Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



NIGEL QUARTERMANE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
AMANDA SMITH

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
BÁRBARA DESTUTT DE TRACY

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP


SALOMÉ AMERIS

MODERADORA

ENVIAR MP
RYLEY ENDE

MODERADOR

ENVIAR MP
GIULIA VAGGÖ

MODERADORA

ENVIAR MP
LOREENA MCKENNITT

MODERADORA

ENVIAR MP

CLIMA HUMAN HUNTING - PARTICIPAN ALICE D. DEFORT Y MEFISTO TEMPORIS - PARTICIPAN ELORA PAINE Y HÖOR CANNIF UNITED WE STAND, DIVIDED WE FALL - PARTICIPAN AXEL BLACKMORE, XARYNE ACKERMAN, GAEL LUTZ, ELORA PAINE THE HAUNTING - PARTICIPAN PIERO D'PÁRAMO & DOMINIQUE DE BRICASSART EL JARDÍN DE LAS PLANTAS - PARTICIPAN SARA ASCARLANI Y KATHARINA VON HAMMERSMARK



Espacios libres: 09/60
Afiliaciones élite abiertas
Última limpieza: 17/01/17


COPYRIGHT/CRÉDITOS

En Victorian Vampires valoramos la creatividad, es por eso que pedimos respeto por el trabajo ajeno. Todas las imágenes, códigos y textos que pueden apreciarse en el foro han sido exclusivamente editados y creados para utilizarse únicamente en el mismo. Si se llegase a sorprender a una persona, foro, o sitio web, haciendo uso del contenido total o parcial, y sobre todo, sin el permiso de la administración de este foro, nos veremos obligados a reportarlo a las autoridades correspondientes, entre ellas Foro Activo, para que tome cartas en el asunto e impedir el robo de ideas originales, ya que creemos que es una falta de respeto el hacer uso de material ajeno sin haber tenido una previa autorización para ello. Por favor, no plagies, no robes diseños o códigos originales, respeta a los demás.

Así mismo, también exigimos respeto por las creaciones de todos nuestros usuarios, ya sean gráficos, códigos o textos. No robes ideas que les pertenecen a otros, se original. En este foro castigamos el plagio con el baneo definitivo.

Todas las imágenes utilizadas pertenecen a sus respectivos autores y han sido utilizadas y editadas sin fines de lucro. Agradecimientos especiales a: rainris, sambriggs, laesmeralda, viona, evenderthlies, eveferther, sweedies, silent order, lady morgana, iberian Black arts, dezzan, black dante, valentinakallias, admiralj, joelht74, dg2001, saraqrel, gin7ginb, anettfrozen, zemotion, lithiumpicnic, iscarlet, hellwoman, wagner, mjranum-stock, liam-stock, stardust Paramount Pictures, y muy especialmente a Source Code por sus códigos facilitados.

Licencia de Creative Commons
Victorian Vampires by Nigel Quartermane is licensed under a
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en http://www.victorianvampires.com




Indestructible {Privado}

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Indestructible {Privado}

Mensaje por Miklós L. DeGrasso el Dom Abr 17, 2016 11:28 am

Si Eszter Rákóczi hubiera escuchado la maldición en húngaro tan maravillosamente expresiva que su hijo Miklós había farfullado, anonadado ante la desfachatez de un rival de intentar clavarle un cuchillo en la espalda, hasta ella se habría sonrojado, y eso que era una mujer a la que pocas cosas sorprendían. Así era, Miklós estaba sumamente molesto, porque vale que nunca hubieran hablado su rival y él de que iban a pelearse de forma limpia, pero ¿una traición tal? ¿En serio? Hasta al húngaro, absolutamente carente de todo sentido del honor la mayor parte del tiempo, le parecía una afrenta, pero sobre todo porque el imbécil que lo había atacado había decidido que así lo mataría y que, si no, sus matones se encargarían de rematarlo, como si no valiera ni siquiera el tiempo de aquel hombre. Por favor… Era un burgués con ínfulas, un hombre sin la mitad de la nobleza de la sangre de Miklós, por mucho que las mezclas varias se la hubieran reducido considerablemente, y que creía que por dinero podía permitirse darle una paliza a un hombre (¿hombre? ¿Felino? Ese era un debate para otro día, pero constante en la psique del húngaro) que se ganaba la vida haciendo precisamente eso: golpear. Por eso habían terminado llegando a aquella situación, en la que Miklós había sido interceptado, le habían arrojado dinero a la cara como si quisiera empezar a golpearle con los francos y después se le habían lanzado así, sin avisar, varios hombres de los que se había zafado con tanta facilidad como si se trataran de moscas. Aunque, siendo fiel a la verdad, Miklós prefería a las moscas antes que a los inquisidores como aquel: al menos revoloteaban, fastidiaban y se largaban, en vez de intentar dominarlo y al no conseguirlo pretender dejarle la labor de matarlo a otros. No, por ahí sí que no pasaba.

Indiferente por completo al cuchillo que sobresalía de entre sus omoplatos, Miklós luchó con uñas y dientes (literalmente garras de animal, pues había iniciado la transformación aunque no la hubiera terminado) hasta desgarrar a aquellos desgraciados que no pudieron matarlo. A continuación, tiró el dinero bien lejos, se arrancó el cuchillo, que ni siquiera era de plata, y se lo llevó a la nariz para poder captar el aroma de su atacante. Controlando las arcadas lo suficiente, Miklós estuvo a punto de emprender la marcha hacia su ingenuo atacante, pero el dolor de la herida se volvió particularmente fuerte en aquel instante, o tal vez él había elegido darse cuenta entonces, no lo sabía. No le importaba. Al notarse así de débil, el húngaro asió con fuerza el cuchillo, se dirigió hacia una de las casuchas de los bajos fondos, donde sabía perfectamente que lo recibiría un viejo conocido suyo, y durante los dos días siguientes se dedicó a descansar, comer algo, curarse y alcoholizarse un tanto. Tratándose de Miklós, lo raro habría sido que no se hubiera dedicado a lo último únicamente, pero cuando lo molestaban tanto como aquel hombre con su osadía era capaz de ver más allá de los placeres momentáneos que lo hacían sentirse vivo y de plantearse incluso una venganza. Increíble, ¿no es cierto? Que el hombre que siempre pensaba después de actuar se estuviera refrenando para poder actuar de la forma que más daño haría a su rival. Tal vez algún día llegara a enorgullecerse de ello, de aquella actitud suya de madurez que no siempre le era propia a un hombre demasiado tocado por un intento de asesinato que recientemente había sufrido otro. Pero aquel, desde luego, no era el día de enorgullecerse, sino de vengarse, y Miklós dedicó toda su energía a aquel objetivo desde el mismo momento en que se incorporó del suelo en el que había dormido, indiferente a la incomodidad.

En completo silencio, se transformó en pantera y olfateó el cuchillo hasta que su propio olor y el de su atacante inquisitorial dejaron de mezclarse y pudo seguir el rastro del hombre. De manera reticente, se vio obligado a volver a ser un humano cuando el rastro se adentró en las calles de París, donde una pantera a plena luz del día provocaría una histeria que un hombre atractivo, con las manos en los bolsillos y paseando con aparente tranquilidad no provocaba. Le venía bien la calma a su alrededor, le favorecía que nadie se fijara demasiado en él durante su camino lento y pausado, husmeando por las esquinas y siguiendo un aroma débil y contaminado por otros, pero que se iba haciendo fuerte con cada paso que Miklós daba. Bien, eso le gustaba; esbozó, incluso, un amago de sonrisa satisfecha, que resultaba llamativo en su rostro normalmente inexpresivo, sobre todo porque parecía estar planeando cómo matar a alguien cada vez que curvaba así los labios. Qué apropiado, ¿no? Esta vez realmente lo estaba haciendo, pero indiferente al efecto que producía se concentró en sus sentidos, en las sensaciones que captaba, en el ruido del inquisidor que efectivamente se encontraba cerca de él: en su presa. Pues en eso se había convertido, en la presa de una pantera particularmente cabreada, de una pantera disfrazada de humano que, sigilosamente, se fue acercando a él sin que éste lo notara y que le clavó el cuchillo que le clavara primero a Miklós en el mismo sitio, en la espalda. Sin embargo, Miklós era vengativo, y no contento con clavárselo una vez repitió la jugada, e incluso le desgarró el cuello desde detrás, de manera que el hombre terminó cayendo al suelo, muerto, sin que a nadie le importara.

Aquello, no obstante, tuvo como consecuencia que Miklós viera que, con su venganza, había salvado a la mujer a la que casi viola el hombre que lo había intentado asesinar.



Dead end:
The darkness latches on:
Now I am a product:
of a mine that wasn't ever mine:
and now it says:

Kill them slow:


avatar
Miklós L. DeGrasso
Cambiante Clase Baja
Cambiante Clase Baja

Mensajes : 130
Puntos : 182
Reputación : 90
Fecha de inscripción : 17/03/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Aaya Maciej el Sáb Ago 13, 2016 7:39 pm

La noche había caído como una vieja amiga, ésta vez no se trataba de cazar seres sobrenaturales. Muy por lo contrario, la vida de humana ‘normal’ me requería. Las cartas de Arsénico se habían vuelto bastante largas de esperar y con ello, el sufrimiento que cargaba y la soledad -en especial la soledad- se volvían de alguna manera imposibles de soportar. En París no conocía a nadie, no había visto a ningún otro cazador en las inmediaciones de la capital, tampoco en los bosques, ni espiando como así lo hacía yo en las reuniones de alta categoría. Solía ser invitada como una representante de una casa de burgueses de Bélgica, mi estado económico difería mucho de ello. Pero me proveían de todo el frufrú necesario para aparentar y yo le daba mi toque cuando los guantes, velos y tapados se hacían presentes. El frío se estaba yendo y con ello llegaba la época más odiada para mí. El verano, transpirar me daba tanto asco como si así me tocaran la piel. Solo pensarlo me estaba haciendo temblar en el medio de la calle. Tenía que ir a comprar no solo leche y varios productos empaquetados del mercado grande. Sino que también necesitaba de algunas armas nuevas porque, ya que tuve que alargar mi visita por mis propios medios, las armas se me habían agotado. Incluso había perdido una en los bosques. Mi padre podría ponerse furioso de saberlo. Apoyé mi mano enguantada sobre la mejilla y terminé por calmarme con el viento de un abanico artesanal.

No tardé demasiado en el primer puesto al que iba. Siempre era mejor comprar lo normal para luego disfrazar los objetos punzantes entre los bloques de legumbres y pan. Con la bolsa de papel entre mis manos y mi torso de largo promedio, prácticamente no llegaba a ver lo que tenía en frente. Mi resistencia física, para buena fortuna, era bastante buena y no tuve que detenerme hasta la entrada de los callejones en donde vendían el armamento ilegal para cazadores. Busqué uno de los cinco pañuelos que llevaba en el vestido pomposo y con calma lo apoyé sobre el suelo, depositando allí mismo la bolsa de comida. Forzosamente fue que me quité el velo del rostro. Entrar a ese lugar era peor que haber inhalado el aire impuro de la ciudad todo el día. Pero no había otra opción, tampoco quería morir, ni que me atacaran otros cazadores por no mostrar el rostro. Alcé el tedioso traje que llevaba y con cuidado zapateé el piso, esa clase de lugares, en casi todas partes del mundo, tenían un código. Se trataba del morse, en donde patear lo suficiente como para hacer entender una clave era lo suficiente para que te atendieran desde ese lugar, sin necesidad de ir a espiar aquello que estaba prohibido.
Penosamente para mí, ese día no era un día de suerte. No llegué a terminar el zapateo cuando sentí la inminente presencia contra mí. Un tipo había sido lo bastante rápido como para que mi inestable capacidad de alerta hubiese fallado. Y me sentía orgullosa de esa dota porque la usaba para salvarme de mi propia enfermedad. Ahora que había fracasado, las zarpas de la persona eran peor que estar desangrándome. La inmundicia penetró mi piel al instante, prácticamente no tardé en largarme a llorar ante el tacto sucio, desagradable del ser de manos descubiertas. Me retorcí, no llegué a escuchar lo que estaba diciendo, pero parecía desagradable. ¿Cómo podía llegar a eso? Estaba cubierta de telas y telas y mi rostro no era particularmente agradable. Y para peor, me estaban apuñalando por donde más me dolía. Incluso unos cortes con un arma podían molestarme menos que los gérmenes del masculino pasándose a mi persona. Pataleé, no estaba razonando hasta que alcé mi mano derecha que estaba desocupada. La izquierda estaba retenida por el bastardo. Aplasté su cuello sin pensarlo, con todas mis fuerzas, le vi a los ojos y un instante después, dejé salir los alimentos que había consumido en la mañana sobre él. El vómito era un té que parecía agua, con pedazos esparcidos de pan. ¿Iba a desmayarme? Sí, probablemente. Lo único que me paraba de eso era el mismo principio que me había hecho vomitar. El asco de seguir apoyada en el suelo, de tener saliva ajena sobre mis labios y ahora, de repente, volaba sangre a los lados. Grité. Salté con tanta euforia que terminé estampada contra la pared en frente de donde se producía el acto. Y volví a desmoronarme en el suelo, quedando con la vista clavada sobre el joven que había salvado mi vida de una manera que no le agradecía para nada. Las lágrimas seguían cayendo y con ello empezaba la desesperación. Pero no me podía mover, temblaba contra los ladrillos. — Voy a morirme. Me voy a morir igual. Que hiciste. Me moriré. — Observé las gotas de sangre sobre mis prendas, una había caído en mi piel sobre el brazo porque el guante se había bajado. Mis sollozos estaban por derretirme en ese mismo suelo. Recién ahora había empezado a conocer el amor. Y ahora, me moriría de una enfermedad o infección desde adentro hacia fuera.—¿Qué hiciste! Ah... Perdón, gracias. Pero no, no. ¿Ahora qué haré?—


No toques aquello que no te pertenece

I'm loyal to you:
Look the lagoon in my eyes:
And:
avatar
Aaya Maciej
Cazador Clase Media
Cazador Clase Media

Mensajes : 127
Puntos : 209
Reputación : 108
Fecha de inscripción : 06/04/2013
Edad : 27

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Miklós L. DeGrasso el Lun Ago 29, 2016 4:59 pm

Con el mismo gesto de un gato ante un cuenco lleno de deliciosa y fresca nata, Miklós recuperó su cuchillo y lo limpió en las ropas del inquisidor muerto, que no contento con intentar matarlo a él había decidido intentar violar a una joven que lloraba y gimoteaba, seguramente por el... No. Definitivamente no había sido por el intento de violación de un ser repulsivo (eso sí que lo podía entender el húngaro, pues casi vomitó al intentar seguir su olor para encontrarlo), sino porque... ¿se iba a morir? Demonios, ¿en serio le había tocado lidiar con eso a él? El húngaro frunció el ceño en un gesto de frustración, como si pensara que la joven era dura de mollera, y se guardó el arma entre sus ropas, que de por sí estaban ya bastante destrozadas, como solía ser lo habitual. Mucho había debido de molestarlo para que abandonara su indiferencia habitual... – Pues sí, algún día vas a morirte, como todos nosotros. Pero dudo mucho que ese día sea hoy, gracias a mí, así que no hay de qué, el placer de matar a un inquisidor siempre es mío. – cortó Miklós, así, los lamentos de la muchacha, pues la sequedad de sus palabras serviría hasta para que un religioso dejara sus arengas por un momento, el necesario para mirarlo como si estuviera loco en vez de dolorosamente cuerdo. Se podían, de hecho, decir muchas cosas de Miklós; entre las favoritas de la gente con la que se encontraba, que era un suicida, que era arrogante, que era un pendenciero que no controlaba sus actos y no pensaba antes de lanzarse a hacer algo, pero esa inconsciencia nadie la confundía con locura, y por algo sería, ¿no? Él estaba convencido de que tenía la razón en ciertos casos, ese incluido, y por ello decidió que ignoraría las quejas de la muchacha, que ya había vuelto con su perorata incesante, y haría lo que le viniera en gana con los alimentos que ella había dejado caer.

– ¿Qué demonios está haciendo una cría como tú en un callejón como este, eh? ¿Es que no sabes que imbéciles tan asquerosos como este acechan? – la increpó, como si estuviera dirigiéndose a su hermana menor cuando estaba a su cargo, y era curioso, porque la joven no tenía nada en común con su adorada Imara, ni siquiera físicamente. Sacudiendo la cabeza, Miklós se estiró para coger la bolsa de papel con los comestibles que ella portaba antes del ataque, pero al enseñársela ella le hizo entender que no la cogería, cuando apenas estaba sucia. Pragmático, el húngaro se encogió de hombros, cogió aquello que pudo guardar en sus bolsillos y, a continuación, agarró la barra de pan y empezó a comérsela con hambre, pues aunque sabía que había debido de comer (no estaba muerto de inanición, ¿no?), no recordaba cuándo lo había hecho. – Una princesita bien vestida como tú, con un vestido lleno de suciedad y manchada de sangre, no puede ir muy lejos sin que alguien sospeche y te pregunte, y estando histérica seguro que me acusarían a mí. – razonó, y se incorporó, aunque aprovechó para cogerla de la ropa sin tocarla, porque intuía (y no sabía con cuánto acierto) que ella no quería que su piel sucia se rozara siquiera con la propia, y levantarla del suelo. A continuación, aún comiendo pan, la empujó, de nuevo sin rozarle la piel, hasta un callejón más allá de aquel donde había tenido lugar el infeliz encuentro, donde nadie pudiera verlos y ella pudiera calmarse. Por suerte, además, en esa calleja se encontraba una fuente de la que manaba agua particularmente limpia y cristalina, tanto que era uno de los lugares predilectos de Miklós para lavarse, cosa que hizo, delante de ella, en cuanto llegaron. – Tal vez esto te tranquilice un poco. Si no, yo me rindo.

Impaciente, Miklós bebió agua de aquella fuente y se higienizó la ropa, el rostro y el cuerpo, delante de ella y sin el menor pudor, de manera que, cuando finalizó, absolutamente empapado, hasta casi parecía un caballero... Pero sólo casi.



Dead end:
The darkness latches on:
Now I am a product:
of a mine that wasn't ever mine:
and now it says:

Kill them slow:


avatar
Miklós L. DeGrasso
Cambiante Clase Baja
Cambiante Clase Baja

Mensajes : 130
Puntos : 182
Reputación : 90
Fecha de inscripción : 17/03/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Aaya Maciej el Lun Oct 03, 2016 1:35 pm

La insolencia de aquel ser sobrenatural no hizo más que crepitarme el rostro hasta hacerlo una especie de chicharrón ensimismado y arrugado. Las lágrimas que solía tener se habían incrementado hasta bañar por completo mi rostro y cuello. Me agité contando números en mi cabeza, tratando de no escucharlo, hacer de cuenta que todo era un sueño. ¡Pero claramente no lo era, sino ya debería haber desperado! La mugre de mi vestido era bestial, la sangre y mi propio vomito eran una imagen del mismísimo infierno. No podía creer lo que estaba temblando, como una niña a punto de morirse. Aunque estaba bastante lejos de todo. Y lo peor era que se trataba de un cambiaformas que había matado a un inquisidor y yo, yo era una cazadora. No me dedicaba a su especie en realidad, pero si me decían que los matara lo hacía sin chistar de una forma rápida y sin derramar sangre. No podía responderle, estaba histérica e indispuesta. Pero no tardé en hundir los dedos en el vestido, tironeándolo varias veces desde la caña dura hasta que la primera capa de tela se salió y quedó en el suelo. Debajo del pomposo vestido de gruesa tela había un pantalón que cubría la piel de mis piernas y arriba, escondiendo la prenda masculina, estaba la enagua blanca con la camisa de algodón hasta el cuello. Casi había retomado el aire cuando me desprendí de toda la mugre, lástima que el joven, al cual no había llegado a verle el rostro, me había “ayudado” a levantarme del piso. No pasaba nada, solo una suciedad menor, tirité una vez mas como una pluma dispuesta a ir con el viento. Pero me quedé quieta, sin buscar hacer nada más. — Compraba… Las cosas para mi casa. — No se me daba demasiado bien mentir, así que siempre decía la verdad aunque fuese a medias. En ese caso, escondía la obviedad de que estaba buscando meterme en el callejón. Observé el cadáver de un costado. Por mi mente no paraban de pasar las posibilidades de que ambos nos contagiáramos de una enfermedad del aire que emanara del hombre que estaba allí. Así que cuando empezó a irse lo seguí igual que lo haría un perro a su dueño. Desesperada por un aire puro en mis pulmones.

— ¡No! No tomes agua de ahí. ¿Por qué? ¿Te quieres morir acaso? Te quieres morir… — Aseguré escondiendo entonces el pequeñito rostro que tenía entre mis manos, gimoteando con tanta pena que parecía que se acababa de morir un ser querido. Era un llanto muy silencioso, pero penoso de esos que provocan que el rostro se desfigure y se ponga rojo como una frutilla, a labios hinchados y demacrados. Para mi suerte nunca llevaba pintura ni nada que pudiera ensuciarme más. Apreté la enagua que tenía, sintiendo la suciedad de mis guantes, los de repuesto se habían ensuciado con la sangre y los que llevaba con el vómito. En el estado de pánico en el que me encontraba me incorporé un poco, mirándole como se enjuagaba, la verguenza era brutal mi rostro se mareaba entre la pena y el dolor. Y con todo el dolor que podía cargar me quité la tela que recubría cada uno de mis dedos. La piel destruida se dejó ver, llena de marcas de resequedad y cicatrices que habían quedado de la cantidad de veces que las podía lavar por día. Probablemente esa noche la sangre volvería a salir por la cantidad de mugre que había acumulado. ¡Tenía que desinfectarme! Lavar mi mugrienta esencia hasta que no quedara recuerdo alguno. — No lo acusarían a usted. No hizo nada, solo me ayudó. Aunque no entiendo por qué ha matado chorreando tanta sangre. ¿Acaso no sabe la cantidad de enfermedades que tiene la gente en la sangre? — Escondía mis manos peladas, cubriéndolas una con otra sobre mi pecho. Observé el rostro del ahora, “limpio” salvador y ladeé la mirada al ver sus ojos pardos, parecían los de un animal feroz. Me aseguré de ser cuidadosa con lo que decía, no tenía intenciones de morir, aunque ahora estaba muy cerca de hacerlo terriblemente por una enfermedad terminal. Bufé e intenté limpiarme el rostro con uno de los pañuelos, intentando de alguna manera calmar las lágrimas que no paraban de salir. Todo era peor cuando lo veía comer el pan que había caído al suelo. ¿Por qué la gente podía ser tan despreocupada y yo no? — Yo… yo debería darte algo para agradecerte. Dinero, e-eso, aquí tengo unos francos. Incluso te manché con mi vomito. ¿Qué haré si te mueres por mi culpa? ¡Maldición! — Clamé y me puse a cuclillas, abrazando mis propias piernas ya sin poder pensar en soluciones. Quizá si nos bañábamos en una tina de alcohol las bacterias se morirían.


No toques aquello que no te pertenece

I'm loyal to you:
Look the lagoon in my eyes:
And:
avatar
Aaya Maciej
Cazador Clase Media
Cazador Clase Media

Mensajes : 127
Puntos : 209
Reputación : 108
Fecha de inscripción : 06/04/2013
Edad : 27

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Miklós L. DeGrasso el Dom Oct 09, 2016 7:58 am

¿Qué problema tenía todo el mundo con que se quería morir! ¡Por todos los demonios, la respuesta era no! Que fuera indiferente con respecto a su propia salud no significaba que quisiera darle el beso de la muerte a la Parca y encontrarse en el Purgatorio a continuación (o en el Infierno, si no se sentía tan optimista; al Cielo ya había perdido las esperanzas de acudir), simplemente se debía a su naturaleza, como un desagradable efecto secundario. Realmente, ¿qué otra cosa se podía esperar de alguien que se curaba tan rápidamente? Si Miklós sanaba al momento de hacerse una herida leve y apenas tardaba cuando la lesión era más grave, al final terminaba dándole igual resultar herido porque sabía que la cosa tenía solución, tarde o temprano al menos. Pero al tratar con humanos que no compartían esa sanación rápida con él, Miklós se había dado cuenta de que inevitablemente todo el mundo terminaba preguntándole si quería mirar, y estaba cada vez más tentado de responder que ¡sí, demonios, sí!, simplemente por ver cómo reaccionaría la gente. Ya hasta casi se imaginaba la conversación: señor, ¡es que quiere usted morir? ¡Sí, por Dios, sí! ¡Pues adelante, venga usted y me ocuparé! No, probablemente no fuera una buena idea reaccionar así, a menos que estuviera muy desesperado por fallecer, y aunque Miklós era creyente realmente no estaba tan ansioso por conocer al Creador como para abandonarse a cualquiera que le prometiera que acabaría con su vida. O que lo intentaría, porque era una verdad universalmente aceptada (para él, al menos) que no había ser más difícil de matar en toda la ciudad de París, incluso en todo el continente, que Miklós Laborc DeGrasso, antiguamente Rákóczi, y de corazón todavía un poco Rákóczi, demasiado para lo que le convenía. A fin de cuentas, no era culpa suya que la herencia de Eszter corriera demasiado vivamente por sus venas, ¿a que no…?

– Da igual que no haya hecho nada. Soy un pulgoso bastardo que, además, es un maldito mendigo, mientras que tú eres una joven de dinero, como mínimo más que yo, y obviamente has sido atacada. Te creerán antes a ti que a mí. – el húngaro lo expuso con tranquilidad, pero a sabiendas de que la situación, aunque ella admitiera que la había salvado, estaba en su contra desde el primer momento. Ser un muerto de hambre tenía muchas desventajas, y que nadie lo creyera cuando hablaba era simplemente una de ellas, de las más inconvenientes en ciertas ocasiones, si bien no mentiría diciendo que nunca le había venido bien que nadie lo creyera para engañar cuanto le había venido en gana. En cualquier caso, Miklós presenció delante de él el cambio de ropajes de la histérica joven que creía que por beber agua moriría, como si Miklós no tuviera un estómago de acero que pudiera aguantar cualquier cosa, exactamente igual que sus hermanas panteras en su hábitat natural. No iba a ser solamente el comportamiento de sus formas animales lo que se mantenía cuando se encontraba como humano, ¿no…? – Créeme, si me muero no será por tu culpa. Ni por tu culpa ni por la del agua, que por cierto, me ha quitado todos los restos de vómito que pudiera tener. Estás ocupada mirándote tu propio ombligo, pero no te has dado ni cuenta de que ya estoy higienizado. – recriminó, un tanto molesto en su orgullo porque aquella niña ni se había dado cuenta de que el hombre que se encontraba frente a ella tenía poco que ver con el que la había salvado, al menos en apariencia, ya que parecía hasta un caballero respetable si se miraba con la suficiente falta de atención. Obviamente, ni lo era ni, probablemente, lo sería nunca, pero ese era un pequeño secreto que nadie más que Miklós tenía por qué conocer. – Ay, pero perdona, de haberlo sabido le habría partido el cuello para que hubiera menos sangre. Pero ¿es que no sabes la de enfermedades que pueden macerarse entre mis manos y su piel mugrienta después de haberse tocado? Quita, prefiero haberlo hecho sangrar, es más satisfactorio así. ¿Cuál es tu nombre? – ironizó, se cruzó de brazos y la miró desde arriba por su considerable altura.

Ante la sorpresa de cualquiera que lo conociera salvo de él mismo, pero únicamente porque no estaba prestando la menor atención, Miklós estaba exhibiendo tal comportamiento paternal que era una sorpresa que le hubiera preguntado su nombre y no la hubiera llamado Imara. O lo sería de no ser porque no quería insultar a su hermana comparándola con aquella pusilánime criatura.



Dead end:
The darkness latches on:
Now I am a product:
of a mine that wasn't ever mine:
and now it says:

Kill them slow:


avatar
Miklós L. DeGrasso
Cambiante Clase Baja
Cambiante Clase Baja

Mensajes : 130
Puntos : 182
Reputación : 90
Fecha de inscripción : 17/03/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Aaya Maciej el Mar Nov 22, 2016 11:33 pm

Agradecí en ese entonces no llevar ningún arma sobre el vestido pomposo, pues obviamente no lo iba a tocar ni porque me dieran mi peso en oro. Por el contrario, lo observaba desde lejos, abandonado a un lado. Acomodé con cuidado las armas de filo en los pantalones por si se habían desacomodado y lentamente me terminé por sacar las telas que estaban por arriba de mi rostro y cabeza, el gorro había terminado sucio de sangre, igualmente el lazo que sujetaba una trenza por delante. Se me partía el corazón de verme tan expuesta ante las calamidades que tenía la ciudad con esa época industrial en la que estábamos avanzando. Mirando mis propios pies fue que al final escuché al hombre hablar. Sí, estaba al tanto que se estaba bañando, pero también estaba segurísima que no me importaba mirarlo. ¡Al revés! Me aterrorizaba verlos a los ojos por dos cosas: Que descubriera que era una cazadora o que la suciedad que yo emanaba lo infectara de alguna manera. Siempre había sido así, no me importaba tanto morirme, el problema eran los demás. ¡Que todos se murieran por mi culpa sería terrible! Jadeé penosamente en donde estaba parada y alcé la vista como forma de educación cuando me habló. — Qué pensamientos tan extraños que tiene con respecto a los policías. ¿Le han hecho algo alguna vez? — Consulté con una curiosidad innata, era inevitable para mí cuando se trataba del saber mismo. De las opiniones con respecto a cualquier cosa. Algunas veces, cuando esperaba a que finalmente mi cuerpo quisiera dormir, pensaba e imaginaba mi vida ideal: ser normal y divertirme entre libros y personas, hablando sin parar sobre cualquier tipo de cosa. Sin tantos miedos. A la mañana siguiente eso parecía no querer realizarse: otra vez.

— Perdón por eso… Lo siento, fue tan imprevisto que no pude evitarlo. Te pagaré la ropa. — Asentí, sintiendo como el joven me recriminaba con bastante pesadez lo que le había causado. ¡No tenía palabras para refutarle! Lo que le había hecho era imperdonable. ¡Aunque claro que lo que él había hecho también! Me había lanzado un litro de sangre en la ropa y más de dos gotas habían caído en mi rostro. Seguramente me iba a morir en cualquier momento y él simplemente se iba a contagiar por estar al lado mío. Aun así parecía no importarle y hacía todo lo posible para que mi penosidad se sintiera más y más arraigada. — ¿Te higienizas en aguas públicas? No sabes quién pudo haberse metido. — Susurré con tanta pena que no llegué a verle del todo. Debido a las maneras de vivir que había llevado durante toda mi vida, verlo como un hombre de real naturaleza no era algo que podía hacer, más si notaba los leves destellos sobrenaturales que emanaba el ser. Pero no eran de los que solía matar, por lo tanto no me importaba entablar una conversación, por más difícil que ésta comenzara a ser para mí. Tragué un poco de saliva y cerrando los ojos quedé con las manos descubiertas y con hematomas sobre el pecho. — ¿Acaso te burlas de mí? Mrgh… Aaya, así me llamo. ¿Cómo te llamas tú? Parece que tenías bastante facilidad con las armas. ¿Eres alguna clase de mercenario? Entre las pieles... Entre las pieles hay menos probabilidades, aunque sí es posible. Tendríamos que quemar la ropa que acabo de sacarme. Seguramente encontraran al hombre y mis ropas por aquí... O las tiro por allá. — Hablaba de más en los momentos de nerviosismo, el muchacho alto estaba dispuesto frente a mí y con bastante entretenimiento parecía burlarse de mi. Eso era obvio, casi todos lo hacían y probablemente tenían razón. ¿Quién podía hacerme entender eso si tenía una mente tan arraigada? Como fuese, terminé por sacudirme cuidadosamente y me giré, acercándome a patear las ropas hasta meterlas en un callejón. Lamentablemente no tenía nada para prenderlo fuego, pero al menos esconderlo bastaría para salir de ahí. — ¿Tienes hambre? Estabas comiéndote algo que se cayó. Puedo darte algunos pocos francos o llevarte a comer. Me gustaría saldar mi deuda contigo. — Hacía rato había perdido el acento y la manera de hablar había pasado de formal y tenebrosa, a una informal y hasta dentro de todo simpática. Entre la extrañeza que tenía, era posible comentar que el chico había sido lo suficientemente sincero conmigo como para permitirle ver un poco de la calma que llevaba a todos lados. Al final me dispuse a caminar, aunque la enagua solía ser una ropa con la que no se salía a la calle, la propia era arreglada y con muchas telas y cuidados, ya que no era la primera vez que terminaba por quitarla, pudiendo pasar bastante desapercibida entre lo demás. Lo que era inevitable era tener una sensación incansable de frío de otoño que se hacía notar con la inherente costumbre de los abrigos.


No toques aquello que no te pertenece

I'm loyal to you:
Look the lagoon in my eyes:
And:
avatar
Aaya Maciej
Cazador Clase Media
Cazador Clase Media

Mensajes : 127
Puntos : 209
Reputación : 108
Fecha de inscripción : 06/04/2013
Edad : 27

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Miklós L. DeGrasso el Dom Dic 11, 2016 4:22 pm

La ironía se le había escapado de los labios sin que la pensara siquiera, como la única respuesta posible a una situación que se le antojaba absurda, la pensara como la pensase, y eso que lo estaba haciendo. La joven, que era apenas una niña a sus ojos (tal vez porque le recordaba a su Imara, si bien sospechaba que serían de una edad similar…), era frágil, parecía obsesionada con la suciedad, y ni siquiera el hecho de que Miklós se hubiera bañado en las aguas más limpias de la ciudad la tranquilizaba. Pero ¿qué demonios era lo que quería? ¿Protegerlo o provocarle tal migraña que sólo podría quitársela cortándose la cabeza él mismo? Estaba más cerca de lo segundo, pues el húngaro era indiferente por completo a lo que se le estaba pasando por la cabeza a la joven, a ese miedo irracional a contagiarse de algo que ni siquiera la ciencia del momento podría especificar exactamente, y mucho menos solucionar. La culpa, por supuesto, no era suya; la joven, Aaya, no le decía qué era lo que pasaba, y aunque tuviera antecedentes gitanos, Miklós no adivinaba el futuro, ni leía la mano para conocerla mejor a través de las líneas de la piel de sus palmas, así que se encontraba, no literalmente por suerte, atado de pies y manos. Ante eso, ¿qué otra opción le quedaba que seguirle el juego, con esa actitud burlesca que siempre lo había caracterizado…? – ¿Que si me han hecho algo los gendarmes? Señorita, peca usted de ingenua: ¿hay alguien de esta enorme e ilustrada ciudad a quien no le hayan perjudicado al menos una vez…? Alguien que tenga dónde caerse muerto, por supuesto; eso hay que asumirlo como condición inevitable para que te traten como a un ser digno de ser mirado, y no pisado. No busco pena, pero es un hecho: si no eres un ricachón, eclesiástico, burgués, noble o realeza, eres ganado para ellos. – comentó Miklós, sin acritud, simplemente exponiendo sus opiniones y resumiendo, en ellas, las nefastísimas impresiones que la gendarmería francesa había dejado en él, acostumbrado a enfrentarse con la justicia del Sacro Imperio desde que tenía recuerdos.

– Bromeaba, Aaya. La sangre me da igual, he hecho sangrar a más de uno y sigo vivo. Supongo que podría decirse que sí, que soy una especie de mercenario, aunque la palabra es demasiado elegante para lo que hago yo, sí. – respondió el húngaro, alzando una de sus cejas, y sin darse cuenta de que su desconfianza natural se encontraba desplegada en su máxima superficie con ella, pues ni siquiera le había dicho su nombre, pese a que se lo había preguntado. Realmente, ¿qué más daba? Si fuera inquisidora, la habría reconocido, y como mucho le contaría de su encuentro a Darko, y poco más. Por tanto, Miklós decidió relajarse un tanto, y al menos darle ciertas migajas que pudiera aprovechar para construirse una imagen mejor de él. – Mi nombre es Miklós. – se identificó, y buscó entre sus ropas una cajetilla de fósforos que poder utilizar para prender fuego a las ropas, como ella había sugerido. Si bien carecía de alcohol que pudiera utilizar como combustible, la tela ardería lo suficientemente bien por sí misma como para que ella se quedara tranquila, y con ese convencimiento Miklós hizo arder el montoncito de ropa que se encontraba en el suelo con la tranquilidad de quien había hecho eso mismo en incontables ocasiones con anterioridad. Así, con el resplandor del fuego naciente iluminándole los rasgos en un claroscuro que se los volvía todavía más facetados, como si fuera un ejercicio de escultura en un mármol particularmente suave y no un ser humano (más o menos), se giró hacia ella y se encogió de hombros. – Deberíamos marcharnos, o llamaremos la atención. Ven, sígueme. – ordenó, porque el húngaro tenía cierto dominio en los asuntos de dominación, y aunque soliera reservárselos al ámbito del lecho, lo cierto era que le había apetecido ponerse superior a ella, porque, en el fondo, creía que lo era. Pero no por el miedo irracional que ella parecía sentir hacia ciertas cosas, pues bien sabía el Creador que él también tenía sus conductas reprochables, sino por su edad y por el hecho de saberse, con toda seguridad, mucho más experimentado que ella. – No tienes por qué pagarme la comida, puedo conseguírmela, pero lo cierto es que sí, tenía hambre. – repuso, sin acritud esta vez, y se encogió de hombros.

No dejaba de ser curioso que aunque ella lo había conocido en pleno proceso de asesinar a alguien (y salvar su vida, de paso, aunque no se lo reconocería por el miedo que parecía tener a que el inquisidor la hubiera infectado con algo), él se estuviera portando con ella mucho más dócilmente que con seres que ni siquiera sabían a qué se dedicaba el salvaje húngaro.



Dead end:
The darkness latches on:
Now I am a product:
of a mine that wasn't ever mine:
and now it says:

Kill them slow:


avatar
Miklós L. DeGrasso
Cambiante Clase Baja
Cambiante Clase Baja

Mensajes : 130
Puntos : 182
Reputación : 90
Fecha de inscripción : 17/03/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Aaya Maciej el Mar Dic 27, 2016 11:41 pm

¿Acaso aquel chico intentaba tratarme de idiota? Bufé por dentro y sentí nuevamente las lágrimas al borde de mis ojos, estaba odiada por la situación terrible por la que me habían hecho pasar. ¿Acaso vestí erróneamente? He visto hombres, miles de ellos, diciéndole cosas a hermosas mujeres, largas y con los pechos semi descubiertos. Pero jamás me había pasado a mí. Era pequeña como un tapón, no tenía el suficiente busto y mis piernas y trasero aunque fuesen lo suficientemente formados no se notaban ni a un centímetro de distancia, quizá ni siquiera tocándome, pues la ropa no lo dejaba notarse. Así que solo podía preguntarme, ¿por qué a mí? Bueno, simplemente tenía que aceptar que no había respuesta posible y pasar a otra página. Miré al muchacho, robusto y fuerte, un sobrenatural por sobre todas las cosas. Con histeria alcé mis manos y froté mis cabellos provocando toscamente que éstos cayeran a los lados. Eran bastante lisos, con unas pequeñas ondas que me parecían bonitas, el problema era que nunca los dejaba sueltos, sentía que acumulaban mugre y pestes. Estaba rompiendo cada una de mis reglas y con eso me dañaba hasta sentirme enloquecer. Tragué saliva unos segundos y cada tanto le busqué los ojos, en ese momento era mi único sostén para no terminar por desmayarme de un ataque. — Lo lamente, soy Belga y en mi ciudad siempre acudimos a ellos. ¿Acaso te han dañado? ¡Qué ridículo! ¿Por qué ellos no protegerían a los más débiles? Entiendo que hay muchas enfermedades en las calles, pero ellos se postularon para ese trabajo, ¿no es así? Que indignación lo que me estás diciendo. ¿No protestan al respecto acaso? — Me quejé a vivas puertas, con las mejillas tan rojas que parecía que no me hubiese descompuesto dos segundos atrás. Después de todo esa era mi verdadera forma: Era una muchacha rebelde y con muchas agallas. Lástima que el terror a enfermarme y enfermar a otros me superaba ampliamente. Igualmente había momentos, escasos como lo eran esos, en los que me posesionaba de mis ganas de hacer justicia por mano propia. Por suerte, sus palabras me llevaron una vez más a la realidad.

— Entiendo, que triste que estés metido en eso. Aunque sé que una vez que entras no hay salida. Oh, Mik… Miklós. Suena bien, es difícil de pronunciar, tiene una k. — Al principio sonó deslizado, sin la fuerza que se le daba a esa letra en particular. Al final lo había hecho bien o al menos eso creía. Imitar no se me daba del todo bien, pero al menos lo intentaba: siempre como si mi vida pendiera de ello. Le sonreí con dulzura, dejando que las lágrimas que tenía arraigadas terminaran por salir y dejaran en paz el rostro pálido que llevaba. Devolviéndole su brillo habitual. Observé como acataba el consejo y encendía las prendas, aunque salvaje, Miklós daba a la idea de ser alguien fuerte y pensante, quizá hasta con propios ideales, aunque no estaba segura de poder saber eso, lo notaba difuso frente a mí. Lo que sí hice fue seguirlo, ciegamente a donde fuese que me llevara, correteando un poco. No debía dudar que él no iba a descubrir jamás que era una cazadora. Si eso pasaba estaba en desventaja, no debido a la fuerza, sino a la cercanía. Solía atacar rápidamente y al odiar que me tocaran me dejaba bastante que desear. Así que intenté no malgastar las palabras, aunque bien ya lo había hecho al no ponerme a gritar cuando dijo su oficio tan a vivas voces. — Está bien, te llevaré a comer. Yo no como cosas que hagan otros, claro que si tú quieres puedo llevarte a un restaurante, el que quieras, tengo algo de dinero. ¿O quieres que cocine yo? No me gusta deberle nada a nadie y… Y ya sabes mi nombre. No quisiera quedar en deuda. ¿Qué te gustaría? Por cierto, ¿dónde vamos? Me gustaría pasar por mi casa, me siento muy sucia, t-tengo restos de partículas de sangre por todos lados. ¡A ti no te hace nada pero a mí quizá sí! — Bramé y abrí los ojos, asustada de mí misma. ¿Qué había dicho? ¿Se podría dar cuenta que lo sabía? Me atraganté con saliva en ese instante y rápidamente negué. No. Quizá se lo tomaba como algo normal. Sí, eso tenía que pensar, froté mis manos sobre la tela que estaba realmente limpia, aunque a mis ojos -sumamente sucia-, y seguí caminando, ahora mirando hacia el suelo con tristeza, esperando escuchar hacia donde nos dirigíamos. Sin dudas conocía las calles de la ciudad, no obstante muchas veces me perdía, no solía ir hacia muchos lugares, solo de cacería y luego a la casa, día tras día era la misma rutina.


No toques aquello que no te pertenece

I'm loyal to you:
Look the lagoon in my eyes:
And:
avatar
Aaya Maciej
Cazador Clase Media
Cazador Clase Media

Mensajes : 127
Puntos : 209
Reputación : 108
Fecha de inscripción : 06/04/2013
Edad : 27

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Miklós L. DeGrasso el Mar Ene 03, 2017 7:40 pm

Tal vez a él no le importara pero a ella sí... Qué curioso, la joven belga, pues Miklós acababa de descubrir su procedencia hacía apenas un instante (y sólo había tenido que preguntarle: ojalá fuera tan fácil en la mitad de sus encargos), había dado en el clavo sin siquiera pretenderlo al obligarlo a esa empatía que no acostumbraba a regalarle a nadie. A él, desde luego, le importaba bien poco mancharse de sangre y mugre, incluso recibir heridas bastante graves, porque sabía que, pasara lo que pasase, su naturaleza cambiante le aseguraba la supervivencia un día más, como mínimo, pero ¿y ella? Hasta donde sabía, era humana; no percibía ningún aura que indicara lo contrario, ni tampoco había percibido ningún suceso extraño que pudiera llevarle a pensar que era una hechicera. Un espectro, por su parte, no estaría tan asustado de morir como lo estaba ella, de forma tan vocal que era imposible no darse cuenta, y a Miklós no se le ocurría ninguna otra raza que pudiera tener algún tipo de longevidad especial... por lo que, suponía, tenía sentido su miedo a los gérmenes. ¿Tan extremo? Tal vez no, pero todo el mundo tenía sus rarezas, ¿no? Sin ir más lejos, él era sadomasoquista y disfrutaba del dolor, de provocarlo y de recibirlo; si ella lo supiera, probablemente pensaría que el que estaba demente era él, y no ella misma con su asunto de la suciedad. En realidad, reflexionó el húngaro, en cierto modo resultaba hasta tierna, porque no parecía ir con malas intenciones, mientras que él... En fin, lo raro en el magyar eran precisamente las buenas intenciones, pero era un mercenario, ¿qué demonios se esperaba de él, si no? – Provengo del Sacro Imperio Romano Germánico, y allí no es precisamente de fiar dejar que los gendarmes se ocupen de tus problemas, especialmente si provienes de un grupo medio nómada con una familia un tanto notoria y eres un hijo bastardo de la nobleza local. – resumió, encogiéndose de hombros, y se metió las manos en los bolsillos.

No era frecuente que el húngaro sacara a colación asuntos de su infancia, pero en aquella ocasión, inspirado tal vez por Aaya y su sinceridad (¿sería cosa de los belgas o sólo de ella? Desde luego de los franceses no: eran mucho más serios y hasta siesos...), lo había hecho. Si bien no se había entretenido en los detalles, en sus palabras podía entreverse la persecución a su familia y al clan al que habían pertenecido, de origen gitano, pues su madre, Eszter, había compaginado a la vez esa ascendencia ashkenazí con la naturaleza de cambiante y así se la había transmitido a Miklós, víctima de las circunstancias. Al húngaro, de niño, ¿qué más le daba ser de un lugar o de otro? ¿Él qué sabía de las persecuciones a grupos gitanos simplemente por serlo o de las condenas de la Inquisición a los cambiantes, como él lo era, por pecadores...? Nada, y así lo habían marcado los acontecimientos, pero no muy profundamente, y tampoco por mucho tiempo; otra cosa no sería el maldito magyar, pero resistente sí, hasta rabiar y hasta hacer rabiar, dependiendo de a quién se le preguntara por esa torpeza suya para morirse y para ser destruido, aunque se intentara. – Podemos ir a tu casa, te acompañaría. No es seguro que una mujer joven camine sola, sin escolta. – propuso, cazando al vuelo la intuición que había sentido acerca de ella sintiéndose más cómoda en su propio hogar en vez de en un restaurante, y a un tiempo ejerciendo de caballero de brillante armadura... por mucho que, en la mente de Miklós, se pareciera más a una misión de escolta que a un cortejo formal. Ella era demasiado joven, demasiado extraña, demasiado ajena a él para que llegara a planteárselo, pero la educación de Eszter le había calado bien hondo, y en ocasiones podía llegar a ser incluso cortés... ¡Sorprendente, efectivamente, pero no por ello menos cierto! A las pruebas había que remitirse: el húngaro le hizo un gesto para que empezara a guiarlo, y en cuanto lo hizo, se plantó a su lado, alto y ancho como él era, de forma que su sola presencia resultaba garantía de que nadie la miraría dos veces, y mucho menos la atacaría. – Además, así puedes asearte y sentirte segura. Ya sé que mi palabra no te servirá de mucho, pero te aseguro que aunque sepa donde vives, no tengo el menor interés en perjudicarte. Si quisiera, ya lo habría hecho... Conscientemente, quiero decir; con lo de la sangre no contaba. – argumentó, medio sonriendo.

Era cierto, por supuesto, pero es que la mayoría de las cosas que el húngaro soltaba por esa boquita suya solían serlo: ¿qué interés podía tener en matarla cuando ni siquiera sabía a qué se dedicaba y, además, ni siquiera lo había atacado...? Era suicida, demonios, pero no idiota.



Dead end:
The darkness latches on:
Now I am a product:
of a mine that wasn't ever mine:
and now it says:

Kill them slow:


avatar
Miklós L. DeGrasso
Cambiante Clase Baja
Cambiante Clase Baja

Mensajes : 130
Puntos : 182
Reputación : 90
Fecha de inscripción : 17/03/2016

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Aaya Maciej el Vie Ene 27, 2017 7:47 pm

¿De la nobleza? De repente estaba entrando más información de la que podía abarcar en mi cabeza. Con lo cual mis mejillas aumentaron de color y mis mofletes que eran exageradamente grandes se inflaron hasta que contuve un buen resoplido quejoso. Actualmente no solo tenía un desastre físico sino que también era uno mental. Aleteé mis manos, odiando la situación en la que me tiraba mugroso aire a la cara pero a la vez lo necesitaba porque me creía quedar sin oxígeno para vivir. Sacudí un poco mis lágrimas en tanto marcaba los hilos de mi cabeza. No era especialmente inteligente con esas cosas, había pasado más tiempo leyendo los libros del hermoso veneno que había conocido hacia poco tiempo, que informándome sobre política. A decir verdad, odiaba la política y todo lo que fuese parecido, le gente se mataba por esas causas. Resultaba ser probablemente más sucio que los humos de una industria. Al final alcé un poco la cabeza, mirarlo era bastante difícil porque medía demasiado, sí, el termino me pareció correcto. Medía más de lo aceptable en mi fea escala. — La sangre real y los títulos, seguramente todos quieren que mueras, ¿no? Se envenenan la mayor parte de las veces, lo leí en un periódico. Qué horror, que tragedia. — Anuncié con una sinceridad casi atemorizante. Me resultaba seriamente una locura el solo cavilar que de alguna manera alguien de tu propia familia pudiese intentar hacerte morir de una enfermedad letal. Y bueno, en las historias de Arsénico más de una vez habían fallecido por venenos, por… Arsénico. Quizá su nombre era una indicación de lo habitual. Aplasté mi vestido y le miré de reojo, caminando a su lado con tanto cuidado como si su aura pudiese ensuciar la mía. ¡No quería ser grosera! E inevitablemente lo era, avergonzada y penosa desvié por completo la vista. Incluso me sentí temblar como una laucha y no dije nada al respecto es que al final de todo era bastante orgullosa.

— Está bien, ¿sabes? Sé cocinar muchas cosas deliciosas y tengo conejo para hacer con verduras. No compro nada de ésta ciudad, así que está todo muy fresco. Ah, ¡te parece gracioso? Toda esa ridícula sangre. — Canturreé con una sonrisa lo bastante dulce como para olvidar por un momento que estaba en una situación indecorosa y espeluznante. Pero me reí para él, de repente él no se había percatado de que estaba segura de que era un cambiaformas, con lo cual me dejaba bastante en paz. ¡Esperaba no volver a meter la pata! ¿Habría armas en la casa que lo hicieran sospechar? No recordaba exactamente donde había dejado los instrumentos recién desinfectados y secados. Todo lo sucio era dejado en una habitación extra en la parte trasera, lejos del patio y la tierra fresca en la que tenía los cultivos y a su vez nada pasaba por la casa, podía entrar directamente a esa habitación por un costado de la calle. Ciertamente era un lugar dividido cómodamente para alguien con tantos problemas como yo. Entre toda la maraña de pensamientos y recuerdos me di cuenta que estábamos a una o dos cuadras. — Ahí vivo, no me molesta que lo sepas porque de todos modos me iré en poco tiempo de aquí. Aunque ya me había acostumbrado, hasta al sucio aire me habitué. ¿Estás aquí escapando de tu país? No serías el primero, suele pasar. Ah, tienes que sacarte los zapatos y te daré una de mis pantuflas, son grandes pero estoy dudando si te entrarán. No sé qué haré que si no te entran. — Espeté alarmada, más para mí misma que para él y ya llegando al lugar miré alrededor. No había nadie, como era habitual y por un momento estuve en dudas si abrir o no la puerta, ¿si había una ballesta qué tanto se percataría que era de cazador? Quizá podía entremezclarlo con la idea de que salía a buscar los propios animales que comía, aunque eso era algo dudoso también. Bufé para mí misma mientras metía la llave gorda de acero corroído en la cerradura, mi cabeza se movía a los lados indiscutiblemente asustada. — Hay un cuadradito delante, te traeré las pantuflas así que, ¿podrás esperar ahí? — Eso podría darme un poco de tiempo también para merodear la habitación que era cocina y comedor a la vez.


No toques aquello que no te pertenece

I'm loyal to you:
Look the lagoon in my eyes:
And:
avatar
Aaya Maciej
Cazador Clase Media
Cazador Clase Media

Mensajes : 127
Puntos : 209
Reputación : 108
Fecha de inscripción : 06/04/2013
Edad : 27

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Indestructible {Privado}

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.