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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La doncella en apuros [Privado]

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La doncella en apuros [Privado]

Mensaje por Alexandre Berthier el Mar Ago 30, 2016 7:03 pm

Era bien entrada la noche cuando Alexandre estaba leyendo los últimos informes de la movilización de tropas en el continente europeo. Resopló haciendo que el papel se moviera ligeramente, sin prestar atención a lo leído y haciendo un repaso rápido por la caligrafía perfecta. Gracias a dios, que en ese momento un mensajero se acercó hasta el despacho del mariscal, agitado por la noticia recibida- Mariscal, han dejado un mensaje anónimo para usted- dijo el mensajero mientras depositaba la hoja en el escritorio. Se quedó quieto recibiendo la propina que el mariscal solía dar a los correos- Gracias correo- dijo acompañándolo a la salida mientras leía el mensaje- Oficial al mando- llamó cuando un joven se presentó ante él- ¿Señor?- preguntó decidido- Coja dos caballos, tenemos que ir al centro de París. Parece ser que hay disputas entre los burdeles en la zona comercial. Al parecer un hombre corpulento y de pinta peligrosa ha sido el responsable de una masacre en el orfanato. Aun no hay nada que respalde este hecho y la policía está trabajando en ello pero nos encomiendan a nosotros la detención de ese hombre y la protección de su familia por posibles venganzas. Al parecer se trata de un caso grave y necesitan mucha seguridad, iremos usted y yo- dicho esto, Alexandre dejó atrás su despacho y se dirigió con paso firme y veloz hasta el local “El Jardín de las delicias”.

Se bajó del caballo de un salto y se quedó esperando a que su oficial hiciera lo mismo. No tardó en hacerlo y en dirigirse dentro con la barbilla alta, orgulloso de estar en un barrio cuestionable con su galante y gesto prepotente.

Pasaron los minutos y el oficial no volvía a su lado, algo raro para alguien que debe cumplir una orden que era buscar e informar. Así que Alexandre decidió entrar para echar un ojo en el interior. El oficial estaba coqueteando con alguna chica que levantó la mirada hacia la impasible silueta del mariscal, lo que deshizo el hechizo de esas mujeres deseables y devolvió la atención al oficial, aunque tarde- Váyase, continuaré yo de ahora en adelante. Eres un drama- dijo y pasó de largo entre las jóvenes y el oficial que avergonzado había salido por la puerta. La tabernera, Sibila, ya era una conocida a la que había tenido ocasión de cruzar un par de palabras y un par de bollos en la panadería. Se inclinó hacia delante y la saludó- Buenas noches, Sibila. Siento molestarte en el trabajo. ¿Están tus superiores aquí?- preguntó mirando a la puerta que siempre estaba tapada con la silueta de un hombre corpulento y borracho, digno de la descripción del informante- Bueno, solo vengo a informar de que han dado parte de una pequeña disputa- buscó un pequeño eufemismo- en el orfanato. La descripción del presunto asesino es muy parecida a la de Markov, aunque la investigación la tiene que llevar la policía, me han asignado para que apoye con seguridad. Así que debido a ello, usted corre peligro de ser apresada para chantaje u extorsión. Convendría que me acompañara y que le dijera a su amigo- y esta vez siendo consciente Alexandre de la condición de Markov, aumentó el volumen de su voz- Que la policía y el ejército le busca y que haría bien en esconder la cabeza durante un tiempo. Tampoco tu debes preocuparte, yo estoy aquí para protegerte. Así que en cuento termines el turno te acompañaré a una posada, la casa en la que vives no es segura y podría ser el primer lugar donde te buscarían si quieren hacer daño a Markov- intentó explicarle de manera rápida y resumida. Ya había terminado de hablar y llegó a ese pacto con ella sin costarle mucho, era bastante confiada, pero a Alexandre ya lo reconocía o asociaba a algo bueno.

Pasada la hora de finalizar la jornada de Sibila, Alexandre esperaba fuera, en una esquina hasta que al final la vio. Dedicó una sonrisa abierta y tierna que selló con las palabras- Me alegra ver que cedieras a venir conmigo- y entonces montó en su caballo y entregó su brazo para que Sibila subiera detrás de él. Tiró de las riendas de su caballo y el rucio relinchó un poco e inició la marcha. Empezaba así el inicio de una gran amistad.



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Re: La doncella en apuros [Privado]

Mensaje por Sibila D. Salerni el Lun Sep 05, 2016 6:11 am

Estaba raro. Era lo único que había podido sacar de la actitud de Markov desde la noche anterior a esa. Si él ya era callado y poco dado a muestras de cariño, ese día se lo había pasado encerrado y las pocas veces que había salido para algo de su habitación simplemente había ignorado a Sibila o le había soltado alguna especie de gruñido a modo de saludo. La joven apenas le conocía pues nada más saber que eran familia habían decidido que Sibila debía vivir con él y no sola en una ciudad nueva para ella. Así que se podía decir que dos completos extraños, que habían resultado ser como padre e hija, se estaban acostumbrando a compartir una vida juntos. Por suerte para Sibila, Markov nunca invitaba a nadie a casa lo que hacía las cosas infinitamente más cómodas que si fuera como los hombres que cada noche comparten cama con una mujer diferente.

En resumen, que esa noche el vampiro no la acompañó al club ni dio explicación ninguna sobre ello, tan solo dijo que iría más tarde y saldría antes que ella por lo que debería regresar sóla también a casa. Así fue como la joven llegó al club y se puso –como siempre- a ordenar las botellas que la habían dejado en la barra, abrirían en una media hora y todo el mundo se estaba preparando para empezar a recibir a los clientes. Las prostitutas se cambiaban de ropa, los hombres de seguridad ocupaban sus lugares en las puertas y sitios críticos, las pipas de opio se encendían… ¡Hombres al ataque! Llegaban con cuenta gotas y con gesto de pocos amigos hasta que pisaban la entrada y tomaban la primera copa, luego todos se relajaban y gozaban de todos los pecados que allí eran algo natural, sin embargo –una noche más- Sibila iba a comprobar que la tranquilidad era algo que escaseaba en París. No era nada común ver a un militar uniformado por allí, si hubiera entrado con ropa de civil nadie se habría fijado en él pero al no ser así sonaron las alarmas y en cinco minutos cada trabajador del club sabía que alguien del ejército andaba haciendo preguntas.

Como solía hacer, se mantuvo en silencio y haciendo su trabajo vigilando pero sin que fuera muy evidente la extrañeza que aquello le causaba. Su rostro cambió del todo cuando el segundo en discordia entró por la puerta y a punto estuvo la joven de tirar un vaso al suelo. -Hola…-, lo cierto es que sin saber muy bien por qué –quizás por no esperarle- se había quedado casi sin habla, por suerte fue él quien tomó las riendas de la conversación y explicó todo. Negó ante la pregunta sobre Markov y se echó hacia delante ya que parecía ser más una confesión que una noticia que tuvieran que conocer todos los presentes. -Se lo diré cuando le vea pero no es mala persona, ¿lo sabes verdad?-. No podía poner la mano en el fuego por Markov, sobre todo teniendo en cuenta lo raro que había estado con ella las últimas horas. Se quedó helada por aquella “orden” del mariscal pero sabiendo que era por su bien y no por causarla algún tipo de problema acabó por asentir, -Vale, cuando recoja te buscaré-, se despidió de él y el resto de la jornada lo pasó preocupada por el vampiro, ella ya sabía lo que era sentir la presión de ser perseguida y que alguien deseara matarla pero ahora se trataba de otra persona y eso la tensaba más.

Le devolvió la sonrisa una vez se reencontraron a la salida de Sibila del trabajo, -bueno si era idea tuya supongo que era lo mejor que podía hacer…-, contestó una vez estuvo sobre el caballo. Se sujetó con fuerza rodeando el torso de Alexandre y ocultó la sonrisa apoyando la mejilla en su espalda. La posada era mil veces mejor que en la que estuvo cuando llegó a París, se notaba que él no tenía precisamente problemas económicos. -¿Hasta cuándo tendré que quedarme aquí?-, preguntó una vez se sentó sobre la enorme cama que ocupaba un enorme espacio de la habitación. -¡Bombones!-, exclamó al ver la caja sobre una de las almohadas y de golpe miro al vampiro, -¿no será esto un sitio de esos para pasar la noche con las queridas no?-, preguntó mientras se llevaba uno a la boca como buena amante del dulce que era.


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Re: La doncella en apuros [Privado]

Mensaje por Alexandre Berthier el Dom Sep 25, 2016 4:17 am

¿Quién era Alexandre para criticar a Markov? Lo cierto es que él mismo protagonizó más de una matanza, de hecho incluso mató a quién le dio todo lo que es y conoce ahora. Sin embargo ambos estaban hechos de otra pasta; tenían un cierto gusto por la vida y por códigos morales, por eso Markov servía a los pobres y desgraciados de los suburbios y pagaba su frustración e ira con aquellos que él consideraba que lo merecían. Alexandre se enamoró de su país y decidió servirle con su propia vida, siendo este lo único que no podría traicionarlo jamás. Lejos de un código ético correcto, ambos compartían traición y muerte en sus caminos, pero Sibila ni lo sabía ni tenía por qué pagar lo que Markov había hecho.

Alexandre sentía simpatía por aquella mujer, más de una vez se encontró a sí mismo pensando en ella a pesar de haberla visto una sola noche en la que la acompañó a casa y tras una tormenta de verano, se vieron obligados a guarecerse dentro de una panadería. Existía química entre ellos dos, pero tenían una buena y sana relación, él se sentía libre de ser él mismo, no tenía que ocultarle ni sus deseos, ni maquillar sus palabras, pues Sibila tampoco lo hacía. Era vivaracha, alguien que jamás ha tenido nada que la atara y su espíritu libre le hacían moverse con la misma libertad. No era salvaje, pero un mundo cruel como el que les había tocado, cebaba sus reglas sobre la gente como Sibila condenándolas, algo que a ojos de Alexandre era un ultraje. Había conocido a miles de mujeres, pero muy pocas le despertaba el interés que había despertado Sibila en él. Más allá del aroma de su sangre y de su piel, más allá de su melena sedosa y su rostro bello y dulce. Era su conjunto lo que había hecho al mariscal centrarse en cuidar aquella mujer, seguramente para aquel hombre valía más que todas las duquesas del reino francés.

Cuando llegaron a la posada Alexandre se encargó de todo lo relacionado con las comidas, la discreción y el dinero. Una vez dejó todo hecho subió junto a ella y revisó que todo estuviera en orden, sin poder disimular una sonrisa cariñosa al verla disfrutar de la habitación menuda de aquella posada- Tendrás que quedarte aquí, hasta que encuentre un sitio seguro para ti. La casa de Markov no es segura y creo que va siendo hora de que tengas un sitio propio para ti, con tu edad o deberías estar ya casada o ser la señorita de algún señorito de París. Así que cuando todo esté en orden, tendrás un sitio, del que sólo yo conoceré su paradero- dijo Alexandre sentando en el borde de la cama que había ocupado primero Sibila- Tranquila, Markov sabrá encontrarte, tu aroma es bastante especial y más para alguien como él que tiene muy desarrollado sus capacidades e instintos- intentó tranquilizar a la muchacha pues sabía que esa era la primera preocupación que se le pasaría por la cabeza al decir que encontraría un lugar nuevo, lejos de la casa de Markov.

Se levantó y se sirvió un vaso de vodka para después girarse- Hago esto por protegerte, porque no creo que debas pagar tu la cuenta de Markov por tomarse él solo la ley por su mano. No creo que sea justo para ti. Ni tampoco soy la persona indicada para juzgar a Markov, por eso no le he apresado, entiendo qué le motivo a desencadenar aquella matanza, pero el mundo se iría a la mierda si todos nos tomáramos la justicia por nuestra mano. Yo estoy aquí para evitar que te hagan lo que Markov hizo a los otros- su tono se había encrudecido a medida que iba hablando del problema. Tenía que hacerle ver a Sibila que aquello no era un juego, su integridad y su seguridad pendían de un hilo, sobre todo trabajando en el círculo donde trabajaba. La gente pobre, la gente libertina tenía su propio código moral, si es que tenían alguno, y si tenían eso, también tenían sus propias reglas. Después de dejar claras las cosas, el asunto que le había llevado hasta allí, sonrió abiertamente por el comentario- Descuida, el dueño de esta posada me debe más de un favor, estarás a salvo aquí. No dirá a nadie que estás aquí, y por supuesto no habrá ninguna querida aquí. Para que la hubiera, tendría que tener alguna- le guiñó el ojo con complicidad.



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Re: La doncella en apuros [Privado]

Mensaje por Sibila D. Salerni el Miér Oct 05, 2016 5:24 am

Su rostro no fue precisamente alegre cuando se enteró de que el plan para ella sería quedarse allí encerrada en vez de poder regresar a su hogar con Markov. Lo único que había ido a buscar a París era libertad, la necesidad de sentir que por una vez en su vida era ella quien dirigía sus propias pisadas y que no lo hacía alguien más por ella. Estaba claro que planear algo y que saliera bien eran cosas totalmente diferentes… Conocía poco a Alexandre, al igual que a Markov, pero ya sentía con ambos un vínculo un tanto especial; fácilmente podría ser por su falta de socialización durante toda su vida y no podría reprocharles el cansarse de ella antes o después, pero era tan especial para Sibila contar con ellos que no renunciaría con facilidad.

-Me quedaré aquí pero no me hables de boda ni señoritos, no creo que esa sea tu motivación al traerme aquí-, entornó la mirada hacia él. La chica podía pecar de ingenua, incluso un tanto infantil por todas las cosas que no vivió en la edad en que tocaba vivirlas, pero sabía perfectamente que esos temas no le correspondía decidirlos al mariscal; en todo caso sería Markov quien la empujara a prometerse con alguien, al ser ahora una especie de tutor para ella. Siguió comiendo los bombones uno detrás de otro, tan solo pausando para beber agua y continuar con tan ardua tarea.

-¿Tiene algo que ver con el orfanato del que todos hablan?-, deseaba un no por respuesta. Todo París estaba revolucionado con la manera en que habían aparecido muertos todos los trabajadores de uno de los orfanatos de la ciudad, corrían rumores sobre el centro, sobre abusos a los niños, palizas e incluso ventas ilegales… Nada con certeza sabía la morena, pero todo indicaba a que era de lo que hablaba Alexandre y que Markov había decidido acabar con tales degenerados. -Si lo que se dice es cierto, no quedó nadie con vida. Es imposible que me busquen a mi si nadie sabe que existo-, bajó la mirada ante la de Alexandre, se había vuelto dura como la de un padre reprendiendo a un chiquillo por ponerse perdido el pantalón de barro. -Yo solo quiero saber que está bien y volver a casa…-, intentó suavizar la situación como pudo. Bastante estaba haciendo Alexandre por ella como para contarle sus miedos o preocupaciones, ¡por el amor de Dios! Que se encargaba de la seguridad de todo el país.

-No sé si es correcto o no, si excedo los límites de la amistad con esto pero… ¿te quedarías a dormir?-, se puso de pie y colocó las almohadas en el medio de la cama, -¿asi?-, encogió los hombros algo avergonzada al ver la cara del vampiro, casi parecía divertido con la sugerencia de Sibila. -Bueno da igual, entiendo que tengas cosas que hacer-, le sonrió y se excusó para ir al baño a cambiarse de ropa. Supuso que el vampiro se habría ido ya y aprovechó para darse un baño, tan solo se oían las conversaciones lejanas de parejas en el resto de habitaciones, parecía que en París se cumplía la norma del amor; todo el mundo acababa en pareja, todos parecían casarse con rapidez, encontrar a su media naranja. Soltó una risa cuando escuchó en la habitación contigua cambiar del sonido de una conversación a besos y gemidos. Con rapidez se puso el camisón que encontró colgado tras la puerta y la bata sobre este y regreso a la habitación con una expresión de sorpresa. -¿Qué..? Pensaba que te habías ido.-


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Re: La doncella en apuros [Privado]

Mensaje por Alexandre Berthier el Miér Oct 26, 2016 2:40 pm

Se había volcado en complacer a Sibila y a Markov, aunque su culpabilidad los posicionaba como antagonistas, Alexandre era un romántico y amaba las causas perdidas. Siempre destacó por su rebeldía moral y su impecable determinación del deber y la moral. Así que decidió cuidar a la joven con la que había coincidido una noche de tormenta en el burdel en el que trabajaba. Y a diferencia de otros soldados, Alexandre no disfrutaba de la Dolce vita, tenía tiempo de sobra para hacer las cosas como debía. Toda una no-vida.

Así había sucedido, las noticias volaban en los barrios más bajos de parís, se extendían los rumores con la rapidez en que una llama devoraba la pólvora. ¿Acaso era sensato ocultar la información a Sibila con tal de protegerla? Pero también era lo más prudente, cuánto menos supiera estaría más segura. Calló la respuesta y omitió cualquier información referente al paradero de Markov y también al motivo de la búsqueda, de hecho era mejor para ambos. Si Alexandre revelara información referente a un caso de seguridad nacional, podría tener un gran problema que afectaría tanto a su puesto de trabajo como su integridad- Estará bien, Markov sabe cuidarse solo, y además dejó el rastro suficiente para que yo me ocupara de ti. Es más inteligente de lo que pensaba. Le veía como un bruto, pero me equivocaba- admitió frente a Sibila rompiendo una lanza a su favor- Estará bien- repitió para afianzar el sentimiento de tranquilidad en ella.

Después de aquella pequeña conversación sobre Markov, Alexandre vio marchar a Sibila a través de la puerta del baño. La proposición de pasar la noche. Por ahí habíamos comenzado. Una proposición. Alexandre advirtió en el tono de Sibila la necesidad de agradecer la protección y el cuidado que le brindó aquella noche. Aunque la química era palpable entre ambos desde aquel día que “confiscaron” los bollos en la panadería, Alexandre no había dejado de rondarla de forma inconsciente. Y ella había sido receptiva por él en cada palabra o búsqueda que le brindaba. Todo de forma inconsciente, irracional. Como siempre lo han sido los sentimientos. Alexandre meditó las dos soluciones o alternativas que tenía. O bien se iba y desperdiciaba la oportunidad de conocer más a fondo y compartir una noche con ella. O bien seguía sus instintos y aceptaba. Su voz interior gritó ¿En serio tienes que pensártelo? Y la respuesta a la pregunta fue la cara de sorpresa que Sibila le dedicó al salir del baño. Alexandre sonrió con una mirada de ternura, no picardía, sino de ternura. Rasgo poco común en alguien como él y que sólo había experimentdo con una persona en su vida. Una humana. Pero Sibila era diferente, la atracción era mutua y torpe, como si fueran dos primerizos en el amor- Me quedaré a pasar la noche- contestó. No hizo falta más que esa frase. En silencio Alexandre se quitó su ropa, se quedó en camisa y los pantalones. Los tirantes de su traje caían por sus pantalones y miró la cama que había preparado- Si te parece bien- dijo quitando la almohada superior- ME gusta ver el rostro de la persona con la que hablo con la que voy a dormir- le dijo y se tumbó en el lado que había dejado vacío ella- No es extralimitarse. Ahora mismo somos dos adultos que comparten una noche juntos. Más bien otra noche- dijo recordando así la noche en la pastelería- ¿Por qué accediste a que te acompañara esa noche?- preguntó una vez en la cama. En un susurro leve, como si quisiera acariciar el rostro y el cuerpo de sibila mientras hablaba y como no podía hacerlo con sus manos decidió hacerlo con su voz. Era muy deseable. Un bocado apetitoso si hablamos en cuestión sanguínea y una química aplastante si hablamos del conjunto que aquella mujer representaba por Sibila- Sé que es prematuro, Sibila. Pero mis intenciones no han sido del todo honestas contigo. No se trata de algo fácil de admitir y menos para mi, pero hay algo entre tu y yo. Algo que ambos percibimos, algo que desde aquel día en que te conocí no he podido frenar, y hasta hace poco no he sabido comprender. Hay algo en ti… que me atrae, de forma inminente e irracional. El olor de sangre, de tu pelo. Tus gestos, tu sonrisa… todo de ti. Y no te lo digo con el afán de estar en una cama junto a ti, pero mis intenciones no han sido totalmente por amor al ciudadano francés. Sino en un acto irracional de responder a las necesidades que mi cuerpo y mi mente demandan por el tuyo- concluyó esperando algún tipo de reacción por parte de Sibila. Y la habría, ya que esa declaración, si es que puede llamarse así, había sido un acto memorable de un idiota, que había expresado en voz alta todo lo que una mujer afloraba en él. Los hombres preferían la poesía para expresar sus sentimientos. Alexandre había confesado todo lo que sentía, calando a la mujer que tenía delante como objetivo principal y como secundario el poner en orden todo lo que sentía. Había pensado en voz alta. Era un patán en cuestión de amor- Espero no haberte asustado. Sibila, necesitaba decirte esto. Porque hay algo que me come por dentro, y es el deseo irrefrenable que despierta tu sangre en mí.



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Re: La doncella en apuros [Privado]

Mensaje por Sibila D. Salerni el Dom Nov 06, 2016 5:39 am

La seguridad con la que hablaba el mariscal contrastaba con todas las dudas que anidaban en la mente de Sibila. Si bien era cierto que deseaba vivir como nunca lo había hecho, disfrutar de los momentos que la vida le brindara, experimentar y dejarse llevar; parte de su interior tenía miedo de ser tan destruida como su madre siempre le había augurado. Las palabras de su madre, sus continuos avisos sobre la maldad de la sociedad y su corrupta forma de vida, sonaban en su cabeza… pero cada vez a menor volumen. Alexandre no había hecho más que facilitarla las cosas cuando se había visto sola, ¿por qué iba a querer dañarla de alguna manera? La noche que debía regresar sola a casa fue él quien se ofreció a acompañarla y de hecho hasta la protegió de la tormenta. Ahora de nuevo se encontraba sola, sin Markov y sin poder volver a casa, Alex volvía a ser quien cuidaba de ella, parecía ser un ángel de la guarda si es que existían. -Nunca dormí en la misma cama con nadie salvo con mi madre-, ¡pero qué estupidez de respuesta! Se maldijo interiormente de camino a la cama y se mantuvo sentada en ella unos segundos, de espaldas al vampiro para que no se notara tanto la vergüenza que se acababa de dar ella misma. Cuando escuchó que este se había tumbado ya en la cama sacó fuerzas más allá de la timidez que la controlaba para deshacerse de la bata y meterse con la camisola entre las sábanas. Era intimidante estar con él cerca, más aun en una cama y más aun cuando este decía querer ver su cara. En su día a día Sibila simplemente había disfrutado de sus encuentros, había aceptado que era atractivo pero no se había dejado condicionar por ello, pero de golpe había cambiado algo.

Las palabras de Alexandre se atropellaban una tras otra, agobiando ligeramente a Sibila, -Pues… Debía regresar sola y fuiste bastante insistente, además teniendo el cargo que posees dudo que mi negativa hubiera servido de algo-, tragó saliva al acabar de hablar y le miró, no parecía ser la respuesta que este había esperado por lo que siguió con la explicación, -no te conocía de nada pero fuiste agradable, eso me convenció para ceder e ir contigo-, subió las sábanas para taparse mejor por el frío que hacía esas noches, -además no me arrepiento, me lo pasé muy bien cuando entramos en la pastelería y les dejamos sin bollos-, le sonrió divertida al recordar la escena e imaginar la cara del pobre propietario al verse sin bollos que vender a la mañana siguiente.

¿Intenciones deshonestas? Su cuerpo se mantuvo en tensión durante un segundo rogando por no tener que dar la razón a su madre y estar pecando de chiquilla ingenua. Suspiró de alivio cuando Alexandre continuó con su explicación pero inmediatamente los nervios por lo que parecía estar diciendo a Sibila. ¿Es que sentía algo por ella? -Entonces… ¿es que te gusto?-, para ella era lo mejor que la podía pasar, el mariscal la había gustado desde el segundo uno; con su traje elegante, su manera de tratarla y cuidarla, ese físico notable… Pero no acababa de creer que alguien como él, de su posición en la sociedad parisina pudiera fijarse en alguien tan simple como era Sibila. Estaba confusa y tuvo que repetir mentalmente el discurso de Alex, no estaba segura de si la quería a ella como mujer o tan solo beber su sangre. -Por mi sangre estoy maldita, por ella me persiguen. No quiero dártela a ti-, Alexandre no debía saber nada de su historia ni la relación que la unía a Markov, eso desestabilizaría las cosas si es que alguna vez habían estado sosegadas. -Mira… yo no se lo que es querer a alguien de un modo romántico, pero desde esa noche en la panadería siempre me duermo pensando en ello y me despierto con la ilusión de que aparezcas por el club con alguna excusa-, no era el mismo tipo de sinceridad expresada por Alex, pero era todo lo que Sibila podía explicar, no llegaba más allá en las relaciones sentimentales, -estoy feliz por todo eso que me has dicho y solo espero que no te refieras a que mi sangre te atrae porque no te quiero condenar Alex. Si tan solo en eso puedo ser yo quien te proteja lo haré.- La conversación no iba a quedar ahí y lo sabía, no era de los hombres que se rinden a la primera de cambio, pediría una explicación a todo lo que ella acababa de decir y debería dársela. Por el momento, Sibila recorrió la distancia que les separaba en su cama y se acomodó en los brazos ajenos, no deseaba escapar de ahí. Por primera vez en su vida estaba donde quería estar.


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Re: La doncella en apuros [Privado]

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