Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



NIGEL QUARTERMANE

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Mensaje por Hannes Cederberg el Jue Abr 28, 2016 8:17 pm

¿Qué más podía pedir ahora que los verdugos de su padre habían sido encaminados hacia el tártaro por mano propia? Las incidencias forjaron un monstruo que conoció el fin y encontró en la inmortalidad un acicate que le permitió avanzar en las pantanosas aguas de un nuevo sendero. De la mano de aquel vampiro que le creó, aprendió el arte que solo le es permitido a los nacidos en alta cuna, aquellos a los que su suerte les sonríe cuando se nace bajo un techo y se está rodeado de muchedumbre. Asimiló también, como moverse entre las masas y utilizar el don de la palabra para saberse un hombre honorable. Aunque lejos estaba ese adjetivo de ser acuñado en Hannes. Años después de su conversión, se preguntaba aún ¿Qué había hecho para merecer esa vida? Gustav y él nunca pidieron mucho, se conformaban con abrir los ojos a un nuevo día. ¿Qué era entonces lo que estaban pagando al encontrar un rostro poco afable en la vida?

En aquellos días hubiera deseado morir después de mancharse las manos con la sangre del asesino de su progenitor. Quizás debido a que aún no era tiempo para él, pues existían muchas cuentas pendientes por saldar. Solo necesitaba una excusa, el punto de inflexión que marcó la pauta de sus actos en adelante, pues descubrió que la venganza carecía de importancia sin el regocijo que le causaba posteriormente escindir y degustar del cuerpo de su mártir. La primera vez que se vio orillado a recurrir a dicha práctica su vida estaba en riesgo, después de eso halló en dicho rito una forma de concluir y cerrar el círculo, con nuevas formas y apéndices que aplicaba en los asesinatos posteriores. Su exilio, representó la expiación que no había podido encontrar previamente, ya que cuando su mente se ahonda en la idea, difícilmente adopta nuevas doctrinas. La noche acaecía una vez más y con ella, los remordimientos se posaban en su memoria como cuervos en los altos árboles que delimitaban la capital.

Un ser como Hannes, no solo encarnaba un ente vacío pues también poseía las cualidades y la careta perfecta que le permitía moverse entre los mortales. Una noche de teatro, una muestra de arte o una simple caminata como la que daba inicio, eran gustos simples que daban una ligera tonalidad a su lobreguez. Los pasos eran simples y su fisonomía no mostraba avidez por devorar la iconografía del lugar. Al contrario. Parecía encontrar regocijo en esas criaturas que caminaban a su lado. Madres, hombres trabajadores, asesinos y mendaces que compartían un mismo destino al final del día. Su inmortalidad era el único hecho que les separaba de todos aquellos extraños. Aspiró el tenue bálsamo que sus cuerpos desprendían, se tornaba un alimento exquisito aunque el auto control aprendido en otrora época le facilitaba mucho el no querer arrojarse intempestivamente hacia los mortales. Se conformó únicamente con admirar su belleza mortal.


Última edición por Hannes Cederberg el Lun Jul 18, 2016 6:13 pm, editado 3 veces



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Mensaje por Leona L. Lawrence el Sáb Abr 30, 2016 4:32 pm

Estamos a un solo paso
De la libertad.


Paris, la ciudad de las oportunidades. Así la llamaban y así era para la joven. Le bastó aquel empujón para decidir y emigrar a aquella impresionante y maravillosa ciudad la que le brindaba más de una oportunidad en alcanzar uno de sus sueños y objetivos. Entrar en el mundo del espectáculo no era fácil, ni tan siquiera podía confirmar de que se encontraba entre ellos. Esos artistas reconocidos, consagrados que llenaban el teatro y no tenían que les hicieran sombra hasta ahora pues apenas unas horas, acababa de aceptar un papel en una de las obras más importantes que ofrecía el teatro bohemio.

Empezaba por lo más básico, un papel en el que apenas tenía tres o cuatro frases pero ¿para qué quería más? aspiraba a más, mucho más, conseguir la cumbre. Tenía un dicho, “si escalabas muy alto demasiado deprisa, la caída sería mucho peor”, así que, todo a su tiempo. Esa tarde, fue la primera vez que se subía en un escenario ante público. Su escena convenció al director de la obra pero una cosa era eso y otra… terminar como protagonista, debían faltar la mitad de la plantilla para que tan solo se lo pensase.

-Buen trabajo, señorita Lawrence, la esperamos mañana -Leona, sonrió de forma leve, diferente a como sus ojos verdes  mostraban ese brillo de alegría y entrega. El teatro era todo su mundo, al menos, el que le apartaba del real. La realidad ya era demasiado dura como para regocijarte en ella.

Salió la última por uno de los callejones. De momento, no iría directa a casa. Le gustaba pasear, perderse entre las calles y terminar encontrándose lejos de aquella casa demasiado lujosa para su gusto. La esencia de sus padres, seguía en aquel ambiente y rehuía de ello. Los recuerdos le empezaron a atormentar y aceleró el paso, necesitaba perderse entre la gente, no sentirse sola y desamparada por esos desconocidos.

Aminoró el paso , se estaba quedando sin aire. Huir de los pensamientos no siempre era la solución y acababa de hacer justo eso: huir como una cobarde y no afrontar. El paso se hizo más tranquilo y pesado, arrastrando no solo el cansancio de esa tarde, también la pesadez de su mente, aquella que no la dejaba disfrutar de un tranquilo paseo por las calles de Paris. La muchedumbre, que salía de uno de los locales, le obligaron a apartarse, caminando como buenamente pudo hasta resguardarse en uno de los portales.

No estaba sola. Sin girar el rostro, suspiró perdiendo sus ojos verdes en el río de gente que caminaban ante sus ojos. Sonrió de medio lado, gente despreocupada que disfrutaba de la noche.

-Bonita y suculenta noche ¿no cree? -murmuró por lo bajo, no esperaba respuesta, hacía tiempo que no conversaba con nadie y esa vez ¿sería diferente? Aún así, prosiguió, ya qué más daba -Con todo el movimiento que tienen las calles de Paris a estas horas…y  yo no saber dónde ir, aunque no es mala idea quedarse bajo este portal durante toda la noche, comienza a llover -una fina capa de lluvia, empezó a dibujar un nuevo paisaje nocturno ante sus ojos, aquellos verdes como las mismísimas esmeraldas.

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Re: Rubicon | Privado |

Mensaje por Hannes Cederberg el Dom Mayo 08, 2016 2:01 pm

Aquella escena resultaba simplemente eximia. La naturaleza humana orillaba al inmortal a posar su atención completamente en aquellos detalles que solo un ser observador como él podía notar. El cristalino iris recorrió los tejados, la maleza silvestre que crecía por encima de los mismos. Su cuerpo sintió un ligero estremecimiento cuando los primeros relámpagos retumbaron en el interior de las rollizas nubes añadiendo de frescura las corrientes de aire que circulaban a su alrededor. La bóveda se desprendía de aquellas tonalidades lapislázuli tornando su belleza en una masa grisácea y refulgente cada vez que la sonoridad hería el silencio sobrepuesto en el bosquejo. Cerró los ojos y la tenue caricia de la brisa que iniciaba a danzar al compás del viento le arrancó una sonrisa ligera de los labios. Aquella sensación que se había convertido en un placebo para Hannes, y le hacía soñar despierto creyendo que incluso un monstruo como él, podía hallar serenidad en lo intrascendente de aquella velada.

Ensimismado en ese pasaje. Sus sentidos se agudizaron para escuchar con detenimiento ese golpeteo gentil de cada corazón a su alrededor, el océano de vida que fluía entre ellos y como resultaba una culpabilidad atroz, el mero hecho de imaginarse bebiendo de ellos. No obstante, no fue aquel sabor dulce lo que trastornó su mente, sino la presencia ajena que se resguardaba del llanto argento en la plazoleta. Un ser sobre natural como él, con la única diferencia, de la gracia y beldad plasmadas en cada pliegue de su rostro. La congoja que en esos ojos acarreaba atrajo su atención por completo. Como era de esperarse, la sonoridad aterciopelada de su voz marcó un eco tenue en la construcción bajo la que se hallaban, Hannes no entornó enseguida el rostro, soslayó con disimulo y aguardó con paciencia a que las oraciones terminaran de ser construidas. Saboreó cada palabra que nacía en los labios ajenos.

–Sin lugar a dudas madmoiselle, nos encontramos frente a un espectáculo único, que solo se nos regala de vez en cuando, como muchos otros–
murmuró para su acompañante.

Llevó sus brazos hacia atrás, entrelazando los dedos. Aquellos que habían sido manchados de sangre años atrás cuando dio por culminada su venganza. Acalló de inmediato, dando espacio a que ella respondiera una vez más.

–Este viejo inmueble, resulta ser un lugar perfecto para salvaguardarse de la tempestad venidera– suspiró –Sólo nos resta aguardar a que aminore un poco–

Con la sutileza misma de la lluvia, el vampiro se giró para llevarse una grata sorpresa. En efecto y tal como lo había dilucidado, la mujer poseía una tonalidad similar a la suya. Pero, aquel detalle quedaba en segundo plano cuando momentáneamente se perdió en la lobreguez ajena. Estiró la diestra cortésmente.

–Hannes Cederberg madmoiselle–

Aguardó con paciencia a que ella respondiera el saludo. Eran pocas las veces que se permitía salir de su mansión. Eran pocas las veces que se permitía actuar como un ser que se rige por la aristocracia, trataba de darle un nuevo sentido a las cosas, después de todo tenía toda una eternidad por delante para ahondar en cada faceta.



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Re: Rubicon | Privado |

Mensaje por Leona L. Lawrence el Mar Mayo 10, 2016 1:14 pm

Bailemos bajo la lluvia,
Entre desconocidos.



Se sentía protegida bajo aquel balcón, junto aquel desconocido, resguardada del manto de lluvia que comenzaba a cubrir las calles de Paris. Sus pasos le habían llevado hasta allí, señalando el final de su camino. La lluvia, fue la culpable de espantar a la gente que caminaba por las calles, en apenas unos minutos, la gente se disipó pero no la lluvia que caía aún con más fuerza. Suspiró largamente, tendría que esperar hasta que aminorase, tampoco tenía prisa ni sabía a dónde ir…al final, ese se había convertido en el plan perfecto.

-¿Muchos otros? -cierto, ese paisaje era único, le relajaba -Un espectáculo capaz de relajar, incluso conseguir hacer olvidar… y perderte en el sonido del agua caer, el olor de la lluvia… la humedad -se abrazó a sí misma, la temperatura descendió lo suficiente para hacerse notar -Es la primera vez que veo llover en Paris, apenas he llegado. La echaba en falta, en mi país la mayoría de los días son así...es como si me sintiese cerca de mi hogar -medio sonrió, mordiéndose el centro de su labio inferior y perder sus orbes verdes de nuevo en el paisaje que le presentaba aquella inesperada lluvia.

A pesar de compartir cierto lugar para resguardarse de la lluvia, la joven mantenía las distancias. No le agradaba la idea de estar cerca de nadie, giró la cabeza, clavando sus orbes verdes en la mano que le ofrecía. Pasaron los segundos suficientes para que él pudiese notar que en efecto, dudaba tomar su mano. Antes de hacerlo, su mirada le examinó con curiosidad, buscando algo que no llegó a encontrar. Despacio, tomó su mano, sintiendo aquella piel gélida que le hizo estremecerse.

-Leona Louis Lawrence pero… puede acortarlo, es demasiado largo -sonrió de medio lado, apartando la mano más rápido de a como la había tomado -Está helado, si quiere puedo darle mi…-el poncho de lana que llevaba sobre los hombros, se desató el lazo del cuello para ofrecérselo. Al contrario que él, su naturaleza le permitía tener una temperatura muy elevada, un contraste de lo más extraño y eso que… no tenía la más mínima idea de lo que era, una cambiante.

-Estaba aquí antes de que comenzase a llover ¿por alguna razón? Espero que no escampe, no sabría donde ir -giró el rostro hacia la calle, exhalando aquel aroma de tierra mojada y perdiéndose en la sensación de frío, solo una sensación pues seguía con la misma temperatura -Yo sí que acabo de salir de un buen espectáculo, mi primera obra de teatro… no me la esperaba así, quizás… era porque aún me esperaba la gran obra que es …esta -señaló con la mirada a la lluvia, la tenía totalmente hechizada.





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Re: Rubicon | Privado |

Mensaje por Hannes Cederberg el Mar Mayo 17, 2016 11:49 am

La lluvia rampante continúo su caída. Y para ese entonces muy pocos transeúntes deambulaban sobre las calles. En las entrañas de Paris, la gran mayoría de ellos yacían protegidos de aquel espectáculo natural, resguardados en lúgubre y portentosas mansiones. Aquella obra de la naturaleza resultaba un ciclo interminable que solo adhería un poco más de color a la iconografía que les rodeaba. A lado de aquella bella mujer Hannes remontó su memoria días grises, apenas estaba consciente de su realidad cuando ella inquiría acerca de los otros muchos regalos de la naturaleza. Pues había conocido el horror, el amor, el odio y la sed que quema la garganta cuando se pierde a un ser querido. Esa sensación de vació que solo es reemplazada temporalmente al blandir un tenedor sobre la carne. Después de eso, nada. Solo los ecos de gritos clamando por auxilio y las lágrimas que nacen de las cuencas de aquellos que conocieron su lado más oscuro.

–Así es madmoiselle–replicó –Un eclipse, un atardecer, la fragilidad expuesta de cada copo de nieve que se esfuma al tacto–

Ciertos detalles en esa escueta explicación, pertenecían de un pasado. Dada su nueva condición quedaban muy pocas oportunidades para él de contemplar la luz de un nuevo día.

Asintió.

–De igual modo, creo que el sonido en nuestros oídos resulta ser un susurro, un murmullo que calma la bestia interior–

Soslayó a su compañera y regresó sus orbes cristalinos hacia el frente. En efecto. Sus años en la mansión de Eaegus le brindaron el tiempo que necesitaba para sanar sus heridas. Aunque la cercanía no perduró mucho tiempo. Hannes comprendió que parte de ese ser bestial, aun añoraba viejas usanzas como aquella tarde de lluvia.

–Leona– susurró para sí, permitiéndose saborear cada detalle en el nombre, pues en su sempiterna mente, no lo olvidaría jamás.

De manera fugaz, una sonrisa se perfiló en el mármol de su rostro. Le resultaba curiosa la complejidad de la mente humana. Si bien el amor de su padre Gustav, su esposa y su hijo le colmaron de días felices, también conocía el lado oscuro de la luna. El mismo que su poseía su instinto y le orillaba a cometer actos tan atroces. Tomó la prenda entre sus manos pero no hizo uso de ella, se limitó a sostenerla.

–Se antoja interminable ¿Cierto?–

Y es que pocos poseían la capacidad de hallar perfección en cosas tan diminutas como esa. Eso hacía de Leona una mujer distinta.

–Maravilloso. Soy un apasionado del teatro ¿Dígame? ¿Es usted bailarina, actriz? Si es el caso, no debe ser tan desatenta con su instrumento de trabajo–

Notó en ella, la tonalidad particular de un sobrenatural. Pero ¿Estaba ella consciente de dicha carga? No tuvo el valor de soltar sus sospechas de ese modo, así que, limitó su cortesía a colocar la pieza ajena sobre los diminutos hombros de la artista.

–Cuando llegué a Paris, conocía de su enorme Teatro y de la magia que lo envuelve, pero nunca he tenido la oportunidad de ser participe en uno de sus números. Usted tiene la dicha de haber asistido ¿Podría describirme cómo es? La sensación de plantarse en un escenario–



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Re: Rubicon | Privado |

Mensaje por Leona L. Lawrence el Miér Mayo 25, 2016 10:43 am

El sonido suave de la lluvia susurra
Como una nana, calmando nuestra bestia interior.



Sus ojos verdes, iguales que un campo verde y fresco de Irlanda, miraron de reojo al desconocido al susurrar su nombre de aquel modo, como si lo saborease y tantease cada letra. Iban a compartir más que un momento de regocijo bajo aquel balcón. Cierto que la joven no era de muchas palabras si no se trataban de expresarlas en una actuación, las conversaciones escasearon desde que llegó a Paris. No conocía a nadie, quizás por eso, tanto tiempo sin intercambiar más que frases escritas con tinta en un papel, ella misma fue la que buscó conversación.

Parpadeó sin poder creer que le apasionase el teatro, al menos no tanto como a ella. Disfrutaba actuando, convirtiéndose en mil y un personajes, encarnando vidas que no le correspondían y logrando hacer disfrutar a esos espectadores que gustosos admiraban aquel arte.

-Ambas. Bailo y actúo desde que tengo uso de razón. No hay momento que no recuerde en el que entonase canción y mi cuerpo vibrase, se moviese con total afinidad a las notas, como si yo misma hubiese escrito la canción. Y actúo desde hace unos años, tuve un buen maestro -medio sonrió por el recuerdo, bajando un instante sus orbes esmeralda y recordar mentalmente aquellas clases, todo el tiempo empleado y el esfuerzo para ser justo quien era ahora.

Se le cortó un tanto la respiración al notar la proximidad del joven, dio un paso hacia atrás, evitando que se acercase más de lo debido, el segundo gesto que rompió aquella amena conversación. Imposible controlarlo, era innato. Se disculpó con un murmullo , colocándose bien la prenda y suspirar, maldiciendo por lo bajo por su descortesía.

-Lo lamento, no conozco a mucha gente y… -rió por lo bajo, una risa nerviosa que detonaba más preocupación de la joven por el hombre ¿y si pensaba que estaba loca de remate? Entornó los ojos por sus propios pensamientos y negó, mejor no llevar la escena tan al extremo. Dio gracias mentalmente por lanzarme aquella última pregunta…una que nadie hasta ese instante le había formulado antes. -Describir esa sensación nos llevaría toda una noche de lluvia bajo este balcón, dudo que quisiera compartirlo…pero aún así, intentaré resumirle lo que es para mí… -

Buscó apoyo, apoyando su hombro en la pared y volver a perderse en las gotas de lluvia, que hermosas, les ofrecía la obra de arte más hermosa en completo movimiento. Sonrió , por primera vez después de tanto tiempo, nadie le pudo arrancar aquella bonita sonrisa que junto con su mirada felina, resultaba simplemente…hermosa. Más por la felicidad que le causaba hablar de su profesión.

-Describir cómo me siento cuando subo a un escenario, la primera palabra que se me viene a la cabeza es: transformación. Te transformas en cualquier personaje, sientes, padeces, vives y piensas como tal, cada palabra y pensamiento tiene que ser tuyo como suyo…ser uno. -hizo una pausa, le encantaba el hecho de hablar de ello, mucho más animada y menos retraída -Te sientes capaz de ser quien desees, llevar al espectador a un lugar, un sentimiento, un recuerdo… una historia, un final… vivirlo al máximo. Tanto vivirlo que el personaje eres tú, cada poro de tu piel, ligada a ese personaje y tu cabeza…tiene que ser consciente de en quién vas a transformarte. Para mí, significa libertad… poder moverme, sentir la música cuando bailo, memorizar todas esas frases a conciencia… -habló demasiado por lo que medio sonrió, abrazándose a sí misma -Para mí es eso… ahora tiene que responderme a qué se dedica usted y… qué significa al igual -devolvía la jugada a su tejado…




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Re: Rubicon | Privado |

Mensaje por Hannes Cederberg el Mar Jun 14, 2016 12:24 pm

Lejos de reprochar el acercamiento que las condiciones climáticas le orillaban a permanecer de pie junto a su bella acompañante, Hannes se sentía extrañamente atraído por su retórica. Verle comportarse de dicho modo y ser parte de su confesión no formaban parte de esa estampa multicolorida que ofrecía todas los días el velo taciturno de Paris. Era por esa misma razón que resultaba invaluable en demasía y dedicó toda su atención a su confesora. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se permitió dicho espacio? Pocas cosas recordaba después de haber perdido a su familia y para ese entonces el veneno y su sed de venganza habían forjado en el semejante tirano que asesinaba al mínimo chasquido de dedos de su creador. Pero, prefería acallar esas voces y el sentido de culpabilidad no tenía cabida cuando sonreía de medio lado a sus víctimas antes de poner fin al dolor prolongado que el mismo ocasionaba antes de conducirlos hacia las puertas del Hades.

Las acciones de cortesía resultaban un cuadro peculiar en el vampiro y una sonrisa en sus labios no se veía a menudo, presentó en su fisionomía entonces algo parecido a dicho gesto, en complicidad quizás por ese sentimiento que tanto apasionaba a la mujer. Se había olvidado ya de que era realmente un aliciente en su existencia, demasiadas vicisitudes derrumbaron a un soñador Hannes que deseaba envejecer a lado de su esposa Ioana y en su lugar construyeron el despojo de un ser que solo existía por el placer de descuartizar asesinos, ladrones y demás plaga que deambulaba en la ciudad. Suspiró sin apartar la vista de su oyente.

–Realmente nació para esta profesión madmoiselle, cuando se posee ese talento y la pasión por lo que se hace no existe fuerza que sea capaz de obstruir nuestro camino–

El paralelismo empleado en su oración no distaba mucho de la ideología que valía como columna vertebral en su actuar.

Ella iniciaba una vez más su acto de confesión, mientras el ser milenario cerraba los ojos brevemente para formar parte de ese cuadro. La palabra transformación pesaba mucho más de lo que Leona pudiera imaginarse. Sin ánimos de indagar en sus propios demonios la actriz reverberaba en la tragedia del vampiro pues con el simple hecho de desgranar semejante oraciones le había transportado a un pasado apenas esbozado en su mente. No obstante la condición actual y su realidad le impedían perderse en ese sendero de libertad que Leona describía a la perfección, con esa suave tonalidad de terciopelo que su voz manejaba. Las gotas aun caían de forma aleatoria frente a sus ojos y en medio de ese panorama gris, había algo mucho más sombrío. Y eso era la respuesta que sobrevendría a lo expuesto por ella.

En realidad no existía cabida en el mundo mortal para lo que él manejaba como una profesión. Mutilar y despojar de la vida. A eso se refería.

–Soy accionista. Aunque el término en primera instancia sonará poco atrayente a sus oídos puesto que nadie desea pasar su tiempo sepultado en papeleo, tuve la fortuna de visitar un par de lugares más pero existe algo en este lugar, en Paris que resulta atrayente ¿Lleva mucho tiempo en la capital o es residente? Yo puedo decirle que recuerdo a la perfección la primera vez que puse un pie en este lugar–



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Re: Rubicon | Privado |

Mensaje por Leona L. Lawrence el Sáb Jun 25, 2016 5:31 pm

¿Bailas? Un baile eterno, bajo la lluvia.

Realmente sí, nació para esa profesión. Desde que tuvo uso de razón, el amor por el arte del canto y el teatro, ocuparon un lugar primordial en sus intereses. Su familia siempre le animó a ello, consiguiese escalar hasta llegar a lo más alto. De momento, la compañía más importante de Paris contaba con ella. No es que fuese un papel muy importante, tampoco con el que pudiese lucirse pero estaba segura que con el tiempo…lograría tocar las estrellas, la suya propia. Se lo merecía, trabajó mucho para llegar donde estaba ahora mismo.

Sus palabras, le arrancaron una breve sonrisa. Hasta ese instante nadie le había apremiado, se sentía bien oír de boca ajena lo que pasaba por sus propios pensamientos. El ambiente, se había suavizado, muy amena conversación y olvidándose de la distancia. Apenas se movieron de dónde se encontraban, ambos envueltos en una charla amena en la que sin desearlo, habían compartido mucho más que con cualquier otra persona o ser.

-Accionista, curioso pero no poco atrayente. Que le guste pasar tiempo entre papeles, dice de usted que es inteligente, sabe cómo administrar y tomar decisiones acertadas, al menos eso espero -sonrió divertida, era al primer accionista que conocía y le causó gracia, tanta que sin proponerlo ni evitarlo, se le escapó una deliciosa risa. La risa cantarina y melodiosa de la joven, se mezcló con el sonido de las gotas de lluvia chocar contra el asfalto. Un momento agradable del que arrancó un sonoro suspiro, necesitaba tal cosa, dejando los pensamientos colgados en la estantería del recuerdo.

-Apenas llegué a parís, señor Cederbeg. Mi vida es la compañía y mis cartas no enviadas. -sus orbes esmeralda, miraron de reojo al joven que con la misma curiosidad le prestaba alguna que otra mirada efímera -Resido no muy lejos de aquí, llegué apenas un mes y la verdad es que está siendo difícil. Las costumbres, la comida, las personas… esto último es lo que más me trae de cabeza. Apenas tengo trato con personas más allá de mis diálogos y mis partes cantadas. -medio sonrió, una joven vivaz y entusiasta que tenía sueños, pasiones que mostrar al mundo pero sus propios miedos, sus fantasmas no le dejasen avanzar todo lo que necesitaba.

El hecho de estar tan cerca de alguien le superaba, intentaba mentalizarse en que solo eran imaginaciones suyas, no tenía porqué ocurrir nada pero el simple hecho de irse a dormir, ya era una tortura pues ¿cómo iba a amanecer? Tragó saliva, buscando las palabras exactas , quería conocer más cosas… no parecer atrevida ni desconsiderada, así que la primera pregunta que se le pasaba por la cabeza fue la que le formuló.

-¿Y cómo fue? La primera vez que puso un pie en Paris, tuvo que ser épico. Recuerdo que llovía mucho, el cielo me acompañaba en mi llegada… dejé mi Irlanda para seguramente no volver. -un dato que confesó sin darse cuenta -Recuerdo cuando era niña, que los días de lluvia eran los más adecuados para iniciar un baile ¿nunca ha bailado bajo la lluvia? Es de lo más relajante, puede probar si quiere… si me lo pide puede que hasta le acompañe -sonrió más ampliamente, más cercana pero aún así guardando siempre distancia.

Seguía lloviendo en Paris, para ellos, una melodía inacabada…hermosa y palpitante como el corazón de la joven que latía apresurado.




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Leona L. Lawrence
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