido, y aunque el recuerdo de los días anteriores lo percibía algo difuso a causa del agotamiento, no olvidaba aquel episodio en el que lo había atacado y casi le había arrancado los ojos. La observó un momento y titubeó. ¿Y si se trataba de un engaño? ¿Qué tal si en su deseo de escapar cuanto antes había preparado toda una estrategia para deshacerse de él? Si insistía tanto en que bebiera aquella agua, debía ser por algo. Quizá había puesto algo en ella. Una de las armas más utilizadas por las mujeres era el veneno. Tragó la poca saliva que le quedaba. Estaba sediento y ansiaba como nunca mojar los labios secos que le había dejado la fiebre, pero prefería no arriesgarse. Manoteó para que ella alejara el cuenco.

No quiero nada. Estoy bien —rezongó, pero ¿lo estaba? Que hubiera despertado no significaba nada. La infección aún yacía en su organismo y la gangrena avanzaría si no obtenía las atenciones necesarias, mismas que no podía esperar que ella le proporcionara. ¿O sí?

Sin desvanecer el gesto de desconfianza, la observó en silencio. La barrió de arriba a abajo. No recordaba que fuera vestida de ese modo. Apenas llevaba ropa encima, lo sabía porque se esmeraba en mantener en su lugar el chal que le cubría la parte superior del cuerpo. Demetrio desvió la mirada y pudo identificar de dónde habían salido los trapos que había usado como paños. Todo parecía indicar que la joven había destrozado sus propias vestiduras para poder hacerle la curación. Pero, ¿por qué? No lograba entenderlo. Quizá era idiota preguntárselo, porque la respuesta era bastante obvia, pero ¿qué había hecho él para ganarse semejantes cuidados? Nada bueno, eso era seguro. Aun así, sentía la extraña necesidad de preguntárselo. Sólo debía formular la pregunta, hablar con ella de buena gana, pero se desvió del tema y como siempre, decidió ser un idiota.

¿Eres enfermera o de pronto decidiste jugar a serlo? —Soltó mientras intentaba reunir las fuerzas suficientes para enderezarse sobre la cama. No lo consiguió del todo. De hecho, sólo se lastimó.

Era humillante, pero con una sola mano, las cosas naturalmente sencillas se volvían verdaderamente complicadas. Debido a que su amputación era reciente, en ocasiones olvidaba que ésta ya no estaba. No había tenido el tiempo suficiente para asimilarlo todavía.  

No sabía si ella pensaba responder a su pregunta, pero comenzaba a exasperarse y no tardó en hacerlo evidente.

¿Por qué haces esto? ¿Acaso el encierro te volvió estúpida y de pronto olvidaste quién soy y lo que hice? —Alzó la voz, tanto como le fue posible. Sus palabras tenían tinte de reproche—. Te secuestré, ¿recuerdas? Puse una puñetera arma en tu cabeza y te arrastré hasta aquí, para golpearte, atarte a esa maldita cama y amenazarte tantas veces como me fue posible. En lugar de querer salvarme, deberías estar intentando asesinarme. Quizá deberías hacerlo, porque si me levanto de esta cama, no volverás a tenerlo tan sencillo.

Demetrio Fallenius debía aprender a mantener cerrada la boca, en especial cuando las circunstancias no lo favorecían en absoluto y tenía todas las de perder. Eso, o un día de esos alguien se tomaría en serio sus estúpidas bromas.




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Re: You must be afraid of the people in the dark | Privado

Mensaje por Ciara Conti el Lun Oct 17, 2016 7:26 pm

Su mirada asombrada, no podía dejar de contemplar a ese paciente que estando un poco mejor, pero aún muy débil como para ser un peligro,  se tomaba el atrevimiento de hablarle de forma descortés, luego de ser Ciara, quien le había salvado  la vida. Hizo una mueca de desagrado, mientras se acomodaba un poco mejor el chal que cubría sus enaguas y ropa interior, alejándose mas de él. Suspiró cansada de todo el esfuerzo realizado para que su captor se pudiera recuperar. ¿Que por hacerlo era una estúpida, como él aseguraba? pues tal vez no estaba tan equivocado, pero la verdad era que cuando decidió volverse una enfermera, prometió no hacer acepción de personas, y eso incluía al mal educado enfermo que tenía enfrente.

Luego de cuidarlo durante todas esas noches y días, ya no le causaba tanto miedo, por un lado porque lo había desarmado, y por otra parte, porque no  se encontraba lo bastante repuesto como para ser un peligro, o impedir que lo abandonara a su suerte, cosa que no pensaba hacer. Había tenido infinidad de oportunidades para huir de aquella casucha, dejándolo a merced de sus captores, que tarde o temprano darían con él, o con lo que quedara de sus despojos, pero no lo haría. La primera noche que se quedó cuidándolo, le juró que saldrían de allí los dos, o solo ella, si las curaciones no hacían efecto.

Bajó la mirada  que mantenía fija en el rostro del hombre, para asegurarse de posar en lugar seguro el cuenco con el agua cristalina, que ella había ido a buscar para él. Se incorporó, alejándose un poco mas, - A ver, si quisiera  huir... lo habría hecho la primera noche que la fiebre le dejó al borde de la muerte... pero ya ve, soy tan estúpida que no puedo dejar de cumplir mi palabra como enfermera -, sus labios crearon un perfecto ovalo, abrió sus ojos de forma asombrada, y llevó sus manos a sus mejillas, como si se sorprendiera de algo, aunque simplemente se mofaba de él - ¿no me diga que en todo el tiempo que me espió para saber como secuestrarme, no se dio cuenta que mis continuos paseos al hospital, eran por que simplemente es mi trabajo? - cruzó los brazos sobre su cintura, - vaya, que desprolijo, ¿o es que así es como investiga a sus victimas? - resopló, mientras le contemplaba, desde la cabeza a los pies, deteniéndose en el brazo herido, - por mas que hice todo lo que está a mi alcance, deberíamos reforzar los cuidados,  con un medicamento... pero para ello, tiene que venir conmigo al hospital... o... confiar en mi, podría ir hasta mi trabajo y volver en poco tiempo, el suficiente para buscar el preparado para administrárselo - dijo, segura de que aquello era lo mas seguro. En su mirada, en sus gesto, se podía apreciar su angustia, en verdad quería ayudarle. Mas estaba segura que aquel hombre se negaría, ¿como podría confiar en ella? ¿acaso no pensaría que podía volver con un par de policías y terminar con ésta farsa de secuestro? un manco secuestrando a una enfermera, si parecía el libreto de una obra teatral.

En cuanto observó aquella mirada asesina, la misma que él le dedicara la noche en que la secuestró, Ciara, le hizo callar como a un niño, - shhh, no diga nada, no está en posición de hacer nada, ni tiene fuerzas, ni armas, para querer hacerse el matón, ni para defenderse de esos hombres que le persiguen - dejó deslizar aquella información, que obtuviera gracias a los delirios de la fiebre. Siguió aferrando su cintura con sus brazos, en un gesto de buscar fortaleza, -entonces, ¿su nombre es Demetrio? - al ver que intentaba volver a decir algo, inspiró y cerró sus ojos con impaciencia, - si, los enfermos con fiebre suelen soltar mucha información dormidos - le contestó antes de que ni siquiera le pudiera contestar, - por eso, si alguien, lo está persiguiendo, en el estado que se encuentra, poco podrá hacer para salvarse... permita que lo ayude... vamos, que de quererlo muerto, bien podría haberle matado de mil maneras en éstos tres días en que estuvo inconsciente - sentenció.




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