Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Grita cuanto quieras, nadie va a escucharte

Mensaje por Friðþjófr Yngvarr el Miér Abr 06, 2016 7:31 pm

Observarla desde tan cerca, con los ojos entornados para poder ver mejor en la oscuridad, con los labios entreabiertos a causa del miedo que agita y hace palpitar de forma desbocada su corazón, provoca en mi ser una extraña mezcla de satisfacción y curiosidad. Puede que al principio de recibir el encargo para mi no fuera más que una humana más, aburrida, simple y atormentada, pero ahora es más que eso. Mucho más que eso. Su reencuentro con la licántropa me hizo darme cuenta de algo curioso. Más allá de lo ridículo de su "acaramelado" abrazo, esta humana, esta joven reina, esconde mucho más bajo esa piel pálida que me deja ver sus venas y arterias casi como si fuera de papel, de lo que parece a simple vista. Mala suerte la suya. Cuando algo me llama la atención, no lo dejo escapar tan fácilmente. Por mucho que ese estúpido fantasma me haya pagado por ella. Ahora está aquí, en mi poder. Y no puedo evitar esa que surja sensación de superioridad que siempre me invade cuando consigo aquello que me propongo. Aunque visto desde fuera probablemente no parezca que tenga mucho mérito. ¿Qué podría haber hecho contra mi? Soy una criatura nocturna. Un demonio. ¡Ah! Me muero por saborear la sangre de esta chiquilla, sangre roja, que no azul... Pero eso será más tarde. Ahora mismo, tengo otros planes. Normalmente bucear en los recuerdos de los mortales, en sus momentos más oscuros, no supone mayor reto que simplemente quedarme mirándolos e ir sacándolos uno a uno. Pero hay un dique en su memoria, un bloqueo que me impide acceder a ellos. Sea lo que sea lo que se oculta tras él, pienso averiguarlo. Aunque eso la destruya en el proceso. La sangre de aquellos que se ahogan en su propio sufrimiento siempre me ha resultado más sabrosa.

La miro con fijeza, centrándome en cada rasgo, en cada pequeño matiz, en ese "algo" que me ha cautivado, que la hace distinta y deliciosamente única. Se retuerce mientras está inconsciente, y no puedo evitar preguntarme con qué estará soñando. No es que los sueños de los humanos normalmente despierten mucho interés en mi, pero con ella es diferente. Casi puedo notar el calor del Sol sobre su piel joven. Casi puedo tocarlo yo mismo, con mis propias manos. También puedo percibir desde la distancia su frustración, su miedo, lo quebrada que está su alma... Y a pesar de ello, aún quedan resquicios de esperanza que la hacen más atractiva si cabe. Porque ese es mi mayor hobby, lo que más placer me causa en mis largas noches vacías. Romper aquello que aún está intacto. Esa parte del alma de las personas que aún tiene pureza e inocencia, y convertirlo en algo terrible, con suprema crueldad. No es algo que pueda ni quiera evitar. Hacerles daño forma parte de mi plan, de mi razón de ser en el mundo. En una realidad que debería ser caos, las cosas hermosas y delicadas, como ella, no tienen cabida. Porque a pesar de los muchos sufrimientos a los que la vida la ha sometido, aún cree que puede cambiar el mundo simplemente con bondad. Se equivoca.

Le mostraré la peor cara de la maldad, una cara que sé con certeza que jamás habrá imaginado siquiera, a pesar de todo lo sucedido. Y luego... Luego la dejaré ir. Rota por la crudeza de la realidad. Para que regrese a un mundo que no reconocerá. Un mundo que le parecerá incluso más hostil, y grotesco. Comenzará a cambiar. Su piel pálida adquirirá un tono amoratado. Dejará de sonreír, o al menos, de intentarlo. Y sus cabellos dorados dejarán de reflejar la luz del astro rey. Se apagará, lenta, paulatinamente. Y se convertirá en un fantasma de lo que es ahora. Un ente hueco, vacío, incapaz de sentir otra cosa que no sea desprecio. Vivirá simplemente porque ese es su instinto primario, y nada más. Su reino morirá. Ella morirá. O será una muerta en vida.

Pero antes, oh, antes... antes tengo que probarla. Cuando parpadea y mira a su alrededor mi sed de su sangre se reaviva con más fuerza incluso que antes. Parece desorientada, ida, como si acabase de despertar desde un sueño maravilloso, al interior de su peor pesadilla. En realidad, le estoy haciendo un favor. Al traerla aquí, lejos de todo, lejos de ese lobo que la persigue, al planear su tortura, al fantasear con su muerte, con su degradación desde un ser luminoso y brillante a poco menos que un cuerpo sin alma. Como ya he dicho, los seres débiles, como ella, no pueden sobrevivir mucho tiempo en un mundo como este. Ese es mi motivo, a pesar de que el placer que me produce destruir desde cero un alma humana, desde luego, mi mayor motivación para haberla traído. De pronto se da cuenta de que no está donde debería estar, y de sus ojos brotan esas deseadas y esperadas lágrimas. Empieza la función, por fin. Cuando parece calmarse un poco, entonces, dejo que mi figura, oculta entre las sombras, justo frente a ella, se haga visible. - Vaya, vaya, por fin... Parece que su majestad ha decidido despertar. -Me agacho hasta quedar a su altura y la miro directamente a los ojos. - ¿Me recuerdas? Soy aquel con el que bailaste hace unas horas, aquel por el que abandonaste a esa amiga tan especial tuya... Aquel al que recordarás para siempre. Mi rostro te perseguirá en tus pesadillas, y también cuando estés despierta... Y además parece ser que no soy el único, Irïna de Hanover. Rhaegar manda recuerdos. -Dejo caer la bomba como si nada, para luego acariciar su rostro con una mezcla de lascivia y malicia. Sé con bastante seguridad lo poco que a las presas les gusta que las toquen. A la comida no le gusta que jueguen con ella.



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Re: Grita cuanto quieras, nadie va a escucharte

Mensaje por Irïna K.V. of Hanover el Dom Jun 05, 2016 1:51 am

La música aún resonaba en sus oídos. La melodía de aquella canción, aquella dichosa canción que se repetía incesantemente en su confundida cabeza. Sus pensamientos eran inconsistentes, inconexos, probablemente debido al fuerte golpe que aquel hombre, que ahora comprendía que no era el mismo que en sus recuerdos, le había propinado justo antes de llevársela a cuestas fuera del palacio. Lejos de Danna, lejos, de nuevo, de la única "familia" que le quedaba. ¿Quién demonios era? ¿Qué diablos quería? Las preguntas flotaban lentamente en su subconsciente, aunque probablemente conocía las respuestas a todas ellas. El odio hacia su persona había sido una constante a lo largo de los últimos años. El odio hacia todo lo que ella representaba. El progreso, las oportunidades. El peligro al modo de vida propio de las clases altas y del clero. Sólo con eso, podía hacer una larga lista de nombres, o de grupos, que querían verla muerta, o destruida, o probablemente ambas. Después de todo, ese era el motivo por el que se había marchado de Escocia. Había sido demasiado ilusa al creer que los problemas no la seguirían allí donde fuera.

La realidad, su realidad, era mucho más complicada de lo que normalmente le gustaría creer. De lo que a Lorick, su siempre eterno guardián, le gustaría creer. Incluso Danna tenía una idea equivocada de lo que realmente estaba sucediendo a su alrededor, con su vida, con la misión que se suponía que debía haber comenzado cuando sus padres, al morir, le cedieron la corona. Aún así, y pese a ser consciente de todo ello aunque prefiriera olvidarlo, no podía evitar que le pillara por sorpresa cada vez. En realidad, ¿era tan diferente lo que ella quería hacer con su reino, a lo que su padre en su momento quiso hacer con el mismo? No, no realmente, de hecho, las decisiones, las ideas que ella albergaba en sí misma eran las que él le había inculcado. El respeto por la nación y todos los habitantes, el rechazo a confiar el cuidado del reino a las clases nobles o al clero, que tanto daño habían hecho desde un principio. Todo eso lo había vivido y escuchado desde su infancia. Esas palabras habían marcado su camino, su carácter. Su destino.

Y allí estaba, encadenada en alguna mugrienta mazmorra que apestaba a humedad y a otras sustancias que realmente no se sentía muy inclinada a querer identificar. Antes de abrir los ojos, apenas un instante antes, fue capaz de recordar con total nitidez lo que acababa de suceder. Un ser, una criatura, la había manipulado, la había hecho creer que estaba reviviendo un recuerdo, y ella misma había accedido a marcharse con aquel individuo... Para proteger a Danna. No sabía cómo era consciente de ello, sin embargo, pero lo supo. Justo después, abrió los ojos de par en par, sin mostrar miedo, duda, o confusión. Su mente estaba en blanco. Se sentía hueca, vacía, especialmente porque las palabras de aquel hombre comenzaban a tener sentido. Rhaegar. Ese nombre que creyó que nunca volvería a escuchar. Por un lado, tenía sentido, incluso cuando ambos se llevaban bien -más que bien, según se mirara- siempre había disfrutado con esa clase de juegos, de manipulaciones. Utilizar a otros para conseguir sus objetivos. El motivo por el que su padre lo había exiliado, junto con el resto de su familia. Luego... luego aquella tragedia acabó con las vidas de todos los Frimost... Nunca pudieron disculparse, nunca pudieron arreglarlo.

La rabia lo había consumido. Aunque nunca habría imaginado cuánto.

- ¿Y por qué no los manda él mismo? No sería la primera vez que lo intenta. Ha perdido un poco el "toque". La última vez que se apareció ante mi era igualmente con intenciones hostiles, pero al menos lo hizo él mismo. -Su voz denotaba un profundo cansancio, y si eras capaz de prestarle mayor atención, sonaba igualmente herida, dolorida en una forma difícil de expresar. Quizá todo el odio que recibía no era demasiado bien acogido, después de todo. Cuando finalmente fue capaz de mirar directamente a los ojos de su secuestrador, se topó con la mirada de una bestia, y no de un hombre. Pero no tembló. Aceptó que aquella podría ser su última noche en la tierra... Y no le importó.




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