Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Recordemos nuestros primeros encuentros → Privado

Mensaje por Roland F. Zarkozi el Miér Mar 16, 2016 4:37 pm

"No hay presente ni futuro, sólo el pasado que se repite una y otra vez, ahora".
- Eugene O'Neill.





*     *     *     F     L    A    S    H    B    A    C    K    *    *    *


Se avecinaba la rebeldía más grande que Roland llegaría a cometer en su vida. Lo meditó durante demasiado tiempo, quizás incluso más de lo que comúnmente el llega a pensar sobre sus decisiones. Colocó cada una de sus acciones en una balanza. De un lado aparecía todo lo bueno, por el otro lo malo. Sabía de sobre las consecuencias. Las vio en más de una ocasión, incluso fue quien implementó castigos, de algo estaba más que seguro, de salir todo mal, su dolor se volvería locura, y de la demencia vendría después la muerte.

Roland no dejaba de darle vueltas a esas ideas en su cabeza. Se sentía confundido, lo peor del asunto no serían las consecuencias que llegarían a él, sino a Abigail, su hermana. Si existía un punto débil en la vida del inquisidor, tenía un nombre, su mismo apellido, ojos expresivos y una melena oscura como la noche. Su hermana era lo único que lo mantenía de pie. La joven Abigail se convirtió en su piel, aquello que de verdad le enseñaba existía el amor. ¿De qué otra manera podría llamarle? No existía.

La falta de concentración en lo “debido”, le estaba costando caro. En el campo de entrenamiento le asestaban golpes que comúnmente con facilidad llegaba a esquivar. El dolor parecía no importarle, y es que Zarkozi parecía tallado en roble, muchos guerreros preferían no luchar o practicar con él, porque creían podían llegar a fracturarse antes de tiempo. Una gran tontería en realidad, él no era invencible, simplemente no se dejaba doblegar, porque para él, la vida dependía solo del éxito, sus fracasos lo podrían sepultar.

Cuando estás entrenado para combatir a muerte, incluso aprender a diferenciar el tipo de golpe, y más aún de quien procede. En la iglesia no se andaban con tonterías, ni con juegos, incluso vampiros intervenían a la hora de instruir a alguien, por esa razón Roland supo que el golpe que acababan de efectuarle era de una mujer, no la subestimaba, tenía tino, y más que fuerza, llevaba técnica, lo cual era fundamental a la hora de estar con un oponente, más aún si resultaba ser un sobrenatural.

El golpe había sido realizado en el cuello, en un lugar tan estratégico que lo dobló hacía el lado contrario; por poco caía de bruces contra el pasto. En vez de hacer una mueca, simplemente sonrió.

¿Desde cuando eres tan buena? — Cuestionó con tono de burla. Lisa era una mujer de carácter, pocos amigos, pero extremadamente disciplinada. En muchos aspectos se parecía a Roland, pero él, siempre que se encontraba con ella, parecía más suelto y natural, como si estuviera cómodo, algo muy extraño, pero que caía bien después de verlo tan ensimismado, estresado,  siempre presionado por ser el mejor gracias a la presión de su padre. — Buen golpe, ahora intenta repetirlo — No era una sugerencia, sino una orden, el muchacho era su superior en el campo de batalla, era debía obedecer.


Última edición por Roland F. Zarkozi el Dom Jul 17, 2016 11:19 am, editado 1 vez


"Si le prestas atención a su mirada en vez de su sonrisa.
verás la tristeza en sus ojos."
Abigail&Roland:
Zarkozi:
Roland F. Zarkozi:

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Re: Recordemos nuestros primeros encuentros → Privado

Mensaje por Lisa Liebermann el Lun Abr 18, 2016 2:40 pm

Después de la partida de Elise, el panorama de la ahora joven inquisidora había tomado un rumbo inesperado. No obstante la disciplina infundada por aquella mujer de noble corazón forjó en la mente de Lisa convertirse en un elemento eximio, quien nunca dejaba de sorprender a propios y extraños dentro de la inquisición debido a su riguroso método para aprender cosas nuevas. Su fragilidad no yacía en el cuerpo aparentemente pequeño, sino en los momentos pasados donde se remontaba a su niñez, a lado de su madre. Estaba consciente que dichos puntos débiles serían utilizados por sus enemigos a modo de tortura, el detalle erradicaba en desconocer la existencia de seres capaces de penetrar la muralla que ella todos los días se esforzaba en edificar para no ser presa de ataques físicos mediante habilidades que iban más allá de la comprensión humana. Mujer de pocas palabras lo era, aunque de vez en cuando se permitía charlar con un par de inquisidores más. Sin abrir una brecha que pudiese poner en riesgo su pasado.

La primera vez que sus ojos se cruzaron con los de Roland, sintió que existía algo más, oculto en esa sonrisa y una aparente amabilidad. Apenas cruzaban palabras si se llegaban a encontrar en los pasillos, no obstante cuando se le informó que sería su superior en los entrenamientos sintió un ligero alivio, pues le costaba demasiado trabajo conocer a personas nuevas.

–Siempre lo he sido, me sorprende que apenas lo notaras–

Sonrió naturalmente ante el cuestionamiento ajeno, sus ojos aun clavados en la mirada del joven soldado regresaron a un estado de concentración cuando recibía una nueva orden.
Un par de movimientos más, dieron pie a un nuevo golpe, esta vez tratando de hallar el costado, Lisa era muy cautelosa cuando acertaba en sus ataques y difícilmente llegaba a errar. Incluso cuando un par de jóvenes más se arremolinaban a aprender del entrenamiento, su atención no se dispersaba del todo. El segundo ataque pudo haber acertado de no ser por la intervención del mismo Roland, neutralizándole por completo. Ante la defensa del otro, Lisa buscó un nuevo espacio para atacar, sin embargo aquella fortaleza física era algo que siempre atraía su curiosidad. Los espacios para entrenar eran siempre diferentes, bajo diversas condiciones, no obstante Roland parecía estar siempre alerta a los movimientos de ella, como si poseyera un sexto sentido que le llevara un paso adelante. Esta vez la inquisidora fue quien cayó de espaldas. Extendió la mano para dejar que le ayudara a incorporarse.

–¿Cómo lo haces? Siempre te adelantes a mis embates–

Preguntó sorprendida, avanzó un par de pasos hacia los robles que delimitaban el área y recargó su espalda. Estaba exhausta.

–Sólo un par de minutos, antes de volver–



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Lisa Liebermann
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