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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Gratos momentos de ingratitud — Devi

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Gratos momentos de ingratitud — Devi

Mensaje por Børiska K. Hercžog el Miér Sep 23, 2015 7:33 pm


El viento de las calles amenazaba con enfriar a todo ser humano viviente en la tierra pero de todos esos grupos había uno que no sentía el más mínimo contacto gélido, incluso se paseaban con ligeras prendas en tonos negros lo que caminando por la ciudad a la vista de todos, sin importarle que los vean; pero eh ahí el detalle, nadie los miraba ellos pasaban como si no estuvieran ahí ¿cómo? Sus habilidades hacían en los mortales y no tan mortales que ellos no estaban cruzando que era una enorme ráfaga de viento que iba creciendo a medida que avanzaba por las empedradas calles.

El repique de las campanas anunciaba la hora pérdida, llevaba ese grupo horas merodeando la ciudad con ojos muy atentos y sus sentidos alerta, ¿qué hacían? Buscaban a una mujer, una que llevaba el brazo lastimado por lo que deseaban encontrarla a toda costa. La catedral fue la primera en ser revisada pero nada, solo encontraron un párroco dando la misa final y unos que otros fieles tomando la eucaristía, uno que otro de esos presentes los alcanzó a ver y no les despegaba la vista, al parecer un semejante creyente. Se burlaron de él saliendo de ahí con las manos vacías; mientras, por los callejones dando tumbos iba la silueta de una mujer que oculta entre las sombras buscaba refugio alguno.

Un grito y un cuerpo sin vida cayendo al suelo es lo que alarmó a los cazadores que iban tras de ella, con pasos agiles y por los techos iban tras la pista dejada pero no había nada en los callejones más que solo cuerpos cayendo en cenizas, la mujer que seguían estaba por los techos disparando balas de plata directo a los corazones de sus captores, solo le quedan cinco por acabar. Corriendo por las tejas de la ciudad iban dando saltos disparándose como si fuera una cacería, pero esta se desarrollaba en plena urbe aunque nadie oía ni veía solo los semejantes. Sabía la mujer que podían herir a alguien y entre su saltos decidió doblar una de las esquinas lanzándose al vació a uno de los comercios de la zona, ya estaba cerca de su objetivo, cerca al a zona comercial estaba el Sena y con ello su oportunidad de escapar por unas horas.

Lo dicho pudo llegar con tres de sus captores que le seguían, pero le pierden el rastro cuando ella se lanza al rio, sin salir a tomar aire, saben que la han perdido, re reagrupan dándole unos minutos de ventaja a la mujer que no espera si no que a unas millas de ahí sale toda mojada y lastimada, también le han herido nuevamente en la pierna y en el hombro otra vez. Corre por la zona este dirigiéndose a la zonas abandonas al menos por una noche más de descanso y tranquilidad. Sus armas están cargadas pero solo su “espíritu” es el que necesita aun un poco de calor y tranquilidad para curar sus heridas. Revisa el lugar antes de adentrarse y no le cuesta mucho hay uno que otro cadáver o vago rondando por ahí a lo que le sirve de alimento para curar en algo sus heridas. Otros son drogadictos y alcohólicos de los cuales prefiere no beber. Se adentra a una construcción que parece una vieja casa camina por los pasillos hasta estar en lo que sería la cocina buscando algo con que sacar las balas, el ruido sabe que no alertará a nadie, o quizás si.


Última edición por βørișқa Ҝ. §ærςŧžσg el Lun Nov 23, 2015 10:18 pm, editado 1 vez








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Re: Gratos momentos de ingratitud — Devi

Mensaje por Devi el Lun Nov 09, 2015 2:59 pm

Ladeaba la cabeza a un lado y a otro, comprobando la calidad de la vela. Satisfecha (y aunque no lo hubiera estado, se lo hubiera llevado igualmente) metió la vela en su petate y se ajusto la mochila a la espalda. Salió de la habitación y se dirigió al baño. Había un peine mohoso y escuchimizado que no se atrevió a tocar, ojeo en los cajones a ver si había por fortuna una pastilla de jabón.
Más quisiera.
Chasqueo la lengua y siguió revisando, había un trozo triangular de espejo en la pared, el desgaste del tiempo hizo que fuera fácilmente extraible ya que apenas estaba pegado en la pared. Soplo sobre este y restregó la manga para quitarle el polvo.


-Huy...esta fabricado con el grisáceo veneno de los oscuros. A lo mejor puedo hacerme un amuleto. Hmm...- Se mordía el labio inferior mientras pensaba que uso podría darle a medida que lo guardaba.

Estaba echo de plata, se dio cuenta dado la oscuridad que representaba y que a diferencia de los espejos hechos de vidrio estos no se vuelven opacos con el tiempo. Por lo que eran más baratos.
Había recogido otras cosas, una manta hecha jirones y desteñida de color verde caqui que mantenía colgada al hombro, un sombrero de paja que simplemente le hacia gracia llevarlo en la cabeza, unas cajitas vacías de adorno que estaban deterioradas y también encontró algo de algodón aún bien conservado junto a un candil de latón desgastado con el que usarían para prenderlo. Se llevo ambas cosas.

Tras haber registrado la parte superior de la casa bajo por las escaleras tarareando en bajo para si con aire despreocupado, al fin y al cabo, no había nadie cuando entro por primera vez. Se dirigió a la cocina con la esperanza de encontrar algún machete, eso la facilitaría mucho la vida.
Se paro en seco en el umbral de la cocina cuando vio a la chica que habitaba ahí.


-Ups.-

Estaba profundamente avergonzada y mantenía unos labios rectos y finos tras apretarlos en el interior de su boca. La casa estaba ocupada y ella era la dueña, por lo que se consideraba una ladrona, la habían pillado en la masa y...espera. ¿Eso es sangre?

-¡Santa sarna, estas sangrando!.-

Su rostro palideció, abrió los ojos y trago saliva. Las heridas eran recientes, eso estaba claro y, o estaba escapando de algo o acababa de tener un enfrentamiento del que habría salido victoriosa. Podría estar usando la casa para ocultarse o tratarse por lo que ahora...hubiera preferido seguir siendo una ladrona en vez de a lo que podría atenerse ahora. Hubiera deseado salir corriendo, de hecho lo hubiera hecho de no ser que...simplemente, se despreciaría a si misma por dejar a alguien así.

-¿Pu-puedo aliviarte?-

Empezaba a sentirse extraña y sintió un escalofrío que la recorrió la espalda, no era la idea de correr la que se le venía a la cabeza si no algo parecido a "huye, huye mientras puedas y no mires atrás". La chica desprendía una energía inquietante que la estremecía, se sintió insegura. Pero al fin y al cabo...

          Su Yo interior seguía dormido,
               Pese a siempre confiar en si misma,
                    Ella estaba herida y no podía ignorarla,
                         Pues hasta las peores bestias precisan de compañía.

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Re: Gratos momentos de ingratitud — Devi

Mensaje por Børiska K. Hercžog el Lun Nov 23, 2015 10:17 pm


Las aves nocturnas en pleno vuelo graznaban a su paso por el cielo nocturno, otras en cambio habían anidado cerca de las instalaciones abandonas que les servía de refugio o como un hogar aun cuando las condiciones eran las más precarias, las más sombrías rondaban como buitres a las almas perdidas y desvalidas que allí se reunían por algo de calor arrancándoles de tajo la poca vida que tenían. Triste sentencia.

Los pirales con vigas altas que aun conservaban la forma de una residencia acogedora cimbraron en segundos para dar paso a un tiempo que se congeló en el momento que una voz suave atravesaba por la oscuridad hacia aquella que toma su arma con dolor apuntándola directamente a la cabeza, más, tal como se ha levantado aquella arma desciende hasta caer al suelo junto al cuerpo que trata de recomponerse alejando a la joven que se acerca con preocupación.

Observa a la mujer sonriéndole al tomar de nuevo su arma y guardarla, con esfuerzo se pone de pie buscando nuevamente en los cajones y alacena de aquella cocina; sabe que no tardarán en llegar o quizás aún más, sabe que pueden estar otros tras su búsqueda, suspira negando a la joven platina a la que cubre la boca con la mona, en un pestaño ha quedado frente a ella y así mismo en esa misma velocidad se ha alejado dándole la espalda

—Shhh, no seas escandalosa, nos encontrarán más rápido así—

Contesta en un susurro encontrando en una de las gavetas un cuchillo, lo toma doblando con sus dedos la punta del mismo, camina golpeándose contra el lugar hasta una de las ventanas de aquella habitación, de esta colgaba unos pedazos de tela sucios y roídos por las alimañas, con resto de hollín pero al menos serviría; dejó el cuchillo sobre aquel mesón para rasgar algo de aquella tela que colocó entre sus dientes mostrando así sus grandes colmillos, alzó su la pierna herida que sin dejar de mirar la joven directo a los ojos para mostrarle que no era un ser humano, en ese preciso momento clavó el arma filosa en la herida que tenía removiéndola hasta que el sonido de una esfera cayera al suelo rodando hasta la joven.

El tiempo se detuvo cuando cae al suelo, con su espalda contra una de las puertas de las gavetas algo desvencijada, escupe el trapo observando a la muchacha, ladea la cabeza observándola mejor, que aunque la oscuridad se cernía en ella podía verla completamente cubierta de manera extraña con un sombrero que le era más grande que su cabeza. Sonrió ante ello.

—No digas cosas tan imprudentes niña o podrías morir en algún momento, ves que no soy un humano normal así ¿por qué no sales corriendo de aquí?—

El murmuro queda en el ambiente cuando un profundo suspiro la atenaza al igual que sus heridas que tardan en sanar, para olvidarse de ellas unos momentos carga sus armas en su puesto acomodándolas en su cinto y en tu tobillo; con cada movimiento de su brazo derecho el dolor de aquella bala incrustada se hace más evidente

—¿Puedes sacar una bala de mi herida y luego serías capaz de buscar a alguien a quien pueda morder para aliviar estas heridas?. Te has ofrecido a ayudarme ¿no es verdad? O es solo una mentira—

Sonríe, con ironía.









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Re: Gratos momentos de ingratitud — Devi

Mensaje por Devi el Lun Nov 30, 2015 2:31 pm

Se quedo completamente paralizada cuando sintió que la apuntaban con el arma, aunque al menos esta vez no dispararon. Su perplejidad llegó con el amago de un grito acallado por la palma de la mano que tapaba su boca. Le faltaba el aire, no se había percatado momentos después de que había dejado de respirar por miedo a ofender al ser que tiene delante de alguna forma. En sus ojos mostraba el temor creciente con el que empezaba a emanar un nerviosismo en su cuerpo provocando un ligero balbuceo en respuesta a su primera pregunta.
Una criatura de la noche, un danzante en las sombras, Devi sabía lo que representaba. Debería de haber puesto los pies en polvorosa al ofrecerla tan ingeniosa propuesta. ¿Por qué no había echado a correr? No tuvo tiempo de pensar la razón, al menos conscientemente. Simplemente no lo hizo.

Trago saliva y tras un rato para tratar de calmarse tuvo el atrevimiento de dirigirse a ella.


- Y-yo jamás miento.- Y esa fue su respuesta. Oprimió los labios como si hubiera sentido haber dictaminado su sentencia pero no...ni mucho menos. Movía continuamente los dedos de los pies y aún luchaba por no salir corriendo.

- No se me da bien...pero puedo intenta'- Pausa, traga saliva.- intentarlo...-

Ella parecía humana y quizás esa era la razón por la que se sentía en el deber de ayudarla, o quizás por que quería comprender mejor como eran. O una mezcla de ambas. Aunque sabía que lo primero bien podría parecer una máscara.
Tras unos segundos se acerco a ella conforme iba palideciendo a medida que avanzaba.


- Con...con permiso. - Tomo el cuchillo y trato de ignorar lo que ella representaba. Toda la amenaza que se cernía sobre su sangre, "alguien a quien morder" eran las palabras que resonaban en su cabeza.
Cogió aire y en el momento en el que se puso manos a la obra el pulso dejo de temblarla.
Y no por ello fue tarea fácil, ni mucho menos. Tuvo que abrir parcialmente más la herida con la que hacer palanca para sacar la bala de ahí. Por suerte, no era humana y podría soportar el dolor mejor, aunque cabe decir que pese a su novicia tarea, no pudo darle un trato más humano. Guardo recelo conforme abría la herida en los extremos con cuidado con la que extraer dicha bala al hacer palanca, incluso empleo el algodón que había encontrado para parar la hemorragia atándolo a su brazo con el trozo de tela que βørișқa había cortado anteriormente.

Dejo el cuchillo en la mesa y se aparto varios pasos, cogió aire y se seco las manos de sudor en su cuerpo. Rehuía a mirarla mientras volvía a embargarla el temor asustadizo frente al ser que tenía delante con el incesante movimiento de los dedos de los pies. Trago saliva antes de volver a hablarla.


-Ya esta...supongo que así te recuperarás.- Podía haber aplicado como ungüento el áloe vera que guardaba en la mochila, pero aparte de que dudaba de su funcionalidad en ella, no creía conveniente aplicarla sobre una herida profunda como el de una bala donde posiblemente la perjudicaría.
Respecto a lo último, simplemente ignoro esa pregunta.

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Re: Gratos momentos de ingratitud — Devi

Mensaje por Børiska K. Hercžog el Miér Dic 23, 2015 11:33 pm

El silencio sepulcral que se había instalado en aquel momento sobre ambas mujeres había sido más que suficiente para cortar cual filoso cuchillo la intención de ambas. El graznido de las nocturnas aves que cruzaban o anidaban cerca era lo que más se podía escuchar por lo que parecía una eternidad, aunque no eran más que solo minutos que se pueden traducir a los más agónicos segundos de la existencia de cual ser, incluso, de aquellos cuya vida no era aceptada por tener que ser arrebatada de vidas inocentes.

Fieros ojos se posaron sobre la platina cabellera de aquella jovencita que hablaba con sigilo, desciende aquella pétrea mirada hasta los ojos escurridizos de la muchacha esbozando una sonrisa de incredulidad, más las palabras y los actos de la extraña le sorprenden de sobre manera.

Seguía los pasos de la joven bruja sin perderse detalle alguno, más el sonido de su corazón delataba los nervios que sentía por alguien como ella, cerró los ojos tratando desesperadamente no lanzarse contra aquellas venas que pulsaban rápidamente; aquello era una bomba de tiempo. Su cercanía obligó a la asesina a desviar la mirad dejándola hacer lo que más podía con la herida, aun cuando cortaba de más y el deseo reprimido de atacar aquello que estaba por reventar su cordura y cuerpo por el simple hecho de atacar a un ser que es considera como una bestia sin corazón.

Cubrió su boca para evitar mostrar los largos y fieros colmillos, mordía su propia lengua o labio controlando así su deseo primario, alejaba el sonido de los acelerados latidos por el de las carroñeras aves que por fuera se hallaban buscando con desesperación a un pobre ratón. Evitaba hablar o así perdería la concentración que años le llevo dominar.

Al termino de aquella ayuda prestada, observó su herida sanar, aun lentamente chasqueando la lengua, ante ello. Regresó la mirada a la joven sonriéndole y su voz algo seca se podía oír nuevamente.

—No voy a morderte a ti, no me agrada para nada tener que tomar sangre de personas que no se ofrecen por voluntad propia—

Carraspeó en un murmuro ligero, apretando la herida. Sus ojos se cierran buscando un ápice de descanso pero no lo encuentra por visualizar el miedo característico que presente su especie en los ojos de los ajenos. Esa mirada de terror por perder las vidas tan preciadas que cuentan en manos de asesinos que no preguntan, que no conocen, que ni siquiera les importa quién era aquella desdichada al final de su faena.

—Una rata es lo que necesito, al menos dos o cuatro o cinco para que estas heridas sanen. Por lo que veo te desagrada el hecho de saber que puedo matar a otro ser “inocente” así que no te pediré que busques a alguien en si—

Su mirada es seria y dura, más que fría es la misma mirada letal que suele tener.

—Si dices que no mientes entonces esta tarea te queda más que sencilla ¿Verdad?—

Un ligero dolor que siente que es amordazado antes de escapar en un grito, su cuerpo comienza a sentir los estragos de la falta de ingesta del vitae necesario y con la cercanía de una persona cuyo corazón no para de latir con la fuerza de un millar de caballos no era tarea fácil.

—Maldita sea, puedes por favor controlar tu corazón, tu pulso es endemoniadamente ensordecedor. Ya te dije que no voy a morderte ni a matarte, no soy de ese tipo—

Abre sus ojos y un miedo se refleja en la mirada cristalina de aquella mujer que mira a los ojos claros de la joven niña. Un miedo a perder la poca cordura y se deje llevar por el frenesí del hambre.








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Re: Gratos momentos de ingratitud — Devi

Mensaje por Devi el Mar Sep 06, 2016 12:50 am

La tarea estaba echa, ya no precisaba estar más cerca y mientras se retiraba al umbral de la cocina luchaba en su interior por apaciguarse a si misma. No podía negar su verdad, la cercanía y el latir de su corazón era como una plancha metálica en su cuello pues eso, esa era su percepción pues antes de desaparecer del lugar se atrevió a mirarla a la cara y pudo sentir parte del reflejo de su dolor.

  Hubiera dicho algo pero no encontro palabras, o al menos, no las correctas, ya se había marchado de la casa. Caminaba atontada mientras se frotaba el vello de los brazos y su respiración se atenuaba. Las preguntas bombardeaban en su cabeza. ¿No tomaba las sangre de quienes no la ofrecían, de verdad había gente que hacía eso?...¿Sería algo grotesco, inhumano?..¿Y que razón les llevaría? Quizás la piedad y misericordia que habitaba en sus ojos, o el desprecio de llevar una vida que ella no había elegido, quizás.
  Sentía con la necesidad de alejarse más del lugar, aun recorria por su espalda esa fría inquietud y trato de encerrarse en una parte de su mente, un lugar en el que aflorece la tranquilidad y evade las emociones y sentimientos, un escudo que...simplemente había olvidado como acceder y su acto fue un mero intento de algo perdido.

Parecía sencillo..¿No? Sencillo sería con algo con lo que poder atraparles o cazar, ya que solo un tarado acorralaría a una rata y en esos momentos es cuando la rata más teme por su vida y el roedor cual felino, saltaría a la cara de su opresor buscando librarse de él, o al menos, cegarle.
 En un lugar como ese no era dificil encontrar ratas, los lugares derruidos con multitud de agujeros y papeleras con un bufetes de comida en estado de descomposición avanzada. Un perfecto paraíso.
 Al menos tenía algo con lo que atender su mente, y eso la hacia no pensar y darle menos vueltas a la cabeza repercutía en mas paz interior para ella. Al menos en la teoría.


- ¡Auch! - Una papelera se desplomo golpeándola en el costado cuando torpemente se abalanzo hacia un roedor que salió disparado en cuanto la escucho. Alzo el puño con aliento vengativo. -¡Corre, corre tú que puedes!- Si es que eso pudiera tomarse como una venganza, tenía cierta ironía respecto a su situación.

Había transcurrido una hora, y solo había logrado cazar una rata, una rata la cual la mordio en la muñeca y logró escaparse de ella mientras miraba atrás con una sonrisa peculiar en el rostro. Se encontraba cansada y magullada, quizás esa "persona" ya se hubiera marchado, o quizás se la encontrara a la vuelta de la esquina buscando un festín que llevarse a la boca. Ambas ideas la parecieron horribles.
 No es novedad que la suerte o desgracia suelan venir de la mano. ¿Tendría fortuna aquel felino herido en el suelo cuando devi la encontró? ¿O sería aun mas desgraciada su final, sirviendo de alimento a otro ser del que se defendió?

Estaba tullido, tenia un ojo ciego y una mordedura en el hombro, probablemente habría sido otro gato callejero y su estado de debilidad en el que se encontraba hizo que no pusiera resistencia cuando Devi se lo llevo entre brazos.
 Había ido a socorrerle, con la creencía de poder curarle, quizás si estuviera cerca del hogar, aunque la herida ya estaba infectada y quizas hubiera perdido mucha sangre. Le acariciaba con cariño buscando consolarle.
-Shh..la calma pronto llega, en un charco de oscuridad, la energía se consume para dar a otra vida su lugar- Se expreso con voz suave, pese a lo tétricas que podrian resultar sus palabras...quizás no se la diera bien consolar a los animales. Y mientras la inquietud y el remordimiento se iba haciendo con ella del por venir.
¿De verdad sería capaz de entregarle dicha criatura a un ser que no es de este mundo?

Devi volvio a presentarse en el umbral de la cocina con el gato entre los brazos, sin saber realmente si deseaba que dicho "Ser" estuviera allí presente, el pésame la ahogaba por dentro. Lo hubiera intentado, hubiera intentado salvar al gato hasta su ultimo suspiro, en vez de lanzarlo a los dientes de otra criatura. ¿Qué era lo correcto?


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Re: Gratos momentos de ingratitud — Devi

Mensaje por Børiska K. Hercžog el Dom Nov 06, 2016 10:19 pm



La soledad se hacía notar en aquel lugar, en el que la calma había decidido gobernar dejando a quien estaba sobre aquel estado, pudiese oir el dolor de sus heridas y el ardor de su alma extinta. Los ojos claros observando como el cuerpo con vida se alejaba sin decir palabra alguna, era todo lo que podía hacer aun cuando por dentro su garganta se secaba por un bocado de aquello que le es prohibido. Un sonido proveniente de los alrededores le alerta, su brazo estaba casi inerte y aun estaba cicatrizando como para poder tomar el arma en alza; trató de ponerse en pie observando por aquella ventana pero solo era el viento que agitaba las ramas, al menos hasta que de la nada una voz muy conocida se hizo eco.

El rastro que había pensado no haber dejado no era del todo cierto, ahora estaban ahí y su sangra atraería a aquellos seres que revisaban una a una las ruinas de aquel lugar, uno de los novatos se acercó a donde estaba, tendría la oportunidad para probar algo de sangre, pero, sabía que era arriesgado, más si la joven aparecía, aquella muchacha estaba en peligro y sería por su culpa. Miró por el umbral justo para verla con un gato entre sus manos ¿un gato?, corrió a donde ella en un segundo tapándole la boca con la mano

—Shh no digas nada y relaja tu pulso, ellos ya llegaron por mi y si te encuentran te mataran, es mejor que cierres los ojos y pienses en algo agradable mientras se van—

Soltó a la joven bruja tomando el gato dejándolo en el lugar donde ella había estado antes, para despistarlos antes de que entren aquellos seres semejantes a ella

—Vete por arriba o busca algún lugar donde esconderte, cuenta hasta cien y luego podrás salir ¿lo prometes?—

Con el dolor que se reflejaba en su rostro levanta sus armas, caminando, realmente tambaleándose, hasta quedar tras la puerta de aquella cocina, aguardando en silencio mientras sonreía a aquella niña, una sonrisa que jamás pensó poder emitir.









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Re: Gratos momentos de ingratitud — Devi

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