Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Ella prolongaba su propio tormento. Él sentenciaba sin miramientos. → Privado

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Ella prolongaba su propio tormento. Él sentenciaba sin miramientos. → Privado

Mensaje por Hilda Eddowes el Lun Jul 04, 2016 10:07 pm

“¿Buscamos paz, tranquilidad y dicha?
No; buscamos sólo la verdad,
aunque ésta fuese repulsiva y horrible.
Aquí se separan los caminos de los hombres.
¿Quieres paz espiritual y felicidad?
Cree. ¿Quieres ser un apóstol de la verdad?
Entonces busca.”





La vampiresa es un contraste de sensaciones y acciones. En ocasiones puede resultar un sobrenatural despiadado, pero suele tener momentos en los que el anhelo y el dolor se apoderan de ella.

Hilda lleva mucho tiempo sufriendo. Jamás tendrá un vientre que le pueda dar hijos, y aquellos a los que creyó iba a poder tener nunca nacieron. Lo fantasmas de aquellos bebes habían quedado estancados en una propiedad. Como la inocencia era parte de lo que fue de su existencia, no le harían daño a nadie, ni siquiera los asustarían, pero extrañaban a su madre. Una vampiresa que se había ido de aquella ciudad, y radiaba en un sitio completamente distinto. Por eso ella odiaba a cualquiera que pudiera tener lo que ella quiso, y en ocasiones no dudaba en comer y asesinar a quien estuviera teniendo sus sueños y convirtiéndolos en realidad.

Mientras se encontraba recostada en su cama, la criatura recordaba. No existía momento alguno en que su tranquilidad se desviara a ciertos recuerdos. ¿Cómo poder vivir eternamente con remordimiento y anhelos imposibles? Resultaba extraño incluso de digerir. Hilda tenía que poner los pies en la tierra, sin embargo, cada que creía estaría a punto de hacerlo, algo ocurría que arruinaba la situación.

Su garganta estaba quemando, llevaba más de una semana sin tomar una gota de sangre. Su mal humor no ayudaba; sino deseaba cometer una locura, y tener que mudarse de ciudad, tanto como de país, más valía que bebiera un poco de sangre.

Se arregló, pero no se puso un vestido con corsé, sino uno ligero, de esos que las sirvientas de clase baja se colocaban. En ocasiones le resultaba divertido jugar con eso de las posiciones sociales. Le ampliaban el panorama, y muchas maneras de ver la vida eterna. Lo importante, claro estaba, era la diversión que podía tener al intentar hacerse pasar por algo que no era, y que nunca sería.

Hilda salió de casa. Primero caminé por los limites del bosque, después terminó por adentrarse a la ciudad. Observó a su alrededor, y escuchó divertida algunas palabras obscenas que un par de hombres le estaban regalando. Cómo si fuera una prostituta desesperada por unas monedas, los invitó a caminar hasta los arbustos ofreciendo su cuerpo a cambio de un par de francos.

Hombres a fin de cuentas, mordieron el anzuelo de la necesidad, y terminaron por encontrarse frente a ella, acorralándola para demostrar que ellos mandaban, intimidaban y dominaban. Acción que sólo duró un par de segundos, porque el escenario entero cambio. La sangre de los sujetos se escurrió por el tronco de un árbol, y terminó por volverse un charco entre las raíces del mismo.

Impecable aún de su atuendo, rostro y piel, siguió avanzando, pero ahora buscando la soledad del bosque, de la noche. Incitaba de vez en cuanto los peligros de la luna llena. ¿algún lobo iría a jugar con ella? Eso esperaba, se encontraba aburrida, y su idea de pasar la eternidad en soledad, esa noche la estaba aniquilando.

Escuchó entonces algunos pasos, se mantuvo alerta por unos instantes, pero decidió ser espectadora primeramente, así que se escondió entre las ramas altas de un árbol frondoso. ¿Quién estaría ahí? Al cerrar los ojos escuchó la palpitación de dos corazones acelerados por la corrida de ambos.

Dejó caer una piedra que había recogido antes de subir a su escondite, si percibían el golpe inesperado entre su danza de ataque, entonces estaría claro la naturaleza de su pronta visita, sino, era momento de jugar al gato y al ratón, y era evidente quien sería la felina.



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Re: Ella prolongaba su propio tormento. Él sentenciaba sin miramientos. → Privado

Mensaje por Derek Corey el Sáb Ago 13, 2016 11:18 pm

"Puedo asegurar que he vivido
en un terrible infierno estando en la tierra."



Su peculiar adicción al alcohol no había desaparecido con el viaje, en realidad, se hacía más fuerte. Pasaba casi todas las malditas noches internado en la taberna, como queriendo dejar a un lado sus malas experiencias de vida, y buscando alguna excusa para poder desahogar sus rencores en la cacería. Especialmente de brujas. A pesar de ser tan sólo un humano, Derek había desarrollado, en todos estos años, una notable resistencia al alcohol, la cual sabía aprovechar bastante bien. En vez de hundirse en la embriaguez por completo, se detenía cuando ésta ya comenzaba a hacerse presente. Le gustaba tener la mente lúcida la mayoría de las veces; aunque en ciertas ocasiones no contaba con la misma fortaleza, dejando que todo se fuera al diablo. Quizás, porque muy en su interior, creía que esa era la única solución a sus pesares. Era tan estúpido por creer en esas cosas; por dejarse vencer, en silencio, por un pasado maldito que había contaminado a toda su familia.

Salem estaba muy lejos, cientos de kilómetros de distancia. El océano los separaba por completo, pero la ciudad maldita aún estaba marcada en su mente, como grabada a fuego. Ahí creció, pero también, se deshizo de su bondad humana. Ahora era una máquina para asesinar, contratado por un hombre selecto, líder de un grupo de cazadores, quienes detestaban a las brujas, tanto como él. Aunque el odio de éstos no era tan severo como el de Corey, él quería destruirlas a todas, aquellos sólo cazaban a las que consideraban un peligro para la sociedad.

Bebió su último trago, se pasó el dorso de la mano por la barba y decidió salir de aquel lugar de mala muerte. Se quedó un par de minutos frente a la entrada, al percatarse que el licor le había hecho una mala jugada. Gruñó y decidió iniciar la marcha hacia el albergue, pero sin fijarse, terminó adentrándose en el bosque. La mente de Derek, junto con los efectos del alcohol, volvía a hacerse un mar de confusiones. Las ilusiones, que le habían perseguido desde que era un chiquillo, se hicieron presentes en ese instante. Escuchaba las risas macabras de las viejas brujas de Salem; recordó cuando le obligaban a ver a los ajusticiados y como su tío entraba en una locura imposible de abandonar. Todo eso hizo que su ira ardiera; desenfundó su revólver al estar al frente a dos muchachas jóvenes y disparó. Éstas salieron corriendo despavoridas y él, en su propia ilusión, las persiguió a través del trecho oscuro que lo internaba más en el bosque. Las voces que le hablaban en su cabeza, producto de la maldición de los Corey, le animaban a continuar con su persecución, pues, aquellas eran brujas. Brujas que merecían morir. Y así era, sólo que las jovencitas no precisamente se dedicaban a dañar a otros. Pero el tormento de Derek no dejó que pensara con lucidez y terminó dándole a una en la espalda.

Cuando la muchacha cayó tendida en el suelo, Derek reaccionó y paró en seco. Todo el malestar, y la ilusión terrible que lo usaba como un títere, desapareció.

—Pero… ¿qué demonios he he…? ¡Shhh! —Le hizo una seña a la otra mujer que intentaba ayudar a su hermana. Se percató de que no estaban solos—. Lamento esto, señoritas. Igual seguirá viva si la atienden a tiempo en el hospital. —Advirtió en voz baja, acercándose, sin bajar la guardia en ningún momento—. Aunque dudo que puedan escapar de una criatura hambrienta.




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Re: Ella prolongaba su propio tormento. Él sentenciaba sin miramientos. → Privado

Mensaje por Hilda Eddowes el Miér Sep 14, 2016 7:36 pm

La nada dejó de ser eso: nada. El silencio del bosque fue interrumpido por algún loco despavorido, aquel camino de tranquilidad se esfumó, desapareció. Nunca más volvería a ser el mismo, porque incluso su destino inmortal recibió el choque necesario para dar el cambio que nunca buscó, pero que por supuesto necesitaba. ¿Se encontraba curiosa? No demasiado, pero si algo interrumpir tanta paz, entonces debía ser visto, investigado y encontrado. ¿Alguien iba a divertirse más que ella esa noche? Quizá esa era la gran intención, pero estaba claro que no iba a perder la magia, porque si ella se ponía una meta, nadie la superaba, era su momento de aparecer.

Primero que nada, Hilda cerró los ojos y aspiró lo máximo que pudo, de esa forma iba a poner identificar a las criaturas que iba a tener frente a ella. No parecía que los aromas fueran peligrosos, de hecho todo le resultaba demasiado común, aunque un poco de comezón apareció en la punta de su nariz. Algo no era del todo normal, eso debía reconocerlo.

La monotonía se estaba volviendo el peor de sus males, disfrutaba sin duda su libertad, la evolución de los tiempos, notar como las cosas cambiaban, observar como la debilidad humana podía volverse su mayor fortaleza. Los humanos eran fascinantes si se lo proponían, o demasiado predecibles. ¿Alguno que valiera la pena? Quizá sólo para alimentarse.

Su pasó fue demasiado rápido, de esos casi irreconocibles, lo hizo siguiendo la corriente del aire, así era más fácil poder pasar desapercibido incluso con criaturas de su misma especie. ¿La atraparían? Nunca, porque no estaba dispuesta a eso.

Fue así como llegó a la escena, escondiendo su figura esbelta y poco protegida (por la falta de corsé), entre un par de troncos que se abrazaban entre sí. Aquello le hizo sonreír, aunque el olor de la sangre no fue su favorito, sin duda se trataba de dos jovencitas de clase baja, demasiado mal alimentadas. Aquel hombre fue la cereza del pastel, parecía le ganó el alimento.

Vaya, vaya, un hombre que parece bien entrenado, jugueteando con dos pequeñas mocosas — Su voz baja, pero lo suficientemente fuerte para ser escuchada apareció. — Debe ser patético no poder enfrentarse con alguien de su propio tamaño, ¿la cobardía le acompaña? — Se carcajeó con el cinismo necesario para hacer ofender e irritar a cualquiera. Eso buscaba siempre, poder molestar al enemigo, sino la pelea no resultaba interesante.

No te molestes, tu hermana no va a durar demasiado, si a caso unos veinte pasos y perderá la consciencia, después querrás arrastrarla, y terminarás por lastimarla un poco más de la cuenta, será ahí cuando la termines de matar, ¿lo entiendes? Terminarás por sentirte culpable, lo cual no está bien, porque quien la hirió fue el borracho — Sonrió a los tres de forma alterna.

¿Matas por impotencia, diversión o desahogo? Porque debe existir una buena explicación para ser tan cobarde — Interrogó, de nuevo buscando poder elevar la temperatura corporal del hombre, con enojo, claro estaba, quizás de esa forma al beber de él le sabría muchísimo mejor.

Despídanse de una vez — Les ordenó a las jovencitas — No quiero escuchar lloriqueos adelante, hay peores cosas que perder a una hermana, eso pasa todos los días — Se burló, pero lo cierto es que sufría, porque ella había perdido a su hijo incluso antes de nacido.

Me llamo Hilda, y estoy aquí para poder disfrutar de su sangre — Señaló la figura del hombre cuando dejaba ver la suya con claridad. El destino de ambos se unió y jamás se volvería a separar.



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Re: Ella prolongaba su propio tormento. Él sentenciaba sin miramientos. → Privado

Mensaje por Derek Corey el Jue Oct 13, 2016 12:22 am

¿Acaso se sentía mal por haber lastimado a la muchacha? No. Realmente no se condolía por eso, ni siquiera lo hizo al ver a la hermana de la joven desparramándose en llanto, insultándolo de mil maneras. Derek estaba más horrorizado por haber sido víctima de sus delirios y de su propia maldición, que de la escena en donde agonizaba la mujer. Había percibido a alguien más; el aire, incluso el bosque mismo, se volvía muy denso. En sus años de entrenamiento, y aunque fuera tan sólo un mortal, aprendió a notar ciertas cosas que otros sencillamente ignoraban. Sus sentidos estaban más agudos a cualquier movimiento extraño; su oficio así se lo exigía. Si no contaba con esos detalles esenciales, iba a terminar muerto en alguna parte. Igual, la muerte era algo muy lejano para él, pues sería la salida más fácil a su maldición; y a quienes lo atormentaban, no les interesaba en lo más mínimo.

Con el rifle en su mano, contemplando la escena, mucho más sosegado que antes, volvió su atención en la criatura que los espiaba. Aunque, luego de unos minutos, no había sido necesario instigarle que se mostrara, ella lo hizo por su cuenta. A Derek poco le importó; en realidad, no le importaba nada. Era como si fuera un muerto en vida, y hasta se llegaba a pensar que no le corría sangre por las venas. Escuchó a la muchacha llamándole insensible a gritos. Y sí, tenía razón. ¿En qué diablos se estaba convirtiendo? Quizá una bestia estaba más alejada de lo que él verdaderamente era. La mente humana, en muchas ocasiones, era el refugio de las más nefastas tragedias.

Todo lo que estaba ocurriendo ya le estaba siendo demasiado absurdo. No era la primera vez que se topaba con vampiros, tampoco le eran gran cosa; sus únicas enemigas a muerte eran las brujas. Las odiaba infinitamente. Pensar en ellas le revolvía la mente; pero esa vez no estaba ocurriendo eso. La ocasión le era bastante indiferente. ¿La verdad? Alguien más lo usaba de títere sin él notarlo. ¡Su cabeza era un maldito desastre! Y ni podía dejar escapar con frustración ese malestar, que no era físico, sino más bien, psicológico.

Observó a la mujer, luego a las jóvenes. Escupió al suelo y luego respiró profundo, terminando, al cabo de pocos minutos, por reír con ganas. ¿Lo estaba provocando? Los vampiros solían ser tan predecibles. Con razón ya no eran los villanos favoritos en las fábulas.

—Tal vez mato por las tres cosas, o lo hago por alguna razón mucho más interesante que esas —respondió con voz neutral, completamente tranquilo—. Podría preguntarle lo mismo a un vampiro, licántropo, a un humano que se dedique a descuartizar personas, y ninguno sabrá con exactitud que decir. Muchas matan y no saben porque lo hacen; otros tienen sus propias teorías. Ya ves, cada cabeza es un mundo.

Ver a las hermanas le pareció repulsivo. De nuevo, esa terrible voz en su cabeza le hablaba, llamando brujas a las jovencitas; señalándolas de impuras. Derek intentó callar al ser espectral que se dirigía a él, pero no logró hacerlo. Ni siquiera le preocupó cuando la vampira le amenazó con que convertirlo en su cena. No, para nada. El cazador estaba abstraído por sus propios demonios.

—No me importa. Cállate de una buena vez. —Alzó el arma, y con una puntería excelente, disparó a ambas chicas, justo en la cabeza—. Y tú... Mejor ve a un orfanato o albergue a descargar tu odio —habló sin pensar mucho, sólo repetía lo que la voz en su mente le dictaba—. ¿Por qué perder energías en un hombre borracho como este? Un loco que es... ¡Suficiente! —Sacudió su cabeza y llevó el rifle hacia ésta, con la intención de volarse los sesos—. ¿Sabes qué es peor que no saber porque asesinas? Tener que lidiar con estas malditas voces. Y sí, seguro dirás que estoy loco, no es novedad; yo mismo estoy seguro que es así. ¿Sabes por qué las maté? Porque eran unas asquerosas brujas y todas ellas merecen la muerte. Una estaba encinta; he acabado con tres vidas y sin importarme una mierda. —Apartó el arma de su sien y exhaló—. Tal vez ni morir en manos de un susodicho vampiro sea suficiente para acabar con todo esto.




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Re: Ella prolongaba su propio tormento. Él sentenciaba sin miramientos. → Privado

Mensaje por Hilda Eddowes el Miér Nov 09, 2016 5:57 pm

Hilda vivía en su mundo, ensimismada en su propia realidad. Se regía por leyes que distaban de las naturales, aunque por instinto natural respetaba una que otra establecidas por los humanos. Siempre recordaba aquel deseo que había tenido de ser madre, también que había perdido un pequeño sin haber nacido, y por último se torturaba con la idea de jamás llegar a dar a luz. Era su propio verdugo, ella decía en que momento debía sufrir, pero también en que momento paraba para poder intentar salir adelante. Nunca salía de su miseria, al menos lo intentaba. Aferrada estaba en que merecía todo ese dolor eterno. Cualquiera que supiera la realidad que cargaba sobre sus hombros sentiría lastima, pero los secretos sólo lo sabe el portador o los no vivos.

Ni siquiera se inmutó por el asesinato de las chicas, no, no porque fuera una vampiresa, desde que la desgracia asomó a su vida no sentía dolor por aquello que ocurría a su alrededor. Era una insensible, alguien esperando a ser rescatada de lo imposible. ¿En realidad deseaba que alguien le ayudara? No, su obsesión también buscaba más dolor y sufrimiento.

Su silueta avanzó lo necesario para dejar ver parte de su rostro blanquecino, aunque no dejó no se mostró por completo. Si Hilda se dejaba ver al cien, en otro momento la reconocerían, buscarían venganza y terminarían con su agonía. No estaba dispuesta a eso, necesitaba sufrir, quizá para siempre, quizá en algún momento se detendría, sólo ella lo sabía.

Su rostro se endureció al notar las palabras ajenas, no comprendía del todo, pero sintió sorpresa por algunas palabras que él mencionaba. ¿Acaso la conocía? Eso sería imposible, pero ¿por qué la crueldad de hablar de un orfanato o albergue? Refunfuñó.

La vampiresa giró el rostro de un lado a otro, las cuentas no le daban, además no recordaba a aquel hombre. Aunque la angustia de que alguien supiera su verdad, apareció, decidió que no iba a tomarle importancia, probablemente sólo era una coincidencia. Movió su cuerpo de nueva cuenta para esconderse de la luz que proyectaban las lamparas de parafina.

Cualquier especie sufre su propia locura, cada uno a distinta escala, y cada acción que se comete depende del dolor que hemos experimentado — Explicó, como si le hablaba a un pequeño niño para que pudiera comprender lo que decía. Por lo regular siempre hablaba de esa forma, no ocultaba su deseo de criar y educar. Algunas veces resultaba ser un fastidio, pero era parte de esa locura que tenía y que estaba explicándole.

¿Qué te ocurrió? — Cuestionó emocionada, sólo la desgracia ajena provocaba en ella algo que no fuera dolor. Resultaba egoísta, pero le hacía creer que quizá lo que le pasó no resultaba lo más terrible, quizá ya lo sabía pero era lo único que le quedaba para aferrarse.

¿Juzgas por la raza? Las brujas suelen ser más sagradas que los mismos humanos, ellas estuvieron antes, los humanos son aquellos que nacieron con el desperfecto de no tener magia — Se burló de la ignorancia de aquel ser.

Ella no era mala, lo veo en su mirada, de hecho creo que acabas de matar a alguien que ayudaba más que tu mismo — Se burló. — Estas destruyendo el equilibrio — Se encogió de hombros.

¿Matas por placer? No eres tan distinto a esas brujas que creías malas, porque juzgas y disparas sin ni siquiera investigar. — Lo analizó un poco más — Eres peor que todos los que tenemos esta naturaleza — ¿Impartir dolor? Eso era nuevo, pero se sentía bien.



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Re: Ella prolongaba su propio tormento. Él sentenciaba sin miramientos. → Privado

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