Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Un día para agradecer (privado)

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Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Dragomir Negrescu el Vie Mayo 13, 2016 7:18 pm


Su madre le había inculcado el amor por la vida, no había otra forma de decirlo, y era por eso que él le agradecía muchas cosas. Cuando era más chico le agradecía al bosque haciendo cualquier acto de bondad; cuidaba a algún animal, plantaba semillas que su madre lograba comprar, ayudaba a los viajeros, cualquier cosa que pudiera retribuir en su pequeña vida. Ese aspecto quedo siendo parte de él y conforme fue creciendo, la forma de agradecer se fue modificando.

Cada jueves primero de mes realizaba sus rituales de agradecimiento. Se levantaba temprano e iba al bosque a rendir tributos. A medio día regresaba y ayudaba en el campamento a todas las personas que desearan unas manos extras. Después se dedicaba a la limpieza de su tienda, ahuyentando a los malos espíritus, pasando un rato en compañía de sus cartas y su bola de cristal. Después de comer, y compartir aquellos alimentos con los residentes necesitados, se iba a un jardín que había logrado plantar para él mismo. Ahí cortaba las flores más hermosas y se las llevaba para repartir entre los ciudadanos de Paris. Está de más decir que era tratado como escoria por muchas de las personas, pero eso no le quitaba de la mente las sonrisas de aquellos a los que el rostro se les iluminaba por aquel acto suyo.

̶ ¿Me permitiría darle una flor a esta damita encantadora? ̶ dijo al encontrarse con una niña pequeña y su madre, acercando la flor a la infante y observando que la señora traía varias cosas en los brazos. ̶ Si no le molesta, podría ayudarle con su encargo, madam. No puedo permitir que dos señoritas trabajen hasta el cansancio ̶



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Re: Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Brianna de Montreil el Sáb Mayo 14, 2016 10:45 am

Brianna había llevado a Elaine a dar un paseo, había salido un día soleado y a la niña le hacía mucho bien que le diera el sol para aliviar un poco la tos que le producía su enfermedad pulmonar. Paseaban por un parque de los suburbios, un espacio que algún gobernante consideró alguna vez que debía ser su obra caridad para los más desfavorecidos, tratando de ganarse su afecto. Era un parque realmente grande, con árboles y senderos, bancos y estatuas de piedra, y hasta un enorme estanque con carpas y patos. En general, el tipo de personas que lo frecuentaban eran de clase baja o como mucho media, pocos vestidos de polisón de seda y sombreros de copa se veían por allí.

De normal, Brianna debía vestir el uniforme de trabajo y recoger sus mechones oscuros en un moño estirado, así que cuando disponía de unas horas libres, le gustaba vestir más cómoda y con el pelo suelto, como en esa ocasión. Llevaba una falda larga, sencilla, de color marrón, y una camisa blanca. Elaine llevaba un vestido por las rodillas azul claro con un lazo azul oscuro, medias blancas y zapatos negros. Su larga melena lacia estaba recogida en las sienes con dos lazos del mismo color que el vestido, y dejaban al descubierto unos inmensos ojos verdes, cargados de curiosidad e inocencia infantil. Ambas estaban limpias y vestían con corrección pero sin lujos ni adornos. No había ninguna joya brillando en la mujer, y en la niña una finísima cadenita colgaba de su cuello y se perdía por dentro de la ropa. Era una medalla redonda y pequeña con la cara de una virgen, que perteneció a la abuela de Brianna, la última joya que tenían y que no habían vendido para subsistir.

Elaine miró a Brianna pidiéndole permiso para aceptar el regalo de un desconocido, y apretó más la mano que se sujetaba a ella. La chica le respondió con un leve asentimiento.

Gracias, señor.

No es que Dragomir tuviese la pinta de ser un señor, pero la habían enseñado a ser educada con todo el mundo sin excepción, que lo cortés no quitaba lo valiente. Olió la flor y se la enseñó a su madre que también la olió y sonrió a la niña.

Es usted muy amable al ofrecerse a llevar nuestra carga, pero me temo que no puedo pagarle.— Brianna prefería dejar las cosas claras para evitar después malentendidos que podían desembocar en situaciones desagradables. Había mucha gente sin empleo en París, pasando penuria, y a donde quiera que uno mirase, muchos chavales y también hombres, se ofrecían a hacer los recados más simples, como cargar peso, por una mísera moneda. Pero ellas estaban peladas, las medicinas de Elaine drenaba todos sus ahorros.

Tía Bri, creo que el señor no quería dinero, si no no me hubiese dado la flor.— La niña jamás la llamaba mamá, porque a ojos de todo el mundo era su tía. Para tener casi seis años, era muy madura y muy espabilada. Comprendía a la perfección la situación en la que estaban y los enormes sacrificios que debía hacer su madre para mantenerlas y seguir adelante con cierta dignidad.

Es posible, Eli. Discúlpeme si le he ofendido suponiendo que querría cobrar.— Brianna le hizo una inclinación de cabeza al extraño. La niña lo observaba con cierta fascinación.

¿Es usted un gitano?.— Es lo que sucedía con los niños que eran pura espontaneidad.

¡Elaine! eso ha sido muy descortés por tu parte! no puedes preguntar algo así sin conocer a la otra persona!

Pero es que yo ya lo conozco, me ha dado una flor y parece simpático. Además quiero saber si es verdad lo que me cuenta Lissette. ¿Dónde están sus cuernos y su cola?.— Brianna puso gesto de horror cuando la escuchó decir esa barbaridad.

¡¡Elaine!! por el amor de dios, no digas esas cosas!!! ¿de dónde has sacado que alguien pueda tener cuernos y cola? Ay! discúlpeme, caballero, de verdad que lo siento, no lo tenga en cuenta, son cosas de niños…Por favor, pídele perdón a este señor.— La niña se encogió de hombros y cambió el gesto a un puchero al ver que su madre la regañaba así.

Lo siento mucho señor, le pido disculpas… pero es que es lo que dice Lissette, yo sólo quería saber si era verdad…



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Re: Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Dragomir Negrescu el Miér Mayo 18, 2016 10:09 pm

No pudo evitar sonreír al ver a la pequeña tan emocionada por la flor, sobre todo observar que la olía con aquella inocencia que caracterizaba a los niños. Pero eso no fue todo, le sorprendió la madurez que presentaba durante toda aquella conversación con la mujer que llamaba Tía. Si alguien le hubiera preguntado, podría haber asegurado que era su madre pues tenían rasgos muy similares pero no era la primera vez que confundía esas situaciones.

Asintió apoyando a la niña, aún sorprendido de que hablara con soltura y sabiduría. Ni siquiera se le hacía ya relevante agregar algo más a la aseveración por parte de la menor de ellos tres, había sido bastante clara en ese aspecto y él la apoyaba

No se disculpe por favor, es como dice la damita. Mi única intención es ayudar a dos jóvenes que disfrutan de la tarde.— aceptó mientras volvía a asentir. Iba a volver a hablar cuando de pronto aquella pregunta surgió con tanta soltura. La volteo a ver y después se miro las ropas, que solo consistía en su pantalón abombado y el chaleco con flecos negros, para muchos iba casi desnudo pero tampoco podía comprarse más ropa. Estuvo a punto de contestar cuando fue la tía la que tomó la palabra en aquella situación.

En ese momento se convirtió en espectador a la escena entre ambas mujeres. Su sonrisa se ensanchaba a cada palabra que la pequeña daba, mostrando con ello que aún mantenía ese rasgo de inocencia y curiosidad que caracteriza a los infantes. Pero no pudo evitar la risa estrepitosa ante esa pregunta, además de que le había sorprendido, ahora le parecía bastante curiosa. Tal vez era por eso que todos rehuían a los de su pueblo, tener cuernos y cola debía ser la razón por la que nadie les quería. Negó con la cabeza cuando escucho la disculpa de la señorita y volvió a reír. Esta vez, se agacho a la altura de los ojos de Elaine y le ofreció las últimas dos flores.

̶ Damita Elaine, tendrá que hacerme el favor de mantener en secreto ese detalle. Nosotros los gitanos mantenemos los cuernos y nuestra cola ocultas, no sería favorable ir por la calle y dejar a la vista nuestros atributos. Pero puede que, en algún otro momento, considere la posibilidad de mostrarle mis cuernos y mi cola.̶ dijo mientras le guiñaba el ojo, sonriendo más feliz que nunca pues le habían alegrado más el día. Después se levanto y hablo con la señorita. ̶ Por favor, no se preocupe. Me han dicho peores cosas, así que no se disculpe por ello.̶ comentó mientras sonreía. ̶ Y por favor, ahora insisto en escoltarlas y ayudarlas en su travesía. No deseo vuestro dinero, pues no es necesario. Pero sí deseo poder mantener su compañía un rato más. Sobre todo porque la damita Elaine y yo somos amigos, si nos da su permiso, claro ̶



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Re: Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Brianna de Montreil el Dom Mayo 22, 2016 6:24 pm

Brianna se había apurado por los comentarios de la niña, que estaba claro que no llevaban mala intención y que eran sólo fruto de la inocencia de una imaginación efervescente. Pero a fin de cuentas estaban hablando con un extraño y quizás se pudiera haber ofendido. Al constatar que no había sido así, suspiró aliviada y le sonrió.

De acuerdo señor…¿?.— dejó el interrogante flotando para que le dijese su nombre o su apellido o cómo quería que se dirigieran a él.— Mi nombre es Brianna y ella es Elaine, como ya sabe. No pensabamos regresar aún a casa, hace buen día y un paseo agradable es un buen plan para esta tarde ¿no le parece? si me lo permite, déjeme compensarle acompañándolo a usted en su caminata por el parque.

Las bolsas que llevaba no pesaban, pero ya que se había ofrecido a llevarlas, le dejó cargarlas y aprovechó entonces para darle la mano a la niña que lo miró desde abajo con esa avispada expresión.

¿Por qué quiere ayudar a la gente? ¿Para que no piensen que es raro? porque la mayoria de la gente, aunque no lo digan se fijan en los vestidos y los peinados y si no son los que les gustan en seguida dicen que eres malo, cuando eso no tiene nada que ver. Yo soy la misma cuando llevo el camisón que cuando me pongo este vestido.

Era un razonamiento aplastante y lleno de verdad, como todo lo que los niños solían percibir, la realidad sin filtros ni complicaciones, no como los adultos que habían inventado eso que llamaban “sociedad” en la que se debía aparentar más de lo que se debía mostrar, donde ser auténtico estaba mal visto.

Iban caminando despacio, dejando que el sol de la tarde bañase sus caras y reconfortase un poco el ánimo de Brianna que lamentaba profundamente pasar tanto tiempo fuera de casa, trabajando para mantenerlas, cuando en realidad lo único que quería era estar con la niña, atenderla y dedicarle horas y horas a jugar, a escribir y pasear.

El mundo es un juego de apariencias, Eli, los mayores nos complicamos la vida, lo sé. Pero tendrás que aprenderlo, porque si no, los demás jugarán con ventaja sobre ti. Siempre debes ser tú misma y comportarte como realmente creas que debes hacerlo, pero teniendo cuidado de no hacer daño si no es necesario y de no mostrar demasiado a quien pueda hacértelo a ti… es igual!! eso son cosas que es mejor dejarlas para más adelante. Ahora disfrutemos del paseo.

¿Y si me da la tos? hay mucho polvo.— La niña inquirió con ojos más resignados que otra cosa.

Pues si te da…ya veremos lo que hacemos, pero el doctor dijo que te conviene estar al sol.— le acarició la mejilla a la niña y se estremeció al recordar las noches en las que tosió sangre. Hacía una semana que ya no sucedía, pero nunca se sabía, y convenía estar siempre alerta.




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Re: Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Dragomir Negrescu el Jue Jun 02, 2016 7:46 pm

— Dragomir, a su servicio.— dijo de forma galante, haciendo un pequeña reverencia ante las chicas. — Es un placer conocerlas a ambas. Y sobre todo tener una compañía tan placentera, como dice es un buen día para caminar por el parque. —

Recibió con gusto las bolsas y se coloco a un lado de la señorita Brianna, caminando al ritmo que marcaban ellas. Cuando escucho la voz de Elaine, movió el rosto para poder verla mejor y sonrió con diversión ante su pregunta.

Es una señorita muy inteligente, pequeña Elaine. Es un placer saber que no se le escapa ningún detalle — guardo silencio durante un momento, pensando en que la tía de aquella pequeña niña tendría que meterse en varios malentendidos por la franqueza infantil. Eso era sumamente entretenido pues a él nunca le había importado incomodar a los demás. —Me siento en la necesidad de ayudar a los demás. Es cierto que las personas me ven como alguien extraño y fuera de la sociedad, pero por eso mismo busco ayudar a los que pueda. ¿No sería un mundo más pacífico si todos deseáramos ayudar al prójimo solo por el deseo de verlo triunfar? — se encoge de hombros y ríe bajo. — Mi madre me enseñó que debemos estar agradecidos con todos, hasta con aquellos que nos tratan mal pues todos nos enseñan algo nuevo y nos ayudan a formarnos. Yo deseo que todos lleven un sonrisa en los labios — comentó con sinceridad, sonriéndole a la pequeña.

Mientras escuchaba a Brainna hablar, él asentía, convencido de que la pequeña Elaine tendría que aprender a jugar dentro de las reglas que marcaba la sociedad pues de otra forma terminaría perdiendo en más de una ocasión. Él había perdido en incontables ocasiones y, aunque le había forjado como persona, no deseaba que alguien tan pequeña aprendiera a la mala. Después guardo silencio, disfrutando un momento del intercambio de palabras entre ambas mujeres.

Su sobrina es una chica muy perspicaz, señorita Brianna— comentó cuando el silencio ya se había prolongado un poco más de lo necesario. —Crecerá siendo una diablilla pero será una chica bastante fuerte, de eso no hay duda alguna. —asintió mientras lo pensaba bastante. —Nosotros no podemos permitir que nuestros pequeños hablen con tanta libertad, al menos no fuera del campamento gitano. Ya son vistos como una peste por el simple hecho de haber nacido gitanos, y dejarlos hablar con tanta libertad frente a alguna persona de la alta sociedad les traería muchos infortunios. Ninguno de nosotros está dispuesto a dejar que los niños sufran por algo como eso. — relato mientras recordaba el incidente que les había dejado sin comer durante varios días debido a que un alto rango se había molestado con el pueblo gitano. —Aunque lo mejor es que todos los niños disfruten de su niñez, así que si llega la tos, solo tendremos que sentarnos a esperar pacientemente a que se nos quite — y una vez más se encontraba sonriente y amable.



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Re: Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Brianna de Montreil el Jue Jun 23, 2016 5:01 am

Las palabras del gitano le dolieron en lo más profundo del alma, porque ella no había podido dar una infancia feliz a su hija, no la había podido disfrutar porque sus circunstancias iban más allá de la caída, de la pobreza o de la soledad. Elaine sabía apenas nada sobre su padre, porque Brianna no había querido atormentarla con aquella historia, y la pequeña había sido testigo del enorme esfuerzo y sacrificio que hacía a diario para mantenerlas a ella y a su abuela calientes, vestidas y alimentadas. No, Elaine no era una niña feliz, siempre enferma y soportando los rigores de la necesidad. Pero tampoco infeliz, era una niña madura y serena para su edad, una niña que se daba cuenta de muchas cosas y que callaba más de lo que parecía.

Clavó sus enormes ojos verdes en el gitano.— Tiene toda la razón del mundo, y por eso admiro su determinación. Ustedes viven de acuerdo con sus costumbres y nadie debe criticarlo por eso. Me parece mucho más sensato y coherente que vivir en esta locura de sociedad en la que las apariencias lo son todo y los niños deben aprender a mentir, a aparentar, a callar sus opiniones. Deben perder su inocencia y su franqueza para aprender a ser verdaderos tiburones y no ser engullidos por esta monstruosidad que hemos creado.— andando llegaron hasta el edificio destartalado en el que vivían, que se encontraba emplazado entre una fonda y una pescadería. Los olores eran penetrantes y algo hediondos, porque a veces el pescado lo dejaban pudrir en la puerta.

Extendió las manos para recoger sus bolsas de vuelta.— Ha sido usted muy amable y ha sido un verdadero placer conocerle. Espero que le vaya muy bien, y que la buena fortuna le acompañe en todo lo que emprenda.

Elaine se soltó de la mano de Brianna y le tiró de los bajos del chaleco a Dragomir.— Gracias por la flor. ¿Puedo verlo otro día en el parque y pedirle otra?...— bajó la voz a un susurro como si Brianna no pudiera oirla.— aún tiene que enseñarme la cola de demonio...lo prometió.

Su madre puso los ojos en blanco y compuso un gesto de "¡Ay, señor!".— Elaine, no seas impertinente, no está bien pedirle cosas a la gente porque les estás obligando a complacerte... Señor Dragomir, si coincidimos con usted en el parque será un placer conversar o pasear con usted de nuevo, pero de ninguna manera se sienta obligado, por favor. Me sentiría muy mal si así fuera.

Y tras despedirse, Brianna suspiró y emprendió los cinco pisos de ascenso hasta la buhardilla en la que vivían, pensando que aquel soplo de aire fresco se desvanecía en la cruda realidad, hundiéndola de nuevo en su existencia gris.



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Re: Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Dragomir Negrescu el Dom Jul 31, 2016 3:30 pm

Escuchó con atención las palabras de la señorita y asintió en acuerdo con ella. Era cierto todo lo que decía y lo que más le pesaba a él era que no podía hacer aún nada por cambiarlo. Era cierto que quería hijos pero se negaba a tener alguno, además de no haber encontrado a la persona adecuada, en un mundo donde no pudiera ser tan abierto. Por eso le parecía que aquella pequeña dama era de lo más entretenido y encantadora, solo podía desearle a Elaine felicidad.

-El placer ha sido mío, de eso no hay duda- dijo mientras pasaba las bolsas de vuelta. -Muchas gracias por sus deseos, yo no puedo menos que esperar lo menos para ustedes.- Cuando sintió que su chaleco era tirado bajo la mirada y después se agacho a la altura de Elaine, sonriéndole mientras escucha su pregunta. -Claro que puede pedirme otra flor y estaría más que encantado de que nuestros caminos se volvieran a cruzar- le guiñó entonces el ojo, sonriendo divertido porque ahora debía de conseguirse una cola de demonio para mostrarla o la pequeña quedaría de lo más defraudada y eso era algo que no podría permitirse.

Se levantó y acarició el cabello de la niña, sonriendo mientras negaba con la cabeza. -Estaría encantado de volver a encontrarlas, suelo pasear ahí todos los días además de que queda en dirección hacia mi hogar. Estaré esperando nuestro encuentro- dijo mientras se despedía con ademán de la mano y giraba para ir por donde habían llegado.
+++++++++++
Había pasado una semana desde su encuentro con aquellas damas y se le habían atravesado unas situaciones y encuentros por los cuales no había podido pasar mucho tiempo en el parque. Pero ahora estaba sentado en una banca del parque, con tres flores a su lado. Esta vez vestía una camisa blanca holgada y unos vaqueros algo desgastados color negro, su cabello lo traía amarrado en una cola alta y llevaba una pequeña sorpresa. Tenía una cola, hecha a mano.



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Re: Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Brianna de Montreil el Jue Ago 04, 2016 5:54 am

La semana había transcurrido más complicada de lo que a Brianna le hubiera gustado; habían celebrado el cumpleaños del señor Gianluca, uno de los hermanos de su señora, y la fiesta había sido descomunal, con lo cual había tenido más trabajo del que podía asumir.

Elaine había recaído de sus toses porque la humedad se había elevado en París, y ahora que podía disfrutar de dos días libres, se iba a dedicar a pasear con ella al sol y a divertirse por el parque, en compensación a la ausencia de esa semana. La niña tenía surcos violáceos bajo sus ojitos, recuerdo de las noches en vela con falta de aliento, y los de la madre no tenían mejor aspecto. Pero estaba decidida a pasarlo bien y a alejar los fantasmas de la enfermedad y el mal fario al menos por dos días.

Coge el abrigo Elaine, yo llevo la cesta.— Había preparado la comida y la merienda, con onbjeto de pasar todo el día afuera. Había puesto también unas muñecas de trapo, hilos y cuentas para entrenerse en el parque.

Era un parque enorme y una de sus vertientes drenaba al rio Sena, dejando en las orillas un terreno de arena y hierba donde era muy agradable extender una manta y pasar el rato.

Madre e hija caminaron de la mano, charlando animadamente mientras llegaban a dicho lugar.

algún día quiero ver los vestidos de la señorita Elisabetta porque... ¡¡¡¡Dragomir!!!!..- Elaine se soltó de la mano de su madre y fue corriendo al encuentro del gitano. Cuando se dio cuenta de que había tenido un arranque demasiao espontáneo se detuvo en seco y le hizo una educada reverencia, para compensar su falta de decoro. Esta vez la niña llevaba un vestido de color crema, con dos pajarillos azules bordados en la falda y un lazo del mismo color sujetando dos trenzas que comenzaban en las sienes y se unían en la nuca.— ¿tiene alguna flor para mí?

¡Elaine! ¡no puedes tener tanta cara dura! Diculpe, señor Negrescu, disculpe, de verdad...Me alegro de verle.

¿Puede el señor Dragomir comer con nosotras? por favor...dí que sí...— La niña tiraba de la mano de Brianna con un gesto de súplica.

Eso tendrá que decidirlo el señor Negrescu, Elaine. Pero desde luego sería un placer si nos dejase compensarle por lo bien que se portó con nosotras, compartiendo nuestra comida. Habíamos pensado pasar el día al sol, y si le apetece acompañarnos...— suavizó el gesto al invitar al gitano a unirse a ellas ese día. Ella vestía de forma cómoda y funcional, su armario no disponía de exquisiteces, a fin de cuentas era una sirvienta. Llevaba una falda de color gris con un pequeño polisón, ribeteada con adornos de cuadros escoceses  y una blusa blanca con delicados encajes en los puños de las mangas. Portaba la cesta en una mano y en la otra los abrigos, pues hacía buen tiempo. Pero con Elaine nunca se sabía y el clima cambiante de Paría podía matarla, así que nunca estaba de más llevar prendas de abrigo.



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Re: Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Dragomir Negrescu el Dom Ago 28, 2016 1:18 pm

Había estado esperando con paciencia, observando a algunas personas y moviendo las manos como si se encontrara barajeando el mazo de cartas, un tic que había adquirido a lo largo de su vida. Se pregunto si no habría sido mejor ir a buscarlas a su casa, tomando en cuenta de que ya sabía dónde vivían, y así presentarse para invitarlas a salir; pero lo mejor sería esperarlas, no quería imponerse a ellas.

El grito de su nombre le hizo levantarse y sonreír feliz. Y la sonrisa se ensancho aún más cuando vio el repentino cambio en la pequeña. Los niños siempre le habían gustado y esa chiquilla le parecía demasiado encantadora con sus formas y sus palabras, le daban ganas de abrazarla. Era una feroz princesa y eso le agradaba.

-Tengo dos- respondió mientras se agachaba a su altura y le pasaba dos de las rosas que llevaba aquel día. Su sonrisa siguió presente a pesar de notar el estado deteriorado de salud que mostraba aquella sonriente niña, sus surcos violáceos le preocuparon y su palidez era aún más evidente. Alzo el rostro hacia Brianna y sonrió divertido, negando con la cabeza y levantándose para ofrecerle la tercera flor a ella. -No hay ningún problema, vengo preparado para todo. Y el placer es mío al haberlas encontrado en este día, además de que estaré encantado de pasar la tarde con ustedes, seguro que encontraremos muchas cosas con las cuales divertirnos- comentó sonriente. Esta vez hizo un movimiento suave para tomar la cesta y después miro a ambas chicas. -Si no les molesta seguirme un poco más, puedo mostrarles un pequeño espacio donde podremos tener una buena tarde sin que nadie nos moleste- pidió mientras les hacia un ademan para que lo siguieran.

El camino no fue muy largo y pronto llegaron a un espacio que se encontraba rodeado de arena y arboles, además de tener cerca una porción de agua proveniente del río.

-Aquí podremos hacer lo que queramos sin problemas- dijo mientras se colocaba bajo la sombra de un árbol. -Y este es el mejor lugar para comer, este árbol siempre da buena sombra y así no terminaremos quemados por el sol. Al menos no tanto- soltó una risa entonces y espero a que Brianna pusiera la manta para colocar la cesta sobre ella. -¿Qué tal ha estado su semana, señorita Elaine?-



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Re: Un día para agradecer (privado)

Mensaje por Brianna de Montreil el Miér Oct 19, 2016 1:43 pm

La niña estaba encantada de conversar y conectar con una figura masculina, porque todos los que no tenían padre, deseaban uno; y a ser posible, el suyo siempre sería el mejor, el más valiente, el más listo... Era una niña muy madura para su edad y entendía los enormes sacrificios que su madre tenía que hacer. Entendía que su abuela tenía un problema psicológico complejo que la hacía evadirse de la realidad y que Brianna cargaba con todo aquello, así que adoraba a su madre y trataba siempre de sonreir y de aligerar sus cargas. Pero no por eso dejaba de ser una niña que también fantaseaba con tener algun día un papá, una familia normal y una casa soleada donde el polvo y la humedad no la hicieran toser. Por eso le gustaba la compañía de Dragomir, porque era amable, divertido y muy atento.

Sin pedir permiso se cogió a la mano del hombre y Brianna no la riñó por eso, suponía que al gitano no le molestaría que una niña lo tomase de la mano, ya se lo diría luego en privado a ella.

ah! pues ha sido una semana...mmmm... buena. Tenía mucha tos y no podía dormir, así que aproveché para imaginar muchos cuentos y escribirlos. De mayor seré escritora, y mis relatos saldrán en el periódico Le Monde.

No había nada más efervescente que la imaginación de un niño. A Brianna se le partía el alma cuando la escuchaba, porque bien sabía que las mujeres si consiguían un empleo medianamente digno como el de sirvienta, ya se podían dar por satisfechas, porque los demás eran terribles y casi prefería no pensarlo. Pero bueno, por el momento dejaría que la niña imaginase cuanto quisiera porque era una forma más de sobrevivir, de superar el calvario de la enfermedad y la pobreza.

Realmente escribe muy bien para su edad.— Colocó la manta y se sentó sobre ella, sacando las viandas que habían traído. Había pan con mantequilla, queso, galletas saladas, nueces y ciruelas.— No es gran cosa, lo sé, pero por favor, coja lo que le apetezca, hay suficiente para los tres.

¿Y tú sabes leer?.— la niña ya había pasado a tutearlo, porque tanto formalismo le parecía innecesario.— ¡¡Si no sabes yo puedo enseñarte!! o a otros niños gitanos...Claude dice que los gitanos no saben leer.— Claude era una vecina del edificio de en frente.

¡Elaine! esa es una idea terrible.Tu sabes leer pero no sabes enseñar, deja que de eso se ocupen los maestros...

Pero a mi no me enseñó un maestro, me enseñaste tú y la abuela. Podríamos ir con Dragomir algun dia y ayudar, tú explicas muy bien...—

Brianna no sabía donde meterse cuando Elaine soltaba comentarios así. Obviamente no lo hacía con mala intención, pero la espontaneidad de los niños tenía esas cosas, que a veces era muy inoportuna. Miró a Dragomir mordiendose el labio inferior, temiendo que Elaine lo hubiera ofendido.



"La confesión es siempre debilidad. El alma sepulcro guarda sus propios secretos y toma su propio castigo en silencio."

Brianna de Montreil
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Re: Un día para agradecer (privado)

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