Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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There goes the fear [Privado]

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There goes the fear [Privado]

Mensaje por Samantha Levine el Miér Ago 24, 2016 11:24 pm

Recuerdo del primer mensaje :

¿Se podía soñar con un mundo mejor? La mayor parte de las personas lo hacía y no solo soñaban, luchaban por lugar ese mundo mejor para ellos. Samantha en cambio, era de esas muchachas que pese a soñar no hacía nada para cambiar su destino y el motivo era verdaderamente comprensible. La joven inglesa dedicaba su tiempo y su cuerpo a la prostitución para dar a su familia una vida mejor, para ofrecer a sus hermanas la oportunidad de soñar y no tener que hacer nunca lo que ella con tal de sobrevivir. Ese era su mundo mejor para la joven prostituta, vivir a través de sus hermanas porque para ella, ya no existía la salvación.

Un suspiro salió de sus labios mientras que observaba desde una de las ventanas mugrientas del burdel al exterior. El atardecer comenzaba a teñir de color rojizo todo, indicando que pronto sería la hora de mayor afluencia de clientes en aquel lugar donde a la inglesa le tocaba trabajar.
Sam, vamos a arreglar tu cabello – escuchó como le decía una de sus compañeras, quien de manera alegre la sujeto por el brazo. En la boca de Samantha se dibujo una pequeña sonrisa. A ella no le gustaba mucho peinarse de la manera en que todas, eso la hacía sentirse vulgar, aun así, nunca se negaba a sus compañeras quienes eran buenas mujeres en su mayoría.
No creo que sea necesario – susurró mientras se dejaba arrastrar y pensaba en alguna excusa que no hiriese los sentimientos de la castaña de ojos verdes que tiraba de ella con insistencia.
¿A qué te refieres? – preguntó con curiosidad Magdalena, que al igual que Samantha trabajaba vendiendo su cuerpo para ayudar a su familia, específicamente al padre que con tanto amor la había cuidado hasta caer enfermo de gravedad.
Es que no me siento muy bien, eso es todo – encogiéndose de hombros miró en dirección a su más que simple compañera, amiga. Magdalena suspiró y en ese sencillo acto, Samantha supo que su mentira era descubierta.
Vamos, deja que arregle tu cabello – una sonrisa enorme apareció en los labios de su amiga – Puede que hoy llegue el hombre que te salve de todo esto y ¿No querrás que te vea hecha un desastre? – tras esas sencillas palabras, ambas echaron a reír y la inglesa dejo entonces que su amiga se encargara de arreglarle.

Peinada de una manera sencilla, halagada por sus compañeras y sumamente agradecida por lo que Magdalena hacía por ella, Samantha tomó aire. Su mirada fue una vez más al exterior, la oscuridad ya devoraba por completo París y los hombres que devorarían tanto su cuerpo como ilusiones ya no tardarían en entrar por la puerta.


Última edición por Samantha Levine el Vie Sep 23, 2016 1:58 pm, editado 1 vez



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Re: There goes the fear [Privado]

Mensaje por Alöis Joubert el Lun Feb 26, 2018 9:10 pm

¿La había herido? ¿acaso con sus torpes palabras, con su discurso arrebatado, había terminado entristeciendo a esa dulce mujer? No, jamás en su cabeza había surgido la idea de hacer que ella cumpliera ese trabajo que de seguro la atormentaba. Tampoco era que no deseara expresar su sentimiento con caricias, besos, y pasión. ¿Pero como podría hacer algo así? no, definitivamente la deseaba, para que fuera su compañera, no de una noche, no de una pasión pasajera, sino de una vida. Deseaba pasear tomados de la mano, acomodar ese mechón rebelde que la hacía parecer una jovencita avergonzada. Su corazón, quería atesorar cada momento que la vida le regalase al lado de Sam.

Se había quedado en silencio contemplándola, con la expresión de tristeza grabada en su rostro, en su mirada. - No, Sam, no deseo tomarla una noche, no pretendo ser uno mas en su vida - le dijo, con el corazón a punto de quebrarse, - deseo ser el hombre, que logre crear una sonrisa, cada día, en sus labios - susurró, llevando sus dedos a los labios de la joven,para acariciarlos suavemente, -  quisiera que caminemos de la mano, que leamos juntos un libro, que cuando cierre mis ojos, sea la última persona que vea cada noche, y sus labios sean lo primero que desee besar cada mañana -. No estaba siendo lógico, tal vez otro hombre, buscaría una mujer diferente para ser la mujer de su vida, su compañera, la madre de sus hijos. Pero Alöis, no era un hombre común, de la misma forma que ella no era una mujer ordinaria. - No me mal interprete, no soy su salvador, sino... todo lo contrario, es usted quien deberá lidiar con un hombre que tiene demasiados pecados en su alma -, su mano acarició los cabellos femeninos, el cuello, para luego dejar que sus deseos fluyeran libremente.

Su mano, atrajo el rostro de la joven a sus labios, besándola de manera suave, intentando ser todo lo contrario a lo que ella podía estar acostumbrada. Tras el beso, permaneció un instante con su frente apoyada en la frente de Sam. El coche se detuvo, y la voz del cochero se oyó clara, - Señor Joubert, hemos llegado -. Como si aquello rompiera el embrujo, el militar suspiró en los labios de la prostituta, - Deja que ésta sea la primera noche de nuestras vidas, olvida el pasado, y permanece a mi lado hasta que mi vida se extinga - le dijo, en susurro, con sus ojos cerrados.




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Re: There goes the fear [Privado]

Mensaje por Samantha Levine el Vie Mar 23, 2018 10:46 pm

Se atrevía a expresar su decisión, aun sabiendo que lo que decía podía ocasionar que él la llevase de vuelta al burdel, que le arrebatara el hermoso vestido que la hacía lucir como una hermosa princesa y la dejará ahí, para irse después y nunca más regresar; pero si eso sucedía, Sam al menos estaría feliz de haber pasado una velada hermosa a su lado, velada de la que seguramente se alimentaria en el futuro para  así, sobrellevar la vida miserable en el burdel.

Su mirada temerosa no quería encontrarse con la ajena, pero cuando el silencio fue demasiado para ella, levanto el rostro para descubrir en los ojos de Alöis el dolor. Sam no supo como interpretar la mirada que le dedicaba el Joubert, más antes de que su mente comenzará a sacar conjeturas erradas, tal como hizo al escucharlo antes, él rompió el silencio. Tal como ella se lo pidiera, el caballero respondió, llenando lentamente una vez el corazón de la prostituta de esperanza. El alivio inundo el semblante de la joven, quien sonrió sin poder evitarlo.
Disculpe que malinterprete sus intenciones, pero es que no creí que algo así pudiera sucederme – llevó la mirada al exterior del carruaje en que iban – el que un hombre como usted llegue y decida que una de nosotras es la mujer que quiere a su lado es poco común – después de todo ellas eran mujeres impuras, mujeres que probablemente llevarían la desgracia a cualquiera que decidiera que eran una buena opción de pareja, siendo esas las ideas que hicieron que Samantha dudará, no de él, sino de lo que la presencia de la inglesa haría a la reputación del Joubert.

Los ojos de ambos se mantenían clavados en los ajenos. En los de Alöis ella veía decisión y se preguntaba, ¿Qué veía él en los de ella?. ¿Notaría el temor que comenzaba a experimentar?. No lo supo, pues antes de que pudiera decirle algo más, el Joubert le dijo que era ella quien tendría que lidiar con los pecados de él y acto seguido, la besó.

Apenas los labios de Alöis tocaron los suyos su mente se perdió. El beso que recibía era muy diferente a los que compartiera con antelación, pues el que le daba aquel caballero estaba cargado de ternura, comprensión y suavidad, algo que los clientes del burdel no eran capaces de ofrecer a las prostitutas puesto que ellos solo iban a satisfacerse a si mismos y poco les importaba lo que las mujeres que laboraban ahí sintieran o pensaran. Samantha hubiera podido quedarse inmersa no en el beso, sino en la calidez que experimentaba una vez que este llegaba a su fin y Alöis aún  se mantenía cerca. La prostituta cerró los ojos pues no existía nada que pudiera mejorar aquel momento; pero querer extender aquel momento era imposible, pues al llegar a su destino la voz de cochero les hizo separarse.

Alöis descendió del carruaje de manera veloz y ofreció su mano a Samantha, junto con una petición que ella no deseaba rechazar.
¿Estas seguro de esto? Recuerda que soy una mujer que salió del burdel hoy y que si me aceptas no volverá, pero que sin importar que no regrese, estará marcada para siempre por el estigma de ese lugar – su mano se encontraba a pocos centímetros de la del Jouber en espera de que él confirmase que estaba dispuesto a enfrentar lo que vendría, pero junto a ella.



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Re: There goes the fear [Privado]

Mensaje por Alöis Joubert el Vie Abr 06, 2018 9:35 am

Había descendido  del carruaje con una velocidad inusual en él, tal vez porque se sentía en falta, ¿Cómo había podido faltarle el respeto a su bella acompañante. Había osado robarle un beso y no conforme con ello,  mantenido sus labios tan cerca de los de aquel  ángel, que provocase el posible cuchicheo de los transeúntes? Mas apenas girar su cuerpo y extender  su mano  en busca de la de Sam,  las últimas palabras dichas por la joven, en el interior del carruaje, retumbaron en su cabeza, como un disparo de artillería. Sus miradas se cruzaron, y la duda apareció en  la mente de Alois ¿Se encontraba dispuesto a ser señalado, escarnecido en algún círculo social,  por mantener a su lado a una mujer que aquella sociedad marcaba como nada respetable?

Por un momento, y como si el tiempo se hubiera detenido, su mente recorrió toda su vida. Los recuerdos sepultos de sus primeros años, las discusiones de sus padres, - a puerta cerrada –, en las que su madre se quejaba del continuo chismorreo de los supuestos amigos y conocidos, quienes terminaban contando de la amante de turno del señor Joubert, o del hijo ilegítimo, que había sacado el temperamento y la astucia de su padre.  Recordó, cuando ya siendo un joven,  se encontraba en la biblioteca de la mansión inglesa, cuando sus padres entraron en la habitación, escondiéndose para no ser parte de una de las tantas discusiones maritales que los esposos Joubert vivían cada semana. En esa ocasión su madre realizó una terrible confesión,  - ¿Sabes qué pasó con aquella mujer a la que tanto amabas, y por la que estabas dispuesto a abandonarnos, cuando Alois apenas era un jovencito?  Yo la entregue a la revolución,  fabriqué las pruebas y tú con la vida ostentosa que le dabas, la condenaste a la guillotina, a ella y al bastardo de tu hijo -. Su padre había querido agredir a su esposa, pero aquella confesión le produjo una apoplejía que lo postró en cama, hasta el día de su muerte.  

Alois, pensó en ese medio hermano, a quien conocía, ya que su padre jamás le había negado la existencia, ni la relación de hermanos, aunque existiera un pacto de silencio, puesto que ni su padre, ni su medio hermano, podían ser descubiertos por su iracunda madre.  El Joven Joubert, se había quedado horrorizado, pensando que por muchos años él se sintiera culpable de no haber encontrado la manera de salvar a su hermano, y que solo había podido asistir a la ejecución, como una forma de mostrar su cariño y amor a ese joven que moría injustamente. Su mirada se había opacado, recordando a ese muchacho, unos años más joven que él, quien le mirara con tristeza, en su hora postrera. En ese momento había sido un cobarde, no había defendido a su familia, y luego, al saber la verdad, no había repudiado a su madre. Pero ahora, ya no era el mismo, no cometería  esos errores, defendería a su familia, de cualquier ser que intentara ofenderla o lastimarla.  Por eso, para el militar, Samantha no tenía de que arrepentirse, el pasado estaba en el pasado y él jamás se convertiría en un ser tan inhumano como su madre, no, él la defendería, porque desde ese mismo momento sería su familia, la única que le quedaba en el mundo.  No, no volvería a quedarse de brazos cruzados, defendería a su familia, de cualquier habladuría, de cualquier prejuicio, y si debía abandonar algún círculo social por Sam, lo haría con el corazón hinchado de orgullo, por la mujer que tenía a su lado.

La  mirada del militar, se iluminó, seguida de una sonrisa que por primera vez en años, florecía espontáneamente en el rostro, - Te acepto, Samantha, como eres, con tu pasado, con tu presente, y con el futuro que construiremos juntos – su mano atrapó la delicada mano de la joven y tiró de ella, haciendo que apenas bajar del carruaje Sam quedara entre sus brazos, - No me avergüenzo, ni lo haré después, porque desde hoy y para siempre, serás mi amada, mi familia, velaré por ti hasta el día de mi muerte – susurró en los oídos de la prostituta, - La Samantha que vivía en ése lugar… si me aceptas… desaparecerá… y en su lugar surgirá mi esposa, Samanta Joubert… ¿Qué dices? ¿Me aceptas? – dijo, quitándose el pesado abrigo y colocándoselo en los hombros, cuando una fría ráfaga de viento, chocó con ellos.




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