Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Solo tú eres mi fortaleza, el único que jamás mentiría ¿cierto? - (Konrad)

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Solo tú eres mi fortaleza, el único que jamás mentiría ¿cierto? - (Konrad)

Mensaje por Yvonne De Bailleux el Jue Ago 04, 2016 7:34 pm

Cuando esa mañana se dispuso a sentarse en el salón comedor para desayunar, su padre que se encontraba sentado, leyendo el periódico, la contempló en silencio, había algo de tristeza en el rostro de su hija y no pudo sentirse un poco culpable. Podía entender que su pequeña Yvo, sintiera la desazón de no tener una figura femenina que le ayudara en la elección de su ajuar, al fin y al cabo, él no tenía esposa, no porque no se hubiera enamorado, sino porque al hacerse cargo de la hija de su reina, mintiendo a todo el mundo, incluso al verdadero padre de la joven, no había querido involucrar a ninguna dama en un problema que podía terminar en un hecho de sangre. ¿que podía pasar si algún día el rey, se enteraba que la niña que él había decidido matar tras la muerte de su mujer, gozaba de buena salud y se encontraba siendo cuidada en París, por el jefe de su guardia personal? fuera del escándalo que eso implicaría, del arresto por traición, lo culparía de secuestro y le haría ejecutar por traición, aduciendo que él jamás habría hecho daño a su propia hija, ¿y a quien creerían? ¿a un militar, que conocía de las aventuras de la reina y algún caballero de la corte? ¿o al rey que había llorado la supuesta muerte de su hija y la de su esposa? El hombre suspiró, dejando el periódico en la mesa y frotándose los ojos, aunque no quisiera mentirle, jamás podría descubrir la verdad ante aquella joven, debía llevarse la verdad a la tumba, que el sacrificio de su vida, su propia soledad, no fueran en vano. Aramis, solo esperaba que la próxima boda de su hija, trajera un poco de alegría a su vida, tal vez, ellos aceptaran que él los visitara y podría disfrutar de los hijos que tuvieran.  

Yvo levantó la vista y su mirada se encontró con la de su padre, enarcó una ceja al darse cuenta de la tristeza que había en su padre, - ¿que pasa papá? - preguntó intrigada, - Nada hija, solo es que me preguntaba, en que momento se esfumaron dieciocho años de nuestras vidas. Si me acuerdo de la noche en que naciste, tan pequeña, tan blanca, tan parecida a tu madre - dijo sin pensar, cun pocas veces él había hablado con ella de esa misteriosa mujer. La joven dejó de beber su jugo de naranja y se levantó de su asiento, para volverse a sentar al lado de su padre, -¿y como era ella? - preguntó con la ingenuidad de la pureza de su alma. El hombre sonrió mientras sus ojos veían la avidez de conocimiento que la joven tenía, - pues... era hermosa, fuerte, decidida a luchar por todo lo que creyera que valía la pena... - la sonrisa se convirtió en una mueca de dolor y sufrimiento, - no merecía ser tan infeliz, yo hubiera dado mi vida porque fuera feliz al lado de quien amaba... - dijo sin pensar, sin poder detener en sus labios aquella porción de verdad. La mirada temerosa de su padre la hizo temblar, - ¿que dices papá? ¿acaso tú y mamá no eran felices juntos? -. Tarde había callado, debía intentar arreglar aquel desastre, pero no pudo, estaba tan cansado de esconder la verdad a su hija adoptiva que, bajó la cabeza y suspiró. - Querida mía, te he cuidado y criado, como si fuese en verdad mi hija, mas solo tu madre sabía quien era tu verdadero padre - aquellos ojos le devolvían la tristeza que se desprendía del alma del caballero y que invadía la de ella.

Yvo no supo como había llegado a las calles cent ricas de París, luego de aquel descubrimiento, se había levantado de su silla, haciendo que ésta se tumbara, su padre la quiso detener , pero ella se lo negó con un movimiento y entre llantos había salido por la puerta, tomando el primer coche que había pasado por la calle. Suspiró, le dolía el pecho, podía tener un ataque, caer fulminada en cualquier momento, ¿pero acaso eso no sería una bendición?  ¿quien era? ¿quien había sido su madre?, si aquel hombre que la amaba y la protegía durante tantos años, no era su verdadero padre... ¿quien lo era? Intentó hacer varias inspiraciones profundas, en busca de paz, cuando sus latidos se serenaron, decidió que lo mejor sería poner sus pensamientos y su fuerza en lo único seguro que le quedaba, en su pronta boda con Konrad, el único ser que jamás le había mentido y que siempre le sería leal.



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Re: Solo tú eres mi fortaleza, el único que jamás mentiría ¿cierto? - (Konrad)

Mensaje por Konrad Zhivago el Mar Ago 16, 2016 10:33 pm

Los planes iban mejor que nunca. La fecha de la boda con su joven prometida Yvonne estaba dispuesta y ahora la “feliz” pareja solo necesitaba encargarse de preparar todo para el evento. Yvonne debía buscar su ajuar, él su traje, entre ambos ver la iglesia y el lugar donde se celebraría después una pequeña fiesta en honor a quienes estarían unidos para siempre. Duprie, esa excelente asesina que contratará hacía un par de semanas también sabía ya como proceder para deshacerse de Aramis y él, bueno, él solo debía esperar a que las fechas llegaran y todo saliera tal como lo planeó.

Aquella mañana, Zhivago tenía planeada una visita sorpresa a la casa de su prometida, seguro de que sería bien recibido por la De Bailleux, quien desde que fueran presentados no había hecho más que mostrar un afecto en aumento por él, garantizando a aquel hombre sediento de venganza, que cuando llegará el momento tendría el dominio suficiente como para destrozar a Yvonne con tan solo sus palabras. Con una sonrisa que era más de placentera maldad llegó hasta el hogar de la familia De Bailleux donde fue recibido por un apurado Aramis que aseguraba no saber donde es que se encontraba su hija y que le pedía además no respondiera a las preguntas que ella hiciera sobre el tiempo en el que ambos habían servido como guardias reales. Aquel hombre había sido tan estúpido como para revelar a Yvonne un fragmento aparentemente inocente de su pasado, un detalle que si bien no era relevante y no afectaba para nada los planes de Konrad, si afectaría a su prometida, quien también se había mostrado ante él como una joven demasiado sensible. Resistiendo el deseo interno de ser él mismo quien terminará con la vida de Aramis en ese preciso instante, salió de la mansión, dirigiendo sus pasos hacía cualquier lado, esperando que su prometida no se encontrará muy lejos de su hogar.

Subiendo a su propio carruaje, Zhivago indicó al cochero que le llevará a dar un paseo sin rumbo definido y que si en algún momento daba con la figura de su prometida, no dudará en detenerse ya que era primordial para él dar con ella. Su cochero asintió de manera firme y apenas tomaba asiento Zhivago dentro del carruaje, este se puso en marcha. Los ojos de Konrad recorrían con atención a las personas en el exterior, así como a las personas dentro de otros carruajes, todo sin que la figura que él deseaba encontrar apareciera.

Frustrado después de haber recorrido por cerca de una hora las calles más céntricas de París, pidió a su cochero que se detuviera para de esa manera ser capaz él de recorrer a pie algunas otras calles. En cuanto el carruaje se detuvo, Zhivago descendió del mismo, comenzando su andanza entre las calles y pidiendo porque aquella joven e imprudente muchacha que tenía por prometida apareciera pronto y sin daño alguno, ya que destruirla sería su placer personal.




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Re: Solo tú eres mi fortaleza, el único que jamás mentiría ¿cierto? - (Konrad)

Mensaje por Yvonne De Bailleux el Dom Ago 28, 2016 6:00 pm

Yvonne, había caminado, recorriendo tienda tras tienda, buscando el genero específico para su vestido de bodas, deseaba ser la mujer mas bella que Konrad hubiera contemplado alguna vez, vestir casi como una reina y conquistar definitivamente su corazón. No se trataba que Yvo sintiera, de alguna manera que él no la amaba, pero, el hecho de no saber quien era su verdadero padre, podría llegar a ser un impedimento para la boda. Indecisa, abrumada, miraba los encajes y sedas, pero todos le parecían feos, deslucidos, nada la conformaba. Por esa razón, abandonó la idea de elegir algo aquella mañana, pues estaba segura que de hacerlo, se arrepentiría al dia siguiente.

Por eso caminó sin rumbo fijo, deteniéndose en los escaparates, no tanto para apreciar lo que pudiera estar expuesto en ellos, sino, para intentar reflexionar en la verdad que su padre le había descubierto, - mi padre - repitió al sentir que muy en el fondo, aunque no tuvieran la misma sangre, Aramis, se había comportado siempre como su padre. Un traje exhibido en una tienda de ropa masculina, le hizo recordar una noche en que su padre, a punto de salir con una joven, la dejó plantada, solo para quedarse con su pequeña niña, y contarle historias de princesas y caballeros, los dos arropados por gruesas mantas y el calor del fuego en el hogar. Sonrió con tristeza, porque si debía ser justa, ésa era la forma con que un hombre debía tratar a sus hijos, y su padre lo había hecho, no una vez, sino cientos, hasta que ella se sintió demasiado adulta para escuchar historias antes de ir a dormir.

Su mano enguantada, acarició el frio cristal, mientras sus mejillas eran humedecidas por sus lagrimas. Había sido injusta, muy injusta con el hombre que eligiera ser su padre, encargarse de ella, en vez de abandonarla en un orfanato. Sentía vergüenza, de ella, de su comportamiento aniñado, de sus arranques irracionales, deseaba poder decirle que lo lamentaba mucho, pero ahora se sentía insegura, ¿que diría su padre? ¿la perdonaría? pensó en que seguramente su padre le contaría lo que había pasado a su amigo, y el prometido de Yvonne, lo que hizo que sintiera un vacío en el estomago, al pensar en lo que pudiera decir su prometido al enterarse de aquello.

Comenzó a caminar nuevamente, con una idea fija en su cabeza. Si Konrad y su padre eran tan amigos, ¿acaso su futuro marido habría conocido a su madre? ¿podría haber saber quien era su verdadero padre?, nuevamente la angustiante sensación se apoderó de ella, haciendo que apresurara el paso, intentando huir de unos demonios que no la soltarían tan fácilmente.


Última edición por Yvonne De Bailleux el Miér Sep 28, 2016 8:36 pm, editado 1 vez



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Re: Solo tú eres mi fortaleza, el único que jamás mentiría ¿cierto? - (Konrad)

Mensaje por Konrad Zhivago el Miér Sep 14, 2016 11:41 pm

Sus pasos le llevaban de una calle a otra pero en ninguna de ellas era capaz de encontrar rastro alguno de Yvonne. Su prometida tan joven, tan imprudente, tan pura de corazón y de espíritu era un peligro no solo para ella, sino para él también. Konrad había sido consciente desde el primer momento en que la vio que le sería sumamente complicado no ver en ella a su madre, no ver en aquel rostro angelical a la misma mujer que años atrás había amado y por quien ahora estaba dispuesto a llevar aquel plan de venganza.

Zhivago luchaba diariamente contra los sentimientos que se despertaban dentro de él cada vez que sus ojos se posaban sobre el rostro de su prometida y aunque todos los días había podido convertir su amor y preocupación en odio, ese día su preocupación por el bienestar de ella era completamente real pero lo ocultaba diciéndose a si mismo que el único motivo por el que deseaba hallarla era porque no podía darle a nadie más el placer de destrozarla.

Conforme los minutos pasaban y las calles cambiaban una tras otra, Konrad perdía más y más la paciencia. La ausencia de la De Bailleux estaba realmente atormentándole, llevándole a un limite que solo con la muerte de su primer amor había alcanzado. Zhivago de hecho estaba ya necesitando destrozar algo cercano para calmar su frustración e ira cuando sus ojos, dieron con una cabellera rubia que hubiera reconocido en cualquier lado y por primera vez desde que conociera a Yvonne, agradecía el parecido de la muchacha con su madre ya que debido a ese parecido era que finalmente Zhivago daba con ella.

Rápidamente Konrad siguió los pasos de Yvonne, quien parecía caminar sin saber exactamente a donde es que debía ir, tratando de huir de algo invisible que la perseguía y que él sabía que era. La verdad podría ser dolorosa, y la revelada por Aramis era como un demonio que amenazaba con devorar todo, él lo sabía porque había tenido que lidiar con ese demonio durante mucho tiempo. Para ella aceptar la verdad no sería algo fácil pero él estaba dispuesto a brindarle su falso apoyo, todo con tal de que los planes boda continuasen según lo planeado.
Yvonne… – la llamó una vez que se encontró lo suficientemente cerca como para tomar la mano femenina e impedir que siguiera caminando – Al fin te he encontrado, estaba sumamente preocupado por ti – dijo con cierto grado de sinceridad para después tirar de ella y abrazarla contra su pecho – Tu padre me ha contado un poco de lo que ha sucedido, ¿Te encuentras bien? – preguntó a sabiendas que ya que estaba entre sus brazos, nada malo iba a ocurrirle, al menos nada que él no hubiera planeado para ella.



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Re: Solo tú eres mi fortaleza, el único que jamás mentiría ¿cierto? - (Konrad)

Mensaje por Yvonne De Bailleux el Miér Sep 28, 2016 8:59 pm

Mil y un preguntas, giraban en su cabeza, como un vals que no concluiría jamás. Los ojos de la oculta princesa, buscaban en los rostros desconocidos, ese que le pudiera dar un poco de tranquilidad, de certeza, que no le permitiera hundirse en esas arenas movedizas, en que se había convertido ahora su vida. Si no era Yvonne De Bailleux, entonces ¿quien era? su respiración estaba agitada, sus nervios destrozados, y los oídos solo intentaban acallar aquello que su padre le dijera, la verdad que la desesperaba, sin una salida aparente, sin una manera de llegar a saber, alguna vez la verdad.

Intentaba no llorar, no mostrar a los extraños, lo vulnerable que se encontraba, solo deseaba encontrar algún lugar en donde esconderse, en el que pudiera huir de aquello que no comprendía, y por ahora, también de su padre, o del que consideró toda la vida como su verdadero padre.

Fue entonces que la voz segura, grave y seductora del que era su prometido llegó a sus oídos, como el contacto de su cálida mano, sobre la suya, apretando, tirando, suavemente de ella, para que al final, se encontraran en un interminable abrazo, que provocó un milagro. Aquellos brazos apretándola suave, pero firmemente, el perfume inconfundible de aquel hombre, a quien lentamente comenzaba a enamorarla, la hicieron suspirar, haciendo que todo los demonios la soltaran, apoyó su frente en la mitad del pecho masculino y sus manos aferraron la camisa por debajo del abrigo, buscando esconderse del mundo, al fin había encontrado el lugar al que deseaba llegar, al refugio que no la dejaría en mitad de ésa tormenta. Giró suavemente su cabeza, para posar su oído en el pecho masculino y escuchar el mas dulce de las piezas musicales. Los latidos del corazón de Konrad, la hipnotizaron, cerrando sus ojos y volviendo a suspirar.

Se apretó con mas fuerza a su pecho, - amor mio - susurró, - no, no me dejes, no puedo volver a la casa de ese hombre, no sé quien es... no sé quien soy - dejó salir sus dudas, para luego suplicarle que le permitiera quedarse con él, en donde fuera que se hospedara, porque no tenía intención de volver al que alguna vez había considerado su hogar - sólo puedo confiar en que juntos construiremos un lugar al cual llamaré hogar, pero no me pidas que vuelva a ese lugar - susurró, dejando que sus lagrimas descendieran por sus mejillas, humedeciendo la camisa de Konrad.



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Re: Solo tú eres mi fortaleza, el único que jamás mentiría ¿cierto? - (Konrad)

Mensaje por Konrad Zhivago el Lun Nov 14, 2016 10:06 pm

La ira que sintiera contra Aramis y su impertinencia, el deseo de regresar a la casa de aquel hombre para acabar con él, el desespero y la frustración por no dar con Yvonne, todo se redujo a nada cuando sus ojos finalmente dieron con ella y la paz llegó al espíritu del hombre que deseaba a aquella muchacha solamente para hacerle la vida miserable. Con pasos veloces entonces fue tras ella y sinceramente preocupado estiro su mano para sujetarle primero la mano para que girase el rostro, cerciorándose así de que era realmente su prometida y no un delirio de su propia mente. Cuando los ojos confundidos de la muchacha se encontraron por un segundo con los del Zhivago, recordó una vez más a su difunto amor. Su hija, miraba exactamente igual que ella  cuando se encontraba perdida en el mundo y tal como él lo hiciera antes con su madre, abrazaba a la muchacha para ofrecerle un refugio seguro, al menos de momento.

Yvonne se aferró a él como si fuera el único que podría salvarla y al sentir Konrad la manera en que ella necesitaba de él, una sonrisa de satisfacción apareció en sus labios pues una parte fundamental de su plan ya estaba del todo concluida. Mostrarle a Yvonne que él era el único incapaz de traicionarla, que a su lado estaba a salvo y que no la dejaría nunca, pasara lo que pasara, era de hecho necesario para que a muchacha se entregase por completo a él, sin dudas, sin temores, haciendo que una vez que él le mostrara su lado más oscuro ella terminara por quebrarse y dudar hasta de su sombra. La joven e ingenua de su prometida realmente no sospechaba el cruel destino que le aguardaba al lado de él, mucho menos sospechaba el tiempo que él tenía planeando aquel malévolo plan, únicamente para ella.

No voy a dejarte, mi pequeña Yvonne – la acercó más a él, susurrando aquellas palabras con expresión más bien ausente – Y no digas eso, sabes perfectamente quien eres y quién es Aramis – necesitaba tranquilizarla y hacerla confiar nuevamente en su padre, pues aunque a Konrad le encantaba la idea de llevársela con él de una buena vez, la verdad es que eso cambiaría el curso de todo lo planeado y modificar el tiempo de sufrimiento de su prometida la verdad no estaba en sus planes – Seremos un hogar Yvonne – le apartó un poco de él solo para llevar sus manos al rostro femenino y tomarle con la delicadeza que realmente no poseía – Pero tienes que ir con Aramis y hacer las pases con él – le sonrió – Quizás no sea tu padre verdadero, pero te ha criado como si lo fuera y para él, tu felicidad, la felicidad de su hija es lo más importante. Él haría cualquier cosa por ti, de la misma manera en que yo lo haría – mintió – Dime mi pequeña ¿Acaso no amas al hombre que te ha cuidado y ha dado todo por ti?



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Re: Solo tú eres mi fortaleza, el único que jamás mentiría ¿cierto? - (Konrad)

Mensaje por Yvonne De Bailleux el Dom Nov 27, 2016 7:02 pm

Se apretujó al pecho de Konrad, - como puede ser que en tan poco tiempo, se haya vuelto tan importante para mí, su presencia, su calor, sus caricias – pensó mientras suspiraba, aliviada, entre los brazos de su prometido. Cerró sus ojos, hundiendo su rostro en el abrigo del caballero, depositando un suave beso en la superficie de la prenda, como si en ese ingenuo acto, él pudiera apreciar cuanto lo amaba.

No quiso levantar su vista y mirarle a los ojos, más la mano de Konrad, hizo un mínimo de presión, apartándola mínimamente de él y levantando su rostro, sus orbes tristes ante las palabras que escuchaba, se fijaron en los ajenos, - no me puedes pedir eso… no quiero volver allí – dijo casi en un hilo de voz. Sus labios hicieron un gesto de tristeza y disgusto, la joven bien sabía que el Zhivago llevaba razón, al afirmar que Aramis era, al fin de cuentas, el único padre que conocía y amaba con todo su corazón, a pesar de estar muy desilusionada con él.

Resopló como una niña caprichosa, se soltó del abrazo que la unía a él y se alejó una corta distancia, - es que tú no puedes entender lo que siento… creí que lo harías, pero me equivoqué, eres su amigo, y por eso lo defiendes – dijo dándole la espalda, mirando a los coches que pasaban por la calle, - si tan solo te pusieras a pensar en lo difícil que sería enterarte de una noticia que te cambiara la vida, entonces de seguro, me comprenderías mejor – concluyó, mientras dejaba escapar el aire de sus pulmones, inclinaba su cabeza, mirando la punta de sus zapatos y sus manos caían sin fuerza a los lados de su cuerpo.

Negó con la cabeza, luego de pensar unos instantes, - no, Konrad, no puedo volver aún – no esperó que él contestara, comenzó a cruzar la calle, sin importarle si los coches estaban muy cerca de ella, si algún caballo podía encabritarse y terminar atropellándola, solo sabía que debía huir, alejarse hasta que el dolor no fuera tan intenso y pudiera por fin tener un poco de valor para perdonar.



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