Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Los retazos del cielo en la tierra, Una vida marcada en etapas

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Los retazos del cielo en la tierra, Una vida marcada en etapas

Mensaje por Cesare Borgia el Jue Ene 28, 2016 9:49 pm

España — 1793

Hasta donde la razón me bendice,
sé bien que no es gato el hijo del perro
ni es ratón el hijo del gato,
más bien el refranero popular
suele aclarar
que el hijo del gato come ratones;
y de tal palo tal astilla
y nunca cae la semilla
lejos de su arboleda.
-tonisan-


Hace dos semanas, exactamente ese había sido el tiempo en el que se habían presentado aquellos reportes de sus “especialistas” –espías enviados por él a ciertas ciudades para mantener controlado el número de determinada población- los registros de brujas habían aumentado, ¿por qué hacernos tontos? Muchos de ellos y ellas trabajan para la iglesia como inquisidores o cazadores furtivos, entonces ¿por qué la cacería de brujas? Algo simple, porque no quieren trabajar para la iglesia sino por su cuenta, entonces como son por su cuenta se les da el castigo máximo que todo cristiano de la época odiaría tener “Excomulgación cristiana” aquello era el peor castigo que la iglesia imponía a sus feligreses, entonces ¿por qué existen inquisidores? Porque a veces hay personas que los castigos espirituales les importa, y por ende que mejor que los castigos físicos, las torturas y las muertes más dolorosas, con tal de hacer cumplir la voluntad de dios y el hombre en el hombre.

Los días pasaron en semanas y estas en meses, casi cuatro meses tuvieron que pasar en las investigaciones y planeaciones hasta que una noche en la época del Sabbat, de las brujas, se las acechó y acorraló antes de que comenzaran su fiesta pagana, algunos murieron en los campos y otros quedaron encadenados, ahora solo faltaba esperar su juicio religioso ¿sería público?, no sería un juicio privado en las mazmorras de las prisiones.

Enviaron una carta al vaticano, para aquel “Cardenal” informándole del éxito de la misión a la vez que la tragedia de la misma, al perder a unos que otros inquisidores, aquel hombre caminando por los pasillos de la santa iglesia chasqueando sus dedos informando con estos la petición muda a la que corren a obedecer o de lo contrario, ¿amenaza? Quizás, pero bueno él ya estaba acostumbrado a hacerlo y además las personas con las que suele trabajar ya lo conocían o mejor dicho sus más cercanos lo conocían realmente su doble cara, los otros solo pensaban que los excomulgarían, y como ya dijimos ese era el peor castigo para un fiel católico.

La noche llega y aquel hombre sale, ¿su atuendo de cardenal? No, sale con su atuendo normal de cualquier hombre o caballero, así nadie sospecharía que una Eminencia está en Francia para realizar un juicio de brujas.  El viaje toma más de lo esperado, una, dos, tres semanas casi un mes y eso sin descansar mucho, solo para que los caballos descansen y beban agua, una que otra noche sus amos, pero de ahí la urgencia de llegar era por acabar con las dudas que se habían sembrado en toda España por aquella cacería y muerte (bueno no habían dejado cadáveres sino que los había hecho una pira humana) y eso había levantado más sospechas. A la mañana siguiente esperaba encontrarse con aquel que le daría las noticias sobre el informe y el futuro interrogatorio que se llevaría a cabo en las zonas boscosas, alejados de testigos indeseables. A primera hora el hombre no llegaba y eso impacientaba a su Eminencia que con ira irascible sale de su estancia evitando las preguntas  de sus siervos amenazando con sus pasos directo a su caballo que estaba listo esperando.

Observa a los pocos soldados que le miran con ojos atónitos –Búsquenlo, quiero que me lo traigan delante mío, vayan tras él por toda la ciudad, nadie regresa aquí hasta que lo encuentren. Sebastián dime, donde fue el último lugar donde estaba aquel imberbe–  el hombre observa sin poder responder hasta que otro le da la ubicación –Y que hace aquel tipejo en aquellas zonas, no me digan nada, estoy seguro que bajo las faldas de alguien verdad. Es lo único que piensan ustedes antes de realizar su trabajo, más le vale no estar con ella o ambos terminarán en las mazmorras del vaticano– sale galopando a caballo rumbo a la dirección proporcionada.

Su camino se marca a aquellas zonas donde solo moran unos cuantos individuos. Cuando dio alcance, baja de su silla acercándose a aquel lugar es cuando el griterío que de este salía, esperó hasta que vislumbro a medio vestir a aquellas personas que trabajaban para él acompañados de otras, que al parecer reían y se enfurecían por el trato recibido, la mirada de una ceja enarcada y furiosa junto a una sonrisa que oculta algo.

El hombre traga en seco, junto a los demás que le acompañaban

–Su Eminencia– se acerca a besar el anillo del hombre

–No sabía que llegaba hoy, su excelencia, me disculpo por no ha...–no termina la frase cuando es golpeado por aquel a quien saludaba.

–Como te atreves a mentirme, ¿acaso no fuiste tu quien me llamó con tanta urgencia? Es así como cumples con tus funciones– camina al resto de hombres que solo agachan la cabeza

–Creo que ya no eres apto para este trabajo– El sonido de un cañon y un cuerpo desplomándose ante la mirada de asombro y expectación de los que ahí estaban.

–Si no van a hacer bien su trabajo, si no van a servir a los propósitos de la iglesia tendrán este final y que dios se apiade de sus almas–, la mentira y el engaño de quien mueve los hilos.

Se retira de ahí con aquella cruz se desplaza por la túnica negra que oculta al hombre tras la máscara de su eminencia.



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Re: Los retazos del cielo en la tierra, Una vida marcada en etapas

Mensaje por Cesare Borgia el Dom Feb 28, 2016 8:37 pm

Vaticano — 1798

Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré;
y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo
(a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino.
Exodo 33.1 – 3


Mañana esplendida con el canto de los ángeles que resuenan en todo el vaticano despertando a sus eminencias y excelencias a presentarse muy temprano al templo sagrado de Nuestro Señor en las alturas y el trono de San Pedro su custodio en la tierra al que cada cardenal besa el anillo que representa su poder concedido por los arcángeles a cuidar el rebaño del señor.

Los pasillos elegantes con ventanales y sus guardias que vigilan como halcones a cada pastor de la santa madre iglesia, y entre aquellos pasillos aquel hombre de traje rojo con tintes purpuras va caminando rápido junto a un joven que le lleva en manos cartas y sobre sellados y a medio abrir, su ceño se frunce cuando entre sus manos toma una nota pero no la devuelve al joven si no que la arruga como si no quisiera que se enteraran de que se trata aquel comunicado. Vuelve a su oficina cardenal encerrándose en ella enfurruñado por todos los acontecimientos con sus inquisidores, al menos los que él había reclutado como tal. Sus misiones habían fallado y avanzaba el trato en Francia.

–Busquen al Señor Di Giovanni, AHORA– espeta a los monaguillos que le esperan fuera, tras aquellas grandes puertas, entra uno sin ver a su eminencia.

–El señor Di Giovanni ha caído en combate contra unos lobos su excelencia, pero ha quedado su esposa la Señora Di Giovanni, que también ha ingresado a las filas de la inquisición– asintiendo aquel hombre que daba la espalda a los serviciales eunucos les dio la orden de llamar a la mujer que con presteza se presentara ante él para una nueva misión.

Al cabo de cuatro días y tres noches apareció aquella mujer en el Vaticano que con órdenes de su excelencia la llevaron al salón principal a que espere por aquel que la había enviado a llamar sobre todo para aclarar las muertes de aquellos inquisidores y de su esposo mismo, pues en los documentos que había recibido al parecer alguien les había traicionada a aquel grupo y sorpresa que de todo el sequito había sobrevivido aquella mujer. Para Cesare era demasiadas coincidencias que debían ser esclarecidas a la brevedad posible. Apareció ante la mujer con su semblante serio
–Y bien, que me tiene que informar señora Di Giovanni– se pronunció cuando las puertas se cerraron tras de él dejándolos solos en aquella oficina.

La mujer corrió a pedir clemencia en aquel hombre que ahora había perdido a uno de sus mejores soldados y aliados por ello la verla cerca de él la alejo con fuerza y rechazo a sus peticiones de salvación y confianza en un voto de inocencia que aquel no creía. Rodeo a la mujer que estaba arrodillada frente a su señoría llorando a mares de lágrimas por el dolor de la perdida, verla en ese estado tan deplorable solo aumentaba el odio hacia ella.

–No volveré a repetir Señor Di Giovanni, ¿Tiene algo que contarme? Porque a mis oídos ha llegado un rumor– se acerca a la chimenea con calma.

–Mi señor se lo juro no, no sé de que rumores puede hablar, solo se que mi esposo, Oh mi amado esposo ha muerto en manos de criminales, asesinos a los cuales espero que les llegue su castigo divino o el de su…– es interrumpida inmediatamente.

–Acaso piensa que puede mentirme señora Di Giovanni, sepa bien que le he dado la oportunidad por ser usted esposa de aquel buen hombre y convertirse así en parte de esta sagrada congregación, así que por favor no mienta más y menos delante mío– comienza a atizar el fuego lentamente con aquel fierro incandescente

–Oh no mi señor yo no haría semejante cosas– se entrega a la amargura de las lágrimas –Le digo la verdad yo…–

Los gritos aterradores emanan de aquella oficina que queda a puertas cerradas de los curiosos que solo escuchan las plegarias de perdón y salvación que emite la pecadora alma.

–Que esto les sirva de lección a todos, si terminan mintiéndome, llevaran la marca de purificación tan visible que preferirán la muerta por sus pecados– sale de aquel lugar con estrictas órdenes de llevar a la mujer a una celda en los calabozos de la inquisición.

En la frente de la mujer lleva sangrando la imprenta de una cruz de rojo vivo.




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Re: Los retazos del cielo en la tierra, Una vida marcada en etapas

Mensaje por Cesare Borgia el Vie Jul 01, 2016 11:50 pm

Rusia — 1799


Arde, Arde la carne pútrida que se mezcla con los gritos de salvación y redención que piden desesperadamente por la piedad y el auxilio de quienes están observando sobre todo a aquel que mira atento como se va chamuscando la carne de los impíos. Su mirada de pierde con el fuego que crepita con fuerza abrazando los descarnados cuerpos, las espadas están listas para dar al bendición de redención a quienes lloran sangre, una a una se va incrustando en los cuerpos que van calcinándose en la muerte extrema.

El caballo relincha ante el inminente aroma de la gigantesca pira humana que se ha creado, hombres y mujeres que esperan ser sentenciados de aquella misma manera frente a los ojos de quien dice ser “la Casa del Señor”; los párrocos tratan de ayudar a los sentenciados al exhortar sus almas pecadoras al infierno para encontrar la salvación pero no se logra en su totalidad y son ellos quienes lloran por no cumplir la misión de la propia mano redentora ahora castiga severamente.

El fuego crece así como el humo que no para de elevarse a los cielos para recibirá aquellas almas pecadoras que han decidido encontrar la redención en el último castigo santo. La sonrisa de quien ha firmado las sentencias se vuelve más fría como el clima de aquellas tierras. Su capa se agita justo en el momento que una carta le ese entregada en sus manos, una en donde se le envía de regreso a los estados papales para ayudar a su santidad con los enemigos internos que tiene.

–Para cuando llegue a la Santa Iglesia quiero el informe de que han sido salvadas las almas buenas así como ajusticiadas las pecadoras– las riendas del caballo son tiradas con fuerza moviéndose el caballo en círculos mientras su Excelencia habla a los inquisidores que se arrodillan ante él; pero lo que no saben ellos es que en secreto su Ilustrísima señoría ha dejado un vigilante de confianza, porque aquel sabe bien quienes forman la fila de la inquisición.

No hay nada oculto entre el cielo y la tierra, así como para la Santa Madre Iglesia.




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Re: Los retazos del cielo en la tierra, Una vida marcada en etapas

Mensaje por Cesare Borgia el Jue Jun 01, 2017 6:26 pm

Italia — 1800


Tras la ventana del hogar de su madre las lluvias han atacado la ciudad y desde su habitación puede ver la cúpula de san pedro, sus pensamientos se pierden entre la tormenta. El recuerdo lo agobia tanto que no le permite ni respirar y menos dormir en su cabeza ronda la figura de aquella mujer que ha desaparecido sin dejar rastros. Tiempo le ha llevado olvidar la boda de su pequeño amor y ahora se ha visto marchito por el rechazo de otra dama.

No importa cuánto haga siempre termina rechazado.

Marcho en lluvia a las afueras de la ciudad italiana, rezando hacia la bella maría santificada, entre sus manos estaba un pergamino arrugado, una carta enviada de su mano derecha y del único en quien confía, aquel inquisidor que ha decidido trabajar bajo la sombra de su excelencia, los caballos corren presurosos ante las riendas que no se alisan. Corre a prisa hasta llegar al lugar, uno tan apartado en medio del bosque pero con algunas estructuras olvidadas, abandonadas.

Una pira estaba siendo montada y en medio uno de los inquisidores de renombre cuyo apellido es necesario así como sus ideales.

–Lusian ¿De qué se trata esto?– la sonrisa del inquisidor se muestra clara así como la gitana que está siendo llevada a confesar y salvar su alma –No se supone que tu familia solo caza brujos, o es que ahora también irán por gitanos y luego cambiantes como tú, Lusian– la tensión entre los dos era inminente así como la mujer que pedía clemencia y su excelencia dio una señal para que el fuego la consumiera entre sus gritos.




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Re: Los retazos del cielo en la tierra, Una vida marcada en etapas

Mensaje por Cesare Borgia el Dom Nov 05, 2017 10:34 pm

Italia — 1800


Y ahí estaban los dos hermanos, mirándose a los ojos directamente. El segundo hermano mayor que los mira con aquellos ojos mientras la pequeña y el hijo mayor se ríen entre escondidas travesuras a la mesa con las sonrisas y regaños de su madre y padre.

Se ha convertido en el sueño lejano y casi irreal de su eminencia.

Ahora tras los grandes y santos ventanales me encuentro inmerso en medio de mi escritorio con cartas y cartas, con movimientos de nuevos inquisidores, con ayudar a velar la protección del nuevo santo padre, de ayudar a mi pequeña hermana a conseguir lo que más desea, pero no se puede y aun así tengo que verla y entregarla en manos de otros una y otra vez hasta que nuestro padre que se ha convertido más en la sombra que la mano que cobija.

Bajo mi mando están los nuevos inquisidores, sé que ellos son los que las santas escrituras mencionan, ellos son mis herramientas y como tal los usaré para que aquello se cumpla y podamos controlar los tres mundos, pero para eso tengo que tener su completa fidelidad a la santa iglesia, a mi mano. Reviso cada uno de los datos de los inquisidores que entraron, pero se que hay más de esos seres entre ellos, a más de que no iremos contra cualquier imbécil o humano común y corriente. Reyes y Reina están en medio de esto, hombres y mujeres con un poder influyente muy grande dentro de la sociedad y acabar con ellos no será fácil y más aun el poder dominarlos y tenerlos controlados no será la tarea más fácil pero tampoco imposible.

Ahí ella apareció, tras la puerta con su dulce y jovial sonrisa que es un bálsamo de paz y tranquilidad para mi. Ella es la que puede calmar y la que me ayuda a mover mis piezas de mejor manera, ella es la que orquesta todo realmente. Es mi mano derecha y la persona en quien más confío, porque se que de parte de ella jamás vendría una traición hacia mí persona. Antes muerta que traicionar a su único y amado hermano. Lo sé, me lo ha dicho y demostrado incontables ocasiones como para asegurar mis palabras.

Con su grácil movimiento es la que va encajando a cada uno de mis piezas de ajedrez, a cada uno de mis pequeños soldados, no por nada es la princesa de la iglesia, mi querida Lucrecia Borgia.




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Re: Los retazos del cielo en la tierra, Una vida marcada en etapas

Mensaje por Cesare Borgia el Dom Feb 18, 2018 10:19 pm

Italia — 1800


YOjos expectantes, atónitos realmente que no daban crédito a aquello que estaba ocurriendo y más bien, aquello que estaba escuchando de los labios de su propia hermana, sangre de su sangre. Todo parecía más bien una pesadilla infernal y para su Eminencia aquello no podía ser permitido; intentó buscar las palabras santas en el espíritu santo, realmente recurriría a las palabras santas de la escritura antigua pero antes de poder hacerlo su pequeño ángel se lo negaba, realmente había caído en el infierno.

Petrificado se sentía en aquel momento, trató de tomar a su pequeño ángel caprichoso entre sus manos pero ella lo apartó…–¿Qué es lo que hice?–…era lo único en lo que pensaba su señoría, mientras en su mente se tribulaba los pensamientos para encontrar la solución más apta para ambos sin tener que revelar aquello que en su interior se arremolinaba golpeando su ser. Su mirada estaba sería, Cesare había entendió completamente aquello que había hecho y no tenía más que aceptar porque no era decisión suya, no era su voluntad si no la de su padre y por tanto ambos debían acatar sin objeción alguna, pero él hallaría alguna forma de poder estar junto a su ángel más preciado.

Pero ahora no estaba su ángel, al contrario, solo tenía en su mano una bella carta que aquel ángel había escrito para él enmarcandolo con una palabra que era más doloroso oír que cualquier otra y era una palabra con cinco letras, un gran y perfumado "Adios" era todo lo que su pequeño ser le había dejado mientras ella marchaba rumbo a un camino desconocido en donde él no podía alcanzarla.

Su padre había dado las órdenes de que fuer él quien oficiara y bendijera aquella unión que traería a la familia muchos beneficios, pero a él no le traía nada más que dolor, aun contra su voluntad aquella tarde tuvo que tomar todo el valor de un servidor de la iglesia, de su emisario y oficiar una boda como cualquier otra, olvidando así el hombre, el hermano, el amor de quien estaba uniendo en aquel momento.

Cuando la mano de la pequeña Borgia se mostró en aquel momento justo cuando él pasaba el agua bendita tuvo que controlar todo su ser para no impedir la misma unión que él estaba oficiando bajo los ojos de su padre que solo sonreía, la única que se mostraba triste era la misma novia que no apartaba los ojos de su eminencia que daba por terminada con la bendición final. No pudo más que apartarse directo y salir de aquellos santos aposentos de la Iglesia, del Vaticano para irse a cambiar de ropajes los mismo que terminaron hechos jirones de la rabia y el odio que sentía como hombre. Solo podía ver el fuego crepitar con en sus ojos al tomar su pequeña espada.




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