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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Beat Your Heart Out [privado] [+18]

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Beat Your Heart Out [privado] [+18]

Mensaje por Annabel Hemingway el Dom Jul 10, 2016 2:50 am

Recuerdo del primer mensaje :

Caminaba entre los árboles esa tarde primaveral, apenas a inicios de la nueva estación. Los árboles se despojaban de su blanco manto para comenzar a mostrar sus hojas verdes, al igual que lo hacía el resto de arbustos y plantas. La nieve terminaba de derretirse bajo el calor de los rayos solares y las primeras flores comenzaban a vestir el bosque de colores que contrastaban con la capa blanca que poco a poco comenzaba a desaparecer. Comenzaba a distinguir los olores de la primavera, el polen que se desprendía de pétalos azuzados por el viento, escuchaba el leve crujido de ramas producido por pequeños animales silvestres que se escondían en madrigueras a medida que caminaba por la zona, y a mis oídos llegaba el sonido del viento que susurraba siguiendo su trayecto de rama en rama, y que dejaba atrás su árida temperatura para tornárse más cálido.

Supuse que el aumento en la temperatura del ambiente iba bastante acorde con el aumento en la mía, pues no estaba mi ánimo precisamente en su mejor punto, sino más bien alto en irritabilidad y con ciertos matices de alevosía, lo cual sabía perfectamente que se debía a la conjunción de la aproximación de la luna llena dentro de algunos días, y el mero hecho de no saciar aún mis deseos de venganza aumentaban la carga que inevitablemente acarreaba mi alma y que la tornaba aún más pesada, aunque había que admitir que algunos culpables ya habían pagado, y que no era mi mano la que había titubeado al emitir el veredicto y castigo, sino más bien habíase tornado la más certera al exhalar aquellos su último aliento.

Mi paseo por el bosque sin embargo, no traía consigo más deseo que el de distraerme un poco, buscando tranquilizar mis ánimos, e incluso buscar inspiración para mis próximas creaciones artísticas, deseando fervientemente encontrar algo que me conmoviese, un atisbo de belleza que pudiese utilizar como guía para derramar en un lienzo, y es que llevaba algún tiempo ya sin que mis manos dirigiesen los trazos de un pincel. Era precisamente cuando mi temperamento subía de tono, y mi espíritu intranquilo distaba de ser sosegado, cuando mayores impulsos movían a mis ágiles dedos, motivo por el cual me paseaba en ese momento entre el espesor del follaje. Eso, y otro suceso que tenía más que ver con el llamado que encontraba en la naturaleza y que repentinamente me impulsaba a buscarla, deseando internarme en ella al caer presa del mismo mis sentidos. El llamado que se había acrecentado últimamente y que lograba que me sintiera en mi elemento al proseguir mis pasos.

Continué caminando hasta aproximarme a un arroyo, sobre el cual observé algunos pájaros volando antes de que se detuvieran en la orilla y brincotearan de un lado a otro picando la tierra y cuanta flor se encontraban a su alrededor. Me senté un momento sobre la grama y observé el movimiento de las aguas. Aspiré el aire fresco y una sonrisa ladeada se extendió sobre mi rostro antes de volver a levantarme y acercarme al arroyo. No lo pensé dos veces, me despojé de mi vestido, permaneciendo con mi ropa interior que me permitía más agilidad de movimiento y ante el chapuzón que se sucedió a continuación los pájaros se dieron a la fuga, alzando vuelo en bandada mientras me zambullía y a los escasos segundos subía a la superficie.

A continuación comencé a nadar boca arriba, moviendo los brazos a los lados y sintiéndome liberada de mi antigua tensión. Observé el panorama sobre mi cabeza y mis pensamientos regresaron a mis recuerdos e inevitablemente se dirigieron hacia François... Me pregunté si él también se había sentido seducido por la naturaleza desde un inicio, si igualmente se habría percatado de los cambios que le permitían abrazar esa simbiosis entre el lobo y ella, si había gozado del afinamiento de sus desarrollados sentidos y si le habría invadido una sensación delirante al percatarse de todo lo que era capaz de hacer... Sentí un sacudimiento muy intenso al preguntarme aquello ya que su respuesta nunca me llegaría. Si tan solo hubiésemos podido compartir todo aquello... Si tan solo hubiésemos gozado de más tiempo...

Tan inmersa me encontraba en aquellos pensamientos que en un inicio no noté el cambio en el aroma que acarreaba el viento, no hasta un momento después cuando al percibirlo, me detuve rápidamente para cambiar de posición y nadé hasta detrás de una roca desde donde atisbé hacia la orilla del arroyo. A mis fosas nasales llegaba el olor distintivo de un ser humano, olor a sudor mezclada con algo que fácilmente reconocí como sangre. El descubrimiento no me causó la menor gracia, no solo venía a interrumpir mi tranquilidad sino que anunciaba la posibilidad de que quien se estuviese acercando acarrease consigo algún tipo de problema. Irritada por la interrupción nadé de regreso a tierra, alcancé mi ropa, me vestí con rapidez y apreté los labios cuando mis agudos oídos escucharon el crujir de unas cuantas ramas.


Última edición por Annabel Hemingway el Vie Ago 12, 2016 2:45 am, editado 2 veces



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Re: Beat Your Heart Out [privado] [+18]

Mensaje por Agarwaen el Miér Ago 17, 2016 9:50 am

Negué sumergido en su cuello dejándome embriagar por su olor aun con una sonrisa en los labios de satisfacción, ahora si que el cansancio había empezado ha hacer mella en mi, y mis ojos se cerraban allí sumergidos en su piel.

Como explicarle a una mujer que no era una cazadora, que no entendía de la guerra, que me esperara alguien en casa o no, yo luchaba porque esa era mi obligación, porque para eso yo había venido al mundo.
Mi existencia estaba condenada a la batalla,como la suya era en este mundo machista cuidar de sus hijos y ser una mujer respetable. Veníamos de mundos distintos y al igual que yo jamas entendería que una mujer estuviera condenada a ser menos que un hombre, ella no entendería que la muerte formaba parte de mi tanto como la vida.

-Annabel, quizás en otra vida mi sino sea distinto, pero en esta soy un cazador, me enfrento a seres de esos que cuando eras pequeña te hablaban tus padres para que no salieras de la cama de noche.
A lo que me enfrento a diario no es a hombres, son monstruos, y cuando luchas contra el mal, te arriesgas a que la parca te encuentre y te lleve consigo.
No me quejo, se l oque soy y no tengo miedo. Nací guerrero, moriré guerrero. Pero no estoy dispuesto a arrastrar conmigo a nadie. No voy a hacer que cada noche mi mujer se quede en vela sumida en un mar de lagrimas esperando que vuelva con mi escudo o sobre el.
Puede que creas que eso me convierte en un cobarde, puede que lo sea.

Tomo mi barbilla para enfrenta ahora si mi mirada a la suya, esos ojos pardos difíciles de igualar en belleza.
Escuché sus palabras, esas que me juraban que gracias a mi y no a otro había recuperado las ganas de vivir, y no pude evitar sonreír sucumbiendo a sus labios que bese despacio, enredando en ellos mi lengua, perdiéndome de nuevo en su sabor a bosque y a manzana.

Mire de soslayo la manzana que ahora sobre la hierba se me antojaba un manjar divino, quizás porque me recordaba a ella, a su boca, a su ser.
-me alegro de haberte recordado lo que es la vida, ahora coge ese sentimiento y vive, puedo prometerte una cena, una noche de borrachera, un baile...pero nunca podrás tener conmigo mas de lo que tienes ahora ¿lo entiendes? No voy a arrastrarte al infierno.

Y como si a través de mis ojos me leyera el alma dio en el calvo, mi herida, esa que me abocaba al irremediable infierno del que hablaba, la que me orillaba mas a la muerte que a la misma vida.
Desvié mi mirada incomodo, consciente de que había descubierto sin hablar mas de lo que era mi intención que supiera.
-Me muero, la herida se extiende, solo has logrado que deje de sangrar, pero si...llegara a mi corazón y una vez lo haga dos opciones son las que barajamos, que me transforme en un monstruo, con lo cual, mi esencia se perderá, yo ya no seré ese hombre que hoy te ha hecho sentir viva, seré un ser oscuro. Eso hará que yo mismo antes de que eso suceda hunda la daga que porto en mi corazón evitando tal barbarie. O que directamente me mate la herida sin mas...
Sea como sea mi destino ya esta marcado, trato de encontrar un modo de cambiar mi sino, buscar un nigromante que me diga que posibilidades hay de parar esto. Mas como bien sabes de normal los seres sobrenaturales no tienden a apiadarse de un cazador, así que poco a poco.

Guarde silencio sobre la peor parte, esa que no pensaba contarle, la que me lo había hecho venia en mi búsqueda, esa mujer, esa nigromante estaba cerca, se acercaba con la misma rapidez con la que mi herida se extendía.
De nuevo la batalla la sentía en cada poro de mi piel, por eso tenia que ponerme en forma para llevarla conmigo al infierno, esa seria mi ultima y gran batalla.

Sonreí de medio lado mirándola
-¿una cena? -susurré cogiendo la manzana y dándole un mordisco mientras me incorporaba mirándola.
-No me pidas que te deje luchar a mi lado, porque ni loco, ni harto de vino lo haría...disfrutemos del hoy y olvidemos el mañana.
Toma eso que te he dado y vive por los dos ¿vale? Pero no me pidas que te sumerja en mi infierno porque te juro que me iré y no volverás a verme nunca mas.




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Re: Beat Your Heart Out [privado] [+18]

Mensaje por Annabel Hemingway el Jue Ago 18, 2016 9:06 pm

Un oasis, eso comprendí que era aquel hombre que aún descansaba entre mis brazos mientras los míos le acariciaban con lentitud. Un oasis a mis penas, a mis batallas, a mi aislamiento, a mi odio inacabable, a mi urgencia por acabarlo todo de una vez...

Su cuerpo era un bálsamo y su respiración en mi cuello que me causaba ligeras cosquillas me hacía sonreír. Su aparición en el arroyo había llegado a mi vida para regalarme una pausa, un respiro que no sabía que necesitaba, para refrescarme con su voz y con su mirada, y si era honesta conmigo misma, me gustaba ese momento en el que estábamos tumbados en la grama, con su cuerpo aún calentando el mio mientras pequeñas gotas de agua aún resbalaban por su pelo y por su rostro, que aún mantenía sus ojos fijos en los míos.

Me percaté de que si había de utilizar el pincel pronto, mis dedos se moverían con premura, desplazándose sobre el lienzo para dibujar lo que estaba viendo en ese momento. A Agarwaen sentado frente a mi, con una manzana cerca de sus labios y una sonrisa bastante suya, con sus ojos que de tanta intensidad se volvían muy profundos, contrastando con el cielo detrás de él, con las nubes blancas y el bosque que movía sus ramas con lentitud. Pensé que ese era un momento de belleza perfecta, aquel que solía buscar y que en raras ocasiones encontraba, todo concentrado en él en una escena que me sacudió sobremanera y que repentinamente quería inmortalizar.

No estaba sin embargo preparada para oir lo que dijo a continuación. Acababa de narrarme más de si mismo y con ello me me reveló lo único que no esperaba escuchar. Agarwaen era un cazador. Esa era la palabra que acababa de utilizar. Cazaba seres que denominó monstruos y que me resaltó, eran su objetivo a vencer. Para eso se había criado como guerrero y por ello moriría hasta ofrendar su último aliento de vida.

Mi mente dio vueltas al escucharle mientras le veía sonreír, ajeno al abatimiento en el cual acababa de enzarzarme, juntando nuevamente su boca con la mía para besarme con lentitud y entregarme el regalo de sus labios sensuales que junto a los míos se mezclaban en sabor a manzana. Tiré de su pelo irracionalmente, acercándolo para beber de ese sabor divino y perderme en el a pesar de que mi razón me indicaba con toda seguridad que ese iba a ser la última vez que encontraría sus labios. Lo besé lentamente, saboreando su dulce lengua, inhalando todo indicio del olor que le definía, identificándolo entre el resto de los mortales; acaricié su rostro para mantenerlo cerca antes de finalmente dejarle ir.

Entonces escuché el resto de su relato, la fatídica forma en la que su herida amenazaba con robarle lo que faltaba de vida, la manera en que me indicaba que no debía involucrarme en ello. Su manera de decirme que no debía esperar más de él que un baile o una cena y preguntarme ajeno a mi torbellino interno si me animaba a compartir una con él.

Me incorporé, flexionando mis rodillas las abracé con mis brazos, mientras descansaba en ellas mi barbilla y lo miraba. El aire se tornaba recio alrededor nuestro, alborotando mi largo cabello oscuro mientras lo miraba largamente antes de hablar.

-No sería yo quien te pediría algo más aunque debo admitir que por un momento la idea de ser yo quien te esperase por las noches tras cada una de tus batallas y atendiese tus heridas antes de consolarlas con mis besos se me antojó una idea maravillosa. Alcé un dedo para que no me fuera a rebatir. -Si, sé que crees que ninguna mujer podría soportarlo pero creo que subestimas lo que una mujer es capaz de hacer por un hombre. Un hombre a quien ella ha de esperar cada día como el máximo regalo, feliz de poder atender sus heridas y brindarle el consuelo de sus brazos... Y sin embargo, sé de sobra que no soy esa mujer... porque verás, mis días se acortan y mi tenacidad se expande, y sé que quizás mi trajinar por esta vida me lleve a un final insospechado que me despoje de una vez de todo y me permita descansar...-

Sabía que mis palabras habían de sonar misteriosas y quizás descabelladas para él por lo que procedí a contarle lo que rara vez le había narrado a otro ser.

-Hace algunos años y recién llegada a París, una doncella muy joven se enamoró perdidamente de su maestro. En ella cada sentimiento, cada sensación, cada impulso eran como una vorágine que no alcanzaba a canalizar excepto cuando se desfogaba en sus pinturas. En ellas encontraba un medio de expresar todo aquello que la constituía y que no podía liberar de su organismo de otra manera. Cada nueva tristeza, alegría, enojo o conmoción la embargaban de tal forma que de no haber contado con el lienzo estas emociones la consumirían. Aquel hombre del cual se enamoró le enseñó a canalizar todo aquello, a plasmarlo de forma inigualable para que sus pinturas no fueran únicamente un desahogo sino mucho más. Pero no fue solo él comprender que él hablaba su mismo lenguaje lo que le compelía hacia él sino todo aquello que le inspiraba a cada momento. Su nombre era François y él fue su primer y gran amor.

Ella lo amaba con locura y el que repentinamente él se apartase de ella la sumió en una depresión profunda hasta que sin poder aceptar la lejanía se armó de valor una noche de luna llena y fue a buscarlo a su hogar. Aquella noche le encontró encadenado en su sótano y aunque él al notar su presencia inmediatamente rugió echándola de allí, ella terca se empecinó en quedarse, sin poder comprender lo que pasaba hasta que él se transfiguró frente a sus ojos, revelándole así que era un hombre lobo.

En los días que transcurrieron el volvió a apartarse de ella, no quería arrastrarla con él hacia su maldición pero el amor era más fuerte y a ella no le importaba. Eventualmente los sentimientos vencieron y ambos se comprometieron...-
Mi voz paró allí. Lo recordaba todo tan intensamente como si estuviese de vuelta en el pasado, como si cada nueva palabra me transportase justo de regreso a el.

-Lo amé con todas mis fuerzas hasta el día en que la Inquisición llegó a buscarlo a su hogar. Le arrebataron de mi lado a pesar de que se resistió. De nada valieron mis súplicas, mi insistencia para volver a verlo. La inquisición lo había apresado por el mero hecho de que era un licántropo. Ellos lo asesinaron por el puro odio ante lo sobrenatural y ese día en que me enteré de que había muerto murió también lo mejor de mi.-

Me puse de pie, clavando mi mirada en él, orgullosa de lo que yo era. -Después de perderle a él pagué para que un hombre lobo, el jefe de su manada, me mordiese. De esa forma me transmitió no solo la fuerza sino todas las habilidades necesarias que necesitaba para llevar a cabo mi propósito. Uno a uno los he ido eliminando a todos. A cada uno de los involucrados en la muerte de François, a los guardias que le encadenaron, a quienes accionaron las máquinas para torturarle, a aquellos que mintieron para encubrir el asesinato. A todos les he arrancado el corazón y solo falta uno. Aquel al que he rastreado durante dos años. El inquisidor que le arrebató finalmente la vida. A él he de enfrentarme pronto y cuando lo haga sé que solo uno de nosotros ha de salir con vida, pero he jurado ante la tumba de mi antiguo amor que seré yo quien arrebate el último aliento del inquisidor y que le haga pagar con sangre. Solo entonces habré cumplido mi juramento...-  

Mi respiración se había vuelto agitada, mis ojos se mantenían en los del cazador... -Esa es mi historia Agarwaen. Tú me has devuelto la sensación de estar viva... Me has conmovido con tus ojos azul cielo y me has inyectado el deseo de ti. Pero ¿qué harás ahora? ¿No soy acaso uno de esos monstruos que espantan los sueños de seres inocentes que no deberían animarse a salir de noche? ¿Aún deseas una cena conmigo o vas a intentar arrancarme la vida que tú mismo me acabas de devolver?- Mis manos temblaban a ambos lados de mi cuerpo, yo seguía deseando a ese hombre terriblemente a pesar de que mi razón me indicase que no debía hacerlo, y debido a ello mis pies seguían enterrados en la grama, incapaces aún de moverse, mientras el viento soplaba con fuerza susurrándome que él era un cazador y por lo tanto mi enemigo...



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Re: Beat Your Heart Out [privado] [+18]

Mensaje por Agarwaen el Vie Ago 19, 2016 5:31 am

Cerré los ojos cuando el viento azuzo el cabello castaño de esa mujer que me había devuelto la vida mientras sus brazos rodeaban mi cuello con tenacidad.
Su barbilla sobre mi hombro hizo que de nuevo buscara sus labios, labios que frente a los míos hablaban de la posibilidad de esperarme cada noche, arrullarme entre sus brazos y deshacernos en caricias tras destrozar el lecho cada día.

Juro que me sonaban tan bien aquellas palabras que por un instante pude verme en Mykonos, en mi hogar, con ella de la mano, paseando por los hermosos jardines de palacio, con nuestro hijo sobre mis hombros, nuestras manos enzarzadas en una y la felicidad en nuestros rostro.
Por un momento creo que aquella imagen idílica estuvo cerca de hacerme flojear, de pedirle un intento, sin mayores promesas que un quizás, mas con el firme propósito de conocernos de una forma para la que jamas había dedicado mi tiempo a conocer a nadie.
Uní mis labios a los suyos despacio saboreando esa utopía que deseaba se produjera.
Abrí mis labios para repetirle lo de la cena, me apetecía muchísimo compartir mi efímero tiempo con ella.

Mas entonces su dedo se alzo para exigir mi silencio, para evitar que rebatiera aquellas palabras que sin saberlo me habían llevado al cielo.
Sonreí de medio lado esperando que tratara de convencerme, mas no lo hizo, ahora sus palabras se orillaban a las mías consciente de que ella no era esa mujer que quizás algún día me esperaría en casa.
Mi gesto se tenso, ni siquiera se porque, quizás por la rapidez por la que esa nube de sueños se evaporaba frente a mis azules ojos.

Asentí en silencio, creo que por primera vez frente a una mujer tocado y hundido, mas mi orgullo de cazador finjió lo contrario mientras mi mirada ahora fría se mantenía en el sitio, en esas pupilas que me hablaban de la vida que le había devuelto para arrasar con la mía.

Ahí empezó su triste historia, una que narraba un amor pasional eterno y por lo que empezaba a contar imposible.
Un amor con el que compartir sueños y pasiones, uno de esos que incendian el alma cuando lo posees y te enloquecen por dentro hasta llevarte al cielo.
Entonces creí saber porque a mi no podía amarme, porque en su interior, aunque le había dado un motivo para sentir, no era suficiente como para amar.

Mas cuan equivocado estaba, su relato continuo, no era eso lo que temía, no era la idea de amarme lo que la aterraba, si no su condición sobrenatural.
Ahora lo entendía, ¿como podía haber estado tan ciego?, ella era una licantropo, mi enemiga, millones de zarpazos surcaban mi cuerpo por los de su raza.

Busqué el odio que debía reflejar mi mirada, mas por desgracia, el sueño de una vida a su lado, esa utopía que tras escuchar sus palabras ansiaba se lo había llevado, me limité a aferrar la trama entre mis dedos, arrancándola de la firme tierra que la sustentaba, enfadado no con esa mujer que frente a mi se erguía temblando, si no conmigo, por haber sido tan idiota.

Guardé silencio, ese que arrastra el viento llevándose todo a su paso, planteándome que hacer en este caso. Allí desnudo, arrodillado con la cabeza gacha y mis manos aferrando el suelo debía tener la imagen de rendición mas patética jamas imaginada.
Yo Agarwaen, príncipe de la peligrosa isla de Mykonos vencido por una mujer.

-¡Vete! -rugí
Incapaz de articular mayor palabras que esas miseras cuatro letras que representaban mi mayor falsa.
Como podía odiarla si no era eso lo que albergaba en ese preciso instante mi alma.
Cerré los ojos esperando que la brisa se la llevara, que su olor desapareciera y que con ella se llevara la utopía en la que durante unos segundos había creído posible preso de sus labios.



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Re: Beat Your Heart Out [privado] [+18]

Mensaje por Annabel Hemingway el Vie Ago 19, 2016 9:19 am

-¡Vete!- fue la única palabra que surgió de su boca, en un rugido que me hirió más que si hubiese tomado su daga y me la hubiera lanzado directo al corazón. Tan solo cuatro letras que sentí como si estuviese retorciendo el arma clavada en mi pecho y que en tan solo un instante sirvió para arrancar aquella venda que hasta ese momento llevaba puesta frente a mis ojos, atada tan fuerte que me impedía ver lo que saltaba ante mi vista.

Siempre me había enorgullecido de tener todo tan claro y de ser dueña de mis propias opiniones pero ahora había fallado en percatarme de aquello tan evidente, y fue precisamente aquella única palabra la que finalmente me sacudió el alma terminando de derrumbar la última muralla que llevaba adentro, la más alta de todas, aquella que me había mantenido aislada y bajo buen resguardo durante tan largo tiempo y que aún frente a cualquier embate que quisiese derribarla se había mantenido en alto, fuerte, indestructible e impenetrable.

Su palabra me había hecho saltar, golpeándome con fuerza para hacerme ver que no deseaba marcharme, plantando una pregunta que no me había hecho hasta que él me corriera de su lado. ¿Podía enamorarse una en tan corto tiempo? Cerré los puños a mis costados al responderme aquello sabiendo de antemano cual era la respuesta. Si, yo sabía que era posible. El amor era así, llegaba cuando menos lo esperabas y sin pedir permiso, arrasando con todo a su paso, abriéndose camino aún en los corazones más áridos para sembrar en ellos una semilla que al germinar hacia crecer un sentimiento intenso y eterno. El amor no conocía de razas ni de enemigos, no se detenía a reflexionar en quien era aquel que resultaba más conveniente para ti, ni te preguntaba si estabas preparada o si lo deseabas o no. Tan solo surgía, y a veces era tan repentino que tardabas en darte cuenta de que estaba allí.

-No puedo.- fue lo que respondí, consciente de su rechazo, de que para él ahora quedaba reducida a un monstruo, a una de esas criaturas infernales con las que seguramente se habría batido en numerosas batallas y que probablemente habían sido los causantes de muchas de sus heridas. -No puedo porque me lo has pedido tarde.- Me acerqué y me dejé caer sobre la grama, frente a él, sin hacer amago de tocarle, temiendo que abriese los ojos y encontrar en ellos la repulsión o que me mirase con odio incontenido.

-No puedo porque sigo siendo la misma Annabel de hace un rato y tú sigues siendo el mismo Agarwaen, solo que ninguno de los dos sabía lo que era el otro y en ese desconocimiento nos encontramos en el arroyo, mostrándonos tal y como somos, más allá de cual es nuestra raza o nuestro estilo de vida. En ese desconocimiento nos dejamos arrastrar por nuestros deseos más puros y por la atracción de nuestra piel, siendo el llamado hacia el otro tan intenso que sin proponérselo mucho lograse lo que nada había logrado en tan largo tiempo, derrumbar todas las barreras que había construido a mi alrededor y tras las cuales me había sentido tan segura pero a la vez me había aislado a mi misma.-

-No puedo irme porque me duele acá.- dije, señalando mi pecho. -Y porque no me percaté de que dolería hasta ahora, o de lo mucho que deseaba esa cena contigo, o de que quisiera esperarte por la noche para seguir velando esa herida de tu hombro contra la cual tienes que luchar con todas tus fuerzas, porque es imposible que alguien tan lleno de vida como tú no logre vencerla, sea como sea.-

Ahora sabía porque el cazador me había irritado tanto en cuanto me habló por primera vez en el arroyo. Era mi mecanismo de defensa que se había activado de inmediato procurando que no me percatase de aquello que mi subconsciente supo reconocer desde el primer momento en que mis ojos le miraron... y que ahora ya no podría confesar...



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Re: Beat Your Heart Out [privado] [+18]

Mensaje por Agarwaen el Sáb Ago 20, 2016 6:15 am

Aquellos pasos que espere oír correr por la trama para perderse por el horizonte no se movieron, allí clavados sus pies en la trama continuaba observando mi mas fragante derrota.
Incapaz de alzar la vista, de enfrentarme a esos ojos pardos que habían cautivado el alma, permanecí mirando la trama, esperando un milagro ,ese que tirara el tiempo atrás, ese que la convirtiera en humana de nuevo.
Odie ese amor que la arrastro hasta lo que ahora era, odie que la venganza la convirtiera, odie a la inquisición y me odie a mi mismo por no ser capaz de odiarla a ella.

En silencio oí su no puedo, palabras que cortaron el viento rompiendo el silencio.
Mis músculos tensos como las cuerdas de la mas afinada de las arpas permanecían allí, sujetando mis enterradas manos, que con rabia seguían apretando la maldita trama que hacia escasos minutos nos había servido de lecho.
Lecho mientras nos habíamos amado sin tregua, testigo de nuestras risas, cómplice de nuestras caricias y consejera de nuestras palabras.

Sus palabras desgarraban mi alma, ardía mas incluso que la herida que me mataba, ¿por que tenia que ser una licantropo? ¿por que yo tenia que ser un cazador?
Annabel y Agarwaen, sin mas motes que nuestros nombres sonaban a esa utopía que ahora se escapaba de mis dedos, ansiaba tanto haberlo intentado, deseaba tanto esa cena, volver a enredar nuestros labios, mas sabia ahora mas que nunca que eso seria un imposible, algo que solo estaría abocado al fracaso.
¿podría pedirle que olvidara esa venganza? ¿que simplemente renunciara a todo y me amara? No lo haria, seguiría queriendo sajar la vida de aquel hombre que aunque se llevo a su amor no era distinto a loque yo era.
¿cuantas Annabeles había yo dejado por el camino? ¿cuantas viudas habían dejado ellos llorando en mi isla.
Guerras, enemigos, estaba tan cansado de todo en ese momento que por primera vez ansié esa muerte que no me llegaba.

Juró frente a los dioses que mi marcha produciría un dolor en su alma, mas ¿acaso no le produciría el mismo si me quedaba?
De nuevo entreabrí los labios para casi dejar escapar unas palabras, palabras que murieron ahogadas en mi garganta consciente de la injusticia que apunto estuve de suplicarle.
Que lo dejara todo por mi, un hombre que acababa de conocer en un arroyo, un hombre que se moría, un hombre al que le esperaba la mas cruenta de las luchas.
¿como llevarla al dolor de mi guerra, a la perdida segura de un nuevo amor? ¿como decirle que ansiaba que se quedara, mas que eso no era lo mejor para ella?

Según ella le había enseñado a sentir, y ella me había enseñado a que podía imaginar esa utopía, rozarla con los dedos, por un segundo me había mostrado la imagen de lo que nunca seria mi vida, una vida en la que ambos podíamos ser felices.
-No puedo -susurré alzando la cabeza para enfrentar su mirada.
-No puedo porque si te permito quedarte, si me quedo, nunca seremos solo Annabel y Agarwaen, porque tu eres lo que eres y yo soy lo que soy.
¿que me distingue de ese hombre por el que clamas venganza? Yo también soy un asesino frente a tus ojos, mis manos están manchadas de sangre.
Deslice mis dedos por varias cicatrices que los suyos habían marcado en mi piel, algunas viejas, otras recientes
-¿como crees que me he hecho esto? ¿jugando a las tabas? Dime ¿te quedaras en casa esperando sanar las heridas que otros como ese que un día amaste me inflijan? ¿No pensaras en las Annabeles que mis gemelas dejen por el camino?
Me odiaras, y no podre soportarlo.
Me puse en pie incapaz de tocarla, pues sabia que de hacerlo no me iría.
Caminé hacia mi ropa para tomarla lentamente recolocandola en mi cuerpo con la mas absoluta tristeza.
Atrás dejaba a esa mujer que me había hecho soñar con una vida, una que no tendría.
Arranque le medallon que de mi cuello pendía, el símbolo de mi pueblo, de mi reino, el del príncipe Agarwaen.
Vestido me acerque a ella para depositarlo con suavidad en su mano.
-Tu me has devuelto la vida y yo a cambio te daré esto, mientras penda de tu cuello ningún cazador de los míos te matara, es cuanto puedo y debo hacer por nosotros.
Hasta siempre Annabel.

Suplicaba que no me detuviera, porque de hacerlo no podía prometer que no la besaría de nuevo, que no me enredaría en su piel, que no la amaría pro el resto de días de mi corta y efímera vida.




Annabel y Agarwaen:





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