Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

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Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Predbjørn Østergård el Lun Jul 04, 2016 9:52 pm

No hay razón para buscar el sufrimiento,
pero s éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas;
míralo a la cara y con la frente bien levantada.






Predbjørn es un hombre extremadamente inestable. Nunca permanece demasiado tiempo con una persona, en un lugar, o realizando las mismas actividades. Se aburre con demasiada facilidad. Su hiperactividad puede ser negativa para muchas personas, pero gracias a eso, y a su ambición, el joven Danés ha sido muy éxito en los negocios, ya sean de mala reputación o no. Es uno de los hombres más ricos de sus tierras, y también de las francesas, aunque eso a muchos no les parezca.

Por esa razón su vida comenzaba a hartarlo en ese momento. Ya no quería prostitutas del burdel. Conocía a casi todas, y a decir verdad, la gran mayoría no sabía hacer ni una mamada bien, estaba a un paso de cambiarlas a todas sino le daban mejores ganancias. Tampoco quería seguir traficando asiáticos, esos de ojos rasgados, a pesar de ser buenos en los trabajos rudos, pagaban poco por ellos, y es que enciman eran horribles, y ni siquiera los querían para violar.

¿Cuál sería el próximo objetivo del joven? Sin duda no se quedaría sin hacer nada. Era cierto que tenía una fortuna por derrochar sin mover un dedo así viviera 200 años, pero no era un conformista, así que seguía produciendo, siempre lo haría, así su dinero terminara en una alcantarilla, aunque era claro que se lo terminaría dando a su sobrina, porque él no formaría una familia.

El Danés tenía verdaderamente una cabeza retorcida, o quizás su narcisismo no lo dejaba ver con claridad. Las únicas mujeres que habían válido verdaderamente la pena en su vida eran su madre y ahora su sobrina. Su cuñada en algún tiempo lo llegó a pensar, pero su debilidad ante su hermano la llevó a la muerte, y bueno, de nada servía podrida. Por eso no tendría familia, ninguna mujer llegaría a su altura, mucho menos para ser digna de tener hijos con él. La idea de darle el apellido a una cualquiera le daba asco, así que mejor se dedicaba a disfrutar sus años de juventud, después podría contratar a muchas enfermeras para cuidarlo, o quizás él mismo acabar con su vida sino pudiera tener, en sus años venideros, calidad en su existir.

Con una copa en mano y muchos pensamientos revoloteando su cabeza, el danés decidió que era momento de ir a dar un paseo. La noche era joven, deseaba poder jugar un poco, así que terminó por sacar una maleta con ropa que le permitiera realizar un poco de luchas. Quizás de esa forma quitaría toda la tensión de su cuerpo, y encontraría las respuestas que necesitaba. Esa noche no tenía deseos de llevar a mujer alguna a la cama.

Se subió a uno de sus carruajes, y se dirigió a la zona céntrica y nocturna. A veces los burdeles eran muy cínicos, así como los cabarets, o zonas que a veces la gente tachaba, pero que muchos añoraban. Cuando se bajó del carruaje, dio por instrucción esperarlo en la parte trasera de su burdel, aunque él claramente no entraría. Comenzó a caminar por las calles de París, extrañamente terminó en la plaza observando un acto de magia de unos charlatanes, aunque muy convincentes en lo que hacían, pues todos les creían.

Quizás su próximo negocio debía ser con algo de eso, algún producto inservible pero bien vendido, algo que no tuviera mucha inversión pero demasiadas ganancias. ¿Qué podría ser? Terminando la noche lo sabría, estaba seguro.

En la plaza centrar, en medio de música, actos de magia, etc. Terminó por sentarse en una cafetería con mesas al aire libre. Escuchó poesía bien elaborada pero para nada valorada o bien pagada. Se río un poco por lo irónico de la vida, y terminó por beber su café negro bien cargado. No había hasta ese momento novedad alguna, sólo que se comportaba como cualquier ser humano. Un experimento así podría ayudarle con sus nuevos negocios. Sólo comprendiendo la necesidad de la clase trabajadora, sabría que era de utilidad y podría ir incrementando su fortuna.

Se avecinaba una noche muy tranquila. O eso creía.


"Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres,
me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí.
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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Madison Simonsen el Vie Ago 05, 2016 1:09 pm

Madison no podía quejarse de que la vida en la casa de su hermana fuera mala, sin embargo, esa casa no era la suya y la vida que vivía en ella, distaba mucho de la que llevará en Inglaterra. Aún era capaz de salir por las noches, divertirse en aquella ciudad que brindaba lugares nuevos para su deleite personal, sin embargo, su nuevo cuñado era un hombre severo, alguien que esperaba que Madison se comportará de una manera que a ella no le resultaba natural, sin mencionar que su cuñado tomó como objetivo primordial cumplir con la promesa hecha a los padres de las Simonsen, encontrarle un marido “adecuado” a su cuñada. A la menor de las Simonsen ya la tenía harta la cantaleta del marido de su hermana, a quien únicamente soportaba y no mandaba al demonio por la mirada suplicante de su hermana. Al parecer, la mayor de las hermanas estaba locamente enamorada de su esposo y aunque las Simonsen no se llevaran del todo bien, Madison no era capaz de arruinarle la felicidad a su hermana.

La mañana de ese día, su queridísimo cuñado le aviso de que se realizaría una entretenida reunión en casa, ¿La finalidad? Presentar a Madison a sus conocidos solteros, esos que estaban en busca de una relación seria y estable. Si bien la inglesa se mostró complaciente con su cuñado y acepto de aparente buena gana asistir a la reunión, la realidad era que en su mente, ya estaba planeando su escape de la mansión. Tanto su hermana como su esposo estaban locos si creían que ella se presentaría alegremente ante un grupo de hombres que buscarían la manera de atarla a un lugar y hacerle olvidar su estilo de vida. Para no levantar sospechas respecto a su idea de escape. Madison pasó toda la mañana y parte de la tarde en la mansión, dejando que las doncellas prepararan el vestido que esperaban usara para la reinició, vestido que la Simonsen usaría pero no para lo que todos esperaban.

Cuando la hora de la llegada tanto de su cuñado como de los invitados se acercaba, Madison comenzó a alistarse.  El vestido color borgoña le sentaba perfecto y su cabello iba perfectamente sujeto en un elegante recogido. Al verla tanto su hermana como las doncellas, no pararon de elogiarla, de decirle que todos los hombres caerían rendidos a sus pies. Todos esos comentarios recibieron una sencilla sonrisa como respuesta, seguido por una disculpa para permanecer sola en sus aposentos hasta que la hora de la reunión llegará y fue en el instante que tanto las doncellas como su hermana la dejaron a solas, cuando ella puso su plan en marcha. Con sigilo, la Simonsen salió de la mansión y tomando un caballo perteneciente a su cuñado, escapó con rumbo al centro de la ciudad siendo perseguida por uno de los trabajadores de su cuñado y siendo lo último que escuchara, los gritos desesperados de su hermana, quien le aseguraba que su marido pronto daría con ella y que de aquella reunión no podía escaparse.

Al llegar a las calles más céntricas, Madison debió descender del caballo y dejarlo en un lugar donde estuviera a salvo y ya fuera su cuñado o sus sirvientes lo encontraran. Acomodando ligeramente su vestido y soltando sus cabellos, comenzó entonces a andar despreocupadamente. Dirigiendo sus pasos a la Plaza Tertre. Caminaba como si nada malo fuera a pasar, sin embargo, lo peor que podía suceder, sucedía. Sus pies se detuvieron en seco y sus ojos se abrieron de par en par al dar con la figura de su cuñado. Fue en ese instante cuando se llamó a si misma una idiota por haber olvidado un detalle sumamente clave, el trabajo de su cuñado, se encontraba cerca de aquella plaza.

Con el temor de ser descubierta y arrastrada de nuevo a la mansión, los ojos de la inglesa recorrieron la plaza y antes de meditar detenidamente lo que estaba por hacer, avanzó hasta un café cercano donde un hombre disfrutaba en solitario de una taza de café.
Es terriblemente triste que un hombre tan apuesto se encuentre solo en un café – mencionó al tiempo que tomaba asiento sin pedir permiso frente al hombre a quien estaba dispuesta a soltar un monologo mientras que esperaba a que su cuñado pasara de largo – Así que tengo que preguntar, ¿Esta solo por gusto, espera a una dama o le han dejado plantado? – No le importaba si con su intromisión y preguntas era vista como una mujer grosera, ya que solo deseaba salvar su propio pellejo.



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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Predbjørn Østergård el Sáb Oct 01, 2016 11:35 pm

Por un breve momento llegó a creer que para él, si podía llegar a existir la tranquilidad. Aquel experimento en el que él era el propio ratón en observación estaba dando resultados. ¿Para que negarlo? No lo estaba pasando mal, de hecho se sentía complacido, y en un estado completamente distinto a lo que había vivido veinticinco años. ¿Eso sentía Damien? ¿A eso le llamaban paz? No estaba tan mal, aunque probablemente ese estado en perpetuidad podría llegar a volverse aburrido, claramente eso no se encontraba en sus posibilidades.

Sin embargo los excesos tranquilos y sanos no estaban diseñados para él. Necesitaba obtener dosis de adrenalina, poder mantener su vida en riesgo; al borde del abismo. La tranquilidad no era para él, pero podría aprender de ella, quizás con el tiempo se volverían aliados, sin embargo recordar palabras de sabios ancianos le retumbaron por un instante: aprovecha tu juventud. Eso le habían dicho un par de veces, por supuesto que le sacaría ventaja. No detendría su estilo de vida, sólo tendría pausas cuando necesitara reflexión.

Entonces la soledad y la paz se romperían, como en ese instante, no le molestaba pero le incomodaba, y todo porque él no lo había planeado de esa manera. Todo aquello que se salía de lo previsto por él, resultaba fascinante, a veces inquietante, y un par de veces molesto. Aunque todo terminaba con la satisfacción de volverlo de su dominio. Nada por el contrario.

Él siempre ganaba.

Predbjørn volteó el rostro con lentitud al sentir la presencia poco deseada. Observó con detenimiento a su “invitada”, instintivamente la analizó con brevedad y disimulo, ¿para que mentir? Se trataba de un hombre superficial; extremadamente físico, por lo que su visión le hizo suavizar su temperamento. El cuadro frente a él era exótico, extranjero, femenino, hermoso, delicado, con mirada penetrante, pero lo más importante, tenía vagina. Además, se le podía agregar el hecho de poseer movimientos elegantes, y se notaba la cuna de la que provenía. Un hombre como él notaba con rapidez la calidad de la tela que portaba algún vestido, un traje, o hasta el uniforme de la servidumbre. Aunque negó un par de veces la interrupción de su experimento, lo cierto es que terminó por dejar ver su sonrisa de medio lado que caracterizaba a los de su sangre.

De la misma manera en que la observó, el análisis le hizo desviar su mirada a la ajena. Estaba claro que observaba un punto en especial, el mismo que la estaba poniendo nerviosa, y que claro, la empujó a comportarse de forma osada sentándose con un desconocido, pero no uno cualquiera, el peor en su especie. A veces lobo vestido de oveja, y a veces simplemente dejando ver al monstruo real. ¿Cuál aparecería en ese momento?

No negaré sus primeras palabras, es extraño ver a un hombre apuesto solo, pero no porque le haga falta compañía, de hecho me sobra, pero no me apetece escuchar la voz chillante de gente quejumbrosa — Sin duda aquello también era una indirecta. Se rió con cinismo — ¿Así que crees que voy a contestarte de buenas a primeras? Por un momento llegué a creer que eras una señorita de sociedad, a juzgar por tus modales pareces una vagabunda, sin embargo tu ropa dice lo contrario, ¿Nadie supo dominarte? Una flor salvaje, la que más me gusta entrenar — Mostró entonces una sonrisa completa, con los dientes expuestos, listos para dejar ir la primer mordida.

Veo que estas escapando de nadie, así que primero me muestras respeto, y me dices tu nombre, con todo y apellido, así podremos seguir la conversación sin ningún problema, o con facilidad haré que te lleven con ese caballero, ¿qué dice, dulce y respetable señorita? — Sin duda su tono de voz dejaba en claro el sarcasmo pero también la seriedad con la que estaba diciendo las cosas. Aunque al joven le gustaba jugar, ponerse en riesgo o divertirse, lo cierto es que siempre sabía donde, cuando y con quién. Era un patán, ¿para que mentir? Pero de vez en cuando hacía las cosas de forma correcta, o a su parecer.

Más bien las cosas las hacía a conveniencia, y contra eso no existía remedio alguno. Predbjørn ya había decidido que la salvaría, sin embargo ella debía poner de su parte, nada de ayuda que proviniera del joven era gratis, todo tenía un precio, aunque quizás si ella se portaba bien, los dos podrían jugar, divertirse y ganar.


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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Madison Simonsen el Vie Oct 07, 2016 11:29 pm

Las palabras habían fluido de sus labios de manera natural, en un intento de confundir al desconocido el tiempo suficiente como para que su cuñado y sus invitados desaparecieran entre las calles de París, permitiendo así que ella continuara con su andanza. Sus ojos iban del hombre frente a ella a la figura de su cuñado, quien caminaba terriblemente lento para el gusto de la inglesa. Madison de hecho estaba tan interesada en perder de vista pronto a su cuñado que no se percató de lo obvia que estaba volviendo la situación para un hombre como el que había tenido la mala fortuna de toparse.

No fue sino hasta que las primeras palabras del hombre salieron de sus labios que Madison finalmente le prestó atención real. La voz del joven aquel era fuerte, llamativa y sumamente seductora, sin embargo, las palabras que mencionaba eran rudas. Una sonrisa divertida apareció en los labios de la inglesa pues a ella no le preocupaba que él creyera que era una persona quejumbrosa, de hecho, no le importaba lo que nadie pensará de ella.
Entonces debería guardar silencio, así evita escuchar sus propias quejas – sugirió de manera divertida antes de lanzar una mirada fugaz a su cuñado, solo para después volver a mirar al hombre frente a ella, ese que ahora la llamaba vagabunda y que además osaba sugerir ser capaz de dominarla – Nadie es capaz de dominarme, quizás por eso te parezco una vagabunda porque no soy como las demás mujeres – mencionó aun con la sonrisa en los labios y los ojos ahora fijos en él. Su aspecto en general era prolijo y no podía negarse que era guapo, un hombre digno de una noche divertida para la Simonsen, si es que hubiera tenido el entusiasmo adecuado en esos momentos donde solo esperaba escapar.

Finalmente cuando la figura de su cuñado se perdía entre las personas, dándole la oportunidad para escapar, Madison se vio atrapada pero en esta ocasión por el hombre frente a ella, aunque debía admitir, era mil veces mejor estar atrapada por aquel espécimen masculino que los hombres idiotas que su cuñado llevaría a reunión, después de todo, él solo pedía su nombre y no toda una vida a su lado.
Pase de ser una vagabunda a una señorita, vaya, eso si que es un gran cambio – rió – pero esta bien, le diré quien soy, con apellido y todo si es que eso lo hace feliz – se acomodo más en la silla – Mi nombre es Madison Simonsen y debo decirle que se ha equivocado – su expresión se torno sería – No estoy escapando de nadie, más bien, le estoy ahorrando un mal rato a mi cuñado y a sus invitados. La presencia de una vagabunda como yo no sería apropiada en una mansión, ¿No lo cree así? – le interrogó, usando ahora ella el apelativo que a él le pareció en un inicio apropiado para ella.



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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Predbjørn Østergård el Miér Nov 30, 2016 9:42 pm

Últimamente las mujeres que conocía parecían estar demasiado de mal humor. Se creían con el derecho de alzar la voz. Nada de eso podía permitirse. Ellas no eran las que mandaban, tampoco las que creaban el sustento de un hogar, además resultaba que eran muy débiles, aunque te dieran un poco de batalla, lo cierto es que por simple físico siempre llevaban las de perder. ¿Por qué no les quedaba claro eso? ¿Acaso eran unas locas suicidas?

Si que lo eran. En tiempo en los que vivían, no debía existir excepción alguna. Las mujeres debían encontrarse en su hogar, debían supervisar todo aquello que estuviera a su alcance, ¿en dónde? En su hogar, además de tejer, y en otros casos, atender a los hijos, mismos que les otorgaban privilegios. Claramente existían otro tipo de féminas. Esas que él mismo se encargaba de educar. Las ninfas que eróticamente encantaban a muchos desdichados que no tenían la fortuna de poder cortejar por cuenta propia. No se los reprochaba, gracias a ellos su fortuna estaba por los cielos. Sin embargo no era momento de hablar de ellas, aunque las necesitara.

Entonces sino tienes ningún inconveniente puedes acompañarme con tu cuñado, me da curiosidad ver su rostro cuando te vea a su lado, y también el tuyo, además de lo mucho que ayudaría recalcarle que estabas huyendo de él. — La tomó del brazo fuertemente y dio un tirón nada propio, mucho menos respetuoso o caballeroso. Poco a poco su sonrisa se fue ampliando. La llevó a rastras de vuelta a la dirección en la que el hombre se había citado minutos antes. Aquella situación era cómica, pero también de enseñanza, ella debía aprender que no podía levantarle la voz a ningún hombre. Ni siquiera con sarcasmos.

Cuando se fueron acercando, el hombre se detuvo y se giró en uno de los callejones. La acorraló pegando su pelvis con la ajena, sólo era una manera de privar del movimiento de su cintura para abajo, por si quería darle un golpe en los genitales. Con otro movimiento tomó los brazos de la chica y los incrustó en la pared.

¿Ya me vas a hablar con respeto? — Musitó con seriedad.


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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Madison Simonsen el Miér Dic 07, 2016 9:18 pm

Su cuñado estaba por desaparecer entre las calles, Madison rozaba la libertad con la yema de los dedos pero antes de darle alcance del todo, el hombre frente a ella la cuestiono, retándola como ningún otro lo hacía y llevándola a ver que ese espécimen masculino no era como los demás, era algo especial, único.

Los ojos que se posaban sobre ella la analizaban, mucho más que los de su cuñado o su hermana, haciendo que la inglesa se cuestionarse a si misma sobre el motivo que la llevó a elegirlo a él como su escape. Su elección no poseía misterio alguno. La verdad era que la Simonsen no le escogió por un motivo en particular, solamente le pareció lo más prudente sentarse en la única mesa donde se hallaba alguien solitario al menos en lo que el verdadero peligro pasaba. ¿Quién le pudo haber advertido de que se sentaba a la mesa de un demonio?.

La sonrisa en el rostro de Madison se ensanchaba con cada segundo que pasaba. Ya no quedaba rastro alguno de la figura de su cuñado, aunque ella sabía perfectamente que camino es que tomó. Lo que no se espero, es que su nuevo acompañante también lo supiera. De manera brusca aquel hombre le sujeto del brazo, obligándola a pararse y arrastrándola lejos del café donde segundos antes se encontraban.
¿Qué? – preguntó confundida por lo que estaba ocurriendo. Las miradas de las personas se posaban curiosas en la pareja aunque eso a la inglesa no le preocupaba. Los ojos de Madison de hecho estaban fijos en el camino que estaban siguiendo – Ya te dije que no estaba huyendo, le ahorro la molestia – repitió aquella excusa, tratando de frenar la andanza del hombre con el peso de su cuerpo.

Sus esfuerzos por retrasar lo inevitable eran inútiles. Aquel demonio que la sujetaba del brazo la llevaría hasta donde su cuñado y entonces, no podría escapar más. El temor se reflejaba en los ojos de la inglesa, ese que solo se incremento cuando sus ojos dieron nuevamente con la figura de su cuñado. Madison entonces contuvo el aliento, esperando lo peor; sin embargo, estando a unos escasos pasos de llegar a su destino, el demonio se detuvo solo para cambiar de dirección y con ello, hacer que la Simonsen se sintiera aliviada al menos por unos cuantos segundos.

Una vez más fuera de la vista de su cuñado, el demonio la aprisiono. Esta vez no pegaba su cuerpo al de ella y sujetaba con una sola mano las de ella por encima de su cabeza. La ira refulgía en los ojos de la inglesa, quien estaba por lanzarse una tanda de improperios cuando la voz masculina interrumpió sus pensamientos. Aquella mala broma que le ocurrió se debía únicamente a que el ego de aquel demonio era demasiado grande, tanto que cualquier comentario errado podía acarrearle a la Simonsen más problemas y eso no le convenía. Un nuevo suspiro salió de sus labios, en esta ocasión no de alivio sino de derrota.
Lo haré – garantizó – pero sabes, aún no me has dicho tu nombre, así podre hablarte con más respeto – Sonrió mientras que hablaba de manera suave, aunque lo hacía solo para protegerse a si misma en esos momentos porque ese demonio ya estaba en su lista negra y no le iba a permitir jugar con ella de esa manera.



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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Predbjørn Østergård el Mar Mayo 02, 2017 8:50 pm

Guardó silencio observando los rasgos cambiantes de la muchachita. Sin duda existía algo que la estaba incomodando, muy probablemente tenía que ver con el hombre al que le huía. Muchas cosas se le vinieron a su mente: abuso, mala compañía, violencia física, etc. Quizá era divertido tentar a su suerte. A él le encantaba poner en su lugar a idiotas como él. Si, algo un poco irónico, sin embargo no se permitía a alguien con el ego y la seguridad más grande que la suya.

Dejó que los minutos pasaran, que la gente los observara con curiosidad y que aquel hombre se perdiera entre el bullicio de la gente. Sus hombres lo estarían vigilando en lo que se divertía.

La damita deseaba jugar a ser atrevida y valiente. ¿Cuánto tiempo le duraría? Las mujeres siempre llegaban a tener puntos débiles. Él conoció vampiresas crueles, pero todas ellas se doblegaban si se les encontraba aquel talón de Aquiles que parecían esconder. La humana sería pan comido.

- Sin decirte mi nombre debes respetarme, te sorprendería saber que el hombre del que huías ya se encuentra bajo mi dominio, vigilado y con espera de poder seguir o no con vida, todo depende de como nos vaya en esta noche. – Sonrió charlatán, como siempre que deseaba jugar con alguien nuevo. Quizá por eso le llegaba a ir bien en la vida, todo para él se trataba de un tablero en el que siempre ganaba, no había más.

- ¿Quieres conocer un poco de mis modales? – Cuestionó. Aunque nunca estaba demás jugar a ser un caballero – Pareces hambrienta, de verdad te encuentras muy flaca, ven, te llevaré a un buen lugar – No le soltó del brazo, sin embargo fingió que el contacto era con consentimiento.

Después de caminar dos cuadras, se encontraron frente a un carruaje. No tardó en subirla, para posteriormente hacer lo mismo.

- Tu belleza tiene grandes ventajas, en algunas ocasiones podrás escoger si te dejo hacerlo. Empecemos – Le soltó el brazo cuando comenzaron el movimiento. - ¿Deseas un lugar solitario o uno concurrido? – Podría incluso sorprenderla, ¿quién lo sabía? Quizá el encuentro podría ser más peligroso para él que para ella.

¡Malditos golpes del destino!


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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Madison Simonsen el Sáb Jun 24, 2017 1:54 pm

El corazón se le detuvo en el pecho cuando sus ojos vieron la espalda de su cuñado. Aquel detestable hombre que para su desgracia volvía feliz a su hermana, ansiaba casarla para poder deshacerse de ella. El único inconveniente del plan de aquel individuo era que Madison siempre encontraba la manera de escapar de sus reuniones o citas, justo como planeaba hacerlo ese día, sin importarle que tuviera que vender su propia alma al demonio que la arrastraba con fuerza por la calle.

Desesperada por evadir a su cuñado, Madison acepto entrar en el juego del desconocido, quien de un movimiento certero y justo antes de que su cuñado volviera la vista, sacaba a la Simonsen de la calle principal, arrinconándola en un callejón oscuro donde pese a la incomoda posición, la inglesa pudo respirar con tranquilidad.
Así que no me dirás como te llamas – frunció el ceño, observando a aquellos ojos que transmitían no solamente maldad sino también seducción – Bien, no me lo digas – acepto con cierta decepción, pues un hombre de aquel tipo debía conocerse tanto como se pudiera, después de todo, eran sumamente escasos y valiosos. De hecho, para demostrar su verdadera valía, comento que sus hombres ya seguían al cuñado de la Simonsen y no solo eso, también esperaban instrucciones de parte del caballero y esas instrucciones, decidirían la suerte del hombre que más dolores de cabeza la causaba a la Simonsen – Eso si que resulta interesante – dijo antes de sonreír. Aquel desconocido, ya se estaba haciendo puntos con ella a pesar de su trato un tanto brusco y sus palabras exigentes.

Antes de que Madison pudiera responder respecto a los modales de caballero, termino siendo arrastrada nuevamente a la calle principal, solo que esta vez, caminaba ella con mayor soltura, simulando realmente disfrutar de la caminata.
La verdad es que no importa si estoy o no hambrienta – respondió, mostrando a la gente que pasaba a su lado una radiante sonrisa, misma que haría que cualquiera creyera que ese era un paseo entre amantes y no una especie de secuestro al que ella desgraciadamente, accedió – Igual me llevaras a donde quieras, ¿no? – después de que dijera eso, ambos continuaron andando en silencio.

El desconocido y la inglesa caminaron hasta un carruaje, vehículo al que Madison fue obligada a subir pero no fue sino hasta que el carruaje se puso en marcha que el demonio que le sujetaba del brazo decidió soltarla.
Que no se diga que ser hermosa no trae ninguna clase de ventaja – respondió con sarcasmo a las palabras masculinas. Madison se sabía hermosa, pero también era inteligente; cualidades que no siempre iban de la mano y que ayudaban a la Simonsen a lograr siempre lo que se proponía, al menos la mayoría de las veces, pues con el demonio con el que ahora trataba no estaba tamo segura de salir del todo airosa – Vayamos a un lugar solitario, ya estuvimos rodeados de gente en la calle – y quizás aquella no fuera la mejor idea del mundo, pero a ella le gustaban las cosas complicadas y aquel hombre, pintaba para ser el más complicado con el que se hubiera topado hasta ese momento.



Yo no sabía cómo llamar a aquello que sucedía entre nosotros, pero me gustaba.
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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Predbjørn Østergård el Lun Oct 09, 2017 9:18 pm

¿Por qué hacía eso? ¿Qué estaba ocurriendo? Sin duda se encontraba fastidiado de su vida monótona, sin embargo no podía simplemente ver a una chica, fastidiarla y llevarla a raptada de paseo ¿O sí? Sí podía, siempre hacía lo que se le daba la gana, aquello no era una novedad. ¿Cuándo pararía? El tiempo para eso quizá estaba por llegar.

Se acomodó en aquel pretencioso carruaje. No hizo más que poner atención, en un principio, a los delicados rasgos de la joven. Era hermosa, él aire de rebeldía que danzaba a su alrededor le ayudaba, pero hace tiempo dejó de atribuir que una mujer valía por eso. ¿Inteligencia? Aquello comenzaba a despertar curiosidad en él, resultaba una gran contradicción tomando en cuenta que para el joven, una mujer no tenía derecho a pensar. Una que otra sí, pero resultaban casos muy contados. La confusión lo invadió.

- Es por eso que sales de un infierno, para terminar con el diablo – Se burló. – Prefieres la soledad con un desconocido, cuando deberías optar por un lugar concurrido, es más fácil escapar, u ocasionar alguna escena para librarte de la situación en la que estás. – Se encogió de hombros. La situación le gustaba, no iba a negarse, pero era extraña; la joven parecía estar consciente que se estaba metiendo en problemas, parecía que adrede deseaba poder entrar en una situación de peligro. Tenía que averiguar algo más de ella antes de seguir actuando. Se estiró hacía el frente del carruaje y golpeó la ventanilla que los separaba del chófer. Dio una indicación y en menos de un minuto se fue reduciendo la velocidad hasta que pararon por completo. Bajó sin dar oportunidad a la acompañante que hiciera lo mismo. En medio de la nada apareció otro carruaje, dos hombres se le acercaron y Predbjørn cuchicheó algo entre dientes. Aquellos hombres asintieron y se perdieron de su vista, sin chistar demasiado se acercó de vuelva al carruaje y siguieron con su camino.

- Lo cierto es que yo me encontraba en aquella zona porque buscaba poder comer algo agradable, como es evidente que te seguirán buscando, te llevaré al lugar que menos se imaginarían que estuvieras, a menos que tengas otro tipo de secretos – Su sonrisa se tornó burlesca. – Debes tener cuidado con cada paso que des, París es una ciudad muy peligrosa, los hombres como yo podemos encontrarnos con una mujer como tú y sacarle provecho a la situación, quizá, si tu carácter no hubiese llamado mi atención, yo estaría pensando en cuantos francos podría venderte, sin embargo la cuota ya la cubrí y no tengo ganas de pensar en negocios por hoy – Se burló, lo cierto es que no decía mentiras, aunque la mujer podría creer que lo era. Predbjørn no sólo tenía el burdel, también traficaba con personas. No se avergonzaba al respecto, al contrario. Todos en esta vida eran utilizados por los demás, ¿por qué traficar con personas era peor que robar?

Llegaron a su destino, y el muchacho pidió la mano de la jovencita para bajar del carruaje. Se encontraban frente al burdel. No tenía ella porque sentir vergüenza, a esas horas de la tarde no se encontraba en función regular, lo limpiaban para poder tenerlo listo para la apertura nocturna.

- Te sorprenderás, pero tengo trabajando aquí, para mí, al mejor cocinero del país, dime que deseamos comer, y eso se te hará – Concedió mientras avanzaban a la entrada. La sala principal ya había sido condicionada para ese momento.


"Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres,
me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí.
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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Madison Simonsen el Vie Nov 24, 2017 8:27 pm

Los penetrantes y seductores ojos del hombre frente a ella le recorrieron el cuerpo para después posarse sobre su rostro, obteniendo de parte de la dama una sonrisa divertida. Gran cantidad de mujeres, mentían al simular que les desagradaba ser observadas y volverse objeto de deseo de los caballeros, problema que la Simonsen no poseía. Madison disfrutaba de ver como era que sus encantos turbaban a los hombres orillándolos lentamente a hacer lo que ella deseaba. Una verdadera pena que en esta ocasión, sus encantos no parecieran ser suficientes para domar a la bestia frente a ella, aunque eso, era lo que lo volvía más atractivo y encantador para ella.

¿Y quién dice que eres el diablo? – enarcó la ceja – probablemente seas solamente el infierno para mi y de quien escapo ahora es el diablo. Todo depende del cristal con el que mires la situación – él era peligroso, de eso no le cabía la menor duda pero prefería mil veces enfrentarse al mismo diablo que sumergirse en el infierno que le aguardaba casada al lado de un hombre que no le ofrecería nada más que una vida aburrida. Se acercó un poco más en dirección a su apuesto secuestrador y una sonrisa encantadora apareció en sus labios – He optado por un lugar solitario estando plenamente consciente de que voy con un desconocido. Me gustan las situaciones complicadas – y mientras no estuviera cerca de su cuñado, cualquier persona y lugar eran los adecuados.

Con curiosidad siguió con la mirada cada una de las acciones del demonio. Lo vio descender del carruaje sin decir nada, todo para acercarse a otro vehículo y dar seguramente indicaciones de lo que su sequito debía hacer. Claro que a Madison eso no le constaba, pero dada la manera en que él se expresaba y que antes dijera que ya vigilaban a su cuñado, no había ninguna otra cosa que ella pudiera pensar. Espero con paciencia dentro del carruaje a que su acompañante terminase con sus deberes pero en ningún momento despego su mirada de él, ni siquiera cuando volvió a ingresar al carruaje y prosiguió con la charla, como si nada hubiera ocurrido.
Que pena darme cuenta que soy el motivo de que no pudiera comer – suspiro con falso pesar – pero supongo que ya tiene idea de cómo es que va a cobrarme por su comida – sus ojos se apartaron finalmente del rostro del caballero y fueron a recorrer los edificios en el exterior – Sabes un secreto mío, confórmate con ese y no pidas más – sus secretos, los que creía haber dejado en Inglaterra, era mejor no sacarlos a la luz, dejarlos en su ciudad natal, al lado de sus padres a quien gracias a Dios no vería en mucho tiempo.

Escuchar la manera tan descarada en que aquel demonio admitía que si no fuera porque despertó su interés, ya la hubiese vendido, provoco que la inglesa soltara una carcajada y mirará nuevamente al caballero.
¿Crees que venderme resultaría tan fácil? – sonrió – seguramente me regresarían antes de lo que te esperas ya que mi temperamento no es muy del gusto de cualquiera, además de que el que me comprara, probablemente se quedaría rápidamente sin lengua. Te saldría más cara que otras mujeres – no tenía idea de la clase de negocios que llevaba a cabo aquel hombre, pero si estaba segura de si misma y de que ningún hombre podría dominarla jamás.

No le sorprendió en lo más mínimo que al descender del carruaje se encontrasen frente al burdel, por el contrario, le pareció sumamente divertido acabar en aquel lugar.
Así que este es tu negocio – le soltó la mano que segundos antes aceptara para descender – Ya veo porque crees entonces que todas las mujeres están para servirte o entretenerte – avanzó con paso decidido – Me gustaría comer algo típico de mi tierra… que tal carne de ternera asada con unas patatas y yorkshire pudding – miró por encima de su hombro – para el mejor chef de París, lo que pido debe ser muy sencillo.



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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

Mensaje por Predbjørn Østergård el Dom Dic 10, 2017 4:11 pm

Desde que nació, Predbjørn siempre fue un chico diferente, incluso al nacer, el parto había tenido muchas complicaciones, por poco perdía la vida su madre, pero ambos supieron encontrar fuerza en sus cuerpos frágiles, lo que les permitió unos años más de vida en unión; trataba de manera grosera y humillante a las mujeres, considerándolas objeto para ser utilizado de la manera en que se quisiera. Las tenía de todo tipo en su vida: Sobrinas, amantes, esclavas, luchadoras, de la realeza. Cada una desempeñaba una función en su vida, sin permitirles que pudiera dar un paso cercano a él o pasarse por encima.

Su única debilidad y respeto se dedicaba en su sobrina.

Por esa y muchas razones más, resultaba extraño que estuviera tratando “bien” a una mujer desconocida, cualquier que verdaderamente llegara a conocerlo un poco, se estaría preguntando para que nuevo juego la tenía frente a ella. La vida daba muchas vueltas, cosa que pocos podían ver o creían que les llegaría a pasar. El destino simplemente se debía cumplir sin importar nada ni nadie.

La plaza principal del burdel parecía un cuarto de hotel lujoso, aunque no se encontraba cama alguna. Había acabados bonitos y las paredes se cubrían por telas con bordados bañados en oro, había diversas mesas, una de ellas se adornaba por varias botellas que poseían ron, vino y otro tipo de bebidas adormecedoras. La mesa del centro se notaba pesada y lujosa, con un par de platos de oro sólido, copas de diversos tamaños al igual que vasos normales. Se habían preparado diversas entradas para poder degustar mientras la plática surgía; todo se encontraba perfectamente organizado y planeado. Los empleados de Predbjørn poseían inteligencia, como él.

La tomó del brazo con amabilidad e intentando ser lo menos invasivo que se pudiera, era un hombre sin escrúpulos sí, pero también se sabía comportar. Los pocos años de vida que pasó con su madre, le bastaron para poder tener una excelente crianza. Además, no tenía por qué maltratar a la mujer, no ahora, mucho menos por su gran elegancia y claro estatus social. No se necesitaba ser mago para comprender que la jovencita, al igual que él, poseía riqueza y un historial que no tardaría en conocer a la perfección, todo aquel que entraba en su vida, debía ser conocido en cualquier aspecto.

- La comida puede estar en cualquier lugar si así lo deseamos, sólo basta con dar los francos necesarios, o en mi caso, darle a una cortesana muy cotizada; los hombres son simples por naturaleza, es muy fácil complacernos si se sabe buscar con meticulosidad, la debilidad. – Guardó silencio. James, uno de sus empleados, asintió sin ni siquiera esperar una instrucción directa, ya se conocían, era de sus empleados más fieles debido a los años que llevaban juntos y la cantidad de dinero que le pagaba; eran cómplices, fuera del negocio hasta camaradas.

La condujo hasta su asiento y la estiró la silla para que pudiera acomodarse, acto seguido empujo el artefacto de manera para brindarle cercanía con la madera. Ambos parecían haber bajado la guardia a esas alturas, se notaban cómodos y algo relajados. De vez en cuando no estaba de más el poder ayudarse en situaciones importantes, como la que acababa de pasar Madison.

- Los burdeles son muy lucrativos, aunque no muchos saben que soy dueño, solo mis empleados, las cortesanas tiene estrictamente prohibido abrir la boca, les hago firmar contratos – Se encogió del hombro al mismo tiempo que tomaba asiento. – Soy un hombre ambicioso, por eso no me conformo por un simple negocio de importación, de hecho no son los únicos que poseo – Sonrió encantado – El chef tendrá la comida en una hora quizá – Sirvió dos copas del mejor vino de Francia, y esperó a que ella quisiera compartirle más de su vida.


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Re: Es necesario dejar entrar a una mujer, para saber hasta donde es capaz de llegar la crueldad × Privado

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