Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Redención y salvación. [Flashbacks de una princesa]

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Redención y salvación. [Flashbacks de una princesa]

Mensaje por Aidara Dupont el Sáb Sep 26, 2015 6:18 pm

No hay escondite posible para quien escapa de los ojos del diablo
Solo puedes ganar tiempo
Y aun así jamás será suficiente,
Como pecadores pereceremos
Porque hoy y siempre;
Demonios somos y demonios seremos.



¿Podía la luna llorar? ¿Romperse con ella la pena de cada astro y así, oscurecerse el cielo en un llanto infinito? De poder el mundo solo reunir una vez en la vida de las personas que en él vivían su melancolía, sus sueños rotos, las ilusiones vencidas al paso del tiempo… ¿no podría él mismo mutilarse al sentir todas las lágrimas de sus habitantes? Tanta desolación se encuentra por los caminos del destino, que ya nadie confía, nadie sueña, nadie cree en los sinsentidos de la vida. Como creer acaso, si es cuando alcanzando la plenitud, que todo te es arrebatado? O quizás sea que la princesa todo lo tenía. Todo le fue dado y jamás le dio el auténtico valor que debería, ya que no fue hasta que entró el amor por las puertas de su alma, que todo dejó de ser una mera actuación por volverse en su obra, en su vida. Su historia. Aunque esta empezó a escribirse antes de sus primeros pasos. Ciertamente, quizás, fuera tarde para cuando empezó a darse cuenta, que tras unos pocos meses de una felicidad envidiable todo empezó a caer. Aquella bonita y entrañable historia, se volvió en una cruenta y dramática historia. La que ahora ella sufría. La que la princesa vivía y en la que no encontraba consuelo.

Hacia dos meses de que Aidara Dupont fue caminando hacia el altar y fue tomada como la mujer del príncipe de los Países Bajos, Violante Vilhjálmur. Tras aquella noche, no únicamente se entregó en cuerpo al único amor de su corazón, también abandonó aquella vida mortal para unirse a él de todas las formas posibles. Dejó de lado sus miedos, su familia, todo vestigio de ella como mortal y se entregó como ella solo sabía hacer; completamente. Al amanecer de la primera noche su corazón ya no palpitaba, sino que frio como el hielo, irrompible en su pecho permanecía muerto, dormido en un sueño eterno. En aquel momento todo cambió para ella, no únicamente necesitó adaptarse al nuevo ritmo de su eterna existencia, sino que también al cabo del primer mes empezó a sufrir de visiones. La  clarividencia en su sangre empezó a evidenciarse y junto a ello los celos empezaron a crecer mientras su esposo yacía en bailes y fiestas y ella, aún una principiante era recluida en el castillo donde no pudiera dañar a nadie.

Y aun así, jamás dejó de confiar en su príncipe. Ni cuando las visiones que enclavaban su mente le mostraban con qué facilidad las féminas caían en las manos de su amor. Por eso fue que al tener una de las más nítidas visiones, en la que su príncipe peleaba y terminaba siendo pasto de las llamas, convirtiéndose en cenizas sin que ella pudiera hacer nada, la princesa enloqueció. En la visión lloró sangre y pasó tres noches esperándole en el castillo, preguntando a los que eran llamados “la familia” si sabían de él, reticente a creer que aquella visión suya resultara siendo real y confirmara la muerte de su amado. Nadie tenía nada que decir. No le encontraban. Y negada a seguir sin hacer nada en el castillo, salió de entre aquellas paredes que hasta aquel momento habían sido su vida, y empezó a buscarle por su cuenta, reviviendo cada noche el dolor y las imágenes de Violante ahogándose entre llamas antes de cerrar los ojos al amanecer.

Ya habían pasado dos semanas desde que la princesa salió del palacete y recorriendo ciudades, finalmente había llegado a París. Su vestido antes reluciente, ya solo era un recuerdo entre las capas de suciedad. Su blanquecina tez era ahora surcada por dos líneas de sangre que se derramaba de sus labios y caían por su cuello. La desesperación la estaba cercando de cerca y tras dejar un camino lleno de sangre y muerte a sus pasos, había decidido concluir su búsqueda en aquellos inmensos jardines de la capital francesa, junto a los tres cuerpos que se apilaban frente a ella. Le había resultado fácil entrar de escondidas en la ciudad por los callejones más oscuros y barrios más pobres, desde donde se había dirigido a la zona adinerada de la ciudad en busca de nuevas presas con las que poder apagar su sed. Tras dejar tras ella los cuerpos de dos hombres que habían intentado detenerla por el paso de las calles, había dado con una fiesta en la que terminó topándose con unos jóvenes que por tener similitudes con su amor, se habían convertido sin saber en las ultimas presas que pensaba contabilizar la princesa, antes de ofrecerse a los rayos del sol y así, buscar a Violante más allá de ese mundo.

Su mano acarició tiernamente el cuello sangrante del último joven asesinado, recordando en el frio de la muerte, el tacto y la temperatura de su príncipe. Ahora solo vivía por aquellos momentos en que de una forma u otra, se sentía más cerca de él, y sólo asesinando a jovenes era como le encontraba. Solo allí su alma encontraba por un tímido tiempo el consuelo tan necesario. Tras unos segundos, bajó su cuerpo a la altura de los jóvenes echados en el pasto y besándoles, las lágrimas escaparon de sus ojos. La pérdida aún le dolía, intacta en su corazón, como si hubiera sido todavía el primer día de aquel vacío. Intentó pronunciar con labios temblorosos su nombre tras el último de aquellos castos besos y alzando la mirada perdida al cielo, buscó una salida o las primeras luces del sol asomándose anunciando aquel fin tan anhelado. Lo primero ciertamente, que fuera a llevársela.


*Situación: El inicio de su locura cuando vio morir a Violante a manos de Tiare. Las primeras fechas de despúes de aquella fatídica noche.


Última edición por Aidara Vilhjálmur el Lun Oct 26, 2015 11:49 am, editado 1 vez


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Re: Redención y salvación. [Flashbacks de una princesa]

Mensaje por Aidara Dupont el Lun Oct 26, 2015 11:47 am

Aquella vez se perdió mi corazón del tuyo
Y ya jamás te hallé...
Ni volver a verte logré.


Mucho tiempo ha pasado desde aquel fatídico día, en que todo su mundo se derrumbó. Las llamas que se encargaron de borrar su vida, las que en su momento también pudieron ahogarla en sus llamas parecen que la han dejado. Parece ser que desde la amistad con Viktoria y la entrada a su nuevo refugio todo ha mejorado para la extraviada princesa que ahora ha dejado de soñar con la muerte de su esposo y creador. Porque desde que sus silenciosos pasos y su frío aliento residen escondidos en el almacén viejo del teatro mortal de la capital parisiense ha empezado a olvidar, recuperando poco a poco la cordura. Olvidando, riendo de nuevo… sintiendo, recuperándose de sus heridas, de aquella locura que la invadió por meses y que ahora ha dejado de sentir. Todo parece calmado y mientras Viktoria permanece con ella y la anima, como una alma afín haría a otra sin soportar el mal de la ajena, Aidara se deja llevar también por aquella ilusión del bien y por las palabras de su compañía, excepto por una parte en lo más hondo de ella que sabe que aquella calma es la que procede a la tormenta. Aquella tormenta que ya una vez quemó los cimientos de su existencia.

Como otra noche más la joven despertó al tiempo que a su lado, Viktoria también abrió los ojos y viéndose ambas fijamente celebrarón en su mente el estar vivas, el no haber sido descubiertas y estar juntas. La vida de una neófita en solitario es dura y peligrosa. Sin un maestro que las inicie y eduque, como también controle están al alcance de cualquier otro vampiro que mayor que ellas quiera dañarlas o eliminarlas. Por suerte para ambas, Aidara convivió las semanas suficiente al lado de Violante; su maestro para entender la inmortalidad y poder así ayudar a Viktoria a comprender su nueva vida eterna; la condena que a cuestas siempre llevaría hasta que una segunda muerte estuviera dispuesta a arrebatarla de la tierra y transportarla a los infiernos o a los cielos como destino final.

Muchas veces las jóvenes vampiresas hablaban de esos temas; del infierno y del cielo y Aidara pese a las circunstancias en que se encontraba seguía defendiendo el argumento que siempre había defendido frente a frente con su príncipe; la existencia del bien y del mal. Ya que aún hasta en los inmortales habían aquellas almas inocentes, redimidas al paso del tiempo por no dejarse vencer por las tinieblas. Aquellas bondadosas almas, seres como ellas, vampiros cuyas almas seguían intactas a su humanidad tenían la puerta de los cielos garantizada; más las almas oscuras y los inmortales forjador en la malicia, el pecado y el dolor estaban condenados a servir al diablo y a padecer como un esclavo más de las eternas llamas del averno. Para quienes jamás sufrieran al arrebatar la vida a un inocente, seguirían siendo enviados a los infiernos de Dante, mientras que aquellas nobles almas encontrarían la salvación. Por qué para Aidara no podía haber otro destino para el alma de Viktoria. Ella debía de salvarse, no podía haber mayor castigo que el de su condición. Y cada día que pasaba al lado de la neófita más lo creía. Para ellas habría un cielo, donde Violante la estaría esperando con los brazos abiertos.

El despertar de aquella noche no resultó extraño más si el bullicio del que se llenó en minutos el teatro resultó curioso. Algo había oído de una nueva obra de exito que iban a representar los actores de aquel humilde teatro y tras pasar semanas ambas neófitas sin alimentarse, luchando contra la sed de sus demonios la idea de quedarse en aquel almacén bajo los pasos y los latidos apresurados de los mortales no parecía la mejor idea. Aidara miró a la otra neófita y sus miradas hablaron por las dos. Debían de ir a alimentarse, era una prioridad. Ya que de no hacerlo, podía ser mucho peor y debían moverse, alejarse del teatro en que decidieron no volver a alimentarse. No al menos, si no caían las victimas a sus pies por cuenta propia como ya alguna vez había ocurrido.

Mejor que salgamos separadas, así podremos pasar mejor desapercibida entre los actores y artistas. No creo que hoy tengamos la suerte de que se pase un visitante y llegué hasta nuestro escondite. —Dijo levantándose y prestando su mano para que Viktoria se levantase de las estructuras donde dormían.

Le sonrío como hacía siempre y siguiendo con la mirada cada uno de los pasos de la joven hasta que desapareció tras cerrar la puerta, devolviendola de vuelta a la oscuridad del almacén donde esperó cinco minutos para salir. La joven neófita se dedicó entonces a voltear por el almacén olvidado y acariciar con delicadeza los instrumentos que allí permanecían llenos de polvo pero intactos todavía al paso del tiempo. Rozó con sus dedos las cuerdas de un arpa y las notas quedaron suspendidas en aquella impenetrable oscuridad. Agudizó por unos segundos sus sentidos alerta, esperando que nadie hubiese escuchado su pequeño y breve desliz atinando solo a oír los pasos apresurados de los últimos actores en salir a escena subiendo las escaleras, alejándose de su cercanía. Aligerada al saberse solitaria y sin ningún mortal por los pasillos que pudiese resultar demasiado tentador para su sed volvió a deslizar sus dedos suavemente por las cuerdas del instrumento. Uno, dos y tres. Las cuerdas hicieron su música y por unos breves segundos los ojos de la princesa relucieron de felicidad. Su padre quién había sido un músico respetable en su juventud, solía tocar su música cuando era pequeña y era hora de dormitarse, acompañándola con sus notas hasta que cerrase los ojos, e incluso luego seguía tocando para sus sueños. Aquel recuerdo la hizo sonreír y así fue como la enófita encontró la paz y olvidó por una brevedad todo cuanto era, lo que debía de haber sido y lo que fue.


*Situación: Tiempo despúes de que Violante desapareciera y Aidara huyera a París, escondiendose en el teatro junto con Viktoria.


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Re: Redención y salvación. [Flashbacks de una princesa]

Mensaje por Aidara Dupont el Jue Nov 26, 2015 4:15 pm

En sus ojos se contemplaba un cielo.
Uno hermoso y profundo,
uno bañado de fuego frío;
uno lleno del eco desgarrador de los avernos.


De caerse el cielo, Aidara hubiese perecido en él ya que sin alas, tornándose su existencia desesperada ya nada valían aquellos minutos, aquellas noches que sin fin se extendían ante ella. Frías, oscuras, eternas. El hielo se había instalado en su mundo y ni la sangre caliente que ahora manaba por su brazo hasta perderse en la tierra conseguía detener el vacío que se adueñaba de sí misma. La última opción era el fuego del sol, sus llamas deberían de llevarla al regazo de su príncipe tras la definitiva muerte y todo el dolor cesaría. Simplemente no existiría. ¿Y porque no? Se preguntó la joven acariciando y llevando el cuerpo del último caído más contra ella, buscando una compañía que le había sido negada y que encontraba con los cadáveres. Una lágrima carmesí terminó a romper en la mejilla blanquecina del difunto y con horror Aidara observó como la ilusión de su príncipe se rompía a medida que la lágrima recorría el rostro del muriente mortal. Parecía ser aquella lagrima la diferencia entre la realidad y la fantasía y a medida que descubría a la princesa el rostro autentico del joven más lagrimas acompañaron a esa primera. Ante ella el rostro de Violante desaparecía sin poder hacer nada para conservarlo más que permanecer viéndole hasta que fuese demasiado tarde, como cuando murió e impotente, atrapada en su propio poder fue incapaz de socorrerle; de morir por él o con él.

Viendo el último rastro de su príncipe en esas facciones frías e inexpresivas tras el frío dolor de la muerte, se meció con el cuerpo junto a ella grabándose aquel íntimo encuentro que se repetía cada vez que un joven con un parecido a él tenía la mala suerte de cruzarse en su camino y lloró en silencio. Las princesas jamás lloran Le repitió su madre en la boda cuando emocionada echó a llorar frente a ella y quienes la alistaban para su gran noche. Y así era, no podía llorar y no lo haría. Ya no lloraría como antaño… Su llanto se había quebrado y no había sonido posible que pudiese salir de su garganta. La única forma que le quedaba eran las lágrimas rojas que cruzaban su pálida y perfecta piel de mármol. Aquella era su penitencia. Podía ser bella, más hermosa que cualquier otra mortal, no obstante, todo ello… ya nada le importaba. Solo seguir en su búsqueda, buscando en la sangre de los demás el atisbo de su maestro; su sombra, sus infinitos recuerdos.


*Continuación el primer flasback tras descubrir que su victima, no es su principe.


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Re: Redención y salvación. [Flashbacks de una princesa]

Mensaje por Aidara Dupont el Lun Ago 22, 2016 5:25 am

No había tortura posible
a una alma como la de aquella
que ya no lloraba por los ojos,
sino por el alma.


Frío. Vacío. La joven ya hacía tiempo apenas existía, sobreviviendo entre ratas y alimañas en lo más oscuro y recóndito de la sociedad. Escondida en los bajos del teatro donde se esconde desde un largo tiempo atrás, su existencia se asemeja a un eterno invierno desde hace más tiempo del que quisiera ella pensar. Dos años son ya los que lleva en esa situación… Dos años en los que jamás dejó de buscarle. Ni un solo día dejó de salir en su búsqueda, llamándolo desde su soledad, desde los silencios de sus paseos. Siempre llamándolo. Y a pesar de que no era una gran rastreadora, ahí siguió intentándolo por su príncipe. Por su amado. Y en su vinculación inmortal; su maestro y protector. El único que existía para ella y a quien necesitaba tanto.

Los primeros meses presentan ahora lagunas en la mente de la princesa. El camino jamás fue fácil y en su desesperación la locura atajo su alma enloqueciéndola. Tras la muerte de la familia y la visión de su príncipe envuelto por las llamas del sol terminando en cenizas, rápidamente huyo del castillo desesperada por encontrarle sin poder aguantar el dolor de su ausencia y muerte allí donde fueron tan felices y en donde todo comenzó para ella en la noche de bodas. Para Aidara quien jamás antes desde el beso de la muerte había salido sola al exterior, no fue tarea fácil. A pesar de ello, tras unas semanas en los Países bajos, recorrió ciudades en su búsqueda incesante deteniéndose solo para alimentarse de cuyos jóvenes se parecieran a su príncipe, pensando quizás en su enferma locura que de esa forma estaría más cerca de él… de vuelta a sus brazos, a aquel amor tan intenso que ambos inmortales se profesaban. No obstante por más jóvenes que probara, por más parecido que les encontrara con Violante, al final del beso sangriento que les otorgaba, de la fría muerte, él jamás aparecía. Ni en otros labios, ni en otra piel, ni en su mente lograba hallarlo. Solo la visión de sus cenizas permanecía en su memoria, la que al paso del tiempo fue astillándose en grietas irreparables hasta convertirla en alguien irreconocible; un bello ángel cuya sombra custodiaba la muerte. La muerte que noche a noche no únicamente se cernía sobre sus víctimas, sobre sus propias fantasías, si no la que ahora también la perseguía a ella en forma de inquisidores, otros vampiros e inclusive guardias humanos.

En los últimos meses se había ganado una mala reputación desde que la desaparición de Victoria la había sumido aún más en aquella eterna soledad, que en compañía de la otra neófita había disminuido considerablemente por los meses que estuvieron juntas. Victoria era como ella; una neófita que había encontrado una noche escondida en uno de los almacenes de un teatro y con quien desde aquel momento había pasado gran parte de su tiempo. Hasta por aquel entonces en en su compañía se controló de la sed de sangre que la acosaba normalmente y tanto como las visiones, como su tristeza pareció disminuir. En ocasiones regresó la princesa de antaño y sus remordimientos. La sonrisa de nuevo apareció en su rostro y el sonido de su risa se dejó escuchar brevemente, no obstante, una noche tras salir a cazar y regresar a su escondite no encontró rastro alguno de Victoria. Ni en esa noche, ni en las siguientes apareció para dar señales de vida y lentamente con esa ausencia permanente de su amiga, Aidara paulatinamente volvió a dejar que su mente volviera a enloquecer, ya que perdida y desconsolada, las sombras parecían ser su más y mejor aliada. A veces era más fácil dejarse llevar, que luchar por la cordura.Y ella, se había vuelto excelente en ello.

Por esa misma razón esa noche no había cavilado pensamiento alguno de por qué deseó ir a cazar a la plaza Tertre, como tampoco había tomado medidas más que la de esconderse en una oscura capa para prevenirse de aquellos que ahora la buscaban en busca de su eliminación. Solo podía pensar en la sangre que fluía del cuello de su víctima y en aquel agarre en que lo sometía contra el frío suelo de la gran plaza. Escondida entre las sombras de la plaza y las edificaciones, se encontraba en compañia de quién antes había sido un joven cuyo futuro parecía prometedor y ahora apenas era un cascaron vacío. Su voz se había extinguido hacia unos minutos y lo que antes era un intento en vano de gritar por ayuda, era ahora un gorgoteo de la sangre caer al suelo. Las manos de la princesa dejaron el cuello ajeno revelando ante sí las evidencias de su crimen. Al pobre joven le había abierto el cuello a mordiscos y no contenta con eso, perforó con sus colmillos el pecho masculino imitando a cuando Violante; su esposo, se había alimentado de ella de esa intima forma en el pasado. Pocos recuerdos tenían sentido e n su mente, solo los de ella y los de su amado tomaban forma hasta hacerla delirar en aquella búsqueda de sentir, vivir aquello que recordaba. Aquello que el fuego se había encargado de hacer desaparecer.


*Desaparición de Victoria


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Re: Redención y salvación. [Flashbacks de una princesa]

Mensaje por Aidara Dupont el Sáb Sep 24, 2016 6:21 am



Perdía el rumbo, la consciencia. Lo perdía todo de vista mientras sus labios se unían a los de aquel muerto, victima de sus más sangrientos deseos. Jamás habría deseado que Violante la viera de aquel modo y de haber seguido en su palacete y él seguir con vida, habría seguido con la estricta alimentación que se imponía en la cual solo podía alimentarse de Violante y de su sangre, dejando así que fuera él quien cazara por ambos y luego le ofreciese parte de su fuerza en aquel acto íntimo que desde el primer momento compartieron. No obstante en esta vida nada terminaba saliendo como uno deseaba y tras aquellos dos años de búsqueda, de locura intermitente entre sus fantasías y sus visiones, de haberle dicho alguien que su príncipe la vería se habría reído y luego roto el cuello del desdichado mortal capaz de mentirle de aquella vil forma.

— ¿Por qué vil demonio te ocultas en estos cuerpos y me vuelves a mí, una fiel cómplice de vuestros designios?— Preguntó acariciando aquel maltrecho cuerpo bajo ella, aquel cuerpo en el que antes había contemplado a su amado. Sin embargo, en el que ahora solo había rastro de la muerte y de la decadencia. Los ojos azules de la joven fueron hacia el rostro del muriente y al encontrar otros ojos que no eran los de él, colérica apretó la mano contra el corazón inerte del joven reduciéndolo a polvo. Tras unos segundos alzó la mirada hacia el cielo oscuro que la cubría y dejó sus ojos fijos observar el relieve de aquella media luna que de nuevo parecía burlarse de ella. Ella en esas noches se había convertido en su inseparable cómplice, en la luz de sus delirios, pero tambien en su mayor enemiga. Como más lunas viesen la sangre derramada por sus manos, más noches se interpondrían entre aquel último recuerdo que mantenia de Violante. Y cómo más tiempo pasase, más aletargado en su mente se encontraria aquel momento que terminaria extraviandose en el olvido al paso de los tiempos, hasta hacer como si él jamás hubiese existido.

— ¿Por qué me enviáis sus réplicas? ¿Por qué insistís en profanar su memoria? ¡¡Lo quiero a él!! ¡¡Devolvedme a mi príncipe!! Solo él podrá silenciar tu voz, calmar esta sed ¿¡Por qué maldito Dios… maldito infierno, por qué no me abandonáis también vos!?—Gritó fuera de si tomando en su otra mano el cuello frío del joven muerto y reducirlo a astillas en sus propias manos. Un amasijo de huesos y sangre. — ¡Iros y dejadme que le olvide! ¡Iros y dejadme perecer en los eternos fuegos del infierno al que me habéis condenado! Jamás querré su sombra; le quiero a él. — Se lamentó bañando sus mejillas con el dulzor de su linfa. La princesa lloraba y al bajar de nueva cuenta su mirada frenó toda lágrima al descubrir ante sí el rostro de su amado. Otra vez el diablo jugaba con ella y su mente cooperaba mostrándole aquello que tanto ansiaba, más que incluso la indolora muerte. Su Violante de regreso; junto a ella.

— Dulce tormento el de las llamas amor que te separaron de mí y amargo el desvelo de mi corazón al saberte muerto… Si solo pudiera morir en tus brazos, jamás moriría en vano, pero ahora… Miradme. — A medida que las palabras nacían de sus labios, se agachó al lado de aquel cuerpo en el que veía a Violante terminando por acariciar con sus labios manchados de carmín su suave mejilla. Recorrió su mandíbula con los mismos y terminó por besar sus labios, exhalando un suspiro helado contra ellos. —Estoy perdida sin tus manos y sin tu amor… Buscándote, soñando que estas frente a mi… soñando, que estos labios que beso son esos labios de los que me diste de beber. ¿No os parece patético? —Una breve sonrisa fugaz apareció en su rostro al decir lo último y de nuevo besó aquellos labios. Porque a pesar de que una parte de sí misma sabía que aquello era otra prueba más, otro juego más de aquel diablo que la había condenado a vagar por el mundo sin más que su compañía, la otra parte no podía dejar escapar la ocasión de ver y besar la razón de su existir.

*Desaparicion de Violante 2


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Re: Redención y salvación. [Flashbacks de una princesa]

Mensaje por Aidara Dupont el Mar Nov 01, 2016 3:26 am

La desesperación era el mayor dolor de la neófita y lo que peor llevaba, aún tras esos dos años, seguía luchando contra aquella enfermedad que demasiado rápido se adueñaba de cada parte de ella y de sus recuerdos. Por eso al sentirse apartada de los labios de aquel Violante de sus fantasías, gruñó feroz y pataleó agarrándose firmemente al cuerpo frío de su víctima, negada a soltarlo. Negada a abandonar a su Violante. La fuerza de quien osó interrumpir su momento de privacidad la superó en creces y tras unos segundos tratando de resistir terminó siendo alejada del cuerpo, dándose el fin entonces de su macabra visión. La joven jadeó y con los colmillos sobresaliendo de sus labios, con restos de sangre en sus labios que se relamió enseguida pasó unos segundos con la mirada baja. El cabello tapando la visión de su rostro furioso y sus ojos destellantes hasta que la voz ajena la sobresaltó y resuelta a descubrir el culpable de aquella intromisión se paró inquieta, relajando notablemente sus rasgos dementes al verlo. ¿Podía ser él? Sus ojos no daban crédito y parpadeó confundida, centrándose en sus palabras esperando que así la fantasía cesara y la dejara en paz.

— ¿Entregarse al sol? Allí solo descubriréis dolor y cenizas… lo mismo que terminó con la vida de mi príncipe a quien veo en cada rostro de los mortales de los que me alimento. Buscad mejor a vuestra princesa, pues quizás siga buscándoos como yo busco al… m-mío. — Su voz tembló al buscar la mirada del vampiro contra la suya y ver que aquel hombre era la misma copia exacta de su príncipe, su violante. A cada segundo la perfección de Violante se materializaba frente a ella, haciéndola dudar, enloquecer. La joven neófita frunció el ceño y en su interior gritó por aquella infamia. ¿Cómo podía querer dios seguir atormentándolo todavía más? ¿No tenía suficiente con la carga y el dolor que la consumían?

Sus ojos resiguieron el rostro del vampiro, de su Violante y adivinó en su apariencia el abatimiento, el desespero y hasta la derrota en sus facciones. ¿Podría ser que de resultar real aquella visión su príncipe se viera de esa forma? ¿Tan derrotado se encontraría por no encontrarla que sería capaz de abandonarla entregándose al sol de nuevo? Aidara negó rotundamente. No creía a su príncipe, a su maestro capaz de darla por muerta y abandonarla así a su suerte. Ella por más que reviviera cada noche al despertar la visión de su muerte, seguía buscándolo, a pesar de la tristeza ahí seguía y aquel vampiro, aquel que se presentaba ante ella como el gemelo de violante, una copia demasiado exacta se había dado por vencido. Justo lo que ella se negaba a sí misma. En el amor la huida siempre era el camino más fácil y ella no era una cobarde. Jamás se había considerado de esa forma y no sería esa noche en la que cambiaría aquel hecho.

Con decisión y desconcertada por las palabras del joven vampiro a quien creía Violante o una visión destinada a ser su perdición se acercó unos pasos hasta quedar frente a frente. Le estuvo observando y con decisión sin importarle los ojos llenos de odio con que la observaba, tomó rápidamente sus manos entre las suyas conteniéndolo de empujarla o dañarla. A pesar de que se dejaría golpear por Violante, en su mente creía remotamente imposible que aquel fuera Violante, no cuando ya lo había visto dos veces en una sola noche. Solo que en este caso sentía la llamada de su sangre, como si el demonio hubiese logrado convencer no solo a su espíritu, sino también a su propio cuerpo haciéndole ver que aquel era el portador de la sangre que la convirtió en lo que ahora era. Tras contenerle con firmeza aún con reverencia e intentando no hacerle daño, ignorando sus palabras bajó la mirada recorriendo su figura. Vio su cuello y aquel hueco intacto donde tantas noches se había alimentado y la ponzoña en su garganta ardió como lava viva.

— ¿Por qué Dios querría llevar ante mí la mejor y más viva ilusión de mi príncipe? Contestadme… ¿Tanto creéis que he podido pecar para que me veten y arrebaten el único consuelo que en esta eterna existencia y como mortal tuve? Creo que de existir Dios, él no dejaría que nos abordara este mal al alma, y de existir el demonio, él nos tendría hasta misericordia de este dolor que hiela la sangre… por lo que entonces supongo que Dios es solo un diablo disfrazado, como el lobo que se disfraza de cordero y alegre observa nuestra caída.— La joven aspiró su aroma y con total confianza se acercó hasta posar sus labios en la curva del cuello masculino sin intención de morder, solo de observar y resguardar la textura y tacto de su piel bajo sus labios. Era la primera vez que veía en dos años a Violante y aunque creyera todo aquello una fantasía poco a poco en su interior su mente volvía a recomponerse, sin creerse que aquella exactitud fuera producida por la maliciosa mano de Satanás. Suspiró contra su cuello y alzó de nuevo su vista, sus manos finalmente cedieron ante el agarre ajeno y dejó que él hiciera lo que deseara. Le cedió el control mientras sus orbes confundidos buscaban respuestas.

— ¿Quién sois? ¿Quién se esconde tras este disfraz?— Preguntó deslizando una de sus manos por la mejilla fría y blanquecina del inmortal, sonriendo en cuando pudo entrever sus colmillos asomándose entre sus labios. —Solo atisbo en vos la figura exacta de a quien busco, incluso tenéis los mismos labios y colmillos de mi maestro que me convirtió en una boda de ensueño, con la que siempre soñé y que ahora ya no recuerdo. ¿Sois también un príncipe como yo? Yo alguna vez fui una princesa y ahora me temo solo soy una pobre delirante que imagina que se encuentra frente a su esposo y amante. Llamadme loca y mordedme si queréis… con ese rostro que tanto consideré mío, no albergo miedo alguno, ni lo albergaré.

*Continuacion de la desaparicion 2'


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Aidara Dupont
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Re: Redención y salvación. [Flashbacks de una princesa]

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