Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Bajo la tormenta. ~ Privado.

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Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Gael Lutz el Lun Jun 20, 2016 9:19 am

Abrí los ojos al notar que los rayos de sol se colaban por la ventana y me daban directo en los ojos, tras reptar por mi cuerpo. Miré a mi alrededor, estaba todo en su sitio, Gato dio un salto y se puso a mi lado, para después maullarme. Ya era hora de levantarse. ¿Cuánto había dormido? Miré el reloj de bolsillo, había dormido demasiado. Me incorporé despacio, aún me dolía el cuerpo tras la pelea en la que casi muero contra ese vampiro, pero que por suerte para mí, Jane estuvo a mi lado y me salvó, quedándose conmigo la primera noche y todas las siguientes, hasta que tuvo que marcharse por obligación a su casa, para no levantar sospechas a su tía. Estiré los brazos y me bajé de la cama, una idea se me cruzó la mente y me hizo sonreír. Iría a ver a Naitiri, tenía que contarle cosas y ella darme el botón, ya había pasado unos días sin vernos y seguro que lo había terminado.

Miré a mi alrededor, todo estaba más vacío desde que Adaline se había marchado de casa, tras contarle toda la verdad sobre la muerte de nuestro padre. Esperaba que donde quisiera que estuviera, estuviese bien... Y que pudiese perdonarme. Me metí en la ducha, necesitaba ir contento a ver a Naitiri, no quería decirle que había salido a cazar sin el botón, se lo había prometido, pero esa noche era importante, Jane y yo tuvimos que hacerlo, o si no, muchos niños hubiesen muerto. Salí de la ducha, me puse unos pantalones algo más cómodos de lo que normalmente solía vestir y una camiseta negra, la misma que le dejé a Nai el día que vino a cenar y a dormir conmigo. El reflejo frente al espejo me devolvió la mirada y mis ojos se posaron en la herida del cuello, hacía días que no sangraba, pero estaba de color morado oscuro, más parecido a un chupetón, pero en este caso, se veían las marcas de los colmillos, como dos agujeros. Hice una mueca, eso no podía tapármelo con nada, si me ponía una venda, se veía más y no era ese mi plan. Repasé también las heridas del torso, estabas también estaban de color morado, y en las heridas donde me había arañado el vampiro, se estaba empezando a formar costra.

Pasé todo el día descansando en el sofá, tomando el té que me había dejado Jane preparado y comiendo algo rápido de hacer, no quería perder tiempo, no quería que me diese tiempo a pensar. Era mejor tener la cabeza ocupada. Pasaron las horas y dejé el libro de las mil y una noches encima de la mesita de café, con una esquina doblada para más tarde volver a retomar la lectura. Miré por la ventana, el cielo se había nublado al caer la noche y seguramente, iba a caer una tormenta. Cogí lo necesario, el abrigo, algo de dinero, el reloj de bolsillo y salí a la calle. El viento me pegó de frente y me tapé hasta arriba con el abrigo, aún estaba débil y sensible al cambio de las temperaturas. Apresuré el paso, esperaba llegar al burdel antes de que las primeras gotas cayesen al suelo.

Abrí la puerta del burdel cuando el primer trueno sonó y la cerré, estaba empapado, no había podido llegar a tiempo. Revolví el pelo húmedo y sonreí, pero la Madamme no estaba en su lugar, algo extraño. Entré en la zona del bar, allí tampoco estaba y tampoco encontré a Naitiri, así que supuse que estaría en la habitación de siempre, dándose un baño. ¿Y si...? No, no podía estar con ningún cliente, era temprano y tampoco quería pensar eso. Seguro que me estaba esperando, seguro que me echaba de menos y me estaba esperando... Tenía que estar dándose un baño. Pedí una botella de vino y dos copas, pagué a la camarera, la cual intentó retenerme un poco más aquí. ¿Por qué me sonaba tanto esta mujer? La recordé vagamente, era la misma con la que se había acostado Sean aquella vez que vinimos borrachos. ― Lo siento, hoy he venido solo a ver a Naitiri. ¿Está en su habitación verdad?― Esta se lo pensó un instante, pero no le hice caso, tenía tantas ganas de verla que me daba igual que estuviese dándose el baño.

Subí las escaleras despacio, el dolor se estaba acentuando, sobre todo en las costillas. Hice una mueca, si Nai me veía así me iba a reñir por haberle roto la promesa de no salir a cazar y de ser tan estúpido por haber hecho lo que hice. Miré el número de habitación y golpeé en la puerta. ― Señorita Zahir ¿Está visible?― Sonreí y entré en la habitación sin siquiera obtener respuesta, pero la sonrisa se me congeló en la cara nada más abrir la puerta.





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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Naitiri Zahir el Mar Jun 21, 2016 1:01 pm

Habían pasado ya bastantes días desde la última vez que había visto a Gael, y aunque hubiera querido poder verlo hacía un par de días… me había sido imposible. Me había surgido un imprevisto que me hizo estar todo un día metida en casa sin salir, con la preocupación cerniéndose sobre mí. Había sido una noche que había llegado algo más temprano a casa de lo habitual y daba gracias que había podido salir antes, porque de lo contrario, no me lo habría perdonado.

Normalmente Alessia se quedaba sola en casa por la noche hasta que solía llegar de trabajar, siempre acompañada por Isis, y con la certeza de que para su edad era una joven lo bastante madura como para saber que no le podía pasar nada… pero al parecer, aquella noche, las cosas no habían estado de su lado. Cuando abrí la puerta lo primero que vi fue a Isis que se acercó corriendo a mí, a saludarme como de costumbre, pero la notaba más rara de lo normal y cuando llamé a Alessia y no me contestó… fue cuando la alarma se encendió en mí cabeza.

Seguí a Isis que parecía que quería decirme exactamente qué estaba pasando y la estampa me hizo quedarme quieta por unos segundos, mientras mí cabeza intentaba funcionar y moverse. Justo al pie de la escalera estaba Alessia, tumbada en el suelo, con una herida en la frente de donde le salía sangre. Por un momento temí lo peor, temí que alguien pudiera haberle hecho algo mientras yo no estaba pero la casa estaba tal cual y no habían signos de que hubiera entrado alguien. Ni siquiera sé cómo lo hice ni de donde saqué las fuerzas, pero la cogí en brazos y salí a la calle parando un carruaje, ayudándome el hombre que paró a meter a Alessia dentro y yendo lo más rápido que podía hasta el hospital.

Por suerte la herida que llevaba no era muy grande a pesar de toda la sangre que había en el suelo y no tuvo mayor complicación, y vieron que lo que tenía era un pequeño esguince en el pie producto de la caída también. Se pasó toda la noche sin despertar hasta que a la mañana siguiente por fin abrió los ojos, para mí gran alivio, y me contó que se había tropezado al bajar las escaleras, casi a la mitad de estas… y que por eso me la había encontrado así. Suspiré en aquel momento y aunque me dieron ganas de reñirle el alivio de ver que estaba bien pudo conmigo y no le dije nada. Me pasé todo el día en el hospital y el día siguiente en casa también todo el día con ella, no quería dejarla sola por mucho tiempo aunque debía de seguir con el trabajo.

Eso ocurrió dos o tres días después de haber ido a cenar a casa de Gael en una noche que me encantó, donde pude saciar mi curiosidad y ver qué era lo que entramaba aquel hombre. Donde contamos cada uno nuestras oscuras historias, donde me enseñó que había un mundo sobrenatural del cual desconocía, que me hizo ver qué era mí padre… y para mí sorpresa, una noche en la que no pasó absolutamente nada, algo bastante raro viniendo de nosotros pero donde demostramos que podíamos pasar tiempo juntos sin que hubiera sexo de por medio.


-¡Ah, sí! –aquello me hizo volver a la realidad y a dónde me encontraba. Me había evadido completamente perdiéndome en mis pensamientos mientras aquel hombre se movía dentro de mí teniendo su rostro apoyado en mí cuello. Abrí los ojos para mirar al techo y me mordí el labio deseando que acabara ya y se marchara, sintiendo como una de sus manos recorría mí costado y la otra cogía mí culo apretándolo con fuerza, mientras se hundía con más intensidad en mí interior y se movía más deprisa, dándome a entender que pronto acabaría aquella tortura.
-¡Oh, dios! -¿Mí gemido? Totalmente falso- Sigue así… ya llego… Me voy a… -¿mis palabras? Totalmente falsas, pero al parecer aquel hombre no se enteraba de nada porque siguió moviéndose hasta que finalmente acabó. Suspiré como si yo también lo hubiera hecho y lo quité de encima, mirándolo con una sonrisa que también era falsa alabando lo bueno que era cuando por dentro intentaba no reírme y controlarme. ¿No podía tocarme ninguno que supiera de verdad lo que tenía que hacer, y darme algo de placer en ello? Al parecer, no. Me levanté cogiendo la bata y diciéndole que tenía que pagarle a la Madam, mientras yo me iba al aseo abría el grifo y llenaba la bañera para darme un baño.

Ni siquiera sé cuanto tiempo estuve ahí dentro metida mientras de fondo escuchaba algún que otro trueno, señal de que iba a comenzar a llover aquella noche y yo no me había traído nada para no mojarme. Suspiré y salí para secarme todavía en el aseo, me había metido la ropa y me puse la ropa interior de color rojo que había cogido y encima la bata que siempre solía llevar, la negra que era transparente. Me miré al espejo y solté mí pelo dejándolo caer y me puse aquella cadena que tenía desde hacia dos días.

Debería de habérsela dado ya a Gael pero desde lo de Alessia tenía mucho más trabajo e iba de casa al burdel, y del burdel a casa porque ella no podía moverse muy bien conforme tenía el pie. Miré el colgante en el reflejo del espejo y lo cogí en mí mano para verlo agachando la mirada. Había encontrado uno que era perfecto, un colgante en plata que era un poco más grande que el botón, que parecía que tenía arriba una manecilla de reloj que era donde se abría y donde se enganchaba, y que tenía grabado su nombre delante. Era simple y nada ostentoso, no llamaría mucho la atención y nadie pensaría que pudiera llevar dentro un botón… era perfecto y podría llevarlo siempre encima sin levantar sospechas. Lo llevaba encima para así dárselo en cuanto lo viera, sabía que estaría deseando volver a tenerlo para cazar de nuevo y, seguramente, estaría deseando salir de caza después de todos estos días.

Abrí la puerta del aseo mirando por la ventana el cielo que estaba ya bastante oscuro y las gotas de la lluvia que daban contra el cristal, di un par de pasos cuando, de la nada, sentí que me cogían del brazo y me pegaban hacia un cuerpo que no pude ver y que no tardó en aprisionar mi cintura contra él, llevar su otra mano a mí pecho y morderme el lóbulo de la oreja con fuerza haciendo que siseara.


-Hola de nuevo, preciosa –aquella voz me sonaba, demasiado, y sabía perfectamente quien era. Un cliente que solía pasarse habitualmente por el burdel y que de las veces que venía, casi siempre me pedía a mí. Lo odiaba, era el típico hombre que solo le importaba su placer y nada más, tocaba mí cuerpo todo lo que le daba la gana, me follaba y cuando acababa era él quien se largaba apresurándose a ponerse la ropa. Me logré zafar de su agarre y lo miré con el ceño fruncido, ¿qué narices se creía que estaba haciendo?
-No sé qué te piensas que estás haciendo, Damien, pero te sugiero que te vayas... Ahora estoy en mí hora libre y no atiendo a clientes –lo miré una última vez antes de darme la vuelta pero, al parecer, no le gustó mí respuesta porque me volvió a coger del brazo y me lanzó contra la cama poniéndose encima de mí, intenté quitarlo pero fue en vano ya que tenía mucha más fuerza que yo- Damien, apártate – ni siquiera sé por qué lo intenté porque no resultó efecto, me quitó la bata que tenía puesta y se lanzó a mí cuello donde me dejó un mordisco, aparté mí cuello y él cogió mí rostro con una de sus manos.
-¿Qué pasa? ¿No se supone que es tú trabajo? Eres una puta y he venido a follar, así que, ¿a qué esperas? –le di un guantazo sin poder evitarlo, su tono había sido muy burlón y él sabía de sobra que, si no estaba bajo, es porque no podía pedirme por algún motivo… no era la primera vez que venía. Se rió entre dientes y me miró con los ojos fruncidos- La acabas de cagar, Naitiri –miró el colgante que tenía y lo cogió entre sus manos, mirándolo por unos segundos- ¿Y este quién coño es, eh? ¿Lo estás esperando, acaso? -aprisionó mis manos con una de las suyas sobre mí cabeza sin opción a moverlas, se colocó bien sobre mí pese a que me resistí como pude y ante mis gritos y demás porque alguien me escuchara comenzó a besarme invadiendo con su lengua mí boca, me tenía justo como quería; sin poder moverme y sin poder hacer nada hasta que se separase y comenzara a gritar de nuevo. Su mano libre la bajó por mí cuerpo y la metió entre mis bragas hasta llegar a mí sexo, revolviéndome por ello sintiéndome asqueada por su toque.

Ni siquiera me di cuenta de que alguien había tocado a la puerta, ni de que tampoco habían preguntado por mí… solo me di cuenta, tarde, de que la puerta estaba abierta y al mirar quién era pensando que era alguien que venía a ayudarme… el mundo se me cayó a los pies. No podía ser que Gael estuviera ahí plantado, ¿qué hacía ahí? ¿Había venido a verme? Maldije a Damien en mí fuero interno y quise matarlo yo misma por aquello… si no hubiera aparecido, Gael me habría encontrado a solas, ahora me acababa de pillar con un cliente pese a que yo no lo había deseado. Este lo miró separándose de mí y enarcó una ceja mientras lo contemplaba y yo intentaba quitármelo de encima.



-¿Qué pasa, no ves que estamos ocupados? ¿O te quieres unir a la fiesta?
–maldito hijo de puta, comenzó a reírse por ello y yo miraba a Gael rogando porque uno; me lo quitara de encima, y dos; no lo matara en el proceso. Estaba claro que podría hacerlo si quisiera sin ningún esfuerzo, aproveché que estaba la puerta abierta y llamé a uno de los guardias que había contratado la Madam, porque no quería meter a Gael en esto, y mientras yo me liberé de su agarre ahora que estaba más distraído mirando a Gael que centrado en mí, porque al parecer este… no reaccionaba parado en a puerta.


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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Gael Lutz el Miér Jun 22, 2016 6:22 am

Mis ojos no podían creerse lo que estaban presenciando. Naitiri bajo el cuerpo de un hombre, el cual tenía la mano metida entre sus bragas. Hice una mueca, sabía que esto podía pasar, quizás era esto lo que me quería advertir la chica del bar de abajo. No debería de haber subido, pero Naitiri no tenía cara de estar pasándoselo nada bien, más bien al contrario. La cara que puso al verme fue de asombro y de enfado. ¿Enfado conmigo o por el hombre que tenía encima? Quizás este estúpido le fuese a pagar mucho mejor que lo que le pagué yo la primera vez que estuve aquí... Dudé, no sabía si darme la vuelta o partirle la fea cara al hombre, el cual se incorporó nada más verme.

Apreté la mandíbula al escuchar su estúpida pregunta. ¿De verdad? Menos mal que no traía armas encima, porque de haber traído alguna daga, seguro que ya tenía una entre las cejas. Di unos pasos hacía delante, dejé la botella de vino y las copas en el suelo, me quité el abrigo, dejándolo al lado de donde había colocado la botella y las copas. Suspiré y miré al chico, el cual estaba un poco más apartado de Naitiri, y mantenía su vista completamente fija en mí. ―Claro que quiero unirme. Naitiri es una cortesana que siempre tiene ganas de más... ¿No se le ve en la cara?― Desvié mi mirada hasta ella, y la miré enfadado, para después acercarme lo más que pude hasta el tío. Cuando lo tuve lo suficientemente cerca, le propiné un puñetazo en toda la cara. Pude escuchar el sonido que hizo su nariz al romperse y ver como la sangre comenzaba a brotarle. Hice una mueca, me había dolido.

Vuelve a ponerle las manos encima y te prometo que no vuelves a ver la luz del sol. ― Gruñí, estaba enfadado. ¿Quién cojones se creía? Se veía a la legua que Naitiri no quería estar con él, seguro que ni siquiera le había pedido permiso para abalanzarse sobre ella y tocarla. El hombre se levantó y se abalanzó sobre mí, gritándome como un loco, diciendo que me iba a arrepentir por lo que acababa de hacer. Nos caímos al suelo y sujeté sus manos como pude, hasta que un hombre vestido completamente de negro apareció y agarró al hombre, llevándoselo consigo. Me incorporé y cuando se fueron, cerré la puerta dando un portazo. Me quedé unos instantes con los ojos cerrados sin girarme, dejando que el corazón volviera a su latido normal.

Me di la vuelta para poder mirarla, se estaba levantando de la cama, donde se había quedado quieta al ver todo el espectáculo que habíamos dado. Miré al suelo, estaba enfadado con ella, decepcionado... Pero sobre todo dolido conmigo mismo. Estaba pasando lo que tenía que haber pasado hacía mucho tiempo, tenía que abrir mis ojos y quitarme la venda que tenía encima de ellos. Lo nuestro no podía ser. No podía ser que me empezase a enamorar de una cortesana. Había odiado a mi madre por realizar este trabajo y ahora estaba amando a una. Apreté los puños. ―Dime que no te ha hecho daño, porque como te lo haya hecho bajo y le mato.―Cogí la botella y las copas del suelo, dejándolas encima de la mesa. Se me habían quitado las ganas de beber vino y de estar aquí con ella... En cuanto me dijera que estaba bien, me iba a marchar. Había sido una auténtica tontería el venir.





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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Jun 22, 2016 8:30 pm

Había odiado a Damien desde el primer día que lo había conocido, de hecho, no era la única que lo odiaba… podría decirse que todas las que lo habían conocido tenían ese mismo sentimiento. Era uno de los peores clientes que pasaban por el burdel y todas estábamos deseando que hiciera algo para liarla y que no pudiera volver a entrar más… no se le podía negar la entrada a un cliente así por que sí, tenía que haber un motivo válido para vetarle la entrada. Aunque por supuesto ninguna quería que lo que tuviera que pasar, fuera con alguna de las chicas… pero parecía que, aquella noche, me había tocado a mí.

Estaba marcando su sentencia para no poder volver más, porque sabía que si se lo contaba  la Madam esta me creería sin problema alguno y ya sería suficiente. Porque si no hacía algo para quitármelo de encima y poder llamar a alguien… aquello iba por mal camino. Sabía que era un hombre que no tenía reparo alguno y, sin embargo, no había podido contenerme al darle el guantazo sabiendo que lo iba a encender más… pero me había ofendido, y me daba igual lo que me dijera la Madam. Él sabía que no podía estar ahí y entrar como le diera gana y se estaba saltando las normas como él quería… y no lo podía permitir.

Iba a pagar las consecuencias de ello y lo estaba viendo venir, había pasado por situaciones parecidas a esa en mí vida y sabía que iba por mal camino. Era más fuerte que yo pero no por ello iba a dejar que hiciera lo que quisiera conmigo y tenía que zafarme de su agarre como fuera. Pero lo que jamás llegué a pensar… es que la persona que entró por la puerta fuera precisamente Gael, y que me viera de aquella manera. Solo me di cuenta cuando esta ya estaba abierta y el mundo se me vino abajo al cruzar su mirada con la mía.

Al menos su aparición hizo que Damien se centrara más en él que en mí por lo que al menos quitó su mano de mí sexo pero sin soltar todavía el agarre que tenía en mis manos, mientras miraba a Gael y decía aquellas palabras para luego reírse, como si fuera un chiste lo que había estado contando. Me dio asco, me dieron ganas de poder matarlo yo misma si hubiera tenido la fuerza necesario y hubiera sabido hacerlo… total, nadie notaría que faltaba en el mundo y a este le hacía un gran favor. Era un hijo de puta con mayúsculas, y se estaba jactando del momento.

Las palabras de Gael hicieron que alzara primero una ceja ante la respuesta afirmativa, seguramente, lo estaría diciendo a broma porque había dejado las copas y la botella en el suelo, junto con la chaqueta, y quería pensar que lo estaba haciendo para que Damien pensara que no era una amenaza. Su continuación a sus palabras y su pregunta retórica como si él mismo se la hubiera contestado, sin saber porqué, me produjeron un malestar general que recorrió mí cuerpo. Me miró durante unos segundos, que fueron suficientes, para hacerme ver que estaba realmente enfadado… ¿conmigo, o con la situación en general? No sabría responde a esa pregunta y quizás ambas fueran la respuesta.

Estaba claro que había venido con la intención de verme, ¿sino, porque estaría aquí y precisamente con una botella de vino y dos copas? Para una vez que se le ocurría venir, después de la primera vez, y sin venir borracho se encontraba con todo lo que sus ojos estaban viendo. Aunque no sabía porqué había venido, a mí entender, le había dejado claro que prefería no verlo en el burdel porque no quería considerarlo un cliente, de hecho, ya le había dicho que no era tal para mí. ¿Quizás, habría venido solo porque tenía ganas de verme… y nada más?

Quise decirle algo y replicarle por sus palabras, aunque estas se habían quedado mudas en mí garganta desde el mismo momento en que lo descubrí en la puerta. Y lo que pasó a continuación… sucedió tan rápido que apenas me dio tiempo a asimilarlo. Un acercamiento, un movimiento rápido, el ruido de un puño estallar contra la cara de Damien quien cayó al suelo del puñetazo liberándome de él, la amenaza de Gael, gritos y otro ruido más… esta vez, de los dos cayendo al suelo. Me incorporé en la cama, libre de él, y cuando quise moverme vi a Markus aparecer por la puerta y no me lo pensé. Le señalé a Damien con el dedo y no tardó en quitarlo de encima de Gael llevándoselo mientras este seguía gritando, con la nariz llena de sangre, y desapareciendo por la puerta. Una que cerró Gael de un portazo y que me hizo dar un pequeño bote sentada todavía en la cama, asimilando lo que acababa de pasar.

Jamás habría querido que Gael me viera en una situación como aquella, no por la situación en sí, sino porque nunca había querido que algo como lo que acababa de ocurrir pasara. De alguna forma siempre había temido que él entrara por la puerta mientras estaba con algún cliente y era justamente lo que había pasado. Se giró mientras yo me levantaba, me miró apenas unos segundos, y agachó su mirada para pasar a recoger las copas y la botella dejándola sobre la mesita. Sus palabras me enviaron un escalofrío y no dudaba que pudiera llegar a matarlo, así que llevé mis manos detrás de mí espalda… tenía las muñecas marcadas por la presión que había ejercido y, en verdad, era lo único que me dolía.


-Yo… no… no me ha hecho nada, estoy bien –me mordí el labio por aquello, era totalmente mentira, aunque no le iba a decir la verdad. Me había dolido su agarre pero también me había dolido el trato que me hizo recordar una época pasada… pero no era el momento de decirlo. Lo que sí hice fue mirarlo parado delante de mí, maldición, había tenido tantas ganas de verlo y lo había echado de menos muchísimo… quería contarle tantas cosas que había pasado en el tiempo que no nos habíamos visto que, sin embargo, no me atreví a hacerlo. No veía que era el momento de hablar de mí padre, ni del miedo que había pasado con Alessia… de lo que tenía ganas era de abalanzarme sobre él, abrazarlo y dejar mí rostro en su cuello para intentar calmarme, notaba que el corazón iba a salirse del pecho y dejarme envolver por su esencia me calmaba.

Apenas nos separaban siete u ocho pasos, y aunque deseaba con todas mis fuerzas hacer lo que había pensado, parecía que había un abismo que nos separaba el uno del otro. Jamás en todo el tiempo que lo conocía había notado tanta indiferencia por su parte, y ahora ni siquiera era capaz de mirarme más de dos segundos seguidos y mantenía su mirada agachada en el suelo como si fuera lo más interesante. Y me dolió, me dolió mucho aquel comportamiento que estaba teniendo… y temí lo peor. Ni siquiera se había acercado a mí, ni… nada, solamente se había girado y mirado al suelo como si yo no estuviera en la habitación.


-Gael –lo llamé mirándolo esperando una respuesta por su parte, acoté finalmente la distancia que nos separaba y me quedé delante de él dejando un pequeño espacio entre ambos. Seguía sin levantar la mirada hacía mí y me estaba matando su comportamiento, ¿qué le estaba pasando? Era cierto que lo había visto algo más alicaído cuando lo vi en la puerta, y no sabía el motivo. Pero no podía quedarme quieta y esperar a que se marchara sin más… quería que hablara conmigo y que me dijera qué le estaba pasando- ¿Estás bien? ¿Qué es lo que ocurre? –yo misma tenía miedo de esa respuesta pero quería saber qué era lo que le estaba pasando por la cabeza, y se podía notar con claridad que estaba bastante enfadado. El hecho de que siguiera sin mirarme me estaba carcomiendo y matando por dentro, ¿por qué no podía hacerlo? Me gustaba ver cómo aquellas orbes azules me contemplaban y el que no lo hiciera… era una mala señal- Mírame –harta de que no me mirara yo misma llevé una de mis manos a su mentón y levanté su rostro, fue en ese preciso momento en que mis ojos se fijaron en la marca que tenía en su cuello y que hasta el momento no me había fijado. Se podía ver con bastante claridad y podía verse lo morado que estaba, lo fea que pintaba y… ¿qué era aquello? ¿Marcas de…? Lo miré, frunciendo el ceño por aquello porque como fuera lo que estaba pensando me iba a molestar mucho- ¿Qué demonios es eso? –Señalé la herida en su cuello con la cabeza para que supiera de qué estaba hablando mirándola más detenidamente, quizás no lo pregunté con la sutileza que debiera, pero me había molestado mucho ver esa marca en su cuello… no era tonta, y sabía lo que podía significar. Cocinando uno no podía hacerse ese tipo de moratón, y mucho menos, aquella herida.


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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Gael Lutz el Jue Jun 23, 2016 6:18 am

Aunque la puerta estuviese cerrada, aún se podía seguir escuchando los gritos y amenazas del hombre. Decía cosas como "Voy a acabar contigo", "No sabes a quién has pegado", "Desearás estar muerto" y un largo etcétera. Lo que él no sabía es que yo había muerto hacía mucho tiempo... Y para recordarlo me había servido el día de hoy. Estos meses con ella habían sido maravillosos, había conocido a una mujer que brillaba con luz propia y me hacía brillar a mí también, me había hecho sentir vivo... Pero no podía ser. Llevaba ya tiempo rumiando todo esto, incluso se lo había dicho. No podía soportar su trabajo, si ya me dolía el imaginármela con otros hombres, el haberlo visto me había fulminado. Esto no podía ser. No podía...

Me alivié al escuchar que estaba bien, al menos había entrado a tiempo y aquel hombre no le había violado. Apreté los puños, pensaba perseguirlo hasta el fin de sus días. Continué sin mirarla. ¿Qué podía decir? Tampoco quería fingir que todo estaba bien, porque no era verdad. Esto se había acabado. Escuché como pronunciaba mi nombre y continué mirando al suelo, aunque también le vi los pies. Me preguntó que era lo que me pasaba. ¿De verdad lo quería saber? Ya debería saberlo. Muchas veces le había dicho que dejase su trabajo, que era un hombre celoso... Dios, no sabía hasta ahora que la quería. ¿Qué me pasaba? No podía enamorarme de una cortesana... No era justo para mí. ―Nada. Solo he venido a por Mordekai. ¿Lo tienes ya?― Dije serio, dejando claro que no había venido a verla a ella, aunque esa historia se desmoronaba al haber traído una botella de vino. Estaba claro que había venido a verla a ella, a pasar un rato agradable juntos...

Elevó mi mentón con sus manos y no me quedó más remedio que mirarle a los ojos oscuros, quienes intentaban atravesarme para poder comprender mi comportamiento. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué estaba enfadado porque la había visto con otro hombre pese a saber a qué se dedicaba? ¿Qué me molestaba porque la quería? ¿Que ahora mismo me daba repulsión? Esto mismo había sentido por mi madre, la había alejado de mí al saber que tras la muerte de mi padre se unió a esta profesión. Hice una mueca al escuchar su última pregunta y ver como señalaba a mi herida del cuello. Me llevé la mano hasta la herida y la toqué, se podía discernir perfectamente los agujeros de los colmillos. ―La chica no se pudo controlar, le di duro. No te haces una idea de como gritaba... Como una perra. Como tú.― Sonreí pícaro, como si fuese la mayor verdad de todas y hubiese disfrutado como un auténtico cerdo al haberle dado duro a una mujer imaginaria. Y sí, el como tú lo dije aposta, dejando escapar la rabia que sentía en estos momentos con ella, quería apartarla de mí inmediatamente, iba a coger a Mordekai y a marcharme para no volver nunca más a este podrido lugar... Nunca debería de haber venido cuando Thomas me habló de ella. Nunca.





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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Naitiri Zahir el Vie Jun 24, 2016 9:53 am

En el momento en el que nos quedamos los dos solos en la habitación pude notar como el ambiente había cambiado de forma drástica, se notaba con claridad aunque yo quisiera no pensar que aquello que estaba sintiendo era cierto. Porque lo que Gael estaba transmitiendo, solamente quedándose parado sin mirarme, no era algo positivo ni que me gustara. El calor que siempre le había caracterizado y que había notado cada vez que estábamos a solas, en aquel momento, no lo encontraba por ninguna parte.

Notaba una frialdad por su parte que hasta la vista no había visto y mucho menos, que yo fuera la receptora de aquella frialdad. Apenas me miraba y su vista estaba centrada todo el rato en el suelo como si yo no estuviera en la habitación, como si yo no estuviera delante de él o… como si no quisiera ni mirarme. Y era precisamente lo que hacía, solamente me había mirado un par de segundos cuando se había girado y… nada. Ni una palabra, ni siquiera me había llamado por mí nombre, ni por mí apellido… tan solo una simple y sencilla pregunta de si estaba bien. Nada más.

Harta de que no hiciera ni dijera y sin poder aguantar que estuviera así decidí acercarme quedando una distancia de él. Era una distancia corta, apenas nos separan un par de pasos, y sin embargo… sentí que estaba más lejos de mí que nunca. Y los temores que siempre había sentido desde un principio cuando nos vimos en la feria… cobraron más fuerza que nunca. Siempre había temido que, precisamente, por lo que hacía se alejara de mí… miedos que con el paso del tiempo y el hecho de quedar más veces con él se habían disipado. Y que ahora, sin siquiera él decirme nada y viendo su actitud habían vuelto a la carga. Y con más fuerza que nunca. Y temí lo peor, temí que por aquello pudiera perderle y… parecía, que era lo que iba a pasar.

Alcé una ceja ante su respuesta de qué le pasaba cuando dijo que nada, y que solamente había venido a por Mordekai. Era cierto que ya debería de habérselo dado pero complicaciones imprevistas habían hecho que lo tuviera yo más tiempo. Sin embargo, sabía que aquello no era del todo cierto. No había venido solamente con la intención de venir, solamente, a por Mordekai… la botella de vino y las copas eran suficiente prueba de ello. Había venido también para verme a mí y aunque la idea me hubiera gustado, de no haber pasado nada, ahora mismo odiaba el hecho de que se le hubiera ocurrido. Además, ¿por qué narices había venido? No quería que Gael tuviera nada que ver con mí relación el burdel y pensaba que ya se lo había dejado bastante claro.

Agarré con una de mis manos el colgante que llevaba al cuello y me mordí el labio, debatiéndome entre decirle algo o no. Me estaba matando por dentro con su actitud y me habían lastimado sus palabras, como si no quisiera tener nada conmigo en realidad hablando de una forma tan seria que hasta por un momento lo creí, si no hubiera visto la botella de vino y las copas.


-Claro, y por eso has venido con una botella de vino y dos copas ¿verdad? No sabía que Mordekai bebiera –no pude evitar que la ironía impregnaran mis palabras, ¿por qué se empeñaba en hacerme ver algo que sabía que era mentira? No lo sabía pero lo que sí sabía es que empezaba a sentir como parte del dolor que sentía comenzaba a mezclarse con algo de rabia, me estaba doliendo y hastiando su comportamiento conmigo cuando yo no había hecho nada, y no sabía hacia a dónde nos iba a llevar todo esto… pero no tenía buena pinta- ¿Una fiesta a tres, quizás? Como siempre tengo ganas de más… -sí, mis palabras habían sido mordaces  con toda la intención del mundo. Me había molestado, y mucho, el comentario que había dicho cuando estaba Damien y su actitud para conmigo esta propiciando que yo también actuara de esa forma.

Harta de que no me mirara y tuviera su vista fija en el suelo levanté su rostro por el mentón para poder verle la cara y mirarlo a los ojos… y lo que encontré en ellos no me gustaron. Había una frialdad detrás de ellos que me produjeron un escalofrío y la forma en que tenía de mirarme… de aquella forma, me dolió. No eran como las miradas que yo recordaba de él, jamás en el tiempo que lo conocía lo había visto mirarme de aquella forma y dolía como no había llegado a imaginar. Si su mirada me produjo aquello en cuanto mis ojos se fijaron en la herida… fruncí el ceño. No había caído hasta ahora de la herida que llevaba en el cuello, incluso desde donde estaba, podía ver que no era una herida normal y corriente… sino una muy distinta, una que no se producía de cualquier manera.

Le pregunté qué era aquella herida aunque en el fondo sabía perfectamente lo que era, las marcas que tenía en el cuello y que se distinguían sin ningún tipo de problema hablaban por sí solas. No sería una experta en el tema, pero sabía diferenciar después de saber lo que sabía que esas marcas solo te las podía hacer una criatura; un vampiro. La decepción comenzó a recorrer mí cuerpo en cuanto supe lo que era y lo que habría pasado… me había dicho que no saldría de caza, y sin embargo, sabía que no era cierto. Me hizo una promesa y la había roto de forma deliberada.

Pero si eso me había decepcionado para lo que no estaba preparada, ni lista, fue para su respuesta. Aquello me heló por completo sintiendo como un remolino de emociones se mezclaba en mí interior; rabia, ira, odio, decepción, y dolor… mucho dolor. Algo dentro de mí cambió de forma radical, algo se quebró por dentro ante sus palabras que aunque sabía que no eran ciertas… no pude evitar que se clavaran como mil agujas en mí pecho. Por un momento sentí como que él tenía mí corazón en un puño, y lo había aplastado sin contemplación ninguna reduciéndolo a cenizas y a polvo.

Sentía cómo la palma de mí mano derecha me picaba al ver la sonrisa que traía tras decir aquellas palabras, y antes de que siquiera me diera cuenta, mi mano había cortado el aire y se había estrellado en su rostro dándole una sonora bofetada, con toda la rabia del mundo, que hasta me hizo daño cuando se la di. Mi respiración era algo errática y sentía como comenzaba a derrumbarme por dentro, aunque no quisiera que se notara e iba a ser imposible. ¿Por qué me ofendía de aquella manera? ¿Por qué me había sentido tan mal ante sus palabras? Sabía que aquel hombre iba a ser mí perdición, pero no sabía que lo iba a ser tanto… y muy tarde, me di cuenta de lo que realmente significaba para mí. Algo que había sabido siempre y que nunca me había atrevido a reconocer… hasta ahora.



-No vuelvas a insultarme en lo que te resta de vida, Gael, o un guantazo será la menor de tus preocupaciones –sabía que amenazarlo no tendría sentido, serían palabras vanas puesto que él podría conmigo… pero no había podido evitarlo. La rabia, el odio y el dolor se podían distinguir en mis palabras y aunque seguramente me habría hecho yo más daño que él al pegarle se lo tenía merecido. Me conocía lo suficiente para saber cómo era y, aquel insulto tan gratuito, no se lo iba a dejar pasar por alto. Y me había dolido en el alma tener que hacer que aquello, pero sin motivo aparente, no iba a dejar que me humillara de aquella manera- ¿Te crees que soy idiota? –le miré con la rabia en mis ojos y dolida por su mentira, no esa, sino la promesa que me hizo en su casa- Puede que no sepa mucho de ese mundo pero sé que esas marcas son de colmillos. Me mentiste ¿y piensas que esa excusa iba a colar? –Reí de forma sardónica mientras el dolor todavía seguía patente en mí interior- Tan sólo eres un cabrón mentiroso… como todos los demás. Haces una promesa y no te cuesta nada romperla… qué equivocada estaba contigo –negué con la cabeza unos segundos, y lo miré de forma fría. Se había acabado, todo, en un momento lo habíamos tirado todo por la borda y aunque me dolía muchísimo más de lo que él jamás llegase a pensar… no iba a derrumbarme delante de él. Jamás.– Ahora veo el valor que le das a las cosas; me prometiste que no ibas a salir de caza y sin embargo, tu cuello te delata. ¿Algo de todo lo que me has dicho era cierto, o todo era mentira? –la rabia me consumía por dentro, y quería devolverle parte de lo que él mismo me había hecho sentir- Podré ser lo que tú quieras,  pero aquí estás. No soy yo la que vuelve a por más. El único perro que veo aquí… eres tú –y sí, yo también escupí aquellas palabras tal cual lo había hecho él. Me tachaba de algo que, realmente, no era en el sentido de la palabra… pero sin embargo, era él quien volvía a por más. Sobre todo cuando sabía mí situación y el por qué estaba allí. ¿Quería atacarme por ahí? Pues que sufriera las consecuencias de ello. Aunque sintiera que iba a derrumbarme en cuanto se marchara… delante de él, jamás se lo haría saber. Me estaba rompiendo en mil pedazos, pero lo aguantaría tan bien como pudiera.  


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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Gael Lutz el Lun Jun 27, 2016 12:49 pm

Mordí mi labio, me sentía completamente incómodo en esta habitación, los recuerdos venían uno a uno. Una puerta que se abre, su pelo cayendo en cascada por sus hombros sobre la bata negra, sus labios, su cara, sus ojos. Esos ojos que me atravesaron desde el primer momento y pude sentir lo que era arder por dentro. El perderme en su cuerpo la primera vez, la segunda, la tercera... Había conocido un paraíso que me había hecho sentir cosas nuevas, cosas que creía que ya no iba a poder sentir. Su risa, sus preguntas curiosas, su vida, su historia. Todo me atraía hacía ella como una luz atraía a las polillas... Pero como ellas, me había acabado quemando y aquí estaba, quitándome la venda de los ojos que me había impedido ver bien la realidad. El amor nos hace ciegos y tontos.

Suspiré ante su comentario sarcástico, no iba a dar mas vueltas al asunto de mordekai, vi como se tocaba el colgante de plata que llevaba al cuello y tendí mi mano. No quería quitárselo, si tocaba su suave piel iba a volver a perderme en ella y a olvidar todo esto, cosa que no podía hacer, no podía dejarme engañar de nuevo. ― ¿Me lo das?

Puse los ojos en blanco, mi comentario a Damien le había picado, le había hecho enfadarse aún más. Pero no me iba a disculpar por eso, había sido un comentario para que ese desgraciado no tuviese tiempo a dudar de mi y golpearme él primero, en mi situación quizás el que hubiese acabado sangrando hubiera sido yo. Alcé una ceja y negué con la cabeza, completamente decepcionado con ella. Sí se creía que lo había dicho enserio, estaba muy equivocada, pensaba que ambos nos conocíamos lo suficientemente bien... pero... Ahora tenía mis dudas.

Mi cara se giró en dirección contraria a la mejilla en la que Naitiri me acababa de golpear. Me ardía la cara, seguramente tuviese plasmada su mano en la mejilla y a ella le debía de haber dolido la mano. Pero me la merecía. Mis palabras habían sido para hacerle daño y lo había conseguido. Comencé a reírme, no sabía si de verdad me hacía gracia esta pelea o era de puro nerviosismo. Escuché atento su amenaza. ¿Enserio? Estaba enfadado, pero preferí no caer en su juego y amenazarla yo también y mucho menos, ni siquiera se me ocurrió devolverle el golpe, al menos ella no me tiraba jarrones a la cabeza.

Me quedé quieto en el sitio mientras ella liberaba toda la frustración, la rabia, el odio que en estos momentos sentía por mí y mantuve mi mirada fija en ella. Sus ojos me odiaban como nunca antes lo habían hecho. Y dolía, joder sí dolía. Tragué saliva cuando terminó, ahora era mi turno de hablar. ―Sé que la he roto, pero tenía que hacerlo. Estaban en juego muchas vidas, pero tranquila, no fue nada. ― No quise decirle que si no llega a ser por Jane, ahora mismo yo ya no existiría. ―Todo lo que te decía era cierto, Naitiri. Nunca te he mentido.― Cerré los ojos intentando controlar la respiración y el pulso de mi corazón, porque me latía como un loco. Sabía que la íbamos a perder. ―Y si, había venido a verte. Quería ver como estabas, contarte cosas, contarte esto. `― Me señalé la herida del cuello. ―Pero ya veo que no puedes mantener las piernas cerradas. ¿Lo ibas a dejar no? No creo que cueste tanto pedirme ayuda para conseguir el dinero que te falta para pagarle a la Madam y que te de la libertad. Quizás es que no quieres. ¿Es eso no? Seguro que te encanta que babosos se mueran entre tus piernas. Así podrás elegir algún día otro idiota como yo que te lo de todo. ¿Pero tu que das Naitiri? Nada.― Escupí las palabras, estaba fuera de mis casillas. ―Creí poder ayudarte a dejar esto. Pero no. Pobre de ti. Sólo conoces esto, desde bien pequeña... Mejor malo conocido que bueno por conocer ¿No?― Me aparté de ella y me serví una copa de vino. Ya que la había comprado, la iba a usar. Me quedé de pie, mirando por la ventana. La tormenta caía sin parar... Me giré. ―Eres igual que mi madre.― Dije con asco y bebí del vaso, sin apartar mis ojos de hielo de ella.





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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Naitiri Zahir el Mar Jun 28, 2016 8:51 am

Sentía como todo se estaba derrumbando poco a poco a mí alrededor, además sentía que la frialdad que él estaba desprendiendo hacia mí yo la recogía, y a su vez, la mía también salía a flote y se centraba en él también. No era que uno comenzara y el otro lo parara, no, ambos nos estábamos acusando y echando cosas en cara que quizás llevábamos tiempo pensando, o siempre lo habíamos hecho, pero nunca habíamos dicho nada. Y lo sabía, no había que ser demasiado lista como para darse cuenta de ese detalle.

Y dolía, dolía mucho. Sentía que algo en mí interior se iba rompiendo poco a poco, como si fuera una pequeña herida que a cada palabra que decía, cada vez que me miraba de esa forma, se hacía mucho más grande y profunda. Otra cicatriz más que quedaría patente y que no sabría cuándo podría cerrar… porque lo presentía, al igual que la que llevaba arrastrando tanto tiempo esta también tardaría de curar. Y tenía que cerrarla, fuera como fuera, no podía dejar que su marca perdurara demasiado o estaría acabada.

Miré la mano que extendía pidiéndome que le diera a Mordekai, sin embargo, no había respondo a mis palabras y no sabía si me alegraba aquello o por el contrario me daba más rabia el que no lo hiciera… los sentimientos se mezclaban en mí interior, en una vorágine de sensaciones a cada cual más dispar, pero ahí estaban. Mí mano estaba justo en el colgante y, por un momento, me dieron ganas de no dárselo y quedármelo… pero no tendría mucho sentido.

Lo que sí hice, antes de dárselo y tras escuchar sus palabras hirientes que se habían clavado como agujas en mí pecho, fue darle un sonoro guantazo que hasta me hizo daño de lo fuerte que se lo había dado. Me alegré en aquel momento de no haberle dado a Mordekai todavía, porque de haberlo hecho estaba segura de que lo habría esquivado y esa no era mí intención. Aún con la palma picándome por el golpe sonreí al verle mí mano estampada en su mejilla, recuerdo de que le había dado. Seguramente le estaría doliendo, pero se lo merecía con creces. La risita que profirió tras darle el guantazo me enervó aún más de lo que estaba y me dieron ganas de darle otro… pero me supe controlar. Lo estaba odiando por momentos un poco más, algo que jamás pensé que llegaría a pasar pero… aquí estábamos.

Llevé mis manos al cierre de la cadena y lo abrí para quitármela esperando a que extendiera de nuevo su mano para dárselo, ya que la otra vez me había negado sin decir palabra alguna a dárselo. Cuando extendió su mano mis manos cogían la cadena cerca del broche, y en cuanto el colgante tocó sus manos lo solté dejando que cayera el resto por su propio peso. Así no había pensado ni imaginado que sería cuando se lo diera… pero así eran las cosas.

Volvió a hablar de nuevo y con cada palabra, otra vez, la decepción, la ira, el odio y la frustración me recorrieron entera. Sus palabras eran hirientes y tan cortantes como pequeñas dagas que se iban clavando por todo mí cuerpo. Sentía que estaba a punto de derrumbarme, pero sin embargo, saqué fuerzas de donde no sabía que tenía e intenté reponerme. El odio, la ira y el resentimiento me impedían derrumbarme y dejar que dijera todo lo que quería por su boca y yo quedarme callada. El orgullo me impedía también dejarme ver dolida y a punto de estallar… y devolverle todas y cada una de sus palabras.

Esto ya no se trataba del pequeño incidente que había pasado cuando él había llegado, había un trasfondo detrás que parecía que había estado a la espera de salir a flote… y había encontrado la oportunidad idónea. Y yo, al igual que él, no iba a quedarme callada ni mucho menos, sentía que iba a explotar si no hablaba y a esas alturas ambos nos habíamos tomado ciertas licencias que nunca habíamos mostrado, al menos, delante del otro. ¿Qué nunca me había mentido? Otra mentira más que añadir a la lista, lo había hecho, y no sólo una vez.


-¿Qué nunca me has mentido? ¿Y el no salir a cazar sin Mordekai? ¿Y el haber venido sin la intención de verme, qué Gael, no son eso mentiras también? –sabía que no podía con ellas y la rabia me consumía por dentro. Odiaba que me mintieran en todos los sentidos, no podía con ellas, había tenido suficiente en mí vida de ellas y no quería que nadie volviera a mentirme de nuevo. Escuché sus palabras que dolían como mil demonios y me mordí el labio apretando y cerrando mis manos en un puño. Arremetía de nuevo contra mí y, esta vez, sobre mí profesión y el que estuviera ejerciendo. Me dolió que me atacara por ahí de aquella manera cuando él sabía lo que pasaba con aquel tema, después de contarle mí historia, y saber que no había tenido ni voz ni voto en aquello- ¿Contarme qué, exactamente? ¿Qué habías salido a cazar rompiendo una promesa de forma deliberada, mostrándote herido y débil para aplacar mí furia al verte tan jodido, que te cuidara y pensar que así y con dos copas y una botella de vino se iba a solucionar? Patético  -porque no encontraba otras palabras para definir aquello. Y era cierto, se le veía muy jodido y me había preocupado… pero ¿ahora? No, ahora ya no. Mí orgullo me impedía dejar que sus palabras o su estado me ablandaran, no más. Le odié más que nunca por sus palabras echándome en cara que iba a dejarlo cuando sabía que quería dejarlo, pero que no era fácil, y que era lo que yo quería. Fruncí el ceño y sentí como iba a hacerme sangre en las palmas de la mano como siguiera apretando con fuerza- ¡Claro que lo pienso dejar! Pero, ¿qué pensabas, qué iba a dejarlo por conocerte a ti y por tu cara bonita? –Reí de forma sarcástica- No seas cínico. Además, ¿quién te crees que eres? No somos nada Gael, y no eres nadie para tener que exigirme que deje el trabajo o cualquier otro aspecto de mí vida –quizás sí llegué a pensar que podríamos ser algo, pero ahora aquello lo acabábamos de eliminar de un plumazo, sin contemplación alguna- Pensé que tú mejor que nadie entenderías que quisiera ser libre por mí misma sin tener que depender de otros, llevo toda mí vida debiendo algo a la gente y no quería deberte nada a ti también. Me alegro de no haberte pedido nada, no quiero tener que deberte absolutamente nada y que me lo eches en cara… aunque seguramente lo habrías terminado haciendo igualmente, ¿verdad? –hice una leve pausa cogiendo aire y tratando de respirar con normalidad. La conversación estaba subiendo de tono y notaba que no iba a poder aguantarlo, pero debía de ser fuerte.

Lo miré sin creerme del todo lo que acababa de decir a continuación, abrí mi boca un poco ante ello pero me recompuse enseguida, la cerré y cerré al mismo tiempo los ojos. Rogué por paciencia y fuerza para poder aguantar aquello, porque sino, esta vez no iba a darle otro guantazo bien fuerte y merecido… esta vez emplearía otra parte de mí cuerpo que, estaba segura, a mí me dolería menos y a él podría dejarle durante unos segundos sin respiración. Porque sí, me dieron ganas de hacerlo, de acortar la poca distancia que nos separaba y darle como bien se merecía por sus palabras… sin embargo, no sé cómo, me contuve y negué con la cabeza. Que dijera que disfrutaba con aquello me había matado por dentro, me había vuelto a romper de nuevo.



-Oh sí, me encanta que desconocidos toquen mí cuerpo y hagan conmigo lo que quieran… vivo por ello –lo miré con odio y rencor en los ojos- Has dado justo en el clavo; me encanta ver cuando mueren entre mis piernas. Como mueres tú cada vez. Una fue justo aquí –le escupí porque, mucho me decía pero no era mejor que ellos- Es tan fácil elegir a un imbécil que quiero ponerle algo de emoción cada vez que pasa. Y tú Gael… -me mordí el labio, como si estuviera disfrutando con aquel pensamiento y mis palabras, con la frialdad todavía que desprendía en cada una de ellas- Tú no caíste… tú solito te hundiste. Sólo tuve que seguirte el juego, las palabras indicadas, las acciones indicadas… y caíste. El que más, he de admitir –no era cierto, daba a entender que todo había sido un juego para mí pero distaba mucho de haberlo sido. Me callé ante la mención de que yo no daba nada, cuando no era cierto, me había entregado por completo a aquel hombre que tenía delante, uno que creía conocer pero que parecía que no conocía en absoluto- ¿Qué no doy nada? Me acusas de que no doy nada pero tú no distas mucho de ello. –Me enfureció más de lo que estaba esa acusación, cuando sí que le había dado… aunque parecía que eso para él no contaba- Alardeas de que lo das todo, sin embargo, no me has dado nada. Es muy cínico por tú parte acusarme de algo que tú tampoco has hecho –me mordí el labio, haciendo una leve pausa- Pero, ¡¿qué no te he dado nada?! ¡Te entregué mí alma, maldito imbécil! ¡Te di aquello que nadie más había tenido ni tocado de mí! –le empujé, dos veces, en el pecho por cada frase que le había dicho descargando parte del dolor y de la rabia que sentía por dentro. Le había entregado lo único puro que me quedaba, y en ese momento, me arrepentí de haberlo hecho. Le había dado el poder para destruirme, y lo estaba haciendo con creces- Fui una estúpida al pensar que serías diferente al resto de los hombres, ahora veo cuán equivocada estaba –aparté mi vista unos segundos y acabé riéndome por sus siguientes palabras, llevando una mano a mi pelo y apartándolo de mí rostro- El complejo de héroe se te ha subido a la cabeza. Te gustaba la idea de querer salvarme, pero sabes tan bien como yo, que lo hacías únicamente porque tus celos empedernidos te estaban consumiendo y matando por dentro, y porque tú lado dominante no podía soportar que escapara de tú control –en mí cabeza solo repetía una frase "Aguanta, no te derrumbes. Aguanta no te derrumbes" una y otra vez, como si fuera una especie de mantra que me ayudaba a seguir en pie, delante de él.

Se separó poniendo algo de distancia y lo contemplé mientras se servía una copa de vino y lo recorrí entero. Me di cuenta por primera vez de la camiseta que llevaba y mordí mí labio, había sido la misma que le había cogido en su casa… y aquello me hizo recordar aquella noche; sus miradas, sus caricias, sus sonrisas, sus besos, sus palabras, la complicidad, lo cómoda que me sentía, la sinceridad, sentirnos expuestos… y ahora, todo se había esfumado. Y nosotros mismos éramos los culpables de ellos. Sentí sus palabras llenas de odio, y de asco, y su mirada gélida clavarse en la mía… y me desarmó de nuevo. Cuando sentía que me recuperaba un poco me volvía a asestar otra puñalada. Lo miré con odio y rencor de nuevo, como lo estaba mirando últimamente aquella noche.



-Eres un maldito hijo de puta, y nunca mejor dicho –le escupí yo también, porque era totalmente cierto- Pero te equivocas; tú madre eligió ella solita entregarse a otros hombres buscando el placer que, tú padre muerto, no podía darle… eso sí que es ser una puta, realmente –estaba jugando sucio, lo sabía, pero al igual que él- Para mí desgracia yo no tengo ni voz ni voto… pero al menos yo no me escondo y me muestro tal cual soy… en cambio ¿tú? Te escondes tras una máscara ocultándote de todos, te escudas con que eres un buen hombre, que eres tan sólo un simple cocinero de un restaurante cuando por la noche muestras tú verdadera cara. Muestras quién eres realmente y no lo dices a nadie porque no quieres que conozcan al monstruo que guardas con recelo en tú interior, porque no quieres que te tachen y vean tú cara oculta… no quieres que sepan que eres un asesino –sí, mis palabras llevaban veneno impregnadas en ellas, pero quería que supiera y sintiera lo mismo que había sentido yo- Y para odiar a tú madre, y a lo que se dedicaba, bien que visitas los burdeles Gael… porque, a pesar de todo, aquí estás. Tú no eres mejor que tú madre, tan sólo eres igual que ella. –Me iba a derrumbar y lo sabía. La fachada que estaba manteniendo no iba a durar mucho más… me dolía que me dijera todo aquello, pero seguramente a diferencia de él, también me dolían mis palabras hacia él. Iba a acabar rota y descompuesta en mil pedazos, y me iba a doler como mil demonios… lo presentía. La que peor parada iba a acabar después de esto, iba a ser yo. Por él, y por mí.


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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Gael Lutz el Mar Jun 28, 2016 5:23 pm

Volví a extender mi mano una vez que la mejilla dejase de palpitar después del golpe que me había llevado. Chica lista. Si me lo hubiese dado antes, Mordekai me hubiese protegido y seguramente ella estuviese en el suelo con algún golpe en la cabeza, o mi cuerpo se habría contorsionado haciendo que el golpe se lo llevase el aire. Vi como se apartaba el pelo de su cuello y me quedé mirándolo, un cuello por el que había repartido miles de besos, miles de mordiscos…  Besos y mordiscos que ya no iban a volver a estar ahí en mucho tiempo, o quizás nunca por mi culpa. Dejó a Mordekai caer en mi mano y acaricié el colgante de plata que ella había hecho para mí. Era un colgante bonito, masculino y con mis iniciales grabadas detrás. Igual que el reloj que me había regalado Adaline. Y ya no estaba. Y ahora tampoco iba a estar Naitiri. Tragué saliva, lo apreté en mi puño para después guardármelo en el bolsillo. ― Gracias. ― Más tarde pensaba ponérmelo, de momento, se iba a quedar en el mismo sitio en el que estaba el reloj. ¿Iba a perder a todas las personas que me regalaban algo? Lo único que me quedaba ahora era Jane… Y era a la que más fácil podía perder cada noche que salíamos de caza.

Mis réplicas llenas de ira ya estaban dichas, era su turno. Turno de darme lo que me merecía, palabras hirientes, con odio, con ganas de hacer daño, con ganas de desgarrar lo que ya estaba desgarrado y hecho trozos. ¿Esto era amor? Si esto era amor yo no lo quería, no así. Nos estábamos destruyendo ambos, con reproches sacados a la luz después de un tiempo enterrados. ¿Todo esto era cierto? ¿Dónde se quedó los buenos momentos, las caricias…? ¿Todo era mentira? Mi vida era una auténtica mentira, pero había llegado a creer que ella era lo único que había real, que este sentimiento que estaba notando era lo más real que había podido experimentar en muchos años. Ya no era solamente la venganza lo que me hacía levantarme por las mañanas, también lo hacía el querer oír el sonido de su risa, sus ojos llenos de curiosidad insaciante. Alcé una ceja al escuchar sus primeras preguntas sobre las mentiras y no me podía creer que se hubiese creído que no venía a verla. ¿Damien la había dejado idiota? ―Lo de Mordekai vale. Pero tuve que hacerlo por cosas externas Naitiri. Cosas que quizás no entiendas. ¿Pero de verdad te crees que no venía a verte? Era lo único que quería. ― Le admití. Seguí escuchándola y conforme palabra que salía de su boca, más estaba alucinando y más me estaba cabreando con ella. ― No he venido a darte pena ni mucho menos. ― Yo no quería darle pena a nadie y mucho menos a ella.

Cuando pasé a hablar de su trabajo, pude ver como su ira iba aumentando. ¿Me iba a golpear otra vez? Ahora ya no podía… Comenzó a reír sarcásticamente y eso me hizo enfurecer aún más. ¿Ahora se reía de mí? Escuché sin decir ni una sola palabra, sin interrupirla hasta que terminó de soltar toda la mierda que tenía dentro por su boca. ― Es verdad, no somos nada. ― Y ya no lo íbamos a ser. Ambos estábamos conociendo el lado oscuro el uno del otro y no era nada agradable ni algo a lo que estuviese dispuesto a soportar. Esto se había acabado, nuestra amistad, nuestra atracción, se había esfumado. Las siguientes palabras me llegaron como un jarro de agua fría. ¿Solo me había seguido el juego? ¿Todo… todo había sido mentira? Pude notar como lo poco que me quedaba se rompía en mil trozos. ¿Cómo había podido ser tan estúpido? Había caído en su trampa, me había creído que de verdad sus sentimientos correspondían a los míos, cosa que no era así. ¿Había sido una broma de Thomas? Si así era, lo iba a matar. ― ¿Te lo ordenó Thomas? ¿El que jugases conmigo? ― Me sentía estafado. Le miré a los ojos, intentando perderme en ellos como hacía siempre, pero era imposible, no pude encontrar ningún atisbo de que fuese mentira todas esas cosas que me acababa de decir. Apreté los puños simplemente para que las lágrimas que se agolparon en mis ojos no cayesen, no quería que supiera que esto dolía como mil cuchillos.

¿Me devolvía la acusación? Yo le había dado todo lo que podía y sabía darle. Le había enseñado que su padre era un vampiro a sabiendas que eso podía volverse en mi contra, le había dicho quién era realmente, ahora ella podía ir, decírselo a su padre o a cualquier otro sobrenatural y yo iba a estar más muerto que matusalén. Agarré su muñeca cuando comenzó a empujarme y la miré con rudeza. ¿Ahora decía que me había dado su alma? Ya no podía creer sus palabras, se contradecía ella sola. ― No me pegues. ¿Tu alma? Tú no tienes de eso Naitiri. ¿No era todo esto un juego? Nunca te encariñes con el cliente ¿Eso no te lo enseñó la Madamme? Por desgracia a mi Thomas no me enseñó a no querer a una puta. ― Solté su muñeca, quizás le había agarrado con algo más de fuerza de lo normal, pero no me importaba en estos momentos. ― Yo también estaba equivocado contigo. ― Me reí también cuando ella terminó de hacerlo y cuando escuché sus palabras de nuevo. Asentí, en eso tenía razón. Era un celoso, me daba celos hasta el aire que nos separaba. ― Lo increíble es que nunca te has preguntado porque estaba tan celoso. ― Fue entonces cuando me separé de ella y me serví la copa de vino.

El aluvión de frases envenenadas que me lanzó cuando me alejé me hicieron volverme loco. Había llegado a un punto en el que tenía que dejar de mirarla o le iba a dar un tortazo por sus palabras. Pero las verdades dolían. Mi madre había elegido todo esto por su propia voluntad, era un hijo de puta literal, pero no por ello me merecía que ella me hablase así. Le lancé la copa de vino, que estalló al chocar contra la pared, derramando todo el vino sobre la moqueta y llenando todo de cristales. ― ¿ASESINO? ― Esas palabras me acababan por volver completamente loco. Me acerqué a ella, le di un pequeño empujón hasta que su espalda tocó la pared en la que había caído la copa. Coloqué mi pierna izquierda entre sus piernas y agarré sus manos contra la pared por encima de su cabeza. Estaba loco de ira. De aquí no iba a salir sin escucharme. ― Yo no soy quién se alimenta de otros seres humanos para seguir viviendo. Yo no soy quién te hace creer que todo es un sueño y te acecha cada noche. Yo no quiero matarte. ¿Y SOY EL ASESINO? Estás loca ¡Joder! ― Acerqué mi cara a la suya, pero me aparté cuando mi nariz rozó la suya, apreté sus muñecas con más fuerza aún y la terminé por soltar, alejándome de nuevo. El darle la espalda duró poco, pues me giré cuando había cierta distancia de nuevo entre nosotros. Aunque estuviese enfadado, estar tan cerca me trastocaba. ― No me gustan los burdeles. Me gustabas tú. ― Le mantuve la mirada unos instantes, hasta que volví a darle la espalda, me serví en la copa que sobraba y me bebí todo de un trago. Estaba por beberme la botella entera, dejar de sentir el dolor que sentía en el pecho y poder descansar en paz unas horas.





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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Jun 29, 2016 9:12 am

Me estaba volviendo loca conforme la situación se agravaba por momentos, jamás llegué a pensar que ninguno de los dos pudiéramos estar en una situación parecida, y si lo estábamos, nunca pensé que pudiera ser tan grave. Porque lo era, y mucho. Ambos nos estábamos dejando llevar de una manera y una forma descontrolada… no era como si alguno de los dos aceptara, por mucho que le doliera, lo que el otro le estaba diciendo y se lo tragara sin decir palabra alguna… al contrario, cuanto más nos decíamos más nos encendíamos y más replicábamos.

¿Cómo habíamos llegado a esto? Era una pregunta para la que no tenía respuesta, todo había empezado cuando Gael había aparecido por la puerta y me había pillado con Damien, agradecía que hubiera venido porque de lo contrario quitármelo de encima habría sido mucho más difícil, y una vez que nos quedamos a solas… el aluvión de comentarios mordaces, hirientes, envenenados y con la única intención de hacer daño había ido en doble dirección. Nos estábamos lanzando cuchillos cada vez que podíamos, y me dolía el que termináramos de esa forma. Ni siquiera habíamos podido empezar a ser algo cuando ya lo estábamos dejando… porque no era tonta, y sabía que él tampoco lo era. Si hubiéramos seguido como hasta antes y viéndonos con mayor regularidad entonces sí habríamos tenido algo.

Ahora esa opción acababa de quedar destruida de una forma bastante dolorosa, y lamentable, porque ambos teníamos la culpa de ello. Parecía como que habíamos estado acumulando muchas cosas y ahora lo habíamos sacado todo… habíamos abierto la caja de Pandora y el resultado saltaba a la vista. Y lo peor de todo, es que no habíamos terminado… aún podíamos destruirnos un poco más. Todo esto me estaba pareciendo una pesadilla y rogué para que lo fuera, despertara en mí cama, y que nada de esto estuviera pasando… pero sabía que no, el dolor que sentía en mi pecho era demasiado real, las emociones que se agolpaban en mí interior eran tan intensas como para ser solamente una pesadilla. Era muy real y era una pesadilla viviente.



-¿El qué no entendería? ¿Tú afán por ser un héroe? No, claro que no lo entiendo pero es algo que tampoco quiera entender –no iba a admitir ninguna excusa para lo de Mordekai, quizás si habría venido con la intención de explicarme qué era lo que había pasado pero en esos precisos momentos no tenía ganas de que me dijera nada. Absolutamente ninguna gana. Había admitido algo que ya sabía, que había venido con la intención de verme… y lo odié por ello. Le había dicho muchas veces que prefería que no fuera al burdel a verme, primero para evitar cosas como estas, y segundo porque no quería que mi relación con él tuviera que ver nada con el burdel… quería que, lo que tuviera que pasar entre los dos, fuera lejos de aquel ambiente. Ahora el mismo sitio que nos había hecho cruzar nuestros caminos… lo iba a separar de una forma devastadora- Maldita sea, ¿por qué has tenido qué venir? Te dije muchas veces que no te quería en mí lugar de trabajo… pero no lo puedes evitar, ¿verdad? Nunca dejaste de considerarme la cortesana que soy –porque, sino, no entendía porque a sabiendas que de que no quería verlo allí, y de que no le gustaba que ejerciera, aún así siguiera viniendo.

Me dolió que me acusara de que no quería dejar el trabajo y el que lo disfrutara cuando no era cierto y era todo mentira. Sabía que no era libre para decidir irme del trabajo, sabía que tenía que pagar una deuda para poder serlo… ¿cómo podía pensar que disfrutaba de ello? Me enervó más aquello y me enfadaron mucho más sus palabras, ¿ese era el concepto que tenía de mí? ¿De la prostituta que disfrutaba con hombres que ni siquiera conocía, que ni siquiera me gustaban… y dejarles hacer lo que quisieran sin poder oponerme? Al parecer sí, era el concepto que tenía y me lo acababa de dejar claro.  Por ello fue que contraataqué de la mejor forma que supe, ni siquiera estaba siendo racional con todo esto… de serlo no estaría diciendo la mitad de las cosas que salían por mí boca, pero ya estaban dichas y no había vuelta atrás.

Él también remarcó en que no éramos nada, algo que ya sabía y que le había dicho expresamente para que supiera que no podía mandar sobre mí porque no era nadie, ni nada mío, como para hacerlo. Pero una cosa era yo decirla y otra muy diferente era escucharla de sus labios… dolió, sentí que un puñal había atravesado mí pecho llegando hasta el corazón y pude notar como este dio una pequeña sacudida de dolor… y eso que había sido yo quien lo había dicho, pero oírlo de él había sido mucho peor. Y no paré ahí, le mentí cual bellaca y cual víbora al decirle que todo lo que había pasado, para mí, había sido un simple juego. Como si lo hiciera a menudo y me gustara jugar con los clientes y con aquellos que veía con más opciones de que pudiera caer en una trampa imaginaria. Que solamente había actuado y le había seguido el juego… mas era todo mentira. Pero por la expresión que puso debía de ser buena actriz y buena mentirosa, porque me dio a entender que se lo había creído.

¿Cómo podía creerse, de veras, que había sido solamente un juego para mí? Pensaba que no se lo iba a creer y lo había echo solamente con la intención de hacerle daño… y al parecer, lo había conseguido. Mis palabras habían salido rápidas y afiladas antes siquiera de que me diera cuenta de lo que estaba diciendo, pero estaban dichas y no había vuelta atrás. Y me dolió muchísimo que pensara que, todo lo que había hecho, todo lo que le había dicho, la forma en que lo había tratado… fuera un simple papel representado por mí parte. ¿No se daba cuenta de que cada mira, cada caricia, cada beso, cada palabra y cada acción llevaban tras su estela algo más que él había pasado por alto? O que eran de verdad, reales… porque había miradas en los que uno no podía aparentar lo que no sentía… y yo, por él, había sentido demasiado. ¿Cómo podía estar tan ciego? Quizás la ciega realmente era yo.


-Nadie me ordenó nada porque no acato órdenes de nadie –me mordí el labio, por un momento incluso hasta me dieron ganas de decirle que si… que Thomas me lo había dicho. Pero sabía lo que era aquel hombre para él y decidí que era mejor no inmiscuirle, que todo quedara simplemente entre nosotros dos- No Gael, simplemente fue porque quise, porque pude… y porque me lo pusiste en bandeja de plata –y yo misma sabía que me estaba cavando la tumba con aquello, ni siquiera sabía como podía mantenerme tan firme y serena cuando me estaba rompiendo por dentro… si realmente hubiera sido así y no fuera porque todo lo que hice con él, lo hice porque así había querido… estaría disfrutando como una auténtica cabrona ante la imagen que tenía delante de mí. Sin embargo distaba mucho de disfrutar, se me partía el alma y el corazón verlo de aquella forma y estaba sufriendo el verle de esa manera. Porque sabía que le había dolido, porque sabía que estaba sufriendo… y solamente era yo la causante de ello. Y aún me dolía a mí mas decirle aquello, hacerle ver aquello y verlo así por mí culpa.

No pude evitar echarle en cara que él a mí no me había dado nada en el tiempo que nos conocíamos, cuando yo le había entregado lo único puro que tenía, lo único que nadie había podido tocar y que era al único que le había mostrado aquella parte de mí. Mí alma era lo único puro que me quedaba en la vida, el resto había sido mancillado sin contemplación ninguna cuando solamente había sido una cría… aquello era lo único que podía entregar que de verdad me pertenecía solo a mí, y que yo era la única que decidía a quien se la entregaba. Porque entregar el cuerpo, al fin y al cabo, era algo material que cualquiera podía hacer… en cambio, entregar el alma, era entregarte realmente sin reservas y aunque no se podía ver sí que se podía sentir… para mí entregar el alma era darle a la otra persona todo de ti, absolutamente todo.

En cuanto le di aquellos dos empujones, presa del dolor y de la rabia, con una de sus manos sujetó una de mis muñecas con fuerza haciendo que parara de hacerle aquello. Sus palabras me hirieron como agujas y su mirada se clavó en la mía de aquella forma que costaba mantenerle la mirada… pero lo hice como buenamente pude. Me sorprendieron sus palabras sobre la Madam no esperando que dijera algo parecido, pero lo que menos esperé, fueron las siguientes. No me había creído en absoluto cuando le dije lo del alma y, en parte aunque doliera como no estaba escrito, lo entendía. Le había dicho hacía unos minutos que todo había sido un juego así que era normal que no me creyera… pero él tenía que haberlo visto de alguna manera, aunque quizás no lo quería reconocer y por eso me decía esas cosas.


-Sí, claro que la tengo… pero por desgracia para mí ¡se la entregué a alguien que ni siquiera lo ha tomado en cuenta! –moví el brazo donde tenía él cogida mí muñeca, como en un zarandeo, para liberarme de su toque que ardía y quemaba- Fui una imbécil al pensar que podía darte lo único puro que quedaba de mí, lo que nadie más había tocado y a donde nadie jamás había podido llegar –salvo él que se había colado por el único hueco que había dejado libre y había llegado hasta ese recóndito lugar, y yo como una idiota se la había entregado y puesto en bandeja… total, ¿para qué? Para que no se diera cuenta de ello y creyera que había estado jugando con él- Oh no, me enseñaron a que una cortesana no puede amar –aunque yo ya lo había incumplido y no había sido la primera vez, y esta segunda, estaba acabando igual de mal o peor que la primera. Soltó mí muñeca que dolía un poco por el agarre que había hecho sobre mí y pasé a decirle todo aquello sobre lo de ser héroe, sus celos y demás, y lo miré frunciendo el ceño ante sus palabras. ¿Qué quería decir con aquello? ¿Quizás fuera que…? No, no podía ser. Estaba claro porqué siempre estaba tan celoso- No me hacía falta preguntarlo porque ya sabía la respuesta –comencé mientras él ponía distancia entre nosotros- Porque sé que tus celos te carcomen, porque sé que no puedes aguantarlos y que no soportas que nadie pueda tocarme, pese a que no soy nada tuyo, la dominación que ejercías sobre mí era tan fuerte que seguramente te dieran celos hasta de que Alessia me tocara, ¿no es así? –Me crucé de brazos mientras lo observaba ponerse la copa de vino- No suelo preguntar cuando ya sé la respuesta de algo –lo contemplé desde la distancia, cada vez que miraba la camiseta los recuerdos inundaban mí mente y no me dejaban tranquila, haciendo que el dolor fuera más agudo.

Lo siguiente que pasó… sucedió tan rápido y deprisa que apenas me dio tiempo a quedarme con todo lo que estaba pasando. Él me había dicho palabras muy hirientes que habían hecho que todo el veneno que llevaba dentro saliera a la luz con las siguientes palabras que le había dicho, lo había visto incluso apartar la vista de mí y sabía que estaba pasándome con lo último que le había dicho… pero no había podido evitarlo, era la única opción que había tenido para que él también sintiera todo el dolor que me había hecho sentir con sus palabras, era la única forma que había tenido para que entendiera y sintiera lo mismo que estaba sintiendo yo. Pero lo que no pudo aguantar, de todo lo que le dije, fue que le llamaran asesino. Porque aquello le hizo volverse como un loco… y actuó tan rápido, que apenas lo vi venir.

Lanzó la copa que llevaba en la mano en mí dirección y pude notar cómo esta cortaba el aire justo por el lado donde había pasado, haciendo que me quedara quieta porque por un momento incluso pensé que la copa iba a darme a mí y ni siquiera había reaccionado. Pero se estrelló contra la pared haciéndose añicos y llenándolo todo de cristales y de vino, aunque no me había girado para comprobarlo. Lo que tampoco vi venir fue que él se acercara a mí, de aquella forma que incluso me dio hasta miedo, me dio un empujón haciendo que mí espalda chocara contra la pared emitiendo un leve jadeo, metió su rodilla entre mis piernas separándolas y cogió con sus manos mis muñecas, elevando esta sobre mí cabeza. Me tenía justo como más le gustaba; aprisionada y bajo su total y completo control. Estaba a su merced y a lo que él quisiera hacerme e incluso así no aparté mi vista ni un solo segundo de la suya.

Lo tenía tan cerca y sentía el calor abrasador que su cuerpo desprendía que por un momento, mí propio cuerpo, lo añoró como no había añorado nada en mí vida. Su tacto quemaba en mis muñecas y su aliento lo notaba justo sobre mí rostro haciendo que mí cuerpo diera una pequeña sacudida… no podía evitarlo, era tenerlo tan cerca y a pesar de la situación en la que estábamos… me abrumaba y me turbaba sin poder evitarlo. Deseaba tanto que me abrazara, que recorriera mí cuerpo con sus manos, envolverme en su esencia y perderme en él. Tan solo me bastaba acercar mí cabeza y podría besarlo, y quería hacerlo, quería besarlo tanto que incluso dolía. Sus palabras describían perfectamente a mí padre y lo que me había hecho, pero lo que él no sabía, es que no quería hacerme daño y que solo pretendía recuperar el tiempo perdido con su hija.


-Pero tú los matas, ¿no es cierto? Eres un cazador, un humano que está entrenado cuerpo a cuerpo, y con armas blancas, para matar. ¿No te hace eso, ser un asesino? ¿Te libras expiándote en que es por el bien de la humanidad? Podrá serlo, pero igualmente, arrebatas vidas –hice una leve mueca, pero no me quejé, cuando apretó más aún el agarre que tenía en mis muñecas, dolía la presión que ejercía en ellas- Mírate Gael, ¿así es como te gusta tener a tus presas? Acorraladas y sin poder hacer nada, y seguro que tú lado dominante está disfrutando como un niño pequeño –acercó su rostro al mío hasta que su nariz tocó la mía y se apartó soltando mis muñecas y alejándose de mí dándome la espalda. Me mordí el labio tocando mis muñecas y frotándolas, aún podía notar la marca de sus manos sobre ellas. En cuanto se giró y me soltó aquellas palabras… se terminó. Todo. Tocada y hundida.

Mí cuerpo se quedó paralizado mientras sentía que las pocas piezas que aún estaban intactas se rompían haciéndose añicos, sentí un dolor en el pecho que se extendió hasta mí corazón y pude notar cómo se rompía de nuevo en miles de trozos. Me mordí el labio tan fuerte que hasta sentí el sabor de mí propia sangre en mí boca, su mirada me estaba rematando y cuando se giró de nuevo sentí como por dentro me quedaba vacía. El sollozo que tenía en la garganta se había quedado ahí atascado en un nudo, no queriendo dejarlo salir, sentí un frío recorrer mí cuerpo y una lágrima rodó por mí mejilla que me apresuré a limpiar para que él no la viera. Estaba a punto de quebrarme y estaba segura de que si me apartaba de la pared y no tenía algo de apoyo me derrumbaría sin poder evitarlo. Mí cuerpo temblaba levemente y notaba que los ojos me picaban intentando retener las lágrimas que pugnaban por salir. Vencida y rota. Así era como me sentía en aquellos momentos… quería desaparecer y que el mundo me tragara, quería dejar de existir por un momento porque sabía que esto iba a doler como una eternidad en el infierno, y no estaba convencida de si me recuperaría. Jamás nadie me había hecho tanto daño, y jamás me había sentido tan herida como lo estaba ahora… y eso, teniendo la vida que había tenido, era mucho decir.



-También dijiste que jamás me destruirías –intenté que mí voz sonara todo lo firme que podía, todavía apoyada contra la pared y mirando hacia otro lado, hasta mirarlo me dolía. Quería sacarlo de mí mente, borrarlo de mí memoria y arrancármelo del pecho pero no iba a ser tan fácil, y tenía que empezar a asumirlo. Llevé mí vista de nuevo hacia él que seguía donde estaba con la botella de vino- Y es lo que estás haciendo –porque yo lo sabía, y él también lo sabía. Estábamos conduciéndonos a la destrucción total y ya nada podría salvarnos.


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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Gael Lutz el Vie Jul 01, 2016 7:42 am

Esto se estaba convirtiendo en una auténtica locura, todo estaba estallando dentro de nosotros sin poder hacer nada, yo mismo había encendido la pólvora que había provocado todo y ahora ninguno de los dos podíamos parar de decirnos lo que pensábamos el uno del otro, palabras hirientes, llenas de rabia, de dolor e incluso de odio, un odio que llevaba en mi interior muchísimos años. ¿Por qué pagaba ella todo esto? Porque era estúpido. No podía soportar el pensar que me estaba enamorando de una persona que daba su cuerpo a otros caballeros por dinero, me recordaba demasiado a mi madre. Con ella había sido distinto cuando nos habíamos visto en la feria o en mi casa, pero aquí, el dolor salía a flote, salía como una enfermedad venérea que creías curada, pero en verdad solo estaba oculta tras la piel. Esta vez estaba doliendo demasiado. No había sido mi intención entrar aquí y mandar todo por la borda, pero el ver con mis propios ojos algo que ya sabía, había sido desgarrador para mí… Ojos que no ven corazón que no siente, solía decir la gente. Ahora entendía cuánta razón llevaban esas palabras. Decidí obviar su pregunta sobre mi afán de ser un héroe. Yo no pretendía serlo, tan solo quería protegerla y que estuviese bien a mi lado, presentarle una vida nueva fuera de esto y que fuese feliz, olvidando sus demonios, pero todo había salido mal. No era un héroe, era el villano. Sus siguientes palabras me dolieron, dolieron porque era increíble que aún pensase así de mí, como si ella siguiese siendo para mí aquella cortesana que un día conocí. Negué con la cabeza, estaba llegando al límite, no podía entender como podía pensar esas cosas de mí. ― He venido a verte porque hace semanas que no nos veíamos pese a que dijimos vernos más. Y sabía que podías estar con alguno, pero no quería verlo. No podía verlo. Y si estabas conmigo, esta noche no tendrías que trabajar aunque la Madamme pensase que sí lo hacías. No me importa venir aquí y pagar por ti si así te libras de otros hombres por la noche. No me importa pagar para pasar una noche contigo, aunque solo charlemos. ― Le aclaré y esperé a que esta vez, comprendiese de verdad el porqué había decidido venir hoy.

Alcé una ceja mostrándome más fuerte de lo que en realidad estaba. Debía mostrar entereza pese a que seguro, ella sabía que lo de “No somos nada” me había dolido como mil demonios dentro de mi cuerpo. ¿No acataba órdenes de nadie? Eso era una mentira. Así que ella también me estaba mintiendo en esto. ― No me mientas y mucho menos te engañes a ti misma. Sí que acatas órdenes. Yo te di la orden de que te desnudases para mí y lo hiciste. Seguro que haces lo mismo con los demás clientes. Y sigues las órdenes de la Madamme. Así que no mientas. ― Thomas no le había dicho nada para que jugase conmigo pese a que esto hubiera sido una gran lección para mi maestro. No importaba, estaba aprendida esta lección por las malas. Ya no me podía fiar ni de mi propia sombra, mucho menos de una cara bonita. Me había dejado llevar por mis sentimientos y por la complicidad que ambos teníamos al estar juntos, la química que habíamos tenido había hecho que me confiase, que estuviese a gusto con ella y que empezase a quererla. Había descuidado por completo quien era y le había abierto las puertas a mi interior. Graso error. No pensaba confiar en una cortesana nunca más y mucho menos volver a caer en sus redes, era una auténtica arpía que me estaba destrozando por dentro lo poco que me quedaba.

¿Qué me entregó su alma? Otra mentira más. Era una persona a la que no le gustaban las mentiras, sin embargo, no dejaba de mentirme conforme su boca se abría para discutir conmigo. ¿Ella había sido una imbécil? ¿Entonces yo que era, que había sido? Suspiré para serenarme y no zarandearla tan fuerte que se diese con la cabeza en la pared, estas peleas me sacaban lo peor que había en mí. ― Yo sí que fui un estúpido al pensar que podías ser diferente, al enseñarte las puertas de mi casa, de mi interior a sabiendas de que puedo morir cualquier día a manos de tu padre vampiro. Y no me importó, porque creía en ti, creí en nosotros. Pero me equivocaba. ― La solté después de añadir estas palabras y la miré incrédulo cuando dijo todo aquello de mis celos.  Iba a dejarlo estar hasta que mencionó que también podía tener celos de Alessia. Me estaban dando ganas de estirarme de los pelos, era celoso, pero no estaba enfermo. ― Sí Naitiri sí. Me daba celos hasta la almohada en la que descansa tu cabeza todas las noches. ― Dije dándole la razón como se le daba a los tontos o a los niños, con este tema, se estaba comportando como ambas cosas.

En otras circunstancias, el tenerla aprisionada contra la pared habría indicado un gran número de besos, de caricias y de penetraciones, pero hoy no. Ya no. Estaba fuera de mí mismo, el que me llamase asesino cuando no era así había acabado por volverme completamente loco, soltando la rabia que tenía dentro. No era un juego el acabar con las criaturas sobrenaturales, podía morir cada noche en sus manos como casi pasa aquella vez y por el cual tenía las heridas, era tedioso, pero había que sobrevivir de alguna forma, eran ellos o yo. Y no iba a ser yo.  Sus palabras sobre mi condición de cazador eran acertadas si eras una persona como ella, que acababa de conocer ese mundo y no tenía prácticamente ni idea. Apreté un poco más sus muñecas, podía sentir sus huesos en mis manos, por lo que la presión que estaba haciendo debía de estar doliéndole, aunque no dijo nada. ― Arrebato vidas que debían de estar arrebatadas hace mucho tiempo. Solo les devuelvo al lugar que les corresponde. No está bien que se alimenten de personas que tienen mucha vida por delante para que ellos puedan seguir existiendo cuando no deberían. ¿No crees? ― Cada persona tenía un límite de vida y había que aceptarlo. Antes morir que ser uno de ellos, era lo que siempre me decía Thomas y lo que tenía muy arraigado en mi interior. Sus siguientes palabras dolieron, y mis ojos miraron sus labios una milésima de segundo, para después, volver a mirarla a los ojos. ― No, así no cazo. Así solo me gustaba tenerte a ti. ― La solté y me aparté, no podía dejarme llevar por mis instintos.

El vino me embriagó y cuando me quise dar cuenta ya llevaba casi media botella. No debía de beber más, no era un buen consejero para el amor, más bien todo lo contrario. Me terminé la última gota que quedaba en la copa y escuché detrás de mí sus palabras. Suspiré. ¿Yo la estaba destruyendo? Ella a mí también lo estaba haciendo. Ambos nos estábamos haciendo demasiado daño por haber confiado el uno en el otro, pese a que ella decía que todo había sido un juego. Me giré para mirarla, dejando la copa en la mesa y me senté sobre la cama, me dolía la pierna por le herida de la flecha. Apoyé mis brazos en las piernas y agaché la cabeza sobre estas, pensando en que decirle, en cómo hacerle entender todo esto. ― El amor nos da el poder de destruir. Y nos estamos destruyendo los dos. ― Susurré y esperé que me hubiera escuchado, porque no lo pensaba volver a repetir.





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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Naitiri Zahir el Dom Jul 03, 2016 5:31 pm

Todo se estaba saliendo fuera de control, todo se estaba haciendo cada vez una pelota más y más grande… como si fuera un globo que crecía conforme nos decíamos las cosas y que estaba estallando delante de nosotros. Ambos teníamos la culpa de ello al seguir con los reproches, haciendo herida y dejando como una especie de mella que nos iba a pesar… o al menos, a mí me iba a pesar bastante. No pensé que el día iba a terminar de esta manera, que Gael iba a aparecer por la puerta y que con ello se desatara el infierno, porque para mí, era justamente eso lo que estaba pasando; desatarse el infierno. Los demonios que nos recorrían por dentro estaban saliendo a la luz corriendo con diversión, y con una risa de lo más maquiavélica observando todo el espectáculo.

Porque no se podía llamar de otra manera, estábamos montando tal espectáculo que de seguir así no me extrañaría que la Madam apareciera por la habitación, o alguno de los que había contratado para ver qué estaba pasando. No era ni el momento ni el lugar para que todo esto estallara de esta forma, pero ya no se podía evitar ni hacer nada. Los dos éramos culpables de ello y, por mucho que me doliera todo esto, debía de aceptarlo. En realidad, era algo que había temido desde hacía mucho tiempo… desde que empecé a ver el día de la feria el comportamiento que ambos habíamos tenido. Ninguno de los dos era tonto como para obviar o no ver las señales, estas siempre habían estado ahí pese a que quizás ninguno había querido verlas o aceptarlas. Y estaba pasando lo que más miedo me daba; que esto ocurriera.

Lo miré mordiéndome el labio cuando me dijo que había venido para verme porque hacía semanas que no nos veíamos, pese a que habíamos acordado vernos más. Y eso me había jodido muchísimo, porque quería haber podido hacer los planes que habíamos hablado y me había quedado con las ganas… ahora se quedaría todo en un mero recuerdo, de algo que pudo ser, y al final no fue. Había querido ir a su granja y montar a caballo, había querido ir a verlo a su restaurante… había querido pasar más tiempo con él, mucho más. Pero esta era la triste realidad. Él había tenido, quizás, cosas que hacer y a mí me había surgido un imprevisto con el que no contaba para nada, pero que había tenido que asumir.

Ahora, tras escucharlo, hasta me hizo sentir mal y culpable por haberle echado en cara que haya venido a verme. Entendía las ganas que tenía de verme porque yo también las había tenido, y me había gustado lo que había dicho de que no quería que estuviera con otros hombres si él venía, precisamente para eso… pero por otra parte, no podía dejar que me doliera el hecho de que viniera y pagara por mí… aunque no hiciéramos nada, aunque se quedara toda la noche hablando conmigo, o bañándonos… no era eso, era algo muy diferente y que él no entendía, aunque había intentado por todos los medios dejárselo claro.


-No nos hemos visto porque no haya querido, sino porque en la vida surgen problemas y complicaciones que se deben de hacer cargo de ellas –no quería que sonara que Alessia tenía toda la culpa, pero al estar así no podía dejarla sola y había estado bastante dividida- Yo también tenía ganas de verte, ¿sabes? Quería contarte muchas cosas que habían pasado en estos días… no creas que me ha dado igual no cumplir con algo que también prometí –hice una leve pausa- Y si lo sabías, ¿por qué has aparecido así? Todo esto se habría podido evitar perfectamente… pero no me duele eso, dices que no me ves como la cortesana que soy, sin embargo, vienes aquí e incluso estás dispuesto a pagar por mí para poder verme. ¿No entiendes, que no quiero que pagues por mí? ¡¿Cómo tengo que hacer para que te des cuenta de que no quiero eso?! Dices que a ti no te importa, ¡pero a mí sí! ¿No ves que haciendo eso, me sigues tratando como a una cortesana, pese a que dices que no soy eso para ti? Tú mismo te contradices –no quería que él tuviera nada que ver con el burdel, ni nada parecido. ¿Tan difícil era de entender? ¿Por qué no podía verlo?

Sus siguientes palabras me hicieron mirarlo con algo de incredulidad, ¿cómo podía decir esas cosas? Me dieron ganas de estamparle la mano contra la otra mejilla y dejarle otra marca como le había hecho… pero ahora le había dado a Mordekai y no tendría el mismo efecto. Me estaba matando, lentamente, con sus palabras. Como si fuera un puñal que se metía un poquito con cada una de las palabras que salían por su boca. Me echaba en cara algo que él había hecho… sabiendo, que por mucho que quisiera, no podía negarme cuando estaba en el trabajo, fuera de él, era otra cosa muy diferente. Pero que dijera que hacía lo mismo que había hecho con él, con otros clientes… fue una puñalada trapera. Tenía razón, para mí desgracia, tenía que hacer cosas con ellos que no quería… pero no había sido lo mismo, ni mucho menos. Pese a que él pensara lo contrario, a él me había entregado en parte también porque él me incitaba a comportarme así, no me había sentido obligada ni mucho menos. Para mí había sido como una noche fuera de aquellas paredes y de aquel lugar, sino, ¿por qué le habría dejado una segunda vez hacerme lo mismo? No lo hacía con ningún cliente, y nunca lo había hecho.



-Sabes que no soy libre para negarme, no tengo que decírtelo. Pero, ¿de verdad Gael? ¿Crees que me comporto con todos los clientes igual que me comporté contigo? Ya te lo dije en su momento, pero al parecer es más fácil tergiversar mis palabras y llevarlas a tú terreno, para hacerme más daño, porque es lo que estabas buscando cuando has empezado a soltar todas esas palabras, ¿no es así? Enhorabuena, lo has conseguido, y no te estoy mintiendo joder –porque me dolía como no estaba escrito y mucho más de lo que él pudiera llegar a pensar… que tuviera ese concepto de mí, había hecho la herida un poco más grande.

No podía entender como podía tener tanta entereza y seguir aguantando con todo lo que estaba pasando, y conforme me estaba sintiendo. Sabía que el orgullo que tenía me impedía mostrarme rota y vencida como realmente estaba… porque con cada cosa que pasaba me rompía un poco más, estaba a punto de quebrarme y faltaba poco para que eso sucediera. Y dudaba de que, entonces, pudiera aguantar mucho más… porque mucho que no quisiera que él así lo viera, por mucho que me estuviera muriendo lentamente en mí interior… no podía, no quería. A él se le veía bastante entero y sin embargo, yo, seguramente tuviera mucho peor aspecto que él… pese a que él estaba herido, y yo no.

Estar cerca de él con su mano agarrando mí muñeca para no darle empujones me estaba quemando, era lo único que había hecho para que sintiera el dolor que yo misma sentía… pero era mucho más fuerte que yo y con cogerme con una sola mano bastaba para anular cualquier intento que pudiera tener. Le miré, dolida y odio, al pronunciar aquellas palabras. ¿Qué él me había abierto las puertas de su casa, y yo qué narices había hecho? Lo había metido en mí casa cuando apenas lo conocía llevada y motivada por como reaccionábamos cuando estábamos juntos, pensando que quizás él fuera diferente a todos los hombres que había conocido… y que me soltara aquello, hería demasiado. El límite cada vez estaba más cerca, y me iba a derrumbar… justo lo que no quería que pasara.


-¡Te abrí las puertas de mí casa, confié en ti pese a que no nos conocíamos de nada, me mostré ante ti tal cual era contándote todo lo que me había pasado en la vida sin omitir detalle alguno, y te desnudé mí alma! Te di todo lo que podía ofrecerte y todo lo que estaba a mí alcance, ¡hasta conociste a la única persona que me ha motivado estos años para seguir adelante! Te he mostrado todas las malditas debilidades que tengo, incluida la mía hacia ti, y te entregué lo único que no le di ni mostré a nadie… ahora me arrepiento de ello aunque en su momento no me importó, aunque fuera yo la primera que diera el paso de los dos, porque sé que tú no lo habrías dado nunca si yo no lo hubiera hecho pese a que confiabas en mí –lo miré con el ceño fruncido, porque así había sido, la que se había lanzado primero a la piscina sin comprobar antes si había red o no… había sido yo, no él. Quien más había confiado había sido yo, justamente, porque di ese paso que él no se atrevió a dar.

Me soltó y respiré, pero luego todo lo que pasó a continuación derivó conmigo contra la pared y con Gael aprisionándome contra esta, apretando con fuerza mis muñecas que hasta me estaba haciendo daño, soltando un leve jadeo por ello pero intentando mantenerme cerca. Era un poco imposible, era tenerlo cerca y las ganas de querer besarlo, abrazarlo, dejar que su esencia me rodease y me inundara y fundirme con él… eran tantas que dolía tenerlo tan cerca, en esa situación, sabiendo que no iba a poder hacer nada más que estar a su merced hasta que decidiera soltarme. Miraba sus labios y luego a él y me daban ganas de callarle la boca con un beso… pero no lo iba a hacer, porque no era el momento, y porque lo que me estaba diciendo dolía como mil demonios. El límite lo veía cada vez más cerca, presentía que me iba a romper por mucho que intentara evitarlo… y lo iba a ver, estaba convencida.



-¿Vas a matar a mí padre, Gael, aún sabiendo todo lo que sabes? Eres cazador como has dicho, matas y arrebatas la vida a seres que deberían de estar muertos hace mucho tiempo, así que, matarías a mí padre ¿no es así? Y te daría igual, porque es un vampiro, y tú eres quien les da caza –por suerte para él sabía que mí padre estaba vivo… sino, jamás habría podido perdonárselo. El agarre sobre mis muñecas se intensificó y me mordí el labio, dolía demasiado aquello. Sus ojos se desviaron de los míos tan sólo un instante, pero luego volvieron para mirarme como si fueran dos cuchillas clavándose en los míos, hiriéndome solamente con su mirada. Evité un jadeo cuando dijo sus siguientes palabras, sabía como habríamos acabado de no estar pasando todo esto en esta posición… pero no dije nada, tampoco sabía que contestarle a eso y mi mente se había quedado en blanco.

Me soltó entonces y fue en ese preciso momento… cuando sentí que de verdad todo se había derrumbado en mí interior. La barrera protectora que había tenido en alza todo aquel tiempo acababa de ser destruida con sus palabras, dejando un dolor por todo mí cuerpo, haciendo que me sintiera vacía mientras mí alma se desgarraba un poco más, la herida hacía mella haciéndose más grande y sentía mí corazón partiéndose en miles de pedazos. Ya está, ya no podía aguantar más… sus palabras habían hecho que me derrumbara sin poder evitarlo y ahora, contra la pared, me sentía vacía, rota y hundida por completo.

Pero si sus palabras habían provocado eso cuando le dije que me estaba destruyendo, y ver su reacción… si había quedado algún resquicio que se pudiera salvar, lo acababa de aniquilar por completo. Ahora sí que sí estaba peor que nunca e incluso que hacía unos instantes, su frase retumbaba en mí cabeza como si de un eco se tratara una y otra vez durante varios segundos en los que intenté asimilar aquellas palabras “El amor nos da el poder de destruir. Y nos estamos destruyendo los dos”  Sí, el amor nos daba el poder de destruir pero también nos daba el poder de salvación y de redención… pero estas últimas, no nos había tocado a nosotros al parecer.

Me rompió por dentro verle de aquella manera, sentado en la cama con los brazos apoyados en las piernas, con la cabeza gacha y susurrando aquellas palabras que resonaban por mí mente, a la par que se clavaban como finas agujas en mí corazón. Rematada. Así es como me sentía en estos momentos; muerta y rematada. Muerta por dentro y rematada por fuerza… sentía ganas de llorar y no sabía como estaba pudiendo aguantar tanto, sentía que mí cuerpo temblaba y si no fuera porque estaba apoyada contra la pared seguramente me habría derrumbado al suelo. Verlo de aquella manera me partía también en mil pedazos, me daban ganas de acercarme donde estaba, rodear su cuello con mis brazos, envolverlo y fundir sus labios con los míos... pero no iba a moverme por mucho que deseara hacer aquello, estaba tan rota y dolida que si daba un mísero paso caería al suelo sin evitarlo.

Cuando me quise dar cuenta realmente de donde estaba, ya estaba parada delante de él, ni siquiera me había dado cuenta de que me había movido de la pared y me había movido como por un resorte y por inercia. Sentía que la garganta me quemaba evitando que el llanto saliera y los ojos me picaban, evitando que las lágrimas se derramaran por mis mejillas. Parada ante él no supe que hacer realmente, me daban ganas de enredar mis dedos en su pelo y perderme en él… pero sabía que no era lo correcto. Sabía que todo se había acabado, ya no había vuelta atrás, y después de todo lo que nos habíamos dicho mucho menos aún. Y me dolía, no estaba preparada para dejarlo marchar… pero no tenía fuerzas para luchar por él, y no sabía si después de todo podría hacerlo.

Terminé por agacharme, ponerme de rodillas, y quedar a la altura de su rostro que tenía escondido entre sus brazos sacando valor para hacer lo que estaba a punto de hacer, porque no quería discutir más, esto no tenía solución por mucho que me pesara y me doliera como nada me había dolido en mí vida… perderlo iba a ser muy duro, y recuperarme lo iba a ser más. Y tardaría, había dejado una huella en ese corto plazo de tiempo que iba a ser difícil de olvidar, y cuanto antes lo asumiera, mejor sería para mí.


-Gael –lo llamé con la voz algo débil y rota, la compostura que había intentado mantener en ese momento se había ido por la borda justo como nos habíamos ido nosotros, y ya nada me importaba. Solo quería que todo pasara y no sufrir más, no hacer la herida más grande de lo que ya estaba- El amor nos puede destruir, pero también nos puede salvar e incluso redimirnos… y yo, por un tiempo, pensé que podrías ser quien hiciera eso. Pero nos estamos destruyendo mutuamente –me dolía decirle aquello por todo lo que implicaba, me atreví a llevar una mano a su mejilla pese a que me atenía a su rechazo que dolería mucho mas aún, e hice que me mirara o jamás pararíamos de herirnos, grabando a fuego en mí mente más aún aquel rostro, aquellos labios que tantos besos me habían dado, y esos ojos azules que tanto me gustaban mirar y observar- Quizás… quizás estábamos equivocados y esto realmente tenía que pasar. Corrimos hacia un precipicio, ardiendo en llamas… y saltamos por él sin siquiera mirar las consecuencias –hice una pausa, cogiendo aire- Fuiste la mejor, y más bonita, casualidad que me ha pasado en la vida y eso nunca podré olvidarlo. En mí memoria siempre quedarán todos los momentos que pasamos juntos y de los cuales no me arrepiento en absoluto, porque fueron sinceros aunque intentemos negarlo… pero es el momento de decir adiós, porque ya no puedo más –no pude evitarlo y las lágrimas comenzaron a brotar… era el adiós, el definitivo y el de verdad- Te he querido con toda mí alma como no he querido a nadie, no de esta forma, aunque pienses que es mentira. Pero es mí verdad, y tarde me he dado cuenta de lo que realmente sentía por ti, porque me daba miedo admitirlo y volver a sentirme rechazada… no lo habría soportado –le miré una última vez, conto el dolor del mundo porque sabía lo que iba a pasar, y me hice a la idea de que ya nada volvería a ser como antes- Te deseo todo lo mejor del mundo, Gael –porque aunque estuviera rota, no podía mentirle en aquello- Y sé feliz. Por ti. Y por mí –porque dudaba que jamás fuera feliz después de esto… ya había tenido suficiente con dos veces, no iba a sufrir una tercera vez por amor. Miré sus labios unos segundos y me levanté alejándome de él, doliendo a cada paso que daba más lejos hasta dar contra la pared, de nuevo. Quise decirle que le amaba, pero las palabras se quedaron atascadas, miré para otro lado porque no iba a soportar ver cómo se marchaba de mí vida.


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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

Mensaje por Gael Lutz el Vie Jul 15, 2016 2:28 pm

Ahora comprendía lo que eran los aludes. Montones de nieve cayendo bajo la montaña, formando pelotas más y más grandes que arrasaban con bosques, casetas  y sobre todo personas que se creían demasiado osadas como para poder esquivarlo. Esto era como un alud. No lo podíamos controlar, se nos estaba escapando por las manos, era como coger el humo. Ya no había vuelta atrás, las palabras estaban todas dichas y ni mil perdones iban a poder cambiar todo esto. La miré, estaba comenzando a pasar del enfado a deprimirme. La estaba perdiendo y ella me estaba perdiendo a mi también. Nos estábamos perdiendo y quizás para siempre. Escuché sus palabras y suspiré, ella no me entendía y no sabía como podía hacer para que lo hiciese. ― Para mí no eres una cortesana Naitiri. No sé ni si lo llegaste a ser el primer día en el que te vi. Eres Naitiri, simplemente eso. Si estoy dispuesto a pagar por ti es para que la Madamme me deje venir aunque no tengamos que tener relaciones. ¿Entiendes? Si vengo yo, es tiempo que estás perdiendo que podrías estar con algún cliente que sí quiera que seas su cortesana. Si no te pago cuando vengo aquí, no me dejará venir más. Aunque eso ya da igual, no pienso volver. Además, si pago por ti, antes podrás salir de aquí. ¿No? Solo quería ayudar. ― Esperé que ahora sí me hubiese explicado lo suficientemente bien como para que me entendiese, si no me entendía ahora, iba a desistir en este tema, que se pensase lo que quisiera.

Nos estábamos destruyendo sin poner límites, cualquier idea bastaba para soltarla aunque fuese infundada y hacernos daño, lanzando palabras que dolían más que miles de cuchillos y de dagas. Comenzó a echarme en cara que ella me había abierto su alma, al igual que había hecho yo. Gruñí en voz baja con su muñeca aún agarrada. Ambos nos habíamos desnudado interiormente, no podía echarme en cara eso, cuando yo también lo había hecho, corriendo con más peligro que el que corría ella si contaba su historia. A ella no le podían perseguir los demonios, o al menos, no todos. Solté su muñeca entonces, no quería escucharla más, quería que se callase, que cerrase el pico de una vez, porque si seguía diciendo tonterías iba a acabar por saltar por la ventana por no darle un golpe. Al no callarse, la arrinconé contra la pared. Nos dijimos cosas muy feas en esa posición, cosas que jamás llegué a pensar que le diría, no a ella. Así no. Su pregunta sobre su padre me hizo tensar la mandíbula. ¿Lo haría? Eso la destruiría a ella… ― No voy a salir en su busca, pero si te hace algo, iré a por él. Me da igual que sea tu padre. No voy a permitir que haga daño a alguien inocente y mucho menos a ti. ¿Entiendes? Y si él me encuentra antes y me ataca, créeme que no voy a ser yo quien muera esa noche. ― Le advertí con una mirada ruda.

Menos mal que mis manos me sujetaban la cabeza, si no, quizás estuviera en el suelo o tumbado en la cama. Estaba cansado, no había venido con esta idea en mente y mucho menos que esto acabase así. Había venido con una ilusión y una historia que contarle y me iba a marchar despojado y sin nada. Era un duro golpe darte cuenta de los sentimientos en un momento como este, pero ya solía decirse que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Y aquí estaba, sentado en la cama, dando cuenta de ese dicho… Solo que aún tenía a Naitiri delante para hacer que todo esto fuera más insufrible. Me moría por dentro por besarla, por acariciarla y porque todo volviese a como estaba antes de que yo cruzase esa puerta. Éramos felices juntos, nos conocíamos bien… Pero nunca habíamos puesto las verdaderas cartas sobre la mesa. Ahora lo estábamos haciendo y la casa estaba ganando, desplumándonos. Habíamos puesto en juego el corazón y lo habíamos perdido.

De repente, su voz sonó demasiada cerca de mi cuerpo. No me había percatado de que se había movido hasta que la escuché. Comenzó a hablar y no quise mirarla, no iba a poder ver como sus ojos oscuros estaban tristes por mi culpa. Al terminar de hablar, alcanzó mi mejilla y estuve tentado de apartarla de mí, pero no pude. Me dediqué a alzar la cabeza para que pudiera tocarme y cerré los ojos. Los abrí al escuchar sus palabras. Eran duras, bonitas pero duras. Un adiós definitivo, lo nuestro había sido demasiado efímero. Comenzó a llorar y eso acabó por matarme por dentro. Me acerqué a ella, quedando también de cuclillas en el suelo y comencé a limpiarle las lágrimas con mis pulgares, exactamente igual que como hice el día que cenó en mi casa y  lloró cuando nos contamos nuestras historias. Terminó de hablar y se levantó. Yo me quedé como un estúpido acuclillado en el suelo, pensando que decirle para que no se fuera, que todo esto había sido un error… Pero había salido mi verdadero yo, aquel Gael rencoroso que no podía soportar que la chica que le gustaba se dedicase a lo mismo que su madre… No tenía perdón para esto. Ella no se merecía a alguien como yo. No era su héroe, no iba a poder sacarla de aquí en brazos y sin duda no iba a ser gracias a mí si salía de aquí. ― Perdoname por todo el daño que te he hecho. Aunque ni siquiera me merezco tu perdón. ― Me incorporé y me acerqué a la ventana, no quería que lo último que viese de ella fueran sus lágrimas. ―Para poder amar primero me tengo que amar a mí mismo y a lo que me rodea. Y no lo hago. Pensaba que sí, contigo todo era más fácil de amar, más bonito. Eras el sol en un día de lluvia… Pero la lluvia lleva cayendo demasiado tiempo y es lo único que conozco. ― Mordí mi labio, afuera estaba tronando, exactamente como mi estado de ánimo. Me giré y me enfrenté a ella, a sus lágrimas y al adiós que nos íbamos a dar. ― Quizás este no es nuestro momento… Sé que vas a ser feliz, todo llega y todo pasa Naitiri. Ahora sabes que nunca puedes enamorarte del primer hombre que te pida el paraíso. ― Esbocé una sonrisa al recordar el primer paraíso, y me rasqué la nuca. Di unos cuantos pasos, quedando algo más cerca de ella. ― Que volvamos a vernos, señorita Zahir… Kaneb3ik. ― Le eché un último vistazo y al pasar por su lado acaricié su mejilla, no quería marcharme, pero ya no había más que decir o que hacer… Ya había dicho suficiente al decirle te quiero en su idioma. Agarré el pomo de la puerta y salí de allí, dejando dentro un pedazo de mí.





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Re: Bajo la tormenta. ~ Privado.

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