Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Dance of the Damned [Privado]

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Dance of the Damned [Privado]

Mensaje por Amara J. Argent el Miér Jul 27, 2016 4:24 pm

"It's a terrible life"

La vida de la clase pudiente no estuvo hecha para mí. Si bien no tenía por qué protestar, los eventos de involucrasen gente de mi mismo estatus social nunca estuvieron entre mis actividades favoritas. No eran los lujos, ni el derroche de dinero en exuberantes agasajos lo que me molestaba, pues de vez en cuando, incluso yo saco provecho de los beneficios con los que la vida me ha bendecido. Es más bien la cuestión de tener que aparentar ser una dama ante gente que no tiene mayor relevancia en mi vida, es forzarme a mí misma a ser algo que sé que no soy, es verme obligada a acudir a las patéticas ambiciones a las que según he escuchado toda señorita debe aspirar, sobretodo en cuanto a asuntos relacionados con el matrimonio se trata.

Sé perfectamente cuales son las no tan discretas intenciones de mi padre al traerme a ese tipo de eventos. Si bien la idea principal de todo esto era un encuentro “casual” con el vampiro que, inconscientemente, le suministró información a mi padre acerca de uno que otro hijo de la luna, camuflado entre la burguesía, Bastien tiene en mente una cacería más grande, una que solo me causa repulsión . A la hora de las celebraciones, humanos y no humanos conviven como si fuesen iguales y para este momento mi padre y yo lo tenemos bastante claro.

El viaje de nuestra residencia al Palacio Royal fue más bien corto. Aunque el carruaje en el que nos transportamos era bastante amplio, no pude evitar dejar de sentirme incomoda en el pomposo vestido color violeta ultramar que llevo puesto. Aunque acentúa mis curvas perfectamente, aprisiona mi mi torso hasta el punto en el que debo contener el aliento por algunos instantes antes de poder exhalar.

Una vez en el interior del palacio las formalidades sobran. No presto mayor atención al protocolo y sigo  de largo, esperando poder escabullirme entre los asistentes; todo ello, antes de tener que enfrentar a mi padre y su persistencia en presentarme a los opulentos caballeros de la clase más alta. No obstante, justo cuando pienso que la suerte se ha puesto de su lado, en el afán de huir de mi progenitor, me encuentro a centímetros  de chocar con Kyros, el hombre... El vampiro, mejor dicho, del que tanto me había hablado Bastien. Tras mi espalda, como un demoníaco cántico, oigo alzarse la voz de mi padre. Lo cierto es que más tardé yo en intentar huir que mi ascendiente en encontrarme. Después de todo eso ese es nuestro oficio y no puedo evitar sentirme tonta por creer vanamente que lograría mi cometido.

De soslayo veo dibujarse en el rostro de mi padre una sonrisa farisaica. El hombre que me crió comenta lo dichoso que se siente de haber encontrado a Kyros en aquel lugar, tal como si nada del asunto hubiese sido planeado; Sus palabras no podían ser más fraudulentas. Bien conozco que mi padre desprecia a las criaturas de la noche, un poco menos que a los hijos de la luna y que de no ser por qué aquel vampiro le sirve de anzuelo a mayores males ya le habría visualizado tres metros bajo tierra con una estaca de madera perforándole el corazón. Pasan algunos segundos antes de que Bastien se percate nuevamente de mi presencia. Una vez me presenta al vampiro me limito a realizar una pequeña reverencia acompañada de media sonrisa, una que me cuesta formular.

Bastien y el vampiro cruzan algunas palabras, unas a las que decido no prestar mucha atención y, no es hasta que un hombre, con el que presiento haber visto cazar a mi ascendiente, se acerca a nosotros para posteriormente llevárselo con la excusa de una plática privada, que me doy cuenta que Kyros y yo nos hemos quedado solos. Estoy segura de que no soy tan buena como mi padre aparentando que la gente me agrada, por tanto decido realizar la acción más sensata de la noche y proceder a huir educadamente.

Ha sido un placer, señor Kierkegaard —comienzo en el tono más amable al que puedo acceder — Si me disculpa... — nuevamente hago una reverencia y me dispongo a caminar tan lejos como pueda del vampiro.


Última edición por Amara J. Argent el Miér Dic 21, 2016 1:21 am, editado 1 vez



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Re: Dance of the Damned [Privado]

Mensaje por Kyros Kierkegaard el Mar Ago 09, 2016 11:45 am

El espectro de su vida mortal se divertía cada vez que concurría en  los hábitos que su status le reclamaba. Para un vampiro era exhortativo mantener relaciones constantes y regulares, ya que de lo contrario, podían ir perdiendo poco a poco su inmortalidad. Pero eso no era lo que empujaba al sobrenatural a establecer lazos con casi toda la sociedad. Kyros había vivido en la soledad por mucho tiempo, incluso antes de su conversión. Su condición era resultado de haber resistido la ausencia de matices suaves, brillantes y —por sobretodo—esenciales en sus primeros años de lúgubre existencia. Incluso el cariño de Lady Margaret no fue suficiente para opacar la carencia de figuras paternales. Aunque es inconsciente en cuanto a ello, ya que el joven vampiro  en su infancia era un hermoso chiquillo risueño, aquel sentimiento albergado en lo profundo de su ser es la razón de su afán de socializar. Por ello se aferra a cualquier indicio de afecto que pudiera darle evidencia de estabilidad. Una meticulosa escala dividía lo esencial de lo mundano prescindible, así su afecto—aunque no egoísta ni inalcanzable—era prioritario.

Las personas—mortales y altaneras—en el salón del Palacio Royal  ni siquiera aplicaban a aquella escala. Ni como sugerencia del extremo más indigno. Si bien le entretenía desenvolverse con tal facilidad y encanto en sociedad, habían veces que detestaba el grado de banalidad en cada comentario o la falta de reflexión en cualquier discurso. Detestaba la codicia y egoísmo, el ego y la imprudencia. Se preguntaba cómo los valores habían abandonado a los mortales, cómo era difícil encontrar virtudes y sencillez. El vampiro ya estaba manchado, pero aún no olvidaba las enseñanzas de su institutriz. Había dejado de ver la bondad en las personas porque ni atisbo de ella encontraba. Allí también se encontraba su razón para intervenir.

No obstante, era una tarea muy complicada y fatigosa. El vampiro dejaba que le restregaran la hipocresía en la cara—aunque él también pecaba en ello—, además de dejar que saquen provecho de cualquier asunto que pueda ofrecer. Era lo que él hacía: ofrecer. Aunque a veces simplemente era una estrategia para observar y aprender; en ese mundo no era el único con habilidades sobrehumanas. Sí, él podía jugar a hacerse el tonto y no esperar nada a cambio, mientras conozca las intenciones, tenga un ojo puesto en el plan y una mano en la estrategia, podía dejar que saquen provecho de él innumerables veces…

Oh. Disculpe, milady—el vampiro sonrió con gentileza: la hija de Sir Bastien era cómo un gorrión despistado, ansiosa por salir volando por cualquier agujero que le parezca salida.  Se había entrometido en su fuga. Conocía a la joven castaña, aun cuando su padre no la mencionaba en sus conversaciones clandestinas. Una excelente cazadora que no disfrutaba del todo ensartar algún puñal en cualquier sobrenatural. Kyros ancla un momento la vista en su mirada, analizando, hasta que decide separarla para prestar atención al saludo que Sir Bastien ofrece:

¡Qué  placer me da encontrarme con usted, monsiur Kierkegaard!—una mano angosta y fornida, fraguada en cada infierno que visitó al cazar bestias, se presentó con presura ante el vampiro. El apretón que se dieron, lejos de amigable, fue la forma de dejar en claro su alianza momentánea.

Luego, como si recordara que algo importante se le escapaba, gira el cuerpo en dirección de su hija, quien había quedado allí sin ganas ni interés en el asunto que platicaban— ¡Ah! ¿Ya conoce a mi hija? Amara, este caballero es Kyros Kierkeegard, ferviente colaborador de nuestra causa—. El vampiro sonríe ladinamente mientras se inclina. En los segundos restantes de conversación, se apresuró a comentarle el éxito que tuvo la prueba de sus dardos con gas mostaza. Y claro, otras particulares especias. Lo dijo de forma sutil, cómo si le estuviera explicando que el negocio de dulces nuevos de la señora Charlotte había tenido un impacto intenso en el paladar de sus clientes.  Los ojos de Bastien arden en un brillo malicioso, pero pronto ese incendio es apagado por otro caballero que se acerca para platicar con él. Presto, este cambia su gesto para brindar otra sonrisa falsa. El vampiro ve como se aleja: una figura imponente, digna de respeto. Al volver la mirada, el gorrión nuevamente inicia su escape.

No la disculpo, milady—dice en tono gracioso, probando la volatilidad de la cazadora— . Perdóneme si mi presencia no es digna—siguió, con un rastro de pena en su voz. Aunque ella no quisiera platicar con él, Kyros ansiaba poder curiosear un poco más de aquella dama. Se acerca un poco al ver que Amara ha detenido su huida—. Podría intentar conocerme—murmuró, su voz se deslizó lentamente, casi como si fuera un susurro. Sonrió para luego retroceder y dejar un amplio espacio entre ellos— Su padre es un sujeto muy atareado, ¿verdad?—su voz se normalizo y el semblante cálido y tranquilo volvió a él. La mirada de la cazadora le revelaba todo, al menos a él, que sabía observar.




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Re: Dance of the Damned [Privado]

Mensaje por Amara J. Argent el Vie Sep 23, 2016 12:57 am

"Point of no return"

Tan pronto cómo el inmortal articula su discurso comprendo que ha encendido la llama de mi curiosidad; en este preciso momento de la vida pocas son las cosas que me causan intriga o se convierten en meritorias de mi admiración, sin embargo, el señor Kierkegaard parece haberse transformado en una de ellas. Sutilmente me doy media vuelta, deteniéndome justo frente al vampiro, donde mis ojos pueden anclarse austeros sobre los suyos, disfrazando de esta forma la intriga que ha aflorado en mí con tan sólo un limitado grupo de palabras. Siento sus ojos escudriñar a través de los míos, confiada de que él conoce que realizo la misma acción con los suyos, nos leemos mutuamente como un libro abierto cuyas páginas se encuentran todas en blanco, quedando atrapados en la paradoja de conocer al otro sin conocer algo verdaderamente.

Doy un fugaz vistazo en dirección a mi padre, quien para mi ausencia de sorpresa devuelve hacia nosotros una mirada de desbordante reprobación; por supuesto su fachada entera, la falsa sonrisa y la afable actitud se observan más tenues con cada segundo que paso anverso a Kyros. Fraternizar con las bestias de la noche ha sido para mi padre un mal necesario, más la necesidad del asunto no convierte la idea en cuestión de su agrado. Fueron sus colegas, por supuesto, quienes le impulsaron a realizar tan osado negocio, uno que en otro tiempo él mismo hubiese considerado una barbaridad. Un trueque de información a cambio de inmunidad no se estima como la más genuina jugada de un cazador, claramente mucho menos para uno quien desprecia toda vida sobrenatural y piensa de la caza como el único y verdadero arte. No obstante, hasta el momento los testimonios del vampiro han sido lo suficientemente provechosos para los propósitos de mi progenitor; cada día la quimera de converger de nuevo con el cómplice del atroz crimen de la lune rouge se siente un poco más real.

Simulando perderme entre el tránsito de personas que circulan por el Palacio Royal evado la mirada de mi padre  y así poner toda mi atención sobre el vampiro, quien ha estado esperando respuesta de mi parte por algunos segundos. Cierto deje de diversión se posa sobre mi rostro, si bien no había sido suficiente el sentimiento de simpatía por la vida un licántropo ahora me encuentro congeniando con un inmortal. A pesar de fueron las bestias de la noche y la luna las que hicieron de mi vida una actividad poco placentera, he de admitir que como un faro en la noche atrae a los barcos, las bestias me atraen a mí.

Mi padre es un individuo… —Me detengo tratando de hallar la palabra más adecuada para finalizar la oración — Singular —finalizo enfatizando con seriedad la palabra — Sin embargo, estoy segura de que esa es información que usted ya conocía, Señor Kierkegaard. —Las palabras salen de mi boca parcas y sin filtro alguno, la sinceridad por supuesto es mi virtud menos agradable — Lo que me sorprende es que usted presente interés en la hija del hombre que le habla con semejante hipocresía —hago una pequeña pausa, esta vez para apreciar la expresión en el rostro del vampiro — hipocresía que usted le devuelve a la perfección.

Me asomo nuevamente a la vista de mi padre, imprimiendo en mi rostro el gesto más hostil que puedo encontrar. Esperando que esto sea suficiente para hacerle creer a mi progenitor que no tengo intención alguna de congeniar con Kyros.

Si usted aún considera que puedo intentar conocerle entonces me encontrará en la terraza en cinco minutos —comienzo a dar marcha atrás aun dando la cara al vampiro, aprovechando la primera oportunidad que encuentro de eludir la insistente vista de mi padre para brindarle una breve sonrisa. Entonces me doy media vuelta y conociendo las habilidades del vampiro pronuncio en un susurro —Le estaré esperando, señor Kierkegaard.



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Re: Dance of the Damned [Privado]

Mensaje por Kyros Kierkegaard el Mar Oct 04, 2016 6:54 pm

Delicadamente, con toda la paciencia de un ser eterno, un inexistente orfebre finalmente engarzó aquellos dos eslabones. El vampiro se sorprendió al ver que había acertado formulando aquellas precisas palabras: ni un monólogo adornado de mentiras ni una frase confusa habrían logrado que el gorrión despistado se quedase si no hubiera sido honesto. Ahora simplemente quedaban a merced de las miradas, fisgoneando ávidamente sin piedad. Messie Kierkegaard la observaba con una diversión evidente titilando en sus irises: un presagio afortunado surgía entre sus expectativas y anidaba en sus labios una sonrisa por ser parte de él. En cambio, en ella percibía unas ansias incontenibles de perseguir la propuesta del vampiro. Y algo más…En su mirada notó un indicio muy extraño que le advertía sobre una diferencia indiscutible respecto a la mortalidad terrenal que supuestamente debía poseer: su aura lo dejaba totalmente desconcertado.

Se preguntó por qué no había captado esa diferencia antes. Probablemente se debía a que nunca había estado sólo a unas varas de ella; las veces en que se encaminaba a los bosques circundantes a París, por casualidad o destino la había visto moverse sigilosamente por entre los recovecos de las malezas o los fornidos robles. Como cazadora debía mantener al menos una pizca de atención en ella para evitar que una estaca aparezca en su pecho; aun cuando platicaba y disponía información valiosa a su embustero padre, ser cauteloso y precavido son las mejores defensas que puede tener.

La castaña tampoco se salvaba de su propio padre y su rugiente autoritarismo. Lo sabía muy bien; su pregunta formulada sólo era para que milady Argent le dedicara más que una despedida agria. No obstante, las oraciones que soltaba engrandecían aún más su sorpresa que como brillo esmeralda destellaba en su mirada.

El vampiro rio para sus adentros al ver cómo el pequeño gorrión conseguía despistar a su padre y devolverle la calma con aquellos gestos que—de no ser por aquella sonrisa que le dedicó en un segundo—hubieran herido su susceptibilidad por lo ásperos y asqueados que se veían. Incluso había abierto levemente la boca para protestar, pero tras una mirada a la dirección donde Amara estaba volteando de vez en vez, se dio cuenta de la treta de la que estaba siendo parte. Sin pensarlo dos veces, contribuyó a la causa y frunció el entrecejo para demostrar su enfado y desaprobación.

«Le estaré esperando, señor Kierkegaard.»

Terraza. Cinco minutos. El vampiro podría llegar en menos de un minuto. Aunque, ¿había alguna terraza? Kyros vio alejarse la silueta de la pequeña hija de Bastien, perdiéndose entre la multitud. Se preguntaba si las consecuencias de su próximo encuentro afectarían en la relación que tenía con su estricto padre. Como había dicho Amara, la hipocresía era un traje que le quedaba a la medida, reticente e impecable: él no era el único que brindaba información, el vampiro vigilaba el arsenal de armas novedosas que Bastien creaba, además de enterarse de uno que otro dato muy útiles para cuando deba tramar estrategias para evitar tragedias. Y no quería perder aquello.

Bastien nunca se podría enterar de lo que el vampiro planeaba hacer con su hija.

Kyros inhaló el aire cargado de la estancia y avanzó cadenciosamente, cruzando por la sala y el umbral de la entrada que daba a un pasadizo ancho. ¿Cómo se llega a una terraza? ¡Oh! Escaleras. Sólo debía encontrarlas. De seguro no era el único camino para llegar: una escalera caracol que se extendía por casi dos o tres pisos. El vampiro avanzó tranquilo, pero aun cuando sus pasos eran pausados y sin prisa, al ver su reloj de bolsillo se percató de que había pasado menos de la mitad del tiempo acordado.

Del otro lado de una puerta metálica y escarlata, se encontró con el bello cielo parisino. Amara aún no llegaba, pero pudo visualizar otra entrada de otro lado de la terraza. Respiró profundamente el aroma a noche de misterios e incertidumbre. Dio unos cuantos pasos para tener un mejor panorama: pequeñas casas con sus luces parpadeando, adoquines grisáceos imitando un camino, gente a lo lejos caminando bajo la luz de la luna, los bosques circundantes con sus robles tupidos y elegantes.

Sus ojos se cerraron al instante en que una brisa le revolvió los rizos.

Me siento culpable—la voz de Kyros escapó con un tinte divertido, sintiendo la presencia de la cazadora —. Al final de la noche esta ocasión se volverá un secreto.




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Re: Dance of the Damned [Privado]

Mensaje por Amara J. Argent el Mar Oct 18, 2016 7:46 pm

"Walking through fire"

Avanzo sigilosa, camuflándome entre las personas que ocupan la opulenta estancia, tan ligera como los volantes en los pomposos vestidos de las damas, que con un toque casi etéreo acarician el piso con su andar. Invisible, esa es la palabra exacta que usó  mi padre tantas veces como le fue posible para referirse a todo cuanto respecta a mi presencia en el evento. Mi tarea es simple: sonreír – Con hipocresía en caso de ser necesario –, realizar una que otra reverencia ante los personajes más influyentes que me concedan el honor de su palabra y, por supuesto, el precepto más importante de todos, callar. De ser necesario un intercambio de palabras con alguno de los célebres burgueses, mi dicción debe mantenerse al mínimo;  las palabras son un arma de doble filo cuando se trata de la alta sociedad y, llegará el día en el que será mi deber posicionarme en nombre de aquellos que lleven o hayan llevado alguna vez el apellido Argent, más ese día no será hoy.

Me convierto en aire, imperceptible e insustancial. Me muevo entre los pasos danzantes de aquellos que ceden sus movimientos a la melodía, que resuena en la estancia y se cuela entre sus pies. Soy invisible ante todas las miradas, todas a excepción de una sola, una que conozco bastante bien, pero que descubro he fracasado en evadir una vez su dueño me toma con firmeza por el brazo, deteniendo mi grácil caminar.

No sé si mis órdenes no fueron lo bastante claras, Amara.

Recurro a la fachada más firme que poseo, sin embargo, un escalofrío se extiende a través de mi espalda en cuanto los labios de mi padre se separan para pronunciar las certeras palabras; bien conozco el precio que la desobediencia acarrea, más pruebas no quedan de ello. Eventualmente, todas las marcas, las de lucha y las de castigo, se desvanecen como si nunca hubiesen sido estampadas sobre mi piel. Con cautela, los irises aguamarina de mi padre inquieren como sabuesos sobre los míos, rebuscando hasta el más sutil titubeo que le revelase mis verdaderas intenciones, aquellas que ciertamente iban en contra de todo lo que hasta entonces me había ordenado evitar.

Inhalo una inapreciable porción de aire, imprimiendo en mi rostro un ademán de poca emoción, un gesto en blanco que por supuesto le desagrada a mi progenitor, pues le imposibilita las respuestas que persistente busca en mi mirada. La condescendencia nunca fue el mejor de mis talentos; no obstante, bajo la inestable conducta de mi padre, se ha mostrado siempre como la más apropiada opción. Fui criada bajo un estatuto de sinceridad absoluta, en un entorno en donde la más piadosa de las mentiras puede ser catalogada como traición, por consecuente, es natural para mi expresar con veracidad pensamientos y emociones, un tipo de franqueza que usualmente atrae más desagrado que admiración, uno que se encuentra implícito en mi corporeidad y que lucho por no dejar entrever.

Por supuesto que no, padre — Formulo con voz parca y mirada fría. Mis ojos se deslizan inconscientes pero sutiles en dirección al gran reloj, empotrado en una pared tras la espalda de mi interlocutor, quien receloso, no pasa por alto aquel detalle — Saludar, sonreír y callar —El agarre de su mano sobre mi antebrazo se hace más fuerte, más su semblante se mantiene calmo. Solo quien estuviese buscando podría haber notado el tenue temblor sobre sus labios, ese que sólo aparece cuando su instinto le indica una situación inusual — Lo tengo cubierto.

Sus dedos liberan la presión ejercida dejando plasmada en un rosa pálido la sombra de su mano sobre mi piel. Mi padre destiempla la mandíbula y asiente con la cabeza sin decir palabra alguna o demostrar mayor emoción. Repentinamente, de mis ojos, la mirada de mi progenitor se desplaza a mis espaldas. Un brillo de molestia surca su dura fachada. Madame Jossete Bittencourt, una charlatana pero acaudalada clienta del Banque de France, se acerca a mi padre disfrazando el prominente escote que exhibe, con cuestiones de negocios. Las tareas más banales son, evidentemente, las menos favoritas de mi padre.

Aprovechando aquella conveniente distracción y tras excusarme con una delicada inclinación, digna de una señorita de alta cuna, continuo mí camino a la azotea donde supongo que el astuto inmortal me ha de estar esperando. Sin embargo, aunque solo concedo una mirada de soslayo a mi padre mientras abandono la escena, comprendo que esta noche el gato se ha convertido en presa del león.

Treinta segundos para llegar a tiempo al punto de encuentro.

Conozco bastante bien el lugar como para estar al tanto del atajo que debo tomar, pues buena parte de mi vida la he pasado entre eventos de la alta sociedad. Subo las escaleras a un paso reposado, cruzando el umbral de la puerta que conduce a la terraza en lo que calculo serían los cinco minutos acordados. Delante mío se abre paso un espacio grande y despoblado, decorado únicamente por la silueta del inmortal, quien a pesar de posar su vista hacía las calles parisinas percibe el momento exacto de mi llegada, incuestionablemente revelado a él por sus sentidos aumentados.

Escucho sus palabras con atención, deteniéndome a unos pasos tras su espalda.

Un secreto para todos exceptuándonos a los dos— Comento sincera, adornando mis palabras con un toque de gracia. El viento, fresco, acaricia mi rostro y remueve ligeramente la coleta que sostiene mi ondulado cabello — Monsieur Kierkegaard, usted ha cautivado mi atención y con franqueza le digo que para este momento de mi vida pocas son las cosas que me sorprenden — Continuo, retomando mi andar en cortos y pausados pasos, reduciendo la distancia que me separa del vampiro, deteniéndome solamente cuando la cercanía no rebasa medio pie. El hombre, brevemente más alto que yo, me observa de medio lado por encima de su hombro, de la misma forma mis ojos le devuelven una mirada incitadora —  En cualquier momento mi padre podría cruzar alguna de esas dos puertas —indico sin escatimar en ocultar el riesgo de aquella situación—  y creo que usted está al tanto de que estamos jugando con fuego — Hago una pausa, dando un paso a mi derecha, ubicándome a un lado de mi acompañante a una longitud más apropiada — La curiosidad me gana, señor, pues quiero saber qué tan dispuesto está a quemarse y qué tanto desea usted que yo conozca antes de que salga el sol

Dejo caer mi mirada sobre la uniforme arquitectura de París y las luces de las farolas que tenues se esfuerzan por alumbrar la capital

Tiene dos opciones, Monsieur y no le culpo si desea tomar de vuelta el mismo camino por el que llegó.



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Re: Dance of the Damned [Privado]

Mensaje por Kyros Kierkegaard el Vie Nov 18, 2016 1:35 pm

El vampiro voltea despampanante cuando el gorrión comienza a cantar. Cada oración firme, sin titubeos, franca…eso es verdadera música para sus oídos. Y a él le sorprende, gratamente, todo lo que puede y está por decirle. No obstante, es muy sospechoso que la joven Argent esté arriesgando su cuello solamente por conocerlo. Su mirada esmeralda brilla ante la incógnita que le sugiere que el gorrión desea algo más que aquello. Es como si le hubiera presentado una jaula de oro y haya accedido a volar hasta ella. Sonrió para sus adentros: la malicia arañaba ansiosa su juicio, una voz oscura en su subconsciente le decía que sacara provecho de la humana.

Parpadeo ligeramente: nunca le daba crédito a esa voz bestial y sedienta, no lo iba a hacer en aquella velada. Analizó el rostro de la pequeña castaña, radiante bajo la luz lunar. Hermosa. Su rostro llamaba a recuerdos pasados, pero ellos no se apresuraban en llegar. Esa mirada…No lograba acceder completamente a esas memorias, pero reconocía que no era la primera vez que le infundían un candor seductor. Pensó, sin dejar de mirarla, que esos recuerdos habían sido encarcelados debido a un final atroz que no desea resucitar.

Sonrió levemente al escucharla terminar de forma tan dramática— ¿Por qué deberíamos quemarnos, madame? —interrogó divertido. En la azotea iluminada del teatro las sombras huían de su plática y sólo luz acompañaba el misterio en el que se envolvían. El vampiro oyó el zumbido de la música del salón ascender estruendosa—pero melódica—hasta donde se hallaban. Los violines y clarinetes aperturaban otra danza, cuya intensidad arrasaba el pequeño salón y se liberaba graciosa por los ventanales y llenaba al edificio entero de melodía dulce. Kyros ladeo la cabeza al escuchar como avanzaba tan rápido y no quiso perderse aquel instante preciso.

¿Me concedería el gran honor—se inclinó ante el gorrión, sonriendo ampliamente ante la ocasión—…de ser mi pareja de baile? — se incorporó y ofreció su mano a la joven Argent. Era preciso de que aceptara esta danza y así se aligere toda la tensión del ambiente. El vampiro no tenía intenciones de incomodar a la cazadora y creía imperdonable el hecho de arruinar la imagen que ella acababa de adornar en su imaginación. La balanza estaba a su favor e iba a seguir inclinándola para que siga de esa forma.

Esa velada seria inolvidable.




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Re: Dance of the Damned [Privado]

Mensaje por Amara J. Argent el Jue Dic 22, 2016 3:56 am

"Another kind of dance"

Soy descendiente de un linaje de cazadores que bien podría ser el más antiguo y poderoso de su clase. Es verdad que la especialidad de nosotros, los Argent, son los licántropos; lo llevamos tanto en el apellido como en la sangre y a pesar de que no a todos nos complazca este oficio, es el deber de un buen cazador equilibrar la balanza entre lo humano y lo sobrenatural. En mi experiencia como cazadora, no han sido muchas las cruzadas en las que he tenido oportunidad de enfrentar a inmortales semejantes al que me hace compañía, sin embargo, aunque no se trate de un conocimiento bastamente empírico, estoy segura de cómo extinguir su existencia de este mundo. Cuando se va propiamente armado no siempre queda espacio para guardar utensilios de madera, más una espada de plata siempre será suficiente para combatirlos. Es quizá aquella la razón por la que conservo muy presente dónde se encuentra la mía, incluso a pesar de que un irritante cosquilleo que bien podría ser un sexto sentido, me indica que no ha de ser necesario encontrarle uso con Monsieur Kierkegaard.

Seguramente mis acciones parecen impropias de uno de mi propia clase, pese a ello, el vampiro ha dejado recaer la suficiente confianza en mí como para permitir que el juego suba hasta la azotea y, sólo por ello, sin demostrarlo realmente, también le he entregado yo mi voto de confianza. Para ser alguien que se supone debe despreciar la naturaleza de los hijos de la luna y la noche, paso demasiado tiempo intrigada por ella.

No debería tomarse todo tan literal Señor Kierkegaard — indico y bajo la mirada que aún sostenía perdida en el lóbrego horizonte de la ciudad mientras una traviesa sonrisa cruza mis labios — Bien podríamos llamar a mi padre el fuego de esta situación.

El silencio nos acoge, lo suficiente como para poder apreciar los melódicos sonidos que provienen del interior de la edificación. Intuyo que mi interlocutor se ha incomodado por ello pues es palpable y creciente la tensión entre ambos, que posiblemente surgió como fruto de mi implacable sinceridad. No todos le damos el mismo valor al silencio y a la verdad y aunque no parece disgustarle quedo en duda ante el posible sentimiento que aquello cause en él. Una vez el hombre extiende su mando en una cordial y caballerosa propuesta, alzo la cabeza, enfrentando al fin su mirada con la mía, aún con incitador gesto apropiándose de mi rostro. Su semblante es encantador, pero no lo suficiente como para superar mi juego.

Sin remover el ancla de mis ojos sobre los suyos, suelto una risita burlona y le doy un ligero y casi imperceptible mordisco a mi labio inferior.

Creo que debería estar al tanto de que me desempeño mejor en otro tipo de danzas — mi sonrisa se amplía justo al tiempo que sus parpados se ensanchan con evidente sorpresa. Me concedo a mí misma una pausa dramática, solo con el fin de dejarle a la expectativa — Especialmente cuando sostengo algún tipo de arma entre mis manos — Explico, detallando cómo sus facciones se relajan brevemente ante la aclaración — así que aceptaré sólo porque me agrada el esfuerzo que dedica a comportarse como un caballero conmigo.

Doy un paso largo en dirección al hombre, quedando con la punta de la nariz a escasos centímetros de la suya. Entonces, deslizo mi mano entre la que me había extendido y con la que me queda libre coloco la de él a la altura de la de mi cintura.

Parpadeo un par de veces esperando que el hombre reaccione.

Le sigo, Monsieur Kierkegaard.



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Re: Dance of the Damned [Privado]

Mensaje por Kyros Kierkegaard el Mar Mar 21, 2017 6:37 pm

«Medio ensimismado en tremenda confianza del volátil y hermoso gorrión, dejo que guie mi mano hasta tan esbelta cintura. No logro discernir en qué es lo que me atrae más: la fiereza inquebrantable de su mirada o las futuras confabulaciones que me permitirán corromperla.»

La sonrisa ladina y arrogante del vampiro no hace más que trasmitir pura satisfacción; el suave y dulce olor de la cazadora a unos centímetros de sus labios. La música que ya los envuelve se entrelaza en el ritmo pausado y delicado con que Kyros lleva la danza, moviéndose invisible entre sus pasos firmes. De las creaciones menos inservibles y más entretenidas de los humanos se encontraban los  bailes pomposos o de pueblo, los carnavales presuntuosos o las pequeñas polcas; sean cuales fueren o sea ya su rústico u ostentoso origen, el vampiro disfrutaba del vaivén de su cuerpo, del arte que podía ser parte. Con una ligereza tal como la pluma, hace girar a su deslumbrante compañera.

Cuénteme un poco más de vos lady Argent—solicitó el vampiro con una mirada alimentada por una intriga poco justificable. Kyros conocía ya su pasado, su presente y justo en esa azotea escribiría su futuro, incluso sabiendo hasta qué punto pertenecería a él.

Extendió elegantemente los brazos, sosteniendo las manos de la castaña e imitando el vals de salón, vuelve a acercarse, esta vez plegando los brazos y ubicándose a la izquierda del hombro del mismo lado de Argent, para luego separarse del mismo modo y volverse a acercar, pero esta vez quedando su diestra. Pretendía una ligera provocación, daba gracias a la poca iluminación de espaciosa azotea, pidiéndole en secreto que no admita más almas que aquellas dos que danzaban sin temor a nada. Ni al fuego ni a los secretos. Ni a su propia historia.
Kyros no quiso cambiar su posición, su aliento casi podía rozar el cuello de Amara y sin intenciones más oscuras que las de poder sumir sus labios, colmillos o…

Preciosa danza—sus orbes esmeraldas, antes clavados en su terso cuello, volvieron a encontrarse con la mirada azulina de Argent. Antes de sucumbir a sus oscuras pasiones, se separa levemente de ella, justo al tiempo en que la música viaja de nuevo al salón, apagándose en su trayecto, pereciendo en el momento indicado. Inconscientemente, el vampiro se inclina levemente, como hábito puntual.

Una pizca de melancolía adornaba sus pestañas, y guardaban en su interior un deseo incontrolable. Un frenesí por rememorar los tiempos pasados que rostro parecido le había endulzado. Aventuras fugaces o no, Kyros nunca olvida la belleza de una mujer.
Menos de una como la madre de Amara.




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Re: Dance of the Damned [Privado]

Mensaje por Amara J. Argent el Mar Mayo 09, 2017 2:02 am

Cediendo a la inexperiencia le permito al inmortal llevar el compás de la danza y nuestros cuerpos, a menos de un pie de distancia y unidos al son de la música, se desplazan al ritmo que, armonioso, resuena desde el interior del edificio. Con la destreza de un hombre que por siglos se ha visto forzado a danzar con cientos de mujeres, bien sea por política, placer o etiqueta, Kyros guía mis pasos con tal ligereza que, por un instante, me convenzo de que son mis pies los que fluyen con habilidad al encanto de la melodía.

Nunca confiar en un vampiro me había advertido mi padre y aunque no me fio de sus intenciones, es difícil desacreditar el incoherente vínculo que, en esta velada, me ha traído a los brazos de Kyros Kierkegaard.
El hijo de la noche toma distancia y me hace girar sobre mi propio eje, solo para acercarse un poco más después. Media sonrisa se extiende en mis labios más no consiento que se percate de ello. En medio de los elegantes movimientos, propios de un estilo de danza como en el que nos encontramos inmersos, puedo sentir su respiración sobre mi cuello, función biológica involuntaria que supongo ya no necesita, a la que acude sin intención como vestigio de humanidad ya perdida.

Sería más interesante descubra usted lo que quiere conocer por sí mismo — apunto, agarrando suavemente con los dientes la carne de mis labios sin detenerme a observar su reacción — De otra forma no sería interesante.

Una vez el hombre se coloca a mi derecha, contengo una bocanada de aire en mis pulmones y entonces, sacudiendo brevemente la cabeza, dejo los largos rizos, que me cubren la yugular por encima del hombro, caer delicados sobre mi espalda. Dispuesta a tentar a la suerte, con la insulsa excusa de no devolverle la mirada aún, estiro el cuello, orientando la cara en dirección opuesta al rostro de mi acompañante, permitiéndole una amplia vista de la tersa y blanca piel que lo recubre; de la sangre que, presurosa, recorre en el interior de mis venas.
Entrelazo las pestañas por un instante e intrigada por su reacción, una vez las separo, deslizo la mirada hasta sus ojos, anclando los míos sobre sus irises esmeralda. Mi pecho desciende a la par que el aire contenido encuentra su salida y, con ademan intrigante y travieso, inquiero las pretensiones que el hombre puede dejar entrever a partir de la cautivadora forma en la que sus ojos refulgen frente a mí.

Finalmente, la música se detiene, pero sin darnos cuenta, lo hemos hecho nosotros primero, prediciendo su final. Él se inclina y elogia nuestra danza, yo me limito a soltar una fugaz risa sugestiva, obligándole a erguirse una vez coloco la palma de mi mano en su mejilla y gradualmente, dejándola caer por su cuello hasta encontrar fricción en sus ropajes.

A mí también me gustaría conocer más de usted Monsieur Kierkegaard — sonrío, acomodando sutilmente la camisa del inmortal — Podría equivocarme, pero imagino que tiene usted muchas cosas interesantes por conocer.

Escucho algunos pasos acercarse en dirección a la entrada opuesta a la que ingresé minutos atrás. Fuertes pisadas al unísono alertan que varios hombres se aproximan a la azotea.

Me gustaría proponer un juego— comento, ignorando la proximidad de lo que en nuestra posición podría significar peligro, entonces, lanzo la mirada por encima de los barandales que adornan el borde del terrado, justo sobre el parterre en el reverso del palacio— Veamos qué tan buen jugador es usted

Un perspicaz gesto se dibuja en mi rostro. Sin dar espera a respuesta me acerco y coloco mis labios a una peligrosa proximidad de su oído, con el etéreo toque de la piel de mi mejilla sobre la suya.

Sin poderes de vampiro— Susurro

Una vez terminado mi discurso, tan presurosa como mis zapatos me lo permiten, me dirijo hacia la salida que se encuentra despejada, justo antes de que, quienes subían hasta la terraza, ingresan por su contraria.



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