Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The Fatal Flaw → Privado

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The Fatal Flaw → Privado

Mensaje por Baldassare Donizetti el Dom Ago 07, 2016 11:59 pm


“Does such a thing as 'the fatal flaw,' that showy dark crack running down the middle of a life, exist outside literature? I used to think it didn't. Now I think it does. And I think that mine is this: a morbid longing for the picturesque at all costs.”
― Donna Tartt, The Secret History


El viento le cortaba las mejillas como dagas muy finas. Bisturís helados, besándolo con mórbida vehemencia. Baldassare no era alguien que fuera de ese modo detrás de sus víctimas. La cacería para él no significaba persecución. Sin embargo, esa noche pareció necesitarlo como la misma sangre que lo motivaba. Es más, parecía que era la carrera, y no la sangre la que lo obligaba a continuar.

La chica, una cazadora joven e inexperta, huía con una velocidad que Baldassare tuvo que admirarle, pues lograba, por los pelos, escapar de él cada vez que iba a alcanzarla. La pobre había creído que iba a poder lidiar con él, pero el vampiro había vivido todos esos años por algo. Bajo otras circunstancias no la hubiera marcado como víctima, pero desde aquel encuentro con su creadora, tenía actitudes más arrebatadas. Como si se sintiera enojado todo el tiempo.

A su rastreo se unió un tercer jugador. Inmortal, Baldassare logró detectar, pero fue todo. Estaba lejos y él demasiado concentrado en la cazadora como para prestar atención. Aunque si era sincero, le molestó el hecho. No esperaba que entre ellos respetaran a los humanos que otro vampiro ya hubiera marcado como alimento, eso no quitó que esto complicara las cosas. Gruñó y apretó el paso. El viento pasó silbando por sus oídos. Cuando las calles fueron insuficiente, hizo uso de esos poderes suyos y comenzó a avanzar por los techos de las casas dormidas de la ciudad. Maldijo un par de veces antes de arrojarse desde lo alto de una capilla para cortarle el paso a la cazadora.

A pesar de todo, de la furia que era detonante y combustible, los movimientos de Baldassare eran tremendamente gráciles. Como una danza. Como una escultura en movimiento. Y no muchos de su clase podían jactarse de ello; sin embargo, ni el propio inmortal era consciente de esa habilidad. Cuando cayó en el suelo, con una rodilla y apoyado de ambas manos, pudo ver la mirada de miedo de la joven. Era bonita, debía admitirlo. De esa clase de belleza que te topas en el mercado que se pone junto al Sena. Ordinaria pero encantadora. Los ojos ajenos, bien abiertos, brillaron en la oscuridad con una mezcla de sorpresa y miedo. Baldassare le sonrió.

Pero entonces ya no era sólo él contra la cazadora.

En un movimiento abrupto, se giró. Todo pasó en un segundo. Con una mano capturó el cuello del intruso y lo llevó contra un muro de la misma capilla que antes le sirvió de plataforma. Aquella distracción fue aprovechada por la cazadora para huir, sin embargo, Baldassare ahora estaba más interesado en quien lo había interrumpido. Soslayó por encima de su hombro, escuchó con claridad los ligeros pasos de su víctima alejarse en la noche. Regresó la vista al frente y entonces pudo ver lo que estaba sucediendo en realidad.

Soltó el cuello como si la piel ajena quemara y dio un paso hacia atrás. Tragó grueso. Quizá era hora de su retribución. O quizá era como había dicho, se iban a encontrar aunque no se estuvieran buscando. ¿Así sería ahora? Una y otra vez sus caminos se iban a cruzar, ¿con qué propósito? La pregunta le pareció tan falta de respuesta que sintió hervir la sangre.

Gyda —musitó con rabia.


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Re: The Fatal Flaw → Privado

Mensaje por Gyda el Miér Ago 24, 2016 3:45 pm

La víctima de aquella noche fue un hombre que encontró saliendo de un callejón. Una persona anónima que seguramente no tendría a alguien que le esperara al llegar a casa. La ropa, sucia y ajada, le daba aspecto de vagabundo, aunque era posible que no lo fuera; una pelea de taberna podía dejarle en esas mismas circunstancias y con ese aspecto tan deprimente. Esa segunda opción era, probablemente, la que más se acercaba a la realidad ya que, mirándolo de cerca, las prendas que vestía parecían de gran calidad. El olor que desprendía a alcohol era nauseabundo y detectable a varias manzanas de distancia. Eso, unido al sabor de su sangre, terminó de confirmar la historia que Gyda se había montado en la cabeza.

No lo mató. Hacía tiempo que había empezado a no hacerlo, sino que dejaba la sangre necesaria para que el corazón siguiera latiendo. Había descubierto que, cuando el cuerpo humano estaba tan débil que apenas tenía fuerzas para seguir vivo, aquellos que conseguían sobrevivir apenas recordaban nada de lo ocurrido y, si lo hacían, creían que todo había sido un sueño. Si por los azares del destino volvían a encontrarse con ella, sus rostros mostraban la sorpresa al encontrarse con un viejo conocido, seguido de un miedo atroz al darse cuenta de que aquello que vagamente recordaban no lo habían soñado.

Dejó el cuerpo inconsciente en el callejón y salió hacia la calle principal para camuflarse entre los viandantes. Pasó la lengua por los dientes limpiando los últimos restos de sangre y se paró en seco. Había captado algo, aunque fue más una sensación que la inquietaba, como si su instinto la estuviera avisando de algo. Siguió caminando como si nada hubiera pasado, pero no por mucho tiempo. Volvió a detenerse y esta vez sí, aguzó el oído para escuchar una melodía preciosa. Un corazoncito que latía deprisa y unos pasos que intentaban salvarle la vida, seguidos de otros que, al contrario, querían arrebatársela. Era una carrera en la que ambos participantes luchaban por sobrevivir, pero uno a costa del otro. ¿Cuánto hacía que ella no perseguía de aquella manera a sus presas? Había pasado tanto tiempo desde la última vez… Reconocía que era divertido jugar de esa manera con los humanos, hacerles creer que iban a ganar para que, en el último segundo, se dieran de bruces con la realidad.

Pero había algo más en aquella carrera, algo que la unía a ella más allá del hecho de que fuera un vampiro persiguiendo un humano. Lo que fuera estaba ligado con Gyda, no con cualquier otro inmortal. La siguió desde la lejanía buscando encontrarse con los dos actores de aquella actuación. A través de calles y callejones terminó llegando a una capilla que rodeó. A la vuelta de la esquina estaba su objetivo: la muchachita que corría y… Apenas le dio tiempo a verle la cara. Le agarró del cuello y la empotró contra la pared, para soltarla en el mismo instante en el que los ojos de ambos se cruzaron.

Baldassare —susurró a modo de saludo—. Te imaginaba mucho más delicado y elegante a la hora de alimentarte. —Se separó de la capilla ligeramente y se recolocó el vestido, estirando tanto las mangas como la falda—. No sé, creía que serías de los que seducían a su presa para llevarla a su terreno. Sí es verdad que el corazón no late tan rápido, pero si les miras a los ojos en el momento justo puedes ver la misma cara de terror. —Miró en la dirección en la que había huído la cazadora con los ojos ligeramente entornados y después la devolvió hacia el vampiro—. Puedo ayudarte a buscar a otra. Si quieres.



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Re: The Fatal Flaw → Privado

Mensaje por Baldassare Donizetti el Lun Sep 26, 2016 10:24 pm


“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.”
— Julio Cortázar, Rayuela


Dio un paso hacia atrás. Entornó los ojos de berilo ante las palabras recibidas. Es que este no era precisamente su mejor momento, pero no se dio tiempo de aclararlo. No lo encontró relevante para usos de la inoportuna reunión. Suspiró y relajó la posición ligeramente, un poco nada más, como si no quisiera bajar la guardia del todo. ¿Acaso creía que Gyda iba a atacarlo? No de manera física, pero su sola presencia le parecía un insulto.

La imitó, al acomodarse la solapa del abrigo que esa noche vestía. Azul casi negro con un delicado bordado rojo en los puños. Era una prenda hecha a la medida, elegante, diferente y cómoda. Enarcó una ceja al fin, dándole un aire arrogante, y acentuando sus rasgos apuestos.

Pareces saber mucho de esas cosas. Quizá… lecciones que no pudiste darme en su momento, ¿tal vez? —Retó y sonrió, pero su gesto no era encantador como acostumbraba, parecía más bien dañado y dolido a partes iguales—. El alimento es alimento y sólo eso, ¿de qué me serviría saber su nombre o a que saben sus besos? —Declaró entonces con aplomo. Baldassare tenía la política de no enredarse con sus víctimas, aunque eso se reducía solamente a cruzar palabras. No iba a decírselo, pero en ese aspecto, el romano era diferente. Ni hombres ni mujeres llamaban su atención, sólo personas en específico, Aelia en el pasado y nada más.

No hace falta —desestimó la oferta—. Aprendí a cazar por mí mismo, por si no lo recuerdas —continuó. Sonó a hijo que busca con desesperación la aprobación paterna y ésta nunca llega. Y es que, si se ponía en términos simples, eso era—. De no haber sido por tu interrupción, esa chiquilla hubiera sido mía. Lástima —chasqueó la lengua como si no importara. Y no importaba de hecho, desde su primer encuentro, había salido cada noche a alimentarse, descontrolado como berserker, sin medir consecuencias. Rebelándose así a sus propios principios.

Baldassare, amante de lo bello y lo sublime, no era alguien que arrancara una vida sólo por hacerlo. Pero últimamente no le importaba si dejaba la suficiente sangre en un cuerpo como para que su víctima no pereciera.

Sin mediar más palabras, se acercó a Gyda, invadiendo el espacio personal ajeno con descaro. La olió, casi pegó su nariz al cuello ajeno. Aquel aroma era inconfundible; sangre recién bebida. Cuando se separó, una sonrisa sombría adornaba el rostro marmóreo.

¿Alimento u otro pobre diablo como yo al que dejaste a su suerte? —Preguntó con cizaña. Este no era el Baldassare usual, usualmente más cínico pero templado también. Este que estaba frente a Gyda esa noche era abrasivo, violento e incluso cruel. Quizá así debió haber sido desde un principio, pensó. La presencia de Cato lo hizo más mesurado, pero si su despertar hubiera sido otro, quizá ahora mismo fuera una bestia insaciable, en el supuesto que hubiera sobrevivido tanto tiempo.

Luego, como un felino que mide a su presa, Baldassare se movió alrededor de ella y se detuvo, sin dejar de verla. Había algo misterioso en su rictus. Normalmente Baldassare, con esa sutil arrogancia suya, era encantador y atraía, sin embargo, esta vez, era tan fuerte su enojo, que repelía, algo en él, en su mirada, en sus puños cerrados y en su respiración agitada, anunciaba peligro, que no te le acercaras.

París es una ciudad pequeña, ahora que lo veo. Llevo años aquí, tratando de adaptarme —¡incluso saliendo más! ¡Conociendo más gente! Algo impensable para el ermitaño que se había dedicado a ser—. Será inevitable que una y otra vez nos topemos, ¿qué vamos a hacer, Gyda? —Preguntó como si se tratara de la cuestión más importante de su vida. Soltó aire luego, como si un dolor rancio le diera tregua una vez que formuló la pregunta.


Última edición por Baldassare Donizetti el Miér Nov 09, 2016 9:26 pm, editado 2 veces


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Re: The Fatal Flaw → Privado

Mensaje por Gyda el Sáb Oct 15, 2016 11:32 am

Aunque no lo dejó entrever, le costó un poco recomponerse tras el sobresalto inicial que le produjo volver a encontrarse con él. No había duda de que aquel no era un vampiro corriente, no para ella. Había sentido su presencia a pesar de encontrarse a una distancia más que razonable. Había sabido que era él antes incluso de detectar su olor o escuchar sus pasos. ¿Cómo era eso posible? ¿Sería cierto que el vínculo que unía a un vampiro con su creador se mantenía vivo a pesar de los años? El que les unía a ellos era, cuando menos, extraño. Era un fino hilo, casi invisible, que había durado milenios, haciéndose cada vez más fino pero sin llegar a romperse. Debía existir ese hilo, porque, de lo contrario, le habría resultado imposible encontrarle sin haberle estado buscando.

Gyda relajó su postura completamente, al contrario que él y a pesar del rechazo que se palpaba entre los dos. Aunque seguía siendo intenso, para ella había empezado a convertirse en una molestia muy incómoda, pero perfectamente soportable. La hostilidad iba ligada a Baldassare, y su sola presencia requería de paciencia para poder sobrellevarla.

Quizá —contestó, con esa misma hostilidad—. Pero yo no he hablado de besos ni presentaciones. Sólo de entretenerse un poco antes del banquete. El alimento es alimento, pero quién dice que no podamos pasarlo bien.

Dejó que se acercara a ella sin retirarse ni moverse un centímetro. Lo único que giró fue el rostro, levemente, para observarle desde aquella distancia como si fueran una pareja de amantes que se veneran el uno al otro. Le siguió con la mirada cuando se apartó y supo que iba a arremeter contra ella, otra vez, nada más ver su sonrisa. No contestó al momento, sino que le devolvió la sonrisa poco amistosa, como la de él. Después acortó la distancia y acercó el rostro al de Baldassare, dejándolo a apenas un par de centímetros el uno del otro.

Parece que tu amnesia no se remonta sólo a tu época como humano, apenas recuerdas lo que te dije la última vez —escupió sin apartar sus ojos de los ajenos—. No importa, te lo repetiré. —Ajustó el cuello del abrigo del vampiro, como una mujer que se despide de su esposo dándole un último retoque antes de salir—. Fuiste el último con el que lo intenté. —Se apartó, dejándole un espacio no muy amplio—. Antes de encontrarte, porque creía que no era capaz de hacerlo. ¿Empiezas a recordar? —Se tocó la sien con el índice un par de veces y después cruzó los brazos por debajo del pecho en una postura totalmente indiferente—. Después de conocerte, porque me di cuenta de que uno como tú es suficiente tormento para una vida. No quiero ni imaginar lo que sería tener a dos vástagos conspirando juntos contra mí.

Empezó a caminar a su alrededor, pero esta vez Gyda no se molestó en mirarle. Cerró los ojos un segundo y después los abrió para mirar al suelo. Mantuvo la postura incluso cuando él habló. Miró al frente sintiéndole detrás de ella, como si la estuviera acechando.

¿Por qué habríamos de hacer algo? —contestó—. Podríamos ignorar la presencia del otro cuando la sintamos, dejarla atrás hasta que desaparezca. —Giró el cuerpo para quedar frente a él—. O también podemos salir a nuestro encuentro y, no sé, discutir y escupir veneno, que parece que es lo que te gusta. —Hizo una pausa que utilizó para estudiarle con los ojos ligeramente entrecerrados. ¿Podría ella ignorar su presencia, dejarla atrás y seguir adelante como si no existiera?—. ¿Qué quieres hacer tú? Dímelo. No pienso abandonar la ciudad por ti, si es lo que piensas. No has conseguido importarme lo suficiente como para eso, pero sí puedo ignorarte. Llevas más de dos mil años sin mí, sé perfectamente que no me necesitas.

Esta vez fue ella la que comenzó a caminar en círculos alrededor de el vampiro. Volvió a cruzar los brazos y continuó hasta situarse bajo una farola anclada a la pared. La luz tintineante generaba sombras un tanto tenebrosas en su rostro.

Dejemos las tiranteces por un momento y hablemos como los adultos que se supone que somos. ¿Qué quieres hacer tú, Baldassare?



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Re: The Fatal Flaw → Privado

Mensaje por Baldassare Donizetti el Miér Nov 09, 2016 9:58 pm


“Someone I loved once gave me a box full of darkness. It took me years to understand that this too, was a gift.”
—Mary Oliver


Soltó un bufido, casi como un intento de risa y levantó un labio también, pero no alcanzó a expresar nada realmente. Fue sólo un sonido agotado, como el de un buey que ha cargado por demasiado tiempo la yunta. Y de cierto modo así era, una bestia agobiada por el tiempo y por una imposición a su naturaleza que no pidió. Él debía estar muerto, la lógica se lo decía, hace siglos, allá en Roma mientras la República se instauraba. Pero ahí estaba, ¿no? Y no podía hacer nada al respecto porque ni siquiera se le antojaba el ejercicio de dejar de existir. Baldassare se había vuelto cínico, amargado con los años y creyó que eso bastaba para sobrellevar esta desventura, sin embargo, ahora que conocía a Gyda, se daba cuenta que no, que no había sanado, que sus odios y resentimientos seguían ahí tan frescos como el primer día que despertó a la inmortalidad. Era quizá por eso, también, que simplemente no podía ignorarla, que no podía fingir que su encuentro no se había dado, porque había puesto en entredicho sus convicciones, porque había puesto en la cuerda floja ese concepto sobre sí mismo.

La dejó hablar, sólo la siguió con los ojos, como un atento cazador. No quería perder ningún detalle de ella; no había tenido oportunidad de hacerlo como era debido durante su primer encuentro. Y ahora que tenía la cabeza fría, al menos un poco más, le sería más fácil. Se preguntó, allá en lo más recóndito de su subconsciente, si él habría heredado algo de ella. No sabía si eso podía suceder, a decir verdad, para ser un vampiro tan antiguo, desconocía muchas cosas sobre los suyos.

No lo has entendido, ¿verdad? —Sonrió de lado, caustico y mordaz—. No es que quiera escupirte veneno, es que he guardado este resentimiento por muchos años. Si no lo puedes ver, si no lo comprendes, si eres incapaz de, al menos intentar ponerte en mis zapatos, no eres tan inteligente como alguien de tu edad debería serlo —alzó ambas manos a la altura del pecho—, y lo digo de la manera más adulta que puedo —agregó con sarcasmo y giró sobre sus talones para seguirla y verla de frente. No sabía si se sentía timado, insultado o frustrado por la indiferencia que ella mostraba.

Lo que quisiera yo, Gyda, es irrelevante ahora. Quisiera recuperar mi vida, pero sé que es imposible. Quisiera olvidarte, ya lo hice una vez, ¿no? Pero no podré. Quisiera borrar este y nuestro anterior recuerdo, pero ahí quedan, grabados en la memoria de ambos, manifiestos de esto que iniciaste y no eres capaz de terminar, porque… —caminó con movimientos felinos y se acercó. Estiró una mano y tomó con suavidad la mejilla ajena; estaba helada y pudo sentirlo a pesar de que esa era su temperatura también—. Porque fuiste tú quien me buscó. Fuiste tú quien me siguió y me volvió paranoico por días hasta que te hiciste presente, y no hablo del pasado en las calles de Roma, hablo de ahora, de nuestro primer encuentro. ¿Qué buscabas al querer verme a los ojos? ¿Ver los frutos de tus errores, acaso? ¿Redimir tus pecados o exaltar tus triunfos? Dímelo Gyda, creo que esa es una pregunta que sí podrás responder de forma más satisfactoria, porque hasta ahora, no lo has hecho, no has resuelto ninguna de mis dudas y no sé si lo haces adrede; algo nos une, pero eso es muy diferente a conocernos, y no, no te conozco —habló suave, bajito, como una canción de cuna, ese era Baldassare el artista, aunque había algo duro y cruel en sus palabras. Sorna y escarnio. La soltó luego, con la yema de los dedos acarició la piel ajena en el descenso de su mano.

¿Acaso también te divertiste conmigo antes de morderme? —Dio un par de pasos para atrás y se cruzó de brazos. Observó con detalle las facciones de la mujer que se perfilaban distintas bajo aquellas luces tan mustias y ajadas—. ¿Qué hiciste conmigo? ¿Me sedujiste o me atacaste a traición? Sé que no sabes quién fui, pero seguro eso lo recuerdas —alzó el mentón. A pesar de su enojo, en esa ocasión se notaba mucho más calmado. Más medido.

Sin embargo, a pesar de que se acercaba mucho a ese excéntrico y solitario Baldassare que solía ser, este no parecía conocer la clemencia. Era un vampiro en su totalidad, un ser forjado en las sombras, en la desesperación y en la muerte. Era una parte de él que no salía muy a menudo, que daba miedo, incluso a él.


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Re: The Fatal Flaw → Privado

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