Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Bad Luck [Privado]

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Bad Luck [Privado]

Mensaje por Zéphyr C. Bonnet el Mar Dic 15, 2015 2:28 am

"El mundo es circular, así dicen los caminantes,
Y aunque se afanen en una ruta derecha,
Trabajosa, penosamente en una marcha estrecha,
El mismo camino los traerá de vuelta."
—A.E. Housman.




Los plenilunios eran los días más odiados de Zéphyr, se la pasaba todo el día de mal genio y con pocas ganas de hacer cualquier cosa, así fuera levantar una paja. No era tan fácil para él lidiar con la licantropía y más siendo tan novato. Apenas llevaba unos dos años, como mucho. Ernest, lo ayudaba en lo que podía y eso hacía un poco más soportable aquel karma que lo consumía cada mes. Tal vez ese sería su castigo por dedicarse a arrebatarle la existencia a otros o por simplemente dejar que su alma se consumiera por una venganza que cada día iba tomando menos sentido.

La sensación era terrible, como si algo desde su interior quisiera desgarrar sus músculos y romper sus huesos. Hasta que finalmente, aquello en su interior se liberaba, opacando los pensamientos de Zéphyr y convirtiéndolo en un desconocido para él mismo. Se veía en la obligación de huir a los bosques, pues, eran los lugares más seguros para un licántropo en París. Ahí era en donde al llegar la hora adecuada, perdía toda conciencia y el dolor en su cuerpo se volvía insoportable, mientras iba haciéndole espacio a la bestia; él no era capaz de reconocer quien era. Simplemente, pensaba en huir de sí mismo hasta los confines de aquel bosque oscuro, que lo acogía con notas silenciosas y efímeras.

Quién sabe cuánto tiempo duraría aquel hechizo terrible que lo dejaba bajo la sombra de la ignorancia, como si hubiera caído en un letargo temporal. Su mente apenas guardaba momentos pasajeros de lo que sus ojos observaban durante aquel recorrido por el paraje solitario. Zéphyr sólo era un sombra de aquel mosntruoso ser que se apoderaba de su humanidad.

Se sentía horrible ser un monstruo y todavía no comprendía del todo como algunos se sentían orgullosos de serlo.

Apenas pudo abrir sus ojos, entonces dejó escapar un bufido de su boca, mientras intentaba reconocer en donde se hallaba. De nuevo estaba en algún lugar aislado del bosque, quizás cerca de los pantanos. Podía sentir el olor tan propio de la tierra húmeda y de las hojas marchitas. Aún conservaba imágenes borrosas de todo lo ocurrido durante la oscuridad. Por suerte, ya aquel tormento había finalizado con las primeras horas de la mañana. Zéphyr estaba profundamente agradecido y aliviado; al menos la parte más terrible de ese mes había quedado atrás.

Respiró hondo y volvió a cerrar sus ojos, no tenía la fuerza para ponerse de pie y de seguro ya sus compañeros estarían en su búsqueda. Pero no pudo mantener la paz demasiado tiempo, su conciencia no había despertado del todo y con los sentidos aún dispersos, creía escuchar la voz de alguien, muy cerca. Por un instante creyó que se trataba de su imaginación, sin embargo, al girar su cabeza e intentar acomodar su cuerpo, se dio cuenta que no estaba completamente solo.

—Pero que... Demonios. Baja la voz, me estás taladrando la cabeza —masculló con molestia, sin estar seguro a quien le hablaba si es que alguien estaba ahí.




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Re: Bad Luck [Privado]

Mensaje por Priscila Catrice el Sáb Dic 26, 2015 11:51 pm

¿Qué le había llevado a los bosques en fechas tan peligrosas? La respuesta era bastante sencilla. Priscila había olvidado por completo el hecho de que esa noche sería luna llena así que en busca de un lugar pacifico donde redactar algunos poemas, la cambiante se adentro en las zonas boscosas. No fue sino hasta que la luna comenzó a brillar en lo alto del cielo, que la italiana se percato de la situación en que se encontraba, aún así, opto por omitir completamente el hecho de que esa noche, era noche de lobos, después de todo dudaba seriamente de que alguno de esa clase llegará hasta ella y de ser así, solo tendría que transformarse y escapar. Las huidas eran algo realmente sencillo para una cambiante como Priscila, quien cambiaba a formas de roedor, algo que le daba mucho más seguridad al momento de enfrentarse con oponentes como licántropos ya que únicamente debía ocultarse el tiempo suficiente dentro de troncos o sobre árboles.

Si bien gran parte de la noche pareció transcurrir en calma y la poeta logro redactar algunos textos, la inspiración e incluso sus poemas pasaron a segundo termino cuando frente a ella apareció uno de esos seres con los que creyó imposible toparse. Por unos segundos tanto ella como el enorme licántropo se mantuvieron inmóviles pero fueron los pasos en dirección a ella los que hicieron que dejará abandonados sus textos y su cuerpo tratara de iniciar una transformación que no pudo completarse pues el lobo resulto más veloz de lo que ella espero y el cuerpo de la italiana fue impactado por una de las garras de la bestia aquella, provocando que se estrellara abruptamente contra un tronco cercano, antes d ser nuevamente atacada. En la desesperación de un momento como aquel, Priscila se concentró en tratar de esquivar los ataques del licántropo y conseguir un lugar donde ocultarse para completar una de sus transformaciones, algo que parecía ser una tarea sumamente complicada teniendo al lobo prácticamente sobre ella y uno de los costados heridos. El cuerpo de la cambiante italiana fue golpeado y lastimado más de una ocasión por la bestia sirviente de la luna, de hecho, la poeta creía que no sería capaz de poder evadirlo lo suficiente como para ponerse a si misma a salvo; esa idea se volvió más una realidad en el momento en que su cuerpo acabo cerca de un árbol, con la figura del lobo prácticamente sobre ella y con las fauces abiertas, dispuesto a eliminarla de una buena vez por todas pero la suerte la sonrió a la cambiante y gracias a la distracción provocada por un aullido cercano, el licántropo aquel se alejo un poco, permitiendo finalmente que el cuerpo de Priscila cambiara a una de sus formas animales y dándole la posibilidad de que se ocultara entre las raíces del árbol contra el que antes estuvo acorralada. Una vez que el licántropo perdió interés en lo que fuera que había rondado cerca, se volvió en dirección a donde antes estuviera la poeta y olisqueo el sencillo vestido de Priscila, que ya para esos momentos era más un harapo.

Cansada, herida pero sobre todo exaltada y molesta por lo acontecido, permaneció cerca del licántropo aquel lo que restaba de la noche. Se mantuvo claro, escondida en su forma de ratón de campo, dejando que de esa manera las heridas causadas por el encuentro con el licántropo se curasen y no fue sino hasta que la luna desapareció dejando en su lugar al sol, que apareció un hombre en lugar del lobo y que la poeta abandono también su figura animal – ¡Eres un tonto, debería darte una buena lección ahora que estas en tu forma humana! – se acercó hasta donde se hallaba el desafortunado maldito, gritándole todo aquello y agitando las manos en el aire, sin prestar realmente atención a que ambos estaban desnudos, después de todo eso era natural entre seres sobrenaturales y más entre razas como las suyas. Ante la queja masculina, la cara se le enrojeció de la molestia – ¿Taladrando la cabeza? Casi me taladras a mi el cuerpo, salvaje – mencionó comenzando a mostrarle las heridas, las cuales se veían ya más como una herida grave de semanas que de apenas horas.



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Re: Bad Luck [Privado]

Mensaje por Zéphyr C. Bonnet el Jue Mar 17, 2016 2:03 am

Se sentía completamente agobiado y con su mente hecha un desastre; apenas lograba recordar sus últimos minutos de sensatez, antes de convertirse en una bestia y sumergirse en una ira incontrolable. No sabía, con exactitud, cuanto estuvo derrumbado sobre el manto de hojas secas, pensándose bien el hecho de tener que ponerse de pie, pues, los músculos le dolían y los huesos parecían que se le quebrarían con el más mínimo movimiento. Las noches de luna llena no eran precisamente las mejores, en realidad, era terrible tener que lidiar con transformaciones que no era capaz de controlar y mucho menos por ser tan joven. Zéphyr consideraba su naturaleza una maldición, pero igual, terminó resignándose a ella y todo gracias a la ayuda de Ernest. Tal vez, era una manera de compensar el hecho de que fue, precisamente, por pertenecer al clan, que aquel lobo lo mordió hacía un par de años.

Continuó acostado en el suelo húmedo del bosque, con la cabeza dándole vueltas, mientras su respiración iba regulándose poco a poco. Apenas estaba saliendo de la inconsciencia, cuando la voz de aquella mujer le hacía doler más los oídos; había tomado una actitud altiva y Zéphyr no estaba muy tolerante como de costumbre. ¿Cómo iba a estarlo si sentía que todo su cuerpo iba a romperse con el simple hecho de hablar? El día definitivamente no estaba empezando bien.

Sólo miró con desinterés las heridas de la muchacha y bufó; se sintió realmente molesto e indignado. ¿Cómo iba a saber a quién demonios iba a atacar o no? Estaba cegado por su naturaleza y por la influencia de la luna. No era del todo su culpa y ella lo señalaba, sin ponerse a pensar un poco en ello.

—Shhh... Baja la voz, ¿si? —Replicó, haciéndole un ademán con la mano, sin intenciones de moverse de donde estaba—. Y sí, quizás soy un tonto como dices, pero. ¿tú que crees? Ser licántropo no es lo más bonito. Aparte, ¿a quién se le ocurre pasear por el bosque de noche? Veo que a ti nada más.

Dijo tajante. No fue capaz de ocultar su mal genio; además, estaba siendo juzgado sin más, por aquella mujer. Zéphyr solía ser paciente, pero aquella vez, sencillamente, no podía. No había espacio en su cabeza para guardar la cordura y mucho menos si hallaban motivos para hacerlo enfadar. Era lamentable no poder controlar la licantropía y era por eso que se retiraba de todo rastro de civilización, para evitar lastimar a alguien. Sin embargo, la joven no comprendía  eso y se empeñaba en culparlo de todo.

—Oh, mira tú. Piensas aprovecharte de mi debilidad para vengarte. ¿Crees que es justo? Es como si atacaras a otro estando éste desarmado y tú portando una espada. Estarían en desigualdad y tu contrincante en desventaja —mencionó un poco antes de quedarse pensando detenidamente en lo que acababa de decir—. Lo lamento, no me siento con buen ánimo hoy y no lo estaré hasta después de varios días.

Y tenía razón, los efectos secundarios que le dejaba la transformación espontánea, no eran tan llevaderos. Así que, no pudo hacer a un lado aquella confesión. Le miró a la cara con una sonrisa ladina y por unos segundos creyó que le divertía la escena, así que sólo sostuvo con fuerza una de sus pantorillas, aprovechando la cercanía entre ambos; tiró para obligarla a flaquear y que cayera al suelo.  

No fue, quizás, lo mejor, pero era una manera para aminorar la tensión en el ambiente.




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Re: Bad Luck [Privado]

Mensaje por Priscila Catrice el Sáb Mar 26, 2016 11:51 pm

Aquel licántropo que antes hubiera tratado de matarla se atrevía en esos momentos a exigirle silencio, como si ella no mereciera que al menos soportara sus reclamos. Él no se daba cuenta de lo que sucedía mientras era una bestia, por el contrario ella estaba bastante consciente de todo lo que tuvo que atravesar para sobrevivir la noche, así le molestaba que fuera tan insensible, tan carente de sensatez como para pedirle una disculpa que hubiera entonces calmado toda la ira de Priscila. La poeta no era pues una persona de odio; se enojaba y deseaba lastimar a otros en el momento, pero todo se le pasaba pronto, ella no estaba hecha pues para herir a otros. Con todo y eso la actitud de aquel lobo le exasperaba, llevándola entonces a acercarse más y cruzar los brazos a la altura del pecho, observando el rostro del individuo que casi acababa con su vida.

¿Baja la voz? En serio me estas diciendo que haga eso – increíble, aquel hombre no conocía de limites, no conocía de modales, era simplemente una bestia. Alterada aún por lo acontecido, Priscila comenzó a soltar todo lo que llegaba a su mente en respuesta a las palabras masculinas – No es que quizás seas un tonto, lo eres de eso no existe duda alguna y yo no dije que ser licántropo fuera bonito, pero al menos deberías ser consciente ahora que estas en tu forma humana de que por la noche, has lastimado a alguien que no debías – resoplo – ten al menos la decencia de pedir una disculpa – soltó finalmente, esperando porque el mal educado pidiera perdón para que de esa manera, su día volviera a brillar. Contrario a la disculpa que espero, recibió un cuestionamiento que se negó a responder debido a que le hacía ver como una completa imprudente y despistada, siendo ese cuestionamiento además, lo que la hizo suspirar, bajar las manos y relajar su postura. La cambiante debía admitir también ser responsable de sus heridas, después de todo, el licántropo tenía razón ¿A quién se le ocurría pasear de noche por el bosque? Con la espina de la culpabilidad no admitida, Priscila entre abrió los labios para hablar; buscaba expresarle al hombre aquel que había tenido miedo de morir y eso la llevó a reclamarle todo, que no era del todo su culpa sino la de ambos, sin embargo, antes de poder siquiera hablar fue interrumpida por las palabras ajenas.

No pienso aprovecharme de nadie, no sé que clase de mujer piensas que soy pero contrario a lo que puedas pensar, no me gusta lastimar a los demás – respondió, dejando para después la idea de decirle lo que había experimentado al caer en sus garras. Escucharlo finalmente disculparse provoco en los labios de la cambiante una sonrisa. La molestia se había disipado y ahora, podía seguir con su camino, de no ser claro porque de cierta manera, no quería dejar a alguien que le decía no se encontraba bien – Descuida, comprendo lo que es no sentirse bien. Supongo que es difícil transformarte y perder la consciencia de si mismo – suspiró – tan difícil como ser atacada y pensar que morirás – Los segundos pasaron y la cambiante se sumergió en su mundo de sensaciones y emociones hasta el punto en que fue incapaz de darse cuenta de lo aquel sujeto planeaba.

Un gritó salió de sus labios en el momento en que las piernas le fallaron y acabó cayendo sobre el cuerpo del lobo.
¿Tratas de matarme de verdad? – preguntó con molestia, observando por primera vez de cerca aquel rostro. El licántropo era un hombre bastante atractivo, con facciones agradables, voz seductora y con una sonrisa capaz de derretir a cualquiera; o en caso de Prisicila, hacerla sonrojar a pesar del enojo que experimentaba. En aquellos momentos no solo el enojo se encontraba presente, sino que además la vergüenza hacía acto de aparición. Estaba desnuda pero ese no era el problema, lo que la avergonzaba era tener el cuerpo pegado al de aquel hombre también desnudo y con la posibilidad de que al alejarse, tocará zonas que no deseaba. Para la cambiante aquel encuentro iba de mal en peor y sin saber como proceder, se quedo quieta sobre él.



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Re: Bad Luck [Privado]

Mensaje por Zéphyr C. Bonnet el Jue Mayo 26, 2016 10:24 pm

Esa voz le taladraba los nervios y más en la situación en la que se encontraba. Estaba tirado en el suelo, con el cuerpo quebrantado, sin posibilidades de moverse sin tener que quejarse por el dolor punzante en sus articulaciones. A eso se le agregaba su pésimo humor; la paciencia que solía conservar se había disipado junto con la luna llena y sólo quería estar en paz, sin que nadie le dirigiera palabra alguno, pero pasa que no fue así. En su estado de inconsciencia había atacado a alguien, por suerte, no tan común. Sin embargo, eso no era excusa para que se alejara, más bien, empeoró la situación. La mujer se empeñaba en llevarle la contraria y Zéphyr sólo quería que se callara, que no dijera más; quizás en otra ocasión hubiera aceptado su error sin titubear, pero ahora su estado era muy diferente al habitual.

En mucho tiempo no se había encontrado con mujer tan testaruda como aquella, o tal vez estaba exagerando, aunque, ella tampoco estaba cooperando para evitar que ese pensamiento no se cruzara más por su mente. Quiso tener ls habilidades de Guillaume en ese momento y hacer que todo volviera a la tranquilidad de la cual era poseedor el bosque, pero no, no tenía esos dones, así que sólo le tocaba aguantarse. Hasta que no soportó y la hizo caer. El grito que afloró de los labios de la mujer lo hizo reír, a pesar del dolor insano en sus costillas, no pudo evitar largar una sonora carcajada.

—Te creí más valiente, señorita respondona. ¿Nunca te cansas de hablar, verdad? —Habló finalmente, observándola con una sonrisa burlona—. Y bueno, quizás sí, igual te empeñas en decir que intenté asesinarte anoche, y como soy una persona complaciente, admitiré mis oscuras intenciones. —Dijo con sorna—. Oye... ¿Podrías hacerte a un lado? Estás algo pesada y yo bastante adolorido.

Aunque, si bien todavía estaba de mal humor, una parte de él intentó al menos tomarse lo que acababa de ocurrir con cierta gracia. Estaba consciente de la situación en la que se encontraban, y, honestamente, poco le importó. Por esa misma razón se atrevió a darle unas ligeras palmadas en la cintura a la mujer; eso le sumaría una bofetada, tal vez, pero valdría la pena.

—Ya, ya... Me estropeas más los músculos, no me creas almohada. Además, imagínate si me giro, estará mal. Ah, no me digas, ¿pretendes ver cosas mías que no debe ver una señorita? Uh, ese siempre fue tu sucio y elaborado plan —terminó riendo nuevamente. Se empezaba a comportar como un payaso, pero ¿qué más podía hacer? Algo tenía que alegrarle el pésimo día que acababa de comenzar—. Bueno, ya que insistes.

Advirtió antes, de decidir empujarla con su propio cuerpo para hacerla a un lado. Por suerte, él estaba boca abajo en ese momento y la acción no iba a ser tan comprometedora si hubiera estado en la posición contraria. Así que soló volvió a acomodarse como estaba, apoyando, esta vez, el rostro en sus antebrazos. Subir los brazos le costó un quejido, pero al menos estaría un poco más cómodo.

—Si quieres me haces compañía durante la siesta, en lo que llegan mis compañeros a buscarme.




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Re: Bad Luck [Privado]

Mensaje por Priscila Catrice el Dom Jun 26, 2016 11:14 pm

Gracias a aquel licántropo experimento muchas cosas en un lapso menor de 24 horas. La poeta pasó del terror, la ira, la indignación a la pena, la culpabilidad y otras ideas que probablemente no valieran tanto la pena. El hombre que se encontraba en el suelo, había dado a la escritora muchas cosas para explotar en sus escritos y si bien ella pudo alejarse una vez que él le pidió disculpas, no lo hizo, llevándola a estar ahora en el suelo, justo encima del cuerpo ajeno. La risa que soltó el lobo la hizo sentirse torpe y tanto la desnudez como la cercanía de ambos la apeno.

Oye que soy una mujer valiente, pero creo que ya he sido bastante atacada como para seguir manteniendo un estado tan sereno – reclamó más relajada de lo que estaba antes, pero aun así un tanto rígida y tratando de moverse lo menos posible – y nunca me canso de hablar, es un don que poseo – mintió, haciendo una mueca no por el hecho de que él dijera admitir sus oscuras intenciones, sino por la pregunta que vino después – ¿Estas diciendo que estoy gorda? – cuestiono con incredulidad. Priscila era pues una bailarina, siempre mantenía su peso un poco por debajo de lo que debía considerarse normal para que sus compañeros de danza no se quejaran y si no se quejaban ellos que eran simples humanos ¿Cómo es que lo hacía aquel lobo? Quizás tuviera que ver con las transformaciones involuntarias y los esfuerzos que simbolizaban para un cuerpo que no había nacido para cambiar como el suyo, aun así, ella no pensaba moverse ni un centímetro, no con la posibilidad de que se tocaran de maneras que le harían sentir incomoda.

Dio un ligero respingo cuando la mano ajena dio un par de palmadas en su cintura.
Manos fuera muchacho a menos que quieras que de verdad me ponga agresiva y te corte una – sonrió antes de tratar de cargar más el peso de su cuerpo sobre el del hombre – He tenido almohadas más cómodas pero no voy a quejarme de ti y… claro que no quiero ver nada – sus mejillas se encendieron de un segundo a otro – No soy tan malintencionada como tu, sé que me tiraste para tenerme cerca… primero tratas de matarme y después haces esto – bufó – vaya forma de seducir que posees – el ambiente había pasado de ser completamente hostil a algo mucho más relajado pese a la situación incomoda y los comentarios cargados quizás de demasiada confianza que iban de un lado a otro. Con extrañeza, Priscila levanto una ceja – ¿Insistir en qué? – preguntó justo antes de que el cuerpo debajo de ella se moviera, haciéndola rodar hasta caer en el pasto, boca arriba justo a un lado de él. Finalmente estaba en libertad, aunque realmente nunca hubiera estado presa. Era entonces la oportunidad para que se levantará, se transformara y saliera de aquel lugar lo más rápido posible, sin embargo, escuchar el quejido del licántropo y la expresión de dolor en su rostro la llevó a suspirar.

La cambiante no era una mujer de mal corazón, no le gustaba ver a las personas sufrir ni siquiera después de haber atravesado una pesadilla a causa de esos individuos. Con cuidado, Priscila se giro, quedando exactamente en la misma posición que el licántropo a quien observó entonces fijamente.
¿Cómo sabes que vendrán a buscarte extraño de los bosques? – preguntó sin siquiera despegar la mirada del rostro masculino – y para que lo sepas, no me estoy quedando para hacerte compañía, sino porque también me encuentro muy cansada y necesito recuperar energía antes de poder transformarme de nuevo e irme de una buena vez – mintió, esperando que él creyese sus palabras y su corazón bondadoso no fuera descubierto por aquel salvaje lobo.



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Re: Bad Luck [Privado]

Mensaje por Zéphyr C. Bonnet el Vie Ago 26, 2016 10:17 pm

¿Qué pensarían sus compañeros si lo vieran en aquella situación? De seguro nada bueno. Y no era para tanto, estaba al lado de una mujer, en medio de la nada, y no sólo eso, ambos estaban desnudos. Aquello no estaba bien y Zéphyr empezó a sentirse extrañamente incómodo; era la primera vez que algo así le ocurría y, aunque en un principio no había pensado en ello, debido al pésimo malestar de su cuerpo, al cabo de un rato, empezó a darle vueltas al asunto en su cabeza. Lo único que le quedaba por hacer era alejar a la mujer. Pero ella no hizo mucho caso y eso no estaba nada bien. En cualquier momento su equipo llegaría a buscarlo y lo encontrarían acompañado por una desconocida. Su mal humor había regresado por unos segundos; luego, se disipó, pues las respuestas de la joven lograron hacerlo reír nuevamente. De verdad había logrado molestarla un poco, y ya que las cosas habían llegado hasta ese punto, continuaría con el juego. Ya sabría que decirles a sus amigos, aunque las bromas no iban a parar en varias semanas, lo presentía.

—¿Tan valiente como para estar semi desnuda en el bosque? —Inquirió con una sonrisa burlona—. Huy, tenemos a una salvaje por aquí. Debería tener mucho cuidado, o quizás me muerda y me contagie cosas raras. —Rió con más ganas, aunque los músculos le dolieran—. Puede que termine siendo tan parlanchín como tú… uhm.

Quiso contener la risa, pero las reacciones de ella le eran muy graciosas y no podía aguantarse. Tenía que admitir que no había reído así en mucho tiempo, ni siquiera por las tonterías de Guillaume. Se sentía bien volver a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida después de tantos malos ratos.

—No dije que estás gorda, sólo que… ¿estás un poquito pesada? Ah, vamos, no es para tanto. Y no te quejes, tú te me lanzaste encima y yo sólo comprobaba que tan gordita estabas —murmuró, sin que esa sonrisa mordaz, que había tenido en un principio, se borrara de sus labios—. Además, me aplastabas la voluntad y discúlpame, pero quería respirar el aire, eh, húmedo… sí, eso, el aire húmedo del bosque. ¿Qué no lo sientes? Huele a tierra mojada y a hojas secas y a ramas y a una roedora pesada y con mal genio.

La verdad, no podía parar con las bromas, por más que le dolieran los músculos. Se estaba aguantando las puntadas en las articulaciones y en los huesos; su cuerpo iba acomodándose poco a poco, volviendo a su estado natural. Pero ya, a esas alturas, había pasado por innumerables transformaciones desde que fue mordido, así que, de algún modo u otro, estaba acostumbrado a aquel dolor maldito después de que la luna reluciera con todo su esplendor en lo más alto.

—Ya sabía yo que no podías negarte a mis encantos. —Movió las cejas. Aquello era un gesto tan socarrón y molesto, que de seguro si le iban a dar una bofetada—. Tanta excusa sólo para aceptar mi invitación, ¿al menos me darás un abrazo? Así no me dará frío en lo que llegan mis compañeros.

La miró con indudable seriedad; luego terminó riendo, sin importar si le daban una cachetada o no.

—Ya, ya… Pararé. Lo prometo —dijo entre risas, alzando la mano como mejor podía—. Y me vendrán a buscar porque es lo que siempre hacen. Ni modo que voy a irme desnudo por… oh, oh. —Giró la cabeza, prestando atención a las pisadas que se acercaban—. Mierda… Tenemos que escondernos en otro lado.

La adrenalina del momento hizo que se pusiera de pie lo más rápido posible, sin importar la condición de su cuerpo. Arrugó la frente, pues el dolor aún no había desaparecido.

—¿Qué esperas? Se acerca alguien y no son precisamente mis conocidos. Ven, debemos salir de aquí. —Le extendió la mano para ayudarla a levantar, mientras miraba a los lados—. ¡Rápido, mujer!




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Re: Bad Luck [Privado]

Mensaje por Priscila Catrice el Jue Sep 08, 2016 11:16 pm

Nuevamente el tema de su desnudez salió a la luz y el sonrojo en sus mejillas se incremento. Esa no era la primera ni sería la última vez que la cambiante exhibiera su cuerpo desnudo, solo que existía algo en aquel lobo que verdaderamente le apenaba y no sabía bien que era. Una risa falsa brotó de los labios de la poeta.
Si es que alguien se acerca puedo cambiar de forma y todo estará solucionado – le miró con cierta burla – quien quedaría desnudo en los bosques serías únicamente tú mientras que yo sería un inofensivo animal. Y no me retes – sonrió – que de verdad puedo morderte y vaya que muerdo fuerte, ¿Quieres probar? – lanzó una mordida al aire, seguida de una ligera risita. Quizás ella no fuera un lobo y su mordida no pudiera compararse, sin embargo sabía que como roedor que era sus dientes eran más fuertes que los de las personas comunes.

Entrecerró los ojos, reprochando con la mirada las palabras que salían de la boca de aquel licántropo.
Claro que no estoy pesada, lo que pasa es que eres un quejumbroso y debilucho – la mirada de Priscila recorrió con detenimiento las facciones masculinas y esa sonrisa tan peculiar que poseía, el lobo era sin duda atractivo… hasta que abría la boca y comenzaba a hablar cosas que no debía – También tendrías mal genio si trataran de matarte – respondió al instante solo para después guardar silencio y hacer como que olía el ambiente – A mi me huele madera, flores y a lobo que se aprovecha de las mujeres inocentes y no sabe mantener la boca cerrada – suspiro entonces – y para que sepas me consta que no estoy gorda así que difícilmente podría aplastarte cualquier cosa.

La poeta estaba pasando un buen momento en compañía de aquel licántropo. La mala noche que pasará entonces quedaba opacada por lo entretenido del encuentro entre ambos ya como humanos.
¿Tus encantos? – enarco la ceja, observando como es que el hombre hacía gestos y hablaba de manera un tanto sugerente. De haber estado en otra situación probablemente la italiana se hubiera sentido ofendida, pero con él no, así que en lugar de golpearlo o molestarse, no pudo más que ocultar el rostro entre sus manos y reírse – No te daré nada – menciono antes de descubrirse el rostro para mirarlo – Dejare que mueras de frío y tus compañeros te encuentren congelado junto con tus encantos.

Al lado del licántropo, mirándole con evidente curiosidad Priscila comenzó a interrogarlo. Era la primera vez que tenía un encuentro tan cercano y tan (de una manera extraña) intimo con un lobo así que simplemente no podía evitar preguntar.
¿Qué? ¿Por qué?, ¿Qué pasa? – La cambiante se había percatado de las pisadas que se dirigían hacía ellos, pero creyó que pertenecían a los compañeros de aquel licántropo, esos que él aseguraba siempre aparecían para ayudarlo, pero fue la manera en que comenzó a mirar de un lado a otro y se incorporo abruptamente lo que hizo que la italiana olvidara completamente que estaban desnudos y que aún eran desconocidos – ¿No son tus conocidos? Estas de broma, ¿verdad? – volvió a preguntar sentándose en el suelo. Los ojos de la cambiante estaban enfocados en los gestos ajenos y fue en el segundo en que él la miró para estirar su mano cuando Priscila se dio cuenta de que aquello no era ninguna broma y debían salir rápido de ahí.

La mano de la poeta se sujeto a la del lobo, quien le ayudo a incorporarse.
No me llames mujer, mi nombre es Priscila – reclamó al lobo antes de ambos echarse a correr en la dirección opuesta a donde oían las pisadas. Atacada en la noche y ahora aparentemente perseguida, esa salida al bosque se encontraba sin duda alguna cargada de sorpresas. Lobo y cambiante corrieron entre los árboles hasta llegar a un pequeño riachuelo que Priscila pudo reconocer de visitas previas al bosque – Ya sé donde estamos y sé también donde podemos escondernos – sonrió victoriosa, antes de volver a emprender la carrera – Sígueme lobo y no te quedes muy detrás – manteniendo una velocidad promedio, la cambiante guiaba al lobo hasta una cueva no muy lejos del riachuelo, una que ella ya había explorado y sabía les serviría a ambos de escondite hasta que los visitantes inesperados (fueran un peligro o no) se hubieran marchado.

No fue sino hasta que la italiana vio la cueva que por primera vez detuvo del todo su carrera.
En la cueva estaremos a salvo – dijo antes de comenzar a caminar de manera más relajada.



"Cuando veo la orquidea brillar
en la hondonada de un broche para pelo
sé que el amor está a salvo"


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