Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Chàrlotte Marchessault el Mar Mar 01, 2016 4:08 pm


Hacienda Marchessault
12:00 de la mañana
Día soleado de invierno.

Se habían demorado demasiado en decidir cual día era el mejor para ir a comprar los dichosos vestidos para la boda de Dianthe. Dichosos, porque sabía el palo que supondría para su hermana aquel matrimonio concertado, porque a diferencia de ellas, ella carecía de libertad alguna para elegir con quien casarse y eso apenaba en demasía a Chàrlotte, porque no veía justo que ella tuviese que desposarse con un hombre que no conocería hasta el mismísimo día de la boda.
Todo en su familia parecía desmoronarse desde el día en que madre murió; no por nada, sino por el simple hecho de ella era la única conexión que existía entre todas las cosas de su vida, era como si la vida de cada una empezase a tambalearse de aquel camino que su madre les ayudó a cimentar. Pero ahí estaba ella, Chàrlotte, la mayor, que cuidaría de cada una de ellas como si le fuera la vida en ello, por eso, pretendía alejar todos los problemas en cuanto conseguía unirlas a todas en la misma habitación. Dos carruajes les esperaban a la salida de casa y Chàrlotte tan sólo hacía mirar el reloj a la espera de que sus hermanas terminasen de hacer lo que tuvieran entre manos y bajasen las escaleras. Tras cruzar un par de frases amables, Chàrlotte despidió a uno de los cocheros hasta nuevo aviso.
- Pero... Señorita, si son cinco! - Dijo el hombre, algo nervioso por no seguir las directrices del hombre de la casa.
- Tranquilo, preferimos ir en el mismo carro antes que aburrirnos como ostras, separadas. - Dijo con una sonrisa divertida y dulce a la vez, inclinándose levemente a modo de despedida.
Había logrado convencer a León para poder ir solas al centro de la ciudad. Hacía años que no compraban en el distrito comercial por lo que Chàrlotte se valió de un par de buenas tiendas que entre el servicio y algunas compañeras de trabajo le habían recomendado.
- ¡Vamos, chicas, se nos va a hacer tarde! - Dijo Chàrlotte en dirección a la entrada de la casa, para ir dándoles prisa al resto. Ella disfrutaba de días así, del sol que alejaba al frío del invierno y de las ocurrencias de cada una de sus hermanas. Cada día que pasaba con ellas, acababan o bien llorando o matadas de la risa. Las peleas entre ellas no sucedían muy a menudo, al menos delante de los ojos de Chàrlotte, ya que ella era una de las que debía ausentarse por el trabajo pero trataba de atenderlas a todas. Ante el ojo de cualquiera podrían definirse como una familia perfecta, amable, bien situada y llenas de salud, pero no todo era tan fácil como lo pintaban todos, ya que cada una tenía sus propios demonios, esos de los que hablaban en las historias para asustar a los más pequeños; ahí y justo por eso mismo, Chàrlotte se sentía con la obligación de disipar a toda aquella mala sugerencia que el destino les deparaba.



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Mensaje por Harmonie E. Marchessault el Mar Mar 01, 2016 5:21 pm

[justify]Harmonie se había levantado temprano esa mañana. Tal vez demasiado temprano. Parpadeó para acostumbrarse a la tenue luz que brindaba ya el sol en las calles de París, dejando que la noche no fuera más que un recuerdo. No podía ser de otra forma si quería ensayar un poco antes de irse de compras con sus hermanas. No pasaban demasiado tiempo todas juntas, por lo que la muchacha aprovechaba al máximo los días en los que podían estar todas al completo. Y si, además, tenía el aliciente de un nuevo y elegante vestido…Nada podía ser mejor, o al menos eso era lo que pensaba la joven.

Esa era la razón por la que se había levantado cuando el sol comenzaba a iluminar la ciudad, cuando las calles todavía no deberían estar puestas. Se arrastró hasta la cocina, anudando su bata alrededor de su cintura, en busca de una buena taza de su té favorito y alguna que otra pasta. Iba a practicar al piano, por enésima vez, las canciones que tocaría en la boda de Dianthe. Se las sabía ya de memoria, eso era cierto, pero quería que todo saliera bien. Deseaba arrancar a su hermana una sonrisa con su regalo, últimamente parecía que no sonreía demasiado. El sonido de la tetera hizo que volviera a la realidad, pero no pudo evitar pensar, mientras vertía el líquido en la taza floreada, en si ella tampoco sonreiría cuando el día de su boda estuviera cerca. ¿Tanta era la presión que conllevaba organizar un evento de esas características? No lo sabía, pero esperaba su hermana volviera a sonreír como de costumbre y que su pequeño regalo le gustara.

Las horas pasaron y las notas musicales hacía ya bastante que habían inundado el hogar de los Marchessault cuando Harmonie decidió detener ya el ensayo. No quedaría demasiado para que se tuvieran que ir rumbo a la zona comercial de París, por lo que se levantó, acarició por última vez el piano, como hacía cada vez que se marchaba de la habitación en la que se encontraba el instrumento, y puso rumbo a sus aposentos para vestirse adecuadamente y ordenar su rebelde cabello. Se dio prisa, y dio gracias a Dios que la doncella la ayudara a vestirse, porque de lo contrario habría tardado mucho más.

Corrió escaleras abajo cuando escuchó como Chàrlotte las animaba a bajar, alegando que se les iba a hacer tarde. La doncella que estaba recogiendo su cabello en un moño tuvo que morderse la lengua para no decir nada y seguir a la muchacha, hasta que ella misma le dijo que no iba a llevar el cabello recogido así, que prefería dejarlo suelto o, como mucho, con el adorno que ya llevaba en la cabeza. La mujer la miró unos segundos, pero al comprobar como la joven entraba en el carruaje no tuvo más remedio que respirar hondo y volver a entrar en la mansión, a realizar cualquiera de sus otras tareas. Harmonie le dedicó una sonrisa, pero pronto toda su atención estuvo centrada en su hermana mayor. Corrió a abrazarla y depositó un beso en su mejilla. ─¿Subo sobre tus rodillas como cuando era pequeña? ─le preguntó, divertida, mientras se colocaba a su lado y esperaba al resto de sus hermanas para poder partir.



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Re: Algo azul, algo prestado, algo viejo y algo nuevo · Privado Marchessault ·

Mensaje por Dianthe Marchessault el Mar Mar 01, 2016 9:19 pm

Si los días le resultaban terribles a Dianthe, aquel en particular sería sencillamente un infierno. Cualquier joven de su edad seguramente estaría contenta al saber que era un día especial, un día en que al lado de las personas que más amaba, saldría a la búsqueda del vestido que la acompañaría para unirse al amor de su vida; pero con un matrimonio a la fuerza y además con alguien desconocido, bueno, eso no era precisamente algo que la volviera feliz.

Aquella mañana los ojos de Dianthe se abrieron al escuchar el ajetreo que existía a las afueras de sus aposentos y con una mueca de completo desagrado en el rostro, volvió a taparse con las sabanas. No deseaba saber nada del exterior, no deseaba levantarse y tener que sonreír mientras que buscaba un vestido y por sobre todo, no deseaba que sus hermanas se dieran cuenta de la infelicidad que llevaba a cuestas. Que comenzaran a cuestionarla entre todas significaría que más temprano que tarde se quebraría y lo último que deseaba en su supuesto día importante, era echarse a llorar. Echa entonces un ovillo en su enorme cama, Dianthe decidió que simplemente ignoraría el ajetreo hasta que fuera completamente necesario que abandonara su habitación y fuera con sus hermanas.

Los ojos de la Marchessault comenzaron a cerrarse y el sueño lentamente la volvía su presa una vez más, cuando una de las sirvientas de la casa ingreso de manera burda en su habitación.
Momento de levantarse, su hermana Chàrlotte les espera ya a todas – y de golpe, la sabana que cubría a Dianthe fue retirada.
¡No quiero ir! – se quejó – diles que estoy enferma – y abriendo los ojos para mirar a la sirvienta, fingió toser.
Sabe que no puedo mentirle a su hermana y que es importante que vaya, a menos que quiera que sus hermanas sean las que escojan su vestido – y tras escuchar esas palabras la mente de Dianthe voló. Los gustos y personalidades de todas las Marchessault eran tan diferentes que seguramente de dejarlas ir solas, escogerían el peor vestido posible para ella. Un suspiro salió entonces de sus labios y con pereza se levantó.
Esta bien… ¿Podrías ayudarme? – Una dulce sonrisa apareció en los labios de la mujer que estaba en aquella habitación con ella y presurosa, se acercó a Dianthe a quien comenzó a ayudar para que estuviera lista.

No fue sino hasta que el cabello de Dianthe estuvo arreglado en un sencillo recogido y su cuerpo enfundado en un vestido verde olivo, que finalmente abandono su habitación y se dirigió a la entrada de la mansión. Sus hermanas ya debían estar aguardando por ella y pese a que con cada paso sentía que las piernas le fallarían, la Marchessault se las ingenió para llegar hasta su destino. Con una sonrisa en el rostro que tenía como finalidad ocultar su tristeza, Dianthe subió al carruaje solo para ver a Harmonie y Chàrlotte ya dentro.
Lamento la demora, pero no podía dejar la cama – con algo de dificultad se acercó a sus hermanas para besas sus mejillas y posteriormente tomar asiento frente a Chárlotte – Así que… ¿Estamos listas? – preguntó sin darse cuenta de la manera en que jugueteaba con sus manos.



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Mensaje por Denisse Marchessault el Dom Mar 06, 2016 5:35 pm

El alba la había encontrado camino a su hogar, debía tener mucho cuidado al llegar a la mansión Marchessault, en especial que su padre no la descubriera llegando a esas horas y menos con la ropa de hombre que le robara, todo para ir a tomar las prácticas de cazador. Estaba decidida a convertirse en uno de ellos. Una sonrisa le iluminó el rostro al pensar en sus compañeros de juerga, en lo cerca que había estado de ser mordida por un lycan, al que había dado muerte con un disparo de su cañón, ese que también había abandonado la repisa de armas del despacho de su padre y que esperaba que éste no lo diera por perdido, - mejor siga pensando que se extravió en la mudanza, o que se lo robó su ayudante – frunció el entrecejo, pensando en aquel hombre que se había burlado de ella, cuando le pidió le enseñara los rudimentos del arte de la guerra.

Desmontó a dos calles de la propiedad y entró en silencio, el muchacho encargado de las caballerizas, era uno de sus aliados, asique pronto pudo dejar todo en orden. Trepar hasta el balcón de su habitación y entrar a ella, desnudarse y tras lavarse rápidamente el sudor, la sangre y el barro, dejó que el sueño se apoderara de ella.

Eran cerca de las once de la mañana cuando su doncella personal entró a despertarla. La joven caminó a tientas por la habitación, chocando con la ropa desperdigada en el suelo, hasta lograr correr las cortinas. Un grito ahogado salió de la garganta de Martina cuando observó la ropa ensangrentada, - Dios mío, ¿señorita se encuentra bien? -  preguntó con un nudo en la garganta, mientras se acercaba a tocar el cuerpo de la joven, cavilando si estaría viva. El rose de aquellos dedos en su brazo la hizo gruñir, - ggrrrrssssmmmmm -  fue su única contestación, moviéndose entre las mantas para acurrucarse intentando  retornar a los brazos de Morfeo.  La doncella rio, cubriéndose la boca con una mano y dando pequeñas palmadas en el cuerpo de la joven. -  ay señorita, algún día me provocará una apoplejía, por un momento pensé que la sangre de esas ropas era suya – suspiró, mientras se inclinaba a recogerlas, observándolas, algunas estaban rasgadas, además de manchadas – ¿que hago con esto? -, Denisse refunfuño,  la doncella estaba decidida a no dejarla dormir, a lo que se fue incorporando sin muchas ganas, pero intentando mostrar buen animo. Su mirada buscó entre la luz que molestaba a sus ojos, a esa jovencita molesta, cuando la encontró, se restregó los ojos, antes de poder coordinar una respuesta lógica a la pregunta – quema todo, que mi padre no se entere, menos mi hermana Charlotte, lo único que me falta es que me sermonee por mis salidas nocturnas – volvió a refunfuñar,  - prepárame el agua para mi baño, estoy toda adolorida… y no te olvides de buscar un vestido que no muestre mis brazos ni espalda, que me golpearon bastante anoche y si ven los moretones no podrán dejar de preguntar -.

Tras el baño, se vistió en silencio, dejando que le arreglara el cabello en un complicado peinado. Cuando terminó su trabajo, Martina sonrió, - ahora parece una dama, jamás podrán pensar que es la misma mujer que anda por las noches cabalgando como un demonio y matando a esos seres tan terribles – La mirada de las dos mujeres se encontraron en el reflejo del espejo, - shhh calla, que te pueden oír, nadie debe saber sobre nuestro secreto… tu sigue durmiendo aquí, como cada noche, hasta que vuelva, lo que menos necesito es que alguna de esas dulces criaturas que tengo por hermanas se enteren de mis aventuras y vayan a contarle a mi padre – dijo sonriendo.

Bajó las escaleras de dos en dos, sonriendo divertida, tomó una manzana de la mesa del comedor y le dio un generoso mordisco, entregando luego la fruta mordida a la doncella de su hermana  Harmonie, - vamos, no se enoje, bien sabe cómo es… y la queremos igual – le dijo casi al oído, mientras guiñaba un ojo y se apresuraba a subir al coche, - ya estoy, vamos... no me mires así Charlotte... que no me demoré mucho, solo lo necesario… que… ¿tengo monos en la cara? -.



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Re: Algo azul, algo prestado, algo viejo y algo nuevo · Privado Marchessault ·

Mensaje por Chàrlotte Marchessault el Vie Abr 01, 2016 8:35 am

Chàrlotte dejó sitio sobre sus piernas para que Harmonie se sentara sobre ellas. Le agradaba el hecho de que algunas de ellas nunca perdiesen la esencia que las hacía únicas, dulces e incorruptibles, por mucho que la vida fuese a cambiar sus formas de ser tan drásticamente. Ella no lo permitiría. En lugar de mirar a su hermana con lástima, prefirió mostrar cierto tono de normalidad, para que así no fuese tan dura la idea de casarse. Su historia era compleja, aunque realmente a las niñas no les quedó de otra que aceptar los dictámenes de sus padres, tras largos periodos de protesta. Chàrlotte se sentía culpable por el hecho de no poder evitar la desgracia de su hermana, por no poder hacer más que aliviar el camino que le quedaba hasta llegar al altar, pero aun así, se prometió que aunque se fuese del hogar, jamás la abandonaría, tal y como haría con el resto de sus hermanas.

- Espero que el chico valga la pena, Denisse. - Comentó Chàrlotte, dedicándole una mirada que valía más que mil palabras, dándole a entender que sabía de sus escapadas, aunque estuviera totalmente equivocada por el motivo de éstas. Ésto ella nunca lo sabría. Dicho aquello, le señaló con un simple gesto, la parte alta de su hombro, para que se cubriese una marca rojiza(sin que las demás supieran), probablemente a causa de un salvaje beso.

- Lorie no vendrá, he estado toda la mañana cuidándola y es preferible que se quede en cama, pero no os preocupeis, tan sólo tiene un poco de fiebre. - Sus palabras sonaban a alivio, como siempre solía, para que sus hermanas no se preocupasen más de la cuenta. Una vez estuvieron todas dentro, el cochero comenzó el pequeño viaje que las llevaría a la zona comercial. El camino no era demasiado largo, pero lo suficiente como para que las cuatro hermanas pudieran conversar sin que nadie más las oyese. Una de las manos de Chàrlotte, avanzó hacia las manos de Dianthe, colocándolas sobre ellas y así calmar su gesto impaciente.

- Princesa, no estés triste ¿Si? Hacemos ésto para que te sientas mejor dentro de lo que cabe. - Los intensos ojos de Chàrlotte buscaban los de su hermana, para que ésta dejase de mirar al suelo. - No nos agrada la boda, pero siempre debemos mirar el lado bueno de las cosas y así pasar un buen rato entre hermanas. Primero iremos a probarnos los vestidos, luego iremos a tomar un poco de té. - Dijo, como si fuese el mejor plan de todos y es que dependiendo del modo de verlo, así era, aunque sabía lo difícil que sería ver a su hermana feliz con su futura nueva vida.



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Re: Algo azul, algo prestado, algo viejo y algo nuevo · Privado Marchessault ·

Mensaje por Denisse Marchessault el Vie Abr 22, 2016 6:39 pm

Sus ojos se clavaron en los de su hermana, - ¿muchacho? - pensó mientras enarcaba una ceja y estaba por protestar, pero el gesto de Charlotte, marcando su hombro le hizo darse cuenta que juzgaba mal a su hermana, no sabía si podría contarle todo lo que estaba viviendo, pero aunque fuera una parte, para que pudiera estar tranquila y a la vez ayudarle con el papá, bien valía la pena intentar. Intentó disimular lo mejor que pudo, el rápido movimiento de su mano para acomodar mejor el vestido, Sonrió nerviosa, haciendo un gesto indolente, - Oh!!! no es nada, solo tenía que terminar el libreto para la próxima función del "Imperian" - se cayó de golpe, al darse cuenta que no sabía que le caería peor a sus hermanas, o saber que intentaba convertirse en cazadora, o que buscaba el dinero necesario trabajando como guionista en un teatro de tres céntimos, donde las mujeres andaban con sus pechos al aire o los magos hipnotizaban a las bailarinas, haciéndole creer que era un pequeño poodel. tosió, mientras se retrepaba en su asiento, intentando que la atención se centrara en alguna de sus hermanas.

Asintió con la cabeza, cuando su hermana mayor se refería a Lorie, ella también había pensado que algo no andaba bien con esa niña, - ¿estará enamorada? - caviló, reflexionando en cuantas veces había observado como las jovencitas se enamoraban perdidamente de algún actor o cantante y se enfermaban cuando éste simplemente se cansaba de ellas. Apretó el puño contra el asiento, - si algún mal nacido ha hecho enfermar a mi pequeña hermanita, soy capaz de... de... Caparlo - pensó rabiosa, frunciendo el entrecejo y llevando su mirada al paisaje que veía desde la ventana.

- ¿Porque? - preguntó sin pensar mucho lo que decía, como era costumbre en ella, -¿ Porque debe acallar su tristeza? ¿su dolor? ¿porque debe casarse, porque las mujeres debemos hacer lo que se supone es lo correcto para la familia? ¿acaso nuestros sentimientos, nuestras decisiones no interesan? - susurró, - Oh Dianthe... no te cases... yo puedo mantenerte con mi sueldo... podemos vivir en un altillo. Lo que tu quieras con tal de verte sonreír nuevamente - quiso gritarle, mas solo lo pensó, mientras sus manos buscaban las heladas manos de su hermana. La miró a los ojos, - Siempre estaré a tu lado... ¿lo sabes verdad? -.



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Re: Algo azul, algo prestado, algo viejo y algo nuevo · Privado Marchessault ·

Mensaje por Dianthe Marchessault el Sáb Abr 30, 2016 10:20 pm

La tristeza de un matrimonio forzado casi se desvanecía en momentos como aquellos donde Dianthe pasaba el día con sus amadas hermanas. Los vestidos, los zapatos y el arreglo de todo no tenía sentido si sus queridas hermanas no estaban ahí, ya que su presencia era lo único que daba fuerza a la futura esposa de un hombre desconocido. Tratando entonces de hacer que sus hermanas no notasen su congoja, Dianthe sonreía, observando a todas y cada una, grabando sus rostros en su memoria porque una vez casada, solo Dios sabía cuando es que las vería de nuevo.

Escuchaba todo cuanto sus hermanas tenían para decirse, descubriendo mediante las palabras de Charlotte que al parecer, se mantuvo demasiado sumida en sus penas como para saber que era lo que estaba ocurriendo con sus hermanas algo que ninguna de ellas se merecía; todas eran demasiado amables y consideradas con ella, cuando ella no hizo más que alejarse y sufrir olvidándose por completo de que ellas también tenían cosas de las que preocuparse. Lorie les haría falta en aquel viaje debido a problemas de salud, algo de lo que Dianthe no sabía nada y escucharlo de su hermana la preocupaba incluso más, haciéndola también sentir algo culpable. Con ojos curiosos observo a Denisse, ¿Desde hacía cuanto que estaba interesada en los chicos? O ¿Hace cuanto que trabajaba escribiendo para el Imperian? Aquel lugar seguramente no sería del agrado de su padre, ni de Charlotte seguramente pero Dianthe pensaba que si eso hacía feliz a su hermana, podía aceptar cualquier cosa.
¿El Imperian Denisse? ¿Papá lo sabe? Porque deberás tener cuidado o nunca más te dejara salir a ningún sitio, pero descuida, que será un secreto de hermanas a lo que te has estado dedicando últimamente – y dijo aquello para que todas las presentes supiera, que lo que se hablaba en aquel carruaje, sería un secreto para todos menos para las presentes.

De repente, todo cambio. La charla paso de sus hermanas a ella y los ojos de todas se posaron sobre su figura, haciendo que en esos momentos, Dianthe se sintiera diminuta y frágil.
Yo… – iba a responder a Charlotte cuando sus propias palabras fueron interrumpidas por Denisse y un suspiro salió de los labios de la única prometida de las Marchessault – Sé que me apoyan y me quieren, que harían cualquier cosa por mi y que tratan de hacer que este mejor – observo a Charlotte – y agradezco de verdad todo lo que hacen pero no puedo evitar sentirme poco entusiasmada – sonrió con tristeza – no conozco a este hombre con quien voy a casarme y no sé que me depara el futuro, me encuentro insegura sobre todo menos de su amor – y en eso su sinceridad era absoluta, amaba a sus hermanas y todos sus esfuerzos, así que solo por ellas, trataría de sacar lo mejor de todo.



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