Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

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Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Sáb Mar 19, 2016 5:28 pm

La noche había caído hacía varias horas, Emilia, frente a la mansión de Rasmús, la contemplaba desde la seguridad del coche. Su cochero, un cambiante canino permanecía estoico en el asiento del conductor, aunque por su condición, podía olfatear que aquel lugar guardaba a un vampiro y aquello no le hacía ninguna gracia, mas luego de mucho intentar convencer a su señorita que no era una buena idea presentarse en la casa de un inmortal, terminó dándose por vencido y sabiendo que si debía defenderle del vampiro, él, estaría dispuesto a dar su vida por ella.

Emilia, estrujó su pequeño bolso, allí llevaba un pequeño presente para el vampiro, era un reloj, en el que había hecho grabar en la tapa, un pequeño mensaje, "Ni el tiempo lograra apartarme de ti... si logras perdonar a  mi alma, que siempre será tuya". suspiró, leyendo nuevamente aquel grabado, - ojalá logres perdonarme - susurró, mientras las lagrimas surcaban sus mejillas.


Noches atrás....

- Señorita, usted está loca si piensa que le daré la dirección de mi amigo - la mirada del vampiro mostraba la rabia contenida, era obvio que la culpaba por la situación en que había dejado a su amigo y no pensaba ayudarla a llegar a Rasmús. - Gustaff, se que puedes pensar que fui una tonta, o que jugué con los sentimientos de Rasmús, pero te juro que no fue así - sabía que no le creería, por eso se acomodó en la butaca de la barra de la taberna, que ya a esa hora de la madrugada se encontraba vacía, y decidió descubrir a ese vampiro cual había sido la razón para su huida, - déjame que te explique -, - no, no necesito que lo haga -, la detuvo el inmortal, mas ella estaba decidida - es que sino lo hago, si no lo intento, jamás podré perdonarme -, sin decirle mas, usó su don, el que comenzaba a dominar mejor - yo no sabía que podía hacer ésto... disculpa por mi intromisión - dijo en el momento que su alma entraba al cuerpo del vampiro, quien se quedó paralizado - tuve miedo, pues en ese instante, por la ira, o por el destino, aquel don se despertó en mi, y cuando Rasmús empujó a esa vampiro... también me empujó a mi -, su alma volvió a su cuerpo, despertándose, para luego mirar al amigo del vampiro que la contemplaba atónito, - lo siento, no encontraba la forma de explicarlo mejor -. El vampiro asintió con la cabeza, aun sin forma de expresar verbalmente la sensación de ser invadido. Mas cuando la impresión pasó, vampiro y bruja, pudieron hablar tranquilos, por horas él le contó de lo que pasaba con su amigo, mientras las lagrimas inundaban el rostro de Emilia, - Gustaff, te juro que he vuelto para no dejarle jamás... si él me perdona -.


Presente...

Inspiró, secándose las lagrimas con un pañuelo, - bueno, es hora de afrontar mis miedos... amor, mi dulce Rasmús... déjame que te explique porque huí aquella noche - susurró. Golpeó suavemente el techo del carruaje, Bruno, descendió del pescante y le abrió la puerta, - señorita, ya sabe, estaré aquí, cualquier peligro, solo grite, que yo apareceré a salvarla -, Emilia sonrió con dulzura, - Bruno, él no me hará daño, no mas del que yo le he hecho -, giró sus pasos y se encaminó a la entrada de la mansión. Tocó la puerta, golpeando el aldabón y esperó, en su mirada se podía observar como el miedo, mezclado con la angustia de perderle, se habían apoderado de su ser.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Dom Abr 03, 2016 6:19 pm

Si alguien hubiera estado allí, noches antes, días antes, para decirle que no era una buena idea, que estaba cometiendo un error, quizá la situación hubiera sido distinta. Si en aquella ocasión en la librería, tal y como había hecho otras tantas veces, en lugar de abordar a Emilia, de inmiscuirse en su vida, hubiera pasado de largo, probablemente todo habría terminado de distinta forma. Pero no lo hubo. Sus sentimientos se impusieron a esa tozuda razón, a esa cruda lógica que siempre lo había caracterizado, y había fracasado estrepitosamente. Emilia no sólo no era para él, sino que la había conseguido espantar antes incluso de intentar demostrarse a sí mismo que podría funcionar. ¿A quién quería engañar? Una humana y un vampiro. Una mortal y un inmortal. La luz y la oscuridad. Intentar mezclarlos era casi una locura. Ambos existían en planos diferentes. Si ni siquiera su propia hija era capaz de mirarlo a la cara sin ver el monstruo que se ocultaba tras ella. Una sonrisa fría, melancólica, cruzó por su semblante. Él tenía la culpa.

Los vasos de whisky, vacíos, se acumulaban en la mesa que había frente a él. Había botellas también vacías repartidas por toda la habitación. Probablemente de haber algún mortal bajo aquel tejado hubiera caído en redondo a causa del olor. El aroma del licor se había entremezclado con el de la sangre seca de aquel animal que había sacrificado noches antes, un lince, cuando finalmente había cedido al hambre y mandó a alguien a cazar por él. Hubiera ido él mismo, normalmente lo hacía, pero estaba casi completamente seguro de que de haber vagado por las calles, no se habría contentado simplemente con beber un poco de cada caminante. Tenía miedo de lo que pudiera ocurrir, de lo que podría hacer. La rabia. La impotencia. El dolor que la soledad había dejado en su alma. Era peligroso, más de lo que lo había sido en años. Sus ojos, normalmente negros, del color que la naturaleza en su nacimiento le había dado, ahora tenían una llamativa tonalidad rojiza. Su barba había crecido notablemente, dándole un aspecto mucho más fiero. Echaba de menos, sin embargo, su cabello. Tras aquel fatídico incidente, tras tenerse que enfrentar con su progenie, se había deshecho de él. Lo que antes había sido muestra de su valentía, de su fortaleza, ahora sólo le recordaba toda la sangre derramada por él y por los de su especie durante milenios.

Sí, esa era la conclusión a la que había llegado tras perder la que probablemente era la única mujer a la que había amado tras perder a la madre de Leire, años atrás. Estaba condenado, y no solamente él, sino todos los hijos de la noche. Había algo en ellos, en su interior, algo que inevitablemente los empujaba a hacer el mal, a sembrar el caos y destruir todo lo bueno que los rodeaba. Envenenaban la tierra, y a sus habitantes. Estaba cansado. Dio un largo sorbo a la última copa que se había servido, minutos antes. Otra botella más. Otra noche más. Casi estaba deseando a que amaneciera para encerrarse en su habitación, en su cárcel personal, cerrar los ojos y esperar no tener que volver a abrirlos. Pero su instinto de supervivencia era probablemente lo único que había permanecido inalterado durante su eterno caminar por el mundo. Y seguía despertándose, a pesar de no tener motivos para ello. Cuando escuchó los golpes en la puerta, ni siquiera se movió.

- Sea quien sea, haz que se marche. No tengo tiempo para invitados, y no estoy en condiciones de ver a nadie. -El mal humor le había hecho perder incluso sus siempre refinados modales.

La ama de llaves, una vampiresa de más de cien años y aspecto igualmente anticuado, asintió y se dirigió directamente hacia la entrada. No sabía quién demonios le había hecho eso a su Señor, pero realmente le dolía verlo así. Siempre había sido gentil. Le había salvado la vida, convirtiéndola cuando la vio a punto de morir. Y ahora era él quien estaba al borde del precipicio y no podía hacer nada al respecto. Abrió el grueso portón y se encontró de frente con una jovencita. Hermosa, rasgos delicados y cabellos rojizos. Había algo en ella que le resultaba terriblemente familiar. - Lo siento, pero el Señor no va a atender a nadie. Vuelva otro día, y por favor, hágalo tras haber avisado de que vendría, así no tendrá que hacer otro viaje en vano. -Sonrió superficialmente y luego se dispuso a cerrar la puerta sin más.






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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Dom Mayo 08, 2016 5:35 pm

Emilia no pudo articular palabra, solo retumbaban en su cabeza, las escusas que diera la mujer que había abierto la puerta de la mansión. Aquellas maneras tan cortantes  en que le dijera que su señor no iba a recibir a nadie, la dejaron, por uno segundos, sin reacción alguna. El ruido de los carruajes transitando pesados por la calle, el relincho de un caballo y el trueno inesperado de una lluvia que parecía salida de un cuento de terror, la hicieron reaccionar, justo cuando la se cerraba la puerta. Emilia, se movió tan rápido como pudo, colándose por el espacio que se iba cerrando lentamente, agradeció que la puerta fuera confeccionada con una madrea tan pesada y que la mujer se demorara en cerrar, seguramente confiada que nadie intentaría colarse a la fuerza en la casa de un vampiro, ya que de solo pensarlo, era una opción descabellada y peligrosa.

Su corazón latía con desesperación, lo podía oír en sus oídos, como también sentía las puntadas que daba a la altura de su carótida. Aunque a penas ver a la mujer que le había abierto la puerta, se había dado cuenta de que se trataba de una vampiresa, decidió tomar el riesgo e intentar llegar a donde su amado se encontrara. Según lo dicho por el amigo de Rasmus, él seguía pensando en ella, a pesar de lo mucho que había sufrido, fue por contar con esa mínima esperanza de que al sentir su perfume en la mansión, él iría a buscarla y la protegería de aquella mujer. ¿pero, si eso no ocurría, que sería de ella?, no lo sabía y no era momento de dudar, solo de actuar.  - Haré cualquier cosa por llegar a tu lado amor - caviló, mientras observaba el asombro en el rostro de la sobrenatural. Hizo varios pasos hacia atrás, hasta chocar con una mesita que se encontraba cerca de las majestuosas escaleras que daban a la planta superior y a donde - supuso - se encontraría su amado Rasmus.  

- Pero como se atreve - dijo el ama de llaves, - le acabo de informar que el señor no recibe, debe irse, no me haga usar otro modo de hacerla entrar en razón - la voz  de la vampiresa retumbó de forma clara y autoritaria, mas Emilia irguió sus hombros, levantó el mentón, - no, no me iré sin ver al señor, estoy segura que si le dice que Emilia pide verlo ... él...  me... me recibirá - dudó en sus últimas palabras, en verdad, esperaba que eso fuera verdad, que aquel hombre de quien se había enamorado, no le hiciera sacar por su servidumbre, o por lo menos que le diera el tiempo suficiente para explicarle lo que le había pasado.

La vampiro le miró de una forma que le hizo helar la sangre, aquellos ojos de color del cielo, se volvieron rojos como el vino y sus colmillos relucieron entre sus labios carnosos, - he dicho que el señor no recibirá, no creo que "mi maestro" quiera ver a nadie - la sobrenatural, fue acercándose cada ve mas a Emilia, lo que hizo que ella sin querer tirara un candelabro y un florero de cristal que se encontraban colocados primorosamente en la pequeña mesa, haciendo un ruido que expandió su sonido  rápidamente por la estancia. Su corazón bramaba en el pecho, mientras sus ojos mostraban el temor  que le provocaban esos afilados colmillos, tragó saliva e inspiró profundamente, - le ruego, pregunte a su señor... si él no quiere recibirme, le aseguro que no volveré a importunarla -  su mirada cargada de un repentino dolor, se clavó en las pupilas color vino, para luego bajar su mirada al desastre que había hecho, - ¡oh! lo siento mucho - dijo mientras se acuclillaba a levantar los objetos que habían caído. Intentó tomar un trozo de vidrio del jarrón que se había roto al caer  y sin darse cuenta del peligro que podía correr al manipular torpemente con aquel material, se hirió la mano, comenzando a sangrar.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Sáb Jun 04, 2016 12:21 am

Su reacción fue tan rápida que hasta él mismo se sorprendió. Primero, fue el dulce y tenue sonido de su voz, resonando por el pasillo, a lo lejos, y luego, súbitamente, el inconfundible aroma de la sangre. De su sangre. Se levantó del sillón en el que llevaba hundido durante las últimas horas de un salto, y en apenas un par de zancadas ya estaba en el recibidor. Entonces, se detuvo, de forma tan abrupta como se había levantado, ante la escena. No tenía muy claro por qué, por qué no se movió cuando la vampiresa asomó sus colmillos. Por qué no dijo nada cuando Emilia la miró, aterrorizada, temiendo por lo que pudiera ocurrir. Por lo que él mismo temía que pudiera ocurrir. Su cuerpo se quedó inmóvil, mientras su mente viajaba rápidamente por los diferentes escenarios que podrían estar a punto de ocurrir frente a sus ojos. Emilia estaba en peligro, y él simplemente se recostó sobre la pared que tenía al lado, y se dedicó a observar. Sí, estaba tenso. Sí, estaba preocupado. Pero su rostro permaneció impasible. Ahora sabía que era un monstruo, ¿por qué luchar contra su naturaleza? ¿Qué sentido tenía, ahora?

- Creo que mi Ama de llaves os ha dado una indicación bastante clara, y es que su maestro no quería ver a nadie. Eso os incluye, por supuesto. -Su mente gritaba a todo volumen, instándole a intervenir, y más teniendo en cuenta que su progenie estaba cada vez más cerca de la joven. Sus instintos, sin embargo, aquellos que había estado cultivando durante milenios, aquellos que se asemejaban tanto a los que tuviese cuando aún era humano, estaban apagados, dormidos, probablemente embotados por las ingentes cantidades de alcohol que había estado consumiendo. Sus ojos relucieron ante la cercanía de la sangre, y aunque intentó contener sus colmillos, éstos finalmente hicieron aparición. Su salvajismo, el rostro contraído de Emilia, detalles que en otro momento le hubieran hecho odiarse a sí mismo, ahora eran completamente ignorados, exacerbados por la sed que lo consumía.

- Amo, ¿qué debería hacer con este animalillo asustado? Estoy convencida de que con un poco más de carne sobre los huesos sería un majar digno de reyes. -El tono de voz de la mujer era cruel, frío, retorcido, evidenciando lo mucho que estaba conteniéndose. De no haber sido por la presencia de Rasmus, ya la hubiera asesinado. Pero las normas eran claras. Nadie se podía alimentar de inocentes, y mucho menos matarlos. Su creador era conocido por no tener piedad con aquellos que se aprovechaban de su condición inmortal, de depredadores, y aunque ahora pareciera mucho más descontrolado que de costumbre, el respeto a sus normas era algo a lo que siempre se ceñiría, aunque fuera por costumbre. Pero la sangre sería goteando de la herida abierta de la muchacha. Y el vampiro, a pesar de estar presente, no parecía muy inclinado a intervenir. Finalmente, la sed cedió, y en menos de un segundo, la vampiresa había recorrido la distancia que la separaba de la chica, inclinando la cabeza en busca de su cuello, agarrándola entre sus brazos con brusquedad.

Sólo entonces, Rasmus reaccionó.

- Es suficiente. Recoge este desastre y sal a alimentarte, está claro que lo necesitas. -La mujer asintió rápidamente una vez, para luego perderse por una pequeña puerta a la izquierda del pasillo, que llevaba directamente a las mazmorras. - , acompáñame. -Enfatizó, refiriéndose a Emilia. No parecía él mismo. Y es que quizá jamás había estado tan hundido dentro de su propia oscuridad. Su tono era autoritario, y no dejaba lugar a réplica. Aquello no era una sugerencia, sino una orden, para ambas. Sin esperar a su reacción, comenzó a caminar en dirección a la misma sala que antes había ocupado.




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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Mar Jun 21, 2016 5:46 pm

Aquello, parecía sacado de un libro de terror, tan común en esos años, ediciones que llevaban a los simples mortales, lo que parecía ser una simple ilusión, pero que en el fondo, poseían mucho de verdad. Emilia podía sentir su sangre escurrir por sus dedos, mojando el piso, tembló al ver la mirada encendida, de un rojo rubí, en el rostro pétreo de la ama de llaves.

Su corazón retumbaba en su pecho y la ensordecía al sentir el continuo repicar de los latidos, pero ésto no fue suficiente para ano poder oír los pasos de alguien que se acercaba al lugar. Tragó saliva, apenas sentir el aroma del vampiro, mezcla de su perfume, mas el alcohol que había tomado. Le observó en un breve movimiento de cabeza que realizó al escuchar su voz, la que le resultó tan dolorosamente desconocida, era él, mas en nada se le parecía.

Podía sentir como si una mano invisible le intentara ahogar, las lagrimas se agolparon en sus ojos, su mirada se nubló, - Rasmus... mi amor - susurró, mas calló ahogada por el terror y la tristeza de no conocer a ese ser que la observaba con desprecio. Cuando volvió su mirada a la vampiro, ésta se había acercado mas, lo que provocó que ella soltara un grito de terror, al ver sus colmillos emerger, prontamente volvió a girar su rostro para suplicar la ayuda de su amado, pero éste también mostraba los mismos signos de salvajismo. - amor, no puede ser... ¿acaso ésto es culpa mía?, vida, que te he hecho, al huir por cobardía... - caviló mientras su mirada se fijaba en los colmillos blanquecinos de Rasmus. Bajó la cabeza derrotada, si a él no le importaba su suerte, si era éste su postrer momento, ya nada valía la pena luchar.

se fue el instante en que la vampiro se abalanzó a ella, como un lobo al elegir una presa. Cerró los ojos e inclinó voluntariamente el cuello hacia atrás, si él pensaba que era la forma que ella debía pagar el sufrimiento causado, estaba dispuesta a pagar la ofensa, si él se había convertido en un monstruo por su culpa, bien valía morir y no saber mas de un destino lejos de aquel hombre a quien había elegido.

La voz imperiosa de Rasmus volvió a retumbar en el lugar, la inmortal, se alejó de ella, con la misma velocidad con la que había buscado su cuello para alimentarse. Cuando quedaron solos, él le habló, aunque en ningún momento sus miradas se unieron, la forma cruel, fría, impersonal, conque se dirigió a ella, hizo que Emilia no pudiera soportar mas. Se paró firme, como si estuviera clavada en el lugar, las lagrimas brotaban de sus orbes y bañaban su rostro, inspiró con fuerza, sus manos se cerraron en puño, los brazos caídos al costado de su cuerpo, - no - dijo con la voz cargada de emoción, de dolor, de una desilusión que no tenía que ver con él, sino con ella, pues torpemente, había creído que él la cobijaría en sus brazos apenas verla. - Rasmus, vine a buscarte... porque no consivo una vida si tu no estas a mi lado, aunque ya no te merezca... por haberme convertido en... ésto... una abominación...- dijo en la cabeza del vampiro, usando su poder obscuro. Cayó al suelo, sollozando y tomándose la cabeza, - como podía quedarme contigo siendo lo que soy ... un monstruo- repitió en un susurro.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Lun Jul 04, 2016 12:01 am

Apenas tuvo tiempo para voltear la cabeza, al notar que la chica no lo seguía, cuando su voz surgió de la nada. Primero, en un susurro con el que pretendía negarse a su petición... Pero antes de que pudiera replicar que no era una preguntar, y por tanto, no tenía lugar para negarse a hacerlo, Emilia habló una segunda vez, pero esta vez únicamente dentro de su cabeza, provocando que un dolor lacerante se abriera paso a medida que las palabras comenzaban a cobrar sentido. El vampiro gimió, deteniéndose en seco y girándose para encarar a la figura de la mujer, que ahora lloraba, desconsolada, en el mismo lugar en el que su sangre aún yacía derramada por el suelo. De la garganta del hombre surgió un bufido, tan intenso y cargado de impaciencia que casi simulaba el de un auténtico animal, una bestia. Su naturaleza, finalmente, revelada. En dos zancadas se situó a la altura del cuerpo tembloroso de la chica, y sin pensárselo dos veces la alzó sobre el suelo, tomándola por la parte de abajo de los brazos, como si su peso no significara nada para él. Y así era. Humana, frágil, temblorosa, y herida, nunca más vulnerable ante su presencia. En su fuero interno, se dijo que aquel era el momento perfecto para sonreír, para mostrar su lado más cruel y despreciable... Pero no pudo hacerlo. A pesar de estar en uno de los momentos más bajos de su existencia, no pudo. Dejó escapar un suspiro de impaciencia, para luego zarandear a la joven por los hombros.

Sin un ápice de delicadeza. ¿Por qué estaba ella allí? ¿Cómo lo había encontrado? ¿Por qué narices lo había buscado? Desde aquel dichoso día él había supuesto que, para bien o para mal, sus caminos se habían separado para siempre. Él había abrazado el demonio que habitaba en su interior, a causa de aquel trágico momento. ¿Qué clase de retorcido juego era ese? Primero destruía su fachada de calma, los intentos por ser pacífico, y ahora, ¿qué? ¿La poca cordura que aún le quedaba? ¿O es que acaso estaba desesperada por dejar que su sangre le sirviera de alimento? ¡Qué diablos quería de él! - ¡De qué estás hablando! ¡De qué demonios estás hablando! -Volvió a sacudirla por los hombros una vez más, sus pupilas clavadas con intensidad en las ajenas, escrutando aquellos ojos que con tanta fiereza se habían grabado en su memoria. - ¡¡Por qué estás aquí, Emilia!! ¡¡Por qué has venido hasta aquí después de lo que ha pasado!! ¡Y por qué me desafías en mi propia casa, cuando eres perfectamente consciente de la clase de criatura que soy! -Cuando finalmente la sentó, su propio cuerpo estaba temblando, ante el visionado de la sangre, ante la cercanía con Emilia, ante la rabia y la impotencia que recorrían su ser de arriba abajo. Rabia, porque realmente no tenía ningún deseo en verla, en estar a su lado, no después de haber aceptado que no podían estar juntos; e impotencia, por no poder olvidarse de sus sentimientos, a pesar de que fueron los que lo guiaron hasta ahí.

- Podría matarte, ¿sabes? Todos mis instintos me gritan que lo haga. Es tan... fácil... Tu sangre aún está fresca, en el suelo, goteando desde tu herida. Y mi sed... Oh, Emilia, no te haces una idea de con cuán intensidad ha despertado... -Volvió a mirarla, esta vez con severidad, y agarrándola del brazo, comenzó a arrastrarla por el pasillo, en dirección a la sala en la que antes estaba. Ella se había metido dentro de su casa, de su hogar, ahora sería consciente de las consecuencias. - Si te digo que vengas, vienes. No puedes negarte, y no hay lugar para discusiones, porque no era una pregunta. No era una sugerencia. Es una orden. ¿Acaso no te esperabas semejante recibimiento cuando tuviste la osadía de meterte en la boca del lobo? -Su voz volvía a ser fría, cruel, carente de emoción, y una vez ambos estuvieron dentro del cuarto que todavía apestaba a alcohol, soltó a la chica y bloqueó las puertas tras de sí, para después encararla. - Por cierto, ¿cómo demonios has hecho eso? Hablarme sin usar palabras... Un gran truco... Quizá hasta seas más de lo que aparentas... -Recorrió la distancia que los separaba para colocar una mano en la cálida mejilla de la chica. Pero sus ojos, en lugar de mostrar la intensidad de ese amor, y de ese dolor, que aún lo consumía, eran calculadamente oscuros, fieros, reflejando perfectamente el depredador que era, que siempre sería. Que ella había ayudado a despertar.





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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Dom Jul 24, 2016 10:34 am

¿que había pasado con su amado Rasmús? se negaba a aceptar que en verdad él le estaba mostrando el verdadero ser que era. Aunque el amigo del vampiro le había dicho que era un mal momento, para presentarse ante él, ella no podía seguir en la incertidumbre, sin saber si la aceptaría nuevamente, si perdonaría su cobardía. La voz sonó tan fría que su corazón se desgarró de dolor, no podía dejar de llorar, de maldecirse por haber hecho daño al hombre que mas amaba en el mundo.

Cuando la sostuvo por los hombros, su mirada era de suplica, le mostraba el amor que sentía por él y su eterno arrepentimiento, mas los ajenos eran fríos y duros como puñales. Cuanto le costaba encontrar un atisbo del hombre dulce que la protegía entre sus brazos, llevándola en andas y ella prendida a su cuello, pero sabía, intuía que en el fondo de toda esa frialdad, su amado debía seguir allí, intentando encontrar la forma de llegar a ella.

No contestó a sus preguntas, su garganta no le permitía hablar y no deseaba usar el poder que para ella era malvado, ¿quien tenida derecho en meterse en la cabeza de otra persona y hablarle o hasta dirigir sus actos? no, ella no era de esos brujos, y si en algún momento se convertía en algo tan aberrante, buscaría la forma de terminar con su propia vida. Dispuesta a recibir el castigo que Rasmús creyera conveniente, siguió en silencio, huyendo por momentos del contacto de esos frios ojos que hacían añicos su corazón.

Claro que sabía que podía matarla, pero prefería morir en sus brazos, por sus labios, que lejos de él, de el amor que estaba segura, aún sobrevivía en el interior del corazón del vampiro. Apretaba sus ojos cerrados a cada vez que él le gritaba, tal vez él no sabía que lo hacía o simplemente no le importaba, pero la verdad era que ella aceptaría todos los reproches, las pruebas que él deseara imponer, con tal de que su amor sobreviviera.

Apesar que el amarre en su brazo le hacía doler y dejaría una marca en su piel, no se quejó, intentó caminar lo mas aprisa que pudo, siguiendo la velocidad con que el vampiro se dirigía, subieron las escaleras por donde ella le contempló descender y entraron a la habitación, que terminó siendo una sala, en la que por el desorden el olor a tabaco, alcohol, la bruja comprendió que había sido el refugio de su amado, durante gran parte de los días que habían permanecido alejados el uno del otro.

La había soltado, mientras se dedicaba a cerrar la puerta, para luego llegar nuevamente a su lado, preguntando por aquel poder que le había permitido hablar en su cabeza. Iba a explicarle, cuando la fria mano del vampiro acarició su mejilla, Emilia que le contemplaba a los ojos con tristeza y desesperación, al sentir aquel contacto suave, tan añorado, no pudo contener el suspiro, lo amaba, lo amaba con todo su corazón, le había extrañado tanto que mantenerse apartada de él había sido el peor de los suplicios, aún mayor del que podría llegar a ser el morir por su mano. Tembló ante su caricia y sus manos se posaron en la ajena que aún se mantenía en su mejilla, cerró los ojos y besó la palma de la mano, con enorme dulzura, sin poder contener las lagrimas. Su voz salió de su garganta  tan quebrada por la emoción que pensó que, Rasmús, no podía entenderla, pero no podía dejar de expresar lo que sentía.

- Te amo Rasmús, no quise hacerte daño... jamás me hubiera ido, si... ese poder no hubiera despertado en mi - no dejó de apretar aquella mano, deseaba que pudiera sentir sus latidos, saber que no le estaba mintiendo. Sus ojos se mantuvieron firmes, pero con un dejo de profundo dolor, - cuando mi enojo fue tan inmenso por aquella vampiro... no supe como lo hice pero una parte de mi entró a su cuerpo, gritándole que nos dejara en paz, pero en ese instante tú la golpeaste, haciendo que mi alma volviera a mi cuerpo... - dijo desvelando el porque de su proceder aquella noche - tuve miedo, pero no de ti, sino de mi, ¿en que me había convertido? - reflexionó en voz alta.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Jue Ago 04, 2016 10:10 pm

Una risa desganada se escapó de su garganta. Una risa que no le llegaba a los ojos. No, su mirada estaba nublada, no solamente por el hecho de que Emilia, aquella maravillosa criatura que creía que no volvería a ver, estaba ante él; sino también porque la sed por su sangre se había despertado de una manera hasta entonces desconocida para él. Antes, cuando el control aún dirigía su vida, la sed era un mal menor. Algo que estaba allí, algo que podía ignorar durante todo el tiempo que fuera necesario, únicamente cediendo a ella cuando no le quedaba más remedio, cuando había llegado al límite. Pero ahora, era completamente distinto. No era él mismo, y era perfectamente consciente. De no ser porque aún sentía algo por ella, fuera lo que fuese, el vampiro no habría sido capaz de resistir la tentación. La habría embelesado para que no tuviera miedo, para que no gritara, y luego habría bebido de ella como si se tratase de una fuente, drenando su vida rápidamente, haciendo que su sangre formara parte de sí mismo. ¿Y es que acaso habría una forma más intensa, más cercana, de hacerla suya? Aún así, el poco autocontrol que le restaba le impedía saltar sobre su cuerpo como si de una presa se tratara. No por falta de ganas, ¿pero cómo soportaría un mundo en el que ella no existiera? Jamás se lo perdonaría.

Claro que nada de esto, ni un ápice de todo ese torrente emocional y de pensamiento se mostró en su exterior. La frialdad, como la rabia, eran viejas amigas. Emociones que había conseguido domesticar y enmascarar con el tiempo, pero que ahora corrían libres, mostrando el aspecto más fiero de un monstruo que por milenios se había olvidado de que lo era. - Amor, ¿uh? Hablas de amor como si comprendieras lo que significa. Lo que implica estar enamorado de alguien a quien no puedes tener. -A pesar del dolor oculto en sus palabras, su tono frío, carente de emociones, prácticamente indiferente, hacía que pareciera que nada de eso le importaba ya. Que el pozo en el que se encontraba sumido no tenía nada que ver con el hecho de que se sentía estúpido por haberse vuelto a enamorar, y haber perdido nuevamente al objeto de su amor. Porque sí, Emilia estaba justo delante suya, respondiendo al breve contacto entre mano y mejilla, pero por primera vez desde que comenzara a observarla, era plenamente consciente de que se encontraban a galaxias de distancia. Pertenecían a mundos diferentes, opuestos, que no podían ni debían mezclarse. En este caso, por el bien del más débil. Humanos y no muertos, ¿cómo había sido tan estúpido?

- Vaya, vaya... Así que después de todo no estaba equivocado al decir que eras diferente. Aunque, francamente, en ese momento pensaba más en tu personalidad que en la posibilidad de que fueras una hechicera. -Mantuvo en todo momento su tono monótono, como si ese descubrimiento no significara nada. Y en lo más importante, no lo hacía. A pesar de que ella también fuese un ente sobrenatural, seguía siendo mortal. Y él, peligroso. - ¿Por qué insistes tanto en explicarte? No necesito saber por qué te marchaste corriendo. Y tampoco me siento especialmente inclinado a pedir disculpas por ser lo que soy. Soy un monstruo. Un ser que se alimenta de otros seres. Un depredador. Si fueras más lista no habrías venido aquí. -Mencionó, alejándose de ella para colocarse en el mismo sillón en el que había pasado lo que parecían días enteros. Tomó otra botella y dio un largo trago, observando a la muchacha de reojo. - Te comprendo, ¿sabes? Tener miedo de lo que puedes hacer, de algo que surge en tu interior y no sabes cómo controlar, puede ser bastante terrorífico. Pero eso no quita que es a mi a quien deberías temer. -Volvió a dar otro trago esta vez mirando al techo. Cientos de "¿y si...?" paseaban lentamente por su mente, pero no se molestó en centrarse en ninguno. ¿Para qué? Pronto, ella se iría. Y volvería a ser un recuerdo.





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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Jue Ago 18, 2016 6:41 pm

Cada palabra que aquel vampiro le decía, eran como filosas dagas que herían su piel, su corazón, ¿acaso su pecado había sido tan inmenso, capaz de arrasar con el hombre maravilloso que había conocido en aquella librería, para convertirse en ese ser hundido en la mas profunda amargura? no, ella estaba segura de que aquel error no había sido el responsable de tamaña reacción, era él mismo quien se imponía el insoportable castigo, haciendo que ella también lo sufriera. ¿acaso temía herirla, creía que no podría aceptarlo por su condición de vampiro? era obvio que intentaba herirla, apartarla de su lado, lograr que le dejara solo con su dolor, sus sufrimientos y sus terrores. Pero Emilia no lo haría, lo amaba, aunque él se empeñara en desmentir aquella verdad. Deseaba que él entrara en su mente, buceando en sus sentimientos y descubriera que no existía nada que pudiera lograr que ella lo rechazara, si aún, aunque Rasmus la atacara, aceptaría aquel destino, porque si debía morir, deseaba hacerlo en los brazos de aquel a quien entregara su corazón. - no me iré, por mas que lo creas posible, por mas que sientas que es lo que merecemos... no me iré - caviló, aunque realmente se lo estuviera diciendo a él.

Era verdad, el hombre en el sillon, poco o nada se parecían al que conociera una noche de invierno, en su antiguo trabajo, mas debajo de aquella coraza, de ese animal herido, casi moribundo, se encontraba el hombre que con los ojos mas hermosos que contemplara jamas, había logrado conquistarla en unas pocas horas. Su mente voló a esa noche, en la biblioteca, a esos profundos orbes, negros como el firmamento nocturno, a su voz profunda, dueña de un cierto misticismo,  a sus labios que le habían abierto las puertas del Valhalla, cuando tomaron sus labios y sellaron una unión que no podía disolverse, aún queriendo. ¡Si!, él era su guerrero, el ángel que había llegado a su vida, salvandola de la soledad mas aterradora, calmando su alma, restañando sus heridas, por todo eso, no permitiría que nada los separara, ni siquiera, la obstinación de aquel a quien amaba, mas que a su vida.

Había albergado temor en su pecho antes de entrar en la mansión, si, era verdad, pero no por miedo al ser sobrenatural que era, ni al hombre despechado que pudiera alvergar aquel ser. No había tenido miedo de no ser lo suficiente importante para él, que ella no fuera alguien valiente que estaba dispuesta a darlo todo por él. Mas al entrar en la mansión, enfrentar a esa vampiro, y por sobre todo, volver a verle, aquel sentimiento la había abandonado, pues cuando aquellos orbes oscuros como la muerte la contemplaron, supo que solo podía vivir por él y para él, nada importaba en la vida, si él no estaba a su lado. Solo podía pensar en él, en que detrás de tanta amargura, furia contenida, se encontraba el hombre que amaba, que la había enamorado y del que jamás se separaría, - no por propia voluntad - .

Inspiró profundamente, le sonrió de medio lado e inclinó suavemente la cabeza, - sabes, si conozco lo que es amar, no hace mucho, alguien pronunció unos versos que describen exactamente lo que siento por ti... - le contempló mientras se acercaba a él, se dejó caer a su lado, y le contempló, buscando su mirada, - "Me miran con tus ojos las estrellas más grandes... Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre."*- dijo, con voz cadenciosa, dulce como el sonido de una cascada, - el hombre que me dijo esas palabras, sabía exactamente lo que es amar... como te amo - levantó su mano lenta, pero segura de lo que haría, recorrió la distancia que la separaba del brazo del vampiro y tocó su fría piel, - Rasmús, no me iré... no te dejaré... jamás -.


* Fragmento extraído de Misterioso Destino... que nos une un instante.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Vie Sep 09, 2016 5:29 pm

Debía reconocer, que incluso en esas circunstancias, y a pesar de que deseaba más que nada en el mundo encontrarla irritante, la testarudez de la muchacha le resultaba tan conmovedora como tierna. Y es que, después de todo, esa era una de las razones que lo habían llevado a enamorarse de ella. Desde que comenzara a observarla, meses antes de que siquiera llegaran a hablarse, se había dado cuenta de que por muchas dificultades que afrontara, Emilia siempre decidía no rendirse. Ahora parecía tratarse de lo mismo. Él era una encrucijada ante la que ella no tenía pensado dar marcha atrás. La pregunta que se abría ante él era clara: ¿debía ceder a sus deseos y a los de la muchacha, y reconsiderar su elección; o debía dejarle aún más claro que ellos no podían estar juntos, usando cualquier medio necesario? Aunque asustarla no parecía demasiado difícil, ni siquiera se sentía capaz de hacerlo. ¿Qué ocurriría si por alguna razón ella caía, o se hacía daño? ¿Y si volvía a sangrar? Su autocontrol no estaba en sus mejores momentos. Quería alejarla, no matarla. De hecho, quería alejarla para no poderla dañar. Porque él era un monstruo. Siempre lo sería. Esa era la única realidad ante ambos, aunque ella estuviera demasiado cegada por el amor para darse cuenta. Al final, él parecía ser el único consciente de que no todo en la vida era quererse. Si tenía que elegir entre estar con la mujer que amaba, aún a riesgo de lastimarla, o dejarla ir, la elección estaba clara...

Pero... Pero... ¿Cómo resistir la tentación, cuando estaba tan cerca, y tan dispuesta a arriesgarse? En aquellos momentos el vampiro estaba tan sumido en sus pensamientos que ni siquiera fue consciente de la cercanía de la mujer hasta que ya era demasiado tarde. Súbitamente, sintió como su cuerpo se tensaba, y el aroma de su sangre, mezclado con la dulzura de su perfume, lo hicieron alejarse lo más posible, dentro del reducido espacio que tenían ambos en el sillón. No fue suficiente, sin embargo, ya que Emilia únicamente tuvo que alzar una de sus manos para alcanzarle, y su muerto corazón pareció volver a bombear en ese preciso instante. ¿Cómo lo hacía? ¿Era acaso consciente del poder que tenía sobre él, aquella mujer de cabellos de fuego y mirada tan intensa como el océano? Dudaba que así fuera. Dudaba que comprendiera realmente lo complejo de la situación, el peligro que corría por acercarse a él. Dudaba que estuviera meditando sus propias palabras, porque de otro modo jamás las habría pronunciado. No dirigidas a él. No dirigidas al monstruo que él era. Al vampiro sediento de sangre que podría abalanzarse sobre ella en un instante, y que lo habría hecho de no ser por... por... ¿por qué? Ah... Porque aquellos ojos atravesaban cualquier coraza que él interpusiera. Porque aquella calidez era todo cuanto su frialdad siempre había ansiado. Porque su pureza, su amor, era lo único que lograba calmar su alma, aunque fuera mínimamente.

- No... No sabes lo que dices, Emilia... No comprendes lo que eso significa... Tú eres humana. Tu vida será corta, es frágil... Eres delicada. Eres todo cuanto alguien como yo busca desesperadamente. Todo cuanto alguien como yo ansía, no solamente para amarlo, también para destruirlo... ¿Acaso no eres capaz de ver lo que sería capaz de hacerte, si no me controlase? Si perdiera los estribos, o enfureciera, o mi mente no fuera lo bastante estable... -Aunque al principio su tono sonaba casi como un ruego, poco a poco se fue alzando, convirtiéndose en algo más parecido a una amenaza. En un segundo, el cuerpo de la joven quedó atrapado bajo el vampiro, quien aferró sus muñecas usando únicamente una de sus manos, colocándolas por encima de su cabeza, firmemente apretadas contra el sillón. - ¿Sabes acaso lo que "jamás" significa? Para ti jamás puede ser una semana, o unos cuantos años. Para mi, "jamás" implica "eternidad". No te atrevas a usar la eternidad en mi contra, Emilia, porque si me juras que me darás tu eternidad, no te dejaré ir. Nunca. -El rostro del vampiro se dirigió lentamente al cuello ajeno, y sus colmillos rozaron peligrosamente la delicada piel de la muchacha. Estaba tan cerca que podía sentir, oír, cada gesto, cada movimiento, y sus incesantes latidos. - ¿De verdad es eso lo que quieres? ¿De verdad es eso lo que deseas? ¿Ser la presa de un vampiro, para siempre? -Rogó mentalmente que la respuesta fuera que no. Rogó por todos los dioses que le dieran la valentía suficiente a aquella chica para negarse, para no corresponderle. Porque no sabía qué pasaría después de eso. Quería decirse a sí mismo que no iba a hacerle daño. Quería también decirlo en voz alta. Pero no era capaz de creérselo.


Última edición por Rasmus A. Lillmåns el Dom Oct 09, 2016 8:51 pm, editado 1 vez




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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Dom Sep 18, 2016 7:45 pm

A pesar de que la reacción del vampiro, la sorprendió, la brusquedad que jamás había usado con ella, intentando tal vez, demostrarle que era un ser peligroso, ella no se daría por vencida. ¿acaso era tan difícil para Rasmus, entender que ella lo amaba, y lo haría, así viviera solo una hora, o los segundos que le costara al inmortal dejarla sin una gota de sangre.

Claro que la bruja comprendía la diferencia de un jamás humano, del que podía ser para un inmortal, ¿pero acaso él pensaba que en todos esos días en el que vivió separada de su amado, no había pensado en la posibilidad de convertirse algun día en un inmortal como él? claro que lo había hecho, y siempre era la misma respuesta, por él, bebería el veneno mas amargo, descendería a los infiernos, solo por encontrarlo y traerlo nuevamente a su paraíso, ese que por su propia cobardía, había desbaratado aquella noche, en la taberna del vampiro.

sintió su voz, primero como el ruego de quien suplica que recapacite, para luego convertirse en una genuina amenaza, mas no lograría separarla de él. Su mirada no se separó de los ojos oscuros y abismales del inmortal, tampoco cuando él abrió su boca, mostrando sus colmillos y acercándolos a su cuello. Tembló, pero no de miedo, sino de deseo, algo tan nuevo y misterioso que hizo que gimiera, cerró sus ojos y resopló, - no, no lograrás hacerme cambiar de parecer - dijo con voz firme, segura de la decisión que había tomado, inclinó su cabeza logrando acariciar con su mejilla, la rasposa barba de su amado, llevando sus labios al oído del vampiro, - te daré los días que la vida me ha regalado, y mi alma si la aceptas, porque mi amor, mi razón y mi corazón, ya son tuyos - susurró en el oído masculino, depositando un suave beso, y suspirando ante la cercanía de sus cuerpos, mientras su piel se sonrosaba al desear que la besara.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Dom Oct 09, 2016 9:29 pm

En momentos como aquel, y aunque se repitiera centenares de veces que no podía controlarse, era cuando su verdadera fortaleza se hacía presente, su verdadera capacidad para resistir la tentación, la sed, el deseo, todo aquello que podía y terminaría por llevarlo a saltar la línea entre el ser pensante que quería ser, y el animal que se escondía en su interior. Porque al notar como el cuerpo de Emilia se tensaba bajo el suyo, tratando de separar la minúscula distancia que aún los separaba, y cuando respondió a la amenaza implícita de sus colmillos contra la piel con un leve gemido, creyó que toda su fachada se derrumbaría repentinamente. Pero se contuvo. Lo suficiente para soltar una breve carcajada, nerviosa, y depositar un suave beso en el lugar que hasta hace un instante estaba pensando en morder.

- ¿Cómo puede una criatura tan débil, con una existencia tan delicada, decir cosas tan atrevidas, y más estando frente a un depredador como yo? -Una sonrisa se había quedado fijada en su semblante, más parecida a una mueca que a una debida a la felicidad, pero no podía negar que una parte de sí mismo estaba feliz. Notaba el corazón de la joven palpitar fuertemente debajo de sí, contra su propio pecho. Podía sentir su calidez embriagarlo, abrazarlo, llamándolo, invitándolo, como si intentara hacerle creer que todo estaba bien, que todo estaría bien, que después de todo, su amor sería capaz de vencer el inconveniente de sus dos opuestas naturalezas. Y, ¡ah! de verdad que deseaba creerlo. De veras que quería dejarse llevar por ella nuevamente. Pero eso no pasaría de nuevo. Había tomado una decisión. Ella también lo había hecho. Y si iba a permanecer a su lado, sería en los términos que él impusiera. No sólo tendría que protegerla del mundo, también de sí mismo.

- Estoy bastante seguro de que te arrepentirás de haber dicho eso. Y por tu bien, esperemos que eso ocurre más pronto que tarde... -Un escalofrío recorrió su cuerpo al notar el beso de la muchacha, aunque no se dejó acobardar por ello. En un rápido movimiento, sujetó la mandíbula de Emilia con la mano que tenía libre, sin ejercer demasiada fuerza, pero con firmeza, para luego hacer que sus labios se encontrasen. Aunque aquel beso era distinto al que alguna vez se dedicaran. No era tímido, ni dulce. Era apasionado, intenso, cargado de todas las emociones que pululaban en el interior del vampiro, debido a la cercanía, a la sed, y a la idea de que, desde aquel momento, y por lo que a él respectaba, Emilia era suya.





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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Dom Oct 16, 2016 9:10 am

El beso le tomó por sorpresa, tal vez porque no esperaba un beso tan apasionado, rudo, falto de la delicadeza con la que la tratara, no hacía mucho. Pero la verdad, era que no necesitaba que fuera suave con ella, solo deseaba que se mostrara como era él, que le demostrara cuanto la amaba, la deseaba, que el sentimiento anidado en su corazón, era mutuo y que a pesar de todos los obstáculos que pudieran llegar a suceder, en el transcurso de su vida, él, lucharía por ese amor, tanto como ella lo haría.

Suspiró mientras sus manos acariciaba el pecho del vampiro, para deslizarse cuello arriba y tomarlo por los cabellos, cerrando sus ojos y disfrutando de aquella sensación que la embriagaba. Cuando el beso se detuvo por un momento, ella abrió sus ojos, cargados de amor y pasión y le sonrió, para luego apoyar su cabeza en el hueco del hombro y el cuello masculino, abrazándose a él, como si temiera perderle, o caer en un vacío, necesitaba sentirlo tan cerca como fuera posible, embriagarse de su aroma, aunque en esos momentos fuera mas el de una botella de whisky, a ella solo le interesaba estar así, suspirando y sabiendo que jamás se arrepentiría de el amor que los unía. - Rasmus, mi adorado, jamás me iré de tu lado, nadie podrá separarme de ti... - susurró en el oído del vampiro, su promesa era verdadera, aunque bien sabía que ella solo era una mortal, a la que un enemigo poderoso comenzaba a hostigar, mas nada de esa difícil realidad, enturbiaría el hermoso momento que estaban viviendo.

Ejerciendo un poco de fuerza, le hizo reclinarse bien en el sillón, y sin pensarlo mucho, se subió sobre el regazo del vampiro, allí, entre sus brazos y su pecho, se podía sentir en verdad segura, libre de todos los peligros que la acechaban. Pensó en la mujer de cabellos rubios, casi blancos como los rayos de la luna, esa que en el mundo onírico, le había clavado una daga en su vientre haciendo que el dolor fuera insoportable, susurrándole al oído que nadie podría salvarla. Emilia tembló, hundió su rostro en el cuello de Rasmus, sus sueños solían ser presagios del futuro, si pronto moriría, quería pasar el resto de su vida al lado de quien era su todo.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Vie Dic 09, 2016 11:08 pm

Siguió con los ojos entrecerrados, todos los erráticos movimientos de la muchacha. Sin duda estaba inquieta, y aunque no podía afirmar con total certeza que sabía los motivos, no le costaban mucho imaginarlos. Después de todo, él también había sido humano, y aunque ya no lo fuese, él también sentía, si bien de forma diferente. Si no se equivocaba, y la razón por la que la chica suspiraba, se estremecía, y se aferraba a él con todo su ser era porque lo deseaba, ya había algo que tenían en común. El deseo, después de todo, es algo que está presente en todas las criaturas. En los humanos, toma forma de pasiones, y en los animales, es mucho más salvaje, pero al final, también consiste en lo mismo. Él, que poseía parte de ambas naturalezas -instinto e inteligencia-, encontraba la situación en exceso estimulante. No sólo deseaba poseer a Emilia, en todos los sentidos de la palabra, sino que la parte de sí mismo que no podía ser considerada "humana", también ansiaba destruirla para alimentarse de su sangre. Ambos tenían suerte de que las palabras de la hechicera lo hubieran calmado, o quizá lo que hizo a continuación hubiera resultado en desgracia.

- Si sigues susurrándome todo aquello que quiero oír, no pasará mucho tiempo antes de que te convierta en mi "droga" favorita... Y es que esa esencia tuya... -Dulcemente, y de forma deliberadamente lenta, recorrió el lateral del cuello ajeno rozándolo levemente con los colmillos. Un minúsculo reguero de sangre se dibujó a su paso, sangre que luego el vampiro se dedicó a recoger con la lengua, con los labios, depositando delicados besos que iban desde la parte inferior de la oreja de la joven, hasta su hombro derecho. - Creo que es la más deliciosa que he llegado a probar nunca... -Terminó de enunciar, para luego, sin más dilación, colocar un brazo firmemente bajo sus piernas, y otro en su espalda, sujetándola y alzándola sin mucho esfuerzo. - "Princesa, es hora de encerraros en vuestra torre" -Susurró con voz melodiosa, dirigiéndose con ella en brazos hasta las escaleras principales.

- Luego no digas que no te avisé. -Esta vez su sonrisa tenía un pequeño deje de malicia. Estaba realmente ansioso por ver la expresión que Emilia pondría al comprender finalmente lo que significaba pertenecer a una criatura como él. Un humano enamorado, puede ser bastante complicado de manejar. Pero un inmortal obsesionado con un humano, es probablemente la bestia más peligrosa de todas. Juntos avanzaron por un largo pasillo, casi completamente a oscuras, cuando el vampiro se detuvo ante unas puertas dobles ricamente ornamentadas. La habitación principal, y ahora, la "cárcel" de su amada. Hasta que la muerte los separase. Una vez atravesaron el umbral, una cálida luz les recibió. Velas encendidas en hermosos candelabros, hacían que las telas de oro y carmín traídas de oriente relucieran sin descanso. En el centro de la habitación, un lecho rodeado por cortinas lo gobernaba todo. Allí depositó a la chica, y tras dedicarle una mirada cargada de deseo, y un casto y tierno beso en los labios...








...Se volteó y salió de la habitación en un abrir y cerrar de ojos. La llave giró en la cerradura inmediatamente, y luego, sólo quedó el silencio de aquella mansión prácticamente vacía.


Spoiler:
Muahahah xDD no me mates (?)




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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Miér Dic 28, 2016 8:23 pm

Su corazón latía con fuerza, saberse perdonada, aceptada por el hombre que amaba, era un premio que pensó jamás ser merecedora de su amor y perdón. Pero allí estaba, entre sus brazos, tan entregada, tan suya, que no podía mas que pensar en vivir a su lado el resto de vida que le quedara.

Sus dedos, se hundieron en los cabellos del  vampiro, el rose de los labios y los colmillos, la piel erizada por sus frías caricias, la hicieron gemir, cerrando los ojos y aceptando cada una de las demostraciones de afecto y deseo que el inmortal le prodigaba. - Te amo Rasmus - le susurró, tomando con sus manos el rostro de su amado y besándolo, como jamás había hecho antes, sabiendo que él era el único hombre en toda su vida, él sería su dueño, su amado, su esposo. Pensar en aquella posibilidad, imaginárselo vestido de gala, esperándola frente a un altar, como toda novia se imagina su noche de bodas, le hizo estremecer.

Un cosquilleo en su estomago le hizo apretarse al cuello de Rasmús, cuando éste la levantó en vilo, cargando con ella, como si de una niña se tratase, ¿a donde la llevaría?, en verdad poco y nada le interesaba, mientras él se quedara a su lado, sonrió, abrazada a él, mirándole por momentos, intrigada y a la vez alagada por la forma en que la cargaba, en que la cuidaba. sus dedos acariciaban el fuerte cuello del vampiro, mientras besaba con ternura la tupida barba.

Emilia, quedó fascinada al ver el lujo de aquel cuarto, sus mejillas se tiñeron del rojo, cuando observó el lecho, ese era la habitación de su amado, y la había traído hasta allí, para dejarla tendida en el lecho. Sentimientos encontrados, se apoderaron de ella, por un lado, quería convertirse en su amada, en su mujer, en su pareja. Deseaba sentirle como jamás había sentido a un hombre, pero a la vez, temía no estar a la altura de las circunstancia, pues ¿que se suponía debía hacer una mujer? ¿como se tenía que comportar?

apoyó su cabeza en la almohada y le miró, acarició su barbilla, mientras él permanecía observándola, sus miradas unidas, sus cuerpos tan cercanos, - mi adorado Rasmus - susurró, cerrando sus ojos y esperando que él la colmara de besos y caricias. Mas eso no sucedió, el sonido de la puerta cerrándose, la hicieron abrir nuevamente los ojos, ¿donde estaba su amado? ¿la había encerrado en ese lugar? - Rasmus, que haces, ésto no es gracioso - dijo, mientras se incorporaba y dejaba el lecho para correr a la puerta, intentando abrir las puertas, golpeando con fuerza, - Rasmus, no me puedes dejar encerrada, vamos, vuelve - le gritó, angustiada al no entender que era lo que estaba pasando.


grrrrsss:
jajajaja ¬¬ esto no es gracioso, tee comeré el hígado cuando vuelvas... Rasmus... ;____;



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Vie Feb 10, 2017 8:19 pm

Como bien refleja el dicho, quien avisa no es traidor, y él había perdido la cuenta de cuántas veces había avisado a Emilia acerca del peligro que corría estando a su lado. Claro que al principio se refería más que nada a la posibilidad de salir herida o dañada por culpa de la falta de control que en aquellos momentos tenía sobre su sed de sangre, pero ahora era diferente. No sólo había perdido el control de su naturaleza, de sus impulsos, de la bestia, sino también del hombre, de aquellas desbordantes emociones que tanto le recordaban a las que una vez tuviera como humano. La más peligrosa de ellas era la necesidad de poseer por completo al objeto de su obsesión, a su persona amada y deseada. Aquella joven, su sangre, su cuerpo, su alma y su corazón, ahora le pertenecían. No sólo porque él lo exigía, sino también porque ella se lo había permitido. ¿Cómo iba a perder una oportunidad como esa? Aunque se arrepintiera por el resto de su vida, ahora que había sido cazada, no podría escapar. Era Suya, y eso implicaba muchas cosas. Probablemente más de las que ella sería capaz de imaginar. Porque de haber sido él un humano normal, escaparse de su agarre resultaría medianamente sencillo. Pero escapar de un vampiro, escapar de aquel vampiro, era imposible.

Incluso él se sentía abrumado por todo aquello, y en parte por eso había decidido salir de la habitación. El otro motivo era el deseo de hacerla comprender la seriedad de la situación. Estaba claro que ella lo amaba, ¿pero era del tipo de amor que la permitiría dejarse poseer hasta el extremo de perder la libertad que todo ser humano necesita? Porque eso era lo que le esperaba. Rasmus no confiaba en ella lo suficiente como para dejarla marchar: ahora que la había conseguido, no había forma de que la soltara. Y por otro lado también estaba el temor a que algo le sucediese cuando la perdiese de vista. Tenía que planear el modo en el que la vida de ambos se desarrollaría de ahora en adelante, y eso era algo que no podía hacer estando en la misma estancia que ella. La tentación era demasiado grande. El deseo, abrumador.

A pesar de que pudo oír la voz agitada de la joven al otro lado de la puerta, no dijo nada hasta que pudo escuchar cómo regresaba al lecho, probablemente esperando a que el regresara con algún tipo de explicación respecto a lo que estaba sucediendo. Por supuesto, cabezota como era, y cruel como se sentía en aquellos momentos, no lo hizo. No hasta varias horas después.




Cuando abrió la puerta, la figura de la joven estaba tendida sobre la cama que hasta el día anterior había pertenecido únicamente a él. Estaba dormida plácidamente, como si ninguna preocupación vagara por su mente, y por un momento, sintió calidez, algo que se reflejó en una sonrisa de oreja a oreja. Tras dejar la cena que había conseguido que fuera preparada para ella en una pequeña mesita, besó la frente de Emilia y volvió a encerrarla en la habitación. El día comenzaba a tomar forma en el horizonte, y el momento de que se ocultara había llegado. Antes de marcharse, sin embargo, depositó un beso en su frente, y mencionó aquellas palabras que tanto había deseado decir.

- Desde ahora, y para siempre, eres Mía... Silba cuando despiertes...

Poco después, el silencio reinó por completo en el interior de aquella mansión.




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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Vie Mar 31, 2017 6:36 pm

Emilia, luego de sollozar, por horas, de rogar en silencio que Rasmus volviera a ella, se quedó profundamente dormida. A pesar de que por momentos las pesadillas le asaltaron el sueño, la profunda sensación de sentirse protegida por él, hizo que todo mal sueño fuese diluyéndose, terminando así, durmiendo plácidamente, como si estar encerrada en esa mansión, en ese cuarto, hubiera sido lo mas normal del mundo; como si estuviera convencida que al abrir sus ojos, su amado estaría allí, a su lado, observando su despertar.

En un momento de la noche, o tal vez del amanecer, escuchó entre sueños, el sonido sordo, del cerrojo abriéndose, de unos paso acercándose lento pero seguro, y el tintinear de una bandeja de plata al ser depositada en una mesa. El perfume inconfundible de su amado, inundó sus fosas nasales, y la hicieron estremecer, removiendose en el lecho. La voz de su amado, sus labios rosando su oido, llevaron a que la realidad se mezclara con el sueño, en éste, su amado la abrazaba y le hablaba al oido, afirmando que ella le pertenecía, desde ahora y para siempre. Aun en ese mundo onirico, ella asentía rebosante de alegra, pues le amaba con toda el alma, solo podría ser feliz unto a él. Al fin había comprendido, que no importaba lo peligroso que podía ser para ambos, aún mas sería vivir separados, sufriendo por algo que ninguno de los dos podría remediar. Si el destino ya estaba escrito, si ella tarde o temprano moriría a manos de la iglesia, de nada valía vivir ese tiempo alejada de su Rasmus.

Inspiró profundamente, en el momento que despertaba, buscó de manera lenta la imagen de su amado, pero se encontraba sola en la habitación, aunque aún el perfume de su amado, se podía percibir en el ambiente. Sonrió, pues podía estar segura de que él la amaba, perdonando sus miedos, sus defectos, ¿acaso existía una razón para no sentirse feliz? - claro que no - se dijo, mientras se levantaba del lecho y dirigía sus pasos a donde se encontraba la bandeja con un desayuno que aún estaba tibio.  Probó con deleite el café y mordió un suave y esponjoso panecillo, todo estaba preparado a su gusto, como si su amado, su vampiro, la conociera de toda la vida, como si desde el primer aliento de vida él fuera parte de sus días y de sus noches.

Miró la rosa roja que delicada, desmayaba sus pétalos, en el pequeño florero de cristal, entonces recordó lo que en sueños su amado le había dicho, - silba cuando despiertes - fue así que de sus labios emergió un suave silbido, como el melodioso canto de los pájaros al despuntar el alba.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Lun Abr 10, 2017 10:51 pm

Varias horas habían pasado desde la primera vez que entrase en la estancia y susurrase aquellas palabras al oído de Emilia. Temiendo que entrase en pánico, o que estuviese demasiado inquieta para dormir, él mismo decidió ocultarse del Sol pero sin pegar ojo, vigilante, velando que el sueño de su amada fuese lo más tranquilo posible. Podía oír los sollozos con demasiada claridad, así que se introdujo en sus sueños llenándolos de maravillosas imágenes, sacadas de los muchos lugares que él, en sus largos milenios de vida, había tenido la suerte de visitar. Le mostró el mundo que sus ojos una vez vieron, esperando que así consiguiera tranquilizarse. El truco surtió efecto, porque no volvió a despertarse hasta mucho más tarde, minutos después de que se encargara de recalentar su comida. Por un momento casi parecía que la joven respondiese a su aroma, al leve crujido de sus pies en el suelo, como si estuviesen sincronizados, como si sus sentidos, a pesar de estar dormida, estuvieran buscándolo desesperadamente.

Tal vez así fuese. Él sabía cuándo se movía en la cama, el ritmo alterado en que latía su corazón, la forma en que su respiración se hacía más pesada, y también supo antes de que el sonido saliese de entre sus labios, que estaba llamándole. Dejó que el silbido, sin embargo, se paseara por la estancia, y luego por los vacíos pasillos, como si aquel dulce sonido de algún modo le reconfortara. Y luego, abrió la puerta fingiendo inútilmente indiferencia. No creía poder engañarla, no ahora, no cuando se sentía tan dichoso. Había logrado dormir varias horas seguidas sin sentir miedo, sin pensar en huir, casi podía creer que realmente sentía lo mismo. Casi... No, de hecho, estaba seguro. Porque apenas atravesó el umbral pudo ver como su rostro se iluminaba al verlo, como si el monstruo que antes le había mostrado no le atemorizase en absoluto. ¡Que maravillosa mujer con que se había topado! De haber sido humano habría querido compartir su vida con ella, pero como inmortal, todo cuanto se le ocurría hacer era atraparla consigo, amarrarla y no dejarla ir, porque era demasiado frágil, temía que se marchitara en cuanto apartase la vista.

- ¿Me llamabas? -Preguntó en tono neutro, aunque no pudo evitar que un leve atisbo de sonrisa se asomara a sus labios sin querer. - Ya veo que tienes apetito. Si deseas algo más te invito a que hagas una lista. Por el momento no saldrás de esta estancia, y yo no sé mucho sobre necesidades humanas... Así que creo que sería lo más conveniente. -Evidentemente, aquello último era mentira, pero no podía darse el lujo de permitir que ella se relajara tan pronto. Eran amantes, pero también era su prisionera, ambas cosas venían juntas y no quería que se olvidara de ello. Por lo menos, no tan pronto. - También te aconsejo que limites tus llamadas a los sirvientes a los momentos en que yo también me encuentre en casa, aunque probablemente siempre acuda yo. Si yo no estoy... hmm... Bueno, supongo que recuerdas lo que ocurrió antes. Haré algo al respecto pero no por el momento. -Tomó un sillón y se sentó en el extremo de la habitación para quedarse observándola. El nerviosismo lo cogió de imprevisto. Estaban juntos. Solos. Y ella parecía aceptarlo realmente. Quería seguir actuando como hasta entonces, pero se sentía tan dichoso que era difícil.





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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Jue Jun 01, 2017 11:13 pm

Su mirada se posó en la puerta, cuando ésta se abrió,  dando paso a la figura esbelta y atractiva de su amado Rasmus. La mirada de Emilia se iluminó, como si el sol hubiera decidido entrar por los ventanales abiertos, en una tarde de verano. Sonrió de forma tímida, mientras coqueta, limpiaba las migajas de su boca y dejaba su desayuno, para poder girar y sentarse de tal manera para no perder ni un solo segundo de contemplarlo. Se sentía tan feliz de estar allí, ¿que si necesitaba algo? no, claro que no, allí tenía todo lo que su alma podía pedir, lo tenía a él y eso era más que suficiente.

Le contempló, recorriendo con su mirada cada milímetro del cuerpo de su amado vampiro, se lo notaba mas tranquilo, como si su presencia hubiera podido calmar ese abismo de tormentas que lo habían estado acosando. Se sintió culpable, porque había sido ella, en su total arrebato de cobardía, quien lo había abandonado. Se arrepentía, pues le había hecho mucho daño y eso le carcomía el corazón, - mi amado, perdona todo el daño que te he causado - caviló, sin dejar de mirarle a los ojos, - amado, no necesito nada, solo que tú estés a mi lado - le dijo con voz melodiosa y mostrando la dicha que la embargaba.

Dejó su asiento junto a la delicada mesa y se acercó a donde él se encontraba, rodeó el sillón, para luego sentarse en el suelo, apoyando su cuerpo en las piernas del vampiro, acariciando una de sus piernas y levantando su mirada para encontrar la ajena, - ¿crees que deseo irme? - negó con su cabeza, - no, he venido a ti, para ser parte de tu vida, de tus noches, de tus días... para que seas parte de mi y que nunca mas nos separemos - sonrió, antes de proseguir, - si he visto que tu ama de llaves es una mujer de cuidado... mas le arrancaría los ojos y los colmillos, si tan solo llega a mirarte de alguna forma que me provoque celos - dijo con la voz  aún dulce y melodiosa de la apacible Emilia, pero ya no era más aquella joven, pues en ella había surgido un carácter fuerte, posesivo, tan férreo que por el sentimiento que tenía hacia su amado, estaba dispuesta a luchar contra cualquier ser sobrenatural que intentara separarlos.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Dom Jul 16, 2017 4:15 pm

Esta vez fue una carcajada lo que escapó de su garganta. Desde luego, aquella respuesta era exactamente lo que esperaba tratándose de Emilia. No sabía si lo hacía a propósito, a fin de calmar la tensión entre ambos, o si lo hacía inconscientemente, pero sus palabras aliviaban de algún modo la presión en su pecho, así como las dudas, el miedo y la incertidumbre. Tal era el poder que ella ejercía sobre su persona, que resultaba francamente temible. - De verdad... ¿Alguna vez te he dicho lo extraña que eres? Ciertamente puede parecer que el amor todo lo puede y demás, pero cuanto poco necesitarás comer, así que lo de la lista lo decía en serio. Mi dieta es diferente a la tuya... -Dijo medio en broma, pero también como advertencia: que ella estuviera allí era peligroso. Rasmus era un vampiro, además, uno que últimamente no tenía demasiado autocontrol. Por mucho que se quisieran, ella debería ver aquel hecho como un problema, algo a tener en cuenta. Algo que temer. 

La observó detenidamente mientras se acercaba. Su lenguaje corporal dejaba claro que se sentía a gusto, algo que le agradaba, pero también lo ponía nervioso. ¿De verdad no tenía pregunta, dudas, o temores? No sabía decir si era fascinante o simplemente temeraria, pero poco le importaba. Ahora que era suya, tendrían hasta que la muerte los separase para aclarar todas aquellas discrepancias entre sus personalidades. Los movimientos de la joven eran gráciles, delicados, pero también seductores, algo que Rasmus recibió con una sonrisa pícara. ¿Qué estaba tramando aquella mujer que lo tenía cautivado? Dejó que se acercara sin moverse, sin reaccionar, manteniendo la compostura tanto como era posible...

Pero su cordura se resquebrajó en cuanto la mano ajena comenzó a acariciar su pierna. Su mirada se incendió, su cuerpo se tensó, y sus ojos se clavaron de lleno en el rostro de Emilia, desafiante. - Creo que me ha quedado bastante claro que no tienes intención de marcharte. Pero te equivocas al asumir que es decisión tuya. Aunque pase el tiempo, aunque lo que ahora te parece un sueño se acabe convirtiendo en una cárcel, no podrás escapar. Porque ahora me perteneces. -Susurró de forma intensa, tomándola por el mentón para hacer que levantase el rostro. - Y no hablaba de eso precisamente, sino del peligro que corres si intenta de nuevo hacer de ti su "cena"... Recuerda que estás dentro de una mansión llena de vampiros, y no todos son amables, y especialmente, no todos se sienten de la misma forma respecto a los humanos. Tienes prohibido alejarte de este cuarto. ¿Lo entiendes? -Dijo en tono autoritario, para luego tomar sus labios con fuerza, uniéndolos en un beso tan intenso y salvaje como violento. Luego se levantó y volvió a la puerta, dispuesto a marcharse. - Espero que estés preparada. Luego traeré la cena... -Se volteó y volvió a sonreír. La estaba provocando. Quería que ella también se sintiera nerviosa. El juego había empezado.





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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Emilia Borromeo el Miér Ago 02, 2017 8:02 pm

Adoraba esos orbes,que parecían dos enormes piedras de onix, profundos e interminables ventanales, por donde contemplar el alma escondida de aquel vampiro. No, no le causaba temor, miedo o pánico. Sus miedos, no tenían que ver con el posible peligro de vivir entre vampiros, o que su amado fuera uno de ellos. En verdad su mas impronunciable temor, era perderle, como había creído, todos esos meses en que no tuvo ni una sola noticia suya. Sonrió con timidez y dulzura, dos características de su personalidad, que siempre salían a flor de piel, cada vez que estaba frente a él.

Tal vez porque el haberlo conocido, era para la bruja, el momento mas importante de su vida, su mente volvió a esa noche en que le conociera, en que sus ojos cruzaran la primera mirada, en que su voz potente y grave le hablara, y todo el amor guardado en mitad de su pecho, surgió en todo su ser, convertido en lagrimas, que se derramaron mientras él, la besaba. Hacía tanto tiempo que suplicara por un beso de Rasmus, que se preguntaba si él la extrañaría con la misma loca ansiedad que ella experimentaba sus ausencias, que sentirle tan apasionado, posesivo, imperante, la hicieron emocionarse. Volviendo a jurarse que jamás volvería a separarse de él.

Cuando el beso terminó, no pudo enmudecer un pequeño quejido de disgusto, puesto deseaba mantenerse así, todo el tiempo, asegurando a su alma, que aquello no era un sueño, que en verdad se encontraba en la mansión de su amado y que él cuidaría de ella. Sus manos acunaron las mejillas del inmortal, acariciándolo suave y tiernamente, - Juro que no dejaré éste cuarto, mientras me prometas que regresarás, que estarás a mi lado -, susurró, en los labios del vampiro, - solo te pido que siempre recuerdes que mi amor es sincero, que perdurará para toda la eternidad, porque mi alma se ha enamorado de la tuya -, las lagrimas ya se había secado, pero la mezcla de tristeza y cariño en su mirada, podía expresar cuan grande era el amor que le profesaba, y cuanto temía no volver a verle.



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Re: Ni el tiempo lograra apartarme de ti... (Rasmús)

Mensaje por Rasmus A. Lillmåns el Sáb Sep 16, 2017 3:05 pm

Quizá lo más lógico, más honesto y humano, hubiera sido responder a aquellas palabras con alguna afirmación que la hiciera tranquilizarse. Podría haberle dicho lo que realmente pensaba: que su posesividad era tal que el simple hecho de que Emilia compartiera el aire que respiraba con otra persona que no fuera él lo hacía sentir celoso. Que no debía temer que él la abandonara, porque siempre había sido un hombre sincero y de una sola mujer, el tipo de criatura cuya obsesión es más probable que acabe espantando a sus seres amados, y no al contrario. Que sería mucho más sencillo que ella, poseedora de un corazón que aún palpitada, y cuya vida era frágil y volátil, se cansara de él que lo opuesto. Aquella joven representaba todo lo que él deseaba en el mundo, ¿y cómo abandonar aquello que más ansías, voluntariamente? Imposible. Impensable. A pesar de ello, no dijo nada, y simplemente salió de la habitación con una sonrisa satisfecha. Se sentía considerablemente mejor, hasta el punto de que incluso su sed había dejado de ser tan acentuada. La encerró con llave y marchó por el largo corredor en dirección a la gran cocina, estancia que pocas veces se había usado desde que se construyera aquella mansión.

Allí se encontró de nuevo con el ama de llaves, que tenía la mirada perdida, y caminaba airadamente de un lado a otro, consumida por el nerviosismo y probablemente la sed. Hacía algunos años desde que el último humano hubiera pisado aquel lugar tan cerrado. El aroma de Emilia había embargado cada rincón, haciendo que todo inmortal se sintiera incómodo. Era peligroso. Precisamente por eso siempre se negaba a contratar humanos, o a consumir "presas" vivas dentro de aquellas cuatro paredes. Todos los que trabajaban para él tenían prohibido matar en su presencia, ya que el castigo si él se enteraba era la muerte (si no huían antes de que los encontrase), pero no podía impedirles cazar. Debían tratar de no dañar a otros innecesariamente, y siempre hacerlo lejos de la mansión, intentando no dejar ningún rastro de sangre presente. Ni él mismo solía saltarse sus propias normas, así que comprendió perfectamente la mirada de frustración de la vampiresa, que lo observaba entre molesta y confusa, demasiado asustada como para decir nada, pero deseando alzar la voz.


Esto es inesperado para mi también, ya lo sabes. No creí que volvería a verla, y mucho menos que se aparecería en mi puerta sin más. Sabiendo lo que soy... No sé en qué está pensando, o qué pretende... Aunque probablemente esa sea la razón de que la desee tanto. -Fue Rasmus quien rompió el silencio, para luego tenderle una copa de vino a la mujer, que la recibió forzando una sonrisa.

- Comprendo el deseo, y comprendo que os sintáis atraído, ¿pero no creéis que estáis forzando vuestra suerte, y la suya, manteniéndola aquí dentro? Yo no pienso acercarme, vos me creasteis y os respeto, pero no todos aquí van a pensar igual. Incluso a mi me cuesta aceptar esta locura. -El semblante del vampiro se volvió más severo, pero asintió a lo que le decía la mujer. 

Supongo que también será una forma de averiguar quién está de mi parte y quién osará enfrentarse a mi. Hace tiempo que voy notando cómo nuestras reservas van descendiendo. Apuesto a que el culpable no resistirá eso... Si ella no fuera importante usarla de cebo no me importaría, pero no pienso dejar que la toque, así que te sugiero que te mantengas al margen, sea quien sea el culpable. Ve al mercado a por víveres y encuentra a alguien que pueda cocinar. Esa será tu misión, y te mantendrá alejada de este aroma lo bastante para que no te tiente. Ve. -Comandó con el semblante serio, y en menos de un instante, la vampiresa se marchó.

Al mismo tiempo, una sospechosa sombra se desplazaba despacio por el pasillo, en dirección a la habitación principal donde Emilia se encontraba. La cerradura crujió al ser forzada...




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