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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Flores en el ático - Isobel Ness

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Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Daniel Covenant el Lun Ago 10, 2015 10:32 am



A veces el rencor, el sentimiento de venganza, me obligaba a actuar de manera acelerada, sin importar demasiado en las consecuencias. Era demasiado peligroso encontrarme con ella - sabía que se trataba de una mujer- a temprana hora. Generalmente mis "citas de trabajo" las acordaba durante la noche, cuando la ciudad dormía y no habría demasiados ojos curioseando por los alrededores. Renegué un poco al principio y estuve a nada de negarme, pero al conocer a grandes rasgos la historia, no pude más que levantar la mano para aceptar. Me sentí identificado de inmediato. A ella, igual que a Isobel y a mí, nos habían abandonado, en un acto de crueldad. Sus padres, al igual que los míos, prefirieron velar por intereses propios antes que cargar a cuestas con un una niña que apenas podía valerse por si misma. ¿Acaso podían los padres, jugar con la vida de los hijos? ¿Tenían tal derecho? ¿Qué poder tenían sobre nuestra humanidad que el amor lo intercambiaban por algunas monedas de plata?

Malditos, mil veces malditos.

De mi madre y padre poco sabia. Pero no me importaba, prefería dejar las cosas como se encontraban. Dejaron de importarme, la noche en que fuimos entregados al inquisidor. Repudié mi estirpe. En lo que a mí concernía, mi hermana y yo, éramos huérfanos de padre y madre. Nos teníamos el uno al otro, con eso bastaba y sobraba.

Reflexionando sobre aquel pasaje de la historia que creí haber enterrado en lo más profundo de mí, permanecí quieto, sentado sobre la cubierta de aquel viejo piano - que a pesar del estado de abandono en el cuál se encontraba, se mantenía en pie, con el peso de mi cuerpo encima. Tamborileé los dedos, sobre lo que alguna vez fue una superficie lustrosa. Observé los alrededores, centrando mi atención en algunos cuadros apolillados que colgaban de las paredes que corrían con la misma suerte. Las cortinas roídas, el hermoso y grande candil que colgaba del techo que amenazaba con desplomarse en cualquier momento, meciéndose ligeramente con el aire que se colaba por alguna de las tantas ventanas abiertas del tercer piso, que es donde yo me encontraba.

En verdad había sido una magnífica mansión en tiempos gloriosos. Ahora no era más que un montón de madera podrida, muebles inservibles con un acentuado olor a humedad y moho. Nada en la vida duraba para siempre, todo tenía un principio y un final, y para finales apresurados y planeados es que estaba ahí, a la espera de mi nueva "clienta"; prefería llamarles así, para no usar la palabra: Cómplice, que a mi manera de ver era más vinculante. ¡Qué más daba! No haría amistad con ella. Sólo intercambiaríamos información, algunos datos relevantes y más nada.

Revisé mi reloj de bolsillo, percatándome de que estaba a cinco minutos de cumplirse la hora de la cita. Esperaba que tuviera la cortesía de llegar puntual porque si había algo que en verdad detestaba, era que me hicieran perder el tiempo y más tarde tendría una reunión importante con mi hermana para hablar sobre ciertos materiales que le conseguí en mi última incursión. Si no se preparaban a tiempo, se echarían a perder y sería una verdadera lástima.

Alcé las solapas de mi gabardina negra hacia arriba para cubrirme del frío en la base del cuello, froté mis manos, que aunque enguantadas, podía sentir mis dedos engarrotados. Una propiedad abandonada, guarda mucho frío y muchas sorpresas en su interior. Finalmente después de no más allá de cinco minutos, llegó mi cita. No hablamos demasiado. Sólo lo suficiente para cerrar el acuerdo que me fue pagado en el mismo instante.

Sin mayores contratiempos aquella misma noche quedó todo finiquitado todo. A sangre fría y sin contemplaciones, y aprovechando que una de las víctimas poseía una cabellera envidiable, hice lo propio para hacerme de él y llevárselo en prenda a mi querida hermana Isobel, estaba seguro de que le encantaría el presente para una de sus futuras creaciones. Sus inseparables y bien hechas muñecas con piel y cabello humano. Para cuando llegué a nuestro rincón especial en la parte alta de la residencia; ya pasaba la media noche, pero estaba seguro me esperaría como siempre. Sonreí al ver su silueta iluminada a media luz. No me había equivocado.

-Buenas noches Isa - como le decía de cariño - Tengo buenas noticias para ti. - Me senté a su lado y le extendí la bolsa de piel de cordero que utilizaba para aquellas instancias - Estoy seguro de que harás una obra de arte con mi regalo. -Sonreí con suficiencia- A pesar de todo es de magnífica calidad, largo y sedoso como te gusta. - Me dejé caer hacia atrás en el mullido sillón tratando de descansar y de olvidar la escena dantesca de la noche.



Última edición por Daniel Ness el Jue Oct 22, 2015 10:53 am, editado 2 veces



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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Vesper Covenant el Dom Ago 16, 2015 12:14 pm


• • •

Ella desgranaba con tal devoción cada una de las cuentas que pendían entrelazadas de sus manos enguantadas. Se había santiguado previamente y con la mirada fija en aquella figura de yeso clavada al muro dio inicio al ya conocido rito de sus rezos nocturnos. Plegaria tras plegaria eran proliferadas de sus labios en un susurro, encomendando sus actos al Creador. Cada pena y cada pecado cometido debían ser confiados del mismo modo, en una búsqueda personal por hallar la benevolencia. Mantuvo los ojos cerrados, alejando cada estigma del pasado para poder obrar como debía ser y así de este modo continuar con la misión que se le había encomendado desde el momento en que sus habilidades habían salido a la luz. No había cabida a deseos personales o carnales cuando ella mostraba ese estado de trance, nada que pudiese turbar su fachada perfecta como uno más de sus siervos. La última cuenta había sido desgranada y de este modo irguió su anatomía nuevamente.

Salió del confesionario construido exclusivamente para ellos, su diestra sujetaba una pequeña biblia y rosario mientras la mano libre le ayudaba con la indumentaria oscura al momento de subir la escalinata en forma de caracol. Arribó con tranquilidad a la parte alta de la mansión depositando sus pertenencias sobre la pequeña mesa de noche. Abrió las cortinas de par en par para dejar que la escasa luz argenta de la luna se derramara sobre el claro que se formaba en esa parte de la habitación. Sus dedos acariciaron el cristal de los ventanales desnudos. Era tan solo un ruiseñor atrapado en una jaula de oro, soñando en el momento de verle regresar una vez más. Estaba consciente de las ausencias largas de su mellizo y aun así, sus actos se reproducían del mismo modo esperando siempre a que este volviera. Suspiró confiando en que ese momento no tardaría mucho y que debía ser perfecto para cuando sucediera. Se despojó del tul oscuro y los guantes quedando al descubierto ese rostro que pocos veían al natural cuando recorría los pasillos hacia el templo principal.

La forma en que la inquisidora se movía entre las filas del resto de los soldados y los métodos de ejecución seguían siendo perturbadores para los pocos que le conocían más allá del velo, le  habían visto en un par de ocasiones descender hacia las mazmorras, los acusados que no lograban escapar desaparecían por completo en los días posteriores, sin dejar rastro de sus cuerpos. Así mismo  a su mellizo a quien solía ausentarse largas temporadas, regresando en el momento menos esperado, todo debía ser a su modo y forma o de lo contrario sería la última osadía que se atreviesen a ejercer. Muchos aseguraban que más allá de ese lazo consanguíneo existía una especie de unión carnal, no se explicaban la forma en la cual velaban uno por el otro sin importar las circunstancias. Lo cierto era que la devoción mutua era tal que cualquiera de ellos daría la vida por el otro sin pensarlo dos veces. Pues solo ellos existían en ese mundo vacío que ahora les abrazaba.

Un ligero suspiro de alivio emanó de sus labios al escuchar la voz grave de su gemelo.

–Ahí estas nuevamente, haciendo gala de tu arrogancia al desaparecer tantos días– sonrió confiada en que no le lastimaría con sus palabras, pues era la forma de demostrarle cuanto lo había echado de menos.

–Querido Daniel, bienvenido seas– espetó en un susurro besando la mejilla ajena para después estrecharle en un corto abrazo –Dime, que esperaba ansiosa tu regreso–

Recibió el bolso que apretó contra su pecho, abrió lentamente el mismo aspirando el aroma a muerte que aún flotaba en tan siniestro presente. Su diestra desnuda tomó la cabellera y acariciándola contra su propio rostro susurró –Es, perfecta–
Colocó nuevamente el artilugio dentro del bolso, dejándolo reposar sobre la misma mesa. Se aproximó hacia su semejante que retozaba en el sillón para tomar lugar a su lado.

– Dime que necesitas esta vez. Dime que quieres de mí y trabajaré enseguida. Estoy segura que esta petición no es como las anteriores, existe un trasfondo que te ha obligado a recurrir a tales menesteres, ese material…no es fácil de conseguir–



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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Daniel Covenant el Jue Sep 10, 2015 9:40 pm


Recibió el beso ya recostado. Sonrió de medio lado – gesto que pocas veces hacía – y todo porque una de las únicas personas que le podía hacer feliz, era su hermana gemela. Con ella, a su lado, podía ser el mismo y nada le producía mayor placer que mantenerla contenta. Todos los “regalos” que podía obtener los escogía meticulosamente con el único fin, de que Isobel realizara sus extraordinarias y macabras obras de arte.

-Éste artilugio –así le llamaba a la mercancía – Me costó un poco más de trabajo de obtener, pero créeme que no hubiera regresado sin ella. ¡No sabes cuánto gocé escuchar los gritos de dolor de aquella maldita criatura! Merecía morir – Dijo tajante masajeando sus sienes -. No hablemos más de éste asunto. Me duele la cabeza ¿podrías prepararme algo? –Estiró la mano para que se acercara hacia el mullido sillón que servía como camastro– Alguno de tus brebajes mágicos –enfatizó la palabra- con sabor a limón. –Depositó un pequeño beso en su mano blanquecina -. Tengo mucha sed…

Le abrazó rodeándole con los brazos, recostándola sobre su pecho, acariciando su cabello.

-¿Qué hay de ti? Sé que me has extrañado, al igual que yo a ti. Espero que hayas hecho rabiar al gremio inquisitorial. Dime que lo has hecho y harás que me sienta más orgulloso de ser tu hermano – le besó la mejilla-. ¿A cuántas ratas les has pateado el trasero? – No pudo evitar reírse de sí mismo y su comentario, pero en el fondo era exactamente lo que pensaba de todos los inquisidores-  ¿A quién quieres que mate ésta vez? –acomodó un rizo de su cabello rubio detrás de su oreja.


Última edición por Daniel Ness el Jue Oct 22, 2015 10:53 am, editado 1 vez



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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Vesper Covenant el Sáb Sep 26, 2015 3:26 pm


• • •

Cada aliento exhalado, cada proliferación, remordimiento o castigo habría valido la pena solo si él estaba nuevamente a su lado. Incluso los días más oscuros encontraban un lienzo de luz. La mirada lánguida de la rubia reparó en cada detalle de la anatomía de su semejante, anhelando no encontrar ningún desperfecto en él, pues la última ocasión en la que se había ausentado tuvo que hacer uso de sus dones para sanar el cuerpo herido del otro, si existía algo más doloroso que recibir un daño propio era el ver a su mellizo sumergido en cualquier tipo de contratiempo. Poseía diversos brebajes si la ocasión lo ameritase, incluso había aprendido a canalizar parte de su propia vitalidad para él si fuese necesario. No lo dudaría ni por un segundo, dar la vida por aquel que le había protegido desde pequeña no era un asunto que tuviese que ser meditado o analizado. Después que su hermano respondiera al saludo de ella pudo respirar con más tranquilidad, sabiendo que era solo el cansancio por las largas jornadas caminadas en este tiempo.

Ciertamente estaba agradecida con el regalo, pero el verle nuevamente significaba mucho más que cualquier otra especie de artilugio. Simplemente no se veía separada de él. Era algo meramente inconcebible en su mente. Sonrió con cierto regocijo al escuchar la forma en la cual Daniel había llevado a cabo tal empresa. La forma retorcida en la cual ambos disfrutaban del dolor ajeno era un reflejo de acallar el propio causado por el abandono de sus progenitores, era una catarsis para no ceder ante las garras de la demencia por todo lo vivido. Un camino atroz recorrido con los pies descalzos pero sin dejar de sujetar la mano del otro.

Asintió.

–Enseguida –

Se dirigió al estante ubicado al fondo del salón, a las afueras la brisa invernal iniciaba a soplar de forma pasiva, el ligero rugido producido por las ráfagas propias del cambio de estación conformaban una sinfonía lánguida que se cernía sobre su inmueble.

–No quiero imaginar por todo lo que tuviste que pasar– susurró.

Mientras sus manos hábiles cortaban un par de frutos, mismos que fueron vertidos en la taza de porcelana, un par de condimentos y el líquido ardiente que era servido en forma de infusión. Se apresuró a llevarlo hasta donde su mellizo se encontraba, tomando asiento a su lado. Mientras él bebía el ángulo le mostraba el lado más frágil del varón Ness. Enervado por los menesteres de su profesión. Fue inevitable no evocar las memorias de su niñez, cuando en más de una ocasión Isobel se colaba hacia el establo con mantas o bebidas calientes para apaciguar las necesidades que su hermano pudiera tener. Cuando su progenitor hacia uso de la fuerza y le golpeaba en forma de castigo para corregir ese carácter ingobernable en él. Suspiró nostálgica, pues a pesar de poseer un conocimiento vasto y una fortuna descomunal nada había cambiado en su unión fraternal. Seguían siendo ese par de ruiseñores frágiles atrapados en las comodidades de una jaula de oro.

Se recostó sobre él cerrando momentáneamente los ojos. Las vicisitudes les habían llevado hasta ese punto de no retorno. Se sintió segura y protegida después de tanto tiempo.

–Tan sólo a un par de ellos, últimamente me han delegado el trabajo completo, la captura de los acusados, incluso los interrogatorios han sido dirigidos por mí, ninguno de esos infelices merecía la redención, por fortuna, me he encargado personalmente de darles un buen lugar dentro de mi repisa– respondió sonriente ante las muestras de afecto recibidas.

Levantó la mirada hacia Daniel. Con un ligero rictus de preocupación en el mismo, la pregunta previa le obligaba a confesarle sus sospechas, gracias a sus habilidades se las había arreglado para enterarse de muchas cosas.

–Daniel, me temo que las cosas acá han cambiado, sabes, de un tiempo para acá. Me he sentido vigilada constantemente, cada uno de mis movimientos es supervisado por alguno de los espías, incluso a tu partida supe que uno de los superiores estaba buscando la forma de evitar que volvieras– susurró.


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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Daniel Covenant el Vie Oct 23, 2015 11:08 am

Abrazó con fuerza mientras escuchaba sus palabras cargadas de razón. Ya también se había dado cuenta de que algo no marchaba muy bien con respecto a ellos dos y la inquisición. Era bien sabido que ésta institución tenia la mal sana costumbre de deshacerse de los soldado a diestra y siniestra por meros deseos personales de los altos mandos. Ellos en específico representaban una enorme roca en los zapatos de la iglesia, ya en más de una ocasión habían sido increpados "por no actuar de acuerdo a sus leyes" pero simplemente actuaban de forma distinta con los mismos - o mejores- resultados.

-¿Te haz dado cuenta cierto? - acarició su cabello - No había querido hablar al respecto por consideración a ti, sin embargo es bueno que hayas tocado el tema y... Planear lo que tendremos que hacer en caso de una alta traición. -Su vista se centro en el viejo candelabro que se movía lentamente sobre el techo del ático- He estado pensando en mudarnos, ya sabes, algo menos ostentoso y que no llame la atención. "Ellos" saben donde poder encontrarnos con facilidad. Es nuestro deber no ponerles las cosas en bandeja de plata. Tenemos que darles una fèrrea batalla Isa, puesto que con los hermanos Ness, no se juega. - Habiendo dicho esto besó su frente frente, imaginando toda la escena. Le gustaba imaginar todo aquello para poder encontrar respuestas a sus muchas preguntas, colocàndolos a ambos en el peor de los escenarios y de ésta forma, encontrar vías de escape alternas y seguras. - Pero no te preocupes, que todo estará bien, nos tenemos el uno al otro, nos bastamos. No van a eliminarnos con tanta facilidad como ellos creen - Cerró los ojos y se dejo llevar por el aroma que desprendía el cabello suave de su hermana.



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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Vesper Covenant el Lun Nov 09, 2015 2:36 pm


• • •

Estaban conscientes de la empresa que tenían entre manos desde el primer día en el cual pusieron pie dentro de las instalaciones y de la responsabilidad y riesgo que conllevaba el uso de sus dones. Su mentor no solo había enseñado a canalizar esas habilidades que ahora les otorgaban un sitio de respeto en los escalafones de huestes, sino con su acto reprobable hacia Isobel, había dejado en claro que muy a pesar de ser una institución sacra, había sido edificada por hombres, mortales que anteponían sus propios intereses a los mandatos divinos sobre los cuales cada soldado juraba nunca romper. Al final del día, no importaba. Todo eso era solo una fachada, una excusa para justificar la desaparición de sobrenaturales e incluso del mismo personal que laboraba en la iglesia. Los verdaderos monstruos parecían morar bajo el techo de la organización. Sería cuestión de tiempo para que dieran el primer paso hacia la desaparición de los mellizos. Suspiró con un dejo de preocupación. No era la primera vez que el mundo se volcaba en su contra, no obstante esta vez solo existía una oportunidad para salir avante de la amenaza.

Cerró los ojos después de haber recibido un beso en la frente. Detalles como ese, significaban una razón más para no doblegarse ante el peligro inminente que les rodeaba.

–Resultaba imperativo que volvieras Daniel, contigo a mi lado todo será más fácil de sobrellevar– susurró dejando una sutil caricia sobre la mejilla de su hermano.

–Ahora bien, debemos mantener nuestra posición de obediencia. De igual forma la idea de mudarnos eventualmente tendrá que suceder, mañana mismo colocaré todo mi material de trabajo en una sala apartada de la mansión, estoy segura que este lugar será derribado apenas vean la posibilidad de hacerlo–

Se recostó nuevamente sobre él. Sus orbes cristalinos se dirigieron hacia las afueras del lugar, a través de los ventanales descubiertos la ventisca aumentaba considerablemente.

–Nos vigilan Daniel, ellos se moverán desde las sombras, atacaran en el momento menos esperado–

Continuó explicando con lentitud.

Aunque pocas eras las ocasiones en las que ellos recurrían a alguien ajeno para resolver algún contratiempo, había un par de identidades dentro de su mismo círculo que seguramente les tenderían la mano. En este sentido eran bastante desconfiados al momento de pedir intervención de alguien más. Caviló un par de segundos antes de dirigirse a su hermano nuevamente, levantó la cabeza para mirarle.

–Conozco a un par de personajes que podrían ser de gran ayuda, si vamos a enfrentar esto, vamos a necesitar más soldados, obviamente debemos asegurarnos que no seremos traicionados por estos y en ese aspecto– sonrió –Eres todo un experto ¿Cierto?–

Una tenue línea se esbozó en los labios de la inquisidora.

–Dime hermano ¿Conoces a alguien de confianza? ¿Alguien que pueda intervenir en esta ocasión? Si es por el pago, no te detengas, no es momento de escatimar–



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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Daniel Covenant el Lun Nov 23, 2015 11:18 pm


-Conozco a un par de personas, pero no estoy seguro de su lealtad; podría platicarles la idea como si fuera ayuda para otra persona, ver sus reacciones, ver su disposición. Y si encuentro algo extraño, por más mínimo que éste fuere, desecharlos por completo. -frunció el ceño-. Por el contrario, si los noto dispuestos e interesados, podría explicarles el plan, para que nos ayuden en esta encomienda difícil. - abrazó con fuerza el cuerpo de su hermana, centrando su vista en el techo de la casona, como si estuviera atrapado por un hechizo-. No vamos a dejar que se salgan con la suya Isobel, nos ha costado mucho trabajo estar aquí donde estamos; hemos sufrido vejaciones por muchos años y tenemos que encontrar la manera de resarcir todo nuestro sufrimiento y todo nuestro dolor. -volvió a besar la frente de su hermana -. Ya verás que todo saldrá bien saldremos de este problema, empezaremos una nueva vida lejos de París y todo habrá parecido una pesadilla. - tomó el rostro de su hermana y le miró fijamente a los ojos-: Te lo prometo Isobel, vamos hacer muy felices alejados de toda ésta mierda llamada inquisición. -le sonrió por primera vez en muchos meses Una sonrisa enigmática pero cargada de sinceridad-. Permaneceremos juntos como ha sido hasta el momento, renaceremos como una nueva Isobel y un nuevo Daniel.



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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Vesper Covenant el Dom Ene 24, 2016 11:50 am


• • •

Confiaba ciegamente en él, en sus palabras, en su actuar y en los medios de los cuales su mellizo se valía para cumplir sus promesas. Sin importar que para ello tuviese que sobrepasar los límites y pisotear a quien se atravesara en su camino. Y es que desde que Isobel poseía uso de razón él había hecho hasta lo imposible, de uno y todos los modos para protegerla, incluso cuando su padre trató de golpearla una vez por haber respondido de forma incorrecta él habían recibido la bofetada y permanecido encerrado en el ático. De este modo, y a partir de que iniciaron un andar incierto ella era quien ejecutaba las órdenes de Daniel, siempre predisponiendo a sus semejantes por medo de sus dones, las personas que le rodeaban sabia de lo que la rubia era capaz de hacer y en más de una ocasión algunos soldados de rango menor accedieron a sus caprichos para evitar encarar su furia y terminar en la repisa que celosamente resguardaba una colección vasta de muñecas y artilugios sombríos.

–Descuida Daniel, encontraremos la manera de salir de esto, después de todo siempre lo hemos hecho así ¿Cierto?–

Cerró los ojos y en la penumbra fría de la mansión el latido pausado de ambos corazones retumbaba sigilosamente. Aunque dispusieran de muchos recursos y dominaran muchos secretos de la magia oscura, seguían mostrando esa fragilidad que los hacia presa de riesgos mucho mayores. En su interior, aun eran esos mellizos asustadizos y faltos de cariño.

Asintió al sentir el beso cálido en su frente y reprimió su llanto pues era cierto que todo el dolor vivido había curtido sus ojos y su sonrisa, mismos que hoy en día difícilmente se posesionaban en sus finas facciones de la mujer. Sonrió con tal agradecimiento sintiéndose protegida por su semejante.

–Lo sé Daniel, hemos mostrado subordinación impecable, pero creo que es momento de tomar el control de la situación– pausó –Yo, también te prometo hacer todo lo que en mis manos se encuentre para salir avante–

Sonrió nostálgica y aunque no fuese necesario responder a su última aseveración, deseaba lo mismo. Vivir tranquilamente después de mucho tiempo.

–Probablemente la próxima semana deba hacer una visita a una vieja conocida, sé que puedo contar con ella, así que no habrá ningún problema si asisto sola, no debemos levantar sospecha alguna, así que mantendremos nuestras posiciones como hasta ahora–

Suspiró. El encuentro con aquella mujer milenaria en el cementerio había resultado por más provechoso y aunque solo habían cruzado palabras en esa ocasión, confiaba en que serviría de mucho cuando el plan que por sí sola había ideado. Detestaba ocultarle cosas a su gemelo, pero si algo le sucedía a él no podría perdonárselo. Jamás.



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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Daniel Covenant el Vie Feb 12, 2016 8:56 pm



Escuché atentamente a Isobel, mas no me agradaba en absoluto:

-Sólo ten mucho cuidado, no debemos confiar en nadie. Aunque conozcas a esta persona, debes actuar con precaución, porque no sabemos en qué momento la gente que se dice estar de nuestro lado, nos puede dar la espalda.- me levanté entonces de el sofá, dirigí mis pasos hacia el abrigo que había usado unas horas antes, y de ahí sustraje una cajetilla de cigarros y de cerillas. Encendí uno y observé un momento la llama, perdiéndome en mis pensamientos por breves instantes. No duraría demasiado tiempo encendida. Así era la vida, efímera.

-Tengo un par de salidas más en la semana, que espero no distraigan nuestros pensamientos del plan original. Aunque estoy muy seguro, de que son misiones impuestas hacia mi persona para mantenerme vigilado. Haré mi mejor esfuerzo y trataré de volver a casa como todas las noches. Que no te quepa la menor duda Isobel. Recuerda aquel dicho: "Hierba mala, nunca muere"

Mi humor ácido a veces salía a relucir en el momento menos oportuno, pero Isobel me conocía perfectamente, con ella yo no tenía que fingir. Estábamos acostumbrados al maltrato físico y mental, a las burlas constantes, al rechazo; que nada que fueran a decir, o dijéramos de nosotros mismos, afectaría nuestro estado de ánimo y nuestra relación como hermanos.

Abrí una de las pequeñas ventanas, apostada frente a una cama individual y recargué mi hombro sobre un costado de la misma para fumar, y echar el humo hacia fuera.  Hacia una buena noche, no había viento, y el frío era de regular a moderado. Me concentré en observar una flor en la parte baja del jardín que había florecido por la mañana. Era de color rojo intenso, y era de las favoritas de Isobel. Ella misma había plantado el rosal y se encargaba de cuidarla con sus propias manos.

-Rojo sangre- pronuncié casi no susurro. Dí un par de caladas más al cigarrillo y exhalé tratando de hacer algunas figuras con el humo blanquecino, sin tener suerte. -Será una larga noche, lo presiento...




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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Vesper Covenant el Mar Feb 16, 2016 6:26 pm


• • •

Se sentía mal por no poder revelar los detalles de su próximo encuentro con aquella inmortal a su mellizo, sabia a la perfección que debían desconfiar hasta de su propia sombra y aun así, era la única opción que rondaba la mente de la inquisidora. Había intentado de una y mil maneras como explicárselo para caer en la cuenta que no debían existir secretos entre ambos, partiendo desde ese punto ella estaba navegando contra corriente respecto a sus preceptos y le dolía. Aunque dicho dolo no se podía comparar con el hecho de saberse responsable si algo le llegaba a ocurrir a Daniel, cerró los ojos y por unos segundos la oscuridad inmensa fue el abrigo para aquellos huérfanos. El silencio por parte de su hermano le confirmó aquellas sospechas pero hizo caso omiso a ese acto, solo por esta vez.

–Descuida Daniel, nada malo va a suceder–

Acarició la mejilla ajena y esbozó una tenue línea en sus labios, una mueca sincera y llena de afecto y devoción.

Si bien las circunstancias habían sido por demás poco comunes en ese encuentro en el cementerio, sabía que la inmortal no se atrevería a traicionarle, por esa misma razón, la inquisidora había mostrado parte de su arsenal sin reparo alguno, como advertencia de lo que pudiese pasar si osaban cruzar la línea de su confianza. Suspiró y se mantuvo recostada en el mullido sillón, observo la silueta de Daniel contra el ventanal y la tibia sombra que se derramaba sobre el claro a causa de la luz argenta que reinaba la bóveda esa noche.

–Sabes que no soporto estar encerrada por mucho tiempo, pero bien valdrá la pena si en ello podemos ganar tiempo para amasar con cautela nuestro plan. Lo mínimo que puedes hacer es cuidarte, solo eso te pido–

Dirigió sus lánguidos orbes hacia la repisa donde yacían muchas almas, la mayoría pertenecían a brujos que habían sido acusados de herejía. No serían suficientes, por lo que sabía de antemano la visita a Carolina era solo una de muchas que debía hacer. Avanzó con cautela a Daniel para recargar su rostro enmarañado por su espesa cabellera ceniza sobre su espalda. Rió suavemente y colocando su diestra en el hombro de su semejante se detuvo a su lado.

–¿Hermosa no es así? Aunque ese embelesamiento que nos atrae de este modo a admirarla, es solo la fachada de un tormentoso pasado, uno lleno de espinas–

Respondió haciendo énfasis en el paralelismo que tenían sus vidas con aquella flor. Volvió a reír.

–Hierba mala nunca muere–

Sus finos dedos recorrieron con delicadeza el rosario de hueso que pendía de su cuello, como si al mínimo contacto con las cuentas pudiese sentir aun el dolor del alma atormentada de su mentor encerrada. Acto seguido se despojó del mismo para depositarlo en la diestra de Daniel.

–No podemos dejar nada a la suerte, no ahora, así que lleva esto contigo, sabes cómo utilizarlo si llegara a hacer falta–

Una ligera arruga en su frente denotaba su molestia, temía aceptar que la empresa resultaba complicada, más no difícil si sabían cómo actuar.


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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Daniel Covenant el Sáb Mar 12, 2016 11:11 am

el cigarrillo encendido en los labios sin fumarlo, observando detalladamente el crucifijo de Isobel. Era inevitable pensar en situaciones dolorosas del pasado, que  creía haberlos dejado enterrados hacía bastante tiempo, pero lamentablemente para su mala fortuna, no era así. A veces se preguntaba, si habían nacido para ser infelices toda su vida. Si estaban malditos si..., ¡Maldita sea! Tenía ganas de romper todo, de lanzar blasfemias al aire, rematar con sus propias manos, a cada uno de los inquisidores que se burlaban de ellos, mostrando una careta diferente en sus espaldas. Conocía a detalle a cada uno de esos bastardos miserables, y estaba seguro de que les aplastaría a la primera oportunidad que se presentara. Pero por ahora debían ser pacientes y actuar con cautela. La gran recompenza vendría después por añadidura.

-Sé que no te gusta permanecer encerrada, te pido disculpas por ello. Este sitio es el más seguro que podrías encontrar en cualquier otra parte. Sólo nosotros sabemos los recovecos especiales que hemos creado como rutas de escape. Si bien no son una garantía, hay una buena posibilidad de seguir con vida., que es lo que en verdad importa.

Volví a estrecharla entre mis brazos. Necesitaba escuchar latir su corazón, su respiración, ¡sentirle viva! Porque, a veces me daba el presentimiento de que muy pronto íbamos a separarnos. Nuestra vida era muy agitada, sobre todo en la mía. Podría decirse, que en cualquier momento la llama de mi alma se extinguiría, y que la dejaría sola. Mi espíritu rebelde clamaba venganza, y a veces me hacía cometer actos estúpidos y arriesgados con el grupo de vividores, maleantes y asesinos con los cuáles conetía actos indescriptibles.

-¿Haz cenado algo? - froté sus brazos para darles calor. Seguimos parados al pie de la ventana y el aire había comenzado a arreciar. -Me apetece un café cargado, me acompañas a la cocina?

Traté de sonreír, cambiando el tema. La cabeza me daba vueltas, quería despejarme; en entregarme a una vida normal, aunque fuera cobijado bajo la sombra de una cocina fría, oscura


Última edición por Daniel Ness el Lun Abr 04, 2016 12:02 pm, editado 1 vez



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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Vesper Covenant el Mar Mar 15, 2016 2:09 pm


• • •

Sumergidos en la penumbra fría de la habitación, aguardó callada y con la esperanza depositada en ese artilugio que sólo le podía recordar el dolor aun latente en las heridas semi-abiertas. No obstante, también representaba una efigie de su primer triunfo, del primer acto cometido por ambos para salvaguardar su integridad ante la amenaza de ser eliminados. Había sido solo la chispa que dio inicio a su caza en secreto. Pocos eran los integrantes del gremio que confiaban en las intenciones benevolentes de los gemelos Ness, pero el número de enemigos superaba a esa minoría en grandes escalas, así que no les sorprendería si la traición pudiera llegar incluso de sus pocas personas de confianza. A pesar de la atmosfera silente que les cobijaba, dentro de sus corazones existía una rabia implacable, una furia contenida que aguardaba a ser desatada y que solo cobraba forma y figura cuando hacían frente a sus víctimas.

Sus orbes se mantuvieron pendientes a la reacción de su semejante y sólo cuando se presentaban esos momentos más íntimos, ella hallaba la fragilidad de Daniel. Había aun ese ápice de niño asustadizo en él, una parte de su ser que nadie más había sido capaz de describir. No era para menos, después de todo conocían a la perfección sus miedos, sus sueños, sus defectos y virtudes. Ante las palabras de él sólo sonrió y asintió. Podría darle batalla mostrando sus preocupaciones propias por él, sin embargo sabía también que Daniel haría hasta lo imposible por mantenerle a salvo.

–Descuida, supongo que tendré un poco de tiempo para analizar algunas cosas, atar un par cabos sueltos más y desde luego…estar preparada para cuando la calamidad acaezca–

Cerró los ojos cuando él la tomó entre sus brazos una vez más y aspiró el aroma delicado que flotaba a su alrededor. Una fragancia sutil que ella misma había elaborado para él. Olor etéreo, olor a muerte.

Negó ante su pregunta.

–Siempre he alabado tus buenos gustos, quizás sea porque somos tan parecidos–

Por primera vez dentro de muchas semanas, meses quizás el rostro de la rubia reflejaba una sonrisa sincera, una que había desaparecido en mucho tiempo de su fachada.

–Déjame que sea yo quien lo prepare por ti–


Enseguida se internaron en esa parte de la casona. Y sus manos hábiles iniciaron ese ritual dándose un espacio para bromear, algo muy inusual en ella.

–¿Recuerdas la primera vez que pisamos este lugar? Era decadente y horrible. Apenas sabías diferenciar los condimentos de lo que yo preparaba–

Una ligera risa escapó en voz baja.

–Y el sabor de todo era tan…diferente–

El silencio acaeció sobre ellos una vez más.


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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Daniel Covenant el Jue Mayo 12, 2016 7:20 pm

-Si, lo recuerdo bien. En realidad recuerdo muchas cosas. Eramos apenas unos niños, pero recuerdo cada detalle. La primera noche fue brutal...

Nunca le había contado sobre esa primera vez, que marcaría la primera de muchas palizas. Mas todas las soportó para no ver llorar a Isobel. Desde que pusieron un pie fuera de casa, tomó el control y decidió que siempre la protegería. Un pasado doloroso, repleto de cicatrices, que dieron como resultado mucho odio y rencor contra ese inquisidor.

-Pero no quiero hablar sobre ello. Mejor tráeme acá ese café, que necesito mantenerme despierto. Voy a trabajar hasta tarde. Papeleos aburridos, nada digno de mencionar.

Aceptó el café de buena gana, tratando de llevar el hilo de la conversación hacia otro tema, tanto o igual de escabroso que los anteriores. Dos cucharadas de azúcar y estaba listo para degustarlo.

-Por cierto. ¿Ya cuántas muñecas forman parte de tu colección?

Había perdido ya la cuenta, pero sabía perfectamente que su hermana gemela, tenía una vasta colección de excentricidades. El tenía una preferida, pero era un secreto; lo mantenía celosamente guardado, hasta llegado el momento.

- Espero que el material que he traído para tí, cumpla con tus expectativas. Por cierto...¿dejarías alguna vez que yo echara un vistazo a tu taller? Quiero verte trabajar, si me lo permites. Pero si es algo demasiado íntimo, yo entenderé.

Dejó la taza de café sobre la mesa, jugando con ella, pensando, recordando todos y cada uno de los detalles del por qué quería abandonar París para siempre. Prácticamente, el plan estaba grabado milimétricamente en su memoria. El sitio más seguro de toda la vida. No debía dejar ninguna evidencia escrita, bajo ninguna circunstancia.




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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

Mensaje por Vesper Covenant el Dom Jul 17, 2016 12:37 pm


• • •

Consciente estaba que desde el momento en el cual había enfrentado de tal modo a sus superiores tendría mayor vigilancia en sus movimientos. Había vaticinado un par de días atrás un movimiento sombrío, un reptar de seres descarnados que buscarían la manera de extinguirles por completo debido a las personalidades poco convencionales en ellos. Y el hecho de que su gemelo regresara solo acrecentaba ese sentimiento de incertidumbre y temor. Los ojos de Isobel regresaron hacia su próximo en la distancia mientras terminaba de preparar la infusión requerida. Por más que sus habilidades fuesen de reconocer se había prometido a si misma nunca utilizarlas en su hermano debía actuar con frialdad y perspicacia para no sobrepasarse en la dosis que utilizaría para dejarlo fuera de la jugada por unas horas. Necesitaba tiempo para llevar consigo los materiales necesarios y de este modo acudir ella en el lugar de Daniel.

Un par de días atrás…

Había logrado interceptar al mensajero gracias a su don ilusorio, la víctima, un joven delgado y pálido cuyo cuerpo inerte yacía sobre el mármol frío de uno de los calabozos que regularmente utilizaba como salón de preparación para sus conjuros. Con sumo cuidado abrió la misiva que yacía oculta en el abrigo del occiso. Los orbes cristalinos se entre abrieron ligeramente al revelar el mensaje breve pero conciso.

“Monsieur Ness. Me dirijo a usted con el debido respeto que merece, como cófrade en esta organización, solicito su presencia a la brevedad posible para una misión de campo en las afueras de la capital francesa, es de vital importancia que no se vea acompañado de ningún otro elemento puesto que esta misión significa un riesgo aún para integrantes como nosotros.

No dudando de su atención prestada queda de usted.

Antonio De Carvajal.”


La diestra de Isobel aún giraba el adminículo que diluía el resto de azúcar y aquel brebaje que secretamente había vertido. El corazón de la inquisidora se volvía añicos al regalar ese somnífero a su igual, pero estaba de por medio la integridad del mismo. Aquel inquisidor de apellido Carvajal no ostentaba el título de los mejores asesinos en su área por nada, así que estaba dispuesta a todo en caso fuera necesario.

–Siento la demora Daniel, aquí tienes– colocó la taza sobre la mesa y sonrió con calidez –El número carece de importancia querido hermano, cuando lo importante es el contenido, bien lo sabes, cada creación es única y posee un objetivo distinto–

Asintió.

–Es único, me atrevo a decir que jamás había trabajado con una exquisitez como la que posee este artefacto, no tengo como agradecerte–

Se puso de pie y besó la frente de Daniel. Tomó la mano ajena para guiarlo hacia la estancia donde yacían todos esos objetos que con devoción había creado. Muñecos, dijes, collares y rosarios en su mayoría hechos de huesos, piel y cabello.

–Bienvenido a mi taller–

Sonrió con nostalgia. Quizás un par de horas más bastaban para que Daniel cayera rendido ante un sueño prolongado, uno que le salvaría de morir a manos de aquel inqusidor.

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Re: Flores en el ático - Isobel Ness

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