Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Playing with fire | Privado

Mensaje por Svein Yngling el Mar Mayo 10, 2016 7:53 pm

Incluso después de los años, Noruega seguía siendo aquella tierra natal que me brindaba tanto confort y tranquilidad, donde aún hasta el día de hoy hacía y deshacía a gusto; por eso era que viajaba tan constantemente de París a Bergen y de vuelta. París igualmente me gustaba, era un lugar que a pesar de los años que llevaba en ella, aún era una ciudad que no me conocía. Yo era nada más que parte del montón, a diferencia que en mis propias tierras y, en parte, me agradaba que fuera así. Por eso era que me había propuesto expandir mis negocios a París y poner aquella ciudad a prueba, donde mi influencia política y económica no jugaran parte en mi desempeño. Así, durante mi último viaje por Escandinavia, había dejado absoluta y detalladamente todo listo para que a mi retorno pudiese llevarse uno de mis negocios conmigo a París: el de la producción de armas, pues suponía que con la influencia de la Inquisición en París y con que París prácticamente pareciera la capital de los sobrenaturales en el mundo, aquel debía ser un negocio mucho más rentable que en Noruega -o así pensaba-, pero antes, debía hacer lo que se llamaba un "estudio de mercado".

Aquello nada más significaba que necesitaba conocer mi competencia, aquel o aquella que llevaba el mismo negocio con anterioridad en la región; por eso es que ahora estaba en el Hotel des Arenes, revisando lo que mis sirvientes habían hecho durante el día. Les había pedido que arrendaran una habitación y que llevaran a ella un baúl lleno de francos, casi duplicando el precio que me habían pedido por el arma que le había encargado a mi pronto-a-ser rival económico. Aquel pacto no lo había hecho yo, sino que había enviado a un mensajero a dejar el encargo al taller en cuestión durante el día junto con una ligera paga adelantada, por lo que no tenía una sola idea de a quién esperaba; ni un nombre tenía. Aquello causaba que mis manos temblaran levemente y golpeteara mis dedos en mis muslos, intentando hacer que se notara lo menos posible; estaba tenso, aunque llevaba tantos siglos lidiando con lo mismo que ya pocos indicios habían para que se notara demasiado. Solo los que miraban demasiado fijo y con demasiada atención lograban dar con aquellos signos de mi ansiedad, aunque aquello a veces significaba que esas miradas eran lo que lo provocaban. 

Sin embargo, lo que más ansioso me tenía (pero con ansias de las buenas) era lo mucho que quería ver el resultado de la forja de lo que había pedido: algo pensado para matar de un solo corte que estuviese, además, adornado con runas nórdicas. El resto de los detalles (e incluso el tipo de arma) lo había dejado a elección del forjador. No podía esperar; era casi como si fuese a ver mi propia cultura desde los ojos de otros; y de paso, los adornos los pedí por maldito, solo para darle más trabajo a quien fuera que tuviera que hacer el arma que había pedido. De tan solo pensarlo me reía para mí mismo, con una sonrisa medio torcida y extraña y con tan poco lenguaje corporal, que casi ni parecía que reía. Sonriente, me asomé al balcón de la habitación, apoyándome en la baranda mientras que observaba hacia la calle donde estaba la entrada principal del hotel. Allí me quedé observando, preguntándome quién sería aquel que cruce las puertas principales con un arma escondida entre sus cosas, sin siquiera sospechar de alguien pues, con mis instintos “rotos”, como les decía, ¿cómo iba a adivinar?

Fueron los golpes en la puerta y el rechinar de las bisagras al abrirse lo que me hizo voltear con rapidez al ver que alguien entraba a la habitación, pues había dejado la puerta junta, sin cerrar, para de este modo no tener que ir a abrirla y así evitar encontrarme cara a cara con aquel desconocido. Caminé nada más hasta una de las mesitas de noche junto a la cama, dedicándome nada más a prender una vela, pues hasta ese entonces la habitación estaba a oscuras. La luz de la llama alumbró mi perfil, y mis ojos azul cielo brillaron intensamente, aunque inexpresivos mientras observaban a una vampiresa pasar por el marco de la puerta.- Supongo eres el herrero al que encargué trabajo, ¿has traído lo que he pedido? -Pregunté con voz suave. Mi mente olvidaba modales, omitía protocolos; nada más quería ir al grano, llevar a cabo aquella transacción para la cual estaba allí.


Última edición por Svein Yngling el Mar Jun 21, 2016 6:19 pm, editado 1 vez


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Re: Playing with fire | Privado

Mensaje por Rita Xedler el Sáb Jun 04, 2016 10:25 pm

Playing With Fire
"Mira dos veces para ver lo justo.
 No mires más que una vez para ver lo bello.
  "
 


El los detalles había el demonio, vaya frase aquella pensé mientras lentamente limpiaba el arma que me habían solicitado, estaba terminada tenía todo lo que el comprador había solicitado  y claramente el encanto que me caracterizaba, los años como herrera y armera me habían pulido en aquel arte del armamento, pensar que en tiempos remotos una simple piedra había sido el única arma y observar lo que descansaba en la mesa de detalles, forrada por cuerpo de oveja para que no sufriera ningún rayón, y quedara libre de cualquier polvo innecesario, el arma había sido pedida así : algo pensado para matar de un solo corte que estuviese, además, adornado con runas nórdicas, lo demás había quedado a mi propia elección, aunque las especificaciones habían sido escasas había imaginado un encuentro frente a frente, algo así como de encubierto, para crear un arma fuera cual fuera necesitaba saber el uso, como no lo tenía  use mi imaginación algo que no fuera simple, un arma que se pudiera llevar consigo en cualquier momento, fácil de usar pero letal, que un corte matara, pensando que fuera a matar a un Licántropo el arma seria de plata,  con detalles de madera, las runas estarían talladas e incrustadas en la madera, necesitaba algo funcional, así que había jugado con la aleación del metal para que fuera tan resistente que sirviera para decapitar a un vampiro con un solo movimiento, el filo era casi similar al de un sable, el cual podía romper la seda al caer, luego necesitaba una forma de maniobrar, hubiera sido fácil que fuera un simple cuchillo pero este era más, algo que causara daño que se ajuste a los dedos de la mano que también diera ventaja en un enfrentamiento a combos, una manopla con puntas retraibles dependiendo del movimiento de los dedos, tenía un pequeño gancho retráctil para activar las hojas de cuchilla que eran letales. Para la Runa había escogida una en especial la Runa Perdh, que según una de las gitanas que me facilitaba información necesaria significaba: La Runa Perdh es la runa de lo imprevisto, nunca se está seguro de su significado, es posible que se nos está mostrando es que debemos ser más impulsivos y tomar acciones precipitadas antes nuestra actual pasividad de ver el mundo.  Ante mis ojos era la perfección hecha un arma, orgullosa de mi trabajo, y luego de limpiarla cuidadosamente la deposité en un cajón de madera que en su interior estaba forrado de terciopelo azul, mis manos enguantadas tomaron el arma para darle un último vistazo luego la acomode y cerré el cajón que poseía  el escudo (símbolo) de mi armería en su superficie.

El carruaje me esperaba, había llegado la fecha de entrega, vestida con un atuendo azul oscuro y un sombrero que ocultaba mi rostro tome el cajón y me dirigí hacia el punto de encuentro, una habitación del hotel de parís. Ingrese con observando a mi alrededor, no me gustaba que me siguieran, ni mucho menos que me hicieran preguntas por mi presencia, casi había entrado sin que nadie se diera cuenta, llegué al pasillo donde se encontraba la habitación con el comprador,  y dando un suave golpeteo en la puerta esta se abrió, la oscuridad y el silencio llamaron mi atención,  levanté mi sombrero solo unos centímetros para dirigir mis ojos hacia la vela que se encendía y la voz masculina que la acompañaba, un excéntrico vampiro esperaba por mi arma.

Avance sin decir ni una palabra, el estaba ansioso al igual que yo, no había venido para hacer un amigo, negocios son negocios,  sobre la mesa que estaba la vela deje el cajón saque la tapa con cuidado y gire la caja hacia el vampiro, sin decir absolutamente nada, lo único que me importaba era su reacción.  

Info Extra: 
arma Imagen referencial 1
Arma Imagen referencial 2
Escudo Armeria

 

 
 


Última edición por Rita Xedler el Jue Ago 25, 2016 7:59 pm, editado 1 vez


Nuestro carácter nos hace meternos en problemas,
 pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos.

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Re: Playing with fire | Privado

Mensaje por Svein Yngling el Mar Jun 21, 2016 7:28 pm

Mientras que la vampiresa se adentraba en la habitación, opté por quedarme con el portavela en la mano, de modo que mientras esperaba a que me mostrara el arma o me contestara siquiera, tuviera yo el control de la luz de la vela. Por un momento fruncí el ceño ante su silencio, pues me pareció de mal gusto que a mi siempre se me haya pedido ser cortés para encajar en la sociedad parisina, pero que el resto no lo fuera conmigo. ¿Acaso será ella alguien como yo? Lo dudaba, por lo que con el mal genio ya estancado, esperé a que abriera la caja en la que llevaba el arma; y casi como una medicina mágica, se me quitó todo el mal humor, como que lo hubiera olvidado de un segundo a otro.

Mis ojos se abrieron en sorpresa, enganchados en aquella runa a la que no solo me encontraba admirando el detalle de la forja, sino que además me causó una gracia  enorme; y es que llevaba tantas ansias por ver aquella arma que hasta entonces era desconocida, solo para encontrarme con la mismísima runa que representaba lo desconocido y lo incógnito. Aquello me sacó una carcajada inesperada, una que no alcancé a controlar y que se me escapó con un volumen un poco más alto de lo apropiado; aunque jamás he sabido qué tan apropiado es reírse a qué volumen. Me tomó unos segundos apagar la risa, llevando una mano a mi abdomen mientras que apagaba mi respiración.-
Peorð, pero qué sorpresa. -Comenté sonriente, pronunciando el nombre de la runa en mi lenguaje natal, el nórdico, cambiando entonces al Francés, pero sin poder eliminar el acento nórdico de mi pronunciación. Aquello era parte de mi torpeza al hablar, que a veces las palabras no me salían bien, o los idiomas.

Dejé la vela en la mesa junto a la caja para tomar el arma con ambas manos, evitando tocar el terciopelo, pues tenía una textura que me sacaba de quicios. Odiaba el terciopelo. Tomé el arma entonces, comenzando a examinarla en detalle.-
No pensé que escogerían una runa del Futhark antiguo; el más reciente es el más común estos días. Ya pocos lo conocen. -Comenté mientras veía el arma, aunque mirándola a ella ahora de soslayo.- ¿Dónde lo aprendieron? -Me salía de contexto, del propósito de nuestro encuentro, lo sabía y tenía muy claro, pero estaba curioso y eso jamás podría reprimirlo nunca. Pero seguí con lo mío, tomando el arma con una mano, empuñándola para medir su peso; era liviana, lo que le daba bastante movilidad, por lo que di unos cuantos pasos para alejarme de ella y simular un ataque, blandiendo el arma con naturalidad. seguro ante ella me veía como un niño con juguete nuevo, sonriendo como un bobo, mas yo no me percataba de aquello. Con un suspiro alegre, casi como que fuera una risa, dejé aquel juego y me volví a acercar a ella.- Me gusta. Han dado con lo que quería. Dime, ¿cómo la han hecho? -Dije.

Mis ojos, sin embargo, no la veían a ella, sino a mi nueva adquisición. Miraba escrupulosamente cada una de sus partes, cada uno de sus detalles, la runa, todo. Seguía las líneas y los costados con la punta de mis dedos e incluso probaba su filo, dejando que me lastimara por un momento. Estaba fascinado, casi al punto en que a momentos olvidaba que estaba acompañado. Solo volvía a la realidad en pequeños lapsus en que recordaba dónde estaba y con quién, momento en el que me di cuenta de que, en realidad, no sabía con quién estaba. Entonces y, por primera vez, miré a la vampiresa a los ojos.-
¿La has hecho tú? ¿O nada más te mandaron a entregar la forja de alguien más? -Pregunté de forma casi descarada, pero monótona, desviando mis ojos nuevamente a otro lado. No podía mantener contacto visual por mucho. Mis palabras, en cambio, no tenían ningún tono que diera a implicar nada, pero de todas formas a veces la gente infería cosas que a mi ni se me ocurrirían, como por ejemplo, que si fuera ella la herrera, quizá podría ofenderse con lo que había dicho.- Mi nombre es Svein, por cierto; allí tienes la paga completa. -Agregué al final, señalando el cofre con los francos.


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Re: Playing with fire | Privado

Mensaje por Rita Xedler el Jue Ago 25, 2016 8:02 pm

Playing With Fire

 Dios creo el metal, el diablo al herrero
  "
 

En los detalles habita el diablo, una frase que a mi parecer mucho podría tener de sentido, ¿Pero a quien le importaba? Mire de reojo el lugar con la poca luz me sentía más segura de mi misma, en cuanto al comprador, era todo un espécimen digno de observar, ya que mi silencio solo era para dar paso a lo que el solicito, no había cosa que disfrutara más en la vida que ver los rostro de los clientes cuando obtenían lo que habían especificado, eso para mí era la gratitud máxima; falle un par de veces pero de cada error había aprendido algo nuevo, y en ese momento al ver los movimientos, al escuchar su carcajada y ver su rostro supe, que era el arma correcta, una pequeña sonrisa se depositó en mis labios, algo que muy pocas veces dejaba ver, pero en ese momento con la luz de la vela me valía, el disfrutaba del arma que había solicitado y yo disfrutaba al verlo.

De un momento a otro un conflicto interno comenzó aflorar, no de una mala manera si no de no saber que responder, si bien escasas veces mantenía conversaciones con mi clientela, el parecía tener ese enigma que tiene cada arma, - Un gitano me guio en lo que necesitaba saber sobre la runa – nada menos que Deméter una gitana  que se ocultaba en los bailes de circos, -  no sabía si realmente me estaba escuchando, realmente no me importaba, simplemente seguí degustando con la mirada cada reacción que aparecía, como un niño con un juguete nuevo, tome aire  aguardando nuevamente silencio, no me sentía incomoda pero tampoco era mi lugar de confort, su nueva pregunta era el secreto, mi secreto – Jugué con diferentes aleaciones para obtener un arma liviana y estéticamente admirable – levante mis hombros en realidad no solía dar detalle de cómo lo había hecho, más bien las preguntas siempre iban ligadas a disparos, limitaciones y precios, cosa que estaba acostumbrada a responder, pero al contrario su pregunta era diferente y ante mis ojos merecía una respuesta verdadera.

Baje la mirada cuando su última pregunta fue dicha, sonreí más para mí que para el – Soy la Herrera de mi propia herrería, y también acostumbro a entregar los pedidos que considero dignos de ser entregados en persona, además deseaba ver su reacción – con eso quedaba satisfecha y agradecida, hacía muchos años atrás había dejado de crear armas por dinero, ahora más que nada era por satisfacción, el aroma del metal, la pólvora, el calor cuando forjaba, mientras pensaba lentamente me iba a mi mundo feliz… llena de situaciones poco comunes para una mujer, mucho menos para una mujer herrera ya que  el mundo pocas era las que existían y que tuvieran una reputación digna. Apreté los labios cuando hablo de los francos, de verdad podría habérsela regalado, había ganado aquello que muchos creían que poseía… mi corazón – Svein – ladee mi cabeza para saludarlo por su nombre – Mi nombre es Rita y los francos pueden esperar  – me atreví a decir -  Pero me gustaría saber una cosa,  ¿Cómo llego a mi Herrería? – los hombres normalmente desconfiaban de las manos de una mujer para la creación de armas, ¿por qué? Con los años no había tenido aun una respuesta – En Paris existe un centenar de Herrerías… ¿Por qué la mía? – la curiosidad era uno de mis pecados, debilidad o tal vez podría ser mi fortaleza, en ese momento no sabía lo que era en realidad.

Inusualmente su compañía  era  extrañamente agradable y tenía esa ansiedad de conocer un poco más de aquel vampiro que se había emocionado con un arma hecha especialmente para el…
 

 
 


Nuestro carácter nos hace meternos en problemas,
 pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos.

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Re: Playing with fire | Privado

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