Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La primera clase- Privado Logan Tisdale

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La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Mar Mayo 10, 2016 9:12 am

Recuerdo del primer mensaje :

De todo lo que he saboreado…
Nada es más sabroso que tu cuerpo, tus labios.



El criado del brujo, quien no tenía nada que ver con tal, le ayudó a al menos tener algún que otro vestido para cambiarse y así poder alternarlos. Ya había desayunado, un poco de café y alguna pieza de fruta, tampoco necesitaba más hasta la hora de comer…ya sería entonces cuando arrasaría con parte de los platos en la mesa. La primera clase era la más importante y por ello, quería estar de lo más preparada. Antes de empezar, le mostraría su “talento”, ¿de qué manera? Disponiendo en la mesa con sumo cuidado todas y cada una de las especias, hierbas, ungüentos, esencias y un sinfín de cosas que solo ella tenía constancia de para qué servían y lo que eran.

Desde su posición, sonrió ampliamente al ver el amplio abanico que podía ofrecer y enseñar al brujo. Se preguntó incontables veces, si fue capaz de todo eso que le había mostrado en el callejón, lo de la alfombra y demás… ¿qué más secretos guardaba aquel hombre? Era un misterio y un gran descubrimiento por su parte. ¿Quién iba a pensar que aquel joven podía ser un brujo negro? O como bien lo llamaba ella, un brujo del mal. Rió por lo bajo al recordar el apodo con el que le había bautizado, le venía como anillo al dedo.

-Para la fiebre, centaura… cornejo… perfecto -murmuró por lo bajo, llevándose una de las flores color violeta para olerla.. No iba a empezar hasta que él hiciese acto de presencia y… como viese su mesa en la que trabajaba llena de potingues e hierbas de ella… seguramente pondría el grito en el cielo. -Centinodia para el estómago … y ¿cuántas clases hay? Ah bien, perfecto -lo iba apuntando todo en su pequeño cuaderno, algo así como una especie de inventario.

Oyó pasos, supo de quién se trataba al instante. Fritz era más sigiloso, como si caminase de puntillas y así no molestar. Sonrió de espaldas a él, acababa de terminar de apuntar todo y así al menos, la próxima vez que fuese a la tienda o… mejor, sondease los callejones en donde vendían de exportación…podría saber con lo que contaba y le faltaba. Se llevó a los labios la pluma, acariciando éstos de lo más pensativa, la pluma le hacía cosquillas.

-Buenos días, señor Tisdale -dijo lo suficientemente alto, giró el rostro, quedando de perfil y recorrerlo con la mirada, imposible no hacerlo. El muy canalla era atractivo y ella no era estúpida, sonrió traviesa al recordar fugazmente lo que ocurrió anoche y ya solo con eso, se distrajo lo suficiente, tanto… que suspiró por lo bajo intentando no gemir, ella era así de expresiva. No había dejado de acariciarse los labios con los finos y suaves cabellos de la pluma, tomando alguno con los dientes -Estas son todas mis hierbas, especias, esencias…y cosas que se escapan de la sabiduría humana porque es mejor no saber -

Tomó impulso y se sentó en el borde de la mesa, ahora sí, mirándole intensamente con sus orbes azules como el mismo cielo. Pensativa, guió la mano de la pluma hasta el brujo y la deslizó por su frente , bajando por su nariz y acabar rozando sus labios, aquellos que había mordido infinidad de veces durante toda la noche y provocó que ella, se mordiese el inferior.

-¿Empezamos con la primera clase? Cogeré apuntes… como buena ayudante aplicada -más que dispuesta, lo miró fijamente a los ojos, estaba deseando empezar.



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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Logan Tisdale el Miér Jul 27, 2016 12:19 pm

La miré mientras esperaba a que respondiera alguna de mis dudas, como por ejemplo, por qué me había dicho que no tenía donde quedarse si en verdad era mentira, y sí tenía un sitio. Vale que fuera mi ayudante, pero no por ello tenía que vivir en el mismo sitio que yo. Por suerte para ella mi casa era tan grande que podía quedarse allí por un tiempo y apenas nos cruzaríamos por la casa, solamente cuando estuviera enseñándola… el resto del tiempo no iba a verme el pelo en ningún momento. Estaría bajo, en mí lugar secreto, o atendiendo algún cliente y ella eso sí que no iba a presenciarlo.

Enarqué una ceja cuando dijo que sus hermanos eran eminencias del saber, y ahora podía comprender algo más porque ella sabía tanto sobre especias… lo habría adquirido de sus hermanos y de su abuela, sin duda alguna. Así que… querían casarla, me reí entre dientes porque no, yo tampoco la veía casada para nada. No le pegaba con la forma de ser que tenía, y además, para hacer lo que ella quería aprender debía de tener cuidado… la inquisición se había puesto últimamente muy quisquillosa y había que andar con miles de ojos.


-Lo entiendo, deberías de llevarte cuidado. Últimamente están más revolucionados que de costumbre y no tienen miramientos algunos… en ese aspecto, carecen de modales –chasqueé la lengua. Que quemaran a gente por sus habilidades… era una atrocidad, había gente que los usaba para el bien y otra, como yo, que sacaba beneficio por ello. Pero en esta vida no había nada que fuera justo. La miré cuando me preguntó qué sería y suspiré, ¿qué más le daba? Era algo personal mío y, si yo no había podido encontrarlo, ella mucho menos lo haría- ¿Qué tú puedes ayudarme? Gaïa… si yo con mis poderes todavía no lo he localizado, ¿qué te hace pensar que lo harás ? Además, ¿qué te importa?al parecer le había jodido, en parte, el comentario que había tenido en la cocina con ella cuando le había dicho que no buscara algo más en mí… porque sus réplicas llegaban ahora altas y claras. Y no sólo eso, ¿se pensaba que iba a ayudarla de buenas a primeras? Ya la estaba ayudando más de lo que había ayudado a nadie.

Antes de que pudiera verlo venir, sus manos estaban apoyadas en mí pecho, empujó y… como consecuencia caí al suelo. El golpe no me había hecho daño, pero sí me había cabreado. ¿Qué coño estaba haciendo? ¿Acaso era estúpida? Sí, lo era. Con creces además. Me cabreó en menos de un segundo y la ira comenzó a fluir por todo mí cuerpo mientras la miraba de forma fija, si las miradas pudieran matar… ya estaría enterrada bajo seis metros. Me levanté, acercándome a la cama, y mirándola de aquella forma mientras me picaban las manos… tenía ganas de abofetearla por aquello.



-¿Qué no me has pedido ayuda? –Me reí, sarcástico y divertido a la vez por aquello- Qué mentira más estúpida. Y el enseñarte magia, ¿qué, Gaïa, dónde entra? Porque hasta donde creo recordar y lo hago muy bien… me pediste ayuda, para tener magia, para poder poseerla… así que no mientas, porque sabes no es verdad. A ver dónde encuentras a otro que esté dispuesto a enseñarte sin llevarse apenas nada a cambio, porque el ser mí ayudante no cuenta para nada y no te lo tomarían en cuenta… menos, cuando vieran que apenas hay posibilidades contigo –sí, aquello lo dije porque sabía que le dolerían mis palabras- ¿Qué no te ayudo? La única aquí que no puede ayudarme… eres tú. Se acabó. Ya que dices que no te ayudo búscate a otro que te aguante y que quiera hacer el imposible contigo –me giré en dirección a la puerta, con los puños apretados. Antes de salir la miré de reojo girándome lo justo- Te doy veinticuatro horas para que salga de mí casa, señorita Goncourt. Ya que no puedo ayudarla en nada, como usted dice, no veo por qué tenga que estar aquí –salí cerrando un portazo. Qué estupidez más grande había cometido al intentar ayudarla. Pero no volvería a pasar, de los errores uno aprendía.


 

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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Miér Ago 03, 2016 11:24 am

Y volvemos al punto de partida.


Maldito brujo egocéntrico. Volvía a crear una enorme barrera de hielo entre ambos, más alta la de uno, más la hacía el otro. Cuando parecía que se comportaban como dos personas adultas cuando volvían al punto de partida, maldito y mil veces maldito. Él siempre alardeaba de que no necesitaba ayuda pero ella allí estaba. Qué ilusa. Si no le necesitaba ¿para qué la quería? Le quedó más que claro que en aquella casa no pintaba nada y era mejor volver sus pasos a donde debía estar: por la calle ganándose la vida con sus remedios. ¿La magia? Podía esperar, no le soportaba, sacaba lo peor de ella y a la vez, la provocaba sobremanera. La tensión entre ambos disipaba aquel enfrentamiento en el que al menos , en el lecho se complementaban lo que alumna y maestro eran incapaces.

“La única que no puede ayudarme eres tú”

Aquella frase se le había grabado con fuego. ¿Él acaso le había ayudado en algo? ‘Oh vamos! Solo le dio un par de libros para que los estudiase y poco más. ¿Pretendía fuese su ayudante perfecta leyendo libros como una rata de biblioteca? Estaba cansada de leer y el hecho del entrenamiento a golpes para mejorar sus reflejos le agotó. ¿De eso se trataba la magia? O él era un maestro pésimo o es que simplemente… él no tenía ni idea de cómo enseñarla. Rugió cuando oyó el portazo, ese hombre la odiaba como jamás nadie le había odiado y era un sentimiento extraño.

No podía irse aunque quisiera, el pacto de sangre se lo impedía, así que por mucho que la echase, permanecería allí…”para siempre”. Para siempre no era un rato, era para toda la eternidad, unida a él. ¿Cómo un matrimonio? Su cara de desagrado pronto se hizo notar al pensar en ello junto con una risa de desconcierto. ¿En qué momento todo se había vuelto del revés?

A la mañana siguiente, se aseó y preguntó al señor Fritz donde se encontraba el señor. Sus pasos, decididos, se dirigieron hacia la sala. Distinguió la silueta del brujo sentada en su sillón, en aquel donde hacia unas noches, se habían pertenecido sin contemplaciones. Carraspeó, sus ojos azules buscaron su mirada, volviendo a chocar irremediablemente en una batalla que no se acabaría nunca, jamás.

-No puedo irme. El pacto de sangre.-no dijo más pero tampoco se andó por las ramas, se equivocaba, le necesitaba… ¿a quién iba a encontrar a esas alturas para que le ayudase? -Mi hermano viene a Paris para asegurarse que sigo el buen camino. Le dije que encontré a alguien, el adecuado para mi persona. No es cierto, le mentí para que me dejasen en paz pero… no me creen ¿por qué será? No vas a aceptar. -seguramente él ya se estuviese riendo por lo patética que resultaba en ese instante pero debía de intentarlo -Solo serán unos días, crea que de verdad encontré “el amor” y me olvidé de mis obsesiones curativas. Solo tú puedes ayudarme ¿quién querría fingir que me ama? Tú serías perfecto porque ni lo haces, ni lo harás nunca. No vas a aceptar-repitió alzando las manos -Y si lo haces, prometo no volver a dejarte caer de la cama -enarcó una ceja, riendo por lo bajo… no sabía dónde se había metido.



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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Logan Tisdale el Dom Ago 14, 2016 8:43 am

Aquella mujer era exasperante, sacaba en un plazo muy corto de tiempo lo peor que había en mí, la parte más odiada y detestada que tenía, la que muchos no querían ni que asomara un poco siquiera… y ella, sin embargo, hacía que asomara por completo. Gruñí mientras me alejaba de aquella habitación con los puños cerrados con fuerza, se había acabado, todo. Ya no iba a soportar ni una tontería más de su parte, ni el tener que enseñarle ya que con ello no ganaba absolutamente nada. Me había apañado todo aquel tiempo sin ella, y así es como iba a seguir.

En vez de ir hacia mí habitación me fui hacia la sala donde solía entrenar, la rabia corría por mí cuerpo y por venas y sentía la imperante necesidad de descargar todo aquello que sentía encima; rabia, ira, frustración… tenía que sacar todo eso de mí cuerpo o alguien lo iba a pagar muy caro. Además aquella noche tenía la cita con unos clientes y no podía mostrarme así con ellos, cuando eran casi mí fuente de mayores ingresos… y no de dinero precisamente, el dinero era algo que me sobraba dado mi estatus.

Comencé a entrenar descargando golpes en un saco que tenía para ello descargando todo lo negativo que sentía y descargando también algo de adrenalina que tenía en el cuerpo, sintiendo como poco a poco mí cuerpo incluso se iba sintiendo mejor y como yo mismo lo notaba. Ni siquiera supe cuanto tiempo había pasado ahí bajo en la sala de entrenamiento descargando, cuando subí cerrando la puerta de nuevo con magia ya era de noche y Fritz me había preparado la cena.

Tenía el tiempo justo para cenar, darme una ducha y que los clientes se presentaran en la casa. Justo cuando terminé de la ducha y bajaba al salón Fritz me avisaba de que acababan de llegar, y no había ni rastro de aquella mujer. Perfecto. Les conduje hacia una sala para estar más cómodos y en privado e hice aquello por lo que habían venido y habían pagado con aquel artefacto tan misterioso, del cual, esperaba desentrañar los secretos rápidamente. Me gustaban todas aquellas cosas y sabía que conseguirlas no era fácil, por lo que el pago era más que justo. Yo les di aquello que más ansiaban y necesitaban y ellos me pagaban con aquello que yo más quería… era un trajo más que justo.

A la mañana siguiente desperté con los primeros rayos de sol, hoy era el día en que Gaïa tendría que abandonar aquella casa, había durado menos de lo esperado, pero no pensaba aguantar ni una más. Cuando Fritz me trajo el desayuno al salón le dije que me avisara cuando ella se fuera de la casa, y esperaba que no tardara mucho. Lo que no esperaba es que fuera ella misma quien, después de lo hablado, se acercara hacia donde yo estaba.

Levanté mí mirada para verla parada mirándome con sus ojos azules como el cielo, hasta que abrió la boca diciendo lo del pacto de sangre. Era cierto, no podría irse porque el mismo pacto que habíamos hecho la enlazaría de nuevo a mí y no permitiría que se fuera… maldito fuera, ¿en qué demonios estaba pensando cuando lo hice? Ahora me estaba jodiendo la vida a base de bien. Enarqué una ceja por sus siguientes palabras en lo que no me importaba lo más mínimo lo que le hubiera dicho a su hermano o lo que este se pensaba que ella estuviera haciendo.

Es más, ¿por qué me lo contaba? Si se pensaba que, después de todo, iba a ayudarla iba muy mal desencaminada. Ni siquiera lo tenía en mente y mucho menos después de lo de ayer en lo que me había dejado muy claro que no me necesitaba para nada. Me reí, divertido con la situación, mirándola parada en mitad del salón mientras me explicaba el problema que tenía entre manos. Divertido para mí, sin duda. Porque a ella no le estaba haciendo ninguna gracia.


-¿Y… qué esperas de mí? ¿Piensas, siquiera, que voy a ayudarte en algo? Ayer me dejaste, muy claro además, que no podía ayudarte en nada y que no precisabas de mí ayuda así que… no veo porque, ahora, deba yo de ayudarte. Además –me levanté del sillón- te dije, también muy claro, que te daba veinticuatro horas para salir de mí casa y sin embargo aquí estás todavía –gruñí levemente- Estoy empezando a aborrecer tus intentos de frustrarme y de cabrearme, te lo digo muy enserio. Me cansas, Gaïa, y no de la manera en que te piensas. Estoy perdiendo la ya poca paciencia que tengo y, por esta vez, no voy a ser tan clemente como lo he estado siendo últimamente… créeme. –Me crucé de brazos a la espera de que lo que tuviera que decir- Poco me importa ahora el que me tires o no de la cama porque ni siquiera voy a estar contigo cerca de una cama, y poco me importa también lo que le hayas dicho a tú hermano. Es tú problema, soluciónalo tú que ya eres bastante mayorcita para eso. –enarqué una ceja- Pero, ¿fingir que me gustas? Ni lo haría antes ni lo haré ahora, tendrás que buscarte a otro imbécil que te quiera seguir el juego, porque yo no voy a ser ese. Y ahora, si no te importa, quiero que te vayas de mí vista y soluciones lo de tú hermano. No tengo humor para tratar contigo así que, por tú bien, márchate y vuelve cuando lo tengas todo arreglado –me giré, sin decirle nada más, para volver a sentarme en el sillón con uno de los libros en la mano.


 

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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Sáb Ago 20, 2016 5:29 am

Tenemos un pacto. El odio y el rencor no lo desharán… estamos unidos para siempre.


Chocaban irremediablemente, no había duda alguna. Eran tan sumamente parecidos y tan distintos al mismo tiempo que era completamente imposible que los dos se pusiesen de acuerdo en cualquier cosa o conversar de forma normal. Gaïa no reconocería jamás haberse equivocado y menos, pediría perdón…menos a alguien como él. Ese egocéntrico hombre sacaba lo peor de ella, maldito brujo. No se merecía poseer aquel poder, menos tan siquiera atreverse a decir “ser su mentor”. Por mucho que lo negase, él era la mejor opción para alcanzar sus objetivos, él era la clave y quizás por ello, se renegaba de tal manera.

Le costó ir hacia aquella habitación. Hermoso Hércules que se presentaba ante ella, como un colosal guerrero al que nada temía y era aclamado por muchos. Comprensible. Si se iba, ella pagaría las consecuencias. El pacto fue claro, conciso…estaban unidos por magia, magia negra y nada ni nadie podía desenredar aquello. Masculló por lo bajo, en esos momentos, se recordó a sí misma cuando ante sus hermanos debía de comportarse todo lo bien que era capaz para conseguir algo que le interesase o simplemente, por hacer algo de las suyas.

Sus palabras, volvían a asestarle otro y otro golpe más. Invisibles, pero igual de dolorosos. No tuvo que despreciarle de esa manera pero él se lo buscó ¿no? ya no estaba segura, nada en su vida le salía bien, solo sus potingues como sus hermanos lo llamaban. Suspiró largamente, apretando con fuerza los puños, cada palabra era una negativa que añadir a que no, no iba a ayudarla. Se lo merecía, por su orgullo pero ¿cómo iba a admitir el haberse equivocado? Negó una vez con la cabeza, mirándole fijamente con sus ojos azules como el cielo. Éstos mostraban mucho más de lo que le diría con palabras, suplicantes… se desviaron de él hacia el suelo, no podía parecer aún más patética de lo que ya lo era.

-No puedo irme. El pacto. ¿Es que no me has oído, maldita sea? -alzó un tanto la voz, la estaba cabreando aún más de lo que ya lo estaba. Pedirle algo así, para ella era mucho…más de lo que él se pensase. -Señor Tisdale -murmuró, costándole horrores tan siquiera dirigirse a él con respeto, tal cabreada como se encontraba.-Sé que fingir que te agrada alguien a la que odias es mucho más complicado. -se mordió el labio inferior, acercándose a él con paso lento…sin prisa, poco a poco se estaba calmando -Quizás, no debí decir ciertas cosas. Ni tirarle de la cama, tenerle más respeto… -pensándolo bien, él era con quien más afinidad había tenido a la hora de pensar en su futuro y encima, le ofreció un lecho donde dormir -Me iré a pesar de las consecuencias, no tendrá que preocuparse más por mí -

Tragó saliva, se estaba equivocando. A cada palabra, se percató de que no solo fue injusta si no que acababa de echar por tierra su única oportunidad. Los libros prestados, el alojamiento, el entrenamiento….se mordió la lengua y suspiró, agachando una vez más la mirada, estaba muy arrepentida. Todo lo nuevo le había asustado y su forma de reaccionar no fue la adecuada.

-Se lo pediré a otra persona. No sé si será complicado o no. Los hombres de clase alta no se conforman con especias, ni con un amago de “bruja o curandera”, tendré…que ofrecer otro tipo de negociación. -y negó porque no le estaba insinuando que a él le había insinuado eso -No me refiero que a lo sucedido entre usted y yo… fuese con esa intención, lo hice porque quise, no era parte del trato, ambos estábamos de acuerdo y… -se calló, le acababa de dar la espalda y con razón. -En una hora me marcharé, ya no seré un cargo ni una molestia. Le dejé los libros al lado de la tarta-se giró, se acababa de tragar su propio orgullo… sí, insinuado que se había equivocado.



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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Logan Tisdale el Mar Ago 23, 2016 8:58 am

Ahora era cuando parecía que comenzaba a darse cuenta de los errores que había cometido cuando había estado aquí este tiempo. Para empezar si hubiera sido igual de estricto que mí maestro jamás me habría hablado de la manera en que ella lo hacía, ni mucho menos. Había tenido más libertades de las que yo jamás tuve en todos aquellos años de entrenamiento y ni siquiera había sabido aceptarlo y darse por dichosa. Sin embargo lo que había hecho había sido buscarme una y otra vez, pese a que siempre le había dejado claro que no lo hiciera.

Rodé los ojos ante sus palabras de nuevo sobre el pacto, sí, la había oído perfectamente la primera vez que lo había dicho. ¿Quién narices le había enseñado aquello a ella? Justamente había sido yo, por lo que estaba al corriente de que aquel maldito pacto me iba a joder todos mis planes. Porque no sólo le afectaría a ella, sino que a mí también y no estaba muy seguro de en qué manera iba a afectarnos. La miré enarcando una ceja cuando me llamó por el apellido y esperé a que comenzara a hablar. Su disculpa no me alivió en lo más mínimo ni fue en pago por todo, pero era el comienzo.



-Al menos te has dado cuenta del enorme error que has cometido, la verdad es que has tardado demasiado en percatarte de ello –porque era así, ¿qué otro brujo iba a aceptar como un aprendiz a una joven que apenas poseía magia, y que no se sabría si pudiera llegar a tener algún día? Nadie, solo yo. Imbécil.- Sí, mostrarme más respeto y obedecerme en todo habría facilitado las cosas –reconocí- He sido demasiado clemente contigo, ni siquiera te puedes hacer una idea de cuánto en realidad, y no has sabido aprovecharlo. Lástima para ti –mis palabras habían salido sin siquiera pensar en lo que decía, pero tenía toda la razón del mundo, mí abuelo no le habría permitido alzar la voz más de lo necesario, o hablar cuando no tenía que hacerlo.

Suspiré y me senté de nuevo en el sillón llevando mis dedos al puente de mí nariz pensando en lo que debía de hacer. Nadie en su sano juicio iba a aceptarla como aprendiz, esto por descontado, pero además no era ese el problema que me tenía preocupado… sino el maldito pacto de sangre. Ella no podía irse y abandonar un juramente hecho con sangre, además, uno de magia negra. Los pactos hechos con sangre eran los más peligrosos de sangre, los que más consecuencias acarreaban si no llegaban a cumplirse.

Si ella se iba yo también lo sufriría puesto que mí sangre, como la de ella, iba unida en ese pacto. ¿Por qué narices se me había ocurrido la idea? Ahora no me quedaba más remedio que decirle que se quedara, y no sólo eso, sino tener que aceptar fingir que estaba con ella porque prefería aquello al destino y el castigo que pudiera obtener por el pacto. Gruñí molesto por todo porque para nada quería hacer aquello, no quería ver a su hermano ni a ningún jodido miembro de su familia. Mucho menos tener que fingir que estábamos juntos, ¿qué clase de maldición era esa? Volví a gruñir de nuevo y la miré observando como se iba hacia la puerta sin haber escuchado realmente sus últimas palabras.


-Detente, Gaïa –mí voz sonó dura y fría, molesta incluso, mientras sentía que la rabia se apoderaba de mi cuerpo. Fue una orden en toda regla y ella no pudo más que pararse en cuando se lo dije, quisiera o no, y volví a ordenarle que se girara para que me mirara. No iba a levantarme de aquel sillón- Sólo diré esto una sola vez, así que espero que escuches con atención: no puedes irte y no quiero que te vayas. Pero a diferencia del por qué crees que te lo digo, es porque ese pacto también me afectará a mí puesto que también lleva mi sangre. No estoy dispuesto a conocer las consecuencias si no se cumplen, así que por más que me pese te quedarás aquí y seguiremos como hasta ahora. Me mostrarás más respeto porque soy tú maestro, aceptarás sin rechistar lo que te mande que haga o lo que te ordene en cuestión de estudios, no quiero oírte decir ni una sola palabra de reproche, ¿queda claro? –mis ojos se clavaron fríos en los suyos- Aceptaré aunque no quiera que tú hermano venga, fingiré lo mejor que pueda y en unos días despacharás a tú hermano porque no pienso seguir la treta mucho tiempo. Y ahora, quiero estar solo. Avísame cuando vaya a venir tú hermano y ya me pondrás al día –le hice una seña con la mano para que entendiera que podía irse, y que quería estar solo.


 

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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Sáb Ago 27, 2016 11:35 am


Admití mi error, es hora de firmar una tregua de paz… ¿o no?


Imposible hablar seriamente con aquel hombre. Se alteraban de la misma forma en cuanto se miraban a los ojos, mantenían una conversación y terminaban tirándose los tratos a la cabeza. Ella reconoció tener la culpa en este caso, lo admitía y él pudo comprender que no lo decía por decir, se arrepentía de verdad. ¿Cómo no creerla con esos ojos azules cristalinos repletos de un sinfín de cosas que ni admitiría ni podía mostrarle? No aún. No se conocían, solo en algunos aspectos pero a la hora de la verdad, en cuanto se tenían que poner de acuerdo y hablar de cosas serias… siempre acababa de la misma forma.

Ya se había disculpado, le dijo lo que pensaba pero quizás no era suficiente. Si no quería aceptar tendría que buscar a alguien de clase alta que le ayudase a la mentira ¿y a cambio? Haría lo que le pidiese por la ayuda prestada, la libertad tenía un precio y ella estaba dispuesta a pagar lo que desease. Se giró dispuesta a avanzar hacia el pasillo, dejarle allí cuando su voz la detuvo de golpe. Chasqueó la lengua, esperaba lo peor porque ¿acaso no se lo merecía? Él no había parado de alardear de ello una y otra vez. Lo aceptó y ahora venía su castigo, otro más.

El pacto. ¿Qué otra cosa? Asintió con la cabeza, bajando la mirada , no esperando en absoluto lo que dijo a continuación ¿aceptaba? ¿en serio? Una leve sonrisa apareció en sus labios, si aceptaba todo saldría sobre ruedas, eso quería creer. Sus ojos azules, buscaron la mirada ajena y cuando se encontraron , le transmitió una sincera gratitud que sin duda a él no podía pasar desapercibido. En cuanto pudo moverse, corrió hacia el brujo y sin importarle que la apartase, le abrazó por la cintura, besando su mejilla de forma sonora y de lo más graciosa, tan adorable como una niña.

-Límpiate el beso si quieres pero tenía que hacerlo -rió mordiéndose el labio inferior, hacia mucho no lo tenía tan cerca y solo con aquel acercamiento habían vuelto a saltar chispas, chispas de atracción -Le dejaré solo, le molestaré lo menos posible y … en cuanto llegue mi hermano, empezará la treta… antes, estudiaré y familiarizaré con todo lo que me propuso, esos libros -Salió como alma que llevaba el diablo para enterrarse en sus conocimientos y poder estar más cerca de alcanzar sus objetivos.

En esos días, no le molestó. Pasaron unas dos semanas, hasta que Fritz le avisó de que alguien la buscaba. Si Joe se encontraba allí, tendría un gran problema, no le esperaba tan pronto pero por lo visto se dio prisa en asegurarse que su hermana escogió el camino perfecto y adecuado. No esperó tenerle delante, no supo reaccionar hasta que fue abrazada y besada en la mejilla.

-Gai! Cuánto tiempo, la abuela te escribe todos los días y sí las traigo… pero ya te las daré, dime ¿dónde está el no afortunado? Tienes que haberle dado el mejor de tus mejunjes me equivoco? -Gaïa rió por lo bajo sin mucho ánimo y le dio paso, esperando a que el señor Fritz avisase al señor Tisdale. Rezaba mentalmente para que saliese bien. enseguida, unos ojos azules más oscuros que los de la joven, lo examinaban todo con aquellas orbes plagadas de curiosidad -Bonita…casa ¿se celebrará aquí la boda? ¿cuándo lo conociste? ¿y cómo? Y espero que no me estés engañando, sé cuando lo haces…tendrás que hacer muy bien tu papel porque como no sea verdad, volverás a casa…se acabó tu viaje sin sentido —Gaïa resopló sin contestarle, no iba a empezar una pelea… no aún.




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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Logan Tisdale el Sáb Sep 03, 2016 11:51 am

Al final había acabado cediendo ante aquello que me había propuesto Gaïa, y todo porque no quería que se fuera y que el pacto de sangre que habíamos hecho también repercutiera en mí… con la magia de sangre era algo con lo que no podías jugar si no querías acabar mal, y yo no podía discernir las consecuencias de aquello. La magia de sangre era un tema bastante desconocido, y no se podía saber con exactitud cómo podía actuar y tomar represalias. Tampoco sabía si el pacto fuese meno o mayor de fuerza si se respondería igual… era la primera vez en mí vida que me encontraba con aquella situación, y al final, tuve que ceder para no correr ningún riesgo.

Pude ver la sonrisa que asomó en sus labios al decirle que aceptaba, estaba convencido de que ella pensaba que no iba a aceptar, y no iba a hacerlo, salvo por el pequeño detalle del pacto. Entonces me había obligado a verme envuelto en aquello, tendría que fingir que era su esposo y, no solamente eso, fingir delante de su hermano. Una mueca asomó por mis labios al pensarlo de forma detenida, yo que era una persona de normalidad fría y que no mostraba afecto me veía en la tesitura de tener que mentir y hacer todo aquello que yo no era, y que no había hecho en mí vida.

Rápida se acercó a mí hasta abrazarme por la cintura, a lo que rodé los ojos de manera exasperada y dejó un beso en mí mejilla de forma sonora, casi graciosa… como si fuera una niña pequeña. Suspiré porque era a lo que iba a tener que acostumbrarme al menos por un par de días hasta que su hermano se convenciera de que ella le había dicho la verdad, se largara, y yo siguiera con mí vida como había estando siendo. Enarqué una ceja cuando dijo que me dejaría hasta que llegara su hermano y dejé que se fuera para quedarme a solas en el salón, sentado en el sillón y volviendo a coger el libro entre mis manos.

Las siguientes semanas pasaron sin muchos acontecimientos, ella había respetado el espacio que le había mencionado y la veía por las tardes estudiando y leyendo que le había dado, mientras me apoyaba en el marco de la puerta con una taza en las manos, sin perturbarla pero comprobando que hacía lo que le había pedido. Por mí parte seguía con mis negocios clandestinos donde la gente venía para pedirme varias cosas, a cambio de otras a mí favor. Todo parecía que había vuelto a la normalidad, o eso es lo que se asemejaba… pero nada duraba para siempre.

Una de las tardes que me encontraba leyendo Fritz entró por la puerta sin decir nada, esperando a que me diera cuenta de que estaba ahí, levanté mí vista del libro para mirarlo y darle a entender que podía hablar. Llevaba de nuevo un libro en mis manos que estaba estudiando y esperé a que comenzara a hablar… cuando lo hizo chasqueé la lengua. El hermano de Gaïa había llegado ya y eso significaba que tenía que comenzar a fingir, ¿estaba preparado? No, desde luego que no lo estaba… pero era lo que habíamos acordado. Cerré el libro de mala gana y lo dejé encima de la mesita que había al lado del sillón, me levanté y le dije que me llevara hacia donde estaban ellos. Ni siquiera me había avisado de que su hermano llegaría hoy, no sabía mucho sobre él, ni como se llamaba, ni nada parecido a aquello… tendría que ir sobre la marcha, y esperar a que todo fuera bien. Cuando llegué a la estancia donde estaban oí lo último que dijo, y me reí divertido haciéndome notar en el lugar. Pronto dos pares de ojos, exactamente idénticos, se fijaron en mí.



-Me temo que lo de volver a casa no va a ser posible, no está bien que la esposa de un hombre no viva con é
l –mí tono fue jocoso en todo momento, me acerqué a ellos con lentitud y examiné al hermano de Gaïa. Eran muy parecidos, él era algo más alta que ella pero si te fijabas bien en sus rostros podías encontrar la similitud- Perdona la descortesía de mí prometida, no sabía que llegabas hoy –me paré delante de él y lo miré, era casi de mí misma altura aunque yo era algo más alto que él- Logan Tisdale, señor Goncourt –le tendí mí mano y le di una rápida mirada a Gaïa… quería matarla en aquel momento por no haberme avisado con tiempo, ni decirme nada sobre él, ¿así pensaba que todo iba a funcionar?


 

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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Miér Sep 07, 2016 5:35 am

Fue toda una sorpresa, no solo para el propio dueño de la casa, también para ella. No se lo imaginaba, pensaba tardaría más en visitarlos y con suerte se iría en un par de días, todo dependía del papel que desempeñaría ambos. La expresión de Gaïa lo decía todo, ¿cómo no se daba cuanta aquel brujo? Sus orbes azules, se clavaron en la figura del joven en cuanto apareció en escena, estaba tan sorprendida como él seguramente pero ambos lo disimulaban demasiado bien.

-Yo tampoco lo sabía, obviamente te lo habría comunicado, querido -ante aquel querido y sin que su hermano se diese cuento, hizo un mohín de desagrado de lo más divertido y gracioso, que disfrazó con una breve sonrisa cordial a su hermano mayor. Qué panorama, cuanto iban a pasar durante todo ese día -Dispondré a que nos traigan la tarta de frutos rojos que me dediqué hacer ayer por la tarde, he mejorado mucho ¿sabes? -su hermano se echó a reír, estrechando la mano del que sería su supuestamente cuñado, hermano de familia política

-Un placer, señor Tisdale, y me encantaría probar uno de tus dulces. Veo que tus intentos en dar un paso más en la gastronomía no han menguado y sigues luchando por ello , aunque no te hará falta, el señor que me ha abierto ¿su criado? Vaya, vas a contar con criado y todo, claro una casa tan grande aunque mi hermana sabe realizar perfectamente sus tareas domésticas -Gaïa miró hacia otro lado, su clase media había salido a relucir y como no “sus dotes de buena esposa” algo que detestaba.

-Eso ya lo sabe, hermano. Ya le di buen ejemplo de ello ¿no es verdad, querido? -se acercó a él y tomó su mano, mirándole fijamente, luchando por no salir corriendo, no sin antes darle un buen golpe a aquel brujo… le estaba crispando los nervios por la manera “divertida” de llevar a aquel tema. -Le diré a Fritz que prepare el pato a la naranja que tanto te gusta y … compartiremos una cena muy amena. -miró a ambos, le dio igual si no quisieran, ella ya lo había dispuesto.

-¿me acompañas, querido? Me gustaría comentarte unas cosas…en privado -le ofreció la mano a Logan para que la tomase y fue ella quien lo arrastró casi hacia otra sala contigua, antes de que dijese nada , ella siseó -No lo sabía, si lo hubiese sabido … maldita sea, espero se vaya en un par de días. Preguntará sobre la boda y planes de futuro -bajó un instante la mirada y se quedó mirándole fijamente a los ojos, le gustaba lo mismo que a él aquella situación. -Tienes que ser más “atento”, no se lo va a creer si estamos sentados en cada uno un sofá y… por favor, convéncele para que se vaya… con que le des un discurso de esos de “amor eterno” y lo mucho que me quieres bastará…

Y su hermano comenzaba a impacientarse, indicó a Fritz que se llevara la tarta y preparase café y té. Suspiró largamente, justo cuando la puerta parecía abrirse, digamos quería pillarlos de improviso. Gaïa no lo dudó, tiró de su mano y buscó los labios del brujo… dejando un beso, esperando que entendiese de su reacción… le gustaba lo mismo que a él.



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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Logan Tisdale el Miér Sep 14, 2016 8:48 am

¿Cómo había llegado a aquel panorama? Ni siquiera podía recordarlo, ahora maldecía el pacto de sangre que había hecho con ella y me recriminaba por ser tan estúpido como para hacerlo, ¿en qué demonios estaría pensando para hacerlo? Ahora ya estaba y debía de apechugar con las consecuencias. Un par de días de fingir y toda esta locura acabaría, su hermano se iría, nos dejaría en paz y podríamos seguir con lo que estábamos haciendo. Pero nadie me decía que no podía sacarle el lado divertido de todo esto, nada más había que ver la expresión de ella cuando me dijo ese querido, no lo estaba disfrutando como lo estaba haciendo yo.

Claro que yo no tenía nada que perder y ella tenía todo por lo que perderlo, volvía a tener la situación de ventaja y ella en desventaja… y la iba a utilizar. Yo me jodería con todo aquello pero ella lo haría mucho más y sabía cómo debía de hacerlo para ello. Su hermano me estrechó la mano y la aparté a los pocos segundos manteniendo mí posición, quería que se fuera lo antes posible y Gaïa tenía muchas cosas que explicarme, apenas me había contado nada sobre su familia, ¿de verdad quería que aquello funcionara? Estábamos abocados al fracaso desde el principio. Los miré a uno y a otro mientras hablaban y suspiré cuando él habló diciendo aquello, haciendo que frunciera el ceño.



-¿Sabes? El “criado” al que te refieres lleva en mí familia desde que yo era pequeño y va a seguir aquí hasta el día en que se muera. No necesito que mí esposa se ocupe de las labores de la casa porque es innecesario, se tiene que dedicar a mí que para eso voy a ser su marido
–Gaïa se acercó entonces a mí dándome un pequeño y leve tirón a mi mano como si quisiera darme a entender algo y sonreí, ladino, mirándola durante unos segundos- Oh si, cierto. Un magnífico ejemplo –evidentemente su hermano se pensaría algo diferente- Es muy aplicada –intenté no reírme en aquel momento y dejé que tirara de mí mano para llevarnos a un lugar más apartado. Me solté de su mano y la miré algo cabreado, fijando mis ojos en los suyos- ¿No crees que deberías de haberme dicho algo antes de que él llegara? Apenas sé nada sobre vosotros, ¿cuánto crees que va a tardar en pillarnos? –me crucé de brazos y bufé, su plan se iba a caer en pedazos y no iba a ser yo quien lo intentara reconstruir. Era su culpa y ahora ya no había vuelta atrás- Por cierto, yo sí que he pensado a diferencia de ti en una tapadera –llevaba días ya con aquello en mente y, hasta que no me había visto acorralado, no había dado el paso- Tomade mí bolsillo saqué un anillo que podría ser perfectamente de compromiso- Así al menos nos creerá un poco más, y no gracias a ti precisamente –rodé los ojos ante la mención de lo del discurso, ¿en serio pretendía que dijera y mintiera sobre cuánto la amaba? Estaba loca si lo pensaba. De repente su mano tiró de la mía y sus labios se pegaron a los míos, y sí, supe por qué lo había hecho. Podía sentir el aura de su hermano detrás de la puerta espiándonos, y debíamos de aparentar. Rodeé su cintura con mí brazo, aferré su pelo con la otra y devoré sus labios como si fuera un verdadero… lo que quisiera que fuera, sediento de ella. Dejé un mordisco en sus labios y reí entre dientes- No debemos de hacer esperar a tú hermano, querida. Bastante nos hemos retrasado ya –sonreí lado y la solté notando que el aura de su hermano se alejaba con prisa para no ser descubierto.


 

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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Vie Sep 16, 2016 10:55 am

Su hermano tan impertinente como siempre. ¿Cuánto tiempo dudaría aquella tortura? Sus ojos azules se fijaban en ambos hombres, alternativamente. Iba a ser unos días muy largos. Desde que dejaron claro la posición en la que quedaba cada uno y el papel que desempeñarían, no volvieron a hablar de ello desde entonces. ¿Qué aún recordaba aquel primer encuentro en la que la atracción y el juego les llevaron a donde se encontraban? Sí, pero ya pertenecía al pasado, ocurrió y ya está. Una sola vez y bastaba, además era un hombre difícil, solitario y que solo le importaba su profesión, ella por el pacto sabía que era un completo estorbo.

-Ya lo dije. No lo sabía, no sabía qué venía ¿o acaso no me crees? Maldita sea… -estaba molesta, no con él, por supuesto, si no con el hombre sentado en el salón -No quise molestarle, lo sabe. Por eso no le dije nada y creo que sabe lo que tiene que saber, no es más de lo que él me conoce en realidad. Con que le digas que soy una buena ama de casa en la cocina se da por satisfecho, es de esos -desvió la mirada hacia un punto inexistente y suspiró, sorprendiéndose por el anillo que ahora portaba en su dedo. Alzó éste y se perdió en la imagen de la joya con una leve sonrisa, justo como su hermano quería como ella ¿y ella misma? -Es bonito , demasiado bonito para que yo lo lleve y ya, es que pienso muy poco…. Pero usted piensa en todo -

Fingió una sonrisa al igual que fingió aquel beso, uno que se volvió a los ojos de su hermano muy real. No sabía bien cómo reaccionar, desde lo ocurrido el acercamiento había sido nulo, ahora sería mucho más difícil que se tratasen de alguna forma más íntima… ella tampoco ponía de su parte, solo había fingido por lo de su hermano pero nada más. lo miró a los ojos durante unos segundos, volviendo con él de la mano. El hombre que esperaba sentado, de forma disimulada mirando la decoración…

-Disculpa, teníamos asuntos que tratar. ¿Cuántos días te quedas? -fue franca, sincera… todo lo que podía a su hermano, solo quería que se marchase -No nos vamos a casar aún, estamos dejando un poco de margen… nada más -miró fijamente a Logan, no era capaz de expresarse tan cariñosa como debería así que no le soltó de la mano, apretando un tanto para que le ayudase -Además, queremos algo íntimo, él y yo y poco más… - sonrió, una sonrisa demasiado fingida pero igual resplandeciente… esa que le daba toda esa vida de la que se caracterizaba.

-Lo que más me impacta es que… alguien… bueno, tu reputación no es que sea muy buena precisamente. -hizo un gesto con la mano para que ambos le entendiesen -Gaïa siempre ha sido muy efusiva, le gustaba mucho… bueno, el decoro no es su fuerte y siempre terminaba saltándose las reglas. Me sorprende que alguien haya sobrepasado eso, verla como una simple mujerzuela para querer casarse con ella - Gaïa lo miró fijamente, congelándose la sonrisa… queriendo que la tierra se la tragase, la imagen que daba de ella en absoluto era cierta pero claro quería que volviese por lo que estaba intentando que el brujo la viese con otros ojos.

La joven Goncourt, carraspeó, mirando hacia el suelo, intentando pensar… en algo y no darle un puñetazo de los que daban historia. Suspiró, sin poder decir nada, levantándose del asiento y mirando a ambos, negando con la cabeza… su hermano sabía bien indagar en donde pudiese hacerle daño. La imagen que tenía de ella no era la de una joven vivaz capaz de querer aprender…si no el de una vulgar muchacha que va de cama en cama. Y era cierto ¿quién iba a quererla?

-Creo que será mejor que te asees para la cena, es a las nueve. -les dedicó una reverencia y se marchó, hacia el jardín.




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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Logan Tisdale el Lun Sep 26, 2016 8:52 am

Parecía que todo esto en realidad me estaba divirtiendo más a mí que a ella, ¿y por qué? Porque simplemente ella tenía todas las perder y yo sin embargo no me arriesgaba a nada, además ver las caras que ponía cuando actuaba delante de ella como el perfecto prometido que debía de ser era muy gracioso. Sacarla de sus casillas con aquella situación también lo era, así que pensaba aprovechar todo cuanto pudiera de aquella oportunidad que me había brindado… me divertiría de todo aquello, y cuando me cansara de la situación tan sólo tenía que despachar a su hermano de mala manera y el asunto se acabaría en ese mismo momento.

Suspiré irritado con aquello y rodé los ojos cuando le di aquel anillo que debería de llevar puesto pues, a ojos de su hermano, afianzaba aún más que lo que estábamos interpretando era cierto. Debía de tener un anillo que demostrara que nos íbamos a casar aunque fuera solamente una mentira, reí entre dientes, claro que yo siempre pensaba en todo. Nada se escapaba de mí control si así yo no lo quería… por lo que era realmente absurdo que su hermano pudiera pillarnos por mí culpa, más bien, nos pillaría porque ella apenas me había contado nada.

En cuanto noté que su hermano se había acercado para espiarnos, cosa que no me gustó en absoluto, la acerqué para acallarla con mis labios y darle un beso ya que su hermano estaba ahora de espectador entre las sombras, dándole a entender que éramos una pareja normal. Incluso me atreví a afianzar el agarre sobre ella y, en cierta manera, hasta me dejé llevar por unos breves y cortos segundos. Me atreví incluso a hacer una gracia, que iba con doble sentido, cuando me separé y noté que su hermano ya se había quitado de la puerta por miedo a ser descubierto… pero en aquella casa y con mí poder, era raro que algo pudiera escaparse de mí control.

Tuve que dejar que me cogiera de la mano mientras volvíamos al salón donde de nuevo estaba sentado su hermano, mirando la decoración del lugar. Su mirada volvió a posarse sobre nosotros y esperé la respuesta en cuanto ella le hizo aquella pregunta, era un tema que me interesaba. Esperaba que fueran pocos días, sino, me vería obligado a sacarlo a la fuerza y no le iba a gustar para nada. Viendo y sintiendo su mirada sobre mí decidí rodear su cintura con mí brazo y pegarla a mí mientras ella hablaba sobre la boda.


-Me gustaría algo íntimo, no soy muy partidario de las grandes celebraciones y mientras estén los que se van a casar, es más que suficiente
–puntualicé sintiendo la mirada de su hermano puesta en mí- Quiero a vuestro hermana solamente para mí –sonreí de lado, dejando una sonrisa torcida que seguramente a él no le gustaría, aunque seguramente mis palabras le gustaran menos mientras yo intentaba que la risa no saliera de mis labios y manteniendo la compostura. Compostura que se vio truncada en cuanto él comenzó a abrir la boca y soltar todo aquello por su boca, ¿de qué narices estaba hablando? Seguramente lo estuviera diciendo para que aquello no pasara, podía notar las mentiras que salían de sus palabras y que intentaba camuflar la verdad de todo aquello, y fruncí el ceño apretando el agarre que tenía sobre ella- Palabras muy duras para ser vuestra hermana, ¿no os parece? Más aún cuando estáis hablando con su prometido –lo miré de forma fija centrándome en él- Quisiera dejar una cosa clara; su pasado es algo que realmente no me importa, ni siquiera vos sabéis cuál es mí pasado, ¿y si fuera peor que el de ella? Me da igual quien fue en el pasado, me importa su presente. Así que os advierto que no volváis a decir tales gilipolleces delante de mí, y si no os gusta lo que estáis viendo u oyendo, sabéis donde está la puerta. O mí mayordomo os puede enseñar el camino si es demasiado para vos –Gaïa se alejó haciendo una reverencia y yo miré a su hermano- Sed puntual, odio a la gente que no lo es –y sin decir mucho más la seguí encontrándola a solas en el jardín. Menudo gilipollas que tenía como hermano, estaba claro a lo que había venido- ¿Sabes lo que pretende hacer, verdad? –Dije sin acercarme a ella todavía manteniendo la distancia hasta que finalmente di un par de pasos- ¿Por qué se lo permites? Tú eres la dueña de tú destino y no ellos, no deberías de ceder ante sus caprichos –todo aquello era un completo desastre y ahora entendía las intenciones que su hermano había traído consigo- ¿Saben siquiera que quieres aprender los conocimientos de la magia?


 

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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Miér Sep 28, 2016 8:55 am


Solo tú, puedes salvarme.





Justo como imaginaba, su hermano no perdería el tiempo en lanzarle piedras contra su tejado, un tejado bien reforzado con los años. Esperaba que el señor Tisdale pudiese deshacerse de aquel mosquito molesto. Si utilizaban la magia acabarían antes, en eso no había pensado pero de momento prefería el método normal y echarlo sin dejar ningún cabo suelto. No sería fácil pero lo iba a intentar con todas sus fuerzas. El hecho de estar prometida con Logan no solo era raro, la cercanía entre ellos después de tantos días sin dirigirse apenas la palabra. Aceptó su equivocación y desde entonces había sido muy aplicada en leerse todos los libros que le dispuso, aunque aún le quedaba mucho…apenas había empezado.

Notaba el agarre de Logan y le inquietó, le puso nerviosa pues ambos rehuían tal cosa y por obligación actuaban en contra de sus deseos. Carraspeó sintiendo la tensión entre su hermano y el que era su mentor sin saber muy bien cómo reaccionar. Si se levantaba, gritaba lo absurdo de la situación y directamente echaba a su hermano para no volver… sería lo más sensato y también lo más estúpido, no se marcharía de allí con las manos vacías. La obligaría a volver a la casa familiar y sus días como estudiante de magia, al igual que su libertad…quedarían vetadas para siempre.

Les dejó en el salón, mirándose frente a frente y ella simplemente quería tomar aire fresco. No era la primera vez que la atacaba de ese modo, con aspirar aire y relajarse no perdería los nervios. No esperaba nadie fuese en su busca y Logan…bueno, era imposible. Era puro teatro y con aquella obra debían de seguir. Suspiró, los pasos le alertaban de que alguien se acercaba, su hermano seguro pero su voz… le sorprendió, olvidándose de todo…prácticamente.

-Se equivoca señor Tisdale, ellos son dueños de mi destino. Debo casarme, tener hijos…estar en casa y olvidarme de lo demás, por eso me fui -no dio más explicaciones y aún así no parecía afectarla por su media sonrisa, esos ojos azules incapaces de rendirse -Soy una Goncourt , y no quiero renunciar a mi apellido… ellos son mis tutores, son más mayores que yo y aunque sea mayor de edad no importa y lo sabe -se encogió de hombros, claro que sabía que pretendía -Sé lo que intenta, le da rabia que sea así, no como cualquier joven que se queda en casa. Siempre me encantó descubrir mundo, hacer cosas diferentes y aprender…sobre todo, eso, aprender -

Suspiró largamente, envidiaba a la persona que tenía delante. Sí, le envidiaba a él por poder hacer lo que quisiese. Sonrió, acercándose a él para que oyese su respuesta, un secreto a voces…no le vendría bien en estos momentos. Le agradecía lo que estaba haciendo, no sabría nunca como pagárselo.

-No lo sabe y si lo supiese… no, no estaría aquí, si no de camino. Me tomarían por loca definitivamente y ellos mismos me denunciarían a la inquisición. Están en contra de ello, de los seres que no deben estar en este mundo… por eso me fui, porque no soy como ellos porque soy como tú, al menos en espíritu -se le escapó una risa de desconcierto, negando con la cabeza -Las gracias no sirven por todo lo que estás haciendo por mí… gracias, de verdad, Logan -vaciló pero no ocultó las ganas que tenía de acercarse e inclinarse para dejar un beso en su mejilla -Pagaré mi deuda aunque sea toda mi vida… lo que haga falta pero no permitas que me lleve -y lo último, sí que sonó como un ruego…



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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Logan Tisdale el Miér Oct 05, 2016 4:20 am

No entendía cómo podía tener aquella mujer un hermano tan… gilipollas. Sí, esa era la palabra que lo definía mejor. Yo podría ser un capullo arrogante que tomara todo aquello cuanto quisiera y que además vagara libremente sin darle explicaciones a nadie… pero él rallaba lo excesivo. Era por personas como él que me alegraba de ser como era, la mentalidad que tenía y las cosas que salían por su boca me reafirmaban en que me gustaba mucho más ser yo, y prefería a mil tíos que fueran como yo… a uno tan siquiera que fuera como él. Solo me bastaba ver el aura que lo rodeaba para saber lo que estaba tramando, pero sus palabras despejaban cualquier tipo de duda que pudiera tener al respecto.

Mis palabras podían sonar como a una amenaza y esperaba que se sintiera como tal, porque no pensaba dejar que pasara ni una y mucho menos en mí casa. Cierto que aquella tetra no tenía nada que ver conmigo, pero comenzaba a cabrearme y a mosquearme la actitud que aquel hombre estaba teniendo, y pese a todo, estaba en mí casa y ahí sí que no iba a permitir nada… y si después de amenazarlo, intentaba seguir haciendo de las suyas, iba a acabar mucho peor de lo que él se imaginaba. Y disfrutaría haciéndolo, porque empezaba a odiar a aquel hombre, su mentalidad, y las gilipolleces que salían de sus labios.

Miré a Gaïa en el jardín y me pregunté cómo dos personas, de la misma sangre, podían ser tan diferentes. Yo no había tenido ningún hermano ni hermana, era hijo único y por lo tanto no sabía lo dispar que pueden ser dos personas que comparten línea sanguínea como aquellos dos. Eran la noche y el día y en cierta manera, de alegré de que ella no fuese como su hermano. Y sí, entendía lo que él pretendía y que aunque ella intentara y quisiera ser dueña de su destino los cánones de la sociedad no se lo permitían porque todo lo que ella quería era todo lo contrario a lo que marcaba la sociedad.

A mí lo que unas normas de la época dictaran era algo que no me importaba, nunca me había importado, y solamente ostentaba el título de conde porque mí padre así lo había dispuesto todo y no podía negarme… se lo debía, e iba a estar dispuesto a encontrar al culpable de su muerte y hacer que pagara por ello… no importaba lo que me costara. Suspiré mirándola y miré hacia otro lado cuando dio un paso más cerca de mí, escuchando sus palabras.



-Realmente no deberías de dejar que eso pasara, deberías de decidir tú aunque sé que no es lo que dictan las normas de la sociedad… y tú hermano se está aprovechando de ello. Si te casaras perderías el apellido, seguirías siendo una Goncourt pero no de la misma manera –hice una leve pausa- No deberías de dejar que se salgan con la suya, Gaïa, aunque por ello pierdas tú apellido. Está claro qué es lo que más te motiva y no es precisamente eso que tú hermano quiere para ti. No va a poder atarte siempre, y eso lo sabe. –Dio un par de pasos más, acercándose a mí y reí entre dientes por aquella respuesta- Quizás deba de darle una buena lección a tú hermano antes de que se vaya de aquí, podría borrarle la memoria sobre ese hecho para que no vaya a la Inquisición –mis ojos se volvieron más duros y fríos- No me gusta tú hermano, ni sus ideales, ni la forma que tiene de tratarte. No pienso tolerar ninguna falta de respeto en mí casa y más le vale que se comporte… o conocerá la magia de primera mano –me daba igual que ella no opinara lo mismo, bastante estaba aguantando ya con todo aquello como para que me insultaran en mí propia casa- Ni siquiera sé como ese hombre puede ser tú hermano, ni como tú dejas que diga todas esas sandeces –la miré cuando dijo de aquella forma que parecía un ruego, que no dejara que la llevara con él. Alcé su mentón con una de mis manos y miré sus ojos azules durante unos segundos- No dejaré que te lleve con él, madre tierra. Eres mí aprendiz y yo nunca dejo nada a mediasmí brazo rodeó su cintura y mis labios rozaron los suyos- Eres mía Gaïa, en todos los efectos prácticos –lo dije de forma burlona porque, a ojos de su hermano, era su prometido- quizás me conforme con el pago de toda tú vida -Mordí su labio inferior y me separé para comenzar a andar de vuelta hacia dentro, donde pronto comenzaría la cena, me paré y le tendí una mano de forma jocosa y burlona- Si tú hermano se comporta, puede que no acabe con la boca partida esta noche –sonreí de lado, porque como le había dicho, no pensaba aguantar ni una más.


 

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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Sáb Oct 08, 2016 12:15 pm

Atada por y para siempre a su apellido. Los Goncourt, no solo eran conocidos ilustres maestros de la enseñanza, pertenecían a la inquisición. Los pensamientos y creencias de alguien como ella, la terminarían tomando por una “bruja”, una loca ante los ojos de su propia familia. Sus orbes azules, se clavaron en el señor Tisdale sin saber bien cómo enfrentarse a él, ¿qué decirle cuando su maldito hermano los tenía en el máximo punto de mira? No era tan fácil como se veía desde la realeza, ella…una simple mujer de clase media tenía mucho por lo que luchar y a veces, ni siquiera llegaba a decidir si tomar el camino hacia la felicidad completa o por el contrario… tener esa vida que debía.

-Ya lo sé. Pero eso no implica que no sea un Goncourt , tenga esos ideales y pensamientos que debería. Ser una buena esposa, evadir lo anormal y antinatural. Dedicarse a sus hijos, su marido y su casa. A mi abuela, le arrebataron la oportunidad y a mi madre pero yo no iba a permitirlo pero aquí estamos -sonrió, ante todo no perdía esa sonrisa afable que la caracterizaba, jamás dejaría que nada le afectase y menos referente a sus hermanos -Eso quiero, lo que más deseo tener que dejar de pertenecer a esa familia, pertenecerles y emprender mi camino pero si no me caso, si no elijo “esa vida” que quieren para mí… no sé, no sé…Logan -tuvo que tutearlo pues no imaginaba que aquel momento llegaría tan pronto, apenas había saboreado los conocimientos de la magia.

-Al final tendré que casarme con alguien que entienda mi mundo aunque es difícil, complicado. Nadie lo comprendería de la misma forma que tú lo entenderías. Y no, claro que no te estoy pidiendo tu mano. No deseamos eso, ¿tú y yo casándonos? Entonces sí que terminaríamos locos -rió de lo más divertida, ella no quería casarse y él tampoco, eran almas libres, no necesitaban a otra persona en absoluto -Sería interesante darle un buen escarmiento con magia pero sería exponerte, sería peligroso y ya has hecho suficiente por mí -lo miró a los ojos, fijamente sin perder esa sonrisa.

La determinación de las palabras de él, se unió con la mirada de ella. Tampoco estaban dispuesta a dejar que se saliese con la suya. Pero esas palabras, sonaron diferentes, “eres mía, Gaïa”. Tragó saliva, rodeando con sus menudos brazos la cintura del joven brujo y le atrajo hacia sí, sellando un nuevo pacto. En teoría sí que era suya y viceversa, les unía un lazo más importante y fuerte que un simple matrimonio, aquel pacto de sangre. Lamió su labio inferior, frunciendo el ceño y reír ante su petición. No iba a ganar e iba a demostrárselo.

Entró de la mano del señor Tisdale, ambos rodeados de la cintura. El mejor papel de sus vidas, sabía que tras las ventanas les estaría vigilando así que… ella aprovechó para antes de entrar en el salón. Se detuvo para ser ella quien le tomase del rostro y le besase, un beso necesitado, cargado de deseo y esa tensión que se había creado desde el primer segundo. Rió contra su boca, apartándose y sonreír de lo más divertida antes de entrar con la mayor sonría en sus labios.

-Prefiero tu compañía, esta noche que la de él -le dio igual que le escuchase, iba a prepararse para la cena ¿no se suponía debía ser aquella dama que debería? -Estaré lista a la hora de cenar… hasta entonces -acortó la distancia que los separaban para susurrar muy cerca de sus labios -Me arreglaré para ti, querido prometido -le colocó bien la ropa, desliando sus manos por ésta y dedicarle la mejor de sus sonrisas -No te emociones, es por mi hermano -le guiñó un ojo y desapareció escaleras arriba, el hermano de Gaïa les miró de reojo antes de desaparecer al igual.

A la hora acordada, el resonar de sus tacones, dieron el aviso de que en efecto ella llegaba. Un traje morado de gasa, atrevido para aquella época pero qué importaba, ella terminaba haciendo siempre lo que le daba la gana, en cuanto hizo aparición, su hermano se quedó totalmente sorprendido… observándola sin dar crédito a que esa joven pudiese ser su hermana.

-Espero no hayais empezado sin mí -se acercó a Logan con una sonrisa , ahora sí que debían fingir.



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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Logan Tisdale el Miér Nov 02, 2016 9:16 am


No había mucho más que decir respecto a su hermano o a lo que pasaría si él no se comportaba como era debido, no iba permitir que soltara alguna gilipollez más por la boca y estaba convencido de que seguramente lo haría, pero ya había avisado a Gaïa de lo que haría llegado ese punto y ese momento. Su hermano no me gustaba en lo más mínimo, ni su forma de pensar, ni sus ideales y mucho menos lo que quería implantar en Gaïa decidiendo por ella su destino. A mí me habían impuesto el mío y aunque no quisiera debía de ser conde porque era el legado que mí padre me había dejado, no por otra cosa, y solamente seguía siendo Conde y portaba aquel título por no mancillar su honor y su memoria, era algo que hacía por él.

Pero que su hermano pretendiera “controlar” su vida y su futuro era algo que no me gustaba para nada y que odiaba por sobre cualquier cosa, yo no había tenido opción a negarme de ser Conde, era algo que debía de hacer pero ella en cambio sí tenía más opciones para no ser lo que ellos querían que fuera. Tenía opciones, y solamente podría ser aquello que más anhelaba si se alejaba del apellido Goncourt, algo que ella todavía no veía pero que ambas cosas eran totalmente incompatibles. Algún día se daría cuenta, el camino que ella quería tomar era uno muy complicado pero lo era mucho más si quería conservar el apellido de su familia, algo que podía entender, pero que a largo plazo debería de renunciar a él.

Bufé cuando dijo aquello porque sus palabras podrían sonar de lo más convincentes, pero realmente ella no tenía muy claro si algún día podría desvincularse de aquel apellido. Si lo seguía llevando debería de acata aquellas directrices, normas y reglas que como ella misma había dicho su abuela y su madre tuvieron que hacer, ella podría cambiarlo, pero solamente estaba en su mano y yo no era quien para decirle lo contrario… ella debía de dar el paso, y solamente ella. Rodé los ojos cuando dijo de casarnos, evidentemente aquello no era algo que fuera a pasar, yo no me veía casado con nadie y adoraba demasiado la libertad que ahora tenía, en cambio ella no tendría tanta suerte como yo y por los cánones de la época deberá de casarse aunque no quisiera hacerlo.


-Podría darle el escarmiento y luego borrar las partes en las que incluyo la magia, así solo se acordaría del escarmiento pero no del “cómo” se lo di… podría ser divertido incluso
–sonreí de lado pensándolo, porque sí, tenía muchas ganas de darle aquella lección el imbécil de su hermano y esperaba que se comportara durante la cena porque no tenía claro aguantar ni una más… mucho menos en mí propia casa cuando él era un invitado y debía de comportarse como tal. Además como le había dicho ella era mía, nos unía un pacto de sangre que no se podía romper con nada y si se alejaba ambos pagaríamos las consecuencias de ello por lo que no estaba dispuesto a que eso pasara. Sentí que rodeaba mí cintura con sus manos y miré hacia las ventanas viendo que su hermano estaba mirándonos a ambos, sentí su lengua lamiendo mí labio cuando le mordí el suyo, cogió mí mano y tiró para entrar dentro de nuevo sintiendo que rodeaba mí cintura con su mano y yo hacía lo mismo. Antes de entrar se paró en el primer escalón haciendo que fuese algo más alta, cogió mí rostro y me besó de aquella forma que yo correspondí hasta que se separó, reí entre dientes por aquella afirmación y la dejé que se fuera bajo la mirada de su hermano que también desapareció.

Por mí parte me fui al estudio para seguir leyendo y relajarme un poco por lo que había pasado, no me gustaba la presencia de su hermano en mí casa así que quise prepararme para lo que venía en la cena, seguramente, sus ataques no pararían y realmente esperaba que no dijera nada. Luego me bañé y preparé para la cena y bajé hasta el salón donde su hermano ya estaba pero no había ni rastro de Gaïa, seguramente habría ayudado a Fritz con la cena y estuvieran los dos por la cocina. Ni siquiera le dirigí la palabra a su hermano no tenía nada que decirle y no iba a pretender que estaba contento de tenerle allí cuando no era verdad. El ruido de unos tacones que se hacían cada vez más notorios me hizo saber que Gaïa se acercaba hacia donde estábamos, y de hecho, bastaron un par de segundos para que entrara por la puerta.

Llevaba el pelo suelto cayendo por su cuerpo, cada onda de su melena rubia suelta dejando ver lo largo que lo llevaba, se había puesto un vestido de color morado que no sabía de dónde lo había sacado, si se lo había dejado Fritz de algún lado… pero que le quedaba como un guante. La tela se ajustaba a cada una de sus curvas y la recorrí entera con la mirada de forma lenta mientras ella seguía acercándose hasta donde yo estaba, con esa sonrisa que sabía por qué era y luego miré fugazmente a su hermano que la miraba de forma atónita, reí entre dientes y me acerqué a ella para dejar un beso fugaz en sus labios y hacerle una seña para que se sentara.



-Por el contrario, te estábamos esperando querida –esperé a que se sentara y luego tomé yo asiento a su lado- Estás preciosa, el color morado te queda demasiado bien –comenté esperando a que Fritz nos sirviera la cena, la tortura no había hecho más que comenzar.


 

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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Sáb Nov 12, 2016 5:14 pm

No podía desvincularse de su apellido aunque quisiera. Ser una Goncourt era todo un prestigio de allá donde venía. Todos y cada uno de sus hermanos, estaban más que unidos en perseguir un solo objetivo: acabar con el mal sobrenatural. Y ella, nunca se había sentido como parte de esa unión…de esa familia. Le llamaba a gritos lo peligroso, lo oculto e inexplicable. La magia y no, no cualquier magia…magia negra. La magia blanca estaba más que acostumbrada pero el lado oscuro era su perdición y ese hombre, el joven Conde brujo se lo ofreció.

No iba a ser fácil pero lo intentaría con todas sus fuerzas. Ni él ni ninguno de sus hermanos podría evitar conseguir lo que tanto le costó alcanzar. Era su momento, su dichoso hermano llegó en un momento clave en donde podía abandonarlo todo o por fin conseguir aquello que ansió durante toda su vida. Contar con el señor Tisdale, Logan…al que guardaba el respeto que debió tener desde el primer segundo y no comportarse como una niña caprichosa, con aires de grandeza. Allí estaba para aprender y le quedó lo suficiente claro como para jugar ahora. Con quien iba a jugar ahora sería con su hermano… cuanto antes se fuese, mucho mejor.

Decidió ponerse aquel vestido que le quedaba como un guante. Le pidió a Fritz uno elegante con un tono en particular. Quería ir de ese color, atrevido como ella… los dejaría sin palabras y quisiera o no…también deseaba que Logan Tisdale la mirase de otra forma , como realmente debería mirarle un prometido.

-Gracias querido… -dedicó una breve sonrisa a su hermano. A Logan, se dirigió con paso decidido, le dedicó una leve reverencia pero no quedó todo ahí. Sus orbes azules, brillaron con cierta malicia. Delante de aquel maldito hombre, fue ella quien le tomó de la barbilla y se lanzó a su boca como si no hubiese mañana, provocándole con un simple roce de manos que podía dar paso a claras intenciones que no escondió -Luego me lo dices en privado y… de paso… me lo quitas -mordió su labio inferior, guiñando un ojo y deslizar dos de sus dedos por su mejilla.

Tomó asiento a su lado, movimientos elegantes y calculados. Su hermano no podía dejar de mirarla, de esa forma acusadora… como si volviese a equivocarse y aún así, no le importó. Sus ojos azules, no reparaban en otra cosa que no fuesen la mirada del brujo, simplemente para fastidiar a su hermano.

-Tú lo estás siempre, amor mío -Su hermano carraspeó por lo bajo, a Gaïa se le formó una breve sonrisa, como si fuese un completo ángel -¿Sí hermano? -el hombre esperó a que sirviesen el primer plato para hablar, un consomé caliente, que olía realmente delicioso -Cierto que no solo estás preciosa… irradias felicidad pero no soy estúpido. Odias a los hombres… ¿por qué iba a creerme que ahora sí que te has enamorado? -Gaïa no perdió  la sonrisa, es más dio un par de sorbos a su consomé antes de hablar

- Me da igual que no te lo creas. Voy a casarme con él. Es el único que me quiere tal como soy, con mis defectos y mis virtudes. Además… te equivocas porque sí, le quiero -dejó la cuchara apoyada en el cuenco y buscó tomar la mano ajena para apretar con cierta fuerza , mirándole a los ojos -Es mi prometido… te quiero -lo hacía realmente bien, parecía una chiquilla enamorada…por dentro, un mar revuelto… porque quizás esas palabras, no estaban tan equivocadas… sintió un hormigueo, seguido de una risa de lo más divertida… incapaz de controlarlo .



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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Logan Tisdale el Dom Dic 04, 2016 2:33 pm

Podía notarse la tensión que había en el ambiente y que se podía cortar perfectamente con un cuchillo, incluso con uno que estuviera poco afilado bastaría para poder cortarla. La presencia de su hermano no era de mí agrado, mucho menos, desde que había abierto aquella boca que tenía y había soltado todo aquello por ella. En realidad, muy en el fondo, estaba deseando que hiciera o dijera algo parecido a todo lo que ya había dicho para darme realmente un motivo de echarlo de mí casa, si era necesario, usando la magia de por medio… luego ya me encargaría de borrarle esa parte de su memoria y no tendríamos ningún tipo de problema. Lo miré durante unos leves segundos en la mesa y ni siquiera me digné en darle ningún tipo de conversación, quería que se largara cuanto antes y terminar con aquella farsa.

Por suerte para mí Gaïa apareció haciendo que el eco provocado por sus tacones resonara en el lugar, anunciándonos de que se acercaba hacia donde estábamos. Me di el lujo de recorrerla con la mirada conforme se acercaba sin importarme que su hermano estuviera presente en el lugar, su pelo rubio le caía en hondas libremente por sus hombros dejando ver su largura, sus ojos azules se posaron en los míos y la miré con aquel vestido morado que tan bien le quedaba, que la hacían resaltar con sus ojos azules y que se ceñía a cada una de las curvas de su cuerpo, curvas que ya había tenido el placer y nunca mejor dicho, de recorrer con mis dedos y con mis labios.

Sus pasos no pararon hasta que estuvo delante de mí, mirándome de aquella forma hasta que sentí sus manos en mí rostro, inclinándome para quedar algo más a su altura y sentir sus labios contra los míos. Sabía que lo estaba haciendo porque estaba delante de su hermano, era el pretexto de todo aquello, y yo le correspondí el beso rodeando su cintura con uno de mis brazos importándome bien poco que él nos estuviera mirando. Reí ante sus palabras sintiendo sus dedos deslizarse por mí rostro y sonreí de lado, divertido con todo aquello. ¿Quitárselo después? Demasiado atrevido como para andar jugando con fuego, algo que ella ya debería de saber.



-Sabes que me encanta quitarte la ropa –sí, eso lo dije con segundas y con toda la intención de que su hermano me oyera, dejé que se sentara ella primero y luego me senté a su lado dando así por iniciada aquella cena, y en parte, aquella tortura que tendría que aguantar esa noche. Fritz no tardó mucho en traer el primer plato, un consomé caliente para el tiempo que hacía y que olía de maravilla, a aquel hombre se le daba demasiado bien cocinar. Podía sentir la mirada de Gaïa puesta en mí, a lo que yo también la miraba, notando como el humor de su hermano iba cambiando forme su aura se volvía de otro color más diferente. Perfecto. Aquello podía ser incluso hasta divertido.

Evité reírme ante la inocencia en su voz al responder a su hermano probando el consomé que había hecho Fritz y que sabía aún mejor de lo que olía, algo que era complicado de superar realmente, levanté mí vista para mirar a su hermano y fruncí el ceño… qué hombre más pesado. Cierto era que ambos estábamos representando un papel, una argucia, una farsa para que él pensara que de verdad iba a casarse y así la dejara en paz… pero ambos estábamos, lejos de lo que pensaba, haciendo bien nuestro papel. Cómo me gustaría sacar a aquel hombre de mí casa y terminar con todo aquello, volví a probar del consomé hasta que sentí la mano de Gaïa sobre la mía, libre, apretándola con fuerza haciendo que girara mí rostro para verla.

Sus orbes azules estaban fijos en mis ojos, mirándome de forma fija y detenida, con su mano todavía apretando la mía y diciendo aquellas palabras que, no supe por qué, pero me dieron la sensación de que había algo de trasfondo en ellas, algo a lo que no quise prestar atención. Evité enarcar una ceja porque eso no sería lo realmente adecuado y porque podría destapar aquel engaño que llevábamos entre manos, no debería de ser raro que me dijera que me quería si era su prometido, el problema venía ahora… ¿tenía que decirle, que yo también la quería? Sabía que era mentira, sabía que no era verdad pero ni aún así podía decírselo y mucho menos que mis palabras sonaran convincentes como debían de serlo… así que, haciendo de tripas corazón, sonreí ante sus palabras y cogí su mentón con mí mano libre.


-Yo también te quiero –lo dije todo lo sincero que pude, salvo que obviamente, en mí mente siguieron otras palabras que daban sentido y esa veracidad con las que sonaron, y eran “matar por esto”, algo que no dije de mí boca hacia fuera, pero sí en mí mente. Me incliné para dejar un beso en sus labios, reclamándolos delante de su hermano, mordí su labio inferior y me separé para mirarlo- Ya veis, tendréis que creer en la palabra de vuestra hermana, y si no es así, en lo que a mí concierne me da exactamente igual que no la creáis. Los planes de boda siguen adelante y no se van a cancelar, mucho menos porque alguien como tú no crea en los sentimientos de su hermana –lo miré frunciendo el ceño- Mí consejo es que lo aceptes cuanto antes y será mejor para todos.


 

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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

Mensaje por Gaïa Goncourt el Jue Dic 08, 2016 10:35 am

Esa noche, lucía diferente ante los ojos de los dos hombres. Con Logan no tuvo la oportunidad de mostrarse como esa señorita que debía ser, aprovechando su belleza que mezcla con su rebeldía innata le daban ese toque salvaje y único, la fiereza con la que defendía todo por lo que creía y luchaba. Conocimiento y saber, no solo mágico. Una digna contrincante a cualquiera de sus hermanos esos “maestros” curtidos en el saber de protocolo y disciplina, materias que solo los hombres debían saber. Y ella, lo mostraba mejor que ninguno de los cuatro Goncourt, he ahí el afán de sus propios hermanos por hacerla comprender donde debía estar su lugar y donde permanecer para formar su familia.

Gaïa, una joven independiente que solo se desvivía por lo que pudiese absorber y no dedicarse a sí misma ningún cuidado , como todas esas mujeres que tardaban horas y horas en acicalarse. Pero esa noche, lo había hecho a conciencia, su cabello lucía distinto, peinado en ondas que ensortijadas caían por su espalda…insinuantes, una cascada de cabello dorado infinito que moría al final de su cintura.

-Y a mí danzar para ti frente a la lumbre. Desnuda -a la última palabra, miró fijamente a su hermano, desafiante… iba a ser una cena muy peculiar . Ya notaba el aura de su hermano brillar con cierto recelo y eso le divertía aún más. Tomó asiento a su lado, sirviéndose un poco de vino tino, saboreando el primer sorbo y observar tanto a uno y a otro de reojo -Fritz como siempre, una comida deliciosa -se perdió en la sopa, saboreándola, disfrutando de ese momento… de todo lo que más le gustaba era cómo se comía en aquella casa, si el postre además lo hacía ella aún mejor.

-Elaboré una tarta de tres chocolates diferentes…espero que sea de tu agrado, hermano. -mostró una fingida sonrisa, esa sonrisa que la hacía resplandecer aún más hermosa. La confirmación de aquel “yo también te quiero”, le hizo sonrojar pero no de vergüenza, aunque lo pareció… si no de agobio, el hecho de que un hombre sintiese esas cosas por ellas le abrumaba, aunque fuesen mentiras.

-Conmovedora escena pero hasta que no se celebre la boda, no , no me lo creeré. Tranquilos, pronto me iré, dadme una fecha…vendremos a la ceremonia y… prometemos no molestarte más, solo en el caso de que llenes la casa de niños…tan hermosos y fuertes como sus padres -Gaïa mostró una sonrisa, sus ojos decían otra cosa pero no dijo nada, solo asintió. El segundo plato no tardó en llegar, unos muslos de pollo con patatas panaderas. Durante la velada no dijo nada hasta que… llegó el postre.

Fue ella quien se levantó para ir a por él y aparecer con una tarta redonda de tres capaz que parecía deliciosa. Partió tres trozos para cada uno pero… antes de que le diesen un bocado. Sacó una de sus botellitas pequeñas, olía al destaparla a vainilla. Roció el trozo y sonrió de medio lado, deslizándola hasta su hermano. En un juego de manos, cambió de botecito, haciendo el mismo gesto de rociar la tarta. La dispuso a Logan y el otro trozo para ella, …esperó. El plato de su hermano, tenía un fuerte tranquilizante que lo dejaría KO. Sonrió cuando al tercer bocado todo comenzó a darle vueltas y le vio finalmente hundir la cara en su postre. Gaïa se moría de risa.

-Necesitaba paz , le diremos que fue el vino. Yo también tengo mis trucos . ¿No decías que te gustaba quitarme la ropa? Bien



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Re: La primera clase- Privado Logan Tisdale

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