Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Dominique de Bricassart el Miér Jun 08, 2016 11:14 am



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No era secreto para nadie que el parque Desrosiers recibía su nombre debido a la cantidad ingente de rosas que adornaban éste. Tampoco la ruta que hacía día tras día la joven Dominique una vez finalizaba su jornada educativa, dilatando la misma todo lo que podía con actividades alejadas de lo estrictamente académico. El único secreto al que poder hacer mención nunca ha dependido de la niña, sino de la mujer que terminaría por conocer a ésta de forma fortuita –en apariencia- y que nunca llegaría a revelar las circunstancias de dicho encuentro.

Una vez el ocaso se hubo presentado y hasta bromeado cortésmente antes de dejar paso a la luna, el parque de las rosas se escondía en una penumbra a evitar. Inocente –aún en su malicia- como era la joven bruja perteneciente a Dios, Dominique cruzaba el parque cada noche evitando así que su tía, la guardiana de las llaves, la que abría y cerraba los grilletes de su libertad, decidiera prohibir a la niña salir de casa en adelante.

Aquella noche brilló más que la propia luna, convirtiéndose en punto de inflexión en la rutina de la niña. Sus pasos eran veloces, su respiración se entrecortaba y su mirada parecía más inquieta que de costumbre. Su intuición llevaba unos metros advirtiéndola: tenía compañía. Sin embargo, al voltearse, nunca topaba con la sombra de su persecución. Mucho menos con la persona a que acompañaba dicha sombra. Tarde o temprano hubo de pasar y es que en una de sus comprobaciones no pudo evitar chocar con algo más que una sombra: carne, hueso y harapos que comenzaron por mendigar y acabaron por amenazar.

- Vamos, niña. Dame algo. Tu ropa es tan bonita, hueles tan bien… dame algo. Alguien de tu condición tiene que tener dinero a expensas. Dame algo, por favor. Tienes una cruz muy bonita –advirtió sujetando ésta y rozando el cuello de la joven-, ¿me la prestas?

Dominique soltó sus pertenencias y comenzó a correr. Poco fue el tiempo que pudo dedicar a huir, pues su vestido la hizo tropezar y caer.

- Eres una mocosa maleducada. Necesitas que alguien te enseñe modales –profirió el vagabundo tras alcanzar a la francesa, hincándose de rodillas y aprisionando sus débiles muñecas.

Sólo una persona tenía el destino de Dominique en sus manos. Lo curioso es que no se tratara de ninguno de los presentes.







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Re: Bewitched | Privado

Mensaje por Freya Venälaina el Sáb Jun 11, 2016 1:15 pm

Había algo en aquella joven. Freya no acostumbraba a fijarse en la gente que se movía a su alrededor pues le parecían tan importantes como meras hormigas que pisar, y sin embargo sintió en el aura de Dominique un poder tan soberbio como desaprovechado. Como solía hacer, pidió a Lucien que la siguiera, que estudiara sus rutinas y le informara una vez tuviera una idea del estilo de vida que llevaba. Al ser este cambiante, le era mucho más sencillo pasar desapercibido y otear desde algún tejado los pasos de la que sería su nueva aprendiz y por qué no, marioneta. La noche en que su hijo le recalcó lo dulce e inocente que parecía la joven criatura a la que había estado siguiendo, una amplia sonrisa inundó los labios de Freya. Tenía datos sueltos sobre ella o su vida, pero un par le bastaron; nunca se desprendía de un colgante en forma de cruz lo que sin duda era señal de sus creencias, casi siempre deambulaba sola o de lo contrario se encontraba confinada en donde fuera que viviese. Lucien en sus días tras ella no la había visto hacer magia alguna por lo que o bien no conocía sus poderes o los temía, las cavilaciones fueron forjando la idea perfecta en la mente de la nigromante para darse a conocer y por supuesto hacerse con la confianza de Dominique. Era un diamante en bruto, una bruja poderosa que no conocía los límites de su magia, una niña comparada con ella misma y por tanto un alma fácil de moldear. Dios era el menor de sus problemas, ese ente que no hacía más que observar desde su cómoda posición todo el mal que sufrían sus fieles vasallos. Torció el gesto de manera involuntaria como siempre que alguien cercano a ella hablaba de el salvador.

Se planteó pedir a su propio hijo que fuera quien asaltara a la bruja pero no sería una buena idea si pensaba educar su magia en el hogar en que se hospedaban actualmente, fue por ello que pagó unos francos a un vagabundo para que a una hora concreta estuviera en el parque Desrosiers, describió a Dominique y le dejó total libertad para asaltarla. A la hora acordada y prevista en que aparecería en escena la joven, se mantuvo atenta desde las sombras, apurando el medio de la bruja hasta que el momento perfecto se diese para acudir en su ayuda. Dejó que la atracase, que corriera tras ella e incluso que la tocara, necesitaba saber que el miedo era extremo en la víctima y así lo pudo ver en sus ojos cuando se colocó tras el vagabundo. -Levántate y no hables-, ordenó con voz clara liberando así de su peso a la preciosa niña, dedicó tan solo una mirada hacia ella pues ya sabía que se encontraba bien, ahora era ese instante en que todo lo que hiciera y dijese quedaría grabado en las retinas ajenas. -No puedes tratar así a las mujeres, ¿sabes por qué? Porque somos más poderosas de lo que os creéis. Porque no nos someteremos a vuestros dictados por más tiempo y caeréis uno tras otro como piezas de dominó ante nuestros pies-. Estiró la diestra para que Dominique se situara a su lado y dejara de estar lánguida en el suelo. Si no hubiera sido por el uso de su poder de dominación aquel pobre diablo podría haberse defendido o incluso excusado contando la verdad sobre aquel encuentro “fortuito” entre los tres, mas… ¿a quién iba a creer ya la joven?

-Creo que quien tiene que aprender modales aquí no es esta joven, sino tú-, sujetó la mandíbula ajena con tres de sus dedos y lo soltó asqueada. -Trágate tu lengua-, empleó el mismo tono imperativo que minutos antes y se mantuvo estática contemplando, sin signo de repugnancia o lástima, como el mismo hombre que hacía un instante asaltaba a Dominique; estaba ahora ahogándose con su propia lengua y sin posibilidad alguna de sobrevivir. La reacción ajena no fue tan calma como la de Freya pero era de esperar de alguien inexperto y puro. -Bien joven, ahora dime tu nombre y sobre todo el motivo por el que no has usado tus poderes para salvarte.-



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Re: Bewitched | Privado

Mensaje por Dominique de Bricassart el Dom Jun 12, 2016 7:26 am



De aquella noche, Dominique recuerda la luna. Parpadeaba preventiva gracias a las ramas de los árboles que ayudaban a transmitir su mensaje. El vigor con que advertía a la joven de los peligros ocultos en la noche se multiplicó una vez el vagabundo hubo abordado a ésta. Curiosamente, y para sorpresa de la francesa, Selene decidió ocultarse tras la aparición de aquella inesperada figura femenina. ¿Asustada quizás por los términos que llegarían a alcanzarse en aquella reyerta? Tal vez. Mas, tal vez el foco de terror fuera la propia nigromante. Algo que, desde luego, la muchacha de cabellos de oro nunca llegó a contemplar –inocente en su malicia e inocente también en su ignorancia-.

Los acontecimientos se presentaron de una forma tan vertiginosa que a la pobre niña no le quedaba otra que verse arrastrada por éstos.
El vagabundo, tras percibir figura a sus espaldas y oír con mueca contrariada el discurso que tras él estaba teniendo lugar, no hizo sino voltearse y perder el interés en la joven que segundos antes parecía haberle cautivado. Dominique aprovechó para recomponerse y, al igual que su merodeador, prestó oídos a la diatriba de una mujer que conseguía deslumbrar a ésta con cada palabra. No digamos ya cuando hizo patente su naturaleza mágica y la soltura con que aplicaba su don a las contrariedades que se le podían presentar. La niña dejó de tener ojos para el vagabundo y centró toda su atención en la existencia de otro hereje como lo era ella misma, rebosante de dudas y a expensas del resultado final de aquel encuentro.

Cuando el duelo parecía haber elegido claramente a su ganador, volvía a ser el turno de la muchacha. Esta vez, la hechicera se dirigía a ella.

- Yo… -era difícil asimilar lo inasimilable y más cuando la sombra del miedo todavía sobrecogía los corazones. Al instante se lanzó sobre ella. Lágrimas de agradecimiento recorrían su rostro y sus brazos se ciñeron vivazmente a su cuerpo -. Mi nombre es Dominique, señora. Dominique de Bricassart –temiendo ser atrevida en exceso y que aquel acercamiento estuviera resultando improcedente, se apartó de la mujer para así continuar-. ¿Quién es usted? ¿Por qué ha puesto en peligro su vida para ayudarme? Se equivoca, yo… yo no soy nada de eso que está insinuando. Yo no tengo poder alguno.

Si había algo que recorriera las venas de la joven más que su propia sangre o el embrujo de su genealogía mágica era la vergüenza hacia esta condición que parecía maldita.




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Re: Bewitched | Privado

Mensaje por Freya Venälaina el Lun Jul 11, 2016 9:52 am

¡Qué dulzura!¡Qué delicadeza la de aquella joven! Freya era como una reina tallada en hielo, pareciera que nada ajeno a ella le importaba y realmente así era. El egoísmo y la superioridad que ella creía tener sobre el resto de seres se plasmaba en su mirada fría y distante, en ocasiones cruel… Pero en esa instancia recogió a la joven entre sus brazos durante un instante, le fascinaba aquella chiquilla y todo el poder que desprendía, sería delicioso hacer que acariciara su verdad, su amor por el Príncipe de las tinieblas y diera la espalda a la sociedad y su falso Dios; y no lo creía una ardua tarea teniendo en cuenta el suplicio que estaba viviendo la joven por controlar lo que debería dejar fluir con libertad. Ella liberaría su don, la instruiría como si de una hija se tratara y le mostraría cuán distinto es el mundo cuando uno lo enfrenta y no se somete ante él. -Señorita de Bricassart, Dominique…-, negó suavemente con la cabeza y un brillo de decepción en la mirada, -¿cree que me merezco mentiras de su parte?-, no le hacía falta recalcar el hecho de que la había salvado, sería suficiente aquella pregunta para que la bruja se sintiera en la obligación de decir la verdad a partir de entonces. -Soy Freya Venänalaina, y puedo ver tu aura como tú puedes ver el mío-, apuntó cuando notó la mirada de la joven rodearla lo más seguro que admirando la particular luz que esta desprendía. -Salgamos de aquí, te sentará bien comer algo.-

Su tono no daba pie a réplicas, poco le importaba que la joven debiera regresar a un hogar o a dónde fuera que viviese normalmente. Había salvado su vida y por tanto ahora la consideraba de su propiedad. Le resultaría difícil explicar a cualquiera cómo funcionaba una mente tan maquiavélica como la suya pero por decirlo de alguna manera, ella misma hacía sus tratos y acuerdos con Satanás, él dictaba sus pasos y acordaban qué alma pertenecía a quién. La nigromante había regalado en ofrenda las almas de todos los hombres con quienes se había casado, sin excepción, había dado la espalda al hijo que se negó a adorar al príncipe oscuro en deferencia con este y había criado a Lucien con unos fuertes lazos con su lado más tenebroso, todo en su vida había girado en torno a su señor y ahora este le entregaba a Dominique para su disfrute personal. Era tan frágil, tan pálida… Detuvo sus pasos para enfrentar la mirada de una aún temblorosa brujita y se agachó para recoger su cara entre las manos y besarla. La sorpresa fue palpable en ella pero eso no detuvo a la mayor que se deleitó con sus labios suaves y podría decir que inexpertos, acarició el pelo y la nuca de esta en busca de un poco más de calma por su parte y profundizó algo más aquel beso. Freya se sabía heterosexual, pero aquello iba más allá de la sexualidad de ambas, aquello era un vínculo, debía liberar a Dominique y unirse a ella en todos los aspectos. La quería, deseaba y anhelaba más que a nada ni nadie desde que la vio y sería suya por completo. Cuando la humedad de la lengua ajena rozó la propia se separó y continuó caminando como si nada hubiera pasado.

Bebería de Dominique como esta rogaría por las caricias de Freya. Ambas mujeres estaban destinadas a encontrarse y la oscuridad a recibirlas. Madre e hija, maestra y abnegada alumna, amantes, brujas. El mundo les pertenecía.



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Re: Bewitched | Privado

Mensaje por Dominique de Bricassart el Mar Jul 12, 2016 11:09 am



Las puertas se cerraron al instante. No había escapatoria. Ninguna mentira más podría salvar a la muchacha, pues había quedado encerrada en una metafórica habitación y su única compañera parecía la verdad.
Nique no contestó. Se limitó a mantener la cabeza gacha y sus mejillas se sonrojaron. Los secretos eran los culpables y no la niña, pero era imposible que la conciencia de la joven no instaurara semejante rubor en su rostro, tan cándida como era ella. Así pues, esperando que no hiciese falta réplica alguna, acompañó a la mujer. La acompañaría a donde quiera que ésta fuera. Olvidando aquello que le rodeaba por un segundo y adentrándose a cada paso en la senda de una curiosidad que prometía acabar con la esencia de chiquilla tan tierna.

Sus ojos mutaron. La viva imagen de la sorpresa se hizo patente en ellos. Se abrieron de par en par cuando la mujer rozó sus labios y se cerraron segundos después, llevados por un embrujo íntimo que no lograba comprender. Graciosamente, Dominique no acostumbraba a tontear con los chicos de su edad, pues no era dicha en artimañas para la causa. Pocas habían sido además las situaciones en que hubiera conseguido algo parecido a intimar. Desde luego, nada de besos, mucho menos tocamientos esporádicos bajo la ropa. La sola idea de pensarlo conseguía sonrojarla aún más. Y aquel beso no consiguió algo diferente.
Una muchacha tan inocente y tan fácil de engañar que cuando la mujer se hubiera separado, la joven ya conocería esa sensación de inquietud en su estómago que no sabía de donde procedía, pero cuyo causante había sido sin lugar a dudas aquel beso. La clase de beso que un hombre y una mujer podían experimentar, pero que su amada Iglesia castigaba entre entes que compartían los mismos cromosomas. Algo que la desconcertó más si cabe.

El camino se fue sucediendo bajo sus pies hasta que de la nada surgió el lugar al que la mujer parecía pretender llevarla. Su labio inferior estaba destrozado. ¿Los causantes? Nervios hacia la incertidumbre de lo que vendría después. ¿Hacia dónde la estaba acompañando? Y lo peor, ¿a quién estaba acompañando? ¿Quién era Freya Venälaina?

El tiempo corría, a la par que las dudas. El primer pie que Dominique se atrevió a poner en aquella mansión, con unos zapatos tan coquetos como llenos de barro, supuso un cambio. La atmósfera del lugar presentaba algo a lo que nunca se había enfrentado. Ella misma vivía en un sitio acomodado, corriente entre las gentes de clase alta, e incluso su tía jugaba con los infortunios de la magia negra hasta cierto punto, siempre contra los deseos de su sobrina y sus estúpidos ideales de bondad. Sin embargo, el aura de aquel hogar –o lo que quiera que fuera- parecía diferente, único –además de magistralmente camuflado ante cualquier muchacha demasiado curiosa que quisiera saber más de la cuenta sobre los actos cometidos en éste-.
Por fin, Nique volvió a alzar la mirada. Recorrió de derecha a izquierda el lugar con la misma hasta que finalmente sus ojos se posaron de nuevo en Venälaina.

- ¿Qué estoy haciendo aquí?




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Re: Bewitched | Privado

Mensaje por Freya Venälaina el Mar Oct 11, 2016 9:40 am

El camino hacia el que en esos días se había convertido en su hogar no fue largo, pero sí en silencio. Las calles no eran el lugar adecuado para los primeros pasos de Dominique en su mundo, debía recibirla, acomodarla, otorgarla un espacio propio en su casa; porque sí, ahora ese sería su hogar. La joven aún no sabía de los planes que Freya tenía para ella, aunque si era un poco intuitiva se habría dado cuenta de que los límites no entraban en el juego. Sonrió tras la pregunta de la joven mas no contestó en el acto, se deleitó con sus dudas; el miedo y la incertidumbre avivaban los sentidos y eso era precisamente lo que necesitaba de su… nueva adquisición. Dejó el abrigo a los sirvientes que se acercaron para recibirlas y ordenó que les prepararan una cena ligera a ambas. -¿Está mi hijo en casa?-, ante la negativa del mayordomo tan solo asintió y miró a su invitada, -estamos solas lagartija.- La guio por los pasillos de la mansión hasta llegar al comedor en que ya las esperaba una copa de vino para cada una, fue en el instante en que tomó asiento cuando la miró y comenzó la explicación.

-Estás aquí porque te he elegido-, eso era sin duda lo primero que necesitaba tener claro Dominique, su pureza seguía intacta gracias a Freya y su casual aparición en aquel parque, punto número uno –lealtad y deuda aseguradas. -Otra persona cualquiera hubiera ignorado lo que ocurría en el parque dado que no eres de su incumbencia-, hizo una pausa de efecto dando un sorbo al vino, -pero tengo debilidad por las mujeres independientes y poderosas y, aunque no lo sepas aun, lo eres-. Dejó espacio para que los platos llenaran la mesa y de nuevo reinó el silencio hasta que los sirvientes se hubieron ido. -No hace falta que me digas que no eres feliz con tu vida, lo sé. Yo te enseñaré una nueva manera de ver el mundo, uno en que solo nosotras pondremos las reglas-, Nique estaba más que saturada con toda esa información y promesas pero no se atrevía a interrumpir con preguntas al respecto, apenas a moverse. Si no la hubiera descubierto a tiempo todo ese potencial se habría ido por el retrete junto a los mandamientos de Dios y las normas de sus tutores legales. -Necesito saber algo de ti y es importante que medites la respuesta, pues a partir de ahí sabré cómo comenzar a enseñarte, ¿de acuerdo?-, apoyó los codos en la mesa frente a ella y juntó cada dedo con el gemelo de la mano ajena sin dejar de mirarla, -¿crees en Dios o te han obligado a vivir con las reglas del catolicismo?-. Ahí recaía el peso de la conversación, todo dependía de su respuesta, si tenía la más mínima duda o reproche que hacer a su Dios Freya ganaría la batalla.
-Podrás venir aquí las veces que quieras o incluso vivir aquí si lo consideras necesario y pertinente en el futuro. Puede que ahora ni te plantees dejar tu vida por una desconocida pero te aseguro que no vas a ser la misma niña que has sido hasta ahora, serás una mujer y nadie dictará tus pasos. ¿Estás dispuesta a hacer ese pacto conmigo?-, un pacto con el mismo diablo era lo que estaba a punto de firmar, otro soldado para el maestro, para quien tanto adoraba Freya y tanta felicidad y poder la había entregado.



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Re: Bewitched | Privado

Mensaje por Dominique de Bricassart el Vie Dic 02, 2016 4:25 am



Su pregunta parecía haber pasado inadvertida. Sus miedos e inseguridades, por el contrario, bailaban tan a flor de piel que resultaban imposibles de ignorar.

¿Lagartija?, se preguntó por un segundo la niña. Ciertamente, la familiaridad con que Venälaina había comenzado a tratar a la joven resultaba inquietante y tranquilizadora al mismo tiempo. Una combinación de sensaciones aparentemente incompatible pero que, como todo en esta vida, terminaban por complementarse de forma involuntaria.

La mirada de la francesa se posaba en cada una de las estancias y los objetos o decoraciones de las mismas. Siempre con la mayor cautela, Dominique accedía a dar el siguiente paso a través de aquella mansión e incluso a la hora de acomodarse en el sillón, la cautela seguía susurrando en su oído.

Pensó en irse. Valoró la opción un sinfín de veces mientras la mujer hablaba. Mientras hablaba de una Dominique a la que parecía conocer mejor que la propia Bricassart. Algo tan ofensivo como alarmante. ¿Significaba aquello entonces que Venälaina había estado vigilando a la bruja?
Orgullosa escuchó, buscando la oportunidad de demostrar a la mujer que se equivocaba. Oportunidad que jamás llegaría, pues tras sucederse las palabras, los sentimientos se sucedían consigo. No, no era realmente feliz con la vida que le había tocado llevar. Sin una madre, con una captora, escasos amigos y una maldición que la reconcomía por dentro con cada halo de magia. ¿Qué si creía en Dios, uno de sus pocos amigos? Sí, desde luego. ¿Qué si había sido obligada a vivir esa fé de forma impuesta? Sí, también. Ninguna respuesta era la correcta y todas lo eran al mismo tiempo.

- Madame, si yo me encuentro ahora mismo aquí, en su casa, celebrando que algo terrible podía haberme sucedido y no ha sido así, es porque Dios lo ha predispuesto de tal forma. Si la he conocido a usted es porque el Señor así lo ha querido. Y si así lo ha querido... he de interpretar que todo lo que me vaya a ofrecer será bueno para mi, pues así actúa el Altísimo.

No hacía falta mucho para que Dominique prefiriera cualquier lugar a la terrible estancia con su tía. Sin embargo, plan semejante resultaba de antemano descabellado.

- Le agradezco todo... -no sabía realmente que agradecer- lo que me ha dicho, todo lo que me ha propuesto, esta cena, la ayuda prestada... todo. Incluso sus hermosas palabras. Aún así, comprenda mi aprehensión hacia esta situación y hacia usted incluso. Ni siquiera la conozco y presume... presume de conocerme mejor que yo misma. ¿Cómo puedo confiar en alguien que ha estado... vigilándome? Alguien.... alguien que me ofrece tanto a cambio de nada. No acostumbro a encontrarme con personas altruistas y permítame que dude de esta situación porque creo que hay algo más que no me cuenta.

¡Desde luego que lo había! Venälaina se asemejaba a la siseante y traicionera serpiente que hizo de las suyas en el Paraíso. Aún con todo ¿cómo conseguía encandilar con tanta facilidad a la inocente muchacha? Las dudas y los miedos eran imposibles de evitar pero había algo en Freya igual de inevitable: el poder que ejercía sobre Nique y sobre cualquiera que se lo propusiera.

- Me gustaría... me gustaría creerla. Me gustaría pensar que la puerta que se me abre no da a una jaula con leones... -en verdad lo necesitaba. Desesperadamente, lo buscaba-.

Seguía sin probar bocado y así se mantendría, con un nudo en el estómago que la ataba también de pies y manos a aquel sillón.




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Re: Bewitched | Privado

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