Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Caminos Entrelazados ~ [Privado]

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Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Mar 05, 2016 1:16 pm

Miré por la ventana observando como la luna se había abierto camino en el cielo desterrando al sol, haciendo que la oscuridad reinase y, con ello, todos los seres que se escondían bajo su manto. Seres malditos que amparados por la oscuridad de la noche, bajo la luz nacarada de la luna salían a por carne fresca… o, mejor dicho; sangre fresca. Era lo único para lo que vivían, se alimentaban de los humanos controlándolos a su voluntad, los engatusaban, los engañaban y los manipulaban hasta que cedían ante su poder y ante sus palabras cautivadoras. Te prometían poder cumplir aquellos deseos más ocultos en tu mente, anhelantes que yacían bajo capas de moralidad reprimidas en un rincón de tu mente. Lo encontraban, lo explotaban y… así era como obtenían su sustento.

Chasqueé la lengua mientras volvía mi vista a las dagas que tenía sobre la mesa, las cogí para limpiarlas antes de guardarlas y comprobar que estaban bien afiladas. Era una manía que había aprendido con el paso del tiempo, siempre revisaba todo lo que iba a utilizar para cazar, no quería que por un mísero error o fallo como aquel la criatura saliera indemne para poder continuar con su asquerosa y miserable vida. No, aquello no podía dejar que pasara. Escondí las dagas en una funda que tenía detrás en el muslo, una que no era visible a simple vista y en la que no repararían.

Pasé a revisar la ballesta mientras el halo nacarado de la luna daba de lleno en esta; era un regalo que me había echo mi tío Keith cuando, tras años de duro y arduo entrenamiento, vio que estaba listo y preparado para salir a cazar. La ballesta era en negro con detalles en plata que, con la luz de la luna, se notaban mucho más. Comprobé el calibrado de la cuerda, que estuvieran tensas y que se pudiera cargar sin ningún problema.  La dejé cargada con el seguro puesto y cogí más virotes para la ballesta guardándolos en una funda que colgaba del cinturón, donde los podía tener más a mano.

Ya tenía todo listo y preparado, por lo que estando vestido con ropa negra que era la que solía llevar mayormente, y sobre todo de caza ya que me hacía camuflarme más en la noche, cogí aquel abrigo largo que tenía, me puse la ballesta en la espalda y encima el abrigo que, como era más grande, tapaba perfectamente la silueta de la ballesta. Bien, ya podía comenzar aquella noche con la caza. Era algo que me gustaba, me gustaba rastrear al enemigo, seguirle sin que se diera cuenta de que estaba siendo vigilado. Me gustaba cercar a mis presas y matarlas sin contemplaciones. Era como jugar al gato y al ratón, y yo era un gato demasiado listo.

Salí a la calle donde el frío aire invernal fue lo primero que azotó mi rostro, haciendo que frunciera un poco los ojos ante la oleada de aire que me llegó, amparándome más bajo el abrigo mientras comenzaba a moverme, así también podría entrar más en calor. Lo que debía de empezar a hacer era a rastrear, debía de encontrar entre aquellas calles algún ser sobrenatural que pudiera llevarme a lo que estaba buscando. Había vuelto a París ya que las pistas sobre los licántropos que buscaba me habían conducido hasta allí… había ido de vuelta a Edimburgo, a aquella casa que hacía muchos años no había vuelto a pisar… desde que pasó todo, desde que mi vida dio un vuelco de ciento ochenta grados... haciendo que mirara la vida de otra forma, que pensara de forma diferente y, sobre todo, que me convirtiera en lo que hoy en día era; un cazador despiadado. Aquello había sacado lo peor de mí y con el tiempo solo había ido incrementando, la frialdad, no tener escrúpulos, mi visceralidad… todo alimentado por aquella fatídica noche, aquella noche donde vi realmente a los ojos de la bestia mientras sus afilados y largos colmillos se hundían sin compasión en el cuello de mí padre. Desde entonces solo había tenido en mi mente una cosa; venganza.

Podría llevar, quizás, casi una hora andando por aquellas calles de París. Me había cogido una pequeña que estaba ubicada más o menos en el centro de la ciudad. Era perfecta ya que tenía muchas cosas cerca y, sobre todo, me dejaba en uno de los mejores lugares para comenzar a cazar por la noche. Sabía que París estaba infectado con sobre naturales que se paseaban como si fueran un mortal más, intentando mezclarse más de lo que ya estaban haciendo en la sociedad.
Fue entonces cuando, al mirar hacia una de las calles… lo vi. Supe lo que era porque todos los vampiros tenían aquel aura que los rodeaba, no se podía ver, pero tras estar luchando contra ellos durante años… aprendías a distinguirlos perfectamente. Su porte alto, su belleza casi inhumana, y aquella tez tan pálida eran los rasgos más característicos que los delataban. Y, por si aquello fueran pocas pistas, había una mujer enganchada a su brazo que lo miraba con adoración. La había engatusado con sus artes oscuras, aquellas que esos seres poseían para poder llevarse a sus presas. Sonreí de lado divertido con el festín que me iba a pegar aquella noche.

Los seguí de lejos para que el vampiro no notara que los estaba siguiendo, lo último que quería era que supiera que había alguien vigilándolo y que matara a la chica sin que pudiera hacer nada y se escapara. No temía que muriera aquella joven, lo que no quería es que se escapara sin que pudiera preguntarle nada. Sabía bien que aquellos licántropos eran bastante conocidos, y estaba seguro de que un vampiro siendo su enemigo por excelencia estaría al tanto de quienes eran, y de dónde podría encontrarlos.
Los seguí hasta que se metieron en un callejón y maldije interiormente, si me metía al callejón seguramente se daría cuenta antes de que llegara y era algo que no quería que pasara. Estaba bastante jodido hasta que, mirando hacia los lados, vi antes de llegar al callejón una especie de escalera en la pared que conducía hasta el tejado… y no me lo pensé dos veces.

Subí por aquella escalera viendo que nadie me prestaba atención en mitad de aquella callejón y me quedé agazapado en el tejado mientras me acercaba sin hacer ruido hacia donde estaban el vampiro y la mujer. El vampiro tal y como había pensado ya estaba besando a la mujer mientras la aprisionaba contra la pared de aquel lugar, lejos de la vista del resto de mortales. La mujer lo aferraba con fuerza hacia si mientras le seguía besando a lo que el vampiro se separó de sus labios y bajó a su cuello… bingo. Ahora sacaría los colmillos y la mordería en el cuello… joder, era tan previsible. Me asomé y vi que justo debajo había bolsas de basura algo que amortiguaría mi caída, así que saqué las dagas que llevaba escondidas y me dejé caer por el tejado, aterrizando en las bolsas de basura haciendo que ambos se giraran hacia donde había caído, mirando qué era aquello que había provocado tal ruido.

El vampiro se me quedó mirando pero no le di tiempo a reaccionar cuando saqué una de las dagas y se la lancé haciendo que impactara contra su cuello, no dándole en el corazón obviamente, aunque tampoco lo mataría. Solo quería desestabilizarlo mientras me acercaba corriendo, lo apartaba de aquella joven estampándolo contra la pared de enfrente, dándole una patada haciendo que callera de rodillas mientras lanzaba una mirada a la joven.



-Si quieres seguir viva, te sugiero que le largues, mujer –le advertí con tono frio y serio. Si se quedaba no garantizaba que se quedara callada ante lo que iba a ver, prefería que se fuera y no viera nada. Me giré de vuelta al vampiro y le saqué la daga del pecho para darle un puñetazo en su rostro, poniéndolo de espaldas a mí mientras cogía uno de sus brazos para que no pudiera llegar a alcanzarme, y sacar una estaca que medio clavé justo donde estaba su corazón, haciendo que gritara de dolorSssh, ¡cállate! No quiero que nadie nos oiga y nos interrumpa este… encuentro tan bonito que tenemos–me reí entre dientes- Sólo tengo una pregunta para ti, y por tu bien, espero que me digas lo que quiero oír. Sino… bueno, supongo que sabrás lo que haré con la estaca.
-¡Vete al infierno, cazador de mierda! –me reí por sus palabras que, lejos de intimidarme, me hicieron reírme con fuerza. ¿Eso era todo lo que se le ocurría?
-Mira, vampirito… solo necesito saber una cosa de ti y, si me la dices… quién sabe, puede que hasta deje irte sin mucho dolor –no me refería a dejarlo marchar… eso era algo obvio. Pero él decidía si quería morir sufriendo mucho… o poco. –Sólo tienes que decirme dónde puedo encontrar a… cierto licántropo. Ya sabes, una pareja de licántropos que se dedica a viajar en pareja, matando a… bueno, creo que también ha matado algún que otro vampiro, ¿me equivoco?
-Eres un hijo de puta, y no dudes que voy a acabar con tu miserable vida –negué con la cabeza incrustando un poco más la estaca, pero sin que le diera en el corazón haciendo que gritara mientras se caía un poco hacia delante.
-No, no, no… aquí tú solo tienes que responder. Del resto me encargo yo. Responde, ¡dónde están!
-¡No lo sé! ¡Se fueron hace unos días y todavía no han vuelto! –sabía que era mentira, así que metí un poco más la estaca- ¡Te he dicho la verdad! ¡No lo sé! -¿debía de creerlo? Sabía que estaban en París así que… no, no lo creía.
-Está bien vampiro, si dices que no lo sabes teniendo esa estaca metida casi en tu corazón será porque es verdad –lo solté alejándome unos pasos, mientras observaba como el vampiro a los segundos se levantaba, se quitaba la estaca de donde estaba y la dejaba caer al suelo. Comenzó a reírse sin girarse todavía y comenzó a hablar entre risas.
-Creo que eres el primer cazador que conozco que es tan… estúpido e ingenuo. Ahora, el que te va a matar… ¡Soy yo! –se giró con la intención de matarme, pero yo ya había sacado la ballesta y le estaba apuntando a la cabeza así que, en cuanto se giró… la viruta salió disparada hacia su rostro, incrustándose en el centro haciendo que el vampiro callera desplomado al suelo.
-No, el cazador soy yo y yo soy el que mata. –Me acerqué para extraer la flecha no sin antes limpiarla de la sangre con la ropa de aquel vampiro. –Espero que ardas en el infierno –y sin mirarle de nuevo, me alejé de aquel callejón donde había dejado sin vida a aquel vampiro. Mierda, no había servido más que para perder mi tiempo.

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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Mar 06, 2016 6:40 pm

-Ni te atrevas, vampiro.

Son una plaga y la noche su refugio. Miro a los de la bestia y más allá de sus pupilas solo encuentro miseria, un pozo negro sin respuestas. Es un neófito, nada en ella desprende ese toque sobrenatural que portan todos aquellos que superan las fases prematuras. No sabía calcular cuándo fue convertida pero la desesperación y sed de sangre en su mirada me indican que no es capaz de controlar sus actos. Intenta levantarse pero mi bota presiona su pecho, sus movimientos son lentos y vagos después de la lucha encarnizada que hemos tenido. Sin más, ignorando las palabras sin sentido que suelta, clavo la estaca en su pecho. Inspiro profundamente y cierro los ojos un instante. Jamás, y digo jamás, me acostumbraré a esto. Cuando la bestia se queda inerte ante la mirada de la medusa en la que me he convertido, limpio mis manos en sus propios ropajes y salgo del callajón sin mirar atrás. Camino con paso decidido y sin importar las miradas que puedan posase sobre mi debido a mi vestimenta, el largo abrigo que llevo oculta mis armas pero, aún así, no deja de ser extraño que una joven pasee sola a altas horas de la noche sin acompañante y sin la vestimenta adecuada. Los únicos transeúntes que quedan son la escoria de la noche, los restos de unas copas de más. Estoy dispuesta a seguir mi camino hacia casa, siento latigazos en las extremidades debido al esfuerzo de hoy, pero algo capta mi atención. Una joven cruza despavorida la calle y casi es atropellada por un carruaje, pierde el equilibrio y se queda ahí plantada gritando entre sollozos. No me hace falta mirar en la dirección contraria para saber de qué huye.

-Solo uno mas...-me digo a mi misma. Cuando alcanzo el callejón del que salió la joven contemplo la escena como quien descubre la pólvora. Al parecer no soy la única que ha salido a cazar ésta noche y, sin duda, unos disfrutan más que yo. Me asombra comprobar cómo cada uno de nosotros, los cazadores, encontramos en la muerte distintos objetivos. Para cuando quiero darme cuenta él ya ha acabado el trabajo sucio. Su sombra lame los muros del callejón y sube hasta el cielo nocturno, su porte impone y sus pasos hacia la salia resuenan sobre el frío y húmedo suelo. Antes de que pueda percatarse de mi persona vuelvo sobre mis pasos y espero a que comience su camino.

No lo hagas, Astrid. Pero ya lo he hecho. Le sigo, me convierto en su sombra. No todos los días te cruzas con otro cazador, no sé qué clase de gente se esconde tras el nombre de cazador pero sin duda estoy dispuesta a averiguarlo. El aura de esta persona teje hilos a mi alrededor. Aunque mantengo las distancias y cruzo la calle para no llamar su atención, no lo pierdo de vista. Si es bueno en lo suyo se habrá dado cuenta de que esta noche no viaja solo. Me doy cuenta de que el centro parisino a nuestra espalda y ante nosotros se alzan los muros de los edificios más antiguos de la ciudad, las paredes esconden historias y la luz sobre nuestras cabezas tintinea por las escasas farolas del lugar. Él cruza la la calle, tuerce a la izquierda, lo pierdo de vista y apresuro el paso. Para cuando quiero volver a encontrarlo su presencia desaparece. Me quedo quieta donde estoy entre las paredes de este callejón y meto la mano bajo mi abrigo preparada para lo peor. No sé qué me ha llevado a tomar la decisión de seguirle, solo he sido un gato atrapada por la curiosidad.

Escucho pasos tras de mi y el hombre con el que me encuentro nada tiene que ver con el que espero. No cabe duda de que están por todas partes, al asecho, esperando el momento y la víctima perfecta.

-¿Se ha perdido, madmoiselle?

El vampiro se relame. La noche no ha hecho más que empezar.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Naxel Eblan el Lun Mar 07, 2016 11:59 am

La noche había comenzado con un pequeño festín que no me había servido para nada más que perder el tiempo, maldije entre dientes al vampiro que estaría ardiendo en el infierno y me alejé de aquel callejón guardando la ballesta de nuevo en mi espalda, oculto bajo el abrigo negro de cuero. Había limpiado la viruta de la asquerosa sangre de aquel ser sobrenatural, y la había vuelto a colocar de nuevo en la ballesta cargándola, poniendo el seguro para que solo se disparara cuando yo quisiera. No quería correr riesgos, y nunca los había corrido. Cuando me iba de caza no dejaba que hubiera siquiera un pequeño margen de error, porque eso podía costar mi vida. Y mi vida era demasiado valiosa como para dejar que ningún ser despreciable como aquellos me la arrebatara. Además, tenía una venganza que cumplir y… no descansaría hasta verla realizada.

Me alejé del callejón dejando atrás el cadáver de aquel vampiro inerte en el suelo, con aquel agujero en su cabeza como signo evidente de que estaba muerto, y de cómo había muerto. Si otro cazador llegaba a aquel callejón y se encontraba con tal escena esperaba que supiera que andaba otro cerca, uno que no tenía ningún tipo de contemplación en dejar el cuerpo ahí tirado. No me gustaba dejar ni evidencias ni ningún tipo de prueba… pero si el vampiro hubiera colaborado, aunque hubiera sido solo un poco, la cosa habría cambiado. El resultado iba a ser el mismo; iba a acabar con su patética y miserable vida, por descontado. Quizás hubiera sufrido un poco menos si hubiera cantado como un pajarito pero, prefirió la senda del dolor. Y yo había disfrutado como un maldito condenado.

No podía evitarlo, amaba demasiado aquello que hacía por las noches. Me gustaba limpiar la ciudad de aquellos seres sobrenaturales que se alimentaban de vidas humanas, inocentes o no, sesgando sus vidas de una manera que era horrorosa. Cualquiera podía pensar que uno de aquellos mordiscos podía ser prohibido y excitante, pero sólo era lo que te hacían sentir. Te llevaban a tal grado de éxtasis que ni siquiera podías notar qué realmente te estaban absorbiendo la sangre, poco a poco, lentamente hasta no dejar ni una sola mísera gota. Exprimían a sus presas hasta convertirlas en un recipiente vacío, inerte y… seco.

Salí de nuevo a las calles del centro de París dándome cuenta de que los transeúntes no eran realmente conscientes de la lucha que la ciudad estaba librando. Había muchos cazadores que ayudaban a limpiar la ciudad, pero no eran suficientes. Aquellos seres llegaban a París y se colaban entre su gente incrementando su número, no dando tregua a los cazadores que habían decidido librar a los ciudadanos de aquellos seres infernales.
Había poca gente a esas horas de la noche por la noche, pero los pocos que había no podían evitar mirarme cuando pasaba cerca de ellos. ¿Quién no lo haría? Iba vestido completamente de negro, con un abrigo de cuero del mismo color que hacía que llamara la atención. O quizás fuera el aura que desprendía y la… oscuridad que se cernía entorno a mí. No era la primera vez que me decían aquel tipo de cosas, e incluso alguna vez había visto a alguna señora santiguarse cuando pasaba cerca de ella, haciendo que sonriera de lado… si ella supiera que era lo menos diabólico que rondaba las calles, no saldría jamás de su humilde casa.

Gracias a aquella mini-pelea mi cuerpo había entrado en calor y ya no sentía tanto aquel frío invernal que azotaba aquella noche la ciudad, estaba seguro de que podría incluso nevar y no era algo que me hiciera demasiada gracia. Por un lado la nieve amortiguaba más mis pasos al andar, pero dejaba un rastro inequívoco que podía ser, quizás, mortal para mí.
Decidí que era mejor moverse mezclándome con los transeúntes y volver a empezar de nuevo con la búsqueda, a ver si aquella vez tenía algo más de fortuna y me daban las respuestas que esperaba oír. Odiaba que intentaran engañarme cuando sabía perfectamente que aquella pareja de licántropos estaba en París. Era cierto que habían salido y había creído al vampiro en ello, pero… ¿hacerme creer que no habían vuelto? No, engañarme de aquella forma era lo que había firmado su sentencia de muerte. Me hubiera gustado seguir incrustando la estaca hasta que diera con su corazón pero… había que admitir que aquella flecha incrustada en su cabeza era algo que me había encantado, no podía negarlo.

Giré hacia la izquierda en una de las calles dejando atrás la plaza Tertre, aquel edificio tan emblemático de la ciudad, que incluso desde aquí podía ver perfectamente la Iglesia de Saint-Pierre de Montmartre alzándose majestuosamente de entre los edificios. En ese momento, justo cuando mi mirada estaba sobre la iglesia, sus campanas sonaron anunciando la hora de aquella fría noche. Era tarde, muy tarde como para que hubiera tanta gente por la calle. Un carruaje pasó por mí lado amortiguando por unos segundos el repiquetear de las campanas, no sabiendo realmente la hora que era. Tampoco me importaba, por la única razón que había salido era para cazar. No tenía ningún tipo de prisa, y no había nadie que me esperara por ello. Mi hermana, pese a que no le gustara que fuera cazador, se había ido acostumbrando a ello.

Seguí andando en mí búsqueda de encontrar a otro vampiro cuando mis instintos se pusieron en alerta. Había algo que hizo que mirara de reojo sobre mí espalda pero sin girarme realmente. Notaba que no era el único cazador que andaba cerca de la zona, y sentía como unos ojos me observaban y no apartaban su vista de mí. Aquella sensación tan inconfundible de ser observado no pasó desapercibido, a lo que sonreí de lado e incrementé el ritmo de mis pasos, actuando como si no me hubiera percatado pero sabiendo, en todo momento, que alguien me estaba siguiendo. ¿Sería un cazador? ¿Sería quizás algún humano que pensaba que podría llevarse… dinero? Esperaba que no fuera ninguna opción, prefería que fuera algún vampiro el que me estuviera siguiendo. De ser así podría tener más acción y otro festín que, sin duda, esperaba que fuera mejor que el otro y que me dejara mejor sabor de boca.

De nuevo me metí entre uno de los callejones y estoy decidido a dar la vuelta para pillar a quien estuviera siguiéndome. Tenía todo listo y preparado por si se trataba de otro vampiro, teniendo la ballesta cargada y lista, y mis dagas escondidas pero afiladas y preparadas para rebanar carne. En mi fuero interno rezaba porque aquel ser presentara algo más de batalla, había sido demasiado fácil capturar y matar al otro… quería diversión, no uno que apenas me durara diez minutos. Por favor, ¿qué clase de diversión era esa? ¿Es que no habían vampiros que presentaran algo de emoción a todo aquello? Esperaba que sí, y esperaba también que aquel ser me diera lo que estaba buscando.

Esperé casi un minuto hasta volver de nuevo a aquel callejón, para ese entonces estaba convencido de quien quiera que me estuviera siguiendo estaría ahí, preguntándose dónde estaba e intentando localizarme. No lo iba a conseguir, aunque el callejón tenía diferentes salidas había optado otra manera de alejarme de allí sin que pudieran seguirme. Ah, adoraba aquel juego de cazar, vigilar, cercar y cómo no, matar. Era mi juego favorito, uno que iba a disfrutar de nuevo aquella noche. ¿Pensaban que iba a ser cazado? Tuve que reírme entre dientes por eso. Cuando volví de vuelta al callejón la escena que se presentó ante mis ojos fue una que me hizo sonreír.


-Si se ha perdido, yo la he encontrado. Apártate de mí presa, cazadora –me reí entre dientes -Vaya, vaya, vaya… así que eras tú la que me estaba siguiendo, ¿verdad? –contemplé a aquel vampiro que estaba delante de aquella joven. ¿Por qué sabía que era ella? Fácil, solo había que mirar las ropas que llevaba para darte cuenta de que era otra cazadora. Su abrigo largo y, sobre todo, aquellos pantalones eran señales inequívocas de que estaba vestida para la caza, preparada para matar. De lo contrario, de llevar las ropas que todas las mujeres llevaban le sería muy difícil mantener el ritmo y correr con aquellos ropajes que portaban encima. El vampiro, que hasta ese momento se había quedado observando a la mujer, se giró para mirarle y contemplarme… a lo que le sonreí divertido- Así que, estáis jugando al gato y al ratón ¿eh? Lo que me pregunto es… quién es el gato y… quién es el ratón –los miré a ambos sonriendo de forma ladina. Si aquella mujer pensaba que iba a quitarme el placer de interrogar a ese vampiro, y la inmensa satisfacción de matarlo lenta y dolorosamente… estaba muy equivocada. Niña, será mejor que te apartes –no dándole tiempo a que ninguno replicara saqué una de las dagas y la lancé contra el vampiro, haciendo que impactara contra su hombro a lo que el vampiro no pudo evitar gruñir por ello. Me acerqué mientras el vampiro intentaba quitársela y le di una patada en el pecho, haciendo que cayera contra el suelo de espaldas. Saqué la ballesta y, sin contemplaciones, disparé quitando el seguro escuchando el silbido de la viruta surcando el aire impactando contra una de las rodillas del vampiro, que gritó por el dolor. Así evitaba que pudiera escaparse, me acerqué hasta quedar delante de la joven y la repasé sin ningún pudor, riéndome cuando finalmente la miré al rostro- Eres pésima siguiendo tú objetivo, me he dado cuenta enseguida de que lo estabas haciendo. Ahora, sino te importa, es tiempo en que los mayores se encarguen de esto –sonreí de lado, divertido con todo aquello. –No creo que estés preparada para ver lo que sigue, ¿por qué no mejor te dedicas a jugar con muñequitas? Así seguro que tu esperanza de vida es más larga –pasé de ella y apreté con el pie donde le había clavado la flecha en la rodilla- Siempre hay un pez más grande, nunca lo olvides vampirito.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Mar 09, 2016 6:04 pm

Media noche hambrienta.
Su voz recorre mi espina dorsal y se queda en mi nuca produciéndome un leve escalofrío. Tal y como están las cosas no sé quién de los dos individuos que tengo ante mi es más mortífero, los colmillos del vampiro o la amenaza del cazador. Los observo un segundo ya con mi arma en la mano y las dagas preparadas en sus fundas, parecen arder deseosas de sangre. Mi rostro adopta una expresión severa rosando la indignación. ¿Niña? La bestia comienza a tomar una postura defensiva pero mantene su boca cerrada, es astuto y en cuanto tenga oportunidad querrá salir corriendo del lugar, sin embargo esa oportunidad no llega ya que el primer golpe impacta en su hombro. A penas he distinguido la daga en el aire, veloz y mortífera. Lo observo todo en silencio y en alerta, su modo de actuar es despiadado y no entiende de contemplaciones, está dispuesto a hacer de la escena un baño de sangre. Inspiro tratando de mantener la calma y comienzo a arrepentirme de haberlo seguido. ¿El por qué lo hice? Ilusa de mi que pensé que todos los cazadores somos iguales y buscamos un mismo objetivo actuando sobre los principios y la moral. Ni siquiera aquellos que lo han visto todo tienen compasión. No sé qué esperaba encontrar en este hombre pero, sin duda, sus palabas despectivas no estaban entre mis opciones. Me muerdo el labio y contengo las ganas de estamparle un puñetazo en su bonita sonrisa de chico malo.

-Ambos...-susurro más para mi que para los presentes. Todos somos gatos y ratones, cazador y presa, la persecución y la muerte están a la orden del día y no hay ni un solo instante que nos aguarde del peligro. Apreto la empuñadura de la daga hasta que siento el cuero clavándose en mi piel. Este hombre está dispuesto a torturar al vampiro y algo me dice que solo se trata de mero placer. Su sombra crea conflictos con la mía.

Para cuando se gira hacia mi revelo una ira impropia en mi mirada, su sola presencia me retuerce por dentro y no puedo estar más decepcionada conmigo misma ante la situación en la que me he metido. Su descaro roza lo inalcanzable, ¿se está riéndo de mi?

-¿Qué te hace pensar que quería pasar desapercibida?-suelto, y estoy a punto de añadir un imbécil pero la señorita que llevo dentro me mantiene en mi sitio. Su forma de actuar me hace sentir fuera de lugar, se divierte con lo que ocurre y no tengo claro hasta que punto puedo dejar que esto se alargue.

Cuando se gira es como contemplar la escena al revés, el vampiro solo es un triste ser y él se impone cuan alto es sobre su presa. Comienzo a tensarme ya que no acostumbro a cazar de esta forma, jamás juego cuando cazo e intento permanecer cuerda, intento no perderme a mi misma cada vez que arrebato una vida. El cazador empieza con un interrogatorio plagado de golpes y sangre, su risa resuena en el callejón y arranca destellos de luna, todo se tiñe de un tono macabro y la noche parece pesar. La presión me oprime el pecho, no estoy dispuesta a soportar esto mucho más, no es la manera.

La daga impacta en el cráneo del vampiro cuando éste aún intenta acabar su frase. Ni lo he pensado, lo cual supone consecuencias. Inspiro profundamente preparada para lo que sigue a continuación y, antes de que el cazador pueda añadir algo, me adelanto sobre sus palabras.

-Número uno-empiezo, avanzo hacia él-No soy una niña. Dos, soy pésima para muchas cosas pero salirme con la mía es una de mis especialidades-una vez a su altura atravieso sus ojos de forma desafiante y oculto el nerviosismo que amenaza con apoderarse de mi. Me agacho y arranco la daga del cuerpo inerte del ser y la limpio en la manga de mi abrigo. Vuelvo a mirarlo, recorro su rostro como quien lee un mapa inacabado y alzo una ceja sin llegar a comprender qué lleva a alguien a realizar tortura por unas míseras respuestas-Y tres, luna llena. Los licántropos que buscas han salido hoy a cazar y suelen preferir los barrios bajos.-cuando creo que he captado su atención añado-No eres el único que los busca.

Guardo la daga, no quiero ni deseo que me vea como una amenaza, las respuestas que buscaba con sangre las ha obtenido sin ella. Intento mostrar una postura calmada aunque mantengo mi mano sobre el mango de mi arma de fuego, dispuesta a todo de ser necesario. Por otro lado, es bien sabido que muchos nobles ofrecen incluso recompensa al cazador que consiga hacerse con ellos. Lo miro e intento descifrar su expresión, está claro que he roto su momento de gloria y a partir de aqui todo puede ir sobre ruedas y desatar una guerra. Se crea un silencio espectral en el que me permito repasar las formas prominentes de su rostro y no sabría decir si aún tiene ganas de sonreír. Intento encajar a este hombre en cualquier otro lugar que no sean la oscuridad pero, como si él mismo se negase, no logro reconocerlo.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Naxel Eblan el Jue Mar 10, 2016 7:09 pm

El juego estaba abierto, la partida daba comienzo y las fichas debían de moverse para conseguir su objetivo. Aquello era como una partida de ajedrez en el que, el que mejor estrategia tuviera, ganaba. Las fichas se movían por el tablero ejerciendo su función  como si fueran manejadas cual marionetas, cada uno sabía lo que debía de hacer y lo ejecutaba a la perfección. Un paso en falso, salirse un poco de la casilla que no debías, suponía una muerte inmediata. Las reglas estaban echas para cumplirlas, aunque era de los que preferían saltarme las reglas y hacer las mías propias.

En aquel momento las fichas se habían encontrado en un escenario inusual que, estaba seguro, ninguna habría pensado. La torre había echo un movimiento de defensa en un intento de defenderse del ataque que le presentaban dos fichas; la reina estaba parada con sus armas listas para presentar batalla… y el rey, desesperado por cazar, se había adelantado a cualquier movimiento que pudieran haberse imaginado. Si aquello fuera una partida real, el que menos opciones tendría de conseguir la victoria era yo. El rey solamente tenía un número limitado de movimientos… pero la reina, sin embargo, era la que mayor daño podía ejercer de todos.

Pero pro suerte para mí, aquello no era un tablero de verdad y las fichas podían adquirir otros matices diferentes, el rey en ese momento estaba ganando la partida y de seguir así… fuera el que haría jaque mate. El vampiro no iba a salir de allí con vida, solamente con mí presencia bastaba para que aquello no ocurriera… si a eso le sumabas que había, además, otra cazadora en el lugar sus posibilidades se quedaban en cero. Aunque… más que una cazadora, era media cazadora. Era joven y estaba seguro que era inexperta en todo aquello, lo había dejado claro cuando había intentado seguirme sin que me diera cuenta… pero en esa ocasión, era mucho más listo.

La observo sin ningún tipo de pudor recorriéndola completamente, examinándola al mismo tiempo, como si quisiera ver mucho más allá de lo que a simple vista parecía mostrar. Me quedé observando sus ojos que me trasmiten un brillo que no supe descifrar realmente lo que escondían, pero que estaba seguro que era ira y odio… no hacia el vampiro, claro está, sino hacía mi persona. Puedo notar como su mirada fija en la mía me produce una ligera risa, como si quisiera darme a entender con aquello que no vacilaba ante mi presencia, que no se dejaba amedrentar por mí condición, ni por mí porte, ni por el aura oscura que me rodea. Tras su pregunta chasqueé la lengua para volver a recorrerla con la mirada, como si con aquello le estuviera respondiendo a la pregunta sin tener que hablar.


-Ya que parece que no lo sabes, te haré un resumen; si realmente fueras una auténtica cazadora sabrías que nunca tienes que dejarte ver, ni siquiera por otro cazador. Ocultamos nuestra presencia y nos camuflamos en la noche para pasar desapercibidos, igual que lo intentan hacer ellos –señalé con la cabeza al vampiro, sin dejar de mirarla. Mi voz es dura y fría, sin ningún tipo de emoción o sentimiento, vacía y carente de sutilidad hacía la joven- Eres como un polluelo que acaba de nacer e intenta volar pero se cae al suelo porque ni sabe, ni puede. Tu curiosidad por seguirme y tu total carencia para perseguir una presa han sido lo que te ha delatado, y lo que te ha llevado a esta situación. Tus pasos al andar, tu respiración agitada y tus pulsaciones te han delatado. Cuando aprendas realmente a perseguir una presa sin que se den cuenta en el minuto cero… podrás echármelo en cara –y sin decirle nada más me acerqué al vampiro que era lo que realmente me importaba.

Encontrarme a aquella joven, o que ella me encontrara a mí, había sido un total y desafortunado encuentro. Sin saber el motivo alguno, nuestros caminos se habían entrelazado para mayor desgracia suya, se había topado con el cazador menos indicado, con él único que no tendría reparo aunque estuviera tratando con un igual. En cuanto a tratarse de presas, no perdonaba; lo que era mío era mío. Punto, no había lugar para réplica alguna, no había lugar para dejar que otro se encargara de lo que ansiaba buscando, de lo que realmente anhelaba.

Me acerqué al vampiro que seguía en el suelo tumbado de espaldas, con aquella viruta clavada en su rodilla por la que ya brotaba la sangre oscura y espesa, pese a que la herida no lo mataría sí lo ralentizaría en caso de que saliera huyendo. Me gustaba perseguir a mis presas, pero tenía por ley que una vez encontradas jamás saldría vivas. Y aquel vampiro no iba a ser la excepción, por mucho que aquella joven se empeñase en que cambiara de parecer.
Presioné con el pie donde le había clavado la flecha haciendo que el vampiro gritara por el dolor, con aquel trozo de madera incrustado no se curaría, por lo que sabía que de ahí no se iba a mover. Di una patada en su pecho donde debería de estar su corazón marchito y sonreí de lado ante su grito de dolor. Comenzaba el festín.



-Vampirito, has tenido la desgracia de toparte con dos cazadores esta noche. O bueno, con un cazador y medio –me reí entre dientes divertido por aquello- Pero lo que ha cavado tu propia tumba ha sido encontrarte conmigo. Tengo unas preguntas que quisiera hacerte y… me sentiría muy apenado que no puedas decirme lo que ando buscando.
-¡Te chupare toda esa sangre de sucio cazador que tienes! –me gritó el vampiro intentando incorporarse un poco, a lo que negué con la cabeza sacando de nuevo la ballesta y disparando otra viruta que impactó contra uno de sus hombros, haciendo que callera de nuevo al suelo. Adoraba aquella arma, rápida, letal y mortífera, el ruido que la viruta hacía cuando salía de la ballesta era como una melodía que anunciaba la muerte… y lo adoraba. Le di una patada en el rostro y me agaché, salvando distancias, para que no llegara a morderme.
-Muy mal, vampirito, respuesta equivocada. ¡Vamos! Sé que lo puedes hacer mejor –esta vez hice presión en la daga que había clavado al principio en su hombro, haciendo que esta se hundiera más en su carne, haciendo que más sangre saliera de la herida y manchara la camisa del vampiro. –Sólo quiero saber dónde puedo encontrar a ciertos licántropos, lo demás carece de importancia. Tú insignificante vida carece totalmente de importancia para mí, pero, mírame… aquí estoy interesado como jamás lo había estado en tú persona. Sólo tienes que decirme lo que necesito saber y… puede que te deje marchar. Tú decides qué es lo que quieres hacer –lo observo durante unos momentos y la luz de la luna hace que la daga brille con más intensidad, haciendo que la sangre resaltara más sobre su hombro, dándole un aspecto deplorable. Veo como saca sus colmillos y me río divertido por ello- Hace tiempo que no tengo colección de colmillos… estaría bien volver a empezar la colección de nuevo –lejos de asustarme con aquel gesto mi humor aumenta con cada cosa que el vampiro hace. Pero no es suficiente, aún quiero más y más… ¿cuándo encontraría a un adversario que me presentara una digna batalla? ¿Por qué todas las presas que cazaba, al finalizar, sentía que me faltaba… algo? Mi interior me clamaba por una lucha, intensa y larga, que no fuera tan fácil y que me divirtiera… sino, ¿qué sentido tenía ir de caza? Es justo cuando el vampiro iba a decirme algo… que la joven e inexperta cazadora decide hacer acto de presencia, ocurriéndosele la genial idea de clavar su daga en la cabeza del vampiro, haciendo que muriera en el acto quitando todo rastro de diversión.

Noto cómo mi cuerpo comienza a tensarse al contemplar como el vampiro, carente de vida, queda inerte tumbado en el suelo. El silencio se adueñó del lugar y la luz de la luna llena era la que bañaba aquella escena con su luz nacarada, dando una sensación como si fuera todo más etéreo. La ira va creciendo en mí interior mientras aprieto mi puño con fuerza, cerrando los ojos por unos instante mientras intento controlarme… aquella joven no sabía lo que acababa de hacer, era como querer firmar una sentencia de muerte prematura. Y como si aquello fuera poco, como si mi cuerpo no estuviera temblando por la rabia, la ira y la venganza, que aquel sencillo acto había causado… la fuente que había provocado todo eso se había acercado dándome un discurso que, cuando terminó, hizo que una sonrisa ladina se formara en mí rostro. Mis ojos carecían de cualquier emoción, fríos, inexpresivos, clavándose en ella mientras sentía el daño en las palmas de mis manos por apretar con tanta fuerza… y no pude contenerme.

Cogí a la cazadora por el cuello y la estampé contra la pared que quedaba cerca de ella, haciendo que su espalda chocara contra el frío muro de aquel callejón, no importándome en absoluto si le había echo algún tipo de daño, cegado por lo que acababa de hacer, sintiendo cómo mi cuerpo me pedía que tomara justicia por aquello. Pegué mi cuerpo al de ella, imponiendo mi altura y mi porte para darle más seriedad al asunto, como si quisiera con ello hacer que se sintiera más pequeña bajo mi presión. Me había quitado a mí presa, y no sólo eso… había propiciado que mi fuente de información no cantara como había esperado.


-Uno; eres una jodida cría que no sabe realmente con quién se ha metido. Que piensa que, por ser cazadora, voy a tener un decoro y una moralidad ética por ser compañera ¿no es cierto? –reí entre dientes, en un tono frío y bajo, cortante- Dos; salirte con la tuya es lo peor que has podido hacer. No se le quita la presa, ni la diversión, a otro es lo último que vas a lamentar hacer –la observe a los ojos, puedo notar el brillo de la ira y la determinación en ellos, pero también atisbo algo de incertidumbre en ellos, como si quisiera ocultarse tras una máscara en la que se sentía a salvo de todo- Y tres; los licántropos que mencionas… no son los que busco. Y ahora por tu jodida benevolencia hacia ese ser despreciable, y tu precipitación han jodido mi fuente de información. –Yo también me di el lujo, como ella, de ir enumerando- ¿Qué debería de hacer ahora contigo? Matarte, ¿quizás? No… sería demasiado fácil. Tan solo bastaría con apretar hasta sentir cómo no puedes respirar y seguir apretando más… -hice una leve pausa en la que entrecerré mis ojos, observándola detenidamente- Pagarás por esto, y no estoy seguro de que te guste el precio –a pesar de lo que mi interior me pedía, a gritos, que hiciera con ella… la solté. Me alejé unos pasos y recogí las dos virutas limpiando antes la sangre de ellas en la camisa del vampiro. Recargué la ballesta, puse el seguro y la guardé para girarme hacia ella- Si no quieres que te mate por lo que acabas de hacer, tendrás que encontrarme tú, por tus medios, lo que ansío encontrar. Necesito información y, puesto que tú me la has quitado, tú deberás de obtenerla por mí. –Extraje la daga del hombro del vampiro y le apunté a ella, listo para lanzarla en caso de que se negara- Elige, niña; información o… tú vida. Estoy siendo más benevolente de lo que cualquiera pudiera haber tenido de ser otro… puedes darte por dichosa.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Astrid J. Bergès el Mar Mar 22, 2016 7:26 pm

Todas sus palabras golpean mi cabeza una y otra vez, me digo que no tienen importancia e intento enterrar lo que ha dicho en el vacío, pero es la forma en la que lo dice más que el contenido lo que me hiela la sangre. Pronuncia cada sílaba como si con eso deseara desgarrarme. Si hay algo que no soporto es la superioridad, el ego, el desprecio. Mientras remarca mis actos y puntualiza todo aquelllo que él considea un error por mi parte, permanezco estática con la mirada clavada en la suya como si así consiguiera creerme más fuerte. Él no duda en hacer uso del lenguaje no verbal al examinarme casi de forma violenta, para este hombre no soy más que carnaza y deja bien clara su postura y nuestras diferencias.

Por eso, mientras su mano ejerce presión contra mi cuello y su cuerpo se convierte en una cárcel sobre el mío, cierro los ojos luchando por desaparecer. Esto no es real, me niego a pensar que de sus labios solo salgan palabras destructivas, me rebelo ante la idea de aceptar que no queda humanidad en esta persona. ¿Está jugando? ¿Crees que soy otra de sus presas? Lo miro entonces y descubro la mueca del diablo en su rostro, desprende una ira descontrolada por cara uno de sus poros y yo solo puedo pensar en qué habrá llevado a este hombre a sentir tanto odio por todo lo que lo rodea. Su respiración y sus palabras chocan contra mi rostro y pese a que podría rebatirle todo lo que dice me quedo como estoy deseando con todas mis fuerzas vivir un minuto más con el poco aire que me queda en los pulmones.Tanta rabia me hace sentir sucia y minúscula, su cuerpo dobla el mío y los músculos de su brazo se tensan a medida que la presión sobre mi garganta aumenta. Cuando amenaza con poner fin a esto algo se fragmenta dentro de mi, yo creía que los monstruos tenían colmillos o garras. Algo en esta persona está roto y no hay nada peor que alguien que se perdió hace tiempo.

Para mi ya desgastada esperanza, decide soltarme y darme el privilegio del aire como un dios que entrega y arranca la vida. Caigo al suelo y respiro con dificultad, mis manos convertidas en puños y me doy cuenta de que un hilo de sangre sale de mi boca, me he mordido demasiado fuerte el labio. Despacio me incorporo y lo observo mientras todo mi cuerpo tiembla preso de la impotencia y, para qué negarlo, el miedo. ¿Me está chantajeando? Reprimo una risa nerviosa ante lo incrédulo de la situación y paso mi lengua por los labios cortados, sabe a hierro carmesí. Mi propio silencio comienza a asustarme, no sé si he entrado en shock o mi subconsciente ha decidido ahorrarme el momento de debilidad cuando solo consiga decir tres palabras con la voz de un pajarito. Sin embargo, con su daga apuntando en mi dirección en un blanco directo, avanzo hacia él, mis pasos resuenan en el callejón y la sangre del vampiro se mezcla bajo mis botas, me quedo a centímetros de la punta de la daga. Una parte de mi quiere salir corriendo y otra darle un puñetazo. No hago caso a ninguna de las dos.

-No te debo nada, capullo-las palabras salen de lo más profundo de mi garganta antes de que pueda contenerlas, las voz que débil que tanto temía se ha dignado a aparecer de forma grave y seria. Un aire salvaje se apodera de mis actos, casi podría prender fuego con pestañear. La piel que envuelve mi garganta me arde y quisiera arrancármela, el dolor es casi insoportable -Presumes de ser un gran cazador y tener conocimientos extraordinarios, me desprecias sin conocerme pero en realidad no eres nada. Tu gran error es ser como ellos-señalo el cuerpo sin vida del vampiro y a su vez doy un pequeño paso al frente, el arma se hace más letal por momentos, solo cinco centímetros separan mi piel del inevitable corte-Te guías por tus propias normas, como todos aquí, arrasas con todo a tu paso y no dejas testigos. Torturas, asesinas. Esta mierda no se trata de eso, no somos como ellos, ¡no es la manera! ¿Es qu no lo ves, no te ves?-un paso más y siento la daga en mi cuello. Él permanece como una estatua y no puedo descifrar su rostro, permanece en la sombra. Mi respiración se acelera y el vaho se acumula frente a mi, tengo frío pero ya no tiemblo, tengo miedo pero no tiemblo-Los licántropos que buscas son los más perseguidos de la ciudad, al menos más de la mitad del gremio anda tras ellos. Y lo quieras o no, estoy en lo cierto. Te reto a creerme-tan solo un leve movimiento bastaría para desgarrarme pero estoy poseída por una determinación que me mantiene firme, busco el brillo gélido de sus ojos a través del negro de estas calles- Vendrás conmigo y te llevaré hasta ellos. Si resulto estar equivocada has lo que tengas que hacer conmigo, la ley es dura pero es la ley.

La sangre dibuja un río rojo que recorre mi cuello y se pierde debajo de mi blusa hasta el canalillo, aún con la zona doloria no puedo sentir la punta de la daga y aunque debería alarmarme decido quedarm donde estoy ya que todas las barreras y fuerzas que he utilizado para no salir corriendo pueden desvanecerse en un instante. Estoy a punto de perder el control, no sé qué clase de respuesta me espera, si éstos serán mis últimos segundos con vida. Siento cómo mis mejillas se encienden por la intensidad del momento y mi pecho sube y baja en un desquiciado frenesí de locura.

-Y jamás...-mi mano se posa en la suya lentamente, con suma cautela-Jamás vuelvas a ponerme una mano encima o juro por lo más sagrado que suplicarás tu muerte.

Ya he tenido suficiente, no puedo más. Sin esperar respuesta alguna me separo y comiendo a andar en dirección contraria, dejo claro con el ritmo de mis pasos que no pienso huir, solo marco mis intenciones. Una vez lo tengo a mi espalda suelto el aire que he estado reprimiendoen un suspiro entrecortado que me quema el alma, me controlo para que las lágrimas que amenazan con aparecer se queden donde deben y no me delaten. Ahora que ha pasado mi momento de valentía solo quedan los restos y no sé si podré soportar la farsa más tiempo, porque es así, yo no soy fiera ni calculadora, no tengo la fuerza suficiente. Cuando quedo a la altura de la entrada del callejón inspiro profundamente y vuelvo la vista atrás.

-¿Vienes o te quedas?-me cruzo de brazos y espero. El esclavo de la muerte sigue donde lo dejé y la última palabra la tiene él.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Naxel Eblan el Vie Mar 25, 2016 9:20 pm

Al final la partida no había salido como había pensado, pese a que las fichas estaban en su sitio cada una la jugaba se había salido de las manos, y había acabado con la muerte de la torre. Una muerte que ya estaba augurada desde el comienzo de la partida, una muerte que iba a ser más duradera y una muerta con la que iba a disfrutar. Pero, al parecer, la perra del destino había decido que esa no era mi noche. Que esa, no era mi partida, y que esa, no iba a ser mi victoria.

La vida, el destino o las casualidades se habían juntado en esa fatídica noche, produciendo un desenlace que no había pensado siquiera en ello. Al final, la reina había hecho honor a sus movimientos y, mientras el rey atacaba, la reina piadosa como siempre, había decido acabar con la vida de aquella torre, salvando así a su rey. ¿Salvando? Más bien, jodiendo al rey. Su misericordia, su compasión habían salido a la luz y habían acabado con la vida de aquel ser que, en teoría, debía de brindarme información. Y no sólo eso, me había quitado a mi presa.

Pero no le bastaba con haberme arrebatado la oportunidad de interrogar a aquel vampiro, sino que me había arrebatado el momento glorioso de darle fin a su insignificante y despreciable vida. La reina, aquella que se había quedado parada en el callejón ante mi llegada, la misma que me había observado con el miedo danzando en su mirada… esa, la misma, que después no contenta con quitarme la presa… me había soltado un tremendo sermón. Uno que no escuché atentamente pues la rabia, la ira comenzaban su particular danza dentro de mí, ardiendo, quemando, deseando ponerle las cosas claras a aquella joven que me había arrebatado la segunda diversión de la noche.

¿El resultado? Mi mano se había cernido sobre su cuello apretando sin tener ningún tipo de decoro ni de piedad, mi cuerpo se había impuesto al suyo, más bajo, más frágil, más delgado, imponiéndome sobre ella no solo con mi cuerpo y mi porte, sino con mi aura oscura y mis palabras, frías y cortantes, duras, que había dejado fluir por mis labios mientras la rabia se apoderaba de cada una de ellas, mientras le dejaba en claro que no debía de jugar con la muerte, pues no sabías donde podía atacarte y acabar con su vida.

Mientras tenía en mí mano su cuello podía notar cómo su garganta se cerraba poco a poco no dejando casi pasar el aire por ella, haciendo que su respiración fuera más errática, costosa, y sonora. Sí, tan sólo me bastaba apretar un poco más, ejercer la justa presión para que no pasara nada de aire y solamente me quedaría contemplando cómo su cuerpo rogaba por aire, como poco a poco la vida se le escaba del cuerpo. ¿Debería de hacerlo? ¿Debería de darle una lección para saber en qué liga estaba jugando?

Su mirada pese a lo que estaba pasando no se apartaba de la mía, me estaba dando a entender que pese al miedo que poseía su cuerpo por la inminente falta de oxígeno… no me temía. O era lo que quería aparentar. Pero, hubo un momento, una fracción de segundo en el que me di cuenta de que verdaderamente, tenía miedo. Sus ojos brillaron con la chispa de la muerte rondándoles, sus ojos reflejan una fragmentación interna cuando cae, en la verdadera cuenta, de que podía morir ahí mismo. Bajo mi mano. Porque así lo había decidido. Porque podía, y sobre todo, porque quería.

No sé qué me llevó a soltarla ni porqué le había dejado con vida, pero la lección estaba aprendida. Había aprendido que no debía de confiar en un cazador solamente como tal, eran hombres y mujeres, con pasados oscuros que querían olvidar a lo largo de su vida. Pero eran personas, y por mucho cazador que fueras, las personas eran traicioneras y se movían a conveniencia. ¿No le habían enseñado nada a lo largo de su vida? Parecía que las nociones básicas se las habían saltado. La vida del cazador era dura, fría y peligrosa. Solo había dos opciones; o cazabas… o te cazaban. Solamente debías de elegir el bando en el que querías estar. Pero además, había que contemplar la opción de que no todos eran buenos. El claro ejemplo lo tenía delante; yo mismo.  

Recogí la daga del hombro de aquel vampiro y le di una patada para darle la vuelta y que su rostro quedara a otro lado. Maldición. Quería haberme divertido con él pero había llegado ella, en su gloriosa misericordia, y le había puesto fin antes siquiera de poder empezar con él. Aún sentía parte de la rabia y la ira bailando dentro de mí cuerpo, aunque se había mitigado al cogerla del cuello y amenazarla, de momento. La contemplé mientras esperaba su respuesta. Cuando la solté su cuerpo no pudo aguantar más y calló al suelo, como si solamente hubiera estado sostenido por mi agarre hacia ella y, al dejarla, no había podido aguantar su propio peso. Su cuerpo comienza a temblar como si el frío de la noche hubiera traspasado su ropa y se hubiera instalado allí y se negara a irse. Me doy cuenta del hilo de sangre que brota de sus labios y sonrío de lado, divertido con la idea de que se ha contenido y se ha mordido el labio seguramente por el temor a que pudiera haberla matado, entonces, ¿por qué no ha intentado ponerle remedio? ¿Por qué no ha intentado alejarme de ella, y que soltara mi agarre? Aquello solo hace que una sonrisa ladeada cruce mi rostro, mientras la observo a la espera de su reacción.

Y no tarda en llegar. Con pasos decididos se acerca hasta mí con los puños apretados, observándome, evaluándome con la mirada al igual que lo hago yo hacia ella, midiéndola en todo momento, pero listo y preparado para lanzar mi daga si veo que supone un verdadero problema. No me supondría nada hacerlo, una vida más, una vida menos ¿cuál es la diferencia? Muchas personas merecerían la muerta sin que fueran vampiros ni licántropos, ser humano no te hace mejor persona. Y, por fin, se acerca hasta que su cuello casi roza la punta de la daga, y sonrío de lado divertido por ello.

Su voz resuena por el callejón de una forma que no esperaba, pensaba que la iba a escuchar con voz débil y frágil, pero resuena con fuerza y vigor. Sus ojos me observan en todo momento y no aparta su mirada de mí, me mide con sus ojos y siento que intenta hondar mucho más allá de ellos, pero sabía que no lo iba a conseguir. El muro de hielo que había forjado durante años hace presencia y no deja que nada salga a la luz, a menos que así lo quiera. Y no lo hago. Tampoco le desvelaría nada el que lo hiciera, sus palabras no me producen nada, salvo que una ligera risa se escapara de mis labios, divertido en todo momento.

La reina comienza a alzarse imponiendo su fuerza sobre el lugar, de forma casi majestuosa, su cuerpo rebosa determinación mientras vuelve a acercarse quedando cada vez más cerca de la daga. No digo nada, no hago nada. Le dejo decir aquello que tenga que soltar mientras espero a ver cuánto se quedará de la punta, como si fuera un reto hacia su persona, como si quisiera medirla por aquello. ¿Despreciarla? No lo había hecho, no de momento. No tenía motivos para ello, solo había constatado el hecho de lo que realmente era. ¿Qué quería que viera? ¿Pensaba que podría ver bondad en mi interior? Solo encontraría un pozo lleno de oscuridad, no había nada más, no encontraría nada más. No había nada.

Veo que vuelve a dar otro paso y la daga, esta vez, roza su cuello y le hace una fina herida de la cual empieza a brotar sangre, sigo el hilo carmesí con mis ojos notando como se cuela por la blusa y vuelvo mi mirada a ella. No sabía si era valiente, estúpida, o tremendamente loca. Me muestra una parte oculta hasta el momento y quedo divertido con ella. Ahora si la veía como a una cazadora, así es como debería de haber actuado desde el primer momento. Sin vacilar, sin dudar, y segura. Siento su mano más pequeña que la mía apartar la daga y dejo que lo haga, ha pasado la prueba. Y me río sin poder evitarlo.



-Enhorabuena, cazadora. Ahora realmente pareces lo que tanto alardeabas y presumías que eras; una auténtica cazadora. Ha hecho falta todo esto para sacarlo a la luz, es en situaciones más adversas cuando lo que realmente somos deja fluir y sale a flote. Una locura, ¿verdad? –Me río divertido guardando la daga en el muslo, lista para ser utilizada si la ocasión lo requiere- No me debes nada per lo estás haciendo, niña. Cada uno tiene una forma diferente y nadie debería de juzgar si es la mejor o la peor, son formas, solamente. El resultado al final siempre es el mismo, ¿no? Acaban muertos, ¿qué mas da si les concedes una muerte rápida, o lenta? ¿Sientes compasión con ellos? Esa compasión será la que un día acabe con tú vida. En este mundo frío y cruel solo hay una norma, todo se rige por ella, salvo que seas lo suficientemente frío, astuto, cruel y despiadado, como para imponer tus propias normas. Si no te habías topado con ninguno, enhorabuena, estás delante de uno –sonreí de forma ladina divertido por aquello, dándole a entender que no se iba a encontrar siempre con cazadores buenos. –Si resultas estar equivocada, niña, acabaré con tu vida antes siquiera de que te des cuenta de que quiero hacerlo. Visto lo visto, no me supondrá mucho problema –la observé alejarse no sin antes rondar por mi mente la frase de que me mataría, y no puedo evitar reírme de forma fría, haciendo que la risa retumbara por las paredes del callejón, dándole un aspecto más malévolo del que realmente sonaba- ¿Matarme? ¿Tú, a mí? No estás en condiciones de amenazarme.

Sin decir nada más la observo parada al final del callejón cruzándose de brazos y la recorro de forma detenida. Me acerco a ella con pasos firmes y decididos haciendo que resuenen por el callejón donde había dado muerte a aquel vampiro. La sombra se proyecta cerniéndose sobre mí mientras no aparto mis ojos de los suyos, queda a su altura y la recorro sin ningún pudor alguno su cuerpo entero. Sonrío ladino y me inclino hacia su rostro llevando una mano a este y levantándole el mentón para observarla mejor, dejando mi rostro cerca del suyo. Como cuando la tenía agarrada por el cuello, pero esta vez evaluándola y recorriéndola, queriendo encontrar en sus ojos la determinación de hacía unos instantes... La encuentro, pero algo más rota que hacía unos momentos. La luz de la luna se proyecta en su rostro y hace que sus ojos brillaran de una forma extraña, casi felina, mientras miro su labio que se ha mordido con la sangre reseca todavía en el labio. Levanto mi vista de nuevo a ella.


-Ya que pareces saber donde se esconden esos licántropos te seguiré para que me lo enseñes. Si realmente tenías razón aplaudiré tu inteligencia y tu clarividencia para saber realmente lo que estaba buscando. En cambio, si no es lo que andaba buscando… -chasqueé la lengua- tendré que matarte. Como has dicho, la ley es la ley por dura que sea. Y ya que sabes donde encontrarlos… dejaré que me guíes tú. Nada de juegos ni trucos, niña, comencemos bien la noche y los dos saldremos vivos al final de ella. Siento en tu interior las ganas de cazar tanto como las siento en mi interior, así que, ¿por qué no dices adiós mientras bailamos esta noche con el diablo? Aunque te aconsejaría, que no te atrevieras a mirarlo a los ojos –me incliné para lamer la sangre reseca de su labio, limpiando lo que había quedado, sintiendo el saber ferroso en mi boca y me separé ladeando la cabeza- Escondes demasiado, niña, y no sé si realmente es bueno que lo mantengas escondido. En este mundo cruel es mejor que potencies todo lo que tienes, nunca sabrás cuando vas a necesitarlo –me separé de ella comenzando a andar para salir finalmente del callejón dejándola atrás, dándole unos segundos para que se repusiera de aquello. ¿Me pegaría, me diría algo por mi atrevimiento? Giré mi rostro y la miré divertida- Vamos niña, el diablo nos espera.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Astrid J. Bergès el Vie Abr 01, 2016 6:36 pm

Me confunde. Primero me desprecia, intenta estrangularme, ahora halaga mis dotes de cazadora y en la misma frase vuelve a amenazarme. Mantengo los brazos cruzados mientras se acerca a mi al compás de un ritmo que solo él es capaz de seguir, no puedo evitar clavar mis uñas en los brazos cuando escucho cada una de sus palabras. Sus ojos recorren por enésima vez mi cuerpo y no me acostumbro al escalofrío pese a que tengo claro que es su forma de intimidarme, de hacerme sentir pequeña. Una vez se pone a mi altura su rostro queda en la sombra y el mío, de nuevo, a la luz. Desde que nos cruzamos nuestras posiciones, palabras y acciones se han enfrentado, caminos entrelazados pero no paralelos.

-No eres como dices ser-le susurro, el vaho de mi respiración acaricia su rostro. Me domina una verdad abrumadora, una sensación indiscutible de tener la razón al contradecir sus palabras. Nadie es tan malvado o tan benevolente, no hay extremos ni terminos exactos. Todo es relativo, este mundo, él, nosotros-Puedo mostrarte que puedo ver a traves de tus mentiras vacias. Todo a su debido tiempo.

Hay un minúsculo silencio entre nuestros cuerpos, mis hombros están tan tensos que comienzo a sentir la presió y sé que no conseguiré soportar su mirada por más tiempo. Sus pestañas bajan hasta mis labios y veo que sonríe. ¿Por qué sonríe? Frunzo el ceño y me doy cuenta de que mi mano está cerrada en un puño, podría romperle los dientes pero el saber que él me rompería los huesos me deja quieta en el sitio.

-Comenzamos el baile hace rato-contesto, porque para mi esta noche él es el diablo. Y entonces lo hace, rompe las barreras de lo seguro y profana mi piel con su lengua en un retorcido placer, el tacto es húmedo y caliente. Mentiría si dijese que no me ha sorprendido ya que me esperaba de todo menos esto, me quedo paralizada y dejo de sentir el aire. Tengo una de mis dagas en la mano preparada y a la espera, si intenta algo más no seré dueña de mis actos. Antes le he dicho que si volvía a tocarme lo mataría pero mis palabras han sido en vano ya que la amenaza no ha estado a la altura de mis fuerzas, y él lo sabe. Siento sus frios ojos muertos, robandome la vida, y no sé qué es lo que me mantiene cuerda en esta mezcla de repulsión y curiosidad.

Inspiro profundamente y paso mi lengua por el rastro que ha dejado la suya, sin más comienzo a andar y me adelanto a sus pasos para tomar las riendas de la situación. Juego con la navaja y compruebo a través del reflejo que él me sigue, que está al asecho de cualquier movimiento que yo pueda hacer. Ha dejado claras sus intenciones pero yo no tengo mucho más que perder. La noche se alarga entre nosotros y mis ojos suben al cielo en busca de las estrellas, pero éstas han huído ante la sombra que me persigue. En la siguiente media hora avanzamos conmigo al frente y siguiendo el rastro, todo en silencio, yo me niego a dirigirle la palabra después de su numerito de chico malo aunque si lo intentase ahora no podría mirarlo a los ojos, aún siento su lengua sobre mi labio. Cuando llega el momento vuelvo a concentrarme en todos y cada uno de mis sentidos, mis pasos se vuelven un susurro y mi respiración casi desaparece. Le hago una seña dejando claro que hemos llegado. Este es el lugar y estoy tolamente segura, llevo semana detrás de ésta pareja de licántropos y nada puede sacarme de mi convinción, entre el gremio no se habla de otra cosa. Me apoyo en la pared húmeda del edificio que se alza sobre nosotros, parece abandonado pero del tercer piso una luz se hace notar. La puerta principal está entreabierta, rozo con los dedos la superficie. Podrían ser indigentes, me digo. Cargo la ballesta, compruebo mis flechas y me recuerdo por enésima vez que todas mis dagas y el arma de fuego están en su sitio. Miro entonces al hombre sin nombre.

-Hemos llegado-susurro, mi mirada cruza la suya- Tendrás a tus presas y yo la razón, todos ganamos ¿Listo?

Sin esperar siquiera, me adentro en la boca del lobo. Los escombros nos rodean y el ascenso por las escaleras lo realizamos en total oscuridad y, mientras me mantengo en alerta su cercanía me produce escalofríos, no todos negativos, me temo. Miro en su dirección aunque no debería y su silueta se entrecorta entre el negro que nos rodea, ojalá pudiera descifrar su mirada. Veo en sus manos el brillo de un arma. Prosigo el camino y cuando piso el último escalón mantengo la respiración sin darme cuenta. Ha llegado el momento. Abro la puerta con todo el sigilo que es posible y el olor que inunda mis fosas nasales es putrefacto y caliente, el lugar brilla con la tenue luz de una débil hoguera y sobre nuestras cabezas se alza el cielo en un techo desnudo. La edificación se cae a trozos. Observo en un giro de ciento ochenta grados, busco las sombras con garras. Están aqui, puedo olerlos, la sensación de ser observados no me abandona.Con la barbilla le hago un gesto al cazador, no sé ni su nombre pero esta noche nuestras vidas dependen la una de la otra, él quiere su trofeo y se lo daré pero antes debemos trabajar juntos, sin dudas ni quiebros.

Cuando la primera de las bestias sale de las sombras, mi flecha impacta en su pecho y cuan largo es su cuerpo cae sobre el polvoriento suelo, aunque no dura mucho tiempo. Sin tiempo para recargar la ballesta, el licántropo que debe de tratarse de la mujer, vuelve a alzarse imponente y rabiosa, sus movimientos son potentes pero no tan rápidos como cabría esperar. Lanzo una de mis dagas e impacta en su pecho, muy cerca de donde se encuentra la flecha clavada.

-¿Pero qué...?-no siente nada, la sangre baja a borbortones de sus heridas y ella no se inmuta. El ser se lanza sobre mi y yo me dejo caer a un lado evitando que así sus garras puedan conmigo, cuando me incorporo estoy llena de polvo y mi pistola ha caído a varios metros de mis pies. Estoy a punto de acercarme a recogerla pero no hay tiempo para nada, la bestia vuelve a por mi y solo queda el enfrentamiento inminente. Saco las dagas de sus estuches en cada uno de mis muslos y poseída por la adrenalina corro hacia ella. Diez segundos y nuestros cuerpos impactarán. El suelo tiembla bajo mis pies. Cinco segundos. Voy a morir por suicida. Dos segundos. El aliento del licántropo roza mi cara. Cero. Y caemos, no sé a donde, pero caemos. Metros cuadrados del edificio se desprenden y un momento después nuestros cuerpos impactan sobre los escombros, el alarido de dolor que se me escapa se mezcla con el de la bestia, ninguna lo esperabamos. A través del polvo puedo divisar el piso del que hemos caido, entre la confusión aprovecho para moverme y cuando la busco solo veo un cuerpo convulsionándose. ¿Se está transformando? No tengo ni idea de lo que ocurre, pero debo actuar ya que es ahora o nunca.

-Ya es suficiente-murmuro. Se gira entonces hacia mi llena de una rabia infinita, su garra a punto está de rozarme y yo tropiezo hacia atrás golpeándome la cabeza. Cuando creo que es tarde, que todos mis movimientos no han sido nada más que pura basura y que al final el cazador tiene toda la razón respecto a mis actos y mi táctica, ocurre. En el último momento doy una patada y freno su ataque. La bestia desgarra el aire y con toda la fuerza de la que soy capaz clavo la daga en su cráneo y suelto un grito de rabia impropia en mi. Me quedo como estoy mientras la mirada de la bestia se queda lenta y tristemente sin vida. Mi pecho sube baja y tiembla todo mi cuerpo. Lo he hecho, como tantas otras veces, y como siempre me quedo rota. El peso muerto del licántropo me aplasta, su olor y su piel ardiendo me hacen perder el aire mientras siento cómo si todos los músculos se mi cuerpo se retorcieran. La caída me ha destrozado. Intento quitarmelo de encima pero estoy atrapada. Por encima del hombro de la bestia puedo divisar el tercer piso, arriba las sombras se mezclan en movimientos rápidos y desduzco que sea lo que sea ue esté ocurriendo ahí arriba no es nada bueno.

-¡Joder!-gimo de pura frustración-¡Maldita sea!

Siento la humedad de la sangre ajena manchando la piel de mi cuello, el peso de su cuerpo casi tres veces mayor que el mío dejándome inmovilizada. Más allá del techo destrozado del edificio observo el cielo encapotado, aún sin estrellas. Me pregunto qué es peor, si no conseguir salir de aqui o encontrarme de nuevo con la mirada del cazador burlándose de mi, rompiendo mi orgullo.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Naxel Eblan el Lun Abr 04, 2016 8:58 pm

Aquella joven dudaba que supiera realmente lo que podía dar se si mientras andaba por aquel camino, de oscuridad, que era la vida de un cazador… o, en todo caso, sus noches. Las presas salían a jugar mientras intentaban que no las pilláramos para poder acabar con sus vidas. No sabía el pasado de aquella joven ni qué la llevó a ser la cazadora que quería ser, puesto que cada cazador se hacía a ello por algo, pero estaba seguro que debía de mantener eso en su mente. No podía dejar que la compasión la dominara, porque entonces, caería aún más en el abismo que era esa oscuridad. Podía consumirte si no sabías moverte entre la fina línea que lo separaba todo.

La observé mientras mi mano alzaba su barbilla dejando su rostro algo más expuesto a la luz, mientras las sombras en cambio escondían mi rostro. Mis ojos podrían brillar pero jamás podría ver lo que ocultaban, porque así lo había querido, porque así me había entrenado. Nada que no quisiera que se revelara saldría a la luz, nada en mí rostro podía hacerle pensar, por un segundo, lo que se me estaba pasando por la cabeza e intentar descifrarlo, era un caso perdido. Mi rostro era como una máscara en la que nada salía reflejado a la luz, nunca.

Era un hombre de matices oscuros que disfrutaba estando en las sombras sin dejar que nada pudiera perturbarlas, sin dejar que ni un solo rayo de luz pudiera colarse entre estas. Y aquella niña, con sus medias tintas, aún todavía por pulir y relucir… no iba a ser menos. Había hecho una especie de pacto con ella en que, por su vida, debía de llevarme ante la guarida de aquellas bestias que había estado buscando desde hacía mucho tiempo. Solo esperaba que supiera lo que estaba haciendo, porque de lo contrario, conocería al diablo y el demonio que escondía en mi interior… y no eran nada agradables de ver.

Su aliento ante tal proximidad de su rostro roza el mío y crea, por unos momentos, una sensación de calidez que se evapora rápidamente conforme pasan los segundos. Puede sentir su respiración, intentando calmarla y controlarla, mientras intentaba mirarme a los ojos, vacíos, carente de todo tipo de emoción y sentimiento. No quiero que lo haga, y no lo dejo. Sonreí de lado ante sus palabras y me mordí el labio divertido con aquella situación. Solamente había mostrado lo que realmente era en una situación totalmente extrema, debía de darme la razón, y escondía un potencial que, o lo sacaba pronto, o la falta de este podría hacer que acabaran con su vida.



-Mis mentiras vacías te retan a que veas a través de ellas, no vas a encontrar nada en ellas, y vas a ver que si descubres algo… no te gustará lo que encuentres –la miré divertido mientras mi mano seguía en su barbilla, miré su labio manchado con la sangre reseca de cuando la había cogido por el cuello, y antes de que se de cuenta me inclino para lamer lo que queda de la herida. Su labio está caliente al contacto con mí lengua, y siento en mí boca el conocido gusto de la sangre, ferrosa, llenándolo mientras la contemplo una última vez. Está tensa, se nota en sus gestos y en la forma en la que está parada, seguramente porque no se esperaba aquello que acababa de hacer, y ni yo mismo sé realmente por qué siquiera lo he hecho. Había notado la mano sobre la daga en cuanto lamí su labio, ¿pensaba utilizarla contra mí? Ese hecho me hizo reírme entre dientes mientras me separaba saliendo de aquel callejón, parándome para contemplarla ahí quieta, sin dejar de preguntarme qué habría hecho con la daga. Darme, seguro. O intentar darme, en todo caso. –Pues date prisa, niña, llega lo mejor del momento del baile –me crucé de brazos esperando a que comenzara a andar y… por fin lo hizo.

En todo momento que duró aquello fue ella la que iba delante y era lo más lógico, ella decía saber dónde estaba la guarida por lo tanto era la que debía de ir delante, abriendo la marcha hacia aquellas bestias que rondaban la noche, que según había dicho tenían a medio gremio detrás, que no iba a permitir que ninguno de esos malnacidos obtuvieran ese placer y recompensa, pensando en cómo se defendería contra ellos.

No la había visto entrar en acción salvo para rematar, en un acto de infinita misericordia, a aquel vampiro que quería interrogar y que no me dejó hacer. Fuera de aquello y sin haberla visto más en acción, no sabía si estaría a la altura de lo que se iba a encontrar pero, ¿no decía que era una cazadora? Si se tenía de dar de bruces contra el suelo no iba a ser yo quien se lo impidiera. No iba a cuidar de ella, ya que era mayorcita, y había decidido su propio camino por lo que… ahí estaba, siguiéndola. Viendo como me observaba por el reflejo de su navaja, esta se proyectaba contra la luz de la luna y emitía un brillo muy característico que me hizo sonreír de lado, ¿pensaba que iba a atacarla, o simplemente comprobaba que estaba detrás de mí?



-No voy a atacarte por la espalda, si es lo que estás temiendo. Me gusta que miren el rostro de la persona que va a acabar con su vida, así que por eso… puedes estar tranquila. Me sirves más viva que muerta –me reí divertido mientras la seguía a una distancia prudente por las calles de parís, viendo lo deshabitado que estaba para aquellas horas y lo beneficioso que era aquello para nosotros. En aquel tiempo que estuvimos andando hacia la guarida, con cada paso que daba, sentía que más cerca me acercaba de mi venganza. Era algo extraño como aquella niña era la que me estaba conduciendo a ella, de la cual ni siquiera sabía nada, y de la cual no sabía realmente si estaría a la altura. No quería que nada fallara, no quería que nadie pudiera escapar y, sobre todo, no quería que tuvieran una muerte rápida. Iba a disfrutar enormemente matando a aquella pareja de licántropos y no iba a permitir que nadie, incluso ella, me quitara aquello.

Por fin llegamos a un edificio que estaba más bien en ruinas y sé que hemos llegado, sus pasos se han hecho más livianos, su respiración más lenta y baja, preparada y atenta para todo lo que pueda ocurrir y, su gesto, me da a entender que sí, estábamos en el lugar correcto. Saco la ballesta, ya cargada y preparada, y la miro una última vez divertido cuando se gira para mirarme y soltarme aquello, queriendo encontrar algo de la razón perdida que yo no le he querido dar, y que no le daría a no ser que viera que tenía totalmente la razón.

Asiento con la cabeza, sin decir nada más, mientras noto la impaciencia dentro de mí. Quería entrar ya al lugar y ver realmente a aquellas bestias que hacía tantos años me habían cambiado la vida y arrebatado lo que más quería en aquel mundo, convirtiéndome en el ser frío y oscuro que era. Cuando abre la puerta para entrar dentro la oscuridad es todo lo que nos rodea, estoy acostumbrada a ella, y espero que ella también ya que yo mismo la mataría si nos delataran por su culpa al hacer ruido. Se gira a mirarme mientras la observo lista, con su ballesta a punto, preparada y ruego para que siga adelante y no se acobardara en el último segundo. Su figura corta contra la oscuridad del lugar y le hago una seña para que continúe, mientras la oscuridad de mi interior va tomando posesión de mí y la venganza clama, alto y claro, para salir y poder cobrarse aquello que fue perdido y arrebatado.

Subimos hasta el tercer piso ya que era la única luz que se veía a través de uno de los ventanales y agarro con fuerza la ballesta cuando ella se para ante la puerta, abriéndola despacio para irrumpir en la habitación. Lo primero que noto es el olor que inunda en mis fosas nasales antes siquiera de entrar en la habitación, sin duda aquella era su guarida por los diferentes olores, a putrefacción, sangre y demás que se mezclan en el aire. Lo segundo, es las llamas de una débil hoguera que crean sombras que danzan entorno al lugar, lo siguiente, el techo descubierto que se imponía sobre nuestras cabezas sintiendo el aire gélido rozar nuestras cabezas y el mal estado en el que se encontraba aquel lugar. ¿De verdad era esa su guarida, un lugar tan poco cuidado y que se podía caer a trozos en cualquier momento? Algo me decía que nada de aquello cuadraba.

Miro a la joven que gira comprobando el lugar sabiendo si era seguro mientras sujetaba con fuerza su ballesta, apuntando con ella en todo el lugar. Este está iluminado por la poca llama que hay en la hoguera y las sombras danzan a nuestro alrededor, como pequeños diablos que intentan despistarnos. Ahora solamente estábamos los dos, a punto de bailar con el diablo, y nuestras vidas por aquel momento estaban unidas, entrelazadas en aquella cacería… y era algo que no me gustaba. Por eso prefería cazar solo, porque solamente tendría que estar pendiente de mí y de lo que pasara a mí alrededor… de aquella forma, como si fuera una regla no escrita, tendría que mirar por ella y que no le pasara nada. Un paso en falso y las fichas podrían caer, quedando al descubierto y… acabando en una pérdida absoluta. Pero sé que están cerca, los pelos de la nuca se me erizan sabiendo que no andan muy lejos con la sensación inconfundible de que nos están observando. Están al acecho para saltar en cualquier momento y… no se hacen de esperar.  

De uno de los lados, el que está más cerca de ella, pues yo me había ido por el otro lado para cubrir más terreno, sale una de las bestias lanzándose contra ella. Oigo el ruido de la ballesta disparar la viruta, surcando el aire, e impactando en la piel. No me preocupo, sé lo que está pasando a mí alrededor pero sé que hay otro que está esperando por su particular baile… y no defrauda. Se lanza sobre mí como si fuera una bestia hambrienta y yo fuera su presa y, rápido, disparo una de las virutas que tiene plata en al punta. El hombre sisea en un aullido de dolor, refrenándose por unos segundos, dándome tiempo a cargar la siguiente flecha raudo y apuntándole, mientras unas sonrisa ladina se presenta en mi rostro.

Oigo ruidos claros de pelea pero no tengo tiempo para mirarla, el hombre delante de mí parece más rabioso por aquello que le había lanzado. Seguramente la plata le estuviera quemando la piel como si le hubieran puesto una llama candente sobre esta… y se vuelve a lanzar sobre mí, y vuelvo a disparar. La segunda flecha impacta en su clavícula, justo debajo del hueso, un lugar que sé que no lo matará y que lo dejará con vida para una danza macabra y sádica. Se arranca la flecha partiéndola, y dejando la punta clavada en su cuerpo, y mis dagas ya están preparadas. Me rió de forma algo siniestra y espero que se acerque hasta mí para comenzar con nuestra particular lucha.

Un ruido, demasiado grande, nos hace mirar sin poder evitarlo hacia donde estaban las dos luchando y, lo único que consigo ver, es un montón de polvo alzándose y un hueco enorme en el suelo donde estaban las dos luchando. Los gritos de ambas llegan claros y sé que han caído al piso de abajo. También distingo su pistola en el suelo y me muerdo el labio, esperando que esas dotes que tenía ocultas en su interior salieran a la luz para ayudarla, porque yo no iba a hacerlo.

El hombre, de vuelta hacia mí, corre en mi dirección mientras yo preparo mi cuerpo para el combate. Intenta lanzarse sobre mí pero soy más rápido y lo esquivo dejando una herida con las dagas en uno de sus costados, haciendo que gritara por esta mientras no dejo de sonreír pero sintiendo, al mismo tiempo, que algo no cuadraba. Se vuelve a lanzar sobre mí, repitiendo el mismo patrón, corriendo con velocidad pero me agacho haciendo que no pudiera capturar solamente el aire, su cuerpo choca contra mí y lo desestabilizo haciendo que perdiera el equilibrio. Hundo una de mis dagas en su costado y le doy una patada en el pecho haciendo que se sacara la daga y, al mismo tiempo, cayera al suelo.

Rápido me lanzo contra él y, a la vez, de un movimiento rápido y calculado pues solo tendría una oportunidad para hacer aquello o las consecuencias podrían ser graves… clavo ambas dagas en las palmas de sus manos, con fuerza, haciendo que se quedaran clavadas en el suelo y, con ello, el también se quedara clavado junto con ellas. No tiene opción de quitárselas ya que el mango es algo más estrecho y, salvo que se rompiera la mano en un agónico dolor, no podría hacer nada.

Me reí de forma siniestra contemplándolo mientras lo tenía debajo de mi cuerpo… y sigue sin cuadrarme nada. Saco otra daga algo más pequeña y se la muestro haciendo que brillara bajo las llamas de la hoguera, que pronto comenzarían a extinguirse. Lo miro y presiento que sabe lo que viene, mientras o deja de chillar e intentar moverse para soltarse. Le hago un corte en el pecho y el grito es aún mayor.



Cállate! Por fin ha llegado el momento y créeme, voy a disfrutar matándome –el gruñido que me lanza me anima aún más a hacerle otro corte y disfruto con aquello, viéndolo sufrir- Agradece que no tenga unos colmillos como los tuyos, lobo, porque los hincaría por tu cuerpo hasta comprobar cuántos eres capaz de soportar hasta morir desangrado… o infectado.
-¡Hijo de puta! –su insulto me provoca una risa cínica y le hago otro corte, algo más profundo, haciendo que volviera a chillar.
-No estás en condiciones de decirme nada –negué con el dedo un par de veces, chasqueé la lengua y reí, sonriendo de lado- ¿no eres tú, acaso, el que está clavado sin poder hacer nada? No dice mucho de ti a tu favor, ¿esa es la fama que os precede? Me has decepcionado, esperaba encontrar algo mucho más difícil –le hago otro corte sintiendo como la sangre brota a través de la camisa que lleva y rió divertido con aquello. Tenía que comprobar si eran aquellos licántropos o no, y puesto que había dado con el macho, le rasgué la camisa que llevaba viendo los cortes que llevaba y buscando aquella cicatriz que, desde que la vi, no había olvidado jamás. La busqué por su torso y… no estaba. La rabia comenzó a adueñarse de mi cuerpo y lo miré frunciendo el ceño mientras sentía su risa entre dientes colarse dentro de mí, alimentando al demonio que llevaba dentro- ¡Dónde están! –exigí saber puesto que aquel no era el que buscaba y, seguramente, con el que estaba luchando ella tampoco lo era. El lobo se rió de nuevo y me miró divertido.
-¿Decepcionado? ¿Pensabas que iban a estar tan expuesto como este lugar? Habéis caído en la trampa, sucios cazadores. Vais a morir esta noche a manos de la manda y, ellos, verán cómo sus súbditos os matan entre… -no lo dejé terminar, saqué una de las flechas y yo mismo se la clavé en el corazón mientras veía su rostro lleno de dolor, la mueca que hizo sintiendo cómo la plata quemaba este, y el grito que profirió mientras veía cómo su cuerpo abandonaba la vida de forma lenta. Escupí en su rostro maldiciéndolo, recogí las dagas y me asomé por el hueco recogiendo la pistola, viendo a la joven bajo el peso de aquel ser. Sonreí ladino y comencé a bajar por las escaleras al piso de abajo hasta llegar donde estaba ella. Quité a la licántropa de encima de ella y reí observándola, con una sonrisa ladina tendiéndole la pistola que se le había caído.
-Vaya vaya…así que has conseguido matarla, ¿eh? Dime, pequeña cazadora, ¿qué se siente al ver que tenía razón en lo que te había dicho? –podía notar aquel brillo tan peculiar en sus ojos, me decían que no se acostumbraba a ello- O cazas, o te cazan. Has elegido el bando ganador –la contemplé viendo que no tenía ninguna herida y fruncí el ceño- No eran ellos, sabía que algo no cuadraba y esta no es su guarida. Os han tomado el pelo a todos los cazadores, sabían que ibais a por ellos y os han estado engañando. Solo eran unos soldados de la manada, los líderes no están aquí. Y pronto esto se infectará de lobos –la miré durante unos segundos- Si vamos a seguir en esto necesito que estés entera, rota no me sirves y mucho menos con la carga que estás portando encima –aferré su rostro con fuerza, mirándola de forma fija- Deja la rabia que llevas dentro y utilízala para sobrevivir esta noche. El demonio no ha mostrado aún sus fauces y estará próximo a hacerlo. Te necesito entera. Y necesito saber cómo te llamas, a no ser que prefieras que te siga diciendo niña –me mordí el labio, sin saber por qué hacía aquello- Puedes llamarme Naxel, o tú demonio particular –sonreí de lado y me separé- Vámonos, aquí no tenemos nada que hacer –y, de la nada, a lo lejos escuché un aullido bastante peculiar que me hizo mirarla- Comienza el baile, cazadora, espero que estés lista para bailar con este diablo.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Astrid J. Bergès el Lun Abr 11, 2016 6:42 pm

La noche sigue hambrienta.
El peso del cuerpo inerte sobre mi me corta la respiración. Por algún motivo la licántropo no vuelve a su forma humana y me pregunto si quizás depende de la luna o el grado de poder de la bestia. Tomo nota mental de averiguar al respecto. Procuro mantener la calma mientras sobre mi cabeza estalla el sonido de la batalla, escucho al cazador, distingo su sombra imponento por encima de su oponente y, sin poder evitarlo me quedo expectante ante lo que pueda ocurrir. Las sombras se mezclan, se funden en un baile grotesco y veloz mientras el polvo y el crepitar de las llamas asciende en una nube. De pronto decido que lo mejor es no perder más el tiempo, tengo que salir de aquí y rápido, no más misericordia, no más remordimientos. Estoy segura de que el cazador podrá con la bestia y es cuestión de escasos minutos que haga acto de presencia. Si se le cruzan los cables y decide que se ha aburrido del teatro se tomará las libertades que crea convenientes para acabar con todo. Me retuerco y muevo mi cuerpo bajo el inerte buscando la manera de quitármelo de encima pero el peso es demasiado, soy una cuarta parte de la masa muscular del licántropo. Para cuando consigo sacar medio cuerpo, el cazador está ante mi. Toda esperanza de huir se hace añicos en el fondo de mi cabeza. Ha acabado con el otro incluso antes de lo que pensaba, eso hace que un escalofrío recorra mi espina dorsal y lance latigazos a mi consciencia. Podría matarme con solo chasquear los dedos. Mantengo la respiración cuando se acerca y con un movimiento aparta el hándicap de mi, el cuerpo rueda sobre los escombros y su sangre se ensucia de polvo y ruinas. Lo miro y lo segundos se alargan en una burla condescendiente, su sonrisa implecable y el brillo de su mirada cortan como una navaja. Por un precario instante lo primero que pienso es que va a apuntarme con el arma pero ni tiene el seguro abierto y él es tan compasivo como para terminar rápido. Sujeto mi pistola y recupero un poco de la determinación que necesito. Es extraño averiguar que un objeto creado para la destrucción me da seguridad.

Me niego a aceptar lo que dice. Nuestras respuestas han sido un tira y afloja en todo momento y por eso, cuando vuelve a arrebarme la razón dejándome en evidencia, frunzo el ceño y pongo los ojos en blanco. ¿Cómo es posible que más de una docena de cazadores podamos estar equivocados en un mismo punto? ¿Cómo hemos podido dejarnos engañar? Pues así, tropezando con la realidad. Ni nosotros somos tan listos n ellos tan primitivos. Mantengo la barbilla bien alta mientras me incorporo y no digo nada al respecto. Responder su comentario solo serviría para darle la razón porque, en lo más profundo de mi miserable orgullo, sé que su coartada es de una lógica aplastante. Me cruzo de brazos cuando vuelve a posar sus ojos en mi aunque esta vez solo me examina como si buscara algo, lo único que encontrará es sangre ajena y algún que otro rasguño. Frunzo el ceño.

-Yo no estoy rota-casi escupo las palabras. Já, Astrid, te han pillado. Pongo ladrillos, muros, cortinas y abismos entre nosotros. Por supuesto que estoy rota, mi porcelana se quebró hace mucho tiempo y las piezas ya no encajan, pero eso es algo que debo guardar conmigo y no hay necesidad de leerme en voz alta. ¿Tan transparente soy? Me frustro de pronto, me hierve la sangre y controlo el impulso de romper dientes y huesos. El tenerlo cerca de mi no ayuda, sujeta mi rostro y procura que solo sus ojos queden en mi campo de visión, intento zafarme de su agarre, no quiero que me toque, no quiero que vea más allá de mis pupilas-¿De qué hablas? ¡Tú eres el motivo de mi rabia! No haces más que...-un aullido palpita en el aire a lo lejos, por un momento todos mis pensamientos se desvanecen. Me concentro en su rostro y asimilo que esta noche solo nos tenemos el uno al otro, me guste o no debo convertirme en su sombra y viceversa si queremos salir con vida de esta. Inspiro queriéndo capturar la mayor cantidad de aire posible como si así pudiera purificar mis pulmones y deshechar todos los pensamientos atormentados. Se muerde el labio y mis pestañas bajan hasta ellos justo cuando pronuncia su nombre. Naxel, dice, como si estuviese hecho de noche. Por algún motivo sé que su nombre me perseguirá durante mucho tiempo.

-Astrid-lo digo rápido, seco, sin vida. Inventarme un nombre para ocultar mi identidad no serviría de nada, sabe más de mi por mi mirada que por mis palabras. Otro aullido se hace notar y a éste le siguen muchos otros, cuando Naxel se separa de mi deja un aire frío entre nosotros. Niego casi imperceptiblemente con la cabeza sabiendo que ya no hay marcha atrás-Si quieres ser mi demonio vas a tener que sorprenderme-sacudo el polvo de mi abrigo y lo miro-Comencemos.

Sin tener que cruzar palabra ambos corremos en dirección a las escaleras, cada paso puede ser el último así que me concentro en mirar bien dónde piso mientras subimos sin mirar atrás. Puedo oírlos avanzar, los jadeos caninos y sus garras arañando el suelo, el polvo denso en el aire se tensa, lo olfatean en una desesperación sedienta. Mis latidos se aceleran pero, para mi sorpresa, estoy más cuerda y determinada de lo que habría esperado. Una vez salimos al exterior, con la ciudad nocturna desnuda ante nosotros, corro hasta el borde de la azotea apartando las sábanas y piezas de ropa colgadas. El paso del tiempo las ha raído y desteñido. Me asomo justo para observar cómo el último de ellos entra en el edificio como una bala. Suelto un suspiro exasperado y contemplo nuestras posibilidades, las gárgolas postradas parecen burlarse de mi. Estamos rodeados de más edificios, el más cercano a nuestra derecha está varios metros inferior a donde estamos y parece habitado, la luz de una vela titila dentro de una habitación.

-Espero que tengas un buen plan porque vamos a necesitarlo-me giro hacia él y, como parece no inmutarse con su mirada clavada en la puerta, deduzco que ese maravilloso plan es luchar o morir. Me muerdo el labio tan fuerte que abro la herida anterior y saboreo mi primia sangre. Sin pensarlo me coloco a su lado cubriendo otro franco, mi pistola ya preparada, cartuchos de repuesto con balas de plata, dagas en sus fundas suplicando-Si salimos de ésta, me debes un baile, uno de verdad-lo miro de reojo y no sé porqué sonrío. Quizás es lo mejor que puedo hacer antes de enfrentarme a la muerte.

El primero de ellos sale de las sombras con un gruñido sofocante y Naxel es el primero en atacar. Acaba con el licántropo de un golpe seco y, tan rápido como apareció, su vida se esfuma. Otro sigue sus pasos y esta vez soy yo quien toma iniciativa, la bala cruza el aire en impacta en su cráneo. La montaña de cadáveres se acumula en la puerta de la azotea, yo no estoy aquí, no soy yo, siento que todo se ha quedado en silencio como si hubiese apagado el volumen del mundo para no sentir su horror. El cazador no permíte que ninguno sobrepase la línea invisible que ha impuesto entre sus garras y nosotros, cuando yo recargo las pistolas él cubre mi área y viceversa, nuestros movimientos se compenetran y logramos hacer fentre con relativa dificultad los primeros minutos. Todo podría salir bien, podríamos salir de ésa, quiero pensar, pero nada es tan fácil como parece. Una sombra se abalanza sobre nosotros, yo apenas tengo tiempo de gritar su nombre. Empujo a Naxel hacia un lado y ruedo en dirección contraria. Nos han separado. Mi daga vuela hacia el licántropo y se clava en su ojo, éste grita de dolor mientras yo intento calcular de dónde a salido y cuántos más hay. Naxel acaba con la bestia y yo corro hacia él. Los licántropos se han quedado atascados en la puerta de salida de la azotea, todos quieren salir y alcanzarnos, quieren ser los primeros en desgarrarnos, pero su desesperación los hace apelotonarse y los cuerpos amontonados les dificulta la tarea. No me hace falta mirar atrás para saber que sólo contamos con segundo. Llego hasta Naxel, lo tomo del brazo y lo arrastro conmigo. Corro lo más rápido que puedo, piso con toda la potencia de la que mis pies son capaces, el muro cada vez está más cerca. Miro a Naxel en un momento fugaz y nuestros ojos se cruzan, los míos decididos, los suyos interrogantes. Fijo mi vista al frente, piso el borde del muro y me impulso. Antes de que las garras y dientes puedan rebanarnos, nuestros cuerpos se encuentran en saltando por el aire.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Naxel Eblan el Lun Abr 18, 2016 11:01 am

Tan sólo había pasado un par de minutos desde que había arrebatado de forma sádica y rápida la vida de aquel licántropo que, intentando en vano reírse de que habíamos caído en su trampa, diciéndonos cómo íbamos a morir… le había clavado una flecha de plata yo mismo en su corazón. Acabando así con su miserable vida mientras sentía, por dentro, la rabia y la frustración recorrer mi interior a pasos agigantados. Habíamos descubierto un piso franco de los licántropos y ahora sabíamos, realmente, que solamente era un escondite trampa para juntar a los cazadores y así poder matarlos con total comodidad. La risa, cínica y fría que escapó de mis labios, retumbó por el lugar durante unos segundos y estaba seguro de que la había escuchado hasta la propia cazadora.

Y, ahora que pensaba en ella, ¿debía de matarla porque me había llevado a un sitio falso? Más bien, ¿a una trampa moral y directos a la boca del lobo? Habíamos entrado de lleno en las fauces del lobo y solo cabía esperar que este no cerrara su boca con demasiada fuerza y nos veríamos heridos por sus colmillos… que era lo que estaba temiendo que pasara. La boca se iba a cerrar, de golpe y sin aviso, y nos iba a dejar atrapados entre sus colmillos afilados, hiriéndonos, haciendo que sangráramos sin poder evitarlo por un segundo. O no, si podíamos evitarlo. No iba a dejar ni permitir que me mataran en aquel lugar, y aquella pequeña cazadora tampoco. Aún quedaba noche por delante y el demonio no había echo aún su aparición estelar.

Bajé no sin antes recoger las dagas y las flechas que había utilizado y la pistola que se le había caído. Cuando bajé comprobé que seguía viva y que intentaba quitarse, sin éxito, la bestia que estaba en mitad de su cuerpo sin opción a que dejara que se levantara. Si hubiera sido otro y no yo… sería una presa demasiado fácil de matar. ¿Es que no aprendía nada? ¿No le habían enseñado lo suficientemente bien como para poder escapar de cualquier situación que se le ponga por delante? Aquella joven todavía tenía que pulir mucho si pretendía llegar a ser una buena cazadora, aún le quedaba mucho por aprender de aquel mundo lleno de oscuridad.

Llegué hasta ella y me asomé por encima sonriendo ladino mientras la veía de esa forma, indefensa, dispuesta a merced de cualquiera que hubiera estado por allí. Había tenido suerte de que me había acercado yo si hubiera sido otro licántropo… quizás su suerte no sería la misma. Le quité a la mujer que había matado sorprendiéndome de que siguiera con vida y le tendí la pistola, que miré cómo la observaba, como si pensara que iba a acabar con su vida con ella. No, no sería tan benevolente como para pegarle un tiro y simplemente matarla… ¿qué sería de mí y mí reputación como cazador? No conocía lo que era la muerte por piedad y misericordia. No era como ella, no como la reina que en su benevolencia mataba rápidamente. Esa era una de las principales diferencias entre ella y yo, una de tantas.

Las piezas seguían en su particular juego sobre el tablero, habían caído dos torres más pero aún quedaban muchos peones en juego, peones que podían convertirse en un verdadero infierno si no poníamos solución a ello. Ahora más que nunca la partida estaba en nuestra contra y, o hacíamos fuerza entre ambos, o quizás ninguno de los dos pasaríamos de aquella noche. Y yo jamás perdía una partida y aquella no iba a ser la primera que perdiese, ni por ella, ni por nadie. Era el rey, y como tal, era el único que tenía que ganar aquel juego… no importaba el coste ni el sacrificio que tuviera que hacer para ello.
La miré durante unos segundos y sonreí mientras observaba cómo cogía su pistola y se levantaba, sabía perfectamente lo que estaba pensando, sus ojos era un claro espejo de lo que estaba sintiendo realmente… y no me valía que estuviera de aquella manera. La necesitaba entera, no con aquella carga que cargaba y estaba portando. Debía de entender que así era aquel mundo, uno que ella había elegido, y que tenía que sobreponerse.

Sus palabras de que no estaba rota me produjeron una risa algo sardónica mientras la contemplaba, ¿todavía no sabía que podía leerla fácilmente? Era tan clara y transparente que era totalmente opuesto a lo que yo era. Yo no dejaba entrever nada si así no lo quería, ella, sin embargo, por mucho que se esforzara podía seguir viendo aquello que quería ocultar. Claro que estaba rota, y claro que no podía mentirme. Aquellos ojos y el brillo que desprendían eran tan familiares que sabía por lo que estaba pasando. Aún cogiendo su rostro entre mis manos intenta soltarse, mientras dice que soy yo el causante de que esté así.


-¿De verdad lo crees, cazadora? Eres tan clara y transparente que yo sí que puedo ver a través de tus mentiras. Sé que estás rota por lo que acaba de pasar y sé que, o bien utilizas todo aquello que llevas dentro y lo guardas para sobrevivir esta noche… o estás condenada al infierno. El mundo que has elegido es un mundo de muchas sombras y oscuridad, la misericordia no entra para nada aquí y, te sobrepones, o mueres. No hay más opciones que el cazar o el ser cazado, así que si no quieres morir guarda todo lo que llevas dentro, hazle un hueco en tú interior y utilízalo para sobrevivir a esta noche. –Un aullido constata lo que acabo de decirle, dejando atrás el que no me haya dicho porque todos los cazadores hayan caído en una trampa bien elaborada, urdida y planificada hasta el más mínimo detalle. Si medio gremio de cazadores han caído en ella, es que los licántropos que estaban buscando son mucho más listos de los que ellos siquiera pensaban. Noto que coge aliento y dejo que por unos segundos asimile lo que está apunto de pasar. No van a ser solamente dos licántropos los que vengan ahora… va a ser toda una jauría, y hay que estar preparados. Me muerdo el labio y la contemplo mientras, sin saber muy bien por qué, le digo mi nombre. Algo que jamás he hecho, algo que siento que debía de hacer si quería sacarla de aquel estupor y hacer que reaccionara de una maldita vez. Sus ojos bajan hasta mis labios mientras pronuncio mi nombre y por fin dice su nombre. –Bien, Astrid, ahora comienza la noche de verdad –me separo de ella mientras más aullidos se oyen de fondo y compruebo que tengo todo preparado y listo para la batalla. La miré de reojo cuando dijo lo de ser su demonio de verdad y reí entre dientes… aquella joven no sabía lo que estaba diciendo. Ni siquiera me había mostrado realmente, pero, ¿ser un demonio de verdad? Lo era, con todas las de la ley.

Asiento con la cabeza mientras subimos por las escaleras hacia la azotea de nuevo, podíamos oír perfectamente como los licántropos van entrando en el edificio, sus gruñidos, sus aullidos y el sonido particular de sus garras contra el suelo mientras corren son un claro indicio de los cabreados que están. Llegamos arriba y nos acercamos al bordillo mientras el cielo despejado y estrellado de París nos alumbra con su particular brillo. No hay escapatoria, el tejado más próximo está a unos cuantos metros y solo será la última opción en caso de sentirnos rodeados. La miro de reojo mientras me preparo en la puerta, a una distancia prudente, y le hago una seña. Solo estamos nosotros, no hay nadie más que vaya a salvarnos y… o nos apoyamos, o morimos. Sentir que dependía de una persona era algo que más me había gustado en la vida, por eso prefería cazar solo… porque aquella sensación era algo que comenzaba a invadirme y, en parte, a agobiarme.

Los rugidos y gruñidos están cada vez más cerca, la puerta es lo bastante estrecha como para permitir que solo puedan salir de uno en uno y, si intentábamos que no pasaran de ella… sería una forma muy buena de taponar aquella salida y concedernos algo de tiempo. La contemplo de nuevo mientras estaba preparada con su pistola y me río, cínico, dejando que la risa envuelva el ambiente mezclándose con los gruñidos y arañazos que estaban haciendo mientras subían.



-Luchar o morir Astrid, ese es nuestro plan. Espero que todo lo que lleves dentro salga a la luz y te ayuda en esta noche, estamos a punto de sentir como el lobo cierra sus fauces y, o somos más rápidos, o podía devorarnos a ambos –sonreí ladino por su siguiente comentario- Si te debo un baile… será uno privado –nunca bailaba y no pensaba hacerlo en la vida. El ruido está cada vez más cerca y siento que están a tan sólo unos segundos de alcanzarnos. Preparo mis dagas en mis manos, listas para la danza, y el primero cruza la puerta. Tan rápido como lo hace clavo la daga en su cráneo haciendo que muriera al instante mientras caía en la puerta, justo como había querido. Uno menos. Siento el disparo que hace ella y la bala mata a otro de ellos que se acumula sobre el otro. Bien, parecía que ella también sabía lo que tenía penado hacer. Uno tras otro mientras comienzan a asomarse por la puerta o Astrid o yo somos los que ponemos fin a su vida, mientras la montaña va creciendo poco a poco y a ellos les cuesta algo más salir de la puerta… el plan funcionaba.

Nuestros movimientos parecen tan sincronizados que nadie diría que es la primera vez que luchábamos juntos, sabíamos bien donde debíamos de defender mientras el otro atacaba y estábamos creando una barrera invisible donde nada podía atravesarla. Los licántropos no pueden acercarse lo suficiente como para poder hacernos daño, y mientras ella recarga rápida de balas su pistola, yo lanzo una daga a uno que se aproximaba por su lado incrustándola de lleno en su corazón. Los gritos, los rasguños y los gruñidos son una sinfonía de fondo, macabra, que inunda el lugar mientras el olor a sangre se esparce por el aire acompañando a la peculiar sinfonía.

En una de esas siento que ella me empuja apartándome de la trayectoria de uno de ellos y levanto rápido mi mirada comprobando que esté bien y asiento con la cabeza, en modo de agradecimiento por ello. Me levanto rápido y comienzo a seguir matando mientras noto que la montaña es lo suficientemente grande como para taponar la puerta. Mato a uno de los dos que hay arriba y, acercándome donde esta ella la cojo de la muñeca y la estiro hacia abajo desviándola de que uno de ellos la rozara con sus garras, me agacho yo también girando y le clavo una de las dagas en el cuello terminando por rebanarle este. Por el momento la puerta está taponada y no tenemos muchas más opciones.

Siento que ella coge mi brazo y me mira antes de comenzar a correr y… ¿vamos a saltar? Sí, íbamos a saltar. Guardo rápido la daga y la sigo cogiendo carrerilla siendo mis pasos decididos y listos para efectuar aquel salto, siento que me mira estando más cerca del borde y mis ojos se cruzan con los míos. Brillan de diversión por aquello y no puedo evitar que una leve risa se escape de mis labios, cojo su mano con fuerza mientras oigo como la puerta se hace añicos a nuestras espaldas y uno de los licántropos corre en nuestra dirección, llegamos al bordillo y… saltamos, mientras en el salto oigo las fauces del lobo cerrándose en presa haciendo el particular sonido, pero no ha llegado a tiempo.

Saltamos y en cuestión de unos segundos aterrizamos en la azotea de aquel edificio que había más próximo y que era nuestra única opción de escapar de una muerte segura. Jamás me había retirado pero siento, en parte, que era bastante necesario. Al tocar el suelo ruedo por este y me quedo de cara hacia la azotea donde habíamos saltado, apoyando una rodilla en el suelo, la otra pierna doblaba y una mano en el suelo. Levanté mi vista viendo como aquel licántropo nos miraba con un brillo en sus ojos y aúlla de nuevo, llamando a la manda seguramente. Miro a Astrid y me levanto para cogerla del brazo y comenzar a correr por las azoteas, no le doy tiempo a recuperarse, había que ser rápidos y movernos para buscar un lugar seguro. La adrenalina que recorre mi cuerpo hace que esté más activo y no quiero perderla todavía, y esperaba que ella sintiera lo mismo.

Comienzo a correr saltando de azotea en azotea intentando pensar en dónde podíamos ir y cómo podríamos perderlos de vista. Teníamos que hacer algo con la ropa que llevábamos porque seguramente nos rastrearían lo que quedaba de noche hasta dar con nosotros, llevábamos su olor impregnado en la ropa y la sangre de los suyos… suficiente para que nos siguieran.
Salté a un tejado mucho más bajo y miré que había poca distancia hacia la calle, me descolgué y esperé a que Astrid me siguiera y bajara como lo había hecho yo. Cuando la tuve bajo la arrinconé contra la pared y la miré frunciendo el ceño. ¿Qué iba a hacer con ella? Mi respiración era agitada mientras no dejaba de pensar en lo que podíamos hacer, aunque tenía una leve idea. Llevé una de mis manos a su melena castaña que llevaba por el hombro, la cogí en un puño y levanté su rostro con una de mis manos y la miré durante unos segundos mordiéndome el labio, inclinándome sobre ella para contemplarla mejor. Mi respiración se mezcla con la suya y siento que, al estar su rostro así, nuestros labios están cerca y siento su respiración sobre los míos. Sonreí ladino mientras aquello me ayudaba a pensar en algo rápido y la observé.



-Bravo, Astrid. Poco a poco empiezo a notar que eres realmente una cazadora de verdad –quité una mancha en su rostro de unas gotas de sangre y la miré durante unos segundos- No tenemos mucho tiempo, nos rastrearán por el olor que llevamos de ellos y tenemos que desprendernos de lo que llevamos. –Me mordí el labio, miré más o menos donde estábamos y recordé que cerca pasaba el caudal del río- Sígueme, a no ser que tengas miedo de confiar en un diablo como yo. Aunque tu idea de saltar era tremendamente loca y divertida –reí entre dientes y me moví con rapidez- El río está cerca, intentaremos despistarlos ahí.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Astrid J. Bergès el Vie Mayo 20, 2016 8:55 am

Hemos tentado a la bestia.

Cuando mis pies vuelven a tocar el suelo, el impacto me recorre como un latigazo y no consigo respirar. La tensión que precede al vuelo me dejó sin aliento, una mezcla entre adrenalina y puro terror. Me sujeto al propio tejado para evitar perder el equilibrio, la cabeza me da vueltas mientras el aullido del licántropo rasga el silencio, muy por encima de nuestras respiraciones. Ruedo para amortiguar el golpe y resbalo por las tejas húmedas de noche y, para cuando alzo la vista, Naxel ya está en pie, me sujeta del brazo y sin recomponernos volvemos a ponernos en marcha. Los pasos del cazador son seguros y rápidos pero su agarre entorpece los míos así que me deshago de la presión de su mano y con ello también del ardor de su tacto. Debo confiar en todos y cada uno de mis sentidos y aplacar mis pensamientos, ahora solo soy puro mecanismo y necesito tener claro donde piso. Entre otras cosas también he decidido que debo desaparecer de la vista del cazador en cuanto tenga oportunidad. Ni un minuto más a su lado. Mientras corremos sobre los tejados de París, observo cada uno de sus movimientos, es tan ágil como letal, pude comprobarlo en directo hace un momento y no me interesa saber hasta qué punto puede serlo conmigo. Solo hay una opción de escape y es seguir hacía delante tras él. Es extraño no tener ya a los licántropos pisándonos los talones y eso solo puede significar una cosa: se están reagrupando. Con último salto descendemos hasta la azotea más baja con la que hemos podido dar, el bullicio bajo nuestros pies me indica que se trata de una taberna de mala muerte y pueden que estén demasiado ocupados en la bebida como para reparar en nosotros una vez toquemos el suelo del callejón. Naxel, con un simple movimiento, de descuelga del borde del muro y cae sin esfuerzo, solo es una sombra. Inspiro antes de moverme, pese a que sé que no hay tiempo que perder sopeso la posibilidad de seguir otro camino, aprovechar el momento para escapar de su mirada. Los aullidos haciéndose eco a través de la noche me apremian a actuar y, frustrada, me cuelgo del borde del muro y me dejo caer. Consigo aterrizar sin problemas y me digo que nadie nos ha visto a través de la ventana, dentro se distinguen siluetas difuminadas por las cortinas. Antes de que pueda reaccionar o llevar a cabo cualquier intento de huida el cazador me sujeta y acorrala contra la pared, siento la piedra fría en mi espalda y el calor del cuerpo ajeno presionando el mío. Una de mis dagas ya está en su cuello cuando siento cómo su mano tira de mi cabello, mi barbilla se alza en su dirección y el aire se corta entre nosotros. Mi pecho sube y baja sin compás alguno mientras el vaho de nuestras respiraciones se entrelaza en medio de este frenético silencio. Todos mis planes se vienen abajo como si él hubiese captado mis intenciones. Observo la luna dentro de sus pupilas y, cuando por fin estoy dispuesta a mandarlo a callar, la puerta de la taberna se abre de improvisto y algunos clientes salen en avalancha, estamos medianamente ocultos de sus miradas pero aún así paso la mano libre por el cabello del cazador y acerco mi rostro a su cuello, mis labios rozan la hoja de la daga y ésta queda oculta de miradas indiscretas. Se escucha algún que otro comentario lascivo y hago caso omiso hasta que desaparecen, el tiempo parece alargarse más de lo necesario pero la presión del arma contra su piel no disminuye, así como tampoco lo hace su cuerpo contra el mío. Lo miro entonces y mi expresión no admite comentario alguno, estoy cansada de su juego y de su sonrisa, no sé qué puede ser tan divertido para él. Contengo la respiración cuando limpia de mi mejilla sangre que no me pertenece, aún húmeda y caliente, parece tomarse su tiempo en dejar mi piel sin rastro sangre y, en realidad, lo agradezco.

Sí, hay que desprenderse de todo rastro que pueda delatarnos pero creo que pensamos en maneras distintas de hacerlo. Se muerde de nuevo el labio y me pregunto si es una manía de esas de las que no puedes desprenderte, sin darme cuenta hago lo mismo. Mira a su alrededor para orientarse pero a mi no me hace falta desviar la vista para saber que lo que se escucha de fondo es el caudal del río, que esto es la Taberna Petit Caneton y que dos calles a la derecha se encuentra la carnicería de la ciudad. Si lo miramos con perspectiva, tenemos posibilidades de salir de ésta.

-No me has dado muchos motivos para confiar en ti-capto su atención y cruzamos miradas, él sonríe y yo quiero desviar los ojos de pronto-La idea era que uno de los dos no lo consiguiese, a poder ser que te quedases a medio camino-me encojo de hombros restándole importancia a mis palabras. ¿Sería yo capaz de abandonar a otra persona? Me digo que no, quiero creer que no. Bajo la daga y compruebo que realmente no le he hecho nada, apenas tiene una marca-Espera, no podremos avanzar estando así.

Hago una seña refiriéndome a nosotros y, antes de que pueda decir nada, lo aparto y avanzo hacia la entrada de la taberna mientras me desprendo del abrigo ensangrentado y polvoriento, se lo lanzo esperando que lo tire donde no puedan encontrarlo. Algunas de mis armas quedan a la vista. Las dagas en las fundas de mis muslos, mi arma de fuego en un costado, las demás aún permanecen ocultas. El corsé se ciñe bien pero la blusa tiene algunas gotas de sangre. Una última mirada hacia el cazador y le hago entender que volveré enseguida. Creo. Si existe alguna puerta trasera podría salir por ahí y despistarlo… mi momento de duda dura lo mismo que tardo en llegar a la barra. El tabernero me observa de arriba abajo, los pocos clientes rezagados que quedan no prestan atención en mi, demasiado ocupados en hundir la cara en los pechos de las camareras. Sonrío al hombre que tengo ante mi y sin reparos pongo un par de monedas dentro del vaso que estaba secando. No quiero preguntas. Dos minutos después estoy saliendo por la puerta con cuatro botellas de vodka.

-Yo invito-hago una seña a Naxel o lo que parece ser su sombra mientras avanzo de nuevo hacia él y le tiendo una de las botellas. Solo de pensar en lo que voy a hacer a continuación me dan náuseas. Dejo dos en el suelo y me quedo con una-A tu salud-alzo una ceja pero no parezco convencida pero esto puede darnos una oportunidad. Abro la botella y aroma a alcohol nos inunda, sin pensarlo derramo el contenido sobre mi cabeza procurando que no toque mis ojos, el licor desciende por mi pelo y lame mi cuerpo, impregna mi ropa. Estoy apestando a vodka. No Tenemos mucho más tiempo, miro a Naxel y, ya que él no parece reaccionar, derramo lo que queda de mi botella sobre él. Abro otra botella y la vacío también sobre mi, cualquier rastro de sangre, aroma animal o pólvora debería de estar oculto bajo la capa de alcohol-No será una tapadera permanente pero nos ayudará a despistarlos lo suficiente, es esto o ir a la deriva y arriesgarnos-me aparto el cabello de la cara y comienzo a caminar entre las sombras, quiero creer que funcionará.

Avanzamos sin percances en la oscuridad, evitamos los puntos de luz que salen de las viviendas y, debido a que éstas horas los únicos transeúntes son los que huelen igual que nosotros, pasamos como uno más. Entre callejones llegamos a los suburbios, diviso el puente a varios metros de donde estamos pero dos sombras se hacen notar no muy lejos de nosotros, los licántropos están cerca, avanzan hacia nuestra posición. Tres, dos, uno… pasan de largo. Ni siquiera han reparado en el callejón donde permanecemos ocultos. Sonrío para mis adentros y procuro mantener la respiración pausada. Cuando pasa un tiempo razonable volvemos a emprender la marcha. Caminamos en silencio durante la siguiente media hora río abajo, manteniéndonos entre las sombras de las edificaciones, evitando exponernos a la luz de una luna que se ríe de nosotros. Para cuando la linde del bosque aparece ante nosotros corro en esa dirección y nos adentramos entre los árboles sin perder de vista el río. Miro a Naxel, aparece y desaparece mientras corre, la luna ya no puede rozarlo y en esta ocasión nosotros decidimos ser vistos o no. Una seña por su parte y sé que podemos parar. Me permito respirar entonces, no me acostumbro a la peste a alcohol y toso como si así pudiera desprenderme del olor. Me acerco al borde del río, el agua roza mis botas. Tiene que ser una broma muy pesada.

-No podemos meternos ahí-digo sin más, porque sé que es eso lo que está pensando y aún así tengo claro que es lo que debemos hacer. Observo a nuestro alrededor y compruebo que ya estamos lo suficientemente lejos de la civilización y, con suerte, de los licántropos, pero la ventaja con la que jugamos puede tornarse en nuestra contra si no actuamos con rapidez. Frente a mi encuentro la otra orilla del río y algo me dice que debemos llegar hasta ahí. De pronto soy consciente del frío, aún estoy sofocada por la carrera pero mi cuerpo se estremece. Vuelvo la vista hacia el cazador-Sabían que iríamos hasta ellos-repito algo que Naxel ya me dijo estando en el edificio, se dio cuenta de lo que ocurrida mucho antes de que yo fuera consciente de lo que verdaderamente pasaba. Aún así, hay algo que no cuadra-Sabían que tú aparecerías, saben quién eres-frunzo el ceño y camino mientras doy vueltas a su alrededor, de paso compruebo de cuántas armas dispone- ¿No te das cuenta? La pescadilla que se muerde la cola… Te vigilan Naxel, esos licántropos que tan arduamente persigues van un paso por delante de ti. Puedo suponer que lo que te mueve es la venganza pero si sigues adelante esto es lo que te espera-alzo los brazo mínimamente sobre mis costados, señalo a la nada, abarco esta oscuridad que nos consume, me refiero al silencio. Muerte es lo que le espera, una venganza vacía por un pasado manchado de sangre. Porque estoy muy segura de que Naxel no siempre fue un demonio, estoy segura de que en sus ojos alguna vez hubo esperanza. Me acero a él y busco su mirada-Eres tú contra todos ellos, ¿qué vas a hacer para derrotarlos? ¿Qué vas a hacer cuando todo acabe?

El río se escucha como en un susurro a mi espalda, como una voz de la conciencia que nos apremia a adentrarnos en él. Observo su expresión y el perfil de su rostro a la espera de una respuesta que quizás no llegue, una que tal vez no deba oír. Naxel no es más que un reflejo de su propia sombra.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Mayo 21, 2016 8:44 pm

Habíamos logrado salir airosos de aquella situación y todavía no sabía muy bien cómo había sido posible aquello, lo que en un principio había resultado ser un plan perfecto para acabar con aquel par de hijos de puta, había resultado ser toda una encerrona planeada y cuidada al mínimo detalle con la clara intención de hacer un jaque hacia los cazadores y ponerles en una situación de peligro. Y no sólo eso, sino que además habrían conseguido una matanza bestial si habría ido un grupo de cazadores a aquel lugar que ellos ya tenían pensado que estaba en el punto de mira.

Una encerrona perfecta, mientras dos los distraían arriba peleando en un claro ejemplo de sacrificio por el bien grupal, el resto arremetía desde detrás con una horda de licántropos a sus espaldas. Habría sido sin duda una buena matanza, salvo que quizás no esperaban que llegáramos nosotros tan rápido y no esperaban, tampoco, que acabáramos tan rápido con el aperitivo para que el plato principal hiciera su aparición. Y nos habíamos librado por los pelos, odiaba huir de cada situación, pero aquella vez era absolutamente necesario.

El tejado nos alejó durante unos minutos de aquella manada de lobos que nos iban a perseguir hasta darnos caza, de eso no tenía duda alguna, así que huir por los tejados y las azoteas de la casas parisinas era el mejor plan para afrontar una huida más rápida… luego veríamos lo que debíamos hacer para despistarlos. Poner distancia era lo mejor que podíamos hacer, por eso iba con bastante rapidez echando de vez en cuando una ojeada hacia atrás para comprobar si Astrid me seguía o no… cuanto más rápidos fuéramos más lejos estaríamos de ellos. Debíamos de ser rápidos y ágiles y no la esperé en ningún momento a que se pusiera a su ritmo, saltaba de tejado en tejado viendo cuál era la mejor opción y la mejor ruta de escape y esperaba que pudiera seguirme.

Finalmente llegamos hasta una azotea más baja que estaba y por el ruido ensordecedor que provenía desde bajo de mis pies podía saber sin duda alguna que estábamos sobre una taberna. Miré un momento antes de decidir bajar y finalmente me descolgué por el muro cayendo sobre el suelo de aquel callejón que nos cubriría, durante unos momentos, de las calles principales. Pero aquello no sería suficiente, debíamos de despistarlos o nos atraparían como una polilla en las llamas. Nos iban a encontrar y no se lo íbamos a poner muy difícil si no hacíamos algo para disimular todo el olor. Esperé hasta que Astrid bajara también de la azotea y, cuando estuvo bajo, la acorralé contra la pared en cuando puso los pies en el suelo.

Su idea de llevarnos hasta aquel lugar casi nos cuesta la vida, por no hablar de la retirada vergonzosa que habíamos hecho al salir corriendo huyendo despavoridos como si fuera la primera vez que veíamos a esas bestias. Estaba bastante cabreado con todo el asunto y, una parte de mí, me decía que la matara ahí mismo, que terminara el trabajo que debí de haber hecho en el callejón cuando la vi por primera vez y dejar su cuerpo allí… total, nadie me vería matarla y nadie sabría quién había sido.

Pero, otra parte mucho más molesta que la que me decía matarla, me decía que me calmara y pensara bien las cosas antes de actuar, y que la dejara con vida. Gruñí ante la sola mención de dejarla vivir después de lo que había pasado y, sin miramiento alguno, cogí con un puño su pelo e hice que levantara su rostro para mirarme, mientras mi cuerpo se pegaba al de ella, mucho más grande, mucho más fuerte… y la miraba a los ojos, con el brillo de la bestia bailando detrás de estos. Me pedía sangre, su sangre, y no sabía como no estaba bañado ya de ella.

Mi respiración todavía era algo errática por la frenética carrera que acabábamos de hacer, mi respiración se entremezcla con la suya que no apartaba tampoco los ojos de mí, sus labios están tan cerca de los míos que incluso puedo sentir el calor que desprenden estos en el frío de la noche, y la miro con fiereza en la mirada, enfebrecido con lo que acababa de pasar y cabreado hasta el extremo máximo. Pero debo de pensar con rapidez y los lobos nos alcanzarán y terminarán lo que habían empezado.

Siento su daga en mí cuello y río entre dientes por aquel gesto, ¿se piensa que me da miedo aquello en mí cuello? Esta chiquilla no sabía con quién estaba tratando, y su patético movimiento de intentar amenazarme hizo que me riera divertido por ello esbozando una sonrisa ladina por ello sin poder evitarlo. Justo cuando creo que va a decirme algo la puerta del bar se abre dejando salir a unos cuantos hombres, rápidamente, tanto ella como yo fingimos algo que no estábamos haciendo para nada.

Ella pasa su mano por mí pelo y acerca sus labios a donde tiene la daga apuntando en mí cuello, como si quisiera taparla con ella y que no se viera su brillo. Yo por el contrario esbozo una sonrisa ladina, que ella no ve, y paso uno de mis brazos por su cintura pegándola más a mí cuerpo para dar a entender lo que ellos realmente están pensando que hacemos. Sus comentarios no dejan lugar a dudas y la situación me divierte en sobremanera, aprovecho y dejo un mordisco inesperado en su cuello mientras noto que se los clientes se marchan dejándonos a solas de nuevo. Su mirada cuando se largan me da a entender que no admitía comentario jocoso alguno y reí entre dientes. Al separarse me di cuenta de que tenía su mejilla manchada con sangre y se la limpio con uno de mis dedos, quitando así todo rastro de lo que había podido estar haciendo.

Pero nuestras ropas son demasiado evidentes no solo para los licántropos, sino también para todas aquellas personas que estén por la calle. Están sucias y con manchas oscuras de sangre… así no podíamos salir y alejarnos, debíamos de pensar en algo y rápido. La opción más lógica es llegar al río y cruzarlo, aquello eliminaría parte del olor que desprendíamos y podríamos despistarlos de alguna manera. La miro cuando habla y sonrío de lado, divertido con la situación mientras ella aparta durante unos segundos la mirada.



-Podría haberte matado en cualquier momento, lo sabes tanto tú como yo, y sin embargo… aquí estás, viva y de una pieza. Podía haber dejado que ese licántropo te rebanara el cuello y te matara en aquella azotea, pero de nuevo, sigues viva. –Hice una leve pausa- Jamás sabrás realmente si podrás confiar, ni en mí ni en nadie, pero quédate con la idea de que estás viva. Es lo que más valor tiene de todo esto –Porque sí, ¿qué me habría impedido matarla cuando acabamos con aquellos dos primeros lobos? Nada, ¿o cuando huíamos? Tampoco, ¿o hacía unos minutos? Menos aún. La había dejado con vida, que era mucho más de lo que cualquiera habría llegado a tener- Y más de lo que nadie tendría en tú situación, otro, y ya estaría en el suelo sobre un charco de sangre –la miré de forma fija por sus siguientes palabras- ¿Pensabas, que el que se iba a quedar ahí arriba iba a ser yo? –Aquello sí que me hizo verdadera gracia y me reí, divertido, por las palabras que había dicho- Teniendo en cuanta mis aptitudes, y las tuyas, sabemos quién se habría quedado por el camino… y ese, no soy yo. Podrías haberte ido por otro lado mientras escapábamos, y sin embargo, aún sigues aquí –la aprieto más contra mí cuerpo, sintiendo la daga contra mí cuello que todavía no ha quitado de ahí- ¿Tan difícil te resulta dejarme? –sonreí de lado y me apartó diciendo que no podíamos seguir así y la observé quitarse cosas mientras enarco una ceja y me cruzo de brazos, a la espera de que iba a hacer.

Entra por la puerta del bar y suspiro mirando hacia el cielo, estamos perdiendo un tiempo valioso que valía su peso en oro, pero si tenía una idea para intentar camuflarnos, sería bien recibida. Después deberíamos de sortear las calles y esquivar a los transeúntes para llegar al río y poder poner algo de distancia de todo aquello. Apenas un par de minutos más tarde la observo salir con cuatro botellas de vodka y mi curiosidad crece aún más, aunque intuyo lo que había pensado para ello. Coge una botella y… se la echa por encima, veo como el licor va bajando desde su pelo, pasando por su rostro desde su frente hasta sus labios, continuando el camino por su barbilla y gotear como un pequeño riachuelo por su pecho mojando el corsé que llevaba, para empaparse por completo. El olor llega hasta mis sentidos y hago una mueca, no era muy fanático del vodka.

Sin que pueda evitarlo me rocía con lo último que queda de la botella y hago una mueca mirándola con los ojos entrecerrados, pero es un buen plan. Cogí una botella e hice lo mismo que ella, me la eché por encima empapando todo mi cuerpo, mi rostro, mi pelo y la ropa que llevaba para que disimulara el olor a sangre y a licántropo… y cualquier olor que pudiéramos llevar encima. Las cuatro botellas caen empapándonos con su peculiar olor y la miro cuando había terminado. La luz de la luna se reflejaba aún más brillante sobre ella por el líquido derramado y me mordí el labio, esperando que aquello funcionara. La veo apartarse el pelo de la cara y miro al cielo una última vez.


-Espero que tengas razón y que esto nos ayude a despistarlos, porque están cerca –sus aullidos podían oírse con perfecta claridad, y nos estaban cercando rápidamente- porque pronto estarán aquí y nada los detendrá de matarnos. Por mucha gente que esté en la calle, querrán cobrarse venganza por sus “hermanos” caídos –la seguí moviéndonos con cuidado por las calles aprovechando la oscuridad que nos brindaba algunas de ellas, evitando las luces en todo lo posible y las personas que habían por la calle. Aunque a esas horas la mayoría iba tan borrachas que ni siquiera se daba cuenta de que estábamos serenos, el olor que desprendíamos para ellos era suficiente para que pensaran que íbamos borrachos, así que por ellos no había ningún tipo de problema.

Llegamos a la zona de los suburbios y esperamos a que los licántropos pasen antes de que nosotros salgamos, nos quedamos quietos esperando que el alcohol que llevábamos encima los despistara y así fue, pasaron corriendo por delante y ni siquiera se dieron cuenta. Esperamos un tiempo y seguimos nuestro camino. Estamos cerca del río y más cerca aún de despistarlos, en uno de los momentos casi llegando a la orilla del río, entre edificios, cojo a Astrid y la pego de nuevo a mí haciendo que callara poniendo un dedo en sus labios, sin apartar la mirada de hacia donde ella iba a dirigirse. Una pareja de licántropos estaba inspeccionando la zona y, de haber ido hacia allí, nos habrían visto sin duda alguna. Contemplo la escena viendo como ambos rastrean pero no hayan nada sobre nosotros, y sin más se alejan mezclándose entre las callejuelas de la ciudad. La suelto y le hago una seña para que me siga de la forma más sigilosa que pudiera.

No dejo de mirar hacia todos los lados, incluso las azoteas de los edificios, mientras seguimos bajando río abajo y nos mezclamos con las sombras que nos proporcionan los edificios. Mis movimientos son rápidos, precisos y silenciosos, soy como una sombra que se mueve entre oscuridad y oscuridad sin dejar ser vista y esperaba que Astrid hiciera lo mismo. La linde del bosque está cerca y emprendemos una carrea hacia ella dejando atrás los edificios, en el bosque estaríamos más amparados de la luz de la luna y podríamos camuflarnos mejor. Me conozco la zona y sé por dónde debemos de ir.

Nos adentramos en el bosque y comienzo a correr sorteando los árboles y poniendo aún más distancia sin perder de vista la orilla del río, era una de nuestras salidas y debíamos de llegar rápido hasta ella. Los pasos de Astrid a mí espalda me hacen saber que está cerca de mí y que me sigue y sigo corriendo, mezclándome entre el paraje y las sombras que los árboles ofrecían de la luz de la luna, y llegado el momento, me paro haciendo un gesto a Astrid de que podíamos descansar durante unos minutos. Mi respiración es rápida y errática, los latidos de mí corazón bombean acelerados y me giro para mirarla durante unos segundos, mientras ella también se recompone de la carrera. La oigo toser y aparto un poco del vodka que había pegado en mí cara y miro hacia atrás, por donde habíamos venido, intentando ver si nos habían seguido o no… pero no hay rastro alguno de ellos.

La observo acercarse al borde del río y veo cómo sus botas tocan el agua… sé que está helada, pero era la única forma de poner más distancia, de seguir hacia delante y despistarlos por completo. Era la única opción que teníamos de que no nos mataran, y si ella no quería cruzar el río, yo sí lo haría. No iba a morir aquella noche y menos a manos de aquella manada, si ella pensaba morir adelante… yo no iba a permitir que me mataran, no sin cumplir mi venganza antes. Una risa sardónica salió de mis labios ante sus palabras de que era una broma y la miré.


-¿Crees que tengo cara de gracioso? Es la única opción que hay si queremos seguir vivos. O cruzar el río, o dejar que nos alcancen y nos maten. Porque lo harán, esto no durará para siempre y nos encontrarán Astrid. No pienso morir a manos de esa jauría de lobos, así que o vienes conmigo y cruzamos el río… o buena suerte. –No iba a decírselo dos veces, o me seguía o moría. Ella era lo suficientemente mayor como para afrontar sus decisiones y saber qué era lo que quería hacer; si quería morir aquella noche o ver un nuevo amanecer. La observo delante de mí y, de trasfondo, veo la otra orilla que era donde debíamos de llegar. Frunzo el ceño por sus palabras y veo que se gira para mirarme, y no puedo evitar aplaudir de forma irónica mientras la observo- Enhorabuena, eso es lo mismo que te dije yo cuando llegamos allí –aquello no había cuadrado, ni antes ni ahora, ¿y se percataba de ello en aquel momento? Tenía mucho que aprender. Enarco una ceja ante lo siguiente y me cruzo de brazos- Mis enemigos me conocen, sí. Quizás no sea muy popular en tú gremio de cazadores –porque yo iba por solo, siempre- pero saben a quién deben de temerle y sí, saben que soy peligroso, que cazo y que soy un jodido cazador de primera…. Así que sí, saben con quién están tratando -¿qué tenía que ver todo aquello? Era conocido, entre ellos, por lo despiadado, lo hijo de puta que era y lo jodidamente bueno que era al cazar. Sabían que no tenía piedad y que no concedía tal a ninguna de mis presas. Mis enemigos sabían con quién se estaban metiendo- Se llama reputación de la calle, por eso no has oído hablar de mí en tú gremio, porque los seres que cazamos no os dan información de que hay un bastardo que se encarga de eliminarlos sin piedad alguna, y por eso saben quien soy –no había que ser muy listo para saber todo aquello. Pero lo que no sabía era a dónde quería llegar ella. Hasta que lo supe, comenzó a hablar mientras daba vueltas a mí alrededor y la seguí con la mirada sin perderla de vista. La miré de forma fija cuando se paró delante de mí por sus palabras y fruncí el ceño enfadado por lo que estaba diciendo, ¿Qué cojones…? Gruñí ante la sola mención de estas y lo medité por unos momentos. Podría ser que tuviera razón, y si era así… estaba jodido. No era muy extraño que quisieran matarme y me tuvieran vigilado pero, ¿no me habría percatado de ello?- Si eso que dices es cierto, suponiendo que lo fuera, querría decir que no trabajan solos y que tienen a alguien que los ayuda. ¿Piensas que no me habría enterado de si me están vigilando? Por favor, claro que me hubiera enterado. Salvo que hayan pagado a alguien para que lo hiciera por ellos, un humano, alguien que pudiera pasar totalmente desapercibido y que no supiera que fuera un licántropo… -miré hacia otro lado pensando en aquello durante unos segundos y escuché sus siguientes palabras. Claro que iba a matarlos, a todos, uno a uno, hasta que el último cayera- ¿Qué es lo que nos mueve a todo cazador, Astrid? ¿Qué te mueve a ti? –la miré- La venganza. Siempre es la venganza, nos hacemos cazadores porque nos han arrebatado algo importante para nosotros, y aunque sabemos que no podremos recuperarlo, clamamos venganza. –Me mordí el labio durante unos segundos pensando en lo que podía hacer mientras ella daba un paso hacía mí, acercándose más. Miré sus ojos y vi en ellos la determinación bailando detrás de ellos, y algo más, ¿preocupación tal vez?- ¿Te preocupas por mí? –reí entre dientes- Pienso elaborar un plan tan jodidamente perfecto, que acabaré uno a uno con ellos. Hasta que llegue a los jefes y los mate con mis propias armas. No soy tonto Astrid, sé que hay una red entramada detrás de los alfa como toda manada, y sé que tendré que sortear obstáculos hasta llegar a ellos… pero mí venganza será terrible, y será sobre un plato bien frío –esta vez fui yo quien dio un paso y agaché mí rostro, lo justo, para dejarlo a la par que el suyo, muy cerca de ella- Y luego… te daré ese baile privado que te prometí en la azotea, o puede que te lo de luego cuando crucemos el río –me mordí el labio y miré por detrás de ella hacia la otra orilla- Primero tenemos que cruzar a la otra orilla y salvarnos de las fauces del lobo. Tengo una cabaña escondida en el bosque, podremos ir allí a entrar en calor y pasar la noche. Tengo ropa así que podremos deshacernos de ella. Vamos Astrid, no tenemos más opciones –cogí su mano con fuerza para que no pudiera escaparse y comencé a meterme en el río. Estaba helada, muy helada, pero no había más remedio que aquello… o eso, o dejar que nos mataran.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Astrid J. Bergès el Lun Jun 13, 2016 9:43 am

Intento encontrar en sus ojos el reflejo borroso de lo que soy pero solo veo a una muchacha desesperada, confusa, alguien que lucha contra sí misma. Naxel no tiene las respuestas que necesito y no las tendrá nunca, solo es una sombra entre tanta oscuridad. Cuando habla su voz se me antoja como un susurro lejano mientras mi mente no deja de dar vueltas a todo lo ocurrido, estoy perdida dentro de mi propia cabeza y solo puedo estar segura de una cosa, un hecho que me desgarra. Saben quien soy. Del mismo modo que conocen la identidad de Nax, también me reconocerían a mi, llevan mi olor con ellos y me rastrearán hasta la muerte. Un escalofrío recorre mi espina dorsal y acaba en mi nuca, casi puedo sentir los colmillos de cualquier licántropo desgarrando mis garganta. Mi mirada vaga lejos de él ya que no quiero que indague en mis ojos, por nada del mundo quiero que encuentre el miedo que trato de ocultar. Finalmente, cuando sus modos sobrepasan los límites de lo que estoy dispuesta a soportar, mientras él divaga sobre su reputación y las cosas de las que es capaz, lo freno con un ademán.

-Al gremio le importa una mierda quién seas Naxel-murmuro, sigo frente a él, lo observo fijamente hasta que se da cuenta de a dónde quiero llegar, de todo lo que implican mis palabras-Creo que te metiste en la boca del lobo hace mucho tiempo y aún no te has dado cuenta, han estado jugando contigo, cazador. Y sí, lo más probable es que un humano sea su fuente de información-siento como su cuerpo se tensa, cómo sus pupilas se dilatan y destapan la frágil duda que comienza a forjarse en torno a él. Frunzo el ceño, estando quieta noto cómo mi cuerpo se tensa, los músculos me arden después de la carrera y la brisa espectral de media noche me clava agujas en la piel. Envuelta en el vaho de nuestras respiraciones y el hedor a alcohol, repito en mi cabeza la pregunta que acaba de hacerme. ¿Venganza? No, me niego a aceptarlo porque en mi no existe esa sed, esa necesidad de proclamar lo que me arrebataron, no acepto la sangre por la sangre. En mi solo hay un vacío. Quiero poder gritarle que no tiene razón pero solo soy capaz de guardar silencio, somos tan distintos, tan ajenos, que me deja sin habla. En el alma de Naxel solo hay odio, no hay lugar para la compasión, y no puedo evitar preguntarme qué llevo a este hombre a ser quien es ahora. Lo escucho hablar de su plan y del modo en el que acabará con ellos uno a uno, su tono no deja espacio para el remordimiento, sus palabras cortan como cuchillas.

-¿Qué te ocurrió? ¿A quién perdiste?-de todo lo que le podría decir, esta pregunta sin duda no es la indicada, pero mis labios me han traicionado ya que realmente no sé si quiero conocer la verdad del pasado de Nax-Todos cargamos con una tragedia a nuestra espalda pero tú... tu odio no es humano, te comportas como si no hubiera nada en ti que merezca ser salvado y, sin embargo, pareces pedir a gritos la redención-su rostro está tan cerca que me roba el aire. No sé lo que digo, no sé porqué me empeño en buscar humanidad donde solo quedan cenizas, no sé tampoco porqué sin más he puesto mi mano en su rostro, como quien explora las piezas del puzzle que está a punto de realizar-La venganza te consumirá, Nax.


Casi puedo comprender la rabia en sus ojos. Casi. Cuando habla y hace amago de su elocuencia haciendo referencia al supuesto baile que me debe, toda seriedad e interés por mi parte de diluyen, mi esperanza en él desaparece, o al menos eso creo. Se muerde el labio. Pongo lo ojos en blanco y mi mano se desprende de su piel pero justo cuando estoy dispuesta a darme la vuelta, me sujeta y me arrastra con él.

-¿Por qué debería confiar en ti?-intento poner resistencia y zafarme de su agarre, pero es claramente más fuerte que yo, me lleva con él sin tener que hacer mucho esfuerzo-Según tú ya me habrías matado, ¿por qué debería pensar que me llevas a un lugar a salvo?-su respuesta termina siendo meternos en el río. Oprimo un jadeo cuando el agua muerde mi cuerpo, está tan fría que en seguida me pongo a temblar. Por un lado, el agarre de Nax evita que pierda el equilibrio y, aún más, que haya salido corriendo. Jamás había experimentado un frío tan atroz, con el agua al borde de mi cintura, a medida que avanzamos, el contacto duele-Te odio, maldita sea, te odio-pero soy yo quien se aferra ahora a él, temo que si me suelto de su brazo pueda romperme como un témpano de hielo. El río es un manto negro que, sin luz de luna, nos mantiene ocultos, nos mece entre sus aguas y depura el olor que llevamos con nosotros, podría jurar que el rastro de alcohol se desliza río abajo. No puedo dejar de tiritar y sospecho que si no nos damos prisa pronto dejaré de sentir mis extremidades, pero la orilla del río queda muy lejos aún y cada paso que doy es una ventaja que le doy al agua. Llega un momento en el que lo único que queda es nadar. Miro a Naxel y me suelto de él, ahora o nunca.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Naxel Eblan el Vie Jun 17, 2016 12:32 pm

En lo único en lo que podía pensar era en que tenía que encontrar a la escoria que estaba colaborando con los licántropos, en atrapar a aquel maldito hijo de puta y torturarlo hasta que me dijera todo lo que necesitaba saber, todas y cada una de las palabras que necesitaba oír saldrían de su boca, y de él dependería exclusivamente si salía con más o con menos dolor esas palabras. Pero tenía que encontrarlo, y lo haría, me daba igual si tenía que remover cielo y tierra para ello… iba a encontrarlo, y después, cuando me hubiera dicho todo lo que necesitaba saber, cuando ya no quedara ningún vestigio de duda… lo mataría, si es que soportaba el interrogatorio que iba a hacerle. Porque no iba a ser bueno, ni iba a ser rápido tampoco.

Pero primero teníamos que salir de allí, meternos en el bosque y perdernos entre los árboles que había era una muy buena opción, pero no sería una solución permanente ni una solución que nos sacara del problema… solo alargaría la búsqueda de aquellos licántropos, pero acabarían por encontrarnos, incluso aunque estuviéramos apestando a alcohol a no ser que saliéramos de allí. ¿La salida? Cruzar el río con su agua congelada, llegar hasta la otra orilla y llegar hasta la cabaña que tenía escondida y de la cual nadie sabía su paradero, ni siquiera su existencia.

El hecho de llevar a Astrid conmigo era un verdadero inconveniente, no porque pudiera retrasarme, sino porque aquel lugar lo consideraba como mí santuario, un lugar donde me perdía cuando quería olvidarme del mundo y cuando no quería ser encontrado. Nadie sabía de su existencia y me había propuesto que solamente las presas lo sabrían, pero solamente porque no saldrían de allí con vida… por lo que no tenía más remedio que llevarla conmigo, a esas alturas no iba a dejarla tirada cuando había tenido la oportunidad de hacerlo. Además, no sabía por qué pero comenzaba a molestarme el hecho de no poder hacerlo. Otro en su situación ya estaría desangrado en cualquier callejón, muerto e inerte de vida.

La observé durante unos segundos mientras ella también me observaba a mí, la miré a los ojos sintiendo cómo ella también los ponía en los míos con la intención, quizás, de averiguar algo de lo que se me estaba pasando por la mente. Que lo olvidara, no lo iba a conseguir nunca. A no ser que yo quisiera y aquel no era uno de esos momentos. Enarco una ceja mientras la observo al decirme que al gremio no le importo… bien, no me ha descubierto las Américas en ningún momento, por lo que es algo que no me sorprende.



-A la mierda el gremio, Astrid. Nunca me he sentido parte de el a pesar de que soy cazador, a diferencia de ti, yo no sigo los ideales o me siento identificado con ellos. Pero por lo que veo tú sí, ¿por qué? ¿Qué es lo que te aporta el gremio que no puedas evitar estar con ellos? ¿Dinero, armamento, poder? –reí de forma sardónica mientras la miraba- Al gremio le importo lo mismo que me importa a mí… nada, absolutamente nada. Yo voy por mí cuenta, creo mis normas y no dejo que nadie se interponga en medio –al menos, había sido hasta aquella noche en que me había topado con ella. ¿Casualidad? ¿Destino? La vida, tan irónica como siempre, me daba justo lo que más estaba pidiendo evitar… quizás debería de probar a la inversa a ver si así funcionaban mejor las cosas. Gruñí, sin poder evitarlo, cuando escuché sus palabras afirmando que había sido cazado, que me estaban siguiendo desde hace mucho tiempo y que seguramente el informador era humano.

Pensar aquello hacía que la sangre me quemara, que mi cuerpo temblara de pura rabia y que quisiera matarlos a todos lentamente, buscando una venganza que todavía no se me había concedido pero que buscaría hasta encontrarla. Pensar que aquellas malditas bestias habían estado jugando conmigo, y que además, tenían a un jodido y patético humano que los ayudaba no hacía otra cosa que aumentar mí ira. No podía evitarlo, cerró las manos en puño con fuerza, sintiendo que casi me hacía sangre en las manos de lo fuerte que estaba apretando mientras la rabia me consumía y me dejaba llevar por ella.

Solamente salí de mis cavilaciones y de aquella espiral de odio y rabia cuando escuché su pregunta, haciendo que mis ojos se posaran en los de ella y volviera a gruñir de nuevo, hastiado por su pregunta sin saber por qué le importaba. ¿Qué más daba lo que me hubiera pasado? No iba a ser muy distinto de lo que le había pasado a ella, nadie se convertía en cazador sin un motivo, nadie se metía en aquel mundo sin una razón o propósito que cumplir, nadie limpiaba la ciudad de aquellas bestias si no estaba buscando algo en concreto. Me acerqué de nuevo a ella, que estaba a una distancia prudente, como si quisiera intimidarle con mí cercanía.



-¿Qué más da? ¿Acaso importa? –Hice una leve pausa en la que fruncí el ceño, mientras mis palabras eran frías, duras y cortantes- ¿Crees que sería muy diferente de lo que te pasó a ti? Vamos cazadora, todos tenemos un pasado oscuro que nos une bajo un mismo hilo invisible, todos sufrimos una pérdida a manos de algún ser sobrenatural y por ello juramos venganza –sabía que ella también había pasado por algo parecido, no lo había dicho, pero no hacía falta. Reí de forma siniestra al decirme que mí odio no era humano, haciendo que la mirara de forma fija durante unos segundos, con el mismo hielo que había en mí alma reflejados en mis ojos- No soy humano Astrid, soy un demonio de hielo que juró vengarse y que no parará hasta hacerlo –mí tono era duro y frío, el mismo frío que desprendían mis ojos y el mismo que había rodeado mí alma y mí corazón, una muralla de hielo tan gruesa que nada podría penetrarla. Su reacción fue lo que más me sorprendió de todo, notar que llevaba su mano a mí mejilla fue algo inesperado y que no pude prever de ninguna manera. Su tacto, más cálido comparado con el mío, recorrió desde donde estaba hasta convertirse en un escalofrío que fue por todo el cuerpo. Quise apartarle la mano, cogerla y alejarla de mí mientras quería matarla por simplemente haber hecho aquello. Su mano quemaba en mí piel y, a pesar de que lo que más quería era apartarla… no me vi capaz.

Me sentí aturdido durante unos segundos en los que su mano se quedó puesta en mí rostro, sintiendo como ella intentaba buscar en mí algo que jamás iba a poder encontrar, ya le había dicho que era un completo demonio y aunque ella se pensara que se lo había dicho a broma… era totalmente cierto. No era humano, había dejado de serlo en el momento en el que frío me invadió, en el que puse una barrera con el resto de la gente y, también, cuando rodeé mí alma y mi corazón por el hielo. Cuando abracé al diablo e hice un pacto con él toda humanidad se perdió en mí… y ella, al parecer, quería intentar encontrarla. Pero iba a serle en vano, no quedaba humanidad en mí… hacía mucho tiempo que esta había muerto.



-Ya estoy consumido Astrid, aunque tú no quieras darte cuenta. No soy el humano que crees que soy… hice un pacto con el diablo y dejé que este me abrazara y me acogiera bajo su manto helado. No puedes cambiar lo que soy –la miré de forma fija, frunciendo el ceño porque quería dejárselo claro- No puedes salvarme Astrid, y no quiero que lo hagas. No puedes hacerlo, y no te dejaré que lo hagas –y sin esperar mucho más cogí su brazo y tiré de ella para adentrarnos en el río. El agua helada comenzó a golpearme en el cuerpo como si fueran miles de agujas clavándose en mí piel, pero no era algo que me molestara. Reí ante su pregunta de por qué debía de confiar en mí y la miré, de reojo, pero sin pararme o sería nuestra perdición- Sigues viva, te he salvado de esos licántropos en un par de ocasiones. Si quisiera matarte ya lo habría hecho y no lo haría justo ahora cuando necesito todo el tiempo para poner distancia entre mí vida y las fauces del lobo. Date por dichosa, cazadora. Nadie conoce el paradero del lugar donde te llevo así que espero que lo mantengas en secreto y tú misma te habrás cavado tú propia tumba. ¿Prefieres que te deje aquí tirada a merced de los lobos? Como quieras –sin embargo seguí andando, no iba a pararme a discutir aquello; si quería venir adelante, sino podría darse media vuelta y salir ella solita de aquel lío. Reí por sus palabras de que me odiaba y la solté porque el río nos cubría lo suficiente, ahora nos tocaba nada.

El nadar por aquel río era algo un poco complicado pero que en seguida al movernos nos hizo entrar en calor y comenzamos a nadar con mayor rapidez de la llevábamos antes. La orilla cada vez estaba más cerca y nos quedaban quizá unos diez minutos nadando. Miré hacia atrás un momento para ver que me seguía y seguí nadando. Fui el primero en llegar a la orilla sintiendo ahora que estaba mojado el frío de la noche, la leve brisa hacía que mi cuerpo se enfriara aún más y suspiré mientras veía que ella llegaba también a la orilla.


-Vamos, no podemos parar ahora
–el rastro quizás y el olor a alcohol se iría río abajo y podríamos despistarlos con ello ahora que teníamos la ropa mojada, pero no debíamos de dejarlo todo en manos de la suerte… aquella noche esta no me estaba acompañando para nada. Andamos durante otros diez minutos hasta que divisé la cabaña, cogí su brazo y tiré con ella con más fuerza pese a que el frío ya estaba haciendo mella en ambos. Lo primero que hice cuando llegamos dentro fue encender la lumbre de la chimenea para que el sitio entrara en calor. La dejé sentada frente al fuego que ya comenzaba a aumentar de forma paulatina, y me encaminé hacia una de las habitaciones para sacar algo de ropa… la que teníamos ya no nos servía y debíamos de tirarla, o de quemarla, para que el rastro no llegara hasta allí. Salí de la habitación con ropa y mantas para ella y las dejé a su lado- Cámbiate –me quité la camiseta y la lancé al fuego, no me importaba perderla, me interesaba más conservar mí vida- No sé que aprecio tienes a tú ropa, pero no debemos de mantenerla en el lugar o podrían rastrearnos por mucho alcohol que lleváramos encima. Ahí te he dejado ropa, es de hombre, así que es lo único que podrás usar –me alejé de allí para no incomodarla porque sabía que, en mí presencia, no se iba a cambiar por mucho que hubiera notado su figura por completo al haber cruzado el río, y me cambié de ropa en la habitación, pasando por la pequeña cocina para coger algo de comida antes de volver al comedor, donde estaba ella junto a la chimenea ya cambiada de ropa.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Jul 31, 2016 9:52 am

“No puedes salvarme Astrid, y no quiero que lo hagas”

Sus palabras se clavan en mi pecho y se quedan ahí, se entierran en el fondo de mi alma para recordarme una vez más todo aquello contra lo que lucho. No puedo salvarle de si mismo, porque él ya se ha rendido. De todas las cosas que podría decirle solo se queda el silencio entre nosotros. El río nos mece mientras lo atravesamos mientras el frío se clava en mis huesos, por un momento casi desearía quedarme aquí o mejor, casi prefiero dejarme llevar por la corriente y desaparecer. Que se quede solo si es lo que desea, que se pudran sus esperanzas, que se consuma en sí mismo. Demonio solitario. No consigo comprender, por mucho que lo intente, porqué todas aquellas personas con la que me cruzo han perdido toda esperanza, porqué todas han aceptado la oscuridad con parte de sus vidas. Es cierto, no puedo apartar la oscuridad de mi camino, pero puedo llenarla de luz. Y es luz lo que Nax necesita.

Hace rato que he dejado de sentir mis extremidades, el agua helada me colapsa y ya ni siquiera soy capaz de temblar. El río negro nos oculta con su manto de noche, solo somos sombras. Observo cómo Naxel avanza sin esfuerzo aparente y algo me pellizca la consciencia, él siempre va un paso por delante de mi, siempre lo hará, sin embargo nada aun con más energía un instante después de que sus pies toquen tierra los míos siguen sus pasos. El aire nocturno enseguida se clava como agujas en la piel, me apoyo sobre mis muslos para reponerme pero Nax me arrastra con él sin tiempo que perder. Procuro concentrarme en todos y cada uno de los pasos que doy, en reconocer el entorno por el que avanzamos, pero nada me resulta familiar cuando la silueta de la ciudad se pierde entre la espesura de los árboles. Los siguiente minutos se hacen eternos y, cuando menos me lo espero, diviso la estructura de una cabaña. Cuando la puerta se cierra tras de mi todo lo que nos rodea es oscuridad, una mezcla de aromas me dan la bienvenida pero la sensación de peligro aún no se ha disipado, huyo de un peligro para aliarme con otro. Naxel me guía sin decir nada, solo se escuchan nuestros pasos sobre la madera mientras nos adentramos en una de las estancias, de pronto me suelta y me quedo  plantada donde estoy, en medio de ninguna parte. Tengo los ojos tan abiertos tratando de ver algo que casi me duelen, mi mano se dirige veloz a una de mis dagas y me preparo para lo que tenga que llegar. Si Naxel pretende algo no se saldrá con la suya. Lo siguiente que veo es una chispa y su rostro a contra luz y al cabo de un minuto el fuego comienza a tomar fuerza en la chimenea. Debo parecer descolocada o muy débil porque es él el que me sienta frente a la lumbre para que entre en calor, me miro las manos entumecidas, la ropa me pesa ya que aún gotea aunque el vaho de mi respiración disminuye. Observo cada uno de sus movimientos. Cómo se desviste y lanza parte de sus prendas al fuego, la humedad y el sudor perlan su piel. Siento que todo está a cámara lenta, una vez la adrenalina ha abandonado mi cuerpo solo queda un saco de huesos rotos, todo lo que ha ocurrido esta noche ha consumido todas mis energías y debo esforzarme por mantenerme entera. No sé en qué momento Naxel la habitación pero cuando vuelve me tiende ropa seca y me ordena que me cambie, aunque yo no me muevo hasta que él vuelve a desaparecer. Comienzo a desvestirme al mismo tiempo que inspecciono mi cuerpo en busca de heridas, hace rato que me duele el costado y mis sospechas se confirman cuando veo el hematoma sobre mis costillas, es del tamaño de un puño y está hinchado. Suspiro y lanzo mi ropa al fuego y aunque éste parece ahogarse ante la humedad pronto coge fuerza de nuevo. Salvo por algunos cortes y la autoestima por los suelos, estoy bien. He dejado el corsé sobre la butaca y las fundas de las armas, el arné de cuero lo llevo puesto para poder cargar con al meno una de mis dagas bajo la camisa, que me queda varias tallas grande al igual que los pantalones. Toco el cuello de la prenda y la huelo mientras giro sobre mi misma para visualizar la habitación en la que estoy. Sobre la chimenea un par de libros cuyos lomos me dan la espalda y no me dejan averiguar sus títulos, en el suelo varias alfombras de piel y lana, un sofá lleno de cojines, cortinas tupidas que no dan paso al exterior y una mesa con planos y cartas. A primera vista no hay nada que hable sobre Naxel, pero para ser alguien que se oculta de los demás lo hace muy mal, tengo ante mi demasiados detalles sobre su persona, me digo mientras intento descifrar el aroma de la prenda que tengo puesta. Apenas lo escucho llegar, el crepitar de las llamas me acompaña cuando abro uno de los libros por la mitad y leo la primera frase.

-Tenía el corazón abierto y, sin embargo, no sentía miedo-susurré, frunzo el ceño y lo cierro al instante aunque me guardo el título en la memoria. No parece uno de esos libros que alguien como Naxel quisiera leer, no es como si él quisiera abrir su corazón. Lo miro entonces y pese a que ya no viste como cazador su sola presencia sigue imponiendo, tiene el cabello despeinado y algo de color en las mejillas ahora que hemos recuperado el calor corporal. Por mi parte siento el cuerpo ardiendo y un sudor frío por mi espalda, nada segura de si se trata de la situación o el posible resfriado que puede que coja después de nuestra aventura acuática. Siento su mirada muy real sobre mi, con mi cuerpo a contra luz debe de haberse percatado de que llevo armas encima, sin embargo me acerco a él y no dudo en abrir la botella de alcohol y dar un trago. Es asqueroso y ni siquiera sé qué es lo que estoy tomando, pero el río de lava que recorre mi garganta me satisface, entro en calor al instante. Le devuelvo la botella y aunque veo que ha traído comida no consigo tener apetito.

-Supongo que debo agradecerte-me encojo de hombro y alzo un poco la barbilla-Si estamos vivos es en cierto modo gracias a ti-me duele en el orgullo pero si quiero romper la tensión y la extraña rivalidad entre nosotros debo empezar por algo. Al fin y al cabo ésta en su casa, su refugio, podría haberme dejado fuera-Me iré antes del amanecer, tengo que pasar desaperscibida-hago una seña a las ropas que llevo puestas, si caminase así por París no sería un cuento agradable de explicar a mi tía. Lo mir un instante para saber qué puede estar pasando por su cabeza pero al final me rindo y tomo asiento en el sofá. El cansancio se lanza sobre mi pero me mantengo atenta a él, intentando evitar pensar en el golpe del costado-Si vas a darles caza, te acompañaré. Podemos apoyarnos el uno al otro, tú tienes tus objetivos y yo los míos-¿Qué acabas de decir, Astrid? No espero a que me responda-No puedes negarme que nos coordinamos bien, en aquella azotea pudimos con una docena de licántropos solos. Necesitarás ayuda si quieres tomar ventaja-mi tono de voz resulta práctico pero no sé a quién de los dos intento convencer-Me necesitas-es lo más arrogante que he dicho en mi vida y, aún así, la duda que percibí en la mirada de Nax antes de cruzar el río, cuando mi mano se posó en su rostro, me lo confirma. Naxel cierra todas sus puertas pero pide a gritos la redención. Observo su reacción esperando cualquier tipo de respuesta, estoy segura de que tiene mucho que decir ante mis palabras y no me importa lo que piense, no me interesan sus negativas, no se va a librar de mi tan fácilmente. Me muerdo el labio a la espera y aunque quiero desviar la vista hacia la chimenea me mantengo con mis ojos en los suyos. Día y noche, así somos. Su aura, todo su ser desprende esa sensación de frialdad, incluso ahora con un aspecto aparentemente vulnerable su rostro no expresa nada. Naxel es todo un reto para mi. Me cruzo de brazos procurando tener una postura desenfadada mientras aliso mi cabello aún húmedo-¿Aquí es donde traes a tus presas?

Sonrío casi, solo casi, con diversión, mis ojos lo recorren y pese a que parece que me deleito con lo que veo me detengo a buscar cualquier pista que pueda indicar que porta un arma. Fuera no se escucha nada, fuera solo existe la noche.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

Mensaje por Naxel Eblan el Mar Ago 02, 2016 3:37 pm

Por fin habíamos dejado aquel río detrás y a su agua más que helada, si la noche ya era fría, aquel congelado río había hecho que la noche pareciera un juego de niños debido a su baja temperatura. El movernos por el nadando no había amortiguado aún así lo fría que estaba el agua… pero era o eso, o morir. Y no, no pensaba morir en aquel momento y mucho menos cuando tenía opciones de sobrevivir. La retirada nunca me había gustado y no había sido uno de mis lemas favoritos… pero aún así, en aquella situación, era lo mejor a lo que podíamos enfrentarnos. Pese a que me jodiera como no estaba escrito lo que estábamos haciendo… era la mejor solución para continuar con vida.

Por eso había tomado la opción de ir hasta la cabaña que tenía escondida en el bosque, quemar la ropa que habíamos utilizado para que el rastro se perdiera en el río, y pasar allí la noche a la espera de que pudieran venir a por nosotros. Pero sabía que no nos iban a encontrar, al menos, aquella noche. Otra no lo tenía tan claro y menos cuando ella me había dado una pieza del puzle que antes no había podido encajar… una pieza que iba a destripar lentamente en cuanto la tuviera en mis manos y en mí poder.

La sola idea de que un jodido y patético humano haya estado jugando a los espías para los lobos me hervía la sangre, pero si a eso le sumabas el hecho de que a quien había estado espiando era a mí… la cosa cambiaba. No podía dejar de notar cómo mí cuerpo y mí demonio interior me clamaban por algo que ya sabía lo que era; sangre. La sangre de aquel asqueroso humano del cual me iba a encargar que cantara cual pajarito mientras lo torturaba. Porque iba a darme toda la información que sabía, y cuando no tuviera nada más que me interesase o nada más que contar… veríamos si me apiadaba de él y lo mataba. ¿Apiadarme? Aquel simple pensamiento hizo que me riera en voz baja una vez dentro de la cabaña, todavía con aquel pensamiento en mente.

Habíamos llegado y había dejado a Astrid en medio del salón de la cabaña mientras procuraba encender la hoguera para quemar la ropa, todo estaba a oscuras, pero me conocía tan bien aquella cabaña que podía ir por ella con los ojos cerrados, pero sabía que ella no, y aunque no encendía la chimenea por eso necesitábamos entrar en calor y quemar la ropa. Así que en cuanto la hoguera estuvo encendida me levanté para observarla parada en medio de la cabaña, con la ropa totalmente húmeda y pegada a su cuerpo como seguramente estaría la mía. No dije nada, la recorrí de un vistazo rápido y pasé a quitarme la camiseta para tirarla al fuego.



-Te traeré ropa –fue lo único que dije mientras salía dejándola a solas y buscaba algo de ropa, toda la que tenía era de hombre y le estaría grande, pero suponía que preferiría eso a ir desnuda por la cabaña. Me cambié de ropa y me puse unos pantalones que solía utilizar cuando estaba por allí, como si fueran de un pijama pero no lo parecían, eran negros y una camiseta gris. Iba descalzo, era una manía que tenía desde hacía mucho tiempo y no me importaba sentir el frío del suelo… estaba acostumbrado al frío. Yo mismo era un ser que desprendía frío al resto de las personas pese a que era un humano y mi sangre estuviera caliente, pero mí actitud distaba mucho de ser caliente precisamente. Cuando volví ella estaba justo donde la había dejado; enfrente de la chimenea intentando entrar en calor. Le tiré la ropa y la miré, no esperaba réplica alguna, si no quería ir desnuda tendría que ponerse ropa mía aunque fuera de hombre.

Salí dejándola sola de nuevo porque sabía que no iba a cambiarse delante de mí y fui a la cocina a por algo de comer, tenía comida de sobra para situaciones de emergencia y de vez en cuando pasaba algún que otro día en aquella cabaña… por lo que la comida no iba a ser un problema. Mí pelo seguía despeinado y húmedo y podía sentir como alguna que otra gota caía por mí rostro que me apresuré a quitar, cogí algo de comida para los dos y volví al salón. Cuando llegué ella estaba con uno de los libros que tenía sobre la chimenea en la mano.

Parecía que no había reparado en mí presencia y, a la contraluz de la luz de la hoguera, la recorrí durante unos segundos; su pelo caía liso y de algunos mechones podía verse como caía alguna gota de agua, mí camiseta le queda algo más grande de lo que pensaba al igual que al pantalón pero, incluso así, puedo ver que va armada y eso hizo que sonriera de lado, divertido con la situación. Su cuerpo es menudo y parece frágil, pero sé que es solamente una apariencia pues a pesar de los contratiempos que hemos sufrido aquella noche ha sobrevivido, contra todo pronóstico sigue viva. Su fragilidad es solamente una fachada que hasta quizás pueda venirle bien, pero es fuerte, aunque aún puede serlo más.

Pero tenía que dejar muchas cosas de lado, el mundo de los cazadores era un mundo oscuro y frío, y ella con su misericordia y su candidez no iba a salir con vida en un largo plazo… porque era un mundo duro y donde la ley del más fuerte prevalecía. No había muchas opciones; o cazabas o te cazaban. Y aunque a ella no le gustara tenía que aprender que siempre, siempre, debía de escoger la opción de cazar. Porque sino alguna noche sería la última que viviera… me mordí el labio, ¿y a mí qué cojones me importaba? Solamente era una chiquilla que quería jugar a los soldaditos cuando debería de estar jugando a las muñecas, se había metido de lleno en un mundo del cual ella apenas conocía nada… pero había sido su elección.

Mis ojos seguían fijos en los suyos y, de repente, siento que ella lee una frase del libro que lleva en sus manos y frunzo el ceño. De todos los libros, de todas las páginas, de todos los párrafos, de todas las líneas… había tenido que leer, precisamente, aquella frase. Parecía como si con eso quisiera volver a recobrar la conversación que habíamos tenido antes de meternos al agua. Había visto su rostro cuando le dije que no quería y no podía salvarme, pese a que intentaba esconder lo que pasaba por su mente para mí era como un libro abierto y había podido leer, sin problema, cómo se había sentido ante mis palabras. Pero eran la verdad, eran frías y duras… pero es lo que había.

Sus ojos me recorren en silencio al igual que había hecho yo con los míos, dejó el libro sobre la chimenea de nuevo y comenzó a acercarse a mí a lo que enarqué una ceja. Cuando cogió la botella de whisky… me reí entre dientes, no pensando que iba a darle aquel trago pero viendo cruzándome de brazos como el líquido bajaba por su garganta, el gesto que hizo al beber y lo seguramente que le asqueaba aquello. Me tendió la botella y no fui menos, le di un trago dejándola luego donde estaba, no quería beber en aquel momento aunque no dudaba en cogerla más adelante.

La miré con la ceja alzada todavía, ¿suponía? Por supuesto que debía de agradecerme, si no hubiera sido por mí habría acabado destrozada siendo carne para los licántropos que se hubieran dado un festín con su piel, sus huesos y sus tripas… debía de hacer algo más que agradecerme, pero dejé que continuara hablando ya que había empezado. Aplaudí de forma irónica mirándola, con una sonrisa torcida tras sus palabras.


-Me alegra que lo veas, cazadora. Me alegra ver que sabes por quién seguimos vivos, y por quién estaríamos muertos –porque sí, esa era la absoluta verdad. No me importa cuando se tenga que ir, tampoco esperaba que se quedara todo el día en aquella cabaña- Tú estancia aquí solo será por esta noche, en cuanto salga el sol y el peligro haya pasado no espero que sigas por aquí –porque así era, quería seguir con mí camino solitario donde todo me iba bien, donde no tenía que tener un dolor de cabeza y tener que preocuparme por alguien ajeno a mí que, además, me metía de lleno en la boca del lobo. Rodé los ojos dándole a entender que me importaba más bien poco el que suscitara sospechas al estar así vestida, era su problema, no el mío. En cuanto saliera por aquella puerta dejaría de ser un problema para mí, olvidaría aquella noche y todo cuanto había sucedido… salvo lo del humano, pero ¿ella? La borraría de mí mente.

Acabó por sentarse en el sofá y dejé lo que había traído de comida encima de la mesita que había para pasar a sentarme yo también, desde donde estábamos el calor de la chimenea nos reconfortaba y hacía que entráramos en calor. Cogí algo de lo que había traído y comencé a comer sin preocuparme de que ella comiera o no, si quería comer algo que lo cogiera, no le iba a insistir. Y en esas estaba cuando escuché sus palabras, me había puesto a una distancia prudente de ella y cuando abrió la boca de nuevo, paré de masticar lo que tenía en mí boca y giré mí cabeza hacia ella. ¿Qué había dicho? ¿Ayudarme? Tragué lo que tenía y… me reí, en una carcajada algo estruendosa pareciéndome divertido lo que acababa de salir de sus labios.


-¿Ayudarme dices? ¿A qué, a que me vuelvan a matar y a meterme de lleno en la boca del lobo otra vez? No gracias, con una vez tengo suficiente –esperaba con eso que desistiera y fuera un rechazo y negación que pudiera entender… sin embargo sus siguientes palabras hicieron que frunciera el ceño, de nuevo, y la mirara de forma fija ladeándome para quedar de cara a ella. ¿Qué cojones estaba pensando?- ¿Y por qué quieres ayudarme, Astrid? Tú tienes tus objetivos y yo tengo los míos, yo no interfiero en los tuyos y tú no interfieres en los míos… así es como funciona la cosa –la miré, de forma fría, cuando dijo aquello sobre que nos habíamos compenetrado en aquella azotea… tenía razón. Mierda, ¿cómo podía negar esa lógica que hasta yo mismo me había dado cuenta? La prueba de ello es que seguíamos con vida, de otra forma, habríamos acabado muertos en aquella azotea. Habíamos liquidado a casi una docena de lobos ambos solos, ayudándonos, moviéndonos en una sincronía casi perfecta pese a que era la primera vez que cazábamos juntos… Maldición, no podía negar una verdad tan evidente. La odié en aquel momento por decir aquello, aunque igualmente podía negarme si así lo quería, no tenía por qué aceptar- La suerte del principiante seguramente –no dije nada más, no tenía qué refutarle a aquello y me daba rabia que no pudiera contradecirle, porque era la verdad. La escudriñé con la mirada cuando dijo que la necesitaba, ¿otra vez seguía con lo mismo? No sabía por qué pero aquella simple palabra me recordó al momento del río ates de cruzarlo, cuando posó su mano en mí mejilla. Me mordí el labio ante aquello, ni siquiera sabía por qué no había podido apartarla…si hubiera sido otro quien siquiera hubiera osado el tocarme habría acabado muerte, fulminado en el acto. Sin embargo para mí gran desconcierto no había apartado su mano de mí rostro y le había permitido que me tocara.

¿Se estaría refiriendo a eso? No, tenía que ser por lo de los lobos. Parecía que había determinación en sus ojos y que no iba a dejarlo pasar… suspiré, maldita mujer, no quería tener que ver nada con ella y parecía que tenía que ser así, como si nuestros caminos no se hubieran entrelazado solamente por azares del destino, como si hubiera algo más detrás de todo aquello. ¿Quería ayudarme? Bien, bajo mis normas, no iba a aceptar menos.



-Así que, ¿quieres jugar con los mayores en la liga de cazar? Bien, pero será bajo mis normas y no admito réplica alguna –dije por si acaso quería decir o añadir algo- Dentro de dos noches, justo en el callejón donde nos encontramos la primera vez, te espero en cuanto la luna ilumine la noche con su luz. Espero que vengas con información y armada hasta los dientes, porque pienso reventar a cada jodido licántropo que se ponga en mí camino, y además, capturar a cierto humano que ha estado informando de mis pasos–mis manos se cerraron con fuerza ante la simple mención. Observé que se mordía el labio y sonreí de lado- Tú también me necesitas, cazadora, asúmelo. Tienes que mejor mucho si quieres seguir viva en este mundo, ya te lo dije una vez, tú misma has podido comprobarlo esta noche –hice una pausa y bebí de la botella de agua que había sacado dejando que bajara por mí garganta, hasta que escuché su pregunta de si ahí llevaba a mis presas. Dejé la botella y sonreí, ladino, inclinándome algo más hacia ella- Sí, cazadora, aquí es donde traigo a mis… presas –la observé divertido- ¿Quieres ser tú una de mis presas, Astrid? –la miré a los ojos esperando para ver su reacción queriendo saber si se iba a alejar o me iba a alejar, o iba a poner de nuevo un cuchillo sobre mí garganta- Tengo un sótano provisto para vampiros, con cadenas y… bueno, más cosas –alcé su rostro llevando una de mis manos a su barbilla y la miré en sus ojos queriendo ver por qué había esa determinación en su mirada, en qué estaría pensando para que fuese algo que se pudiera notar a simple vista. Y esperaba que no fuera mi salvación, porque iba a mosquearme si era aquello y no sabía como decírselo más claro; no quería ser salvado, no dejaría que lo hiciera. Punto. No había nada más que añadir a eso y no quería que volviera a sacar el tema, con una vez tenía más que suficiente.

Cogí un mechón de su pelo deslizando mí dedo hacia abajo notando como todavía estaba mojado y la gota que cayó al final de este sin quitar mí mano de su barbilla. Sonreí ladino esperando su respuesta o ver qué era lo que me hacía, estaba armada y yo no, pero sabía que no iba a hacerme nada. Mí rostro estaba cerca del suyo y podía notar como su respiración chocaba contra mí rostro, podía notar como el vaho que producía por el frío que hacía salía hasta llegar a mí rostro. Miré sus labios unos segundos y bajé mí rostro hasta dejar mis labios a centímetros de los suyos, pero sin apartar mí mirada de la suya. Sabía que la intimidaba, no había que ser demasiado listo para darse cuenta de ello y quizás lo había hecho desde el primer momento en que me había acercado a ella. Era más alto, más fuerte, mí cuerpo casi doblaba al suyo y mi cercanía le ponía nerviosa… vaya vaya, el descubrimiento del año sin duda alguna. Cuando mis labios estuvieron cerca de los suyos dejé un mordisco en el inferior y me separé riendo entre dientes, para levantarme y mirarla.



-Es tarde cazadora y deberíamos de descansar, ha sido una noche movidita con tanto lobo y aún faltan horas para que amanezca. Puedes descansar en la cama –tenía una cama lo bastante grande para que pudiéramos caber los dos perfectamente sin tener que siquiera rozarnos- Así que venga, vamos –casi le ordené y la miré de forma fija esperando que se moviera, no tenía muchas más opciones así que esperé a que se levantara y la conduje a la habitación donde había una cama de matrimonio. Esperé a que se tumbara en uno de los lados y dejé la puerta abierta para que el calor de la chimenea llegara hasta allí, y por si oía el más mínimo ruido estar alerta. Me tumbé a su lado, boca arriba, y suspiré. Quién me iba a decir que iba a acabar la noche en la cabaña, con ella. La miré de reojo, me puse de lado tumbado en la cama, y suspiré cerrando los ojos sintiendo su cuerpo y su cercanía cerca de mí.



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Re: Caminos Entrelazados ~ [Privado]

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