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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Epitafio | Privado

Mensaje por Gwyddyon el Dom Ago 09, 2015 2:50 am


Un rostro mira con fijeza. La noche gris
en el caos de la ausencia brilló;
Sólo había allí un vasto dolor,
el dulce seno ausente.

—Walter de La Mare.


¿Y qué queda después de la muerte? ¿Qué les depara a las criaturas que atraviesan esa línea fina entre este mundo y el otro? Sólo un vacío descomunal, en donde quedamos sumergidos en simples memorias, que por más que nos esforcemos, no volveremos a revivir nunca. Porque ya no estamos vivos, tan sólo somos pensamientos fugaces de alguien más. Cosas inertes, incapaces de la nada... O quizás si seamos muy capaces de algo. Somos energía, como todo lo que mueve todos los mundos visibles e invisibles, pero ciertamente no todos son capaces de interactuar con semejante teoría. Llevo más siglos comprendiendo ese lenguaje que cuando tenía un cuerpo mortal; antes no era muy capaz de comprenderlo. Tal vez porque cuando se es joven, se es ingenuo y ciertamente es así.

Viví en tiempos arcaicos, cuando los romanos invadían cuanto pedazo de tierra encontraran. Se adueñaban de creencias que no eran suyas y se volvían una masa de hipocresía pura, como lo hacen todos los imperios que se han levantado por la sangre y la ignorancia de otros. Mi amada Galia fue desangrada por los títeres de un emperador que vería su caída por otras sanguijuelas de mejor categoría.  Pero orgullosamente luchamos y nuestras costumbres aún permanecen entre sobrevivientes, como lo han hecho otras culturas del viejo mundo.

Se siente extraño volver al terreno de los vivos después de tantos años. Pertenecí a la legion espectral de Agartha, muchos se preguntarán el porqué un fantasma es capaz de decir semejante cosa. Pues, la verdad, en vida me dediqué a descifrar el lenguaje de los espíritus y para mi sorpresa descubrí cómo ser una entidad de energía rebozante. Pero ciertamente, al ser energía, nos debilitamos y si no nos detenemos, nos desvanecemos hasta ser parte de la nada. Por suerte logré controlar mi ambición de justicia antes de perderme en el vacío de lo inexistente. Necesitaba regresar a este mundo, porque sé que mi Morrigan también lo hizo. Agartha no se ha perdido a pesar de los años y eso me enorgullece profundamente. También por mis hermanos de lucha estoy aquí, pero debo admitir que me siento a la deriva de la ignorancia, los tiempos han cambiado mucho y mi despertar fue inesperado. Fue traído por personas correctas, sin embargo, aún me siento incapaz de retomar mi lugar.

He vagado sin rumbo fijo entre los bosques que alguna vez eran parte de la Galia, pero ahora se han reducido por los asentamientos de las nuevas sociedades orgullosas. La naturaleza sigue cultivando su misma esencia y por primera vez debo decir que me siento parte de ella. Ya el tiempo no es problema para alguien como yo, ni siquiera el miedo se atreve a merodear como un depredador al acecho. Sin embargo, no estoy solo, hay alguien más siguiendo este sendero de árboles y hojas muertas. Le sigo, pero ella es incapaz de saberlo. Tengo curiosidad por esta nueva gente y esta tarde sin horas, he  encontrado la oportunidad para saciar mis dudas.

— Debería ir un poco más despacio —Dije finalmente sin hacerme presente del todo. Estar hecho todo un espectro me hacía comprender el lenguaje de los vivos, como antes lo hacía con el de los difuntos.

Quizás ella no me haría caso, era de esperarse, era una mujer simple, con un poco de suerte podría ver auras, pero eso era poco probable. Prácticamente levité a su lado, aguardando pacientemente su reacción.




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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Aaya Maciej el Vie Sep 04, 2015 3:50 pm

Los bosques, inundados de suciedad, de enfermedades desconocidas que muchos científicos intentaban enumerar ¡aunque eran infinitas! Tan infinitas como así por contrario era mi vida. No es como si hubiese sido capaz de llevar adelante mi propia indisposición, mas tenía que ser fuerte para poder lograr lo que me habían inculcado que era mi deber. Sí, no era nada que a mí misma me interesara, a decir verdad, el solo hecho de vivir era demasiado frustrante y complicado para mí. Por el contrario, lo que yo deseaba era tener la total libertad de morirme de una vez. Dejar de sufrir en este horrible día a día. Con miedos, con malogros, con llantos y con un sudor seco que recorría mi rostro cubierto con un velo. Parecía una dama viuda, de esas que no pueden mostrar ninguna parte de piel luego del fallecimiento de su esposo o padres. La realidad difería mucho de eso. Había conocido a muchos familiares y no tanto que habían muerto. Incluso mi propia abuela había pasado al otro lado hacía bastante tiempo, aunque no el suficiente para olvidarla. Casi idéntica a mí en más de un sentido de la palabra. Me había dado para heredar sus penas y así, junto con su amor, me había enfundado en ello, llevando por todos esos años la adoración al veneno como así mismo el terror a todo lo que me rodea. Pero era mi misión como cazadora la que me escondía. La máscara que separaba mi realidad con la terrenal. Era una mujer fuerte, lo suficiente para cumplir los recados que me mandaran a hacer. En aquel caso, cuando la noche estaba a poco tiempo de caer, era preciso buscar las pistas que me llevarían a la sobrenaturalidad en la realeza. La evidencia de que existían reyes eternos y hermosos. Eso jamás se había dado en la historia de los años. Era apenas hace un tiempo en donde los rumores de los reyes del mundo se habían esparcido, jóvenes perfectos, egocéntricos y fuertes como ningún otro tomaban el mandato de los reinos y con ello masacraban sin piedad hasta el último de sus enemigos.

No me parecía justo y había calculado las más de mil maneras para asesinarlos pasando inadvertida, pero aún no había conseguido ningún acercamiento. Y eran los matorrales de las plantas que no hacían ninguna clase de ruido los que me avisaban que no tendría suerte. Según los estudios, muchos inmortales venían a alimentarse a esa zona, no escuchaba nada, siquiera un mínimo revoloteo de hojas en las copas de los árboles. Sin embargo fue mi piel la que se erizó de un momento a otro, inyectando agua con sal hasta mis ojos inmediatamente. Era como si alguien estuviese a punto de tocarme. Mi cuerpo estaba casi diseñado para captar, mediante mi umbral, cada cercanía innecesaria y fue el habla ajena e inexistente la que me asaltó de improviso. Un aura estaba latente a mi lado, difusa y certera. No sabía qué podía ser, jamás había hablado con alguien invisible y la verdad era que el hecho me aterraba al mismo o peor grado que si hubiese sido un humano normal. — ¿Quién…? ¿Q-qué sucede? — Pregunté con la voz arruinada, apretando los dedos enguantados unos con otros, provocando que las heridas de mis manos escocieran un poco, recordándome que mi corazón seguía latiendo. El tono que expresaba era tímido, engorroso pero algo perturbado. Miraba a ambos lados, intentando pensar que eso se debía a algún truco de un hechicero y que éste estaría por algún lado, no parecía ser así, en realidad estaba casi segura que era un alma en pena. Y las historias que sabía de ellos eran terribles, podían poseerte, ensuciar mi alma de aquella mugre eterna que ellos tenían. ¡Ni siquiera mi mente podía estar limpia frente a esas criaturas! La traspiración recorrió mi frente y los ojos azules intensos se enfocaron el la energía. — ¿Qué quiere? — Inquirí una vez más, quizá con más molestia que antes, se podía notar, con una buena observación de mi comportamiento, que no era del fantasma del que estaba aterrada, sino de lo que podía causar en mí.



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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Gwyddyon el Miér Sep 30, 2015 10:24 pm


Son gente incansable, pero lentos y tristes,
Aunque dos, los más cercanos, son hombre y mujer,
Ninguno entre ellos se atreve a cantar,
Y a pesar de estar rodeados de soledad,
Como dulces compañeros persisten en este lugar.

—Robert Frost..


Aún a estas alturas, cuando ya me he convertido en un ente completamente espiritual, me causa gracia que los "vivos" sientan temor a aquellos cuyos cuerpos se han marchitado y sólo ha quedado su energía, deambulando entre universos cósmicos. Es irónico que piensen en la muerte como algo insano, detestable y aterrador cuando están conscientes de que en algún momento ésta los abrazará con sus alas oscuras. Claro, debo entender que esos temores y constante repulsión viene acompañada de la duda, de aquellas interrogantes que los consume diariamente y de esas incertidumbres despertadas por historias de pasados inciertos.

Yo igual fui joven y temí de ese mal que es el final de mi existencia física, pero cuando estuve tan cerca del mundo espectral, comprendí que no debía temer y menos cuando mis causas siempre fueron justas, cuando mis luchas estaban destinadas a la justicia y al bienestar de mi pueblo. Cuando alcé la espada y asesiné a mi enemigo, lo hice con la intención de proteger a inocentes y salvar a la tierra que me vio crecer. Los dioses siempre abogaron a mi favor y hoy por hoy cuando no soy más que un espíritu vagando en el mundo artificial, debo reconocer que no me siento ni aterrado ni confundido. Todo lo contrario, yo elegí estar en esta situación, porque a pesar de que mi cuerpo físico dejó de existir y se volvió parte de la tierra, mi alma desea continuar con una lucha que sólo se acabará cuando los dioses así lo dispongan, cuando el universo esté tan agotado que quiera regenerar sus raíces e iniciar de nuevo su existencia, porque si algo es eterno, es el universo.

Esa muchacha que tenía en frente de mí, con esa mirada de incertidumbre, de estar a la expectativa de algo que creía, pudiera lastimarla, me hizo recordar esas ironías y falsas creencias para aquellos que se niegan a creer de lo que no está al alcance del ojo físico. No me burlaba de ella, para nada, sólo que en mis años de estancia infinita, aún no lograba a adaptarme a ese pensamiento de negación hacia lo intangible. Yo no tenía intenciones de dañarla, en ningún sentido, sólo me causaba curiosidad su repentino comportamiento, ¿había logrado percibir a un espectro como yo? Estaba claro de que sí y eso me sorprendió un poco, aunque claro, en partes colaboré un poco para ver si la chica era capaz de hallar mis energías cercanas a la suya.

Mis palabras se convirtieron en el silencio del bosque y en el susurro del aire, aguardé pacientemente a su lado porque calmara sus ansías. No me agradaba que actuara de aquella manera, no era necesario, podía estar muerto, pero no me aprovechada de mi condición para burlarme de otros o tratar de contaminarlos de alguna forma. Exhalé, sin siquiera necesitarlo, y le observé. La mujer era una mezcla entre el miedo y la ira. ¡Qué ironía!

— ¿Por qué reacciona de esta manera? ¿Piensa que voy a aprovecharme de mi condición para asustarla e intentar desestabilizar su mente? —Mencioné tajante, materializando mi figura lentamente—. Creo que he viví demasiados años como mortal y he recorrido tantos siglos los mundos espirituales como para comportarme de tal manera —agregué, finalmente, cuando mi cuerpo se hizo visible ante sus ojos claros—. No hay de que preocuparse, no la he estado acompañando con intenciones de jugarle una mala jugada, mi presencia sólo es señal de advertencia. No es bueno estar deambulando entre el bosque espeso cuando los depredadores del hombre se ocultan entre la inmesidad de la naturaleza. Si presta más atención a su alrededor, más allá de los sonidos del bosque, notará, que no está sola y esta vez, no es mi presencia espectral la que la ha estado siguiendo... Esa entidad, olfatea sus pasos antes de que ambas energías interrumpieran mi comunicación con los dioses.



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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Aaya Maciej el Jue Oct 15, 2015 12:43 pm

El asco se evocaba en mi rostro, tan cerca, ¡tan cerca! y tan lejos al mismo tiempo. Mi corazón, humano como cualquier otro, palpitaba de formas sofocantes, quería romper en llanto y en odio, sin embargo intentaba reaccionar lo menos posible ante la entidad que acababa de aparecerse frente a mí. Suspiraba con pesadez, calmando así mi angustia. Como cazadora, solía hacer los trabajos por demás de rápido. Utilizaba el sigilo como mi medio de transporte, acurrucándome entre las sombras para así poder asesinar sin dudar ni un momento, sin desperdiciar energías, sangre o dolor. Para luego huir a mi escondite, lavarme las manos ferozmente hasta que éstas volvieran a sangrar y así sentirme limpia una vez más. Pero como antes había pensado, no había nada para hacer contra un fantasma y éste no estaba haciendo nada por calmarme, por el contrario, me sofocaba con su presencia tangible ahora que en el suelo empezaba a plantearse. Bajé los ojos claros y temerosos y negué rápidamente, una y otra vez. “¿Por qué lo hacía?” Era una manía, una forma de aceptar todo lo que los demás me dijeran con tal de que me dieran espacio y un momento para respirar, el suficiente para poder sentirme en calma aunque fuese unos instantes. — No, bueno, no lo sé, usted podría hacerlo si quisiera, ¿no es así? ¿Qué quiere de mí entonces? — Intentaba no ser insolente, aunque muchas veces la lengua se me soltaba, no obstante rápidamente la timidez me embriagaba y el blanco de mi rostro se transformaba en un rosado intenso y potente, buscando así con mis palmas enguantadas esconder toda la pena que se dibujaba en mis mejillas. ‘Y entonces… ¿qué quiere?’ me pregunté ante las respuestas del alma que aparecía con firmeza frente a mí. Sus poderes eran increíbles y me resultaba de los seres más interesantes y peligrosos de todos. Seres que no me concernía cazar, ni mandar al otro lado. Por lo que no tenía ninguna clase de aura amenazante, más que un miedo evidentemente irracional hacía lo que él podía o no hacerme.

— Lo comprendo, ¿entonces me está diciendo que intenta ayudarme? ¿D-dónde ha visto a esos depredadores? ¿O acaso se refiere a animales corrientes? No comprendo lo que dice. ¿Mundos espirituales? ¿Acaso hay muchos? — Añadí de una vez, cuando la novedad y el infinito deseo de conocimiento me corrompían. Mi personalidad era extraña, sumamente calmada y serena. Pero cuando algo me llamaba la atención, inevitablemente abría la boca de más. Y era en el caso de la muerte que me volvía más errante. Quizá era el destino, que inconscientemente me llevaba cerca de las cosas sin respiración. Era mi propio ser el que quería morirse de una vez por todas. De ese modo el sufrimiento por las bacterias ya no podría afectarme, ¡qué mejor que morirme para combatir mi miedo a la enfermedad! Esa preocupación sin duda dejaría de existir cuando eso sucediera. Sin embargo, el pavor era completo y no me permitía morir. ¿Qué tal si dolía demasiado? ¿Estaría bien preguntarle a aquel señor si eso punzaba mucho? ¿Si acaso sufría? Mis orbes se encontraban atormentados, acongojados por el revuelo que tenía en mi estómago. Y entre suspiros fue que di unos pasos hacia atrás, escuchando los crujidos que venían de más lejos. Inevitablemente, apoyé mi mano derecha sobre el arma que llevaba en la cintura, escondida. Fruncí el entrecejo, buscando de esa forma aquel ente que estaba escabulléndose. Parecía tratarse de un animal, mas yo estaba segura de que por esos lares la sobrenaturalidad estaba en cada rincón. ¡Qué terrible sería tener que enfréntalos cara a cara! ¡Y todo por culpa de aquel ánimo! Le miré de reojo, esperando, por algún inusual motivo, que me diera una pista de lo que se trataba.


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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Gwyddyon el Miér Nov 25, 2015 9:55 pm

A diferencia de otros espíritus, yo había desarrollado diferentes habilidades desde el momento de mi descenso en tierras galas. Cuando era humano ya conocía perfectamente el mundo de los muertos, me había iniciado en ese lenguaje ancestral y ya al momento en el que debía abandonar mi cuerpo mortal, no tuve miedo, porque me confiaba en que era un ser eterno, mi esencia perduraría por siempre. Mis memorias jamás se desvanecerían y éstas me darían la fuerza necesaria para convertirme en un ser de poder, aún estando en otros planos de existencia.

Jamás tuve miedo y me empeñé en transmitirle esa confianza a todos aquellos que coincidían conmigo, especialmente a los jóvenes aprendices de la hermandad de Agartha. Para ellos era un guía espiritual lo suficientemente confiable y eso me motivaba a seguir con mis enseñanzas.

Pero un día todo cambió y el letargo terminó ganándome.

Ahora he despertado en una nueva época y me hallo frente a una muchacha a la cual me estoy empeñando en ayudar, porque los espíritus de la tierra, conocedores de todo y de todos, así me lo pidieron. Su rostro era la viva imagen del rencor y no comprendía muy bien porque, ¿qué era lo que la impulsaba a sentirse así? Me causaba curiosidad. Pude notar su rostro enrojecido y un temor insano hacia mí, pero aún así, permanecía ahí, plantada en el suelo, incapaz de moverse. Era una joven extraña, no la culpo, no está en mí juzgar a las demás personas y mucho menos ahora que ya estoy muerto. Sin embargo, tampoco me atrevía a dejarla sola. Desde hacía un rato que había sentido su presencia inundar el bosque, su energía chocaba con la de la naturaleza y me transmitía una extraña inseguridad, pero no sólo eso, también percibí peligro. Fue en ese instante en el que supe que algo la seguía, iba muy detrás  suyo y no me pude permitir abandonarla a su suerte.

—Nunca me atrevería a hacer algo así, joven. Nunca me he tomado las cosas con burla, ni siquiera cuando estaba vivo —le dije con serenidad ya estando completamente visible frente a ella—. Trate de calmarse, no es bueno permitir que los nervios nos dominen la razón, porque nos convertirán en nuestros peores enemigos.

Le hice un ademán con las manos para que se tranquilizara un poco o al menos eso esperaba. Admito que aún no me acostumbro a este tipo de situaciones; las personas han desarrollado tantas falsas creencias en torno al mundo de los espíritus que me resulta un tanto molesto y aquellos que han dejado la comodidad de un cuerpo mortal, no han sido de gran ayuda. Estas son cosas que hoy por hoy me cuesta creer, pero debo aceptarlas con humildad y no irrumpir en el curso del cosmos.

—Todo a su tiempo —respondí. Tenía tantas preguntas en mente, que no terminaba por decidirse por una en concreto. Sencillamente me tomé mi tiempo para meditar cada una, pero algo llamó nuestra atención y supe que aquel ser ya estaba bastante cerca—. No se preocupe, como he dicho, si la he seguido es para ayudarla. Mis intenciones nunca han sido malas; no ganaría nada con eso. —Le observé unos instantes y luego eché un vistazo a mi alrededor—. Quédese en donde está, hágame caso y no se mueva.

No estábamos solos, los ecos del bosque me advirtieron que el sobrenatural se acercaba a nosotros. Era un cambiapieles, quien, quizás, sediento de venganza, venía por la jovencita que ahora tenía cerca de mí. No pude evitar fruncir el ceño y enfadarme ante aquella posibilidad. Desde hacia siglos admiraba a esas criaturas, pero al igual que otros, también se habían contaminado por el ego y un sinfín de sentimientos impuros.

Prácticamente levité al desaparecer ante los ojos de la chica y con habilidad aparecí más adelante para enfrentar al intruso. Los espíritus del bosque parecían ansiosos, incómodos y molestos por tener en su territorio a un ser tan contaminado como ese. Las hojas del suelo empezaron a elevarse convirtiéndose en un torbellino alrededor del cambiante; en su semblante se marcó la sorpresa y el miedo. Fue entonces, cuando, entre ilusiones, me mostré ante él y le hice ver como los árboles se cerraban en torno a su figura. El hombre huyó despavorido, no sin antes, ser atendido por las travesuras de los seres de la tierra que se juntaron para darle una lección que jamás olvidaría. Quizás me precipité, pero no tenía más opción. Aquel acto no duraría sino un par de minutos, el tiempo suficiente para bajarle el ego al estupido hombre. En mis tiempos, había conocido mejores cobardes, sin duda alguna.

Volví de nuevo hacia en donde se encontraba la muchacha, esperaba que aquel acto no la hubiera espantado tanto como a su persecusor. Nuevamente me hice visible ante sus ojos y en mi rostro sólo había serenidad.

— ¿Está bien? Lamento si nos excedimos un poco —Pregunté, detallando cada gesto nuevo que apareciese en su fisonomía—. Y sí, hay más criaturas a nuestro alrededor y que viven con la tierra, crecen y se transforman con ella. Porque no solamente existen espíritus de gente que ha desaparecido físicamente, sino también existen los otros muchos que están presentes desde el principio de los tiempos. Pero no tiene porque temer, ellos no están para lastimar a nadie, están para mantener a la tierra viva.



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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Aaya Maciej el Miér Dic 16, 2015 9:51 am

No hacía falta explicar que conocía la sobrenaturalidad en el mundo, sabía que existían los humanos que mantenían otras habilidades, incluso los fantasmas me resultaban dentro de todo coherentes. ¿Pero qué trataba de decir el muerto cuando hablaba de la tierra y sus espíritus? Me confundía, empero por lo pronto me estaba tranquilizando, era un fantasma, no podía tocarme, no podía contaminarme con lo que sea que haya muerto, ¿o sí? Imposible, ya no tenía células, no era algo biológico. O al menos todas esas cosas pasaron por mi cabeza hasta que observé como luchaba contra tal cambiante que parecía, estaba deseoso por atacar a una cazadora, ¿habría estado demasiado fácil descubrirme y no me había dado cuenta? No me sorprendería, mi francés era complicado de entender y la gente podía saber mi esencia con tan solo observar el aura corrompida que llevaba. Hacía poco que estaba en Paris, no debía sorprenderme de mis propios errores, eran cosas que indudablemente no podía corregir en tan escaso tiempo. Y sin embargo me hallé aterrorizada, era inhumano, literalmente estaba emanando una explosión de aura que incluso me rozaba la piel, provocando que el estómago se me revuelva hasta que las ganas de vomitar estuvieron justo en el borde de mi garganta. Acerqué mi pañuelo a la boca, cubriéndola para aspirar el nulo perfume que había allí. Restaurando poco a poco mis fuerzas. Mis ojos violáceos se fijaron en aquel hombre que estaba de frente una vez más. Parecía que todo lo que haría me volvería loca del temor.

— “Nos” ¿De quién más está hablando? Los espíritus siempre me resultaron extraños pese a eso creo que usted es más de lo que esperaba. Estoy calmada, solo… Por favor, no se acerque demasiado. ¿A caso le he dado curiosidad o por qué se acercó a mí? Creo que sería mejor seguir caminando, ¿vive en el bosque? — Comenté casi con soltura, por alguna razón, la mirada ajena me relajaba y al mismo tiempo contracturaba todos mis músculos. ¿Podría estar hechizándome? ¿Era un ser malvado capaz de maldecirme y pasarme alguna horrorosa situación? Mis orbes lagrimeaban, mas las gotas no caían. Desde hacía años me había rehusado a llorar frente a alguien más, aún si éste estaba muerto. Apreté con una mano mi brazo derecho, caminando seriamente por el nulo camino que estaba fijado y de repente dejé escapar un suspiro. Era una máquina de pensar, de temer y de irradiar mal estar. Todo era culpa de mi niñez, de la apresurada vida que me había llevado a tener unos dedos siempre ensangrentados, con cicatrices y heridas abiertas. Con temores que no iba a poder superar, simplemente porque no quería hacerlo. “Así estaba bien” “Puedo controlarlo” Eran las palabras que me decía para que, en momentos como aquellos, no comenzara a lanzar gritos y plegarias a donde fuera. El acento belga se notaba más con mi nerviosismo y el olor casi metálico se sentía en el apretón que estaba haciendo con mi mano, abriendo las lesiones viejas. — ¿Cómo se llama? ¿Tiene nombre? No, no creo que se hayan excedido, solo lo atemorizó, ¿no es así? ¿Es un espíritu bondadoso o solo por ahora? Nunca he visto esos seres de la tierra de los que habla, supongo que no quieren ser vistos por gente como yo. Igual, mejor, si no los veo, no me darán temor ni inseguridad a la hora de caminar. — Me preguntaba qué pasaría si pudiese ver eso que él decía, ¡personas por todos lados! Chocando contra mi piel, ensuciando mi mente, mi alma y palpando todo lo sólido en mí. Todo lo que puede enfermarse, descascararse hasta pudrirse. Mi mirada comenzaba a perderse entre toda esa imaginación que era la que más me dañaba y tragué saliva, apretando los dedos, las ganas de lavarme las manos eran cada vez más fuertes. — ¿Entonces son ellos los que mantienen la tierra? Deberían hacer algo con la industrialización que está comenzando, el humo negro en la ciudad cada vez es peor. El hollín se pega hasta en las paredes, supongo que es contaminación. Aunque a nadie le importa. — Aseguraba, bajando la cabeza, pues era cierto, solo a mí me importaba, siempre que hablaba con los demás me negaban que fuese perjudicial, que fuese algo malo, por el contrario, era progreso. Eso decían, pero yo sabía que nada de ese asqueroso color podía ser bueno, nada que ensuciara y dejara la nariz con partes oscuras o la piel manchada podía considerarse un buen futuro. No obstante, no tenía que ver conmigo ni tampoco con mi trabajo, que era asesinar a los sobrenaturales que estuviesen condenados por hacer maldades.


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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Gwyddyon el Vie Dic 25, 2015 9:48 pm

Me resultaba complicado comprender a aquella joven; quizás era por mi edad, por ser alguien que había vivido en otra época y cuyas costumbres eran un tanto diferentes a las de las sociedades emergentes. Eso causaba cierto recelo en mí y me lamentaba de todo el daño que el mundo clásico y sus dogmas habían hecho. Abogaba por el conocimiento, pero ciertamente, existían cosas que caían en lo absurdo y convertían a los hombres en seres de mente cerrada, demasiado racionales y poco conscientes de quienes eran y de donde venían. El ego terminaba consumiéndolos en sus propias miserias y me decepcionaba profundamente.

Por una razón que no comprendía del todo, me aferraba a la idea de querer acompañar a esa muchacha; quería cuidar de ella como cuidé de mi gente hacia siglos atrás. Siempre me preocupaba por el bienestar de otros y aunque estuviera muerto, seguía haciéndolo de igual manera. Quizás, eso fue lo que me trajo de vuelta a este mundo y debo aceptar responsablemente las misiones que los dioses me han encomendado. Por eso, me negaba a dejar sola a esa mujer, de que fuera presa de leones hambrientos; deseaba que ella abandonara todo temor y se liberara de sus propias ataduras. El miedo se marcaba en su rostro y su aura pálida me intrigaba un poco. ¿Qué clase de miedos la debilitaban? Me preguntaba qué abismo oscuro la estaba consumiendo por dentro.

Mi misión era ser su guía; aunque ella no lo aceptara, no me importaba. Jamás dejaba a un lado mis obligaciones y mucho menos aquellas que los dioses preparaban especialmente para mí.

—Me refería a los espíritus que habitan en la naturaleza. Son ellos lo que mantienen el ciclo natural de todo lo que nos rodea; por ellos es que hay vida en este mundo. Pero no todos son capaces de entrar en comunicación con ellos; yo tuve la bendición de poder interactuar con esos entes desde que era mortal —enuncié, mientras le observaba. Su comportamiento junto con sus respuestas era algo que me inquietaba—. ¿Por qué no le gusta que otros se le acerquen? ¿A qué le teme? Como he dicho antes, yo no quiero dañarla. Sólo estoy preocupado por usted. Mis intenciones nunca han sido malas.

Me estaba resultando un tanto difícil lidiar con la chica, pero aún no me daba por vencido. Eché mi vista hacia el cielo, que parecía una bóveda de hojas con innumerables puntos de luz. Me dejé hiptonizar por aquella escena tan magnifica, tan propia de la naturaleza. A veces, cuando se está vivo uno deja pasar esos detalles tan maravillosos que muchas veces tildamos de insignifcantes y no notamos su majestuosidad, hasta cuando llega nuestro final.

—Gwyddyon, ese es mi nombre —respondí, mientras continuaba ensimismado en la escena que mis ojos contemplaban con tanta devoción—. Todo depende de cómo lo tome usted. Puedo ser lo que piense que soy, pues si le doy mi opinión personal, no tendría sentido, porque no todos pensamos de la misma manera. Pero eso no es lo que importa en estos momentos. —Le miré con una sutil sonrisa—. ¿Por qué debería sentir temor de algo que la mantiene viva? No pierda el tiempo en pensar que todo cuanto le rodea le dañará, porque está desgastando su preciada existencia en algo innecesario. Mejor, alce su mirada y ponga atención a la perfecta armonía que mantiene la naturaleza en cada una de sus creaciones. Desde las más pequeñas, hasta las más grandes... Nada de esto puede dañarla, todo está en su mente. Lo único que verdaderamente lleva a los hombres a la ruina es su propio ego y sus miedos inventados.

Prácticamente me deslicé por el manto de hojas secas, adelantándome un par de pasos de la joven. Aún mantenía mi figura visible ante sus ojos y que por ser un espíritu, no me temiera; quería que por primera vez en su vida se sintiera cómoda con la presencia de otros.

—Lamentablemente ese es el mundo que ha escogido la humanidad, se ha sumido en lo superficial y ha olvidado sus raíces. Por eso los dioses abandonaron la tierra, pues el hombre perdió la razón de sí mismo y sólo se enfocó en alimentar su ego. Pero no es su culpa, es culpa de aquellos que reinan en los infiernos y contaminan este mundo, para irlo destruyendo poco a poco —agregué sin moverme de mi lugar—. Sin embargo, antes de poder querer arreglar lo que nos rodea, tenemos que empezar por nosotros mismos. Me tranquiliza saber que usted se preocupe por cosas que a otros parece no importarles. Pero, no está enfocándose en lo más importante... Su interior. ¿Alguna vez se ha sentido verdaderamente libre de sus miedos?



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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Aaya Maciej el Mar Dic 29, 2015 7:35 pm

¡Él no me entendía! ¿Irrazonable? Sí, sí, así era mi miedo, no podía controlarlo, estaba lejos de mi alcance y destrozaba mi mente en pedazos de manera que lentamente ésta se iba dividiendo y alejando. Estaba la yo que mataba sin piedad a cuanto sobrenatural me fuera encomendado y por otro lado; Aaya, simplemente, la muchacha que le temía a todo. La polución del medio ambiente, las manos de otras personas e incalculables bacterias que reposaban en pieles ajenas capaces de meterse en mis poros y matarme, haciéndome sufrir de las peores maneras posibles. Mordí el interior de mi boca, aquella parte rosada en mi mejilla íntima, jalando sin hacer que el metálico sabor se saliera, pues eso podría ocasionar colapsos mentales en mi cuerpo que comenzaban con un rápido asma hasta concluir en vómitos incapaces de parar. Y sin embargo, por fuera, en donde estaba el fantasma mirándome, me notaba por completo normal, sonriendo de lado, con el único defecto de que mis manos temblaban atrás de los guantes. ¿Por qué razón? ¿Era acaso por saber que había seres en todas partes que podían alterar mi sistema inmunológico? Quizá, realmente no era una idea desquiciada, mas me temía que fuese por otra razón, una más profunda y penosa. Él me recordaba la vida que yo quería tener y no podía. Existir muerto para así nunca más sufrir. Deambular como un alma extinta y poder ser lo que quisiera, sin temor a nada.

Bajé la mirada unos segundos, intentando recapacitar en mis respuestas. — Pero no me responde, ¿por qué se ha fijado en mí? No tengo nada especial s…señor Gwyddyon, su nombre, ¿de dónde es? Es muy extraño, difícil de pronunciar. No dije que sintiera que me quiere hacer algo malo, solo no lo esperaba. — Fueron varias muecas las que aparecieron en mi aniñado rostro, tan pequeño y ovalado como el de una chiquilla, con los ojos grandes y curiosos, siempre quería acapararlo todo y no podía, porque la barrera que yo misma me había hecho me lo impedía. — No puedo hacer nada para cambiarlo. Lamentablemente, señor, estoy condenada a sufrir en la soledad. No tengo ego, sí tengo miedos. ¿Acaso no deberíamos tenerlos? ¿Acaso no son los miedos, los que no detienen de cometer locuras? — De repente, el espíritu había abierto el sello de mi boca. Éste liberaba a una parlanchina y metida; una muchacha que soñaba con conocerlo todo, con enfrentarse a toda clase de conocimientos para llegar al final a una sabiduría total. ¿Era porque se trataba entonces de un ser espiritualmente cuerdo? Imposible, pues eran los más locos los que siempre terminaban por encandilarme. Suspiré con algo de timidez, sintiendo el rubor enardecer en mi rostro y el paso se hizo más rápido, negando cada tanto ante las palabras del hombre que mantenía una serenidad total en la “caminata”. — ¡Ah! ¿Q-qué es lo que hace? ¿Mi interior? No puedo arreglarlo, los pedazos que fueron rotos no se pueden volver a unir, no tengo con qué. ¿Por qué se ha detenido? No quiero ser imprudente no obstante… ¿No está yendo demasiado lejos con el juego de las preguntas? — La voz estaba temblorosa, verlo de frente a mí, a tan solo unos pasos de distancia hizo que rápidamente una manta de lágrimas cubriera mis ojos. El muro que utilizaba cada noche se estaba evaporando, Aaya quería salir y llorar a gritos por la cercanía de una persona. ¡Pero él estaba muerto! ¡Solo era energía! Busqué adentrar el aire en mis fosas nasales, apretando mis manos unas con otras, una vez más las heridas de cortes por la resequedad de la piel se volvían a abrir y el dolor anunciaba mi tormento. Me sosegué y negué con débil frustración. — No, no recuerdo una parte de mi infancia, supongo que antes de aquel entonces podía ser libre. Igual eso no importa demasiado, dígame, ¿por qué está entre los vivos? ¿Le quedan cosas por hacer? Si quiere, puedo ayudarlo, eres el primero que no me trata como un monstruo, me cae bien, señor Gwyddyon, sin embargo no se tome la confianza de acercarse, aunque sea energía, me espantará, lo siento, ¡lo siento mucho! — Dejé salir un gritillo suave, triste y apenado que pronto se hizo presente cuando mis labios se apretaron y la barbilla se contrajo, produciendo una serie de suaves temblores, tan tímidos y acongojados como yo misma. ¡No podía mentirme! No había nada peor en ese mundo que estar sucia, que contaminar a los demás con mis propias enfermedades, pero allí estaba un espíritu que quería ayudarme. ¿Un alma que no había podido pasar al otro lado me estaba ayudando a mí? Si había algo más patético que eso, realmente no había precio para poder mirarlo. Y escondí una risa entre el llanto con mis manos enguantadas, sintiendo la leve brisa anunciando el deseo de un nuevo depredador. ¿Quizá se trataba de mi interior queriendo ser salvado?


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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Gwyddyon el Mar Ene 26, 2016 12:02 am

Esa joven, de cierta manera, me recordó a mi yo mortal, cuando era apenas un adolescente sediento de conocimiento, pero temeroso. Mi mente siempre era un mar turbio de ideas, sin embargo, me resultaba complicado dar el primer paso. Por suerte, a mi lado hubo gente que me apoyaba; tenía maestros que me hicieron salir adelante y me ayudaron a convertirme en un hombre leal a mis principios y fidedigno a las costumbres de mi amada Galia. No me importó, en ningún momento, dar la vida por aquellos a quienes amaba, por la tierra que me vio crecer y también, la que me vio perecer en el campo de batalla. Claro, aquellos eran otros tiempos; nos formaban para la guerra y para la religión. Nos inculcaron el amor a nuestras raíces y el respeto por nuestros semejantes. Ahora, la historia era diferente. Lo noté en el primer momento en que fui arrancado de mi letargo. Lamentaba que las cosas hubieran tomado ese rumbo, pero, eso no significaba que todo estuviera perdido.

¿Cómo podía hacer entender a esa muchacha? ¿Cómo lograría que, por primera vez en su existencia, déjase a un lado sus temores? La veía oprimida por enemigos invisibles y era lamentable, porque como ella, habían cantidades de personas y era una verdadera pena. Aquel pensamiento me invadió por unos segundos y sólo bajé la cabeza, hallando, en silencio, alguna otra solución. Aunque mis palabras, estaban intentando hallar espacio en su mente, aún no podía garantizar la victoria de la razón.

La observé y le dediqué una sonrisa para transmitirle calma. Aún la notaba inquieta y no era bueno, al menos no para mí. Tampoco podía obligarla a sentirse de un modo que, quizás, para ella podía resultar nuevo o incluso desconocido.

—Creo que a estas alturas ya no soy de ninguna parte. Digo, ya estoy muerto, pertenezco a todas partes —respondí con toda la paciencia que me caracterizaba—. Alguna vez pertenecí a estas tierras... ¿Ha oído hablar de la Galia? Supongo que sí. En siglos anteriores, antes de los romanos, todos estos territorios eran uno solo, un gran pueblo, con gente noble y honrada. Nos protegíamos los unos a los otros, pero cuando los extranjeros quisieron dominar a nuestra gente, todo cambió y no precisamente para bien. —Observé el largo trecho que se extendía ante mis ojos—. Todos tenemos miedos, incluso yo, que ya no soy un ente físico en este mundo. Pero ¿de qué vale vivir siempre de ese modo? ¿Logrará algo? No, señorita. Se está aferrando a una idea que la está dañando. Usted lo sabe, sin embargo... —Me acerqué nuevamente y me detuve a unos escasos centímetros de ella—. No quiere admitirlo porque le aterra la única idea de ser dañada, ¿no es así?. Lo entiendo, también sentí ese miedo en vida. Justo cuando tuve que salir a la batalla, pero debía defender al pueblo que me vio convertirme en un hombre.

La escudriñé con la mirada, era tan frágil como un cristal de nieve, pero única y hermosa a su manera. No pude evitar sentirme conmovido y me lamentaba profundamente de no haberla conocido antes de que la oscuridad cubriera su mente. Me atreví a extender mi mano y rozar su mejilla con el dorso. Quizás aquella caricia la percibiría como una brisa suave, algo invisible que golpeaba su rostro.

—No se asuste, relájese... Puede hacerlo, en su interior está esa fortaleza que tanto necesita para hacerle frente a sus propios estigmas —le alenté, apartando de nuevo mi mano—. No tiene porque disculparse, joven. No ha hecho nada malo y si estoy aquí es para ayudarla a abandonar los malestares que inquietan su alma. Los dioses me han puesto ante usted para esa misión y no pienso desistir de ello. Puede considerarme un espíritu guardián, ángel o lo que sea, pero eso no cambiará mi razón de estar aquí para usted. Tengo otras responsabilidades en este mundo, sin embargo, tengo tiempo infinito para encargarme de ellas. En este instante, mi prioridad es otra y la tengo frente a mis ojos desvanecidos...



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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Aaya Maciej el Vie Mar 04, 2016 12:51 pm

¿Acaso el fantasma estaba meditando humanamente? Si no hubiese estado tan… histérica, como siempre, hubiera tratado de sonreírle. Simplemente porque parecía bueno, parecía, en cierta medida, intentar calmarme. Claro que yo no necesitaba calmarme, solo precisaba hacer lo que debía. Ir, matar una de las bestias de la realeza, llevarme la cabeza humana en lo posible y mostrarla en la asociación de cazadores en la que estaba. Luego escapar, la inquisición no estaría feliz con mis actos sin duda. Aquellos hombres y mujeres, lejos de querer realmente extinguir a los sobrenaturales, hacían pactos con ellos. Por suerte, nada de eso me interesaba en lo más mínimo, al contrario, disfrutaba siempre que no tenía que inmiscuirme en tales situaciones en donde la putrefacción y las partes interiores de cualquier ser podían saltar en mí y por supuesto, contaminarme de cualquiera de esas horrendas enfermedades. ¿Qué haría en caso de volverme un vampiro y perder mi alma? En ese caso, quizá no podría volverme un fantasma como el que tenía en frente, tampoco iría al cielo o al infierno, ¡dejaría de existir para siempre! Y yo temía tanto morirme, sentir como las células de mi cuerpo se intoxicaban hasta hacerme caer los pelos y luego matarme o hacerme cenizas. ¡O peor aún! Tener que escapar del sol al convertirme en inmortal o de la luna al ser un lobo inmundo. Nada era conveniente y el escrúpulo es lo único que me podía salvar.

— ¿Galia? Sí, la estudié, mi país era parte de ese territorio antes. Junto con éste y los limítrofes. Yo soy de Bélgica. ¿Cuántos años lleva muerto? Esa historia es demasiado antigua, apenas unos pocos saben recordarla. Los hombres son lo más malo que le ha pasado a la tierra, eso ya lo sé. Están infectados por avaricia, codicia, recelos y enfermedades cada vez más extrañas y peligrosas... Nadie se salva de ellas. — Mantenía la voz aniñada entrecortada y temerosa, cada vez más fina y con menos volumen, siendo la última parte casi in-escuchable. Apreté entonces mis manos contra mi vestido, frotando el sudor que podría llegar a tener. ¡Aun cuando hacía tanto frío que quizá podría escarcharme! Tanto hablar, en la profundidad y oscuridad de la noche, sin nada que pueda ser higiénico. Estaba a punto de sobrepasar mis límites de tiempo al estar fuera de mi casa, sin lavarme las manos. Es que aún no existía nada para poder asearme fuera de un recinto. Bajé la vista, unos instantes, memorizando sus palabras. Cada vello de mi piel se erizó, mis ojos se recubrieron por una fina capa de lágrimas muy gruesa, estaba tan cerca que podía sentir su energía ectoplasmática. — Es diferente, señor. Si usted hizo eso es porque quería, aunque diga que lo hacía para proteger a los demás. En cu-cualquier caso, yo no tengo nadie a quien agradecerle nada como para aceptar dar mi vida. — Exclamaba sencilla, mas, a la vez, con un deje de impotencia. ¡No podía hacer cosa alguna contra algo que ya estaba muerto! No había formas de alejarlo, ni de ponerme en su contra. Podía ver sus dedos largos y semi transparentes acercarse y todo mi mundo se desarmó como si estuviese cayéndose una montaña sobre mí. La cara pequeña y redonda temblaba al tiempo que buscaba un pañuelo. Quería limpiar rápidamente la caricia, pero no podía. ¡Qué ilusa! Mis palmas tiritaban y se negaron a hacerme caso. Terminé bufando, desolada, en lo que comenzaba a caminar una vez más. ¡¿Por qué de todas las cosas me tenía que topar con un fantasma que quería ayudarme y era tan bueno que siquiera me dejaba poder decirle cosas malas?! — ¿Por qué dice eso? ¿Acaso yo lo mandé a llamar o alguien le dijo que tenía que hacer eso por mí? ¿Cuál es su misión? Los espíritus son raros sin embargo, yo me he chocado con varios y suelen ser inestables. Parece que usted tiene otro tipo de “historias que cerrar”. Y no estoy segura de creer en “los dioses”, nunca escuché a ninguno. — Hablaba por los codos, moviendo con mi brazo las plantas que se interponían en mi camino. Ya estaba dicho, esa noche no iba a poder hacer nada, la bestia que merodeaba había sido asesinada ,con rapidez, por aquel ente que estaba merodeando a mi lado. Y mi estado mental colisionaba, incapaz de buscar nuevas pistas para mi recorrido. Pensé entonces que sería más animoso andar por las luces de la ciudad o al menos en la periferia de la misma, pero con menos miedo a que algo pudiese atacarme desde las sombras. Pues, obviamente, no quería que él supiera a dónde vivía. Ya me temía terminar poseída por un espíritu y sería lo último que me faltaría en mi interminable lista de miedos.


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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Gwyddyon el Miér Mayo 04, 2016 11:55 pm

Cuando somos humanos, solemos ser infinitamente egoístas, apáticos y arrogantes; dejamos de creer en lo sagrado para caer en acciones aberrantes, y nuestra mente se cierra a la posibilidad de pensar en lo bondadosa que es la tierra con nosotros. Desde que empezamos a dar nuestros primeros pasos, y conforme vamos creciendo, más nos contaminamos de todas esas mentiras. La inocencia se desvanece hasta el punto de no reconocernos a nosotros mismos. Yo no culpaba a la joven por estar aferrada a esas ideas nefastas, la sociedad la había hecho así. No obstante, tampoco podía negarme a la posibilidad de ayudarla; mi misión siempre fue apoyar a los más jóvenes, a orientarlos y a creer que un mundo mejor podía ser posible, siempre y cuando, creyera en ello con toda mi fuerza. Desistir, sería una gran falta de mi parte y una ofensa para mis antepasados. Claro, pero, esos tiempos eran distintos y yo todavía estaba vivo. Tampoco me sorprende que en esta época las cosas hayan cambiado tanto, al punto, de desconocer si habitaba un mundo con personas o demonios encarnados.

Sabía, en mi espectral existencia, que algo no estaba bien desde un principio con la muchacha. Desde que me encontré con ella, en tales circunstancias, mientras divagaba en busca de algo que desconocía, me agradó, pero esa idea de que las cosas en su corta existencia no marchaban del todo bien, me obligaron a insistir en socorrerla. No es que ella fuese una damisela en peligro, en realidad, estaba muy lejos de serlo. Sin embargo, en sus ojos pude encontrar una profunda soledad. Y no se trata de aquella soledad que elegimos por el bien nuestro, porque nos sentimos completos así, sino, aquella que llega a nosotros para cubrirnos de sombras y hundirnos en miedos.

Eso me hizo sentir culpable; podía ser yo un fantasma, una entidad que se paseaba entre los planos no físicos, pero también fui humano. Ahora puede que las sensaciones que experimentaba en vida estén anuladas, y a pesar de todo, continúo conservando una parte emocional en mí. Porque lo que muere es el cuerpo, no el hálito de lo que somos.

—Todos tenemos a alguien a quien agradecerle algo. No es por querer desprestigiarla, pero sus razones... —Hice una pausa y observé todo a mi alrededor, para luego centrarme nuevamente en ella—. No las comprendo. ¿Por qué piensa de ese modo? ¿Qué tanto daño han dejado en su alma? Se ha contaminado con el miedo y la indiferencia del mundo, joven. Usted misma ha reconocido que todo cuanto nos rodea está infectado; sin embargo, esa infección no es física como le han hecho creer...

Verla partir, con tanta obstinación acumulada, hizo que mi culpa aumentara mucho más. Pero los espíritus del bosque me consolaban, haciéndome comprender que no se trataba de mi culpa. Era esa misma terquedad en la muchacha lo que hacía todo más complicado. Por más que me esforzara en hallar las palabras adecuadas, ella no quería entrar en razón. Tenía miedo de hacerlo.

—No tengo que cerrar ninguna historia, porque no hay nada que cerrar —respondí—. Luego de que nuestro cuerpo no es capaz de contener lo que realmente somos, no dejamos de existir. Somos inmortales, aunque el concepto de ello se maneje de otra manera. No estamos muertos, continuamos viviendo... —Decidí seguirla, pero manteniendo siempre una distancia prudente—. Aunque usted no lo crea, porque le asusta la simple idea de creer, mi historia, y la historia de todos, continúa cuando nuestro recipiente deja de existir. Otros, sin embargo, hallan nuevos contenedores para empezar de nuevo; también están los que quieren continuar en el mundo físico porque motivos muy grandes los atan a este lugar. Pero...

Me detuve, sólo para contemplar el bosque, la naturaleza agitándose en el elixir de su juventud. Los árboles danzaban con el viento y los pequeños habitantes del lugar, jugueteaban entre la hojarasca y los troncos de los árboles. Todo sigue su eterno retorno, no hay final ni en este mundo ni en los otros.

—¿Cuáles son sus motivos para seguir existiendo? Y no me diga que ninguno; si está aquí es por algo, quizás no lo ha descubierto. Créame, si las razones para seguir viviendo como mortal no existirían, usted estuviera en los linderos del limbo desde hace mucho. Huir no traerá respuestas a su existencia, al contrario, continuará atrapada en sus tempestades. La comprendo... a pesar de mi apariencia. Deje de huir, mujer. Deje de hacerlo, es por su bien.




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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Aaya Maciej el Miér Jun 08, 2016 11:06 am

Los daños, sin lugar a dudas, eran algo físico, era imposible que se tratara de algo más. Mis ojos transparentes y recelosos estaban contaminados de lágrimas en ese momento, quería irme de ese lugar, encerrarme en el baño y sentir la suavidad de la limpieza en mi piel, que me hiciera olvidar de aquel patético encuentro que pretendía borrar mis ideales, si es que así podían llamarse. Pero no podía negar que tal espectro me daba curiosidad, una que era insaciable, pues nunca me animaba a seguir mis intereses por temor a que terminaran matándome. No había necesidad para ponerme en peligro, no había ninguna clase de mandato que perstingara mi estadía. Me preguntaba, ¿por qué no lo espantaba y ya? En mi vida, jamás me había interesado hacer llegar mi punto de vista a los demás o intentar cambiar lo que otro pensaba. No me concernía en lo más mínimo, pues tenía bien claro que, si yo misma no podía aceptar otras formas de pensar, tampoco los demás podrían hacerlo. ¿Para qué esforzarme entonces? Observé la dispersión levemente invisible del alma aparecida y ladeé el rostro hacia un costado. No tenía nada que temer, él era sólo energía. — ¿No es física? Supongo que habla de sentimientos o de auras, pero lo que nos mata siempre es algo somático, una enfermedad, una estaca clavada, unos colmillos destrozando la piel. Quizá si no tuviésemos que temer tanto a morir, nos enfocaríamos en otras cosas, como la paz interior. Pero ese no es un lujo que yo me pueda dar. Quizá cuando me muera...— Balbuceé algo avergonzada, pasando la yema de los dedos alrededor de los ojos, justo en donde las pestañas negras se apoyaban. Dejé salir un pecaminoso suspiro irascible y miré de perfil al cielo, estaba brillante, pero las nubes lo perseguían, como señal de lluvia y de que siempre la oscuridad puede tapar las luces, es algo natural. Siempre las tinieblas tienen más fuerza que la inamovible luz.

— ¿Vivir luego de morir? Quizá podría ser… existir, pero no estás vivo. Tengo un poco de envidia, si simplemente muriera y ya, podría estar más tranquila. Pero es muy doloroso, no quiero morirme, no quiero sufrir, ni tampoco infectarme. — Negué varias veces, sintiendo un leve escalofrío subir por mi columna, mordí apenas mis labios, como si me hubiese dado cuenta, de repente, que había dicho algo completamente demencial. Sacudí mis manos, a los lados de mi cuerpo, torpemente, cubiertas por unos pesados guantes de tela. Pensé entonces que quizá ese era mi castigo por creerme tan sabia entre todos los humanos, por no saber realmente donde estaba parada y deducir que por el simple hecho de hacer las cosas bien, nunca nada me tocaría. Pero, ¿qué hubiera pasado si el ente no hubiese aparecido? Me di cuenta que ahora tenía una deuda y no podía dejarla pasar. — N-no me asusta, ¿por qué cree que me asusta eso? ¿Qué estás buscando en mí? Tengo una deuda contigo aparentemente, así que dime, ¿qué tengo que hacer? [...] ¿Eh? ¿Qué? — Pestañeé, ¿qué clase de pregunta era esa? Habíamos salido del bosque y pronto los faroles de vela comenzaban a iluminarnos, esperaba que no hubiese gente en las calles, primero, porque no quería verlos, ni olerlos, ni tampoco tenerlos cerca, eran tan sucios e irremediablemente desagradables. Y a su vez, no tenía intenciones de que me vieran hablando sola, dudaba que todos pudieran ver al fantasma si éste no se materializaba correctamente. Me acaricié apenas la cien, masajeandola, intentando reprimir un escalofrío profundo. — ¡Tengo motivos! Tenía que conocer a alguien… Quizá poder terminar de escribir algún libro. ¡N-no sé de qué habla! ¿Acaso te mandaron para que me tortures? No lo haga, no quiero escucharlo más. ¿Por qué quiere enloquecerme? — Mi voz, usualmente suave y silenciosa, había subido de tono, dándole paso a una pequeña lágrima que salía desde mis párpados bulliciosamente, sino hubiese sentido enojo dentro, quizá estaría llorando más vivamente, no obstante, estaba reprimiéndolo un poco. Aunque mis labios se acaloraban alrededor, igual que la respingada nariz que buscaba ser de un rosado chillón. Apreté mis puños a los lados del vestido que me cubría por completo y sin pensarlo escondí mi rostro entre la tela, que a mi gusto, estaba demasiado sucia para tocar mi piel. Y espantada por lo mismo, las quité, enojándome aún más. No podía esconderme y tampoco mostrarme. ¿Qué clase de sentido tenía mi vida realmente? — Si quería llegar a ésto lo logró bastante rápido. — Era una frase literalmente imposible de oír, completamente cubierta por sollozos que intentaban ser acallados, pero que solamente provocaban que se note más la angustia. En ese punto, seguí caminando, odiando mi frustración y a aquel espíritu rebelde.


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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Gwyddyon el Miér Ago 10, 2016 1:49 am

Muchas veces los seres humanos tienden a desarrollar miedos a lo desconocido; desarrollan temor a aquello que no han experimentado, dejándose llevar por los comentarios de algunos cuantos que se han mostrado susceptibles ante determinados hechos. Se ha de saber que no todos sienten, perciben o ven las cosas desde un mismo punto de vista. Yo fui testigo de todo eso, también fui un mortal ahogado en temores, pero con un valor que fue volviéndose inquebrantable con el paso de los años, hasta el día en que físicamente dejé de caminar por este mundo. Luego, terminé sumergido en un letargo bajo aguas oscuras, y ahora sigo la pista de los míos. Nunca dejé de luchar a pesar de ser un ente espectral. Porque, lo que nos hace humanos, no es un cuerpo físico, sino, nuestro hálito de vida; nuestro pensamiento; nuestra memoria que continuará inmortalizada hasta el fin de los tiempos. Pero, continúo con una duda firme: ¿Cómo haré para que esta joven lo comprenda? Si pareciera que cada enunciado que hago la deja con más dudas. Siento que se agotan mis recursos, no obstante, no puedo detenerme. Pido claridad a los dioses; luz de conocimiento y serenidad para tiempos como este, en donde las miserias lo consumen todo.

—Nuestro cuerpo es un recipiente nada más. Sólo contiene nuestra verdadera esencia; es natural que cuando ambos se separen, duela. Porque ambos fueron hechos a la medida, sin más ni menos. Pero no sólo somos eso —dije, desde una distancia prudente, sin apartar mi mirada de la muchacha—. ¿Por qué piensa que no es merecedora de esa paz? ¿Alguna vez ha intentado obtenerla o siquiera hacer el esfuerzo? Su mente me resulta complicada. He existido durante siglos y no lidiado con personas como usted. Quizá con algunos testarudos, sin embargo, su caso es diferente.

Cerré mis ojos, me deslicé con la calma que mi aura exigía y dejé que la naturaleza me abrazara con sus sombras y magia. Ser un espíritu me daba la oportunidad de percibir cosas que, probablemente, siendo un mortal, no podría hacerlo. El tiempo para mí dejaba de ser lineal y se volvía completamente cíclico. Como la ley del eterno retorno.

—No tiene ninguna deuda con nadie, señorita. Yo he conversado de estas cosas con usted porque quise; así que no se preocupe —respondí con amabilidad—, no tiene que hacer nada. Aunque… sí. Sí la tiene, ahora que lo medito mejor. Le pediría, con mucha estima, que recordara mis palabras y se diera la tarea de ponerlas en práctica. Quizá así tenga otra perspectiva del mundo que la rodea; ese mundo que han arruinado desde su niñez.

Puede haberme disgustado, o algo similar; pero no fue así. Apenas sonreí y negué levemente. Era una joven muy terca, que estaba empeñada en cuestiones erróneas. Enloquecer a otros no estaba entre mis planes; además, tampoco obtendría nada favorable con eso. No me agradan los juegos sucios.

—Mi intención, como ya he dicho antes, no ha sido lastimarla, y menos enloquecerla. Va a enloquecerse usted misma si continúa del modo en el que va. No reprima su conciencia y sus emociones, eso podría ser fatal. Aprenda a confiar en sí misma y verá como el mundo cambiará ante sus ojos.




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Re: Epitafio | Privado

Mensaje por Aaya Maciej el Mar Ago 16, 2016 10:07 pm

No era la primera vez que lo había visto, incluso creía haber leído libros sobre personalidades como las que tenía en frente. Gente que era perfecta, noble, con un corazón tan puro que podían pasar a ser inmortalizados por las propias memorias de los pueblos. Algunos podían terminar siendo Santos, otros se convertían en ángeles guardianes. ¿Qué eran según mi pensamiento? Hombres que no pueden evitar querer arreglar aquello que está roto. Así como yo lo estaba. Desquebrajada por completo igual que un jarrón de cerámica vieja, en pena eterna por la tristeza que me daba no poder rozar siquiera la piel de mis progenitores por el terrible asco y miedo a morirme ¡O peor aún! Matarlos a ellos por algo que yo misma podría cargar. Tantas muertes por mi mano, aunque habían sido cuidadosamente calculadas… Estaba sucia, siempre lo había estado, mis pensamientos pecaminosos me habían oscurecido el alma y la visión. No podía ser salvada. No obstante eran las palabras del fantasma las que me daban un pequeño hálito. Era como si quisiera salvarme de todo eso. Él debía percatarse de que no podía hacerlo, no en un día, no en una noche ni tampoco en una hora que estuvimos caminando por los bosques hasta las calles de la ciudad. Era imposible, cualquiera lo sabía, yo más que nadie en esa tierra. — No puedo tenerla, yo lo sé. Sería iluso de mi parte creer algo como eso. No sé… No sé por qué dice que soy diferente y aún así lo sigue intentando. — Aludí con pena, con vergüenza, como si hablar también fuese un pecado para mí. Mi estupidez crónica parecía hacerse cada día más grande, como una bola infinita a la cual se le pega la basura hasta hacerse un mundo aparte.

Las lágrimas saladas me imposibilitaban hablar correctamente, lo único que podía hacer es escucharlo. ¡Y mientras tanto mi mente estaba agonizando con miles de pensamientos que se abalanzaban como lo hace una ola rompiendo todos mis parámetros! Maldije, me hubiese lanzado al suelo a llorar desconsoladamente, mas la mugre estaba por todos lados. La tragaba en cada respiración dificultosa que tenía al abrir la boca por la nariz tapada. Mis pómulos ,que ya de por sí eran demasiado rosados, se volvieron fuego abrasador. Y alcé mis brazos para acurrucarme a mí misma, como una fuente de escondite para mi alma. — ¿Acaso cree que unas simples palabras podrían modificar mi vida? Yo no estoy loca. ¡No lo estoy! Mira en las calles, muerte, la gente muere en cada rincón por enfermedades que nadie conoce la cura. — Apunté en un ataque completo de ira y temblé como una hoja de papel lo haría en una rabiosa tormenta de verano. Miré hacia el piso, sentí los vidriosos ojos celeste agua derretirse y mordí mis labios, apenas por el terror a que éstos se abran y sangren. Negué un par de veces, con los parpados apretados, con la seguridad de que era cierto que él no quería hacerme daño, pero también la innegable decisión de que mi cuerpo no podía más. — No puedo más. Me duele demasiado la cabeza. Ésto no estaba en mis planes, no quería esto para mí. — Me giré, agarrando una punta de mi vestido, mientras que escondía mis labios con el dorso de una mano enguantada. Y entonces entrecerré la mirada, volteé a un lado un instante, para verlo por última vez. ¿Acaso pensaba correr de una figura sobrenatural que se teletransportaba a cualquier lugar como forma de energía? Sí. Y lo iba a lograr, como también había logrado sobrevivir todo ese tiempo. Fruncí el entrecejo y me lancé como una esquizofrénica a los costados de las calles, utilizando toda esa habilidad que para entonces me habían otorgado los dolorosos entrenamientos con mi padre. “Perdón” Fue lo único que se paseaba en mi cabeza mientras buscaba desesperadamente llegar a mi casa. Al único lugar en donde podía medianamente relajarme. Estaba protegido por magia de brujas, estaba limpia hasta la más mínima mueca en las maderas. Llegar allí fue una salvación, aunque también me recordó una y otra vez lo que me dijo ese fantasma. Al cual odié durante más que toda esa noche.

[CERRADO]


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Re: Epitafio | Privado

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