Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Alimenta el infierno con amor [Privado]

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Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Ryley Ende el Miér Mar 30, 2016 5:11 pm

En aquellos días todos parecíamos echar de menos algo.
Alejandro Palomas


¿Qué iba a hacer ahora? Su vuelta a París no fue nada de lo que se imaginó cuando salieron de Lyon. El cazador ingenuamente esperó que el que su esposa se alejará del lugar donde por tantos meses se encontró cautiva y en peligro de muerte, le hiciera volver a ser la mujer con la que él decidió compartir la vida, sin embargo, eso no sucedió. Apenas habían iniciado el viaje cuando dentro del carruaje en que viajaban los reclamos y las amenazas se volvían presentes, desencadenando que dentro de cada uno de ellos, se formara la idea de que la separación era en definitiva, la mejor de las opciones. Después de la tormenta vino entonces la calma y ambos viajaron en silencio lo que resto de camino hasta la mansión en París, donde por primera vez desde que entrará se sintió ajeno. Ryley observó con detenimiento todo a su alrededor, solo para recordarse a si mismo de que aquel nunca fue su lugar en el mundo y asqueado de todo lo que rodeaba, abandonó el hogar de quien aún era su esposa, todo para ir al lugar donde creía poder encontrar un poco de paz.

Viajando entre las calles que tan bien conocía de sus tiempos de cortesano, dirigió sus pasos a la casa que con tanto esfuerzo y dedicación compró tiempo atrás, encontrándose ahí con el pasado. Dar con Sweet en aquellos instantes donde la vida se le derrumbaba como un castillo de arena golpeado por las olas, fue tomado por él como una señal de que estaba actuando de la manera correcta, y tan seguro se encontraba de ello en esos momentos, que se permitió volver a ser el hombre que gustaba de pasar sus noches complaciendo cuerpos femeninos, dejando pues que una vez más surgiera la pasión de antaño entre él y la prostituta de los cabellos rubios. Estando con Sweet se olvido de todo; de su esposa, de las dificultades que su matrimonio estaba atravesando, de la posible separación y de que quizás nunca más pudiera ver a Julien; Ryley quería solo unas horas en las que pudiera dejar todo eso de lado, porque sabía que más temprano que tarde debía enfrentar todo aquello.

Si bien su deseo se cumplió, fue la vuelta a la realidad lo que más afecto al cazador, quien fingió encontrarse bien frente a su compañera de cama, mientras que en su mente no podía parar de pensar en que era lo que le diría a Leigh. ¿Sería capaz de confesarle que en el peor de los momentos le había sido infiel o le mentiría sobre eso? ¿Le creería ella cuando le dijera que la amaba por lo que había sido, pero no por lo que era en aquellos tiempos? Las respuestas no iba a encontrarlas metido en la cama con otra mujer, siendo ese el motivo por el que se vistió, dejando su pasado una vez más para enfrentarse al presente.

El camino a la mansión Lezarc le resulto eterno y la residencia en si demasiado grande. Las ganas de regresar sobre sus pasos para evitar el encuentro con su esposa le atacaron, aún así, entró en aquella casa donde fue el hombre más feliz y el más miserable. Andando con paso calmo por los pasillos de la residencia, se encontró con algunos de los sirvientes que le saludaron de manera amable a lo que él respondió tan bien como le fue posible. No tenía cabeza para pensar en otra cosa que no fuera que pronto, vería a Leigh.

Frente a la puerta de la que era la habitación matrimonial, Ryley suspiró. Tratando entonces de hacer poco ruido para no perturbar a Julien que seguramente dormía, el cazador entró y con la mirada buscó la figura de su esposa. Por unos breves segundos, viajo a un tiempo donde era un simple prostituto sin nada que ofrecer, que se colaba a escondidas en la habitación de la cazadora para profesarle su amor, solo que en esta ocasión, no iban a profesarse amor dentro de aquellas paredes.




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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Leigh Lezarc el Dom Abr 24, 2016 8:30 pm

"Allí, donde termina tu mirada, empieza el frío"

Lo había amado, por supuesto, y de la forma más intensa que le fue posible. Pero su secuestro y pérdida de la memoria lo habían cambiado todo. No había sido fácil traer un hijo al mundo,  como tampoco lo fue saber que su padre estaba vivo, que ahora era una criatura nocturna y además, que su esposo, no se esforzaba en lo más mínimo por comprender la situación. A Leigh, la vida que había construido se le derrumbaba como un castillo de naipes, las verdades salían a la luz, y la verdadera personalidad de su esposo se hacía presente mientras a ella le jugaban una mala pasada sus emociones. Antes, había escuchado que los partos traían una espantosa depresión que podía permanecer durante meses. Le comentaron que las hormonas en su deseo de reajustarse podrían resultarle a todos fatales, y que retomar su cuerpo y vitalidad le llevarían cierto tiempo. Y todo se había cumplido, aunque potenciado mil veces a partir de los sucesos acaecidos. Sin mentirse a sí misma, se sabía decepcionada, de ella, de él, de ese matrimonio que se desmoronaba a punta de golpes. Ryley ya no era el ser pasivo y sutil de siempre, la trataba como si no la soportara y, por si fuera poco, parecía importarle poco o nada su hijo.

Al regresar, durmieron en la misma cama aunque sin siquiera rozarse porque nadie había intentado nada. Con el paso de los días, cada uno durmió en una habitación diferente, y siempre, Julien permaneció con su madre. Era un niño delgado, pero que iba tomando un tono rosáceo más sano y se reponía con el pasar de los días, al igual que ella, pese a que Leigh se recuperaba de manera más lenta. En cuanto a Ryley, permanecía tanto tiempo lejos de la casa, que a duras penas había visto al niño durante la última semana ¿Qué otra señal necesitaba ella para empezar con el trámite del divorcio? Ya era muy tarde para contactar al abogado, pero enviaría por él a la mañana siguiente.

Cuando cayó la noche, alimentó a Julien y lo acunó hasta que se quedó profundo, y lo acomodó en su propia cama, bajo unas mantas que lo protegían del frío y que en unos minutos, lo mantendrían como siempre al lado de su madre. Leigh no podía dormir si lo dejaba en la cuna. Lo había intentado cuando Ryley permaneció en la habitación, pero pasaba la noche en vela sin que él se hubiese siquiera dado cuenta. En silencio, se puso la ropa de dormir y se sentó en la cama, contemplando la belleza que le inspiraba su hijo. Era lo más hermoso que tenía y lo que en otras circunstancias, jamás hubiera planeado. Pero esa pequeña vida lo merecía todo, incluso, cada sufrimiento parecía eclipsarse bajo la luz que emanaba su pureza. No obstante, pese a estar obnubilada, sintió la mirada sobre ella cuando su aún esposo apareció en la puerta. Pero no iba a darle la importancia que él ya no le daba, y por lo mismo, volvió a girar su rostro hacia su bebé, como si no existiera allí nadie más.

¿Durante cuánto tiempo más sería tan ciego? ¿Qué era lo que tanto hacía cuando salía? ¿Sería acaso buscar a su padre para matarlo como se había esforzado tanto en aclarar? El hombre en la puerta era como un desconocido, para ella, para Julien. El de ahora no era más que un egoísta, un ser que siempre pensara en su propio bienestar más que el de su familia. O quizás, lo que realmente sucedía es que Leigh y Julien jamás habían sido su familia. Él siempre estaría atado a su pasado, y la única que le importaría bajo cualquier circunstancia, sería Vanessa
.


Última edición por Leigh Lezarc el Miér Mayo 25, 2016 9:22 pm, editado 1 vez




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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Ryley Ende el Mar Mayo 03, 2016 10:01 pm

Cuando me enfado, tengo tendencia a romper cosas.
Después me arrepiento
Haruki Murakami


No se merecía a aquella mujer, eso lo supo desde el primer momento en que su corazón comenzó a latir acelerado con la presencia de la cazadora. Ella pertenecía a otro mundo, uno al que Ryley tenía prohibida la entrada y aún así, se arriesgo a adentrarse en el, pensó ingenuamente que en algún momento se volvería un hombre verdaderamente adecuado para Leigh, sin embargo eso no sucedió. Su esposa primero que nada lo dejó sin decirle nada, buscando un pasado que terminó por tragarse no solo su memoria sino también al parecer su amor por él. Claro que en Lyon ambos trataron de que la relación volviera a ser lo que fue una vez, pero sus intentos terminaban en batallas verbales y molestias, llevando al matrimonio a un estado de hastió del que simplemente ya parecía imposible salir. Todo lo acontecido llevó entonces a Ryley a buscar consuelo lejos de su hogar, consuelo que ahora le provocaba una terrible culpabilidad y arrepentimiento.

Guiando entonces su andar en dirección a la habitación que ya no compartía con Leigh, pensaba una y otra vez en como es que le explicaría todo cuanto había hecho en los últimos días. Con cautela de no despertar a Julien entró y su corazón latió exaltado en el momento que se percataba que su esposa lo miraba. ¿Cuántas veces lo miró desde aquella cama? ¿Cuántas veces ansiaba él sentir su calor contra su cuerpo y la seguridad de su presencia? Podía recordar todo eso, pero como si aquello hubiera sucedido hacía mucho tiempo o como si fuera parte de un simple sueño, uno de esos que se olvidan al despertar y dejan solo una sensación de vació.

Inmóvil en la entrada, aún con la puerta abierta, el ex prostituto sabía  que tenía la oportunidad de salir de aquel cuarto y dejar que el tiempo se encargara de terminar de matar su matrimonio. ¿Sería aquello lo más sensato? No, aquello era simplemente lo más cobarde. Armado entonces de valor, cerró la puerta tras de si y avanzó en dirección a la cama donde Leigh permanecía. Caminaba en silencio, asemejando una sombra; aunque una sombra era en lo que se transformo no solo para la cazadora, sino también para su hijo, a quien no se acercaba tanto como quería por deseo de evitar el contacto con la Lezarc, contacto que ya no podía seguirse evitando más.

Una vez que llegó cerca de la cama, la mirada de Ryley fue de manera inevitable hasta el pequeño Julien. El hijo que tuviera con la cazadora no tenía culpa de nada, él lo sabía bien y aún así, estaba convirtiéndose de cierta manera en una copia de su padre, un hombre desinteresado por el bienestar de los suyos. La punzada que sintió en el pecho al recordar su promesa consigo mismo de no seguir los mismos patrones de su padre, lo llevó a suspirar antes de sentarse en el borde de la cama. Leigh seguía sin mirarlo y no lo haría a menos que él diera el primer paso en aquella charla.
Julien es hermoso – mencionó con voz baja – duerme tan pacíficamente – una ligera sonrisa asomó a sus labios – desearía yo poder dormir como él, pero sé que eso no será posible a no ser que hable contigo – la culpabilidad, la furia, los recuerdos… todo aquel acumulo de situaciones y sentimientos estaban acabando no solo con él, sino también con su esposa, algo que pese a los problemas, no podía permitir.




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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Leigh Lezarc el Jue Mayo 26, 2016 11:34 am

"Era la vida lo que los separaba, la sangre que bombeaba aún con demasiada fuerza."

Leigh no esperaba que él cerrara la puerta, ni mucho menos que se sentara en la que antes fuera también su cama. Su presencia allí le daba la impresión a ella de un vacío mayor. Su aroma no era otra cosa distinta a ausencia, y sus palabras, casi sonaban a arrepentimiento. Estaba allí por algo que lo tenía pensativo, hablaba así a causa de algo en particular. La cazadora lo conocía más que él a ella y, a pesar de su enojo, habían cosas que jamás podrían pasar desapercibidas.

Mientras la cazadora calló, sólo la respiración de su hijo rompió el silencio de aquella separación que iba más allá de un par de papeles. Pero debía responder, algo se tenía que concluir de ese nuevo encuentro, era necesario antes que Ryley decidiera desaparecer otra vez, sin llegar a ratificar la decisión que ya le había dicho antes ella
—Sólo la preocupación o la culpa son capaces de robarle a cualquiera el sueño— respondió finalmente, en un susurro, pero sin dejar de mirar a Julien. Sobre él, había decidido no responder, no sólo porque tenía más que claro que era realmente hermoso, sino porque aquél, en su parecido a su padre, le recordaría el fracaso emocional a Leigh durante toda su vida.

Ahora, ella se cuestionaba sobre todo lo que había pasado en esa relación ¿Había sido tan crédula acaso? Quizás cuando conoció a Ryley se sentía demasiado sola, aunque no fuese capaz de admitirlo. Esa, era probablemente la principal razón de haber caído tan rendida a él. No le había importado su pasado, ni lo que la sociedad pudiese opinar al respecto. Le había dado un lugar en su vida, aunque él tuviese motivos diferentes a los de ella al buscar su unión. También le había dado un hijo, que ahora poco le importaba. Julien tenía un padre ausente, uno que no había sido capaz de cargarlo más que una o dos veces, hasta donde ella recordaba. Las ocasiones en las cuales Leigh se levantó en media de la noche para volver a dormir al pequeño, Ryley continuaba profundamente dormido, sin darse cuenta de nada. Él la había lastimado de formas en que no imaginaba y, seguramente, no lo descubriría por sí mismo jamás.
—No hay de qué hablar. Mañana el abogado tendrá listos los papeles del divorcio a primera hora si es eso lo que deseas saber—.

Ya no tenía sentido darle más vueltas a un asunto que gritaba obviedades ¿Dónde estuvo él durante todos esos días? El riesgo que antes corrieran tanto Leigh como el bebé, habían dejado de importarle a Ryley, que partía y volvía campante, como si su lugar lo estuviese esperando siempre. Era como si su memoria sólo le permitiera recordar los enojos de su esposa y los altibajos emocionales por los que pasaba. Pero no se podía esperar mucho, desde que sentenciara al padre de la cazadora, sin siquiera saber lo que este había sido capaz de hacer para que ella volviera a su lado. Por eso, Leigh no quería mirarlo; no quería encontrar esos ojos de odio que fueran los últimos que recordara, al igual que esa sonrisa sardónica que manifestaba la gracia que encontraba en las palabras de su esposa, una gracia que rayaba en la ridiculez. En ese momento, no podría definir lo que le generaba su presencia, tan cercana en ese pequeño instante; pero sí podía decir con total certeza, que lo que más anhelaba es que aquél suplicio terminara pronto. Jamás tendría un matrimonio como el de sus padres, pese a que ellos, en su momento, fueron casados por obligación y terminaron en tragedia. O quizás sólo podría parecerse en eso, en el final.




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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Ryley Ende el Jue Mayo 26, 2016 11:48 pm

Una pequeña palabra: perdóname
Angustia (1920) -  Stefan Zweig


Era un extraño en aquella habitación y lo sabía perfectamente. Un desconocido que se atrevía a perturbar la paz de un lugar que una vez fuera para él sagrado. ¿Cuántas veces consideró aquella habitación su refugio? Tantas que ya le era imposible contarlas; ahora ese refugio no le parecía nada más que un campo de batalla y justamente era de las batallas de las que estaba hartó. Ryley quería hablar con Leigh de la mejor manera posible, con todo y que sus confesiones podrían desembocar en todo menos en la paz que esperaba. Las posibilidades eran muchas pero él estaba dispuesto a aceptar la que se convirtiera en su realidad. No había sido un buen esposo y mucho menos un buen padre, era por eso consiente de que si Leigh lo odiaba, se lo tendría bien merecido.

Sus pasos le guiaron hasta la cama, aquella en la que se sentó mientras que recordaba los momentos en que la compartió con la cazadora. Inmóvil ahí, pensó en la mejor manera de comenzar con su charla, siendo Julien, aquel pequeño que no se merecía un padre como él, quien le dio no solo la inspiración sino también la fuerza para comenzar. Ryley comentó entonces sobre lo hermoso que era el hijo de ambos y esa manera tan pacifica que tenía de descansar, siendo sus palabras tragadas por un nuevo silencio, uno que lo martirizó con cada segundo que transcurrió hasta que la voz de Leigh sonó por primera vez en aquella habitación. Una sonrisa ligera apareció en los labios del cazador pues su esposa como siempre, comentaba las cosas precisas.
Tienes razón, solo ellas pueden arrancar el sueño de cualquier persona – su voz era suave y  por primera vez desde que se sentará, Ryley giró el rostro para poder observarla. Aún en la penumbra del cuarto, podía ver que ella era tan perfecta como siempre. Una mujer capaz con su belleza atraer la mirada y los deseos de cualquier hombre, así como también arrancarle la vida gracias a su entrenamiento como cazadora.

Tan cerca de ella, Ryley debía contenerse por no estirar la mano y delinear la figura de su esposa. Esposos, eso que parecían ser solo una forma de llamarse, porque de sentimientos se habían transformado únicamente en enemigos. ¿Ella se merecía realmente ser tratada de esa manera? ¿Era Leigh de verdad una enemiga? Por supuesto que no. Fue él quien con sus dudas y temores la convirtió en algo que no era. Su amor por ella se volvió algo enfermo que lo consumió hasta llevarlo a los brazos de otra mujer. Estaba arrepentido de haber sido infiel a su esposa, sin embargo, también agradecía aquel hecho. Estar en brazos ajenos le hizo sentir vació, muerto, carente de sentido sin Leigh y sin Julien. Si bien darse cuenta de esas cosas resultó pues algo positivo, también era negativo ya que quizás era demasiado tarde para reparar la situación que él mismo provocará.
Eso no es lo que quiero saber, en realidad nunca ha sido lo que he querido saber. Vengó porque tengo algo que decirte – respondió a la cazadora, que se mostraba fría y distante, tal y como él se comportará con ella desde hacía semanas – Antes has dicho que es la preocupación o la culpa las que roban el sueño – suspiró – Debes saber que yo experimento ambas – sus ojos, los que se mantenían fijos en la cazadora pasaron a centrarse en Julien – Me preocupa aunque puedas no creerlo, lo que pasará con Julien, contigo, conmigo… pero bueno – sonrió ligeramente – las preocupaciones siempre son parte de la vida, pero la culpa, esa es otra historia – hizo una pausa entonces – Está noche ha pasado algo que me hizo cuestionarme – miró en dirección a ella – ¿Qué nos paso Leigh? ¿Qué es lo que sucedió entre nosotros para que nos tratemos de esta forma? ¿Por qué no puedo ser un buen padre para Julien? ¿Estoy destinado a ser como mi padre pese a que lo odio tanto? – tragó saliva, dándose el valor necesario para soltar la pregunta que podía desencadenar el infierno – ¿Te ame tan poco cómo para haberte sido infiel con otra mujer esta noche?... – y al pronunciar esa última pregunta no dijo más. Recargó los codos en sus rodillas y su cabeza entre sus manos siendo lo último que fue capaz pronunciar antes de quedarse sin voz, una palabra que sabía nunca iba a merecer – Perdóname.




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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Leigh Lezarc el Miér Jul 13, 2016 10:18 pm

"Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto."

La cercanía de Ryley le produjo desconfianza, aunque permaneció firme. Ahora esa situación casi parecía increíble; ese hombre que le generaba tanto dolor como disgusto, era el mismo a quien meses antes no pretendiera lejos, con quien compartía su vida y su lecho. Los ojos de Leigh permanecían lejos de él, tan desconocido ahora en cada una de sus facetas. Pero ¿Qué sabía él de tormentos? Nada se comparaba con el temor de perder a un hijo, y a Ryley parecía darle igual. Si el niño estaba sano o ardiendo en fiebre, para él sería exactamente lo mismo. Jamás cargó demasiado a Julien ni buscó acunarlo cuando lloraba. No se preocupó por darle quizás un baño, o mecerlo mientras sostenía un biberón en una de sus manos. Él sólo era padre porque lo había engendrado, pero nada más.

—Y apareces como ladrón en la noche, como si de nuevo tuvieses que entrar aquí a escondidas…— musitó ella, confirmando que algo nada bueno se ocultaba tras su visita; porque eso era, ya eran demasiadas noches en las que ni siquiera compartían el mismo techo. Leigh quiso girarse y mirarlo a la cara, examinarlo mientras decía lo que tuviese planeado decir, pero se contuvo, por ese orgullo que sabía que debía mantener más que nunca. —Julien está bien, como has podido notar no necesitamos de tu “protección” — evidentemente estaba molesta ¿Cuánto más tardaría en regresar a ver a su hijo? ¿Sería acaso cuando caminara o ya supiera hablar? Ryley se perdería muchos acontecimientos en la vida de Julien, pero ella estaría ahí para él, para que jamás necesitara esa figura paterna que sería cada vez más ausente. — ¿De verdad quieres que te responda eso? — Sin meditarlo más, ella se giró en su dirección —Pasa que no comprendes lo difícil que es traer un hijo al mundo mientras sabes que quieren robártelo. Jamás supiste lo que es no poder dormir por alimentar un niño nacido débil y que permanece hambriento. No comprendes que estamos vivos gracias a que mi padre nos sacó de ese maldito lugar. Estás ciego y no has sido capaz de ver más allá de ti. Eso pasó, la ira superó el amor que tanto profesabas y tu hijo realmente no te importa. Puedes decir lo que quieras, pero tus hechos hablan por sí solos— respondió como si se desahogara, aunque eso no incluía ni la mitad de las cosas que de verdad quería decirle. El silencio reinó por un momento, y en los gestos de Ryley se notó la pesada carga que llevaba. La cazadora se mantuvo en silencio, observando con detalle, pero sin esperar demasiado. No obstante, cuando la confesión llegó, ella sintió que el corazón se le detenía, y cerró los ojos de inmediato, como si con ello se prohibiera demostrar nada. No lloraría delante de él, aunque una declaración de ese tamaño había dolido más de lo que alguna vez creyera posible. Lo sabía distante, sí, pero jamás se imaginó que hubiese alguien más en su vida, alguien con quien había estado esa noche justo antes de llegar allí. Primero le otorgaba tiempo a su amante para satisfacerse a sí mismo, y luego con descaro iba a ver a su hijo.

—Mañana alguien empacará tus cosas y podrás pasar por ellas temprano. Firma los papeles del divorcio y luego olvida que tienes un hijo. Es lo único que obtendrás, porque no es que me hubieses amado poco, sino que en realidad no lo hiciste. Amaste lo que fuiste mientras estabas conmigo. Ahora por favor vete— susurró, con un esfuerzo increíble por no reaccionar con todo lo que sentía. Quería reclamarle, por no haberle dicho jamás que ella no le era suficiente. Quería saber qué mujer era, y preguntarle mil veces por qué le hacía eso. Pero él no merecía nada, y la culpable era ella. Ryley había destruido no sólo su confianza sino también su autoestima, y, sin embargo, de las manos de alguien tan vil había surgido la mayor de las ilusiones de Leigh: Julien, un hijo que creería siempre a su padre muerto, y a quien ella protegería más que a su propia vida. Ahora ese hijo lo era todo, porque lo demás, lo daba por perdido.




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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Ryley Ende el Lun Ago 01, 2016 10:14 pm

Que complicado era formar una vida al lado de una persona, pero que sencillo que era destruir todo eso. Para Ryley habían valido apenas unas palabras para comenzar a destruir su matrimonio y una noche al lado de otra mujer para darse cuenta de que todo se había terminado. ¿Había querido él que todo fuera de esa manera? Por supuesto que no. Al conocer a Leigh no se imagino amarla de la manera en que lo hacía, esa que lo volvió celoso, temeroso y agresivo. Su amor por su esposa se había vuelto tan toxico que lo único que ahora podía hacer estando cerca de ella era lastimarla y alejarse de ella para evitar sus peleas únicamente empeoró todo. Ryley no solo se descubrió siendo un hombre diferente, sino que se descubrió a si mismo siendo como el hombre al que tantas veces juro jamás se parecería; su padre. No se podía decir que eran completamente idénticos, sin embargo, al igual que su progenitor, él había dañado a su familia, abandonado a su hijo  y dañado a quien más amaba.

Entrando en aquella habitación como lo hiciera antes de su matrimonio y escuchando a Leigh llamándole ladrón, Ryley no pudo más que sonreír con amargura a las sombras.
Siempre he sido un ladrón aparentemente – confesó recordando nuevamente que él jamás sería el hombre que ella merecía – Entre en esta casa, robándome lo más hermoso y valioso que encontré en ella pero como todos aquello que hacen algo que no deben, termine perdiéndolo – suspiro – termine perdiéndote y no estoy seguro de cuando fue que comencé a hacerlo – sentado en la enorme cama que tantas otras veces compartieron y que fue el lugar donde su amor creó el milagro que llevaba por nombre Julien; Ryley se sentía como un extraño.

Amaba a su hijo, por supuesto que lo hacía. Ese pequeño era la prueba de que su amor había sido real, que al menos por un corto lapso de tiempo aquella mujer le había amado de verdad y pese a que le doliera reconocerlo, Leigh tenía razón al decirle que no necesitaban de su protección, simplemente porque nunca se las brindó. Julien podía ser su hijo amado, pero eso no restaba el que Ryley fuera un padre ausente, excusándose en razones que sabía eran estúpidas y que únicamente lo volvían más similar a su padre. Todo cuanto su esposa le decía era la verdad, no tenía cara para negarlo de la misma manera en que sabía que no tenía cara para ocultarle su traición por mucho tiempo.
No soy el hombre que te prometí ser el día de nuestra boda Leigh, de eso soy plenamente consciente de la misma manera en que admito que me resultó complicado comprenderte. Tenía tanto miedo de perderte una vez más que vi a todos como enemigos – observó la sombra de su esposa en la oscuridad – incluso a ti. Tienes razón también al decirme que no sé todo lo que viviste y sé que lo que diré no es excusa pero, ¿Tienes idea de cómo me sentía yo? – suspiró – He dicho muchas cosas en los últimos tiempos que no he debido decir Leigh, pero la realidad es que mi vida carece de sentido sin ti y Julien – hizo una breve pausa –No he sido buen padre, no he sido buen esposo y no tengo excusas para ello, nunca voy a tenerlas – y si bien podía omitir su infidelidad junto con todo lo que sabía pondría el punto final a su matrimonio, ese que quizás si se esforzaba salvaría, la verdad es que no quería mentirle más a ella.

Tomando entonces fuerza de flaqueza, Ryley hizo la confesión que tanto temía y la que tanto le dolió, obligándole incluso a esconder la cara entre sus manos de la vergüenza y el pesar que sentía. El silencio reinó entonces en la oscuridad y él supo que ella no le perdonaría.
Leigh – susurró su nombre y antes de volver a hablar ella respondió a su confesión con toda la determinación que él tanto amaba de ella, pero que en esos instantes solo lo destrozaba – Por favor no… – levantó la cabeza entonces buscándola en la oscuridad – No juzgues mi amor por ti y por Julien debido a mi imprudencia. No me separes de nuestro hijo Leigh, sé que no merezco menos que esto que planeas hacer, pero te ruego que no me hagas esto – Y es que para él era mejor que ella acabara con su sufrimiento de una vez matándole que dejándole después de haberlo hecho durante mucho tiempo el hombre más feliz.

Lo que ocurría era enteramente culpa de Ryley pero aún así, él se negaba a renunciar a lo único que tenía sentido en su vida.




Los sentimientos son esclavos de los pensamientos
y uno es esclavo de sus sentimientos.


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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Leigh Lezarc el Dom Sep 25, 2016 6:54 pm

"El orgullo es el primero de los tiranos, pero también el primero de los consuelos."

Más valía cerrar la boca frente a un montón de cosas de las que decía Ryley ¿Qué de todo lo que decía era mentira? ¿Qué tanto de lo que expresara Leigh sería veneno? Sin embargo, todos esos sentimientos encontrados que tenía, casi que la obligaban a hablar cada tanto. Necesitaba decirle todo ahora, justo antes de dejar de verlo para siempre, esperaba. —Tiramos lo que no amamos lo suficiente. Eso lo tuve claro desde que la segunda noche consecutiva en que desapareciste— musitó. La primera noche que Ryley estuvo por fuera, ella permaneció despierta casi toda la noche, creyendo que algo le había ocurrido. Estaban enojados para entonces, sí, pero eso no era suficiente como para no preocuparse por su esposo. Luego, cuando regresó sin dar explicaciones, supo de qué se trataba todo y, con el tiempo y la repetición, dejó de angustiarse para pasar a entender.

—“Prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad” dijiste. Pero eso fue pedirte demasiado, o creer algo que desde el principio no tenía sentido— respondió ¿Por qué había cedido a casarse con él? Todo se había hecho más difícil, aunque jamás retrocedería el tiempo si pudiera, porque entonces perdería a Julien. — ¿Quieres que me preocupara por cómo te sentías mientras tenía a nuestro hijo enfermo? Él es más importante que nosotros, pero tú desapareciste por no poder expresar nada, yo me quedé, por él, a pesar de todo. Esa es la diferencia— farfulló, porque de nuevo era Ryley un egoísta, que no pensaba más allá de sí. El término “otros” en su vida, giraba en torno a él, a su satisfacción en general, a lo que fuera. Sin embargo, esa ausencia y los enojos pudieron haberse arreglado si él hubiese decidido aparecer antes, sin cargos de consciencia tan grandes, sin esa traición que ahora lo destruía todo. Antes, Leigh pudo ceder por su hijo, ahora, se mantendría más firme que nunca precisamente por él.

¿Para qué se cubría el rostro? Leigh se enojó aún más, porque seguramente no había hecho lo mismo un par de horas antes, justo cuando estaba disfrutando con su amante.
—No te estoy haciendo nada que tú no hayas hecho primero. Tú nos dejaste, tú tomaste esta decisión ¿No era más fácil pedirme el divorcio si tanto querías estar con alguien más? Eso no te habría hecho perder a tu hijo. Pero tengo parte de culpa, siempre fui demasiado inexperta para ti, ambos sabíamos que yo no te sería suficiente. Ahora entiendo porque apenas si me tocaste un par de veces— respondió. Leigh se sentía herida, completamente. Desde que empezó la relación con él, supo que toda la experiencia de Ryley la reduciría a nada en ciertos asuntos. Pero él le había desmentido los temores, y ella los había creído, a pesar que literalmente, habían estado juntos dos veces. La primera vez le pidió matrimonio, la segunda, concibieron a Julien, y ahí murió todo. Ahora todo era más claro, esa mujer llevaba más tiempo del que pensaba en la vida de él. — ¿Qué le dirás a tu hijo cuando te pregunte por qué lo dejaste? ¿Serás capaz de decirle que preferiste a una prostituta en lugar de él? — los cuestionamientos tenían cosas que ella quería confirmar. Ryley no le había dicho quién era la mujer, pero no era necesario. Ese sólo hecho dolía el doble, pero debía mantener la compostura —Te estoy haciendo un favor. Decirle la verdad a tu hijo sería peor, prefiero decirle que su padre ha muerto. Haz tu vida, ve con la mujer con la que disfrutas antes de venir a la que fue tu casa y con la familia que has dejado en segundo plano. Esta no ha sido mi elección. Por favor vete, no supliques por lo que no demostraste. No quiero verte más, ya me dejaste claro todo—.

El dolor pasaría, ella lo tenía claro. Pero no podía imaginarse más a su lado, porque desconfiaría siempre ¿Qué sentiría él por esa mujer? Quizás pronto se uniera a ella y tuviera otros hijos. Tal vez, esa nueva familia sería menos exigente, más feliz. Era probable que esa mujer no sólo fuera capaz de calentarle la cama, sino que se esmerara por mantener un plato delicioso sobre su mesa, preparado por ella misma. Leigh, en cambio, ordenaba lo que se les antojara, pero no ponía una sola mano sobre la comida para prepararla. Inútilmente creyó que el dinero que poseía sería suficiente para mantener una familia, aunque evidentemente, no era suficiente para nada.




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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Ryley Ende el Lun Sep 26, 2016 9:35 pm

Apenas había respondido Leigh algunas palabras cuando para Ryley el desenlace de todo fue obvio. Su esposa no iba a creerle ¿Qué mujer en su sano juicio lo haría? En especial después de confesar una infidelidad y haber pasado ya demasiado tiempo alejado de ella. La realidad era que decían ser un matrimonio meramente de nombre, porque desde hacía mucho, quizás desde un principio de su relación, fueron unos completos desconocidos que creyeron que podían formar una familia y ahora, era evidente que ya no había tiempo para conocerse y mucho menos para salvar la relación por más que Ryley se negara a aceptar la muerte de la misma.
Fui un idiota Leigh, no supe lidiar con todo lo que enfrentábamos pero nunca fue mi verdadera intención hacer que te sintieras abandonada y mucho menos que creyeras que te tire a un lado – ella nunca había sido una mujer que pudiera hacerse a un lado, por eso mismo él trató de alejarse de ella. Le resultaba imposible no pensar en ella, no quererla a su lado pero todo lo acontecido en Lyon había puesto una barrera entre ambos que a él simplemente le fue imposible atravesar, optando finalmente por poner distancia, lo que a su ver era el único remedio.

Había sido un ciego, un estúpido que pensó erróneamente que la distancia, el tiempo y quizás otros brazos alejarían el dolor, los remordimientos y la ira; claro que nada de eso paso, todo lo que hizo solo llevó a empeorar la situación guiándole hasta aquel momento donde escuchaba la manera en que Leigh repetía sus votos matrimoniales.
Y fui fiel Leigh, hasta cuando todos te creyeron muerta te fui fiel – herido, pero sabiendo en el fondo que ella tenía razón la miro – pero ya no podía más con todo esto y me deje llevar – Con Sweet todas las preocupaciones habían desaparecido y para Ryley resulto sencillo transporte a si mismo a otro tiempo, uno donde no debía dar explicaciones, donde ya no tenía responsabilidades más que vivir el día a día; y aunque la experiencia resulto satisfactoria, fue meramente pasajera. Al mirar a Sweet después de estar con ella, únicamente podía pensar en Leigh – sé que no es excusa, nada nunca justificara todo lo que he hecho – guardo silencio, para nuevamente escuchar a su esposa hablar y golpearlo con cada una de las palabras que salían de su boca. Ella tenía razón en todo. Era un mal hombre, un mal padre y un mal esposo, pero eso no impedía que la amara pese a las dudas de ella y a los engaños de él – Yo también quiero estar para él – aseguró – No vas a creerme y lo sé, pero déjame estar para nuestro hijo y para ti – No pensaba rendirse, no cuando en el fondo sabía que ambos eran jóvenes y lo suficientemente fuertes como para superar todo. No creía que sería sencillo pero confiaba en su matrimonio, por irónico que eso resultara dada la situación.

Se descubrió el rostro y comenzó a negar firme ante las afirmaciones de la Lezarc.
Estas equivocada Leigh. Nunca quise, ni quiero separarme de ti y no es por tu dinero, ni tu estatus social; es porque realmente te sigo amando y de no sentir nada por ti o por nuestro hijo no estaría aquí pidiendo perdón por lo que he hecho – se paso las manos por el cabello – Es porque te amo que no he podido guardarte un secreto tan vil, es porque te amo que te pido una oportunidad más y no quiero escucharte decir que no eres suficiente – volvió a mirarla – Siempre fuiste y serás más de lo que merezco. Eres todo lo que necesito – Ryley realmente había sido fiel a su esposa, para él ella siempre fue perfecta pero fueron sus propios pensamientos torpes y sus egoísmos lo que lo llevaron a creer que existía alguien mejor que ella. Que pronto que aquel vana ilusión se había desvanecido para dejarle la amarga realidad de lo que dejaba en casa.

Su esposa usaba a Julien a sabiendas de que si no fue capaz de mentirle a ella, tampoco sería capaz de mentirle a su hijo. Justo cuando pensaba responderle, Leigh continuo con sus palabras, esas con las cuales le pedía que se fuera y se hiciera pasar por muerto, que desapareciera por su bien y por el de Julien pero eso no era algo que él pudiera hacer.
No me haces un favor, te lo haces a ti misma porque no me quieres ver más pero no me iré, no porque quieres que lo haga ya que sabes que puedo demostrarte que de verdad me importan ambos. Y Julien jamás se sentirá que lo he abandonado porque no voy a hacerlo y si alguna vez se entera de lo que te hice y le hice, le diré la verdad, que perdí de vista lo verdaderamente importante y no luche por lo que debía pero que eso solo paso una vez en la vida – su voz adquiría una intensidad diferente, una cargada de seguridad y de nuevas promesas – Leigh… no te pido que actuemos como una pareja enamorada, no te pido que me aceptes de nuevo en tu cama o me tengas la confianza de antes. Lo que te pido es que me des la oportunidad de demostrarte que me interesan, que te amo a ti y a Julien y que son todo para mi. Permaneceré en mi casa si no me quieres aquí pero no m impidas verlos y mucho menos me digas que lo nuestro termino y que quieres el divorcio.

Ellos eran realmente todo lo que Ryley tenía en la vida. Sin ellos todo carecía de sentido real, era un hombre vació, alguien sin propósito que bien podía morir sin que el mundo se diera cuenta de su ausencia y lo más probable, si es que ella se negaba más a él, era que de verdad terminara muriendo.




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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

Mensaje por Leigh Lezarc el Miér Nov 02, 2016 7:58 pm

"Cuando irse es otra forma de rendirse a la evidencia del destierro,
cuando no es una pregunta, no respondas. Está hecho, terminado"

Ya era tarde, Leigh no iba a retroceder porque sentía que sería clavarse aún más profundo la espina de la traición de Ryley ¿Cómo había sido capaz? Verlo ahí sentado sobre su cama le recordaba que minutos antes sus labios recorrieron con deseo otro cuerpo, y sus manos, aún con el anillo de su unión, se habían atrevido a acariciar una piel distinta y probablemente más experimentada. Era horrible, era más de lo que ella podía tolerar.  —Tus intensiones no sirven para nada, porque ya han hablado demasiado tus hechos. Eso tiene más peso para mí— Susurró ¿De qué servía que pretendiera no traicionarla o abandonarla si al final lo había hecho? Además, eso pasaba de ambos, porque las malas decisiones de ellos ahora afectarían a Julien.

—Y al final sí me fuiste infiel, era lo que querías, o de lo contrario no lo habrías hecho— espetó, mirándolo fijamente, dejando en claro que nada importaba ahora y que los esfuerzos, promesas, intensiones, sueños o lo que sea que fuere que hubiesen construido juntos, ahora no era nada más que recuerdos en un baúl que arrojarían a cualquier lado. —Y lo disfrutaste mientras duró, ambos lo sabemos. Por eso sabes que ya puedes hacerlo con libertad, que no tienes una familia que te detenga de ser tú mismo. Te estoy abriendo las puertas para que vueles con libertad, para que olvides este lugar y con el tiempo a nosotros. Ya no tienes responsabilidades, no hiciste lo que tenías que hacer en su momento. O quizás sí, ya hiciste tu elección— “Y nosotros estuvimos de últimas” quiso agregar, pese a que lo guardó para sí misma. Esa conversación no tenía caso, ni sus determinaciones vuelta de hoja.

—¿Te das cuenta de lo que dices? Si me amaras no te hubieses acostado con otra mujer, deja de mentirme, deja de mentirte a ti mismo. Si yo fuese todo lo que necesitas, jamás se te habría ocurrido dejarme sola con Julien ¿Sabes cuánto pesó tu hijo al nacer? ¿Sabes lo que me ha costado que se recupere del todo? Está más que claro que no, porque nunca sostuviste un biberón para él, ni tampoco cambiaste tu sueño para calmarlo. Lo único que has hecho es engendrarlo, nada más ¿Cuántas noches llevas fuera? Has huido de nosotros, nos has cambiado y ahora ya es tarde, nos dejaste claro todo desde hace mucho, lo de hoy sólo lo confirma— agregó. Era evidente que el engaño había sido el broche de oro con el que cerraba su distancia; Ryley tuvo que llegar hasta el fondo para darse cuenta de todo lo que venía tejiendo, o destruyendo.

—Así es, no te quiero ver más, porque ahora cada vez que te mire sabré que me has engañado, ya no le demos más vueltas a esto, la destrucción sólo es algo que se vino dando, no es nada repentino. Te permitiré ver a Julien cada quince días y bajo vigilancia. El día que faltes, no lo verás nunca más, no importa qué tanto supliques o cuanto deba pagar por protección para que no puedas llegar a nosotros, es lo máximo que puedo ofrecerte, aunque preferiría ahorrarle a Julien todo esto y decirle que su padre murió, eso sería más honorable— eso y viajar, irse de ese país a construir una vida en otro lugar, lejos de cualquier rastro de vergüenza para Julien en esa sociedad quisquillosa y que apuntaba con el dedo dispuesto siempre a criticar, justo como cuando ella decidió casarse con Ryley. —Ahora déjanos, pero entiende que eres libre para compartir con la mujer con la que estuviste hace pocas horas. En la mañana ya no seremos esposos y esta alianza se disolverá como el amor que te sentía. Vete y siéntete libre de empezar una nueva vida, porque ya no me importa. Lo único que te pido es que firmes, nada más— dijo, queriendo dejar cada detalle mínimo en claro. Era real cuando Leigh decía que no podía verlo más, e incluso, ahora no quería ni siquiera que esas manos la tocaran de nuevo, ni a ella ni a su hijo. Ryley jamás había cambiado, quizás se dejó obnubilar por la diferencia de su rumbo al principio, pero después de todo volvió a lo de siempre, porque seguramente todo el tiempo fue lo que anheló. En la situación en la que estaban, podía parecer que ella lo había mantenido atado, privado de esa personalidad tan dada a otros, tan complaciente con terceros y tan desligada de cualquier tipo de compromiso. Ambos habían sido demasiados ilusos.




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Re: Alimenta el infierno con amor [Privado]

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