Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El Peón Blanco y el Rey Negro. || Privado

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El Peón Blanco y el Rey Negro. || Privado

Mensaje por Pierre A. Dittmar el Dom Nov 22, 2015 10:59 pm

Aquel era el día para poner en marcha la otra parte de su plan, había conseguido casi todo lo que se ha propuesto pero solo le faltaba una pieza para comenzar la partida de su vida con el mismo Set; su apariencia no era la del habitual hombre al que suele “remplazar”, claro si remplazar se le puede considerar a la estafa y hurto de identidad que cometía con su familiar más próximo, sonrió al espejo complacido con lo que veía, se sentía más fresco al ser el mismo y no aquel ser despreciable.

El iba a ser el Rey y se lo demostraría a su madre, cueste lo que cueste sin importar la sangre derramada a su paso; al abandonar el hotel observa las calles y los pocos transeúntes de aquella mañana asoleada, algunos le regalan una sonrisa y otras damas unas miradas más detenidas, eso le agrada ya que ahora no tendrá que fingir algo que no es.

Sus pasos lo llevaron por las calles más elegantes de la zona parisina, la zona comercial, donde la actividad era más que fructífera, aun cuando eran las diez de la mañana, había mujeres y hombres en varios establecimientos, otros estaban abarrotados por la comida.

Los transeúntes no eran de una sola clase, habían desde los más ricachones de la sociedad hasta los más miserables y mendigos que pedían limosnas a aquellos que solo lo ignoraban, ver los cuadros tan perfectos y matizados imaginó un reguero de sangre con aquellos débiles e inservibles siendo el alimento del cancerbero, bajo las manos de Set siendo colocados como los esclavos al sostener el soporte de su trono. Tantas imágenes con él como le rey de aquel mundo, junto a su madre como su consorte y a otras mujeres más. Era el paraíso.

Caminando con la sonrisa de satisfacción observaba a las mujeres, muy atento porque de una de ellas dependería su plan, una pieza, solo un peón le faltaba y lo busco hasta que sus ojos se posaron sobre los cabellos castaños de una melena ondulada y mirada como extraviada.

Fingió un encuentro muy casual al chocar con la castaña de manera abrupta.

—Oh, disculpe, no la había visto señorita ¿se encuentra bien, no ha sufrido daño alguno?—

La toma de los hombros para evitar que se caiga observando aquellos ojos directo, como si estuviera preocupado por ella.

El engaño se estaba tejiendo lentamente.

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Re: El Peón Blanco y el Rey Negro. || Privado

Mensaje por Audrey Browning el Jue Nov 26, 2015 10:29 pm

Reconstruir una vida que aparentemente ya no tiene manera de arreglarse es algo terrible. Tan terrible que lo único que deja en una persona es la sombra de lo que fue en el pasado. Así se siente Audrey, una sombra. Primero fue enviada por su familia mediante mentiras a París, todo para encontrarse con la sorpresa de que su prometido estaba vivo pero enfermo, tan enfermo que solo algunos meses después de la llegada de la inglesa, él había fallecido haciendo que Audrey creyera que se libraría de todo y así seria capaz de regresar a Inglaterra. Triste resulto la realidad, pues las indicaciones que llegaron de parte de su familia fueron que tenía completamente prohibido regresar a su hogar así que no tenía más opción que permanecer en aquel lugar que aún no conocía bien y lo único que la hacía sentirse segura es que la casa de su prometido había sido entregada a ella, teniendo al menos, un lugar donde vivir.

Desde que recibiera la indicación de permanecer en París habían pasado ya tres semanas y la inglesa no había dejado aún la mansión que le fue obsequiada. Su piel lucía más pálida de lo normal y había adelgazado bastante debido a su carencia de apetito así que al mirarse al espejo decidió que ya era suficiente de sufrir por culpas ajenas, debía levantarse y lucir orgullosa como hasta ese entonces había hecho. Estaba decidida a retomar las riendas de su vida y hacer todo cuanto estuviese a su alcance para lograrlo. Así pues, la inglesa se vistió con un vestido verde oscuro, arreglo sus cabellos y coloreo sus mejillas antes de salir para tomar su carruaje, el que tenía la indicación de llevarle hasta la zona comercial donde se daría a la tarea de buscar un poco de distracción para su mente.

Una vez que Audrey bajo del carruaje, comenzó a andar sin rumbo fijo pues pese a los meses que levaba en París, a la Browning aún le costaba ubicarse; la inglesa se limitaba primeramente a observar de un lado a otro, tratando de memorizar las calles y no olvidar el lugar donde el carruaje regresaría por ella, así pues, apenas se había alejado algunas calles cuando gracias a la distracción en que se mantenía, choco contra algo o más bien dicho, alguien. Todo aquello fue tan repentino que Audrey noto como es que perdía el equilibrio y entonces, cerró los ojos para enfrentar el golpe que creía vendría al estrellarse contra el piso, sin embargo, unas manos poderosas le tomaron por los hombros e impidieron la desgracia. Los ojos de la inglesa se abrieron de golpe y una sonrisa fue dedicada al hombre que la miraba y aún le sujetaba firme de los hombros.
Me encuentro muy bien, gracias y no se disculpe – agacho entonces la mirada y suspiro antes de mirarlo – soy yo la que ha andado de manera distraída. Tan solo espero no haber importunado sus actividades con mi torpeza – usualmente no era tan torpe y se sentía avergonzada por mostrarse de esa manera ante un hombre que parecía tan amable y además, tan apuesto. Lo malo de aquel encuentro que parecía escrito por el destino es que no todo era lo que parecía y la oscuridad se encontraba en las personas menos pensadas.



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Re: El Peón Blanco y el Rey Negro. || Privado

Mensaje por Pierre A. Dittmar el Mar Dic 22, 2015 11:15 pm

Aquello por lo que había peleado al punto de maquinar un plan tan bochornoso y poco moral, se estaba dando de manera sencilla, algo que en los adentros podridos de aquel ser de júbilo se llena. Sonrisa falsa en muestra de un alivio que jamás existió es lo que muestra a los ojos de la joven que ha servido a sus intereses, por el momento y ante el resto que observa impávido como el caballero ayuda a la damisela.

Puras falacias, viles y crueles

Un suspiro suelta en el momento preciso que sus manos sujetan con firmeza los hombros de la muchacha incrédula, a la que paulatinamente iba soltando como si con ello constatara realmente su buen estado; aunque para él eso era lo de menos ya que era el primero en querer arrojarla al suelo solo para su propio deleite, más eso sería en otra ocasión y quizás con otras féminas. Barrió de su mente el pensamiento fugaz cuando devolvía la sonrisa a la mujer extendiendo la mano para que ella le permitiese poder besarle el dorso

Hora del juego

Manifestó en su mente aquellas palabras silenciosas; se acercó más a la joven estando frente a frente, tanto así que sus pies chocaron uno contra otro, en su rostro no había rastro alguno de broma o burla hacia la mujer, aunque de ello ya estaba acostumbrado a ocultar.

—Y si le digo que si ha interrumpido mis actividades ¿Qué haría señorita?—

Mantiene el semblante serio mientras habla, las personas alrededor de la calzada se han olvidado de ellos, al menos unos cuantos, que continúan con sus actividades mientras otros se mantienen expectantes a los pasos de ambos desconocidos.

La mirada endurecida del hombre, los labios entreabiertos como si fuera a decir algo más, más no emite sonido alguno solo un suave y muy ligero suspiro, que retoma al aspirar el aroma de la mujer; sus ojos se clavan en los de ella tan claros deseando atravesarle el alma hasta la destrucción de esta. Su porte alto en menos de media cabeza de la mujer, siente la brisa acariciarles a ambos llevándose el aroma de la mujer frente a él y mezclándolos a ambos con el suave tinte de la contaminada ciudad.




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Re: El Peón Blanco y el Rey Negro. || Privado

Mensaje por Audrey Browning el Mar Ene 26, 2016 10:51 pm

Ella no era tan débil, nunca lo había sido y no debía serlo. Audrey necesitaba volver a ser la muchacha segura y fuerte que siempre fue y que mejor que comenzar una nueva vida que rodeandose de personas nuevas, también era indispensable que se olvidase de toda su vida hasta aquellos momentos y se decidiera a comenzar desde cero. París no era precisamente la ciudad en que deseaba vivir pero no tenía más opción que acoplarse al lugar, algo que hasta aquellos momentos se rehuso a llevar a cabo o que mejor dicho, no le había convenido hacer.

Asi pues, dispuesta a enfrentar su nueva vida es como salió de su mansión, únicamente para sentirse más torpe y patética al estrellarse con un hombre. ¿No se había dicho que debía dejar de mostrarse débil? Y ahora, frente a aquel ejemplar masculino no solo se mostraba débil sino además torpe. ¿A qué demonios estaba jugando? Siguiendo de esa manera nunca recuperaría las riendas de su vida.

Avergonzada de si misma y su manera de actuar, sonrió al extraño y a su manera le pidió disculpas por los inconvenientes causados.
- Ahora si me disculpa - creyendo que con sus palabras todo llegaba a su fin, la inglesa trató de avanzar solo para encontrarse con que la distancia entre ella y el hombre disminuía de manera dramática. Los ojos de Audrey fueron a encontrarse con los ajenos y su respiración quedo contenida. Aquellas palabras que salían de los labios del desconocido la tomaban definitivamente por sorpresa, tanto que debió aguardar unos instantes antes de soltar el aire y con ello recuperar algo de seguridad que hasta aquellos momentos parecía extinta en ella. La inglesa cruzó los brazos y no apartó la mirada de aquellos ojos que daban la impresión de devorarla - en ese caso me deja sin muchas opciones - la brisa acarició sus cabellos y una sonrisa apareció en sus labios - me corresponde ayudarle en lo que pueda para resarcir el daño que he causado - sus palabras suenan seguras - Así que… Audrey Browning, lista para acompañarle y ayudarle en lo que necesite, al menos por este día - asegura sin saber que se lanza a si misma al peligro.

La inglesa se muestra dispuesta, una buena samaritana lista para ayudar a otros mas sin embargo, Audrey jamás hace algo sin esperar una ganancia y de aquel encuentro pensaba obtener algo grande, solo que para su desgracia no es la única que piensa de esa manera.


Última edición por Audrey Browning el Vie Feb 26, 2016 11:05 pm, editado 1 vez



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Re: El Peón Blanco y el Rey Negro. || Privado

Mensaje por Pierre A. Dittmar el Lun Feb 22, 2016 11:21 pm

Mejor que pedir de boca, no pudo darse las cosas para aquel que simplemente estiraba su mano hasta tocar el rostro fino y perfilado de la joven presa, de la dama que se entregaba a ciegas a las fauces del lobo; la marca de una sonrisa que se dibuja en aquel rostro, una que se marca de lado apenas visible y que no era para nadie más que no fuera la mujer de cabellos castaños.

Sostuvo el mentón con el pulgar e indicie elevando aquel fino rostro a la luz, una luz cegadora como el sol pero que para él demostraba el carácter de la joven, y justo era el que buscaba, aunque ¿realmente ella tenía lo necesario para ser su peón? Era lo que se preguntaba una y otra vez cuando el rostro de la joven viajaba de lado a lado.

Con un suspiro dramático como representación de alguien que no podrá recuperar aquel objeto perdido, pero en su caso no había objeto alguno, no había nada y aun así seguía con la farsa entablada

—¿Solo por un día, Audrey?— La tutea olvidándose el decoro y la buena clase.

—El daño a resarcir es muy grande, con un día no basta, pero si ya que quieres hacer una obra de caridad como los demás malditos mentirosos, aceptar. Mejor mediocridad antes que calidad ¿no es verdad Audrey?—.

Le da la espalda a la joven, sonriendo por delante pero se borra cuando mira por sobre su hombro con aquella mirada de desprecio, aquella forma de ver que tiene cuando recuerda a aquel ser que ha ganado todo su odio ¿por qué la mira así? Parte de su juego y de su plan.

—Al parecer tú también eres igual a ellos, tan débil que no es capaz de entregarse la aventura y adrenalina e la vida por miedo, ay ay ay, otra mujer que vive de su fragilidad, que pena que no pueda encontrar personas que quieran vivir de nuevo, como yo, que quiera otra oportunidad de vida y cambio, pero no importa Audrey, tu ayuda por un día bastará, pero ¿estás segura, no te arrepentirás luego? Mira que dicen que entrar a ciegas al infierno no es bueno—.

Enarca una ceja mirándola de pies a cabeza como si valorara el que ella tuviera alguna pizca de valor para su plan, se cerciora de que fuera perfecta para lo que tiene pensado y que ella ejecutará días tras día.



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Re: El Peón Blanco y el Rey Negro. || Privado

Mensaje por Audrey Browning el Lun Feb 29, 2016 9:43 pm

Como su la sola presencia de aquel hombre no le resultara imponente, la mano masculina fue a tocar su rostro y una vez más, la respiración de Audrey quedó contenida. Sus ojos se mantenían fijos en los ajenos y trató de calmarse, respirar de manera tranquila y no volver tan evidente las sorpresas que enfrentaba ante cada una de las acciones y palabras del hombre. La mirada masculina estaba clavada en la suya y pese  a haberse ofrecido ella a acompañarle a manera de disculpa por su torpeza, aquel hombre no respondía a su ofrecimiento por lo que la inglesa comenzaba a creer que pronto sería completamente libre de seguir su camino.

Un suspiro salió de los labios masculinos y su nombre es pronunciado, era la primera vez que alguien a quien no conocía le hablaba tan despreocupadamente y aunque en otras circunstancias aquello le hubiese parecido algo de mal gusto, a ella le agrado como se escuchaba su nombre en los labios ajenos.
¿No le parece suficiente un día? – cuestiona recibiendo la respuesta demasiado rápido. Una respuesta que por cierto a ella no le agrada. Audrey siempre hacía lo mejor para si misma, fingía ser algo que no era ante la sociedad y fue por eso que la palabra “mentirosos” le llegó de manera directa. Ella no era mediocre, era una mujer capaz de dar todo cuando quería y estaba decidida a no mostrarse débil ni inferior ante un hombre como aquel que no la conocía y solamente la juzgaba, como si ella fuera igual a todos los demás. Audrey era mejor –No, eso no es verdad.

Lo que decía pareció ser ignorado por completo ya que el caballero le dio la espalda, haciéndole sentir una burla, alguien que no tenía valor suficiente para ser escuchada a terminó. Sin embargo, fue el momento en que la observara por sobre el hombro lo que acabó de quebrar a la inglesa por completo ¿Quién se creía aquel hombre? Ella no merecía ser tratada de esa manera y mucho menos observada así como él lo hacía. Llena de valor y decisión avanza hasta quedar más cerca de él, sus ojos no se apartan de los ajenos y una sonrisa de medio lado aparece en sus labios.
Yo no soy igual a ellos, nunca lo he sido y nunca lo seré – se encoge de hombros y observa a un lado y otro – Si bien es cierto que no me he entregado a vivir la vida por completo puede estar seguro de que no es por miedo – Y claro que no, Audrey después de todo era capaz de enfrentarse a cualquier demonio, era solo necesario que encontrase la fuerza que había perdido a llegar a Paris y con aquel ejemplar masculino, creía que sería capaz de hacerlo. Él le ofrecía después de todo, una libertad que nunca había experimentado, haciendo todo siempre por el bien de su familia y el orgullo de ellos, ¿Qué había ganado ella por todos sus sacrificios? Solo mentiras y una vida abandonada en una ciudad que odiaba – Y no me diga que mi ayuda bastará solo un día, que ya veremos cuantos son necesarios – sin mostrar arrepentimiento o temor por sus palabras, observa con orgullo al hombre – Muy segura y descuide, yo nunca me arrepiento así este tratando con el mismo Lucifer – un suspiró sale de sus labios entonces  – y ahora… ¿Qué vamos a hacer? – Iba a vivir de nuevo, así tuviera que romperse a si misma antes de eso.



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Re: El Peón Blanco y el Rey Negro. || Privado

Mensaje por Pierre A. Dittmar el Vie Abr 22, 2016 6:29 pm

Por ahí predican que siempre que se ataca a alguien de manera inversa se logra un efecto deseado, y eso era lo que aquel lobo disfrazado de oveja estaba presenciando de primera fila; su rostro contemplaba la farsa de un asombro mal plantead por las palabras de valentía de la mujer, pero en el fondo aullaba de forma alegre por haber logrado su cometido, sobre todo por cómo se iban dando las cosas lentamente, como cada pieza del lado del tablero se iban acomodando.

Con un alivio del que da gracias a los cielos con su mirada de farsa y engaño, aferra las zarpas con sus dedos presionando la cintura de la mujer, sus fauces acercándose peligrosamente al cuello fino y bien cincelado de la dama que como un abrazo se tiñe de sangre y pacto

—Oh Audrey me has hecho el hombre más feliz del mundo, Audrey, Audrey. Eres tan valiente que quisiera besarte hasta dejarte esos labios hinchados— la suelta sonriéndole tomándole la mano para dejar un beso en el dorso de su mano.

—Audrey, debes entregarte a la vida, no temas, no pienses en las consecuencias en ese momento y menos en el que dirán las personas, por ejemplo si ahora te pido que me beses delante de todos, ¿lo harías?— le sonríe con la ceja enarcada esperando por la respuesta de la joven.

Lo que más le gustaba era llamarla por el nombre, sobre todo porque para él le parecía más correcto llamar así a todas las mujeres que se cruzaban a su paso, excepto a su madre. Miró a los ojos de la jovencita acariciándole con el pulgar la mejilla de ella negando lentamente

—No podrías hacerlo, pero está bien lo entiendo mejor que nadie lo que sientes Audrey, tranquila, conmigo no tendrás que aparentar ni esconder nada, porque no hay nada de malo en mostrarse como es frente al mismo demonio como yo— guiña el ojo extendiéndole la mano para dar comienzo al paseo

—Por el momento podemos dar un paseo por aquí hasta dejarte en tu casa ya bien tarde en la noche, quizás podamos ir al teatro, a cenar, o quizás a mi habitación de hotel para que veas la bella vista de la ciudad en la noche, o que tal caminar por costa en la playa, será todo el día de hoy y quizás nos dejemos otro lugar para otro día y así terminaremos en al semana, mes o año— sujeta con fuerza aquella mano delicada, una fuerza sobreprotectora engañosa.




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Re: El Peón Blanco y el Rey Negro. || Privado

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