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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

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entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Agarwaen el Lun Ago 01, 2016 8:41 am

La mayoría de las heridas habían cerrado, todas menos la molesta herida de mi hombro que lejos de mejorar había empeorado sustancialmente.
Su tono negro se esparcía desde mi hombro hasta ya casi medio brazo, y el dolor no me daba tregua ni de noche ni de día.
Las visiones cada vez mas frecuentes habían asolado no solo mi cuerpo extenuado por las faltas de sueño si no también mi alma que cada vez se sentía mas cerca de esa nigromante que como a ganado me había marcado en batalla y que ahora tras unas palabras que hoy me sonaban a promesa seguía buscándome.

Deje escapar el aire resignado, mas con el firme propósito de no guardar ni un día mas de reposo, así que tras colocarme las cómodas ropas con las que solían salir de caza, cada una de mis puñales en las botas, tome las dos gemelas y las colgué a mi espalda.

Aquel día el sol brillaba en el cielo, y se me antojo el día perfecto para acudir a al zona mas profunda del bosque, allí donde un arrollo de aguas frescas lo cruzaba para practicar un poco.
Tenia que recobrar la forma, pues pronto esa bruja me daría alcance, mas pretendía demostrarle que por algo me llamaban Agarwaen “Manchado de sangre”  por lago descendía del mayor linaje de cazadores jamas visto.
Futuro heredero de la isla que contenía a la mayor cantidad de seres sobrenaturales del mundo, estaba mas que acostumbrado a la guerra y a las sorpresas que estos seres siempre te pueden dar en contienda.
Había salido victorioso de muchas, y aunque reconozco que esta batalla la había perdido, y que había salvado la vida por los pelos, no me pensaba morir sin luchar, la guerra aun podía ganarla, y sin duda eso es lo que haría.

Aferre mi hombro apretándolo con rabia, me importaba poco si el dolor atezaba cada uno de mis movimientos, también si esta herida cuando alcanzara el corazón me condenara a un fin eterno. Yo era un cazador, la muerte no me asustaba, ni aparte de mis padres, también cazadores, dejaba a nadie llorando mi falta, así que, combatir era mi vida y moriría haciendo aquello para lo que había nacido.

Salí de la cabaña tomando la montura que a sus puertas me esperaba perfectamente pertrechada y puse rumbo hacia aquella zona del bosque poco soleada, donde sin duda reinaría la paz suficiente para volver ha hacer silbar mis cimitarras al viento.
Estaba bastante excitado con la idea de sentir de nuevo el roce de su empuñadura contra la piel de mis manos.
Azuce al caballo lo mas rápido que pude sintiendo el aire fresco golpear mi rostro con esa sensación a libertad que tanto añoraba, mas no lo detuve ni un momento para tomar aire hasta alcanzar la meta fijada.

Tras un refrescante baño en las aguas del arrollo que sin duda apaciguaron ligeramente el quemazón coloque mis pantalones en su lugar y con los pies descalzos para sentir las briznas de hierba asi como cada trozo de tierra bajo mis pies emprendí aquel entrenamiento girando sendas gemelas entre mis manos.
Cerré los ojos dejando el viento golpear mi rostro, escuchándolas silbar a mi alrededor con preciosos movimientos, mientras mis pies danzaban junto a ellas.

El dolor del hombro atenazaba cada giro de espada, mas el vendaje fuerte que aquella mañana Sonae me había echo al menos me ayudaba a mantener esa compostura tan necesaria para n desconcertarme.



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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Amara J. Argent el Vie Ago 19, 2016 3:35 pm

"Warrior"

Las últimas semanas han sido bastante parsimoniosas, pues son preocupaciones banales las que me han acometido últimamente. Lo cierto es que no he puesto un pie cerca del bosque tras el “incidente”, como he decidido llamarlo, para ocultar a mi padre la pobre excusa de cazadora en la que me he convertido. Una centésima de segundo en la que la duda inunde la mente puede convertirse en sentencia de muerte. Bien me lo ha advertido mi progenitor, al menos, desde que mis ojos conocen la existencia de las criaturas  que se esconden entre las sombras, criaturas que bien podrían haber salido del mismísimo averno, y de las que, como si no hubiesen forjado su camino en mi vida con la sangre de mis seres queridos, he tenido piedad. Si alguna vez mi padre llegase a conocer que la clemencia que tuve por la vida de una de las bestias a las que ha dedicado el estado más puro de su odio, no sólo me acusaría de traición más se convertiría en mi propio verdugo. La traición es una transgresión imperdonable, ante los ojos de mi único familiar, el último de los Argent en ser vástago de la caza, la mejor caza de licántropos jamás vista.

Me adentro en el bosque con la esperanza de encontrar aquello que he perdido: la firmeza de mis manos, lo único que necesito, a la hora de clavar las aguzadas hojas de plata en alguna de las criaturas que andan bajo el encanto de la noche. Mis raíces se encuentran en es espejo follaje, en la tierra húmeda y la fragancia a sangre y desesperada intento encaminarme a ellas sin saber realmente qué camino tomar. Deambulo sabiendo qué necesito pero no cómo encontrarlo; un claro para entrenar podría servir o quizá una bestia sobre la cual descargar mis inseguridades, cualquier cosa que despeje mi mente, que supla lo importante con lo nimio, pues lo cierto es que no hay forma, ya sea en los cielos o en el infierno, en la que pueda ocuparme del matriarcado de la familia mientras no tenga un milagroso reencuentro con el goce de matar.

Como si de una plegaria escuchada  se tratara ante ms ojos se abre el suave cauce de un arroyo, arroyo en el cual un hombre termina de tomar un baño, saliendo de las aguas que hasta el momento cubrían su virilidad. Escondida entre la maleza con la sensación de haber invadido la privacidad del hombre pongo atención a sus actos, más allá de su corporeidad mi atención de posa en las prendas que coloca en su cuerpo, la ropa de un cazador.

Instantes tras haber cubierto su cuerpo por completo, el cazador saca sus dagas, gemelas como las que llevo en el cinturón, y con la gracia de un amante de la muerte le observo batirlas al aire con movimientos certeros y probablemente letales para su oponente imaginario, ese que su imaginación debe de haber puesto frente suyo para hacerle golpear con tal fiereza. La sincronía de su cuerpo con sus armas me lleva a la conclusión de que me encuentro ante un guerrero, uno de los que ha peleado las batallas que todo cazador anhela por pelear, aquellas en las que cualquiera de los de mi clase estaría más que dispuesto a dar la vida.

Hipnotizada por la gracia del entrenamiento del cazador me acerco sin cuidado. En cualquier momento podría terminar con una de las gemelas clavadas en la garganta pero aquello parece no importarme pues me muevo en su dirección con poco sigilo, como si su presencia destilará aquello que he buscado por horas entre la maleza. El hombre se detiene y aprieta su hombro, una herida de batalla quizá, sin embargo, solo me toma unos segundos darme cuenta que la única razón por la cual ha pausado su ferviente entrenamiento, es por qué está al tanto de que me encuentro justo detrás suyo.



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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Agarwaen el Sáb Ago 20, 2016 9:02 am

Las cimitarras silbaban alegres al viento, mortales, con un canto afilado y salvaje que rozando mi oído me evocaba al placer de la guerra, esa que no hacia tanto en la que había participado, esa que todavía con sus tenaces marcas recorría doblegando mi cuerpo mas no mi alma con su dolor.

Los pasos seguros de algún insensato se acercaban por mi espalda con ningún disimulo, como si aquella visión épica de un guerrero batallando con la muerte le causara el placer , el anhelo, que en sus tristes días no encontraba.

Lentamente afloje el paso, acompañando los movimientos que todavía gráciles mis gemelas mostraban hasta que el baile se detuvo frente a la dama que con atuendo similar al mio a mi altura se encontraba.
-¿Para ser cazadora, mi señora, no sabéis que nunca os debéis de acercar por la espalda a uno de los nuestros? -le pregunté con una sonrisa de medio lado.

Deje caer al suelo mis dos cimitarras que sobre la grama sonaron ligeramente metálicas, afianzando con fuerza mi hombro que había aguantado al menos un primer embiste. Mire la palma de mi mano asegurándome de que no sangraba antes de hundir mis ojos en la mujer que frente a mi quieta me admiraba.
-¿y bien? -pregunté sin saber muy bien que la había atraído hacia mi en aquel lugar recóndito que había elegido para ponerme de nuevo en forma.

Deslicé mis ojos por un cuerpo perfecto, tallado en piedra, ascendí por esas ropas que pegadas a su piel contoneaban una sucesión de curvas y restas que sin duda no pasarían desapercibidas por ningún hombre que se preciara de serlo.
Aunque también es cierto que a los hombres tendían a gustarles las mujeres sumisas y esta aparentaba ser de todo menos eso.

-¿no encontrabas contrincante digno y has venido a probar suerte conmigo?
-bromeé con cierto deje de picardia en mi voz.
Me acerque al arroyo para lavar mi rostro evitando así que resbalara por este las gotas de sudor del primer entrenamiento en semanas.
Todavía me quedaba bastante para volver a ser yo, tiempo que no tenia pues mi ultima batalla final estaba cerca, podía sentirla abrasando mi piel con la misma tenacidad con la que aquella mujer seguía frente a mi plantada.

Volví a desviar mis ojos hacia los suyos dejándome caer con una sonrisa sobre la hierba húmeda pegada al arroyo.
-Intuyo que las armas no las llevas solo en plan decorativo para parecer malota ¿verdad? Quizás podrías tu también danzar para mi un rato, no es justo, mi señora, que solo yo la haya complacido en esta bella mañana ¿no cree?



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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Amara J. Argent el Dom Sep 18, 2016 8:07 pm

Solo el filo de las cimitarras del cazador rozando la punta de mi nariz logra despertarme de la ensoñación, distracción nacida en el portento de sus movimientos y de la sincronía  entre hombre y arma. La simultaneidad de su letal danza es una no he tenido la oportunidad de percibir en esta vida, al menos no en otro individuo  dedicado a este oficio que no fuese mi padre. Me toma unos segundos caer en cuenta de mis acciones, más allí me encuentro, delante del guerrero al que mi cuerpo me ha atraído como si se tratase de alguna fuerza invisible, una ligada a las respuestas de aquello que he buscado con fervor entre troncos y follaje. Mantengo posición inflexible a pesar de encontrarme frente ante uno de los míos, no es mi intención comunicar amago, sin embargo, lo cauto de la postura es algo que por inherencia poseemos los de nuestra clase; tan letales como mortales, una perfecta contradicción sobre la que se basa la existencia de todo cazador.

Me limito a atender sus palabras y movimientos, preguntándome si considero digno de mi naturaleza acudir a un desconocido. Le sigo con mirada inquisidora tratando de encontrar uso de mi intuición sobre el individuo, intentando leer sus acciones y hacerme a una idea de quién es el hombre con el que me encuentro; Las primeras impresiones no son la mejor forma de llegar a conocer a alguien, sin embargo, en este oficio nunca se sabe si habrá suficiente tiempo para una relación más allá de lo superficial. No obstante, lo espontaneo de su personalidad me conduce a un lugar muy distante de mis costumbres, uno que franquea la línea de aquello que consideró seguro a mi beneficio.

Dejo caer las armas que llevo conmigo, la ballesta, las flechas e incluso la cazadora que cubre ligeramente mi corsé. Del cinturón que redondea mis caderas saco una de las dagas chinas de anillo, siendo estas la única defensa que me resta. Una pequeña y picaresca sonrisa que no dedico con frecuencia se dibuja en mi rostro, mientras la daga gira con agilidad entre mis dedos. Sus palabras suenan casi con la dulzura de un reto ante mis oídos, sin embargo para esta altura de mi existencia he de reconocer que aquello no es mi fuerte.

Bien me ha enseñado mi padre que no me debo atravesar en el camino de un buen cazador y su arma —Encojo los hombros y enarco ligeramente las cejas remarcando la sonrisa ya dispuesta en mi rostro  

Retrocedo un par de pasos, esta vez retirando la gemela de la que encuentra entre mis dedos, sólo para hacerla girar al igual que su hermana.

Lo he observado por algunos minutos y he encontrado sus movimientos bastante…  — me detengo un segundo buscando la palabra adecuada, relamo mis labios ya secos por el clima y dirijo la mirada al lugar donde el hombre se ha recostado — Particulares —comento con simpleza haciendo amago de un danzar de similar naturaleza al que mi acompañante realizaba unos minutos atrás — Sólo soy una cazadora en busca de inspiración y pensé que podría ayudarme a encontrarla, señor.

Dichas aquellas palabras, lanzo las gemelas, una seguida de la otra, quedando estas calvadas en el suelo a una corta distancia de su rostro, no suelo enaltecer mis habilidades pero si de algo he de jactarme es de mi perfecta puntería.

Quizá después le pueda complacer… con una buena danza, por supuesto.



Querid@ user:
Lamento la tardanza, usualmente no tardo tanto con los post. Aún así, aunque sea tarde, siempre respondo, no abandono. Sin embargo, no tengo intención de tardar tanto de nuevo ¡Saludos!


Última edición por Amara J. Argent el Dom Oct 02, 2016 10:54 pm, editado 1 vez



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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Agarwaen el Miér Sep 21, 2016 4:29 am

Sus palabras tan afiladas como las dagas que bailaban entre sus dedos y mordaces como su vestimenta no daban lugar a duda.
Su estirpe debía de alcanzar los confines, posiblemente como la mía hasta perderse en las estrellas.

Sonreí de medio lado cuando sus dos gemelas escaparon de sus dedos con tino, hundiéndose contra la húmeda tierra alzando a su paso las briznas de hierba de donde mi rostro descansaba para hundirse con fuerza a escasos centímetros de el.

Alcé la vista divertido, admito que la dama había acaparado mi atención, no solo por su cuerpo, que sin duda se cincelaba lleno de curvas imposibles de no ser admiradas, si no por aquel enérgico carácter, por la voracidad con la que arrastraba las palabras invitándome a un baile mucho mas apetitoso que cualquiera de los improvisados en un baile de salón.

Me alcé despacio, tomando sus dagas del suelo para acercárselas con una amplia sonrisa en el rostro y como no, con los ojos hundidos en los ajenos, desafiante, aceptando aquel reto que se me antojaba de lo mas interesante. Admito que hora mismo danzar con ella casi superaba mis ganas de tomar un baño en esas gélidas aguas.

-Algo me dice que danzáis muy bien, y que no es lo único que sabéis hacer para complacer a un hombre -mis palabras estaban cargadas de doble sentido, ese en el que ambos parecíamos desenvolvernos tan bien.

Las dagas fueron recuperadas por la dama, mientras yo hacia lo propio con mis cimitarras, que ahora, aferradas por los mangos me trasmitían mil y una vibraciones.
La piel, aun caliente por mi reciente contacto, húmeda ligeramente por el sudor del entrenamiento se afianzaba contra la palma de mi mano.
Pronto empecé ha hacerlas girar, despacio, haciéndolas bailar silbando al viento, emitiendo una dulce melodía. Cerré los ojos cuando el aire levantado por ellas impacto en mi rostro, y con esto, mis pies se movieron por inercia, esperando su asalto, esperando que esa mujer logrará forzarme a abrir los ojos con sus ataques.

Podía sentir sus movimientos, sus pies ágiles sobre la hierba buscando el flanco de mi cuerpo, que con sutileza desvié con mi espada frente a su sutil ataque aun con los ojos cerrados.
El canto de los pájaros había cesado frente al inminente combate, que tan solo era un ensayo.
Ahora solo estábamos ella y yo, nuestras armas y el agua que enérgica corría a nuestras espaldas
Entreabrí los labios al sentir de nuevo su cercanía, su respiración ajetreada, danzando frente a mi cuerpo, el silbido de sus espadas, el sonido de los aceros contramandase fugaces de nuevo.

-Mi señora, empezáis a interesarme mas de lo que esperaba, quizás acabemos logrando encontrar ambos la inspiración que buscamos -apunté con una picara sonrisa mientras ambos seguíamos luchando entre jadeos ahogados.



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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Amara J. Argent el Lun Oct 03, 2016 6:50 pm

No alcanzo a rememorar la última ocasión en la que me permití blandir las gemelas que me acompañan con tan impávida vehemencia y, si he de ser sincera conmigo misma, no estoy del todo segura de alguna vez haberlo hecho.

El cazador y yo danzamos a un peligroso ritmo,  apartando toda culpa tras la empuñadura de las armas que livianas cortan el aire cercano a nuestros cuerpos. Una inusitada sensación que hasta el momento permanecía desconocía, se dispersa como un cosquilleo a través de mi dermis, visitando cada nervio y acariciando hasta la última fibra de mi corporeidad, haciéndose más intenso con la colisión de nuestras armas. Sin embargo, súbitamente me veo a mí misma atrapada en una eterna contradicción, el estímulo que la lucha provoca en mi es digno de cualquier guerrero, más la sola idea de la muerte tras ella se convierte en la razón por la que mi mano tiembla.

El cazador, quien con gracia se mueve al compás de los aceros, es ciertamente más ágil en el tipo de combate que sostenemos, pues persiste sin esfuerzo alguno en una ventaja que me empeño en no dejarle tomar. No sólo una sino varias veces, la filosa hoja de sus sables, que sincronizan de manera exacta con su danza amenazan con rasgar mi piel, más el incesante riesgo me aventura a un nuevo grupo de ataques, cada uno más vigoroso que su predecesor. Aunque el ambiente es gélido, la voracidad de los movimientos no le concede al frío colarse bajo mis ropas, que más reveladoras de lo que se figura deben ser me acompañan a cada caza.

En un golpe de suerte logro desarmar una de las manos del hombre, sin embargo, tardo más en arremeter que él en lanzar ofensiva, resquebrajando ligeramente el corsé que llevo puesto. Nos detenemos, jadeante, una expresión de misteriosa fascinación surca mi rostro se complementa con media sonrisa; mi perspicaz mirada incita a mi acompañante a continuar.

¿Lo cree enserio, señor? — inquiero con un vaporoso toque sugestivo y me encojo de hombros ligeramente, restando emoción a mi semblante— Probablemente sea cierto que estoy llena de sorpresas y talentos ocultos, pero tal vez pueda usted ayudarme a encontrarlos también.

Evidentemente, la carencia de un delicado filtro verbal me ha puesto en diversas situaciones incómodas a lo largo de mi caótica existencia, sin embargo, considero que de todas las situaciones con las que me pude topar en el bosque esta es, probablemente, la más conveniente.

Por un instante, planeo consentir a que mi naturaleza me guíe y a que broten todos aquellos instintos que me he oprimido con tenacidad. En cortas palabras, hoy cedo al descontrol. Fui concebida para luchar, para matar; más es probable que sea hora de indagar si aquello que he intentado reprimir corresponde a mi inspiración perdida, aquella que obstinada me niego a abandonar.

Y en cuanto a la inspiración —Pauso brevemente, agregando un deje de simulada inocencia en el tono de mi voz mientras las dagas giran plácidas entre mis dedos— siento que vamos por un buen camino.



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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Agarwaen el Lun Oct 10, 2016 5:00 am

La lucha sigue, vigorosa, azotando no solo nuestros cuerpos que perlados en sudor se buscan como los mismos aceros chispeantes, si no arrasando a nuestro paso con todo lo que se encuentra.

Ruidos metálicos nos envuelven en una danza peligrosa, una que nada tenia que envidiar a los mejores salones de París, esos en los que las damas muestran sus encantos.
Allí esta ella, su pelo ondea al viento, su rostro tenso por el esfuerzo gruñe con cada movimiento y con los labios entreabiertos me desafía a seguir combatiendo.
¿acaso existe imagen mas bella que esta para una mujer? Salvaje, diestra, mortal.

Mi pensamiento me traiciona, ojos que se deslizan hasta sus senos, ocasión que la guerrera no desaprovecha para quietar de una de mis manos la cimitarra que con un golpe sordo cae al suelo.
Sonrió de medio lado llevando la otra hoja a su corseé que cede frente a mis ojos libreando la presión de ese pecho, que sube y baja a un ritmo atarantado.

Ambos nos miramos, deseosos de continuar el juego, el arte de la guerra, nuestro oficio.
-Nunca imagine que un entrenamiento matutino pudiera desencadenar en algo tan excitante -musité contemplando la figura de la dama. -¿Continuamos?

Ambos parecíamos extenuados, su mano aparto por un instante su largo cabello oscuro haciéndolo a un lado, mas sus ojos no se desviaban ni un ápice de los míos.
Con su pie, lanzo mi cimitarra nuevamente hacia mi mano, supongo que esa era la respuesta a mi pregunta.
-Sigamos -susurró entre jadeos lanzándose nuevamente al ataque mientras sus dagas bailaban voraces entre sus manos.

-¿Que a desayunado hoy señorita? -bromeé interponiendo mis aceros frente a los suyos para de nuevo comenzar ambos a danzar para el otro.
Detrás de un ataque se interpuso otro, ninguno daba su brazo a torcer, ambos sedientos de victoria, sedientos de que sobre esa hierba cayera el otro, vencedor y vencido ,así era la lucha, nuestro sino.
-¿Sois cazadora verdad? -pregunté apresando su cuerpo contra un árbol, cuando la dama dio un paso en falso.
La hoja de mi cimitarra acariciaba con suavidad su cuello, mientras su pecho golpeaba mi mano fruto del agotamiento.

Su aliento colisionaba contra mis labios, antes de darme una respuesta, mas no tarde en descubrir que una de sus hojas acariciaba mi estomago dispuesta a no rendirse tan fácilmente.
-Una buena cazadora -susurré relamiendo mis labios secos por el esfuerzo.



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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Amara J. Argent el Miér Oct 12, 2016 7:31 pm

Intento recuperar el aliento pero me encuentro blandiendo las gemelas nuevamente antes de conseguirlo, simultáneamente, utilizo mi pie para devolverle el arma perdida al cazador, quien aguarda la continuación de nuestro agitado duelo. Una profunda bocanada de aire llena mis pulmones, pues aquel que ingresa por mi nariz no parece ser suficiente como para que mi cuerpo soporte la exigencia del ejercicio; sin embargo, aquella acción termina por sofocarme un poco más. El osado e intenso compás de nuestra danza me deja exhausta, mas esa misma sensación de asfixia es en efecto la que me incita a continuar. La lucha me seduce y es aquella una verdad absoluta, la única verdad que mi cuerpo no accede a contradecir. A pesar de que mi moral no me permite disfrutar de ser mensajera de muerte, me es imposible refutar mis raíces pues una larga estirpe de cazadores alza tras de mí.

El cazador con quien mantengo la fervorosa contienda ha logrado remover una fibra que hasta el día de hoy no me había atrevido tocar, tal como si hubiese encontrado en lugar en el cual el fragmento más salvaje de mi ser encaja perfectamente. Mi corporeidad reacciona al estímulo del combate, mi pecho se eleva reiteradas veces al ritmo del palpitar de mi agitado corazón, una punzada de adrenalina me acaricia la espalda y un afrodisiaco cosquilleo recorre mi estómago cada vez que la afilada hoja de su sable se aventura cercana a mi piel.

Los ojos del hombre le traicionan pues su mirada se resbala indiscreta sobre mi busto reiteradas veces, logrando que me sea imposible no percibir el gesto; reparar en los detalles es naturalmente una de mis tantas especialidades. No es común que ceda a usar mi cuerpo como una ventaja en batalla, pues son pocas las probabilidades que alguna de las bestias que me dedico a cazar se interese en mis atributos femeninos más que enterrar sus fauces en mí yugular; no obstante, a pesar de que no considero el arte de la seducción la mayor de mis virtudes, no está de más explotar brevemente las debilidades de mi contrincante.

Ese es el problema, señor — formulo entre vaharadas cansinas — Aún no he desayunado.

El cazador lanza un nuevo ataque y esta vez permito que una de sus cimitarras rasgue brevemente los lazos superiores del corsé, liberando con sutileza la presión que ejerce sobre mis pechos. Media sonrisa extenuada se marca sobre mis labios ante aquella pequeña victoria, más la confianza adquirida conspira en mi contra al encontrarme a mí misma entre el la hoja de su sable que acaricia mi cuello y un robusto roble a mis espaldas.

Mi peso recae sobre el árbol y el suyo sobre mi cuerpo, sin embargo, sólo cuando me veo sin más salida, me percato que el cazador ha pasado por alto mis manos que, tensas y firmes por la batalla, sostienen las dagas que ahora friccionan contra su abdomen. Sin mediar palabra alguna procedo a cortar las ropas que cubren su torso cuidando de no hacer lo mismo con su piel.

Espero que este no sea su mejor traje de caza, Monsieur, porque ahora estamos a mano — Comento jovial acompañando el discurso con una pequeña risa incitadora. La cercanía es tal que puedo sentir el vaho de su respiración inquieta golpeando suavemente mi cuello— Y ahora también estamos así de cerca y ni siquiera me ha dicho su nombre — inclino mi cabeza levemente dejando mis labios cercanos a su oído entonces susurro — Vamos cazador, ambos somos buenos, pero podemos hacerlo… mejor — Finalizo y prosigo  dándole un pequeño empujón al hombre que si bien no aumenta en demasía la distancia le da a entender que estoy lista para continuar el juego.

No me considero presa fácil.



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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Agarwaen el Jue Nov 10, 2016 7:45 am

Saja mi camisola, dejando así mi pecho al descubierto, cuerpo con cada musculo tenso que se dibuja contra el filo de su daga. Fría la hoja acaricia mi abdomen, mientras sus labios recorren sin tocar mi cuello para alcanzar mi oído.
Frase que susurra salvaje y desafiante contra este mientras mi boca busca de cierto modo la suya y nuestra nariz se roza por un instante.

Un jadeo ronco escapa de mi garganta al sentir ahora sus manos lanzándome con suavidad hacia atrás.
De nuevo todo o nada, la pelea no tiene tregua, y en algo tiene razón, lo podemos hacer mucho mejor los dos.
Sables en mano emprendo el baile, ese que como el viento silba el nombre de la dama, ahora acompañado de mi camisola, que abierta esconde los movimientos de mis brazos con cada giro de muñecas.

La dama de nuevo se pone en guardia, como buena cazadora sus ojos atenazan mi mirada, no por ello no pendiente de mis espadas.
Noto su pecho agitado por la excitación que le produce el férreo combate, eso que parecía ir buscando cuando se perdió en el bosque, y yo estaba dispuesto a complacerla en todos y cada uno de los terrenos en los que me lo permitiera.

Choque de aceros de los que saltan las chispas, esta vez ambos dejamos el cuerpo y el alma en cada movimiento. Nuestro rostro perlado en sudor busca tenso el del otro. Escudo y espada, ambos son nuestras armas, que detienen ataques brutales, con la dureza de un bárbaro y la elegancia de un bardo.

Reculo hacia atrás cuando ella toma el relevo, cuando son sus dagas las que buscan sajar mi cuerpo, sonrió de medio lado adentrando mis pies en el pequeño arroyo, seguido de las embestidas de esa mujer, que parece presa del frenesí, de su linaje y de las mismas armas con las que formas un solo cuerpo.
Bella visión la que me regala con tan ardua lucha, con cada movimiento que preciso busca mi cuerpo.

En un descuido de la dama, adquiere una posición demasiado cercana, veo su sonrisa, cuando ya cree tener su acero acariciando mi pecho. Descuido que aprovecho, tomo su cintura y tiro de ella contra mi cuerpo, ahora cayendo los dos sobre las gélidas aguas del arroyo.
-Te veía muy encendida y he pensado que un baño te ayudaría -bromeé con picardia acariciando la piel de su cintura mientras su busto agitado golpea la piel desnuda de mi pecho

Amara:
Perdón por el tiempo que he tardado, no había visto tu respuesta



Annabel y Agarwaen:





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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Amara J. Argent Hoy a las 3:31 am

Me tomo un segundo para apreciar las decisiones que me han traído hasta este momento, posiblemente, me encuentro ante una situación más cautivadora que cualquiera que hubiese buscado con intención al escabullirme en la espesura del bosque. Evidentemente, la tenue chispa se ha transformado en un fuego vigoroso y abrasador, que más allá de hacer que me arda la piel y se peguen a ella mis ropajes, me proporciona la efímera libertad de este baile, un sugestivo juego en el que las dagas se deslizan tentadoras entre mis manos sin sentir el deber utilizarlas con un fin más allá de la propia diversión.

El equilibrio entre un buen contrincante y una danza de tan fiero proceder como la que nos hemos aventurado a practicar, debe ser inalterable. Un desequilibrio en cualquiera de las dos partes significaría una batalla o muy corta o muy aburrida, más puedo dar crédito a mi rival de cautivar mi curiosidad. Ninguno de los dos parece dar pie a rendirse pero tampoco parece que alguno se acerque a la victoria, para este momento he llegado a la conclusión que si bien algo me conecta a mi acompañante, más allá de una sutil atracción superficial, es la contienda.

Finalmente, entre choque de los filos de nuestras armas, encuentro el momento preciso que promete convertirme en vencedora de nuestro improvisado duelo, más la confianza me traiciona cuando me un par de movimientos, mi rival me arrastra consigo hacia las gélidas aguas de las que salió él cuando le vi por primera vez. La glacial temperatura del lago entumece mis músculos de forma instantánea, razón por la que dejo perder las gemelas entre el agua sin quererlo realmente, quedando no sólo presa de la fría humedad que se cuela entre las telas de mi ropa, sino también del cazador que ahora me sostiene contra su cuerpo, sin estimar en ningún tipo de distancia.

Le brindo una sonrisa amplia, el doble sentido de la situación le otorga un toque de diversión y para ser sincera, es esta es la único momento del he obtenido regocijo en un largo periodo de tiempo. Ignorando todo código de comportamiento que una señorita de mi estatus social se supone debe tener, inclino brevemente la cabeza y acerco mis labios a los suyos, lo suficiente como para sentirlos rozarse con ligereza.

Prefiero estar encendida a mojada, si le soy sincera, monsieur — musito con gracia aún con peligrosa cercanía a él, alejándome cadenciosamente con cada palabra — Pero supongo que esto funcionó para usted — Sonrío, me encojo de hombros y levanto las manos, enseñándole que he perdido mis dagas en el lago, sin retirar mi mirada de la suya — Supongo que eso lo hace el ganador de esta contienda, a menos que…

El hombre, quien aún me toma de la cintura, sin soltar sus cimitarras, parece intrigado. Entonces, deslizo mis manos sobre sus brazos hasta llegar a las suyas y retiro los sables de su agarre, solo para posteriormente lanzarlos por encima de su cabeza hasta tierra firme.

Quisiera probar sus habilidades como cazador — una expresión traviesa surca mi rostro, mi propuesta seguramente será una tarea fácil para él, más mi rostro no se lo hace saber — No estoy acostumbrada a ser la presa, más voy a intentarlo si acepta. Si me atrapa...  — hago una pausa, serpenteando con el dedo índice la piel de su pecho que ha quedó al desnudo cuando mis dagas rasgaron su camisola — Ya veremos qué pasa.

Sin darle oportunidad de responder, me doy media vuelta y zafándome de su enganche, comienzo a nadar tan lejos como puedo de él.



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Re: entrenando mi alma, doblegando mi cuerpo [Amara]

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 4:10 am


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