Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Between Mind and Heart — Privado

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Between Mind and Heart — Privado

Mensaje por Ernutet el Dom Jul 24, 2016 10:42 pm

"Look into the others eyes, many frustrations
Read between the lines, no words just vibrations
Don't ignore hidden desires."

—Enigma.



—¿Inquisición? —Observó con recelo a su criado, y por supuesto, informante—. ¿Estás seguro? Podrías haberte equivocado. Estas cosas suelen pasar, mon chéri. Pero, confiaré en tus habilidades; tampoco puedo perder el valioso tiempo que poseo.

Ernutet despidió al hombre con un sutil gesto, y al quedarse sola, volvió a tener la reacción que le habían causado las palabras de su ayudante. No era muy familiar con los inquisidores; la realidad era que los detestaba. Por esa misma razón prefería mantenerse alejada de Los Custodios y su líder, pues éstos estaban muy ligados a aquella institución que consideraba repudiable. Quizá, aquel sentimiento de odio estaba ahí porque aún conservaba atisbos de su vida humana, a pesar de ser algo a lo que le diera demasiada importancia. Sin embargo, aún para ella, era difícil olvidar el maltrato que recibió por parte de esos enviados religiosos; aquello hizo encolerizar a Farfarello, quien poco gustaba de que la trataran como cualquier cosa, y mucho menos, que lo hicieran unos humanos incompetentes.

Respiró hondo y evitó pensar en ese pasado que tanto la indignaba. Ahora sólo tenía una misión mucho más grande entre sus manos: tenía que pactar una reunión con Janine Duchannes, aquella mujer de la que supo en cuanto llegó a París. La había recordado, no por mera casualidad, sino, porque la conocía de antes. Janine era el nuevo recipiente de Rubicante y Ernutet era la única, o al menos eso pensaba, en conocer dicha verdad. Aunque era poco fanática y cercana a sus demás compañeros infernales, se sentía con la obligación de despertar por completo a Rubicante; después de todo, junto con Barbariccia, era parte de sus allegados y no podía dejarla en el limbo de la ignorancia.

En cuanto estuvo más calmada, tomó asiento y preparó una invitación para la mujer. Odiaba que fuera una inquisidora, pero, para malestar suyo, los demonios no eran capaces de elegir a sus propios recipientes, así que no le quedó de otra que aceptar la labor de su compañera y redactar minuciosamente aquella misiva que le pedía se acercara al Hotel Des Arenes a la noche siguiente.

***

La habitación era de aquellas decoradas en exceso; había, quizá, demasiado lujo en ésta, pero, dado el estatus de la persona que la solicitaba, la recepción del hotel se tomó el atrevimiento de exagerar el pedido. Ernutet ignoró aquel gesto y sólo se centró en su objetivo. Mientras esperaba, uno de sus ayudantes se encargaba de buscar a la invitada, sabiendo de antemano que aquella mujer ya había recibido la misiva y, siendo atacada por las dudas sembradas por la misma Ernutet, aceptó la petición.

Transcurrieron los minutos y aquella esperaba empezaba a impacientar a la cambiante, pero se aferró a su insistencia y no dejaría pasar la ocasión, así tuviera que salir, a buscar por su propia cuenta, a Janine. Sin embargo, no fue necesario hacerlo, pues justo en el momento en que estaba decidida a marcharse, los golpes en la puerta la detuvieron. Al abrir, se encontró con quien llevaba rato esperando; una sonrisa enigmática se asomó en sus labios ante la presencia de la otra dama.

—Ya era hora. Te estaba esperando desde hace rato, Janine, ¿o prefieres que te llame Scarlett? —Le hizo una ademán para que se adentrara al vestíbulo de la habitación—. Adelante, querida y bievenida.



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Re: Between Mind and Heart — Privado

Mensaje por Janine Duchannes el Jue Sep 15, 2016 12:09 am

Nada de lo que estaba haciendo parecía satisfacerle del todo y eso la frustraba. Desde que Janine se viera en la necesidad de cambiar de identidad después de enfrentarse a la muerte nada se sentía igual. Los compañeros inquisidores que le habían salvado aquella fatídica noche le dijeron que era algo normal, después de todo, ella había muerto realmente durante algunos segundos en los que hasta sus compañeros le dieron por perdida, al menos esta el instante en que sus ojos se abrieron repentinamente y el aire comenzó a circular nuevamente por sus pulmones. Sus rescatadores le dijeron que al abrir los ojos comenzó a pronunciar nombres desconocidos para ellos y claro, de dichos nombres o de su muerte, ella no recordaba absolutamente nada. Todo quedó simplemente como secuela del shock aunque dentro de ella Scarlett Seligman había muerto dándole vida a Janine Duchannes y a alguien más.

Tan perdida se encontraba en su vida actual, que fue el deseo de descubrir que se sabía respecto a ella lo que le llevó a asistir esa noche a una cita en el Hotel Des Arenes. La carta con la invitación había llegado el día anterior hasta la puerta de su nueva residencia y si bien en un principio pensó en leer la carta para posteriormente desecharla como muchas otras recibidas con anterioridad, el contenido de la misiva que recibía distaba mucho de ser como las anteriores. Entre las líneas que con detenimiento leía, se hablaba del conocimiento de su pasado y sus secretos, del presente al que aún no se acostumbraba y de un futuro que seguramente le interesaría conocer; de todo lo mencionado era sin embargo el pasado lo que más le preocupaba, por eso, vestida con las características ropas oscuras de la inquisición, esas que le hacían saber a quien la viera que era una mujer con una misión, se encamino hasta el lugar de la cita.

Su llegada al Hotel no fue estrepitosa, por el contrario, entro con cautela y se encamino sin prisa alguna hasta la habitación donde la carta decía le estarían esperando. Camino al punto de encuentro, reviso las armas que cargaba entre sus ropas, únicamente para estar del todo segura en que tenía todo cubierto por si la charla se volvía algo más agresivo y cambiaban de un “agradable” encuentro a un enfrentamiento.

Una vez que estuvo frente a la puerta de la habitación y que se aseguro de que todo su armamento estuviera en orden, Janine toco a la puerta, misma que no tardo mucho en abrirse, para dejar ante los ojos de la inquisidora a una mujer de cabellos oscuros y porte elegante que le sonreía de una manera que la hizo sentir incomoda. Su antiguo nombre en labios de aquella mujer desconocida la hizo fruncir el ceño.
Janine estará bien, después de todo ya sabe que Scarlett esta muerta – dijo sin ninguna clase de pena en la voz. Su antiguo ser estaba muerto y nada podía hacerse al respecto – así que le pediré que no perturbemos la memoria de una mujer que ya no existe. – Se encontraba en completa desventaja y esa era una realidad que no podía negar, aún así con sus palabras trataba de disfrazar esa verdad – También le pediré que vaya directo al grano – la dureza de su voz era sorprendente pero como siempre, ella sabía como usar esas dos facetas de personalidad que siempre tuvo y que no desaparecieron con la muerte – No me gusta perder el tiempo – señaló una vez que entro en la habitación y con la mirada recorría todo, dándose cuenta rápidamente que eran las únicas en aquel lugar y que no parecía haber nada sospechoso en la habitación, más que la mujer a quien en esos segundos le daba la espalda.




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Re: Between Mind and Heart — Privado

Mensaje por Ernutet el Vie Dic 30, 2016 8:19 pm

Ella no tenía que hacerse cargo de aquel asunto, porque, al fin y al cabo, no era algo a lo que le diera demasiada importancia. Sin embargo, aquel veneno que recorría su esencia oscura la obligaba a adelantarles el paso a los demás demonios, en especial a Malacoda. ¿Cómo actuaría al enterarse que su querida Rubicante estaba de nuevo en la tierra y justo al lado de uno de los rebeldes? De seguro se pondría iracundo, inquieto y buscaría la manera de encontrarse con su querida. Pero Farfarello no se lo permitiría aún, porque era demasiado pronto, y el nuevo recipiente de Rubicante todavía se hallaba en la duda. ¿Y por qué lo sabía? Porque seguía siendo una parte importante de Los Custodios; era de las piezas invaluables para los nuevos tiempos, por eso mismo había despertado. También era astuta y no dejó nada al azar. Al igual que Graffiacane, Farfarello sabía cómo moverse hasta obtener las pistas esenciales.

Aunque no estuviera de acuerdo con que aquella laborara para la Inquisición, no tendría más alternativa que aceptarla con sus dudas humanas. Había extraído el expediente de Duchannes, y todo gracias a los suspicaces ayudantes de Barbariccia. Por esa misma razón, conocía el cambio de nombre de la mujer y todo cuanto hubo pasado para llegar a tal punto. De seguro su mente se encontraba en un caos, a pesar de que su presencia quisiera demostrar lo contrario. El dolor y la perdición no podían ser escondidas a Ernutet, porque siendo ella un demonio, conocía perfectamente aquellas cosas. Además, al ser la inquisidora uno de sus compañeros abismales, era complicado no comprenderla. Incluso, el ouroboros le ardió en su vientre al ver la mirada intranquila de Janine, confirmando la existencia de Rubicante en su interior.

Ernutet sólo continuó con su enigmática sonrisa, porque la dureza de aquellas palabras no le afectaba en lo absoluto. Porque bien sabía quién tenía ventaja en aquella insólita reunión. La dejó pasar al vestíbulo principal, cerrando la puerta tras de sí, mientras su mirada recorría la espalda de la inquisidora, como queriendo hallar algo por debajo de las prendas que la vestían.

—Oh, cierto. Olvidé ese detalle sobre tu anterior identidad. Fue un sacrificio importante de todos modos —dijo con voz estudiada, buscando alguna reacción en su invitada—. Ah sí, una mujer que no existe y no existirá más. Era un gran obstáculo, después de todo. —Se acercó a Janine, colocándose frente a ella, escudriñándola con la mirada—. ¿Por qué tanta prisa, querida? Tenemos toda una eternidad para conversar plácidamente, no seas ácida. Relájate, porque este encuentro no es casual.

Le ofreció asiento en unos elegantes sillones, a los que ella misma acudió para acomodarse. Ernutet era elegante, hermosa e inteligente, una mujer de la que no se podía fiar, pero de la que no se evitaba sentir interés.

No quisiera ser tan directa, porque esto requiere tiempo, y si se pretenden lograr los resultados deseados, lo mejor es tener paciencia —expuso—. Así que iremos poco a poco, Janine. Primero, me gustaría saber una cosa. —Hizo una pausa, meditando bien sus próximas palabras—. ¿Alguna vez conociste a un sujeto que se hacía llamar Malacoda? Se supone que pertenece a la Inquisición como un mensajero y allegado al Papa.

Y con aquella interrogante curiosa iniciaba su plan. Sabía que alguna vez, Janine, con el seudónimo de Scarlett, había sido citada por Malacoda, pero los planes de éste último fracasaron. Ambos se distanciaron e ignoraban sus realidades. Rubicante necesitaba encarnar de nuevo y eligió al recipiente correcto el mismo día de esa inesperada cita. Ahora Ernutet se encargaba de arrastrar ese recuerdo.




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