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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

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¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Mar Abr 12, 2016 6:49 pm

No se sentía nervioso, ni ansioso… Más bien fuera de lugar. Habían pasado demasiados años desde que había estado por así decirlo, en un evento “civilizado”. Rodeado por ciertos lujos, por personas de alta clase, buena comida y música; rodeado por comodidades. Y el hecho de que comenzase a convertirse en algo “habitual”, le extrañaba y descolocaba en cierto modo.
Había pasado de la noche a la mañana, a ser prácticamente un superviviente de la calle a estar codeándose con aquella sociedad. Aunque sabía que aquello era solo una ilusión y diversión creado por una amistad con fortuna, ya que cuando la noche finalizará volvería de nuevo a aquella buhardilla del burdel, y seguiría consiguiendo mercancías ilegales a las prostitutas que lo acogían.
 
Hacía una semana la fortuna le había hecho reencontrarse con Bryan McMahon en aquella biblioteca, lo extraordinario había sido que lo reconociese cuando la última vez que se vieron apena Emhyr tenía quince años para dieciséis y asistía a una fiesta donde iban a celebrar el hecho de que fuese a convertirse en el primer jenízaro más joven desde hacía siglos. McMahon era el hijo de un embajador inglés en Constantinopla, había hecho buenas migas con su padre que se encargaba de las relaciones exteriores por encargo del sultán.
Bien lejano quedaban esos tiempos, y ahora Bryan por lo que le había encargado era embajador en París y deseaba ayudarlo, tras comprobar que aún estaba bien vivo.
 
En aquella noche a Emhyr lo seguían presentando como miembro del ejercito inglés, que había acompañado como guardaespaldas a Bryan desde las colonias orientales. Un perfil perfecto para descartar sus rasgos y acento extranjero. Vestido del uniforme atraía las risas y miradas de las jóvenes que allí se presentaban para buscar marido.
 
El brujo aun no entendía aquella clase de eventos, donde se presentaban las jóvenes casaderas en sociedad y las familias parecía de un modo solapado estar vendiéndoles cual mercancía, en su país las cosas se hacían de otro modo, aunque había que afirmar que como Bryan le había comentado esta noche “sería interesante y divertida”.


Última edición por Emhyr Van Emreys el Mar Jun 14, 2016 2:29 pm, editado 1 vez





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Sáb Abr 16, 2016 12:28 pm

Giramos igual que las manecillas del reloj
pero no en el mismo sentido.


Esa noche, tocaba asistir obligatoriamente a una de esas exposiciones que cada cierto tiempo, se realizaba en la residencia Appleby para todas aquellas jóvenes casaderas. Su fin no era otro que para encontrar marido y un futuro que para todas… corrían la misma suerte. Siempre la misma historia, elegir el mejor vestuario y peinado, comportarse educada y elegantemente, dando un claro ejemplo de su adiestramiento.

Vamos, en otras palabras como bien definiría Abbey “Carne fresca que ofrecer a esos perros hambrientos”, porque no, no había palabras más exactas que esas. Y como era costumbre, no deseaba ir, siempre se las ingeniaba para no asistir pero ya con esa eran tres eventos que se perdía y esa noche era imposible que pudiese escaquearse. Le tocaba lidiar y aguantar con esas insoportables niñas y sus caros vestidos a un evento que a ella le traía sin cuidado. ¿Qué iba a encontrar ella allí? nada, se terminaría durmiendo tras una columna, lo veía venir.

En cuanto entró en la fiesta aquella, el ambiente no había mejorado desde la última vez. Luz tenue, olores fuertes entre el corporal de todos los asistentes. Intentó aguantar la respiración, le empezó a dar arcadas, lo mejor sería comer algo y beber un tanto más. Solía beber lo justo para marearse un poco, olvidarse de todo por un instante.

Llegaron en grupo pero una vez en el gran salón, cada una se dirigió a un sitio diferente. Y Abbey, hacia la mesa de las bandejas de canapés. Tenía tanta hambre que se comería al primero que se le pusiese por delante, fuese quien fuese. Y en su camino, se cruzó alguien que ni en sueño creería volver a ver y menos con aquel uniforme. Sonrió de lo más divertida, ese canapé sí que era delicioso para devorar. Le hacía gracia, siempre pensando en enaguas que levantar, todas y cada una de las mujeres se quedaban mirándole a su paso y con razón…las cautivaba pero ella era la excepción que confirmaba la regla.

Esperó a que pasase tras su espalda, mientras cogía algún que otro canapé para degustarlo. Rió sin poder evitarlo, ambos chocaban irremediablemente pero aún así, se podía decir que se llevaban medio bien, a su manera.

-De uniforme para llamar a gritos a todas las enaguas habidas y por haber ¿no? -se giró con uno de los canapés entre los labios, mirándole fijamente a los ojos, desafiante como la última vez que se vieron. -Ya, ¿qué hago aquí? Pues comer y beber algo, lo de siempre mientras esas intentan pescar a un pez gordo ¿y tú? ¿sigues embaucando con tus palabras disfrazadas de misterio para un revolcón sin sentido? Siempre anda buscando, indagando hasta encontrar la indicada pero ¿la ha encontrado alguna vez? puede decírmelo… y no busque más, podemos entretenernos mutuamente pero… -alzó el dedo índice, indicándole que había algo más -Ni se os ocurra intentar algo…y ya sabe a lo que me refiero -lo miró intensamente, enarcando una ceja…



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Mar Mayo 03, 2016 10:08 am

Pronto su compañero se deshizo de su compañía, para aprovechar su posición y divertirse en su cacería.

Él por su parte paseo un poco por la sala observando las caras de aquellos que poco a poco se incorporaban. No comió ni bebió a pesar del ofrecimiento y la tentación de probar algo tan suculento. En años podía permitirse comer algo del estilo, pero no era de su atención, ni de su necesidad, un estilo de vida bien distinto le había dejado cierta huella para pensar en lujos.

Otra mirada furtiva de alguna joven, una sonrisa cortés por su parte. Un botón que desabrochaba, no entendía como el ejercito británico podía estar cómodo con aquel tipo de ropas.

Bryan al otro lado de la sala empezaba a teñir sus mejillas del rojo, llevaba alguna copa de más, y Emhyr se seguía preguntando porque le había traído a aquel lugar, pero necesitaba un favor de su compañero y no le iba a hacer el feo de negarle su compañía. Usarlo de gancho para jovencitas había sido acertado en el anterior evento que visitaron, pero aquella noche Bryan quería ganar una apuesta por la que Emhyr poco interés tenía.

Una risa a su espalda, y un choque.

-Disculpe. -Pronto la reconoció, ni en sueños se iba a imaginar volver a ver aquella joven. -¡Vaya! Si es "lady manzana". -Emhyr ladeo una sonrisa interesante. Cuando se entero de su apellido y su origen británico, había decidido que ese sería su mote. -Creo que se equivoca, más bien esta noche vengo a perder una apuesta. - Con sus ojos señalaron a Bryan que alzaba su copa hacía Emhyr divertido, y parecía haber capturado a una presa para llevársela a algún rincón bien escondido para divertirse con ella. -Además no sé por que, pero apenas hacen faltan palabras últimamente, lo hace aburrido ir al grano directamente. 

Ella continuo hablando, y Emhyr la miraba de arriba abajo, ciertamente ella no necesitaba todo aquel arreglo y pomposidad que veía a su alrededor para llamar la atención de los hombres, era llamativa por sí misma, y por su carácter.

Escucho su advertencia, y vio su dedo alzado. Emhyr rió sin quererlo, ella lo había calado desde el principio pero no lo conocía demasiado. Con un lento gesto con su propio indice el otomano bajo el suyo de advertencia.

-Nunca busco, me encuentran y parece ser usted quien me ha encontrado. -Con descaro paso sus dedos acariciantes por su antebrazo hasta llegar a su muñeca que se la tomó para alzar su mano. -Acepto la diversión mutua y... -Un sirviente paso con unas cuantas copas y Emhyr tomó una y se la dispuso en aquella mano alzada y se la soltó. -Nadie llamó mi atención hasta que usted llegó, aunque... Beba y disimule porque creo que también ha llamado la atención a "otros"; al parecer también intentan venderla como género. -Con sus ojos señalo a un grupo de hombre que hablaban y la señalaba, uno de ellos comenzó a caminar hacía ellos.-¿Quiere presentármelo o propone "huir" a otro lugar y "divertirnos" sin meter enaguas de por medio? Aunque todavía podría convencerse a lo largo de la noche, soy inofensivo hasta donde desee.-Emhyr se desabrocho otro botón del cuello, ya iban dos, y le ofreció el brazo.





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Vie Mayo 06, 2016 12:55 pm

Si hacemos un trato…
Bienvenido al infierno.


Esa voz. Esa voz masculina la reconocería entre un millón, su toque descarado y divertido, provocador y tentador al mismo tiempo. Y es que ese hombre, al menos lo que conocía de él, le recordaba demasiado a sí misma. Sus orbes azules, se clavaron en aquella oscura mirada. ¡Cuán descarado era aquel maldito hombre! Capaz de mantener y devolverle la mirada, desafiante, sin achantarse. Ambos se habían descubierto, no tenían que fingir, ser quiénes eran realmente y eso en cierto modo, ayudaba en un ambiente como aquel.

-¡Vaya! Si es el niño soldado -su media sonrisa se mantuvo hasta que la palabra “apuesta” apareció en escena. Típico de aquel hombre, apuestas sin sentidos que seguro y obviamente tenían que ver con faldas. Un suspiro sonoro salió de sus labios, seguido de un murmuro que él no llegó a oír, una palabra malsonante. -Claro, ¿cómo iban a ganarle en su propio terreno? Qué caballeroso, permitiendo a su amigo ganar la apuesta…¡no esperaba menos de usted! -la ironía brillaba por sí misma al igual que aquellas orbes azules como el mismo cielo, fijas en él, esperando cualquier cosa de su parte y es que él, era capaz de sorprenderla.

- Y estoy de acuerdo, lo fácil aburre…demasiado, necesita otra cosa, alguien diferente…que le dé acción, le aleje y le acerque al mismo tiempo, le haga sufrir y tocar el cielo para volver a llevarle al infierno…-rió entre dientes, apartando la mirada del caballero por unos segundos, los suficientes para que él aprovechase y se acercase…demasiado.

Se tomó su tiempo en volver la mirada hacia su ahora acompañante ¿ella buscarle? Si se molestaba por ese comentario, le daría la razón así que tan solo, se encogió de hombros y aguantó aquella sonrisa divertida. Sonrisa que se congeló cuando sintió su tacto, su ceño se frunció y tiró un tanto para que la soltase, la razón de peso de que esos tipos se la estuviesen rifando le enfadó de tal manera que sus mejillas se tornaron a un tono rosado de lo más adorable , comparado con la fiereza de sus ojos azules…un contraste de lo más curioso, el que pudiese apreciar aquello lo vería de lo más intrigante.

-Maldición -masculló por lo bajo, si no aceptaba, aquella marabunta la acosaría hasta el final de la noche y los tiempos, lo que menos necesitaba en ese momento era montar un numerito, la señorita Gilbert estaba muy ensimismada con sus otras chicas… ya Abbey como imposible… no se equivocaba -De lo único que me ha convencido es de huir de aquí, no va a convencerme de otra cosa… y… no vuelva a hacer eso que hace-lo señaló con la mirada y al agarre de su muñeca. No pensó demasiado, se bebió el contenido de la copa de golpe y fue ella quien del brazo, lo arrastró por la pista del baile, pasando aposta por entre aquellos hombres quien atónitos.

-Antes de que diga nada… camine más aprisa -lo más alejado de aquel grupo era el balcón próximo al salón. Empañado como las rosadas mejillas de la joven, la respiración un tanto acelerada, le impedía manifestarse y reaccionar. Siempre huyendo, saltándose las reglas pues no podía desaparecer del punto de visión de aquella mujer que apenas le dejaba respirar. -Justo lo que pretendíamos ¿cierto? Quedarnos a solas -sonrió de medio lado, buscando una vez más sus ojos y sonreír coqueta, algo tramaba y lo poco que él la conocía pudo intuirlo.

Peligrosamente, se acercó a él, despacio…como una pantera dispuesta a saltar sobre su presa. Antes de que tan siquiera pudiese reaccionar, ni pedir permiso, abrochó el último botón que él mismo se había desabrochado. No pidió permiso, tampoco es que le importase demasiado.

-Hágame un favor y no permita que me arrepienta de haberlo elegido como compañero de aventuras por esta noche -sonrió, deslizando la mano por su traje y apartarse seguidamente de una risa, esa mujer siempre jugando con fuego y sí, le encantaba quemarse -¿Qué es de su vida señor Van Emreis? Después de la última fiesta, recé para no volvérmelo a encontrar y tengo mis razones, coqueteó con todas mis hermanas… y de todas consiguió algo menos de una -y sus orbes, volvieron a clavarse a él… no, no se había olvidado de “aquella última vez “- ¿Llamé su atención? muy curioso… y sé de qué manera la llamé… tranquilo, de momento estaré en son de paz…hasta me doy el capricho de decir que me a hasta agradado su encuentro -rió por lo bajo, a saber si era verdad lo que acababa de confesarle….



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Miér Mayo 11, 2016 7:46 am

Arrastrando casi por el brazo, sin querer había encontrado "algo" que hacía huir con ganas a la joven.

Apartados ya del mundo llegaron a aquel balcón, "Típico", pensó recordando todos aquellos rincones que usualmente una una pareja podía utilizar para "desaparecer" un evento como tal: jardines, terrazas, cocinas... las más habituales, y aunque fuese increíble y por experiencia, Emhyr podía decir que el menos usual y extraño era terminar en un cómodo dormitorio, que no lo descartaba, pero contando la veces, era lo extraño.

-Eso creo. -Dijo ante su afirmación de quedarse "a solas", sin estar muy seguro de sus intención con respecto a ella y ella con respecto a él. 

A lo mejor solo se hacía de rogar y era una insinuación tapada. Aquella tentativa cuando se acercó a él con aquel coqueteo, el turco contuvo la respiración un momento, para luego abrocharle el botón de la chaqueta, su tono de voz... ¡No! ¡No debía de ser eso! Seguro que jugaba con él, para luego no llegar a nada. Él sabía cuando ellas lo deseaban. 
Poco a poco empezaba a sentirse tentado en creer en cierto rumores, que sus compañeras afirmaban, y es decir, había comenzado a poner en duda que la manzana desease a los hombres. De todas maneras, fuese verdad o no, ¿por qué no divertirse y seguirle el juego?

-¿Esta coqueteando conmigo, señorita Appleby? ¿Tan pronto quiere pasar al tema de las "enaguas"? -Bromeo con voz tentativa, buscando ser descarado y con suerte sacarle los colores; aunque no la veía como una mujer fácilmente de encandilar con palabrería. -Le confiaré un secreto, mi verdadero apellido no es Van Emreys, como otras muchas cosas... Así que llámeme solo Emhyr y si me permite, por favor vamos a "tutearnos".

Tomó aire, y suspiró tirando del cuello de la chaqueta. Una de sus manos se deslizó por la chaqueta y con increíble habilidad desabrocho de una tirada aquellos innumerables botones del uniforme. Si en aquella época hubiesen existido las cremalleras, cualquiera pensaría que simplemente acaban de bajarse una sencillamente.

Por un instante pensó en lo incómodo que debía de ser ir a la batalla con ropas del estilo. Emhyr se quito la chaqueta militar roja, quedándose en una simple camisa blanca, de la cual, también se desabrocho los primeros botones, dejando algún que otro tatuaje asomado por su pecho de los muchos que marcaban su morena piel.

-Mejor así. -Afirmó. -Capto mi atención porque creo que no conseguí captar la suya, no sé porque será. Tal vez sea el color de mi piel, por experiencia a los británicos no les agrada, pero lo descarto... O tal vez sea verdad lo que dicen que ningún hombre capta su atención, porque nunca uno podía... Puede estar tranquila, si es así su secreto queda conmigo. -Ahí vino su insinuación con respecto a su orientación sexual. -O... es que tiene algún pretendiente y esta enamorada como una colegiala.





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Vie Mayo 13, 2016 2:13 pm

Cuando dos diablos…
Se encuentran cara a cara.



¿En qué momento había perdido toda la cordura que le quedaba? Huir era una de sus especialidades, no imaginó ni en un millón de años que su acompañante de esa noche fuese especialmente: él. Conociéndole, lo que lo conocía, se haría ideas extrañas en su cabeza azabache. ¿Creería de verdad que estaba interesada en él y no en otro de los asistentes de la fiesta? De momento, llevarle hasta allí fue un claro ejemplo de ello pero la realidad, era otra muy distinta…diferente, como ella misma.

-¿Está insinuando que desee coquetear con usted? ¿Y si lo hiciera? -sonrió de medio lado, enarcando su ceja derecha, con un par de pasos hacia él…quedó lo suficientemente cerca, saltándose los límites del decoro pero ahí de los dos ¿quién las cumplía a rajatabla? Ninguno. Aún así, aquellas orbes azules, brillaban con cierto toque juguetón y picaro…en sí no admitió haber coqueteado y sin embargo, volvía a la carga - La señorita Gilbert estaba mirando, se aseguraba que no le había tirado por el balcón pero quién sabe si eso termine ocurriendo a lo largo de esta velada -rió bajando la mirada un instante, la risa traviesa de la joven mezclada con la melodía de fondo , sonaba como una pieza perfecta.

Se separó notablemente al comprobar que se comenzaba a quitar la ropa, un “¿qué diablos está haciendo?” se le escapó de los labios, apenas fue un murmuro que él pudo oír. ¿Podía ser más descarado? Hasta ahora, nunca se encontró con un hombre tan descarado como aquel moreno. Sus orbes, se desviaron de su oscura mirada a aquellos dibujos que marcaban su piel. ¿Cómo era posible? Una cosa más que llamaba su atención y de la que no se privó en descubrir. Su diestra, la acercó al cuello de su camisa y separó la prenda de ropa de la piel ajena para poder descubrir al menos una parte de aquella historia contada con tinta en su tostada piel.

-¿Qué es esto? -susurró deslizando el índice y dibujar con éste el recorrido del tatuaje de su cuello, como una niña curiosa que acaba de descubrir algo fascinante y cierto que así era -No se equivoca, no ha captado mi atención…hasta ahora -sonrió divertida, sin dejar de mirar aquel tatuaje -Por sus dibujos no por otra cosa. -se echó a reír porque si no había entendido mal, ahora le tachaba de que le gustaban las mujeres, risa que se detuvo cuando insinuó que estaba enamorada -Sé que mi secreto está guardado contigo, déjeme tutearle. Pero… se equivocaba, en lo de mi condición… y no, no pienso admitir eso de que me gustan los hombres…mierda, acabo de hacerlo -se echó a reír de nuevo, apoyando la mano en su cuello y buscar su mirada un instante, de manera diferente…pues estaba confusa y perdida .

-El amor nos hace vulnerables, débiles… ¿por qué crees que tengo esa enfermedad? No puede catalogarse de otra cosa, ¿Es que tú lo estás, Ehmryr? O…lo estás empezando a sentir…vaya, curioso -sonrió de medio lado, apartando su mano y dejando caer su cuerpo para apoyarlo en el borde del balcón sin dejar de mirarlo con su mirada curiosa -Poca gente me soporta, disfrute de mi compañía y todos esos, -señaló hacia el ventanal donde el grupo de hombres seguían al acecho -Creen que pueden intentar lograr un reto y caiga rendida a sus pies. En esta sociedad solo soy “un reto para el hombre más valiente” y tras estos muros… sé que soy algo más que eso ¿también me ves como un reto? No te lo pondré fácil… no suspiro por imaginarme que me rodees entre tus morenos y fuertes brazos , me susurres un “eres preciosa, Abbey”, …no te creería y tendrás que hablarme muy seriamente de los dibujos de tu piel … eres un sinvergüenza y yo también, esto va a ser divertido -esa mujer no iba a poner las cosas fáciles, tampoco afirmó que estuviese enamorada pero ¿cómo hacerlo si no tenía idea de lo que era el amor?





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Sáb Mayo 14, 2016 8:30 am

-No insinuó que coquetee conmigo, lo parece. -Afirmó sin moverse ni un milímetro, dejándola acercarse. ¿Quién ahora encandilaba a quién? -¿Lo esta haciendo entonces? -Pregunto. -Y no se preocupe por su querida señorita Gilbert, podría decirle un par de cosas sobre ella. -Como siempre Emhyr tenía oídos por todos lados, solo le había hecho falta un par de eventos para enterarse de los entresijos de algunas personas que allí asistían.

Asombrada la notó por el hecho de que a él no le importase para nada desprenderse de sus ropas. ¡Poco lo conocía! Pero más se vio en esa actitud al descubrir las marcar que su cuerpo cubría, con miles de historias firmadas bajo aquella tinta.
Por un momento Emhyr intentó ignorar sus palabras con respectos a los tatuajes, no iba a contestarle enseguida, prefería dejarlo para después y solo si era necesario. Había cosas que eran muy personales y privadas para él.

Una sonrisa divertida ante el modo con el que jugaba ella las palabras, pronto había afirmado que le gustaban los hombres en un aparentemente inocente despiste. Había rectificado los rumores, coqueteaba con él, y a la vez. ¿Le pareció insinuante? Era un tanto confuso, pero le gustaba aquella actitud de tira y afloja con él. Un reto, si.

-No sé de que me esta hablando... -Una sonrisa incomoda, por un momento sus ojos se desviaron, solo fue una milésima de segundo, pero hubo duda. 

El recuerdo de Kala removía su interior en contradicción, solo había pasado una semana desde que aquel accidente con sus perseguidores le había llevado a tomar una decisión, por poco la perdía y eso le dio miedo. ¿Acaso era cierto que se había enamorado o estaba en ello? Ni idea, no había nunca salido del terreno del amor fraternal o de una madre. Su condición en un pasado remoto de celibato, no le había hecho ni pensar en las mujeres como objeto de deseo, más eso solo se había creado en el transcursos de sus viajes y huida eterna por aquellos continentes. 
Con respecto a Kala, había decidido marcharse sin despedirse, hasta que no estuviese seguro y hubiese "cambiado", no volver a verla. Emhyr nunca juraba en vano.

La mano de Abbey se había situado en su piel , dejando tras de sí un agradable cosquilleo. Estuvo tentado de tomársela, pero solo la siguió con la mirada su caída a la balaustrada.

Emhyr avanzó hacía ella, quedando muy próximo. Era un poco más alto que ella, y por ello se vio obligado a agachar su rostro con aquellos ojos castaños mirando directamente a las orbes claras.

-De algún modo todos somos un reto, "lady manzana". -Su voz ahora era suave, apenas un ronroneo, un murmullo. Su mano marcada por las cicatrices de tempranos castigos y curtidas por duros trabajos, se atrevió a rozar uno de sus mechones rubios, que cerca de la mejilla caían. -No creo que "seas" capaz de caer rendida a los pies de ningún hombre... -Más se acercaba, casi parecía hablarle al oído. -... En cambio, creo que eres capaz... -Esta vez su murmullos fue dirigido sobre los labios de ella. -... Hacer caer a tus pies a muchos hombres. Hombres de los que podría incluirme a mí mismo...

Cercano el rostro al de ella, mirada brillante, cálida e insinuante. No se retiro, más segundo pasaron. Hubo un leve ademán de aproximación, donde podría haber rozado sus labios sin querer, pero todo quedo en el aire cuando se alejo de nuevo.

Ahora esta vez tomo la mano de ella, y se abrió el cuello de la camisa para dejar que las yemas de sus dedos rozaran las marcas. Hubo por un momento un contraste el color de ambas pieles. 

-En árabe, griego, sánscrito, francés... -Fue guiando aquellos dedos ajenos dibujando palabras. -Son marcas, de mis viajes, son enseñanzas que no debo de olvidar... -Ahora hablaba en susurros, palabras dedicadas solo a ellas, como si estuviese confiándole un secreto. -"Mientras el sediento busca el agua, el agua esta buscando también al sediento" -Cito las palabras que tocaba, luego paso el roce de sus dedos desde su clavícula al corazón. -Éste es importante, "La herida es el lugar por donde entra la luz en tí" -Soltó su mano, dejándola sobre su cálida piel marcada no solo por los tatuajes sino por cicatrices de armas blancas y otras variables. Luego se remango la camisa mostrando su brazo, lleno de la misma palabra en distintos idiomas y que en conjunto creaba hermosos dibujos. -"Maktub", en distintas lenguas, creo que este podrás entenderlo. -Señalo con su dedo aquel que ponía "It was written". Clara señal de que había visitado alguna parte de la isla, y que hablaba también su idioma. 

Antes de que ella pudiese contestar algo, él inclino su rostro y, decidido impacto sus labios con los de ella en beso, primero fue una suave caricia para luego tornarse en una apasionada exposición. Se atrevió incluso a rodearla con sus brazos y apretar su cuerpo contra el suyo.

Su aliento era fresco, señal de la salvia que habitualmente fumaba. Sabiendo que no iba aprovechar mucho más bebio de los labios ajenos todo lo que pudo, y realmente si hubiese podido, hubiese bebido más de ella.

Retiró sus labios y antes de pegar casi un salto hacia atrás para alejarse, le sonrió divertido y satisfecho mirándole directamente a los ojos. Ahora esperaba toda la furia del mundo venido de aquella mujer.

-Dudas disipadas. -Dijo con el corazón acelerado y algo jadeante, apenas había tomado aliento cuando le robo a ella el suyo. -Te gustan los hombres, y ahora tienes todo el derecho si lo deseas de gritar para que vengan uno de esos bravucones que tanto interés tienes en ti a socorrerte cual dama. Aunque sería una decepción para mí que hicieses algo parecido... Una mujer como tu dependiendo de hombres como eso... Si, decepcionante sería.





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Dom Mayo 15, 2016 4:21 pm

Hay almas a las que uno quiere asomarse,
Como una ventana llena de sol.



Las orbes azules de la joven Appleby, se clavaron en las ajenas, desafiantes. No sólo insinuó que coqueteó con él si no que seguía creyendo que así era.  La gracia natural de la rubia, brillaba a cada segundo como si en efecto, se tratase de un coqueteo mutuo cuando Abbey, simplemente era así de directa, sin complicaciones, sin trampa ni cartón. La vida de la que fue desde que tenía uso de razón, su institutriz…le traía sin cuidado, solo quería contentarla con apreciar aquel “acercamiento” con el joven soldado y nada más.

No esperó la reacción del soldado al devolverle aquel tema, tan incómodo para ambos en el mismo grado de advertencia y alerta. Ese tema en especial, uno tabú y del que desconocía tantas cosas. Entrecerró los ojos al apreciar cómo desvió la mirada, fue un simple segundo pero el suficiente como para corroborar que alguien ocupaba sus pensamientos, lo torturaba lo suficiente para que dudase. Dicha reacción, le recordó a sí misma, intentando evadir el tema cuando imposible no pensar en ello el tiempo suficiente para condenarse ¿lo había hecho? ¿y él? no hizo falta preguntarlo en voz alta, su mirada acababa de hacerlo…creando una incertidumbre mutua pues ¿quién acaparaba la mente de ambos?

-Todos podemos ser un reto, para mí…solo puede haber un ganador y nunca pierdo -mantenía la mirada fija en él, observándole en silencio, cada gesto tanto de su cuerpo como de su rostro. Entrecerró los ojos, empezaba a estar muy cerca, más incluso de lo que ella se había acercado. -Comienzas a estar muy cerca, demasiado… -murmuró como él, a pocas personas les había dejado acercarse tanto, solo a una. No temía ni el acercamiento ni lo que se atreviese a hacer, seguía desafiándole, como si acabasen de empezar una batalla y estuviesen en igualdad de condiciones.

Su mirada, se centró en los tatuajes a medida que le explicaba todos y cada uno de ellos. Muy curiosa, giró el rostro, sonriendo de medio lado al contraste de su piel nívea con la ajena, tostada y brillante, adornada con esos dibujos de lo más fascinantes. Una sonrisa cómplice, junto con una mirada, fue la respuesta a aquella exposición de lo más entretenida. Empezaba a conocer puntos de aquel hombre que desconocía y sin duda, le daba pie a preguntarse más sobre él. Pocas personas le causaban curiosidad, le desconcertaban y él, podía decirse que era una de ellas.

Más desconcertante fue aquel ataque que no previó. Aún acariciaba las palabras marcadas en el idioma anglosajón cuando, aquella presión cálida y envolvente, la atrapó sin tan siquiera poder mediar palabra. Mantuvo los ojos cerrados hasta que se dio cuenta que aquel beso se diferenciaba de uno muy diferente, no era Ezequiel. Por ello, abrió los ojos  encontrándose con el moreno rostro, quemándole la piel…los labios.La mano que acariciaba su tatuaje, se cerró en un lateral de su cuello, apretándolo con cierta fuerza, ejerciendo presión y la otra, sobre su pecho. Intentó apartarlo de aquella manera pero él, era mucho más fuerte. aquel abrazo, no se pareció a ninguno de los que había experimentado y eso…le asustó, tanto que antes de que se retirase, le mordió el labio inferior con la suficiente fuerza como para hacerle una pequeña brecha en él.

Le mordió con tanta rabia que indudablemente, algunas gotas de sangre ajena, adornaban los apetitosos labios de la joven, tan rojos como una de sus adoradas manzanas. Su dedo índice,  lo señaló de forma acusadora. Su semblante, había cambiado a uno muy diferente, antes curioso… ahora confundido y furioso. No comprendía muchas cosas, dudaba que él pudiese disiparle las dudas que había generado en su cabeza, como también de algunas de las que se dio cuenta. La realidad no era otra que esa, le costase admitirlo o no.

“Ezequiel”…

Susurró su nombre mentalmente, buscándole con la mirada, justo como  el brujo había hecho hacía escasos minutos al recordar a aquella mujer. Sus mejillas, se tornaron tan rosadas …más pareciéndose al color de sus labios, rojos como la sangre…y fue la sangre del brujo, la que se atrevió a lamer de su labio superior, un claro aviso de que no volviese a hacerlo, menos se acercase con claras intenciones.

-No necesito la ayuda de ninguno de esos, ni de nadie para defenderme solita. -la misma rabia contenida, la impulsó a acercarse a él en un par de zancadas, las suficientes para tenerlo cara a cara y obligarle a dar otro par de pasos hacia atrás. Apoyó la espalda del moreno en el ventanal , sin importarle si alguien los estuviese viendo o no. Esas orbes turquesas, ardían de rabia, de impotencia y algo más que seguramente, él no esperaba: confusión.

Apoyó el antebrazo sobre su pecho, su respiración se le entrecortó por el esfuerzo, las emociones ¿en qué momento todo había dado un giro tan radical? Siseó para que no se le ocurriese moverse, dijese nada.

-No vuelvas a repetir eso, nunca, jamás ¿me oyes? ¿Has disipado tus dudas, cierto? Por eso lo has hecho, me has usado de cebo -una risa irónica se le escapó de los labios, no se lo pensó demasiado, la mano libre impactó contra una de sus mejillas, un sonoro golpe que vino acompañado de algo más. Ambas manos, le tomaron de la ropa, acercándole de nuevo a ella, no estaba coqueteando, ni devolviéndole el beso, lo volvía a retar… -Si quieres reírte de alguien, dentro hay incontables señoritas que estarían dispuestas. No, no podría caer ante los pies de nadie, no de cualquiera…

En ese mismo momento, se dio cuenta de algo que iba a condenarla para siempre. El cambiante no se le quitaba de la cabeza, alguien a quien no sabía si podía volver a ver. Sus orbes brillaron con intensidad, mezclándose con la tenue luz que apenas le reflejaban.

-Si sabes lo que te conviene, no te acerques a mí. No de esa manera… todo lo que toco lo quemo, desaparece, no estés en la lista.-lo advertía, una advertencia que… ¿le costaría caro o alimentar la curiosidad de aquel hombre?



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Jue Mayo 19, 2016 6:11 pm

Al principio parecía que ella se dejaba hacer, debía de ser por la sorpresa llevada, por no esperarse aquello y tal vez había tardado en reaccionar, pero pronto vino lo que le pareció su repulsa cuando sus manos forzaron por separarle y... 
¡Auch! ¿Acaba de morderle? Emhyr al apartarse unos pasos no pudo evitar sonreír ante aquel acto "salvaje" de defensa, por un momento pensó que tenía ande él una especie de fiera indomable.

Ni se tocó el labio, simplemente se lo automordió notando el sabor ferrero de la sangre, para luego sentir la mano de ella impactar en su rostro, el cual sintió enrojecer y arder. Nada que no se pasara en unos segundos. 

-Eso si me lo esperaba. -Le afirmó ante ello, y sin quererlo la miró con reto cuando ella le empujo. Sus ojos castaños le estaba desafiando a que se atreviese a golpearle más. ¡Qué mas le daba! Ella estaba furiosa, pues que fogase con él.

"Eso si que no me lo esperaba" Ya pensó para sí mismo, al escuchar sus palabras. El turco había emitido en ciertos aspectos un prejuicio poco acertado. 

Su seguridad, aquel coqueteo que no supo si era innato, sus advertencias. Le pareció de una mujer madura y con plena experiencia en el terreno de los hombres, a pesar de que fuese demasiado joven en la vida. Pero no, descubrió algo muy contrario, aquel simple acto la había desarmado por completo, descolocado de aquella coraza de seguridad y creándole una gran confusión. 

De repente Emhyr solo pudo ver a una niña dolida y llena de dudas, pudo ver aquella inocencia con respecto a ese terreno que él conocía demasiado bien. Sin quererlo y era posible, había quebrado algo en el interior de aquellos ojos cielo.

-¿Cebo? ¿Reírme de ti? -Los labios del otomano se curvaron en un gesto irónico, y tomando sus manos, cambio las tornas empujándola hacia donde ella antes lo había hecho, esta vez siendo él quien la atrapaba.

Gesto dolorido, y mano que se vino pronto al costado. Una mancha oscura decisión corromper su camisa blanca. Se había abierto aquella herida que le había quedado de su sacrificio para salvar a Kala.

Pronto ignoro, el desagravio, y poso una de sus manos sobre el pecho de Abbey presionando para que no se moviese de donde estuviese. Para tener una constitución poco robusta, las manos de Emhyr tenía fuerza.

-¿Para qué me sirve reírme de una niña como tú? ¿Dímelo? Porque creo que acabas de decir una tremenda necedad. -Le hablaba con mucha seriedad, su tono de voz imponía autoridad, y no se había rasgo de que perdiese el temple. Es más le ofendió aquella afirmación. -¿Para qué le sirve a una persona como yo humillar a otra? ¿Me dará de comer? ¿Me hará sentirme bien mejor que al resto? Muy contrario. Si es lo que estas acostumbrada a ver en las personas de ahí dentro, yo te daría un consejo. Aléjate pronto de éste mundo emponzoñado que pueda que ni te merezca.

Un pequeño empujón en el pecho ajeno, y Emhyr retiró la mano que le impedía que ella se moviese. Unos pasos alejándose, por un momento le dio la espalda y se apretó la herida con disimulo, luego volvió a estar frente a ella.

-Maldita sea, llora ya si te apetece, no te voy a ver más débil por unas simples lágrimas, ni es malo. -Se quejo al ver sus ojos brillante, sabía que se estaba conteniendo. -Solo ha sido un beso Abbey, un gusto ¿qué es lo que tanto te asusta? Te voy a disipar una duda. Ni tú estas enamorada de mí ni yo de ti, así que no tienes porque preocuparte de nada. Y tranquila no voy a robarte la virginidad a la fuerza ni nada parecido, aunque no te negaría que me metería en tus enaguas si me dieses el permiso. -Bromeó con aquel descaro. -No te arrepentirías para nada, te lo juro. -Le guiño un ojo. -¡Ah y con respecto a esa advertencia! -Ahora si se había vuelto a acercar demasiado, y su voz se modulo a ese tono que lo hacía tan apetecible. -Me arriesgaré, así que prepárate... Tendrás que "abrasarme".





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Dom Mayo 22, 2016 1:35 pm

“El más terrible de los sentimientos,
Es el sentimiento de tener la
Esperanza perdida” García Lorca.



Jamás nadie le había retado de la misma forma que aquellas orbes castañas como un grano de café e igual de intenso y amargo, dulce al final. Como ese beso inesperado. Sus orbes azules, incapaces de observar otra cosa que las ajenas, la seguía retando…¡maldito fuese!. Lo que creyeron un juego de palabras, de gestos y aproximación, les llevó justo en aquel punto en donde ambos sí que se miraron fijamente a los ojos por primera vez desde que se conocieron ¿qué fueron las otras miradas entonces? Un juego que acabó en el mismo segundo en el que la espalda de la joven Appleby impactó en el ventanal, donde minutos antes… ella hizo lo mismo con él.

Se removió cuando sintió la presión de la mano ajena en su pecho. La calidez que emitía le resultaba tan familiar como desconocida al mismo tiempo ¿por qué?. Frunció el ceño, la autoridad con la que sus palabras sonaron y apreciar aquella mancha borgoña en el pecho del brujo, le erizó la piel. Cerró un solo segundo los ojos, ¿por qué le enseñaba la herida? La expresión de aquella mirada oscura como la noche, le acababa de mostrar que había cosas más importantes que el hecho de “pasar el tiempo riéndose de alguien ajeno”. Hubo un tiempo en que su pasatiempo no era otro que ese, disfrazando sus verdaderos temores, intentando ser alguien que jamás podría llegar a ser…alguien como alguno de los invitados a la fiesta, pertenecer a ese mundo por el que tan poca estima tenía.

“Aléjate pronto de éste mundo emponzoñado que pueda que ni te merezca.”

Ojalá no hubiese dicho aquella frase, ni le hubiese mirado ni hablado de aquella forma y tampoco besado. La frase no podía acertar mejor su estado, reflejaba el temor de Abbey. Ilusa, pensó que él era igual que todos esos cuando increíblemente, se parecía más a ella misma de lo que hubiese podido imaginar. Cuando tragó saliva, se tragó su orgullo por un instante, pareciendo inofensiva, inocente , gritando en silencio de alguna forma que la ayudase, la amparase pero sabían que no se lo pediría jamás con palabras.

-Llorar no sirve de nada. No me va a alejar de ese mundo, tampoco me va a devolver nada en lo que creí y aposté en algún momento. -rió irónicamente, apartándose algún mechón de cabello rubio. Su mirada azul como el mismo océano, se clavó en su espalda, si él supiese cuanto odiaba que le diesen la espalda y menos en ese momento y una vez más, volvió a sorprenderla cuando no solo se volvió cara a cara, si no se aproximó…volvía a estar muy cerca pero esta vez, no dijo nada al respecto, solo buscó su mirada y se perdió en ella un instante, infundiéndole algo mucho más interesante que el temor o el miedo o la confusión… esperanza.

-No tenemos nada que perder pero en tu cabeza tienes alguien, alguien por la que te has arriesgado…tu herida. Velas por ella, te preocupas por su bienestar aunque el tuyo peligre pero sigues ahí y... es lo mismo por mi parte solo que yo no sé, si volveré a verle. -por un instante, sus ojos azules centellearon por el más absoluto desamparo -Solo te pido que no me prometas nada, no si no vas a cumplirlo. Sigo encerrada en mi jaula de oro, alguien me dijo una vez… que cerraría la maldita jaula y tiraría la llave para siempre pero…sigue abierta. No voy a dejar que nadie más vuelva a prometerme nada.  Sigo en este mundo en el que soy una manzana podrida, todos esperan que de una vez me decida por alguno de esos babosos que ahora nos espían de una forma muy poco disimulada. -se encogió de hombros, quizás no tuvo que decir todo eso pero era el momento indicado, sincera aunque pareciese una damisela débil en un mundo en donde era una marioneta entre las manos de su familia.

-¿Piensas acaso que tú sí que te arrepentirías en el caso de que pasase algo entre ambos? -enarcó ambas cejas, inclinándose hacia su rostro, ambas frentes entraron en contacto, sus respiraciones se entremezclaron…podía notar aún en sus labios la salvia a la que sabían los labios del brujo y allí estaban una vez más, retándose -Yo siempre me arriesgo, tenga o no que perder. Abrasarte dices… si lo haces una vez, no habrá vuelta atrás y dudo que seas tan estúpido para lanzarte al vacío sin saber si hay agua o no. Ehmryr, no. Lo que ocurra a partir de ahora, puede que lo cambie todo o puedes dejarlo tal como está, quizás es mejor así -sonrió de medio lado, mirándole fijamente a los ojos y ser ella quien tomase una de sus manos, apoyándola justo en donde se encontraba su corazón -Ahí está mi herida, es invisible ante los ojos de los demás pero no a los tuyos



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Jue Mayo 26, 2016 6:53 pm

-Llorar sirve de mucho, cuando se pueden verter lágrimas. -Para él de algún modo era difícil derramar lágrimas, y en el mundo violento donde se había terminado criando creyendo que sus padres le habían castigado de algún modo cuando tenía solo 8 años y lo había enviado con los jenízaros, había derramado muchas, pero a esas alturas de la vida sentía que se les había secado.
 
Por un momento sintió su silencio, mientras sus ojos se cruzaron en una breve perdida. Ella continúo hablando y se acercaba de nuevo peligrosamente. ¿Iba a volver a golpearle? Su cuerpo se tensó, defensivo.
 
-No tengo a nadie. -Mintió, la existencia de Kala en su vida debía seguir oculta. ¿Mintió? A lo mejor era verdad, en su última carta le había invitado a que siguiese con su vida y no le esperase, a lo mejor ella ya le odiaba.  -No hay nadie, ni para perder ni para… Arriesgar. -Aquello hizo que agachase su mirada sin disimulo.
 
Estaba allí acompañando a Bryan, solo por el deseo de que él consiguiese algo para él. Por una conveniencia, y tal vez para aprovechar los pocos días que le quedaban.
 
 
-Yo me he desprendido de ciertas marcas con más facilidad que tú- Otra mentira, se hacía el fuerte. Kala le había agarrado fuerte el corazón -Te han marcado y ahora no era capaz de desprenderte de ello…
 
 
La luna llena se acercaba, y se iba a adentrar en una senda peligrosa que no le aseguraba el quedar impugne o con vida, había muchos contras: que el lobo lo matase, que tras la mordida o sobreviviese al cambio… Eso le producía un miedo tremendo. Y allí estaba, haciendo un poco uso del carpe diem, sintiendo sus días como los últimos, intentando aprovecharse de sensaciones que lo embriagase como la simple compañía y reto que aquella mujer le ofrecía, como el simple aroma de sus cabellos rubios ante su cercanía, o dejarse en cierto modo perder por los océanos de su mirada.
 
Regresando de lejanos pensamientos, sintiendo un escalofrío en su piel a recordar que las sombras lo envolvían. La frente que impacto suave sobre su sien le despertó de todo aquello.
Podía sentir su aliento sobre su rostro, el calor que su piel desprendía, Emhyr cerró los ojos un momento sintiendo aquel leve contacto con cierto gusto. Sinceramente la última vez que había estado con una mujer, había sido con Kala y de eso semanas.
 
Una mano al pecho ajeno, le hizo abrir sus ojos y sentir bajo la yema de los dedos, el latir del triste corazón.
 
-Soy así de estúpido, ya estoy cayendo en un abismo, las llamas ya me devoran y consumen mis huesos… Lo único que me desconcierta es si sobreviviré a la caída. -Susurro sin moverse apenas. -No tengo nada que perder repito, los cadáveres no tienen por qué. -Le sonrió, retiro su mano de su corazón, sus dedos acariciaron la mejilla de ella, y sus labios a riesgo de recibir otra vez otro golpe. - ¿No te vuelve a tentar? -Hubo pícara en sus ojos y tentación besarla.
 
De repente Emhyr carraspeo y dio un paso a tras separándose de Abbey, volviendo su rostro al ruidoso y lejano bullicio. Un joven caminaba hacia ellos.
 
-La Señorita Gilbert está preocupada por su presencia, le pide que acuda junto a ella lo más pronto posible. -Al parecer llevaba rato observándoles antes de acercarse con aquel tiento, miró a Abbey por un momento, había querido acercarse a ella, pero aquel “moreno” se la había llevado antes de tiempo. Mala mirada le dirigió a Emhyr.
 
-Puedes largarte. -Le dijo el turco, una leve transformación en su mirada seria, pero a la vez afilada, habría frialdad en su actitud.
 
- ¿Cómo has dicho “indio”? -Le pregunto el muchacho estupefacto.
 
-Molestas, lárgate. -Dio un paso al frente con aquella mirada que enfundaba cierto temor. -Dile a la Señorita Gilbert que puede estar tranquila.
 
El muchacho ni respondió, más bien hizo caso, y volviéndose se largó, no sin antes soltar alguna blasfemia e insulto al color de la piel de Emhyr por lo bajini.
 
Emhyr cuando lo vio desaparecer, tomó la mano de Abbey e intento llevársela a un rincón un tanto más oculto de aquella terraza donde no pudiese esta vez observarles.
 
-No soy indio, soy otomano. -Dijo ofendido, mientras pegaba su espalda a una pared y se sentaba en el suelo, con un ademán invito a Abbey a que lo imitase y dejase a un lado los modales de una señorita y le siguiese, aunque observando su vestido no estaba seguro si ella sería capaz de moverse para hacer tal gesto. -Ni tampoco soldado inglés, más quisieran ellos que estuviese en su ejército…
 
Andando en uno de sus bolsillos saco una pipa, y la encendió. Ahí estaba ese olor fresco y agradable al gusto, ese que había dejado en los labios ajenos. Emhyr odiaba el tabaco, pero la salvia, y sus propiedades curativas, más otra más mezcla más extraña pero fácil de encontrar en aquel París ahí estaba.
 


-Entonces y siguiendo con lo anterior me habías dicho que “ese corsé comenzaba a incomodarte y que no te importaría que te ayudase a desprenderte de él” -Tomó de la pipa y con lentitud exhalo el humo que en la oscuridad dibujaba formas, luego se la ofreció. -Prueba un poco, puede que te guste… ¡Pero cuidado! Que no te vea la señoria Gilbert, las damas no deben de fumar… -Bromeo. 





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Vie Mayo 27, 2016 5:40 pm

El que quiere arañar la luna,
Se arañará el corazón.


Mentía. Y él quería creer y sumergirse en cada palabra, convenciéndose de que el recuerdo y la presencia de esa persona, se borrase de su alma. Curioso e intrigante, verle convencerse a sí mismo de aquella locura que le nublaba la razón en determinados instantes. Mostraba esa cara oculta de la cual estaba seguro que pocos habían tenido el gusto de conocer. Sus palabras, le sonaron tan familiares, como si ella misma las hubiese pronunciado. ¿Había alguien? Hacía mucho de su ausencia y como bien confesó , no sabía a ciencia cierta si lograría volver a verle ¿qué fueron y qué serían en realidad? No tenía respuesta para ello.

Sus orbes azules, lo estudiaban en silencio. Muy pocas personas le intrigaban y él, comenzaba a ser una de ellas. Sonrió de medio lado , negando con la cabeza porque seguía sin creerle. La sensación de vértigo era compartida, lo vio reflejado en aquellos orbes oscuros, vislumbró temor e inseguridad. Y el simple hecho, de estar ahí, compartiendo algo mucho más que un simple sorbo de aire fresco les llevo a saltar juntos por aquel precipicio…valientes sin importarles otra cosa que arriesgarse pese a que se negasen a ello. ¿Qué podían perder? Inclinó un tanto la cabeza, logrando que aquella caricia de la mano ajena se intensificase. Fueron los jugosos labios carmesí, como una de esas manzanas rojas como la sangre, quien se atrevió a acariciar los dedos ajeno, sin perder ni un ápice su mirada. Sonrió cómplice, respondiendo a si seguía tentada a besarle ¿su respuesta?, un mordisco en el dedo índice antes de que se apartase.

Curioso que estuviese tan silenciosa, los pasos que alertaron a ambos de que alguien irrumpía en el lugar, no le bastó para apartar sus ojos azules de la silueta masculina. La mirada no fue devuelta hacia aquel molesto abejorro, ¿la señorita Gilbert la reclamaba? . Una risa, se le escapó cuando le dijo sin tapujos que se largase, risa que se detuvo cuando oyó la palabra “indio”. Odiaba las manías de etiquetar a las personas, cualquier otra dama se hubiese quedado callada pero ella no. Un par de zancadas le bastó para acercarse aquel joven y mirarle intensamente, alzando la barbilla , mostrando su orgullo…su sola presencia imponía más que cualquier hombre de la fiesta.

-Vuelve a faltar el respeto y terminarás sin tu cosita para el resto de tu vida. No sé si me has entendido. La señorita Gilbert se puede ir al infierno con toda su tropa. No vuelvas a molestar, no se te ha perdido nada aquí y la próxima vez, creéme, querrás haberte quedado ahí dentro hablando con tus compañeros de batallas ¿qué les vas a contar ahora? ¡Que desfachatez! La señorita Appleby prefiere la compañía de un “indio” como lo llamas antes de tan siquiera mirarte por cortesía -su manía de escupir sobre los pies de aquel que consideraba amenaza. El carácter que se gastaba aquella joven dejaba mucho que desear, diferenciándola con creces de todas aquellas mujeres que se encontraban en la fiesta.

-Sí, el corsé me está poniendo de los nervios, tira del maldito lazo ese -tomó asiento a su lado , incorporándose hacia delante para que al menos pudiese respirar tranquila sin tanto adorno. Cerró los ojos, disfrutando de la sensación de libertad. No miró mucho por si se manchaba el vestido, estaba deseando sentarse. Desde allí, podía apreciarse los ventanales de la fiesta. El olor que desprendió aquella pipa, captó toda su atención, observándole en silencio…y reír por aquel tópico del que por supuesto no estaba en absoluto de acuerdo. -Las damas no deben fumar, cierto pero ¿Desde cuándo soy una dama? Trae para acá esa pipa…otomano-enarcó una ceja, esperando a que le pasase la pipa. Los ojos de la joven Appleby centellearon por ese agradable momento tan distinto al que se respiraba en la fiesta.

Apoyó la pipa en el labio inferior y exhaló, despacio y sin prisa, degustando el tabaco y aquel sabor que reconoció al instante, a cómo sabía aquel maldito hombre que la empujaba a saltarse las reglas, sin esconderse, ser ella misma en estado puro. Cerró los ojos, perdiéndose en su sabor, como si disfrutase de un beso más íntimo con aquella pipa, rió por sus propios pensamientos.

-Muy rico. ¿Esperabas que tosiese como una condenada? Le robé puros al señor Milles, tampoco sabe donde está su tabaco…siempre soy quien lo acaba terminando. Cuido en que no me pillen, como lo hagan… tres meses de castigo sin ver la luz del sol. Siempre me arriesgo… -murmuró, citándolo como si le estuviese contando el más íntimo de los secretos -Uhhhhhh eso sube. Mucho. Y…y ¿sabes? puede llamarte indio o lo que le dé la gana, la envidia es muy mala. A mí me gusta que seas así, así de ya sabes -parpadeó haciendo gestos con las manos, señalando la piel de su cuello. -Dame otro poco y…puede que no te odie tanto después de todo ¿no pensabas que iba a decirte que te daría lo que fuera por una calada? -enarcó una ceja, riendo por lo bajo, exhalando de nuevo y echar el humo despacio…ella sí que sabía. Carraspeó para intentar imitar al propio Emhyr, le había hecho tanta gracia… -No soy indio, soy otomano -buscó su mirada, muy seria para segundos después romper a reír sonoramente…la salvia y demás con sus efectos. -¡Oh! La señorita Gilbert me va a pillar…¡qué descaro! -

El ruido del bullicio volvió a intensificarse, lo que hizo que Abbey se quedase callada por unos segundos. Si los veían allí sentados y fumando… no iba a estar encerrada durante tres meses, la exportarían a su casa materna o…mucho peor. Su reacción no fue otra que incorporarse de rodillas en el suelo y sentarse sobre el regazo de su acompañante. Siseó, la muy descarada tapándole la boca y no se le ocurriese echar el humo que acababa de inhalar. La señorita Gilbert, la buscaba con la mirada y ella intentaba aguantar la risa incontrolada. No se percató de que había traspasado más que los límites del decoro, los estaba salvando de la regañina… de las malas lenguas y sus cotilleos al día siguiente.

-Abbey Lynn Appleby, sé que estás por aquí. Vuelve, ahora mismo. ¡Abbey!-la joven se echó a reír por lo bajo, ocultando su rostro, apoyando de nuevo la frente en la de él, mirándole fijamente con aquella divertida mirada cómplice, dos niños que acababan de realizar la peor de las trastadas . Silencio. Conocía a esa mujer, estaba oscuro y temía a la oscuridad…desistiría y rezaba porque se fuese.

El ventanal volvió a cerrarse y Abbey, rompió a reír apartando la mano de los labios de Ehmryr. Sentada en su regazo, cara a cara, una situación un tanto embarazosa pero en este caso… no lo parecía al menos por parte de ella. se recuperó de su momento de diversión y buscó su mirada, un tanto ida como la propia a causa de aquella extraña sustancia.

-Veo dos otomanos…¿tienes un hermano? -volvió a romper a reír, acercándose, siseando, apoyando el dedo índice sobre los labios ajenos… sin ser consciente de que…era peligroso, mucho y más con aquella especie de…declaración -Digan lo que digan, a mí me gustan los indios. -sonrió divertida, ladeando la cabeza y deslizar los dedos por su barbilla , su cuello, señalando los tatuajes…su piel. No lo haría si estuviese en sus cabales o.. ¿sí?



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Dom Mayo 29, 2016 5:53 am

Otra vez rechazo con el acercamiento, un pequeño mordisco, una pícara sonrisa. Si pensaba que eso le echaba atrás, lo que hacía era todo el efecto contrario, en que mal camino se metía.

Con que sorpresa le cogió, que la gatita sacará sus uñas ante aquel indeseable cuando le había insultado por el mero color de su piel. Sabía que los británicos tenían fama de clasistas, y no esperaba que Abbey le defendiese en aquel sentido. Había ya un rato había descubierto que el color de su piel le desagradaba bien poco, más bien parecía por sus ojos llamarle un poco la atención. A lo mejor lo consideraba tan “exótico”, como él la consideraba con aquellos cabellos rubios “exótica” y una especie de animal extraordinario para descubrir.
 
Pronto ella se sentó a su lado, efectivamente aquel vestido era una incomodidad. Emhyr tras haberse deshecho de muchos de ellos, al desnudar a una que otra mujer, no comprendía como aquellas mujeres eran capaces de someterse a tal tortura para estar más “correcta”. Aquella moda absurda de apretar el cuerpo para conseguir formas a veces imposibles, no era demasiado de su gusto tras ver a las mujeres de su país llevar aquellos vaporoso vestidos y anchos más cómodos que aquellos.
 
Emhyr había vuelto a tomar una calada, cuando al ver que ella le pedía que le aflojará el corsé, soltará una ráfaga del humo sorprendido. Deshizo el nudo, y de paso tiró de los lazos cruzados para aflojarle el corsé en general.
 
- ¿Sabes que si quieres puedes quitártelo? A mí no me va a molestar y yo sé un truco para que ni tengas que quitarte el vestido. Eso sí tendría que levantarte el vestido. -Realmente le estaba hablando en serio, él se había deshecho de aquella incomoda chaqueta, por qué no ella podía estar igual de cómoda que él.
 
El otomano le entrego la pipa, y sonriendo entre dientes, espero a que ella empezará a toser cuando probó la pipa. Decepción latente en su rostro, y luego por un instante pensó en que estaba dando demasiadas caladas, así que le quito la pipa de nuevo para poder fumar él. La dejó hablar, sintiendo poco a poco ese efecto relajante que tenía.
 
A la joven al parecer le había gustado el sabor de la pipa, porque no paraba de quitársela, al parecer ya no había manera de despegársela de los labios.
 
-Te vas a marear muy pronto, y no me quiero responsabilizar de tus actos después. -Le regaño casi en serio y casi en broma, por un momento se sintió como un hermano mayor que regañaba a su hermana pequeña. Si lo pensaba bien, Abb apenas era una niña comparado con él, una niña que estaba empezando a vivir ahora, y que seguía atrapada en las obligaciones de una clase alta. - ¿Me estas imitando? -Se rió junto a ella, comenzaba a sentirse divertido. -Sí, lo haces y encima muy mal. -Le dio un pequeño tirón de oreja y le quito la pipa, para dar una buena calada, luego movió los labios y dibujo “O” con cada exhalación. Mirada de reto cuando se lo entregó a ella, ¿sería capaz de dibujar O y le sorprendería?
 
Echando la cabeza hacia atrás, cerró los ojos disfrutando de aquel momento tan a gusto con aquella compañía, quiso incluso tomarle la mano para sentir la piel ajena. La noche no era muy fría, la música de fondo no estaba tan mal, y aquel rincón oscuro donde ocultarse le creaba cierta intimidad. Empezaba a sentir que aquella noche no iba terminar en la cama de nadie, ya se había dado un tanto por rendido, pero le daba un poco igual estaba demasiado a gusto y se sentía que no tenía que fingir delante de Abbey que era otra persona, era como estar con… Pensar en ella le entristecía.
 
No sabía cuánto tiempo había estado mudo, pero un susto le dio cuando la joven rápidamente se subió sobre él con aquel aviso de que alguien se acercaba. Aquella famosa “vendedora” de hijas para esclavizarlas con el matrimonio.
 
El peso de Abbey sobre su cuerpo y sus manos presionando sus labios le despertaron de aquel pequeño ensueño. No se movió ni un centímetro, pero el humo seguía ahí en su boca, ya picándole, así que decidió exhalarlo en pequeñas ráfagas por la nariz. Tan absurdo le pareció que estaba aguantando la risa debajo de aquellas manos.
 
Tenerla allí encima, y luego quedando roto el filtro que en su mente estaba entre el pensamiento y las palabras, más su sujeción, todo por los efectos secundarios del “tabaco”, hizo que se quisiera aprovechar de la situación. Así una de sus manos la empujo contra él, en ese transcurso sin querer queriendo le rozó parte del trasero y muslos, hasta que la cubrió por la cadera como si quisiera esconderla junto a él mientras pasaba aquel chaparrón. Quería reírse, si ella le echaba algo en cara, no era su culpa, ella había empezado y ella había tocado lo suficiente para esconderla y nada más.
 
El corazón que latía fuerte, ¿qué consecuencia tendría que los pillará? Porque para él eran pocas, pero para ella. Mínimo la metían en un convento.
 
El ventanal se cerró, y el turco se unió a las carcajadas de ella, estaba menos colocado que ella, ya que la costumbre le había hecho resistente. Pero eso sí, ese filtro roto… Dijo algo en su idioma.
 
-Madre mía, si te tuviese ahora mismo a horcajadas y desnuda, la que te daría… -Soltó así de sopapo, era un simple pensamiento que se decidió trasladar a sus labios, junto con una mirada de lascivia y luego el disimulo rápido. - ¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué has dicho? No soy indio, soy otomano… -Repitió como disimulo ante sus palabras.
 
Ella estaba demasiado cerca, de nuevo el corazón fuerte y empezaba a ponerse demasiado nervioso y sobre todo como le estaba mirando y tocando. Sintió un escalofrío, contuvo la respiración y suspiró largamente.
 


-Abbey, creo que se ha acabado el fumar para ti… -Le quito de entre los labios la pipa y la dejó en el suelo. Tragó saliva, sintió su respiración un tanto alterada. -Yo… No sé si quieres juego o, es por culpa de esto, pero no sé si te recomiendo que te bajes de encima de mí, porque me estas poniendo un poco “malo”, o si quieres prosigue pero luego no me culpes… -Río, estaba disfrutando del contacto de sus manos, y no quería que parase, es más él también quería acariciar esa piel pálida, sus dedos acariciaron sus mejillas, su cuello y clavícula.





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Dom Mayo 29, 2016 6:41 am

Les quitaron tanto, tanto que…
Acabaron quitándoles el miedo.



Aparte de la señorita Gilbert alias la corta momentos, ese grano molesto que no desaparecía por mucho que lo deseases. Al grupo de cuervos, los espantó cual espantapájaros, no iban a molestarles más, ahora, solo quedaba ese vestido del mal y su presión que impedía respirar con normalidad, fumar a gusto y poder sentarse sin morir en el intento. Lejos de ladrarle, un gemido de alivio al notar como aquellos nudos por fin la liberaban de su prisión, volvería a sorprenderle o quizás estaba acostumbrado, ese hombre viajó mucho, por incontables países, conociendo culturas y seguro que viendo lo que muchos en su vida vivirían en su propia piel.

-¡Qué alivio! Rezaba por no caer inconsciente cual damisela en apuros si me quedaba sin respiración y… no me tientes con quitarme el vestido, si por mí fuera me pasaría desnuda todo el tiempo, estuviese donde estuviese y… con quién -arqueó una ceja, sonriéndole de aquella forma cómplice y divertida al mismo tiempo, un leve golpe en el brazo del otomano con el codo de la rubia para llamar su atención -Si me quito el vestido, tendrás que quitarte el uniforme, estar en igualdad de condiciones y no es el sitio adecuado para eso. Antes de que digas nada…no, no quiero verte desnudo, aún no -sonrió divertida, mirando hacia el frente como si no acabase de decir absolutamente nada.

El humo se convirtió en círculos de los más llamativos y no podía negar que lo hubiese intentando a escondidas cuando fumaba pero jamás lo había conseguido ¿y si ponía todo de su empeño? Si no lo conseguía finalmente quedaría mal… así que mejor, negar con la cabeza como si fuese algo de lo más infantil pero…por como miraba de reojo estaba claro que quería intentarlo.

-Deja de regañarme, trae -dio una larga calada y soltó el aire despacio, los labios se curvaron en una especie de… O extraña… no le salió pero sí un dibujo extraño, una victoria aunque no fuese un círculo. Se unió a su risa con los ojos cerrados, supo que ese momento de paz y diversión sería interrumpido, como todos. Sus orbes azules, se clavaron en él al apreciar cómo “inocentemente” como se atrevía a tocarla. Rió sin decir nada, ya lo haría en el momento justo.  Rezó mentalmente para que no rompiese a reír, ni él tampoco.

-¿Darme? No sabrías ni por dónde empezar y yo tampoco, o quizás te sorprendería lo que es capaz de conseguir una novata por ejemplo… esto -su mirada , recorrió su rostro con detenimiento, se inclinó a él, relamiéndose los labios… directa a sus labios. Los entreabrió dispuesta a todo, es más, emitió un sonido de lo más tentador… parecido a un ronroneo, al final sí que iba a parecer más a una gatita -No soy indio, soy otomano -volvió a imitarle con voz grave, mirándole a los ojos y volver a reír a carcajadas, negando con la cabeza… se lo estaba pasando tan bien que las insinuaciones terminaban en risas pero sin perder el contacto, ambos como si fuesen… el apoyo del otro, quizás…se estaba convirtiendo en  mucho más que un conocido en la fiesta, algo empezaba a unirles pero no había palabra exacta para definir el qué.

-¿Qué? Oh vamos…Ehmyr , no seas como esa frígida ¿eres frígido? -rió por lo bajo, una de sus manos se deslizó por su cuello, el punto de sujeción fue frente contra frente, siempre mirándose a los ojos como si entre ellos no hubiese secretos, temores o miedos -Dudo que despierte en ti cualquier cosa referente al tema ese…el…-parpadeó porque no le salía y ella no es que ayudase mucho porque no, no se apartaba, ¿por qué? si lo hacía caería redonda en el suelo del mareo -¿Malo? Estás poniéndote enfermo, eso es de lo que le has echado a la pipa… no me engañes. ¿Tienes fiebre? -se mordió el labio inferior, apoyando la mano libre en su frente, entre ambos y le sonrió -Estás muy caliente, quizás necesites un baño en la fuente. No eres capaz, y si, al final tendrás que hacer el truco ese del vestido. Me mareo y… -se inclinó hacia él de nuevo, peligrosamente a sus labios , dispuesta a rozarle, unirlos….

Su reacción fue otra muy diferente, se apartó de él, buscando sus manos y tirar de él cuando logró ponerse de pie , tirando de él para ir hacia la fuente, hablaba completamente en serio. No dio un paso, en un traspiés, tuvo que aferrarse a su cuello, sus brazos, buscando estabilidad…entre esas risas que no cesaban, esa especie de provocación continua entre ambos.

-Ayúdame a llegar, a quitarme el vestido pero como mires, como … se te ocurra mirar un segundo... -lo miró a los ojos, fijamente, muy seria pero… con esas orbes inyectadas en confusión y un deseo irrefrenable por conocer otras cosas que desconocía…¿él podía ofrecérselas? -Tu pipa desaparecerá y no será en otro lugar que en cualquier orificio de tu cuerpo, vamos a la fuente... tú y yo, el agua, tu pipa -ante esa amenaza, un mordisco en la barbilla morena y una risa que volvió a acariciar los labios del otomano… esa noche no iba a ser cualquiera para ninguno de los dos.



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Dom Mayo 29, 2016 1:31 pm

La dejó hablar, no esperaba que fuese a colocarse tanto de pasar de ser la Abb que se detenía a la que ahora se comería el mundo y de repente era más descarada; sinceramente él estaba un tanto tocaete, pero estaba acostumbrado a aquella sensación de relajación que podía dejarle fumar aquella pipa, como mucho solía hablar más de la cuenta, es decir, todo lo que pensaba era soltado por su boca, al parecer igual que se compañera.
 
Cuando hizo referencia sobre la desnudez, él iba a contestarle, pero justo le detuvo. Entretenida empezó a imitar su juego de labios para crear la “o” con el humo. Él empezó a reírse al ver que más que una “o” creaba formas extrañas, luego la aplaudió por conseguir una forma decente.
Después intento volver a recuperar la pipa para quitársela de una vez, no quería terminar la noche llevándola a cualquier lado inconsciente. Entre aquel forcejeo donde ella le replicaba, no tuvo miramientos de rozar sin querer queriendo con sus manos sus caderas, sus pechos y puede que en algún momento su trasera mientras ella se movía retándole y llamándolo “frígido”.
 
-Creo que mejor que yo para enseñarte por donde debería empezar… Además, la que no quiere verme desnudo eres tú, bueno “aún” … -Cuando casi había conseguido cazar la pipa sus ojos orbes azules se clavaron en los ajenos con aquella insinuación, sus labios relamidos le parecieron demasiado apetecibles y se sintió de nuevo con ganas de besarlos, sabiendas que de nuevo recibiría otra reprimenda… O no. Estaba yéndose de las manos todo. Ella ronroneaba, y él quería que le ronronease. Él le apoyó la mano en la nuca, dispuesta a atraerla de nuevo esperando a que le besase, pero justo cuando estaba tan cerca ella se apartó riendo.
 
Emhyr la insulto con una sonrisa en los labios en su idioma, incluso maldijo por “el casi”, se mordió sus propios labios y miró los de ella con lascivia, había pasado de sentir una simple diversión a que su cuerpo comenzase a ser invadido por una lujuria irrefrenable.
 
-Referido a… Despertar algún tipo de deseo en mí… ¡Oh vamos! Si por mi fuese, estaría ahora mismo abriéndome paso por tus enaguas y haciéndote gritar que “no parase”. -Ya no había descaro, más bien era directo ante lo evidente. Tomó aquella mano que tocaba su frente y se la llevo a sus labios y la beso, luego a su propio pecho para que ella lo tocase. -Sí, estoy febril por tu culpa, y si no fuese porque apenas eres una niña te hacía que me quitases enseguida la fiebre… -Otra tentativa de sus labios, frente contra frente... Casi… ¡Y no! Se apartó para luego tirar de él invitándole a levantarse.

- ¿A sí? Con que esas tenemos… -De un tirón le quitó la pipa de la mano, la lanzó con fuerza a la oscuridad de la nada, para luego con sus manos empujarla por las caderas a él, agarrándola con suavidad por el pelo le dio un tirón para obligarla a echar la cabeza hacia atrás. -Te vas a enterar… -Un simple beso, lento, una caricia de sus labios al hueco entre el rostro y la cara dejando tras de sí ese cosquilleo electrizante, para luego darle un lamento para hacerle de rabiar y soltarla.
 
Al ver su poca estabilidad la sostuvo contra él, y al escuchar lo que le pedía, no supo porque, debía ser el efecto de la salvia y su mezcla, pero de repente aquello de meterse en la fuente y añadirle el hecho de quitarle el vestido le pareció una buena idea, así olvidando donde estaban y el peligro de que los pillasen.
Ella le amenazó y mordió provocadora, eso hacía que más ganas de deshacerse de sus ropas le entrasen, pero luego llego la cuestión de si se estaba o no aprovechando demasiado de la situación. En algún momento si ella no quería seguir más, le detendría, ¿no?
 
-Olvídate de la pipa, y vamos a esa maldita fuente, ¡qué anda que la has elegido cerca? -Se agacho un poco y se cargó a la joven en el hombro cual saco de patatas. Siguiendo aquel camino que los alejaba de la terraza, recorrió los jardines y por fin encontró la fuente señalada. -Al final es un tú y yo…
 
Se agacho frente a ella y dejo que se apoyase sobre su cuerpo gacho al ver como no mantenía el equilibrio. Ambas manos ajenas tomadas para que le tapasen los ojos.
 
-Sabes que mirare, y si me preguntas te diré que he mirado porque me da igual lo que vayas a hacer… Además, ya no hay pipa que valga. -Empezó a meter las manos por debajo del vestido recorriendo sus piernas, muslos, hasta llegar a las caderas. -Si no quieres que miré tapa bien mis ojos, voy a deshacerse de ese corsé… -Al llegar a sus caderas por debajo del vestido, teniéndolo medio levantado mostrando parte de sus piernas, tiro de aquel lazo que había deshecho antes para quitarlo del todo del corsé. Un tirón de la estructura y se lo saco por debajo del vestido, no sin antes y sin querer rasgarlo un poco. “Ups…” Pensó. -Espero aquí hay algo que no me cuadra, ¿era solo el corsé o todo el vestido? -Si era evidente que él estaba también algo mareado. -No me quedo muy claro…
 
La tomó de la mano y la obligó a que la siguiera hasta la fuente, junto al lado de esta misma, él se deshizo con igual facilidad que con la chaqueta de los botones de aquella blanca camisa, dispuso con mirada de invitación la mano de Abbey para que recorriese de su piel pálida en contraste con la suya caliente y morena.
 
-Igual de condiciones… -Le afirmo con una sonrisa divertida en los labios, mientras terminaba deshaciéndose del todo de ella quedando con el torso desnudo.
 

Emhyr no era un hombre robusto, ni muy grande pero tenía marcadas formas que hacía ver que estaba en forma, y luego estaban aquellos tatuajes que sorprendentemente era más de los esperados, sus hombros y parte de brazos apenas tenían lugar para más símbolos y palabra, además de cicatrices de quemaduras y arma blanca, sin no olvidar la herida sangrante del costado, por una parte estaba casi curada, aun había marca de los puntos que la había sujetado en su día.





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Lun Mayo 30, 2016 6:07 am

“Mira a la derecha y a la izquierda del tiempo y que tu corazón aprenda a estar tranquilo.”



Muy cerca. Demasiado cerca para lo permitido y no le desagradaba, al contrario. Sus orbes azules, se clavaron en aquellos labios carnosos que la invitaban en silencio, la tentaban al mismo tiempo y la condenaban hasta tal punto de negarse a probarlos por si no habría vuelta atrás. ¿Qué le frenaba? Ella bien lo sabía, aunque su mente divagase por el recuerdo, sus sentidos se dejaron llevar por aquel efecto de la pipa y no, no era consciente ni de lo que decía ni hacía, en gran parte, una mínima parte jugaba al mismo juego que su compañero y juntos , realizaban la partida perfecta ¿quién de los dos ganaría?


-Si en algún momento llegas a abrirte paso por algún lugar de mi cuerpo, serías de lo más afortunado… ¿te piensas que a cualquiera dejo que haga tal cosa? Y dudo que gritase ese “no pares”, sería un ¿esto es todo? -lo buscaba tanto palabras como con gestos, inocente e ingenua en el terreno de lo íntimo , del cual se desenvolvía como pez en el agua… si no tenía la más mínima idea de aquello ¿cómo sería si lo probase? ¿si aprendiese? Pero error, acababa de cometer el peor error de todos, él le acababa de llamar niña… “niña” con todas las letras -¿Voy a tener que demostrarte que no soy ninguna niña? -acortó las distancias, hablándole muy cerca, tanto que sus labios acariciaron los ajenos a cada palabra que salían de su boca -Al final vas a ser tú quien me diga que no pare, lo sabes, es un hecho y no me provoques más si no quieres que entre medias te castigue -un nuevo ronroneo, una mirada desafiante, un nuevo reto que acababa de lanzarle al otomano.


Él se vengó, se vengó y a conciencia. ¿Qué demonios…? se agarró a la ropa de su pecho intentando no perder el equilibrio, a este paso terminarían por los suelos y en a saber qué condiciones. Tuvo que cerrar los ojos al leve tirón de cabello, sin poder contener una sincera y divertida risa, seguida de un rugido, como un león al que acababan de molestar que junto con aquel leve gemido, no pudo sonar más provocador. No lo controló, su mano impactó contra su mejilla, con fuerza y gana, la otra la atrajo hacia su cuerpo de manera peligrosa ¿se iba a quedar de brazos cruzados cuando había provocado aquellas sensaciones? Muchas, indescriptibles, eran muchas y contradictorias.


Si él la había marcado de alguna forma…ella no se quedaría atrás. Siseó, apoyando dos de sus dedos en sus labios y sonrió, riendo por lo bajo a medida que sus labios se deslizaban desde su frente, la sien, la mejilla y su cuello. Los labios se intercalaban con sus dientes en la piel de su cuello, los cuales, mordieron con cierta fuerza y deseo el hombro ajeno, dejando una pequeña marca. Le buscó y acababa de encontrarle. La fuente. No se acordaba de ella después de lo que acababa de pasar pero así al menos, se despejaría… terminaría metida dentro, era un hecho. De camino, intentaba no echar lo que apenas había comido en la fiesta… fastidiaría el momento.


-¿Me estás cacheando? No llevo armas, el arma ya la tienes delante…y no me refiero a… por favor, a mí misma me refiero no a …vale, cierra los ojos -se los tapó con una mano, imposible taparle los dos, entre risas se movió lo suficiente como para que aquel vestido del infierno se rompiese y lejos de poner el grito en el cielo suspiró aliviada -Una pena, con lo que me gustaba… y ¿es que no tienes suficiente? Me estás tocando -intentó sonar imperativa pero la risa se le escapaba de los labios sin querer. Por fin, estaba como deseó desde el primer segundo desde que pisó la fiesta, mucho más cómoda pero para nada elocuente…¿a quién le importaba eso? la comodidad era lo más importante.


-Vaya. Están todos -curiosa, entornó los ojos, deslizando los dedos por su torso y dibujar con las yemas cada trazo de cada uno de los tatuajes. Sonrió de medio lado, le agradó el tacto, le gustó la sensación de tocarlo y no lo escondió -Me gusta -susurró, buscando su mirada y rodearle, quedando a su espalda y recorrer los que le quedaban,. Cuando terminó de delinear cada uno de sus tatuajes, se acercó peligrosamente por la espalda, apoyando la barbilla en uno de sus hombros y buscar su oído, hablarle en un susurro acariciador, tentador y relajante -Me has puesto de los nervios, me has besado, me diste de fumar, me has medio desnudado, me quieres volver a besar y me pregunto ¿qué más me vas a enseñar? -rió, siseando para que no contestase, inevitable que al acercamiento, su pecho se aprisionase con la espalda ajena -Yo quiero enseñarte algo -sonrió traviesa y antes de que él pudiese reaccionar, le empujó hacia la fuente.

La risa de la joven Appleby tuvo que se acallada por sus propias manos. Maldita sea, era tan divertido verle completamente mojado y porqué no, una imagen de lo más apetecible. Se acercó despacio, al borde de la fuente y no lo dudó, de un salto fue ella misma quien entró, introduciéndose en el agua y salir a la superficie, apenas llevaba esa especie de camisón blanco que llevaba siempre bajo el vestido. Ahora no parecía esa clase de chica alta, si no alguien que se divertía, buscaba diversión, peligro y tentación, lo último desconocido.


Se acercó despacio a él, riendo por lo bajo, el vestido se había pegado a la piel y el contraste de frío al del ambiente, hizo que temblase, se le erizase la piel y demás.


-Valdrá la pena estar encerrada tanto tiempo. ¿Sigo siendo una niña, Emhyr? -no mantuvo distancia, volvió a acercarse, era importante que no perdiese ninguna de sus palabras -Seré inexperta, ingenua en algunos casos pero eso no quiere decir que no sepa reaccionar, aprender y sorprender. ¿Lo dudas? Claro que no, no has parado de buscarme toda la noche ¿y ahora qué va a pasar? ¿me vas a llevar a casa? -enarcó una ceja, desafiándole, otra vez…



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Mar Mayo 31, 2016 7:08 pm

-Menos palabras “mujer”, y más hechos… -Le había afirmado en cuanto a aquella insinuación. Sinceramente aun no podía creerse que de algún modo ella estuviese cediendo a aquello, un resquicio de hacía un momento donde incluso, por una pizca, había pensado que le gustaban las mujeres, estaba allí y ahora la veía dispuesta a todo, había aceptado su reto. - ¡No me lo puedo creer! ¿Acaso me estás dando permiso? -Reía, y desconfiaba. Si, lo hacía, esperaba que estuviese equivocado, ya que no era la primera vez que una valiente se echaba a sus brazos y luego venía el miedo y el llanto que lo echaba todo hacía atrás.
 
Por fin se había deshecho de aquella camisa, y había revelado parte de él que pocos conocían. Llevar tal cantidad de tatuajes era una marca no muy bien vista por una sociedad como aquella. Mercenarios, soldados, ladrones o la baja ralea se permitía usar tales marcas. Para Emhyr recuerdos, enseñanzas, lecciones…
 
-Vale, espero que seas la que haga que pida que “no pares”, puede que fuese la primera vez… Sorpréndeme… Es un riesgo entregarme a unas manos tan… -Dispuso las propias sobre las de ella, en cuanto sus dedos acariciaron sus marcas. -… tan inexpertas, me fiaré. ¡Ah! Cualquier castigo me sabrá a poco. -Un besó rápido, una mirada y sonrisa que retaba. -Y no te he tocado lo suficiente, aún no hemos empezad…
 
No había terminado la frase y se vio envuelto por el agua de la fuente. La maldita había sido capaz de empujarle dentro.
En un cerrar y abrir de ojos, se le había pasado casi todo el efecto de la droga, de lo fría que estaba aquella agua.
 
Al salir de debajo del agua, la descubrió a ella empapada frente a él. Solo llevaba un camisón que se le pegaba al cuerpo convirtiéndose en una segunda piel que marcaba todas sus formas y dejaba poco a la imaginación.
 
-Sigues siendo una niña -Le soltó haciéndose el ofendido y de paso buscando picarla. -Una niña peligrosa y demasiado atrevida, pero una niña virginal.
 
Las manos cálidas y agradables al tacto del otomano, recorriendo los muslos de ella por encima de aquel vestido mojado y adherido a su piel, por un instante se detuvieron en su trasero y con suavidad lo aferro pegándola a su cuerpo semidesnudo, después continuó con el dibujo de sus caderas, su vientre y una de sus palmas rozó la punta de sus pechos evidentes en la transparencia hasta recorrer su cuello. Dedo pulgar que acariciaba la barbilla y los labios temblorosos.
Emhyr había apoyado su frente en la de ella, tomado aire para quedarse con el aroma femenino con ojos cerrados, la punta de su nariz acariciaba la ajena y por fin, entreabrió sus labios con un suspiro sus labios. La besó, pero de un modo algo distinto a hacía un rato, había quietud, paciencia y una especie de deleite en sus caricias sobre la piel temblorosa. Era suave, cálido y tras su paso, dejaba insatisfacción y ganas de más….
 
-Tiemblas como un ave asustada…  Espero que solo sea el frío… -No se había movido de aquella posición, le hablaba cercano y sobre sus labios. Por un momento Emhyr sintió temor y preocupación al verla temblar y que sus labios se amoratasen del frío. Había visto a gente morir por un simple resfriado, y por menos. –“Manzanita”, tu cuerpo esta helado, creo que mojarnos ha sido una mala idea… Se me ocurre irnos a otro lugar… -Señalo la casita del jardinero, no había señales de que hubiese nadie. -Más tranquilo, más íntimo… -Sus labios recorrían sus mejillas, susurraban cerca de sus oídos con voz apetecible. -Si sientes miedo de llegar a lo “desconocido”, estas a tiempo de marcharte… -La volvió a coger en brazos, pero esta vez en volandas. -Decídete por el camino.
 
Detrás de ello un rastro de agua que evidenciaban sus pasos, pronto Emhyr la soltó a su lado. Empujo la puerta que no se abría y con disimulo, uso un poco de esa brujería básica.
-Abierta… ¿Entonces, te has decidido manzanita? -Se tocó ambas mejillas propias en señal de desafío. -Aún estoy esperando ese castigo que me has prometido, mis mejillas necesitan volver a calentarse a diferencia de mi cuerpo… Que ya está febril por el tuyo y aun no te has dado cuenta.





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Miér Jun 01, 2016 7:08 pm

Porque….lejos de aquí, no me encontrarás.


La risa de Abbey, salía a borbotones de sus labios rojos como una de esas manzanas que solía desayunar, tan apetecibles como ésta. Cruel e inocente travesura de lanzarle al agua sin previo aviso, ¿podía ser más divertido? divertido y una palabra más que se unió a tal visión, una vez que él salió del agua completamente mojado. No estaba centrada, menos sabía lo que hacía en determinados momentos pero en cuanto oyó niña y virginal, sus orbes azules se clavaron en él como si no hubiese nada más en su campo visual. Maldito hombre , tentador como un demonio y capaz de sacar ese lado travieso, fiero de la joven Appleby. Sus mejillas se sonrojaron un tanto y no de vergüenza, si no de rabia, los labios apretados mostraban ese enfado producido por sus palabras…una imagen digna de ver.

Al mismo tiempo que él iniciaba el camino de sus manos por sus muslos, las pequeñas manos de ella, le tomaron de la cintura, acercándole hacia sí con cierta fuerza, brusquedad… tal que hizo que se tambalease, teniendo que agarrarse con más afán de cercanía y no perdiese ni una palabra que saliesen de su boca. Fue incapaz de emitir otro sonido que no fuese su nombre seguido de un suspiro. El tacto de sus manos , le quemaba la piel. Siseó, advirtiéndole, dejando que sus dedos se deslizasen por la espalda. Su castigo por atreverse a provocar en ella que arquease la espalda, pegando su cuerpo al ajeno no fue otro que hundir sus uñas en su espalda. Lamió los dedos traviesos, abriendo de golpe los ojos y enfrentar su mirada, volviendo a desafiarle. Un reto constante del que no cansaba a ambos, si no que los incitaban a volver a luchar para ver quién ganaba.

Por unos segundos, se dejó llevar cerrando los ojos, buscando sus labios…movimiento que fue interceptado por aquellos labios salvajes y tremendamente provocadores, deliciosos. No era consciente pero necesitaba aquel beso, devolviéndole cada roce, probándolo como si fuese una de esas porciones de tarta que tanto le gustaban , cálidos, suaves y adictivos. Buscó sus labios cuando se apartó, frunciendo el ceño y reír entre dientes, acababa de darle a probar la tarta y se la arrebataba de la manera más ruin. Lo agradeció, todo a su tiempo, no tenían prisa…ni nadie que se lo impidiese.

¿Sentía miedo? ¿Confusión, resignación y deseo al mismo tiempo? una mezcla de todas esas palabras. Cargada sobre sus hombros, cerró los ojos, pequeños flashes de momentos, palabras y miradas. Creaban un pasado del que no había dejado de huir, dejar atrás, siendo completamente imposible. Seguía conmovida por la dedicación de aquellas caricias y besos, lo agradecía pues pareció que por unos segundos le hubiese leído la mente. Sonrió una vez dentro de aquella pequeña casa de madera. Sus orbes azules, observaron a su alrededor, abrazándose a sí misma, suspirando como si ya estuviese a …salvo. Su mirada, finalmente, se centró en él, frente a ella. Se lo ofrecía todo y nada al mismo tiempo, algo que agradecía pues no deseaba tal cosa.

-¿Y tú, te has decidido? -susurró muy bajito, entrecerrando los ojos, riendo por lo bajo a sus últimas palabras. La complicidad y la química iban de la mano, el caso de ambos era el ejemplo con la diferencia de que, entre ellos no había amor. Decidida, dio un par de pasos, los suficientes para quedar frente a él y lo suficiente cerca para enredar sus brazos en el cuello ajeno. Le obligó a girarse y ser él quien intercambiase posiciones, dejándole contra la puerta. No fue delicada, su forma de captar aún más su atención. No le soltó, seguía medio abrazada a él, buscando su mirada oscura…deseaba que la mirase fijamente en ese momento.

-No me has prometido nada y ni quiero que lo hagas -volvió a sisear, apoyando su frente en la suya, sin perder ni un ápice su mirada -Solo te voy a pedir una cosa, es simple pero complicada al mismo tiempo -hablaba entre susurros, su mirada azulada se entornaba por el efecto de la droga y su cuerpo comenzó a flaquear, teniendo seguro que él la agarrase para no caer -Ahórrate el hacerme daño de cualquier manera. -lo dijo con rudeza, con desesperación, necesitaba saber que él no le haría daño…no se fiaba ni de ella misma, nada le importaba -No…no podría soportarlo. -a duras penas salió de sus labios junto con una sonrisa que disfrazaba toda aquella tristeza que hasta ese segundo había ocultado al mundo.

La droga igual que subía , bajaba de manera considerable. Ambos no habían perdido el contacto, se tocaban, ella…buscaba refugiarse en aquel cuerpo cálido que le infundía protección desde el primer segundo. ¿Por qué? quizás era el hombre menos indicado pero el que no se alimentaba de maldad. Entreabrió los labios, dispuesta a besarle, entregarse… abandonada completamente a su suerte.

-No te vayas jamás sin despedirte. Si decidí…prefiero contigo, sé que no sientes amor, yo por ti tampoco y eso solo puede ser bueno para ambos…¿no, Emhyr? No me harías daño… tú no -se dio el gusto de bajar la mirada un instante, ocultando lo más humillante para ella, que alguien la viese llorar totalmente vulnerable. Lagrimas de cristal que no significaban otra cosa que se fiaba de él. La fuerza se le escapó en esas lagrimas, sus piernas flaquearon, obligándole con ella a sentarse en el suelo. Frunció el ceño, negando con la cabeza, provocando que sus narices se acariciasen -Lo haría, conocer lo desconocido contigo… -sonrió, rezando para cuando buscase su mirada, las lagrimas hubiesen desaparecido. Ahora sí que era una niña, una que deseaba con toda su alma dejar de serlo.



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Jue Jun 02, 2016 6:24 pm

"Quiero, quiero, quiero más... 
Dame más... Algo que pueda tocar.
Si lo escondo que más da.
Nadie nunca lo sabrá... 




La puerta pronto cedió, y la oscuridad de aquella pequeña casita de madera envolvió a ambos. En la confusión de la noche y dejando el suelo mojado, Emhyr dejó a Abbey apoyada contra la puerta para a tientas buscar un humero y encenderlo.

Chasquido de su propia lengua, pensó las palabras adecuadas y el fuego se encendió como si nada. Sería un brujo pésimo, pero al fin y al cabo era brujo.
Por un momento y ante los efectos de la pipa, esperaba que la joven no se hubiese dando cuenta de aquel detalle.
 
Un tirón del colchón demasiado usado que se arrastraba por un suelo lleno de polvo, y luego la manta con la que se disponía envolver a la manzana.
 
Fue acercarse a ella, y casi no le dio tiempo a reaccionar cuando ella con fuerza lo arrinconó contra la puerta. EL juego seguía, pero él ya empezaba a dudar el camino que todo aquello iba a tomar y más cuando las palabras comenzaron a invadir el silencio. No, no iba a ser un polvo fácil de una noche, la cosa se complicaba.
 
Sus brazos estaban ligado a su cuello, y su cuerpo húmedo apoyado en su cuerpo. Emhyr envolvió su cintura sintiendo su ropa mojar su torso desnudo. Había vuelto a apoyar su frente con la suya y las primera palabras vinieron, mientras él escuchándola bajaba las tirantas de su vestido en su primer intento de desnudarla.
 
“¿Decidido?” Pensó por un momento, recorriendo con sus ojos aquel cuerpo tembloroso y que tenía dudas. La droga había soltado demasiado su lengua y acciones, y a diferencia de él, el agua no había despejado su mente dándole clarisas, más bien empezaba a bajarle el ánimo.
 
No supo el sentido inicial de la pregunta, si eran dudas sobre si quería acostarse con ella, no las tenía quería sí o sí. Sabía que no iba a ser como siempre, que tendría que tener paciencia y que tal vez no fuese del todo satisfactorio, aquella joven sería toda seguridad, pero estaba entrando en caminos por los que nunca había caminado, y con él… estaba teniendo suerte, no era como cualquier hombre.
 
Miradas cómplices, él desenredo los brazos de ella para que los bajará, y de nuevo vino el siguiente intento con más éxito de deshacerse de su camisón, y así lo hizo dejándole los pechos al descubierto y tan solo con aquellas famosas “enaguas” que le quedaban como una especie de pantalón.
Ella seguía hablando, sus piernas flaqueaban, por un momento pensó si era consciente de que él estaba contemplando su media desnudez en silencio, mientras continuaba escuchando sus palabras. Tenía el cuerpo menudo, y los pechos no demasiado grandes, y su piel seguía siendo tan pálida que contrastaba con la suya. Deseo tocárselos, pero se lo pensó, el ambiente había cambiado de algún modo y, sinceramente y a pesar de ser todo lo mujeriego que era y aprovecharse de muchas ocasiones, de una persona inexperta, no estaba seguro.
 
Y de nuevo no fueron esta vez sus labios, si no los de ella, los que, con sorpresa para él, le buscaban con desesperación y entrega. Él no dudo ni un momento en responderle con acalorada pasión, realmente su cuerpo se sentía demasiado atraído por el de ella.
 
-No puedo prometerte nada, solo que me despediré cuando me vaya. -Ahí estaban ambos en el suelo, cerca él uno del otro, y Emhyr sintiendo las lágrimas ajenas mojar su rostro. -El daño que te proporcione, solo si me lo pides… Ya te lo dije, ni tú estás enamorada de mí yo de ti, al menos eres consciente de ello. -Le peino aquellos mechos rubios, aun húmedos por su pequeño juego. -No suelo preguntarlo, ni afirmarlo. Antes te lo he dicho, eres una niña en… Cierto sentido, y tienes suerte. Soy un hombre con paciencia y tacto, aunque no lo creas.  -Su voz era suave y apaciguadora. -No quiero que entremos en confusiones, esta noche puede que sea solo para “divertirnos”, y no te arrepentirás. Creo que será la primera vez que pregunte en mi vida esto a una mujer. ¿Quieres acostarte conmigo? Y si es si, ¿estas segura?
 
Le dejo la pregunta en el aire, y la volvió a tomar en brazos, como si fuese una niña pequeña refugiándola en sus brazos, para luego sentarla sobre el colchón.
En un silencio mudo donde prefirió dejarla meditar su respuesta mientras le quitaba las enaguas, y luego la envolvía con aquella manta vieja tapando su desnudez.
 
-Cuando vivía en la India, descubrí una curiosa costumbre… -Empezó a hablar, mientras tomaba el camisón y las enaguas y las acercaba al humero para secarlas. -… en algunos lugares cuando un hombre y una mujer se casan, no se acuestan la primera noche en la misma cama. Son los días progresivos donde se van acercando… -Emhyr comenzó a quitarse la ropa que llevaba, y colocarla también al lado del humero para secarlas. -… la primera semana ambos comen juntos, solamente. Los siguientes días duermen y se asean juntos, pero no llegan a tocarse, primero sus ojos son los que deben aprender a mirar el detalle del cuerpo ajeno. -El otomano, estaba desnudo, y hablaba con toda naturalidad mientras regresaba al lado de la joven, estaba orgulloso de su físico, no era algo que le avergonzase, es más sabía cómo ella le miraban y el efecto que causaba. -En los siguientes días, pueden tocarse, pero no practicar el sexo. Solo las manos… -Le rozó las mejillas. -… los labios… -Con el pulgar le acarició los labios. Voz era calma, y su mirada se antojaba apetecible al igual que su todo. -Es el momento de aprender y descubrir él uno del otro, y cuando la lección llega a su fin, pueden practicar el sexo. -Se silenció, no sabía si aquella historia le serviría en la meditación de su respuesta, pero quería demostrarle que podía confiar en él en todos los sentidos, que estaba en buenas manos. -Dos desconocidos, como nosotros… A diferencia de Europa, allí no se conocen hasta el mismo día de la boda. No fiestas, o recepciones previas para elegirse… Desde niños están prometidos, y nada puede evitarlo. Esta costumbre solo sirve para crear un vínculo que antes no existía entre dos desconocidos, un respeto mutuo.
 
Antes de que ella dijese algo más, volvió a besarle en los labios superficialmente, luego sentado a su lado, apoyó su cabeza contra la de ella mientras miraba distraído las llamitas danzantes.
 
-Así que vuelvo a repetirlo, ¿quieres acostarte conmigo? Si es un no, dormiremos y mañana el mundo dirá. Si es un sí, en cuanto empecemos no podrás echarte atrás… -Las bromas se había quedado atrás, esta vez el otomano estaba siendo demasiado serio y considerado, señal de que ella se había ganado su respeto.





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Vie Jun 03, 2016 5:38 pm

Decidir ser por única y primera vez, tuya…


Aún teniendo los ojos cerrados, sin ser consciente de dónde, cual camino estaba a punto de emprender…podía sentir su mirada oscura como el ébano, recorrerla despacio y sin prisa. Le gustó la sensación, como si la acariciase suave, deleitándose en su tacto al notar como con infinita dedicación y cuidado , comenzaba a desvestirla. Su cuerpo reaccionaba gustoso y entregado a cada caricia, disfrutando del acercamiento de aquel hombre que solo podía saber a fuego. La atracción era innegable por ambas partes, el deseo se palpaba en cada mirada y movimiento que cada uno a su antojo, regalaba al otro…bendita tortura.

Consciente de que él, no era como cualquier hombre, pese a su reputación. Sabía la reputación que se ganó de mujeriego, ya lo conoció así y ni estaba dispuesta, ni cambiaría nada pues el otomano, era perfecto con sus propias imperfecciones. Esas orbes azules, emborronadas por las lagrimas que aún persistían en sus pestañas. Malditas e insufribles gotas saladas que la señalaban como vulnerable ante él. No sintió vergüenza, sí aliviada. Con él se sentía protegida, libre en ese instante y segura entre sus brazos, ¿si confiaba en él? si así no fuese, no se encontraría allí, desnuda ante su mirada que la devoraba… le gritaba en silencio cuánto lo deseaba y ¿qué demonios? lo mismo por su parte, solo por ese pensamiento… entreabrió los labios, sin querer se le escapó un leve gemido que no pudo sonar más delicioso entre esos besos que prometían una noche repleta de emociones , sensaciones aún desconocidas.

-Te creo aunque no lo creas. Sé que puedes llegar a sorprenderme, no paras de hacerlo y eso…es mucho más de lo que ha conseguido mucha gente -murmuró, entornando los ojos para solo fijarse en él, con aquellas llamas de fondo, parecía un espejismo de lo más tentador, ofreciéndole quemarse en las mismas brasas del infierno y sí, lo deseaba, quería arder enredada en su cuerpo , que él le mostrase esa lujuria y deseo descontrolado, no ser la única complacida. Demostrarle que aunque inexperta, podría volverlo absolutamente loco y no desear otra cosa que terminar y volver a empezar… hasta que fuese suficiente ¿cuándo sería eso? -Sería la primera vez y la última, ¿Segura? Lo estoy , sé que serás capaz de despertar esa Abbey que duerme esperándote…me da miedo el imaginar, hacerte daño…ahora mismo solo desearía morder …cada parte de tu cuerpo -se le escapó una risita de niña traviesa, de lo más divertida… fruto de aquella droga, seguía sumergida en sus efectos y mostrando sus debilidades…

Qué agradable el tacto cálido del cuerpo ajeno, el fuego improvisado que caldeaba el ambiente junto con esa voz capaz de acariciarte el alma. Le siguió con la mirada, observando con infinito detalle cómo se desnudaba. La visión de su cuerpo desnudo, como si las propias llamas centelleasen en la piel morena, acariciando cada tatuaje…probándolo. Se relamió, a la vista del otomano, no solo le gustaba el color de piel , verle desnudo era nuevo para ella y si le pareció curioso apreciar sus tatuajes sin camisa, desnudo en sí podía compararse a una obra de arte.

No lo escondió, con la misma manta, aprovechó taparle a él, solo que de una forma un tanto inusual. No contenta con estar sentada, gateó a tientas hasta sentarse sobre su regazo. Más alzada, el rostro del brujo se encontraba más cerca de sus senos que del rostro de la rubia, cosa que volvió a arreglar..apoyando su frente en la de él... un claro gesto que había tomado por costumbre cuando él se encontraba cerca, contacto directo. Dibujó con su mirada los labios ajenos a cada palabra que salía de éstos, cuanta sabiduría e inteligencia, puntos a añadir a que no, no era como cualquier hombre…él también se ganó el respeto de la rubia y aquella sonrisa que mostró se lo afirmó.

-Me gusta demasiado oírte -confesó sobre su regazo, piel contra piel pero aún así tan inocente como parecía en ese momento entre sus brazos. Devolvió los besos superficiales, su nariz, mejilla, la comisura de los labios, atreviéndose  morder el inferior y tirar de él con un enfermizo deseo. Un deseo que la empujó a buscar sus labios como única respuesta, los besos plagados de pasión, dulzura al mismo tiempo…sabían a esas llamas que los dibujaba, como sombras, solo una. Maldito hombre, la llevó a tener que aferrarlo a él de la nuca, hundiendo sus dedos con ansia en aquella mata de pelo azabache y su otra mano, deslizarse por su espalda, hundiendo las uñas en la carne, arrancándole gemidos entre besos… moviendo su cuerpo como necesitaba sentirlo.

Hubo un instante en el que se quedó sin aire, teniendo que apartarse, entornando los ojos por falta de desvanecerse. Negó, cerrando los ojos con fuerza, frunciendo el ceño como si acabase de darse cuenta de hasta dónde había llegado o eso podía creerse. Negó una vez más , rozándole los labios, susurrando su nombre con infinita desesperación, rogando a media voz algo que en sus cabales le pediría.

-Tus labios me queman pero… -deslizó los labios por su cuello, dejado un húmedo beso, un mordisco plagado de necesidad -Me pesa el cuerpo… tendrás que cogerme…cógeme Emhyr -sonrió buscando una vez más su boca, deslizando los dedos por su rostro… ese hombre le perdía y lo sabía -Quiero hacerlo, sí quiero pero diablos, no aguanto más…eso me …-intentaba por todos los medios no cerrar los ojos, perder el conocimiento…más lo aferraba contra sí. La fricción de su cuerpo le arrancó algún que otro gemido … se negaba pero el sueño era tan superior a ella -No me odies por desearte tanto…y hacerte…esto -lo abrazó contra sí, apoyada contra su frente, con los ojos cerrados, venciéndose hacia él… confiando ciegamente en su inconsciencia.

*Sus labios, viajaron hasta su mejilla, deslizándolos por su cuello y no bastándole solo con tocarlo, necesitó acariciarle. Sus manos se deslizaron por sus hombros, con mucho tacto.. más que por no caer de bruces sobre él que porque ella fuese cuidadosa. Dejó un beso en el hombro derecho, bajando un tanto más y poder recorrerlo sin prisa. Su boca se deleitó en su pecho, dibujando cada músculo tanto con sus labios como sus dientes, dejando mordiscos por el lugar y es que solo ella podía saber lo mucho que le agradaban los mordiscos al otomano.


Sus labios, se quedaron adheridos a la piel de su vientre, atrapando la cintura con sus brazos en un abrazo de lo más insólito e inesperado. Ahora sí, acababa de quedarse dormida y no solo eso, terminó tomando posición en su entrepierna, usándolo de almohada y sonreír en ese sueño que tanto necesitaba... olvidarse de quién era por esa noche, no, no sería fácil ¿quién dijo que fuese a serlo?

Quizás, era mejor que ocurriese cuando ambos pudiesen darse lo mismo por ambas partes… en sus plenos conocimientos, darse un todo.



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Lun Jun 06, 2016 7:59 am

No le dijo nada, más bien más bien sus gestos fueron los que respondieron ante tal voto de confianza. ¿Quién diría que la noche iba terminar de aquel modo? Cuando llego a aquel lugar, venía con un ánimo un tanto disperso, Bryan quería divertirse con él una vez más, y Emhyr necesitaba tenerlo a favor por sí las cosas salía a pedir de boca. Iba a necesitar en un futuro que alguien le diese es acceso a un país el cual una vez llamó hogar.
Quedaba poco para la Luna Llena, había seguido los rumores, había confirmado sus sospecha e información dada… Sabía dónde podía obtener lo que deseaba. Eso era lo que su mente disipaba.
 
Y ahora estaba allí en aquella situación, que realmente no esperaba, dejando las preocupaciones y malos pensamientos a un lado, viviendo un presente que le había regalo, un gusto nocturno de la persona que menos se hubiese imaginado… ¿Quién diría que estaba a punto de acostarse con la hija de la familia Appleyby? Aquella con fama de tener un carácter difícil. Eso debía de ser un logro para cualquiera.
 
Una sonrisa, y ella le atrajo bajo aquella vieja manta. Pudo sentir su cuerpo aun frío a causa de la ropa mojada que ya había desaparecido, en contraste con la de él que estaba demasiado caliente.
Labios ajenos que con timidez rozaban los suyos y su piel, para abrirse a la ferocidad y atrevimiento de los besos que pedían más de él. Sus cuerpos se aferraban en desesperación y desenfreno, sus manos acariciaban cada rincón de su cuerpo y ya no sabía en algunos momentos si eran sus labios los que devoraban sus pechos o sus manos la sumían en caricias ardientes.
Quiso perderse tortuosamente en aquel nuevo cuerpo que comenzaba a ser fuego, sintiendo como la respiración se aceleraba a causa de la excitación siguiendo al corazón que fuerte golpeaba en el pecho. Sus manos recorrieron la piel pálida, atreviéndose a deslizarse por rincones osados, buscando que ella misma se humedeciese por su propio deseo y le pidiese llegar más lejos.
Sus suspiros y leves gemidos en su oído le hacían encender más su deseo por ello, pero sentía que debía de ser paciente y detenido.
 
Una disculpa venía de sus palabras, casi apenas las apreciaba ya estaba perdido en ella, su mente se nublaba. Osadía en sus orbes azules, en sus labios que recorrían cada rincón marcado por un trozo de historia escrita en tinta hasta que… ¿En serio? Una ola de arrepentimiento por haberle regalado el sabor de los narcóticos le invadió, al ver como su nueva amiga, no había sido capaz de soportar sus efectos y se derrumbada sobre su cuerpo.
 
No supo si reír o llorar, como decía la expresión. Más bien maldijo notablemente en su lengua mater, y luego vino en conformismo “Otra vez será…”.
Emhyr tomó la muñeca de Abbey y la levantó para dejarla caer en peso muerto. Si, acaba de quedarse completamente dormida, inconsciente… ¡Qué más daba! La cosa es que se había acabado la diversión.
Suerte para ella que fuese él cualquier otro hombre se hubiese aprovechado de la situación, porque prácticamente el cuerpo de ella estaba preparado, pero el turco no le iba el concepto de “necrofilia” temporal. A pesar de que fuese un sinvergüenza aun conservaba ciertas nociones de lo que era el honor.
 
Tomándola por los hombros, la hizo rodar por la cama e intento colocar en una postura que fuese más o menos cómoda. La miró dormir plácidamente, hasta parecía indefensa, muy al contrario que su realidad de tormenta enfurecida. Piel suave y cuidada, se notaba que poco había trabajado, que no se había endurecido por el sol o sido maltratada por la labor.
Entre sus dedos tomó un mechón de cabello rubio, realmente a Emhyr siempre le había gustado las rubias y las pelirrojas, aunque las pelirrojas se ganaban su mayor deseo, le fascinaba aquel color fuego tan raro de encontrar. Era como acostarse con algún tipo de animal mitológica y tantos dichos y leyendas corrían alrededor de personas con aquel color de cabello.
 
En un atisbo le vino la imagen de Kala dormida a su lado, la echaba de menos. Y esperaba que ella le echase de menos, por un momento el pensamiento de que encontrarse a otra persona, a pesar de que le hubiese pedido que siguiese adelante, lo alentó y sintió celos por esa otra persona creada por su imaginación, como un niño que no quieren que le roben aquello que empieza amar. Luego se sintió estúpido, e inmaduro, ¿desde cuándo pensaba en esas cosas?
 
Manta echada, pensó por un momento en tumbarse a su lado e intentar dormir, pero no podía para nada, más bien decidió sentarse en el borde del colchón y mirar las llamitas del humero en su danza de luz cambiante. Dejar los pensamientos volar…
 
Un recuerdo lejano, de una situación similar. Desnudo, frente a una hoguera, mirando como sus ropas se secaban. La diferencia, tenía unos quince años y estaba sentado sobre un harapo que había encontrado en algún lugar, sobre la nieve, se moría de frío, no paraba de temblar, pero se conformaba con los grandes deseos de regresar a su hogar. Todo se había acabado, iba a regresar, había sido unos años horribles luchando contra serbios y otros…, pero regresaban.
 
Aquella madrugada en un rincón de Europa del Este, habían cruzado en pleno invierno por heladas aguas, había llegado al último asentamiento de los rebeldes y lo habían arrasado todo. Ese era su modus operandi, arrasar y dejar tras su paso, un rastro de fuego, sangre y muerte… Sin piedad, no podían tolerar más insurgencias. No se sentían ganadores, pero había ganado una vez más.
 
Emhyr regresaría a casa, a diferencia de otros que se quedaban con las tropas francesas enviadas por Napoleón. Regresaba a casa para convertirse en el “jenízaro más joven” de aquella generación. Por fin había conseguido lo que todos esperaban de él, y casi diez años antes de lo previste. Había recelos, había algunos altos mandos que no lo veía con buenos ojos, pero la mayoría apoyaban la iniciativa.
 
Derivado de aquel recuerdo, vino el vinculado con su recibimiento en palacio, vestía el uniforme y veía como su madre buscaba un regalo para él. En sus brazos portaba a Nithara de apenas unos 5 años, hermana que acaba de conocer, había sido unos desconocidos hasta entonces. La niña le miraba con curiosidad, con aquellos enormes ojos verdes, a diferencia de él, ella había heredado los ojos de su madre, al igual que su hermana mayor, pero esta última ya no estaba para verle convertirse en jenízaro, había muerto apenas unos años a causa de un mal parto.
“Toma, protégete y no nos olvides, déjanos atrás si es necesario…”, aquellas palabras le parecieron extrañas, su madre siempre había creía demasiado en supersticiones, decía que tenía el don de la videncia y que ellos lo habían heredado, Emhyr nunca la creyó, ese día simplemente había tomado aquella extraña cruz de plata, una cruz que en su día perdió… Necesitaba llevarse algo estómago, pero para nunca olvidarla llevaba tatuada en su antebrazo.
“Emhyr, déjanos atrás… Márchate…” Su madre debía de saberlo, que, de una semana a otra, los traicionarían y les obligarían a suicidarse, a su hermana la atraparían con un matrimonio bien convenido y comenzaría para él su pesadilla de marcharse para evitar su ejecución… “Emhyr, no dejen que los lobos te devoren, devóralos tú a ellos…” De repente el aullido de los lobos lo llevaron a aquel bosque helado, en algún rincón de Europa del Este… Ellos los habían matado a todos, hombres, mujeres y niños… No debe de quedar nadie con vida… “Devóralos a ellos somos como lobos, arrasamos todo…”. Las fauces ajenas rasgaban su carne, había dolor, y la luna llena se había vuelto roja como la sangre…. “Te mueres…” Le había parecido escuchar la voz de Kala sentenciando un destino.
 


Un respingo, el sudor doraba su piel morena… Respiración agitada, y miedo latente en el pecho. Se había quedado dormido, y había sido una pesadilla. Tosió un poco, y miro sus brazos, aun sentía los colmillos hundidos en su piel, dolorosos. A su lado la rubia continuaba tan tranquila en su sueño. Se dejo caer a su lado pesado, intentando calmarse.





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Mar Jun 07, 2016 3:56 pm

Un amanecer diferente…contigo.


Por primera vez, en años, pudo dormir plácidamente, un sueño profundo y reparador. ¿Desde cuándo no dormía de esa manera? Había pasado tanto tiempo, tanto que no podía estimarlo. Años con sus correspondientes horas, minutos, segundos…noches, largas y eternas en su soledad. Se acostumbró a estar sola, compartir con alguien ese espacio aún seguía haciéndole extraño e insólito. El calor que desprendía su acompañante no podía ser otra cosa más que el impulso que la mecían entre los brazos de Morfeo. El crepitar de las llamas, como la más dulce y melodiosa nana…una que jamás le susurraron, sí una orden y un portazo, el recuerdo del eco de aquel sonido fue el que le devolvió a la realidad.

Incapaz de mover ningún músculo de su cuerpo, esa sensación de entumecimiento como si hubiese estado una eternidad dormida. Tapó sus ojos un instante con la palma de su mano, ya era de día y el solo entraba por las pequeñas ventanas de la estancia. ¿Qué demonios…? recordó fugazmente las orbes oscuras hechizantes en las que quedó absolutamente atrapada, su cuerpo marcado por la tinta de sus tatuajes…su voz calmándola e incitándola al mismo tiempo.  acostumbrándose poco a poco a la claridad, se situó en dónde se encontraba o al menos quiso intentarlo. Ronroneó inconscientemente al volver a sentir aquel calor atrayente proveniente de la persona que se encontraba a su lado. Él. Emhyr, dormía plácidamente a su lado, completamente desnudo y no era el único pues al moverse, pudo notar como su piel era acariciada por aquella manta ¿ocurrió? No se acordaba pero su cuerpo si lo reconoció pues volvió a arder de la misma forma que anoche. Maldito y mil veces maldito ¿cómo podía ejercer eso en ella si no había hecho prácticamente nada? alguna extraña…¡la pipa!

Cerró los ojos, intentando buscar esos recuerdos borrosos de una noche, épica. La sensación de alegría, tranquilidad y diversión, era innegable pues sí, se lo había pasado bien. Y de todo, de lo que más segura estaba era que no ocurrió nada entre ellos, lo recordaría…como el sabor de sus labios de fuego que aún perduraban después de esas horas de descanso. Se relamió, sonriendo divertida,  aún con los ojos cerrados… unos que se abrieron de golpe al oír como la respiración ajena se aceleraba. De perfil, entreabrió los ojos,  observándolo y…el ceño fruncido de la rubia, cambió a unos labios entreabiertos.  Siseó para calmarlo, aún sin tocarlo, no podía despertarlo ahora. Reconocería esa reacción entre un millón, la apreció en su mejor amigo…en Milo antes de que aquella tragedia diese lugar. Se asustó, tanto que… no le importó, se acercó más a él aún estando desnuda pues ahora su máxima prioridad era otra mucho mejor que taparse.

Abbey no dudó, acunó su mejilla en la palma de una de sus manos y siseó, buscando en todo momento que ambas miradas volviesen a encontrarse y lo vio.  Atrapó su rostro entre ambas manos finalmente, indicándole que se incorporase con ella, sentados en la cama. El mar azul de la joven Appleby, ahora se encontraba en calma, como si los de él fuesen esa barca que nada sin rumbo entre sus aguas y ella, lo meciese suavemente. No hacía falta decir nada, las yemas de sus dedos, atraparon cualquier gota de plata que se deslizaban por el rostro del otomano. Maldita su suerte, se maldijo interiormente por sentir miedo después de tanto tiempo y se culpó, por el simple hecho de que él estuviese cerca… ¿sería la culpable también de esos sueños?

-Emhyr. -susurró y sonó tan suave, mucho más dulce de lo que cualquiera se hubiese imaginado, esos labios que podían corresponder a palabras… confirmaría de que no, no era como ninguna otra. Ya no era una niña, el recuerdo de su niñez murió con aquel chico de aspecto angelical. -¿Qué te han susurrado en sueños? No me gusta lo que leo en tus ojos. Has regresado de aquel lugar en donde creías que no ibas a volver ¿cierto?  -se inclinó a él, apoyando su frente en la suya, un claro ejemplo que confiaba en su persona - La misma expresión de tus ojos, la descomposición de cada músculo de tu rostro, tu cuerpo… abandonándote por leves segundos, los suficientes para confundirte con la realidad. No fue un sueño y lo sabes ¿por qué lo sé? La contemplé en alguien cercano, alguien que ya no está pero no pienso dejar que gane esta vez ¿lo has entendido o tengo que lanzarte a las llamas como debí hacer anoche? -sonrió con deje divertido, enarcando una de sus perfiladas cejas.

Aún sin soltarle, sus ojos azules observaron al milímetro cada facción de su rostro. Su piel morena seguía fascinándole , causándole la más pura de las intrigas. Aquel hombre era un interrogante para ella, desde el primer segundo lo fue. Volvía a estar sentada en su regazo por el intento de que volviese con ella y despertase de esa pesadilla. Fue extraño, como si aquel momento lo hubiese vivido antes.  Se quedó en silencio, mirándole a los ojos, buscando las palabras exactas pues ya no iba a ser lo mismo. No se comportaría como una niña asustada, afrontaba la situación con toda naturalidad, recorriéndole con la mirada… y rió por lo bajo.

-Estás demasiado cerca, otomano -arremetió con la misma pregunta de anoche, volviendo a esa normalidad, como si el momento de la pipa no hubiese ocurrido -Estarán buscándome por todas partes… -sonrió traviesa, sin perder su mirada en un segundo, la intensidad con la que lo miraba le dejaba claras muchas cosas y una de ellas no la pudo ocultar -Te dije que te apartaras de mí y no lo hiciste -una de sus manos, volvieron al lugar de partida…sus tatuajes, como si en cada traza pudiese deleitarse y descubrir aún más de lo que él le contó -¿Sigues pensando en que quieres abrasarte? No habrá vuelta atrás, tus sueños te lo delataron. Recuerda, decidiste abrasarte y por ello, te sacaré de las mismas garras del infierno.
-


No, no iba a dejar que volviese a ocurrir al igual que...estaba deseando volver a comprobar qué ocurrió anoche entre ambos, por qué su cuerpo era incapaz de perder contacto con el suyo. Sin proponerlo, sin pensar, acababa de hacerle una promesa. Ella sí que no iba a despedirse, volvería a por él... fuese a donde fuese.


-Pudiste haberlo hecho, lo sé y no lo hiciste. -su mano libre, se deslizó por sus mejillas, deleitándose en el tacto de los labios ajenos en la yema de los dedos -¿Por qué, Emhyr? -y de verdad, quiso saberlo,, sus orbes azules eran incapaces de mirar otra cosa que no fuese aquella intensa y desconocida mirada -Podías haber conseguido el mayor logro de tu vida -bromeo presionando el dedo índice en su labio inferior, mordiéndose ella misma el suyo...acortando las distancias hasta dejar un roce,lamiendo el superior del otomano sin dejar de presionar el inferior, volvió a reír como esa niña traviesa que era -Me acuerdo de muchas cosas... así que no mientas



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Sáb Jun 11, 2016 4:46 pm

“Ruinas,
No ves que por dentro estoy en… Ruinas.
Mi cigarro va quemando el tiempo,
Tiempo que se convirtió en cenizas.”
 
Respiración agitada y corazón latiendo fuerte en las sienes y la garganta. Maldita pesadilla, otra más sumada a los innumerables sueños con mensaje onírico de fondo.

Un pequeño respingo al notar la mano de ella, como bálsamo en su despertar. Ahora era como un animal con las fauces bien sacadas, sus músculos tensos denotaban su postura defensiva, ante todo.

Mudo la miró nervioso, aún estaba calmado su alma de aquella visión que presagiaba miedo, y demasiado dolor.
Por un momento se dejó apaciguar por su voz dulce, ¿dulce? Sus ojos castaños se encontraron con aquel océano, podía leer en sus ojos lo que había visto en otros; él sabía lo que su físico era capaz de causar en la visión de ojos ajenos, aquella fascinación que en las mujeres causaba. Muchas veces lo usaba para su benefició, pero esta vez no era así.
 
No contesto, más bien la dejó hablar, era como si el gato le hubiese comida la lengua como suelen decir. Extraño, él era hablador y más si estaba ante una belleza como aquella.
 
De nuevo ella se acercaba, pero sin intención de hacer nada más. Él no hizo nada solo la miro con cierta seriedad. Otra vez el tira y afloja que no acaba, le gustaba. Pero pronto rechazo su contacto, sus labios, su mordisco, su juego….
 
-Cállate. -Su voz sonó serio, demasiado cortante. Tomó demasiado aire, y lo exhaló. Como si le hubiese faltado el suficiente. -Solo ha sido una pesadilla como otras muchas… No me conoces lo suficiente, ni lo que hay en mi cabeza, para saber lo que me conviene. Me adviertes una y otra vez del peligro que conlleva tu compañía, a lo mejor llevo yo ardiendo demasiado tiempo. -Le miro peligroso, sus ojos brillaban y se estaba acercando demasiado a ella. -Ardiendo en peligrosas llamas y soy yo el que te arrastra conmigo a ellas. ¿o no te has preguntado si es posible que tú advertencia se aplique al contrario? Soy el único aquí usa un apellido falso y finjo ser un soldado indio que sirve a los ingleses, cuando soy otomano ¿qué tiene un turco que ver con británicos? Creo que mi trato más cercano con el ejército británico, ha sido poner las cabezas de sus muertos en picas para llamar al terror humano.
 
Fue un cambio radical, no de situación exactamente, pero de postura. Sin importarle su estado de desnudez, para él el exhibicionismo era algo natura. Tomó a la rubia fuerte de sus muñecas, la obligó a tumbarse sobre el viejo colchón.
-Ahora estas despierta, y no estas indefensa. Eres consciente de los que nos rodea, ¿y si quisiera hacerlo ahora? Puedes defender, y es más justo que el haberme aprovechado de ti a noche si lo hubiese querido. -Con su propio cuerpo, la inmovilizó tanto muñecas como tobillos. Aquel hombre sabía perfectamente como anular a una persona, era como si hubiese sido entrenado para ello. -Anoche me regalaste muchas licencias, me dejaste recorrer muchos caminos donde pude explorar muchos rincones de tu cuerpo, ojalá me hubiese dejado perderme en cada uno de ellos, aunque lo rogaste… Pero eso de la necrofilia no me va.
 
Su voz volvía a ser apetecible, su cuerpo desprendía aquel calor que denotaba su deseo y excitación por ella. De nuevo cambio la postura, seguía inmovilizándola como un profesional, pero esta vez dejo una de sus manos libres para hacer lo que quisiera.
 
- ¿Qué logro y satisfacción hay tomar el cuerpo inconsciente de una NIÑA? NO gracias… -Fue contundente, él respiraba sobre su piel pálida un tanto menos calmo, sobre sus labios sus susurro. -Estas consciente, puedes defenderte, podemos acabar lo de anoche… -Su mano libre recorrió su cuello, dejando tras de sí una caricia provocadora, el vello de punta. -Ayer me moría por qué tus piernas me abrazaran y tus caderas me mecieran con “ese” tipo de danza. -La palma de su mano se permitió la licencia de sentir bajo ellas, la punta de aquellos pechos, luego continuo por su vientre y sobre el sexo ajeno se detuvo en un leve rozo, muy superficial pero el punto justo para provocarla. -Sé cómo abrir una flor sin dañar sus pétalos…
 
Sus labios rozaron los de ella, otra vez esa caricia que dejaba la miel en los mismos, dejando un acto incompleto.
Agarrándola del pelo, la giro forzándola a estar boca abajo, su cuerpo moreno la cubrió, y encarcelo. Sus labios volvían estar cerca de su oreja.
 
-También podría forzarte… -Con sus piernas le separó las de ella. -Podría hacerlo, sería la primera vez… -Quería provocarla y a la vez asustarla. -…No sentirías dolor porque sé justo el lugar donde acariciarte para sea tu propio cuerpo quien lo pida, pero tu mente… Violada. -De nuevo sus manos recorrieron su cuerpo lentamente. -Pero para suerte tuya, yo no soy así. Hay cosas que siempre he pensado que son cosas para compartir dos, con gusto.
 
Le dio un pequeño mordisco en la oreja, y luego la libero de su encierro. Se separó de ella, y le tiro la manta encima. Luego rio para sí. ¿Habría conseguido alterar el interior de aquella rubia atrevida y retadora?
 

- ¿Sabes lo que pienso? Que después de esta noche te meterán en un convento, y creo que será un alivio para ti, porque creo que estas deseando morir virgen. O a lo mejor allí descubres los placeres carnales con otras mujeres, he escuchado historias que… Bueno puedes imaginártelo.





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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Abbey Appleby el Dom Jun 12, 2016 5:34 pm

Puedo leer y comprender…el lenguaje de tu alma.


“Cállate”

¿Quién se atrevía a usar contra ella esa palabra? nadie. Él , acababa de abrir una veda que hubiese sido mejor ni tan siquiera intentarlo. No le recriminó nada, aún no. Le devolvió la mirada, peligrosa y desafiantes…únicas entre ellos, normal entre los dos. Una media sonrisa se dibujó en los labios de la joven, no se conocían lo suficiente pero esa mirada era inconfundible. ¿Por qué la conocía tan bien? en su propia piel, había experimentado esa serie de sueños que rozaban la realidad, confundiéndole… justo como él se despertó.

Lo más desconcertante estaba a punto de suceder cuando una risa de lo más divertida se le escapó de sus labios de manzana, rojos como la sangre. No se apartó, seguía manteniéndole la mirada en todo momento y la media sonrisa, se amplió ¿pensaba que iba a asustarse por eso? se equivocaba, nació en Inglaterra pero eso no significaba nada para ella ¿qué importaba si era turco o lo que fuese? Allí solo eran dos almas rebeldes que se habían encontrado, jugando entre ambos, conociéndose de una forma que jamás lograron llegar a pensar.

-Todos fingen ahí, todos menos nosotros dos …y lo sabes. ¿Por qué no terminar de arder en esas llamas? Arrastrarme contigo es mucho más divertido que hacerlo sola -se relamió por el hecho de imaginar clavar cabezas en picas, se lo tenían bien merecido ¿creía de verdad iba a juzgarle? En este caso, iba a ser al contrario. La visión del otomano sobre ella era simplemente hechizante, notaba cada parte de su cuerpo amoldarse al suyo como si ambos, lo hubiesen estado esperando durante demasiado tiempo. Abbey, alzó la barbilla orgullosa, mostrando esa sonrisa traviesa, esa mirada cautivadora y retadora ¿quién provocaba a quien? Se inclinó lo justo para rozarle los labios una sola vez, sintiendo cada palabra , sin miedo … desafiándole como lo había estado haciendo desde el primer segundo en el que sus miradas se encontraron y ya nada sería lo mismo.

Rió verdaderamente divertida con lo de “no me va la necrofilia”. Emhyr tenía sus principios, estando en su estado no se aprovechó de la situación y como bien dijo ya estaba despierta. Un gemido, seguido de una risa al sentir aún más la presión de ambos cuerpos. Su cuerpo la traicionaba, reclamando el ajeno como si nada más existiese. Vibró bajo su agarre, su caricia invitándola a arder. Se mordió el labio inferior, arqueando un tanto las caderas al sentir aquel tacto del que apenas le ofreció unas migajas. Su voz tan acariciadora y atrayente, como esos dedos virtuosos que no dejaban ni un centímetro de piel por acariciar. Atrapó su labio inferior con los dientes, tirando un tanto de él , buscándolo como su propio cuerpo buscaba por fin conocer ese placer y locura de la que hablaba. Maldita y bendita locura .

“Niña” nadie sabe cuánto odiaba esa palabra. bajo la manta que le lanzó, frunció el ceño, mordiéndose el labio inferior…por el centro, ligeramente. Ese hombre no solo la había enfadado, llevado al límite …algo más consiguió y no fue otra cosa que provocarla, desearle y mostrarle esa Abbey más adulta que sabía lo que quería y en ese instante, no era otra cosa que torturarle de la misma manera…lanzándole una a una sus llamas y que ardiesen ambos en aquel lugar donde ocurrió todo y nada al mismo tiempo.

¿Llorar? No, preferiría actuar. Apartó la manta de una brazada y a gatas, se acercó a él de espaldas, perdiendo la mirada en aquellos dibujos tan desconocidos y conocidos al mismo tiempo, la propia historia y las vivencias de aquel hombre, la acercaba y la alejaba al mismo tiempo…un tira y afloja que no estaba dispuesta a dejar. No era ninguna niña, eso que lo tuviese muy claro. Uno de sus brazos, le rodeó a la altura del pecho, aún de espaldas y la otra, le tomó del mentón para que la mirase… de perfil. Los ojos azules, semejantes a un océano revuelto de un sinfín de dudas, curiosidad y enfado. Sus pechos, aprisionados por la cárcel de la espalda del otomano… y su boca, entreabierta muy cerca de la ajena.

-Cállate -murmuró como él, su boca no solo le ordenaron tal cosa si no que mordió con rabia su labio inferior, tirando de él. Los dedos que sujetaban su barbilla, perfilaron aquella boca venenosa que no había hecho otra cosa más que tentarla, provocarla y enfadarla a tal extremo que allí estaba…buscándole una vez más -He dicho que te calles ¿una niña? -rompió a reír y se apartó, como él había hecho pero al igual que él no se quedó en la cama improvisada. Se levantó, dando un par de pasos para que la viese en todo su esplendor. Piel nívea, cuidada y extremadamente suave. Esos ojos intensos, volvían a recorrerlo sin un ápice de vergüenza.

Carecía de vergüenza pero no de orgullo, uno que dejó de lado cuando los mismos pasos que le apartaron de la cama, volvieron a acercarse a ésta. No le dio tiempo de reaccionar, tampoco él esperaría lo que a la manzana se le pasaba por la cabeza. Lo rodeó, cada pierna a cada lado de su cuerpo, ella de pie y él sentado. Podía apreciarla aún más de cerca , el solo hecho de que él la mirase le erizó la piel y no ocultó el deseo que aún vibraba en ella. se mordió los labios, tomando asiento en su regazo. Siseó para que no se le ocurriese decir nada , por si intentaba liberarse de su cuerpo, lo rodeó con las piernas, acercándose aún más a él.

-¿Sabes lo que pienso? podría forzarte… a que lo hicieras, a acariciar los pétalos ¿te lo has imaginado, Emhyr? Desflorarme... tu boca, por todo mi cuerpo… moviéndome a mi antojo, arrancándote un gemido tras otro… aumentando aún más el deseo que sientes y no para de crecer… -apoyó la frente en la suya, deslizando los labios por su cuello y dejar un delicioso mordisco, otro en su hombro y abrazarlo contra sí de una manera que él no esperaría. Sus uñas le aferraron contra sí, sintiendo la zona más sensible de sus pechos endurecerse y algo más que… él esperase descubriese por sí mismo -¿Me vas a meter en un convento? ¿O vas a dejar de jugar de una maldita vez? nunca, jamás, vuelvas a llamarme niña - sin cerrar los ojos, se lanzó a sus labios, buscando bailar con su lengua, morderle los labios… con ganas de él -Aún no hemos bailado esta noche… -susurró bajito, mirándole a los ojos…bebiendo de su respiración agitada, relamiéndose y saborear la boca de aquel hombre… la del mismísimo pecado.



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Re: ¿Nos hemos visto antes? [Abbey Appleby] ◊◊

Mensaje por Emhyr Van Emreys el Mar Jun 14, 2016 2:28 pm

Volvía a estar sentado sobre el colchón, con una cierta alteración interna ante aquella previa cercanía, sus palabras y luego concederle un poco más, para luego no darle nada.
 
Se iba a disponer a levantarse para buscar sus pantalones cuando a su espalda sintió la desnudez nívea contra su propio cuerpo. ¿Qué iba a hacer? Volvió su rostro al de ella, cuando sus dedos lo pidieron, encontrándose con dos zafiros brillantes que le devoraban.
Realmente no se lo esperaba, más bien otro bofetón o tal vez un puñetazo. Había que admitir que asustarla era algo difícil; intentar ver sus mejillas sonrosadas, ver acobardada su actitud al estar iniciándose en un mundo desconocido para ella, era todo lo que creía que podía suceder, pero ¡no!
 
Sus labios impactaron contra los suyos, invitándole a aquel reto, desafiándole, podía sentir sus dolorosos y placenteros labios rasgar en sus mordidas la piel. Sus manos fueron a buscar su cuerpo dejándose caer en aquella tentativa, pero ella volvió a alejarse levantándose y subiéndose sobre él. Otra vez ese tira y afloja, que le encantaba, pero comenzaba a impacientarle.
 
Ocasión para contemplarla por voluntad, podía decirse que ganaba más desnuda que decorando su cuerpo con joyas o telas. No era bonita, era belleza, una dríada de sonrisa atrevida y traviesa, que le desafiaba.
Pronto sus piernas abrazaron su cintura atándole a su cuerpo, atrapándole en aquel deseo fatal, haciéndole olvidar si era de mañana o de tarde, expulsando sus miedos.
 
-Me cuesta imaginarme mis labios recorriendo todo tu cuerpo… Déjame ver… -Susurro, mientras tomándola del mentón la obligaba a detenerse, sus ojos castaños fijos en los de ella recorrieron de nuevo su cuerpo. Su pulgar acarició su boca, mientras el turco se mordía sus propios labios con gesto hambriento.
 
Su frente se apoyó sobre su frente, podía sentir el latir de su propio corazón enervado en las sienes, pero mera excitación. Su mano curtida, recorrió su piel creando formas calmas. A diferencia de su piel, era pálida, señal que apenas había estado aguantando la luz del sol en largas jornadas de trabajo; su piel contaba menos historias que la suya, lisa, pálida, suave y cuidada, lo que debía de esperarse en una joven de clase alta, menos castigada que la suya.
 
-Que suave… -Comentó más para sí que, para ella, con satisfacción y admiración. Luego sus ojos volvieron a cruzarse con los de ella, sus labios se curvaron divertidos. -Quiero enseñarte los primeros pasos de baile, “niña” …
 
Enredado en sus labios furiosos contra los suyos, podía sentir el latir de su corazón acelerado y la respiración jadeante, a causa de que le robaba el aliento con cada roce. Su cuerpo elevarse en temperatura, su roce al chocar contra él que evidentemente deseaba beber de ella hasta quedar completamente saciado. Los juegos se habían terminado ya hacía demasiado tiempo, ya no había vuelta a atrás.
 
Pronto la volteo sobre sí, para que su cuerpo fuese su asiento, para sentir su espalda contra el torso tatuado. Contraste de tonos de pieles, en una sociedad como aquella no calzaban, pero ante sus ojos tenían demasiado en común que de tal modo que hiciese que se atrajesen con esa química.
 
-Enséñame que sabes hacer… -Solo dijo a su oído mientras le daba un mordisco en la oreja. -Aun no estas preparada… Paciencia.
 
El turco tiró de nuevo de aquel cabello dorado obligándola a alzar el rostro. El nervio se hubo detenido unos segundos, Emhyr fue detenido por un momento, mientras sus labios recorrían superficiales el hueco de su rostro y cuello hasta llegar a la clavícula, zona que le excitaba en la mujer, cosquilleo aterciopelado tras de sí, luego vinieron las mordidas placenteras. Su piel le sabia dolorosamente dulce.
 
Sus manos sostuvieron sus pechos, como frutos maduros, antes contenidos, antes prohibidos atrapados entre dedos acariciantes en sus durezas. Sabía que luego su propia lengua buscaría saborearlos, pero aún no. El recorrido creaba marcas invisibles que probablemente ella nunca olvidaría, en su vientre, en sus caderas, sobre su sexo todo se detuvo.
 

Caricias de manos expertas que dejaban tras de sí una humedad y excitación placentera en el cuerpo femenino, impulsando a un deseo para ella desconocido. Sabía el punto exacto donde tocar para que cuerpo se perdiese en aquellas llamas, turbando su razón, y humedeciendo sus deseos para que le pidiese que fuese más allá, para cuando estuviese lista fuese ella misma quien buscase fundirse con el cálido cuerpo del moreno.





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